Cuando una Madre Fantasea con su Hijo

heranlu

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Aquel día algo cambió en mi mujer Isabel. Todo empezó en aquel momento con su gemido.

“Eso es Javier, dale fuerte a mami.” En ese momento me quedé totalmente quieto con la polla metida en su coño, boquiabierto. Que nombrara a nuestro hijo mientras follábamos era algo inesperado. Con los años habíamos hecho algún juego de rol, pero nunca como si fuéramos familia. “Venga coño, no pares, que estaba a punto de correrme.”

Con ese comentario, como si no hubiese dicho nada raro antes, mi esposa me incitó a seguir follando. Lo hicimos hasta que se corrió y gimió nuevamente el nombre de nuestro hijo.

Después de hacerlo y ya cansados tirados en cama quise hablar del tema, saber por qué en aquel momento íntimo pensaba en nuestro hijo.

Su respuesta fue clara y simple, había visto a nuestro hijo al salir de la ducha y se había quedado impresionada por el, como dijo ella, pedazo rabo que tiene nuestro jovencito.

Cuando mencioné que si Javier se enterara de que su madre fantaseaba con él le daría vergüenza, que no le parecería bien. Ella simplemente se rió y dijo que cualquier universitario desearía que una mujer madurita como ella se corrieran pensando en ellos. No reconocía a esa Isabel. No eramos unos santos, vale, ¿pero fantasear y hablar así sobre nuestro hijo? No me parecía correcto.

Los siguientes días Isabel estuvo más lujuriosa de lo normal pero siempre se repetía lo mismo. Una vez que empezábamos y ya tenía mi polla dentro empezaba a llamarme Javier. Las primeras veces me negué a seguir con el juego y decía que si volvía a llamarme así pararía y me iría a hacer alguna tarea de la cas. Ella aceptaba a regañadientes, pero desde ese momento cerraba los ojos y se limitaba a suspirar y gemir mientras me montaba.

Estaba claro que la idea se había incrustado en su mente, pero cada vez que comentábamos el tema ella le sacaba importancia. No era para tanto. Solo fantaseaba con alguien, que fuese alguien de la familia era algo irrelevante.

Intenté que cuando follábamos me mirara, que dijera mi nombre, pero si hacíamos eso ella no llegaba al orgasmo. En menos de un mes de esta rutina me rendí, acepté que su fantasía por nuestro propio hijo le nublaba el juicio y que no pararía.

Una vez lo acepté la vida sexual fue mejor, era yo el que sacaba la fantasía. Le metía la polla y decía “que bien te entra mi polla mami, es como si al ser tu hijo mi polla fuese perfecta para ti”, “así mami, móntame hasta que me corra dentro del coño que me dio luz”.

Es posible que fuese un error hacerlo, lo admito, sobre todo sabiendo como han acabado las cosas, pero en ese momento me parecía lo correcto para hacer disfrutar a mi esposa. De esa manera tuvo los orgasmos más fuertes de nuestro matrimonio, y no tardó demasiado en ser la única forma de que lo hiciéramos y llegara al orgasmo conmigo.

Si el primer día que gimió nombrando a nuestro hijo fue el inicio de todo, el punto de no retorno fue el día que Javier entró en la habitación y nos pilló follando. ¿Pero quien puede culparle? Estaba en casa y escuchó a su madre “llamando por él”. Pidió perdón y cerró la puerta mientras mi esposa aumentaba el ritmo de sus caderas. Se había puesto aún más cachonda sabiendo que nuestro hijo la había escuchado gemir y la había visto desnuda follando.

Ese día supe que no era una simple fantasía o un fetiche que se había quedado en su mente. Mi mujer Isabel quería follarse a nuestro hijo.

Me dio vergüenza que nuestro hijo nos pillara así y le quería pedir disculpas, y así se lo dije a Isabel. Por un momento pensé que sin el calentón del momento sí que conservaba algo de sentido común cuando me pidió que la dejara a ella tratar el tema con nuestro hijo, que sería ella quién se disculparía por que nos pillara así ya que había sido por culpa de nuestros gemidos.

Menudo error cometí al aceptar.

Salió de la habitación sin sujetador y con mi corrida chorreándole por los muslos apenas tapándose con una bata.

Hablaron en la cocina. Con las puertas de la habitación y la cocina abiertas podía escucharles casi con tanta claridad como si estuviera a su lado.

“Hola cariño, perdona por lo de antes, ya sabes como son los calentones, cuando te pillan tienes que darle.”

“No pasa nada mamá, tendría que haber llamado a la puerta pero como me pareció que me llamabas entré sin pensar. Lo siento.”

Que bueno era nuestro chaval. Que bien lo habíamos criado. Y como acabó con su madre.

