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Aventura Sexual en Familia – Capítulo 001
Todo comezó hace unos días, en un pequeño chalet que tengo en la sierra, con su piscina familiar. Un Domingo, hicimos una reunión pues mi cuñada había dejado la relación con su novio y a mis suegros les apetecía juntarnos todos a comer para animarla.
Mi cuñada es 10 años menos que mi mujer, y al contrario que ella, tiene unos pechos pequeños que he podido adivinar otros veranos, pues acostumbra a llevar vestidos y camisetas sin sujetador. Es día, después de comer, mis suegros y mi mujer se decidieron a dar un paseo por la sierra de los alrededores. Yo me encontraba cansado, y les dije que prefería acostarme un rato. Se fueron, y mi cuñada se quedó en la piscina tomando el sol, sin saber que yo estaba. Al poco rato, por el calor, no conseguía dormir y necesitaba darme un baño. Me asomé por la ventana de la habitación y descubrí algo. Mi cuñadita estaba tomando el sol en topless al creerse sola. Imaginaba cómo serían esas tetas, pero la realidad superó a la imaginación. Las tenía pequeñas, pero con unos pezones oscuros y grandes que me encantaron. La braba del bikini apenas tapaba nada, pues se la había apartado para no dejarse marcas, y estaba justo al límite de lo decente.
No me atrevía a salir a la piscina por no molestarla, y me quedé en la ventana observando esa vista. Mi poya empezó a reaccionar mientras pensaba que no estaba bien, era mi cuñada. Pero la visión de una veinteañera con un cuerpo de escándalo, totalmente bronceada (se notaba que hacía topless a menudo) fué superior a mis fuerzas. Estaba totalmente empalmado, y no pude evitar bajarme el bañador y empezar a tocarme. Ella se daba vueltas, dejándome ver a ratos sus tetas y a ratos su culo con el bikini metiéndose en la raja. Yo cada vez estaba más excitado y avergonzado de estar cascándomela viendóla. Al final, me corrí. Limpié los restos y decidí salir a la piscina, no sin antes hacer algo de ruido para que se diera cuenta de que estaba allí.
Cuando llegué a la piscina, para suavizar el ambiente, llevé unos mojitos, ya se había puesto la parte de arriba del bikini, pero sin anudar al cuello, tapando lo justo. Nos pusimos a conversar de cosas triviales, del calor, sobre lo mal que lo había pasado en su relación.....y al final, desde dentro del agua la invité a entrar. Estando los dos juntos dentro del agua, disimuladamente le indiqué que no le veía marcas de bronceado. Le dije que si acostrumbraba a hacer topless, con la familia había confianza, lo podía hacer. Me dijo que aquí le daba verguenza, a lo que le contesté que la conocía desde hace 10 años, era una niña, y me dió la razón. Me confesó que solía ir a playas nudistas, pero que delante de sus padres y de mí ya era pasarse. Así que entre el efecto de los mojitos y la confianza, decidió quedarse en topless. "Luis, no te creas nada raro. Pero estas ya las has visto antes de que crecieran, y en verdad ahora no son tan grandes" me dijo. Le contesté que no hacían falta grandes para gustar a un hombre. "Ya, tu estás acostumbrado a las de Cristina y son el doble que estas". Debajo del agua, no sabía cómo esconder mi excitación. La sola vista de esas tetas y el morbo de haberlas visto desde hace años debajo de camisetas me estaba poniendo a mil. Con la tontería de la confianza, comenzamos a hacer juegos en el agua. Ahogadillas, te llevo, te empujo...en varias ocasiones rocé sus pezones duros como la piedra, al igual que mi miembro. En uno de esos juegos, ella me lo rozó y se dió cuenta. Al momento, salió del agua y se tapó con la toalla. A mí se me bajó al momento por la verguenza también. Salí del agua e intenté disculparme con ella, no era una situación cómoda. "Lo entiendo" me dijo, "eres un hombre y sois todos iguales". Yo me disculpé diciendo que era normal, estando con una mujer tan guapa y medio desnuda. Más allá de incomodarse, parece que le divertió la situación y se volvió a quitar la parte de arriba del bikini "pues si te da igual, así no me quedan marcas". Le contesté que genial, por mí me daba igual, aunque me tuve que poner a tomar el sol boca abajo para que no notara mi erección.
