Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulos 001 al 006

heranlu

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Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulo 001

-Cariño, esto te va a doler.

-¿Mucho?.

-No, solo al principio.

A punto de cumplir su mayor sueño, apenas se podía creer que tan solo habían pasado seis meses desde que se había empezado aquella cadena de acontecimientos que al final desembocaron en aquel clímax. Su mente no pudo evitar retrotraerse hasta aquella vez que estando en la playa notó como los jóvenes ojos de su hijo miraban a su hermana.


-¿Ocurre algo, Pablito-le decía a pesar de tener ya los 14 años-?.
-No papá, ¿por qué lo dices?.
-Porqué veo que miras mucho a tu hermana.
-Es que no me puedo creer que sea la misma-se quejó-. Me la han cambiado.
-¿A que viene eso-se rió-?.
-Que no es la misma: la hermana que yo conocí era pequeña y plana, de cara de niña.
-¿Y-repuso curioso-?.
-Que esta está llena de curvas. Algunas más pronunciadas que otras, pero tiene tantas curvas como una carretera de montaña. Además, la cara ya no es de niña, ya parece más mayor que yo.
-Pero solo tiene un año menos que tú. Además, yo la veo muy linda. Esta hermosota, como las nenas de su edad.
Ambos se quedaron mirándola, la cual estaba jugando a salpicarse junto a su madre en la playa. Llevaba un ceñido bikini dos piezas azul y rojo, con dibujos por todas partes. La parte inferior le dibujaba un culito prieto y pequeño pero proporcionado a su cuerpo en ebullición hormonal. Su cintura, antes plana, ahora ya tenía un par de curvas que le dibujaban una silueta estilizada y femenina, y donde antes nada había ahora se intuían un par de hermosos y redondeados senos un poco pequeños para su cuerpo pero que se insinuaban crecerían algo más con el paso del tiempo, cuando terminara de desarrollar. Poseía dos ojos color zafiro que parecían brillar tanto como el cielo del día tan soleado que tenían, y tenía un fuerte y brillante pelo azabache.
-Sí que es verdad que está linda-reconoció el muchacho-.
-¡¡EH-gritó ella de lejos-!!. ¿¿Venís o no??.
-¡Vamos con ellas a jugar!.
-Yo iré luego.
-¿Te vas a quedar aquí?.
-No tengo más remedio.
Su padre no se dio cuenta de lo que pasaba hasta que Pablito se tumbó boca abajo en la arena. "No puede ser", pensó mientras iba hacia su esposa y su hijita querida.
-¿¿No viene Pablito??.
-Dice que vendrá más tarde. Te ves muy linda Eriquita.
-Papá que ya no soy tan niña-protestó-, con Ericka vale.
-Tú siempre serás mi niña. Eres mi niñita del alma.
Ericka abrazó a su padre y le dio un beso en los labios breve y fugaz para agradecerle aquellas palabras. Dado que era un gesto habitual entre ellos (madre e hijo también se daban esos antisépticos besos, carentes de toda emoción más allá de la formalidad) no le dio importancia, pero el tenerla abrazarla le produjo una involuntaria reacción hormonal que supo combatir de forma rápida e instintiva tirando a su hija al agua para remojarla y chapotear con ella.
-¡Te pillé-bromeó-!.
-¡Maridito, no me ahogues a la nena, que solo tengo una y no tengo de repuesto!.
Ericka reaccionó a las bromas de su madre y provocó a hundirla un poco en el agua. El resto del día, una vez Pablito se unió a ellos, fue igual de bueno y divertido. Ya con la puesta de sol, con la playa ya casi vacía, los cuatro emprendieron el camino de regreso para volver a casa.
-Ha sido un día perfecto, te quiero Carlos.
-Yo también te quiero Ale-la besó-.
Llegando al coche, padre e hijo cargaban toallas y demás para regresar.
-Pablito, ¿qué fue lo que te impidió ir con nosotros hace horas?.
-Te lo digo si no se lo dices a nadie-dijo ruborizado-.
-Claro, te lo prometo.
-Es que últimamente me siento muy mal papá. Muchas veces despierto y tengo toda la puntita parada, no consigo bajarla.
Carlos lanzó una carcajada que tuvo que ahogar para no llamar la atención de las dos féminas de la familia, apostados delante del coche.
-No te dé vergüenza, es natural. Eres un adolescente y es normal. Yo lo tuve a tu edad y no hay porqué sentirse mal por ello.
-¡Sí que tengo!.
La respuesta tan convencida hizo que él se quedara algo extrañado.
-¿Por qué dices eso?, ¿qué tiene de malo?.
Incapaz de decirlo al aire, hizo que su padre se acercara y se lo dijera al oído. Carlos le miró una vez se lo dijo. Pablito parecía al borde de una crisis nerviosa.
-¡Ay no, no te sientas mal-lo abrazó-!. Bueno, que sepas que eso no es tan malo, es algo natural, ¿de acuerdo?.
-¿¿Lo dices en serio-preguntó al ver aquellas palabras como un rayo de esperanza-??.
-Sí, en serio. Los niños suelen pasar esa etapa en la vida, es de lo más normal. Yo la tuve, y se pasó. Ya verás como pronto se te pasa, pero no te sientas mal, ¿de acuerdo?. No eres ningún monstruo.
-¿Qué pasa?.
-Nada Ale-respondió su marido-. Cosas de hombres.
-Venga, vámonos, es tarde y quiero cenar.
Algunas horas después ya estaban todos en casa. Habían cenado, habían visto la TV y se habían ido a dormir. Para rematar el tan formidable día, Carlos y Ale habían tenido una sesión intensiva de sexo, quedando sobre la cama extenuados. Carlos se fijó en que la puerta de la habitación estaba entornada, algo que le extrañó ya que recordaba haberla cerrado del todo.
-¿Qué le pasaba a Pablito de tarde?.
-Tendrás que prometer no decir ni hacer nada, ¿de acuerdo?.
-Tranquilo marido, sabes que sé guardar una confidencia-sonrió ella-.
-Esta es diferente-repuso muy serio-. Necesito saber que él no se enterará de que te lo he dicho, se moriría de la vergüenza y a mí me repudiaría.
-¿¿Pero que pasa-preguntó aterrada-??. Por dios no me asustes así.
-No te preocupes, no es nada malo, es que tuvo una erección y no era quien a quitarla.
-¡Pobre-sonrió enternecida-!. Ya entiendo porqué se tumbó boca abajo-se reía-. Ay que chico, como crece. Ya hasta piensa en las chicas.
-No, piensa en una.
-¿Le gusta una?, ¡que bien-se alegró-!, ¿y quien es la afortunada?.
-Tú.
Los ojos azules de Alejandra quedaron fijos en los de su marido, esperando que fuera una broma. Éste, por contra, quedó impertérrito.
-¿Qué yo le gusto?, ¿a Pablito-se extrañó-?.
-Le tranquilicé diciéndole que era normal, que todos los niños sueñan en alguna parte de su vida con su madre, que yo lo había pasado con su abuela y que no pasa nada, que esa época viene y va.
-¿Y que tengo yo que le guste tanto?.
Carlos miró el cuerpo desnudo de su mujer, tumbado en la cama de colchas totalmente descorridas debido al calor de la casa: pelo negro liso hasta los hombros, de unos ojos azules que su hija había heredado, con grandes pechos de pezones nacarados claros, de areola bien formada y redonda, con un vientre aún liso y torneado, piernas musculadas (que no musculosas) y firmes y un bien cuidado monte de Venus en su bajo vientre, que daba una imagen perfecta de sensualidad. Sus labios, finos pero carnosos, y su boca de sugerentes formas hizo que de nuevo se excitara al ver a la mujer que tenía a su lado.
-Cariño, no tengo ni idea-ironizó mirándola de arriba abajo sin esconder su erección-.
-Sí, ya lo veo-se relamió-.
Incorporándose un poco sobre la cama Alejandra acarició el endurecido miembro de su marido y se lo metió en la boca con avidez. Carlos se dejó hacer y permitió que ella le tomara el control de su cuerpo. La boca de Ale, húmeda y caliente, le proporcionaba una riada de sensaciones que le llegaban hasta los dedos de los pies. Amante consumada tras años de práctica y juegos sexuales de toda índole, juegos que terminaron por incluir a varios amigos de Carlos, que aceptaron encantados la oferta de poder disfrutarse de su esposa a condición de poder hacer de mirón, masturbándose mientras ejercía de voyeur viendo a su mujer poseída por sus más íntimos amigos. Ale no ejercía un papel pasivo en los respectivos tríos, si no que aceptaba de buena gana a esos hombres de diferentes cuerpos y penes que iban pasando por ella. Enamorada de su marido a más no poder y confiando plenamente en las decisiones de éste se había tirado a los brazos de aquellos hombres y había disfrutado con todos ellos. Ahora, con toda esa experiencia acumulada, manejaba la verga de su marido como consumada maestra sexual, usando los labios a modo de ventosa para aspirarlo y enroscando al lengua alrededor del glande.
-¡Aaaaaaaaaahh ay Ale que me la arrancaaaaaaaas!, ¡sigue Ale sigueeeeeeeeee!…
-¡Quiero que te vengas en mi boca!, ¡dame tu leche, quiero ordeñarte!.ç
-¡Sácamela ya, sácamela yaaaaaaaaa!…
En un acto reflejo del que no fue consciente hasta segundos más tarde Carlos se giró y miró a la puerta de la habitación: entonces vio una figura oculta entre tinieblas que no se perdía detalle de lo ocurrido. Lo tuvo claro desde el primer momento: envalentonado un poco por lo hablado de tarde, Pablito estaba mirando a su madre apropiarse del pene de su padre, veía a su madre con la boca llena de polla. Temiendo que si hablaba podría causarle daño Carlos calló y dejó que siguiera mirando. No sabía porqué pero aquello le proporcionaba un morbo terrible: su hijo pequeño mirando a sus padres teniendo sexo.
-¡Así Ale-la animaba-!. ¡Vamos, chúpame todo, gózame, sácame la leche!…
-¡Sí maridito-se la quitó para respirar-!. ¡Esta joyita es mía, toda mía!. ¡Dámela toda mi amor, quiero tenerla en mi boca, quiero saborearla!.
-¡Pues chúpame más fuerte!, ¡chúpame hasta los huevos!, ¡métetela toda en la boca!.
Dicho y hecho Ale abrió del todo la boca y se la tragó hasta que su nariz tropezó con el pubis de su marido, manteniendo esa postura bastante tiempo al respirar por la nariz y así evitar abrir la boca. Carlos, viendo que su esposa era ajena al espectador que había al otro lado de la habitación, lo miró un tiempo, cruzando varias veces la mirada con él y sonriéndole le guiñó un ojo con complicidad. Entonces dio la luz de una de las mesitas de noche, que estaba cerca de él.
-¡Quiero verte ordeñarme, quiero ver esa carita llena de leche!.
-¿Te excita verdad?, ¿quieres verme pringada?.
-Síiiii quiero correrme en tu cara, en tu boca, quiero verte llena de mí.
Alejandra apretó el ritmo de sus mamadas y se la estrujó usando una mano para hacerlo correr más deprisa. Carlos ayudaba empujando con las caderas para gozar cuanto antes.
-¡Ya está, me corro!, ¡me corrooo!.
-¡Síiiii!
Sacándosela de la boca Carlos se masturbó los últimos segundos y eyaculó en la cara de su esposa, que recibió su simiente de vida embelesada. Sobreexcitado como estaba la dejó bien pringada en la cara y la boca.
-¡Que linda luces llena de semen, estás de foto!.
-¡Pues sácame una para recordarlo-se rió mientras usaba los dedos para tragarlo todo-!.
-Otro día…pero ahora necesito más.
-¿¿Más??, ¿aún te quedan fuerzas?.
-Pocas, pero las suficientes para aguantar un último asalto.
Cogiendo a su mujer y poniéndola a cuatro patas apoyándose en el lateral de la cama Carlos la penetró a pesar de estar semi erecto.
-¡Ni siquiera la tienes del todo dura!, ¿cómo vas a aguantar otro round?.
-Así.
Embatiéndola y cogiéndola del pelo en plan salvaje Carlos se giró para ver a su mirón, El morbo de verse observado por su hijo hizo que se volviera a empalmar, haciéndolo dentro de ella.
-¡Ay que gusto, la he sentido ponerse durísima!, ¡me encanta, quiero que me la metas así siempre, que rico sentir como te excitas!.
-¡Pues ya verás ahora, voy a taladrarte como si fuera un berbiquí!.
Empujando con ritmo de martillo y con salvaje amoralidad Carlos propinó a su esposa una gran penetrada doble, ya que a mitad de camino cambió de agujero. Carlos notó que los ojos del espectador se abrieron de par en par.
-¿¿Te gusta tenerla en la cola, te gusta que te sodomicé??. ¡Grítamelo!.
-¡No, que los niños pueden oírnos!.
-¡Que nos oigan, que sepan como es hacer buen sexo!, ¡grítamelo Ale, grítalo!. Grita lo mucho que te gusta que te penetre el culo.
-¡SÍIIIIIIIIIIIIII-gritó descocada-!. ¡SÍ ME ENCANTA, ME CHIFLAAA, DAME POR DETRÁS, RÓMPEME EL CULO, PÁRTEMELO EN DOS!.
Obedeciendo fielmente Carlos bombeó y bombeó con todo el ímpetu que le quedaba en el cuerpo tras el polvo anterior y la mamada previa de su mujer. El espectador tenía los ojos como platos, escondido en la oscuridad solo se podía distinguir como miraba muy asombrado aquella escena. Carlos no se perdió detalle de su espectador mientras hacía lo propio para darle a su esposa el último orgasmo de la noche.
-Aaay ya me viene, ya casi lo tengo…vamos Ale muévete, menea las caderas, quiero clavarte hasta el fondo!.
-¡Envíciame marido, fornícame, atorníllame con tu rabo!, ¡sí, así!.
-¡Ay que culo, se lo traga todo!, ¡que no me entere que este culo pasa hambre!.
-¡Dale de comer!, ¡que lo trague todo!, ¡haz que trague!, ¡métela, métemelaaaaaa!.
Los paroxísticos jadeos y gritos entre ellos hicieron que al final llegaran al orgasmo, y que cayeran a la cama ya sudorosos provocando un ruido bastante considerable. Carlos se fijó que la puerta estaba cerrada. El espectador había aprovechado el momento para desaparecer. Al lado de su mujer, Carlos estaba agotado, pero también alucinado. Nunca había imaginado que se excitaría tanto que su hijo le viera.
Varios días después de aquello la mente de Carlos aún seguía pensando en lo que había pasado. No dejaba de recordar como le había gustado que Pablito le viera tirándose a su madre, y como se había excitado ante aquel espectador de ojos grandes e intensos que miraba como sus padres disfrutaban como salvajes. Pensando que debía hablar con su hijo para que no lo hiciera de nuevo se acercó a él aprovechando que las dos mujeres de la casa estaban en otra parte de la misma.
-¿Tienes un momento Pablito?.
-¿Qué pasa papá?.
-Verás, esto es muy embarazoso…es lo que hiciste hace varios días…
-¿¿Lo de la playa-se asustó-??.
-No, después…no quiero que vuelvas a espiarnos, ¿de acuerdo?.
-¿Espiaros?.
-Te vi. Abriste un poco la puerta y nos viste a tu madre y a mí en la cama. No dije nada para que ella no te reprendiera, pero procura no hacerlo de nuevo, ¿de acuerdo?.
-Papá yo no os he espiado.
-¡No mientras, sabes que no me gusta!.
-¡Te digo la verdad papá, yo no he sido, me fui a la cama directo y me quedé dormido toda la noche!.
-¡No sigas!, ¿vale?. Te he visto, fuiste tú.
-¡¡Yo no he sido-gritó-!!. ¡Yo no os espié!.
Pablito no era el típico chico mentiroso, pero Carlos no le podía creer del todo. Sabía lo que había visto, sabía qué lo había visto, pero él se defendía como si fuera inocente. La idea de que no fuera su hijo le hizo tener una duda: "si él no fue, ¿entonces quien fue?". Dado que solo había cuatro personas en la casa, no tuvo que pensar mucho, y decidido a salir de dudas esperó a ver a solas a la otra persona que estaba en la casa pero no dentro de la habitación con ellos. Encontró a Ericka charlando su madre y con su hermano muy cerca de ella. Antes de hablar con ella se fijó que la mirada de su hija era algo intensa, mirando algo que no supo precisar lo que era. Aunque intentó saber a qué miraba con tanta intensidad no pudo descubrirlo.
-Hijita, ¿puedes venir un momento?. Tengo que preguntarte algo.
Ericka se levantó. Vestida con una ropa holgada que dejaba su cuerpo a la imaginación de una tela semi transparente que destacaba sus curvas, Carlos la llevó a su cuarto.
-Cariño, ¿la noche después de venir de la playa te levantaste de noche?.
-No. Solo fui a beber agua, que me levanté con sed y me volví a dormir después. ¿Por qué lo preguntas?.
-¿Segura?.
-Sí papá, segura-sonrió-.
-Está bien, vuelve con mamá.
-Vale papá te quiero.
Abrazándolo tiernamente, Carlos sintió el liviano peso y la calidez de su juvenil cuerpo contra el suyo. Él correspondió acogiéndola en brazos con cariño.
-Yo también te quiero mi’jita. Eres preciosa.
Al separase de él Ericka, adrede o sin querer, no estaba claro, rozó la entrepierna de su padre con el muslo de su pierna. Carlos quedó sin saber qué pensar. ¿Había sido un roce inocente o lo había hecho adrede?.

