Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulos 001 al 010

heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 001



Cuando el 14 de marzo de 2020 se decretó el Estado de Alarma y el confinamiento en España, Alba se vio de repente encerrada en casa todo el día con su hijo, Antonio. Julián, su marido y enfermero de profesión, al ser personal de servicios esenciales sí que iba a trabajar, y muchos días, más de las 8 horas reglamentarias.

Los primeros días fueron de aclimatación a las nuevas circunstancias. Julián no tenía horarios fijos y Alba y Antonio no tenían otra cosa que hacer que ver la tele, turnarse para ir al supermercado y poco más. Bueno, Antonio, a sus 19 años también se la meneaba a diario, y varias veces.

Alba, como todas las madres, sabía que su hijo se masturbaba. Ese largo tiempo encerrado en el baño, esas sospechosas manchas en las sábanas, eran las inequívocas señales de que su hijo se tocaba desde la lejana pubertad. Ella no le daba importancia, sabedora de que eran cosas de la juventud.

Lo que Alba no sospechaba, ni de lejos, es que alguna de esas juveniles pajas estaba dedicada a ella. Y que desde que estaban los dos encerrados en casa por el Covid la frecuencia de las fantasías en las que Antonio la metía a ella había aumentado.

A sus 46 años Alba era una hermosa mujer. Morena de piel, con el cabello rizado un poco por debajo de los hombros. Delgada, pero no flaca, con una linda cara, un culito redondo y respingón y un bello par de tetas que se mantenían muy bien para su edad. Hacía un año desde su última regla y por el momento no había necesitado ni medicación ni complemento alguno.

Sin embargo, pese a su belleza, solo había mantenido relaciones sexuales con su marido, con el que se había casado virgen. La desfloró en su noche de bodas, torpemente. Y así, torpe, había sido su vida sexual desde entonces. Ni ella ni Julián, de la que Alba también había sido su primera y única mujer, tenían la suficiente experiencia ni tampoco la osadía de experimentar cosas nuevas.

Durante los primeros años de matrimonio, cada sábado por la noche, como un reloj, Julián, una vez acostados y con la luz apagada, le besaba un poco el cuello. Le acariciaba las tetas, pero sin mucha dulzura, le quitaba las bragas - si ella las tenía puestas -, la montaba, le clavaba su dura polla en su casi siempre poco húmedo sexo y la embestía unos minutos hasta tensarse y correrse, bufando y gruñendo, dentro de ella. Luego un beso rápido en los labios, se tumbaba en su lado de la cama y a los pocos minutos ya roncaba.

Alba, con los ojos abiertos en la oscuridad de su dormitorio y sintiendo como el semen de su marido empezaba a salirse, se preguntaba si eso era el sexo. Eso tan placentero que había oído pero que para ella no significaba nada. Solo de vez en cuando, en contadas ocasiones, cuando la polla de su marido entraba y salía de ella, notaba como se mojaba y empezaba a sentir algo de placer. Pero entonces él se corría y todo terminaba. Se levantaba cuando él empezaba a roncar, se iba al baño a lavarse y volvía a la cama.

A los 27 años se quedó embarazada de Antonio. Julián la dejó tranquila más de 1 año antes de, por supuesto un sábado por la noche, volver a montarla y bufar sobre ella hasta llenarla.

Cierto día, tendría su hijo tres años, Alba hablando con su mejor amiga, se atrevió a preguntarle:

-Carmen... ¿Tú gozas con tu marido?

-¿Ein? - respondió, sorprendida, su amiga.

-Ya sabes - bajó la cabeza, avergonzada - cuando tenéis sexo.

-¡Cuando follamos!

-Sí.

-Pues a veces sí, a veces no. ¿Tú qué tal?

-Yo... creo que no.

-¡Coño!

Alba le contó cómo era Julián con ella. Cómo cada sábado la montaba, se meneaba hasta correrse y se echaba a dormir. Le contó que a veces ella empezaba a sentir algo pero que todo terminaba rápido y se quedaba frustrada.

-Pues hazte una paja - le respondió.

-Yo... me da cosa... con él ahí.

-¿No me dices que los pocos minutos ya está roncando?

-Sí.

-Pues eso. O vete al baño.

De esa manera fue como a los 30 años Alba tuvo su primero orgasmo en la cama con su marido. Solo que él roncaba a su lado y ella se frotaba el clítoris hasta estallar en silencio después de que él se la follara y se quedara dormido enseguida.

Cada sábado después de esa noche, ella se masturbaba cuando Julián se dormía. Se acariciaba a sí misma hasta que su cuerpo se tensaba, apretaba los dientes y gozaba de su propio cuerpo.

Meses después, estando sola en su casa una tarde que su marido se llevó al pequeño Antonio de paseo, Alba se masturbó tranquila, sin temer que nadie la oyera y gritó, por primera vez, en la cumbre del intenso orgasmo que sus dedos le regalaron. Desde ese momento aprovechaba las escasas ocasiones en que se quedaba sola para satisfacerse. Ocasiones que aumentaron cuando Antonio empezó a ir al colegio.

Así pasaron los años. Antonio fue creciendo y ella fue disminuyendo sus momentos de auto amor. Hasta Julián a veces se saltaba algún sábado.

Hasta que un día el Gobierno la encerró en casa con su hijo.

*******

Antonio, ahora casi todo el día solo con su madre, la empezó a mirar con más intensidad que hasta ese momento. La escasas pajas que se hacía antes pensando ella se convirtieron en las principales. No era una jovencita, por supuesto, pero a sus 46 años, a los ojos del joven de 19, era una hermosa mujer.

Al no tener que salir de casa debido al confinamiento ella no se arreglaba tanto como antes, pero por otra parte usaba ropa más cómoda, de andar por casa, lo que permitía que Antonio pudiera admirar su cuerpo con más facilidad. Y no podía evitar ponerse como una moto los días que ella no se ponía sujetador y se adivinaban, tras la tela de las camisas o el pijama que llevara, sus dos pezones.

No era raro el día que se metía en el baño a hacerse una buena paja a la salud de su bella y apetecible madre, fantaseando con ella, con hacer todas esas cosas que veía en los vídeos que también usaba para calmar sus juveniles calentones. Y además, el maldito encierro en el que estaba le impedía intentar conseguir algún ligue con el que desfogarse un poco. No era raro que en sus salidas nocturnas con sus amigos consiguiera ligar con alguna chica y sacarle unos besos, un buen morreo, sobarle las tetas y a veces, hasta una placentera paja. Incluso, aunque en raras ocasiones, una rica mamada.

Pero todo eso fue era antes del Covid. Ahora solo tenías sus pajas y a su madre para inspirarlas.

*******

A medida que pasaban los días Alba empezó a notar que Antonio la miraba. Lo sorprendía mirándole las tetas, sobre todo cuando no se ponía sujetador. Ella disimulaba, haciendo como que no se daba cuenta. Se sintió rara, siendo espiada así por su hijo. Pero extrañamente, halagada. Incluso, excitada, hasta el punto de ponerse una camisa fina sin sujetador y disfrutar en silencio de las furtivas miradas de su hijo.

Llevaban un mes de encierro cuando un sábado por la noche y sin que Julián hubiese llegado aún, se pusieron a ver una película en la tele. Ella con un pijama corto y sin sostén, lo que tenía a Antonio atento pare echarle rápidas miradas, y él con una camiseta y unos pantalones cortos de deporte.

A mitad de la película empezó una escena bastante subida de tono. Aunque no era explícita, entre cómo iba vestida su madre y el polvazo que el protagonista le echaba a una estupenda rubia sobre el capó de un coche hizo que la polla de Antonio pasara, de estar morcillona, a ponerse dura como una piedra, abultando notoriamente en su pantalón y obligando al joven a usar, a falta de otra cosa, sus manos para taparse.

Su madre, que se dio cuenta, se rio.

-¡Jajaja! Parece que a alguien la escenita le está afectando - dijo, socarrona.

-Sí, un poco - respondió, ligeramente azorado, Antonio.

Siguieron mirando la película. La escena terminó pero Antonio no se quitaba las manos de la entrepierna. Fue Alba la que ahora, disimuladamente, le echaba furtivas miradas.

Se dio cuenta de que estaba allí, sentada con su hijo, el que sin duda tenía una erección... que sin duda tendría la polla dura y ella lo miraba, tratando de ver algo. Empezó a notar en su bajo vientre ese agradable cosquilleo que sentía hacía unos años y que la llevaban a acariciarse hasta estallar de placer.

Quizás fue eso, la excitación que estaba renaciendo en su cuerpo, la que la llevó a preguntarle a su hijo:

-¿Qué? ¿No se te... baja?

Y arrepentirse de haberlo dicho al siguiente milisegundo.

-Parece que no - respondió él, sin mirarla.

Y en vez de callarse y dejarlo pasar, se sorprendió a si misma cuando le dijo:

-Bueno. Si... luego te tocas, procura no marcharme nada, ¿Eh?

-¡Mamá! - exclamó ahora Antonio, mirándola.

-¡Jajaja! Que es broma hombre.

-Sí, claro.

-Que soy tu madre. Y las madres siempre sabemos lo que hacen nuestros hijos... en la baño o en la cama.

-¡Joder!

-¿Qué te pensabas? ¿Que nos chupamos el dedo?

-No... supongo que no.

Todo terminó ahí cuando oyeron la puerta, indicando que Julián había llegado. Alba se levantó a prepararle algo de cena, dejando a Antonio 'desinflándose' en el salón.

Cuando esa misma noche, después de un breve magreo de tetas y un par de besos en el cuello, Julián se subió sobre su mujer y le metió la polla, no se dio cuenta de que aquel coño estaba más húmedo que otras veces. Se la folló como siempre, buscando solo su placer hasta vaciarse dentro de la acogedora y cálida vagina.

Tampoco se dio cuenta de que Alba estuvo a punto de correrse también mientras la follaba. Si él solo hubiese aguantado un poco más, un minutito más, habría logrado que su esposa, que su mujer, se corriera con su polla dentro. Pero como las veces anteriores, para correrse Alba esperó a oír roncar a su marido antes de tocarse y estallar de placer. Y no puedo evitar correrse pensando en su hijo, en las miradas de los últimos días. En lo que escondían sus manos antes durante la película.

Lo que Alba no supo fue que Antonio también se había corrido momentos antes, oyendo a su padre gruñir. Sabía desde hacía mucho que sus padres follaban casi todos los sábados, y no era la primera paja que se hacía oyéndolos. Bueno, oyendo a su padre. A ella nunca la había oído gemir. Pero sabía el momento justo en que su padre se corría. El momento justo en que su padre le llenaba el coño a su madre de leche calentita. Y era en ese momento, con ese gruñido de placer paterno, cuando Antonio se corría imaginando que era su propia polla la que llenaba a su madre hasta rebosar.

******

Al día siguiente, aunque era domingo, Julián desayunó y se marchó a trabajar sobre las 10 de la mañana. Le dijo a su mujer que solo sería media jornada y que volvería a la hora de comer. Alba estaba en la cocina limpiando la loza cuando Antonio entró.

-Buenos días, mamá - le dijo, mirándole a placer el precioso culo ya que ella le daba la espalda.

-Buenos días, tesoro. ¿Descansaste bien?

-Sí, muy bien. ¿Y tú?

-Sí - respondió la mujer, notando un cosquilleo en su zona baja. Se había despertado mojada.

-Ya claro... jeje. Normal.

Alba se dio la vuelta.

-¿Normal? ¿Qué quieres decir? - preguntó sin saber a qué se refería Antonio.

-Bueno, ya sabes. Era sábado.

-Sí. ¿Y? - volvió a preguntar, aun no habiendo pillado la indirecta de su hijo.

-Sábado sabadete... - respondió él, poniendo cara de pillo.

De repente, Alba al fin comprendió lo que Antonio insinuaba y no podo evitar ruborizarse ligeramente. Se dio la vuelta otra vez para que Antonio no la viera así. Antonio volvió a posar sus ojos el culo de su madre, que tras el corto pantalón de pijama que llevaba lucía precioso y apetecible.

No pudo evitar que su polla empezara a coger consistencia.

¿Y si lo hago? - pensó - ¿Y si hago lo que tantas veces he fantaseado pero nunca me he atrevido a hacer?

Ella seguía dándole la espalda. Había vuelto a ponerse a fregar la loza que le quedaba en el fregadero y al frotar con la esponja la taza que tenía en la mano, el movimiento se distribuía por el todo el cuerpo y sus nalgas se mecían al compás, encendiendo aún más al joven que no le quitaba ojo.

Ese suave meneo fue lo que llevó a Antonio a levantarse, acercarse a su madre y, después de un momento de duda, pegarse a ella y darle un suave beso en el cuello, rozando sus nalgas con su ya dura polla. Con el corazón desbocado, acercó su boca a uno de las orejas de la mujer y le susurró.

-Anoche, entre la película y luego oír como follaban me tuve que... calmar. Pero tranquila, que no te manché nada.

Alba se estremeció, pero no se movió. Casi gime cuando Antonio se apretó más a ella notó claramente contra su culo la dura polla de su hijo.

-Y ahora ya ves. Otra vez hinchado. Creo que iré a mi cuarto a calmarme.

A Alba casi se le cae de las manos la enjabonada taza que sostenía. Iba a decirle algo cuando Antonio se separó de ella y se alejó. Alba no se movió, estaba como petrificada. Lo único vivo en su cuerpo era su coño, el cual lo sentía palpitar entre sus piernas.

Antonio se dirigió a su cuarto y cerró la puerta, aunque no echó la llave. Se tumbó en su cama, se desnudó y empezó a masturbarse, mirando hacia la puerta, esperando que en cualquier momento ésta se abriera y su madre los sorprendiera así, con la polla en la mano y haciéndose una paja.

No era la primera vez que fantaseaba con algo como eso. Estar masturbándose y que de repente su madre entraba y lo sorprendía. En su fantasía ella no se escandalizaba ni le decía nada. Solo se acercaba a su cama, se sentaba, le quitaba la mano para, agarrando su dura polla, terminarle la paja y hacerlo correr a borbotones.

Solo que ahora no era una fantasía. Se había atrevido a hacerlo. Le había apretado la polla contra el culo y le había insinuado claramente que iba a cascársela a su cama. Sabía que era una locura. Que esto era la vida real y que su madre en vez de cogerle la polla podría gritarle y decirle de todo menos bonito.

Pero ya estaba hecho. Quizás el estar tanto tiempo encerrado todo el día con ella lo había llevado a cometer esa locura. Sin dejar de mirar hacia la puerta, siguió tocándose esperando que de un momento a otro ella entrara, o al menos, tocara a la puerta.

Después de 10 minutos y ver que ella no aparecía se empezó a preocupar, primero, y a asustar, después. Empezó a decirse que había sido un estúpido y que se la iba a cargar. La polla se le desinfló y se vistió.

No se atrevió a salir de su cuarto en más de tres horas. Y cuando por fin lo hizo, con todos los sentidos alerta, se acercó lentamente al salón y allí, mirando la tele, estaba ella, como si nada hubiese pasado. Antonio se acercó y se sentó, temeroso, en el sofá de al lado.

*****

Horas antes, cuando Antonio la dejó en la cocina con la taza a medio fregar en las manos, Alba se notó muy excitada, más de lo que recordaba haber estado nunca. En todos los años que llevaba con su marido jamás se había sentido como ahora. Por más que Julián la besara, la acariciara y la follara, había bastado que Antonio la rozara con su dura polla unos segundos para encenderla como nunca.

Sus pezones, duros como piedras, casi le dolían al rozarse con la tela de su camiseta. Notaba como su corazón latía en su pecho, desbocado, y como esos latidos hacían eco en su coño, mojado como nunca. Cerró los ojos y recordó las últimas palabras de su hijo: "Creo que iré a mi cuarto a calmarme".

Eso significaba que Antonio estaría en su cama, masturbándose. Que estaría, se estremeció al pensarlo, haciéndose una paja. Estaría tocándose esa cosa dura que había notado contra su culo momentos antes.

¿Y si iba al cuarto de él? ¿Y si se atrevía a entrar y mirar cómo se daba placer?

Dejó la taza en el fregadero, se lavó las manos y salió de la cocina. Miró hacia el cuarto de Antonio y vio la puerta cerrada. Se acercó lentamente, pero dudas en el último momento hicieron que se diera la vuelta y se dirigiera hacia su propio dormitorio. Entró, cerró la puerta, sin pasar la llave, se tumbó en la cama y a los pocos segundos se corrió mordiéndose la mano para no gritar.

Ni los pantalones se bajó. Solo metió la mano por dentro, se frotó y se corrió.

*****

Antonio esperó unos segundos a que ella dijera, algo, a que estallara contra él. Pero ella parecía tranquila, viendo algún programa en la tele. El silencio lo ahogaba, así que se atrevió a hablar.

-Mamá... yo... siento lo de antes.

-¿El qué, tesoro? - respondió Alba, sabiendo perfectamente a qué se refería su hijo.

-Bueno. A lo que te dije. A lo que hice.

-Ah, bueno, tranquilo. No pasa nada. Supongo que las hormonas, el estar aquí los dos encerrados todo el día...

-Sí... jeje... será eso - mintió el muchacho, aliviado de ver tan tranquila a su madre.

-Y parece que funcionó - dijo ella.

-¿Cómo? - preguntó Antonio, sin entenderla.

-Pues... que te calmaste, digo - y señaló con los ojos al pantalón de Antonio.

-Ah... sí - volvió a mentir el joven, que no pudo terminar la paja que había empezado.

Alba casi le dice que ella también se calmó. Pero se contuvo.

Pasados unos minutos en los que ninguno de los dos dijo nada, Alba no pudo más y le preguntó.

-¿Tan finas son las paredes?

-¿Por qué lo dices? - respondió Antonio.

-Por lo que dijiste esta mañana. Lo de... sábado sabadete...

-Camisa nueva y polvete - completó él.

-¡Jajaja! - Sí, por eso.

-Bueno, eso parece - le dijo, pero sin decirle que él se acercaba a la pared para oírlos mejor, ya que desde su cama, que no daba directamente a la habitación de sus padres, no se oía nada.

-Uf, que corte. Que nos oigas... hacerlo.

-Bueno, mamá. ¿Acaso crees que los hijos no sabemos que nuestros padres... follan?

-Estás aquí. Así que supongo que sabes que al menos 1 vez...

-¡Jajaja, sí! Y precisamente eso es algo que no entiendo.

-¿Qué cosa? - inquirió Alba, intrigada.

-Pues... No, nada. Déjalo.

-Venga, no seas bobo. ¿Qué no entiendes?

Antonio la miró a los ojos y le dijo:

-Que solo te folle una vez a la semana.

La mujer se quedó con la boca medio abierta, sin saber que decir. Pasaron unos segundos en los que sintió como la cara se le ponía roja. Él no dejaba de mirarla. Y añadió:

-Porque si fueras mi mujer...

-¿Qu...qué? - dijo Alba con un hilo de voz

-Si fueras mi mujer, te follaba todos los días.

Alba sintió como todo su cuerpo se estremecía. Su corazón se desbocó y su coño volvió a mojarse.

-Lo siento - dijo Antonio - Quizás me he pasado.

-Bueno, no es algo que una madre espere oír de su hijo, la verdad.

-Ya... supongo que no. Perdóname, mamá.

-Tranquilo, Antonio. En realidad no me ha molestado. Solo me ha sorprendido. Aunque me temo que...

-¿Qué? - preguntó asustado el muchacho.

-Pues... que tendrás que volver a calmarte - respondió Alba, señalando al evidente bulto que se había formado en el pantalón de su hijo.

-Uf, sí - susurró Antonio, mirando como su polla palpitaba encerrada en los holgados pantalones.

No hizo nada, esta vez, por taparse ante su madre. Ella tampoco le dijo que su coño de nuevo palpitaba y que también tendría que calmarse ella también.

Antonio se levantó y vio como su madre le miraba fijamente a la entrepierna. La polla estaba de lado y abultaba de manera nada decorosa. A punto estuvo de bajarse los pantalones y hacerse una paja allí, con ella mirando, pero optó otra cosa. La miró a los ojos.

-Voy a mi cama a...hacerme una paja. Esta vez dejaré la puerta abierta por si quieres... mirar. Me la haré pensando en ti.

Antes de que ella dijese algo, se dio la vuelta y se fue a su cuarto, sorprendido de todo los que estaba haciendo y diciendo ese día. Entró, dejó la puerta abierta tal y como había dicho, se desnudó y se acostó en su cama. Se agarró la polla y empezó una suave y lenta paja, mirando hacia la puerta, esperando ver a su madre asomarse y, quizás, entrar.

Alba, por su parte, tardó más de un minuto en procesar lo que había pasado. Su hijo acababa de decirle que se iba a hacer una paja a su cuarto. Una paja por ella. Y que dejaría la puerta abierta para que ella mirara. Y en vez de enfadarse, de escandalizarse, lo que hizo fue apretar las piernas y gemir.

¿Y si lo hacía? ¿Y si se atrevía a mirar? Solo mirar... No podía tocarlo. Eso no sería correcto. Solo... mirar.

Estuvo unos minutos con la cabeza llena de fugaces pensamientos, de dudas. Llegó a decirse a sí misma que todo aquello no era real. Que Antonio le había gastado una broma.

Se levantó y lentamente salió al pasillo. La puerta abierta al fondo, la puerta del dormitorio de su hijo, la hizo estremecer otra vez. ¿De verdad lo estaba haciendo? ¿Estaba Antonio haciéndose una paja y había dejado la puerta abierta para que ella lo viera?

Salió de dudas cuando, tras lo que le parecieron horas, llegó hasta el marco de la puerta y miró dentro. Allí, tumbado sobre la cama, desnudo, con la polla en la mano, la cual subía y bajaba lentamente a lo largo de la dura estaca, estaba Antonio. Los ojos de la mujer fueron de los ojos de su hijo hacia su polla. Aún desde los 4 metros que los separaban, se dio cuenta de que la polla de su hijo no tenía nada que ver con la de su padre.

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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 002


En todos los años de matrimonio no recordaba habérsela visto así, dura y en vivo, a su marido. Alguna vez llegó a rozarla bajo las sábanas antes de que él se la metiera para follársela y correrse. Cuando la penetraba, como ella casi nunca estaba preparada y su coño estaba apenas lubricado, la sentía abrirla y llenarla, haciéndole muchas veces algo de daño, por lo que pensó que era una polla grande.

En ese momento, viendo la polla de su hijo en todo su esplendor, supo que la de su marido no era nada en comparación con aquella. No pudo apartar la vista.

Antonio, que estaba a punto de rendirse al ver que ella no se asomaba, aumentó el ritmo de la paja cuando vio como su madre, apoyada contra el marco de la puerta, no apartaba los ojos de su durísima verga. Antonio la miraba a ella, deseando que ella entrara, se acercara a su cama y le agarrase la polla. Que le hiciera una paja, o mejor, que le hiciese una buena mamada como las que siempre había soñado.

Pero su madre no entraba. Se quedó quieta, mirando su polla y de vez en cuando a sus ojos, pero sin moverse de allí. Vio que los pezones se le marcaban en la tela de la camisa. Vio como ella se mordía el labio, pero no se movía.

El morbo de la situación era demasiado. Aumentó más el ritmo, notando como su cuerpo empezaba a tensarse. Apretó los dientes y consiguió decirle a ella.

-Mamá... me voy... a correr... para ti... por ti.

