El Reencuentro - Capítulo 001
Hacía más de 4 años que Pedro, por razones de trabajo, ya que vivía en extranjero, no iba a ver a su madre. Ella había viajado a casa de Pedro cada Navidad, así que al menos se habían visto. Le dijo al taxista que lo llevó del aeropuerto casa de su madre, la que había sudo su casa hasta que encontró su actual trabajo, que lo dejara antes. Se bajó y caminó por su antiguo barrio.
En solo 4 años desde su última visita no había cambiado mucho. Solo vio un par de tiendas que habían cambiado de actividad. Una antigua pizzería que ahora en una Kebab. Una tienda de zapatos en donde antes había una joyería. Ah, y el antiguo bar, ahora regentado por chinos.
Llegó al edificio de su madre y tocó en el portero automático. Ya no tenía llaves de aquella casa. Su madre le abrió y fue hacia el ascensor. Tocó el botón y esperó, mirando como bajaba desde el décimo. Cuando se abrieron las puertas, entró y pulsó el séptimo. Las puertas estaban a punto de cerrarse cuando oyó una voz.
-Por favor, pare - dijo la voz, que reconoció enseguida.
Con la mano tapó el sensor de la puerta para impedir que se cerrara y ésta se abrió.
-Oh, gracias - dijo la mujer, que venía cargada con dos bolsas del supermercado
Cuando ella levantó la mirada y vio a Pedro, abrió los ojos.
-¿Pedro? Eres Pedro, el hijo de Juanita ¿No?
-Hola. Sí soy yo...
A Pedro casi se le escapa el nombre de ella, Sonia. Pero jamás la había llamado por su nombre, a pesar de conocerlo desde hacía mucho.
-Vaya, cuánto tiempo. Hacía mucho que no te veía.
Habían sido 4 años sin venir. Además, en las ocasiones anteriores que vino él de visita tampoco había coincidido con Sonia.
-Sí, por lo menos 6 o 7 años - dijo Pedro.
-Uf, como pasa el tiempo. Casi no te reconocí. Has cambiado. Ya eres todo un hombre - exclamó la mujer dejando las bolsas en el suelo.
Pedro pulsó el piso de su antigua vecina, el noveno. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a subir.
-Tú sigues igual - le dijo con una gran sonrisa.
Se dio cuenta de que era la primera vez que la tuteaba. Antes, cuando vivía allí y se cruzaban, sus saludos no pasaban de unos buenos días, de algún saludo.
-Oh, muchas gracias Pedro.
Antes él era muy tímido, sobre todo con las mujeres. Pero los años fuera de casa lo habían espabilado bastante. Iba a decirle algo cuando la cabina se paró en su piso. La puerta se abrió y su madre casi se lo come a besos. Se abrazaron ante la divertida mirada de Sonia.
-Ya, ya, mamá. Que... Sonia tiene que subir.
Juanita, que ni la había visto, la miró.
-Oh, perdona, Sonia. Pero es que hacía casi un año que no abrazaba a mi niñito.
-Jajaja. Se nota, Juanita. Pero ya no es tan niñito. Vaya hombretón se ha hecho
Madre e hijo salieron del ascensor para que Sonia pudiese irse a su casa. Antes de cerrarse las puertas, los ojos de Sonia y Alberto se encontraron fugazmente. Pedro notó su polla dura encerrada en sus vaqueros.
Aquella mujer, Sonia, seguía poniéndole la polla dura.
Entró con su madre y ésta lo llevó a su antiguo cuarto.
-Está todo como siempre, mi vida. Ay, qué alegría que estés aquí - le dijo, abrazándolo otra vez. Pedro tuvo que separarse un poco para que ella no notara la dureza encerrada en los pantalones.
Una vez instalado, fue a la salita en donde su madre veía la tele. Se pusieron a hablar de todo un poco. La familia, el trabajo.
-Hacía mucho que no veía a la vecina.
-¿A Sonia dices?
-Sí.
-¿Te dije que divorció?
-Ah, pues no sabía nada.
-Hace 2 años, creo. Al fin se libró del cafre ese.