Poco tiempo después de aquello todo había vuelto a la calma. El mirón no había hecho acto de presencia y ni Pablo ni Ericka habían confesado el delito, por lo que el asunto fue olvidado, pero lo cierto era que aquel roce comenzó a quemar la mente de Carlos. Recordando aquella charla que había tenido con Pablito, lo cierto era que ya no venía a su hija de la misma manera. Ya no la veía como hija, si no como mujer, una mujer que prometía superar a su madre en belleza. Piernas lindas y torneadas, cintura que ya apuntaba su feminidad, y un rostro de niña buena e inocente eran rasgos que cada noche le venían a la mente, en especial aquella tarde en la playa, con aquel bikini que dejaba a la imaginación tan solo sus partes íntimas. Al paso de las semanas ya se había convertido en algo cotidiano que se levantara de la cama con una erección dolorosa, incapaz de bajarla sin la ayuda de su mujer, que de buena gana aliviaba los ardores de su marido, pero era ver a su nena en la cocina tomando su desayuno cuando su mente volvía a traicionarlo, imaginándola que tomaba otro tipo de desayuno.
-Hola mi amor, buenos días-la besó en los labios a modo de saludo-.
-Buenos días papá, ¿qué es eso?.
-¿Esto-miró a la bolsa que había cogido de su habitación-?. Míralo y lo verás.
Ericka miró al interior de la bolsa y encontró algo envuelto. Era un paquete enorme, de modo que se las vio y las deseó para poder abrirlo. Cuando al final lo abrió, al igual que las matrioskas rusas (las muñecas que al abrirlas contienen otras más pequeñas), Ericka vio más paquetes, estos más pequeños.
-¡¡Papá, esto es trampa!!.
-Ya lo sé-se rió sentándose al lado de ella, admirando sus piernecitas al descubierto por los shorts de su pijama-. No quería que la sorpresa se acabara tan pronto. Anda, abre lo que quieras.
Muy excitada Ericka cogió uno de los paquetes y lo abrió. Al hacerlo vio que estaba de doble envoltura.
-¡¡¡PAPÁAAAA-volvió a protestar-!!!.
-Esta vez verás lo que contiene, te lo prometo.
Fiándose de él Ericka volvió a desenvolverlo, y en efecto pudo ver el contenido de uno de los regalos: se trataba de dos o tres minifaldas de escasa tela, que a la nena quedarían a la altura de los muslos. Ericka casi se volvió loca cuando las vio.
-¡¡Esto es lo que yo quería-se excitó toda-!!, ¡¡papá que bueno, te acordaste de que era mi cumpleaños!!.
-No podía esperar a dártelo de noche. ¡Feliz cumpleaños mi amor!.
-¡¡Gracias papi!!…
Llevada por el momento y sin medir las consecuencias de sus actos Ericka dio un largo beso en la boca a su padre. Carlos lo recibió con un azoramiento terrible, sobretodo al darse cuenta de la inocencia con que su hija lo estaba besando.
-Bueno, ¿y no vas a ver los demás?.
Rauda y veloz acabó por dejar el suelo lleno de papel de envolver: tres bikinis bastante sugerentes, zapatitos de tacón alto y un par de tops de enseñar ombligo. Ericka, fuera de sí, no dejaba de abrazar a su padre, llegando a sentarse en el regazo de él.
-¡¡Gracias papi!!, que bueno eres, me has comprado todo lo que quería.
-De nada mi niña, ya sabes que te adoro, ¿pero no es un poco prontito para que te vistas de esa manera?. Los chicos se van a fijar demasiado en ti.
-¿Y eso es malo-preguntó en un hilillo de voz-?.
La ternura aún existente de Ericka pese a su edad emocionó a Carlos. Aún era como si tuviera 6 años.
-No mi amor, claro que no-la abrazó, sintiendo la frescura de su cuerpo junto al suyo-.
-¡Vaya, te has adelantado a los regalos-protestó Ale al verlos juntos en la cocina-!.
-Lo siento cariño, no podía resistirme-sonrió-.
-Mamá, papá me ha regalado la ropita que había pedido. ¡Ya verás que linda estaré!.
Como si fuera un huracán recogió todo y fue a su cuarto, casi tropezando con Pablito en el pasillo.
-¿¿Qué le pasa??.
-Tu padre, que le ha dado los regalos de su cumpleaños y va a probarlos.
-¡Ay va, que hoy es su cumpleaños-se llevó la mano a la frente-!. Y yo no me acordaba.
-Que chico-sonrió su madre-. Pues aún estás a tiempo de elegir un regalo.
-¡Ven conmigo mamá, ayúdame a elegir algo!, no sé qué comprarle a una chica.
-Es tu hermana, no creo que haya problemas Pablito.
-Pero ya no es una nenita pequeña, no creo que le guste un osito de peluche.
-En fin marido, tengo que solucionar una crisis familiar-le dijo a éste-.
-Espera a ver salir a la nena-dijo Carlos-. No sea que salga y se lleve la decepción de que nadie esté para verla.
Esperando un par de minutos, la chica que apareció ante ellos nada tenía que ver con la misma niña que hasta hace poco aún jugaba con muñecas. Vestida con un top escotado enseñando su vientre, con una minifalda a la altura de los muslos y unos zapatos altos, Carlos quedó alucinado por ver a su hija jugar a ser mujer. Fijándose en Pablito, Carlos vio como la mirada de su hijo se posaba involuntariamente en las partes íntimas de su querida hermana sin poder creerse que aquella fuera su hermana.
-¿¿Qué tal me veo??, ¿cómo luzco?.
-¡Vale, ya está bien!, ¿quién eres y que has hecho con mi hermana-bromeó-?.
-¡Ay Pablito, que soy yo, este es el regalo de papá!. ¿¿Qué tal me sienta??.
-Estás matadora, todos los chicos van a querer ligarte. Se darán golpizas por estar a tu lado, ya lo verás.
Ilusionada ante esa idea le dio un fuerte abrazo a su hermano. Éste al final se retiró un poco hacia atrás, y su padre intuyó que ver a su hermana luciendo palmito podría haber provocado en él una involuntaria excitación sexual. "Instinto de hombre, es natural", se dijo con desdén, sin darle importancia.
-Bueno, ya te he visto, ¿me acompañas mamá?.
-Sí. Ahora volvemos.
Justo antes de salir de casa Ale se fijó en que Ericka se sentaba en el regazo de su padre y en que la mano de éste, quizá adrede quizá sin querer, se posaba en los muslos de su hija, sin que ella protestase.
-¿Soy guapa papá?, dime, ¿soy guapa-preguntó con notable nerviosismo-?.
-Claro que sí. Eres liadísima. Tu hermano tiene razón, los chicos van a pelearse por ti, los vas a dejar muy azorados si te muestras así.
-¿En serio?.
-En serio-sonrió-.
-¿Tú estás azorado papá-y Carlos, viendo que la conversación iba por unos derroteros bien distintos a los de antes-?.
-Un poco cariño, pero es normal. Todo hombre se excita con una mujer hermosa.
-¿¿Entonces ya soy una mujer-sonrió de oreja a oreja-??.
-Serás una gran mujer Ericka. Vas a ser fantástica.
De nuevo Ericka dio un largo beso a su padre, levantándose después para ir a probarse el resto de prendas y a tiempo de evitar sentir la tremenda erección que había provocado en su padre. Carlos no podía creérselo pero estaba totalmente excitado por su hija. Ésta lo había dejado con su verga tan dura como una barra de hierro macizo.

Ale, desde aquella noche que su marido había dicho que era el blanco de las fantasías de su hijo, notó un cambio en la actitud de éste. Del mismo modo que la relación entre Carlos y Ericka había cambiado en los últimos meses (de vez en cuando su padre hacía un regalo sorpresa a su hija, siempre ropa un poco provocativa, o un cariño más fuerte entre ellos, en que Ericka se sentaba muy a menudo en el regazo de su padre o que éste acariciara sus piernas y su vientre con regularidad) la relación entre Pablito y ella había experimentado un cambio también. Su hijo parecía vigilar todos sus movimientos, desde que se levantaba hasta que se acostaba. Prestaba especial atención a la ropa que llevaba y siempre le dedicaba una palabra amable cuando iba de faldas cortas o de top ajustado marcando las curvas de su cuerpo, y si iba por casa en ropa interior (algo que siempre se había hecho con la mayor naturalidad) los ojos de Pablito no perdían detalle de cada uno de sus gestos. Incluso parecía estar muy excitado (especialmente los días que, llevando mini falda, él se sentaba enfrente de ella, como si intentase ver a través de aquella débil tela), pues hacía los clásicos gestos que los hombres hacen cuando no quieren que una chica sepa que están excitados. Aquel juego le hacía una gracia tremenda, sabiendo además que Pablito no lo hacía con malicia, si no que lo hacía llevado por su curiosidad sobre el cuerpo de las mujeres. También buscaba rozarse con ella, con algún abrazo y dándole muchos besos de cumplido casi cada día, siempre un poco más largos de lo que debieran, pero como el encantaba recibir el cariño de su hijo (un cariño que veía muchas madres no tenían, de ahí que le gustase ese contacto entre ellos), ella nunca protestó, y permitía que él se tomara aquellas libertades para no sufrir ninguna decepción ni ningún corte que luego le impidiera encontrar novia, aceptando aquel roce como algo de lo más natural, lo mismo que los piropos, los cuales la tenían en una nube de amor y cariño.
-Mamá que guapa estás: te veo muy linda hoy-le dijo al verla entrar en la sala de estar-.
-Gracias hijo, tú también estás guapo...Oye voy a darme una ducha, así que vigila por si alguien llama a la puerta, ¿de acuerdo?.
-Sí, claro.
Fue a su dormitorio para cambiarse de ropa y ponerse el albornoz, y al poco de quitarse la camisa y la falda tuvo la extraña sensación de que alguien la miraba, pero no se fijó hasta que estuvo desnuda que se fijó en que, reflejado en un espejo de la habitación, se veía alguien al otro lado de la puerta mirándola cambiarse de ropa, pero cuando se giró para ver quien era, ya no había nadie. Pensando que había visto más se desnudó del todo y luego se puso el albornoz encima, notando que alguien volvía a mirarla. Antes de atar el nudo del albornoz y de tapar su desnudez miró hacia él espejo, donde los ojos volvían a estar mirándola muy fijamente, aprovechando el reflejo de éste para ver su cuerpo sin ropa. Al girarse, de nuevo la puerta estaba algo entornada, pero nadie al otro lado.
-Que chico-se dijo con ternura-. En fin, mejor no regañarle, tampoco se ha propasado.
Yendo a mirar su ropa interior para cambiarse, se encontró con que todo el cajón estaba removido. Alguien o algo lo había estado revolviendo. Ya era algo habitual cuando iba a mirar su cajón de ropa interior: por mucho que lo encontrara ordenado, siempre acababa revuelto como si hubiera pasado un ciclón. Planteándose que podría hacer su hijo con su ropa interior (no imaginaba otro culpable), recordó que ella misma, en su juventud, hizo lo propio con la ropa interior de su padre, especialmente la ropa usada, para descubrir el aroma del hombre, y pensando que quizá era eso lo que buscaba su hijo (el aroma de la mujer) decidió restarle importancia, aunque estaba dispuesta a abroncarle si llegaba un día y se encontraba su ropa totalmente pringada, pues era ya lo creía una mala conducta y una perversión que no quería que él tuviera. Saliendo de su habitación volvió a la sala de estar, donde estaba Pablito viendo la televisión.
-Cariño, ¿estabas tú mirando por mi puerta ahora?.
-No, he estado aquí todo el rato, ¿por qué?.
-No, por nada. No me gustaría saber que me espías.
-¿Y si así fuera que tiene de malo?. Eres muy hermosa y sería normal mirar una mujer guapa, ¿no-preguntó con actitud desenfadada-?.
-Gracias mi amor, pero no olvides que soy tu madre, no solo una mujer.
-Ya lo sé-sonrió-.
-Bueno, me voy a la ducha. No tardaré en salir.



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Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulo 002



Ale se fue a la ducha, cerró la puerta y se metió en ella. Dándole al agua caliente ésta le baño por completo. Quedó absorta en sus pensamientos bastante rato hasta que notó un leve crujido, pero pensando que eran imaginaciones suyas no le dio importancia. Al ir a coger el gel de una de las repisas y vi que la puerta del baño estaba entreabierta. Usando la táctica del espejo como había hecho antes unos ojillos parecían mirarla fijamente. Ale quedó confusa, sin saber que hacer, pero pensando que quizá podría hacerle delatar sus actos y poder regañarle sin cargos de conciencia decidió descorrer más las cortinas, de tal manera que su mirón podía ver perfectamente todo su cuerpo desnudo. A pesar del vaho de la ducha el espejo no estaba del todo empañado gracias a que el espejo del baño tenía un par de pequeñas lámparas que lo enfocaban y que evitaban que se empañase. El mirón, vio Ale, parecía estar mirando fijamente a sus pechos, y pensando que lo mejor era no hacer que sabía que la estaban mirando siguió con las cortinas descorridas (pero no mucho, para no ponérselo demasiado fácil) y empezó a acariciarse el cuerpo, primero la cintura, que acarició varias veces, y subiendo luego a sus pechos, los que acarició con especial mimo para que acabaran quedando bien duros, con los pezones enhiestos. Ale miró de reojo a su mirón, que hábilmente se mantenía en el secretismo, sin abrir más la puerta para poder verla mejor, conformándose con aquella postura incómoda. Ale pasó de tocarse los pechos a darse media vuelta para enjabonarse la espalda y el culo, el cual arqueó ligeramente para poder tocarlo mejor. Posteriormente, envalentada con la mirada encendida de su mirón, calor que ella sentía en los muslos de sus piernas, decidió que le daría un gran momento a él y se enjabonó y tocó un poco en su intimidad, la que abrió y lavó con especial esmero y cuidado. Entonces, con mucho disimulo, y dejándola de un pasmo de narices, el mirón cerró la puerta como si ya hubiera tenido suficiente.
-Pobrecito-sonrió-, no ha podido aguantarlo más.
Riéndose de ello terminó de ducharse y salió del cuarto de baño para volver a la sala de estar, donde su hijo seguía viendo la televisión, pero lo hacía con un gran cojín puesto en su regazo.
-¿¿Ha llamado alguien mientras estuve en la ducha??.
-No mamá, yo no escuché a nadie.
-Vale, voy a cambiarme, enseguida salgo.
Yendo a su cuarto para ponerse la ropa de recambio Ale, justo al acabar de ponerse la ropa interior (sujetador y braguitas de algodón, algo transparentes) y con una puntería que le hizo pensar que había sido adrede Pablito entró en su cuarto.
-Oye mamá, ¿qué vas a hacer de cena?.
-Pues tenía pensado preparar algo de pasta, ¿querías algo especial?.
-Esperaba poder comer albóndigas, que me gustan.
-Bueno, puedo preparártelas especialmente y echártelas en la pasta, ¿te parece?.
-Sí, gracias-la fue a abrazar a pesar de estar casi desnuda, pero ella no rehusó el abrazo y lo aceptó del mismo modo que aceptó el beso que éste le había dado en la boca-. Te quiero mucho mamá, eres la mejor mamá del mundo.
-Vale, ahora déjame, me gustaría poder vestirme.
-De acuerdo-se fue de allí-.
-Y la próxima vez procura llamar a la puerta o esperar a que salga, ¿que pasaría si al entras me encuentras totalmente desnuda-dijo con un falso sentimiento de reproche-?.
-Pues que me encontraría con la mujer más bella del mundo-sonrió tierno, y se fue de la habitación-.
Ale, azorada por la respuesta de su hijo, y sabiendo que la conversación con éste sobre la cena había sido solo una excusa de él para poder admirarla desnuda, se preguntó hasta qué punto su hijo se sentía atraído por ella, y hasta donde sería capaz de llegar. Aquello fue un pensamiento que no desapareció con facilidad de su mente.

Varios meses después, un día de mucho calor en que por vagancia decidieron quedarse en casa y darse un baño en la piscina en vez de en la playa Ale observó una escena que la dejó perpleja. Había ido a por el bañador a su habitación, que estaba en el segundo piso de una gran casa rodeaba por un amplio matorral de más de dos metros, con un jardín trasero donde cabría otra piscina de igual tamaño. Aprovechando un viaje de su padre a la oficina y creyendo que su madre estaba muy lejos, ésta vio por la ventana como sus hijos estaban en la piscina dándose un chapuzón. Todo era inocente hasta que, arrinconados en las escaleras de una de las esquinas, Pablito y Ericka se dieron un beso más largo de lo que cabría esperarse en dos hermanos. Asombrada por ello bajó con rapidez pero en lugar de ir a apartarles dando una voz, pensando en las posibles consecuencias si lo hacía, decidió salir de casa y espiarles desde el otro lado del matorral. Acercándose lo más que pudo podía verlos de espaldas. Ericka, sentada en los escalones, era besada por su hermano, de pie con el cuerpo metido en el agua hasta la cintura.
-Que lindo besas Pablito. Es muy rico.
-¡A mí también me gusta-exclamó sonriendo-!. Me gustas mucho.
-¡Ay no digas eso, que soy tu hermana!.
-También eres una mujer, y yo soy un hombre.
-Eso ya lo veo-miró hacia abajo-. ¿Me dejas verla?.
-¿¿Qué??.
-Quiero verla, quiero ver si es como la de papá.
-¿¿Has visto la de papá??.
-Sí, le vi con su vergota toda dura mientras mamá se la metía en la boca.
-¿Y eso no es asqueroso?.
-Ella parecía disfrutar mucho-se encogió de hombros-. Vamos Pablito, déjame ver si la tuya es más grande que la de papá.
Pablito deslizó su bañador hasta la mitad de sus muslos, dejando al aire su erección. Los ojos de Ericka miraban encandilados.
-Que bonita es-exclamó-. Uy, está caliente-la tocó por sorpresa-.
-¡Ericka, no toques!.
-¡Pero me gusta!, déjame tocarla un poco más-dijo con cara de cordero degollado-. Solo un poquito más.
-Vale, pero solo un poco.
Acariciándola con dos manos Ericka descubrió que la piel podía retirarse hasta atrás y dejar la puntita al descubierto. Un gemido involuntario de Pablito hizo que ella repitiera la maniobra, haciendo que éste gimiera mientras su hermana lo masturbaba. Apostada en una posición ventajosa detrás de ellos, Ale veía la cara de su hijo mientras Ericka se la meneaba, inconsciente del juego al que estaban jugando.
-Ay que rico hermana, que gustito da esto. Que diferente es a cuando lo hago yo.
-¿Qué es lo que tú haces?.
-Lo mismo que me haces tú ahora-respondió-. Hay veces que lo tengo tan duro que me duele y lo meneo para bajar la hinchazón.
-¡Pobrecito-se quejó-!, si quieres te puedo ayudar a bajar esa hinchazón, ¿quieres?.
-Vale-respondió con indiferencia, también inconsciente de aquel juego-.
-¿Me dejas probar?.
-¿Probar?, ¿y eso cómo se hace?.
-Como mamá con papá, ponerla en mi boca y chupar con los labios. Nunca he probado una, ¿me dejas, me dejas-decía emocionada con vocecita dulce-?.
-¡Pero eso debe ser asqueroso-protestó con mueca de asco-!.
-Papá disfrutaba mucho-respondió-. Quizá sea algo divertido-sonrió-.
-Vale.
Escurriéndose en los escalones para llegar a la altura deseada, Ericka primero probó a darle unas lametadas, insegura del sabor. Luego abrió la boca imitando a su madre y se tragó el miembro de su hermano, usando los labios para chupetearlo mientras lo metía y sacaba de la boca.
-Pues sí que da gusto…es raro pero me gusta…mmm sigue Ericka, sigue chupándome.
-La tienes rica, no sabe mal. ¿Lo hago bien?.
-Sí, muy bien hermanita…
Los ojos de Ale veían a su hija tragarse la polla de su hermano y aunque quería pararlos algo dentro de ella la hizo excitarse y llevarse una mano a su entrepierna, acariciándose la vulva. Se encontró con que ésta estaba totalmente humedecida y ardiendo. Su mano encontró su clítoris y lo acarició con rapidez sin dejar de perder detalle de cómo Pablito recibía la primera felación de su vida.
-Que rico Ericka…que chupona eres, me tienes ardiendo…ay que calor, creo que voy a estallar…¡Ay para que me vengo!, ¡para!.
-No puedo, me gusta mucho….¿tú también echas esa lechita como papá?.
-¿Papá echa eso?.
-¡Uy, si supieras, a mamá la dejó pringada en la cara-se la meneaba mientras hablaba con él-!, y no veas como ella lo tragaba, debía ser muy sabroso.
-¿En serio?, pues tendré que probar a ver si es verdad.
-Déjame probar a mí primero, tú puedes hacerlo cuando quieras.
-Vale…así sigue…sigue…que boquita tienes, es muy caliente…
Ale escuchaba atónita la conversación mientras seguía haciéndose el amor ella misma, masturbándose irremediablemente con sus hijos al lado jugando sin saber al sexo. Ya rendida al gusto y teniendo que callarse para no escandalizarlos ni traumatizarlos Ale se entregó a su propio placer y se sacó sus pechos de la ropa para acariciarlos. Medio desnuda en aquel prado descampado sin casa ni gente Ale se satisfacía oyendo los gritos de placer de su hijo, que al final eyaculó en la cara de su hermana.
-¡Que caliente está-se quejó-!, ¡que amargo!. ¿Cómo a mamá le puede gustar esto?.
-No lo sé…¿puedo yo verte?. Jamás he visto una mujer desnuda.
-¿Te gustaría verme?.
-Sí, eres muy hermosa, anda déjame-la acarició-…yo te he dejado verme…
Subiendo el top de su bikini, Ericka mostró a su hermano sus pechos, bien firmes y de pezón duro y de un color suave, casi rosado. Luego hizo lo propio con la parte de abajo y le dejó ver su rajita húmeda, con apenas una mata de pelo muy poco poblada.
-Eres hermosísima Ericka, me gustas muchísimo. ¿Sabes? desnuda eres más bella que mamá, me gustas más que ella incluso.
-¿Y cuanto viste tú a mamá desnuda?.
-Es que la espío cuando se cambia de ropa o cuando se ducha. No sé si está bien pero no puedo evitarlo, la veo tan guapa….y me gusta su cuerpo-Ale, oyendo los halagos que dedicaba su hijo, se masturbaba más frenéticamente aún, tanto que parecía tener un enorme vibrador de acero muy dentro suyo. Los dedos la trabajaban con fruición-. Sobretodo me gusta ver su cosita, aunque no sé porqué, no dejo de mirarla…como a ti ahora-decía sin apartar los ojos de la entrepierna de Ericka-. Me gusta verla. Quiero tocarte en tu cosita, ¿me dejas?.
-¿¿En mi cosa??.
-Me has hecho disfrutar mucho y quiero devolverte el favor. Déjame que te toque, no seré brusco contigo.
-Ya lo sé-respondió ella-. Vale, tócame, pero sé dulce, ¿vale?.
-Vale.
Con mano vacilante Pablito fue a tocar los pechos de su hermana. Tímidamente ambas manos se posaron sobre sus senos firmes, notando su tacto blando y dúctil.
-Tienes unas tetitas muy bonitas. Me da gusto tocarlas.
-Y a mí que las toques. Tócame cuanto quieras, yo confío en ti.
Ale seguía imparable rumbo al orgasmo. Le daba igual todo, aunque alguien pudiera encontrarla semi desnuda tendida en la hierba frotándose su intimidad. La escena había despertado su morbo más salvaje y de una mano pasó a masturbarse con las dos, usando sus dedos para penetrarse con fruición y empaparse los dedos con sus propios jugos, que tragaba con glotonería y pasaba por encima de sus pezones para ponerlos húmedos con sus fluidos vaginales. Con una mano bajando por su vientre y la otra que bajaba por la espalda y el culo (que se acariciaba a veces, pues le encantaban todas las caricias que su marido le daba en él), ambas se encontraban en el mismo sitio: su vulva palpitante y ardiente.
-¿Puedo besártelas-escuchó a Pablito-?.
-¿Eso se puede hacer?.
-Lo vi en una peli una vez. La trajo un amigo y la vimos todos. A la chica le encantaba cuando el chico le besaba sus senos.
-Ah, entonces sí, vale. Bésamelos.
Pablito acercó la cara y besó los pezones de Ericka. Ésta suspiró traicioneramente, delatando su excitación. Él la besó unas cuantas veces más.
-Ay que calor tengo-dijo ella-…estoy muy sofocada…me arde ahí abajo…tengo mucho calor ahí Pablito…muchísimo…
-¿De verdad?, voy a intentar aliviarte…
Antes de que Ericka pudiera reaccionar Pablito había bajo su cabeza y le tenía puesta entre sus piernas, con una mano tocándola en su rajita más húmeda que nunca.
-¿Te vale así?, ¿te sientes más fresca?.
-Ay noooooo…tengo más calor-suspiró-…me arde, me ardeeeeeeee…
-Espera, a ver si así puedo.
Cambiando la mano por la boca Pablito lamió el sexo de su hermana con avidez para intentar refrescarla.
-Aaaaahh Pablito…aaah que me abraso…siento que me va a estallar…
-¿No te sientes más fresca?.
-¡No, estoy ardiendo, ardiendo!...¡Estoy que ardo pero sigue por favor, sigueeeeee!.
Pablito estuvo lamiéndola sin parar tal y como ella había pedido. Ale, al lado, estaba a punto de dar un grito debido a lo que estaba gozando. Apretando los labios para evitar gritar estaba tan caliente que podría fundir una barra de hierro de ponérsela cerca. Todo su cuerpo convulsionaba y se retorcía. Sus pezones estaban tan duros que le dolía. Su clítoris estaba dilatado y sus labios encharcados de jugos.
-Sigue Pablito sigue….se siente riquísimo, es maravilloso hermanito, me gusta mucho esto…que gustito me da tu lengua…que rico, que ricoooooo…
Al tiempo que Ericka llegaba su primer orgasmo su madre hizo exactamente lo mismo, haciendo un amago de gritar abriendo la boca de par en par pero incapaz de dar el grito que tanto deseaba poder hacer. Ericka, tendida desnuda en el borde de la piscina, miraba a su hermano complacida.
-He sentido muy rico, me ha gustado mucho…otro día podríamos hacerlo, ¿te parece?.
-Sí, a mí también me ha gustado. Te quiero.
-¡Ya estoy aquí familia-se oyó de lejos-!.
La llegada de Carlos hizo que tanto Ericka como Pablito se vistieran con rapidez y se fueran al agua a chapotear entre ellos. Ale, volviendo a vestirse, logró ponerse en pie y entrar en la casa, yendo a ver su marido recién llegado.
-Hola mi amor….¿te pasa algo?.
-Tenemos que hablar-dijo ella-.
Ale puso al corriente de todo lo que había pasado, recordando la conversación que tanto Ericka como Pablito habían mantenido.
-¿Y dices que Pablito te estaba mirando desnuda mientras te duchabas?.
-Sí, estaba al otro lado de la puerta, y por lo que me dijo también me vigila cuando voy a cambiarme de ropa. Ya te dije que entró y me pilló en ropa interior. Un poco más y me pille totalmente desnuda. Creo que mi hijo me desea pero de verdad, y lo mismo le pasa a Ericka contigo. Siente mucho deseo por su padre, incluso nos observó una vez que estuvimos haciendo el amor.
-Así que fue ella-se asombró-. Yo pensaba que era Pablito el que nos había visto.
-¿¿Lo sabías-se sorprendió-??.
-Había visto a alguien en la puerta mirándonos, pero no sabía quien era, y no quería decir nada para no provocar un incidente, pero viendo lo ocurrido. ¿Y tú no hiciste por detenerlos?.
-No supe como-se excusó-…no quería traumatizarlos.
-Ya, yo tampoco, pero está claro que debemos hacer algo. Están en plena revolución de hormonas y en esta situación podrían cometer una locura.
-Pareces preocupado-observó ella detenidamente-.
-Lo estoy. La adolescencia es una etapa peligrosa y podrían cometer un error que luego no podría tener marcha atrás. Más que preocuparme lo que han hecho entre ellos lo que me preocupa es que lo hagan con cualquier otro.
-¿No te preocupa que tengan sexo entre ellos-se sorprendió-?.
-Dudo mucho que lleguen a tenerlo, y además Ericka aún no he tenido el periodo, creo, así que no la podrá dejar embarazada. Pensándolo bien, sí me preocupa, pero repito lo que dije antes: me aterra más que busquen jugar a eso con cualquier otro de fuera. Si no se pueden controlar, y por lo que veo no, podrían buscar al primero que pase y por el que sientan un mínimo de cariño.
-¿Tú crees?.
-Claro. Ya me has demostrado que están muy inocentes en el sexo, y todavía faltan un par de años para que sepan del todo a que están jugando. Además, ahora empezarán a salir, a tener amigos, a buscar eso en otra parte…y siendo tan inocentes podrían tener una malísima experiencia. No quiero ver a Pablito traumatizado por una cualquiera que le usa y le luego le desprecia, podría tener secuelas de por vida.
-Te entiendo, lo mismo le podría pasar a Ericka con un chico que solo la quiera para el sexo y luego la abandone a su suerte. ¿Qué hacemos, Carlos?, ¿Qué podemos hacer con los niños?.
Carlos pensó detenidamente en una idea que, aunque descabellada, era lo mejor que se podía hacer dada la situación.
-¿Y si?…bueno, ¿y si los educamos nosotros?.
-¿Nosotros?, ¿tú y yo?.
-¿Ves alguien más por aquí-bromeó-?. Sí Ale, tú y yo. Educarlos en la teoría y también en la práctica. Prefiero mil veces que Pablito tenga el amor y cuidado de su madre a que una sola vez lo tenga una extraña que no lo sepa tratar o lo dañe, y lo mismo digo con Ericka. No quiero que nadie les lastime. Los amo demasiado.
-Yo también los quiero mucho-dijo con preocupación sincera-.
Carlos y Ale se abrazaron, preocupados por el bienestar de sus hijos. En un repleto de relaciones amorales, de sexo sin amor y una total ausencia de responsabilidad, el temor por un posible trauma era más que una probabilidad lejana algo tan real como el propio aire que respiraban.
-¿Y como haremos?.
-Deja eso de mi cuenta.




