Degeneración Veraniega de un Matrimonio

Little Malaya

Virgen
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¡Saludos! Este relato es un pequeño experimento para mí, de principio a fin. Contiene infidelidad y dominación, un poco de incesto y una pizca fantasía científica (porque forma parte de una saga más amplia llamada "Las Voces y las Trampas" de la que ya he publicado como un 8% entre cuentos y novelas), y un tono bizarro que va (si me sale bien) aterrizando poco a poco y cambiando para servir de puerta de entrada a la saga. Dentro de la misma, es la segunda parte de la trilogía "El Vecindario", de la que ya se publicó "Mi hermana quiere vivir con nosotros", la primera entrega.

Espero que os guste :)
 
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Little Malaya

Virgen
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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (1 y 2)


1

Llegan​


El sol cae casi en línea recta sobre la piscina comunitaria, haciendo brillar el agua. Jose se rasca la recortada barba sentado en una tumbona con una cerveza fría en la mano. El aire limpio huele a agua clorada, algo de crema solar y al césped recién regado que rodea el rectángulo azul entre dúplex, jardines y otras zonas comunes.

Desde las ventanas de los pisos altos, las cortinas se mueven a veces. Las hijas de Jose, Sofía, de 7 años y Lucía, de 9, chapotean en el agua, gritando y salpicando. En la piscina sólo están él y su familia, con las niñas, su mujer y su cuñada. Jose cree que el día pinta como un Sábado perfecto de finales de Julio y, mirando a sus hijas, siente que, a sus 38 años, se ha pasado el videojuego de la vida. Levanta la vista tras las gafas de sol cuando la puerta de hierro chirría levemente.

Sus vecinos, María, Gloria y Adrián están llegando a la piscina. María va delante: 30 años, apenas 1,55. Camina muy erguida, con pasos cortos sobre el césped. Cada vez que la ve recuerda una frase de su mujer: “esa chica anda extraño, como un fantasma; parece que las piernas le cuelgan de la cadera. Y el cerdo de su marido igual…”. La piel blanca de María parece brillas bajo el sol, y el pelo negro azabache le cae recto por la espalda. Tras las gafas de sol, los ojos muy abiertos de Jose escanean a su vecina. Lleva un bikini de hilo blanco, con triángulos minúsculos que se tensan sobre las tetas, apenas cubriendo pezón, areola y poco más. Tiene que tragar saliva cuando se da cuenta de que el tanga básicamente es un hilo de tela que deja ver los labios de su coño a ambos lados, y sus ojos se desenfocan tras las gafas de sol cuando concentra su atención en la reacción de su mujer, seguro de que ya se ha dado cuenta.

Desde la tumbona contigua, Elena, observa también al trío de recién llegados y comenta en voz baja:

— Ese bikini es más para enseñar lo justo sin que te multen que para bañarse.

“Qué tetas tiene, joder… Y viene literalmente enseñando el coño”, piensa Jose, mientras se ríe entre dientes y asiente a las palabras de su mujer, intentando aparentar calma y completa alineación con su reacción. Da un trago a su cerveza y gira levemente su cabeza en la dirección opuesta a los recién llegados, mientras María deja caer una bolsa de playa en las primeras tumbonas de la solitaria piscina, se quita las gafas de sol y mira en la dirección de Jose y Elena, sonriendo, agitando el brazo para saludar con la mano y casi gritando “Holaa!”.

Su hermana Gloria va tras ella. 18 recién cumplidos, rubia, media melenita y pelo ondulado. Se agacha a sacar una toalla con el mismo bikini micro que María, pero de color blanco. Jose ve su culo temblando al incorporarse, pero las imágenes de una noche reciente se le sobreimpresionan.

Hace menos de una semana, Jose estaba acabando de configurar un servidor web a las tres y pico de la mañana. Para despejarse, salió a fumar a la terraza del piso bajo, elevada un metro y medio sobre el nivel de la calle. Además, a escondidas de su mujer es un habitual de la webcam de su vecina, y sabe que esa noche no está emitiendo. Si fuese así, se despejaría vaciándose los huevos en la webcam de “Little Malaya”.

Cuando Jose sale a la terraza siempre mira al otro lado de la manzana, dos casas más allá. Hoy no era la excepción, pero la mirada atenta y repetida obtuvo esa noche un gran premio. Ahí estaba su vecina María, “Little Malaya”, asomada también a la calle. Con el mismo bikini que lleva ahora en la piscina, o parecido. Apoyada en la barandilla, sus tetas se aplastaban contra sus brazos, y Jose no pudo evitar quedarse embobado mirándolas.

Estuvo minutos disfrutando de mirar las tetas de su vecina, hasta que el premio subió, y María empezó a dar pequeños saltitos, haciendo botar sus tetas. Jose estaba tentado de sacarse la polla protegido por la pareta y empezar a pajarse mirándola. Pero, cuando María lanzó un beso a su derecha, al lado contrario al de su vecino mirón, se quedó petrificado.

Una chica completamente desnuda cruzaba el paso de peatones, iluminada por las luces de un coche. Llevaba una sandalias y un bolsito, pero absolutamente nada más. Sus tetas eran grandes, su pelo rubio, y sus caderas pronunciadas se contoneaban de manera obscena. Fue acercándose por la calle salón, y Jose no pudo ni pensar en apartar la mirada.

La muchacha llega hasta la puerta de María y consigue reconocerla. Gloria, la hermana de la vecina, que anda mucho por allí. Y a veces por la piscina. Ha venido andando hasta casa de su hermana, completamente desnuda. Cuando llama al timbre, el ángulo obliga a Jose a asomar la cabeza para continuar viéndola.

Y Gloria se dio cuenta. Y se giró levemente, mirándolo. Al ver sus dos gloriosas tetas con la iluminación excelente de la puerta del adosado se maldijo por no haber traído el móvil. Quien le abrió la puerta a la chiquilla no fue su hermana, sino Adrián, el marido. María miraba en dirección a su hermana, subiendo las escaleras completamente desnuda.

Algo ocurría, porque la puerta no se cerraba y María miraba a la puerta de su casa como si Gloria se hubiese quedado allí. Jose no podía ver tan adentro desde su posición, así que se dio la vuelta y entró a su casa, subiendo las escaleras hasta su ático, para asomarse a la terraza superior, desde la que sí se veía la puerta de casa de Adrián y María.

Y ahí estaba Gloria, arrodillada, mientras su cuñado le follaba la boca. Tomándose su tiempo. La chiquilla, completamente desnuda, a la vista de todos los vecinos, con las manos a la espalda, recibiendo una follada de boca monumental durante un tiempo que, para Jose, fue más que suficiente. Le dio tiempo a masturbarse dos veces antes de que Adrián agarrase la cabeza de Gloria y temblase corriéndose en su boca.

María hizo palmas. Y, obviamente, Jose no podía olvidar algo semejante.

Así que ahora, mirando el culo de Gloria, sólo se pregunta si no sólo se la folla su cuñado, sino también su propia hermana. La polla le tira bajo el bañador, y él se quita las gafas para que su mujer pueda comprobar que ahora está mirando a las niñas bañarse, y no está recreándose en las vecinas.

Adrián viene último. Cuarenta y tantos años, no llega a 1,70. Jose siempre ha imaginado que algo en él debe explicar la situación. Quizá es el marido y productor, simplemente. Eso podría explicar las chicas que pasan por esa casa, pero no lo de la hermana. Lo ha visto emitiendo con Malaya alguna vez, pero, aunque la herramienta es considerable, no cree que eso lo justifique. Lleva el pelo largo, recogido en una cola y rapado por los lados. Tatuajes en los hombros descubiertos con una camiseta negra sin mangas. A Jose le parece un vulgar pintas y un fantoche, aunque no es mal vecino y resulta de trato amable. Se sienta en silencio y saluda en dirección a Jose y Elena. Parece quedarse mirando a Elena y después a Jose. Sonriendo.

Jose vuelve a ponerse las gafas y se recuesta en la tumbona. Elena, su mujer, tiene 36 años y buenas curvas. Un gran culo, buenas tetas, algo rellenita. El pelo castaño desordenadamente cogido por una pinza se mueve, mojado, mientras sus ojos saltan de las niñas a María, luego a Adrián, luego a Gloria y de nuevo a las niñas. Jose la ve cruzar los brazos y continúa vigilante. En cuanto aparecen los vecinos empieza a preocuparse por el estado de ánimo de su esposa.

Y más ahora, que María empieza a acercarse a su posición.

Elena controla, como siempre, su enfado. María se acerca a Jose enseñando el coño y moviendo el culo de un lado a otro, consciente de su efecto. También sale de vez en cuando así, semidesnuda, a atender repartidores (Elena supone que para hacer vídeos provocativos). Tanto María como Adrián salen desnudos a su patio de luces, donde tienen la lavadora, la secadora y el calentador. Varios vecinos pueden verles perfectamente, y obviamente no les importa. Follan a voz en grito sólos y acompañados en su terraza superior, donde tienen el jacuzzi. Una vez Elena fue a comer con su amiga Carla, vecina del edificio que hay frente a sus adosados. Y les vio follando en el jacuzzi. De hecho, estaban los tres: la pareja y la hermana de María, Gloria, que ahora al parecer vive con ellos. Y las vio comiéndose la boca en torno a la polla de Adrián. Aunque no se lo ha reconocido a Jose, Elena observaba desde su dormitorio, con las luces apagadas, a su marido espiando a la vecina. Lo hacía a menudo, y también el día en que apareció la hermana en pelotas y se pusieron a dar el espectáculo en la puerta. Elena creía, íntimamente, que obligaron a la pobre chiquilla a hacer eso de alguna manera. Y vio cómo el cerdo de Adrián la cogía de la cabeza y gruñía mientras la hacía tragar. Les odia a ambos, pero sobre todo a él. Han pasado los años y Elena no sólo no se acostumbra, sino que se siente más y más cabreada a cada espectáculo bochornoso.


— ¡Hola, vecinos! — dice María, parándose frente a ellos con el ínfimo bikini de hilos estirado brutalmente, los pezones tan marcados que Jose y Elena creen poder ver no sólo el contorno de la areola, sino también los diminutos puntitos de su superficie.

— ¡Hola! — responde Elena tratando de resultar amable. Jose nota su mirada subir por María, detenerse en el bikini y saltar a su espalda, a Adrián y Gloria, escaneando el efecto de su saludo.

— Qué calor, ¿no? — dice María.

Gloria, a su espalda, les sonríe atusándose el pelo y haciendo botar sus tetas, que, si cabe, tensionan más aún el bikini que las de María. Jose encuentra, de repente, los ojos de Gloria clavados en él mientras saca un bote de crema solar. Se alegra de haberse vuelto a poner las gafas.

— Para eso está la piscina, que no viene nunca nadie. Venimos sólo nosotros aquí a pasar tardes… Vosotros, y los vecinos del final, Laura y Martín. Creo que no he visto nunca a nadie más. — dijo Jose.

— Que guay, que privado —dice María.

Adrián sonríe, recostándose en la tumbona.

Elena se levanta, acto seguido, ajustándose el bañador y tratando de disimular su incomodidad dirigiéndose a sus hijas.

— ¡Nenas, dejad de correr por el borde!

María, entretanto, se dirige a la piscina, y comienza a rodearla andando. Los ojos de Jose, protegidos por las gafas, siguen el culo de la vecina, pero su cabeza se mueve en dirección a su mujer.

Trata de controlar el movimiento de su mujer gracias a su visión global, pero esta acaba captando otra información. Gloria continúa clavándole los ojos y sonriendo.


2


El sol cae en línea recta sobre la piscina comunitaria, intensificando el calor, haciendo brillar los cuerpos y marcando las sombras tanto como las corta. Antes de levantarse de la tumbona, Jose se dirige a sus hijas, que saltan al agua y vuelven a salir para lanzarse desde un punto distinto.

— Niñaaas! ¿Queréis agua? Lleváis un rato sin tomar nada.

Y mientras se dirige a ellas, caminando despacio, sus ojos viajan a la izquierda, unos metros más allá de las niñas, a la esquina de la piscina en la que María se moja los pies, sonriendo mientras observa a su hermana y su marido en las tumbonas.

María tiene las piernas abiertas y los brazos apoyados a ambos lados de sus muslos. Su coño está básicamente expuesto a todos los presentes, tapado únicamente por una línea de perlas que brillan entre los labios vaginales. Jose observa desde su coño hasta sus tetas mientras María, sonriendo al darse cuenta, coge un poco de agua y se lo hecha por el cuello y en las tetas, haciendo más transparente aún el bañador.

Jose se ha parado en el lado opuesto de la piscina al que ocupan sus hijas y María, dejando atrás a su mujer. Pone sus brazos en jarras e insiste a las niñas en que vengan a beber, en un gesto que él considera cuidadosamente elaborado para que parezca que se dirige a ellas mientras observa a María a placer.

En ese momento, escucha la voz de su mujer en una expresión de claro desagrado por el descaro de la vecina.

— Pff! Joder…

María sonríe a Jose y a las niñas, y mira a Elena mientras se levanta, muy despacio, y tira de las del tanga hacia arriba.
Elena la mira y mira hacia su marido, intentando comprobar si hay alguna reacción de incomodidad. Ya los conoces suficiente como para saber que no, pero aún así lo hace. Mira a su marido con las cejas levantadas y saca de la nevera dos pequeñas botellas de agua.

La esposa de Jose se recoloca el bikini y lo estira observando cómo María pasea por el borde de la piscina dirigiéndose a sus tumbonas. Adrián está recostado boca arriba con los brazos cruzados tras la cabeza y los ojos cerrados. Gloria, tumbada boca abajo, sonríe al ver venir a su hermana y mete la mano en la bolsa de playa que hay junto a ella.

Jose escucha un “clac” a su espalda que le hace girarse hacia su mujer para mantener las formas, mientras piensa cómo sentarse para poder observar a las vecinas si ese sonido es lo que cree: un bote de crema solar abriéndose.

Cuando María llega a las tumbonas se sienta pegada al culo de Gloria, y, mientras coge el bote de crema que esta alarga hacia atrás, apoyándolo en su culo, se asegura de tener la atención de la audiencia y dar a Jose una excusa para mirarlas tranquilamente.