Pedro recordó al ahora ex marido de Sonia. Era un tipo serio, sombrío. Más de una vez lo oyó gritar por el hueco de la escalera. Antes era demasiado joven para darse cuenta, pero ahora fue consciente de que siempre que los había visto juntos a él y a Sonia, ella estaba callada y seria. Cuando la veía sola, ella le sonreía y lo saludaba con esa voz que siempre que tanto le gustaba.
Sonia era delgada, alta. Antes un poco más que él. Ahora prácticamente iguales. Si cuando Pedro se marchó de allí a los 22 años ella tendría sobre los 40 años, ahora, siete años después, rondaría los 47 o 48 años.
Su atracción por las mujeres maduras nació por ella. Cuando entró en la pubertad y empezó a fijarse en las mujeres, fue Sonia la que primero ocupó su mente. Fue ella en quien pensaba en sus primeras pajas, acostado en su cama. Fue ella la protagonista de sus primeros orgasmos. Y lo siguió siendo durante años, hasta que se había marchado.
Esa noche, en su antigua cama, Pedro rememoró aquellos, años, aquellas pajas pensando en Sonia. En su dulce sonrisa. En su voz, tan suave, tan cálida. En aquellos tiempos solo se intercambiaban saludos. Pero en su mente, con la polla agarrada por su mano, ella le decía toda clase de cosas calientes, palabras fuertes que él leía u oía en los videos porno que solía ver en su ordenador.
Esa noche, después de 7 años, Pedro volvía a correrse pensando en Sonia.
+++++
Durante los siguientes días Pedro se dedicó a visitar a sus amigos y a salir de copas. Cada noche, en su cama, su musa, Sonia, acudía a su mente y lo hacía estallar en intensos orgasmos en la oscuridad de su dormitorio.
Una tarde Pedro estaba tomándose una caña en el bar. Le resultó gracioso como la china que lo atendió le pidió al de la barra una 'celvecita'. Se la trajo al poco con unas almendras saladas. Cuando llevaba ya media birra, vio que se acercaba Sonia, otra vez cargada con dos bolsas del súper. Vestía una linda blusa blanca, holgada, y falda plisada hasta las rodillas. Esta vez se levantó y la saludó.
-Hola Sonia.
-Oh, Hola Pedro. ¿Qué tal estás?
-Muy bien. Deja que te ayude - le dijo, cogiéndole las bolsas.
-Muy amable, gracias. Eres todo un caballero.
-Me estaba tomando una cerveza. ¿Quieres tomar algo antes de subir?
-Oh, pues... - dijo, pensándoselo - Vale. Tengo sed. Una cañita.
Se sentaron en la mesa y Pedro le pidió otra 'celvecita' para ella. En cuanto empezaron a hablar, Sonia se dio cuenta de que la impresión que tuvo el otro día no era equivocada. Pedro ya no era el jovencito tímido que apenas le dirigía la palabra y la miraba con disimulo. Ahora era todo un hombre abierto, simpático, que le aguantaba la mirada. Y era una mirada penetrante.
Hablaron largo rato y pidieron una segunda cerveza.
-Mi madre me contó lo de tu divorcio. Lo siento - le dijo en momento de pausa Pedro.
-Ya... bueno. Fue duro tomar la decisión, pero ahora estoy bien.
-Sí, te veo como... más alegre. Antes muchas veces se te notaba, no sé. Triste.
-No era feliz, la verdad. Pero eso ya pasó.
-Me alegro por ti.
-¡Y yo! jajaja
Ambos rieron. Era la primera vez que Pedro la veía reírse así. La miró fijamente a los ojos. La polla le palpitaba entre las piernas. Sonia no aguantó mucho tiempo esa mirada y tomó un buen sorbo de su cerveza.
-¿Y tú qué tal? ¿Mujer? ¿Novia? - preguntó la mujer.
-No, que va.
-Ummm ¿Novio? - dijo Sonia, entrecerrando los ojos.
-¡Uy, no! jajaja. No no. Me gustan las mujeres, no los hombres.
-Jajaja. En estos tiempos nunca se sabe.
A Pedro le empezó a latir el corazón, además de la polla. No sabía si atreverse a lanzarse o no.
-¿Y tú qué? - le preguntó Pedro. ¿Hay alguien?
-¿Yo? Pero si ya estoy mayor para esas cosas. Quita quita.
-¿Mayor? Pero si eres una mujer muy atractiva.
Sonia se ruborizó ligeramente.
