Adicta a la Enorme Verga de mi Suegro - Capítulo 001
Me casé muy joven, a los 23 años. Mi esposo tiene la misma edad que yo. Sus padres lo tuvieron igualmente muy jóvenes, a los 18 años. Ambos tenían 41 años cuando me casé. A pesar de ser padres jóvenes, terminaron sus estudios. Mi suegro es ingeniero (como mi esposo) y mi suegra administradora (como yo).
Cuando decidimos casarnos, mi esposo y yo compramos un departamento muy cerca de donde viven mis suegros. Amplio y lindo, en preventa, a un excelente precio, pero que nos lo entregarían al menos 6 meses después del matrimonio. Mi esposo fue un chico genio en la universidad y tenía ya un muy buen sueldo. Yo tenía un empleo por las tardes, de 6 horas, empezábamos muy bien nuestra vida conyugal.
Decidimos vivir esos primeros meses donde mis suegros. A pesar de haber tenido a Diego muy jóvenes, no tuvieron más hijos. Mi suegra y mi esposo salían temprano a sus trabajos. Mi suegro ya era un consultor independiente y sólo salía a reuniones. Yo por las mañanas me quedaba en casa.
Los dos primeros meses, todo normal. A partir del segundo mi suegro, cuando nos quedábamos solos, empezó a pasearse en bóxer por el departamento. Debo reconocer que eso me calentaba, se le veía un enorme paquete que no tenía mi esposo. Mi morbo se me iba al cielo al verlo. Algunas veces salí de mi habitación en pijamita ligera y se que lo provocaba. Pero jamás pasó nada. Finalmente nos mudamos con Diego y listo. Esos recuerdos quedaron.
Por varios años, eventualmente, venía la imagen de mi suegro a mi mente. Cuando empecé a ponerle cuernos a Diego, esa imagen se hizo más recurrente.
Hace cuatro años, cuando ya tenía 33 años, Diego viajó a Argentina un par de semanas, a una especialización. Decidimos que fuera donde mis suegros a pasar esos días, para estar acompañada y, además, para que los niños pasen días con ellos.
Por esas cosas del destino, luego de la Pandemia, yo aún estaba en régimen híbrido, tres días a la semana en oficina y dos trabajando desde casa. Cuando los niños se iban al colegio y mi suegra a su trabajo, volvíamos mi suegro y yo a quedarnos solos.
La primera mañana que tuve home office, volvió a exhibirse en bóxer. Ya algo más grueso de cuerpo, pero con el enorme paquete allí, tentador, haciéndome morir de deseo. La siguiente mañana que me tocó home office, me quedé en pijamita. Ligera, semi transparente, turquesa claro. Debajo una tanguita negra que sabía contrastaba.
Mi suegro pasó un par de veces a mi lado en bóxer. La tensión era brutal. La sentía cortante en el ambiente. Finalmente, mientras lavaba los servicios del desayuno, sentí que se pegó a mi cuerpo, como para sacar un vaso de la alacena. Su enorme verga estaba erecta y la sentí entre mis nalgas. Suspiré.
No fueron necesarias palabras. Me bajó el short de pijama y la tanga. Me empujó con sus manos hacia adelante. Me ensalivó la concha. En ese punto, no era necesario. Me penetró. Sentir esa verga tan grande, con la que había fantaseado tanto, me hizo gemir en segundos. Me llevó a un orgasmo en pocos minutos. El siguió y siguió. Sin palabras. Sólo detrás de mí. Llenándome la concha y regalándome un segundo orgasmo.
Me quebró más hacia adelante. Sentí que ensalivaba mi culito. Le dije “no don Alberto, por allí no”. No me hizo caso, la puso y la empujó rápidamente. Sentí algo de dolor. Estaba muy excitada pero su verga era muy grande. Cuando el dolor paso, sentí un placer inmenso y un primer orgasmo por mi cola. Siguió unos minutos más así, sin decir nada, y en mi segundo orgasmo me llenó de leche.
Ese año nos tocó pasar navidad donde mis suegros. Llegamos a su casa hacia las 8pm. Como hacía calor esa noche, fui con un vestido corto, serio y formal, azul oscuro, no traslucido, pero sexy a la vez. Desde que llegué, mi suegro me desnudó con su mirada.
Los chicos estaban inquietos y Diego los llevó a ver las luces navideñas en las calles, que en el barrio donde viven mis suegros son muy lindas.
Me quedé apoyando a mi suegra en las mil cosas que suele hacer antes de cualquier cena importante. Limpiar la platería, poner a punto la cristalería. Ordenar la mesa y el comedor. Preparamos el chocolate. Hacia las 9.00pm estaba ya todo listo y justo la llama su mejor amiga para decirle que estaba listo el enrollado de pavo que había mandado a preparar. Mi suegro se ofreció para recogerlo y ella le dijo que no, que ella iría. Me ofrecí a acompañarla y tampoco aceptó, que no me moleste.
Su amiga vivía a unas pocas cuadras. Supongo tendrían algo que conversar o simplemente un saludo personal de navidad. Sabía que serían unos 20 ó 25 minutos entre ida, conversa y vuelta.
Ni bien mi suegra salió de casa mi vagina se humedeció. Un instante después mi suegro me cogió por la espalda, me dio vuelta, me beso apasionadamente mientras sus manos me cogían las nalgas. Estábamos desesperados, yo no había pensado coger esa noche, él (me lo dijo), tampoco. Pero los eventos nos dieron esa oportunidad.
Me bajó la tanga y la tiró al piso, sentí sus manos y sus dedos recorriendo mis nalgas y entre ellas. Estaba a mil de calentura. Por precaución él cerró la puerta de la calle con pestillo. Llamé a Diego, le pregunté como iba con los niños, me respondió que en unos 25 minutos volvían a casa.
Pocas veces escuchar a mi esposo me ha calentado así. Saber que me regalaba 25 minutos con su papá terminó de ponerme en modo puta.
Mientras hablaba con Diego, el Sr. Pedro (desde que lo conocí traté así a mi suegro de “señor”) se había sacado el pantalón y el bóxer.
Se sentó sobre el sofá y me arrodillé frente a él. Comencé a lamerle sus huevos grandes y sabrosos. Seguí lamiendo su verga, mirándolo a los ojos directamente. Su rostro lleno de placer me excitaba mucho. Me sentía sumisa y entregada a él. En ese momento solo el Sr. Pedro me importaba.
Me metí su verga a la boca, nunca podía con toda. Pero disfrutaba tanto jugando con mi lengua sobre ella, entre mis labios, que me perdí del mundo. Él me levantó y me acomodó de espaldas a él. Con sus manos fuertes me acercó a su cuerpo y mi concha chorreante recibió su verga sabrosa. Me penetró hasta el fondo en un instante y comencé a gemir y decirle que él, ÉL, el sr. Pedro era mi marido.