— Elena… — dice, con voz bien proyectada para no tener que gritar mientras calienta entre sus manos la crema, apretando sus tetas una contra la otra — ¿Te vas a venir a comer algún día con nosotras? ¡Te has quedado con ganas ya dos veces!

— Hija, no sé, me tienen absorbida las pequeñas arpías todo el tiempo que no estoy trabajando.

— Uuu… ¡que vergüenza, Jose! Trabajas en casa y es tu mujer la que tiene que hacerlo todo.

Jose sonríe incómodo mientras María, dirigiéndose a él, posa sus manos directamente sobre el culo de su hermana, expandiendo la crema, para después continuar hacia sus muslos.

Elena observa la leve sonrisa ladeada del cerdo de su vecino, tumbado boca arriba, con los ojos cerrados pero, a buen seguro, perfectamente atento a lo que ocurre.

— Bueno nena, tú cuando tengas un rato te vienes con nosotras y te ponemos un festín.

El generoso culo de Gloria y sus muslos, masajeados lentamente por su hermana, hacen que Jose no pueda separar la vista por unos segundos.

— Eh, que Adrián dice que él no hace nada, no os metáis conmigo.

Elena, atenta, ve la sonrisa de Adrián y cómo, por toda respuesta, niega con la cabeza, sin abrir los ojos, hasta que María interviene.

— Este se cree que la lavadora es un monstruo y hay que protegerle. Termina de trabajar y se sienta en el sofá a que las señoras atiendan su polla. Menos mal que vienen a limpiar.

Y diciendo esto, mete la mano entre los muslos de su hermana, llegando con claridad a su coño y sacándole una risita nerviosa.

“Esto no es normal, joder”, piensa Jose.

María se gira levemente en el borde de la tumbona, echa más crema en sus manos y se la unta en los brazos. El líquido gotea levemente, cayendo un poco sobre las tetas cuando pasa por sus hombros. Después, toca directamente sus pechos, cubriendo de nuevo el pezón tras pasar la mano, primero una, luego la otra.

Elena mira a su marido mientras María se tumba y Gloria se levanta, cogiendo ella la crema para calentarla y dirigiéndose directamente a los muslos de su hermana. Jose desvía la cabeza hacia las niñas y su esposa suelta una risita burlona ante un gesto nervioso que entiende perfectamente. Gloria está untando la barriga de María y sus muslos, acariciando los labios del coño de su hermana a cada pasada y sacándole suspiros, hasta que resopla fuerte y le da un manotazo suave en la mano diciendo “Para, guarra, que soy tu hermana”.

Elena abre un libro, intentando abstraerse y pensando que quizá, sin su atención, el juego de las vecinas disminuya de intensidad. Está claro que les gusta el espectáculo también fuera de la webcam. Vuelve a preguntarse, como tantas veces, si realmente tendrán una relación incestuosa o son simplemente guarras que disfrutan de calentar a su marido.

Unos minutos después, María está en el agua, a veces continuando la exhibición y a veces charlando inocentemente con Sofía y Lucía, las niñas. Elena saca los ojos del libro por momentos, observando los avances de su marido, que se vuelve especialmente atento a las niñas en cuanto estas empiezan a jugar al pilla pilla en el agua con María.

La algarabía aumenta y Elena apoya el libro sobre sus tetas para observar. Y comprueba que el juego continúa. Su marido, el imbécil, está observando justo cuando un movimiento de la refriega hace que los mínimos triángulos del bikini de María se salgan de su posición, mostrando las tetas mojadas y saltarinas a Jose con toda la intención.

Elena empieza a resoplar cuando, en las tumbonas, observa un movimiento. Gloria y su culo surcado por un hilo está tumbada de costado en la tumbona de su cuñado, inclinada sobre él, con la cabeza pegada a su barriga y el brazo sobre su bañador. Jose está muy ocupado babeando a la vecina que juega a exhibirse con la excusa de juegos infantiles, y no se da cuenta de lo que pasa a su espalda.

Gloria mete una mano bajo el bañador negro de Adrián y la polla de Adrián salta dentro del bañador. Elena lleva sus ojos hasta comprobar que las niñas no pueden verlo desde esa distancia y ángulo.

“Vale, ahora a sobarle los huevos al chulo de putas delante de todo el mundo”

Pero en pocos segundos el bulto crece del todo, Gloria se asoma a la piscina y sonríe, antes de bajar el bañador y engullir el capullo enorme de Adrián, con los ojos cerrados. Sigue tragando hasta encontrarse con el bañador y lo vuelve a bajar, mostrando un camino que a Elena le parece interminable, y recolocando su cabeza para tragar una polla enorme y gorda. El bañador acaba bajo unos huevos gordos que Gloria atrapa con la mano una vez ha engullido el monstruo completo.

Adrián empuja la cabeza de Gloria contra su polla, gruñendo y entreabriendo los ojos para mirar a Elena, que no se da cuenta de que María ha ido andando hasta alcanzar a su marido y, recolocándose los triángulos sobre los pezones, le susurra.

— Si me quieres follar tendrás que hacer algún esfuerzo.



Continuará
 
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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (3)

..............................

Mientras las sombras se alargan un poco en la piscina comunitaria, Jose está de pie en el borde, mirando a María con ojos como platos. Sigue de espaldas a su mujer, así que no piensa en tapar su erección al escuchar a María provocarle mientras se recoloca los triángulos sobre los pezones.

— Si me quieres follar, tendrás que hacer algún esfuerzo.

A la espalda de María, las hijas de José y Elena chapotean en el agua, soltando grititos agudos en los que José no consigue distinguir palabras. La calle cercana deja algún ruido de fondo de coches, pero son los gritos de sus hijas los que le dan la esperanza de que su esposa no haya escuchado lo que le acaba de decir la vecina.

Trata de mantener la compostura y mira a María de arriba abajo. En particular, a los labios de su coño, perfectamente visibles a ambos lados de la fina tira de perlas que es el tanga de ese bañador pornográfico. María se chupa los labios y José mueve la cabeza para que, desde atrás, su mujer perciba que está ojeando a las niñas más allá del cuerpo de la vecina.

Elena, con las gafas de sol puestas y el libro sobre sus tetas, recostada en la tumbona, no percibe el movimiento. Afina el oído para distinguir el sonido que Gloria, la joven vecina, hace al engullir la polla de su cuñado en las tumbonas cercanas. Es un sonido porcino, mojado y cortante, el de un capullo tocando una garganta con ganas de tragar.

Gloria entreabre los ojos para mirar a Elena y comprobar que les está mirando, mientras Adrián empuja su cabeza contra su polla.

María sí ve a su hermana tragando el nabo de su marido. Sabiendo que Elena está despistada, levanta la mano para acariciar el pecho de Jose mientras continúa andando hasta sobrepasarlo y dirigirse a su mujer.

— ¡Nena! ¿Te ha dado hambre?

Elena sonríe, mira a María acercarse y no repara en su marido, que se gira para mirar cómo se contonean las nalgas de la vecina.

— Qué va, he almorzado. ¿Por qué?
— He pensado traerme aquí cosas para compartir, nada más. Y estás guapísima, que lo sepas.

Acto seguido, se dirige a su tumbona. Elena observa su culo mientras se acerca a su marido y su hermana. La polla de Adrián vuelve a estar dentro del bañador, pero la mano de Gloria está también dentro, moviéndose claramente en sus huevos, entrando a través de la pernera.

— ¡Mira la guarra, siempre enganchada al chupete! —le dice María, con una sonrisa, a su hermana pequeña. Gloria sonríe y se dirige a los vecinos, con la cabeza apoyada en el bulto del pantalón de su cuñado.

— ¿Os importa a vosotros?

Jose no responde, y Elena, maquinalmente, sonríe:

— No te preocupes, las niñas están a lo suyo — Y no sabe por qué ha dicho eso, en lugar de protestar.

El sol trepaba más alto en el cielo, alargando las sombras en la piscina mientras Jose se deleitaba con el espectáculo: las tetas de María rebotando ligeramente con cada movimiento, los pezones endurecidos bajo los triángulos del bikini, y Gloria lamiendo descaradamente el cuello de Adrián. A Elena, tumbada en su hamaca, todo le parecía cada vez más absurdo, una comedia grotesca.

Se levantó de la tumbona, ajustándose las gafas de sol, y llamó a las niñas con voz firme pero cariñosa.

— Venga, chicas, hora de ir a casa. Salid del agua ya.

Las pequeñas protestaron con grititos, chapoteando un último rato antes de obedecer. Elena las envolvió en toallas grandes, secándolas con movimientos eficientes y tratando de concentrarse plenamente en lo que estaba haciendo. “Id directas a casa, que está vuestra tía", les dijo, besándolas en la frente. Mientras tanto, Jose decidió refrescarse. Se zambulló en la piscina con un chapoteo limpio, y bucear un poco bajo el agua fría calmó su erección y su cabeza.

En cuanto las niñas desaparecieron por la puerta de la piscina, Gloria se incorporó de la tumbona con una sonrisa pícara, con el mínimo bikini siempre aparentando estar a punto de reventar, sin poder contener sus formas juveniles. Sin decir palabra, corrió hacia el borde de la piscina y se lanzó de cabeza. Emergió segundos después, sacudiendo la cabeza para salpicar gotas en todas direcciones.

María, viendo que Gloria había soltado la polla de Adrián con un último lametón juguetón, no perdió tiempo. Su mano se deslizó bajo el bañador de su marido, agarrando con firmeza el miembro aún duro, masajeándolo con movimientos lentos y expertos. Al mismo tiempo, giró la cabeza hacia Elena con una sonrisa inocente, como si nada pasara. "¿Y tú, Elena? ¿Tenéis planes para hoy o mañana?" preguntó, con la voz más casual que pudo utilizar, para aumentar el contraste con lo que estaba haciendo su mano.

Elena, a pesar de la sorpresa, aceptó la charla para no parecer grosera.

— Pues nada especial, quizás una siesta o ver una peli con las niñas. — dijo, forzando una risa ligera mientras intentaba ignorar el movimiento sutil bajo el bañador de Adrián. Jose, aún en el agua, se acercó nadando al borde de la piscina y se apoyó en él con los brazos cruzados.

— Pues sí, algo tranquilo que llevo toda la semana montando servidores y estoy reventado. — intervino, con la voz levemente ronca, tratando de unirse a la conversación sin delatar que su mirada se desviaba constantemente hacia el tanga de perlas de María.

Gloria, emergiendo del agua con sigilo, se acercó por detrás a José mientras Elena estaba distraída charlando con María. Pegó sus tetas húmedas y firmes contra la espalda del informático y su aliento rozó la oreja de él al susurrar:

— Si quieres follarte a mi hermana, ven esta noche solo a la piscina.

José tragó saliva con dificultad mientras su polla se endurecía de inmediato bajo el agua. Gloria se apartó con una risita baja y salió de la piscina, chorreando agua mientras volvía a su tumbona.

María, aún con la mano ocupada, miró a Elena con ojos juguetones.

— ¿Te importa si me quito la parte de arriba? El sol está pegando fuerte y quiero broncearme un poco más.

Elena, ruborizándose ligeramente pero queriendo parecer abierta, encogió los hombros.

— Claro, no hay problema, haz lo que quieras — respondió, aunque internamente se preguntaba por qué demonios continuaba hablando siquiera con amabilidad.

María se giró de costado en su tumbona, desatando los lazos del bikini con un movimiento fluido, dejando que sus tetas quedaran expuestas al sol. Mientras continuaban charlando sobre banalidades veraniegas, Elena no pudo evitar notar cómo la cabeza de Gloria subía y bajaba rítmicamente detrás de su hermana, engullendo de nuevo la polla de Adrián. Jose trataba de aparentar normalidad clavando los ojos en las tetas de María.

El sonido porcino de la mamada aumentó, un chapoteo mojado y gutural, cortado por los golpes del capullo de Adrián en la garganta de su cuñada.

— Oummm… ounggg… ggunnggg… ummm…

María miraba de vez en cuando hacia atrás y sonreía. Jose, hipnotizado con sus tetas desnudas, no era capaz de controlar su mirada fija y hambrienta. “Te estás follando con los ojos a la vecina en mi puta cara, eres un cerdo patético y ridículo”, pensó su mujer.

— Ugnng, glugg.. glglgoCc… unggg…

Adrián incorporó levemente el torso con un brazo. Su rostro alterado, en una mueca que parecía de ira, resultó visible para Jose y Elena, mientras que solo la coronilla de la cabeza de Gloria no emergía tras el culo de su hermana María.

— Gocc oglogg…

“Se está corriendo en la boca de su cuñada detrás de su mujer y en nuestra puta cara, el chulo de putas asqueroso”, se dijo Elena.

María guardó silencio mientras apretaba sus muslos con fuerza, escuchando cómo los grititos de su hermana tragando polla se hacían más intensos y cómo Adrián gruñía.

Tanto Jose como Elena vieron, cuando María giró la cabeza hacia abajo en la tumbona y apoyó su frente en la toalla, cómo su coño palpitaba contra las perlas mientras se corría sin tocarse. Vieron el flujo salir por su entrepierna y resbalar por su muslo hasta la tumbona.

— Ufff… —suspiró María. Y, dirigiéndose a Jose y Elena, mientras el “glug” de su hermana tragando no se había detenido del todo, añadió — Gracias por mirarme el coño. Me pone muy cachonda.

Y ni Elena ni Jose fueron capaces de decir nada.




..


La casa está en silencio, las niñas duermen en su cuarto y el aire acondicionado zumba en el salón.

Elena está sentada en el sofá, en pijama, mirando fijamente a una botella de agua vacía en la mesita. José pasa por el salón desde la cocina con las llaves tintineando en la mano.

— Ehm.. voy a correr un rato —dice, con una sonrisa que a Elena le parece un mal trabajo de disimulo.

Elena suspira y levanta las cejas, con los ojos entrecerrados mirando la puerta cerrarse. Sabe a dónde va. María lo está esperando en su casa o en algún sitio. Una zorra espectacular jugando con él como con un playmobil. Cuando está sola, Elena habla a la puerta en voz alta.

— Como no puedes ir directamente a su puerta, porque se ve desde aquí, tendrás que entrar por el garaje, que encima es común, pero es menos probable que yo salga y te vea. Si es que eres tonto, coño.

Se levanta, cierra los ojos y respira hondo. Gira hacia las escaleras y se dirige al piso superior, al baño de su dormitorio, hablando en un tono más bajo para que sus hijas no la escuchen desde sus habitaciones.