-Oh, gracias por el cumplido, Pedro.
-A mí de joven me gustabas mucho - se atrevió a responderle el muchacho
-Notaba como me mirabas... aunque apenas hablabas.
-Y la verdad, es que me sigues gustando mucho, Sonia.
-Pero...si podría ser tu madre... soy...
-No lo eres. Desde siempre me han gustado las mujeres mayores que yo. Y quizás sea por ti. Fuiste mi primera musa para... ya sabes
-¿Para qué? - preguntó Sonia, sin entenderlo.
-Pues que fuiste la primera mujer con la que fantaseaba por las noches en mi cama mientras...
Sonia abrió los ojos cuando comprendió lo que Pedro le estaba diciendo. Se ruborizó aún más.
-¿De verdad? - le preguntó.
-Sí, de verdad. Mi primer orgasmo fue pensando en ti, Sonia.
-Vaya...
-Espero no haberte molestado contándotelo.
-No, no me molesta. Solo me... sorprende.
-¿Por qué?
-No sé. Que un chiquillo se... toque pensando en una mujer tan... mayor.
-Una mujer para mi preciosa. Me gustaba todo de ti. Tu voz cuando me saludabas me hacía estremecer.
-Me tienes estupefacta, Pedro... uf.
-Perdona si te he molestado.
-Que no, de verdad. Creo que hasta me siento un poco halagada -dijo ella, sonriendo.
Pedro la miró. Estaba tan linda, sonriéndole con las mejillas ligeramente sonrosadas. Dudó en si seguir o no. Su polla dura pensó por él.
-El otro día, el día en que llegué y nos encontramos en el ascensor... - empezó.
-¿Qué? - preguntó Sonia al ver que él se detenía.
-Pues que esa noche volvía a las andadas. Otra vez te metiste en mi cabeza y en mi cama...
-¿Qué hiciste? - exclamó Sonia con el corazón latiéndole ahora con fuerza.
Pedro se lo iba a decir, pero en aquella terraza no había suficiente intimidad, así que se echó hacia adelante, se acercó a una de las orejas de la mujer y le susurró:
-Me hice una paja pensando en ti. Me corrí pensando en ti.
Se separó y la miró a los ojos. Ella estaba sin habla, ahora muy ruborizada. Pero el calor que sentía Sonia no solo lo sentía en la cara. Lo sentía por todo el cuerpo. Lo sentía, sobre todo, entre las piernas.
Hacía muchos años que no se sentía así. Cuando se divorció de su marido llevaba mucho tiempo sin tener sexo con él, y cuando lo hacía antes no sentía placer alguno. Desde el divorcio no había estado con nadie. Ni siquiera había sentido deseos. El sexo parecía algo que ya había dejado atrás. Y ahora, aquel hombre tan joven que le confesaba su deseo por ella había conseguido encenderla, hacer que su cuerpo vibrase... hacer que su coño se empezara a humedecer.
Se siguieron mirando a los ojos unos segundos más. Sonia juntó las piernas y sintió una ola de placer subirle por el cuerpo.
-Y desde esa noche... cada noche lo mismo - añadió Pedro sin apartar sus ojos de los de ella.
-Me... me dejas de piedra, Pedro. No sabía que aún podía despertar... deseo en un hombre.
-Llevo deseándote desde hace años, Sonia. Ahora mismo estoy... ardiendo. Ya me entiendes.
-¿En serio? - preguntó la mujer abriendo los ojos como platos.
-Completamente en serio - respondió el hombre.
Pedro miró alrededor. Vio que nadie les miraba y comprobó que por como estaban las mesas, nadie podría ver nada, así que con firmeza, acercó su mano derecha a la mano izquierda de Sonia y la cogió. La levantó de sobre la mesa y la bajó debajo de ésta. Y sin dejar de mirar a su musa a los ojos, llevó la mano de ella hasta el bulto que su polla formaba en sus pantalones y la apretó.
-¿La notas? Está así por ti.
El cuerpo de Sonia volvió a estremecerse. Notó como su coño era ahora un mar de jugos, los pezones duros como piedras rozarse contra la tela de su sujetador. Sintió la dura polla que se escondía bajo la tela. Tres 3 o 4 segundos después ella retiró la mano, como si aquello fuesen brasas ardientes.