Alba apretó los dientes. Vio con todos los músculos del cuerpo de su hijo se tensaban y como de repente un enorme chorro de semen salía disparado de la polla, describiendo un arco en el aire antes de caer sobre el pecho de Antonio. De aquella soberbia polla siguieron saliendo chorros y más chorros que fueron cayendo por el pecho, el estómago, el pubis y hasta en la cama. No los contó, pero fueron 7 u 8 chorros fuertes seguidos de otros ya más débiles, que bajaban por la mano que seguía subiendo y bajando por la polla.

Fue después del orgasmo cuando Antonio volvió a respirar. Y su madre también, que sin darse cuanta había contenido la respiración cuando la polla de su hijo había empezado a soltar toda aquella... leche.

Alba supo que si apretaba las piernas, si las cerraba y se frotaba el coño lo más mínimo se correría sin remedio, allí, a la puerta del dormitorio de su hijo. Se correría mientas él la miraba, aún cubierto de semen. Se miraron a los ojos. Él sonrió y ella, sin más, se dio la vuelta y se marchó a su propio dormitorio. Entró, se acostó en su cama, se metió la mano por dentro del pantalón que llevaba, por dentro de las empapadas bragas, se frotó y se corrió en el acto, cerrando los ojos con fuerza, apretando los dientes y gozando del intenso placer que sentía en ese momento.

Fueron largos segundos en los que, a pesar de tener los ojos cerrados, veía la polla de su hijo escupir chorros y chorros de espeso semen sobre sí mismo, sobre la dura y poderosa verga que agarraba con su mano.

Después del intenso orgasmo, Alba abrió los ojos y miró hacia la puerta de su cuarto, que no había cerrado. Y allí, tal y como estaba ella hacía unos instantes, estaba Antonio, solo que él estaba desnudo, con brillantes lamparones de semen por su pecho y estómago y una aún dura polla ahora apuntando directamente hacia ella. Se quedó quieta, mirándola, para luego subir la mirada hacia los ojos de su hijo, que le sonrió.

Volvió a bajar la mirada hacia la polla que la tenía como hipnotizada. Cuando Antonio se dio cuenta de hacia dónde miraba su madre, volvió a agarrar su dura hombría y comenzó una segunda paja, mirando como su madre, con las piernas abiertas, tenía su mano metida por debajo del pantalón.

-¡Tócate! - le ordenó

-¿Qué? - respondió ella, como en una nube.

-Que te hagas otra paja... quiero ver cómo te corres de nuevo.

Alba gimió de placer cuando sus dedos volvieron a acariciar su inflamado clítoris. No había sido algo consciente. Pero su cerebro había obedecido sin ofrecer ningún impedimento la orden de su hijo. Y ahora, al gemir de placer y ser plenamente consciente de lo que estaba haciendo, tocándose delante de su hijo y mirando como él se tocaba, a pesar de saber que aquello era algo prohibido, algo tabú, no sacó su mano. No dejó de acariciarse. No dejó de gemir.

Gimió más fuerte cuando Antonio, al contrario de lo que ella había hecho en el cuarto de él, sin dejar de tocarse la polla empezó a caminar hacia ella. Vio cómo se acercaba a la cama, como se subía y como se arrodillaba a su lado, dejando aquella hipnótica polla al alcance de su mano.

Aun así no pudo hacer lo que deseaba. Tocarla, sentirla. Solo la siguió mirando, viendo como la mano de Antonio subía y bajaba lo largo del grueso tronco. Al tenerlo tan cerca ahora lo pudo ver en todo su esplendor. La hinchadas venas que la cubrían. La gruesa y amoratada cabezota que no hacía mucho había escupido aquella catarata de semen.

Entonces le llegó un olor que la embriagó aún más. Enseguida comprendió lo que era. Era el olor del semen que cubría la piel de Antonio. Antes de ese momento, cuando después de ser follada por su marido iba al baño a lavarse lo había olido muchas veces. Llegó a sentir cierto asco ante la ligera viscosidad y el dulzón aroma de la marital simiente, pero ahora, a pesar de que el olor era parecido, no sintió nada de asco, más bien al contrario. Era un olor que le llegaba al cerebro.

-Ummm qué linda estás, mamá, así, tocándote para mí. Me encantó ver cómo te corrías.

Ella no respondió. Solo se mordió el labio y siguió tocándose mirando aquella dura polla que era frotada por su hijo cada vez con más intensidad.

-Sigue, no pares mamá. Quiere ver cómo te corres...pero... si te corres... me correré sobre ti.

-¿Qu...qué? - balbuceó la mujer a punto de estallar.

-Qué si te corres me correré sobre ti

¿Correrse sobre ella? ¿Cómo que correrse sobre ella? ¿Acaso quería de decir que...?

Aún con aquellas preguntas rondándole la cabeza, Alba notó como su cuerpo se empezaba a tensar. Su espalda se arqueó sobre la cama al tiempo que una intensa oleada de puro placer estallaba en su cuerpo. Con los ojos entrecerrándose vio como Antonio se acercaba a ella, como sin dejar de pajearse acercó su polla a su cara. Justo antes de que se le cerraran los ojos del todo vio como de la punta de la verga salía disparado un poderoso chorro que se estrelló contra su barbilla y cruzó su rostro hasta notarla en la frente. A pesar de que la tensión de su orgasmo hacía que sus oídos no oyeran nada, su piel sí que sentía. Y lo que sintió fueron varios chorros calientes, espesos, estrellándose contra ella. Su frente, sus mejillas, su nariz, labios, mentón... todo recibió aquella cálida lluvia que provocó que el orgasmo que tensionaba todo su ser se multiplicara en intensidad hasta el punto de notar como sus dedos se mojaban al recibir chorros de su propio flujo.

Largos segundos de inmenso placer que al finalizar, al volver su espalda tomar contacto con la cama, permitieron a la jadeante mujer abrir los ojos para encontrarse frente a ella, a escasos centímetros, la polla de su hijo. Vio como éste exprimía un último chorrito de leche que lentamente cayó sobre su camiseta.

Se miraron a los ojos. Ella vio como los de él recorrían su cara. Cara que estaba cubierta con varios chorros de semen. Su hijo acababa de correrse sobre su cara y la miraba.

-Estás... preciosa. La de veces que me había imaginado esto...La de veces que me he corrido imaginando que me corría así en tu cara... y acabo de hacerlo.

Alba flotaba. Su mano seguía por dentro de sus bragas, aún con los dedos sobre su clítoris, pero sin moverlos. No dijo nada. Solo se quedó así, quieta, mientras él la admiraba.

Le gustó como él la miraba. Le encantó sentir el pegajoso calor del semen que cubría su rostro. Siguieron así unos pocos segundos más hasta que Antonio se bajó de la cama y le tendió la mano, invitándola a tomársela para incorporarse. Alba no se dio cuenta de que la mano que ella le tendió era la mano que tenía dentro de las bragas, la mano que estaba mojada con los jugos de su coño.

-Ven conmigo - le dijo él, y tirando de su mano la sacó de la habitación.

La mujer se dejó guiar hasta el baño. Antonio la puso frente al lavamanos, cara al espejo y se colocó detrás de ella, pegándose. Alba notó la polla, aún bastante dura, aplastarse contra su culo. Entrecerró los ojos, estremeciéndose.

-Mírate, mami. Mira lo hermosa que estás con mi corrida decorando tu carita.

Ella abrió los ojos y se miró. Hacía un tiempo, siendo aún pequeño Antonio, cuando ella se masturbaba con más frecuencia, llegó a veces a mirar porno por internet. Había visto escenas en los que los hombres se corrían sobre la cara de las chicas, y no le habían gustado. Llegó incluso a encontrarlas repulsivas y dejó de mirar porno. Sin embargo, mirándose y viéndose a sí misma reflejada en el espejo, notando la polla de su hijo contra su culo, no se encontró repulsiva. Se encontró sexy. Vio como un goterón de semen caía desde su mejilla hasta su camisa. Y vio, estremecida, como Antonio metió su mano izquierda por debajo de la camisa y lentamente fue subiendo, acariciado su piel, hasta llegar a sus pechos.

Alba, mirando su rostro bañado en el semen de su hijo, gimió de placer cuando él atrapó entre sus dedos el pezón de su pecho izquierdo y lo apretó. Y gimió más fuerte cuando la otra mano de Antonio, lentamente, se metió por dentro de sus pantalones y se dirigió, sin dejar de mirarla a través del espejo, hacia su empapado coño.

El beso que él le dio en el cuello y lanzó salvas de placer por todo su cuerpo coincidió justo en el momento que los dedos de Antonio frotaron su inflamado clítoris y empezaron a masturbarla. Aquello fue demasiado para la mujer, que supo que se iba a correr sin remedio siendo acariciada por su propio hijo, mirándose la cara llena de su semen y notando la dura polla apretarse contra su culo.

Pero justo antes de llegar al punto sin retorno, antes de que el orgasmo empezara y ya nada lo pudiese parar, oyeron cerradura de la puerta de la calle, lo que significaba que su marido había vuelto.

-Salvada por la campana - le sonrió Antonio antes de soltarla y salir corriendo, desnudo como estaba, hacia su dormitorio.

Hecha un manojo de nervios, Alba se apresuró a lavarse la cara antes de ir también a prisa hacia su cuarto para cambiarse de ropa. Julián entró justo cuando ella se quitaba la camisa manchada de semen. Él ni se fijó en que los pezones de su mujer estaban duros y marcados como nunca.

-¿Ya... en casa? - dijo ella, tratando de disimular su nerviosismo.

-Sí. Hoy parece que la cosa estaba tranquila. ¿Ya está la comida?

-En unos minutos.

-Vale. Voy a ver las noticias.

Se marchó y la dejó. Ella se puso un sujetador, un vestido de andar por casa, dejándose puestas las empapadas bragas. Se atusó el cabello antes de irse a la cocina y terminar de preparar la comida. Era un manojo de nervios.

Cuando todo estuvo listo los llamó y los tres comieron, como siempre, en la cocina. Los nervios de Alba se disiparon un poco cuando comprobó que Julián actuaba como siempre pero volvieron cuando, por debajo de la mesa, Antonio empezó a darle golpecitos en el pie con el suyo y a mirarla. Ella consiguió echarle una mirada asesina que hizo que Antonio dejase de molestarla... un rato.

Durante el postre, Antonio cogió su móvil y escribió algo. A los pocos segundos, el móvil de Alba vibró. Ella lo miró y comprobó que era un Whatsap de Antonio. Se miraron a los ojos y él sonrió.

-¿Quién es? - preguntó Julián, terminando su flan.

-Mi hermana - mintió Alba - Algún meme malo de los suyos.

-Míralo mamá. A lo mejor es divertido - añadió Antonio, mirándola fijamente a los ojos.

-Si es bueno me lo remandas - exclamó su marido - Míralo a ver.

Alba se vio obligada a desbloquear el móvil y leer el mensaje de Antonio. Luego lo borró, cogió los platos de postre y los dejó en el fregadero.

-Bah, no era nada. Una tontería sobre el emérito - dijo.

Julián se levantó y volvió al salón, para como hacía todos los domingos, ver alguna película de esas malas sobre catástrofes que solían poner algunas cadenas. Alba, nerviosa, oyó como Antonio también se levantaba, se pegaba a ella por detrás y le frotaba la polla por el culo.

-¿Ves? No te mentía - le susurró él al oído antes de darle un beso en el cuello.

En mensaje que le había mandado a su madre y que ella, tras leerlo, había borrado, decía "¡Qué guapa estabas con mi corrida en la cara! No puedo quitarme esa imagen de la cabeza. Te tengo en frente y estoy con la polla dura".

-Por favor... Antonio. Con tu padre en casa... no

-Está bien, mami. Quizás sea lo mejor. Pero desde que se vaya... uf

La volvió a besar en el cuello, se separó de ella y se marchó a su cuarto, dejándola sola en la cocina.

Alba después de terminar con la cocina se fue al salón y se sentó junto a su marido. Pero no dejaba de pensar en todo lo que estaba pasando. No solo no había parado en seco a su hijo, sino que le dejó entrever que cuando Julián no estuviera en la casa...

¿Por qué lo permitió? ¿Que qué se dejó hacer lo que Antonio le había hecho? Se había tocado cuando él se lo pidió. Fue con él al baño y lo dejó tocarla mientras se miraba al espejo. Casi se corre con sus caricias y solo sabía una cosa. Que deseaba más. Por primera vez en su vida sentía deseo hacia un hombre. Bastaba una mirada de él para encenderla, una caricia para casi hacerla correr. Y quería más. Se sentía viva, se sentía mujer. Que Antonio no fuera un hombre cualquiera, sino su propio hijo, no le iba a impedir disfrutar de las sensaciones que estaba descubriendo.

Con todo ese batiburrillo de pensamientos en la cabeza pasó la tarde. No volvió a ver a Antonio hasta la cena, en donde volvieron las miradas y los golpes bajo la mesa. Esa vez ella no le echó ninguna mirada asesina.

Sobre las 11 de la noche Julián se fue a la cama. Normalmente Alba se quedaba en el salón más tiempo al no tener que madrugar, pero esa vez, por temor a quedarse a solas con Antonio, lo acompañó a la cama. A los cinco minutos, apenas su marido había empezado a roncar, su teléfono vibró.

Supo, sin lugar a dudas, que era un mensaje de su hijo. Y supo, sin lugar a dudas, que tenía que leerlo. Sin hacer ruido, cogió le móvil de su mesa de noche y lo metió debajo de las sábanas, tapándose ella también para que la luz del móvil no despertara a Julián. Quitó todos los sonidos del móvil y lo abrió. El pequeño iconito con un 1 sobre le verde icono de Whatsapp hizo que su corazón latiera. Lo abrió y lo leyó.

"Mami, me he pasado toda la tarde con la polla dura pensando en ti. Y ahora sigo con la polla dura. Mañana, desde que papá se vaya, voy a ir a tu cuarto, a tu cama, y te voy a follar bien follada".

Alba no le contestó, aunque Antonio supo que lo había leído cuando las 2 rayitas del mensaje se pusieron azules. Ella también se había pasado toda la tarde con el coño mojado. Y aún lo tenía mojado. Se metió la mano por dentro de las braga y se pasó los dedos a lo largo de su babosita raja. Si lo hacía un poco más se correría, pero se sacó las manos y trató de dormir. Mientras antes lo hiciera, antes llegaría la mañana, antes se iría su marido y antes...antes iría a su cama Antonio, su hijo, a follársela bien follada.

Le costó mucho dormirse, pero finalmente sus ojos se cerraron y el sueño la atrapó.

***********

La despertó el sonido del despertador de su marido a las siete en punto de la mañana, pero continuó con los ojos cerrados. En la habitación de al lado Antonio también estaba despierto, atento a los ruidos de la casa.

Ambos, madre e hijo, escucharon la rutina diaria de Julián. Oyeron como entraba al baño, como se duchaba, como luego iba a la cocina prepararse un café y afeitarse en el baño mientras éste subía, para luego volver a la cocina tomarse el café y marcharse.

Ambos, madre e hijo, oyeron la puerta de la casa cerrarse y como el silencio volvía. Silencio solo roto por unos pasos que se acercaban al dormitorio de Alba. Los pasos de su hijo que venía a...

Antonio encendió la luz. La repentina claridad los cegó a los dos, haciéndoles cerrar los ojos. Cuando los abrieron, lo que Alba vio fue a su hijo, desnudo, mirándola desde la puerta. Lo que él vio fue a su madre, acostada en la cama, boca arriba, tapada hasta el cuello. La mirada de Alba fue de los ojos de su hijo hacia la polla, que apuntaba, dura, enhiesta, poderosa, hacia ella.

Antonio, al verla así, tapada, dudó. ¿Y si ella no quería? Había leído sin duda el mansaje de la noche anterior, pero no lo había contestado. La duda de disipó de golpe cuando su madre tiró de la sábana y apareció, totalmente desnuda, ante los ojos de su hijo.

Alba abrió sus piernas y pronunció, por primera vez en su vida unas palabras que hicieron que Antonio se lanzara a por ella:

-¡Fóllame!

Casi corriendo, el deseoso muchacho se subió a la cama de su madre, se puso entre sus abiertas e invitadoras piernas, se echó sobre ella y de una sola estocada le clavó su dura polla hasta el fondo en el hirviente coño de su madre. El deseo acumulado de la mujer hizo que al sentir como la enorme, gruesa y dura polla de su hijo se clavaba en ella como si fuese un cuchillo caliente atravesando un bloque de mantequilla su espalda se arqueara y el primer orgasmo de su vida provocado por la polla de un hombre estallara en su cuerpo.

Antonio, que también tenía el deseo acumulado desde el día anterior, al sentir por fin su polla siendo acariciadas por las cálidas paredes del coño de su madre, que se empezó a convulsionar, a tener espasmos, tampoco pudo aguantar y empezó a correrse a borbotones en lo más profundo de la acogedora vagina, lanzando chorro tras chorro de espeso y cálido semen.

Fue un intenso y largo orgasmo para los dos. Cuando Alba abrió los ojos, se encontró con los de Antonio, que la miraba. Sentía su coño lleno de polla, lleno de semen, aún con espasmos de placer. Su marido jamás había conseguido hacerla gozar y bastó que su hijo solo se la clavara para que se corriera en el acto.

Él sonrió. Ella le devolvió la sonrisa. Antonio acercó su boca a la de su madre y la besó, por primera vez, como un hombre besa a una mujer. Con pasión, con ardor, buscando su lengua para entrelazarla con la suya. Sin dejar de besarla empezó a moverse, a meter y sacar su polla, que no había perdido un ápice de su dureza a pesar del intenso orgasmo que acababa de tener.

Alba no pudo evitar gemir al sentir como la polla empezaba, ahora sí, a follarla de verdad. Qué distinto era estar así, siendo follada por su hijo, que la miraba, la besaba, que le llenaba el coño con su poderosa verga a ser follada por el inútil de su marido.

Antonio arreció sus embestidas, follando a su madre cada vez con más intensidad. Ella sentía como el semen que llenaba su vagina iba escurriendo hacia fuera a medida que la polla la taladraba más y más. Sabía que las sábanas se mancharían, pero le daba igual. Rodeó con sus piernas al hombre que la follaba y gozó de sentirse su mujer, su hembra.

La follada se tornó salvaje, profunda. En menos de dos minutos Alba se volvió a correr, pero él no paró, siguió dándole, martirizándola, entrando y saliendo de su apretado coño sin pausa. Miró a su madre en pleno orgasmo, con la cara crispada de placer, los ojos cerrados, apretados. La habitación se llenó de los gemidos de ambos, que gozaban el uno del otro.

-Mamá... por fin... por fin te estoy follando - exclamó Antonio antes de comerle otra vez la boca.

Ella no pudo decir nada hasta que él separó sus labios.

-Siiii mi vida... me estás... follando... dios... me estás follando....

Sin dejar de penetrarla, Antonio se apoyó en las manos para poder incorporarse un poco y mirarla mejor. La encontró más hermosa que nunca. Con rizado cabello alborotado, las mejillas sonrosadas. Admiró sus lindas tetas, que se mecían al compás de sus embestidas. Hacia ellas llevó su boca. Lamió ambos pezones y cuando sus dientes mordieron uno de ellos, su madre se convulsionó y se corrió otra vez, clavándole las uñas en la espalda y dejando unos segundos de respirar.

-Me vas... a matar... - consiguió decir cuando volvió a ser dueña de su cuerpo.

La siguió follando con el mismo ímpetu todo el tempo hasta que ya no pudo más y, clavándole la polla otra vez a fondo, volvió a llenar su coño con una segunda descarga de cálido semen. Ella, al notar las convulsiones de la polla y el calor del semen, se corrió, por última vez, con él-

Julián se abría bajado, dado la vuelta para dormirse. Antonio, por el contrario, se quedó así, sobre ella, mirándola, acariciándola, besándola con dulzura. La polla, agotada ya, perdió consistencia y se salió de la cálida cueva.

Después de unos minutos así, Antonio se tumbó a su lado. La besó y la acarició. Ella apoyó su cabeza en el juvenil pecho. Él pasó el brazo por los hombros.

A los pocos minutos, ambos, abrazados, dormían.

********

Serían las 11 de la mañana cuando Alba se despertó. Estaba abrazada al cálido cuerpo de un hombre. A su cabeza acudieron los recuerdos de lo que había pasado esa mañana y se estremeció al recordarlo. Notó su entrepierna pegajosa, mojada, así como la cara interna de sus muslos. Él, su hijo amado, hermoso, se había corrido dos veces dentro de ella y ahora dormía plácidamente abrazándola.

Sentía en su cara el suave palpitar del corazón de él. Miró hacia abajo y vio como su polla descansaba de lado sobre su pubis. La miró y sintió deseos de tocarla, así que lentamente acercó su mano y la acarició con las yemas de sus dedos.

Para su alegría, notó con la polla empezaba a crecer gracias a aquella suave caricia. Empezó a erguirse y Alba pudo cogerla con la mano y abarcarla. Se sorprendió de lo gruesa que era, lo caliente y suave de la piel. En pocos segundos, la polla tomó todo su esplendor y la mujer se dio cuenta de que apenas podía abarcarla con sus dedos.

Alberto se despertó. Lo primero que sintió fue el calor de cuerpo de su madre. El peso de su cabeza apoyado contra su pecho. Y notó como una mano agarraba su polla. Irguió un poco la cabeza para poder mirar sobra la de su madre y vio como ella agarraba su duro mástil con una mano.

-¿Te gusta mi polla? - le preguntó.

-Uf, es... enorme, cariño. No sé cómo me entró toda.

-Pues te entró hasta el fondo.

-Ummm sí... ¡Qué placer me diste!

-Y tú a mí, mamá.

Alba notaba como la polla palpitaba en su mano. Sentía como latía.

-Mami... hazme una paja

-Yo... no sé hacerlo.

-Tú solo sube y baja la mano, como hacía yo.

Siguiendo las indicaciones de Antonio, Alba empezó a subir y bajar la mano. Su hijo la fue guiando, diciéndole cuanta presión hacer, hasta donde bajar y subir la mano. Cómo darle placer.

En poco tiempo Alba fue aprendiendo. Con alegría oyó como su hijo gemía.

-¿Lo hago bien? - le preguntó, incorporándose para mirarle a la cara.

-Ummm, si... me encanta. ¿Y a ti? ¿Te gusta hacerle una paja a... tu hijo?

Alba asintió con la cabeza. Su coño volvía a palpitar entre sus piernas. Siguió masturbando a Antonio, cada vez con más soltura, entendiendo lo básica, aprendiendo y cuando él sentía más placer.

-Aggg, mamá... Si sigues así... harás que me corra -gimió él.

Eso es lo que ella quería. Que su amado hijo, que tanto placer le había dado esa mañana, se corriera con su mano, así que lo pajeó con más fuerza, arrancando más gemidos al joven.

Él notó la llegada del orgasmo.

-¿Dónde la quieres? - le preguntó.

-¿El qué? - respondió ella, sin entenderle.

-Que dónde quieres que me corra.

Ana sintió un escalofrío de placer recorrer su columna vertebral.

-Oh... pues... donde tú quieras.

-Ya sabes dónde quiero correrme.

-¿Dónde? - preguntó igualmente, conociendo la respuesta y sin dejar de pajearlo.

-En tu carita, mamá. Quiero correrme en tu carita.

-Donde tú... quieras - volvió a decir la mujer, mordiéndose el labio.

Antonio se incorporó e hizo que su madre se acostara boca arriba. Se arrodilló a su lado y acercó su polla al rostro de la mujer. Pero al contrario que la otra vez no tuvo que cogerse la polla ya que ella alargó una mano, la cogió y retomó la paja.