El comenzó a decirme Nicole, mi Nicole, que rica nuera me tocó y eso me calentaba más y más. Me levanté y me di vuelta para sentarme sobre su verga, mirándolo y a la vez besándolo. Tuve un delicioso orgasmo. Me levantó tras el mismo y me acomodó como perrita sobre el sofá. Se arrodilló detrás de mi y me metió un par de lengüetazos al culito. Se levantó, separó mis nalgas con sus manos y acomodó su verga inmensa en mi hoyito ansioso y me perforó.
Me hizo dar grititos contenidos, mientras me disfrutaba y me llenaba toda. Sentía como electricidad recorriéndome toda, me vino un orgasmo fuerte, intenso, que se juntó con su eyaculación dentro de mi culo satisfecho.
Me dio un beso sobre el cabello y fue hacia su cuarto. Mi tanga seguía en el piso. La levanté. Saqué el pestillo de la puerta, fui al baño de visitas. Oriné. Me limpié lo mejor que pude. Sali y me senté en la sala. Mi suegra llegó al rato. Me preguntó por el Sr. Pedro, le dije que había ido a su cuarto, ella mascullo “viejo maleducado”. Poco después llegaron Diego con mis hijos.
La empresa donde trabajo nos da un día libre cuando cumplimos años. El año pasado, cuando cumplí 37, Diego estaba en un viaje de trabajo. Llegaría por la tarde y habíamos acordado ir a cenar con los chicos.
Me desperté, los alisté para el colegio. Los despaché y me quedé sola en el departamento. Aprovechando que Diego estaba de viaje, había quedado en “almorzar” con un amigo. Pero la mañana se me iba haciendo muy larga.
Hacia las 9.30am, tocan la puerta. Abrí y me encontré frente a mi suegro. Me abrazó y pasó, ni bien cerré la puerta, nos besamos y me apretó las nalgas. Él sabía que estaría sola por la mañana, pero no me había dicho para encontrarnos. Fue una sorpresa grata saber que mi primer regalo de cumpleaños sería su enorme verga.
Me entregó un regalo y me dijo, anda al cuarto, pontelo y vienes.
Se sentó en el sofá. Obediente fui al cuarto, abrí el regalo. Era un babydoll, turquesa, muy sexy, muy lindo. Muy fino. Seguro muy caro. Me sentí halagada. Me desnudé rápido y me lo puse. Me miré en el espejo y me vi deslumbrante. Me sentí hermosa y sensual. Me quedaba perfecto, parecía hecho para mi talla, mis formas, mi piel.
Salí y mi suegro me miró con deseo. Me dijo que me veía fabulosa. Se puso de pie y nos empezamos a besar apasionadamente. Estaba pletórica de dicha. Tenía al hombre que más me hacía disfrutar en mi casa y sabía que lo haríamos en mi cama, lo que siempre me daba mucho morbo.
Mi suegro fue al bar de Diego y se sirvió un vaso de whisky con hielo. Se sentó en el sofá y me pidió que pusiera música. Como he comentado, mi suegro es bastante joven. Tiene sólo 55 años. Le puse la música que le gusta, rock de los 80s en inglés. Me senté a su lado y nos besamos y acariciamos.
Me pidió que me ponga de pie. Me dijo que deseaba ver como lucía el baby doll.
Me sentí halagada. Me puse de pie frente a él y le modele. Le bailé un poco. Se puso de pie, lo cogí de la mano y lo llevé a mi habitación conyugal. Me senté sobre la cama, le desabroché el pantalón y se lo bajé junto con su boxer. Deje libre, enorme, frente a mi, la verga que me ponía loca. Me arrodillé sobre el piso y comencé a chupársela, mirándolo hacia arriba, a sus ojos, en los que veía el placer que le estaba dando.
Me pidió que me levante. Lo obedecí. Con delicadeza me acomodó como perrita al borde de la cama. Seguía con el baby doll y me sentía muy muy sexy. Puso de costado la tanguita y me empezó a untar saliva en mi culito. Siempre lo hacía luego de un buen rato de cogerme por mi concha, me sorprendió pero sentí era una forma distinta por mi cumpleaños.
Se arrodilló detrás de mí y me lamió el culito. Estaba ya ardiendo de deseo. Sentir su lengua en los pliegues de mi culito ansioso y explorando hacia adentro me abrió toda. Cuando se puso de pie y empezó a empujar su verga gruesa dentro de mi, todo fluyó, estaba lista.
Sentí como me llenaba toda. Como todo mi ser vibraba y se entregaba. Sentí ardor pero a la vez un inmenso placer. En instantes tenía ya todo dentro. Sentía sus muslos pegados a mis nalgas, tenía su enorme verga, entera, entre mis nalgas, llenándome mi culito.
Se quedó quieto por un minuto o algo más, yo gemía. Comencé a moverme, de adelante hacia atrás. Comencé a sobar mis nalgas en su vientre y muslos. Me cogió las nalgas con ambas manos y sin ningún aviso empezó a moverse violentamente.
Me decía que era su niña, su puta, su nuera, su tesoro, su primor, su bombón, su ramera. Me decía cosas tiernas y me trataba como puta, todo a la vez, moviéndose con violencia, haciéndome arder el culo.
Habíamos quedado en hacer un full day a Canta, un lindo pueblo andino a un par de horas de Lima. Mi esposo, yo, nuestros dos hijos; acompañados de mi suegro y mi suegra.
Justo el día del paseo empezó mi periodo menstrual. No me genera molestias, salvo las propias del sangrado. La única restricción es que limita mi actividad sexual pues NO me agrada tener relaciones durante el período. Me siento sucia y me resulta poco atractivo hacerlo.
Tenemos una camioneta con tres filas de asientos. Mi esposo es quien manejaba. Le pedimos a mi suegro que viaje a su lado; pero prefirió ir en la última fila. Me senté junto a Diego, mi suegra y mis dos hijos en la segunda fila de asientos y mi suegro, sólo en la última.
Durante el viaje me mandó un mensaje por wsp, diciéndome que estaba caliente y quería coger conmigo. Le respondí que estaba con mi período menstrual y no me sentía con ganas. Inmediatamente me respondió “mejor mamita, para eso está la colita”. No le respondí y me dediqué a charlar con Diego.
El viaje, hasta salir de Lima es tedioso. Por zonas muy feas. A pesar que habíamos madrugado y salido de casa poco después de las 6pm ya había mucho tráfico y recién hacia las 7.30 pasamos Carabayllo, por donde iba bastante asustada.
Al salir de la ciudad todo cambia. Es un valle muy hermoso, realmente muy agradable. Si bien es una carretera en ascenso, no tiene muchas curvas. Paramos a desayunar junto a la carretera, en Santa Rosa de Quives. Estuvo muy rico y fue un momento agradable en familia.