— Además, ni siquiera te la vas a follar tú, te va a follar ella. O igual te folla hasta el marido.

Llega a su dormitorio y mira por la ventana.

— Porque con la distancia que hay entre el chulo de putas y tú, le tienes que parecer prácticamente una mujer más. Pringao.

Elena entra al baño, se quita el pijama y se mira al espejo.

— Me sobran lo menos 10 kilos, pero por lo menos… hay buena parte en las tetas.

Entra en la ducha, abre el agua caliente y se recrea en la temperatura y el vapor a su alrededor. Levanta la cabeza para que el chorro le dé la boca y en el pecho, intentando sentir cómo se desliza por sus curvas hasta su coño.

Y ahí, a su coño, bajan sus manos cuando se apoya en la pared. Los dedos se abren paso entre los labios mojados y se permite hablar más alto que antes, protegida por dos paredes, dos puerta y el sonido del agua.

— Puto cabrón… zorra… me está poniendo los cuernos con dos putas…

El cuerpo le arde y empieza a meterse los dedos rápidamente. Se hace daño cuando la palma le golpea el clítoris. En su cabeza aparece María corriéndose para que la vean, con el sonido de fondo de la garganta de la puta de su hermana comiéndole la polla a su marido. La polla gorda de un cerdo chulo de putas y un asqueroso, gruñendo y sujetándole la cabeza a la pobre chiquilla, que es prácticamente una niña. Le sujetaba la cabeza con las dos manos y ella gruñía tragando leche.

Se ve a si misma en la piscina, con el agua hasta la cintura y el sol del atardecer tiñendo el agua. Adrián la agarra por el pelo, se da la vuelta y, sin mirarla, la saca del agua a tirones, con el cuerpo chorreando agua, las tetas temblándole al salir, los pezones endurecidos por el frío y chilla para pedir que la deje. Pero no le hace caso, la arrastra hasta la tumbona y se sienta, tirando de su cabeza como si fuese un bolso, y Elena cae de rodillas. Se saca la polla y le suelta el pelo para meterle los dos pulgares en la boca y abrírsela, dirigiendo él su cabeza hasta su capullo como si fuese un cojín o un melón con un agujero para meterla. El sabor salado se le pega en la lengua mientras él le clava los dedos en la nuca y le abre la boca con las manos. La polla entra en su garganta y no puede gritar, sólo suena como la puta de la niñata, Gloria, como una cerda tragando, ounggg, ouññggg, gluñgj…

Ella gime, sus manos se crispan en el aire, el cuerpo le tiembla mientras se levanta, la empuja contra la tumbona y se baja los pantalones del todo para cogerla de la nuca y la coronilla. Y le empuja la polla en la garganta mientras las babas caen por sus tetas gordas hasta su coño Empuja y empuja, gruñendo, con el labio superior levantado contra la nariz, como si la odiase y la quisiera matar a pollazos.

Mientras esas imágenes la invaden, Elena se masturba violentamente, pero en silencio, azotándose las tetas y la cara con una mano. Coge el teléfono de la ducha y se lo lleva a la boca. Después al coño. Y entonces vuelve a hablar en voz alta.

— Traga puta, traga… puta asquerosa.. gorda puta cornuda…

Repite en voz alta, cada vez a más volumen y entre gemidos, lo que Adrián le dice en su cabeza mientras la empuja contra el borde de la piscina a pollazos.

— Traga, puta, puta, puta maltratada cornuda gorda puta, traga…

Se atraganta, la saliva le chorrea hasta el suelo, hasta que Adrián la tumba boca abajo en la piscina, el vientre en el borde, las tetas colgando contra el agua. La agarra del pelo y estira de su cabeza hacia atrás mientras le arranca las bragas mojadas de baba.

El suelo le araña las rodillas mientras él le mete la polla por el culo de un golpe. El dolor es inmenso.

— Calla gorda puta, cornuda de mierda…

Elena se lleva el teléfono de la ducha a la cara mientras se azota el coño, y en su cabeza, Adrián le rompe el culo mientras, para callar sus gritos, le mete la cabeza en el agua. Ella chilla de dolor vaciando sus pulmones mientras se corre.


Continuará.
 
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Little Malaya

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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (4)


La luna cuelga alta sobre la piscina comunitaria y un resplandor plateado corta el agua, negra y demasiado quieta. Jose camina por el césped y se arrepiente de haber entrado descalzo en el recinto de la piscina, dejando las zapatillas deportivas a la entrada. Es medianoche y el silencio sólo lo rompe el zumbido de las luces y un grillo lejano. Ni siquiera alcanza a escuchar la carretera. La quietud, una de las ventajas de la urbanización, ahora le produce escalofríos.

Pero la excitación es mayor, y las palabras le queman en la cabeza: “Si quieres follarte a mi hermana, ven esta noche sólo a la piscina”. Sólo.

Ha dejado a Elena en casa para salir a correr, y no sabe si esto es una trampa o un sueño, pero siente que su polla va a explotar. “Estoy zumbado por venir aquí”, piensa, mientras los pasos se le hacen pesados y el pecho le aprieta. “Elena se va a dar cuenta, va a venir y me va a ver”. Llega al borde de la piscina y para en seco, con un nudo en la garganta y la polla latiéndole con demasiada fuerza.

Al otro lado, María y Gloria están de rodillas en el césped, delante de Adrián, de pie y con las piernas ligeramente abiertas. No lleva pantalones. Sus huevos están en la boca de Gloria, y la cabeza de María tapa casi por completo la polla de su marido.

El estriado ventral de Jose chillaba pidiendo atención para los culos, pero la amígdala pronto hizo caso al área fusiforme y buscó, en la penumbra, inspeccionar la cara de su peligroso vecino. Comenzó a girar por la orilla de la piscina hacia ellos observando el rostro semioculto tras el humo del cigarrillo. Adrián le estaba mirando, y sonreía. Y Jose, considerándolo una validación, empezó a andar hacia ellos girando alrededor de la piscina.

Las dos hermanas alternan como un equipo. María saca un poco de rabo de su boca y Gloria lanza su lengua hacia la base, succionando ruidosamete el tronco. María agarra los huevos de su marido y los masajea, mientras Gloria busca con sus manos los culos de su hermana y su cuñado. María saca la polla de su boca para llevar su mano izquierda sobre el capullo, masajeando en círculos, para luego golpear la cara de su hermana con él. Al ver su rabo enfilado hacia su cuñada, Adrián la coge de la cabeza y la atrae violentamente para que trague el trancazo, GggoCCcjj…. Y su hermana corre a dar un lametón desde la cara de Gloria hasta los huevos de su marido, volviendo a atraparlos y succionar…

Y entonces Jose se da cuenta de que debería, estando cada vez más cerca, volver a chequear la sonrisa de Adrián. Él le sonríe con los dos lados de la cara, y Jose se da cuenta de que nunca le ha visto reír con los dos lados de la cara. Le da un aspecto amable, y Jose se siente reconfortado. No puede evitar sonreírle de vuelta.

Y cuando está a pocos metros, el coño de María parece brillar, haciendo círculos mientras ella chupa los huevos con ansia. Agarra el culo de Adrián mientras agarra el coño de su hermana. La polla de Jose late con fuerza y él no sabe qué hacer. Su vecina lo saca de sus casillas. Ese culo, esa piel clara, y esa cara de zorra. Está aquí, sobre todo, por ella.

El gorgojeo de la garganta de Gloria se detiene cuando saca el rabo de su garganta y escupe en él, restregando su cara por el tronco y girándose para ver venir a Jose. Más carnosa que su hermana pero aún delgada, a su vecino le parece que sus enormes bufas son aún más grandes de lo normal. No hace mucho tiempo, Jose la vio llegar desnuda a la casa de su hermana y arrodillarse en la puerta, a la vista de todos los vecinos, para que su cuñado le follase la boca.

Jose se pregunta qué hace a esas horas dejando a su mujer en casa para venir a follarse a la vecina. Y se responde que, probablemente, sólo ha venido a que se rían de él. Es la primera vez que ese pensamiento aparece desde que la niñata lo emplazó hace horas, en la piscina.

Adrián le hace una seña con la mano para que se acerque. Y, aunque mantiene la sonrisa amable, uno de los nuevos embates de su mujer y su cuñada, chupándole cada una un cojón, le sacan un gruñido y le frunce el ceño. Después, señala con el dedo índice el culo de su mujer insistentemente, sin dejar de mirar al vecino.

Jose respira hondo y da un paso adelante.

María y Gloria comienzan a lamer el tronco del rabo hasta encontrarse en el capullo, enroscando sus lenguas en una coreografía perfecta que ahora Jose ve con total claridad. De repente, sin dejar de chupar el glande de su marido y la boca de su hermana, lleva las manos a sus nalgas y se abre con fuerza, mostrando su ojete y abriendo su coño. Sus rodillas giran un poco, sus pies van hacia fuera, y Jose lo entiende, pero no se atreve.

— Tío Jose, coño, que te la folles… — dice Adrián.

Y la respiración excitada de Jose se desata de buena parte de los nervios, para acelerarse mientras se baja el bañador e hinca las rodillas tras María.

Se toma un momento para acariciar su culo perfecto y su polla, ya un mástil doloroso, se dirige al coño mientras él acaricia la espalda de su vecina. La mano izquierda de Gloria viaja al hombro de Jose mientras este coloca su rabo en la raja de María.

Jose respira entrecortado e inclina levemente la cabeza al empalarla. La caricia de la cuñada le hace sentir fuerte y siente las paredes del coño ceder a su verga, mucho más calientes de lo que esperaba. No le cuesta meterla completa, y María gime con el capullo de Adrián en el interior de su mejilla mientras el vecino empieza a percutirla con salvajismo. Su marido la agarra del pelo y la aleja de su polla, momento que Gloria aprovecha para lanzarse a comerle la boca a su hermana mientras su mano derecha agarra la trancaza de su cuñado.

— Dale duro, nene. — Le dice Adrián, mientras suelta el pelo de María, que le mira riendo y con la lengua fuera.

Jose ve cómo Adrián les observa, a él y a su mujer, mientras lleva las dos manos a Gloria. Agarra su pelo y su cuello y avanza con el rabo contra su boca. Un segundo después, Jose no se explica cómo puede haberle metido todo eso de un golpe hasta ahogar el grito de la joven tetona.

Los pollazos de Jose se acompañan de María lanzándole el culo, aunque a él le cuesta acompasarse a lo que su vecina busca, unir la fuerza de las embestidas de él a las suyas propias. Pero lo intenta, mientras Adrián frente a ellos agarra con las dos manazas la cabeza de su cuñada y parece que el cuerpo de la joven cuelga de las embestidas de la polla en su garganta. Casi no hace un ruido, un leve glocgc… Y su culo parece convulsionar. Jose no sabe si por asfixia o por un orgasmo.



Mientras tanto, Elena mira fijamente la puerta de su casa, desde el sofá de su salón. Las gigantescas tetas de Elena botan mientras ella se folla el coño violentamente con el regalo que María, su vecina, le hizo hace un par de años. Gruñe cada vez que se mete la polla de silicona hecha con el molde del rabo de su vecino Adrián. El pelo mojado gotea sobre su cuerpo hasta que ella, cada pocos segundos, se da un guantazo en la cara, expandiendo el agua por el sofá.

Sus hijas, en el silencio de la noche, pueden escuchar desde sus habitaciones los quejidos, gruñidos y guarradas que salen de la boca de su madre, aunque sólo podrían entenderlos con claridad si saliesen al pasillo central, y no correrán ese riesgo.

— ¡Puta.. gorda cornuda!… Ahfff… Cabróncabróncerrrdo… puta gorda bollera maltratada… tragaputa… uomGGloGjjj…

Saca el pollón de silicona realista y ataca su garganta con su propio sabor mientras empieza a darse azotes en el coño que desparraman la corrida por el asiento del sofá.


Continuará.
 

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José empuja en el coño de María, de rodillas, y ella se lanza con el culo contra su polla intentando acompasar los movimientos. Pero Jose es torpe y, tras seguirse con el empuje cambiado dos veces y perdiendo con ello la penetración, María ruge y lleva su mano hacia atrás. Le araña la espalda para bajar hasta su culo y le aprieta contra ella.

Y entonces José siente algo de lo que sólo había oído hablar. Ninguna de las cinco amantes que tuvo en su vida, contando a su actual esposa, ni de las ocasiones prostitutas, se la ha chupado con el coño. Cuando su vecina lo atrapa, parece estar absorbiéndole. Las paredes de María se cierran sobre él no solo al unísono, sino desde el exterior al interior, succionándole la polla desde dentro. Segura de tener a su presa encepada con el coño, recupera la mano que clavaba los dedos en el culo de su vecino y la lleva bajo su cuerpo para agarrar sus huevos.

Adrián y María llevan su cabeza hacia atrás al unísono, pero sólo María abre la boca

— Aassí puto… aaassí… aahh…

Tratando de aguantar para no correrse mientras las oleadas de mamada vaginal le hacen temer perder el equilibrio, Jose fija la vista al frente, en su vecino machacando la boca de su cuñada.

— GlCcggg… Clcccgg..

El sonido sale de la garganta de Gloria, ahora con las dos manos caídas a los lados. Sólo sus manos parecen vivas, clavándose los dedos en sus propias nalgas. Adrián no la está mirando, sólo mantiene las dos manos en su cabeza mientras empuja en su boca. Jose no puede ahora ver su polla, sólo la espalda de ella y su espectacular culo casi a ras de suelo.

Con la luz disponible, Jose no sabría decir si la joven empieza a correrse o se está meando mientras le revientan la boca a vergazos. Aunque las rodillas de Gloria están en el suelo, su coño manando sigue bajando y parece que todo su tronco cuelgue de la presa que su cuñado ejerce sobre su cabeza. Los empujones mueven todo su tren superior y parecen repetirse en convulsiones del tren inferior.

Y una succión violenta de María le levanta de nuevo la cabeza a Jose, casi forzándolo a ver la expresión de Adrián. Vuelve a tener la mirada chulesca de siempre. Pero no lo mira a él, sino a su mujer. Su vecino en ese momento le parece un gigante, aunque es más bajo que él.