La posición en que estaba le hizo posible, alargado un brazo, llegar con sus dedos al encharcado coñito de su madre y masturbarla al tiempo que ella se lo hacía a él. Ambos gozaron entonces de la caricias del otro.

El primero en correrse fue Antonio que embelesado miró como su polla escupía su leche sobre la cara de su madre, cubriéndola con varios lleretazos de espeso semen. Los últimos, sin embargo, cayeron en el cuello y en las sábanas ya que cuando Alba se corrió con las caricias de su hijo, las convulsiones de su orgasmo impidieron apuntar bien la polla.

Alba abrió los ojos. Sabía que él estaría mirándola. Y así era. Seguía con la polla en la mano.

-¿Estoy guapa? - le preguntó.

-Estas... hermosa - contestó él

Antonio frotó el clítoris de su madre. Ella gimió. Frotó más fuerte. Ella cerró los ojos y volvió a gemir.

En verdad que Antonio encontraba a su madre hermosa así, con la cara marcada de brillante semen, agarrando su polla y gimiendo de placer gracias a sus caricias. Cuando ella abrió los ojos y le miró, Antonio, usando el dedo índice de la mano libre, recogió un poco del semen de una de las mejillas de su madre y lo llevó hacia los labios de ella.

Mirándola fijamente a los ojos, le pidió, casi le ordenó, que abriera la boca y le chupara el dedo. Alba lo hizo, llenando su boca del amargo y salado sabor del semen de su hijo.

Durante los siguientes minutos, sin dejar de masturbarla, Antonio fue recogiendo poco a poco su leche de la cara de su madre y lo fue llevando a su boca para alimentarla. Ella lamió, chupó y tragó todo lo que él le dio.

Antes de que su cara estuviera limpia, su cuerpo se tensó y Alba se corrió ante la atenta mirada de su hijo.

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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 003


-Necesito una ducha - dijo Alba tras el beso que su hijo le dio- Estoy toda... pegajosa

-Yo también - añadió Antonio, tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse de la cama

Ella se dio cuenta de cómo él la miraba. Estaba desnuda ante su hijo, totalmente expuesta y él la miraba con deseo.

-¡Qué buena estás, mamá! - exclamó él a tenerla de pie delante suyo.

-¿Lo dices en serio? ¿No te parezco una vieja?

-¡Vieja, dice! Pero si estás más buena que el pan.

-Jajaja... gracias por compararme con un pan, supongo.

-Venga... barrita de pan. Vamos a darnos una ducha junta.

-¿Juntos? - se estremeció la mujer.

-Sí. Te voy a enjabonar toda.

-Ummmm, pues vamos

Riéndose ambos como dos niños y totalmente desnudos, se dirigieron al baño. La primera en meterse en la bañera fue Alba, seguida por Antonio. Ella abrió el agua y la reguló hasta dejarla a la temperatura adecuada. Cuando se iba a echar agua por encima, Antonio la detuvo.

-No, déjame a mí - le dijo, quitándole el teléfono de la ducha

Entonces, con cariño, empezó a dirigir el cálido chorro por el cuerpo de su madre, empezando por los hombros. Con la mano derecha sostenía el teléfono y con la izquierda acariciaba la piel. Acarició las clavículas y lentamente fue bajando la mano hasta las hermosas tetas, las cuales acarició.

-Son preciosas, mamá. Perfectas.

-Se mantienen bien.

-Uf, ya te digo.

Siguió bajando por el costado izquierdo de la mujer, haciéndole cosquillas. Cuando llegó a las caderas, la empujó contra la fría pared cubierta de azulejos y le comió la boca. Ella gimió y notó contra su barriga la polla de su hijo, no tan dura como antes, pero aún poderosa. Separó su boca para mirarla y sin despegar sus ojos de los suyos, dejó el teléfono de la ducha en su soporte, cogió gel de baño y se esparció varios chorros sobre el cuerpo de ella. Sobre sus tetas, sobre su barriga y en su pubis.

Ya con las dos manos libres, empezó a enjabonar a su madre, haciendo espuma al frotar las manos sobre la piel húmeda y con gel de baño. Se entretuvo en los pechos, lo cuales acarició y sobó a placer, pellizcando los duros pezones y haciendo gemir de placer a su madre. Le comía la boca cada pocos segundos.

Acarició la sexy barriguita para seguidamente hacer más espuma con el gel que le había echado en el pubis.

-Jamás te rasures el coñito - le dijo, mirándola a los ojos directamente

Ella negó con la cabeza, y sintió un escalofrío cuando sintió los dedos adentrarse entre sus piernas. Antonio encontró la zona caliente, mojada.

-Ummm tienes el coño empapado. ¿Es por el agua o acaso es... porque estás cachonda?

-Es.... es por ti... me tienes loquita.

-Tú sí que me tienes a mi loco por ti.

La besó con pasión y la masturbó con intensidad hasta hacerla correr. La sujetó para que no se resbalara durante la cima del orgasmo.

-Ya... ya no puedo más, cariño. Me vas a matar de placer - susurró la agotada mujer.

-De eso no se muere. Y seguro que sí puedes más.

-Déjame descansar un poco. Me tiemblan las piernas.

Antonio sonrió. Le encantaba tenerla así, agotada de placer. Abrió el agua y le aclaró el cuerpo. Ella lo miraba con los ojos entrecerrados. Él también se enjabonó y se aclaró el cuerpo. Luego, ambos salieron de la bañera. Como un niño bueno, la ayudó a sacarse y luego la acompañó a su cuarto. Ella iba delante, y los ojos del muchacho se clavaron en las cimbreantes caderas de su madre y sobre todo en el soberbio culo, al que tanto había admirado en secreto. La polla, a medio erguir, tomó plena consistencia ante aquella visión.

Cuando entraron en la habitación ambos olieron es aroma a sexo que la impregnada.

-Uf, voy a abrir las ventanas y cambiar las sábanas - exclamó Alba, haciendo ademán de ir hacia las ventanas

Pero Antonio la detuvo y se pegó a ella por la espalda. Alba notó enseguida la dura polla contra su culo.

-¿Dónde crees que vas? - le preguntó al oído.

-A... a abrir las ventanas

-Aún no. Antes te voy a follar

-Mi vida... después... De verdad que ya no puedo más.

-Eso vamos a ver. Si puedes o no puedes más.

Empujándola desde detrás, la fue acercando a la cama. Alba pensaba que la haría acostar, se subiría sobre ella y se la follaría como había hecho por la mañana. Y pesar del cansancio que de verdad sentía, de las incontables veces que aquel maravilloso hombre la había hecho correr esa mañana, notó como su coño respondía, mojándose. Como sus pezones de endurecían.

Sin embargo, cuando sus rodillas hicieron contacto con el colchón, él, en lugar de hacerla acostar la guio para que se arrodillara en la cama, arrodillándose él detrás de ella. Notó como con una de sus manos la agarraba por las caderas y se estremeció de pies a cabeza cuando algo duro y suave recorrió la rajita de su coño. No pudo evitar arquear la espalda y gritar de placer cuando Antonio le clavó la polla en el coño de una sola estocada.

Una vez que se la había clavado, la agarró con ambas manos por las caderas y empezó a follársela con fuerza, con intensidad, entrando a fondo. Aquello era totalmente nuevo para Alba. Su marido siempre se la había follado en la postura clásica, con él encima y ella debajo. Esa mañana Antonio se la había follado también así. Pero ahora, arrodillada, como una perra en celo, era follada salvajemente. En esa postura la polla entraba a fondo en su coño, haciéndola retorcerse de placer, que era más intenso, más arrollador.

-Dime que te gusta mami. Dime que te gusta que te folle así... como una perrita linda.

-Aggg... dios... mi vida... como te siento... me vas a partir en dos... dios...

-Dímelo... dímelo... - exclamó el muchacho, follándola con ganas.

-Siiii... me gusta cómo me follas...me encanta cómo me follas... como a una perra... como tu perra...

Antonio aumentó el ritmo de la poderosa follada. El sonido de los cuerpos chocando llenó la habitación, sumándose a los gemidos de placer de la mujer que estaba siendo follada por primera vez en su vida de una manera salvaje.

Poco pudo aguantar. Sus manos se agarrotaron, agarrando y arrastrando las sábanas. Su espala se arqueó, el aire dejó de pasar a sus pulmones y el cuerpo de Alba estalló en el que sin duda era el orgasmo más intenso de su vida. Con los dientes apretados, los ojos cerrados con fuerza, sintió las inmensas olas de placer que la atravesaron completamente, hasta que, tras interminables segundos de agarrotamiento, cayó hacia adelante, casi sin sentido, sobre la cama.

Antonio se quedó arrodillado, con la polla dura, brillante de los jugos de su madre. No se había corrido, y sabía que no lo podría hacer en breve, ya que se notaba vacío tras haberse corrido esa mañana ya tres veces. Su madre, boca abajo, acurrucada, jadeando, estaba preciosa. Y él se sentía exultante. Se tumbó junto a ella, a su espalda, la abrazó y la beso con dulzura en el cuello.

-¿Ves como sí podías más?

-Uf, cabrito - dijo la mujer en un susurro - no puedo ni moverme.

-Descansa un poco. Me toca a mí ir al súper, ¿No?

-Sí. La lista está en la cocina.

Alba notó contra su culo la dura polla de su hijo.

-¿Y tú? - le preguntó.

-¿Yo qué?

-¿No... te corres?

-jeje, deja que se me repongan los depósitos. Además...

-¿Además qué?

-No, nada, nada. Descansa.

Antonio tenía en la cabeza algo que pensaba hacer. Pero eso sería después. Eran casi las 12:30 y dejó a su madre descansando. Se vistió, cogió la lista de la compra, se puso la mascarilla y fue al súper.

Alba se durmió

*******

Cuando el muchacho regresó del supermercado, su madre seguía dormida. La observó desde la puerta, aun sosteniendo las dos bolsas de la compra. La polla se le empezó a poner dura, así que la dejó allí y fue a la cocina a guardar lo comprado.

Los ruidos de la cocina despertaron a Alba. Se levantó, se puso un vestido corto, hasta medio muslo, sin sujetador ni bragas, quitó las sábanas manchadas de semen y su flujo y abrió las ventanas para ventilar la habitación. Hizo un ovillo con las sábanas y fue a la cocina para dejar la ropa en la lavadora. Allí estaba Antonio, terminando de recoger.

-¿Lo compraste todo? - le preguntó

-Sí, todo.

Cuando Antonio se dio la vuelta y la vio, no pudo reprimirse.

-¡Joder mamá! ¡Pero qué buena estás! Se me está poniendo dura otra vez solo con verte así.

Alba le miró la bragueta y comprobó que era verdad. El bulto era más que evidente.

-¿Es que nunca te cansas? - le preguntó.

-De ti no.

Se acercó a ella, la abrazó y le comió la boca, restregándole la polla por la barriga y amasándole las nalgas con las manos. Ella se dejó besar unos segundos, notando como también ella se iba excitando, pero una mirada al reloj de la cocina hizo que se separara de su hijo.

-Uf, mira la hora que es, casi la 1. Tengo que preparar la comida que tu padre sale sobre las 2.

-Nos da tiempo de jugar un poco - dijo Antonio, con una sonrisa de pillo.

A pesar de que el coño le palpitaba, lo tardío de la hora le preocupaba, así que lo separó de ella un poco más.

-Ya habrá tiempo. Tenemos todo el tiempo del mundo, cariño. Ahora déjame, que tengo muchas cosas que hacer.

-Vaaaale. Me iré a ver algo en la tele.

Se despidió de ella con un intenso beso al tiempo que le acariciaba las tetas sobre el vestido. Alba se derritió aún más pero se compuso y empezó a preparar lo que tenía pensado hacer ese día.

Pero durante todo ese tiempo no dejó de pensar en su hijo. El placer tan intenso que había sentido con él. Cómo la encendía con una mirada, con una caricia. En su dura polla atravesándola. En su cálido semen bañándola. Y en su sabor, tan por una parte desagradable pero por otra no podía negar que se había sentido bien cuando él se lo dio y ella se lo tragó.

Antonio, por su parte, tampoco puso mucha atención a la tele. Se puso a analizar todo lo que estaba pasando. Como de solo fantasear y desear a su madre había pasado a poseerla, a hacerla suya. Y como ella había aceptado.

También pensó en todo lo que quería experimentar con ella. En todo lo que haría con aquella preciosa mujer que estaba ahora en la cocina preparando la comida. Su madre.

*****

Sobre las dos menos cuarto Antonio se levantó y se fue a la cocina. La casa olía a salsa de tomate frito con especias. Al asomarse vio a su madre de espaldas, escurriendo macarrones. Se acercó a ella, la abrazó por la espalda, le pegó la polla al culo, le cogió desde atrás las tetas y le besó en el cuello.

-Umm que bien huele... todo.

Alba se estremeció otra vez. Entrecerró los ojos y gimió. Pero enseguida la nube del nerviosismo cayó sobre ella.

-Tu padre. Está a punto de llegar.

-Aún queda un rato - respondió él, subiéndole el vestido hasta la cintura

-Cariño... déjame... me da cosa... nos va a pillar.

Antonio le dio la vuelta, dejándola cara a él.

-Mamá... te voy a follar sí o sí - le dijo, metiéndole la mano por debajo de las bragas y recorriendo su coño con los dedos.

Aquel coño chorreaba.

-¡Joder mamá! ¡Pero si estás empapada!

Cogiéndola por las caderas tiró con fuerza de ella para sentarla sobre el frio poyete de la cocina. Al tener el vestido arremolinado por su cintura pudo abrirle las piernas. Muerta de deseo Alba vio como su hijo se bajaba la bragueta y se sacaba su dura y preciosa polla. Vio como el apartaba con una mano las bragas dejando expuesto su coño.

Y gimió de placer cuando él le empezó a pasar la gruesa y suave cabeza de la polla a lo largo de su babosa y caliente raja.

¿Quieres que te la meta? ¿Que te clave la polla en el coño? - le preguntó, mirándole a los ojos.

Alba movió afirmativamente la cabeza.

-Pues dilo. Pídeme que te folle y que te llene el coño de leche.

-Aggg, dios... Antonio...

-¿Qué mami? ¿Qué?

-Folla...agggggg - gimió Alba a mitad de la frase cuando su hijo, sin dejarla terminar, le clavó la polla y empezó a follársela lenta pero intensamente, entrando a fondo, dejándola dentro y sacándola otra vez.

En aquella postura Antonio pudo gozar de la visión del preciosa coño de su madre, abierto, mojado. Vio como su polla entraba y salía brillante, mojada con la abundante lubricación de la mujer. Poco a poco fue aumentando el ritmo de la follada, gimiendo los dos de placer. Se miraron a los ojos. Ella, con los suyos entornados por el placer que recibía, otra vez, de su maravilloso hijo. De su maravilloso hombre.

A los pocos minutos ella se corrió primero. Fue un orgasmos lento al principio, pero que fue subiendo y subiendo de intensidad hasta que apretó las manos y los dientes. Antonio lo notó en la polla. Los espasmos, las contracciones de la maternal vagina. No dejó de follársela, de taladrarla con su verga hasta que su propio orgasmo se disparó.

-Me voy a correr, mamá... te voy a llenar.... umm dios...

Alba miró a su hijo. Notó perfectamente como le clavó la polla hasta el fondo, como se quedaba quieto para seguidamente, con el placer reflejado en su rostro, estallar. La polla se convulsionó y varios chorros de semen golpearon a la entrada de su útero. Gozó de aquella sensación, de ser impregnada por su hijo, por su hombre. Gozó al ver como él gozaba con ella, inundándola de amor.

Cuando terminó de correrse Antonio se quedó unos instantes así, sin moverse. Mirando a su madre. Notando aún leves contracciones de su polla. Entonces, despacito, con cuidado, fue sacándole la polla del coño para luego taparlo nuevamente con las bragas.

-Hoy vas a comer con el coño lleno de leche. Y no será la última vez.

Oyeron la puerta. Alba se bajó rápidamente del poyete, se recompuso la ropa y Antonio se guardó la polla en los pantalones.

Durante la comida no dejó de mirarla, de admirarla. Y ella no dejó de sentir como sus bragas se iban mojando cada vez más con la mezcla de su flujo y la leche de su hijo.

No fue hasta después de la comida, cuando Antonio y Julián la dejaron sola en la cocina, que ella pudo escabullirse hasta el cesto de la ropa sucia y dejar allí las bragas. Antes de dejarlas escondidas entre la ropa, se las llevó a la cara y aspiró el embriagador aroma que desprendían.

El resto del día, con su marido en casa, Alba evitó a su hijo. Por miedo a que él intentara algo. Y por miedo a que ella le dejase. Aun así, cuando sobre las 11 de la noche su marido se fue a acostar y ella fue con él, no pudo evitar que Antonio la agarrara y la obligara a quedarse en el salón. Cuando comprobó que su padre entraba al baño, abrazó a su madre y le comió la boca.

Alba gimió sintiendo la dura polla en la barriga. El deseo volvió de repente a su cuerpo. Y el miedo a ser descubierta. Se dejó besar pero sus ojos estaban fijos en la puerta del baño, atenta a los sonidos.

-Tranquila, que te voy a dejar ir. Pero mañana, desde que papá se vaya, te levantas y vas a mi cuarto.

La miró a los ojos, con intensidad.

-Que te voy a dar el desayuno.

La besó nuevamente, acariciándole uno de los pechos y la soltó desde que oyó a su padre tirar de la cisterna. Volvió corriendo al sofá. Alba, sofocada, se fue lentamente a su cama, se metió en ella y se dio la vuelta, dándole la espalda a su marido.

-Buenas noches, cariño - dijo él

-Buenas noches, que descanses

La que apenas descansó fue Alba. Estaba demasiado excitada.

***********

Cuando a la mañana siguiente sonó el despertador ella ya estaba despierta. Desde que su marido se levantó y salió del dormitorio, Alba llevó su mano derecha entre sus piernas y empezó a acariciarse, recordando las palabras de su hijo de la noche anterior. No había dejado de pensar toda la noche en lo que significaba eso. Y solo podía ser una cosa.

A su cabeza acudieron imágenes de los videos que vio por internet hacía unos años. Videos que en aquellos momentos no le decían mucho y que dejo de verlos, pero que ahora, con el hombre adecuado, con su hijo, deseaba experimentar ya que sabía que solo obtendría placer. Tan excitada estaba que no pudo, ni quiso, evitar correrse mordiéndose la mano para no gritar.

Minutos más tarde, cuando oyó la puerta de la calle cerrarse al marcharse Julián, con el corazón desbocado, se levantó, se quitó el camisón y fue directa al dormitorio de su hijo. Abrió la puerta sin llamar y allí estaba él.

Antonio la esperaba desnudo, con la polla dura como un mástil, llena de deseo. Se miraron a los ojos. Se sonrieron. Ella miró su polla, su hermosa polla y se dio cuenta de que él había puesto una almohada a sus pies.

-Ven aquí y arrodíllate delante de mí - le ordenó.

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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 004

Ella obediente y temblando de deseo, se acercó a su hijo y se arrodilló frente a él, quedando su cara a pocos centímetros de la verga que la apuntaba, amenazadora

-Ahora me vas a comer la polla hasta que me corra en tu boca y te vas a tragar toda la leche que te dé.

-Yo... nunca lo he hecho. No sé si podré hacerlo.

-¿Nunca se la comiste a papá?

-No - respondió la mujer, avergonzada, bajando la mirada.

Antonio la cogió por el mentón y le levantó la cara.

-Bueno, pues yo te voy a enseñar a comerme la polla como es debido.

Antonio solo había recibido unas pocas mamadas en su vida, todas torpes, rápidas, en un incómodo coche o en la oscuridad de un portal. Pero había visto el suficiente porno para saber cómo le gustaría que se la comiesen. Así que se dispuso a enseñar a su hermosa madre, a iniciarla en el bello y placentero arte de la felación.

-Lo primero que debes aprender es a mirarme. Debes tener tus ojos clavados en los míos todo el tiempo. ¿Entendido?

-Si - respondió la mujer, mirándole a los ojos.

-¡Qué hermosa eres, mamá! - exclamó Antonio, admirando a la bella mujer arrodillada delante de él y dispuesta a complacerlo. Ella sonrió.

Él dio un paso hacia ella y empezó a pasarle la polla por la cara. Acarició con la dura barra el ofrecido rostro materno. Para Alba, sin embargo, aquella caricia era cálida y suave. Ella estaba muy excitada. Iba a chuparle la polla a su hijo. Por primera vez iba a tener una polla en la boca y notó como todo su cuerpo lo deseaba. Su coño palpitaba de deseo. Sus pezones endurecidos le dolían agradablemente.

-Ahora, dale besitos. Por toda la polla. Lame el tronco.

Sin apartar los ojos de los de él, Alba obedeció. Su lengua recorrió la venosa barra de carne, notándola apoyada contra su cara. Notó el peso, el calor, el embriagador aroma. Y gimió. Gimió de placer al ver el placer reflejado en los ojos que la miraban.

-Uf, mamá... ¡Cómo me tienes!... Abre la boca. Lame la punta con tu lengua, y poco a poco, métala. Chúpala, succiónala.

Alba usó su lengua para ensalivar la amoratada cabezota de la polla de su hijo, antes de abrir los labios y empezar, como él pidió, a metérsela lentamente en la boca. Chupó, absorbió... y gimió nuevamente. El sentir la boca tan llena la llenaba de placer. La gruesa polla distendía sus labios y la hacía respirar por la nariz.

Intentó meterse más polla en la boca, pero sufrió una ligera arcada.

-Tranquila, no fuerces tanto. Así está bien - le dijo Antonio.

Ella tenía menos de media polla dentro de la boca, aunque sintiese que era mucho más. Aun así, el hecho de tener a su madre arrodillada delante del él, tan hermosa, desnuda, mirándole a los ojos y con casi media polla dentro de la boca, tenía a Antonio casi al borde del orgasmo.

-Uf, que bien lo haces mamá. Ahora chupa. Cómeme la polla. Métela y sácala de tu boca, sin prisas. Usa tu lengua para acariciármela y sorbe.

-Ummmm - fue todo lo que pudo decir Alba, que sentía como el cosquilleo de la excitación se adueñaba de su cuerpo.

Alba chupó, mamó. Movió su cabeza adelante y detrás, llenando de placer a su hijo y llenándose de placer a sí misma. Jamás pensó que hacer algo así, el comerle la polla a un hombre podría excitarla tanto. Quería tocarse, enterrar sus dedos en su coño y follarse con ellos hasta estallar, pero no lo hizo. Quería estar al 100% atenta a Antonio, a darle placer, a hacerlo gozas.

-¡Aggg, Dios mamá! ¡Vaya... mamada! Vas a hacer que me corra rápido.

La excitada mujer se llenó de orgullo. Lo estaba haciendo bien. Le estaba dando placer a su hombre y él la iba a premiar con su orgasmo. Y eso significaba que su boca se iba a llenar de aquel caliente, viscoso, salado y amargo líquido y que ella se lo tragaría todo, como él deseaba. Le iba a demostrar que ella podía hacerlo, que deseaba hacerlo. Aumentó el ritmo de su cabeza, la fuerza de su succión. En ningún instante sus ojos se separaron de los de él.

Antonio lo sintió llegar. Su cuerpo empezó a tensarse. Los dedos de sus pies se agarrotaron y su mandíbula te tensó. Aun así pudo mascullar entre dientes.

-Me... corro... me corro mami... Tra ga...