A lo largo de los tres siguientes meses Carlos fue hablando con ellos poco a poco, sin avasallarlos. Conversaciones esporádicas sobre chicas, chicos, amor y sexo para tantear el terreno y saber hasta donde habían llegado. Se quedaron muy sorprendidos por ver la gran ingenuidad que poseían, pese a saber hacer algunas cosas. Esperando el momento idóneo para enseñarles no solo la teoría si no también la práctica, Carlos se decidió por un domingo muy caluroso en que decidieron darse un chapuzón en la piscina. Aislados los cuatro y sin visitas cerca él y Ale se acercaron a sus hijos.
-Mirad niños, mamá y yo queremos enseñaros lo que el sexo. Creemos que estáis en la edad apropiada, y no queremos que el mundo entero os coja desprevenidos y os lastime por no saber lo que es esto.
-Pero nosotros ya lo sabemos papá-protestó Ericka-.
-No cariño, en verdad no sabéis como es y no queremos que sigáis así, así que yo voy a enseñarte lo que el sexo. ¿Vale?, tranquila, no te lastimaré, yo nunca te haría daño.
-Lo sé papá, confío en ti.
Atrayéndola hacia él Carlos desnudó a la pequeña y comenzó a acariciarla.
-Ven mi amor-dijo Ale a su hijo-, deja que mamá te enseñe a disfrutar de verdad. Mira como papá va a disfrutar a Ericka.
Mientras Ale desnudaba a Pablito y empezaba a masturbarlo poco a poco Carlos besaba a su pasión, enseñándole a usar la lengua para hacer el beso más profundo y apasionado. Ericka aprendía con notable rapidez, y abrazó a su padre para sentir su cuerpo grande y magnífico junto al suyo. Las manos de su padre se posaron en sus tersas nalgas y luego subieron para acariciar sus suaves pechos, que comenzaban a ponerse duros.
-Así que eras tú la mirona, ¿eh?.
-¿Cómo lo has sabido?.
-Pablito dijo no ser él y él no suele mentir. Además, mamá te escuchó hablar con él ya hace meses. No dijo nada porqué no sabía como hablar con vosotros.
-¡Me encantó papá!, ¡me mojé mucho, tanto que tuve que ir a mi cama y me toqué mi cosita hasta que sentí rico!. ¡Últimamente no hago otra cosa más que eso!.
-Pues ahora vas a descubrir algo mejor.
-¿Mejor?.
-Mucho mejor. Túmbate mi amor, te voy a enseñar lo que es comer una buena rajita.
Carlos puso su cara a la altura del sexo de Ericka, que ya estaba echando algunos jugos frutos de la pasión. Pegando la boca a ella, Carlos la instruyó en el arte del cunnilingus y enseñó todos los trucos: soplar echando un cálido aliento, penetrarla con la lengua, a posar los labios y sorber como un polo de fresa directamente de su vulva. A lo largo de varios minutos su padre devoró todo su sexo como si le fuera la vida en ello, bebiéndose con pasión desenfrenada sus jugos, y luego dándoselos a probar un largo beso en el que Ericka aprendió a besar con lengua apasionada y profundamente.
-Que raro sabe.
-Ese es tu sabor-le sonrió-. El que tienes ahí abajo. Ahora quiero que aprendas a tocar y chupar un falo.
Siguiendo las instrucciones de su padre Ericka primero engulló todo su miembro y tras sacarlo y meterlo varias veces, comenzó a jugar con la lengua para pasársela por encima de la puntita, que estaba roja y brillante. Usando sus manos lo masturbaba con lentitud y con mucho cariño. Cerca de allí Pablito disfrutaba de las caricias de su madre, la cual no dejaba de tocarlo ni un momento. Desnudos los dos, ella llevó su mano derecha y la puso entre sus piernas para que la acariciara.
-Tócame con delicadeza y no tengas prisa. Lo bueno se hace esperar. Ahora ve poco a poco tocándome…mmmm eso es, sigue así…lo estás haciendo muy bien…Pablito mira a tu hermana como disfruta con la verga de tu padre…
-Sí, le encanta. ¿Qué va a hacerle papá?.
-Ya lo verás…ahora tócame el chochito…sí, eso es…tócamelo más, con gusto…mmm que rico es…que bien se siente…
-¿Puedo besarte mamá-preguntó con infantil inocencia-?.
-Claro que sí. Tú también tienes que aprender a besarte con una mujer de verdad.
-Tú eres una mujer de verdad-la piropeó-. La más linda del mundo. Eres preciosa.
-Ay que rico mi amor gracias, se sonrojó-. Bien que lo puedes decir tras haberme visto desnuda meses atrás, ¿verdad?.
-¿Sabías que era yo?.
-Ericka no tiene inclinaciones lésbicas y a tu padre no le hace falta, además de que él estaba en su despacho ocupado y ella fuera de casa-sonrió divertida-. Solo quedas tú.
-Perdóname mamá, es que…
Ale le puso el dedo en los labios y lo hizo callar.
-Nada de disculpas-prohibió-. Ahora ven a disfrutar del amor de tu querida madre.
Recibiéndolo con los brazos abiertos Pablito se echó sobre su madre, puestos los dos de tal modo que tenían la escena a su lado, madre e hijo comenzaron una intensa sesión de besos con lengua en tanto que las manso jugaban con el sexo del otro.


Entonces Carlos volvió al momento actual: Ericka estaba preparada, abierta de piernas y lista para recibir su primera verga en su interior. A su lado estaban Ale y Pablito que observaban la escena maravillados.

-Cariño, esto te va a doler.

-¿Mucho?.

-No, solo al principio.

Poco a poco y usando la mano como guía, Carlos fue entrando en su hija, descubriendo la maravillosa estrechez y calor de su vulva. Ésta, dolorida, se agarraba a él mientras lo besaba apasionadamente para acallar los gritos. Sus mejillas estaban hinchadas del calor que tenía, sus ojos abiertos de par en par sorprendida por verse penetrada.

-Aaaaaaaaaayy que doloooooor papá duele dueleeeeeeeeeee…aaaaaaayyy…

-Tranquila, lo peor ya pasó…mira, ya la tienes dentro…ahora deja que papá haga todo el trabajo. Tranquila cariño, ya verás como te deja de doler.

Echándose sobre ella Ericka temblaba de arriba abajo, y algo dentro de ella parecía que iba a estallar. Jamás había sentido aquella sensación en toda su vida. Era un calor mil veces más fuerte que la vez que Pablito la había besado entre sus piernas. Ahora era su padre quien la bombeaba en su interior, quien la penetraba con aquel músculo del amor que tanto calor le estaba produciendo.

-Papá que rico….aaay papá que bien es esto, me gusta…no te pares papá…

-Bésame Eriquita, bésame y goza conmigo, disfruta de esto…

-Sí papito lindo, quiero gozar, hazme gozar-repuso con una alegría exultante al haber descubierto un mundo nuevo y desconocido-…

Carlos la bombeaba cada vez más fuerte. Con su hija bien sujeta a él pudo penetrarla de modo más salvaje y rápido, metiéndosela y sacándosela cada vez más fuerte.

-¿Ya has tenido tu primera menstruación cariño?.

-No papi, aún no he tenido eso.

-¡Estupendo, entonces podré acabar dentro de ti!.

-¡Sí papa!…acaba dentro de mí, quiero sentirte dentro de mí, que me goces…cójeme toda, cójeme papáaaaaaaaaa…

-Claro que sí mi niña…te voy a cojer entera, te voy a hacer gozar…

-¡Sí papá gózameeeeeeee!...

Acelerando el momento del clímax, Carlos penetró más rápidamente a su hija hasta que ambos gozaron al mismo tiempo y él acabo dentro de ella, tal y como Ericka quería. Su padre la penetró unas últimas veces descargando potentes chorros de su leche, cogiendo a su hija y llevándola contra su pecho. Ésta, agotada, besó a su padre con infinito amor.

-Te amo papá.

-Te amo mi’jita. ¿Ves que rico es el sexo?.

-¿Podremos hacerlo otra vez?.

-Y todas las que quieras…pero ahora le toca a tu hermano. Mira: va a penetrar a mamá.

Girándose hacia ellos Ericka vio a Alex tal y como ella estaba, tendida en el suelo con Pablito subido encima suyo.

-Aquí mi amor, tienes que meter tu cosita por aquí y luego estar bombeándome, como papá hizo con Ericka.

-Sí, ya vi. ¿La quieres dentro ya mamá?.

-Sí, la quiero muy adentro. Quiero que no te vayas pronto, yo también quiero gozar.

Pablito obedeció y guió su miembro hasta la intimidad de su madre para luego ir poco a poco penetrándola hasta que al final la tuvo totalmente penetrada.

-Mmmm que bonita verga tienes, es un poco más pequeña que la de tu padre, pero es más ancha. Ahora tienes que hacerme el amor. Vamos cariño, hazme tuya. ¿No es ese tu gran deseo, no quería hace meses tenerme para ti solo?.

-Sí mamá, ¿papá te lo dijo?.

-Me hizo prometer que no te lo diría, no quería que te enfadaras.

-No estoy enfadado-sonrió-. Mmm da gustito mamá…está muy rico…

-Pues así sigue, lo vas haciendo bien.

A pesar de los torpes esfuerzos de ser la primera vez, Pablito fue haciéndole el amor a su madre con la suficiente habilidad como para que ambos disfrutaran de la experiencia. Mientras que Ericka estaba sentada encima de su padre de espaldas a éste dejando que éste la penetrara de nuevo en aquella posición en que estaban unidos pero podía verlo todo Carlos azuzaba a su hijo para que siguiera poseyendo a su madre y la hiciera gozar como él lo había hecho con su hija. Apoderándose de sus endurecidos senos Pablito se los chupó y lamió, escuchando los agradecidos gemidos de su madre. Luego se besó con ella mientras no dejaba de acometerla, intentando penetrarla todo lo que pudiera.

-Cariño más fuerte….más fuerte, vamos…gózame mi amor, quiero acabar contigo…

-Ay mamá que me voy a venir pronto…estoy muy excitado…

-No tan pronto cariño, aún no…aguanta…deja que lo goce contigo…

-Vale mamá lo intentaré…aaah que bien es esto me gusta mucho…me gusta hacerte el amor mamá, me gusta más que imaginarlo cuando me masturbo…

-¿Te masturbas pensando en que me haces el amor?.

-Muchísimas veces, y también que lo hago con Ericka, pero sobretodo contigo. No dejo de soñar contigo, de verte desnuda, de desearte….te amo mamá, te quiero, te deseo…

-Ámame mi amor, poséeme, hazme tuya, sométeme a tus deseos, a tus ilusiones, deja que cumpla todas tus fantasías….quiero ser toda para ti…

-Ya lo eres mamá…me gusta penetrarte-y Ale se rió-…

-Pues penétrame, fornícame, fóllame mi amor. Fóllate a tu madre, hazle de todo. No te cortes y hazme lo que sea, yo me dejaré de ti. Así…asíii mi amor, penétrameeee…

-Ay mamá no puedo más, me voy a venir…no puedo esperar…

-¡No esperes más!, ¡córrete dentro de mí, no te preocupes no me embarazarás!. ¡Vamos cariño disfruta tu premio, goza de tu recompensa!, ¡acaba dentro de mí!, ¡vamossss!...

Segundos después Pablito ya no podía dar más de sí y gozó dentro de Ale, echándole toda su leche dentro hasta que quedó agotado encima de ella, abrazado a sus pechos y acariciándoles y besándolos. Ale acariciaba al mismo tiempo el pene casi fláccido de él.

-Te quiero Pablito.

-Te amo mamá.

-Que bueno, ya se han desvirgado-volvió a decir ésta-. Ahora os toca. También tenéis derecho a gozar. Ven Pablito, que vas a hacerle el amor a tu hermana.

-¿De veras-preguntó ésta totalmente maravillada, como una niña que fuera a realizar el sueño de su vida-?.

-Sí, de veras mi amor-contestó su padre-. ¿Listo, Pablito?.

-Sí papá, estoy listo.

Poniéndose encima de su hermana, ésta actuó ya por instinto de hembra y se abrió para que su hermano tuviera todas las facilidades del mundo. Éste apuntó hacia la cuevita de su hermana y la fue penetrando lenta y amorosamente. Ericka y Pablito se fundieron en un largo beso observados atentamente por sus padres, que ayudaban a sus hijos en todo momento. En tanto que Carlos acariciaba a su hija y la animaba Ale hacía lo propio con Pablito, entregado ya a disfrutar con Ericka.

-Me gustas hermanita, me gustas mucho….te quiero…

-Yo también te quiero-dijo en un hilillo de voz-…te amo mi hermano…hazme el amor, es tan rico…ay papi me encanta el sexo, me gusta mucho…

-Ya lo veo-se rió-…es bueno eso, así podrás tener una vida feliz y podrás complacer al chico que se enamore de ti…

-Te quiero papi-volvió a besarse con él-…

-¿Qué tal te hace el amor, mi reina-preguntó su madre-?, ¿te gusta lo que te hace, te lo hace bien?...

-Sí mamá, es riquísimo, no quiero que pare…sigue amándome pablito, házmelo como a mamá…hazme lo que le hiciste a mamá…

-Claro que sí Eriquita…Quiero que disfrutes conmigo…aay que ardiente eres, me vas a quemar vivo…

-No me dejes-lo abrazó con fuerza, tirando de él para que la penetrara más a fondo-…

Pablito contesto con una especie de gruñido bajo que Ericka tradujo que antes morir a dejarla a medias. El calor y el roce de sus cuerpos tenía las mejillas de ella estaban tan rojas como un semáforo, y todo su cuerpo reaccionaba a aquella calentura de hembra.

-Me voy a venir otra vez…voy a gozarlo Pablito…ya voy a gozar…

-¡Espérame Ericka, quiero gozar contigo, no me dejes atrás-exclamó apremiante-!.

-¡Pues corre o te perderás el tren-reía-!...¡ay que rico es esto, me gusta mucho, me gusta muchísimo!...¡vente Pablito vente, no puedo más venteeeee!..

-¡Ahora sí, ahoraaaaaaa!.

Cayendo pesadamente sobre su hermana Pablito llegó a su orgasmo al tiempo que ella, y refugiado en sus brazos llenó la carita de Ericka de besos y mimos mientras los dos se dejaban llevar por el momento. Carlos y Ale casi lloraban de felicidad.

-Que tierno, ya son amantes-dijo ésta última-.

-Sí mami, ya somos amantes. ¿Podremos hacerlo más veces?.

-Y dormir siempre juntos si queréis, así podréis hacerlo todas las noches.

-¡Sí-sonrió Ericka eufórica-!. ¿Te gustaría eso Pablito?.

-Mucho…pero solo si dormimos desnudos y abrazados.

-Sí, me encantaría. ¿Y podríamos dormir desnudos con vosotros?.

-Claro que sí mi amor-contestó su padre-, cuando queráis, sólo tenéis que decirlo.

-Que bien, me gusta mucho la idea. Te quiero Ericka-la miró con ojos embelesados-.

-Y y yo a ti Pablito-se besaron con lengua, sorprendiendo a sus padres-.

-Bien, ahora tendremos que enseñaros los juegos amorosos, que hay muchos, y también las posturas del amor…creo que tenemos mucho trabajo por delante Ale…

-Sí, eso me parece…pero ahora los nenes son más felices, ¿lo sois?.

-Sí mamá-contestó Pablito-. Soy muy feliz, gracias por esto. Es lo mejor de la vida.

-Así es-respondió ella-.

-¿Y tú, mi niña?, ¿tú eres feliz?.

-Sí papá, mucho. Me encanta hacer el amor, es tan rico. Me gusta que todos seamos una familia tan unida…¿Y a ti Pablito?.