Cuando retomamos el viaje, mis hijos y mi suegra se quedaron dormidos. Yo seguía charlando con Diego. En algún momento se me ocurrió ver mi wsp. Descubrí un mensaje de mi suegro, donde me enviaba una foto de su sabrosa verga. Se la había sacado del pantalón y tomado la foto aprovechando que mi suegra y mis hijos dormían.
Diego manejaba a mi lado y me perturbó ver la foto. No le respondí. Seguí charlando con mi esposo, pero no podía sacarme de la mente lo que había visto ni lo que me había dicho antes “que para eso está la colita”.
Llegamos a Canta, fuimos hacia una zona de camping y empezamos el día. Estuvimos caminando por el río, luego por la zona cercana. Y preparando las cosas para la parrilla. Poco antes de las 12.00 mi esposo y mis hijos decidieron ir a hacer un trekking. Les tomaba como hora y media. Mis suegros y yo decidimos quedarnos.
Al rato mi suegra decidió dormir un poco en la camioneta. Mi suegro y yo nos quedamos conversando en una de las mesas. Había muy poca gente aún. Nosotros habíamos salido temprano y por eso el local estaba medio vacío aún.
El Sr. Pedro empezó a decirme que quería cogerme. Le reiteré que estaba con mi período y que no tenía ganas. Pero él siguió insistiendo y ofreciendo alternativas.
· Nos metemos a un baño, solo bájate un poco el jean y yo me encargo de todo.
· Jaja, esta loco Sr. Pedro, su esposa está acá cerca.
· Pero duerme y sabes que tiene el sueño pesado. Dale nena, unos minutos nomás
· Pero estoy con mi período, se lo dije, no me resulta cómodo hacerlo así.
· De pie, contra la pared, no te saques nada, sólo te bajas un poco el jean y voy por tu colita.
· Que no don Pedro, no me resulta cómodo.
Siguió insistiendo unos minutos y, finalmente accedí. No estaba convencida, pero el Sr. Pedro siempre me ha dado mucho placer.
Fue al auto a ver como estaba mi suegra. Seguía profundamente dormida.
Fuimos hacia los baños. Había varios individuales, de uso mixto. Se percató que nadie estuviera mirando y nos metimos a uno de ellos. Estaba algo oscuro y le pedí que no prendiera la luz.
Mientras se desabrochaba el pantalón hice lo que me había pedido. Me bajé el jean y un poco el calzón. Me pegué a la pared y me quebré un poco, empinando el culo para que pudiera usarlo rápidamente.
No estaba excitada y pensaba que sería incómodo. Pero quería complacerlo. El se puso detrás de mí, comenzó a hablarme al oído y recorrer con su lengua mis orejas y cuello. Eso me excitó un poco. Con sus dedos me ensalivó el culito y sin más previos puso la cabezota en la entrada y poco a poco la fue empujando.
No estaba excitada para tener sexo anal. Pero tampoco podía dar marcha atrás. Me dolió bastante. Pero él siguió y logró meterla toda. Me seguía doliendo mucho. Pero a la vez quería complacerlo.
Él comenzó a moverse y yo estaba quieta. Solo recibiendo su verga y sus movimientos. Comencé a excitarme y finalmente tras unos minutos tuvimos un orgasmo juntos. Pase del no quiero al gracias, supongo como a todas nos pasa.
Sacó su verga. La lavó en el lavatorio (pobre el que entró después) y salió. Yo me limpié con papel y aproveché para cambiarme la toalla higiénica. Me tomé unos minutos tratando de limpiarme lo mejor posible. Cuando volví a la camioneta, mi suegra ya había despertado y charlaba con mi suegro. Unos 10min después llegaron mi esposo y mis hijos y empezamos la preparación de la parrilla.
Era el primer día de clase de mis hijos. La movilidad los recogía a las 7.10am. Desde las 6.30 me puse a pelear con ellos para que se alisten. A regañadientes lo hicieron y, finalmente, a las 6.50am estaban desayunando.
Justo a esa hora sonó el timbre. Me pareció muy raro que alguien llegué tan temprano, pero lidiando con los niños, no le di más importancia. Diego fue a abrir. Era su papá. Mis hijos salieron corriendo a saludarlo. Les traía chocolates y otros dulces por su primer día de clases.
Mi concha se alegró tanto como mis hijos. Se que los adora, son sus únicos nietos y creo (incluso ahora, varios días después) que tuvo la sana intención de alegrarles su primer día de clases, pero tampoco soy ingenua. Él venía por el premio mayor.
Nos saludamos, me abrazó fuertemente. Mis pezones chocaron con su pecho y se pusieron tiesos. Estaba sólo en pijama. Como aún era verano, las noches estaban todavía muy calientes y solo tenía un pijama muy ligero, short y blusita, de satén, muy muy coqueto conjunto. Debajo, solo una tanguita ya muy sucia y sudada seguro.
Diego estaba corriendo con su desayuno. Él sale a trabajar hacia las 7.20am, entra a las 8.00am y su oficina queda relativamente lejos. Entre comer y ajustar a los niños no prestó atención a lo mucho que me excité. De hecho, quizás si hubiese sido otro hombre el que llegaba, habría sentido recelos de que me viera así, tan ligera de ropas, pero era su padre.
Los siguientes minutos, hasta que los niños se tomaron su movilidad, fueron de locos. Cuando partieron, Diego terminó su café. Habló un poco con su padre. Mientras tanto yo lavaba los servicios. Antes de partir le dijo al señor Pedro “papá come algo antes que te vayas”. El le respondió, “claro hijo, Nicole siempre me atiende muy bien”.
Supongo Diego entendió el mensaje de una forma muy distinta. Le dio un beso en la mejilla y partió. Yo seguía en el lavatorio, lavando los servicios del desayuno.
Antes que pudiera reaccionar, el Sr. Pedro se puso detrás de mí y sus manos cogieron mis senos. Sintió mis pezones tiesos y me dijo “perrita ya me esperas”. Sólo suspiré y no le respondí.
Con la habilidad de sus años. Me sacó rápidamente la blusa y me bajó el short del pijama. Quise darme la vuelta para besarlo y me detuvo, me dijo quédate quieta perrita.
Lo obedecí. Como siempre. Me quede quieta. Me manoseo mientras besaba mi cuello y su lengua jugueteaba con mis orejas. Estaba gimiendo y chorreando. Totalmente entregada a mi suegro.
Puso una mano sobre mi tanga y al sentirla tan húmeda, supongo pensó con algo de maldad, y me dijo “perrita, hoy tu conchita no recibirá visita”. Entendí el mensaje. Más de una vez me había cogido solo por mi colita. Y siempre había sido muy placentero. Nunca antes en mi cocina, así, de pie sobre el lavabo y esa idea llenó mi cabeza.