Alba notó el espasmo de la polla y acto seguido, la explosión. Un poderoso e hirviente chorro de semen salió disparado de la polla de Antonio y golpeó su paladar. Un segundo espasmo lanzó otro potente latigazo contra la lengua de la mujer. Antonio, que lo veía todo como a cámara lenta, entre dientes en pleno orgasmo consiguió decirle a su madre que tragara, sabiendo que si no lo hacía su corrida se desbordaría de la boca.

Ella, siempre obediente, lo hizo. Y cuando el espeso semen bajó por su garganta al tiempo que un tercer disparo le volvía a llenar la boca , su cuerpo también se tensó y Alba, sin ni siquiera haberse tocado, se corrió tragando el prohibido semen de su hijo. Antonio temblaba mientras su polla seguía lanzando más y más chorros dentro de la boca de su madre y ella temblaba, corriéndose mientras él le llenaba la boca.

Al estar en medio de un atronador orgasmo, Alba no pudo seguir tragando y su boca fue incapaz de retener el semen que la llenaba. Por la comisura de sus labios empezó a salirse a borbotones, al mismo ritmo con el que la polla iba disparando. Más de ocho intensos chorros y alguno más ya menos fuerte llenaron y desbordaron la boca de la bella mujer.

Embelesado ante la soberbia visión, Antonio miró como su leche bajaba por la barbilla de su madre, por su cuello, goteando sobre sus hermosos pechos. Cuando la polla dejó de manar Alba seguían aún corriéndose. Y no fue hasta que terminó su orgasmo cuando pudo volver a tragar la leche que aún tenía en la boca.

Durante unos segundos se miraron, sin moverse. Ella, arrodillada, con media polla dentro de la boca y el cuello y las tetas con regueros de semen. Él, jadeando.

Luego le sacó la polla de la boca y se arrodilló frente a ella. Estaba tan hermosa. Solo pudo hacer una cosa. Agarrar su cara, acercar su boca a la de ella y besarla. Cuando sus labios se separaron, ella al fin habló.

-Yo... lo siento - dijo, con pena en su voz

-¿Qué sientes? - preguntó Antonio, sin comprender.

-No me lo pude tragar todo. Yo... no sé hacerlo... soy una inútil.

-Shhh, ¡Pero mamá! - Si ha sido la mejor mamada de mi vida. Ha sido maravilloso. Pero es que me excitas tanto que.. uf. Te solté mucha leche.

-Uf sí. Muchísima.

-La próxima vez mejor vas tragando a media que me corro, ¿Vale?

-Sí - respondió ella, sonriendo - Tragaré tu lechita mientras te vas corriendo.

-¿Te gustó tu primera mamada?

-Umm... mucho. Me excitó mucho hacerlo. Y... me corrí.

-Jeje, lo vi.

La volvió a besar, notando en su boca el sabor de su propio semen. Le acarició las tetas y le extendió el semen a modo de crema.

-Así que te gustó comerle la polla a tu hijo, ¿Eh? - le preguntó, mirándola a los ojos

Alba asintió.

-Y te corriste tragándote mi leche.

Volvió a asentir.

-¿Por qué nunca se la has chupado a papá?.

-Pues... no sé. Nunca me lo ha pedido. Y nunca tuve ganas de hacérselo. Quizás por temor al rechazo.

-Jajaja, no creo que ningún hombre rechace una mamada de una hermosa mujer como tú.

-Bueno, él es especial.

-Joder especial. Tenerte a su lado y solo follarte 1 vez a la semana. Lo que es, es bobo. Espero que al menos te lo coma bien.

Alba le miró a los ojos y negó con la cabeza.

-¿No? ¿Mal?

Alba volvió a negar.

-¡Coooooooooooooñoooooooooooooo!. ¿No te come el coño?

-No - dijo la mujer bajando la cabeza.

-Lo dicho. Es mi padre, pero ese hombre el bobo.

La ayudó a levantarse. La miró y le acarició la mejilla.

-¿Sabes? Para mí también va a ser la primera vez - le dijo Antonio.

-¿Primera? - dijo sorprendida Alba.

-Sí. Hoy va a ser el día que me coma mi primer coño. ¿Quién me iba a decir a mí que el primer coñito que me iba a comer sería el de mi madre?

Alba se estremeció. Su hijo iba a.. besarla allí, a lamerla.

-Está sucio - se disculpó.

¿Cómo que sucio?.

-Es que... con el orgasmo... está mojado

-Ummmmm, no está sucio. Seguro que está rico.

La abrazó y la besó. Una de las manos se metió entre las piernas de ella y le acarició la rajita del coño, haciéndola gemir. La otra mano pellizcó uno de los pezones y los gemidos se intensificaron.

Alba sintió el placer de ser acariciada así por su hijo. ¿Cómo era posible que con solo tocarla, con solo acariciarla de aquella manera la llevara al borde del orgasmo? ¿Cómo era posible que su vida sexual hubiese pasado de 0 a 100 en tan poco tiempo? Y encima, con su propio hijo.

"¿Y qué más da?" se dijo. "Goza del momento y cóbrate todos estos años vacíos. Goza de este... hombre".

Se dejó guiar hasta la cama y se dejó tumbar boca arriba. Antonio se quedó de pie.

-Abre las piernas - le dijo

Obedeció. Lentamente abrió las piernas exponiéndose ante su hijo. Su sexo, de negro vello quedó abierto, rezumando jugos.

-Uf, que preciosidad de coñito que tienes.

-¿De verdad que no quieres que me rasure? - preguntó.

-No no, ni se te ocurra. Así está perfecto. No me gustan los coños pelones.

-Pues me lo dejo así.

Antonio cogió la almohada en la que había hecho arrodillar a su madre , la puso a los pies de la cama y se acomodó sobre ella. Con las manos sujetó las piernas de la mujer, manteniéndolas abiertas. La miró a los ojos.

-Mamá...

-¿Ummm?

-Te voy a comer el coño.

-uf... mi vida...

-¿Quieres que te lo coma?

Ella asintió con la cabeza varias ves.

-¿Sí? ¿Quieres que tu niño te coma el coño? Dímelo.

-Sí... quiero

-¿Qué quieres?

-Que...me...

-¿Que te....?

-Que me comas el coño - soltó como una exhalación.

-Ummm, así que mami - Antonio acercó su boca a una de las rodillas y le dio un beso - quiere que su nene - le dio otro beso en la otra rodilla - le coma el coñito.

-Sí, dios, sí - gimió Alba.

Antonio tardó más de un minuto en llegar al pubis. Fue besando por la cara interna de los muslos, poco a poco, acercándose cada vez más, haciendo que su madre, que lo miraba, se pusiera cada vez más y más caliente. Sentía aquellos besos, que lanzaban pequeñas descargas eléctricas por todo su cuerpo, viendo como él se acercaba, pero sin terminar de llegar.

Por fin, llegó. Le dio un beso en la ingle, justo en la unión de entre los labios del coñito y la pierna. Aspiró y Alba se tensó.

-Ummm que bien huele tu coño mamá. Me encanta.

Alba apretó las manos. Antonio le dio otro beso justo en la otra ingle, casi rozándole la raja del coñito.

-Uf, mami... pero qué rico huele... Me pregunto a qué sabrá.

El cuerpo de Alba se empezó a poner tenso. Y bastó que Antonio le pasara la lengua a lo largo del coño, desde la entrada de la vagina hasta el clítoris para que estallara en un intenso orgasmo que bañó los labios de su hijo con sabrosos jugos. Antonio dejó que el orgasmo de su madre creciera y se disipara. Y entonces, antes de volver a lamerla, le dijo.

-Ahora sí que voy a empezar a comerte el coño.

Durante los siguientes minutos la habitación se llenó de los gemidos de la mujer, que gozó de la boca de su hijo. El placer que él le daba con aquellas caricias, con su endiablada lengua, hacía que se corriera sin remedio cada pocos segundos. Era casi como un orgasmo continuo. Él no paraba. Lamía, chupaba, sorbía... besaba, haciendo que su madre encadenara orgasmo tras orgasmo, arrastrando las sábanas con su engarrotadas manos.

Pero no solo gozaba ella. Antonio, excitado con aquel sabroso coño, por su sabor tan intenso, por como su madre no deja de gemir y de correrse, se había agarrado la polla y se pajeaba mientras se lo comía.

Alba estaba llegando a su límite. Ya no podía seguir resistiendo aquella continua caricia, aquellas continuas contracciones orgásmicas de todo su cuerpo. Casi sin fuerzas llevó sus manos a la cabeza de Antonio y lo separó de ella.

-Ya.. mi amor... me vas a matar... ya no puedo.. más....pa... ra...

Antonio estaba a punto de correrse. Miró a su madre y vio como ella cerraba los ojos y se quedaba quieta, agotada. inmóvil. Sin soltarse la polla, se levantó, se subió a la cama, se arrodilló junto a ella, acercó la polla a su linda carita y la cubrió con una abundante corrida. Ella se quedó inmóvil, pero Antonio vio que una tenue sonrisa se dibujaba en sus labios. La admiró unos momentos. La leve sonrisa no se le quitó, pero no se movió.

Antonio de repente sintió hambre, así que dejó allí a su madre y se fue a la cocina a preparar el desayuno.

Minutos después Alba abrió lentamente los ojos. Tenía el cuerpo entumecido, dolorido por la continua tensión de los músculos. Pero había gozado tanto. Creyó de verdad que se moriría de placer. Notó su cara mojada. Recordó como en una nube como había sentido varios chorros calientes en la cara. Enseguida supo lo que era.

Oyó ruidos en la cocina, así que lentamente se levantó y se dirigió hacia allí. Se quedó en la puerta mirando como su hijo preparaba el desayuno. Al ver como ponía dos tazas sonrió, lo que hizo que un goterón de semen, ya licuándose, cayera sobre uno de sus pechos.

-Yo también tengo hambre - le dijo

Antonio se dio la vuelta y la miró. Cabello despeinado, cara brillante, preciosa sonrisa en los labios.

-Pues comamos - dijo el chico - ¿O... prefieres que te coma ti?

-jajaja, no no...en serio que no puedo más. Déjame descansar... 10 años

Rieron los dos con ganas y desayunaron entre risas, miradas cómplices y caricias. Después se fueron a duchar, juntos. A pesar que el cuerpo de su madre lo volvió a excitar, Antonio la dejó tranquila y solo la enjabonó. Solo se dieron tiernos besos y luego se secaron el uno al otro. Alba volvió a maravillarse de la preciosa polla de su hijo.

-¿Sabes? - dijo él

-¿Qué?

-Que hoy aún no te he follado.

-Déjame recuperarme un poco, mi vida. Luego iré al súper y tengo que recoger un poco la casa. Si no tu padre se preguntará que qué hago durante la mañana.

-Follar conmigo.

-Jajaja. Hay tiempo para todo, tesoro lindo.

Lo dejó en el baño, se fue a vestir y luego se marchó al súper. Antonio de marchó a su cuarto a estudiar un poco. Cuando a la medio hora ella regresó, siguió estudiando y ella se puso a preparar la comida y a adecentar la casa un poco.

Sobre las doce, estando Alba en la cocina, oyó con él la llamaba.

-Mamá, ven al salón.

-Voy, cariño - le gritó a su vez desde la cocina.

Cuando llegó y lo vio, se mojó en el acto. Antonio estaba sentado en el sillón. Con una camiseta y nada más. Su dura polla, enhiesta, poderosa, lucía desafiante entre sus piernas.

-Fóllame - dijo él

-¿Qué?

-Que me folles. Quítate las bragas, súbete sobre mí y clávate la polla en el coño.

Alba llevaba un vestido parecido al del día anterior, algo más holgado, con un precioso estampado. Mirando a su hijo, que no le quitaba ojo de encima, se metió las manos por debajo de la falda y que quitó las bragas. Se las tiró a su hijo a la cara, entre risas. Él las cogió y las olió. Alba, al recordar como Antonio le había comido el coño esa mañana, se mordió el labio.

Se acercó lentamente a él. El chico se acomodó, bajando un poco el culo hacia el borde del sofá. Su madre se arrodilló sobre él, poniendo una pierna a cada lado. Antonio la cogió por las caderas y la guio.

Ella misma agarró la dura barra y acercó su coño. Cuando la notó justo a la entrada de su vagina, se dejó caer despacito y se empaló en la polla, que la atravesó lentamente, llenándola.

-Agggg, mi vida.. cómo te siento.. cómo me llena tu... polla.

Cuando estuvo toda llena se quedó quieta. Se miraron. Vio como él tiraba de los tirantes del vestido para, seguidamente bajárselo y dejar libres sus hermosas tetas.

-Eres preciosa - le susurró y empezó a acariciárselas.

Sin moverse, Alba acercó su boca a la de su hijo y lo besó con pasión. Su cuerpo estaba otra vez empezando a arder. Y lo hizo con más intensidad cuando lentamente se empezó a frotar. En aquella postura no necesitaba subir y bajar sobre la dura verga. Le bastaba frotarse adelante y atrás, notándola dentro llenándola completamente y rozando su inflamado clítoris contra el pubis de su hombre.

Besándose, acariciándose, Alba se llevó a sí misma a un placentero orgasmo, no tan intenso como los anteriores pero si largo y profundo. Luego se apoyó contra el pecho de su hijo, con los ojos cerrados, mientras él, con cariño, le acariciaba la espalda y las nalgas. Casi se duerme sobre él. Estaba tan a gusto así.

-No te has corrido - susurró ella.

-Lo sé. Me reservo para después. Para que durante la comida tengas el coño bien llenito de mi leche.

-Estás loco - volvió a susurrar Alba, pero con una sonrisa en la cara.

Ese martes almorzó con el coño rebosando leche de su hijo. Y el miércoles. Y el jueves. Y el viernes. Ese mismo viernes por la mañana había conseguido, por fin, hacerle a su hijo una mamada perfecta, tragándose toda le leche que le dio sin desperdiciar ni una sola gota. Tragó a medida que él se iba corriendo y para no atragantarse no se tocó durante la poderosa eyaculación que bajaba por su esófago hacia su estómago. Esperó a que la fuente dejara de manar para, entonces sí, sin sacarse la polla de la boca, frotarse el coño y correrse con la boca llena y con el sabor de la leche, el cual cada día apreciaba más.

La noche del viernes, con Julián ya roncando, Alba se dijo que tendría que esperar hasta el lunes por la mañana para poder seguir gozando con Antonio, a menos que Julián saliera a trabajar. Dos días sin sentir la boca llena de aquella dura polla. Sin sentirse atravesada, con el coño completo. Dos días sin aquella endiablada lengua que la dejaba agotada. Pero no podían hacer nada con su marido en casa. No podían arriesgarse.
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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 005


Alba abrió los ojos temprano. Su marido aún dormía a su lado. En breve él se iría a trabajar y ella podría... Pero no. Recordó que era sábado y que Julián no le había comentado nada de trabajar ese fin de semana. Así que no podría estar con su hijo. No podría gozar con él hasta el lunes por la mañana. Iba a ser un largo fin de semana, se dijo a sí misma.

En ese momento vibró su móvil. Sin ni siquiera mirarlo, supo quién sería. Dudó en si cogerlo o no, pero pudo más la curiosidad. Cogió el teléfono de la mesita de noche y lo metió bajo las sábanas para que la luz de la pantalla se atenuara. Era un whatsapp, y sabía que era de Antonio.

-Ven a desayunar - había escrito su hijo.

Despacito, con el teléfono en silencio, Alba contestó.

-Tu padre está en casa. Cuando él se vaya.

Lo siguiente que recibió la mujer fue una foto en primer plano de la dura polla de su hijo. La reconoció enseguida.

-Mira como tengo la polla. No voy a aguantarme así hasta el lunes. Así que ven a desayunar o voy yo a tu cuarto.

-¿Estás loco? -tecleó nerviosa Alba

-Sí, loco por ti. Quiero oír cómo te tragas mi leche. ¡Ven a comerme la polla YA!

Alba temblaba. De deseo, de miedo. Miró hacia su marido, que le daba la espalda y dormía. No creyó que Antonio fuera capaz de hacer lo que decía, pero aun así, tratando de no hacer ruido y mover lo menor posible la cama, se levantó y sin ponerse las zapatillas salió de la habitación, echándole a Julián una última mirada. Las luces de la casa estaban apagadas, pero ya empezaba a clarear el día y pudo llegar a la habitación de su hijo sin problemas.

La puerta estaba entreabierta, así que entró y cerró tras de sí. Dentro estaba oscuro, pero desde que cerró la puerta, Antonio encendió la lámpara de la mesilla y ella pudo verlo. Estaba sentado al borde de la cama, desnudo, con su preciosa y gruesa polla dura como un mástil. A sus pies había un cojín, clara indicación de lo que él deseaba.

Alba estaba cachonda, mojada, pero también asustada por si su marido se levantaba y los descubría. Se dijo que si le hacía una mamada rápida y lo hacía correr rápido sería menos expuesto, así que sin más, sin en él dijera nada, se acercó, se arrodilló sobre la almohada y mirando a su hijo a los ojos, bajó su boca y empezó a hacerla una felación a su retoño.

Con las manos apoyadas en el borde del colchón Antonio gozó de la morbosa visión de tener a su madre arrodillada entre sus piernas, con su polla entrando y saliendo de la boca y sin dejar de mirarle, como él le había enseñado. Se sorprendió gratamente de lo que había mejorado su madre en el arte de comer polla. Había pasado de la torpe mamada de los primeros días a una señora mamada que lo hacía gemir de placer.

Alba usaba solo la boca para comerse la polla. Con su mano derecha acariciaba los gordos huevos, que sabía que estarían bien llenos y que en breve se vaciarían en su boca de aquella copiosa manera que tanto le gustaba. Se preparó para tragar a medida que Antonio se fuera corriendo para así evitar cualquier posible fuga.

Antonio no la avisó. Pero ella supo el momento exacto en que la polla que llenaba su boca iba a soltar su amarga, salada y deliciosa carga. Vio los ojos de su hijo entornarse, su mandíbula apretarse y sobre todo, notó la polla empezar a palpitar entre sus labios. Antonio, a pesar del inmenso placer que sintió al correrse dentro de la boca de su madre, consiguió mantener los ojos abiertos. Pudo ver como con cada poderoso chorro que disparaba dentro de la cálida boca, los ojos de su madre se entornaban ligeramente. Pudo contar 7 u 8 de aquellos parpadeos. Y contó 7 u 8 tragos. Ella era buena alumna y entendió que lo tenía que hacer cuando Antonio le había dicho que quería oírla tragar.

Los últimos chorros Alba los pudo mantener en la boca sin peligro de desborde. Después de esos 8 potentes chorros venían 4 o 5 más calmados. Los retuvo en la boca antes de, con un sonoro 'glub', tragárselos. Se ayudó, ahora sí, de su mano para exprimir la polla y recoger con la lengua los últimos restos de semen.

Alba estaba a punto de correrse. Siguió quieta, con la polla en la boca hasta que él se la sacó y se la pasó por la cara, acariciándosela y agradeciéndole el placer recibido. Entonces ella, recordando repentinamente a su durmiente marido, se levantó e hizo ademán de marcharse.

-¿Dónde vas? - preguntó Antonio.

-A preparar café. Tu padre estará a punto de levantarse

-Vale, hazle café a papi. Pero... una cosita.

-¿Qué? - preguntó la mujer, estremecida.

-Ponte un vestidito de esos ajustados que usas en casa. Y sin bragas.

-¿Qué? Pero Antonio, por favor... Eso no.

-¡Eso sí! Te voy a estar follando todo el día, mami. Y por supuesto que vas a almorzar con el coño lleno de leche, como siempre -dijo el muchacho, con una amplia sonrisa, con la polla dura y brillante entre sus piernas.

Alba se dio la vuelta para salir de la habitación de su hijo, pero Antonio se levantó con rapidez, la agarró por las caderas y la guio hasta su cama. Allí la hizo arrodillar sobre el colchón, le bajó el pantalón del pijama y las bragas, la hizo poner a 4 patas, se puso detrás de ella y le clavó la polla en el coño de una sola estocada. La agarró por las caderas y se la folló con fuerza.

Al quinto golpe de polla Alba no pudo resistirlo más y se corrió, mordiéndose con fuerza la mano para no gritar. Antonio notó en su polla las contracciones del intenso orgasmo que estallaba en el cuerpo de su madre. No paró de follarla hasta que ella dejó de temblar.

Entonces, con mimo, la ayudó a levantarse, le subió las bragas y el pantalón del pijama, le dio la vuelta y la besó con ternura, con amor. Ella aun jadeaba.

-Venga, vete a hacer el café. Pero antes, cámbiate.

Cuando Alba abandonó el dormitorio de su hijo, sus piernas aún temblaban. Con alivio comprobó que su marido seguía en la cama, durmiendo plácidamente.

******

Minutos después, tras oír ruidos en la cocina, Antonio decidió levantarse para desayunar algo. Se vistió y fue directo. Nada más entrar vio a su padre sentado, tomándose un café. Su madre estaba de espaldas, poniéndole mantequilla a unas tostadas. La polla, el verla, se le puso morcillona. Ella llevaba un vestido corto, a medio muslo, con tirantes en los hombros. El movimiento de untar la mantequilla se distribuía por todo su cuerpo, y hacía que su precioso culito se cimbreara al compás. Antonio le miró el culo a su madre y sonrió.

-Buenos días - dijo, sentándose a la mesa

-Buenos días - respondió su padre, dándole un sorbo a su taza.

-Buenos días - añadió su madre, sin darse la vuelta.

Cuando Alba terminó de untar las tostadas y se dio la vuelta para llevárselas a su marido, su mirada se cruzó con la de su hijo. Sintió un estremecimiento. Aún le picaba la garganta y tenía en la boca el sabor de la copiosa corrida que se había tragado.

-¿Quieres algo de desayunar... tesoro? - preguntó la mujer, tratando de parecer lo más natural posible

-Sí, mami. Pero ya me lo preparo yo. ¿Tú quieres leche? ¿O ya tomaste?

Alba casi le tira las tostadas a su marido sobre los pantalones. Pero disimuló.

-Sí. Tomaré un vaso - respondió.

-Perfecto. Que siempre me dices que hay que tomar leche a diario. Que es buena para los huesos.

La mirada de odio que Alba le echó casi hace estallar en carcajadas a Antonio, que se levantó y le dijo que él prepararía el desayuno para los dos. Ella se sentó y se puso a hablar con su marido. El corazón le latía con fuerza.

Antonio preparó tostadas para los dos, dos vasos de leche con café y se lo sirvió a su madre. Se sentó con ella a desayunar, dándole golpecitos en con el pie por debajo de la mesa.

Cuando terminaron el desayuno Alba recogió todos los vasos y los dejó en el fregadero, dispuesta a lavarlos. Julián se levantó y salió de la cocina. Cuando Antonio oyó la puerta del baño cerrarse, se levantó como un resorte, se pegó a su madre por la espalda, le cogió las tetas con las manos y le dio un beso en el cuello que hizo revolotear mariposas por todo el cuerpo de la mujer.

Ella no dijo nada. Sabía que su hijo no la iba a dejar tranquila. Y sabía que en el fondo de su ser ella no quería que la dejase.

-¿Me hiciste caso, mami? - Le susurró él en su oreja.

Ella asintió.

-¿A ver...? - dijo Antonio bajando su mano derecha por el tentador cuerpo de su madre, llegando a la falda del vestido, tirando de ella hacia arriba para poder meter los dedos entre las piernas de su madre y recorrer con ellos la raja de su coño.