Hacía más de 4 años que Pedro, por razones de trabajo, ya que vivía en extranjero, no iba a ver a su madre. Ella había viajado a casa de Pedro cada Navidad, así que al menos se habían visto. Le dijo al taxista que lo llevó del aeropuerto casa de su madre, la que había sudo su casa hasta que encontró su actual trabajo, que lo dejara antes. Se bajó y caminó por su antiguo barrio.
En solo 4 años desde su última visita no había cambiado mucho. Solo vio un par de tiendas que habían cambiado de actividad. Una antigua pizzería que ahora en una Kebab. Una tienda de zapatos en donde antes había una joyería. Ah, y el antiguo bar, ahora regentado por chinos.
Llegó al edificio de su madre y tocó en el portero automático. Ya no tenía llaves de aquella casa. Su madre le abrió y fue hacia el ascensor. Tocó el botón y esperó, mirando como bajaba desde el décimo. Cuando se abrieron las puertas, entró y pulsó el séptimo. Las puertas estaban a punto de cerrarse cuando oyó una voz.
-Por favor, pare - dijo la voz, que reconoció enseguida.
Con la mano tapó el sensor de la puerta para impedir que se cerrara y ésta se abrió.
-Oh, gracias - dijo la mujer, que venía cargada con dos bolsas del supermercado
Cuando ella levantó la mirada y vio a Pedro, abrió los ojos.
-¿Pedro? Eres Pedro, el hijo de Juanita ¿No?
-Hola. Sí soy yo...
A Pedro casi se le escapa el nombre de ella, Sonia. Pero jamás la había llamado por su nombre, a pesar de conocerlo desde hacía mucho.
-Vaya, cuánto tiempo. Hacía mucho que no te veía.
Habían sido 4 años sin venir. Además, en las ocasiones anteriores que vino él de visita tampoco había coincidido con Sonia.
-Sí, por lo menos 6 o 7 años - dijo Pedro.
-Uf, como pasa el tiempo. Casi no te reconocí. Has cambiado. Ya eres todo un hombre - exclamó la mujer dejando las bolsas en el suelo.
Pedro pulsó el piso de su antigua vecina, el noveno. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a subir.
-Tú sigues igual - le dijo con una gran sonrisa.
Se dio cuenta de que era la primera vez que la tuteaba. Antes, cuando vivía allí y se cruzaban, sus saludos no pasaban de unos buenos días, de algún saludo.
-Oh, muchas gracias Pedro.
Antes él era muy tímido, sobre todo con las mujeres. Pero los años fuera de casa lo habían espabilado bastante. Iba a decirle algo cuando la cabina se paró en su piso. La puerta se abrió y su madre casi se lo come a besos. Se abrazaron ante la divertida mirada de Sonia.
-Ya, ya, mamá. Que... Sonia tiene que subir.
Juanita, que ni la había visto, la miró.
-Oh, perdona, Sonia. Pero es que hacía casi un año que no abrazaba a mi niñito.
-Jajaja. Se nota, Juanita. Pero ya no es tan niñito. Vaya hombretón se ha hecho
Madre e hijo salieron del ascensor para que Sonia pudiese irse a su casa. Antes de cerrarse las puertas, los ojos de Sonia y Alberto se encontraron fugazmente. Pedro notó su polla dura encerrada en sus vaqueros.
Aquella mujer, Sonia, seguía poniéndole la polla dura.
Entró con su madre y ésta lo llevó a su antiguo cuarto.
-Está todo como siempre, mi vida. Ay, qué alegría que estés aquí - le dijo, abrazándolo otra vez. Pedro tuvo que separarse un poco para que ella no notara la dureza encerrada en los pantalones.
Una vez instalado, fue a la salita en donde su madre veía la tele. Se pusieron a hablar de todo un poco. La familia, el trabajo.
-Hacía mucho que no veía a la vecina.
-¿A Sonia dices?
-Sí.
-¿Te dije que divorció?
-Ah, pues no sabía nada.
-Hace 2 años, creo. Al fin se libró del cafre ese.