En ese momento, una de las manos del vecino se mueve por la cabeza de su cuñada hasta su nuca, apretándole violentamente contra sí. Gloria que tiene que sostenerse de nuevo, tensa un poco las piernas para ello y lleva las manos a los muslos del hombre para equilibrarse.

María ríe mirando a su marido y Jose empieza a moverse de nuevo contra la succión de María, que aprieta su coño contra la polla del informático y lo mantiene apretado, hasta que a este se le hace difícil la creciente penetración.

— Aaaaasí… aprieta machote… damee… — gime María, provocando a Jose y presionándolo por dentro, mientras su hermana comienza a emitir ruidos de tragada y Adrián espira aire mientras se corre en la garganta de la joven.

— Glogg… glugg... ughogghh... — el sonido hace que Jose casi se corra, y comienza a embestir a María con más fuerza, inclinándose sobre ella.

— Mm… ahh… así… dame… — María clava los codos en el césped y comienza a abrir las piernas, dejándose tumbar por los empujones de Jose en su coño.

Este va inclinándose sobre la espalda de María hasta que tiene que apoyar las manos en el césped y ella extiende la manos hasta apoyar las tetas, abriendo las piernas hasta los cuarenta y cinco grados, dejando espacio para las rodillas de Jose. Y cuando él, siguiéndola hacia abajo de empujón en empujón, se da cuenta de que está completamente tumbada en su torso y abriéndole las piernas como una muñeca, gruñe con los ojos como platos.

— Aufff… dios… joder…

Mira el culo de María debajo de él, apretarse hacia arriba con las embestidas, y la cara de su vecina ladearse sonriendo sobre el césped, gimiendo y sonriendo, mirándolo de reojo.

— Ven… venga puto… dame más fuerte… ahh… puto cornudo…

Jose sigue embistiéndola, mientras frunce el ceño y trata de sacar fuerzas para darle más fuerte. No sabe qué quiere decir, pero no puede parar. De repente, clava la polla todo lo posible en María, como si pudiese pesar más, intentando empujarla a pollazos hacia adelante. Pero se detiene al escuchar el grito de Gloria al caer delante de él.

— Ah!!

La joven tetona ha sido arrojada de un empujón por Adrián contra María en el césped. La ha girado por la cabeza y la ha empujado con el pie en la espalda para arrojarla. La cara de Gloria está empapada y su boca gotea babas y semen mientras, tras haber caído de plano con las manos, los codos y las tetas, gatea acercándose a su hermana.

María sonríe sacando la lengua y Jose empieza bombear en su coño, en golpes más lentos, intentando hacerlo con más fuerza.

“Cornudo, puto cornudo”, piensa. “Me ha llamado cornudo”.


Gloria inclina la cabeza hacia su derecha conforme se acerca a la cara de su hermana, inclinándose para, más que besarla, llevar su lengua a su boca. Y, de repente, Jose está sobre María viendo cómo chupa la lengua de su hermana repleta de babas y semen.

Adrián avanza despacio hacia ellos y comienza a arrodillarse tras Gloria. Cuando hinca la primera rodilla en el césped lanza de inmediato un azote a su culo, y Jose puede sentir cómo ese golpe llega al cuerpo de María, pasando por el culo y la cabeza de su hermana y, a través de un gemido gritado de boca a boca, tomando forma en la espalda de la morena como un espasmo, seguido de la presión casi insoportable de su coño contra el miembro que, más que estarla follando, está ella succionando.

Adrián levanta la mano derecha y, con fuerza, golpea el interior del muslo izquierdo de Gloria, haciendo que esta clave la lengua en la boca de María, aplastando su cabeza contra ella. De nuevo, el manotazo inverso, y María la atrae más aún, ahogando en su boca el grito de su hermana mientras le chupa la lengua como si fuera una polla.

Y mientras Gloria levanta el culo para acomodarlo y abre las piernas a tope, cuando Adrián abre las suyas y clava las manos apuntando el rabo al coño de su cuñada, Jose lo ve bajar sobre ella, y puede ver a contraluz el enorme rabo de su vecino, gordo, venoso y brillante de babas, bajando sobre el contorno iluminado de la raja del culo de la joven tetona, algo más allá de la vecina que se está follando chupando la boca enlefada de su hermana.

Y no aguanta más. Sabe que va a explotar irremediablemente y sale del coño de María para correrse en su culo. Apoya la frente en su espalda y se agarra la polla, gruñendo y pulsándose la base en un intento infructuoso por detener la eyaculación.

— ¿Pero qué haces, subnormal??! — María ha soltado la boca de su hermana para girarse hacia Jose, con la cabeza apoyada tras su nuca.

En ese preciso instante, en casa de Jose, en la esquina de su sótano, detrás del coche, Elena está acurrucada de costado en posición fetal. Tiene metido en el culo un plug del que su marido no sabe nada. En el coño, clavada, la polla de silicona que María le regaló.

Su mejilla izquierda descansa sobre su pelo aún húmedo y sobre el suelo. Lleva un pañuelo atado en la cabeza, tapándole los ojos. En la boca, hechas una bola, unas bragas usadas por ella misma, aunque imagina que el sabor que llena su garganta y sus fosas nasales es el del sudor del coño de María.

Su mano izquierda agarra su pecho derecho, clavándose levemente las uñas, y tira de su pezón hasta que duele. Con la mano derecha, sin mucha fuerza pero procurando la máxima sonoridad, se da bofetadas cada pocos segundos, rítmicamente, mientras continúa insultándose a sí misma en voz baja.
— Puta inútil… ni chupar pollas sabes.. no te lo mereces… guarragorda.. cornuda mierdosa…

Y, aunque lo intenta, no puede evitar sonreír.

Adrián también sonríe mientras entierra el rabo en el culo de su cuñada y cae sobre ella hasta enterrarle el trancazo completo en el ojete. Después de un gruñido de satisfacción, cuando siente sus huevos aplastarse contra Gloria y llegar a la humedad de su coño, se dirige a su mujer, que rebufa blasfemando mientras Jose se levanta tras ella con cara de susto, aún eyaculando sobre su culo.
— No te preocupes… Amor mío. Hay polla suficiente para ti, para tu hermana y para su mujer.



Continuará.
 

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Jose jadeaba de rodillas en el césped, perlado de sudor. Miraba incrédulo el culo lefado de María que, furiosa a cuatro patas, ahora se azotaba el coño desde abajo mientras volvía a comerle la boca a su hermana.

— Aoummm… que boquita de puta tienes, nena… el cornudo este no se la merece oumm…

Jose giraba la cabeza hacia la puerta del recinto de la piscina, como si mirase atrás, a su casa, a su mujer… mientras Adrián seguía, con parsimoniosa brutalidad, clavando el rabo hasta los huevos en el culo de Gloria, que gemía mientras succionaba la lengua de su hermana, glcgg… agghh… María agarró su pelo, sacó su lengua y le escupió dentro de la boca abierta.

— Traga puta, que todavía queda noche. — dijo, restregándole las babas de ambas por la cara y dándole un guantazo. — Y me vas a comer el coño, que al maricón este se le ha caído la leche.

El culo enrojecido de la chiquilla brillaba, húmedo, mientras María soltaba la boca de su hermana y giraba despacio para ponerle el coño en la boca. Su cabeza se volvió así, burlona, hacia Jose.

Le tiró del pelo para levantar su cabeza porque, en los pocos segundos que se volvía

— Al cornudo se le cae la lefa…

Jose no entendía por qué él era el cornudo. Adrián había dado a entender que había también polla para su mujer, pero no que se la hubiera follado ya. Quería pensar que era una bravuconada. Comenzaba a sentir una punzada de celos, mirando a Adrián, ahora que se había corrido. Sin embargo, no pudo seguir pensando cuando María se tendió en el césped boca arriba y su piel blanca brilló, contrastando con todo el entorno, absorbiendo más luz de las farolas que cualquier otro objeto o cuerpo. Miró su coño acercarse a la boca de Gloria, que lo esperaba con la lengua fuera, y volvió hipnotizado por su vientre a sus tetas, recreándose en sus pezones rosados y perfectos.

Gloria plantó los codos en el césped para recibir el conejo de su hermana y empezó a meterle la lengua como un cerdo buscando trufas mientras su cuñado entraba y salía de su ojete.

— Que culo más rico de puta tienes, prima, joder…

Y Gloria gimió al oírlo mientras su hermana le restregaba el coño por la cara y agarraba su cabeza, atrayéndola.

— Ven inútil, ponme el culo en la cara… — Le dijo María a su vecino, sosteniendo en apnea a su hermana, mmmmffff… enterrada en su chocho.

Jose la miró, incrédulo. Cayó en la cuente de que aún no había hablado desde que llegó. Ni una palabra. Sólo había emitido gemidos y gruñidos follándole el coño a María y un estertor al correrse.

— Despierta tío… Aaaahhhh — dijo Adrián, bajando para enterrar el rabo en el culo de su cuñada y apoyando todo su cuerpo en ella hasta resoplarle directamente en el cuello — Cariño, perdónalo, que está pensando en su mujer y en la follada que le voy a pegar… — Jose escuchaba con estupefacción; María, con una sonrisa abierta y la lengua extendida.

— ¡Mejor! Ven aquí idiota… — gritó mirando hacia atrás.

Jose cambió su vista seis veces de foco: de la cara de María a la de Adrián y vuelta a María, pasando por la cabeza de su cuñada, aunque ¿Adrián le había dicho “prima”? No era más raro que lo demás, así que… simplemente obedeció. Anduvo unos pasitos de rodillas hasta acercarse a María lentamente, porque no entendía qué le pedía.

— ¡Que me traigas el culo y los huevos a la boca, coño! Repitió ella.

Jose intentó mantener una expresión apropiada, o al menos no ridícula, mirándola fijamente antes de obedecer. Pero no funcionó. La sonrisa de María se amplió en una carcajada casi muda, en un espasmo pectoral ahogado por su boca abierta y su lengua extendida, mientras alargaba la mano hacia él, atrayendo sus muslos hacia abajo para que su culo y sus huevos llegasen hasta su boca estando tumbada. Porque él no acababa de bajar con confianza.

— Oummmlaaamm…. ggouGgguuu..
— Aahhhh… que marrana eres, amor mío… — Adrián lamió el cuello de su cuñada. Aún no había salido de su culo, y María reaccionó al amoroso cumplido gritando tras atrapar los dos huevos de su vecino con la boca.
— ¡UGGGOGUUGOOGGGG!

Gloría devoraba el coño de su hermana como un cerdo buscando trufas y Jose empezó a soltar estertores mientras María le chupaba el culo y los huevos y llevaba su mano para sobarle la polla, aún flácida.

Llevó su otra mano a la cabeza de Gloria y, sin cuidado, agarró su pelo en un manojo descuidado para apretarla contra sí, haciéndole proferir un gemido de dolor; pero la joven no dejó por un segundo de mover su lengua en el conejo de su hermana emitiendo ahogados sonidos porcinos. Sus tetas se aplastaban contra el césped, enculada e hincada entre las piernas de María, mientras Jose empezaba, de nuevo, a gemir.

Recibía los lametones de María con las piernas abiertas, observando sus tetas y el culo relleno de Gloria. Pero ahora, sobre todo, miraba incrédulo la gorda polla de Adrián respecto al tamaño de la joven… y la expresión en la cara del hombre. Por unos minutos volvía a ser la cara amable, a pesar de los gruñidos y los azotes. Particularmente al bajar sobre su cuñada.

— Has oído bien, eh? Me voy a follar a tu mujer…

Al escucharle, las dos mujeres aumentaron los alaridos ahogados, una por los huevos de Jose y otra por el coño de la primera. Jose no decía nada, sólo intentaba mantener el equilibrio mientras su polla se volvía a poner dura.

— Así le voy a romper el culo… - Y lo dijo al bajar con fuerza contra Gloria, que gritó de dolor, de nuevo sin parar de dar lengüetazos.

Cuando Jose empezaba a tenerla dura de nuevo, María le hincó la lengua en el ojete y le apretó las pelotas con fuerza. Jose no había acabado de soltar un largo quejido cuando su vecina abandonó la tarea y le empujó hacia atrás. Él se levantó con las piernas, obediente, y dio de inmediato un pasito de rodilla hacia atrás.

Mientras Adrián daba la vuelta a Gloria, y sus melones botaban como flanes al girar, María se incorporó, andando también con las rodillas hasta subirse a horcajadas sobre su hermana. Jose no sabía que hacer, salvo mirar la polla de Adrián, brillante de baba y flujos. Y a las dos hermanas comenzar a comerse la boca mientras él comenzaba a metérsela a una, luego a la otra, una y otra vez.

María sólo tuvo que darle la indicación a su vecino una vez.

— Ya te puedes ir, pichulín.





Volvió despacio, tratando de no hacer resonar sus chanclas contra las baldosas. Las imágenes de la última hora y el arrepentimiento propio de los huevos vacíos se cebaron en los pocos cientos de metros que separaban el recinto de la piscina de la puerta de su casa.

Abrió con cuidado, creyendo haber estudiado su aproximación. Primero se lavaría un poco en al aseo de abajo, después subiría directo a ducharse. Si Elena estaba despierta, hablaría con ella con normalidad y empezaría a contarle algo mientras se metía a la ducha en el baño del dormitorio suite.

Al revisar su plan, la torpeza de este le heló la sangre. Y la cara de Adrián repitiendo que se iba a follar a Elena se clavó en su mente, retorciéndole el estómago de angustia.

Pero al escuchar la voz de su mujer, su sangre se heló de verdad.

— Párate ahí.

Jose se giró levantando la mano y separando sus dedos a los lados en grupos de dos, en su habitual saludo a lo Star Treck.

— Bájate los pantalones.
— Nena, estoy cansado…

Pero Elena salía de las sombras del sofá para, con la luz que entraba desde las farolas de la calle, dirigirse a su marido.

— Te bajas los pantalones o los metes en una maleta y te largas.
Jose estuvo seguro de que lo sabía. Probablemente lo había visto.

— Si eres más tonto, no naces. — dijo ella. — Que te los bajes.

Y Jose obedeció.

Elena estaba desnuda. Sus curvas brillaban de sudor, y Jose vio algo en su mano. No consiguió determinar qué era hasta que su mujer lo levantó para azotarle la cara con ello. Era el dildo empapado de flujos que ella había estado usando la última hora, hecho con el molde de la polla de Adrián.