No había bragas. Lo que se escondía entre aquellas piernas era un caliente y empapado coño que Antonio se apresuró a acariciar. Con las yemas de sus dedos índice y corazón buscó el clítoris y empezó a frotarlo, besando su cuello.

-Uff, mami. ¡Pero si estás empapada!

Alba se mordió los labios. Estaba cachonda, hirviendo, siendo masturbada por su hijo a escasos metros de su marido. Notó contra su culo como la polla de Antonio se fue poniendo dura.

De repente, el sonido de la cisterna del baño hizo tensar a la mujer, que se zafó del abrazo de su hijo, se recompuso el vestido se separó de él.

-Salvada por... la cadena... jajajaja - se rio Antonio volviendo a sentarse en la mesa. Su padre no tardó en aparecer por la puerta de la cocina

-Bueno, pues voy a ver la tele un rato - dijo Julián pasando de largo hacia el salón.

En aquellos tiempos de confinamiento poco más se podía hacer. Ver la tele, leer. Hacer largas siestas. A veces Julián agradecía poder ir a trabajar a pesar de las desgracias que vivían durante aquellos días. Ese fin de semana, sin embargo, no le había pedido que hiciera horas extra, así que se pasaría los dos días haciendo nada.

Alba terminó de fregar la loza. En todo momento notó la presencia de su hijo sentado en la mesa. Sabía que la estaba mirando. Cuando cerró el grifo, oyó un ruido y enseguida supo lo que era. Antonio se acababa de bajar la bragueta. Un escalofrío recorrió toda su espina dorsal.

Aquello era demasiado. Era demasiado riesgo. Julián podía aparecer en cualquier momento. Salir del salón y pillarlos in fraganti. Se dio la vuelta dispuesta a parar todo aquello en aquel momento, pero se quedó quieta, mirando como la durísima polla de su hijo asomaba por su bragueta. Venosa, poderosa. Antonio se había sacado también los huevos y la miraba con una mirada de diablillo.

-Móntame - dijo, imperativo.

-Pero... cariño... tu padre... nos va a pillar.

-Lo oiría llegar. Ven, ponme las piernas alrededor y clávate en mi polla.

Cuando el muchacho vio como su madre, mirando su polla, se mordía el labio inferior, supo que era suya. Supo en ese momento que podría hacer con ella lo que quisiera. Y eso le encantaba. Lo hacía sentirse poderoso.

Alba estaba paralizada. Su cerebro no dejaba de mandarle a su cuerpo mensajes contradictorios. Por una parte la impelían a acercarse aquella soberbia verga y sentarse sobre ella, clavársela en su hasta hacía menos de una semana infrautilizado coño y gozarla. Por otra, le decía que no. Que todo aquello era una locura. Que su marido los descubriría y todo se iría al garete.

El palpitar de su coño inclinó la balanza hacia el placer. Su cuerpo empezó a moverse, sin apartar los ojos de la polla que la atraía como un enorme foco de luz a las polillas de la noche.

Antonio juntó las piernas y guio a su madre sobre él. La agarró por las caderas y la hizo descender. Alba estiró el cuello y exhaló un profundo gemido cuando la dura barra de su hijo se clavó lentamente hasta que quedó sentada sobre él.

-Ummm, me encanta meterte la polla en el coño, mami. Lo tienes tan caliente, tan suave, tan apretadito. Ahora... ¡Fóllame!

Julián, a escasos metros de allí, mirando un estúpido programa matutino, era totalmente ajeno a lo que pasaba en la cocina. Allí, su mujer, su esposa, agarrada a los hombros de su hijo, subía y bajaba a lo largo una gruesa polla que la llenaba de placer. Gimiendo bajito, Alba dejaba escapar de su coño cálidos jugos que bajaban por la polla y mojaban los huevos de su hijo. Con los ojos cerrados, alga gozó de sentirse plenamente mujer. De sentirse empalada por aquel macho en que se había convertido su adorado Antonio.

Él no hacía nada. Se dejaba follar. Miraba a su hermosa madre gozando de su hombría. En verdad era hermosa. Y en ese momento, la viva imagen de la lujuria, con la cara sonrosada, los labios resecos, el placer reflejado en el rostro. Su coño tenía espasmos, y notó con alegría que ella no tardé en correrse, aferrándose son sus manos a sus hombros para no caerse.
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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 006

Antonio casi se corre con ella, pero aguantó, sin moverse, hasta que su madre se quedó quieta y apoyó, jadeando, su cabeza en su hombro. Era la segunda vez que le metía la polla en el coño hasta hacerla correr y él no la acompañaba. Se dijo que no sería, aquella mañana, la última vez que se la follaría hasta matarla de placer. La agarró por el cuello, hizo que le mirará y la besó con pasión.

-Ya te puedes levantar - le susurró Antonio.

Alba a duras penas pudo levantarse ya que tenía las piernas flojas. Sintió como su coño se vaciaba, sin notar el calor del semen de su hijo. Miró hacia la polla y seguía hinchada, brillando con los jugos que había destilado su coño. Hasta los pantalones de Antonio estaban mojados. No dijo nada cuando él le bajó el vestido y la adecentó. Luego se quedó sentado, mirándola. Ella vio como la polla latía. Sintió deseos de arrodillarse entre las piernas de su hijo y comerle la polla hasta volver a tragarse todo el semen con que él la obsequiara. Si se lo pedía, lo haría, sin dudarlo. Él no se lo pidió. Se levantó, se guardó la polla en los pantalones y se subió la cremallera.

Antes de salir de la cocina, la besó con pasión restregándole la polla por la barriga. Ella gimió en su boca. Luego la dejó allí y se fue al salón. Se puso a hablar con su padre de cosas intrascendentes mientras su alocada cabeza no dejaba de maquinar. Su madre era el centro de todas sus maquinaciones. Al poco rato ella se unió a ellos.

Antonio vio con claridad como los pezones de su madre estaban duros como piedras y sonrió. Se sentó de tal manera que el bulto de su polla no fuera evidente.

Pasó más de una hora. Sobre las once de la mañana los tres seguían en el salón. Alba, chateando con su hermana por el móvil. Julián y Antonio viendo la tele.

Antonio cogió su móvil y le mandó un mensaje a su madre. La miró fijamente mientras ella lo abría y lo leía. Tras hacerlo, ella le miró, miró a su marido, absorto en la tele y se levantó. A los 2 minutos, Antonio también se levantó y fue directamente al baño. Allí lo esperaba ella.

"Vete al baño y espérame allí, que en 2 minutos voy y te follo bien follada", le había escrito. Cuando salió de salón se bajó la cremallera y se sacó la polla. Cuando entró en el baño, ella estaba allí, esperándole.

Sin cruzarse palabras, Antonio entró, cerró la puerta, se acercó a su madre y la hizo apoyar en el lavamanos. Le subió el vestido, la echó un poco hacia adelante y le clavó la polla, despacito, cumpliendo su promesa de follársela bien follada. La miraba a través del espejo que reflejaba el placer la mujer al ser penetrada profundamente.

Cuando ella se corrió, sin sacarle la polla, la hizo incorporar y le sobó las tetas al tiempo que le lamía el cuello. Nuevamente, él no eyaculó. Se acercó a la oreja derecha y le dijo:

-A la próxima follada te llenaré el coño de leche, mami.

Alba no pudo hacer otra cosa que estremecerse. Vio como su hijo salía del baño, con cuidado, mirando por si su padre aparecía y la dejaba sola.

La mujer se miró en el espejo. Tenía la frente perlada de sudor, el cuerpo estremecido de tanto placer. ¿Qué le estaba pasando? Ni en mil años habría pensado que algo así le pudiese pasar nunca. No lo podía ni imaginar. Pero allí estaba, recién follada por su hijo el cual acababa de prometerle que se la volvería a follar y que le llenaría el coño de leche. En apenas 6 días él había transformado su vida, su conciencia. La tenía en sus manos, como... dominada. Pero eso, lejos de escandalizarla, de rechazarlo, la tenía subyugada, ofrecida. Esos seis días con su hijo no solo habían sido los días en los que más placer había sentido. Eran los seis días más felices que recordaba.

Se secó la frente, se peinó, se alisó el vestido y volvió al salón. Su hombre estaba allí y le sonrió al verla. Pero su hombre no era Julián, su marido, que ni siquiera la miró. Era su hijo.

El último orgasmo de esa mañana lo tuvo en la cocina, poco antes de comer, mientras Antonio de la follaba otra vez. Y como le había prometido, esta vez la acompañó y se vació con fuerza dentro de ella, agarrándola por las caderas y clavándole la polla bien a fondo.

Fue el sexto día que almorzó con el coño lleno del semen de su hijo. Al ir sin bragas, su traje se manchó con la mezcla de semen y jugos vaginales. Pero solo Antonio se dio cuenta.

El resto de la tarde fue tranquila. Los tres vieron algunas películas en la tele. Antonio se fue a su cuarto a jugar al ordenador y Alba se puso a navegar con su móvil, esperando recibir algún mensaje de su hijo, que no llegó.

Durante la cena solo hubo miradas, cómplices sonrisas entre ambos amantes. Alba se había puesto otro vestido, también sin bragas. Cuando terminaron, Julián regresó al salón a ver su programa preferido de la noche de los sábados.

-Yo te ayudo a fregar, mamá - dijo Antonio al ver salir a su padre.

Alba notó como el coño se le mojaba. ¿Se la follaría Antonio otra vez? ¿Se pondría detrás de ella, le subiría el vestido y le clavaría su dura, gruesa y hermosa polla hasta el fondo de su anhelante coño?

Antonio no se la folló. Se puso a su lado y la ayudó a fregar la loza. Se miraron y se sonrieron. Entonces, él dijo:

-Hoy es sábado... sabadete - y sonrió.

Aquello fue como un jarro de agua fría. Alba no había pensado en eso. Pero Antonio tenía razón. Era sábado y seguramente Julián, cuando se acostaran, se subiría sobre ella y se la follaría hasta correrse dentro, si es que aquello que él hacía podía llamarse follar. Deseó que fuera de esos días en que Julián se dormía y la dejaba tranquila.

-Sí... es sábado - dijo, apesadumbrada.

-Tu marido te va a follar, jeje.

-Supongo...

-Uy, no te noto para nada ansiosa. Con lo que te gusta que te follen, mami.

Casi le dijo que le gustaba que se la follase él, no su padre, pero se calló. Entonces, Antonio acercó su boca a su oreja y le susurró.

-Pues hoy te va a follar recién corrida y con el coño lleno de leche de otro hombre.

Alba se quedó en shock, sin entender al principio lo que su hijo le estaba susurrando. Cuando su mente lo asimiló, sintió morbo, excitación, miedo. Todo a la vez. Su coño, que se había empezado a apagar ante la posibilidad de tener que abrirse de piernas para su marido, volvió a palpitar.

-Y además - añadió Antonio - quiero oírlo. Me haces una llamada de whatsap y dejas el teléfono sobre la mesilla mientras te folla.

El morboso joven se secó las manos y se marchó de la cocina, dejando a su madre hecha un flan. Terminó con lo que quedaba y también se fue al salón. Allí estaban los dos hombres que se la iban a follar esa noche. Los dos hombres que le iban a llenar el coño de caliente semen. Solo deseaba a uno de ellos, pero sin embargo, deseó que llegase el momento.

Los tres se pusieron a mirar la televisión. Julián atento a las discusiones de los tertulianos del programa que emitían. Antonio pendiente de su madre. Y ella, pendiente de su marido. Mientras antes él quisiera follarla, antes se la follaría Antonio.

Cerca de las 12 de la noche Julián bostezó. Alba se tensó. ¿Y si ese cabrito se iba a la cama a dormirse y no se la follaba? Casi se dice tonta a sí misma en alto. Si ese capullo se dormía... ella iría a buscar a su hijo para que la matara de placer.

-¿Vamos a la cama, cari? - preguntó Julián.

Alba supo que él estaba con ganas por como la miró. Por primera vez en su vida se estremeció ante aquella mirada de su marido. Solo que no era por él.

-Vale... vamos - dijo levantándose y mirando a Antonio, quien le guiñó un ojo.

-Buenas noches - dijo él - Que... descansen.

Al muchacho esperó a que su padre entrara al baño y saliese. En ese momento su madre salió del dormitorio y entró al baño. Julián se acostó. Sin hacer ruido, Antonio pasó por delante de la puerta del dormitorio de sus padres y entró al baño, donde su madre lo esperaba.

El polvo fue rápido, salvaje, intenso. Se comieron la boca para que sus gemidos de placer no traspasaran las paredes. Antonio le clavó con saña la polla en el encharcado coño una y otra vez, sin pausa, buscando un rápido orgasmo que no tardó en llegar. Ambos temblaron mientras la polla se convulsionaba y se vaciaba en lo más profundo del coño materno, haciendo que la mujer también estallara en un poderoso orgasmo que le nubló la vista.

Bastaron menos de 4 minutos de intensa follada para que los dos se corrieran. Antonio le sacó la polla, de la que aun manó un último chorrito de semen

-¡Venga! Vete a la cama que te van a follar otra vez. Y no olvides la llamada de whatsapp.

El primero en salir del baño fue Antonio, que con sumo cuidado se fue hasta su cuarto y cerró la puerta. Enseguida recibió la llamada de su madre y se puso a escuchar atento.

Escuchó a su madre caminar por el pasillo. Oyó como ésta abría la puerta y la cerraba. Entonces oyó a su padre.

-¿Qué hacías? Tardaste - dijo

-Nada, que no me salía el pis - mintió Alba bajo la tenue luz de la mesilla de noche de su marido.

Cuando él apagó la luz ella aprovechó para quitarse el vestido. Dudó en si quitarse o no el sujetador, pero optó por dejárselo. No quería estar totalmente desnuda con su marido. Lo dejó en la cómoda y se metió en la cama. Cerró las piernas con fuerza, temiendo que el semen que llenaba su coño empezara a salirse.

¿Y si Julián, después de todo, no la tocaba esa noche?, se dijo.

La duda se disipó cuando él se pegó a ella y en la oscuridad le dio un beso en la mejilla. Enseguida Alba notó contra su muslo la dureza de la polla de su marido, que la siguió besando e incluso llevó una de sus manos hacia sus tetas, magreándolas sin destreza alguna.

Extrañada, aún en la oscuridad, Alba cerró los ojos y para su sorpresa, sintió placer. Las burdas caricias de su inexperto marido le provocaron un ligero placer. Sabía que no era por él. Que era por su hijo, por el semen que llenaba su coño, por el orgasmo que la había atravesado hacía escasos momentos.

Julián tardó poco en subirse sobre su legítima esposa. Se agarró la polla mientras ella abría las piernas, dispuesta a consumar su deber. Antonio, atento a los sonidos que salían del teléfono oyó claramente un gemido de su madre, la cual no pudo reprimir el placer que sintió cuando la polla entró en su encharcada vagina. También lo oyó su padre, que sorprendido, se paró.

-¿Te hago daño? - dijo el hombre, incapaz de distinguir un gemido de placer de un gemido de dolor.

-No... no...

Julián empezó entonces a follarse a su mujer. El hecho de que su coño estuviera tan mojado, tan resbaladizo, tan suave, no lo sorprendió. En la oscuridad buscó su cuello y la besó sin dejar de moverse, de meter y sacar su polla de aquel cálido coño.

Alba volvió a gemir. El placer fue llenando su cuerpo... Al otro lado del teléfono Antonio oía los gemidos de su madre. Incluso creyó intuir que ella decía "'¡Qué rico!"

Julián sí lo oyó. Pero era ajeno al placer que por primera vez estaba arrancando del cuerpo de su mujer. Solo buscaba su propio placer. Y esa noche estaba sintiendo mucho. El coño de su esposa estaba tan mojadito que era maravilloso entrar y salir de él. Arreció sus embestidas hasta notar como su cuerpo se tensaba, clavó su miembro hasta el fondo y se corrió.

Él intenso placer que sintió le impidió notar las contracciones de las paredes vaginales de su esposa. Le impidió oír los gemidos que Alba emitió al tener el primer orgasmo de su vida con su marido. Él único que sí la oyó correrse fue su hijo, que estaba atento a todos los sonidos de aquella habitación.

Julián resopló unos segundos sobre su mujer, antes de salirse de ella, darse la vuelta y echarse a dormir. Alba se quedó con los ojos abiertos aun notando como su coño palpitaba. Sintió claramente como de su coñito salía la mezcla de sus jugos y la mezcla del semen de dos hombres. Cerró las piernas para que dejara de salir y no arruinar la cama.

Cuando oyó el primer ronquido de su marido, se levantó, se tapó el coño con una mano y se fue al baño. Se miró la mano, brillante y mojada con aquella blanquecina mezcla de semen y sus humores. Le llegó el olor, el dulzor aroma del semen. Si solo fuese el semen de su hijo, con gusto abría acercado la mano a su boca y habría lamido la mezcla. Pero aunque poco en comparación con las copiosas corridas de Antonio, también había semen de su marido. No sintió el menor deseo de probarlo, así que se sentó en el bidet y se lavó a conciencia. Luego se secó y volvió a la cama.

Había un mensaje de whatsap. Lo leyó debajo de las sábanas, atenta a la respiración de su marido.

-Oí como te corrías. Nunca te había oído correrte con él.

-Nunca me había corrido con él - contestó - Pero no me corrí por él. Me corrí por ti.

-Lo sé - respondió Antonio, añadiendo varios emoticones de besitos.

-Buenas noches... mi amor - escribió ella.

-Buenas noches, mami. Te quiero mucho.

Alba se durmió con una amplia sonrisa en los labios
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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 007


Alba durmió plácidamente toda la noche. Cuando abrió los ojos por la mañana lo primero que notó fue el agradable olor a café recién hecho. Se giró en la cama y comprobó que Julián ya se había levantado.

Se estiró y se levantó. Tenía ganas de orinar. Seguía tal y como se había dormido. Solo con el sujetador puesto, y nada más. Vio el vestido que había llevado el día anterior y se lo puso. Buscó en la cómoda unas bragas pero cuando fue a ponérselas recordó lo que le había pedido Antonio y las volvió a dejar. Se puso las zapatillas y salió en dirección al baño.

Antonio estaba en su cuarto, con la puerta casi cerrada, abierta solo ligeramente para poder ver el pasillo. Sabía que su padre estaba en la cocina y que su madre aún dormía. Cuando la vio salir de su cuarto y dirigirse al baño, esperó unos segundos y la siguió. Cuando llegó a la puerta, miró hacia la cocina, comprobó que su padre seguía allí, entró al baño y cerró.

Alba estaba sentada, orinando cuando vio como su hijo entraba y cerraba la puerta. Se le cortó el chorro. Y se estremeció cuando vio como Antonio se sacaba la polla y se acercaba a ella.

Iba a decirle que no, que estaba loco, que su padre estaba ya despierto, que los iba a descubrir, pero no pudo decir nada. Antonio la cogió por la cabeza, la hizo agachar y le metió la polla en la boca. Resignada, sin poder mirarle a los ojos como a él le gustaba debido a la postura, empezó a mamar.

-Me puso muy cachondo oír como te follaban anoche - le dijo Antonio, sosteniéndole la cabeza con una mano y moviendo las caderas, follándole la boca.

Albo notó como su coño se mojaba, y no era por la orina. Era el sentir la boca llena de aquella dura verga. Notarla salir y entrar de su boca.

-No entiendo como ese tonto no se dio cuenta de que tenías el coño lleno de leche de otro mientras te follaba. Creo que a partir de ahora los sábados van a ser así - exclamó el joven entre jadeos de placer.

La mujer se estremeció al oír aquellas palabras. Estaba sentada en el baño de su casa, siendo follada por la boca por la dura polla de su hijo, a escasos metros de su marido ajeno a todo aquello, pero que en cualquier momento podría ir al baño y sorprenderlos. Aunque Antonio había tenido la precaución de cerrar con llave no sería sencillo explicar que hacían los dos encerrados en el baño.

Lo que más sorprendió a la mujer fue que todo eso, además de asustarla, la encendía, la excitaba sobremanera. Se sentía totalmente entregada a los deseos de su hijo, del que no obtenía más que placer. Complacerlo era su mayor gozo. Disfrutó un par de minutos de la verga que invadía su boca. Notó el sabor del líquido pre seminal que destilaba de la gruesa cabezota de la polla que casi llegaba a su garganta, aunque si provocarle ninguna arcada.

El cuerpo de Antonio se empezó a tensar. El placer que se avecinaba también se reflejó en el rostro del joven, el cual se empezó a crispar. Alba notó perfectamente como la barra de su boca empezaba a tener espasmos. Sabía lo que eso significaba, así que se preparó para empezar a tragar cuando la catarata de espeso semen se disparara en su boca.

-Aggg... dios... - gimió Antonio al borde del orgasmo - ¡Qué guapa estas... con mi polla... en tu... boca...! Pero te voy a... dejar...más...gua...

No pudo terminar la frase. Su cuerpo se tensó de pies a cabeza, pero pudo sacarle la polla de la boca a su madre, agarrársela y apuntar hacia el bello rostro que le miraba. Sabiendo lo que él deseaba, Alba levantó el cuello y se ofreció, pegando su espalda la fría cerámica del inodoro.

El orgasmo fue intenso, arrollador. La enorme y abundante corrida baño el sereno rostro materno. Al estar ella sentada y más alta que otras veces, algunos chorros impactaron en su cuello, en su escote, entre los pechos, hasta en el vestido. Incluso parte cayó sobre la falda arremangada y los muslos. La mayor parte fue a la cara, bañando las mejillas, la frente, la barbilla. Los últimos chorros, los más flojos, los depositó sobre los labios. Alba sacó la lengua para recibirlos, abriendo los ojos y mirando a su hijo.

-¡Qué hermosa eres! - susurró el muchacho con admiración.

Alba, sonrió y tragó

-Será mejor que te vayas, no se le vaya a ocurrir a tu padre venir - le dijo, hablando bajito.

-¿Qué pensaría él si ve a su mujercita así, con la cara y el vestido llenos de leche?

-No sé. No creo que ni siquiera alguna vez lo haya llegado ni a imaginar.

-Pues yo no hago más que imaginarme cosas - le dijo Antonio, mirándola fijamente a los ojos con una enigmática sonrisa que hizo estremecer a la mujer.

-Vete - le dijo, dándole un cariñoso empujón.

Antonio se guardó la polla, llegó a la puerta, la abrió con cuidado y salió del baño. Antes, le echó un último vistazo a su madre. Seguía sentada. Y estaba, de verdad, preciosa. El cabello revuelto, cubierta de semen. Se dedicaron una última sonrisa.

Alba sentía la cara caliente, el olor y el sabor del semen. El coño le palpitaba. Pero no podía seguir así, manchada. Se levantó y en ese momento se abrió la puerta del baño. Tuvo la sangre fría de darse la vuelta y darle la espalda a Julián.

-Ah, estabas aquí - dijo él

-Sí - consiguió articular la mujer. Voy... a darme una ducha.

-Vale. Hice café... pero me estoy meando.

Siempre dándole la espalda, Alba se apartó para que él pudiese hacer pis. Pensó a toda prisa como salir de aquella peliaguda situación. Se bajó los tirantes, con lo que el vestido cayó por su cuerpo hasta caer al suelo. Se desabrochó es sostén y lo dejó sobre el manchado vestido, para seguidamente, oyendo el chorro de orina de su marido, meterse en la bañera y correr la cortina.