Perdí un poco la noción de la realidad. Me dejaba hacer, tocar, besar, lamer. Habrán sido unos 5 minutos hasta que finalmente me bajó la tanga. Empezó a acariciar mi culito con sus dedos y, tras ponerles un poco de saliva, me metió dos. Entraron sin ninguna dificultad. Mi respiración se aceleró y él no esperó más.
Me inclinó sobre el lavabo. Con sus piernas separó un poco las mías. Unto más saliva con sus dedos (me hubiera hecho tan feliz una lamida, pero él nunca me las hace). Me inclinó un poco más hacia adelante. Puso su gruesa cabeza en la entrada de mi culito y comenzó a jugar allí sin penetrarme. Empezó a hablar
· Pídeme Nicole, pídeme que te culee.
· Señor Pedro cójame.
· No, así no. Pide bien puta de mierda.
· Señor Pedro, cójame por el culo.
· No perra, pide bien.
· Señor Pedro, por favor métamela al culo
· Ruega perra ruega
· Señor Pedro, por favor reviénteme el culo, lléneme con su verga
· ¿Que soy puta de mierda?
· Es mi suegro, mi dueño señor Pedro
· ¿Qué soy?
· Mi suegro
Y empujó. Sentir como quebró mis defensas y entró fácilmente fue delicioso. Puro placer anal. Sin dolor. Mi excitación estaba al límite y podría decir que sentí cada centímetro de su verga entrando en mi culito. Como siempre, tuve un orgasmo muy rápido, diría que casi al instante que la tuve toda adentro.
Luego el siguió y siguió. Me nalgueaba fuerte. No me importaba. Vería a Diego por la noche, en ese tiempo ya se borrarían las señales. Me escupía, me decía que era una perra infiel, una puta de mierda, una ramera. Llegué y volvía llegar y finalmente él se vino dentro de mi culito.
Se quedó quieto un instante y cuando su verga empezó a suavizarse, la sacó. Fue al baño de visitas y se lavó sobre el lavatorio. Yo me quedé temblando. Me quedaban pocos minutos para terminar de lavar los servicios, ducharme y salir al trabajo.
Mañana domingo se celebra el día de la madre en Perú. Ayer viernes fue la actuación en el colegio de mis hijos. La organizaron terminando su horario de clases. De 3pm a 4.30pm.
En la oficina donde trabajo, a las mujeres que somos madres nos dieron libre desde el almuerzo. Casi todas teníamos actuaciones en los colegios de nuestros hijos. En mi caso, pensaba ir sola, Diego llegaría por la noche, pues estaba en un viaje de trabajo. Finalmente, mi suegra decidió acompañarme, pues mis dos hijos son sus únicos nietos y con ella venía mi suegro.
Siendo un día de celebración con los niños, no pensé que podría llegar a pasar algo.
Mi suegro y mi suegra me recogieron del trabajo. Como la ceremonia en el colegio de los niños era a las 3.00pm aprovechamos para almorzar juntos. Todo bien. Me llevo muy bien con ambos (bueno, con mi suegro demasiado bien) y fue un almuerzo agradable. Tomamos un vino y estábamos contentos. Luego fuimos a la actuación, que estuvo muy linda.
Al terminar, los niños quisieron ir al KFC a comer. Les dimos el gusto.
Hacia las 6pm llegamos a casa. Diego llegaría hacia las 8pm. Su vuelo llegaba a las 7pm y con el tráfico de viernes, quizás una hora hasta el departamento. Estuvimos conversando en la sala con mis suegros, esperándolo; mientras tanto los niños jugaban.
En eso mi suegra decidió preparar un ají de gallina, que es el plato favorito de Diego. Les dijo a los niños que la ayuden y ellos felices. Como faltaban algunos ingredientes, decidió ir con ellos al supermercado. Como tantas otras veces, mientras escuchaba las coordinaciones, la panocha se me iba humedeciendo. Imaginaba que me quedaría a solas con mi suegro y eso siempre termina siendo sabroso.
Fue así. Mi suegro ni siquiera intentó decir que los acompañaría. Mi suegra y los niños se fueron al supermercado. Queda muy cerca, pero al menos teníamos unos 20 minutos de pasión a solas.
Nos pusimos de pie ambos. Fue como instintivo. Todo el proceso habíamos estado sentados en el sofá, uno a cada lado. Nos besamos y empezó a manosearme las nalgas. Luego me desabrochó la blusa y bajo mi brasiere. Con mis senos al aire, empezó a lamer y mordisquear mis pezones. Eso me recalentó. Mientras tanto, le desabroché el pantalón, se lo bajé junto con su bóxer y comencé a jugar con su verga.
Le pedí que se siente y, arrodillada sobre la alfombra, se la chupe. Olía fuerte. Estaba sudada. A pesar de ser ya mayo, está haciendo mucho calor en Lima. Mi suegro estaba sudado, muy sudado y su verga muy húmeda y olorosa. Tenía también un ligero sabor a orín. Me vino a la mente que al llegar a casa había ido al baño a orinar y eso me excitó aún más. Estaba disfrutando hacerle el oral en mi casa, lo estaba gozando y mucho. No medí el tiempo y mi suegro, que quería penetrarme me lo dijo
Nicole, van a volver pronto. Vamos a la habitación.
Aunque mamarle su verga sudada y meada me estaba dando mucho placer. Prefería ser penetrada. Lo obedecí. Fuimos a mi habitación. La que comparto con Diego. La cama estaba desordenada. No la había tendido al salir de casa hacia el trabajo. Sobre ella había una tanga sucia mía, del día anterior. Él la cogió y me la puso sobre la cara.
Olerla me puso aún más puta. Me acomodé rápido en 4 patas, al borde de la cama. Me unto algo de saliva en la concha y sin más me penetró. Como cada vez, sentir su verga tan larga y gruesa me emputeció. Me volví una cualquiera en ese momento y le supliqué que me la meta al culo.
Sentí que él dudaba. Mi suegra estaba al llegar. Los niños con ella. Y Diego poco después. Le iba a quedar olorosa. Se lo volví a rogar.
Cójame por el culo suegrito. Deme por el culo. Lléneme el culo.
Sentí sus dedos untar saliva y antes que piense en algo más. Me llenó el culo. De golpe. Toda su verga enorme entró. Estaba muy excitada pero igual sentí ese dolorcito que se transforma en un placer tan intenso. Comenzó a insultarme a decirme lo que siempre me dice, que soy una ramera de mierda, una puta miserable, una cualquiera. Que no merezco a Diego. Y con sus palabras ofensivas y su verga dentro, me vine. Felizmente el se vino conmigo.
Me levanté rápido y fui al baño. Cogí los pañitos húmedos y le limpié la verga. Tenía rastros de caca. Lo miré a los ojos y sonrió. Se la dejé lo más limpia que pude. Volvió a la sala y, cuando mi suegra e hijos llegaron, yo estaba duchándome.
