Aceptar La Realidad. mi Madre es una Gran Puta

heranlu

Veterano
Registrado
Ago 31, 2007
Mensajes
7,815
Likes Recibidos
3,378
Puntos
113
 
 
 
-Joder, macho. ¡Pedazo PUTA tu medra!

Esas fueron las buenas tardes del Sebas. Nada desacostumbrado. Los comentarios obscenos y ordinarieces babosas sobre mi progenitora eran frecuentes en mi pandilla. A ella le gustaba saber que estaba en boca de mis amigos y de todo el mundo de esa manera, y mi padre y yo no podíamos hacer nada por cambiar eso. Cuando es ella misma la que lo fomenta y alimenta hasta el nivel al que llega, no puedes cambiar el mundo. O lo aceptas y te resignas, o te quedas sin amigos y vida social. El grado de vulgaridad y obscenidad a que llega con sus provocaciones y exhibicionismos, es algo que enciende el fuego de cualquiera, ni te cuento un grupo de adolescentes con las hormonas en plena efervescencia ya de por sí, amistades del hijo de la ramera y cercanos a ésta por tanto además. Es imposible evitar que hablen sobre ello, y los ánimos se caldean hasta el punto de que se pierde toda contención y respeto, incluso el debido a ese amigo. No obstante, había algo en el tono de voz del Sebas que me daba a entender que no se trataba de alguna de sus pasadas con minifalda y sin bragas, enseñando el coño, o algo por el estilo, a lo cual acostumbraba de continuo y no le cortaba, sino todo lo contrario, cuando era por delante de los chavales de mi grupo. Todos, yo el primero, saben que es muy puta, y ella disfruta demostrándolo continuamente. Ésta vez en cambio, se anunciaba que era de las que había ido más allá.

-¿Qué ha hecho ahora? -preguntó el Wiki (de Wipedia. Le llaman así porque es un enterado que pretende saberlo todo. También había un par de pibes del instituto “Cervantes”, un par de barrios más allá del nuestro. Tenían amistad con algunos de nosotros y se acercaban por el parque en que nos reunimos de vez en cuando. Eso suponía humillación añadida para mí, pues eran gente que, se suponía, aún no estaban al tanto del tipo de madre que tengo.

-La zorra. ¿Qué va ha hacer? Pues lo que es.

-¡Joder!, pero no nos dejes así ahora. Nos has picado la curiosidad.

-Pues nada -siguió el Sebas sin hacerse rogar demasiado-, ayer el Pelas (de pesetas. Es un anacronismo viviente en ese sentido. Su padre sigue usando la expresión “estar sin pelas”, a pesar de que nuestra generación no ha conocido otra moneda que el euro, y a mi amigo se le pegó de él- y yo nos acercamos al centro. Era ya tarde, algo más de las 11:00 de la noche. La gitana se había quedado sin tema y nos envió a casa de un “machaquilla” que tiene y vive por allí en un piso compartido. Le envió recado de que íbamos, diciéndonos que a él sí le quedaba algo y que fuéramos allí a por ello sin problemas. Al bajar, queríamos probar el material, a ver qué tal estaba, así que paramos la moto un par de manzanas más allí y nos sentamos en un portal para liarnos un porro. Estaba muy bueno, por cierto. Y en esas estábamos, cuando la vimos venir caminando por la acera de enfrente de la otra manzana, en paralelo a la nuestra. Debía venir de la “Madison”, que ahora en verano abre todos los días, pues iba vestida de putón con traje de fiesta, y traía una semisonrisa de golfa que se lo ha pasado bien. Desde donde estábamos ya se le veía clara en la cara a la muy zorra. También el bamboleo de sus melones. No llevaba sujetador, era evidente. Algo espectacular.

-Al ir a cruzar la calle, un negro con rastas que venía por la acera en un patín le salió de repente al encuentro. No iba muy deprisa, y eso le permitió saltar de él y orientarlo hacia un lado contra un coche aparcado, para así chocar sólo con su cuerpo y no lastimarla. No fue gran cosa el encontronazo.

-“¡Ay, perdón! ¡No la vi! ¿Está bien?”

Tu madre reía. La cosa sólo le había provocado un ligero susto, y , una vez pasado. se lo tomó bien.

-“Sí, tranquilo. No ha sido nada. Estoy bien”.

-“¿Seguro? ¿Está bien? ¿No se ha hecho daño?” -insistía él, tocándole el cuerpo haciéndose el preocupado. El hijo de puta. Le tocaba las tetas, la cintura, las caderas... y ella se dejaba hacer riendo complacida, como si fuera lo más divertido del mundo lo que le estaba ocurriendo.

