Amanecer Zulú

Demeter

Pajiller@
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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
 

angel56

Consagrad@
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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
Ufff suena supermorboso
 

Adagio4

Estrella Porno
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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
Magnífico relato y muy bien escrito. 🔥 🔥 💦 💦
 

k66

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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
Muy morboso
 

Jugodevida

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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
¡¡Que relato tan estupendo!! Me he puesto palote, ¡¡Joder!! Ni en la isla de las tentaciones ahí tanto morbo, que a gusto te follo el jefe del campamento y tú a el, claro, me ha gustado mucho tu historia.
Por lo que dices, debía de tener la polla de un caballo, bendita raza africana, tocada de la mano de Dios en lo referente a su sexología. 😍
 

Demeter

Pajiller@
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Apenas tuvimos tiempo de coger lo imprescindible, una bolsa de viaje y la documentación. Todos se dirigían hacia los aeropuertos más cercanos para poder salir del país lo antes posible. Nosotros fruto de la ansiedad y las prisas cogimos un coche que nos dejó el equipo del programa. Pero fue un error, ya que desconocíamos las carreteras y con el plano abierto completamente en el coche intentaba dar indicaciones a mi marido pero todo fue en balde pues todas las indicaciones hacia el aeropuerto las fuimos pasando hasta que nos perdimos y estuvimos dando vueltas hasta que girando por un camino de piedras una patrulla de tres hombres con fusiles nos cerró el paso. Los hombres empezaron a hablar en un dialecto que no entendíamos. Mi marido hablaba un poco de francés y probó suerte y uno de ellos entendía un poco pero no hubo manera de mantener un diálogo fluido y nos apuntaron con los fusiles desde la ventana. Uno de ellos se colocó en el asiento del copiloto apuntando a mi marido. Yo me senté en el asiento trasero con dos hombres a ambos lados con los fusiles peligrosamente cerca.

El hombre sentado a la derecha de mi marido le daba indicaciones y nos alejábamos de la zona para adentrarnos por caminos de tierra y una vegetación que apenas dejaba pasar la luz del sol. Los hombres hablaban entre ellos y me miraban el escote sonriendo señalando ambos pechos. Sin mediar palabra uno de ellos empezó a agarrarme los pechos por encima de la ropa. Cogió un cuchillo que llevaba en su tobillo y me arrancó los botones de la blusa dejándome en ropa interior con los pechos casi fuera. Con ambas manos sujetó ambas ubres y las acarició hasta que las sacó del sujetador y puso cara de sorpresa al ver su tamaño. Empezó a magrearlas como si nunca hubiera visto unos pechos blancos así de grandes. Yo intentaba disimular mordiéndome los labios mientras su lengua empezaba a embadurnarme de saliva mis pechos, volviéndolos sensibles al tacto y poniendo los pezones como piedras. El otro hombre metió su mano en mi pantalón buscando mi sexo con los dedos hasta que rebuscando introdujo sus dedos y empezó a estimularme con ansia hasta que sus falanges empezaron a mojarse de mis fluidos y me mordí los labios de nuevo para evitar gemir delante de mi marido pero era complicado. Mi marido miraba por el retrovisor mientras el otro hombre que estaba en el asiento del copiloto giraba la cabeza de vez en cuando riéndose. Empecé a poner caras de placer con sus dedos en mi sexo y la boca de su compañero en mis pechos. La saliva corría por mis pechos como ríos agarrando con fuerza ambos pechos con sus manos. Empezó a besarme con sus gruesos labios metiendo su lengua e intentando que yo jugara con la mía pero al principio estaba pasiva dejando que sus labios se movieran. Aunque duró poco, ya que los dedos en mi vagina hacían que me calentara por momentos hasta que mi lengua se dejó llevar y con vida propia empezó a enrollar su lengua. Empezó a gustarle como besaba y me metía la lengua cada vez más dentro mientras me pellizcaba los pezones. Luego se intercambiaron y los labios del otro hombre empezaron jugar con los míos mientras el anterior seguía chupando mis ubres sin parar.

Sus pantalones militares parecían que tuvieran un arma de considerable calibre abriéndose paso por los laterales, marcando un grueso y largo bastón. Me dieron ganas de acariciarlos en ese momento de placer pero agarré el asiento y lo arañé disimulando. Uno de ellos se percató y agarrando mi cabeza empezó a empujar hacia su pene mientras una cabeza rosada se asomaba por la cintura de su pantalón. Se bajó un poco los pantalones y se vio una mamba negra retorcida y grande que se estiraba hacia arriba. Mis labios se deslizaron por su glande y sus manos empujaron mi cabeza hacia el glande que se hundía en mi boca. Agarre su enorme base y comencé a saborearlo sin apenas oposición haciendo que su mano acariciase mi cabello en cada felación. Su compañero dejó de comer mis pechos y se bajó la cremallera sacando un pene más venoso y oscuro. Comencé a alternar un pene y otro mientras los hombres bufaban como si nadie se la hubiera comido de esa manera. Mientras se la comía a uno, masturbaba el pene del contrario durante el tiempo que mi boca estaba ocupada. No pasó mucho tiempo hasta que uno de ellos le indicó al copiloto que parara el coche al lado del camino. Los dos hombres me sacaron del coche y me llevaron hacia la zona delantera de capó con los penes erectos. Uno de ellos me puso contra el capó aplastando mis pechos contra el mismo y bajando mis bragas hasta los tobillos introdujo su enorme pene en mi vagina sin avisar. Di un alarido de dolor y enseguida empecé a notar como su enorme pene se abría paso entre mis paredes hasta tocar el fondo. Me lo golpeaba y me hacía polvo haciendo que gritara en medio de la selva con el sonido de su pene golpeando sin parar. Agarraba mis caderas con fuerza pero pronto cogió mi pelo dominante y lo estiro hacia arriba haciendo que mi cara se pusiera delante de la de mi marido. Que miraba al otro lado del cristal con un fusil cerca de su brazo. Al cabo de unos minutos su compañero le cedió el turno y note ese pene venoso más que el anterior haciendo que gritara aún más mientras mis fluidos corrían por mis muslos en cada penetración.