Me casé muy joven, a los 23 años. Mi esposo tiene la misma edad que yo. Sus padres lo tuvieron igualmente muy jóvenes, a los 18 años. Ambos tenían 41 años cuando me casé. A pesar de ser padres jóvenes, terminaron sus estudios. Mi suegro es ingeniero (como mi esposo) y mi suegra administradora (como yo).
Cuando decidimos casarnos, mi esposo y yo compramos un departamento muy cerca de donde viven mis suegros. Amplio y lindo, en preventa, a un excelente precio, pero que nos lo entregarían al menos 6 meses después del matrimonio. Mi esposo fue un chico genio en la universidad y tenía ya un muy buen sueldo. Yo tenía un empleo por las tardes, de 6 horas, empezábamos muy bien nuestra vida conyugal.
Decidimos vivir esos primeros meses donde mis suegros. A pesar de haber tenido a Diego muy jóvenes, no tuvieron más hijos. Mi suegra y mi esposo salían temprano a sus trabajos. Mi suegro ya era un consultor independiente y sólo salía a reuniones. Yo por las mañanas me quedaba en casa.
Los dos primeros meses, todo normal. A partir del segundo mi suegro, cuando nos quedábamos solos, empezó a pasearse en bóxer por el departamento. Debo reconocer que eso me calentaba, se le veía un enorme paquete que no tenía mi esposo. Mi morbo se me iba al cielo al verlo. Algunas veces salí de mi habitación en pijamita ligera y se que lo provocaba. Pero jamás pasó nada. Finalmente nos mudamos con Diego y listo. Esos recuerdos quedaron.
Por varios años, eventualmente, venía la imagen de mi suegro a mi mente. Cuando empecé a ponerle cuernos a Diego, esa imagen se hizo más recurrente.
Hace cuatro años, cuando ya tenía 33 años, Diego viajó a Argentina un par de semanas, a una especialización. Decidimos que fuera donde mis suegros a pasar esos días, para estar acompañada y, además, para que los niños pasen días con ellos.
Por esas cosas del destino, luego de la Pandemia, yo aún estaba en régimen híbrido, tres días a la semana en oficina y dos trabajando desde casa. Cuando los niños se iban al colegio y mi suegra a su trabajo, volvíamos mi suegro y yo a quedarnos solos.
La primera mañana que tuve home office, volvió a exhibirse en bóxer. Ya algo más grueso de cuerpo, pero con el enorme paquete allí, tentador, haciéndome morir de deseo. La siguiente mañana que me tocó home office, me quedé en pijamita. Ligera, semi transparente, turquesa claro. Debajo una tanguita negra que sabía contrastaba.
Mi suegro pasó un par de veces a mi lado en bóxer. La tensión era brutal. La sentía cortante en el ambiente. Finalmente, mientras lavaba los servicios del desayuno, sentí que se pegó a mi cuerpo, como para sacar un vaso de la alacena. Su enorme verga estaba erecta y la sentí entre mis nalgas. Suspiré.
No fueron necesarias palabras. Me bajó el short de pijama y la tanga. Me empujó con sus manos hacia adelante. Me ensalivó la concha. En ese punto, no era necesario. Me penetró. Sentir esa verga tan grande, con la que había fantaseado tanto, me hizo gemir en segundos. Me llevó a un orgasmo en pocos minutos. El siguió y siguió. Sin palabras. Sólo detrás de mí. Llenándome la concha y regalándome un segundo orgasmo.
Me quebró más hacia adelante. Sentí que ensalivaba mi culito. Le dije “no don Alberto, por allí no”. No me hizo caso, la puso y la empujó rápidamente. Sentí algo de dolor. Estaba muy excitada pero su verga era muy grande. Cuando el dolor paso, sentí un placer inmenso y un primer orgasmo por mi cola. Siguió unos minutos más así, sin decir nada, y en mi segundo orgasmo me llenó de leche.
Ese año nos tocó pasar navidad donde mis suegros. Llegamos a su casa hacia las 8pm. Como hacía calor esa noche, fui con un vestido corto, serio y formal, azul oscuro, no traslucido, pero sexy a la vez. Desde que llegué, mi suegro me desnudó con su mirada.
Los chicos estaban inquietos y Diego los llevó a ver las luces navideñas en las calles, que en el barrio donde viven mis suegros son muy lindas.
Me quedé apoyando a mi suegra en las mil cosas que suele hacer antes de cualquier cena importante. Limpiar la platería, poner a punto la cristalería. Ordenar la mesa y el comedor. Preparamos el chocolate. Hacia las 9.00pm estaba ya todo listo y justo la llama su mejor amiga para decirle que estaba listo el enrollado de pavo que había mandado a preparar. Mi suegro se ofreció para recogerlo y ella le dijo que no, que ella iría. Me ofrecí a acompañarla y tampoco aceptó, que no me moleste.
Su amiga vivía a unas pocas cuadras. Supongo tendrían algo que conversar o simplemente un saludo personal de navidad. Sabía que serían unos 20 ó 25 minutos entre ida, conversa y vuelta.
Ni bien mi suegra salió de casa mi vagina se humedeció. Un instante después mi suegro me cogió por la espalda, me dio vuelta, me beso apasionadamente mientras sus manos me cogían las nalgas. Estábamos desesperados, yo no había pensado coger esa noche, él (me lo dijo), tampoco. Pero los eventos nos dieron esa oportunidad.
Me bajó la tanga y la tiró al piso, sentí sus manos y sus dedos recorriendo mis nalgas y entre ellas. Estaba a mil de calentura. Por precaución él cerró la puerta de la calle con pestillo. Llamé a Diego, le pregunté como iba con los niños, me respondió que en unos 25 minutos volvían a casa.
Pocas veces escuchar a mi esposo me ha calentado así. Saber que me regalaba 25 minutos con su papá terminó de ponerme en modo puta.
Mientras hablaba con Diego, el Sr. Pedro (desde que lo conocí traté así a mi suegro de “señor”) se había sacado el pantalón y el bóxer.
Se sentó sobre el sofá y me arrodillé frente a él. Comencé a lamerle sus huevos grandes y sabrosos. Seguí lamiendo su verga, mirándolo a los ojos directamente. Su rostro lleno de placer me excitaba mucho. Me sentía sumisa y entregada a él. En ese momento solo el Sr. Pedro me importaba.
Me metí su verga a la boca, nunca podía con toda. Pero disfrutaba tanto jugando con mi lengua sobre ella, entre mis labios, que me perdí del mundo. Él me levantó y me acomodó de espaldas a él. Con sus manos fuertes me acercó a su cuerpo y mi concha chorreante recibió su verga sabrosa. Me penetró hasta el fondo en un instante y comencé a gemir y decirle que él, ÉL, el sr. Pedro era mi marido.
