Amanecer Zulú

Demeter

Estrella Porno
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Oct 6, 2026
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Bueno más vale tade que nunca os pongo la última parte de la trilogía...espero que guste :)


Al despertar me encontraba en una cabaña con muros de adobe y techado a base de cañas y paja. Para mi sorpresa no estábamos ninguno de los dos maniatados. Al contrario estábamos rodeados por pétalos de alguna flor típica de Sudáfrica que en ese momento no podía identificar pero el olor en la estancia era agradable.

Al cabo de unos minutos entró un chamán vestido de ceremonia con el rostro pintado con unas marcas blancas que lo hacían temible y una sacerdotisa con el cuerpo lleno de abalorios y tatuajes tribales.

Ella le dio una especie de brebaje que olía a mil demonios y mi marido empezó a sentir calor y ardor por su cuerpo. La sacerdotisa le bajó los pantalones y el líquido empezó a hacer un efecto afrodisiaco en mi marido. Su pene crecía sin necesidad de juegos manuales llegando a tener una erección que solo recordaba en su juventud.

Con mucho tacto la sacerdotisa agarró el pene con ambas manos y empezó a escurrir el pene de mi marido como si quitara el agua de un trapo húmedo haciendo que se volviera rojo cada vez que lo ordeñaba. Mi marido empezó a suspirar y no hizo ademán de quitar las manos de la mujer.

Untó el pene con una especie de aceite vegetal y lo masturbó haciendo que el glande subiera y bajara entre sus falanges. Notaba como acariciaba sus testículos y los agarraba mientras ordeñaba su falo como si se tratara de las ubres de una vaca haciendo que pequeños hilos de preseminal se deslizaran por sus dedos.

Los movimientos se hicieron más intensos haciendo chocar sus muñecas con fuerza contra el pene de mi marido. El sonido se hizo ronco y fuerte hasta que después de un jadeo profundo de mi marido empezó a eyacular y la sacerdotisa guio el pene hacia un cuenco de arcilla que tenía a sus pies.

Después mezclarlo con unas hierbas el chamán bajó mis bragas y con la mano empezó a frotar mi vagina rápidamente haciendo que emitiera un leve gemido mientras intentaba probar con los dedos la longitud de mi raja. Me dio a beber el mismo brebaje y el calor se hizo tan intenso que mis paredes vaginales se abrieron como una flor haciendo que su dedo me penetrara sin dificultad hasta rozar mi clítoris.

Los movimientos de sus dedos se hacían rápidos y duros estimulando con la yema de los dedos mi clítoris cuando salían de mi interior. Cogió dos dedos y los metió simulando un pene mientras con la otra mano rozaba el clítoris al mismo tiempo. Los dedos entraban tan rápidos que la humedad producía chapoteos que mojaban parte del suelo.

Tras una serie de fuerte penetraciones los dedos salieron mojados de mi interior y un volcán de placer fue expulsado como si mi sexo abriera un grifo y llenara el mismo cuenco de arcilla que había utilizado con la esencia de mi marido.

Llevaron el cuenco al exterior y con un ademan nos dijeron que les acompañáramos al exterior y salimos desnudos. Cuando salimos de la tienda el espectáculo era muy lúgubre. Los campos y cultivos estaban secos y la tierra agrietada por falta de humedad. Las ramas secas de los árboles caídas y huecas por dentro y los animales famélicos.

Al llegar al centro de la Aldea vimos la estatua de lo que parecía una divinidad desnuda de piedra. Me resultó familiar el cuerpo, ya que todas las mañanas los veía al verme en el espejo. No me costó interpretar que me consideraban como una diosa y entendí que no nos hubieran hecho nada malo cuando nos capturaron.

La sacerdotisa untó el brebaje por todo el cuerpo de la escultura de piedra y al cabo de unos minutos todos los aldeanos empezaron a entrar en trance y se quitaron unos a otros las ropas empezando un aquelarre sexual alrededor de la diosa.

Podía ver distintas mujeres siendo penetradas en grupo en multitud de posiciones mientras los hombres se turnaban para poseerlas y penetrarlas cual orgía salvaje.