Pedro recordó al ahora ex marido de Sonia. Era un tipo serio, sombrío. Más de una vez lo oyó gritar por el hueco de la escalera. Antes era demasiado joven para darse cuenta, pero ahora fue consciente de que siempre que los había visto juntos a él y a Sonia, ella estaba callada y seria. Cuando la veía sola, ella le sonreía y lo saludaba con esa voz que siempre que tanto le gustaba.
Sonia era delgada, alta. Antes un poco más que él. Ahora prácticamente iguales. Si cuando Pedro se marchó de allí a los 22 años ella tendría sobre los 40 años, ahora, siete años después, rondaría los 47 o 48 años.
Su atracción por las mujeres maduras nació por ella. Cuando entró en la pubertad y empezó a fijarse en las mujeres, fue Sonia la que primero ocupó su mente. Fue ella en quien pensaba en sus primeras pajas, acostado en su cama. Fue ella la protagonista de sus primeros orgasmos. Y lo siguió siendo durante años, hasta que se había marchado.
Esa noche, en su antigua cama, Pedro rememoró aquellos, años, aquellas pajas pensando en Sonia. En su dulce sonrisa. En su voz, tan suave, tan cálida. En aquellos tiempos solo se intercambiaban saludos. Pero en su mente, con la polla agarrada por su mano, ella le decía toda clase de cosas calientes, palabras fuertes que él leía u oía en los videos porno que solía ver en su ordenador.
Esa noche, después de 7 años, Pedro volvía a correrse pensando en Sonia.
+++++
Durante los siguientes días Pedro se dedicó a visitar a sus amigos y a salir de copas. Cada noche, en su cama, su musa, Sonia, acudía a su mente y lo hacía estallar en intensos orgasmos en la oscuridad de su dormitorio.
Una tarde Pedro estaba tomándose una caña en el bar. Le resultó gracioso como la china que lo atendió le pidió al de la barra una 'celvecita'. Se la trajo al poco con unas almendras saladas. Cuando llevaba ya media birra, vio que se acercaba Sonia, otra vez cargada con dos bolsas del súper. Vestía una linda blusa blanca, holgada, y falda plisada hasta las rodillas. Esta vez se levantó y la saludó.
-Hola Sonia.
-Oh, Hola Pedro. ¿Qué tal estás?
-Muy bien. Deja que te ayude - le dijo, cogiéndole las bolsas.
-Muy amable, gracias. Eres todo un caballero.
-Me estaba tomando una cerveza. ¿Quieres tomar algo antes de subir?
-Oh, pues... - dijo, pensándoselo - Vale. Tengo sed. Una cañita.
Se sentaron en la mesa y Pedro le pidió otra 'celvecita' para ella. En cuanto empezaron a hablar, Sonia se dio cuenta de que la impresión que tuvo el otro día no era equivocada. Pedro ya no era el jovencito tímido que apenas le dirigía la palabra y la miraba con disimulo. Ahora era todo un hombre abierto, simpático, que le aguantaba la mirada. Y era una mirada penetrante.
Hablaron largo rato y pidieron una segunda cerveza.
-Mi madre me contó lo de tu divorcio. Lo siento - le dijo en momento de pausa Pedro.
-Ya... bueno. Fue duro tomar la decisión, pero ahora estoy bien.
-Sí, te veo como... más alegre. Antes muchas veces se te notaba, no sé. Triste.
-No era feliz, la verdad. Pero eso ya pasó.
-Me alegro por ti.
-¡Y yo! jajaja
Ambos rieron. Era la primera vez que Pedro la veía reírse así. La miró fijamente a los ojos. La polla le palpitaba entre las piernas. Sonia no aguantó mucho tiempo esa mirada y tomó un buen sorbo de su cerveza.
-¿Y tú qué tal? ¿Mujer? ¿Novia? - preguntó la mujer.
-No, que va.
-Ummm ¿Novio? - dijo Sonia, entrecerrando los ojos.
-¡Uy, no! jajaja. No no. Me gustan las mujeres, no los hombres.
-Jajaja. En estos tiempos nunca se sabe.
A Pedro le empezó a latir el corazón, además de la polla. No sabía si atreverse a lanzarse o no.
-¿Y tú qué? - le preguntó Pedro. ¿Hay alguien?
-¿Yo? Pero si ya estoy mayor para esas cosas. Quita quita.
-¿Mayor? Pero si eres una mujer muy atractiva.
Sonia se ruborizó ligeramente.