El comenzó a decirme Nicole, mi Nicole, que rica nuera me tocó y eso me calentaba más y más. Me levanté y me di vuelta para sentarme sobre su verga, mirándolo y a la vez besándolo. Tuve un delicioso orgasmo. Me levantó tras el mismo y me acomodó como perrita sobre el sofá. Se arrodilló detrás de mi y me metió un par de lengüetazos al culito. Se levantó, separó mis nalgas con sus manos y acomodó su verga inmensa en mi hoyito ansioso y me perforó.
Me hizo dar grititos contenidos, mientras me disfrutaba y me llenaba toda. Sentía como electricidad recorriéndome toda, me vino un orgasmo fuerte, intenso, que se juntó con su eyaculación dentro de mi culo satisfecho.
Me dio un beso sobre el cabello y fue hacia su cuarto. Mi tanga seguía en el piso. La levanté. Saqué el pestillo de la puerta, fui al baño de visitas. Oriné. Me limpié lo mejor que pude. Sali y me senté en la sala. Mi suegra llegó al rato. Me preguntó por el Sr. Pedro, le dije que había ido a su cuarto, ella mascullo “viejo maleducado”. Poco después llegaron Diego con mis hijos.
La empresa donde trabajo nos da un día libre cuando cumplimos años. El año pasado, cuando cumplí 37, Diego estaba en un viaje de trabajo. Llegaría por la tarde y habíamos acordado ir a cenar con los chicos.
Me desperté, los alisté para el colegio. Los despaché y me quedé sola en el departamento. Aprovechando que Diego estaba de viaje, había quedado en “almorzar” con un amigo. Pero la mañana se me iba haciendo muy larga.
Hacia las 9.30am, tocan la puerta. Abrí y me encontré frente a mi suegro. Me abrazó y pasó, ni bien cerré la puerta, nos besamos y me apretó las nalgas. Él sabía que estaría sola por la mañana, pero no me había dicho para encontrarnos. Fue una sorpresa grata saber que mi primer regalo de cumpleaños sería su enorme verga.
Me entregó un regalo y me dijo, anda al cuarto, pontelo y vienes.
Se sentó en el sofá. Obediente fui al cuarto, abrí el regalo. Era un babydoll, turquesa, muy sexy, muy lindo. Muy fino. Seguro muy caro. Me sentí halagada. Me desnudé rápido y me lo puse. Me miré en el espejo y me vi deslumbrante. Me sentí hermosa y sensual. Me quedaba perfecto, parecía hecho para mi talla, mis formas, mi piel.
Salí y mi suegro me miró con deseo. Me dijo que me veía fabulosa. Se puso de pie y nos empezamos a besar apasionadamente. Estaba pletórica de dicha. Tenía al hombre que más me hacía disfrutar en mi casa y sabía que lo haríamos en mi cama, lo que siempre me daba mucho morbo.
Mi suegro fue al bar de Diego y se sirvió un vaso de whisky con hielo. Se sentó en el sofá y me pidió que pusiera música. Como he comentado, mi suegro es bastante joven. Tiene sólo 55 años. Le puse la música que le gusta, rock de los 80s en inglés. Me senté a su lado y nos besamos y acariciamos.
Me pidió que me ponga de pie. Me dijo que deseaba ver como lucía el baby doll.
Me sentí halagada. Me puse de pie frente a él y le modele. Le bailé un poco. Se puso de pie, lo cogí de la mano y lo llevé a mi habitación conyugal. Me senté sobre la cama, le desabroché el pantalón y se lo bajé junto con su boxer. Deje libre, enorme, frente a mi, la verga que me ponía loca. Me arrodillé sobre el piso y comencé a chupársela, mirándolo hacia arriba, a sus ojos, en los que veía el placer que le estaba dando.
Me pidió que me levante. Lo obedecí. Con delicadeza me acomodó como perrita al borde de la cama. Seguía con el baby doll y me sentía muy muy sexy. Puso de costado la tanguita y me empezó a untar saliva en mi culito. Siempre lo hacía luego de un buen rato de cogerme por mi concha, me sorprendió pero sentí era una forma distinta por mi cumpleaños.
Se arrodilló detrás de mí y me lamió el culito. Estaba ya ardiendo de deseo. Sentir su lengua en los pliegues de mi culito ansioso y explorando hacia adentro me abrió toda. Cuando se puso de pie y empezó a empujar su verga gruesa dentro de mi, todo fluyó, estaba lista.
Sentí como me llenaba toda. Como todo mi ser vibraba y se entregaba. Sentí ardor pero a la vez un inmenso placer. En instantes tenía ya todo dentro. Sentía sus muslos pegados a mis nalgas, tenía su enorme verga, entera, entre mis nalgas, llenándome mi culito.
Se quedó quieto por un minuto o algo más, yo gemía. Comencé a moverme, de adelante hacia atrás. Comencé a sobar mis nalgas en su vientre y muslos. Me cogió las nalgas con ambas manos y sin ningún aviso empezó a moverse violentamente.
Me decía que era su niña, su puta, su nuera, su tesoro, su primor, su bombón, su ramera. Me decía cosas tiernas y me trataba como puta, todo a la vez, moviéndose con violencia, haciéndome arder el culo.
Habíamos quedado en hacer un full day a Canta, un lindo pueblo andino a un par de horas de Lima. Mi esposo, yo, nuestros dos hijos; acompañados de mi suegro y mi suegra.
Justo el día del paseo empezó mi periodo menstrual. No me genera molestias, salvo las propias del sangrado. La única restricción es que limita mi actividad sexual pues NO me agrada tener relaciones durante el período. Me siento sucia y me resulta poco atractivo hacerlo.
Tenemos una camioneta con tres filas de asientos. Mi esposo es quien manejaba. Le pedimos a mi suegro que viaje a su lado; pero prefirió ir en la última fila. Me senté junto a Diego, mi suegra y mis dos hijos en la segunda fila de asientos y mi suegro, sólo en la última.
Durante el viaje me mandó un mensaje por wsp, diciéndome que estaba caliente y quería coger conmigo. Le respondí que estaba con mi período menstrual y no me sentía con ganas. Inmediatamente me respondió “mejor mamita, para eso está la colita”. No le respondí y me dediqué a charlar con Diego.
El viaje, hasta salir de Lima es tedioso. Por zonas muy feas. A pesar que habíamos madrugado y salido de casa poco después de las 6pm ya había mucho tráfico y recién hacia las 7.30 pasamos Carabayllo, por donde iba bastante asustada.
Al salir de la ciudad todo cambia. Es un valle muy hermoso, realmente muy agradable. Si bien es una carretera en ascenso, no tiene muchas curvas. Paramos a desayunar junto a la carretera, en Santa Rosa de Quives. Estuvo muy rico y fue un momento agradable en familia.