Le acarició la cara a su marido con él mientras le miraba fijamente. Su otra mano viajó hasta la polla de su marido.

— Te vas a meter esta tranca entera en la boca mientras yo saboreo a la vecina.

...

Entretanto, Adrián continuaba en la piscina, sentado en la tumbona mientras su esposa y su cuñada se afanaban en acabar de vaciar sus huevos con la boca entre los dos. Su teléfono, a su lado sobre su bolso, sonó. Le gustaba coger llamadas con el sonido de las dos hermanas comiéndole el nabo, así que pulsó el botón de aceptar la llamada.

— Diga.

— ¡Hola primo! Cuanto tiempo.

Adrién hizo una pausa, y gruñó más bajo de lo normal, lo que hizo que tanto María como Gloria aguzasen el oído y María buscase su mirada mientras lamía su capullo en círculos. Tardó unos segundos en contestar.

— ¿Susana?




Continuará.
 

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Cuando Jose despertó aún tenía el sabor a coño en la boca y el dolor en la mandíbula. Había dormido poco más de cuatro intranquilas horas en el sofá.

La noche anterior no le devolvía la imagen de sí que hubiera querido. No hubo apoteósica follada a la vecina. Se corrió demasiado pronto y después fue usado como carne caliente para lamer, justo el tiempo suficiente para volver a ponerlo burro mientras le decían que iban a follarse a su mujer.

Y cuando volvió, sin un plan de ocultación mínimamente decente para su escarceo, Elena estaba esperándolo, y evidentemente lo sabía, aunque Jose no estaba seguro de si lo había visto o no. Estaba desnuda en el salón, algo que hacía difícil pensar en el espionaje y el retorno temprano a casa, a tiempo para esperarle entre las sombras.

Ella lo confrontó y le hizo tragar un pollón de silicona que él ni siquiera sabía que tenía. Le pareció, además, muy realista. Más parecido a un gran rabo de lo que imaginaba en esos cacharros. Había sido obligado a mamarlo y tragárselo hasta la garganta, entre arcadas y toses. Pero no se atrevió a rebelarse, atenazado por la primera amenaza de su mujer: “bájate los pantalones o los echas a la maleta para largarte”. Lo obligó a coger el dildazo con las dos manos y metérselo él mismo una y otra vez en la boca. “De forma sonora”, añadió Elena. Y, por supuesto, Jose obedeció, mientras ella le hacía una mamada salvaje aunque incompleta, prohibiéndole correrse. Murmuraba constantemente algo así como “tu coño”, pero él no podía escuchar entre arcadas y autofollada de boca. Jose se quedó pensando que su mujer estaba más ocupada en saborear los flujos de María que en darle placer a él. Probablemente lo de darle placer a él era un subproducto.

Ahora llevaba escuchando unos minutos el sonido de las cañerías en el techo. Estaba en el sofá del salón, justo debajo del dormitorio suite, así que su mujer debía estar en la ducha. Se preguntaba si le había perdonado, o cuánto duraría el duelo. O si había destrozado su familia por un calentón mal consumado con dos vecinas guarras.

Le costaba pensar en moverse del salón hasta que no la viese. Si se cruzaban, cualquier actitud podía ser malinterpretada. Si actuaba de forma cariñosa, o si actuaba con distancia, ambas cosas podían acabar mal. Igual de complicada le parecía la decisión de a dónde dirigirse y qué hacer. ¿Las niñas? Diría que estaba escudándose en ellas. ¿La ducha? Que actuaba como si no hubiese pasado nada. ¿La cocina? Quizá si preparaba café y desayuno especial para todos podía pedir perdón claramente con su actitud, lo suficiente como para evitar una explosión.

La imagen de Elena de la noche pasada lo aterraba y lo confundía. Hacía años que no le chupaba la polla, y menos con esas ganas, gimiendo y relamiéndose. Y hablando. Hacía años que no decía una palabra, las pocas veces que follaban.

Tras unos minutos que a Jose se le hicieron eternos obedeciendo el inesperado y perverso ultimátum de Elena, esta se levantó, le quitó el dildo de la mano, le azotó el pecho con él y le advirtió que no subiese al dormitorio con ella esa noche. Después lo restregó por sus huevos varias veces sin mirarle a los ojos y se alejó escaleras arriba, dándose a sí misma golpecitos en las tetas con el pollón.

Elena bajó con las niñas vestidas y pertrechadas de mochilas cuando su hermana llamó al timbre. Pasaron por la puerta del salón y sólo la menor levantó la mano para saludar a su padre. Su cuñada las recogía para llevárselas a la playa. Elena se despidió de ellas en la puerta vestida sólo con la toalla, con el pelo mojado, y esperó despidiéndolas con la mano.

Se giró mirando a su marido con una mirada que Jose no sabía definir. No hubiera podido decir si se trataba de una expresión triste, de ira contenida, indiferencia o excitación. Se acercó al sofá, miró a la puerta y volvió a mirarlo a él. Finalmente, se sentó a su lado en el sofá y cogió la mano de su marido entre las suyas. Aunque no las acarició, eso hizo que Jose sintiese alivio y bajase la mirada.

— Voy a salir un rato. — dijo Elena.
— Lo sient…
— Eh, eh, eh… — levantó un poco la voz para callarlo — eh, déjalo. Ya está, da igual. Voy a dar un paseo y luego hablamos.

Jose respiró hondo y asintió con la cabeza, sonriendo de la manera más cálida que pudo. Elena dio una pequeña palmada en la mano de su marido y se levantó de nuevo, acomodándose la toalla y girándose para alejarse y subir de nuevo las escaleras. “Realmente me encanta su culo”, pensó Jose, dándose cuenta de que hacía mucho tiempo que no lo observaba.

Cuando la vio pasar de nuevo por el salón, Jose estaba haciendo café en la cocina mientras intentaba descifrar lo que había ocurrido desde que entró por la puerta de casa.
Elena salió por la puerta y el calor suave le calmó los nervios. Llegó a la puerta de la casa de Adrián y María apenas treinta segundos después de salir de la suya.

Jose, acostumbrado a espiar a las vecinas, tardó sólo quince en subir corriendo las escaleras hacia el ático y salir a la terraza superior para observar la puerta de casa de Adrián. Intentó no asomar demasiado la cabeza y siguió con la vista a su mujer. Con el corazón en la boca vio lo que temía. Elena llamaba al timbre de casa de María y Adrián. Y la imagen de Gloria llegando desnuda por la noche a recibir una follada de boca en esa misma puerta lo asaltó. Su mujer iba en bikini, con un pareo. La imaginó arrodillándose de la misma forma y recibiendo el mismo tratamiento.

Pero Elena, paseó por los escalones sus enormes tetas y su redondo culo con timidez cuando le abrieron la puerta de fuera, mientras María la saludaba sonriente desde la puerta en lo alto de las escaleras y Gloria, desde la terraza del primer piso, la saludaba también con la mano. Desnuda en la tumbona.

Elena subió muy despacio, más nerviosa que contenta, sin una sonrisa clara y sin saber lo que le esperaba dentro, o qué iba a hacer. O qué iba a pedir. Se sintió aliviada porque María habló primero.

— Bienvenida al equipo, vecina — dijo, dándole dos besos.




Cuando Elena, seis horas después, volvió a entrar por la puerta de su casa, Jose había seguido obedientemente las instrucciones que ella le había mandado por Whatsapp.
“Dúchate. Voy a mandarte un vídeo por ********. No sólo no veas el vídeo: no abras ni el ******** antes de que llegue. Si veo el doble check te largas de casa. Y te lavas los dientes cada hora hasta que vuelva.”

Cuando el mensaje llegó, habían pasado dos horas desde que Elena entró a casa de los vecinos.

En ese momento, Jose llevaba un rato escuchando gritos y gemidos por el patio de luces, y tratando de convencerse a sí mismo de que no significaba nada. Que siempre estaban igual. Probablemente se trataba de Adrián follándose a Gloria como un jabalí, como siempre, mientras su mujer y María hablaban civilizadamente en su salón.

Y no sabía si el mensaje debía aterrorizarle o calmarle. Pero obedeció.





Justo cuando Jose se despertó, Adrián fumaba y hablaba por teléfono en la terraza superior de su casa, sentado en una silla y con los pies sobre el borde del jacuzzi.

— Susana, no tengo ganas de hacer nada importante… Ni mucho menos algo serio. Sólo quiero trabajar lo justo, estar en mi casa y tener algún chiquillo.
— Con la prima. — respondió ella.
— Con las primas segundas, sí.
— Y qué más te dará a ti segundas o primeras. Primas son.
— Sí que son, sí.

Adrián hizo una pausa. Susana debía seguir hablando, seguiría insistiendo, pero no funcionaría. Observó a un estornino parlanchín que ya conocía posarse en el borde del tejado y esperó que el animal no quisiese acercarse, porque no llevaba nada que darle y prefería no encontrárselo sin poder prestarle atención.

— Necesito alguien persuasivo, primo.
— Para eso estás tú, yo no doy la talla contigo al lado.

A través del teléfono, el sonido de los tacones de Susana andando muy rápido destacaba chirriante de entre el resto de ruidos de la calle.

— Adrián, el sueldo es que ni te lo esperas de lo gordo que es. Y podríais viajar los tres juntos, a mí no me importa. Mientras estés conmigo en las reuniones y fiestas estarías cumpliendo.
— Susana, gracias de verdad. Pero no puedo, ya intenté trabajar mucho, y ganar mucho, y todo eso... Y no me sale bien.
— ¿Y qué vas a hacer? ¿Follar y comer y cagar?
— Pues un poco sí. Escribo un poco, como un poco, cago cada dos o tres días y follo todo lo que puedo. Tendremos chiquillos pronto, así que se me amontona el trabajo.
— Es un desperdicio y lo sabes.
— Es que me da igual. Dedicarme mucho a algo también es un desperdicio de vida. Ni siquiera haría un buen trabajo, te lo aseguro. Me aburriría, me despistaría, te acabaría follando y te perjudicaría. Mejor escribo un poco, como un poco…
— Ya ya, pero… Bueno mira, lo que quieras. Por favor, piénsatelo. Ponle que empezamos con diez mil euros.

Adrián cerró los ojos y se sintió agotado por la conversación.

— Esos diez mil euros son muy caros para mí, prima. Y te arrepentirías, además. En serio que no puedo, pero gracias.
— Ok primo. Pero lo de que me follas lo podemos hacer si me paso un día a veros.
— Claro, ratona.
— Bueno puto, te dejo.
Y colgó el teléfono. El estornino se había ido. Adrián cogió el tabaco, el papel y las boquillas y volvió a entrar. Bajó los tres pisos y encontró a María y Gloria jugando al baduk en el salón. María se giró sonriente hacia él.

— ¡Nene! Ya me ha dicho Elena que sí, que viene.



Continuará.
 

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— Estaba nerviosa cuando fui. Pero María me recibió con un beso, y me pasó al salón. Me trajó café y me dijo que me quitase la ropa.

Jose escuchaba, atento, pero con el corazón en un puño. Elena estaba tumbada a su lado, mesándose una teta con la mano. Miraba a su marido fijamente, con los ojos levemente entrecerrados y la boca siempre entreabierta. Cada pocas palabras aprisionaba la lengua entre los labios. Y eran las palabras más amables que le dirigía desde que volvió, la tarde anterior, de casa de los vecinos. El tono más cariñoso en casi cuarenta y ocho horas, dedicado a narrarle cómo se la habían follado y cómo le habían llenado el coño de la leche que él mismo tuvo que degustar unas horas después.

— Ah, bueno, hace meses María me regaló el pollón que te comiste ayer, y que te vas a volver a comer hoy.
Jose respiró hondo y asintió levemente con la cabeza. Seguía temiendo que cualquier expresión de desagrado hiciese explotar a su mujer, lo suficiente como para echarle de casa. Aunque, aparentemente, ya había nivelado el terreno de juego.

— Ayer me di cuenta, y ella me lo confirmó… De que llevaba todo ese tiempo metiéndome una barraza de silicona hecha con el molde de la polla de Adrián. Así que le hemos chupado la polla los dos. Pero yo más, claro.

El silencio retador de su esposa le hizo respirar hondo y fruncir levemente el ceño. Ella llevó la mano entre sus piernas y la aprisionó entre sus muslos, dedicándole una leve sonrisa de lado antes de sacar la lengua exageradamente y moverla arriba y abajo con un pequeño jadeo de exhibición.

— Y ahí estaba. Desnuda, sentada con las rodillas juntas, y avergonzada porque me sobran kilos. Pero cachonda como una perra. Y agradecida, cariño, la verdad es que ya en ese momento te agradecía que te hubieses ido por la noche a hacer el ridículo a la piscina.

Jose tuvo que controlar, en ese momento, más su erección que la expresión de su cara. Su vista se difuminó por un momento, recordando el cuerpo de María a cuatro patas y el poder de absorción exagerado de su coño. Parado e hincado en ella, sintiendo como si tuviese una boca entre las piernas. Acomodó la cabeza en la almohada y pasó un brazo por debajo para que su cabeza estuviese algo más elevada. Le pareció una pose de escucha más respetuosa.

— De repente, bajan las luces… Y en la pantalla del salón veo una sombra difusa. Pero yo iba ahí a… A dejarme hacer. Así que no dije nada. Y de repente oigo “guapa”, y era la chiquilla, Gloria. La hermana. En pelotas como cuando llegué, que estaba tomando el sol con el coño al aire a la vista de todo el edificio de enfrente… Oye, te puedes pajear, pero despacio, sin correrte.

Jose levantó las cejas, sorprendido, y mantuvo la expresión de sorpresa tratando de no exagerar o resultar insolente.

— Perdona, no lo he dicho bien. Que te pajees, despacio, sin correrte, mientras te lo cuento. — insistió su esposa.

Jose suspiró, asintió con la cabeza y llevó su mano izquierda a su polla, sacándola junto a sus huevos sobre el boxer. Elena no le miró la polla antes de continuar hablando.