-También me gusta mucho. Me encanta vivir en una familia tan unida…¿por qué eso es lo que somos, verdad mamá?.

-
 

heranlu

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Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulo 003


La vida de Ale había dado un giro radical cuando se casó con Carlos. Ya no era aquella jovencita díscola de antaño, si no una señora casada con un hombre con un gran futuro como abogado. Aunque seguía saliendo de discoteca, aunque siguiera con sus amigas y aunque hiciera como si aquello no hubiera cambiado su vida, lo cierto es que al paso de los años, y especialmente tras la llegada de Pablito, su hijo, Alejandra se vio de pronto como joven madre y esposa.



-No puedo creerlo-dijo cuando tuvo a su hijo en brazos, casi con lágrimas-. Soy madre.



-Sí mi amor-la besó su marido-. Eres madre. La mejor madre que existe. Mira que cosa más hermosa hemos hecho. ¿No es lo más bonito que has visto nunca?.



-Sí que lo es-contestó emocionada, llorando esta vez-.



Carlos enjuagó las lágrimas de su esposa con sus dedos, besando luego sus mejillas.



-No llores Ale, ni siquiera por algo tan bello-dijo con ternura-.



-Es que no puedo evitarlo…no hace tanto era una jovencita que solo pensaba en salir de discoteca, y ahora soy madre de un bebito-lo miró-. Casi soy una vieja.



-¡Ale, que no tienes ni 27 años!. ¿Cómo vas a verte vieja?. No lo eres, sigues siendo esa jovencita de la que me enamoré y a la que sigo amando.



-¿De veras-dijo en un hilillo de voz-?.



-Claro, y los demás te siguen viendo así. Y si no me crees, yo te lo demostraré.



-Te quiero-le sonrió-.



Carlos se esmeró día y noche para con su mujer, se volcó en ella completamente, y una de las primeras cosas que hizo por su esposa era comprarle faldas y minifaldas (más de las segundas que de las primeras) para que luciera piernas. Ale, que siempre había usado pantalón desde que tenía uso de memoria (descontando sus años de primaria, donde en su colegio era obligatorio que las niñas la llevaran), rehusó a lo primero llevarlas, pero el paso del tiempo y el amor por su marido la hizo ceder a sus peticiones, y pronto se la pudo ver luciendo un par de piernas tersas y bien formadas que despertaban la envidia de las amigas y las miradas de los amigos de la pareja.



-Nunca te había visto tan linda-le dijo Jorge, un íntimo amigo de su marido-. Carlos, al final me vas a dar envidia de tener una esposa así-se rió-. Tiene unas bonitas piernas.



-¿Es hermosa, verdad-dijo con orgullo, acariciándola por la rodilla-?. Es lo que yo digo como cuarenta veces en casa sin que me crea.



-¡Ale-se escandalizó-!. Haz caso a tu marido: te ves divina luciendo piernas.



-¿En serio-se sonrojó-?.



-Sabes que yo no te miento. Amigo, no deberías sacarle así, te la pueden quitar.



-¡Esta se queda conmigo, voto a bríos a quien intente arrebatármela-hizo amago como si fuera a batirse en un duelo a espadas, provocando la risa de los demás-!.



Aquella primera cena, que en verdad era la celebración del compromiso de dos amigos suyos, confirmó a Carlos los deseos que Ale despertaba en sus amigos, y a Ale le hizo ver que pese a ser esposa y madre aún seguía levantando pasiones, lo que le provocó un corrientaza de orgullo y un sentimiento de juventud renovada. Debido a ello desechó el ponerse pantalones y lució con más soltura las minifaldas que su marido compraba para ella tan amorosamente.



Todo hubiera quedado ahí para los dos, pero Carlos, enamorado de su esposa y deseoso de mostrarle al mundo la mujer con la que se había casado, no se detuvo ahí. En una de las visitas de uno de sus amigos, con Pablito recién nacido (y faltando poco menos del año para el nacimiento de Ericka), éste comenzó a llorar en brazos de su madre.



-Creo que quiere comer. Voy a ir al cuarto a darle el pecho-se disculpó ante su marido y sus amigos, haciendo ademán de levantarse-.



-No hace falta que te vayas-replicó éste con naturalidad-. Puedes dárselo aquí.



-¡Carlos-se escandalizó ésta-!. ¿Cómo voy a hacerlo aquí, delante de todos?.



-¿Y que tiene de malo-miró a los demás, que estaban alrededor de la mesa en la cual se había celebrado su aniversario de boda con una gran comilona-?. ¿Vosotros veis que sea algo malo?.



-Yo no-contestó Juan Manuel-. Malena no tenía complejos en darle el pecho delante de los demás, de hecho fui yo quien tuvo que superar sus prejuicios, ¿verdad-miró a ésta. Ella asintió con la cabeza-?.



-Tú tranquila Ale-sonrió Malena sin pudores-, no tienes de que avergonzarte. Además, es muy hermoso ver a una madre alimentando a su hijo.



Acorralada por varias bandas y sin ánimo para decirles que no ante tanta amabilidad al final accedió a la petición de su marido y desabrochándose la chaqueta sacó uno de sus pechos para amamantar a Pablito.



-¿No es lo más hermoso que habéis visto nunca-preguntó Carlos de golpe a los amigos, para sorpresa de Ale-?.



-Desde luego-contestó Jorge-. Sin duda alguna.



-Siempre es hermoso-volvió a decir Malena-. Tienes un niño precioso, creo que es más hermoso que nuestro Félix-dijo con algo de envidia-.



-Bueno, siempre podemos hacer otro para superarlo.



La broma de Juan Manuel hizo que todos se rieran con malicia, y que Ale se quitara la tensión del momento, y que en veces sucesivas hiciera lo mismo ya con mucha mayor naturalidad y soltura. Carlos a veces hasta besaba a Ale mientras le daba de alimentar a Pablito (lo mismo hizo cuando nació Ericka), abrazándola con cuidado y alardeando en frente de sus amigos de la linda familia que tenía. Ale no podía si no sentirse azorada y extrañamente excitada de mostrarse de una manera tan abierta ante la gente, en especial ante los amigos de Carlos, con los que era mucho más frecuente. Ale ignoraba si había alguna intención maliciosa en su marido para exhibirla, pero no le hizo falta preguntar, ya que el tiempo fue quien le dio la contestación: era un sí rotundo.





Pasada la época en que los niños ya no precisaban del amamantamiento de su madre y podían usar biberón, Carlos se encargó de mostrar su anatomía para demostrar que, tal como ella había sugerido una vez cuando Ericka dejó de usar biberón, su cuerpo ya no era el mismo de antes, y que tras dos embarazos había perdido su encanto. Siempre que había una cena de amigos la hacía vestirse con las minifaldas más cortas que tenía, con las que enseñaba no solo pierna si no que casi (énfasis especial en el "casi") enseñaba sus partes íntimas, por suerte bien tapadas por la ropa interior.



-Ale, cada día estás más bella. Estás mejor ahora que cuando te casaste-le había dicho Jorge una noche que se había mostrado especialmente cariñoso con ella sin que Carlos protestara en ningún momento-.



-Eso mismo le digo yo y no me cree. A ver si a ti te hace caso-rió Carlos-.



-Lo decís por halagarme-medio bromeó ella-.



-Lo decimos porqué es verdad-y de pronto Ale se asustó al sentirse explorada por los ojos de Jorge, explorada y devorada por ellos. Sentía que se la estaban comiendo con la mirada-. Eres una mujer muy linda.



-Ya lo creo que lo es-y entonces Carlos, que ya estaba acariciando las piernas de su esposa, subió un poco la falda para enseñar los muslos de su mujer y con total descaro y como quien no quería la cosa, posó su mano sobre la ropa interior de Ale. Ésta, cortada en seco por la osadía de su actitud, no supo reaccionar al tocamiento de su marido.



-Estoy totalmente de acuerdo contigo amigo. Ale, eres muy bonita.



Y aunque Jorge siguió hablando con Carlos de la forma más natural, era inevitable que los ojos se le fueran hacia aquella ropa íntima que se veía y que él acariciaba mientras hablaba, explorando a su esposa no ya como si fuera algo natural como si no se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Ale se quedó mordiéndose el labio inferior para callar así los gemidos que Carlos estaba provocándole. Fue así durante un par de minutos, al acabar ese tiempo volvió a tapar a su mujer e hizo como si nada ocurriera.





Como con todas las cosas que Carlos hacía, Ale fue adaptándose poco a poco a aquella situación. De forma metódica su marido la hacía acostumbrarse a los tocamientos, a la exhibición ante sus amigos. Ella se fue haciendo a exhibirse, acostumbrándose poco a poco gracias a Carlos hasta que ya lo tuvo como algo cotidiano. El proceso podía llevar meses enteros, quizá un año, pero él parecía no tener prisa, si no que disfrutaba de esa doctrina que estaba inculcando en su esposa. Ale protestó algunas veces por sus osados tocamientos delante de sus amigos, pero Carlos argumentaba que si se amaban de forma honesta y profunda no tenían que esconderse de nada ni tampoco avergonzarse, que él había visto a parejas muy enamoradas pero reacias a mostrarse así en público, conducta en la que él no deseaba caer. Acompañando sus razonamientos la besaba y acariciaba en la cara y el cuerpo, logrando así que ella cediera a sus deseos, cada vez más atrevidos, y de esa manera, andado el tiempo, Ale se fue acostumbrando a verse acariciada de forma íntima por su marido con sus amigos delante, los cuales no perdían detalle del cuerpo de ella. Ale sabía que ellos la deseaban, lo notaba en los bultos malamente disimulados que tenían en sus pantalones, y el saberse recorrida por aquellos ojos inquietos le provocaba cierto grado de excitación, pues se sentía como si volviera a tener 17 años y estuviera en una discoteca vistiendo aquellos vestidos tan escasos de tela, dejando al descubierto su vientre y sus piernas, yendo casi desnuda.



-Sí, es verdad-hablaba Carlos mientras le metía mano a Ale por encima de su tanga-. El partido fue increíble, hacía tiempo que no veía ese nivel-decía en una de aquellas largas e interminables charlas sobre fútbol que tanto las apasionaba y por las que Ale sentía la más grande de las indiferencias-. ¡Ah!, tengo un problema, ¿me ayudáis?.



-¿De qué se trata-preguntó Jorge-?.



Sin decir nada más, Carlos dejó de acariciar la entrepierna de su esposa y le desabrochó la camisa en un santiamén, tocando los senos de Ale y sacándolos de la prisión en la que estaban metidos, dejándolos al descubierto a la vista de los diez amigos que en aquella ocasión estaban en la casa.



-Ale se me ha quejado hace un par de días diciendo que el pecho se le ha deformado al tener que amamantar a Pablito y a Ericka, que ya no luce tan bonito como antes de que nos casáramos, ¿a vosotros qué es parece-preguntó mientras les daba leves caricias y un par de besos en cada uno de ellos-?.



-¡Ale-se sorprendió Juan Manuel-!, creo que deberías ir a revisarte la graduación de las gafas, porqué luces unos pechos muy bonitos-dijo sin pudores-.



-Desde luego, que hermosura, están lindos y firmes. Casi ni te hace falta que te pongas brassiere, aún se aguantan solos.



Ale escuchó los halagos de los demás mientras Carlos los acariciaba y besaba un poco diciéndoles que el sabor de sus pezones había mejorado incluso, que ahora le era mucho más rico degustarlos. Cerrando los ojos y haciendo un esfuerzo para no pensar en que le estaban comiendo sus senos con diez hombres mirando.



-Amigo que suerte tienes. No todas las mujeres se quedan tan lindas tras dos embarazos y de dar de mamar a dos hijos.



-¿Si, verdad-se enorgullecía-?. He tenido suerte, Ale sigue igual de rica que antes, no como otras que quedan feas y gordas-y la besó en los labios-.



Después unos minutos más de sobeteo Carlos le abotonó la camisa y tapó a Ale como si hubiera quedado satisfecho. Al menos esa vez, porqué desde aquella visita fue una regla establecida que le sacara los pechos o le separara las piernas para hacerle caricias cada vez más íntimas. Llegó un punto en el que ya no se conformó con acariciarla por encima de sus tangas y de sus mini bragas si no que las hacía un lado, dejando a sus amigos ver lo más íntimo y recóndito de su mujer, acariciándolo con sus dedos. Ale, debatiéndose entre la vergüenza y el placer, no sabía como reaccionar, y con las semanas y meses que siguieron fue dejando de sentir el pudor de ser exhibida para dejarse llevar por el juego de su esposo y permitir que le hiciera lo que quisiera, lo que al cabo de un tiempo derivó en verse a sí misma vestida pero con sus pechos y su vulva al descubierto con su marido al lado embarcado en la tarea de darle placer delante de sus amigos, quienes hacían ver aquello como lo más natural del mundo, hablando con Carlos como sí éste no estuviera haciendo nada íntimo ante ellos.



-¿Y entonces el caso está estancado?.



-Sí, pero es lo normal entre trabajadores, empresas y sindicatos, todos quieren su parte del pastel pero les cuesta compartirlo con los demás-decía mientras metía dos dedos por la pucha de Ale, que ya estaba bien mojada y lubricada-. No sé si mis habilidades como abogado me permitirán llegar a un acuerdo entre ellos.



-Esperemos que no haya ninguna huelga-decía Juan Manuel embobado viendo a Carlos masturbando a Ale delante de él y de los demás-.



Ella, ausente de la conversación, estaba esperando que Carlos dejara de tocarla, al igual que las otras veces, pero para su sorpresa en esta ocasión no se detuvo si no que siguió explorándola y saboreándola con los dedos y la boca.



-Carlos-decía en un hilillo de voz-…ay Carlos…por favor…por favor…¿qué haces?...



-Nada, solo calmarte un poco. Está nerviosa porqué en unos meses Ericka comenzará a ir a la guardería y le cuesta separarse de ella-comentó a los demás mientras los dedos se la trabajaban con prisa, entrando y saliendo con fuerza de su intimidad-.



-Ah claro, a mí me pasó lo mismo con Félix-respondió Juan Manuel-. Malena se quería morir de ver que tenía que dejar su niño a manos que no eran las suyas, pero vosotros ya lo vivisteis con Pablito, no debería preocuparte eso Ale.



-No es lo mismo que con Pablito-saltó Carlos-. Como Ericka es una niña…



-Ah, claro-se sonrió éste al darse cuenta-. Es distinto cuando se tratas de las hijas, se les tiene mayor miedo a que les pase algo.



-Carlos…Carlos-jadeaba Ale, relamiéndose-…aah…aaah…



Incapaz ya de hablar coherentemente, Ale no fue capaz de detener lo que Carlos había empezado y dejó que éste llegara al final, arrancándola un fuerte orgasmo que hizo las delicias de los que estaban allí para verlo. Apoyándose en el hombro de su marido Ale recuperaba el aliento mientras los demás sonreían a Carlos y le felicitaban por el buen espectáculo que les había dado.





La etapa que siguió a ese primer orgasmo público fue igual de lenta y paulatina que las demás, y comenzó con que ya no estaban Carlos y Ale sentados uno junto a otro y los demás mirando alrededor, si no que los amigos, que empezaron a venir en cantidades un poco más pequeñas con el paso de los siguientes meses, se sentaban al lado de Ale para acariciarla mientras Carlos, cambiando su posición con ellos, se conformaba con ejercer de mirón (al igual que los demás habían hecho). Las caricias empezaron siendo un tanto tímidas, con manos un poco temblorosas acariciando los muslos de sus piernas.



-Sí que están bonitas-decía Jorge-. De hecho están más lindas de lo que me imaginaba.



-Gracias, ¿crees que están conservadas?.



-Ya lo creo que sí, muy lindas-y en su voz se notó que estaba azorado por poder tocar al fin a la mujer que llevaba años observando en todo su esplendor, a la que su marido no tenía pudores en exhibir delante suyo-. Eres una mujer muy linda…¿la puedo besar-giró la cabeza para preguntar a Carlos-?.



-¿Me vas a besar a mí-preguntó éste riendo-?. Pregúntale a ella, es a la que quieres dar un beso-señaló-.



-¿Puedo besarte Ale?, un beso suave, sin lengua. Quiero probar la miel de tus labios.



-Sí, sí puedes. Bésame.



Aquel beso la quemó y excitó por dentro. Jorge había cumplido su palabra y no usó la lengua, pero no le hacía falta. La excitación de Ale era tremenda porqué desde su boda no había sido tocada ni explorada por otro hombre. Cuando era adolescente, al igual que las otras chicas, había tenido novios, amantes de un solo polvo en una rápida excitación, algún rollo de una noche, y algún amigo con el que había tenido más de un roce, pero al casarse había cambiado de vida, y siempre había permanecido fiel a su esposo. Ahora, él la entregada voluntariamente, la ofrecía a sus amigos para que la hicieran disfrutar del mismo modo en que él lo llevaba haciendo desde hacía años.



-Es incluso mejor de lo que pensaba-se sonrió-.



Ale podía casi sentir en su cuerpo el miembro de Jorge, que estaba luchando por salir del encierro de sus pantalones, pero éste se contuvo y no le dejó libertad para cumplir lo que deseaba hacer, conformándose con acariciarla por todo su cuerpo junto a Simón, al otro lado de Ale, compartiéndola con Jorge como buenos amigos. Carlos, desde su lugar de mirón, comprendía ahora lo que éstos habían sentido cada vez que él les enseñaba la estupenda anatomía de Ale, exhibiéndola para luego jugar con ella como un niño con un juguete recién comprado. Aquello se volvió una rutina, y fue de lo más frecuente que en las visitas (casi siempre de dos personas como mucho) Ale terminara del todo desnuda, con sus piernas puestas a ambos lados sobre el regazo de los dos amigos, con ambos en plan euforia hormonal, poseyéndola abiertamente con el consentimiento de Carlos.



-¿No le vais a sacar ningún orgasmo?, creo que la pobre lo está pidiendo a gritos.



-Entonces tendremos que dárselo-contestó Norberto, otra de las amistades de Carlos-. ¿Qué dices, Ramiro?.



-Digo que si ella quiere gozar, entonces la haremos gozar.



Y dicho y hecho. Ramiro se centró en besar sus pezones, por los que se volvía loco, y Ramiro se concentró en acariciarla a lo largo de su vulva palpitante mientras se besaba con ella usando la lengua con una maestría que ni Carlos tenía. Entre los dos, sin tener que esperar demasiado, la llevaron a un delicioso orgasmo que la dejó en órbita, con sus pezones totalmente erectos y su vulva chorreando, jugos de los que Norberto dio buena cuenta chupándolos y casi no dejando nada para Ramiro.



-¿Qué os parece?, ¿verdad que mi ale es una mujer increíble?.



-Es muy bella-contestó Norberto acariciándola en su vientre y llevando luego las manos a sus pechos para estimularlos más con suaves caricias, prolongando el gusto de Ale-.



-Algún día nos tienes que dejar gozarla como dios manda-y Ale, aunque debería haberse sorprendido, en el fondo no lo había hecho, pues sabía que ese era el paso final-.



-Eso ni se pregunta. Ya lo arreglaré-sonrió-.



En efecto, después más de medio año después de tocamientos y besos por parte de los amigos de su esposo, de vestirse con tacones altos y ligueros, con lencería fina para así dar una calurosa bienvenida a sus amigos, aprovechando un fin de semana que estaban solos (los niños, ya con 8 y 9 años, estaban de excursión), invitó a Jorge, soltero y ligón empedernido a casa él solo.



-¿Dónde está Ale-se preguntó al no verla por ninguna parte en cuanto Carlos le abrió la puerta de la casa-?.



-Te está esperando-señaló detrás de él-. ¿Todo bien?, ¿qué tal el trabajo?.



-Bien, lo bueno de los camareros de los bares de copas es que si eres bien parecido no te va a faltar trabajo, y menos si es un bar de marcha y conoces a todos lo que tienes que conocer-sonrió-. Además, hay unas nenas impresionantes, deberías ir a verlas.



-Te tomaré la palabra-se rió-.



-¿Dónde decías que estaba Ale-volvió a preguntar arrugando el ceño-?.



-Aquí, te llevaré a verla.



Siguiendo a Carlos hasta su dormitorio, Jorge se llevó la sorpresa de su vida: desnuda y tendida sobre la cama se encontró a Ale, mirándolo con ojos brillantes abiertos de par en par. Jorge miró a Carlos atónito.



-Siempre la has deseado más que Norberto, Simón, Juan Manuel y todos los demás, así que me ha parecido lo mejor que seas tú quien la posea el primero de todos.



Jorge, mirando un par de veces a Ale y luego a Carlos, no salía de su asombro. No era que no quisiera aquello, era que no esperaba que por fin llegara aquel ansiado día.



-¿No vas a decirme nada?, ¿te vas a quedar mirando a mi esposa sin más?.



-Gracias-contestó como un autómata, aún en shock-.



-Adelante, te está esperando, yo me quedaré aquí de mirón. Disfrútala amigo, y dale el placer que llevas tanto tiempo queriendo darle.