Cuando retomamos el viaje, mis hijos y mi suegra se quedaron dormidos. Yo seguía charlando con Diego. En algún momento se me ocurrió ver mi wsp. Descubrí un mensaje de mi suegro, donde me enviaba una foto de su sabrosa verga. Se la había sacado del pantalón y tomado la foto aprovechando que mi suegra y mis hijos dormían.
Diego manejaba a mi lado y me perturbó ver la foto. No le respondí. Seguí charlando con mi esposo, pero no podía sacarme de la mente lo que había visto ni lo que me había dicho antes “que para eso está la colita”.
Llegamos a Canta, fuimos hacia una zona de camping y empezamos el día. Estuvimos caminando por el río, luego por la zona cercana. Y preparando las cosas para la parrilla. Poco antes de las 12.00 mi esposo y mis hijos decidieron ir a hacer un trekking. Les tomaba como hora y media. Mis suegros y yo decidimos quedarnos.
Al rato mi suegra decidió dormir un poco en la camioneta. Mi suegro y yo nos quedamos conversando en una de las mesas. Había muy poca gente aún. Nosotros habíamos salido temprano y por eso el local estaba medio vacío aún.
El Sr. Pedro empezó a decirme que quería cogerme. Le reiteré que estaba con mi período y que no tenía ganas. Pero él siguió insistiendo y ofreciendo alternativas.
· Nos metemos a un baño, solo bájate un poco el jean y yo me encargo de todo.
· Jaja, esta loco Sr. Pedro, su esposa está acá cerca.
· Pero duerme y sabes que tiene el sueño pesado. Dale nena, unos minutos nomás
· Pero estoy con mi período, se lo dije, no me resulta cómodo hacerlo así.
· De pie, contra la pared, no te saques nada, sólo te bajas un poco el jean y voy por tu colita.
· Que no don Pedro, no me resulta cómodo.
Siguió insistiendo unos minutos y, finalmente accedí. No estaba convencida, pero el Sr. Pedro siempre me ha dado mucho placer.
Fue al auto a ver como estaba mi suegra. Seguía profundamente dormida.
Fuimos hacia los baños. Había varios individuales, de uso mixto. Se percató que nadie estuviera mirando y nos metimos a uno de ellos. Estaba algo oscuro y le pedí que no prendiera la luz.
Mientras se desabrochaba el pantalón hice lo que me había pedido. Me bajé el jean y un poco el calzón. Me pegué a la pared y me quebré un poco, empinando el culo para que pudiera usarlo rápidamente.
No estaba excitada y pensaba que sería incómodo. Pero quería complacerlo. El se puso detrás de mí, comenzó a hablarme al oído y recorrer con su lengua mis orejas y cuello. Eso me excitó un poco. Con sus dedos me ensalivó el culito y sin más previos puso la cabezota en la entrada y poco a poco la fue empujando.
No estaba excitada para tener sexo anal. Pero tampoco podía dar marcha atrás. Me dolió bastante. Pero él siguió y logró meterla toda. Me seguía doliendo mucho. Pero a la vez quería complacerlo.
Él comenzó a moverse y yo estaba quieta. Solo recibiendo su verga y sus movimientos. Comencé a excitarme y finalmente tras unos minutos tuvimos un orgasmo juntos. Pase del no quiero al gracias, supongo como a todas nos pasa.
Sacó su verga. La lavó en el lavatorio (pobre el que entró después) y salió. Yo me limpié con papel y aproveché para cambiarme la toalla higiénica. Me tomé unos minutos tratando de limpiarme lo mejor posible. Cuando volví a la camioneta, mi suegra ya había despertado y charlaba con mi suegro. Unos 10min después llegaron mi esposo y mis hijos y empezamos la preparación de la parrilla.
Era el primer día de clase de mis hijos. La movilidad los recogía a las 7.10am. Desde las 6.30 me puse a pelear con ellos para que se alisten. A regañadientes lo hicieron y, finalmente, a las 6.50am estaban desayunando.
Justo a esa hora sonó el timbre. Me pareció muy raro que alguien llegué tan temprano, pero lidiando con los niños, no le di más importancia. Diego fue a abrir. Era su papá. Mis hijos salieron corriendo a saludarlo. Les traía chocolates y otros dulces por su primer día de clases.
Mi concha se alegró tanto como mis hijos. Se que los adora, son sus únicos nietos y creo (incluso ahora, varios días después) que tuvo la sana intención de alegrarles su primer día de clases, pero tampoco soy ingenua. Él venía por el premio mayor.
Nos saludamos, me abrazó fuertemente. Mis pezones chocaron con su pecho y se pusieron tiesos. Estaba sólo en pijama. Como aún era verano, las noches estaban todavía muy calientes y solo tenía un pijama muy ligero, short y blusita, de satén, muy muy coqueto conjunto. Debajo, solo una tanguita ya muy sucia y sudada seguro.
Diego estaba corriendo con su desayuno. Él sale a trabajar hacia las 7.20am, entra a las 8.00am y su oficina queda relativamente lejos. Entre comer y ajustar a los niños no prestó atención a lo mucho que me excité. De hecho, quizás si hubiese sido otro hombre el que llegaba, habría sentido recelos de que me viera así, tan ligera de ropas, pero era su padre.
Los siguientes minutos, hasta que los niños se tomaron su movilidad, fueron de locos. Cuando partieron, Diego terminó su café. Habló un poco con su padre. Mientras tanto yo lavaba los servicios. Antes de partir le dijo al señor Pedro “papá come algo antes que te vayas”. El le respondió, “claro hijo, Nicole siempre me atiende muy bien”.
Supongo Diego entendió el mensaje de una forma muy distinta. Le dio un beso en la mejilla y partió. Yo seguía en el lavatorio, lavando los servicios del desayuno.
Antes que pudiera reaccionar, el Sr. Pedro se puso detrás de mí y sus manos cogieron mis senos. Sintió mis pezones tiesos y me dijo “perrita ya me esperas”. Sólo suspiré y no le respondí.
Con la habilidad de sus años. Me sacó rápidamente la blusa y me bajó el short del pijama. Quise darme la vuelta para besarlo y me detuvo, me dijo quédate quieta perrita.
Lo obedecí. Como siempre. Me quede quieta. Me manoseo mientras besaba mi cuello y su lengua jugueteaba con mis orejas. Estaba gimiendo y chorreando. Totalmente entregada a mi suegro.
Puso una mano sobre mi tanga y al sentirla tan húmeda, supongo pensó con algo de maldad, y me dijo “perrita, hoy tu conchita no recibirá visita”. Entendí el mensaje. Más de una vez me había cogido solo por mi colita. Y siempre había sido muy placentero. Nunca antes en mi cocina, así, de pie sobre el lavabo y esa idea llenó mi cabeza.