Si a él se le ocurría abrirla la descubría, sin duda. Con gruesos chorros de semen cubriendo su cara, su cuello, sus tetas. Abrió rápidamente el agua. Sabía que estaría helada, ya que el agua caliente tardaría un rato en llegar desde el termo de la solana. Cuando iba a echársela para lavarse, oyó como Julián tiraba de la cadena y se iba, cerrando la puerta al salir.

Respiró tranquila, aunque notó algo. Su coño seguía palpitando. Llevó su mano derecha entre sus piernas y empezó a frotarse, gimiendo de placer. Dejó el teléfono de la ducha en su sitio y con la mano izquierda empezó a llevarse a la boca el tentador semen que cubría su cara. Lo saboreó despacito, manteniéndolo en la boca, deshaciéndolo con su calor, antes de tragarlo.

Antes de terminar con todo lo que cubría su cara, Alba se corrió. Se mordió la mano izquierda con tanta fuerza que casi se hace sangre. El agua de la ducha seguía saliendo, ya caliente, por lo que cuando las piernas le fallaron y tuvo que sentarse cayó sobre su pelo y su cara, llevándose consigo los últimos rastros de semen.

Reposó así unos momentos, para luego levantarse, enjabonarse y terminar de ducharse. Después se secó y se dio cuenta de que no había llevado ropa de recambio y que no podía ponerse el traje manchado. Desnuda, salió hacia su dormitorio a por otro vestido.

No se puso bragas. Regresó al baño, cogió el anterior del suelo y lo llevó al cesto de la ropa sucia. Lo dejó en medio de la ropa que ya había allí y se fue a desayunar. En la cocina estaba Antonio, que la miró de arriba abajo antes de levantarse, morrearla con ardor y sobarle el culo a placer. Julián estaba en el salón.

-Casi te pilla, ¿Eh? - le dijo, risueño.

-Joder, sí. Tenemos que ir con más cuidado.

Acercándola al poyete le la cocina, sobándole el culo y las tetas, Antonio le contó a su madre lo que iba a pasar esa mañana. Alba casi se derrite. Le dijo que se la iba a follar en seco varias veces por la mañana, sin correrse él, y que le llenaría el coñito de leche en el último polvo, antes de comer.

Cumplió su promesa. A las 10 de la mañana le hizo una señal, se la llevó al dormitorio de él y allí, sobre la cama, la puso como a una perrita y se la folló con intensidad hasta hacerla correr dos veces. Como una hora después, se la llevó a la solana, la subió sobre la lavadora y le dio polla a fondo regalándole un nuevo orgasmo.

El último de la mañana fue en la cocina, con los macarrones hirviendo, tal y como hervía la mujer, de puro deseo. Luego, durante el almuerzo, los tres a la mesa, Alba sentía su coño rebosando la abundante corrida con que Antonio se lo había llenado.

Esa noche Julián se acostó más tarde de lo habitual. Alba se fue con él. Al salir por la puerta del salón le echó una última mirada a su hijo, que le mandó un beso volado.

Media hora después Julián roncaba a pierna suelta. Alba no podía dormir. Y no era por los ronquidos. Era porque estaba caliente, cachonda. El coño rezumaba entre sus piernas, ardiendo de deseo. Se empezó a tocar, pero no era eso lo que deseaba.

Deseaba la polla de Antonio bien clavada dentro de ella. Sabía que por la mañana sería toda suya. Estarían solos y podrían dar rienda suelta a su pasión. Pero lo deseaba ya. Cogió su móvil, lo escondió bajo las sábanas y con el corazón latiéndole, la mandó a su hijo un simple pero claro mensaje:

-¿Me follas?

¿Y si estaba durmiendo? ¿Y si él no tenía ganas? Esos pensamientos cruzaban por su mente mientras esperaba la respuesta. Con alegría vio como las dos rayitas se ponían azules y luego como el teléfono le indicaba que Antonio estaba escribiendo.

La respuesta casi la hace llorar:

-NO

¿No? Lo miró otra vez por si lo había leído mal. Pero eran solo 2 letras. ¿Quizás él no había entendido lo que ella quería? Vio como Antonio volvía a escribir:

-Fóllame tú a mí. Ven.

El corazón le latió con más fuerza, y la cara se le iluminó. Con sumo cuidado se bajó de la cama, vigilando en todo momento a su marido. Salió al pasillo y a tientas llegó a la puerta de Antonio. La abrió, entró y cerró. En ese momento Antonio encendió la mesilla y ella lo vio. Estaba desnudo sobre la cama, agarrándose la dura polla con una mano.

Alba dejó caer el fino camisón que llevaba, quedándose también desnuda. Se acercó a la cama de su hijo, se subió en ella, puso las piernas a cada lado y se sentó sobra la polla. La sintió resbalar dentro de ella y cuando la tenía toda clavada, se corrió. Antonio notó las contracciones de la acogedora vagina alrededor de su polla. Luego la agarró por las caderas y la ayudó a subir y bajar.

Alba cogió ritmo. Miraba a su hijo, el cual le devolvía la mirada. Lo cabalgó con ganas, con ansias, buscando su orgasmo y, sobre todo, el de él. Notó como le acariciaba las tetas, como le pellizcaba los duros pezones. Ambos amantes gemían por el placer que se daban el uno al otro, hasta que minutos después, casi al unísono, estallaron. Antonio volvió a llenarle el coño a su madre con una abundante y espesa corrida que multiplicó el placer de la mujer.

Después de la tormenta llegó la calma. Alba cayó hacia delante, apoyado su cara sobre el pecho de Antonio. Él le acarició el cabello con ternura y le acarició la espalda. Ella estaba tan a gusto que casi se durmió, aún clavada en la dura polla de su amante secreto. Consiguió coger fuerzas para levantarse, besar a su hijo y marcharse a su cama. Se durmió feliz.

********

Y feliz se despertó. Y más feliz aún fue cuando nada más marcharse su marido, Antonio se abalanzó sobre ella y se la folló con intensidad en su cama, sin dejar de decirle cosas. Lo que le gustaba follársela, clavarle la polla en el coño y hacerla correr. Lo que más la calentaba era cuando él le decía cosas del estilo:

-Ummm mamá, cómo me gusta follarte en tu cama, en donde el tonto de tu marido se pierde el placer de follarse a una hembra como tú.

Alba se corrió antes de Antonio. Cuando él notó la llegada del orgasmo, le sacó la polla del coño a su madre, se la acercó a la cara y se la cubrió de una copiosa corrida que ella recibió con una sonrisa de felicidad.

-¡Joder! ¡Cómo me pone correrme en tu cara, mamá! - jadeó Antonio, mirando su obra.

-¿Estoy guapa? - preguntó la risueña mujer.

-Preciosa. No te laves. Quiero que lleves mi leche en la cara toda la mañana.

-Jajaja, mira que eres...

-¿Que soy qué?

-Vicioso - respondió Alba, mirándole a los ojos.

-¿Y no te gusta que sea así?

-Hasta hace apenas una semana no podía ni imaginarme que eras así.

-¿Y ahora que lo sabes? ¿Qué te parece que tu hijo sea un vicioso?

-Pues... uf... la verdad es que... me encanta.

-Eso es porque tú - Antonio dudó que palabras usar - también eres una viciosa.

-Supongo. Aquí estoy, acostada en mi cama, con la cara llena de la leche de mi hijo.

-Recién follada, en la misma cama en donde duermes con tu marido.

-Sí.

-¡Jajaja! Venga, vamos a desayunar, que tengo hambre.

La ayudó a levantarse y la admiró. Durante el desayuno Alba notó, feliz, como Antonio no dejaba de mirarla. El semen se iba licuando y cayendo sobre el pijama. El olor persistía, diluyéndose poco a poco. Cuando terminaron de desayunar, la cara ya estaba casi seca. Sintió la piel tirante.

-Ahora vete a ver la tele o hacer lo que quieras - le dijo su madre, fregando.

-¿Qué vas a hacer tú?

-Pues limpiar un poco la casa. Recoger.

-Y follar - añadió Antonio, con cara de pillo.

-Uf, mi vida. Que me vas matar de tanto placer.

-No te vas a morir por eso.

Antonio se levantó, se bajó el pijama y los calzoncillos hasta medio muslo, con lo que su dura polla saltó antes los ojos de su madre.

-Uf, cariño... ¿Otra vez así? - dijo Alba, sin apartar los ojos de la enhiesta barra que la apuntaba.

-¿Cómo quieres que esté antes un 'peazo' mujer como tú?

-Déjame trabajar un poco... luego...haremos lo que quieras.

-Ummm no sé, no sé. Hagamos una cosa - dijo él, acercándose a su madre - Si tienes el coñito seco, te dejo en paz. Pero si estás mojada, de follo sobre la mesa de la cocina.

Alba se estremeció. Se la iba a follar sí o sí. Cuando estuvo frente a ella, mirándola a los ojos metió la mano por dentro la falda del vestido que ella se había puesto. Como no llevaba bragas, le pasó los dedos a lo largo de la raja.

-¡Estás chorreando! ¿Sabes lo que significa eso, no?

-Que me vas a follar.

-Jeje, que lista es mi niña.

La cogió del brazo y la acercó a la mesa de la cocina. Cogió una de las sillas y la puso de lado, para luego hacer que su madre se arrodillara sobre la silla y echándola hacia adelante, le hizo apoyar el pecho sobre la mesa aún llena de migas de pan. Le levantó el vestido, haciendo aparecer el precioso culito de la excitada mujer, que apretó los dientes cuando la dura polla se clavó en su encharcado coño de una sola estocada.

Antonio vio como su madre cerraba los puños. La agarró con las dos manos por las caderas y empezó a follársela. En aquella postura su polla quedaba a la altura precisa para poder entrar y salir del coñito materno sin esfuerzos, solo moviendo las caderas adelante y atrás.

Cuando ella empezó a gemir, y ante la vista del tentador culito, Antonio levantó la mano derecha y le dio una sonora nalgada, pero sin fuerza. Su madre se tensó y gimió.

-Vaya culazo que tienes, mami. Es precioso - y le dio otra nalgada, que ella recibió con más gemidos.

Viendo que ella era receptiva, se la folló con más ganas, con más fuerza, y con más nalgadas, que fueron enrojeciendo ligeramente las redondas nalgas maternas. No eran golpes. Su intención no era la de hacer daño sino la de dar placer. Alba tampoco las sentía como golpes, sino como caricias que la encendían más y más.

Antonio disfrutaba de tener a su madre así, tan ofrecida. Veía su dura polla, brillante por los abundantes jugos de aquella cálida vagina, entrar y salir. Y encima, a pocos centímetros, el otro agujero. Se chupó el dedo gordo de la mano con que le daba las cariñosas nalgadas y lo ensalivó bien. Sin dejar de follarla con intensidad llevó el dedo al ano de su madre y lo acarició con la yema del dedo.

Alba se tensó y gimió ante aquella nueva caricia. La dura polla la barrenaba una y otra vez y ahora él le acariciaba con un dedo su culito.

-Me encanta tu culito, mami - dijo Antonio, apretando más el dedo.

-Aggg, dios... Antonio...Eso....

-¿Eso qué? - respondió él, apretando un poco más y casi venciendo la presión del esfínter.

-Eso no... mi vida.

-¿No? ¿Seguro que no? - y apretó más. El dedo empezó a clavarse.

-Agggg, dios... - se tensó la mujer, a punto de correrse

Antonio sacó el dedo, sin dejar de clavarle la polla, pero solo para dejar caer un poco de saliva sobre el ojete para, seguidamente, volver a acariciarlo con la yema del dedo. Cuando apretó otra vez el dedo entró hasta la primera falange. Alba arqueó la espalda y se corrió.

-Ummm parece que te gusta que tu nene te folle... el culito.

Alba, en pleno orgasmo no pudo responder. Pero era cierto que aquella inesperada invasión le había causado un inesperado placer. Notaba su coño lleno de polla, y su culito dilatado por el dedo. Notó claramente como por su muslo caía un poco de flujo. Antonio aprovechó el largo orgasmo de su madre para seguir empujando el dedo hasta clavárselo a fondo.

Cuando el cuerpo de ella se destensó, apretó la polla, dejándola clavada entera en el coño. Alba, jadeando, se sintió llena por partida doble. Su coño y su culo. Temblaba ligeramente. De puro placer.

-Pídemelo - dijo Antonio, con voz autoritaria.

-¿Ahh? - respondió Alba, aún exhausta

-Pídeme que te folle.

-Cariño... no puedo más... déjame descansar.

Con la mano izquierda Antonio le dio una nalgada.

-¡Qué me lo pidas!

-Agg... dios... fó... fóllame

Le sacó la polla casi completamente y se la clavó otra vez. Alba apretó los puños.

-¿Así? - preguntó Antonio - ¿O así? - dijo, dejando la polla dentro y sacando un poco el dedo antes de volver a hundirlo.

-Ahhhhhh se quejó la mujer. El placer casi le dolía.

-¿O quizás es así como quieres que te folle? - sentenció el joven empezando a meter y sacar su polla del coño de su madre al tiempo que hacía lo mismo con en el dedo que profanaba su culo.

Cuando le clavaba el dedo le sacaba la polla, y cuando empujaba la polla, sacaba el dedo. Lo hacía despacito, sin prisas, recreándose en la morbosa visión de tener a su hermosa madre así, ofrecida y siendo doblemente follada.

Durante varios minutos la penetró así, aumentando poco a poco el ritmo de las embestidas hasta que Alba, gritando a pleno pulmón, se corrió con tal intensidad que de su coño salieron varios chorros de flujo que mojaron sus muslos y los de su hijo, goteando incluso en el suelo.

-Shhh, calla, no grites... que se van a creer los vecinos que te estoy matando - le dijo Antonio tapándole la boca y sujetándola para que no se cayera.

Sin sacarle ni la polla ni el dedo, la dejó recuperarse. Casi 2 minutos estuvo Alba con los ojos cerrados, jadeando. Luego, despacito, le saco el pulgar del apretado culito. Después, la brillante polla, dura como nunca. Tentado estuvo de acercarla al tentador culito materno, clavársela y encularla hasta llenárselo de leche, pero se dijo que ya habría tiempo.

Se subió los calzoncillos y los pantalones y ayudó a su madre a incorporarse. Vio que tenía miguitas de pan en la cara y se las quitó, aunque le costó ya que se habían pegado gracias al semen que aún lucía en la cara. Aunque ya eran más restos pegajosos que otra cosa.
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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 008



Alba no había abierto los ojos desde el intenso y arrollador orgasmo que acababa de sentir. Notó como su hijo, con mimo, le limpiaba la cara, la ayudaba a ponerse de pie y la abrazaba desde atrás. Al notar su dura polla contra su culo se separó y entreabrió los ojos.

-Por favor... ya no más...mi vida...déjame descansar un poquito

-Si me das un beso - dijo él

Acercaron sus bocas y se besaron, con ternura.

-Me voy a echar unas partidas a la play, preciosa.

-Yo voy a recoger... pero antes a reposar un poco. Eres un cabrito. Si apenas me puedo mover. Me tiembla todo.

-Jajaja. Pero te encantó.

Se miraron a los ojos. Alba asintió con una leve sonrisa.

Ese medio día, mientras Antonio se la follaba desde atrás para llenarle, como siempre, el coño de leche calentita antes de comer, Alba se corrió notando las contracciones de la polla que se vaciaba dentro de ella y el dedo que entraba y salía de su culo, el cual multiplicaba el placer que sentía.

*****

Los días transcurrían y Alba perdía la cuenta de las veces que su hijo la hacía correr. Las mañanas transcurrían llenas de placer para ambos, pero sobre todo para ella. A Antonio le encanta follársela sin llegar a correrse, para así al medio día, antes de llegar su padre, poder llenarle bien el coñito de semen espeso.

El muchacho fue cogiendo tal descaro, que más de una vez, mientras comían los tres, se quitaba las zapatillas y por debajo de la mesa metía su pie entre las piernas de su madre y, a pesar de las miradas asesinas que ella le echaba, le acariciaba el coñito con el dedo gordo. Al estar recién follada y rezumando semen podía incluso metérselo y masturbarla. Ella en un par de ocasiones estuvo a punto de correrse.

Se hizo habitual que cuando se la follaba a 4 patas, como a una perrita le follara el cultito con uno o dos dedos al tiempo que le barrenaba el coño con la polla. Incluso cuando le comía el coño le follaba el culito a la vez. Los orgasmos de ella eran así más intensos. Cuando Antonio ya podía meterle hasta tres dedos, se dijo que había llegado el momento.

Alba sabía que ese momento llegaría desde el primer día que le metió el pulgar y la hizo correr con tanta intensidad. Lo esperaba y lo temía, por eso no había le dicho nada y aguardó a que Antonio diese el paso.

Antonio eligió un viernes al medio día. Su madre lo esperaba en la cocina, como cada día, preparando la comida y ansiosa de que se la follara bien follada y le llenara el coño con aquellas enormes corridas que él le regalaba. Con un vestido corto y como siempre, sin bragas, preparaba las cosas cuando lo oyó entrar en la cocina. Se estremeció y sintió como su coño se mojaba más de lo que ya estaba.

Gimió de placer cuando su hijo se acercó por detrás de ella, le pegó la dura polla en el culo, le cogió las tetas y la besó en el cuello.

-¿Sabes a qué vengo, mami? - le preguntó, juguetón.

-Ummm, sí, a llenarme el coño de leche antes de comer - respondió Alba meneando el culo contra la verga.

-Sí, justo a eso. O quizás... no. Ya veremos.

Le dio la vuelta y le comió la boca sin dejar de acariciarle las tetas y pellizcarle los duros pezones. Alba gemía en su boca al tiempo que le bajaba la bragueta y le sacaba la polla.

-Cada día me gusta más tu polla, mi vida... No hago más que pensar en ella.

-¿Solo en mi polla? ¿En mí no?

-¡Claro que sí, tontito! En todo tú.

-Ella también piensa mucho en ti.

-¿Ella? - preguntó Alba.

-Sí, ella. Mi polla

-Jajajaja.

Sujetándola por las caderas, la hizo subirse al poyete de la cocina, poniéndole el culo justo al borde. Hizo que ella apoyara la espalda en los fríos azulejos, hizo que apoyara los pies en sus hombros y le clavó la polla en el coño. El cuerpo de la mujer tembló de placer.

Debido a la postura, sentada sobre el poyete de la cocina, el coño quedaba demasiado alto y la penetración no era completa, teniendo incluso que ponerse de puntillas para poder metérsela a fondo. Era un ejercicio cansado, pero Antonio no tenía intención de seguir así mucho tiempo.

Miró unos segundos como la polla entraba y salía del precioso coño materno. Alba estaba tan mojada, tan lubricada, que la polla brillaba a la luz de los fluorescentes de la cocina. Sin dejar de darle pollazos tiró de los tirantes del vestido para hacerlo caer por los hombros y liberar las soberbias tetas, las cuales acarició, masajeó pellizcó a placer, arrancando más gemidos de su progenitora.

Cuando Antonio notó que su madre estaba a punto de correrse, paró en seco y le sacó la polla del coño.

-¡Ey!, ¡Qué te corres! - le dijo, con una malévola sonrisa.

-Ahhh, cabrito... fóllame... no me la saques.

-¿Eso quieres? ¿Que te meta la polla y te folle hasta llenarte de leche?

-Sí, por favor... ¡Fóllame! - imploró la excitada mujer.

Antonio se agarró la polla, la bajó un poco y la acercó a cerrado esfínter. Apretó ligeramente y miró a su madre a los ojos.

-Así que quieres que tu hijo te folle.

Alba no contestó. Se mordió el labio con fuerza. Estaba muy cachonda, pero sabía lo que él iba a hacerle.

-¿No dices nada, mami? Pídemelo... o te quedas sin polla.

La mujer dudó unos segundos, que le parecieron eternos. Notaba la presión contra su culo. La mirada de diablo de Antonio la asustaba, pero al mismo tiempo la atraía. Necesitaba placer. Necesitaba sentirse llena.

-¡Fóllame! - masculló entre dientes.

-¿Qué dices? No te entendí.

-Que... me folles.

-Mami... te voy a meter la polla en culito. Te lo voy a follar hasta llenártelo de lechita.

-Aggg, dios... Antonio...

-¿Qué?

-¡FÓLLAME! - gritó Alba, desesperada

-A tus órdenes.

Agarrándose la polla con una mano, Antonio empezó a empujar cada vez con más fuerza hasta que fue suficiente para vencer la resistencia del culito materno y conseguir que la gruesa cabezota de su polla empezara a entrar.

Alba se tensó. Sentía dolor, pero era soportable. Notó como la polla se abría paso dentro de ella. Cuando toda la punta entró, Antonio la sacó un poco, pero solo para volver a meterla hasta un poco más que antes. El coño de Alba rezumaba tantos jugos debido a su alto grado de excitación que había lubricado el esfínter y la penetración se facilitaba un poco.

Muy muy despacio, metiendo la polla y sacándola para luego meterla un poco más, Antonio consiguió meterle media polla en el apretadísimo culo de su madre. Al ser aquella entrada más baja que la vagina el ángulo de entrada era perfecto. El muchacho se maravilló del soberbio espectáculo de tener a su madre así, con las piernas abiertas, el coño empapado de flujos y más abajo, media polla enterrada en el recto.

Antonio llevó su mano derecha hasta el coño de su madre y empezó a frotarle el clítoris con la yema del pulgar. Alba apretó los dientes y gimió de placer.

-Y ahora, mami... te voy a follar bien follada por el culito.

Frotándola con el dedo se movió adelante y atrás enterrando, sacando y volviendo a enterrar su dura verga en el apretado culito de su madre. Sus movimientos eran cada vez más rápidos, cada vez más profundos. La polla fue dilatando el conducto, haciendo posible que con cada embestida un poco más de polla fuera entrando.

Cuando en una fuerte estocada el pubis de Antonio chocó con el de su madre, certificando la completa penetración anal, el cuerpo de la mujer se tensó, su rostro se crispó y un arrebatador orgasmo estalló en cuerpo de la mujer.

Alba no supo de donde le venía el placer. Lo sintió en el culo, lleno de dura polla. Lo sintió en el clítoris, acariciado por el dedo. Fue un orgasmo total, que la volvió a hacer soltar jugos que mojaron los dedos de Antonio, la polla y el piso de la cocina. Durante el largo e intenso orgasmo de la mujer el joven no dejó de follarla a placer. No dejó de encularla con fuerza. Él mismo notó que su propio placer se acercaba, lenta pero inexorablemente, haciendo que arreciara con sus embestidas.

El placer que sentía Antonio era inenarrable. Se le empezaron a tensar los músculos, empezando por los pies y luego subiendo por las piernas hasta concentrarse en su polla, que empezó a tener espasmos para seguidamente escupir en lo más profundo de su madre chorro tras chorro de leche que la bañó por dentro. Alba no supo si volvió a correrse o era solo el primer orgasmo que seguía.

Ambos tenían los ojos cerrados. Ambos jadeando de placer. El primero en abrirlo fue Antonio, que al poco se encontró con la mirada de su madre.

-Hoy parece que no vas a comer con el coñito lleno de leche - le dijo

-No... hoy no - dijo Alba.

El sonido de la puerta los sobresaltó a ambos. Antonio le sacó la polla con rapidez y se la guardó. Alba saltó de la encimera y casi se cae al suelo ya que las piernas le fallaron. Antonio la sujetó.

Cuando a los pocos instantes Julián entró en la cocina y los saludó, Antonio estaba sentado a la mesa y Alba sacando los platos del armario. Casi se le cae uno al suelo cuando vio es pequeño charco que había en el suelo frente al poyete. Eran los restos de su intenso orgasmo. Con disimulo cogió un paño de cocina, se agachó y lo limpió.