Carlos se sentó en un butacón confortable y cómodo desde donde podía verlo todo con total libertad. Jorge se echó en la cama y besó a Ale en la boca, buscando con avidez su lengua para juntarla con la suya. La tanda de besos duró bastante rato, lo suficiente para que Ale lo fuera desnudando hasta que por fin pudo admirar su cuerpo al natural. Quedó sorprendida al ver que no tenía vello en el pecho ni en el resto de su cuerpo más allá de un poco de pelo bien cuidado en su pubis. Los ojos de Ale quedaron impactados por el tremendo tamaño de la verga de Jorge: como 7 ú 8 centímetros más larga y un par más gruesa, aquello era un monstruo de un solo ojo.​

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heranlu

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Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulo 004


Carlos se sentó en un butacón confortable y cómodo desde donde podía verlo todo con total libertad. Jorge se echó en la cama y besó a Ale en la boca, buscando con avidez su lengua para juntarla con la suya. La tanda de besos duró bastante rato, lo suficiente para que Ale lo fuera desnudando hasta que por fin pudo admirar su cuerpo al natural. Quedó sorprendida al ver que no tenía vello en el pecho ni en el resto de su cuerpo más allá de un poco de pelo bien cuidado en su pubis. Los ojos de Ale quedaron impactados por el tremendo tamaño de la verga de Jorge: como 7 ú 8 centímetros más larga y un par más gruesa, aquello era un monstruo de un solo ojo.



-Por eso eres tan famoso donde trabajas. Las nenas se deben morir por tocártela.



-Las nenas son todas iguales: las tocas un poco y ya gozan todas, o van corriendo a su casita a masturbarse. Prefiero las maduritas como tú, que saben lo que hay que hacer, y no te cortes, tócamela cuanto quieras. La pobre lleva años esperando por ti.



Ale obedeció gustosa, pues llevaba casi diez años sin conocer el tacto de una verga que no fuera la de su marido. Caliente, dura como una barra de mármol, gruesa…Era toda una nueva experiencia que le devolvía a años ahora lejanos en el tiempo. Dominada por un nerviosismo más que evidente comenzó a masturbar a Jorge usando las dos manos al tiempo que miraba hacia la esquina del cuarto, donde su marido lo veía y la animaba a continuar. Jorge, que no perdía detalle, buscaba con desesperación tocar a Ale.



-No muerde, le puedes saborear si quieres-se rió-. Yo quiero degustarte a ti.



Llevándola donde él quería Jorge la puso sobre su propio cuerpo con su dilatada vulva enfrente de su cara. Tocándola con los labios y la lengua se introdujo dentro de ella en el momento en que Ale hacía lo propio con el tremendo garrote de Jorge, intentando de la mejor manera que podía llevársela a la boca. Los intentos por lograrlo hicieron que él se excitara más.



-Adelante Ale-le decía Carlos-. Trágate todo ese pedazo de carne, haz que Jorge guste de tus caricias y tus atenciones. Cómesela toda mi amor, que sepa la boquita que tienes.



El consentimiento de su marido en lo que estaban haciendo era para Ale un añadido de lo más liberador, pues la quitaba toda la culpabilidad por entregarse a otro hombre. ¿Por qué se iba a sentir mal por dejar que un amigo de su marido le hiciera el amor cuando el propio marido daba su consentimiento?. Consiguiendo al fin degustarla Ale tragó todo lo que pudo, pero aquel falo era realmente grande y grueso. Se preguntó si alguna mujer habría conseguido chuparla como es debido, pero dominada por la calentura apartó sus ideas y se concentró en gozar, simple y llanamente. A lo largo de varios minutos Ale se dedicó en cuerpo y alma a lamer, sentir, paladear y degustar aquella masa al rojo vivo.



-¡Basta, que me voy a venir y no quiero!. Tengo que hacerlo dentro de ti…pero me da miedo que te quedes embarazada.



-Por algo he elegido hoy amigo-le dijo Carlos-. Ale no está en días fértiles, no eres el único que ha pensado en eso-sonrió mientras se masturbaba viendo a su esposa con una gran poronga en su boca-.



-Ah bien…¡entonces voy a tirarte como dios manda!.



Poniendo a Ale tumbada en la cama, Jorge se puso encima y apuntó su miembro hacia la concha de ella, que la abrió con los dedos para facilitar la entrada.



-Mmmmmmm que ardor…aay que rico, al fin me meto por ti…no sabes las ganas que tenía de penetrarte, de fornicarte como una perra…



-¡Pues fornícame-contestó-!. ¿Para eso has venido, no?, ¡pues adelante vaquero, monta a esta yegua salvaje.



Metiéndosela toda y apartando las sábanas para dejar que Carlos contemplase con total libertad como la cuca de su mujer se llenaba de polla, Jorge se puso a bombearla casi de inmediato. Eran estocadas no muy fuertes pero sí secas, directas, que en Ale causaron un efecto demoledor. Aquello no era un miembro viril, era un enorme taladro que se la estaba perforando con total impunidad. Comprobó que Jorge sabía como follar con una mujer, todo su cuerpo participaba: la besaba en los labios, se los mordisqueaba, tocaba sus muslos de las piernas, se los hizo pasar por su cintura para lograr una penetración un poco más profunda…Nunca se la habían follado de aquella manera, pese a que amantes de juventud había dado unos cuantos. Era reverdecer viejos laureles por todo lo alto, ¡¡y Jorge parecía una bestia en celo!!, ¡¡que forma de penetrarla, que manera tenía que darle verga en su vulva!!. Se notaba que llevaba años esperándolo, pues no solo martilleaba con fuerza si no que procuraba alargar aquel momento todo lo que pudiera. Ale estaba entre los nervios de esa primera infidelidad consentida y el placer de un polvo como no le echaban en años.



-Ay Ale lo que te voy a dar…vas a acabar pareciendo un muñeco de nieve, voy a darte toda mi leche…quiero venirme en tu cara, en tus pechos, dentro de ti…quiero llenarte de mi esperma…



-Tranquilo, tienes toda la tarde por delante-le dijo Carlos cómplice-.



-Perfecto entonces…ay Ale que gusto me das…eres una auténtica maestra, nunca había conocido una que lo hiciera tan bien…



-No exageres-le dijo entre jadeos-…seguro que alguna de tus chicas viciosas me gana a la hora de cojer…



-¡Ya quisieran ellas saber la mitad de lo que tú sabes-le dijo orgulloso-!. Mmmmm que rico…vamos Ale, quiero que goces, quiero oír tu orgasmo, quiero sentirlo…dámelo ya, dame tu orgasmo, lo quiero…



-Sí, te lo doy-decía fuera de sí-…tómalo, toma mi orgasmo, es tuyo…así fóllame más, más fuerte…ay Jorge dame más fuerte, más fuerteeee…



Jorge usó toda la fuerza que tenía a su alcance y le propinó una serie de embatidas que se turnaban entre unas profundas y lentas y otras cortas y rápidas preparándola para el momento del clímax, que estaba al caer.



-¡Goza Ale, goza!, ¡córrete!, ¡grita!, ¡jadea!, ¡gime!, ¡disfrutaaaaaaaaa!...



Ale se retorció debajo de su nuevo amante y éste se aferró a ella, la abrazó con fuerza cuando por fin se dio por vencida al placer máximo y éste sobrevino en un orgasmo de lo más visceral e intenso. Notó como la leche de Jorge se descargó en ella hasta que se sació por completo, quedando unos minutos sin decirse nada. Carlos, que se masturbaba frenéticamente viéndolo, también gozó y eyaculó copiosamente, cogiendo un papel de cocina que había traído para limpiarlo. Acto seguido fue junto a Ale, que aún estaba en los brazos de Carlos, y le dio un largo beso.



-¿Has gozado Ale?, ¿te ha gustado?.



-Sí-asintió con la cabeza tomando aire y tragando saliva-…me ha gustado mucho…



-Tenemos varias horas por delante, así que puede cojértela cuanto quieras, la tienes del todo para ti amigo-le dio una palmada en la espalda-.



-Oye Carlos…una pregunta.



-Dime.



-¿Ale tiene el culito virgen?.



Carlos hizo una leve negación con la cabeza. Jorge no se lo pensó dos veces y disfrutó del ano de Ale sodomizándola en la ducha, donde fueron para así dilatar su recto y que la penetración fuera poco dolorosa. Por iniciativa del propio Jorge, que lo suyo insistió hasta convencerlo, en los dos últimos actos sexuales Carlos solo no ejerció de mirón, si que no que fue participante, convirtiéndolo en un trío y a Ale en víctima de la fuerza de dos vergas que se colaban por sus agujeros con una facilidad pasmosa, dejándoles que gozaran de las dobles penetraciones a las que la sometieron y que intentaran sin éxito la doble penetración vaginal, que fue dejada para otra ocasión. Al acabar la tarde Ale lucía su rostro, su boca, su vientre y sus pechos con el semen de su marido y el amigo de éste, realizando así la fantasía de Jorge de verla de blanco.



-Siempre que quieras amigo-le dijo al marcharse-. Solo tienes que pedirlo.



-Y así lo haré. Hasta otra a los dos, ya nos veremos más.





No solo fue Jorge. En pocos años todos los amigos de Carlos sin excepción y sin reglas sobre edad, raza, condición social o status marital disfrutaron del cuerpo de Ale, a la que se le hizo tan natural tener sexo con ellos como respirar. Cada uno poseía sus propias manías y perversiones, y Ale las descubrió una detrás de otra: Norberto, Simón, Ramiro y muchos más pasaron por su cama, y siempre, después de terminar, era Carlos el que daba la sesión por concluida haciéndole el amor a su mujer una última vez (o dos si ella estaba agotada y actuaba como una muñeca hinchable, dejándose hacer sin decir nada ni oponer resistencia alguna, un estado de docilidad que a Carlos chiflaba sobremanera). El tiempo le hizo a Ale ganar una experiencia sexual enorme, lo mismo que su liberación y sus ideas sobre el sexo. Carlos, orgulloso de compartir lo más preciado para él con los que más apreciaba en la vida, se desvivía por dar todo el placer que pudiera a su esposa, quien a su vez apreciaba los esfuerzos de su marido por satisfacerla, pero culminado su sueño Carlos se propuso dar un paso más allá, y al cabo de un tiempo, se decidió por un giro en su rutina, una sorpresa que guardó para todo el mundo, especialmente para Juan Manuel, a quien tiempo después invitó junto a Ramiro. Éste había pedido tener a Ale al menos una vez para él solo, de manera que Juan Manuel tenía que esperar.



-Que bonito ver a Ale gozando, es algo de lo que nunca me cansaré.



-Yo tampoco-sonrió Carlos-. Me encanta verla en brazos de otros hombres, verla como disfruta de sus miembros y como la hacen gozar.



-Pues no pierdas detalle, pronto me verás a mí gozándola.



-Lo estoy deseando…pero tengo una sorpresa para ti.



-¿Una sorpresa?.



-Sí: ¡Ericka!.



Yendo a la sala de estar, donde su madre estaba sentada en el regazo de Ramiro con su culo bien penetrado Ericka llegó y fue junto a su padre, sentado al lado de Juan Manuel. Éste vio asombrado como padre e hija intercambiaban un profundo beso con lengua que casi le hizo ruborizarse a él de vergüenza.



-¿Lista cariño?.



-Sí, papá. ¿Con quien?.



-Él-señaló con la cabeza-.



-¿Yo-se señaló Juan Manuel estupefacto-?. ¿Quieres que le haga el amor a tu hija?.



-Claro. Jorge fue el primero en hacerlo con Ale, y yo sé que estás loco de amor por mi nena, así que es justo dártela a ti en primer lugar.



Sin pudor ninguno y con Ramiro mirando la escena, Carlos le quitó el pijama a Ericka para dejarla desnuda, tal y como los demás estaban ya. Ericka tocó la verga de su padre.



-¡Hoy no mi amor!. Otro día, ahora ve con él.



-¿Tocas a tu hija-preguntó confuso-?.



-No: amo a mi hija, y la amo de todas las formas posibles. Del mismo modo Pablito y su madre también se aman.



-¡Que bonito-exclamó sorprendiendo a todos-!. Es lo mismo que Félix y Malena la vez que les vi amándose, no sabía que alguien más pudiera hacerlo.



-¿Tu mujer también ama a su hijo-quedó Carlos atónito-?.



-Uy sí, desde hace algún tiempo, y se aman tan ricamente. Les encanta pasar las noches en la cama conmigo al lado, cojiendo todo el tiempo.



-¡Vaya, eso no lo sabía-se sonrió-!, pues ahora toma a mi hija. Ve con él Eriquita.



Caminando desnuda y hermosa Ericka se sentó de lateral en el regazo de Juan Manuel. Éste la acogió con ternura y la besó con cariño, posando sus manos en sus firmes y muy sensibles senos y bajando a su entrepierna.



-Que niña más hermosa. ¿Eres virgen, Eriquita?.



-¡Que va, papá me desvirgó hace seis meses-dijo con tierna inocencia-!.



-¿Y te gustó lo que te hizo?.



-¡Síiiiii-gritó eufórica con un hilillo de voz, relamiéndose al excitar con el dedo de Juan Manuel explorándola en su clítoris, haciendo como que intentaba colarse dentro de ella pero no haciéndolo, limitándose a rozarla a lo largo y ancho de ésta-!. Fue fantástico, él fue muy bueno conmigo, me hizo feliz…mmmmmm así, así me hizo sentir…



-Que bueno, así da gusto tener hijas-sonrió-. Ojalá yo tuviera una nena como tú, pero mi mujer se negó, dijo que con Félix ya tenía suficiente.



-Bueno, ahora estoy yo.



Sentándola de espaldas a él, echada sobre su pecho, Juan Manuel besó con pasión a la nena, guiando sus manos por sus pechos y amasándolos antes de que bajar a su conchita para abrirla y sentir su calidez. Las manos de Ericka, juguetonas, buscaron la durez de Juan Manuel y lo masturbaron para excitarlo mucho más.



-Que linda nena, que bien besas mi niña…¿te gusta el sexo?.



-¡Mucho!, ¡es lo más rico del mundo, sobretodo cuando me lo hacen papá y Pablito-!.



-¡Ah pillina!, ¿tu hermanito también tiene sexo contigo?.



-Sí claro-contestó con soltura-, y me encanta cuando papá y Pablito se dedican a besar mis pezoncitos y a jugar con ellos…así, así me tocan-gimió al notar los dedos índices y pulgar de ambas manos de él retorcer y pellizcar los pezones de la nena-…que bien me siento…tócame más…tócame toda, me gusta…lo hace muy bien papá…



-Me alegro cariño-sonrió Carlos-, pero tú también debes tocarlo.



Poniéndose de rodillas Ericka se metió la dura verga de Juan Manuel en la boca como una profesional. Éste, impactado por la experiencia de la boquita que lo chupaba, dejó que ella tomara el control.



-Ay que niña, como le gusta la verga…la tienes bien enseñada, ¿verdad?.



-Es una buena putita, hace todo lo que papá le dice-se dijo satisfecho-.



-Ya no recordaba la última vez que me habían chupado así. Malena nunca me lo hace…



-¿Nunca-se sorprendió Ericka-?.



-A ella no le gusta el sexo oral-explicó-. No todas las chicas gozan de saborearla.



-¡Pues yo disfruto mucho-sonrió, y volvió a metérsela en la boca-!.



La mamada de Ericka puso a Juan Manuel totalmente excitado y tan duro que le acabó doliendo su propia erección. Ramiro, que casi estaba terminando con Ale, veía como la chica se dedicaba en cuerpo y alma a la tarea de disfrutar de aquella gran verga.



-Mira Ale, mira tu nena, mira que linda está con una tranca en la boca-le ordenaba-. Me encanta verla tragar, ¿también se traga semen?.



-Todo-gemía Ale, cerca del orgasmo-…se lo traga todo…casi todos los días…siempre le gusta sacarle la leche a su hermano…



-Así que es una buena putita….que bien, es como su madre entonces: una loca del sexo.

El comentario hacía reír a Ale, pues sabía de la afición de Ramiro por los insultos y por decir esa clase de comentarios, a los que se había acostumbrado como un aliciente más que le añadía una gran dosis de morbo y amoralidad de vez en cuando gustaba de sentir.



-¿Me dejas chuparte cariño?, quiero disfrutar tu conchita preciosa.



Ericka se puso en pie y Juan Manuel acercó la cara a la entrepierna de ella, posando la lengua sobre su labio vaginal. Poniéndola de rodillas sobre el sofá y a una altura justa él pudo explorarla mejor, cosa que hizo entusiasmado. Ericka se acariciaba su culito y sus pezones mientras notaba la lengua de aquel hombre introduciéndose en lo más íntimo de su ser, dejando allí su lengua un largo rato y bebiéndose los jugos que empezaron a salir de su interior.



-Que cosita más rica…que suerte tienes amigo, puedes degustarla todos los días.



-¡Y las noches-contestó Carlos-!. No olvides las noches…ya he perdido la cuenta de las veces que mi nena se monta sobre mi verga y se cabalga sola…



-Eso quiero verlo. Vamos Eriquita, vamos a montar.



Dándole la vuelta para tenerla de espalda a él, tal y como la tenía antes, Juan Manuel le abrió los labios vaginales con cariño a Ericka y le fue metiendo toda la verga dentro sin demora, dejando que su padre lo viese todo.



-Vamos mi nena, cabálgame a mí también.



Obedeciendo sin rechistar Ericka comenzó a rebotar con la tranca de aquel hombre en su interior, bien metida. Era un poco más larga que la de su padre, lo que le gustaba ya que así podía llegar un poco más hondo dentro de ella. Ramiro, que seguía bombeando a Ale, notaba como el orgasmo le sobrevenía al excitarse más aún viendo a Ericka mover sus caderas y su cuerpecito para cabalgar a su amigo.



-Amigo que bueno eres con nosotros, primero nos entregas a tu esposa para que nos la gocemos y ahora nos dejas a tu hija-le felicitó-. Y que hermosa, que lindos ojillos.



-¿Luce bonita cuando disfruta de un hombre, verdad?. Luego lo harás tú.



-Ahora voy a disfrutar….Ale no aguanto más, esto me mata…no puedo contenerme, el ver a tu hija me tiene loco…me vengo me vengoooooooo…



Apurando los últimos estertores Ale exprimió el ariete de Ramiro y le ordeñó a base de bien, regándola por dentro con paroxísticos gritos de placer. Recuperado del orgasmo él no perdió detalle de la tremenda cabalgada que Ericka daba a Juan Manuel, cabalgada a la que se le veía venir un pronto final.



-Mmmmmmm que verga, me derrite toda papá…papá que rico me coje, me bueno es todo esto…me encanta papá…



-Ya lo sé mi’jita, tú disfruta y aprende cuanto puedas. ¿Te gusta lo que te hace?.



-Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiii-contestó fruto del placer que la gran verga de Juan Manuel le daba en todo su cuerpo-…



Jadeando y retorciéndose sobre la poronga que la estaba penetrando, Ericka estaba en la cima de placer. Después de su padre y de Pablito aquel era el primer hombre fuera del círculo familiar con el que tenía sexo. Aquel era un tema largamente discutido entre los dos, una petición que ella había hecho a su padre para descubrir el sexo exogámico más allá del endogámico que había conocido hasta la fecha. Carlos, muy atento para con su pequeña, le había prometido que algún día, cuando viese que era el momento idónea, la llevaría a explorar otros hombres, a descubrir un sexo diferente y nuevo y en resumen a evitar el ambiente viciado de gozar solo con su familia. Viéndola penetrada y gozosa su padre se sentía orgulloso y contento pues sabía que estaba cumpliendo sus deseos. Sabía que como siempre, la estaba haciendo feliz.



-Vamos Juan, dale duro a mi nena, mira como la tienes, está deseando que la goces…



-¿Eso quieres Eriquita?, ¿quieres que te haga gozar?.



-Síiiiiiiiii-volvió a gemir en un largo jadeo-…quiero gozar, quiero sentir rico…dame el gustito, lo quiero todo…aah que bien, eso es…más fuerte, más fuerteeee…



Juan Manuel posó las manos sobre los pechos de Ericka y los apretó con fuerza para así agarrarse mejor a su juvenil amante. Bien sujeto como estaba dio un ritmo mucho más salvaje y potente a sus embestidas, penetrándola con furia asesina.



-Aahh que cosita más rica, que gozada de nena…adoro a tu nena Carlos…de verdad es una buena putita…



-¡Pues dale duro a esa puta-le siguió el juego-!.



Obedeciendo las órdenes de Carlos, Juan Manuel busco con desesperación el orgasmo. Penetró y penetró con tal fuerza que Ericka sintió por un momento que la iban a partir en dos, que la iban a desgarrar, a matar de placer. Los jadeos y gritos que daba fueron acallados por largos besos para así evitar que nadie que pasara cerca de la casa pudiera oírla pensando que la estaban maltratando, pero a él le gustaba tanto oírla gemir que la dejó gritar de placer cuando llegaron al orgasmo, y él se vino dentro de ella. Ericka dio varios alaridos de puro goce mientras sentía como Juan Manuel le daba toda su leche en su interior, que era muy caliente y excitante.



-Dios mío-jadeó-…ha sido el mejor sexo de mi vida…ni mi mujer me deja así…



-Ya te dije que mi nena es toda una putita-sonrió Carlos-. ¿Verdad que sí-fue a besarla con lengua, felicitándola por el placer que había dado a su amigo-?.