El copiloto empezó a ponerse caliente agarrándose su pene por encima del pantalón y cogió unas cuerdas y ató a mi marido al volante mientras salía agitando su pene acercándolo a mi cara para que se la comiera mientras sus compañeros me penetraban. Mis gritos eran censurados por su pene, al que agarraba como podía de los meneos que me daban por detrás y las fuertes sacudidas contra el coche. Uno de ellos agarró mi pelo y solté el pene de su compañero dejándolo mojado por mi saliva. Me penetró fuerte haciendo tambalearse mis pechos de un lado al otro como badajos hasta que sus manos bajaron a mis hombros y siguió embistiendo cual bestia parda mientras. Al sacar su pene se hizo algo de vacío en mi sexo y salió un chorro contra el suelo. Mis flujos corrían por los muslos hasta el polvoriento suelo teniendo un orgasmo bestial. Su compañero, que estaba con su enorme pene en la mano, me cogió por banda y me puso contra el capó del coche, boca arriba abriendo mis piernas hacia los lados, despejando el camino hasta que su pene en la entrada se abría paso. Sentí dolor y placer cuando las venas de su pene entraban y rozaban mis paredes en toda su longitud. Agarró mis piernas y empujó con fuerza haciendo temblar mis pechos, la humedad de mi sexo corría por el capó hacia los faros y hacía que me escurriera hacia arriba y hacia abajo con sus empujones moviéndome por todo el frontal del coche. Mis gritos y jadeos se escuchaban mucho mientras agarraba los otros dos penes y me turnaba para comerlos y gemir sobre sus glandes mientras jadeaban y relinchaban como caballos.

De repente llegó un todo terreno militar con otros cuatro hombres que al ver la escena empezaron a bajarse los pantalones y se acercaron para unirse al aquelarre interracial. Me sentí rodeada de troncos negros y alterné mi boca. Eran todos de diferentes formas pero enormes aunque se agarraban muy bien de la longitud que tenían. Se turnaban para penetrarme contra el capó y mis gritos se censuraban en las sucesivas felaciones. Uno de ellos, con un cuerpo muy bien cultivado y con unos brazos enormes me cogió en volandas como si fuera una pluma. Me agarré de su cuello y empecé a besarse mientras su tronco me penetraba y mi cuerpo se movía de arriba abajo contra su pecho. Me sentí liviana con mis pechos aplastados contra su torso gritando como una loca mientras el sonido sordo de su pene me taladraba sin piedad. Mi marido estaba muy excitado, atado al volante viendo todas las escenas como si de una película porno se tratara. Su pene estaba a punto de reventar la cremallera pero al estar atado no podía masturbarse.

Después de varios minutos en volandas me empotró contra un árbol cercano, arañando su espalda y dejando los surcos de mis uñas en su piel. Él se quejó un poco y me embistió con furia y las hojas del árbol empezaron a caer sobre nosotros, mis gritos eran más fuerte cada vez hasta que me corría al instante mientras bufaba y me llevaba a los asientos traseros del coche. Uno de sus compañeros abrió la puerta y me dejó boca arriba con las piernas colgando fuera del vehículo y otra vez se fueron turnando varios agarrando mis muslos para penetrarme. El coche se movía bastante al mismo tiempo que por la otra puerta trasera avanzaba otro grupo de ellos para que les hiciese una felación. Alguno de ellos incluso comía mis pechos y me besaba mientras yo agitaba su pene con fuerza fruto del placer de las embestidas. Llegó el turno del hombre que me había cogido en volandas, sabía que era el al notar el grosor y longitud de su enorme pene. Pegué un grito y puse caras de dolor al notarla aunque se convirtieron en placer a los pocos segundos de deslizarse por mi vagina. Sacó su pene y se sentó en los asientos con su pene apuntando al techo. Le hice una felación mientras agarraba mi cabello con más delicadeza que el resto. Me deleité como nuca en su pene haciendo que gimiera de placer mientras lamía el tronco y me comía su glande lentamente. Cogí mis pechos y le hice una cubana lentamente mientras comía su punta cuando salía de mis ubres. Le sonreí y me subí encima colocándomela en la entrada. Entré lenta y mis ojos se nublaron de placer mientras le cabalgaba agarrándome el pelo sin tener prisa por correrme. Notaba todo su grosor cuando entraba y me corrí a los pocos minutos sin necesidad de nada más que el roce de su pene pero quería tenerla dentro y seguí montándole.

Sus compañeros empezaron a mosquearse un poco viendo como acaparaba todo el protagonismo agarrándose los penes y agitándolos. Mi marido mientras tanto veía la escena por al retrovisor, totalmente empalmado mientras intentaba zafarse de las ataduras con bastante disimulo. Mi ritmo se incrementó haciendo tambalearse el coche de un lado a otro, gritado como nunca había gritado mientras estiraba el cuerpo hacia atrás y él comía mis pezones haciendo que se pusieran como cantos rodados. Mis orgasmos iban y venían sin manifestarse aunque el chapoteo de mi sexo iba creciendo por momentos, manchando la tapicería del coche. Tuve un orgasmo delicioso, mis piernas temblaba, el calor ardía en mi sexo queriendo bocanadas de aire para sofocarlo. De pronto los hombres empezaron a discutir entre ellos.

La escena era bastante rocambolesca, viendo hombres de color en mitad de la selva, desnudos discutiendo por una mujer. Mi marido que tenía ya una de las manos libres mordió sus ataduras y logró liberarse. Vio la llave puesta y sin pensárselo dos veces encendió el motor y arrancó el coche derrapando. Los hombres se quedaron de piedra, desnudos, viendo como nos alejábamos a toda velocidad. Se empezaron a vestir con prisas y cogieron el otro vehículo y hubo una persecución por la selva a gran velocidad. Mi marido no sabía dónde iba solo pensaba en alejarse lo más posible. Se escuchaban disparos que impactaban en los faros traseros. Se acercaba cada vez más y mi marido me dijo que me agarrara bien, pegó un frenazo y la parte frontal del todo terreno impacto con la parte trasera del coche desplazándome contra el asiento del copiloto. El coche quedó deformado por la parte trasera pero su vehículo empezó a soltar líquidos de todo tipo y a salir un humo claro. A los pocos metros se detuvo mientras nuestro coche avanzaba a duras penas alejándose. Del golpe perdí un poco el conocimiento y cuando desperté el coche estaba detenido en un lateral de la carretera y mi marido intentaba espabilarme para que nos fuéramos lo antes posible. Cogí ropa de la maleta que teníamos en el maletero, un poco de agua y la documentación y nos alejamos del coche.