Al rato, me pidió que le pusiera crema protectora. Lo hice por toda la espalda, recreándome en su piel joven. Me dijo que las piernas también eran cuerpo, y me dispuse a darle por ahí. No lo podía creer. Estaba magreando agusto a una jovencita a mi antojo. Con cada pasada de crema por su espalda y sus piernas, ella se retorcía en la hamaca. Decidí dar un paso más. Total, estábamos solos. Aparté el bikini de su culo y empecé a frotar crema. No se quejaba, y yo disfurtaba. Mi paquete también. En ese momento, se dió la vuelta y me dijo que ya le diera crema por todo. Comencé por las piernas, muslos, barriga, subiendo a sus brazos y hombros. Ya me dije, de perdidos al río. Empecé por una teta, y no me dijo nada. Con la otra "por ahí ya estoy morena" bueno, así no te quemas le dije. Le estaba magreando las tetas a placer. Sus pezones estaban duros como para rayar un cristal. Me crecí y empecé a rozar la zona de la braga del bikini. Ella no se quejaba, así que la bajé un poco y noté los pocos pelos que llevaba en el coño. Poco a poco mi mano fue bajando. Su pelvis se levantó y eso me invitó a llevar la mano más abajo. La llevé a su coño y estaba totalmente mojado. Con la otra, comencé a acariciarle una teta. Le bajé la braga del bikini y le acaricié su clítoris. Se estremecía a cada movimiento de mis dedos, y ya decidí llegar hasta el final. De un tirón, le quité el bikini. No hacía falta que me excitara más, estaba totalmente empalmado. Ella, con los ojos cerrados como si no quisiera saber lo que estaba pasando, me esperaba. Se la metí hasta el fondo sin miramientos. Encima de la tumbona, ella se arqueaba como si se le fuera a romper la espalda, y yo le bombeaba como si fuera la primera vez que echaba un polvo. Al poco tiempo, noté el fluido caliente de su coño al correrse como una bestia, pero me dió igual y seguí bombeando. Se quedó un momento parada por el orgasmo, cuando aproveché para darle la vuelta y ponerme debajo. Era una fantasía que tenía desde hace tiempo, ver esas tetas encima de mí. No protestó y me cabalgó como una buena amazona. Yo le agarraba el culo y le succionaba los pezones, que no había visto unos tan grandes nunca. Se notaba que estaba disfrutando, y yo no podría aguantar mucho más. Con un movimiento de sus caderas, se ensartó hasta el fondo y noté cómo se volvía a correr, justo en el momento en el que yo no aguanté más y le llené el coño de leche.
Se quedó así unos segundos, antes de descagarbalme e irse a la piscina a referescarse. "De esto, ni una palabra a mi hermana y mis padres eeee" "No sé qué me ha pasado, llevaba mucho tiempo sin echar un polvo y me has provocado demasiado" Con lo bueno que he sido, pensé.
Se colocó el bikini de nuevo, y al poco apareció toda la familia.
Mi mujer me dió un beso "se te ve relajado y tranquilo" me dijo. "Si, es que tu hermana es muy buena compañía".
Después del encuentro con mi cuñada en la piscina, la tarde transcurrió normalmente. Volvieron todos del paseo, y las horas pasaron entre risas, baños en la piscina, cervezas y mojitos. Todos estaban de buen humor menos yo, que estaba tenso. No podía evitar ver el cuerpo de mi cuñadita que hace poco había disfrutado, ahora tapado con el bikini de escasa tela, con esa parte de abajo atada con dos nudos que tanto morbo me da.