-Claro que sí papá…soy tu putita bonita-se reía, recuperándose-…



-¿Y me dejaría esta putita que me colara por su ano-suplicó-?.



-¿Papá-lo miró confuso-?.



-A mí no me mires, no es a mí a quien quiere taladrar-se desentendió-. Es tu culito mi reina, eres tú quien debe decidir-le dijo tratándola con madurez-.



-¿Alguna vez te lo han usado-lo acarició-?.



-Unas pocas veces, aún no le he cogido mucho el gusto…



-Entonces yo te enseñaré. Déjame, princesa, ya verás como haré que te guste…



-Vale-sonrió ilusionada-…



Aunque no sabía si aquello lo había preparado o no, lo cierto es que el trabajo de meter su verga por aquel conducto fue algo más fácil de lo que él se había pensado. Sin dejar aquella postura con la que Juan Manuel disfrutaba tanto (Ericka sentada en su regazo de espaldas a él) éste cambió de orificio. Ramiro, al verlo, se volvió hacia Ale.



-Quiero hacerle el amor yo también. Quiero disfrutarla como Juan la disfrutó.



-¿Y que esperas?.



Levantándose y yendo junto a ambos, Ramiro y Ericka se miraron un poco. Ésta no le dijo nada, tan solo le invitó abriéndole los brazos de par en par. Éste, acomodándose de la mejor forma que podía, buscó la manera de penetrarla, y una vez logró una posición bastante cómoda, se introdujo en su concha dilatada y aún húmeda, metiéndose sin una mínima resistencia.



-Mmmmmmmmmmmmm que rico papá…aaaaayyyyyy que cosa, con Pablito nunca lo hicimos-protestó con vocecilla infantil-…



-Pues la próxima vez lo haremos. ¿Ves, mi amor?, por eso es bueno que venga gente de fuera, nos enseñan cosas que no hicimos o no imaginamos…



-Que linda eres mi amor-la besó Ramiro en los labios, buscando su lengua-…eres tan bella como tu madre-bajó a sus pezones, buscando lamerlos y acogerlos en sus dedos-. Estás muy caliente, me siento arder…



-Dale bien mi amigo-le dijo Juan Manuel-…disfrútala a lo grande, que yo me lo estoy pasando genial…tiene un culito magnífico…cariño mío-la besó él también-, a partir de hoy me voy a ocupar de entrenarte este culito tan precioso…pienso enseñarte a gozarlo como dios manda-y Ericka notó un tono firme en la promesa…



Ericka no podía contestar nada, tenía su cuerpo lleno de poronga. Una por delante, una por detrás, y solo le faltaba una tercera para que le degustara la boca. Mirando a Carlos y a Ale, éstos la veían embobados con ojos brillantes, felices por verla disfrutar del sexo que aquellos dos hombres se habían empeñado que conociera. Sentados ambos lo más cerca posible para no perderse detalle, Ale veía el cuerpo de su pequeña penetrado por partida doble, y por la cara de satisfacción que tenía sabía que lo estaba gozando tanto como la primera vez que le pasó a ella con Jorge y con Simón, un trío tan violento y tan amoral que tardó varios días en poner lucir cuerpo por la calle, hasta que los moratones se le habían quitado.



-Me gusta-decía Ericka con voz ahogada-…aaaaahh me gusta…es delicioso esto, no te pares-suplicaba a Juan Manuel-…aay algo ya gozo…sí que lo gozo, que gusto da tener la verga por el recto…me gustaaaaaaaaaaa…



-Ya te lo dije mi amor-sonrió triunfante-…voy a gozarte toda, vas a aprender como se goza por el culo…uffff que culooooooo…



Ramiro, que no dejaba de hacerle el amor, también le daba lo suyo a Ericka, que estaba en un éxtasis maravilloso, gozando con dos amigos a los que conocía de siempre y a los que siempre había procurado su mejor sonrisa. Ahora le devolvían el amor que siempre ella tuvo por ellos dos, y el ritmo con que lo hacían era lo mejor de todo: después de un ritmo común en que ambas vergas se clavaban todo lo hondo que podían, se alternaron y lo hacían a destiempos, así que cuando una entrada otra salía, no dejándole un instante para relajarse y recuperar el aliento. Juan Manuel se sorprendió de que algo tan gordo le entrara por algo tan chiquito, pero no se detuvo ni por un momento.



-Ya estoy a punto Ericka…¿tú también lo sientes, lo disfrutas tanto?.



-Sí, ya lo siento venir…voy a sentir rico…está cerca, muy cerca…



-Vamos amigo-le dijo Juan Manuel a Ramiro-…ayúdame y goza con nosotros…date prisa y dale duro que ésta aguanta todo…



-¡Pues vamos a darle de todo!.



De nuevo pillando un ritmo común, los dos la penetran a igual ritmo para llegar todos a la vez al clímax. Carlos y Ale se tocaban entre sí viendo a su hija a punto de tener uno de los mayores orgasmos de su vida, su cara lo decía todo, y sus gemidos hacían saber que estaba cerca del goce.



-¡Que rico-gritaba-!…¡goza mi culo!, ¡gózalo!...¡me da gusto que me penetren el culo, me chifla papá!, ¡ay papá que fantástico, quiero más, quiero más verga-decía casi como enloquecida por el placer-!...¡¡dame verga-exigió-!!, ¡quiero vergaaaaaaaaaaaa-!...



Las órdenes de Ericka se cumplieron y recibió verga en su interior hasta que no se pudo contener las ganas y dio un grito cuando le sobrevino el orgasmo. Juan Manuel, fuera de sí, se vacío de su semen dentro de las nalgas de la adolescente y Ramiro hizo lo propio en su vulva, quedando ésta casi regada en leche de hombre. Si salirse de ella los tres se derrumbaron en un abrazo común alrededor de la reina de la casa, que se prodigaba en besos y caricias tanto a su amante frontal como al posterior.



-Espero que los demás puedan disfrutar también de tu pequeña-le dijo Ramiro-, porqué es una verdadera diosa del sexo…es un encanto-le dio otro beso-…



-Claro que sí, tantos como ella quiera, yo me encargaré de todo-contestó indiferente-. ¿Lo has pasado bien Ericka?.



-Ay papá estoy rota-sonreía-, me siento como si no hubiera dormido en semanas…



-Ven aquí mi amor-y madre e hija, desnudas, se fundieron en un abrazo-…



-Digo lo mismo que Ramiro-profirió Juan Manuel-. Tu hija es una joya, los chicos se la rifarán por tenerla.



-Puede, pero antes la tendréis vosotros, que para algo sois amigos de la familia.



-Una familia muy unida-ironizó Juan Manuel con sonrisa traviesa-…

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heranlu

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Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulo 005


-¿Listo para la sorpresa que te prometí-preguntó Ale a Carlos-?.

-Que sí, lo estoy. ¿Se puede saber que me has preparado que llevas teniéndome con la intriga desde hace casi una semana?.

-Aaah…sorpresa-dijo en tono musical-…Ahora que los nenes están dormidos y en sus camas, ven a ver lo que te tengo preparado…

Ale cogió de la mano a su marido y con lentitud lo llevó al dormitorio que tenían para los invitados. Cuando abrió la puerta, los ojos de Carlos no se creían lo que estaba viendo. Tuvo que frotárselos un par de veces para asegurarse de que lo que veía era lo que en verdad estaba viendo.

-¡¡SUEGRA-exclamó atónito-!!. ¿Pero que hace ahí, tumbada desnuda?.

-¡¡SORPRESA-gritó Ale de nuevo con tonillo musical a la par que irónico-!!.

La mente de Ale viajó en el tiempo, concretamente unos seis o siete meses atrás. Ese día la familia al completo estaban disfrutando de un excelente día de playa, con la compañía añadida de Rosario, la madre de Ale. Mujer entrada en años pero que se las había apañado para conservar su figura, su pelo negro ondulado mezclado con los ojos azul cristal (que su hija y nieta habían heredado, pero con un tono más azul marino) le daba un aire de suma dureza acorde con su carácter. Solo en presencia de sus nietos la mujer se relajaba un poco, y jugaba con ellos como lo más natural del mundo.

-Cariño-comentó de pronto Carlos a su esposa, después de varios minutos de silencio, los dos recostados confortablemente en sendas tumbonas-, me encanta que tu madre venga con nosotros cuando hacemos una salida, y que nuestros hijos disfruten de su abuela, pero llevamos una temporada que viene con nosotros a todas partes. ¿Es que ha pasado algo que deba saber?.

-¿Pasar?, no maridito, no pasa nada. Es solo que no hace mucho me di cuenta de que llevo tiempo alejada de mamá y he querido recuperar el tiempo perdido.

Ale fingió lo mejor que pudo, pero el tono algo forzado de la respuesta de Ale le hizo entender que mentía. Muy bien, pero mentía. Clavando sus ojos verdes en los de su esposa, le dirigió una mirada mezcla de compasión y escepticismo.

-¿Y por qué mi suegro no ha venido con nosotros?, ¿donde está Serafín?.

-Ya sabes que no le gusta la playa, aunque estemos solo nosotros en ella como es el caso de hoy. Se ha quedado en casa viendo sus partidos de fútbol.

Carlos sabía de la pasión de su suegro por el balompié, pero eso no era todo. Conocía a su esposa y sabía cuando ocultaba algo...y también sabía como sonsacarla y así desvelar el misterio que ocultaba.

-Mientes más que hablas mujercita mía. Soy tonto, pero no tanto-y comenzó a hacer muecas a lo Jerry Lewis para hacerla reír-. Ya me puedes contar que pasa, o de lo contrario sabes lo que soy capaz de hacer.

Carlos movió las manos como si fuese pinzas de cangrejo. Ale, al verlo, negó con la cabeza divertida y saltó de la tumbona cuando Carlos fue a por ella. Dándole alcance tras correr de un lado para otro de la playa, comenzó a hacerle cosquillas en sus costados hasta que ella quedó casi con el estómago dolorido de tanto reír, tumbada en la arena. Diciendo que sí con la cabeza para que parase, Carlos la levantó y esperó a que a Ale se le pasara el ataque de risa, que de tan fuerte la había hecho llorar.

-Papá no está en casa viendo el fútbol-se limitó a decir-.

-¿Y donde está entonces?.

-Se ha ido.

-No lo entiendo. ¿Cómo se ha ido?.

Los ojos de Ale hablaron por ella, y luego miró a su madre, que estaba jugando a salpicarse con sus nietos en mitad del oleaje. Carlos entendió al poco lo que su mujer estaba tratando de decirle.

-¡Venga ya!, ¡es imposible!. ¿La ha dejado?, ¿después de toda la vida juntos?.

-Sí. Nos ha dejado a todos, se ha ido. Se fue un día y no volvió, y no es que haya desaparecido, la ha dejado para irse con otra mujer hace un año.

-¿Y a que tanto secreto?, ¿por qué me lo has ocultado todo este tiempo?.

-Porqué no le he sabido hasta hace seis meses. Ya conoces a mi madre, es muy orgullosa y no se deja ayudar. No tienes ni idea de lo que me ha costado que me dijera lo que ocurría. No puedo creer que papá nos haya dejado a todos así sin más.

Carlos, cuyos padres ya habían fallecido unos años atrás, entendió el dolor de su esposa y miró a su alrededor. Detrás de él, justo en el límite de la playa, empezaban unas dunas que se extendían donde alcanzaba la vista. Carlos abrazó a su esposa y se la llevó a las dunas, justo detrás de las tumbonas y justo donde ni su suegra ni sus hijos les veían. Comenzó a besarla suave al principio, pero sus caricias empezaron a ser más íntimas de lo normal.

-Ay maridito aquí no, que nos pueden ver.

-No te preocupes mujer, estamos bien ocultos, nadie nos verá. Ven aquí amor, que voy a quitarte las penas por lo que tu padre hizo. Tengo el remedio perfecto.

Carlos le desquitó la parte de arriba del bikini a su esposa y empezó a comerle los pezones con glotonería. La mano derecha de Ale palmeó las bermudas de su marido y comprobó que su verga crecía poco a poco. La acarició y palmeó con lujuria, y tras varias caricias para afianzar su dureza, la sacó de la bermuda y comenzó a jugar con ella dándole vueltas.

-Mmmmmmmm maridito, siempre sabes como aliviarme los problemas...ay mi amor, estoy ardiendo...que bien me lo haces, no te pares, sigue...estoy que exploto, no te tardes y dame esa cosa tan rica que me voy a tragar...

Carlos se puso al lado de su mujer y ella comenzó a trabajarle su miembro con una felación estupenda. Carlos, como por el rabillo del ojo, sintió como alguien al otro lado de la duna les estuviese observando. Quizá Pablito o quizá Ericka, pensó él, y por eso no le dio importancia. Sabía de las tendencias voyeuristas de sus hijos, y si además alguno de ellos vigilaba a su hermano o hermana y a su abuela para que ella estuviese al margen de lo que pasaba en aquella duna.

-Siempre he querido hacerte el amor en playa.

-Pero no estamos en la playa: estamos en una duna-precisó Ale-. La playa está al otro lado...

-Minucias, minucias-desdeñó Carlos jocoso haciendo aspavientos-...

Terminando de desnudarla, Carlos también se bajó sus bermudas y poniéndose encima de su mujer, la penetró con rapidez y empezó el bombeo en su interior. Ale se agarró con fuerza a su marido, lo rodeó con piernas y brazos y lo atrajo hacia ella con la intención de que la penetrase con fuerza. El morbo de saber que sus hijos y su madre estaban al lado de la duna sin saber nada de lo que ellos estaban haciendo la excitaba aún más. Le recordaba a sus primeros escarceos sexuales de adolescente, cuando se iba a los rincones de su colegio o instituto y se exhibía delante de sus compañeros de clase, solo para que ellos hicieran lo mismo.

-Mmmmmmmmmm estás ardiendo mujer, me vas a quemar...me estás matando de placer cariño...mmmm que pasada, que rico es hacer un polvo sobre la arena...ya casi había perdido la esperanza de darme un desfogue contigo, a solas en la playa...

-Ay marido, calla y fóllame ya, que me tienes loca de gusto...aaaahhh sí amor, así, asíiiii...mmmmmmmmmm que bien me lo haces, estoy que exploto...dámelo todo mi vida, dámelo, así, asíiiiiiiii...

Para evitar que Ale llamara la atención sobre los demás Carlos le estampó un par de morreos largos y de ese modo acalló los estertores producidos por el orgasmo que le produjo. Se descargó totalmente dentro de su esposa y ésta se quedó de lo más esplendida disfrutando del alivio que su esposo le había procurado. Ahora todo estaba algo mejor, los problemas con sexo eran menos y como consuelo le servía de maravilla. Con cierta rapidez se pusieron de nuevo su ropa de baño y volvieron de nuevo a sus tumbonas. Carlos comprobó que, en efecto, al otro lado de la duna alguien estuvo allí. La arena movida lo confirmaba, pero no se lo quiso confesar a Ale. De todos modos, no sabía quien había sido el mirón o mirona, si bien tenía claro que sería uno de sus hijos.

-Gracias cariño-le dio un último beso-...me hacía falta algo para relajarme. Me encuentro mejor ahora.

-Para eso estoy yo aquí: para ayudarte a lo que sea...y oye, ahora que me fijo-y señaló hacia el horizonte marino, en donde sus hijos y su suegra comenzaban a salir del agua-...no me había dado cuenta del espléndido cuerpo de mi suegra-rió-.

-Se cuida mucho-recalcó-, mi madre nunca quiso ser la clásica ancianita con el cuerpo como una uva pasa. Ya te dije que es muy orgullosa...¿no estarás pensando ya algunas de tus maquinaciones, verdad-lo miró con suspicacia-?.

-¿Qué?...no, para nada. Solo era una observación, nada más. Ya sabes que yo estoy loco por tu cuerpo...y por el de Ericka-susurró al oído con malevolencia-.

-¿No os vais a meter en el agua-preguntó Rosario al volver con sus nietos-?. El agua está estupenda, os habéis pasado casi toda la tarde ahí tumbados al sol. Al final os vais a poner negros como un zapato nuevo.

-Ahora vamos, suegra. Me apetece un buen chapuzón.

En tanto que marido y mujer se fueron a zambullir, abuela y nietos fueron a las tumbonas, aunque solo había dos y ellos eran tres.

-No os preocupéis por mí, necesito caminar algo a solas. No me iré lejos, y más os vale que os quedéis aquí o veréis el mal genio que tiene la abuela.

-Sí, abuela-dijeron los dos a la vez, y la vieron alejarse poco a poco hasta que se perdió de vista-.

-¿Qué habría ido a hacer antes, cuando se fue hacia las tumbonas y luego vino de nuevo con nosotros-se preguntó en voz alta Ericka-?.

-Sé tanto como tú...¿y te has cuenta que estamos solos?. Papá y mamá están dándose un baño y la abuela se ha ido...y esta cala solo la usamos nosotros, los demás se van a las playas colindantes, que están más a la vista. ¿Te apetece jugar un poco?.

-Ay no Pablito...¿y si la abuela nos pilla?.

El chaval saltó de la tumbona y subió a la duna más cercana, donde pudo ver la silueta de su abuela que aún iba recortándose a lo lejos, lo suficiente para que entre la ida y la vuelta, tardase bastante tiempo en regresar hasta ellos.

-Está lejos...y yo estoy ansioso por ti hermanita, antes en el agua me dejaste a medias cuando la abuela salió del agua y luego volvió. Tú lo has empezado Eriquita.

Recostándose junto a su hermana, Pablito desnudó a su hermana y comenzó a acariciarle y besarla por todas partes. Recordando lo ocurrido minutos atrás, se excitó sobremanera cuando su hermana había dejado de jugar y aprovechado la soledad en la que estaban, le metió mano por debajo de las bermudas y jugó a masturbarle hasta que al final, cuando estaba a punto de correrse, tuvo que dejarle a medias al regresar su abuela. Ahora era distinto. Observados a lo lejos por sus padres, que veían con toda la seguridad del mundo que su abuela estaba lejos de ellos y por eso les dejaban hacer.

-Ay que malandrines, que ansia tienen.

-Es la edad mujer, nosotros éramos iguales a su edad.

-Pablito, eres un maniaco sexual-se rió Ericka-. Estás muy excitado hoy.

-Es por ti hermanita, y porque ya hace semanas que no puedo tenerte como quiero gracias a la abuela. Te deseo Eriquita, de hoy no paso sin hacerte el amor.

-Pues no te tardes y házmelo que no tenemos mucho tiempo extra-se rió-.

La potente mano de Pablo se coló entre las piernas de su hermana y comenzó a excitarla y a humedecerla mientras que ella repetía el mismo trabajo que había hecho antes en el agua, cuando se habían quedado solos. Ahora se lo hacía mucho más fuerte y deprisa porque sabía que no podían hacerlo tan lento y placentero como las demás veces. En esta ocasión la prisa era un juego morboso de ver si podían hacer el amor lo bastante rápido antes de que alguien pudiera pillarles. Aquella idea la calentaba más.

-Ay hermanito que rico...por favor nada de lamerme, hoy no, ya estoy bastante mojada entre el agua y tú-se rió-...vamos Pablito, hazlo ya, házmelo rico...

Incapaz de decirle que no a su hermana Pablo se monta encima de ella, y busca penetrarla con rapidez. Con cierta sencillez logra su objetivo y empieza a bombearla con ganas. Hermana y hermano se entregan a su mutuo placer con desaforada energía y vigor. Los deseos de ambos se mezclan y funden en un baile amatorio que les aparta del mundo...y el terror asoma a las caras de Carlos y Ale al ver que Rosario acababa de emprender el regreso de su paseo y se dirigía de nuevo hacia las tumbonas.

-¡¡Carlos por dios, los va a pillar!!, ¡¡Tenemos que avisarles!!.

-¡¡No podemos gritar ni hacerles señales, si ella lo viese sospecharía que algo pasa!!. ¡¡Vamos, salpica con todas tus fuerzas y recemos para que alguno de ellos nos oiga y finjan que no ha pasado nada!!.

El constante chapoteo de ambos logró atraer la atención de Ericka, que muy malamente logró abrir los ojos del placer que su hermana le provocaba y miró a sus padres a lo lejos, que parecían estar haciéndole señales a lo lejos. La mente de la chica pronto entendió lo que estaba sucediendo.

-¡¡Por dios Pablito, la abuela vuelve: o me acabas de follar o te apartas, que si nos pilla cojiendo a ver como se lo explicamos!!.

-Pues yo de aquí no me voy sin gozarte hermanita. ¡¡Como que me llamo Pablo que tú ahora mismo vas a gozar conmigo!!.

Pablo redobló los esfuerzos y penetró a su hermana con el doble de ganas y el triple de deseo de terminar dentro de ella. Ericka nunca había experimentado un polvo express, ni siquiera en una discoteca, y la sensación era más animal que racional. No podía negar que le gustaba que se la cogiesen como si solo fuese un objeto.

-Aaayy sí, más, no pares, acaba, cójeme entera, fóllame ¡¡COÑO!!....Vamos mi amor, vente en mí, échamelo todo pablito...lo tienes, ya está...

-Uffff Eriquita, que ganas tenía de esto, no sabes como te deseo. En cuanto me sea posible pienso estar toda una noche penetrándote. Te deseo hemanita, eres toda mi adoración...goza conmigo, goza ya mi perrita viciosa, gozaaaaaaa...