Caminamos horas por el camino hasta que empezamos a salir de la selva y entrar en una sabana con la hierba alta y un árbol que se podía ver a medio camino. De repente entramos en una ciénaga empezaron a picarnos mosquitos de todo tipo y salimos corriendo agitando los brazos. Después de varios metros corriendo noté un fuerte pinchazo en el cuello, me lo palpé y me quité como una especie de dardo. La cabeza me dio vueltas y mis ojos se nublaron pero antes de perder el conocimiento pude ver un hombre de color con una especie de traje tribal de leopardo que nos miraba con una cerbatana en la mano…
 

angel56

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Apenas tuvimos tiempo de coger lo imprescindible, una bolsa de viaje y la documentación. Todos se dirigían hacia los aeropuertos más cercanos para poder salir del país lo antes posible. Nosotros fruto de la ansiedad y las prisas cogimos un coche que nos dejó el equipo del programa. Pero fue un error, ya que desconocíamos las carreteras y con el plano abierto completamente en el coche intentaba dar indicaciones a mi marido pero todo fue en balde pues todas las indicaciones hacia el aeropuerto las fuimos pasando hasta que nos perdimos y estuvimos dando vueltas hasta que girando por un camino de piedras una patrulla de tres hombres con fusiles nos cerró el paso. Los hombres empezaron a hablar en un dialecto que no entendíamos. Mi marido hablaba un poco de francés y probó suerte y uno de ellos entendía un poco pero no hubo manera de mantener un diálogo fluido y nos apuntaron con los fusiles desde la ventana. Uno de ellos se colocó en el asiento del copiloto apuntando a mi marido. Yo me senté en el asiento trasero con dos hombres a ambos lados con los fusiles peligrosamente cerca.

El hombre sentado a la derecha de mi marido le daba indicaciones y nos alejábamos de la zona para adentrarnos por caminos de tierra y una vegetación que apenas dejaba pasar la luz del sol. Los hombres hablaban entre ellos y me miraban el escote sonriendo señalando ambos pechos. Sin mediar palabra uno de ellos empezó a agarrarme los pechos por encima de la ropa. Cogió un cuchillo que llevaba en su tobillo y me arrancó los botones de la blusa dejándome en ropa interior con los pechos casi fuera. Con ambas manos sujetó ambas ubres y las acarició hasta que las sacó del sujetador y puso cara de sorpresa al ver su tamaño. Empezó a magrearlas como si nunca hubiera visto unos pechos blancos así de grandes. Yo intentaba disimular mordiéndome los labios mientras su lengua empezaba a embadurnarme de saliva mis pechos, volviéndolos sensibles al tacto y poniendo los pezones como piedras. El otro hombre metió su mano en mi pantalón buscando mi sexo con los dedos hasta que rebuscando introdujo sus dedos y empezó a estimularme con ansia hasta que sus falanges empezaron a mojarse de mis fluidos y me mordí los labios de nuevo para evitar gemir delante de mi marido pero era complicado. Mi marido miraba por el retrovisor mientras el otro hombre que estaba en el asiento del copiloto giraba la cabeza de vez en cuando riéndose. Empecé a poner caras de placer con sus dedos en mi sexo y la boca de su compañero en mis pechos. La saliva corría por mis pechos como ríos agarrando con fuerza ambos pechos con sus manos. Empezó a besarme con sus gruesos labios metiendo su lengua e intentando que yo jugara con la mía pero al principio estaba pasiva dejando que sus labios se movieran. Aunque duró poco, ya que los dedos en mi vagina hacían que me calentara por momentos hasta que mi lengua se dejó llevar y con vida propia empezó a enrollar su lengua. Empezó a gustarle como besaba y me metía la lengua cada vez más dentro mientras me pellizcaba los pezones. Luego se intercambiaron y los labios del otro hombre empezaron jugar con los míos mientras el anterior seguía chupando mis ubres sin parar.

Sus pantalones militares parecían que tuvieran un arma de considerable calibre abriéndose paso por los laterales, marcando un grueso y largo bastón. Me dieron ganas de acariciarlos en ese momento de placer pero agarré el asiento y lo arañé disimulando. Uno de ellos se percató y agarrando mi cabeza empezó a empujar hacia su pene mientras una cabeza rosada se asomaba por la cintura de su pantalón. Se bajó un poco los pantalones y se vio una mamba negra retorcida y grande que se estiraba hacia arriba. Mis labios se deslizaron por su glande y sus manos empujaron mi cabeza hacia el glande que se hundía en mi boca. Agarre su enorme base y comencé a saborearlo sin apenas oposición haciendo que su mano acariciase mi cabello en cada felación. Su compañero dejó de comer mis pechos y se bajó la cremallera sacando un pene más venoso y oscuro. Comencé a alternar un pene y otro mientras los hombres bufaban como si nadie se la hubiera comido de esa manera. Mientras se la comía a uno, masturbaba el pene del contrario durante el tiempo que mi boca estaba ocupada. No pasó mucho tiempo hasta que uno de ellos le indicó al copiloto que parara el coche al lado del camino. Los dos hombres me sacaron del coche y me llevaron hacia la zona delantera de capó con los penes erectos. Uno de ellos me puso contra el capó aplastando mis pechos contra el mismo y bajando mis bragas hasta los tobillos introdujo su enorme pene en mi vagina sin avisar. Di un alarido de dolor y enseguida empecé a notar como su enorme pene se abría paso entre mis paredes hasta tocar el fondo. Me lo golpeaba y me hacía polvo haciendo que gritara en medio de la selva con el sonido de su pene golpeando sin parar. Agarraba mis caderas con fuerza pero pronto cogió mi pelo dominante y lo estiro hacia arriba haciendo que mi cara se pusiera delante de la de mi marido. Que miraba al otro lado del cristal con un fusil cerca de su brazo. Al cabo de unos minutos su compañero le cedió el turno y note ese pene venoso más que el anterior haciendo que gritara aún más mientras mis fluidos corrían por mis muslos en cada penetración.

El copiloto empezó a ponerse caliente agarrándose su pene por encima del pantalón y cogió unas cuerdas y ató a mi marido al volante mientras salía agitando su pene acercándolo a mi cara para que se la comiera mientras sus compañeros me penetraban. Mis gritos eran censurados por su pene, al que agarraba como podía de los meneos que me daban por detrás y las fuertes sacudidas contra el coche. Uno de ellos agarró mi pelo y solté el pene de su compañero dejándolo mojado por mi saliva. Me penetró fuerte haciendo tambalearse mis pechos de un lado al otro como badajos hasta que sus manos bajaron a mis hombros y siguió embistiendo cual bestia parda mientras. Al sacar su pene se hizo algo de vacío en mi sexo y salió un chorro contra el suelo. Mis flujos corrían por los muslos hasta el polvoriento suelo teniendo un orgasmo bestial. Su compañero, que estaba con su enorme pene en la mano, me cogió por banda y me puso contra el capó del coche, boca arriba abriendo mis piernas hacia los lados, despejando el camino hasta que su pene en la entrada se abría paso. Sentí dolor y placer cuando las venas de su pene entraban y rozaban mis paredes en toda su longitud. Agarró mis piernas y empujó con fuerza haciendo temblar mis pechos, la humedad de mi sexo corría por el capó hacia los faros y hacía que me escurriera hacia arriba y hacia abajo con sus empujones moviéndome por todo el frontal del coche. Mis gritos y jadeos se escuchaban mucho mientras agarraba los otros dos penes y me turnaba para comerlos y gemir sobre sus glandes mientras jadeaban y relinchaban como caballos.