Unas jóvenes agarraron de la mano a mi marido y se lo llevaron a una tienda y no precisamente para jugar a las cartas. En cuanto a mí el chamán me agarró de la mano y me puso en un altar de piedra abriendo mis piernas y haciéndome beber el mismo brebaje que había puesto a la diosa por el cuerpo.

El brebaje empezó a hacer efecto y mi vagina empezó a dilatarse como cuando rompes aguas. Haciendo que mi sexo se ensanchara y empezara brotar humedad de mis muslos. Mi lívido empezó a subir al mismo tiempo que mordía los labios y arañaba el altar de piedra fruto de la excitación.

Se formó una cola de hombres de la aldea y empezaron a penetrarme sobre el altar haciendo que empezara a gemir de forma notable en las primeras penetraciones. Distintos penes de ébano se introducían en mi interior cada cual diferente al anterior. Poco a poco mi boca se vio ocupado por un pene y mis manos agitaban otros dos haciéndolos crecer entre mis dedos. Un cuarto agarraba mis caderas y metía sus caderas haciendo sonar su pene con fuerza.

Me encaramé a uno de los aldeanos introduciendo su pene con mis manos y empecé a cabalgarle mientras otro acariciaba mi ano con el dedo y lo introducía para lubricarlo. Una penetración profunda y un enorme quejido hicieron que mi ano dilatara con la penetración y me sintiera completamente llena.

Delante de mí se puso otro aldeano al cual empecé a comer su miembro mientras a mis laterales agarraba otros dos agitándolos como si fueran unas maracas en mis manos. Unos extraños sonidos a humedad surgían de mi boca, sexo y culo sin saber diferenciar cual provenía de cada falo de ébano haciendo que tuviera incontables orgasmos mientras notaba como el altar se iba llenando de mis flujos mezclados con los de los aldeanos.

Tras una multitud de orgasmos los aldeanos se fueron retirando a un lado. Al girar la mirada vi un hombre enorme con la cara pintada de blanco. Medía cerca de los dos metros y tenía un cuerpo esculpido por la misma diosa que los aldeanos alababan. La vestimenta tradicional apenas podía ocultar el miembro viril. Sólo había podido ver algo semejante en los documentales de National Geographic, en lo que grandes mamíferos se apareaban y copulaban para perpetuar la especie.

El gran guerrero se acercó y me cogió haciendo que pareciera liviana en sus brazos y nos dirigimos hacia la tienda más grande de la aldea. Preparada exclusivamente para el ritual. Con una cama a base de capas de pieles curtidas y paja dispuestas sobre el suelo rodeada de velas encendidas que le daban un toque romántico.

El gran guerrero se tumbó y apartó las vestimentas tradicionales dejando ver un pene flácido cual burro. El lívido hizo que mis manos lo agarraran y empezara a rotar su falo en sentido horario haciendo que se pusiera duro y creciera mientras le daba forma manualmente como si hiciera un jarrón de barro.

Al tenerlo tan cerca de mi boca mis labios se deslizaron sobre su glande y empecé a comerlo lentamente. Eran tan sumamente enorme que apenas me cabía en la boca y disfrutaba de su punta como si tomara un helado de chocolate.

Lamí los laterales y las venas gordas, cual mambas negras, se rozaban con mis labios y notaba el latir de su pene en mi interior. Intenté metérmelo un poco más profundo y la mandíbula me hizo un leve crujido haciendo que sólo pudiera introducírmelo unos poco centímetros. Los suficientes como para saborearlo y girar las muñecas para ordeñarlo sobre mis labios y humedecerlo mientras el guerrero agarraba mi melena y empezaba a emitir pequeños bufidos animales.

La repasé sin cesar agarrando su grosor subiendo y bajando, empezando a ponerse enorme en mi boca. Gemía sobre su pene de la excitación y agarraba mi cabello para empujar contra sus testículos que rebotaban en mi rostro de la felación como si fueran pelotas de tenis.

Se incorporó y se puso encima de mí con su enorme pene en mi entrada y de un golpe se deslizó hacia dentro en mi vagina dilatada. Notaba el enorme falo abrir mis paredes mientras arañaba la paja de la cama. Empecé a gritar agarrando su trasero notando como me abría por dentro llegando al tope de mis paredes vaginales produciéndome un gran dolor.