Entre jadeos y contoneos paroxísticos tanto ella como él alcanzaron el placer común que tanto deseaban. Pablo se descargó totalmente dentro de su hermana y una vez recuperado el aliento se volvió hacia su tumbona mientras ambos intentaban volver a vestirse a toda prisa. Apenas 5 ó 10 segundos después de recuperar la postura, su abuela reapareció nuevamente al mismo tiempo que Ale y Carlos volvían del agua.

-Suegra, ¿dónde ha ido?, la hemos visto alejarse y perderse en la distancia.

-Necesitaba pasear. ¿Y que hacíais vosotros mirando hacia aquí y salpicando en el agua?. Parecíais colegiales.

-Es que queríamos que te zambulleras con nosotros mamá, pero temía que no nos oyeras y por eso te hacíamos señales-mintió Ale-.

Rosario miró un segundo a sus nietos, frunció el ceño levemente y se encogió de hombros alejando que no estaba segura de si esas señales eran para ellos. Decidiendo que era momento de volver a casa, empezaron a recoger sus cosas y a meterlas en el coche para regresar a la ciudad.

-Hija, ¿podemos hablar en casa a solas cuando lleguemos?.

-Claro mamá-sonrió inocentemente-.

Cambiándose de ropa y recogiendo la cesta de la comida y las tumbonas, que plegaron en el maletero y la baca del coche, la familia emprendió el viaje. Llegando ya de noche, y encontrándose a solas, Rosario clavó la vista en su hija con gesto de gran desaprobación. Ale de pronto se sintió como aquella vez en que con 5 años la habían pillado robando las galletas de chocolate del tarro.

-Tú dirás mamá...¿que pasa?.

-¿Pasar?, ¿es que no lo has visto?.

-¿Ver el qué-y Ale tragó saliva temiéndose lo peor-?.

-¿Cómo puedes ser siempre tan inocente-preguntó de forma retórica-?. ¿A tu hijo se le pone dura la verga y tú ni siquiera lo ves?.

-¿QUE QUÉEE-preguntó Ale de natural sorpresa, pero aliviada por saber que ella no los había visto hacer el amor-?. ¿Pablito, en serio?.

-Sí, en serio. Mi nieto me preocupa, porqué o bien se le puso así por ti o por su hermana. ¿Lo habéis llevado a un psicólogo?.

-¡¡MAMÁ-se escandalizó-!!. Pablito está muy bien, es un adolescente y con esa edad casi cualquier chica de cuerpo decente las excita. ¡No pienso llevar a mi hijo a ningún psicólogo, él no tiene nada!. Además, ¿seguro que viste lo que crees que viste?.

-¡EH!, que soy vieja, pero no ciega. Sé lo que vi. Puede que su bermuda mojada disimulara algo, pero sé reconocer una verga dura cuando la veo, ¿OK?.

-¿Y tú que haces fijándote en esas cosas, mamá?. Pensaba que esas cosas nunca las hacías, y menos aún con tu nieto. ¿Cómo diablos te ha dado por mirarle su verga?.

Rosario se puso de mil colores, sin poder ocultar un sentimiento de culpa pero a la vez de excitación. Cabizbaja, clavó su vista en la mesa en donde estaban sentadas. Ale esperó la explicación de su madre.

-¡No lo hice adrede-se excusó-!. Es que cuando estábamos en el agua me ausenté un segundo para ver donde estabais porqué habíais desaparecido, pero me volví y fue cuando, no sé por qué, me pareció que Pablito estaba excitado...y luego en la tumbona. Yo no quería fijarme, se me fue la vista. Estoy viva...y soy mujer, ¿verdad?.

La pregunta, hecha con retintín para desviar la conversación, provocó en Ale una sonora carcajada.

-Ahora ya sabes por lo que está pasando Pablito-la señaló acusadoramente-. Mamá, perdona si soy indiscreta pero...¿no será que quizá echas de menos el sexo, o a papá?. Es que nunca te había visto esa faceta tuya...

Rosario esperó unos segundos a contestar a su hija, los mismos que tardó en recuperarse de la pregunta que se le había hecho.

-Tu padre llevaba años sin tocarme antes de dejarme, cariño, ya no me deseaba. Y en cuanto a lo otro, sí: la pregunta es indiscreta...me voy a dormir, estoy cansada.

-Dijo que estaba cansada, pero mentía-recordaba Ale mientras le contaba a su marido la conversación que había tenido con su madre-. No quiso admitirlo pero creo que en el fondo se siente muy sola y sin nadie para darle cariño. Con papá siempre la había visto de lo más cordial, pero jamás imaginé que su relación estuviese tan muerta.

-Una pena-comentó Carlos mirando al techo de la habitación mientras poco a poco se acomodaba en la cama, al lado de su mujer-. Tu madre está de buen ver para sus años. Si le encontrásemos un hombre maduro o alguien más joven que le gustase seguro que se le iba esa frustración.

-¿He oído bien-se rió-?. ¿Estás diciendo que mi madre te gusta?.

-¿Qué?, Tú...-se rió y luego reflexionó un poco la pícara pregunta de Ale-. Que no lo decía por eso, malpensada...pero mira, sí, te voy a contestar: que si tuviese la ocasión, y nadie se enterase, no me importaría quitarle a tu madre las telarañas. Quizá incluso me guste tanto que te acabe dejando por ella-arqueó las cejas sarcástico-.

-¿Ah sí, en serio?...¿me dejarías por ella?...Seguro que ella no te hace las cosas que yo te hago...ni la mitad de lo que yo te hecho por ti...

Y diciendo eso, Ale se metió por dentro de las sábanas. Mientras Carlos recibía una mamada que lo estaba llevando a la locura, de pronto su cerebro fue atravesado por una idea, un pensamiento generado a raíz de la conversación entre madre e hija. Un detalle que hasta entonces había pasado por alto.

-¡¡ERA ELLA!!.

-¿Ella?, ¿de quien hablas-preguntó Ale deteniéndose-?.

-De tu madre. Cuando estábamos tú y yo en la duna me pareció como si alguien estuviese mirándonos, pero pensé que quizá fuese Ericka o bien Pablito, y que el otro quedase con tu madre para distraerla y mantenerla al margen. ¡Era tu madre quien nos estuvo mirando como cojíamos en la arena!.

-¿¡Mi madre!?, ¿estás seguro?.

-Totalmente. A ver si va a ser verdad que nada necesitada de un hombre...

A raíz de las muchas perversiones que a lo largo de los años habían hecho Ale y Carlos, ella tuvo una idea que comenzó a brillar y a crecer en su cerebro. Era algo que estaba decidida a llevar a cabo, pero para hacerlo, tenía que ser prudente, sigilosa y sobretodo secreta, pues no podía contárselo ni a su marido ni a nadie más. La idea era algo tan secreto que iba a realizarlo por su cuenta y riesgo, pero había una fecha tope que no podía saltarse. Ahí estaba la dificultad...y también el morbo.

...

Tras hablarlo con su marido y con sus hijos, Ale logró convencer a su madre para que se fuese a vivir con ellos durante una temporada. Habilitando el cuarto de los invitados para ella, su presencia fue poco a poco haciéndose de lo más habitual. Por desgracia para Carlos y Pablito, la nueva inquilina provocó una pérdida de intimidad a la que ellos estaban habituados, lo que obligó a cambiar sus pautas de rutina respecto a Ericka y a ella misma. De pronto súbito, la casa había pasado de ser una especie de sexy-residencia para cuatro para recuperar una normalidad que se había perdido un tiempo atrás, cuando Carlos y Ale habían desvirgado a sus hijos y no mucho después los había incluido en los juegos sexuales con los amigos de la familia. La casa se tornó más convencional, salvo por pequeños deslices.

-Cariño, ¿no deberías ponerte algo de ropa-le preguntó Ale a su marido cuando éste se iba a sentar a desayunar-?.

Carlos se miró: iba solo en calzones con el pelo totalmente revuelto y con cara demacrada como si fuese un zombie. Lo peor era que debido a su falta de ropa y a que los calzones eran holgados, lo que había dentro de los calzones se intuía más de lo que era necesario. Tapándose las vergüenzas como una chica a la que su padre hubiese pillando desnudándose para su novio, salió rápidamente para vestirse mejor. Madre e hija no pudieron si no estallar en sonoras carcajadas no solo por la actitud de Carlos, si no cuando Pablito apareció exactamente en la misma tesitura. En otra ocasión, sin pretenderlo, Carlos había salido de la ducha sin una mala toalla enroscada alrededor de la cintura acostumbrado a estar solo, sin fijarse que su suegra estaba viendo la TV tranquilamente en el sofá de la sala de estar.

-¡Yerno!, ¿no deberías taparte?, que esas cosas no tendría que verlas.

Carlos se fue con prisa de vuelta al baño mientras Rosario se quedó con mirada de sorpresa, sin saber que pensar. Ale se había fijado en la actitud de su madre cuando alguna cosa de esas ocurría, que solía ser frecuentemente.

-¿Cuando van a enterarse de que estoy aquí-le preguntó a su hija, sentada al lado suyo en el amplio sofá-?.

-Eso puede llevar tiempo-se rió-. Padre e hijo son así de desastres por casa. De tantas veces que ocurre ni Ericka ni yo nos fijamos en esas cosas. Ya ni lo vemos-e hizo un encogimiento de hombros-.

-Pues deberían ser un poco más recatados. No es algo bueno que un hombre se vaya exhibiendo de esa manera-se quejó-.

Pero a pesar de ese comentario, Ale no perdía detalle del comportamiento de su madre. Aunque intentaba disimularlo, a Rosario se le iban los ojos directos hacia las hombrías de su yerno y nieto cada vez que éstas se intuían o asomaban por algún lado.

-¿Y con mi nieta pasa igual?, ¿va por la casa en cueros, mostrándose desnuda como dios la trajo al mundo?.

-Ericka sale a nosotras mamá. Y aunque saliera denuda tampoco importaría-y su madre le devolvió una mirada glacial-. Ya nos tenemos vistos en la playa o cuando salimos de la ducha. Estamos inmunizados...bueno, sí, menos Pablito, pero ya se le irá pasando-le quitó importancia-. Son cosas de la edad.

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heranlu

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Despertar Sexual de sus Hijos - Capítulo 006


Conforme el tiempo fue pasando, Rosario se fue adaptando poco a poco a estar con su familia, tanto como ellos se adaptaron a tenerla en casa. Lo más difícil era por las noches, cuando Ale y Carlos hacían el amor, pues el cuarto de invitados estaba al lado de su propio dormitorio, unidos por una pared de la que no estaba seguro de su capacidad para contener los gemidos de placer que surgían mientras se amaban, pero les era imposible contenerse porque Ale, sin saber como ni porqué, parecía que había entrado en una constante fase de celo como los animales, llegando a hace el amor entre 2 y 4 veces por semana. Por las mañanas, cuando Carlos y su suegra despertaban y llegaban a coincidir saliendo de sus cuartos, se quedaban siempre quietos mirándose un segundo antes de que Carlos, tapándose el calzón, entraba a ponerse un albornoz que le sirviese para tapar su cuerpo casi desnudo.

Rosario quedaba incrédula ante la capacidad de su yerno de olvidar que ella estaba en la casa. Otro tanto ocurría con su nieto, al que alguna que vez, al entrar en la ducha, había cogido a punto de salir de ella y se había encontrado con que, quizá por el efecto del agua caliente, el muchacho salía de la ducha totalmente erecto solo para volver a meterse dentro al ver los ojos asombrados de su abuela, mirándole fijamente.

-¡Abuela!, ¿pero es que no ves que estoy saliendo de la ducha?.

-¡Lo siento amor, pero a mi edad hay cosas que vienen de golpe y no podemos esperar a que termines de ducharte!...¿podrías al menos girarte cariño?...que no quiero ver lo que estoy viendo-dijo poniendo su mano delante de ella...aunque tímidamente se atrevió a entreabrir muy poquito dos de sus dedos, mirando a través de ellos y de esa manera, contemplar una perfecta, tersa y juvenil verga la cual apuntaba al cielo cual mástil de bandera. Pablo salió tapado de la ducha y Rosario se quedó sola para hacer sus necesidades, con la mente quemada por las visiones que había contemplado en todo el tiempo que llevaba en aquella casa. Si bien comprendía que para Ale era algo de lo más natural, ella no lograba acostumbrarse a la actitud desenfadada y despreocupada de los hombres de la casa, que casi casi iban desnudos por ella ante la apatía general de las mujeres...excepto ella.

Entre una cosa y la otra, entre deslices, despistes, situaciones cómicas y unas eternas noches de pasión que ella escuchaba al otro lado de su habitación, a su mente acudían imágenes de su hija y su yerno entregados al placer carnal desaforadamente. Como si fuese una película X, casi podía ver como si estuviese allí a su hija, desnuda mientras su yerno la penetraba con aquella tranca que tantas veces había dejado intuir a través de la vaporosa tela de aquellos calzones. Lujuriosas imágenes que mezcladas con los sonidos que podía oír, convertían aquellas noches en verdaderas torturas en las que incapaz de dormir se limitaba a escuchar y a asombrarse de la capacidad amatoria de su hija. Nunca imaginó que tuviese tanto aguante, ni que él estuviese a la altura de las circunstancias, claro que con aquella herramienta...de nuevo pensamientos de sexo y morbo acudían a su mente...y no solo con su yerno.

Desde aquella lejana tarde en la playa, el cuerpo de su nieto y lo que se intuía que tenía como herencia de su padre también había perforado su cerebro, y no eran pocas las veces en que al verlo casi desnudo saliendo de la ducha o de su habitación su mente, de forma sutil pero insistente, iba procurándola toda clase de fantasías a cual más alocada. Incluso, aunque la desechó por ser una locura, por la actitud de Ericka aquella tarde en la playa, en aquel momento hubiese jurado que a su nieta acababan de hacerle sexo allí mismo, pero descontando a su hermano no había más hombres. ¿Iba a dejar Ericka que su hermano le hiciera el amor?. Ideas que cada vez más delirantes le iban minando tanto el cerebro como el sentido común...y lo que le había dicho Ale de que ya estaban habituados a verse desnudos...¿y si había un doble sentido en aquella frase?. A primera vista no lo parecía, Ale había sido muy condescendiente, pero tras la temporada que había pasado con ellos, dudas de toda clase copaban su cabeza. ¿Qué podía hacer para recuperar la normalidad de su mente y dejar de soñar con aquellas escenas con las que a veces despertaba sudorosa, y en las cuales, muy difusamente, creía haber visto a su nieto o a su yerno en la cama con ella?.

...

Rosario anunció que al día siguiente del inminente cumpleaños de su yerno ella volvería a su casa, que si bien agradecería siempre todo lo que hicieron por ella, ya era hora de volver donde debía pese a saber que en aquella casa ya no tenía un marido que la esperase. La noticia causó conmoción en Ale, que apresuró sus planes de una forma inesperada como acelerada. Tras una reunión entre madre e hija en secreto, de la que Ale no dio cuenta a su marido a pesar de lo mucho que él quería saber porqué se traían tanto secretito, Carlos notó que su suegra lo miraba con otros ojos aunque no sabía a que podía deberse ese cambio de actitud. Evitaba mirarlo mucho y tampoco buscaba quedarse a charlar con él o con su nieto, refugiándose en su nieta constantemente. Ale siguió negándose a soltar prenda de la conversación, pero sí afirmó que pronto iban a resolverse todos los enigmas. Sin dar más detalles, el ambiente de la casa se enrareció día a día hasta el propio día del cumpleaños, en que la familia recibió las visitas de sus amigos Norberto, Ramiro, Simón, Juan Manuel y sus demás conocidos. Fue una fiesta por todo lo alto que se celebró en un restaurante casi como si fuese una boda más que un aniversario de nacimiento. La fiesta se alargó hasta altas horas de la noche, en que ya se decidió que era momento de darla por terminada y regresar cada uno a sus casas. Cuando todos volvieron al hogar, Ericka y Pablo, agotados de tanta diversión con los hijos de los amigos de sus padres, se acostaron sin siquiera cenar. Ale le indicó a su madre también que se fuese a dormir para mañana regresar a su casa. Eso dejó solos al matrimonio, que se quedaron en la sala de estar.

-Tengo una sorpresa para ti.

-Eso ya me lo llevas diciendo toda la semana. ¿Se puede saber que es?.

-Toma-y de debajo del sofá sacó una pequeña cajita, que estaba con un lacito y con una nota que decía “espero que te guste”?.

Carlos desenvolvió el paquete y al abrirlo se encontró con algo que hizo que sus ojos brillaron como diamantes.

-¡¡UN RÓLEX!!. ¡Un Rólex auténtico!. ¡¡GRACIAS ESPOSA, TE QUIERO!!. Vaya sorpresa, esto sí que no lo esperaba. ¿Cómo sabías que me he pasado toda la vida suspirando por uno de estos?.

-Estamos casados-ironizó-...pero esto no es la sorpresa.

-¿Ah, no?...Pues mi amor, no sé que me puedas regalar que sea mejor que esto. No puedo imaginarlo-y Ale se reía-.

-¿Quieres saber que tengo preparado?.

-Sí, vamos, no me tengas en ascuas. ¿Qué es?, dímelo ya.

-¿Listo para la sorpresa que te prometí-preguntó Ale a Carlos-?.

-Que sí, lo estoy. ¿Se puede saber que me has preparado que llevas teniéndome con la intriga desde hace casi una semana?.

-Aaah…sorpresa-dijo en tono musical-…Ahora que los nenes están dormidos y en sus camas, ven a ver lo que te tengo preparado…

Ale cogió de la mano a su marido y con lentitud lo llevó al dormitorio que tenían para los invitados. Cuando abrió la puerta, los ojos de Carlos no se creían lo que estaba viendo. Tuvo que frotárselos un par de veces para asegurarse de que lo que veía era lo que en verdad estaba viendo.

-¡¡SUEGRA-exclamó atónito-!!. ¿Pero que hace ahí, tumbada desnuda?.

-¡¡SORPRESA-gritó Ale de nuevo con tonillo musical a la par que irónico-!!.


Entonces Ale se retrotrajo al momento actual, disfrutando de la expectación que había levantado en su marido y en la cara de éste al ver lo que su mujer había preparado. Divertida, se acostó al lado de su madre haciendo un ademán, como invitándolo a que se acercase a Rosario. Éste, con la respiración agitada, lo miraba entre nerviosa y asustada. Había pasado muchísimo desde que un hombre la había mirado como su yerno la estaba mirando. Con lenta parsimonia Carlos se acercó a su suegra y se recostó en el lateral de la cama que quedaba libre. Ale intuyó las dudas de su marido con solo mirarlo.

-¿Me explicas de que va esto-preguntó abiertamente-?. ¿Qué has hecho, Ale?.

-Lo que debía, maridito mío-sonrió jocosa-. ¿Te acuerdas la charla que tuve con mi madre?.

-¿La de la semana pasada?. Claro. ¿Qué tiene que ver con esto?.

-Ale me lo contó-intervino Rosario-. Lo de vosotros y mis nietos, y de la curiosa relación que tenéis con ellos-añadió con cierto retintín. Carlos permaneció mudo, con su mirada clavada en la de su suegra-. Cuando me lo dijo no me lo podía creer, pero Ale lo contaba con tanta naturalidad, como si fuese algo bonito…por eso me centré en Ericka toda la semana, lejos de ti y de Pablo.

-¿Por qué Ericka?.

-Yo se lo dije-confesó Ale-. Le aconsejé que hablase con ella, que su nieta sería capaz de explicárselo todo como es debido, y se han pasado hablando todos estos días.

-Y en todo este tiempo mi nieta no ha dejado de insistir en que estaba bien y que no habíais abusado de ella. Le hice toda clase de preguntas, lo quise saber todo, tener la certeza de que mi nieta no mentía para protegeros.

-¿Cómo se llega de esas charlas entre tu nieta y tú a este momento actual?.

-Tú has formulado la pregunta, y tú precisamente eres la respuesta-habló Rosario de nuevo-. En todo este tiempo Ericka no paró de decirme que había sido idea tuya, que lo habías hecho por amor a ella, que la habías tratado como a una reina…y que eras un amante consumado que había sido adiestrarla en las artes del amor. No podía parar de explicarme las cosas que le hacías a tu nena y como ella disfrutaba…y yo…yo…

-¿Lo imaginabas, verdad-entendió él-?. Empezaste a imaginarlo todo, a mí y a mi hija haciendo el amor tal y como ella lo describía…o a Pablito con Ale, aprendiendo también sus buenas lecciones.

-Yo sabía que mamá no sería inmune a vuestras exhibiciones, no después del incidente playero cuando se fijó en que Pablito estaba excitado-confesó Ale-. Y tenías razón mamá, Pablito y Ericka aprovecharon que te fuiste para hacer el amor con mucha rapidez para que no las pillaras. A ellos intentábamos proteger de que los vieses así, por eso hacíamos los aspavientos...y luego Carlos “observó” lo bien que estabas de cuerpo y lo atractiva que aún eras.

-Lo planeaste todo-entendió Rosario-. Lo has planeado todo para que tu marido se acueste conmigo.