Mi mujer me preguntó - ¿Qué tal la siesta? Como siempre, a tí te gusta demasiado dormir. - Claro, le respondí, lo sabes. Lo malo es que no estabas tú al lado para hacerme dormir como me gusta (una mamada o paja, como ella bien sabe, así no hay hombre que duerma mal. Pero eso es otra historia)
Cuando comenzó a anochecer, decidimos cenar junto a la piscina pues hacía mucho calor. Preparé la mesa, sillas, mantel.... todo mientras mi mujer y su hermana se dedicaban a preparar algo para picar. Mi suegra me ayudó a regañadientes, pues no le gusta mucho trabajar cuando está de invitada. No pude evitar fijarme en ella como mujer, no como suegra. Mi líbido estaba a tope después de haber estado con mi cuñada y no lo pude evitar. Llevaba un pareo sobre su bikini. A sus 60 años, todavía conservaba un buen cuerpo. Tetas algo caídas, por su tamaño era algo natural. Veía a mi mujer dentro de unos años. El culo se adivinaba prieto. En un momento, me preguntó - ¿Os lo habéis pasado bien esta tarde? con una cara de mala leche. No pude evitar ponerme en guardia, me resultó extraña la pregunta. - Muy bien. Al despertarme de la siesta, he estado hablando un rato con tu hija - Le contesté. Me miró con ojos interrogantes, pero en ese momento salió mi cuñada y la conversación se interrumpió. Al momento, cuando mi cuñada se fué, el interrogatorio continuó. - He vuelto antes del paseo. Y he visto algo que no me ha gustado mucho - Mi mundo se vino abajo. Mi suegra me había visto follando con mi cuñada. Eso podía llevar al traste mi matrimonio y toda mi familia. Por un momento, me derrumbé. - Me gusta mucho que te lleves bien con mi hija - ¿Por qué dices eso? Le contesté. Sabía de sobra que nos había pillado, pero necesitaba confirmarlo. - Claro, sabes que siempre ha sido como una hermana pequeña para mí- Le dije. - Pues lo que he visto antes, no se le hace a una hermana pequeña- En ese momento, vi pasar toda mi vida con mi mujer y su familia por delante. Mi suegra nos había pillado follando, eso suponía el fin de mi relación con ellas. No sabía qué pensar. Se quedó un momento dubitativa y me dijo…. - En un primer momento, cuando abrí la reja de la casa, me enfadé mucho. Pero después, viendo del buen humor que estaba mi hija pequeña, me tranquilicé -
En ese momento, no sabía cómo reaccionar. Mi suegra me había visto follando con su hija pequeña y no me dijo nada. El morbo, en ese momento, pudo conmigo. - Suegra, sabes que por vosotras, hago lo que sea, os quiero un montón. A ver cómo era el resultado de esa respuesta, podía ser blanco o negro. - Tranquilo, no voy a decir nada, porque para mí la felicidad de mis hijas es lo primero, y ahora veo que después de romper su relación ahora por lo menos tiene un buen día.-
No podía creer lo que oía. Me había follado a mi cuñada, mi suegra nos había pillado y estaba contenta. Mi cabeza era una batidora. Pensé, qué cojones, ahora ya de perdidos al río. Veía las tetas de mi suegra debajo del pareo, y sin evitarlo me estaba empalmando. ¿Qué puedo perder, si ya tenemos secretos? - Tranquila María (nombre simulado) si le hace falta algo más, yo se lo daré. Y lo mismo te digo a tí, que desde que estás viuda, se te nota falta de cariño- No sé de dónde salió esa frase, si de mi cerebro o de mi polla, pero al ver las tetas de mi suegra no pude reprimirme. La visión de esos pechos me tenía caliente, y eso después de haber descargado con su hija. - Te veo venir. eres un salido, y al final se lo voy a decir a mi mujer- Dile lo que quieras suegra, pero tú has visto lo que sabes (en ese momento ya no pensaba mi cerebro, sino mi polla) Has visto cómo he consolado a tu hija, si quieres hay más para tí-
Esas palabras salieron de mi boca sin pensar con la cabeza. sólamente en follar. Al segundo me arrepentí, pero, qué cojones. me había follado a su otra hija, ella lo sabía y me tenía en sus manos. - No te pases que eres un vicioso - Me contestó. No quiero decírle nada a tu mujer porque veo a mi hija contenta, pero si pasas la raya, abro la boca y sabes lo que pasará - ¿Y qué pasara, querida suegra? – Pues que se lo digo a tu mujer y te vas a enterar. –
En ese momento, se me terminó de nublar la mente. De perdidos, ya al río. Agarré a mi suegra de la cintura y le planté un morreo de los que hacen historia. Mientras le metía la lengua hasta la garganta, me venía a la mente que era a la tercera mujer de la familia que besaba. A todo esto, esperaba el rechazo y consiguiente bofetón, pero nada de eso. Mi suegra, al momento de pasarse su sorpresa, me devolvió el beso y lanzó su boca contra la mía. Yo estaba en una nube, y mi polla también. Saltó como un resorte al notar ese caliente beso maduro. Mis manos fueron derechas a su culo que, para mi sopresa, estaba bastante duro dado su edad. En ese momento, se separó de mí y menos mal, pues la poco sus dos hijas salían por la puerta con la cena. Mi suegra de dedicó una mirada pícara, como dando a entender que esto seguiría. Mi cuñada, al pasar por al lado de mí, me guiñó un ojo. Mi mujer, después de dejar los platos en la mesa, me dio un largo beso y una palmada en el culo - ¡Qué bien que estemos los tres tan agusto, me encanta la familia unida!