— Se acercó como una niña curiosa, esa chica es sobrenatural… Se sentó y me dio un abrazo como si fuese su tía o algo, y me pregunta si me puede chupar las tetas. Me hizo hasta gracia, pero se puso a chupármelas mientras le estaba respondiendo. Se inclinó sobre mí y, aunque estaba apoyada, la cogí del cuerpo y la cabeza para que estuviese más cómoda. — Jose no necesitaba estar jalándose el nabo para que la imagen de las dos tetonas abrazadas con la cuñada chupona lamiendo le hiciese trempar fuertemente. — Y empezó a mamar, pero como una ternera, y mira que sabe la chica, madre mía… Y pusieron las luces rojas del salón, y yo cerré los ojos mientras la chiquilla me comía las tetas. Y me las comía enteras, por debajo, por los lados, que sabes que me gusta más. Bueno, tú lo sabes pero te da igual, sólo ves pezones. La niñata me estaba comiendo las tetas como para quitarme los nervios. Y apareció María cariño, con un arnés… Con ese culo que lefaste contoneándose. Qué arte tiene la cabrona para mover el culo.

Jose, sin darse cuenta, aceleró levemente la paja. Elena sonrió y miró su polla por primera vez.

— Cuidado con menearte la pichilla muy fuerte, si te corres ni te lo cuento. — su marido asintió, decelerando de nuevo y parando levemente su mano en la base del rabo, mientras Elena se reacomodaba la mano entre las piernas y apretaba los muslos contra ella. — Pues eso, que llevaba un arnés, y aunque la vi poco tiempo la reconocí perfectamente. Me sé cada vena de ese molde. Lleva también puesta en el arnés una polla como la de su mulo, y estuve a punto de preguntarle si él iba a venir a follarme, pero me callé. Y María se arrodilló delante de mí y me abrió las piernas, uff… cariño, y empezó a comerme el coño… que lengua más rica tiene esa mujer, y yo tanto tiempo sin probarla, a pocos metros. Que la probaste tú antes, pero me parece que no te voy a dejar mucho. Por dios qué fuerza tiene ahí. No me había comido nunca el coño una tía, no sé si le habré correspondido bien.

Jose cerró los ojos por un momento y suspiró, intentando concentrarse en no acelerar el movimiento de su mano y escuchar a su mujer con atención.

— Y cerré los ojos, esperando. La verdad es que estaba esperando, pero mientras estaban a punto de hacer que me corriera, y no llevaba media hora ahí. Ceré los ojos y aguanté con los ojos cerrados. Tenía la esperanza de que viniera él, y digo a lo mejor… A lo mejor con los ojos cerrados le gusto más. Callada como una puta y con los ojos cerrados para que me hicieran lo que quisieran, o para que me hicieran hacer. Porque iba a por todas, cariño. Me daba igual. Llevo tanto tiempo azotándome con la polla de su marido y metiéndomela en el coño que estaba dispuesta a lo que fuera. Empecé a sobar el culo de Gloria y le busqué el coño, y le acariciaba la cabeza a María para portarme bien… — Elena empezó a mover levemente la mano entre sus piernas cerradas y su brazo transmitía el suave movimiento a sus melones — Y lo olí entrar. Te lo juro, lo sabía. No creo que lo oyese hasta que dejó algo sobre la mesa, pero lo olí. Y la comida de coño se aceleró, y cuando me di cuenta, Gloria me estaba mordiendo las tetas… joder… te juro que si me las muerde alguien así de normal me hace un daño horroroso; no sé si es de lo hábil que es o de lo cachonda que me estaban poniendo, pero notaba el calambrazo en el coño sumarse a la comida de María cada vez que me mordía un pezón y lo lamía. Y noté que el sofá se hundía, primero a un lado, luego al otro… Se estaba subiendo el vecino con los pies, a ponerse de pie delante de la cara de tu mujer. Gloria se acomodó para dejarle pasar y olí su polla, cariño... La has visto, ¿no? Ese pollón brutal, gordo como un vaso de cubata, largo como mi antebrazo. apuntando a mi cara. Y no pude evitar abrir los ojos.

Jose no pudo evitar fruncir el ceño. La imagen grabada en su retina del culo de Gloria abierto sobrenaturalmente con esa tranca dentro. Las bocas de las dos zorras abarcando con dificultad la circunferencia de semejante rabo. Quizá le parecía más grande a Jose de lo que en realidad era, no podía estar seguro. Pero su mujer parecía sabérsela de memoria y ser capaz de describirla así. Pensó que, después de esa verga, quizá Elena no iba a volver a tocar la suya. Y luchó para contener la velocidad de su paja.

— Así, buen perrito, obedece y ten cuidado… Pues ahí estaba, delante de mí. Unos cojonazos perfectos, gordos como yo que sé qué… Y ese rabazo apuntando a mí. Y yo mirando y abriendo la boca todo lo que fui capaz. Hasta ridículo era, a lo mejor. Pero no quería que pensase que iba de broma. Lo miré y tenía esa risa de cerdo hijo de puta que ponía en la piscina mientras se la chupaba la guarra de su cuñada. Uff… Y me iba a meter la polla en la boca. Menos mal que estaba entrenada cariño, porque ese tío no pregunta si estás bien, ni si te gusta. Llevaba deseando esa pollaza años, y chupando una maqueta meses…

Jose cerró los ojos, y la angustia creció en su garganta. Quería dejar la paja, pero al mismo tiempo le costaba no acelerarla. Funció el ceño y su respiración se agitó.

— Ufff… Sí cariño, estaba ahí tu mujercita delante de la polla del vecino, deshecha como una zorra, con la boca abierta y todos los agujeros… para él... fui a que me usaran como una muñeca hinchable, y lo hizo. Uff… pero yo no contaba con que, entre la comida de coño y tetas, iba a empezar a correrme con la boca abierta, en cuanto Adrián me cogió la cabeza con las manos y me enfiló esa pedazo de polla en la boca. Cuando el capullazo no me había llegado a la garganta todavía, nene, buah… Le acomodé la lengua debajo y quería empezar a lamer, pero se me cerró la boca contra ella y me empecé a correr como una loca… Y sólo podía gemir y se me escapaban los grititos, con María empujándome la lengua y Gloria chupándome el pezón como un bebé... Y cada vez que recuerdo eso lo veo desde fuera, y lo veía antes de que me diesen el vídeo. Me imagino a mí misma entregada, abierta de piernas con María en mi coño, Gloria en mis tetas y entre las piernotas de un macho de verdad, de pie en el sofá, agarrándome la cabeza para reventarme la boca. Ojalá pudiera haberlo visto desde ahí en ese momento, su culo apretarse y sus cojones contra mi barbilla.. mis tetas en primer plano, las piernas abiertas… ahhh… — La mano de Elena se movió con más fuerza entre sus piernas, y Jose tuvo claro que su mano, tras sus muslos, estaba ya metiéndose los dedos. En el coño, que quizá, al salir de la ducha, ya no estaba lleno de semen. La tarde anterior, cuando volvió, sí estaba lleno, pensó Jose. Y él tuvo que comerle el coño mientras se pajeaba, rebañando con la lengua y tragando la leche del vecino.

— Y no te creas que me dio tregua, no… No había acabado de correrme cuando me la empujó entera y me saltó a la garganta, diosss… María dejó mi coño y Gloria me soltó las tetas, pero no me enteré apenas en ese momento, porque el maromo me apretaba la cabeza contra su polla y yo aguantaba la arcada. Había entrenado mucho, cariño, era mi momento... Entrenado con la de silicona digo, no con la tuya, que al lado da risa… Me dio un espasmo y todo en el coño, era una sensación casi de orgasmo, como un latigazo de aguantar la arcada, como si me bajase al útero al aguantarla. Eso no lo tenía con el consolador, aunque tuviera la misma forma. La carne caliente es carne caliente, y hace mucho que no me la metía un hombre de verdad en la boca. Y que hombre, joder…

Jose apretó la cara contra la almohada.

— Ni se te ocurra correrte, imbécil. Tu mujer va a seguir igual yendo a que se la follen. Si te quieres enterar de algo, obedece… Y te cuento cómo sabía, ¿vale? Porque sssabía… — Elena abrió la boca en una mueca agresiva y acercó un poco la cabeza hacia su marido, con la frente por delante, quedando a un palmo de su cara y alargando con ello el torso, haciéndole ver a Jose por primera vez en mucho tiempo, de manera llamativa, el tamaño de las enormes tetas de su mujer y alargando su cuerpo, pues su mano se clavaba entre sus piernas como si empujase hacia atrás su coño, reteniéndolo mientras ella se acercaba para recalcar las palabras en la cara de su marido — saboreaba su rrrabazo… notaba el sabor de su polla, aunque notaba que se acababa de duchar. Te lo juro, una polla como Dios manda sabe a macho, y la leche ya lo sabes cariño, me podría dar de eso todos los días. Todavía lo noto… no me he lavado los dientes todavía esta mañana para que no se fuera del todo. Y entonces empezó a empujarme y empujarme la polla en la boca… me empezó a follar despacio, pero hincándomela en la garganta cada vez, con fuerza… y yo estaba loca porque me la metiese entera, loca loca. Lo intenté mirar a la cara, pero ya estaba muy empalada y no podía. Cerré los ojos para imaginarme su cara de cabrón cuando empezó a darme y darme y darme, cada vez más rápido, machacándome las cervicales contra el sofá… y sólo oía los golpes dentro de mí y mis gemidos ahogaditos llenándome las orejas… ufff… como suena que te follen la cabeza cariño, igual lo pruebas… quiero recibir de eso siempre… Y empecé a babear…. Y a gruñir… me caía por las tetas y yo trataba de sacar la lengua para chuparle los huevos… tu mujercita, cariño… Y me latía el coño antes de que se me empezase a llenar con mis propias babas… uff así… glog glog glog…. no me la metía en la boca como tú, flojito y gimiendo, no, que sé que prefieres que te la chupe yo… me la metía como un animal, gruñendo, y notaba cómo mi cabeza cedía a cada golpe… porque eran golpes… el vecino estaba golpeando a pollazos la cabeza de tu mujer…



Continuará.
 

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— ¡Nene! Ya me ha dicho Elena que sí. Afílate la polla.

Adrián sonrió y se acercó al sofá para apoyarse y observar el tablero. María tenía la manía de hacer primeros movimientos chulescos, como coger el centro, pero todo se trataba siempre de evitar pequeñas confrontaciones y generar grandes bloques que Gloria no pudiese penetrar, o lo hiciese con todas las de perder. Esta, a su vez, seguía las fases estándar al pie de la letra, buscando encontrarse con su hermana y romper los bloques joseki a joseki.

Aparentemente, en ese momento Gloria estaba centrada en un muro bajo que bloqueaba a María, convirtiendo su embestida en un callejón sin salida. Pero esta estaba buscando, como de costumbre, obcecarla en un punto mientras dominaba la mayor parte del tablero. Gloria tiene la rendición difícil, y eso hace que en ocasiones venza por desconcierto, con movimientos desmanteladores que probablemente aún no entiende bien. Incluso en esas ocasiones, sólo conseguía victorias raspadas contra María, que, a base de partidas rápidas, tenía una visión global siempre más certera, y normalmente ya había ganado antes de veinte pedradas de su hermana. Porque María depositaba suavemente, y Gloria disfrutaba colocando las piedras con fuerza desde que aprendió a usar la pinza de los dedos índice y corazón.

No conseguía que le hicieran caso en ninguno de los consejos que les daba. No se dejaban enseñar y trataban de desplegarse en el tablero con personalidades distintas de la propia, para sorprender a la rival. Adrián disfrutaba viéndolas jugar.

Miró la puerta de la calle y tuvo la ya atípica apetencia de salir a dar un paseo. Pero pensó que había demasiada gente a esa hora. La piscina ya era demasiada multitud para él, y si habían ido era a sabiendas de que no encontrarían más que a Jose y Elena con sus hijas.

— Pues me voy a duchar, chicas.

Algo en la voz de su marido hizo que María frunciese el ceño levemente y le mirase mientras se daba la vuelta y se alejaba escaleras arriba al abandonar el salón.

Adrián pasó por su despacho, al subir al primer piso, y se detuvo un momento. Las pantallas escalonadas por todo el frontal de su alto y viejo mueble de trabajo estaban todas ocupadas por una vaca dando saltos sin parar. El mueble era rectangular, alto, de aglomerado barato, con una bandeja extraíble para el teclado y lo que habían sido lejas, ahora un espacio con dos monitores en vertical, uno sobre otro, inclinados para acomodarse a su vista en la silla de trabajo. A la derecha, otras dos pantallas horizontales, una sobre la otra. Imanes y velcros, luces, micrófonos y un montón de envases de tabaco de liar, filtros y papel de fumar poblaban las superficies alrededor del ordenador portátil que lo gestiona todo. Sobre una mesa auxiliar a la derecha de su asiento había una caja metálica. Se acercó a ella y repiqueteó los dedos sobre la chapa, arrugando la boca y pensando si debía enviar o no el mensaje. Y, en caso de enviarlo, qué debía decir.

Finalmente, respiró hondo y decidió pensar sólo en Elena. Pulsó una tecla al azar antes de sentarse e introducir su barroca contraseña. Ante él, en una pantalla horizontal, los archivos de vídeo que había sacado del ordenador de su vecino Jose. En la que había sobre ella, las grabaciones que de él y de su actividad en la pantalla había hecho hackeando su webcam y toda su red interna. En la primera vertical, un paper británico de Nature Biotechnology: “Biomáquinas y biohiperenlaces coordinadores mediante edición FOXP2 temporal”. En la segunda, la sesión Briar abierta con un pequeño puñado de contactos.

En el archivo de vídeo abierto en VLC, Jose jugaba con sus hijas inocentemente en el salón de su casa. Ellas le ordenaban colocarse en una u otra posición, bien para ponerle juguetes encima o bien para saltar sobre él. En el archivo abierto con Celluloid, Jose, captado sin saberlo a través de su cámara web, se masturbaba mientras visualizaba en la pantalla el inocente vídeo anterior.

El despacho de Adrián tiene una gran puerta de cristal que da a una reja, permitiéndole ver la calle y haciendo luminosa la muy pequeña estancia, que apenas cuenta con un armario empotrado y espacio tras su silla para un pequeño mueble y su colección de armas. Volvió a desear salir de paseo, pero lo descartó, obligándose de nuevo a pensar en la cercana visita de la vecina. Al fin, tamborileó sobre la caja metálica una última vez y se levantó para dirigirse a la ducha.
Cuando acabó de ducharse en el baño del dormitorio, Gloria y María estaban esperándole en la cama.



….