A partir de ese momento Antonio la sodomizaba al menos 1 vez al día. Y siempre, siempre, Alba se corría con el culito lleno de polla.

Los sábados Julián se corría y sumaba, sin saberlo, su semen con el que poco antes Antonio había llenado la maternal vagina. Nunca se dio cuenta de eso ni de que ahora sí su mujer se corría con él. Aunque no por él.

+++++

Pasaron los días. Las semanas. Alba era inmensamente feliz. Era, ahora sí, una mujer completa. Y todo gracias a su maravilloso hijo. Todo gracias a su hombre que la llenaba en todos los sentidos. Tanto física como emocionalmente.

Era caliente, intenso, morboso. Pero a la vez delicado, amable. Solía sorprenderla con excitantes juegos que siempre la llenaban de placer.

Una mañana lo mandó al supermercado a hacer la compra. Le hizo una lista con las cosas que necesitaba y lo despidió en la puerta de la casa con un buen morreo. Cuando él regresó cargado con tres bolsas, lo ayudó a llevarlas a la cocina y entre los dos empezaron a guardar las cosas.

En la última bolsa Alba vio algo que no estaba en la lista. Extrañada lo cogió y miró hacia Antonio.

-¿Y esto? No estaba en la lista.

-Lo sé - respondió Antonio, con una enigmática sonrisa.

Cuando Alba ató cabos ante aquella mirada profunda sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. Miró a su hijo a los ojos. Miró lo que tenía en la mano, y de nuevo a su hijo.

-No pretenderás que... - dijo la mujer, con un hilillo de voz

-Va a ser que sí, mami querida.

-Pero... ¡No me va a caber! - se quejó Alba.

-Bueno, ya veremos

Alba volvió a mirar hacia su mano, la cual sostenía aquello extra que Antonio había comprado. Un grueso pepino, de esos de piel rugosa, de unos 28 cm de largo y tan grueso que no podía abarcarlo con la mano. Ligeramente curvado, duro.

Antonio se acercó a su madre y le quitó el pepino de las manos. Ella no podía hablar. Pero su coño le latía entre las piernas. Vio como su hijo abría el grifo del agua caliente y como lavaba a conciencia la hortaliza para luego secarla con un paño. Luego la cogió de la mano y la llevó al salón. Alba seguía sin decir nada, pero se notaba cada vez más cachonda.

Cuando llegaron al salón Antonio la hizo acostar en el sofá grande, le dio el pepino y se sentó en el sofá pequeño, frente a ella. Alba vio como su pantalón abultaba debido a la dura y hermosa polla que escondía.

-Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer, mami. Quiero ver cómo te corres.

-Pero cariño... ¡Me va a romper!

-Por ahí salí yo hace 19 años y no está roto.

Alba sabía que no lo iba a convencer de ninguna manera. Aunque en lo más profundo de su ser tampoco quería convencerlo.

-Venga, abre las piernas. Enséñame ese coñito tan lindo que tienes.

Lentamente ella fue abriendo las piernas. El corto vestido que llevaba le permitió abrirlas bien, dejando ante la atenta mirada de su hijo su ofrecido sexo.

-¡Pero! ¡Serás...! Si tiene el coño empapado. Desde aquí puedo ver como brilla - exclamó Antonio.

Era cierto. Alba sabía, sentía, que su coño rezumaba jugos de excitación. Miraba a los ojos de su hijo, que a su vez tenía los suyos clavados en su coño. Le gustaba como él la miraba. La encendía más.

-Uf, que morbo mami. Tienes una coño precioso. Jamás me canso de admirarlo. Ahora, pásate la punta del pepino a lo largo de la rajita.

Su madre obedeció. Agarró el duro y grueso cilindro con la mano derecha y se lo empezó a pasar a lo largo de su babosita raja. No puedo evitar gemir de placer, entrecerrando los ojos.

-Eso es... despacito... arriba y abajo... frótate el clítoris - la guio.

Ella fue siguiendo al pie de la letra las instrucciones recibidas. Se mordió el labio cuando vio como Antonio se bajaba la bragueta, se sacaba la polla y se empezaba a hacer una paja mirándola. A su mente acudieron los recuerdos de aquel primer día, la primera vez que le vio la polla, en su cama, pajeándose mientras ella le miraba.

Antonio también empezó a gemir. Se pajeó lentamente mientras delante de ella con las piernas abiertas, se pasaba un grueso pepino a lo largo de su precioso coño.

-Ahora, mételo un poquito... a penas.

-Uf... mi vida...

-¡Hazlo!

Entrecerrando los ojos, pero sin dejar de mirar la polla, Alba bajó el pepino y lo puso a la entrada de su vagina. Apretó y los labios se separaron. La abertura de su vagina se distendió y la mujer apretó los dientes.

-Dios... no puedo... es demasiado.

-¡Sí puedes! Si voy yo, será peor.

Alba dejó de hacer presión y se pasó el pepino otra vez a lo largo de su rajita. Cuando llegó de nuevo a la entrada, apretó más que antes. El pepino entró más que antes. La abrió más que antes. Ella gimió más que antes.

-Aggg... me va a romper.

-No te va a romper. Sigue.

Lo sacó del todo, esperó unos momentos y lo volvió a meter. Entré un centímetro más que la vez anterior. La siguiente embestida lo introdujo otro, la siguiente otro... Antonio miraba la morbosa escena sin dejar de pajearse. El coño de su madre se abría como nunca al ser penetrado cada vez más. Entraba y salía, pero solo para coger impulso y enterrarse más adentro.

Alba no pudo mantener los ojos abiertos. Tenía enterrado en su coño casi la mitad del pepino. Se sentía llena, a tope. Un ligero dolor le palpitaba cuando empujaba hacia adentro, pero no era nada en comparación al placer que estaba sintiendo.

Más o menos cuando consiguió empalarse con la mitad de la dura y gruesa verdura empezó a meterlo y sacarlo con más rapidez. Notaba como la rugosa piel la acariciaba por dentro, repartiendo por su cuerpo intensas oleadas de placer.

-Dios mío... Alberto... me siento tan... llena...

-Pues aún cabe más. Mételo hasta que haga tope con el fondo de tu coño.

Sin bajar el ritmo, Alba fue follándose con el pepino, hundiéndolo cada vez más, cada vez más profundo. Sin dejar de gemir ni un segundo hasta que sintió un golpe de dolor. Se había golpeado el fondo de la vagina, la entrada al útero. Arqueó la espalda y esperó unos segundos a que el dolor pasara.

Cuando abrió los ojos lentamente, se encontró con la polla de Antonio a escasos centímetros de la cara. Su hijo, sin que ella se percatase, se había levantado y se había acercado a ella y se pajeaba mirándola.

-¡Joder mamá! No pensé que pudieras hacerlo. Te lo clavaste hasta el fondo.

Alba no contestó. Miró la hermosa polla que la apuntaba y empezó a meter y sacar el pepino de su coño, gozando del intenso placer que le producía. Antonio, embelesado, miraba como el distendido coño de su madre era barrenado por el grueso instrumento.

-¿Recuerdas lo que te dije la primera vez? - preguntó el joven.

Alba asintió, apretando los dientes.

-¿Y qué fue?

-Aggg... que si... aggggg.... - gemió entrecortadamente Alba.

-¿Que si... qué? - volvió a preguntarle su hijo, pajeándose más rápido.

-Ummm que... si... que si me corría....

-Sí. ¿Que si te corrías...?

-Que si me corría... te correrías sobre...Agggggggggggg

Ella no pudo terminar la frase. Estalló en un intensísimo orgasmo que hizo que su espalda se arqueara sobre el sofá al tiempo que se enterraba a fondo el pepino en el coño. No había pasado ni 3 segundos desde que empezó a correrse cuando el primer chorro de leche le cruzó la cara.

Seguía corriéndose cuando, 10 chorros más tarde, la polla de Antonio dejó de llenarle la cara de leche caliente, espesa y aromática.

Alba no se lavó la cara hasta minutos antes de que llegara su marido. Comió con el culito lleno de leche, ya que Antonio le dejó descansar la irritada vagina.

Casi se atraganta cuando Antonio le preguntó

-Ummm mami. La ensalada está riquísima. El pepino está dulcito. ¿Le has puesto algo nuevo?

Y no pudo evitar toser y notar como se le saltaban las lágrimas cuando su marido, añadió.

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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 009


Alba era inmensamente feliz siendo follada a diario varias veces por su maravilloso hombre, su hijo. No había nada de lo que él le hacía que no le diera morbo y placer. Su cuerpo le pertenecía a él y lo usaba a su antojo cuando le apetecía. Ella aceptaba todo con excitación y obtenía siempre el placer que durante toda su vida le había sido negado. Ahora, gracias a Antonio, se le daba con creces.

Vivían en un quinto piso. Una mañana Antonio se la estaba follando en su cama, a 4 patas, cuando de repente le sacó la polla del coño, la cogió de un brazo y se la llevó al salón. Allí la acercó a una de las ventanas, la abrió y la hizo asomarse.

Apenas había gente debido a las restricciones de movilidad que aún imperaban, pero se veían algunas personas que iban al supermercado, algún coche y parejas de policía patrullando las calles.

Antonio estaba completamente desnudo, pero Alba llevaba un vestido. Se puso detrás de ella, se lo levantó y le volvió a clavar la polla en el encharcado coñito. Si algún transeúnte hubiese mirado hacia ella en ese momento habría visto la mueca de placer que se reflejó en su rostro, aunque no podría saber a qué se debía ya que solo se veía, desde la calle, a una mujer asomada a una ventana.

Antonio se la folló con ganas. Alba tuvo que reprimir sus gemidos, sus muestras de placer. Con los ojos entrecerrados miraba hacia abajo, mirando a las escasas personas que había en la calle, temiendo que alguna mirase hacia arriba y la descubriera. Justo en frente había un parque por lo que no había peligro de que un vecino de algún edificio de enfrente la viera.

Las poderosas embestidas que Antonio le dio, acompañándolas de sonoras nalgadas, la llevaron rápidamente a un intenso orgasmo.

-Eso es, mami. Córrete mientras todos te ven... ummm sí sí... que sepan lo bien que te folla tu hijo.

Las palabras de Antonio la encendían aún más. Se agarró con fuerza al alfeizar de la ventana mientras su cuerpo se tensaba sin dejar de sentir los tremendos pollazos que su macho le daba.

Cuando el orgasmo pasó y Antonio le sacó la polla, creyó que todo había terminado. Pero supo que no era así cuando notó como él, separándole las nalgas, apretaba su polla contra su cerrado ano que al sentir la presión, se abrió para dar paso al poderoso invasor.

Tuvo que apretar con fuerza los dientes minutos después para evitar gritar de placer cuando la polla estalló en lo más profundo de su recto, llenándola de espesa y caliente leche. Antonio le dejó en las caderas las marcas de sus dedos al haberlos apretado con fuerza al vaciarse dentro del apretado culito de su madre. Luego, sin sacarle la polla del culo, la hizo incorporar, cerró la cortina y la besó con ternura en el cuello, haciéndola vibrar.

Segundos después la ahora semi erecta verga se salió del apretado culito, acompañada de un reguero de semen que bajó por uno de los muslos de la mujer.

+++++

Pasaron las semanas y por fin el Gobierno de la Nación derogó el Estado de Alarma. Poco a poco la gente pudo volver a salir a la calle, aunque aún con grandes restricciones de movilidad, de horarios, etc.

Las calles se llenaron de personas haciendo ejercicio, aunque la mayoría de éstas antes de la pandemia no lo hacían. Todo era por salir a la calle y respirar aire puro.

Una tarde Antonio se puso un chándal y le dijo a su madre que también se pusiera algo de ropa deportiva para salir a dar una vuelta. Le especificó que se pusiera leggins ajustaditos.

-Y con tanga, no bragas - añadió.

Alba obedeció y cuando Antonio la vio aparecer no pudo hacer otra cosa que silbar y piropearla.

-¡Uf, mamá! Estás para comerte.

Y eso fue lo que hizo. Se acercó a ella, la hizo apoyar contra la pared y la besó con pasión, acariciándole las tetas, el culo, comiéndole la boca. Alba gimió de placer ante el repentino y agradable ataque. Y se estremeció cuando una de las manos de su hijo se metió por dentro de los ajustados leggins y le acarició el coñito, primero por encima de la tela del tanga y luego, apartándola, directamente.

El chico notó como el coño de su madre se mojaba entre sus dedos a medida que ella gemía con más intensidad. Separó su boca de la de ella para poder mirarla a los ojos.

-¿Te gusta cómo te toco el coño? - le preguntó.

Alba, mordiéndose el labio, asintió.

-Estás empapada. Así que te gusta como tu hombre te hace una buena paja, ¿eh?

Ella volvió a asentir. Después de tantas semanas de tener sexo con ella a diario, Antonio conocía perfectamente el cuerpo de su madre. Conocía sus gemidos, los espasmos antes del orgasmo. Sabía que le faltaba muy poco para correrse entre sus dedos y llenárselo de sus cálidos jugos, así que intensificó sus caricias llevándola hacia el culmen del placer.

Pero entonces, justo antes de que ella estallara, paró, sacó la mano y le sonrió.

-Bueno, vamos a pasear, mami

Alba se quedó sin el deseado estallido, con el cuerpo tenso, vibrando. Iba a pedirle que siguiera, que no la dejara así, pero Antonio se dio la vuelta y fue hacia la puerta de la calle.

-Venga, gandula. Vamos a hacer ejercicio.

La mujer se recompuso la ropa y siguió a su hijo. Él llamó al ascensor y cuando éste llegó, como todo un caballero, dejó pasar primero a su madre y luego entró él. Cuando las puertas se cerraron, pulsó el bajo.

El ascensor comenzó a bajar. Cuando estaba entre el cuarto y el tercero, de repente, Antonio pulsó el botón de parada, sobresaltando a su madre.

-¿Qué pasa? - exclamó la mujer.

-Nada - dijo tranquilo Antonio, bajándose el chándal y los calzoncillos hasta las rodillas y haciendo aparecer su dura polla - Que te voy a follar.

-¿Pero? ¿Estás loco?

-Shhhhhhh

La agarró por la cintura, le dio la vuelta, poniéndola de espaldas a él y de un tirón le bajó los leggins, que arrastraron el pequeño y empapado tanga. La sujetó por ambas caderas, atrayéndola hacia él y de una sola estocada le clavó la polla en el encharcado coño. Alba puso los ojos en blanco.

La follada fue brutal, intensa. La cabina vibraba al ritmo de las poderosas embestidas que el macho de daba a su hembra. Hembra que tardó menos de un minuto en tener un arrollador orgasmo que tensó todo su cuerpo. Cuando Antonio la sintió estallar, le clavó la polla hasta el fondo y la dejó allí enterrada, gozando de las contracciones de la acogedora vagina.

Alba quedó jadeando, casi sin fuerzas, clavada en la dura polla que la llenaba por completo. Su frente perlada de sudor. Sin decir nada, sintió como Antonio le sacaba la dura polla, la hacía incorporar, le subía el tanga y los leggins para después besarle el cuello con dulzura. Él no se había corrido.

-Y ahora, a pasear - le susurró al tiempo que quitaba la parada del ascensor.

Salieron a la calle y se dirigieron a la avenida que iba paralela al río. Había tanta gente que era difícil caminar, pero se pasaron la siguiente hora paseando a paso ligero.

Antonio de vez en cuando le rozaba el culo con las manos, se lo acariciaba o pellizcaba.

Una de las veces, además de acariciarle el culo, le susurró al oído:

-Los tíos no hacen más que mirarte el culo.

-¿Sí?

-Pues sí. Pero es normal. Tienes un culito precioso y con esos leggins no haces más que resaltarlo. Pero ese culito es... ¿De...?

-Tuyo... solo tuyo.

-¿Y quién se lo va a follar bien follado luego? ¿Quién lo va a llenar de leche caliente?

-Ummm... tú -contestó la mujer sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo.

-¿Entre el tercero y el cuarto?

-Mejor en casa ¿No? Más tranquilos - susurró Alba poniendo cara de niña buena.

-Vaaaale. En casa - respondió Antonio, dándole una suave palmadita en el culete.

Minutos después, Alba se corrió en el ascensor, parado entre el tercer y cuarto piso, mientras Antonio le llenaba el culo con una abundante y poderosa corrida.

Antonio no pudo evitar reírse cuando luego, en el momento en que se subía el pantalón, algún vecino gritó que si había alguien en el ascensor y que si estaban bien.

-Sí, no se preocupe. Estamos bien. Voy a darle a los botones a ver si este cacharro camina - respondió.

-No, no toque nada - dijo el vecino - mejor llame al servicio técnico. Tiene un botón de llamada en la consola.

Antonio despulsó la parada y el ascensor retomó la subida.

-¡Ea!, ya funciona - gritó - Muchas gracias.

-Oh, perfecto. Ese ascensor nunca había fallado - dijo más tranquilo en vecino - Hablaré con el presidente de la comunidad para que mande a hacer un revisión.

-Sí, sí, hágalo - gritó Antonio evitando soltar una carcajada - No vea el susto que me he llevado aquí.

Alba también tuvo que reprimirse la risa. Pero desde que entraron en su casa, los dos estallaron en carcajadas que terminaron cuando Antonio la abrazó y la besó con pasión.

+++++

Pasó el verano y se retomaron las clases presenciales. Alba también retomó su trabajo, lo que hizo que las posibilidades de estar a solas fueran mucho menores que antes, lo que no impidió que los dos amantes buscaran, sobre todo él, cualquier momento para dar rienda suelta a sus deseos.

Tenían las mañanas entre semana, una vez que Julián se iba y antes de las clases de Antonio y el trabajo de Alba. El medio día antes de que llegara Julián. Por las tardes siempre había un momento para un polvo rápido.

Alba siempre se sorprendía de la inventiva de su hijo. Una noche de viernes, por ejemplo, estando los tres en el salón, les propuso ir al cine a ver una película que sabía que a su padre no le llamaría la atención.

-Venga anímate, papá - le dijo.

-No, paso. Seguro que me duermo en el cine a estas horas. Además, no me apetece pasarme 2 horas con la mascarilla.

-¿Y tú mamá? ¿Te animas?

Alba, por la mirada que Antonio le echó supo enseguida que lo menos que quería su hijo era ir al cine, así que con el corazón latiéndole, dijo.

-Bueno, hace tiempo que no voy al cine. Pero no quiero dejar a tu padre solo.

-Bah, mujer - dijo su marido - Vete al cine con el niño. Yo veré un rato la tele y luego a la camita.

-Sí mamá... Vamos al... cine - añadió Antonio.

-Pues... vale. Espero que la peli sea buena y no me duerma. - dijo Alba.

-Te encantará, ya verás. Te aseguro que no te vas a dormir - sentenció el muchacho.

Por supuesto no fueron al cine. Antonio condujo y la llevó a las afueras de la ciudad, a una zona industrial. Aparcó en una calle tranquila, oscura, y se pasaron las dos horas que supuestamente duraba la película follando como adolescentes dentro del coche. Los cristales se empañaron mientras el caliente muchacho le daba polla a la excitada mujer por todas partes.

A pesar de lo complicado de hacerlo en un coche, ambos amantes gozaron de aquella escapada, la cual repitieron en alguna ocasión más. Su padre les preguntaba luego por la mañana sobre la peli y le decían que bien. Que a la próxima les acompañara.

Por todo ello, por cómo era Antonio, cuando un sábado por la mañana en el que sabían que Julián tenía guardia, Alba no se sorprendió cuando su hijo le dijo que se pusiera guapa, que iban a salir.

-Ponte aquel vestido ajustado, el verde estampado. Me encanta verte con él. Y... ya sabes - le dijo, mirándola a los ojos

-Sin bragas - respondió ella.

-Esa es mi chica. Y sin sujetador.

-¿A dónde vamos?

-A un sitio - dijo en plan misterioso Antonio.

Alba no preguntó más. Sabía que fuera lo que fuese que él había preparado lo iba a gozar. Se puso el traje que él le pidió, unos preciosos zapatos a juego con tacones de 5 cm y se maquilló elegantemente.

Cuando salió al salón y é la vio solo dijo un 'WOW'. Alba, sonriente, dio una vuelta de 360 grados sobre sí misma.

-¿Voy bien así?

-Estás... preciosa mamá.

Se acercó a ella, la besó y metió una de sus manos por debajo de la falda del traje y la llevó hasta la vulva materna. Recorrió la hendidura con 2 dedos.

-Ummm, ya estás mojadita - le susurró.

-Siempre estoy mojada por ti, mi vida. ¡Me excitas tanto!

-Y tú a mí - le dijo, cogiéndole una mano con su mano libre y llevándola hasta la polla.

Alba gimió la notarla dura. La acarició sobre el pantalón unos segundos para luego bajarle la bragueta. Antonio la detuvo.

-No, espera - dijo, subiéndose la bragueta - Ya tendrás polla en un ratito.

Salieron de la casa y se dirigieron directamente al garaje. Durante el trayecto Antonio la besaba y acaricia, haciendo que el coñito se mojara aún más. Luego subieron al coche y Antonio condujo hacia el centro de la ciudad. Aparcó y bajaron del coche.

Caminaron un par de manzanas hasta que Antonio, cogiéndola de una mano, la hizo entrar en un gran hotel. Alba se extrañó de que fueran directamente a los ascensores. Supuso que habría reservado habitación antes. Desde que las puertas se cerraron, él la atrapó contra la pared de la cabina y le metió mano, frotándole el clítoris bajo la falda hasta que el ascensor se detuvo. La cogió de la mano usando la que usó el para tocarla y caminaron por un largo pasillo hasta la 717.

Alba volvió a extrañarse cuando Antonio, en vez de sacar una llave, empujó la puerta con una mano y ésta se abrió.

-Pasa - le dijo - manteniendo la puerta abierta.

Ella obedeció y pasó dentro. Había un pasillo. A la derecha la puerta del baño y a la izquierda lo que parecía ser el ropero, con una puerta que tenía un espejo de cuerpo entero. Al fondo estaba la habitación. Desde donde estaba Alba solo se veían los pies de una amplia cama a la derecha y frente a ella una mesa con una televisión plana encima, además de un par de sofás.

Antonio se pegó a ella por detrás, apretándole su dura polla contra el culo. Luego le cogió ambas manos por las muñecas y las sujetó contra sus caderas. En ese momento Alba oyó un ruido dentro de la habitación y se sobresaltó. Y se tensó cuando de repente, ante ella, apareció un hombre.

Quiso escapar, pero Antonio la sujetó con más fuerza.

-Hola Antonio - dijo el hombre. Por la voz y el aspecto Alba supuso que tendría la misma edad que su hijo.

-Hola Luis - respondió Antonio -Esta es Laura, la amiga sobre la que te hablé.

Alba comprendió que Antonio conocía al tal Luis. Luis la miró de arriba a abajo, sonriendo.

-Tenías razón amigo - dijo el hombre - Esta zorrita está para comérsela.

-Te lo dije - dijo Antonio acercando la boca a la oreja derecha de su petrificada madre - La zorrita - le dio un beso en el cuello - está a punto. Compruébalo si quieres.

Luis se acercó a la mujer, sujeta por su amigo. Se plantó delante de ella y la miró otra vez. Alba vio lascivia en aquella mirada. Sin apartar los ojos de ella, llevó una de sus manos a la rodilla de la bella mujer y fue subiéndola, acariciando la suave y cálida piel. El corazón de Alba siguió latiendo con fuerza, pero los latidos fueron pasando del miedo inicial a la excitación

Los dedos de Luis llegaron al coño de Alba y lo acariciaron.