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Aventura Sexual en Familia – Capítulo 001
Todo comezó hace unos días, en un pequeño chalet que tengo en la sierra, con su piscina familiar. Un Domingo, hicimos una reunión pues mi cuñada había dejado la relación con su novio y a mis suegros les apetecía juntarnos todos a comer para animarla.
Mi cuñada es 10 años menos que mi mujer, y al contrario que ella, tiene unos pechos pequeños que he podido adivinar otros veranos, pues acostumbra a llevar vestidos y camisetas sin sujetador. Es día, después de comer, mis suegros y mi mujer se decidieron a dar un paseo por la sierra de los alrededores. Yo me encontraba cansado, y les dije que prefería acostarme un rato. Se fueron, y mi cuñada se quedó en la piscina tomando el sol, sin saber que yo estaba. Al poco rato, por el calor, no conseguía dormir y necesitaba darme un baño. Me asomé por la ventana de la habitación y descubrí algo. Mi cuñadita estaba tomando el sol en topless al creerse sola. Imaginaba cómo serían esas tetas, pero la realidad superó a la imaginación. Las tenía pequeñas, pero con unos pezones oscuros y grandes que me encantaron. La braba del bikini apenas tapaba nada, pues se la había apartado para no dejarse marcas, y estaba justo al límite de lo decente.
No me atrevía a salir a la piscina por no molestarla, y me quedé en la ventana observando esa vista. Mi poya empezó a reaccionar mientras pensaba que no estaba bien, era mi cuñada. Pero la visión de una veinteañera con un cuerpo de escándalo, totalmente bronceada (se notaba que hacía topless a menudo) fué superior a mis fuerzas. Estaba totalmente empalmado, y no pude evitar bajarme el bañador y empezar a tocarme. Ella se daba vueltas, dejándome ver a ratos sus tetas y a ratos su culo con el bikini metiéndose en la raja. Yo cada vez estaba más excitado y avergonzado de estar cascándomela viendóla. Al final, me corrí. Limpié los restos y decidí salir a la piscina, no sin antes hacer algo de ruido para que se diera cuenta de que estaba allí.
Cuando llegué a la piscina, para suavizar el ambiente, llevé unos mojitos, ya se había puesto la parte de arriba del bikini, pero sin anudar al cuello, tapando lo justo. Nos pusimos a conversar de cosas triviales, del calor, sobre lo mal que lo había pasado en su relación.....y al final, desde dentro del agua la invité a entrar. Estando los dos juntos dentro del agua, disimuladamente le indiqué que no le veía marcas de bronceado. Le dije que si acostrumbraba a hacer topless, con la familia había confianza, lo podía hacer. Me dijo que aquí le daba verguenza, a lo que le contesté que la conocía desde hace 10 años, era una niña, y me dió la razón. Me confesó que solía ir a playas nudistas, pero que delante de sus padres y de mí ya era pasarse. Así que entre el efecto de los mojitos y la confianza, decidió quedarse en topless. "Luis, no te creas nada raro. Pero estas ya las has visto antes de que crecieran, y en verdad ahora no son tan grandes" me dijo. Le contesté que no hacían falta grandes para gustar a un hombre. "Ya, tu estás acostumbrado a las de Cristina y son el doble que estas". Debajo del agua, no sabía cómo esconder mi excitación. La sola vista de esas tetas y el morbo de haberlas visto desde hace años debajo de camisetas me estaba poniendo a mil. Con la tontería de la confianza, comenzamos a hacer juegos en el agua. Ahogadillas, te llevo, te empujo...en varias ocasiones rocé sus pezones duros como la piedra, al igual que mi miembro. En uno de esos juegos, ella me lo rozó y se dió cuenta. Al momento, salió del agua y se tapó con la toalla. A mí se me bajó al momento por la verguenza también. Salí del agua e intenté disculparme con ella, no era una situación cómoda. "Lo entiendo" me dijo, "eres un hombre y sois todos iguales". Yo me disculpé diciendo que era normal, estando con una mujer tan guapa y medio desnuda. Más allá de incomodarse, parece que le divertió la situación y se volvió a quitar la parte de arriba del bikini "pues si te da igual, así no me quedan marcas". Le contesté que genial, por mí me daba igual, aunque me tuve que poner a tomar el sol boca abajo para que no notara mi erección.