Perdí un poco la noción de la realidad. Me dejaba hacer, tocar, besar, lamer. Habrán sido unos 5 minutos hasta que finalmente me bajó la tanga. Empezó a acariciar mi culito con sus dedos y, tras ponerles un poco de saliva, me metió dos. Entraron sin ninguna dificultad. Mi respiración se aceleró y él no esperó más.
Me inclinó sobre el lavabo. Con sus piernas separó un poco las mías. Unto más saliva con sus dedos (me hubiera hecho tan feliz una lamida, pero él nunca me las hace). Me inclinó un poco más hacia adelante. Puso su gruesa cabeza en la entrada de mi culito y comenzó a jugar allí sin penetrarme. Empezó a hablar
· Pídeme Nicole, pídeme que te culee.
· Señor Pedro cójame.
· No, así no. Pide bien puta de mierda.
· Señor Pedro, cójame por el culo.
· No perra, pide bien.
· Señor Pedro, por favor métamela al culo
· Ruega perra ruega
· Señor Pedro, por favor reviénteme el culo, lléneme con su verga
· ¿Que soy puta de mierda?
· Es mi suegro, mi dueño señor Pedro
· ¿Qué soy?
· Mi suegro
Y empujó. Sentir como quebró mis defensas y entró fácilmente fue delicioso. Puro placer anal. Sin dolor. Mi excitación estaba al límite y podría decir que sentí cada centímetro de su verga entrando en mi culito. Como siempre, tuve un orgasmo muy rápido, diría que casi al instante que la tuve toda adentro.
Luego el siguió y siguió. Me nalgueaba fuerte. No me importaba. Vería a Diego por la noche, en ese tiempo ya se borrarían las señales. Me escupía, me decía que era una perra infiel, una puta de mierda, una ramera. Llegué y volvía llegar y finalmente él se vino dentro de mi culito.
Se quedó quieto un instante y cuando su verga empezó a suavizarse, la sacó. Fue al baño de visitas y se lavó sobre el lavatorio. Yo me quedé temblando. Me quedaban pocos minutos para terminar de lavar los servicios, ducharme y salir al trabajo.
Mañana domingo se celebra el día de la madre en Perú. Ayer viernes fue la actuación en el colegio de mis hijos. La organizaron terminando su horario de clases. De 3pm a 4.30pm.
En la oficina donde trabajo, a las mujeres que somos madres nos dieron libre desde el almuerzo. Casi todas teníamos actuaciones en los colegios de nuestros hijos. En mi caso, pensaba ir sola, Diego llegaría por la noche, pues estaba en un viaje de trabajo. Finalmente, mi suegra decidió acompañarme, pues mis dos hijos son sus únicos nietos y con ella venía mi suegro.
Siendo un día de celebración con los niños, no pensé que podría llegar a pasar algo.
Mi suegro y mi suegra me recogieron del trabajo. Como la ceremonia en el colegio de los niños era a las 3.00pm aprovechamos para almorzar juntos. Todo bien. Me llevo muy bien con ambos (bueno, con mi suegro demasiado bien) y fue un almuerzo agradable. Tomamos un vino y estábamos contentos. Luego fuimos a la actuación, que estuvo muy linda.
Al terminar, los niños quisieron ir al KFC a comer. Les dimos el gusto.
Hacia las 6pm llegamos a casa. Diego llegaría hacia las 8pm. Su vuelo llegaba a las 7pm y con el tráfico de viernes, quizás una hora hasta el departamento. Estuvimos conversando en la sala con mis suegros, esperándolo; mientras tanto los niños jugaban.
En eso mi suegra decidió preparar un ají de gallina, que es el plato favorito de Diego. Les dijo a los niños que la ayuden y ellos felices. Como faltaban algunos ingredientes, decidió ir con ellos al supermercado. Como tantas otras veces, mientras escuchaba las coordinaciones, la panocha se me iba humedeciendo. Imaginaba que me quedaría a solas con mi suegro y eso siempre termina siendo sabroso.
Fue así. Mi suegro ni siquiera intentó decir que los acompañaría. Mi suegra y los niños se fueron al supermercado. Queda muy cerca, pero al menos teníamos unos 20 minutos de pasión a solas.
Nos pusimos de pie ambos. Fue como instintivo. Todo el proceso habíamos estado sentados en el sofá, uno a cada lado. Nos besamos y empezó a manosearme las nalgas. Luego me desabrochó la blusa y bajo mi brasiere. Con mis senos al aire, empezó a lamer y mordisquear mis pezones. Eso me recalentó. Mientras tanto, le desabroché el pantalón, se lo bajé junto con su bóxer y comencé a jugar con su verga.
Le pedí que se siente y, arrodillada sobre la alfombra, se la chupe. Olía fuerte. Estaba sudada. A pesar de ser ya mayo, está haciendo mucho calor en Lima. Mi suegro estaba sudado, muy sudado y su verga muy húmeda y olorosa. Tenía también un ligero sabor a orín. Me vino a la mente que al llegar a casa había ido al baño a orinar y eso me excitó aún más. Estaba disfrutando hacerle el oral en mi casa, lo estaba gozando y mucho. No medí el tiempo y mi suegro, que quería penetrarme me lo dijo
Nicole, van a volver pronto. Vamos a la habitación.
Aunque mamarle su verga sudada y meada me estaba dando mucho placer. Prefería ser penetrada. Lo obedecí. Fuimos a mi habitación. La que comparto con Diego. La cama estaba desordenada. No la había tendido al salir de casa hacia el trabajo. Sobre ella había una tanga sucia mía, del día anterior. Él la cogió y me la puso sobre la cara.
Olerla me puso aún más puta. Me acomodé rápido en 4 patas, al borde de la cama. Me unto algo de saliva en la concha y sin más me penetró. Como cada vez, sentir su verga tan larga y gruesa me emputeció. Me volví una cualquiera en ese momento y le supliqué que me la meta al culo.
Sentí que él dudaba. Mi suegra estaba al llegar. Los niños con ella. Y Diego poco después. Le iba a quedar olorosa. Se lo volví a rogar.
Cójame por el culo suegrito. Deme por el culo. Lléneme el culo.
Sentí sus dedos untar saliva y antes que piense en algo más. Me llenó el culo. De golpe. Toda su verga enorme entró. Estaba muy excitada pero igual sentí ese dolorcito que se transforma en un placer tan intenso. Comenzó a insultarme a decirme lo que siempre me dice, que soy una ramera de mierda, una puta miserable, una cualquiera. Que no merezco a Diego. Y con sus palabras ofensivas y su verga dentro, me vine. Felizmente el se vino conmigo.
Me levanté rápido y fui al baño. Cogí los pañitos húmedos y le limpié la verga. Tenía rastros de caca. Lo miré a los ojos y sonrió. Se la dejé lo más limpia que pude. Volvió a la sala y, cuando mi suegra e hijos llegaron, yo estaba duchándome.