-¡Uf, tío! ¡Pero si tiene el coño empapado!

-La he estado calentado de camino - dijo Antonio aun sujetando a su madre - Si la tocas bien ya verás cómo se corre.

-¿Es eso verdad, zorrita? - dijo Luis, acercando su boca a la boca de Alba y frotándole el clítoris con dos dedos - ¿Te correrás si sigo tocándote?

Alba no contestó. Gimió de placer y entrecerró los ojos notando como todo su cuerpo se estremecía. Entonces, Antonio le soltó las manos y las llevó a sus tetas, agarrándolas y sobándolas al tiempo que le frotaba la polla por el culo.

Ahora ella estaba libre. Podía empujar al tal Luis y salir de allí corriendo. En vez de eso, cuando su hijo le mordió el cuello solo gimió con más fuerza y apretó los dientes.

-Venga, zorrita linda - le susurró Antonio al oído - Dile a mi amigo que te correrás si sigue tocándote el coño.

¿Eso era para él? ¿Su zorrita? Se quejó levemente cuando Antonio pellizcó ambos pezones y los retorció entre sus dedos

-¡Qué se lo digas! - ordenó.

-Sí... dios... sí... me correré si sigues... tocándome - dijo al fin la mujer mirando a los ojos al hombre que le estaba ahora metiendo dos dedos en el coño y follándola con ellos.

-¡Pues aún no te vas a correr! - exclamó Luis sacándole la mano de entre las piernas y dejándola al borde de orgasmo. Ella le miró como implorándole que siguiera.

Antonio volvió a besarle el cuello, a morderle el lóbulo de la oreja. Acercó su boca al oído.

-Le dije a mi amigo que eres una mamona de primera. Arrodíllate y demuéstrale que no mentí - le susurró al tiempo que, poniendo ambas manos en los hombros de su madre la empujaba hacia el suelo.

Antonio no tuvo que empujar con fuerza. Solo la guio ya que Alba, al sentir las manos de su hijo en los hombros, entendió lo que debía hacer y se arrodilló frente a Luis. Ante sus ojos quedó la abultada bragueta del muchacho. Levantó la mirada y se encontró con los ojos de Luis.

-¡Sácame la polla! - exclamó.

Alba no pudo evitar que las manos le temblaran mientras las levantó y las llevó hasta la abultada bragueta que tenía delante. Sintió un escalofrío cuando bajó la bragueta. Metió una mano y tocó la dura polla del joven muchacho, el cual no apartaba la vista de ella. Buscó el borde del calzoncillo, metió la mano y agarró la caliente y suave dureza. Un nuevo estremecimiento recorrió su cuerpo.

Con la destreza obtenida gracias a su hijo, Alba sacó la dura verga del amigo de su hijo. La miró, la sintió en la mano. Parecía tan grande como la de Antonio. Quizás algo más fina. Pero totalmente circuncidada.

Antonio, al ver que su madre dudaba, la agarró con ambas manos por la cabeza y sin brusquedad, pero sí con firmeza, la acercó hasta la polla. Alba abrió y la boca y la segunda polla de su vida entró en ella.

-Eso es, cómele la polla a mi amigo. Hazme sentir orgulloso de ti - le dijo Antonio, soltándole la cabeza.

La mujer, tal y como había sido enseñada, empezó a mamar la nueva polla sin dejar de mirar a los ojos de Luis, que la miraba maravilla. No todos los días tenía la suerte de tener a una bella mujer arrodillada delante de él y con su polla en la boca.

-¡Joder, tío! - gimió - Pues sí que la mama bien. La tienes bien enseñada.

Lamió la polla, se la pasó por la cara. La besó. El coño le ardía entre las piernas, mojándole las ingles. Entonces oyó el sonido de otra bragueta bajarse. Vio por el rabillo de ojo como Antonio se movía y como se ponía al lado de su amigo, como le volvía a agarrar la cabeza, ahora con una mano, para hacer que dejara la polla de Luis y fuera a por la suya.

-No te olvides de esta... zorrita - le dijo su hijo mirándola a los ojos.

Alba abrió la boca y la polla de su hijo entró más de la mitad en su boca. Durante los siguientes minutos los dos hombres gozaron de las sabias caricias bucales de la mujer. Le follaron la boca el uno mientras el otro le pasaba la verga por la cara. Le dieron pollazos, dejándole la cara brillante debido a la saliva que impregnaba los duros rabos.

En un momento dado, Antonio hizo que su madre gatease hasta ponerla delante del espejo. Ellos se pusieron uno a cada lado.

-Mira lo linda que estás con una polla en la boca - le dijo, acercándosela a los labios.

Alba se miró, reflejada en el espejo. Arrodillada entre 2 jóvenes. Con una dura polla en la boca y otra rozándole la cara. Las mejillas sonrosadas. No solo notó sus pezones duros como piedras sino que lo vio en su reflejo.
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heranlu

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Cosas que Ocurren en Pandemia – Capítulo 010


Alterno las miradas hacia el macho que ocupaba su boca en cada momento con las miradas hacia ella misma. Por extraño que le pareciera, le resultaba excitante verse así, siendo compartida por los dos muchachos. Su coño palpitaba cada vez con más intensidad.

-¡Tío, me tengo que follar ya a esta zorrita! ¡Si me la sigue comiendo así le voy a llenar la boca de lefa! -dijo Luis.

-Pues se la tragaría toda - añadió Antonio.

-Luego. Ahora quiero clavarle la polla en el coño.

La hicieron levantar. Antonio tiró de los tirantes del vestido, deslizándolos por los hombros y haciendo que la prenda se deslizara por el cuerpo y callera al suelo, entre las piernas, dejando a la mujer totalmente desnuda antes ellos, excepto por los zapatos.

-¡Me cago'en todo! ¡Qué cuerpazo tiene la tía! Me ponen así, mujeres de verdad, maduritas preciosas como esta - exclamó asombrado Luis mirando a Alba de arriba abajo.

-¿Así como esta? ¿Cómo tu madre, no? Cabrito - le dijo Luis.

-Sí tío. ¡Qué buena está mi madre, coño! ¡La de pajas que me habrá hecho pensando en ella!

-Imagina que esta preciosidad es tu madre y fóllatela bien follada - le dijo Antonio a Luis, pero mirando a su madre.

Luis agarró a Alba por la mano derecha y casi la arrastró hasta la cama. Allí la hizo acostar boca arriba, se subió a la cama junto a ella, le abrió las piernas, se arrodilló entre ellas y, agarrándose la dura verga, la dirigió a la entrada del rezumante coño de la mujer y de una sola estocada se la clavó entera en la vagina.

Antonio, desnudándose, vio como su madre arqueaba la espalda, apretaba los dientes y se corría como hizo con él cuando le clavó la polla por primera vez. Solo que esta vez Luis no se corrió con ella tal y como Antonio sí había hecho aquel no muy lejano día.

- ¡Coño! -se asombró Luis, empezando a follarse a la bella mujer - ¡Pero si la muy zorra se está corriendo y apenas he empezado a follármela!

-¡Pues dale duro! - añadió Antonio - Verás cómo no para de correrse.

Se acercó a la cama, viendo como el culo de su amigo subía y bajaba entre las piernas de su madre. Vio como le apretujaba las tetas, como le mordía los pezones, como le mordía el cuello. Vio el placer reflejado en la cara de ella. Antes de llegar a la cama un segundo orgasmo atravesó el cuerpo de la mujer, que rodeó con las piernas el cuerpo de Luis para que le diera más polla.

Antonio también se subió a la cama y se arrodilló a lado de la cara de su madre. Le levantó la cabeza y le puso una almohada debajo. Se acercó más y sin que le dijera nada, Alba abrió la boca para recibir la dura barra de su amado hijo. Su conocido sabor llenó su boca otra vez.

Gozó de la doble follada que le regalaron aquellos dos muchachos. Su hijo por la boca y el amigo, por el coño. El siguiente orgasmo fue muy intenso, al sentir una polla taladrándole el coño y otra llenando su boca. Resopló con la boca llena de carne.

-¡Mira! - dijo Antonio - Se está corriendo otra vez, la muy...

-¡Zorra! ¡La muy zorra! Joder, noto como se corre por cómo me estruja la polla con el coño. Me tiene a punto, la cabrona.

-Ya sabes el trato. Puedes correrte donde quieras menos en su coño. Ese es solo mío.

-Tranqui, tío - respondió Luis, follándose a la mujer aún con más intensidad, haciéndola retorcerse de placer sobre la cama - ¿Pero no me dijiste que estaba casadas? Con lo buena que está su marido tiene que darle polla a diario.

Alba miró a los ojos a su hijo. Él sonrió.

-Pues no, Luisito. Por lo visto su marido es un panoli que no se la folla como se merece. Menos mal que estoy yo para tratarla como se merece. ¿Verdad?

Alba asintió, sin dejar de mamar.

-Díselo a mi amigo. Dile que nadie te ha follado nunca como te follo yo.

La mujer se sacó la polla de la boca... y empezó a gemir. Trató de hablar pero un nuevo orgasmo la atravesó de parte a parte.

-Jajaja, no sé lo que le darás tú - rio Luis sin parar de arremeter - Pero ya van tres corridas con mi polla.

-¿Así te follarías a tu madre si se dejara? - preguntó Antonio, metiéndole la polla a su madre en la boca aún en pleno orgasmo.

-Uf... Sí, tío. ¡Cómo me pone! ¿Tu madre está buena?

-Sí, preciosa. De hecho se parece mucho a Laura.

-Ummm, así que cuando te la follas es como si te follaras a tu madre, ¿Eh bribón?

-Sí, casi casi como si me follara a mi madre. Déjame a mi follarla un poco, acaparador.

-Vale. Que estaba a punto de correrme - dijo Luisa sacándole la polla a la mujer para luego arrodillarse a su lado y dejarle espacio a Antonio

El joven se arrodilló entre las piernas de su madre. Le miró el coño y se maravilló del hermoso que era. Con su vello negro, abierto, mojado. De un rosa intenso, señal del nivel de excitación del cuerpo de la mujer. La miró a los ojos.

-¿Quieres que te folle, mami?

Alba abrió los ojos, pero enseguida comprendió que era una actuación para Luis, que se pajeaba a su lado, mirándolos.

-Sí - respondió.

-No. Ya sabes cómo tienes que decirlo.

-Sí, mi amor. Fóllate a mami. Clávame tu preciosa polla hasta el fondo de coño y fóllame bien follada.

-Como tú mandes, mami.

Antonio le clavó la polla y se la folló con ganas, besándola con pasión, comiéndole la boca, la lengua, martirizando su coño con tremendos pollazos que hicieron que Alba no tardase en romperse atravesada por un nuevo orgasmo. Luis, sin dejar de tocarse, disfrutó en vivo del tremendo polvazo que su amigo le estaba echando a la que creía que era una amiga de su amigo.

Cuando los espasmos del orgasmo cesaron, Antonio le sacó la verga a su madre y se arrodillo.

-Ponte como una perrita - le ordenó.

Sin más, Alba se dio la vuelta y levantó las caderas, quedándose a 4 patas sobre la cama. En menos de 3 segundos, agarrándola por la cintura, Antonio volvió a clavarle la polla y retomó la follada, haciendo que su madre estirara el cuello y cerrara los ojos. Luis vio su oportunidad y se acostó boca arriba, metiendo las piernas entre los brazos de la mujer. La agarró del pelo y tiró hacia abajo.

-¡Come polla, mami! - dijo, mirando como Alba, sin abrir los ojos, abría la boca y se metía su polla en la boca.

-¿Mami? - preguntó Antonio, sin dejar de embestir.

-Jajaja, sí.

-Más quisieras tú tener a tu madre comiéndote la polla.

-Ya... joder... y sobre todo si la mama como esta. ¡Qué boca tiene, dios!

-Eso es que la tengo bien enseñada.

-Pues no sé si pedirte que enseñes a mi madre a comerme la polla así. uf...me va a sorber hasta el cerebro.

Al oír aquello, al insinuar ese tal Luis la posibilidad de que otra mujer se la comiera a su hijo casi hizo que Alba le arrancase la polla a Luis de un mordisco, pero se contuvo y siguió subiendo y bajando la boca a lo largo de la dura y venosa barra.

Casi se la muerde cuando Antonio, clavándole la polla a fondo, le metió también el pulgar en el culo y la hizo correrse con tal intensidad que sus piernas no le aguataron y se cayó sobre Luis, temblando de placer.

-¡Mierda! - se quejó Luis - Estaba a punto de llenarle la barriga de leche calentita.

Las dos pollas, ambas brillando, una de saliva y la otra de jugos vaginales, daban saltitos de excitación. Antonio se levantó de la cama y cogiendo con suavidad a Alba hizo que ella también se levantara. Se miraron a los ojos.

-Arrodíllate - le ordenó - sin dejar de mirarla.

Alba, lentamente, también sin dejar de mirarle a los ojos, se arrodilló delante de su hijo.

-Vamos a bañarla, Luis - le dijo a su amigo.

-¡Joder, sí! Va a quedar preciosa - soltó Luis saltando de la cama y poniéndose de pie al lado de la mujer.

-Va a quedar más preciosa - añadió Antonio mirando a su hermosa madre, arrodillada delante de él.

Alba sonrió ligeramente. Bajó la mirada y vio como los dos chicos se agarraban las duras pollas y apuntando hacia su cara empezaron a pajearse.

-Tócate, mami - susurró Antonio - Tócate y pídele a tus niños que te den toda su lechita. Que te cubran bien.

Alba se estremeció. Su coño casi vibraba aún tras el último e intenso orgasmo pero aun así gimió de placer cuando recorrió sus labios vaginales con las yermas de sus dedos, buscando su inflamado clítoris.

-Ummm, mis... nenes lindos... denle lechita a mami...Cúbranme toda.

Luis no pudo aguantar más. Tener a aquella preciosa madura arrodillada ante él pidiéndole leche fue la gota que colmó el vaso de su aguante y apretando los dientes acercó un poco más la polla al bello rostro y con un ahogado quejido empezó a correrse.

-Agggg, toma leche... mamiiii...toda... para... tiiiii - gimió Luis.

Alba cerró los ojos justo antes de sentir el primer disparo alcanzarle la mejilla izquierda. Ese primer chorro fue seguido de varios más que impactaban por toda su cara, llegando incluso a su cabello. La polla de Luis le soltó varios potentes chorros calientes que surcaron su rosto, dejándolo marcado de espeso semen.

La visión de su madre recibiendo en la cara la copiosa corrida de su amigo detonó el orgasmo de Antonio, de cuya polla empezaron a salir sus poderosos y espesos latigazos que fueron cubriendo la parte derecha de la cara de su madre. El principio de la corrida de Antonio coincidió con el final de la de Luis, pero aun así Alba notó en su piel, a la vez, varios impactos. La polla de su hijo seguía escupiendo su lava sobre ella cuando su mandíbula se contrajo y se corrió con ellos.

Momentos después solo se oían jadeos en la habitación. Alba, con los ojos cerrados, respiraba por la boca notando la cara caliente. Tenía tanto semen en la cara, que a pesar de lo espeso que era, parte de éste escurría y goteaba sobre sus tetas. No fue consciente de la admiración con que ambos hombres la miraban, aun agarrando sus pollas babeantes.

-¡Joder Antonio! Esto es lo más morboso que me ha pasado en la vida - dijo Luis, maravillado.

Antonio no dijo nada. Solo se quedó mirando a su madre. Esta tan sexy así. Aquella era una visión tan morbosa que no podía dejarla pasar. Se dirigió a sus pantalones y de ellos sacó su móvil. Volvió junto a su madre.

-Abre los ojos, Laura - le dijo.

Alba, lentamente, los fue abriendo. Sobre uno de los ojos tenía un colgajo de semen, el cual fue levantado con las pestañas. Antonio apuntó con la cámara a la cara de su madre y le sacó varias fotos. Ella no dijo nada. Se quedó quieta, dejándose fotografiar en aquellas circunstancias por su hijo.

-¡Wow! Voy a sacarle fotos también yo - dijo entusiasmado Luis y poniendo tensa a Alba.

-De eso nada, tío - lo detuvo Antonio - Solo yo tengo permitido sacarle fotos.

-¿Me las pasarás, al menos? - se quejó Luis.

-No.

-Eres un acaparador. Pero bueno, es tu zorrita, no la mía.

-Eso es. Es mi... zorrita - sentenció mirando a su madre a los ojos y sonriéndole.

Alba, mirando a su hijo, también sonrió. Y cuando él le tendió una mano para ayudarla a levantarse, se la cogió.

-Date una ducha, mami -Dijo Antonio.

-Eso es mami - añadió Luis dándole una sonora nalgada - Date una duchita que luego te daremos más polla. A que sí, Antonio

-Por supuesto que le vamos a dar más polla.

Alba volvió a estremecerse ante aquella promesa. Estaba más que saciada, agotada de tanto placer, pero aun así se fue al baño. Cuando entró y se miró al espejo se maravilló de la cantidad de semen que cubría su cara y sus tetas. Se las acarició, esparciendo el semen por su piel y llenando sus fosas nasales del dulzón aroma de la mezcla de espermas. Luego se metió en la ducha y lavó su cuerpo, haciendo que la cálida agua arrastrara la simiente de los dos jóvenes por el sumidero.

Una vez seca, y antes de salir del baño, volvió a mirarse al espejo. Se estudió a sí misma. Se dijo que los dos muchachos se la habían follado con intensidad, llenándola de placer. Pero por primera vez desde que todo aquello con su hijo había empezado se preguntó que hasta cuando duraría.

Él apenas empezaba su vida. Ella ya iba en declive. Aunque la imagen que el espejo le ofrecía era todavía la de una mujer hermosa, sabía que poco a poco aquello iría desapareciendo, mientras que Antonio seguiría durante mucho tiempo siendo un hermoso joven. Además, él seguramente encontraría a otra mujer. Una de su misma edad con la que compartir su vida y ella, su madre, pasaría a un segundo plano.

Todos aquellos oscuros pensamientos fueron nublando los ojos de Alba, que notó como se aguaban y amenazaron con soltar una lágrima de dolor.

Apunto estaba esa lágrima de caer por su mejilla cuando Antonio entró en el baño y la vio allí, frente al espejo. Se acercó a ella por detrás y la abrazó. Alba notó contra su culo la ahora fláccida polla de su hijo.

-¿Estás bien, mamá? ¿Quieres que nos vayamos? - le preguntó ligeramente alarmado al ver la triste expresión en el rosto de su madre - Siento si esta locura mía te ha molestado. Solo quería...

-Shhhh, mi vida. No es eso. Esta locura tuya me ha encantado.

-¿Entonces? ¿Qué te pasa?

-Nada. Cosas mías. No me hagas caso.

-¿Seguro?

-Seguro - dijo Alba, sonriendo ahora y restregando su culo contra su hijo.

Antonio la rodeó con sus brazos y la besó en el cuello. Albo sintió con alegría y nueva excitación como la polla de Antonio se iba endureciendo contra sus nalgas.

-Ummm - gimió la mujer - ¿Así que me vais a dar más polla?

Antonio le susurró algo al oído. Algo que hizo que Alba sintiese como todo su cuerpo vibraba. Luego, cogiéndola de la cintura la sacó del baño y la llevó a la cama, en donde Luis los esperaba pajeándose la dura polla.

-¡Ya era hora, coño! - se quejó.

-Jajaja, impaciente - se rio Antonio - ya vamos.

Antonio se acostó en la cama, boca arriba e invitó a su madre a montarlo. Invitación que Alba aceptó con gusto, subiéndose sobre cuerpo de su hijo, agarrando su polla ya dura del todo y sentándose sobre ella. Gimió al empalarse con aquella dura barra que abría las paredes de su coño lanzando destellos de placer por todo su cuerpo.

Luis se quedó un par de minutos disfrutando del excitante espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos. Su amigo, agarrando a la bella madura por las caderas, ayudándola a subir y bajar por su enhiesta verga. El rostro de la mujer, reflejando el placer que sentía al sentirse penetrada de aquella manera.

Alba se echó hacia adelante, apoyando su pecho contra el pecho de Antonio y comenzaron a besarse con pasión. Las manos de Antonio fueron de las caderas de su madre hasta sus nalgas, las cuales acarició primero con dulzura y luego con saña, separándoselas y permitiendo que Luis viera como su polla entraba y salía del coño de la mujer y, justo encima, un tentador y rosado anito.

-¿A qué esperas para follártela, Luis? ¿A una invitación del Papa?

-Uf, tío. Va a ser mi primer culito.

-Pues disfrútalo. Vamos a llenarla bien de polla.

A través de los ojos de su madre Antonio supo cuando Luis apoyó la punta de su polla contra el culo de su madre. Supo a través de sus ojos y de su boca cuando Antonio empezó a empujar y a clavarle la verga. Y supo, a través de sus ojos, de su boca y de cómo apretó la mandíbula, cuando toda la polla de su amigo estuvo enterrada dentro de su madre.

Los primeros momentos de la doble penetración fueron un desastre. Ambos muchachos eran inexpertos en esas lides y no encontraban el ritmo adecuado. Pero poco a poco fueron acompasándose, sincronizándose. El acople entre ambas pollas fue directamente proporcional al aumento de los gemidos de placer de la mujer.

Cuando la polla de Luis era enterrada a fondo por la puerta trasera, la de Antonio casi salía del todo del acogedor coño materno. Y cuando Antonio empujaba y la clavaba hasta el fondo, la de Luis salía. Por el camino ambas pollas se frotaban, separadas solo apenas por unas capas de piel.

Si con una dura polla follándola Alba gozaba hasta lo indecible, al sentir no una sino dos hacía que el placer se multiplicara. No tardó en empezar a correrse y encadenar un orgasmo tras otro, cada cual más intenso que el anterior, hasta que en un estallido final y un grito asfixiado por la boca de su hijo la hizo casi perder el sentido.

Mantuvo la suficiente conciencia para, a lo lejos, oír a los dos muchachos gemir, notar las dos pollas palpitar al unísono y ambas, enterradas a fondo en su respectiva cueva, convulsionarse y vomitar su hirviente lava, llenándola.

Ahora sí, Alba cerró los ojos y su mente se fundió a negro.

+++++

Alba abrió los ojos. Al principio no sabía en donde estaba. Ni cuando tiempo había pasado. Poco a poco los recuerdos volvieron a su cabeza. La giró y se encontró con la mirada de su hijo, que acostado a su lado, la miraba con dulzura.

-Has vuelto - le dijo, sonriendo

Alba miró alrededor.

-¿Y tu amigo?

-Se marchó hace un rato. ¿Cómo estás?

-Ummm, muerta - respondió, con una sonrisa.

-¿Te lo pasaste bien?

Alba asintió varias veces. Antonio se recostó junto a ella y acercó su boca a la de su madre.

-Luis, cuando se fue, me dijo que me envidiaba por tener... una amiga como tú.

-¿Una amiga? ¿No habrá dicho una zorra como yo? - preguntó mirando a su hijo a los ojos.

-En realidad dijo... zorrita.

-¿Eso soy para ti? ¿Tu zorrita?

-No. Eres mi madre. Eres mi amante.

-Bueno, un poco zorrita sí que soy, ¿No?

-Digamos que un poco sí.

Ambos se miraron con rostro serio unos segundos antes de estallar en una sonora carcajada y terminar besándose con pasión.
-
 
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