Jose apretaba la cara contra la almohada con la respiración agitada, un nudo en la garganta y la polla tan dura como cuando se encontraba frente al culo de María en la piscina. Se masturbaba despacio obedeciendo a su esposa, tratando de no apretar mucho salvo al llegar a la base del rabo, y mantenía los ojos cerrados mientras escuchaba a Elena detallando lo ocurrido en casa de María y Adrián.

— Cielo buff… te juro que lo odio, no soporto a ese cerdo imbécil… y cuando lo veo con esa chiquilla haciéndole perrerías me dan ganas de matarlo… pero ahora necesito más que me folle… te juro que le diría que lo amo y haría lo que fuera para que no me negase eso. Me daría igual, que me la metiese donde fuera, que se me corriese encima. Es un gilipollas, pero tengo que entenderlas a ellas. Esa polla no es normal, ese tío no es normal. Gruñía como un animal dándome pollazos en la garganta, y yo prefería ahogarme a pedirle que la sacara… se me empezaba a encharcar el coño de mis propias babas cuando empezó a inclinarme. Pero sin sacármela, cariño, me siguió follando la puta cabeza mientras me giraba y empezaba a inclinarme contra el sofá. Una de ellas lo ayudó, moviéndome el culo y tirándome de la pierna. Él me sujetaba por la nuca, tirando fuerte, así… — Elena sacó la mano izquierda, que estaba bajo la almohada, y la metió bajo el cuello de Jose, que abrió los ojos asustado. Lo agarró por la nuca y se acercó a él de repente, empujándole las tetas contra la cara y atrayéndolo contra ellas — … con una mano, y con la otra se apoyaba en el respaldo del sofá para ir bajando sin sacármela ni de la garganta. Hasta que noté el sofá a la espalda y apoyó las rodillas. Y antes de que me la metiera… Ufff… Una de ellas, creo que Gloria, empezó a follarme el coño. Dios mío, maridito, me estaban metiendo la rabaca de Adrián dos veces; hasta el fondo me la metió, bien de golpe, plaf! Porque estaba empapada como una cerda, y me salió un grito contra la polla del vecino mientras mis propias babas me empezaban a caer por el cuello… Despacio la paja, eh? Cabrón cornudo…

Jose tardó unos segundos en darse cuenta, pero las lágrimas habían comenzado a brotar de sus ojos aplastados contra las tetas de Elena. Sus labios estaban tan apretados que no vio venir su temblor hasta que se le abrieron de golpe contra el plexo solar de su mujer. Sostuvo la mano contra la base de su polla para no correrse.

— … Se puso a reirse de mí, el desgraciado… de mi gemido contra su polla, se reía, por el pollazo que me estaban dando en el coño… y bajó despacio contra mi boca, pero con fuerza. Creo que intentó relajarse para que no estuviese del todo dura, porque la tiene un poco, muy poco, como doblada hacia arriba. Y me la empezó a encajar en la garganta otra vez, más profundo. No me cabía todavía entera, pero los huevos ya me tocaban la barbilla. Dios que huevos tiene cariño, me voy a pasar días enteros chupándoselos si me deja. Buff.. Yo me intenté concentrar en abrirme bien, pero mi garganta empezó a cerrarse contra él con los espasmos de la follada de coño… Dos veces esa polla dentro, es que no sabes lo que es… De repente, me di cuenta de que era Gloria, porque sus tetas se pegaron a las mías y la escuché lamer, aoummmmm oummm… así — Elena pegó sus labios a la cabeza de Jose, asegurándose de que, al imitar el sonido de la vecina, le retumbase bien en la cabeza a su marido — Chupándole el culo mientras él me follaba la boca… Y me empecé a correr otra vez, cariño, madre mía… Mientras él bajaba y subía contra mi boca… No te puedes imaginar que pedazo de corridón, maridito… Me he corrido más veces con la polla del cabrón ese que contigo en diez años… Y va, uy dios, y va y me la saca, y me arrastra al borde del sofá…

Jose consiguió controlar los sollozos y volver a cerrar la boca. Elena ni se había dado cuenta, o no se había inmutado al escucharle y sentirle llorar.

— Y ahí me empezó a dar de verdad. Con la cabeza colgando. Me da asco y vergüenza ver cómo se me abultaba el cuello, cariño, pero si entra ahora mismo y me pone así aquí, en nuestra cama, yo trago y trago y trago hasta que él quiera. Me agarró de las tetas como si me las quisiera arrancar y empujó y empujó… Y cada vez que me ahogaba, salía, para volver a zumbarme… Y cariño, se corrió así enseguida, enseguida… Estuve a punto de perder el conocimiento, no sé ni cómo aguanté, pero me empezó a soltar lechazos y lechazos y me corrí otra vez como una loca sin que me volvieran a meter nada en el coño. No lo entiendo, no me ha pasado nunca, sólo con esa polla… algo tiene ahí ese cabrón, no sé qué es… Pero mientras veía las estrellas y el espasmo me cruzaba el cuerpo entero, mientras me aplastaba la cabeza contra el sofá y la nuca estaba ya al límite… Ufff… Empecé a pensar en chuparle el culo, como Gloria… Y en ganarme la follada de coño… Te juro que no podía parar…


Continuará.
 

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Adrián se detiene unos segundos en la puerta del baño, admirando a las dos hembras que le esperan tumbadas en la cama, y sonríe al darse cuenta de que María, una vez más, ha sabido ver la necesidad.
Ambas se abalanzan sobre él cuando se tumba boca arriba en el hueco que han dejado para invitarle. Gloria, a su izquierda, besa su cabeza y presiona sus pechos contra la cara de Adrián, masajeándole el hombro lentamente; María, apoyada en su pecho, acaricia sus huevos con las uñas.

— Olvídate de lo que te haya dicho la petarda. Estás de vacaciones.

Adrián sonríe y cierra los ojos, respirando hondo y dejándose mecer por las caricias.

— No estoy, no. Pero gracias.

María sonríe y besa su pecho, ampliando las caricias a su polla, que anda a media asta. Gloria baja por su cara hasta besarle el cuello y acomodarse sobre la almohada, encontrándose de frente con la sonrisa de su hermana mayor y un ceño levemente fruncido de cariñoso reproche.

— Nena, no me has mandado el archivito. — le dice.
— Es que está a medio — Responde Gloria.
— Pues al papá sí que se lo has compartido.

La joven entrecerró los ojos y adoptó una expresión traviesa escondiéndose en el cuello de su cuñado.

— Ay… ¡Que está muy verde!
— ¿Y yo lo puedo leer? — Intervino Adrián.
— No, tú no, hasta que no esté acabado.

Adrián sonrió, apretando la espalda de ambas con las manos para atraerlas más hacia sí en un abrazo conjunto.

— Pues me lo compartes, que yo te lo comparto a ti todo — insistió María.
— Vale, pero no se lo enseñes a tu marido.
— Ah, para leer es mi marido, ¿no? Para que te folle bien que le llamas “miamoooorr” — María alargó burlonamente la expresión mientras agarraba la polla de Adrián, que crecía despacio con el masaje de huevos.
— ¡Para que me folle es todavía más tu marido! Que me pone, jaja!
— Guarra.
— De todas formas estoy contando cosas sin explicar nada. Parece un cuento de brujas, o un documental de ovnis nazis, sólo a base de testimonios. — Y aunque Gloria sonríe, su hermana y su cuñado saben que su fastidio es profundo. Lleva meses planificando arrancar ese libro y no ha encontrado un sistema de trabajo que le permita ir más allá de las entrevistas con familiares y antiguos vecinos de su madre.
— ¿Puedo decir algo? — Interviene Adrián.
— Vale. — Responde Gloria, llevando su mano izquierda por el ombligo de su cuñado hasta encontrarse con el brazo de su hermana.
— A ver, la que mejor lo entiende todo, creo yo, es Celia, y es fácil contactar con ella; lo digo porque yo he escuchado a vuestros padres y lo que cuentan ellos es más leyenda de los primos que otra cosa. Como si de primera mano no supieran mucho y se lo hubieran contado los vecinos.
— Pero tú sí eres Cuéllar Cuéllar.
— Sí, pero saber saber sé poco. — Adrián perdió la vista en el techo y respiró hondo, mientras la mano de María se detenía agarrando sus huevos. — Lo que llegué a hablar con Javi de adolescentes y poco más. El resto es elucubración mía. Además, ni yo soy como Javi ni el Pegasio era como su hermano Acindino.
— ¿Es verdad que la Ascensión era su hermana? — inquirió Gloria.
— No, qué va, era su prima.
— Pues vaya tela.
— Oye, que sois mis primas también.
— Pero segundas.
— Sí, pero primas.

María había parado sus labios en un beso sostenido al pecho de Adrián mientras recibía las cariias de su hermana en el dorso de la mano, les escuchaba y masajeaba las pelotas de su marido.

— ¿Te la podemos chupar un poco sin sacarte la leche?
— Toda vuestra.
Gloria se lanzó primero a lamer los huevos de su cuñado, hincando su lengua en círculos, mientras su hermana agarraba el tronco de la polla con ambas manos y comenzaba a succionar el capullo, mirando a Adrián mientras le hablaba.

— Mmm… ¿Le vamos a enseñar los vídeos de su maridito el guarro? Uff… Hoy se lleva ella el lechazo gordo, que puta… louummmm gglogb…
— Ahh… Creo que no.. mfff… — Agarró con las manos las cabezas de su esposa y su cuñada, enterrando a Gloria en sus pelotas y haciendo a María tragar media polla — O al menos no hasta… que tenga ella algo… algo que enseñar también, y que.. ahh que esté calmada…

….


Jose, con la cara aplastada contra las tetas de su mujer, trataba de controlar la respiración y la velocidad de su propia masturbación, echando el culo hacia atrás para evitar que su polla hiciera contacto con Elena y no correrse. Controlaba con dificultad sus propios sollozos mientras la mano que lo sostenía por la nuca se engarfiaba contra su pelo, apretando un manojo hasta que comenzó a sentir el dolor en la cabeza y el tirón en los músculos de las orejas.
Elena continuaba narrando, y su voz se hacía progresivamente más grave, con ocasionales golpes agudos que a Jose le helaban la sangre tanto como lo ponían al borde del orgasmo, obligándole a decelerar su mano o apretar la base de su polla.

— Me la sacó de la boca y yo, puff… yo es que seguía ardiendo como si estuviera drogada… Gloria dejó de follarme y empezó a quitarse el arnés… y yo sólo podía mirarlos. Se me movía el culo sólo porque el coño me latía por dentro, como si me estuviese corriendo a cámara lenta. Y entonces vi que María me estaba grabando.

Jose rebufó contra las tetas de su mujer mientras su cabeza se ladeaba. ¿La habían grabado?

— Se me acercó despacio apuntándome con el móvil, con una libreta en la mano, y yo pensé que quería grabarme chupando. Yo estaba con la polla de Adrián encima de mis ojos mientras él se encendía un cigarro y me miraba como un montón de carne. Como con fastidio, o con desprecio, pero cachondo, porque le latía ese rabazo que tiene. Saqué la lengua y abrí la boca, cariño, mirándole la polla, ofreciéndome otra vez. Tenía la boca llena de sabor a rabo y quería más. Te juro que hubiera hecho lo que fuera por volvérsela a mamar. María me puso la libreta encima de las tetas y me pidió que saludara a la cámara. No sabía lo que era, pero me daba igual. Luego vi el vídeo, y es que me había puesto su nick de la webcam con mi DNI abajo y mi nombre. Me estaba registrando para emitir. Para que me vieran miles de personas poniéndote los cuernazos.

Jose detuvo la mano sobre su polla de inmediato para controlar la eyaculación. Sabía a qué se dedicaba María, e imaginarse a su mujer haciendo lo que le estaba contando delante de tanta gente, que además podía ser cualquier conocido y sin que ellos lo supieran nunca… Le dio un vuelco el estómago.

— Ufff… Y entonces el macho cabrío cabrón le quitó el móvil, me apartó la libreta y la cogió a ella por el pelo. Yo los miraba esperando expectante, maridito, para que me hiciesen lo que quisiesen. La hizo ponerse sobre mí en el sofá, con el chocho en mi cara, y le empujó el culo hasta que empecé a comerme mi primer coño, mirándolo a él. Y me acordé de que la noche anterior tú te la estabas follando, y casi me da la risa de pensar en lo que tu pichilla tenía que ser para esa tía, acostumbrada al animal de su marido. Su hermanita se lanzó a comerme a mí y vi cómo el pollón se acercaba otra vez a mi cara. Buff… lo sabía, se la iba a follar mientras yo le chupaba la almeja… Y lo hice, cariño, joder si lo hice. Empecé a chupar y tirarle lengüetazos a María mientras veía acercarse el pollón y empujarme la cara conforme se la metía. Yo tiraba lametones desesperada, te lo juro. Me corrí viendo su coño ensancharse con la polla de Adrián entrándole, justo cuando sus huevos se me plantaron en los ojos. Y yo lamiendo y lamiendo, otra vez con ese rabo en la lengua chupándolo todo lo que podía mientras salía y entraba. Nunca había visto una polla entrar en un coño así, tan de cerca. Tienes que ver eso, cariño, te va a encantar…



………


La madrugada anterior, tras volver de la piscina, Adrián subió a la terraza del ático con la intención de hacer sombras con la espada recta. Sin embargo, tardó apenas veinte minutos en volver a enfundarla y sentarse a liar cigarrillos. Se sentó en la silla de siempre y subió las piernas sobre la pared del jacuzzi hinchable. Desbloqueó el móvil, lo colocó en un soporte sobre la mesa y siguió liando mientras leía el artículo.

Una de las firmantes del artículo que le rondaba la cabeza tenía muchos similares, sobre bio máquinas y edición de genes, proteínas y hormonas. Buscó los tres que le interesaban: FOXP2, AVPR1A y OXTR. Y bingo, comprobó que había artículos del mismo tipo sobre ellos; y de la misma autora. Buscó el nombre en Google y aparecieron muchísimas más entradas de las que esperaba. Parecía una celebridad o una divulgadora. Algo horrible para estalquearla a largo plazo.

Se levantó, dejando el móvil en la mesa, y se asomó al muro, ojeando las terrazas del edificio residencial que había enfrente de su casa. Lo hizo haciéndose el despistado, ojeando a izquierda y derecha, por si la vecina del primero había salido también a fumar. Para que no asumiese que la vigilaba o acechaba. Respiró hondo y pensó en su prima Celia, quizá la única persona con la que esperaba poder tener una conversación sobre genes y proteínas y hormonas y todas esas cosas que aún hoy, tras diez años sin parar de estudiar, le costaba entender bien.