Al rato, me pidió que le pusiera crema protectora. Lo hice por toda la espalda, recreándome en su piel joven. Me dijo que las piernas también eran cuerpo, y me dispuse a darle por ahí. No lo podía creer. Estaba magreando agusto a una jovencita a mi antojo. Con cada pasada de crema por su espalda y sus piernas, ella se retorcía en la hamaca. Decidí dar un paso más. Total, estábamos solos. Aparté el bikini de su culo y empecé a frotar crema. No se quejaba, y yo disfurtaba. Mi paquete también. En ese momento, se dió la vuelta y me dijo que ya le diera crema por todo. Comencé por las piernas, muslos, barriga, subiendo a sus brazos y hombros. Ya me dije, de perdidos al río. Empecé por una teta, y no me dijo nada. Con la otra "por ahí ya estoy morena" bueno, así no te quemas le dije. Le estaba magreando las tetas a placer. Sus pezones estaban duros como para rayar un cristal. Me crecí y empecé a rozar la zona de la braga del bikini. Ella no se quejaba, así que la bajé un poco y noté los pocos pelos que llevaba en el coño. Poco a poco mi mano fue bajando. Su pelvis se levantó y eso me invitó a llevar la mano más abajo. La llevé a su coño y estaba totalmente mojado. Con la otra, comencé a acariciarle una teta. Le bajé la braga del bikini y le acaricié su clítoris. Se estremecía a cada movimiento de mis dedos, y ya decidí llegar hasta el final. De un tirón, le quité el bikini. No hacía falta que me excitara más, estaba totalmente empalmado. Ella, con los ojos cerrados como si no quisiera saber lo que estaba pasando, me esperaba. Se la metí hasta el fondo sin miramientos. Encima de la tumbona, ella se arqueaba como si se le fuera a romper la espalda, y yo le bombeaba como si fuera la primera vez que echaba un polvo. Al poco tiempo, noté el fluido caliente de su coño al correrse como una bestia, pero me dió igual y seguí bombeando. Se quedó un momento parada por el orgasmo, cuando aproveché para darle la vuelta y ponerme debajo. Era una fantasía que tenía desde hace tiempo, ver esas tetas encima de mí. No protestó y me cabalgó como una buena amazona. Yo le agarraba el culo y le succionaba los pezones, que no había visto unos tan grandes nunca. Se notaba que estaba disfrutando, y yo no podría aguantar mucho más. Con un movimiento de sus caderas, se ensartó hasta el fondo y noté cómo se volvía a correr, justo en el momento en el que yo no aguanté más y le llené el coño de leche.
Se quedó así unos segundos, antes de descagarbalme e irse a la piscina a referescarse. "De esto, ni una palabra a mi hermana y mis padres eeee" "No sé qué me ha pasado, llevaba mucho tiempo sin echar un polvo y me has provocado demasiado" Con lo bueno que he sido, pensé.
Se colocó el bikini de nuevo, y al poco apareció toda la familia.
Mi mujer me dió un beso "se te ve relajado y tranquilo" me dijo. "Si, es que tu hermana es muy buena compañía".
Después del encuentro con mi cuñada en la piscina, la tarde transcurrió normalmente. Volvieron todos del paseo, y las horas pasaron entre risas, baños en la piscina, cervezas y mojitos. Todos estaban de buen humor menos yo, que estaba tenso. No podía evitar ver el cuerpo de mi cuñadita que hace poco había disfrutado, ahora tapado con el bikini de escasa tela, con esa parte de abajo atada con dos nudos que tanto morbo me da.