Mi mujer le confesó al momento que no se había equivocado, que había escuchado bien su nombre. Que llevaba meses fantaseando con él y meses en los que siempre que follaba conmigo se corría pensando en él.

En cuanto lo escuché me dirigí a la cocina. Mi hijo se había quedado boquiabierto sin saber que decir. De tal palo tal astilla.

“¿Es verdad eso papá? ¿Fantaseáis conmigo?”

Isabel sonreía mirando a nuestro hijo por debajo de la cintura. Ahora era yo el que cargaba el muerto de explicar el asunto y ella se dedicaba a mirar si nuestro hijo se empalmaba o no.

“Sí. Desde que tu madre te vio salir de la ducha ha estado fantaseando contigo, dice que tienes una polla increíble. Pensaba que sería una de tantas fantasías, pero desde aquel día hagamos lo que hagamos solo se corre cuando piensa en ti.”

La actitud de mi hijo era la que se podía esperar, estaba tan impresionado que cuando intentaba decir algo no paraba de tartamudear. Yo estaba muerto de vergüenza y rojo como un tomate. Isabel estaba sonriendo como una pequeña en una tienda de chuches en la que pueda comprar lo que quiera.

Lo que cambió la vida dentro de nuestra casa fue lo que hizo mi esposa a después. Dejó caer la bata y puso una mano en la rodilla de nuestro hijo.

“Sé sincero cariño, ¿te parezco sexy?”

Casi se le salen los ojos de las orbitas mientras asentía.

“Acabo de follar con tu padre, aún puedo notar como me chorrea su corrida y mojada como una puerca. Pero llevo mucho fantaseando con esto, si te parezco una mujer sexy puedes sacarte la polla de los pantalones y follarme hasta que nos corramos y cumplamos mi fantasía.”

Pobre Javier, reaccionó a ese comentario de tal manera que casi se cae de la silla, aunque seguramente mi reacción vista desde fuera no fue muy distinta. Me intentó mirar para ver que le decía, pero los ojos se le iban a las tetas de su madre.

Podría haberlo parado. Decir que eso era un límite que no íbamos a cruzar. Que no volveríamos a hablar del tema y que volveríamos a ser una familia normal.

En su lugar me encogí de hombros.

“Te dejo la decisión a ti. Haz lo que quieras.”

En cuanto esas palabras salieron de mi boca mi hijo se levantó, no sin cierta duda. Cuando puso las manos rodeando las tetas de mi esposa volvió a mirarme. Y yo asentí.

Junto a lo sexy que es Isabel eso debió ser suficiente para que Javier decidiera que se follaría a su propia madre. Sus manos no temblaron al apretar las tetas de su madre, ni tembló cuando se lanzó a comerle la boca.

Lo que tembló fue la mesa de la cocina cuando agarró a su madre y la abrió de piernas ahí mismo. Pude ver casi en primer plano como se bajó los pantalones hasta las rodillas y salió su polla al aire.

Viéndola así de cerca y tan dura debo confesarlo, mi esposa tenía motivos para obsesionarse con ella.

“Venga, si tanto lo quieres, pídelo.” el muy sinvergüenza estaba frotándose la polla contra el coño de su madre para volverla loca.

“Hijo por favor metem-”

A mitad de la frase soltó un gemido único. No había escuchado nada así en mi vida. Nuestro hijo se la había metido hasta el fondo mientras ella estaba pidiendo que se la metiera.

Tirada de esa forma en la mesa la cara de Isabel quedaba justo enfrente de la mía. Verla así fue más de lo que pude soportar.

Se la veía feliz. Estaba sonriendo con la polla de su propio hijo metida hasta los huevos. No recuerdo haberla visto así nunca, ni en nuestra boda.

Simplemente me fui de ahí, dejando a la nueva pareja dándole al tema mientras yo estaba tirado en el sofá con la mirada perdida.

El ruido de la televisión se mezclaba con los ruidos de ellos.

“Correte dentro cariño, que nuestra primera vez sea especial.”

“Joder que rápido te pones duro otra vez.”

“Dejame chuparla, quiero notar como me golpeas la garganta con esta pedazo de polla.”

“Ahora correte en mis tetas, cubreme en tu corrida, vicioso.”

Me despertó Isabel no se cuantas horas después, con el pelo totalmente revuelto y sonriendo como nunca. Tenía restos de semen por la cara y las tetas.

“¿Te importa que hoy duerma con Javi en nuestra cama?”

“No, tranquila, yo estoy bien durmiendo aquí.”

Lo último que escuché salir de su boca antes de volver a cerrar los ojos fue un “Muchas gracias cariño. Javi vente a nuestra habitación, en la cama de matrimonio tendremos más espacio y la noche es joven.”
 
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