— A esa la tengo yo en el Insta.

A su espalda, Gloria ojeaba el móvil, de pie junto a la mesa. O había salido a la terraza sin que Adrián escuchase ningún sonido antes de esa frase o él estaba ensimismado.

— Joder que ninja. Sí, es una estrellita la moderna.

Gloria se acercó. Estaba desnuda, recién duchada, y se abrazó a Adrián por detrás, asomándose sobre su hombro.

— ¿A esa la pones nerviosa desde aquí?

Se refería a la vecina del primero, que estaba fumando en la terraza.

— Desde aquí no creo, pero sabe que la miro. Y cuando sale, a veces se esconde como con vergüenza y a veces parece que se exhibe.
— Jeje, pues hoy parece que está ovulando.

La vecina fumaba paseando, mesándose el pelo y haciéndose la despistada, pero remarcando su figura en el pantaloncito y sus pechos al levantar los brazos. Era una treintañera, quizá un poco más, quizá un poco menos. Muy alta y bastante espectacular, que trabajaba como monitora en el polideportivo los fines de semana. Miraba a los lados en la terraza desde su primero y se estiraba a ambos lados, enfundada en una camiseta ajustada y unos leggins, haciendo ondular un pelo castaño larguísimo, lacio y tupido, cogido en una sencilla cola de caballo.

— Si el problema es que ella nos ve a diario cuando le da la gana. — Añadió Adrián.
— ¿Pero has hablado con ella?
— Creo que no.
— Entonces no pasa nada, pero a mí me gusta, ¿eh? Yo sin problema.
— Ya, claro. Buena sí que está.
— ¿Y el marido qué?
— Pues por la pinta diría que es policía.



Continuará.
 

Little Malaya

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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (11)

— Y creo que lo vas a ver, cielo. Uff… No lo había pensado así hasta ahora… Que veas un primer plano, a centímetros de mi coño, mientras él me abre el conejo…. O mejor, me chupas el culo mientras el macho de verdad se folla a tu mujer y te meneas la pichilla. Que bien, de verdad. Te va a encantar que ese hijo de puta, porque es un hijo de puta, me empuje hasta los pulmones mientras sus pelotas te dan en la cara y tu chupas mi ojete…

Jose cerró los ojos y las lágrimas volvieron a brotar mientras se apretaba la base de la polla para no correrse. Y la imagen de ella haciendo eso mientras la grababan permanecía en su mente. Imaginó la escena que Elena estaba describiendo, pero en su cabeza había añadido la emisión en directo de su vecina capturándolo todo. Intentaba pensar en cómo salir de esa situación, pero su cerebro no le acompañaba y dedicaba a las depravadas imágenes toda su energía. “Si me corro estaré en condiciones de pensar”, se dijo. “Pero si me corro se irá”. Y sus frases sonaban en su propia cabeza como un susurro del córtex prefrontal ahogado por una monstruosa rave de fluidos chapoteantes y gemidos desquiciados de su mujer; el sonido de los azotes en su culo y sus tetas sonaban con el reverb de una batería ochentera en la cabeza del ex DJ; la risa de María y los gruñidos de Adrián parecían envolverlo todo desde arriba, como truenos, empujando tormentosamente sus lágrimas mientras el resto de la rugiente orquesta introducía inevitablemente la sangre en su polla.

— Ay cariño, estaba enfadada… — La voz de Elena se volvió repentinamente más aguda y musical — …Con la boca ya refollada y mamando coño, porque necesitaba más. Y el muy cerdo seguía follándose a su mujer mientras sus cojones le daban y le daban y le daban a la tuya en la cara. Me costaba respirar porque María me apretaba con el coño mientras yo les lamía como una perra y los pollazos del puto la empujaban todavía más contra mí. Y me aplastaban los ojos y la nariz… Pero Gloria me seguía comiendo el coño y me iba a correr otra vez. Y entonces… — Hizo una parada, cerró los ojos y elevó levemente la cabeza, cerrando los labios en una mueca mientras sus dedos entraban en su coño más y más profundo — .. aahhh… buff… creo que fue… María, que empezó a darme azotes en el chocho. Y exploté ahí. Solté con la boca su clítoris porque empecé a gritar de gusto… Pero joder, es que no me daban tregua. Ya lo verás en el vídeo, es precioso… Lo ví después… En cuanto me pongo a gritar, María se empieza a correr en mi cara, manando como una fuente, mientras suenan los palmetazos en mi coño. Y al mismo tiempo se ve cómo el puto cabrón de tu vecino se agarra la polla, la empuja hacia abajo y me tapa la boca, bajando hasta mi garganta de golpe y tapándome los gritos. La arcada es preciosa… sueno como un monstruo mientras me sigo corriendo con María, dios mío… ufff…

Elena, sin sacarse la mano de entre las piernas, se giró hacia atrás para alcanzar el dildo que estaba tras ella y volvió a girarse hacia su marido sacando la lengua y pegándose la réplica del pollón de Adrián a la mejilla.

— Tú.. tú no puedes, pero yo me voy a correr, nene… méteme esto en la boca, como si le sostuvieras el culo al vecino mientras me folla la puta cabeza…

Jose frunció el ceño. No estaba meneándosela, no se veía capaz aún de aguantar el orgasmo si continuaba. Respiró hondo y recibió en la mano el rabo de silicona que su mujer estaba poniendo delante de su cara.

— Así, buen perrito, muy bueno. Luego verás el vídeo, pero ahora te vas a imaginar mirando el culo de tu vecino desde atrás, con los huevos colgando, y a mí delante, así, ahh, ahhh… — Elena extendió la lengua exageradamente mirando a su marido a los ojos mientras acercaba la cara. — Ufff cariño, haría lo que fuera por comerme esos cojones y esa pollaza… ufff… lo que fuera… si me lo pidiera os dejaría, le diría que lo amo, que lo necesito… lo que fuera para tragármela. — Elena llevó la mano a su cuello y se apretó mientras la otra mano entre sus piernas chapoteaba entrando y saliendo — Ufff… dame por favoor, por favor, por favor cariño, Adrián mi vida, métemela…

Jose enfiló el dildo a la cara de Elena y empujó la polla dentro. Elena seguía masturbándose más y más rápido y cerró los ojos para comenzar a escupir y chupar el juguete mientras Jose miraba el contorno de sus labios muy abiertos invadido por el diámetro de esa cosa.

— GoogBBg GOG GLOG… goggg… Pffuaaahhh!!… ahh… él… me la metería más fuer… más fuerte… — Pero Elena no esperó a la reacción de su marido. Se lanzó de nuevo y Jose intentó no perder la presa contra la silicona por el empujón. — GOG gloG Gog Glogbbggggg… — Su esposa se lanzó, tragando hasta la garganta, y sus ojos se abrieron de par en par mientras se masturbaba frenéticamente, emitiendo un sonido a caballo entre un gemido y una arcada al correrse con la boca invadida por el pollón de silicona y la mirada clavada en su marido.

Jose no pudo evitar comenzar a eyacular.

El orgasmo de Elena continuó, con la mirada perdida y los ojos entrecerrados. Sus pupilas subieron hacia arriba y Jose veía ya sólo el blanco de la esclera cuando su polla daba sus últimos latidos, derramándose sobre las sábanas.

Elena retrajo la cabeza, con el cuerpo aún ondulante, y su lengua acompañó el capullo del juguete con un círculo completo antes de soltar su presa. Las babas cayeron en un hilo sobre la almohada mientras, con los párpados relajados, volvía a clavar los ojos en su marido.

— Estoy guapísima en el vídeo, tirada con las piernas abiertas, empapada… — Elena dejó caer la cara pesadamente sobre la almohada mientras Jose dejaba el pollón entre las caras de ambos, con cuidado, pues temía incluso hacer ruido al soltar el juguete contra la sábana —... con los brazos caídos y mirando la polla de tu vecino con la boca aún abierta y la cara y el pelo empapados. Ya verás. Me siguió grabando mientras yo no quitaba ojo de su polla alejándose de mi boca. Se sentó en el sofá con el rabo apuntando al techo y se reía de lado, mirándome mientras me grababa. María le cogió el móvil y me dijo que me sentara encima de él.

Jose volvió a cerrar los ojos, dándose cuenta de que su polla no había caído del todo tras la corrida. Y en ese momento Elena vio la mancha entre ellos.

— Anda, si te has corrido también sin permiso. Eso va a tener castigo, perrito, que lo sepas.
— No me estaba tocando, no lo he podido evitar.

Elena paró unos segundos de hablar, mirando los párpados de su marido.
— Dio dos palmadas al sofá junto a su muslo, para llamarme, en cuanto María me dijo que me lo podía follar. Que hijo de puta sobrado cabrón. Como si fuera un perro, me llamaba, así, tap tap. Pero vaya si fui, joder si fui. Ya verás. Tengo cara de imbécil mientras me levanto para ir a meterme eso. Y cuando me acerco y levanto las piernas me para con la mano… UUUhhhhh diossss… — La boca de Elena se cierra desde el labio inferior en una mueca agresiva y sus ojos se concentran en los de su marido, tensándose bajo el ceño fruncido — Y me gira para que le dé el culo. Y me doy cuenta de que María está delante del sofá, moviendo algo, una cámara que estaba en la mesa de la televisión. No me había fijado que esa cámara también estaba ahí. Recoloca la cámara y aparece Gloria, coge ella el móvil y yo en ese momento no me doy cuenta, sólo miro la webcam que María está centrando y me siento más desnuda de lo que me he sentido en mi vida…

Jose trata de relajarse al notar el nuevo pálpito de su polla, e imagina a María, desnuda, delante de su mujer, colocando la cámara en una mesa baja y los brazos en jarras. La imagina rellena de leche y poniéndose a cuatro patas para chupar la polla de su marido. Se imagina a sí mismo follándola por detrás mientras Elena está empalada por Adrián. Se imagina follándose ese culo diabólico y dejándose caer sobre su espalda, con los brazos caídos hasta el suelo. Y María moviéndose desde abajo contra él, sacándole la leche de nuevo.

— El cabrón sentado me azota el culo y yo no me muevo. En el vídeo sale mi culo azotado. Yo miraba a María, y él me abre las piernas con los pies… Y de repente me mete un dedo en el culo. Y María se ríe. Mi culo estaba empapado de mis propios flujos y no me dolió nada, pero me sorprendió.

Jose trata de reprimir las lágrimas, y eso hace que el latido de su polla aumente.

— Y yo creo que nunca me has visto así de enamorada, cariño. Y lo odio, te lo juro, te juro que lo odio, no me canso de decirlo. Pero cuando me agarra de la cadera y me atrae un poco abro las piernas y se me ve en la cara el amor. Estaba a punto de llorar mientras bajaba el coño para que me lo follase. Y aguanté como una buena puta, cuando me acerqué, sin llevármela al conejo. No sabía qué me quería follar, y no quería pasarme de lista. Fue él el que puso ese capullazo mojado en mi raja y me tiró para atrás. Me cogió del sobaco mientras para que bajase despacio y… no podía ni gritar. Ya lo verás en el vídeo, parece que se me está metiendo el demonio en vez de la polla de un cabrón. Me ardía hasta el corazón. La cabeza ya se me iba para atrás cuando la tenía dentro, pero en cuando sus huevos se me aplastan contra el clítoris y dejo caer el peso, de repente… Buff, joder… — Elena comienza a apretar de nuevo las piernas y se clava las uñas en el muslo mientras su culo comienza a moverse — … me mete los dedos en la boca y me tira para atrás, me… me agarra así, ahhí..

Entonces, se lleva la mano a la boca hasta meterse dos dedos, apretándose la parte baja de la mandíbula y empujándose la cara. Elena se empuja la cara hacia atrás y Jose, de nuevo, repara en sus enormes pechos montándose sobre su antebrazo y vibrando con el empujón que se da en la cabeza. Gime y saca los dedos de su boca para hablar, aunque su cuello continúa presionado por sus dedos pulgar, índice y anular.

— ahff… Madre de Dios… Y me aprieta contra él, agarrada así de la boca y… me tira para atrás, me lleva la cabeza mientra me corrrro cariño, me corro como una cerda, por fin con el rabo del vecino en el coño y no te creas que me deja correrme sin más, me… joder, me empieza ufff… a dar no azotes, no, ya lo verás… hostias en las tetas, así — y Elena le regala a Jose un adelanto del vídeo golpeándose tan fuerte con una mano que el sonido pilla desprevenido a su marido a pesar de que ha visto su mano abandonar su muslo mientras hablaba y alejarse de su cuerpo para coger impulso, plas PLAS!! — mfff... Jamás pensé que podía correrme así. Y la chiquilla estaba ahí, detrás… Grabándome la cara de puta mientras mi coño se llenaba de leche de macho. Y la muy guarra me sonreía como una chiquilla traviesa mientras se apuntaba a darme guantazos.

…………..


La noche anterior, unas cuantas horas después de volver de la piscina, María esperaba a su marido en la cama, leyendo. Cuando Adrián entró por la puerta, desnudo, hizo amago de dirigirse al baño del dormitorio.

— Eh. Que os he oído como todo el barrio. — Le detuvo María, sin sacar la vista de la pantallita del Kindle.

Adrián se detuvo sonriendo y miró a su mujer reflejada en el espejo de la cómoda, frente a la cama y junto a la puerta del baño.

— ¿Quieres que te cuente?
— Claro. ¿Te ha sentado bien salir hoy? No me digas que no lo tenía preparado.
— Hombre… Estaban las crías.
— Pero eso no se puede evitar, cariño. Viven al lado también.

Adrián se quedó pensativo, asintiendo con la mirada perdida, hasta respirar hondo y volver a sonreír a su mujer.

— Pues sonaba peligroso, pero lo necesitaba mucho. Y tenías razón, sólo estaban ellos, así que misión cumplida y hombre feliz.
— Me alegro, cielo. Ahora, cuéntame la follada que le acabas de dar a mi hermanita mientras te como la polla y los huevos, que sonaba interesante. Si te quedan fuerzas, claro. Me apetece jugar a la puta cornuda.




Continuará
 
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