Después de varias penetraciones el pene se ajustó a mi vagina y empezó a sonar fuerte en la cabaña haciendo que mis flujos se deslizaran por su pene hasta la paja. Con cara de dolor y placer agité mis manos contra su espalda entre convulsiones que me hicieron gritar y agitarlo rápido mis caderas contra su pene.

De repente me sorprendió y cogió en volandas. Yo me agarré a su cuello mientras hacía que saltará sobre su pene andando por la cabaña. Mis caderas, se movían guiadas por el placer estirando mi cuello hacia atrás mirando hacia el techo. La cabaña sonaba a sexo junto con mis gritos y no paró hasta que tuve un orgasmo empotrada contra la pared de adobe arañando levemente la espalda del semental.

Me llevó de nuevo a la cama y me coloqué encima y comencé a cabalgarle lento para después ir acelerando el ritmo agarrando mi pelo y mordiendo mis labios de placer. La cama de paja improvisada se movía de mis empujones gritando agarrando mi pelo con lascivia mientras comía mis pechos. Que botaban mucho cuando no estaban sujetos por sus manos.

Al sacar su pene de mi interior empecé a mojar la cama como un río y gateé por el suelo de la cabaña receptiva a cuatro patas. Empecé a resoplar y agarró mis caderas y empezó a penetrarme duro haciendo botar mis pechos. Gritaba sobre su pene con caras de mucho placer. Agarró mi pelo haciendo que mirara al techo de la cabaña. Solté el pene y abrí bien la boca chillando mientras me empotra fuerte contra la paja de la dama. Noté la delicia cuando me inclino hacia delante y en cuclillas note su pene cual vástago empalador haciendo que mordiera la parte de las fibras de la paja.

Los bufidos y suspiros del semental hacían que pareciera que dentro de la tienda un animal me estuviera montando salvajemente pero no era así. El enorme pene se metía cada vez más al fondo haciendo que pequeños hilos de humedad se mezclaran con el flujo blanco de mi sexo fruto de mi excitación. La presión del falo en mi interior hacía que el líquido saliera por los laterales mojando parte de mis muslos y su pene, oscuro al principio salía cada vez más blanco.

La electricidad empezó a recorrer mis muslos y fue subiendo por mi sexo hasta mi clítoris que empezó a hincharse como un pequeño garbanzo cuando se moja. Noté como el orgasmo me subía y hacía estremecer mis pechos pegando un alarido cual loba en celo mientras el pene se hinchaba en mi interior notando las primeras gotas en mi interior para posteriormente escupir dentro de mí una cantidad inmensa de semen que me llenó por completo haciendo que saliera a borbotones cual fuente de placer de mis entrañas. Chorreaba contra la paja, haciendo una especie de amalgama pegajosa.

Tras eyacular el gran guerrero dentro de mi sexo de la estatua de piedra empezó a brotar leche de sus pechos haciendo que los aldeanos se postraran ante ella mostrando una profunda adoración por la Diosa haciendo una serie de cánticos mientras le leche corría por su vientre y caía en un recipiente que el hechicero había puesto antes del acto sexual.

El cielo se oscureció como hacía tiempo que los aldeanos no veían y empezaron a caer las primeras gotas de lluvia en meses. Los aldeanos se levantaron del suelo y empezaron a saltar y gritar de alegría mientras sus rostros se mojaban y el suelo se llenaba de humedad.

Mientras estaba tumbada, rendida por el esfuerzo, podía ver a través de la puerta de la tienda como caían las gotas de agua. La ofrenda había dado sus frutos y el agua regaba los cultivos y campos para asombro de mis ojos. Miré al cielo y una nube se separó del resto dejando ver los primero rayos de sol del día.

Se esbozó una sonrisa en mi rostro y mi marido entró en la tienda y juntos de la mano vimos el amanecer Zulú mientras en el fondo pensábamos que la aventura africana no había estado tan mal. Nos dimos un beso y salimos desnudos hacia la estatua mientras la lluvia caía sobre nuestros cuerpos y los aldeanos nos rodeaban haciendo un corro.

FIN
 
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