-Así es, pero no solo para que Carlos tuviese un mejor regalo de cumpleaños. Lo hice para que recordases lo que es tener un hombre en la cama…y nadie mejor que mi hombre para que te lo recuerde. Vamos maridito mío…es toda tuya. Toda para ti.

Rosario se quedó de piedra por como se habían desarrollado las circunstancias. Los últimos meses en familia, toda la convivencia y todas las situaciones que se habían producido no eran más que un lento pero seguro preparatorio para el momento que iba a vivir junto a su yerno. Por una parte quería salir de allí, denunciarlos, salvar a sus nietos de su hija y su depravado padre…pero por otra llevaba meses deseando conocer como era aquella verga que siempre translucía y que veía de refilón, y llevaba años sin probar a un hombre. La estrategia de Ale había surtido efecto demasiado bien: se encontraba tan necesitada de un hombre, que no podía irse sin probarlo uno, aunque eso significase que ese hombre fuese su yerno.

-Ya sabes lo que dicen, suegra: esto es como montar en bici; una vez aprendes, nunca se olvida-se rió-.

-Pues entonces ya sabes qué hacer: tienes que recordarme como se monta…en bici, claro-bromeó-.

-Cuando quiera, suegra….dios mío, ¿pero que años tiene?, ¡está buenísima, esto tiene un morbo fatal, no puedo dejar de mirarla!.

-Digamos que tengo más de 60 pero menos de 80-insinuó-.

-Pues con esas curvas y este cuerpo, yo le echaría más de 30 pero menos de 50. Lo suyo es puro vicio suegra. Estoy loco perdido. Loco por usted.

Rosario le hizo dejar de hablar, selló sus labios con un fuerte beso y lo atrajo para que estuviese junto a él en la cama. Ale, por su parte, se había ido a sentar en el mismo mullido sillón donde tantas veces había estado su marido observando como ella misma se acostaba con otros hombres. Esta vez las tornas habían cambiado, y a Ale le gustaba aquel cambio. Como otras tantas cosas, Ale no esperaba vivir algo así, pero sin embargo era lo que estaba pasando justo delante de ella. Su propia excitación fruto de su papel de mirona la llevó a hacer lo mismo que Carlos hacía cuando la veía acostarse con Simón o Juan Manuel, y su mano se metió entre sus piernas para masturbarse.

Por su parte, en la cama de invitados Rosario era la víctima de una vorágine de besos a cual más apasionado por parte de Carlos. Solo entones comprobaba la veracidad de las palabras de Ericka, que no mentía ni exageraba ni un ápice a la hora de describir la habilidad de su padre para excitarla. La manera de usar la lengua para morrearla era increíble, la excitaba muchísimo. Carlos no disimulaba la pasión que tenía por su suegra y eso en ella provocaba una corriente de placer que la recorría de arriba abajo. Muy por encima de cualquier juego sexual entre ellos dos, el saberse deseada de nuevo era lo que la devolvía a la vida. Por primera vez en mucho tiempo había un hombre que la deseaba y quería darle placer, que se entregaba a ella total y absolutamente, sin reservas. Era un intercambio no solo de cuerpos, si no de almas, de pasiones y de corazones. Si no fuese por el juego amatorio al que estaba siendo sometida, Rosario hubiese llorado de alegría.

Las manos de Carlos se habían apoderado de los pezones de su suegra y con una determinación firme, se había decidido a darle el mimo al que se les había negado tanto tiempo. Aunque era obvio que por la edad sus pechos carecerían de la firmeza de los de su mujer, a Carlos le sorprendió que se mantuviesen en una forma tan excelente. De tan bien conservados que los encontró se puso a amasar como harina de pan, usando dedos y yemas de dedos como punto de referencia para jugar con sus pezones durante todo el tiempo que el morreo había durado entre ellos dos. El precalentamiento había sido de lo más efectivo, y tanto ella como él estaban lanzados a ese torbellino de pasión al que ella más que él deseaba ser arrastrada. Los besos de Carlos alternaban con chupetones en el cuello o besitos con lengua en la punta de sus pezones, hechos no con la lengua si no con la puntera de la misma, moviéndolos a los lados y observando los intensos gemidos de gusto que provocaba en ella. Carlos recordaba aquella tarde en la playa, cuando al mirar a su suegra se había quedado pensando momentáneamente lo que una mujer como ella hubiese hecho en su tiempo. Ahora iba a comprobarlo.

La excitación de Carlos era lo bastante grande para que se distinguiese de forma notable, y él lo bastante envalentonado para acercarse a su suegra y dejarla a ella que se la tocara. La cara de Rosario pareció brillar, sus ojos azul cristal se quedaron prendados de los ojos de su yerno, y su cara se giró hacia la de Ale, a quien encontró con una mano acariciándose su sexo de forma intensa y persistente.

-¿Te gusta lo que tocas, mamá?.

-Ay amor…¿esto es con lo que juegas todas las noches-preguntó Rosario-?.

-Es con lo que te he ido provocando las últimas semanas, haciendo el amor con Carlos tantas veces. Confiaba que nos escuchases y eso terminara por excitarte.

-Ay pillina-se rió Carlos-, por eso me dabas tanto sexo…y yo temiendo que nos pudiera escuchar mientras gozábamos-miró a Rosario y ambos se rieron-…Que mala has sido Ale, has jugado tú sola con todos nosotros…y que orgulloso estoy de ti amor…

Rosario, en lugar de palabras, decidió demostrar el orgullo que tenía por su hija apretándose contra el cuerpo de su yerno, dejándose acariciar y tocar por él. Tomando un poco la iniciativa de la situación, Rosario hizo desplazar a Carlos en la cama. Quedó boca arriba en la cama y Rosario encima de él, con la verga de él en una de las manos de ella. Mirándose entre madre e hija con fulgor, la una veía como la otra masturbaba a su hombre y en ambas se estableció una complicidad nueva para ellas. Ale no paró ni un solo momento de acariciarse y masturbarse contemplado todo lo que ocurría delante de ella. No solo lo masturbaba con la energía de quien llevaba años y años sin sexo, si no que venciendo todas sus reticencias iniciales y que la habían acompañado toda la vida, Rosario no quiso quedarse sin saber lo que era sentir una verga de hombre en su boca, y con más facilidad de lo que ella misma esperaba, se movió en la cama y se la empezó a chupar a Carlos con tanta pasión que éste pensó que de tanta fuerza se la arrancaría.

La boca de Ale se abrió de par en par al ver como su madre perdía todo sentido cabal y toda compostura en pos de la pasión. Sabía, como se saben esas cosas, que por muy madre suya que fuese, ella había hecho las mismas cosas en su juventud que Ale hacía ahora…pero una cosa era saberlo, y otra muy distinta verlo con sus propios ojos. No se podía decir que era una neófita en el arte del amor, todo lo contrario: Rosario se había convertido (o había recordado, quizá) en una amante bien dispuesta a complacer a su hombre y a dejarse por él si fuese necesario. Carlos seguía tumbado en la cama sin hacer gran cosa. De momento solo se dejaba hacer y permitía que Rosario hiciese toma de contacto con una verga de hombre, la primera en mucho muchísimo tiempo. En su interior Ale estaba que estallaba de euforia. A pesar de que por la habitación solo se escuchaban gemidos y ardeos, no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que si había alguien colmada de felicidad y vida en esos momentos, sin duda era su madre. De tanto chuparla y menearla con una mano, había logrado que Carlos estuviese al límite de su erección…y que fuese hora de que tomase partido de forma más activa.

-Vamos suegra…prepárese para conocer algo que seguro jamás le hicieron como yo se lo voy a hacer…

-Mmmmmmm no tardes y hazme lo que quieras yerno…soy tuya, mi cuerpo es todo para ti Carlos…haz lo que quieras con él pero no te pares…ahora no…llevaba ya tanto tiempo sin esto…mmmm bufff había olvidado lo bien que sentaba…

-Pues entonces prepárate para lo que ha de venir…

Dicho y hecho, Carlos unió acción a sus palabras y separaron las piernas de su suegra para ponerlas a ambos lado de la cama, pegó su boca a la vulva de Rosario. A la primera lametada la mujer parecía haber llegado al séptimo cielo. La seguridad con que Carlos actuaba era lo que más la seducía. Estaba seguro de sí mismo, de su capacidad para hacerle gozar, de que iba a hacerla morir de gusto. Aquella autosuficiencia tenía su pasión muy encendida, pero aparte de su prepotencia (justificada, estaba descubriendo esa noche) era la forma en que su yerno estaba disfrutando de su sexo. Aunque de vez en cuando lo había probado con su marido, el padre de Ale, la diferencia con Carlos era más que abismal. “Diferencia generacional”, pensó, la misma que hace que las barreras y prejuicios de una generación vayan venciéndose y olvidándose en las siguientes. Por la mente de Ale, que no se perdía ojo de todo lo que pasaba delante de ella, cruzó una colosal idea que la terminó de arrancar su primer orgasmo de la noche.

-¿Ya has gozado, amor-preguntó Carlos confuso-?.

-No te preocupes maridito, me he sobreexcitado por una cosa, pero ya os la diré. Además, tengo calentura para rato…seguid a lo vuestro, no os acordéis de mí…

Carlos redobló esfuerzos un poco más, pero no pasó mucho sin que Rosario lo detuviese y lo volviese a cambiar de postura, volviendo a quedar totalmente recostado encima de su propio cuerpo.

-Suegra, ¿supongo que sabe que hay muchas posturas para el amor, verdad?.

-Ya me irás enseñando esas modernidades, yerno-se rió-, que yo vengo de una sociedad donde hacer el amor de día o sin estar cubiertos por las sábanas ya era algo de lo más vergonzoso. Ahora tómame Carlos…por dios, tómame ya, hazme tuya…

-No lo tendrás que repetir, Rosario…esto es para ti, suegra…

Apuntando y fijando el blanco, Carlos penetró a Rosario y se esperó unos pocos instantes a que ella se recreara en la primordial sensación del placer que daba la unión de un hombre y una mujer antes de comenzar a martillearla. Las acometidas se dieron con una lentitud tan deliciosa como infernal, Rosario sentía cada centímetro de la polla de su yerno provocándole verdaderos estragos en su cuerpo. Carlos la hacía el amor sin ganas de parar ni de dejarla a medias. Los besos se sucedían de cuando en cuando. Las lenguas chocaban, peleaban y se enfrentaban. A veces era Rosario quien llevaba la voz cantante, pero a veces otra Carlos quien morreaba gustosa a su suegra, que cada vez iba perdiendo más las formas para desatarse y peder toda cordura o moral que pudiera haber tenido a lo largo de su vida. Aquello no era solo un polvo, era el mejor polvo de su vida, lo mejor que le habían hecho…y levantó un poco el culo de la cama para que Carlos le pudiese penetrar co más fuerza, un gesto que no pasó desaparecido y que provocó que ella buscase un ritmo común a las acometidas de su yerno. Después de varias intentonas pudo hallar la combinación perfecta, que ejerció hasta que Carlos fue incapaz de seguir aguantándose las ganas de correrse…y le dio a su suegra el orgasmo que necesitaba en su vida para recuperar la alegría.

-Ay yerno, pero que rico ha sido…como envidio a Ericka, lo que se ha estado divirtiendo contigo…me siento en la gloria…

-Lo sé suegra…me has matado de gusto, un poco más y me vacío por completo hasta la última gota…que bien sabe exprimir a un hombre…

Se prodigaron alguna que otra caricia más hasta que Ale, que enfrascada en sus fantasías mientras miraba la escena, se acercó a ellos y le susurró algo al oído de Carlos. Éste miró a una exultante Rosario y asintió con la cabeza. En ese momento ella salió de la habitación y se quedaron solos.

-¿Dónde ha ido Ale?.

-A cumplir una idea que ha tenido.

-¿Idea?, ¿qué idea?...

-Aaaah…sorpresa-y puso expresión malévola-….

Rosario temía que dieran rienda suelta a alguna de sus perversiones, pero en su lugar, se encontró con que Ale volvió a la habitación y que lo hacía con un adormilado Pablo, que tras frotarse los ojos observó lo que pasaba. Apenas le hizo falta preguntar lo que pasa para entenderlo.

-Abuela, ¿es que papá y tú os habéis acostado?.

-Sí amor, acabamos de hacerlo ahora mismo…y creo que imagino porqué Ale te ha hecho venir…¿te gustaría venir a hacerme el amor a mí?...

-Sí que me gustaría abuela-contestó segundos después de admirar su cuerpo-. Me encantaría tener una nueva mujer para cojer con ella.

-Pues ven con la abuela mi amor, que está necesitada de cariño ahora mismo.

Carlos se apartó para dejarle vía libre a su hijo. Saliendo de la habitación, fue a la habitación de Ericka, a la cuala despertó con un par de besos de tornillo. Ésta quedó mirando a su padre.

-No papá, hoy no, que la abuela puede oírnos.

-Lo dudo mi amor-se rió-. Perdona que te despierte, pero es que quiero que veas algo que está pasando. Es gracias a ti y quiero que lo veas. Te amo Eriquita linda.

-Yo también te amo papá…¿es tan importante que lo vea?.

-Lo entenderás al verlo-explicó crípticamente-.

De mala gana pero muy intrigada, Ericka se levantó, fue con su padre al cuarto de invitados y entonces se encontró a su hermano, de rodillas sobre la cama, recibiendo una profunda felación de su abuela. Mirando a su padre y a su madre, la joven esbozó una débil sonrisa que se fue ampliando al comprender lo que padre había dicho con “lo entenderás al verlo”. Yendo junto a su madre, ambas mantuvieron unas palabras en voz baja y luego se entregaron a un juego de caricias y besos que parecían anunciar lo que se aventuraba como una apasionada relación lésbica. Carlos fue junto a sus mujeres y en tanto que Ale procuraba darle toda clase de atenciones a su hija, ésta se debatía entre la boca de su madre y la verga de su padre, la cual había agarrado con una mano y había comenzado a jugar con ella. Al tiempo, Pablo seguía recibiendo el cariño de su abuela, dejándose chupar por esta, algo que luego él hizo la inversa. Rosario comprobó que el hijo había salido a su padre: le comía el coño tan bien como lo había hecho Carlos.

Poniéndose de acuerdo los mirones en cuanto a la postura del sillón, Carlos se sentó en él haciendo que Ericka lo hiciese en su regazo, lista para recibir su ariete con la misma sonrisa encantada que de costumbre. Ale acariciaba a su hija para excitarla más y Carlos besaba las puntas de sus pezoncitos solo para escucharla gemir. De pronto una nueva idea cruzó su cerebro y Ale se fue a la cama donde la pareja que allí estaban se encontraban entregados a la danza amorosa. Al ser mucho más joven que su padre, su falta de experiencia era compensada con una tremenda vitalidad.

-¿Puedo unirme a la fiesta?.

-¿Unirte, mamá?.

-Sí cariño, me gustaría que tuvieras dos mujeres para ti solo, y que aprendieses a satisfacer a ambas. ¿Qué te parece mamá?, ¿enseñamos a Pablito a gozarnos a la vez?.

-Aaay Ale…deja que me goce primero…necesito que me goce de nuevo…aaay que fuerza tiene…pero esto no es un hombre, es una máquina…me tiene loca de contenta, hija…buffffffffffff DAME DURO ¡¡COÑO!!!....

Ale se apartó y volvió con Carlos y Ericka. Ésta ya se encontraba rebotando en la verga de su padre y Carlos usó una de sus manos para tomar control sobre la panocha de su esposa, masturbándola mientras veía la cara de placer de su hija (desencajada por el placer) gozar como a él le gustaba tanto. Ale se quedó recibiendo las atenciones de su marido mientras veía a su hija gozar sin parar. Ambas se besaron con lengua y las manos de Ericka se apoderaron de los pechos de su madre, acariciándolos. Ale se sentía poseída por ellos y no podía sentirse mejor por ello. Le encantaba cuando la convertían en un juguete sexual…un rasgo que su hija había adquirido.

Los esfuerzos de Pablo por gozar con su abuela llevaron a ésta a tener un nuevo orgasmo que si bien no fue tan intenso como el anterior, sí fue mejor recibido. Tras dos sendas cojidas en condiciones, Rosario se encontraba mejor que nunca. Sentía como si le hubiesen quitado 40 años de encima y se hubiese convertido en una colegiala de la edad de Ericka. Ale, admirando la labor de su hijo y lo satisfecha que había sido, se fue con ellos dejando solos a Carlos y a Ericka.

-Vamos a ver lo bueno que eres con dos mujeres: tendrás que hacernos el amor a las dos, pero no primero a una y luego a la otra, si no a las dos al mismo tiempo.

-¿Y eso como se hace?, no lo entiendo.

-Tendrás que improvisar cariño. Seguro que papá podría decírtelo pero creo que ahora Ericka ocupa toda su atención-ironizó-. Quiero que nos cojas a las dos, al mismo tiempo, y que nos hagas gozar. Haremos lo que tú quieras, pero deberás conseguir que las dos nos corramos contigo.

La mente de Pablo se quedó cruzada de cables intentando encontrar un modo de cumplir las exigencias de su madre. A menos que tuviese un clon, ¿cómo podía hacer el amor con ambas a la vez si ellas eran dos y él solo uno?...A menos que ellas fueran una sola mujer, un solo cuerpo, sería imposible…pero fue entonces cuando le sobrevino la idea salvadora: ordenando a Ale ponerse a cuatro patas en la cama y a Rosario ponerse encima de Ale en la misma postura, Pablo se encontró con que ambas parecían un solo cuerpo y eso era lo que le facilitaba la tarea: fue alternando una mujer con otra, usando los dedos en la mujer que no penetraba con su poronga. Sin duda fue el esfuerzo sexual más grande que nunca había realizado. Cada pocas acometidas cambiaba de agujero, y luego volvía al original. Por su parte, Ericka veía divertida como Pablo se las apañaba para cumplir las expectativa de su madre y su abuela mientras su padre, aún con deseos de gozar a su pequeña, la había cambiado de postura y le hacía el amor de espaldas a él, la misma postura en que lo había hecho su amigo Juan Manuel la primera ella vez que ambos hicieron el amor. En aquella postura idónea él podía acariciar y sobar las tersas y perfectas tetas de su hija, así como pasar sus manos por todo el cuerpo de Ericka. Sentía verdadera pasión por su preciosa hija.

A menos de dos metros de distancia, Pablo estaba casi al borde de la extenuación física. El polvo doble a su madre y abuela estaba resultando pero también lo agotaba de una forma que él jamás había imaginado. En su mente siempre se había imaginado que un trío sería pan comido y que a ambas chicas las dejaría más que satisfechas, pero solo ahora entendía que eso solo era vanidad: si ya era difícil complacer a una chica, más aún lo era complacer a dos. Aún así no quería dejarlas a medias y continuó alternando las penetraciones en ambas durante más tiempo del que pudo calcular, echando el resto de sus fuerzas para que ellas tuviesen el clímax sexual que le habían demandado. Entre su vega y sus manos, tanto Ale como Rosario aguantaron lo que pudieron el suplicio que era hacer el amor, esperar su turno y luego volver a sentir como su hijo o nieto metía dentro de ellas su verga tiesa. La riada de sensaciones comunes fue in crescendo y justo cuando Pablo pensaba que era imposible, sus mujeres alcanzaron el tan deseado clímax y se vinieron abajo en la cama, cansadas y agotadas del placer recibido. Abrazadas entre sí, Pablo fue recibido entre ambas, rodeándolo con sus cuerpos y felicitándole lo bien que había logrado gozarlas. Carlos y Ericka, tras un orgasmo común en el que de nuevo Carlos regó por dentro a su pequeña (que ya había aprendido a tomar precauciones para evitar embarazos no deseados), los dos se levantaron y fueron hacia la cama para unirse a los tres que ya estaban allí. En ese instante Carlos agradeció que la cama de invitados fuese una amplia cama matrimonial, o de lo contrario no hubiesen cabido todos.

-Suegra, tengo una propuesta para usted-dijo Carlos-.

-¿Otra-se sorprendió esta-?, ¿pero cuantos deseos puede tener un hombre?.

-Solo uno más, Rosario: quédese con nosotros. No queremos que se vaya.

-No abuela, quédate. Te quiero mucho abuela, y no quiero que te marches. Me gusta jugar contigo y que estés aquí-y a Rosario le enterneció el tono inocente de su nieto, pues sabía que se refería que lo jugar no lo decía por el sexo si no por los juegos a los jugaban como el parchís o las cartas-.

-Sí abuela, quédate-insistió Ericka-. Me gusta cuando juegas a peinarme. Sabes hacerme unas trenzas preciosas.

Rosario entendió las intenciones de todos. Tenía su casa y su vida, pero sabía que en su casa nadie la esperaba. En cambio, en esa otra casa había cuatro personas que la querían a su lado. Cuatro personas que la habían devuelto algo que había perdido.

-De acuerdo, me quedo-dijo finalmente-. Recogeré lo más imprescindible de mi casa y me trasladaré aquí-y las caras de sus nietos se iluminaron-. ¿Ya estáis contentos?.

-Sí, mucho-asintió Carlos-. Y creo que hablo por todas cuando digo que a partir de ahora va a ser una mujer muy feliz suegra. Aquí se sentirá como en casa.
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