De repente llegó un todo terreno militar con otros cuatro hombres que al ver la escena empezaron a bajarse los pantalones y se acercaron para unirse al aquelarre interracial. Me sentí rodeada de troncos negros y alterné mi boca. Eran todos de diferentes formas pero enormes aunque se agarraban muy bien de la longitud que tenían. Se turnaban para penetrarme contra el capó y mis gritos se censuraban en las sucesivas felaciones. Uno de ellos, con un cuerpo muy bien cultivado y con unos brazos enormes me cogió en volandas como si fuera una pluma. Me agarré de su cuello y empecé a besarse mientras su tronco me penetraba y mi cuerpo se movía de arriba abajo contra su pecho. Me sentí liviana con mis pechos aplastados contra su torso gritando como una loca mientras el sonido sordo de su pene me taladraba sin piedad. Mi marido estaba muy excitado, atado al volante viendo todas las escenas como si de una película porno se tratara. Su pene estaba a punto de reventar la cremallera pero al estar atado no podía masturbarse.

Después de varios minutos en volandas me empotró contra un árbol cercano, arañando su espalda y dejando los surcos de mis uñas en su piel. Él se quejó un poco y me embistió con furia y las hojas del árbol empezaron a caer sobre nosotros, mis gritos eran más fuerte cada vez hasta que me corría al instante mientras bufaba y me llevaba a los asientos traseros del coche. Uno de sus compañeros abrió la puerta y me dejó boca arriba con las piernas colgando fuera del vehículo y otra vez se fueron turnando varios agarrando mis muslos para penetrarme. El coche se movía bastante al mismo tiempo que por la otra puerta trasera avanzaba otro grupo de ellos para que les hiciese una felación. Alguno de ellos incluso comía mis pechos y me besaba mientras yo agitaba su pene con fuerza fruto del placer de las embestidas. Llegó el turno del hombre que me había cogido en volandas, sabía que era el al notar el grosor y longitud de su enorme pene. Pegué un grito y puse caras de dolor al notarla aunque se convirtieron en placer a los pocos segundos de deslizarse por mi vagina. Sacó su pene y se sentó en los asientos con su pene apuntando al techo. Le hice una felación mientras agarraba mi cabello con más delicadeza que el resto. Me deleité como nuca en su pene haciendo que gimiera de placer mientras lamía el tronco y me comía su glande lentamente. Cogí mis pechos y le hice una cubana lentamente mientras comía su punta cuando salía de mis ubres. Le sonreí y me subí encima colocándomela en la entrada. Entré lenta y mis ojos se nublaron de placer mientras le cabalgaba agarrándome el pelo sin tener prisa por correrme. Notaba todo su grosor cuando entraba y me corrí a los pocos minutos sin necesidad de nada más que el roce de su pene pero quería tenerla dentro y seguí montándole.

Sus compañeros empezaron a mosquearse un poco viendo como acaparaba todo el protagonismo agarrándose los penes y agitándolos. Mi marido mientras tanto veía la escena por al retrovisor, totalmente empalmado mientras intentaba zafarse de las ataduras con bastante disimulo. Mi ritmo se incrementó haciendo tambalearse el coche de un lado a otro, gritado como nunca había gritado mientras estiraba el cuerpo hacia atrás y él comía mis pezones haciendo que se pusieran como cantos rodados. Mis orgasmos iban y venían sin manifestarse aunque el chapoteo de mi sexo iba creciendo por momentos, manchando la tapicería del coche. Tuve un orgasmo delicioso, mis piernas temblaba, el calor ardía en mi sexo queriendo bocanadas de aire para sofocarlo. De pronto los hombres empezaron a discutir entre ellos.

La escena era bastante rocambolesca, viendo hombres de color en mitad de la selva, desnudos discutiendo por una mujer. Mi marido que tenía ya una de las manos libres mordió sus ataduras y logró liberarse. Vio la llave puesta y sin pensárselo dos veces encendió el motor y arrancó el coche derrapando. Los hombres se quedaron de piedra, desnudos, viendo como nos alejábamos a toda velocidad. Se empezaron a vestir con prisas y cogieron el otro vehículo y hubo una persecución por la selva a gran velocidad. Mi marido no sabía dónde iba solo pensaba en alejarse lo más posible. Se escuchaban disparos que impactaban en los faros traseros. Se acercaba cada vez más y mi marido me dijo que me agarrara bien, pegó un frenazo y la parte frontal del todo terreno impacto con la parte trasera del coche desplazándome contra el asiento del copiloto. El coche quedó deformado por la parte trasera pero su vehículo empezó a soltar líquidos de todo tipo y a salir un humo claro. A los pocos metros se detuvo mientras nuestro coche avanzaba a duras penas alejándose. Del golpe perdí un poco el conocimiento y cuando desperté el coche estaba detenido en un lateral de la carretera y mi marido intentaba espabilarme para que nos fuéramos lo antes posible. Cogí ropa de la maleta que teníamos en el maletero, un poco de agua y la documentación y nos alejamos del coche.

Caminamos horas por el camino hasta que empezamos a salir de la selva y entrar en una sabana con la hierba alta y un árbol que se podía ver a medio camino. De repente entramos en una ciénaga empezaron a picarnos mosquitos de todo tipo y salimos corriendo agitando los brazos. Después de varios metros corriendo noté un fuerte pinchazo en el cuello, me lo palpé y me quité como una especie de dardo. La cabeza me dio vueltas y mis ojos se nublaron pero antes de perder el conocimiento pude ver un hombre de color con una especie de traje tribal de leopardo que nos miraba con una cerbatana en la mano…
Ufffff tremendo. Te puedes imaginar la reacción que me has provocado
 

seductorX

Estrella Porno
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Apenas tuvimos tiempo de coger lo imprescindible, una bolsa de viaje y la documentación. Todos se dirigían hacia los aeropuertos más cercanos para poder salir del país lo antes posible. Nosotros fruto de la ansiedad y las prisas cogimos un coche que nos dejó el equipo del programa. Pero fue un error, ya que desconocíamos las carreteras y con el plano abierto completamente en el coche intentaba dar indicaciones a mi marido pero todo fue en balde pues todas las indicaciones hacia el aeropuerto las fuimos pasando hasta que nos perdimos y estuvimos dando vueltas hasta que girando por un camino de piedras una patrulla de tres hombres con fusiles nos cerró el paso. Los hombres empezaron a hablar en un dialecto que no entendíamos. Mi marido hablaba un poco de francés y probó suerte y uno de ellos entendía un poco pero no hubo manera de mantener un diálogo fluido y nos apuntaron con los fusiles desde la ventana. Uno de ellos se colocó en el asiento del copiloto apuntando a mi marido. Yo me senté en el asiento trasero con dos hombres a ambos lados con los fusiles peligrosamente cerca.