Mi mujer me preguntó - ¿Qué tal la siesta? Como siempre, a tí te gusta demasiado dormir. - Claro, le respondí, lo sabes. Lo malo es que no estabas tú al lado para hacerme dormir como me gusta (una mamada o paja, como ella bien sabe, así no hay hombre que duerma mal. Pero eso es otra historia)
Cuando comenzó a anochecer, decidimos cenar junto a la piscina pues hacía mucho calor. Preparé la mesa, sillas, mantel.... todo mientras mi mujer y su hermana se dedicaban a preparar algo para picar. Mi suegra me ayudó a regañadientes, pues no le gusta mucho trabajar cuando está de invitada. No pude evitar fijarme en ella como mujer, no como suegra. Mi líbido estaba a tope después de haber estado con mi cuñada y no lo pude evitar. Llevaba un pareo sobre su bikini. A sus 60 años, todavía conservaba un buen cuerpo. Tetas algo caídas, por su tamaño era algo natural. Veía a mi mujer dentro de unos años. El culo se adivinaba prieto. En un momento, me preguntó - ¿Os lo habéis pasado bien esta tarde? con una cara de mala leche. No pude evitar ponerme en guardia, me resultó extraña la pregunta. - Muy bien. Al despertarme de la siesta, he estado hablando un rato con tu hija - Le contesté. Me miró con ojos interrogantes, pero en ese momento salió mi cuñada y la conversación se interrumpió. Al momento, cuando mi cuñada se fué, el interrogatorio continuó. - He vuelto antes del paseo. Y he visto algo que no me ha gustado mucho - Mi mundo se vino abajo. Mi suegra me había visto follando con mi cuñada. Eso podía llevar al traste mi matrimonio y toda mi familia. Por un momento, me derrumbé. - Me gusta mucho que te lleves bien con mi hija - ¿Por qué dices eso? Le contesté. Sabía de sobra que nos había pillado, pero necesitaba confirmarlo. - Claro, sabes que siempre ha sido como una hermana pequeña para mí- Le dije. - Pues lo que he visto antes, no se le hace a una hermana pequeña- En ese momento, vi pasar toda mi vida con mi mujer y su familia por delante. Mi suegra nos había pillado follando, eso suponía el fin de mi relación con ellas. No sabía qué pensar. Se quedó un momento dubitativa y me dijo…. - En un primer momento, cuando abrí la reja de la casa, me enfadé mucho. Pero después, viendo del buen humor que estaba mi hija pequeña, me tranquilicé -
En ese momento, no sabía cómo reaccionar. Mi suegra me había visto follando con su hija pequeña y no me dijo nada. El morbo, en ese momento, pudo conmigo. - Suegra, sabes que por vosotras, hago lo que sea, os quiero un montón. A ver cómo era el resultado de esa respuesta, podía ser blanco o negro. - Tranquilo, no voy a decir nada, porque para mí la felicidad de mis hijas es lo primero, y ahora veo que después de romper su relación ahora por lo menos tiene un buen día.-
No podía creer lo que oía. Me había follado a mi cuñada, mi suegra nos había pillado y estaba contenta. Mi cabeza era una batidora. Pensé, qué cojones, ahora ya de perdidos al río. Veía las tetas de mi suegra debajo del pareo, y sin evitarlo me estaba empalmando. ¿Qué puedo perder, si ya tenemos secretos? - Tranquila María (nombre simulado) si le hace falta algo más, yo se lo daré. Y lo mismo te digo a tí, que desde que estás viuda, se te nota falta de cariño- No sé de dónde salió esa frase, si de mi cerebro o de mi polla, pero al ver las tetas de mi suegra no pude reprimirme. La visión de esos pechos me tenía caliente, y eso después de haber descargado con su hija. - Te veo venir. eres un salido, y al final se lo voy a decir a mi mujer- Dile lo que quieras suegra, pero tú has visto lo que sabes (en ese momento ya no pensaba mi cerebro, sino mi polla) Has visto cómo he consolado a tu hija, si quieres hay más para tí-
Esas palabras salieron de mi boca sin pensar con la cabeza. sólamente en follar. Al segundo me arrepentí, pero, qué cojones. me había follado a su otra hija, ella lo sabía y me tenía en sus manos. - No te pases que eres un vicioso - Me contestó. No quiero decírle nada a tu mujer porque veo a mi hija contenta, pero si pasas la raya, abro la boca y sabes lo que pasará - ¿Y qué pasara, querida suegra? – Pues que se lo digo a tu mujer y te vas a enterar. –
En ese momento, se me terminó de nublar la mente. De perdidos, ya al río. Agarré a mi suegra de la cintura y le planté un morreo de los que hacen historia. Mientras le metía la lengua hasta la garganta, me venía a la mente que era a la tercera mujer de la familia que besaba. A todo esto, esperaba el rechazo y consiguiente bofetón, pero nada de eso. Mi suegra, al momento de pasarse su sorpresa, me devolvió el beso y lanzó su boca contra la mía. Yo estaba en una nube, y mi polla también. Saltó como un resorte al notar ese caliente beso maduro. Mis manos fueron derechas a su culo que, para mi sopresa, estaba bastante duro dado su edad. En ese momento, se separó de mí y menos mal, pues la poco sus dos hijas salían por la puerta con la cena. Mi suegra de dedicó una mirada pícara, como dando a entender que esto seguiría. Mi cuñada, al pasar por al lado de mí, me guiñó un ojo. Mi mujer, después de dejar los platos en la mesa, me dio un largo beso y una palmada en el culo - ¡Qué bien que estemos los tres tan agusto, me encanta la familia unida!
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