-Oh, gracias por el cumplido, Pedro.
-A mí de joven me gustabas mucho - se atrevió a responderle el muchacho
-Notaba como me mirabas... aunque apenas hablabas.
-Y la verdad, es que me sigues gustando mucho, Sonia.
-Pero...si podría ser tu madre... soy...
-No lo eres. Desde siempre me han gustado las mujeres mayores que yo. Y quizás sea por ti. Fuiste mi primera musa para... ya sabes
-¿Para qué? - preguntó Sonia, sin entenderlo.
-Pues que fuiste la primera mujer con la que fantaseaba por las noches en mi cama mientras...
Sonia abrió los ojos cuando comprendió lo que Pedro le estaba diciendo. Se ruborizó aún más.
-¿De verdad? - le preguntó.
-Sí, de verdad. Mi primer orgasmo fue pensando en ti, Sonia.
-Vaya...
-Espero no haberte molestado contándotelo.
-No, no me molesta. Solo me... sorprende.
-¿Por qué?
-No sé. Que un chiquillo se... toque pensando en una mujer tan... mayor.
-Una mujer para mi preciosa. Me gustaba todo de ti. Tu voz cuando me saludabas me hacía estremecer.
-Me tienes estupefacta, Pedro... uf.
-Perdona si te he molestado.
-Que no, de verdad. Creo que hasta me siento un poco halagada -dijo ella, sonriendo.
Pedro la miró. Estaba tan linda, sonriéndole con las mejillas ligeramente sonrosadas. Dudó en si seguir o no. Su polla dura pensó por él.
-El otro día, el día en que llegué y nos encontramos en el ascensor... - empezó.
-¿Qué? - preguntó Sonia al ver que él se detenía.
-Pues que esa noche volvía a las andadas. Otra vez te metiste en mi cabeza y en mi cama...
-¿Qué hiciste? - exclamó Sonia con el corazón latiéndole ahora con fuerza.
Pedro se lo iba a decir, pero en aquella terraza no había suficiente intimidad, así que se echó hacia adelante, se acercó a una de las orejas de la mujer y le susurró:
-Me hice una paja pensando en ti. Me corrí pensando en ti.
Se separó y la miró a los ojos. Ella estaba sin habla, ahora muy ruborizada. Pero el calor que sentía Sonia no solo lo sentía en la cara. Lo sentía por todo el cuerpo. Lo sentía, sobre todo, entre las piernas.
Hacía muchos años que no se sentía así. Cuando se divorció de su marido llevaba mucho tiempo sin tener sexo con él, y cuando lo hacía antes no sentía placer alguno. Desde el divorcio no había estado con nadie. Ni siquiera había sentido deseos. El sexo parecía algo que ya había dejado atrás. Y ahora, aquel hombre tan joven que le confesaba su deseo por ella había conseguido encenderla, hacer que su cuerpo vibrase... hacer que su coño se empezara a humedecer.
Se siguieron mirando a los ojos unos segundos más. Sonia juntó las piernas y sintió una ola de placer subirle por el cuerpo.
-Y desde esa noche... cada noche lo mismo - añadió Pedro sin apartar sus ojos de los de ella.
-Me... me dejas de piedra, Pedro. No sabía que aún podía despertar... deseo en un hombre.
-Llevo deseándote desde hace años, Sonia. Ahora mismo estoy... ardiendo. Ya me entiendes.
-¿En serio? - preguntó la mujer abriendo los ojos como platos.
-Completamente en serio - respondió el hombre.
Pedro miró alrededor. Vio que nadie les miraba y comprobó que por como estaban las mesas, nadie podría ver nada, así que con firmeza, acercó su mano derecha a la mano izquierda de Sonia y la cogió. La levantó de sobre la mesa y la bajó debajo de ésta. Y sin dejar de mirar a su musa a los ojos, llevó la mano de ella hasta el bulto que su polla formaba en sus pantalones y la apretó.
-¿La notas? Está así por ti.
El cuerpo de Sonia volvió a estremecerse. Notó como su coño era ahora un mar de jugos, los pezones duros como piedras rozarse contra la tela de su sujetador. Sintió la dura polla que se escondía bajo la tela. Tres 3 o 4 segundos después ella retiró la mano, como si aquello fuesen brasas ardientes.