El hombre sentado a la derecha de mi marido le daba indicaciones y nos alejábamos de la zona para adentrarnos por caminos de tierra y una vegetación que apenas dejaba pasar la luz del sol. Los hombres hablaban entre ellos y me miraban el escote sonriendo señalando ambos pechos. Sin mediar palabra uno de ellos empezó a agarrarme los pechos por encima de la ropa. Cogió un cuchillo que llevaba en su tobillo y me arrancó los botones de la blusa dejándome en ropa interior con los pechos casi fuera. Con ambas manos sujetó ambas ubres y las acarició hasta que las sacó del sujetador y puso cara de sorpresa al ver su tamaño. Empezó a magrearlas como si nunca hubiera visto unos pechos blancos así de grandes. Yo intentaba disimular mordiéndome los labios mientras su lengua empezaba a embadurnarme de saliva mis pechos, volviéndolos sensibles al tacto y poniendo los pezones como piedras. El otro hombre metió su mano en mi pantalón buscando mi sexo con los dedos hasta que rebuscando introdujo sus dedos y empezó a estimularme con ansia hasta que sus falanges empezaron a mojarse de mis fluidos y me mordí los labios de nuevo para evitar gemir delante de mi marido pero era complicado. Mi marido miraba por el retrovisor mientras el otro hombre que estaba en el asiento del copiloto giraba la cabeza de vez en cuando riéndose. Empecé a poner caras de placer con sus dedos en mi sexo y la boca de su compañero en mis pechos. La saliva corría por mis pechos como ríos agarrando con fuerza ambos pechos con sus manos. Empezó a besarme con sus gruesos labios metiendo su lengua e intentando que yo jugara con la mía pero al principio estaba pasiva dejando que sus labios se movieran. Aunque duró poco, ya que los dedos en mi vagina hacían que me calentara por momentos hasta que mi lengua se dejó llevar y con vida propia empezó a enrollar su lengua. Empezó a gustarle como besaba y me metía la lengua cada vez más dentro mientras me pellizcaba los pezones. Luego se intercambiaron y los labios del otro hombre empezaron jugar con los míos mientras el anterior seguía chupando mis ubres sin parar.

Sus pantalones militares parecían que tuvieran un arma de considerable calibre abriéndose paso por los laterales, marcando un grueso y largo bastón. Me dieron ganas de acariciarlos en ese momento de placer pero agarré el asiento y lo arañé disimulando. Uno de ellos se percató y agarrando mi cabeza empezó a empujar hacia su pene mientras una cabeza rosada se asomaba por la cintura de su pantalón. Se bajó un poco los pantalones y se vio una mamba negra retorcida y grande que se estiraba hacia arriba. Mis labios se deslizaron por su glande y sus manos empujaron mi cabeza hacia el glande que se hundía en mi boca. Agarre su enorme base y comencé a saborearlo sin apenas oposición haciendo que su mano acariciase mi cabello en cada felación. Su compañero dejó de comer mis pechos y se bajó la cremallera sacando un pene más venoso y oscuro. Comencé a alternar un pene y otro mientras los hombres bufaban como si nadie se la hubiera comido de esa manera. Mientras se la comía a uno, masturbaba el pene del contrario durante el tiempo que mi boca estaba ocupada. No pasó mucho tiempo hasta que uno de ellos le indicó al copiloto que parara el coche al lado del camino. Los dos hombres me sacaron del coche y me llevaron hacia la zona delantera de capó con los penes erectos. Uno de ellos me puso contra el capó aplastando mis pechos contra el mismo y bajando mis bragas hasta los tobillos introdujo su enorme pene en mi vagina sin avisar. Di un alarido de dolor y enseguida empecé a notar como su enorme pene se abría paso entre mis paredes hasta tocar el fondo. Me lo golpeaba y me hacía polvo haciendo que gritara en medio de la selva con el sonido de su pene golpeando sin parar. Agarraba mis caderas con fuerza pero pronto cogió mi pelo dominante y lo estiro hacia arriba haciendo que mi cara se pusiera delante de la de mi marido. Que miraba al otro lado del cristal con un fusil cerca de su brazo. Al cabo de unos minutos su compañero le cedió el turno y note ese pene venoso más que el anterior haciendo que gritara aún más mientras mis fluidos corrían por mis muslos en cada penetración.

El copiloto empezó a ponerse caliente agarrándose su pene por encima del pantalón y cogió unas cuerdas y ató a mi marido al volante mientras salía agitando su pene acercándolo a mi cara para que se la comiera mientras sus compañeros me penetraban. Mis gritos eran censurados por su pene, al que agarraba como podía de los meneos que me daban por detrás y las fuertes sacudidas contra el coche. Uno de ellos agarró mi pelo y solté el pene de su compañero dejándolo mojado por mi saliva. Me penetró fuerte haciendo tambalearse mis pechos de un lado al otro como badajos hasta que sus manos bajaron a mis hombros y siguió embistiendo cual bestia parda mientras. Al sacar su pene se hizo algo de vacío en mi sexo y salió un chorro contra el suelo. Mis flujos corrían por los muslos hasta el polvoriento suelo teniendo un orgasmo bestial. Su compañero, que estaba con su enorme pene en la mano, me cogió por banda y me puso contra el capó del coche, boca arriba abriendo mis piernas hacia los lados, despejando el camino hasta que su pene en la entrada se abría paso. Sentí dolor y placer cuando las venas de su pene entraban y rozaban mis paredes en toda su longitud. Agarró mis piernas y empujó con fuerza haciendo temblar mis pechos, la humedad de mi sexo corría por el capó hacia los faros y hacía que me escurriera hacia arriba y hacia abajo con sus empujones moviéndome por todo el frontal del coche. Mis gritos y jadeos se escuchaban mucho mientras agarraba los otros dos penes y me turnaba para comerlos y gemir sobre sus glandes mientras jadeaban y relinchaban como caballos.

De repente llegó un todo terreno militar con otros cuatro hombres que al ver la escena empezaron a bajarse los pantalones y se acercaron para unirse al aquelarre interracial. Me sentí rodeada de troncos negros y alterné mi boca. Eran todos de diferentes formas pero enormes aunque se agarraban muy bien de la longitud que tenían. Se turnaban para penetrarme contra el capó y mis gritos se censuraban en las sucesivas felaciones. Uno de ellos, con un cuerpo muy bien cultivado y con unos brazos enormes me cogió en volandas como si fuera una pluma. Me agarré de su cuello y empecé a besarse mientras su tronco me penetraba y mi cuerpo se movía de arriba abajo contra su pecho. Me sentí liviana con mis pechos aplastados contra su torso gritando como una loca mientras el sonido sordo de su pene me taladraba sin piedad. Mi marido estaba muy excitado, atado al volante viendo todas las escenas como si de una película porno se tratara. Su pene estaba a punto de reventar la cremallera pero al estar atado no podía masturbarse.

Después de varios minutos en volandas me empotró contra un árbol cercano, arañando su espalda y dejando los surcos de mis uñas en su piel. Él se quejó un poco y me embistió con furia y las hojas del árbol empezaron a caer sobre nosotros, mis gritos eran más fuerte cada vez hasta que me corría al instante mientras bufaba y me llevaba a los asientos traseros del coche. Uno de sus compañeros abrió la puerta y me dejó boca arriba con las piernas colgando fuera del vehículo y otra vez se fueron turnando varios agarrando mis muslos para penetrarme. El coche se movía bastante al mismo tiempo que por la otra puerta trasera avanzaba otro grupo de ellos para que les hiciese una felación. Alguno de ellos incluso comía mis pechos y me besaba mientras yo agitaba su pene con fuerza fruto del placer de las embestidas. Llegó el turno del hombre que me había cogido en volandas, sabía que era el al notar el grosor y longitud de su enorme pene. Pegué un grito y puse caras de dolor al notarla aunque se convirtieron en placer a los pocos segundos de deslizarse por mi vagina. Sacó su pene y se sentó en los asientos con su pene apuntando al techo. Le hice una felación mientras agarraba mi cabello con más delicadeza que el resto. Me deleité como nuca en su pene haciendo que gimiera de placer mientras lamía el tronco y me comía su glande lentamente. Cogí mis pechos y le hice una cubana lentamente mientras comía su punta cuando salía de mis ubres. Le sonreí y me subí encima colocándomela en la entrada. Entré lenta y mis ojos se nublaron de placer mientras le cabalgaba agarrándome el pelo sin tener prisa por correrme. Notaba todo su grosor cuando entraba y me corrí a los pocos minutos sin necesidad de nada más que el roce de su pene pero quería tenerla dentro y seguí montándole.

Sus compañeros empezaron a mosquearse un poco viendo como acaparaba todo el protagonismo agarrándose los penes y agitándolos. Mi marido mientras tanto veía la escena por al retrovisor, totalmente empalmado mientras intentaba zafarse de las ataduras con bastante disimulo. Mi ritmo se incrementó haciendo tambalearse el coche de un lado a otro, gritado como nunca había gritado mientras estiraba el cuerpo hacia atrás y él comía mis pezones haciendo que se pusieran como cantos rodados. Mis orgasmos iban y venían sin manifestarse aunque el chapoteo de mi sexo iba creciendo por momentos, manchando la tapicería del coche. Tuve un orgasmo delicioso, mis piernas temblaba, el calor ardía en mi sexo queriendo bocanadas de aire para sofocarlo. De pronto los hombres empezaron a discutir entre ellos.

La escena era bastante rocambolesca, viendo hombres de color en mitad de la selva, desnudos discutiendo por una mujer. Mi marido que tenía ya una de las manos libres mordió sus ataduras y logró liberarse. Vio la llave puesta y sin pensárselo dos veces encendió el motor y arrancó el coche derrapando. Los hombres se quedaron de piedra, desnudos, viendo como nos alejábamos a toda velocidad. Se empezaron a vestir con prisas y cogieron el otro vehículo y hubo una persecución por la selva a gran velocidad. Mi marido no sabía dónde iba solo pensaba en alejarse lo más posible. Se escuchaban disparos que impactaban en los faros traseros. Se acercaba cada vez más y mi marido me dijo que me agarrara bien, pegó un frenazo y la parte frontal del todo terreno impacto con la parte trasera del coche desplazándome contra el asiento del copiloto. El coche quedó deformado por la parte trasera pero su vehículo empezó a soltar líquidos de todo tipo y a salir un humo claro. A los pocos metros se detuvo mientras nuestro coche avanzaba a duras penas alejándose. Del golpe perdí un poco el conocimiento y cuando desperté el coche estaba detenido en un lateral de la carretera y mi marido intentaba espabilarme para que nos fuéramos lo antes posible. Cogí ropa de la maleta que teníamos en el maletero, un poco de agua y la documentación y nos alejamos del coche.

Caminamos horas por el camino hasta que empezamos a salir de la selva y entrar en una sabana con la hierba alta y un árbol que se podía ver a medio camino. De repente entramos en una ciénaga empezaron a picarnos mosquitos de todo tipo y salimos corriendo agitando los brazos. Después de varios metros corriendo noté un fuerte pinchazo en el cuello, me lo palpé y me quité como una especie de dardo. La cabeza me dio vueltas y mis ojos se nublaron pero antes de perder el conocimiento pude ver un hombre de color con una especie de traje tribal de leopardo que nos miraba con una cerbatana en la mano…
Brutal!!!!!!
 

Jugodevida

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Apenas tuvimos tiempo de coger lo imprescindible, una bolsa de viaje y la documentación. Todos se dirigían hacia los aeropuertos más cercanos para poder salir del país lo antes posible. Nosotros fruto de la ansiedad y las prisas cogimos un coche que nos dejó el equipo del programa. Pero fue un error, ya que desconocíamos las carreteras y con el plano abierto completamente en el coche intentaba dar indicaciones a mi marido pero todo fue en balde pues todas las indicaciones hacia el aeropuerto las fuimos pasando hasta que nos perdimos y estuvimos dando vueltas hasta que girando por un camino de piedras una patrulla de tres hombres con fusiles nos cerró el paso. Los hombres empezaron a hablar en un dialecto que no entendíamos. Mi marido hablaba un poco de francés y probó suerte y uno de ellos entendía un poco pero no hubo manera de mantener un diálogo fluido y nos apuntaron con los fusiles desde la ventana. Uno de ellos se colocó en el asiento del copiloto apuntando a mi marido. Yo me senté en el asiento trasero con dos hombres a ambos lados con los fusiles peligrosamente cerca.

El hombre sentado a la derecha de mi marido le daba indicaciones y nos alejábamos de la zona para adentrarnos por caminos de tierra y una vegetación que apenas dejaba pasar la luz del sol. Los hombres hablaban entre ellos y me miraban el escote sonriendo señalando ambos pechos. Sin mediar palabra uno de ellos empezó a agarrarme los pechos por encima de la ropa. Cogió un cuchillo que llevaba en su tobillo y me arrancó los botones de la blusa dejándome en ropa interior con los pechos casi fuera. Con ambas manos sujetó ambas ubres y las acarició hasta que las sacó del sujetador y puso cara de sorpresa al ver su tamaño. Empezó a magrearlas como si nunca hubiera visto unos pechos blancos así de grandes. Yo intentaba disimular mordiéndome los labios mientras su lengua empezaba a embadurnarme de saliva mis pechos, volviéndolos sensibles al tacto y poniendo los pezones como piedras. El otro hombre metió su mano en mi pantalón buscando mi sexo con los dedos hasta que rebuscando introdujo sus dedos y empezó a estimularme con ansia hasta que sus falanges empezaron a mojarse de mis fluidos y me mordí los labios de nuevo para evitar gemir delante de mi marido pero era complicado. Mi marido miraba por el retrovisor mientras el otro hombre que estaba en el asiento del copiloto giraba la cabeza de vez en cuando riéndose. Empecé a poner caras de placer con sus dedos en mi sexo y la boca de su compañero en mis pechos. La saliva corría por mis pechos como ríos agarrando con fuerza ambos pechos con sus manos. Empezó a besarme con sus gruesos labios metiendo su lengua e intentando que yo jugara con la mía pero al principio estaba pasiva dejando que sus labios se movieran. Aunque duró poco, ya que los dedos en mi vagina hacían que me calentara por momentos hasta que mi lengua se dejó llevar y con vida propia empezó a enrollar su lengua. Empezó a gustarle como besaba y me metía la lengua cada vez más dentro mientras me pellizcaba los pezones. Luego se intercambiaron y los labios del otro hombre empezaron jugar con los míos mientras el anterior seguía chupando mis ubres sin parar.

Sus pantalones militares parecían que tuvieran un arma de considerable calibre abriéndose paso por los laterales, marcando un grueso y largo bastón. Me dieron ganas de acariciarlos en ese momento de placer pero agarré el asiento y lo arañé disimulando. Uno de ellos se percató y agarrando mi cabeza empezó a empujar hacia su pene mientras una cabeza rosada se asomaba por la cintura de su pantalón. Se bajó un poco los pantalones y se vio una mamba negra retorcida y grande que se estiraba hacia arriba. Mis labios se deslizaron por su glande y sus manos empujaron mi cabeza hacia el glande que se hundía en mi boca. Agarre su enorme base y comencé a saborearlo sin apenas oposición haciendo que su mano acariciase mi cabello en cada felación. Su compañero dejó de comer mis pechos y se bajó la cremallera sacando un pene más venoso y oscuro. Comencé a alternar un pene y otro mientras los hombres bufaban como si nadie se la hubiera comido de esa manera. Mientras se la comía a uno, masturbaba el pene del contrario durante el tiempo que mi boca estaba ocupada. No pasó mucho tiempo hasta que uno de ellos le indicó al copiloto que parara el coche al lado del camino. Los dos hombres me sacaron del coche y me llevaron hacia la zona delantera de capó con los penes erectos. Uno de ellos me puso contra el capó aplastando mis pechos contra el mismo y bajando mis bragas hasta los tobillos introdujo su enorme pene en mi vagina sin avisar. Di un alarido de dolor y enseguida empecé a notar como su enorme pene se abría paso entre mis paredes hasta tocar el fondo. Me lo golpeaba y me hacía polvo haciendo que gritara en medio de la selva con el sonido de su pene golpeando sin parar. Agarraba mis caderas con fuerza pero pronto cogió mi pelo dominante y lo estiro hacia arriba haciendo que mi cara se pusiera delante de la de mi marido. Que miraba al otro lado del cristal con un fusil cerca de su brazo. Al cabo de unos minutos su compañero le cedió el turno y note ese pene venoso más que el anterior haciendo que gritara aún más mientras mis fluidos corrían por mis muslos en cada penetración.

El copiloto empezó a ponerse caliente agarrándose su pene por encima del pantalón y cogió unas cuerdas y ató a mi marido al volante mientras salía agitando su pene acercándolo a mi cara para que se la comiera mientras sus compañeros me penetraban. Mis gritos eran censurados por su pene, al que agarraba como podía de los meneos que me daban por detrás y las fuertes sacudidas contra el coche. Uno de ellos agarró mi pelo y solté el pene de su compañero dejándolo mojado por mi saliva. Me penetró fuerte haciendo tambalearse mis pechos de un lado al otro como badajos hasta que sus manos bajaron a mis hombros y siguió embistiendo cual bestia parda mientras. Al sacar su pene se hizo algo de vacío en mi sexo y salió un chorro contra el suelo. Mis flujos corrían por los muslos hasta el polvoriento suelo teniendo un orgasmo bestial. Su compañero, que estaba con su enorme pene en la mano, me cogió por banda y me puso contra el capó del coche, boca arriba abriendo mis piernas hacia los lados, despejando el camino hasta que su pene en la entrada se abría paso. Sentí dolor y placer cuando las venas de su pene entraban y rozaban mis paredes en toda su longitud. Agarró mis piernas y empujó con fuerza haciendo temblar mis pechos, la humedad de mi sexo corría por el capó hacia los faros y hacía que me escurriera hacia arriba y hacia abajo con sus empujones moviéndome por todo el frontal del coche. Mis gritos y jadeos se escuchaban mucho mientras agarraba los otros dos penes y me turnaba para comerlos y gemir sobre sus glandes mientras jadeaban y relinchaban como caballos.

De repente llegó un todo terreno militar con otros cuatro hombres que al ver la escena empezaron a bajarse los pantalones y se acercaron para unirse al aquelarre interracial. Me sentí rodeada de troncos negros y alterné mi boca. Eran todos de diferentes formas pero enormes aunque se agarraban muy bien de la longitud que tenían. Se turnaban para penetrarme contra el capó y mis gritos se censuraban en las sucesivas felaciones. Uno de ellos, con un cuerpo muy bien cultivado y con unos brazos enormes me cogió en volandas como si fuera una pluma. Me agarré de su cuello y empecé a besarse mientras su tronco me penetraba y mi cuerpo se movía de arriba abajo contra su pecho. Me sentí liviana con mis pechos aplastados contra su torso gritando como una loca mientras el sonido sordo de su pene me taladraba sin piedad. Mi marido estaba muy excitado, atado al volante viendo todas las escenas como si de una película porno se tratara. Su pene estaba a punto de reventar la cremallera pero al estar atado no podía masturbarse.

Después de varios minutos en volandas me empotró contra un árbol cercano, arañando su espalda y dejando los surcos de mis uñas en su piel. Él se quejó un poco y me embistió con furia y las hojas del árbol empezaron a caer sobre nosotros, mis gritos eran más fuerte cada vez hasta que me corría al instante mientras bufaba y me llevaba a los asientos traseros del coche. Uno de sus compañeros abrió la puerta y me dejó boca arriba con las piernas colgando fuera del vehículo y otra vez se fueron turnando varios agarrando mis muslos para penetrarme. El coche se movía bastante al mismo tiempo que por la otra puerta trasera avanzaba otro grupo de ellos para que les hiciese una felación. Alguno de ellos incluso comía mis pechos y me besaba mientras yo agitaba su pene con fuerza fruto del placer de las embestidas. Llegó el turno del hombre que me había cogido en volandas, sabía que era el al notar el grosor y longitud de su enorme pene. Pegué un grito y puse caras de dolor al notarla aunque se convirtieron en placer a los pocos segundos de deslizarse por mi vagina. Sacó su pene y se sentó en los asientos con su pene apuntando al techo. Le hice una felación mientras agarraba mi cabello con más delicadeza que el resto. Me deleité como nuca en su pene haciendo que gimiera de placer mientras lamía el tronco y me comía su glande lentamente. Cogí mis pechos y le hice una cubana lentamente mientras comía su punta cuando salía de mis ubres. Le sonreí y me subí encima colocándomela en la entrada. Entré lenta y mis ojos se nublaron de placer mientras le cabalgaba agarrándome el pelo sin tener prisa por correrme. Notaba todo su grosor cuando entraba y me corrí a los pocos minutos sin necesidad de nada más que el roce de su pene pero quería tenerla dentro y seguí montándole.

Sus compañeros empezaron a mosquearse un poco viendo como acaparaba todo el protagonismo agarrándose los penes y agitándolos. Mi marido mientras tanto veía la escena por al retrovisor, totalmente empalmado mientras intentaba zafarse de las ataduras con bastante disimulo. Mi ritmo se incrementó haciendo tambalearse el coche de un lado a otro, gritado como nunca había gritado mientras estiraba el cuerpo hacia atrás y él comía mis pezones haciendo que se pusieran como cantos rodados. Mis orgasmos iban y venían sin manifestarse aunque el chapoteo de mi sexo iba creciendo por momentos, manchando la tapicería del coche. Tuve un orgasmo delicioso, mis piernas temblaba, el calor ardía en mi sexo queriendo bocanadas de aire para sofocarlo. De pronto los hombres empezaron a discutir entre ellos.

La escena era bastante rocambolesca, viendo hombres de color en mitad de la selva, desnudos discutiendo por una mujer. Mi marido que tenía ya una de las manos libres mordió sus ataduras y logró liberarse. Vio la llave puesta y sin pensárselo dos veces encendió el motor y arrancó el coche derrapando. Los hombres se quedaron de piedra, desnudos, viendo como nos alejábamos a toda velocidad. Se empezaron a vestir con prisas y cogieron el otro vehículo y hubo una persecución por la selva a gran velocidad. Mi marido no sabía dónde iba solo pensaba en alejarse lo más posible. Se escuchaban disparos que impactaban en los faros traseros. Se acercaba cada vez más y mi marido me dijo que me agarrara bien, pegó un frenazo y la parte frontal del todo terreno impacto con la parte trasera del coche desplazándome contra el asiento del copiloto. El coche quedó deformado por la parte trasera pero su vehículo empezó a soltar líquidos de todo tipo y a salir un humo claro. A los pocos metros se detuvo mientras nuestro coche avanzaba a duras penas alejándose. Del golpe perdí un poco el conocimiento y cuando desperté el coche estaba detenido en un lateral de la carretera y mi marido intentaba espabilarme para que nos fuéramos lo antes posible. Cogí ropa de la maleta que teníamos en el maletero, un poco de agua y la documentación y nos alejamos del coche.

Caminamos horas por el camino hasta que empezamos a salir de la selva y entrar en una sabana con la hierba alta y un árbol que se podía ver a medio camino. De repente entramos en una ciénaga empezaron a picarnos mosquitos de todo tipo y salimos corriendo agitando los brazos. Después de varios metros corriendo noté un fuerte pinchazo en el cuello, me lo palpé y me quité como una especie de dardo. La cabeza me dio vueltas y mis ojos se nublaron pero antes de perder el conocimiento pude ver un hombre de color con una especie de traje tribal de leopardo que nos miraba con una cerbatana en la mano…
Vaya reality, "La isla de las tentaciones" se queda en mantillas con vuestras experiencias vividas en ese imaginario poblado de una tribu africana, el sueño de toda mujer ardiente, ser follada por varios superdotados hombres de la raza negra, mientras el consentido marido está disfrutando del expectaculo, "sin poder ni querer" hacer nada por evitarlo.
No he podido leer nada vinculado con el sexo anal, cosa que es casi enevitable en una gran orgía, donde varios miembros bien duros andan esperando el que haya un agujero desocupado para llenarlo.
Esto me hace entender que no eres muy amante de que te follen el chiquito, para mi gusto deberías de aprovechar el éxito de tu relato y dejártelo taladrar, aunque no sea la cosa que más te ponga, pero para los que te leemos nos da un morbo añadido a tu excelente historia. 😍
 
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Vaya reality, "La isla de las tentaciones" se queda en mantillas con vuestras experiencias vividas en ese imaginario poblado de una tribu africana, el sueño de toda mujer ardiente, ser follada por varios superdotados hombres de la raza negra, mientras el consentido marido está disfrutando del expectaculo, "sin poder ni querer" hacer nada por evitarlo.
No he podido leer nada vinculado con el sexo anal, cosa que es casi enevitable en una gran orgía, donde varios miembros bien duros andan esperando el que haya un agujero desocupado para llenarlo.
Esto me hace entender que no eres muy amante de que te follen el chiquito, para mi gusto deberías de aprovechar el éxito de tu relato y dejártelo taladrar, aunque no sea la cosa que más te ponga, pero para los que te leemos nos da un morbo añadido a tu excelente historia. 😍
Lo tendré en cuenta para la tercera y última parte del relato ;);););)
 
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