-¡Venga, va! -exclamó incrédulo uno de los chavales del “Cervantes”. Miro al Sebas, me miró a mí...

-Tú no la conoces -resolví sus dudas antes de que lo hiciera otro de una manera más soez.

-¿Sí? Pero... ¿está buena?

-¡Joder si está! -retomó la palabra el Sebas. -No en plan escultural, tipo Taylor Swift o Britney Spears. Ésta es más... ¿como te diría? Modelo de tallas grandes tampoco, pero algo intermedio. Tiene unas tetas como sandías. También barriga, pero con forma en la cintura. Está gorda, pero vista de frente o de espaldas la tiene más estrecha que las caderas. No es una gorda sebosa y amorfa. Y un culazo... ¡Buff! ¡Pedazo pandero!

-¿Sí? ¡No jodas! ¿Y cómo es? ¿Rubia, morena...?

-Rubia putón. Del rubio de bote más rubio que hay, ese platino chillón. Con el pelo cortito, con una melenita que le queda poco más debajo de las orejas, sin llegar a los hombros.

-Vale, sigue -le pidió excitado.

-Como decía, venía de puta. ¡DIOS! ¡Podríamos decir que llevaba el uniforme oficial de puta!

-¿Cómo era?

-Un minivestidito rojó putón. Ni ceñido ni holgado. Más lo primero que lo segundo. La faldita habría sido ceñida de no ser por las rajas que llevaba en ambos lados. El escote era de tirantes. Le llegaba al ombligo, como quien dice, a la muy puta. Le quedaba algo holgado por el centro y las tetas se le desparramaban por todos lados. Como las tiene blanditas...

-¿Cómo lo sabes? ¿Se las has visto?

-Yo no, pero aquí ya se la ha follado más de uno y dicen que tiene unas buenas tetas. Blandas y algo caídas, pero no flácidas.

-¡Uff! ¡Cómo me estás poniendo! -exclamó el otro visitante al tiempo que se apretaba el paquete con una mano. -¿Qué edad tiene? ¿Es muy pureta?

Me miró en espera de una respuesta.

-Cuantenta y tantos -le aclaró el Sebas antes de que tuviera oportunidad de hacerlo yo no obstante. -La espalda la llevaba totalmente desnuda. El vestido llegaba lo justo para taparle la raja del culo a la muy puerca.

-“¿Crees que nos habrá visto?”, le pregunté al Pelas. “Yo juraría que sí. Miraba hacia aquí cuando venía caminando”. Yo pensaba igual, pero, desde luego, si nos había visto le importaba una mierda que estuviéramos allí, porque le dejaba tocar al negro todo lo que quisiera mientras ella seguía riendo con total complacencia. Él seguía insistiendo en preguntar si estaba bien, y luego en acompañarla caminando un rato, por si acaso se resentía del choque más adelante. Claro. Ella aceptó encantada. Cruzaron entonces para pasar a la manzana que quedaba frente a la nuestra, y cuando se acercaban a nuestra altura y mientras pasaba, ella nos miró de nuevo y, sonriente, levantó la mano para saludarnos. ¡Anda que se corta la pedazo guarra! Luego, cuando hace estas cosas, nos sonríe picarona cuando vuelve a vernos por su casa con el Juani (yo).

-¡Tío, va! Te estás quedando con nosotros.

-¡Que no, que no! Que ese así de puta de verdad.

Vuelta a mirarme. Yo simplemente asentí en silencio.

-Pasaron por delante nuestra, y entonces pudimos ver que el negro iba metiéndole mano al pandero sin disimulo. Lo acariciaba y agarraba para sobarlo con ganas mientras caminaban, sin importarle, y a ello mucho menos, que les vieran.

-“¡Tío, esto no podemos perdérnoslo!” -soltó el Pelas. “Vamos a seguirlos, a ver en qué acaba la fiesta”.

Por supuesto, estuve OK. Al principio les seguíamos caminando por nuestra propia acera, con lo cual los coches aparcados interrumpían la vista intermitentemente, aunque a través de las ventanillas y en los espacios entre uno y otro se veía, pero al final, visto que no les importaba -era evidente que sabían que íbamos siguiéndoles, y también de que eran conscientes de estar dando el espectáculo y que todo el mundo les miraba. Él le subió la falda varias veces para dejar su culo desnudo (que venía sin bragas, esa es otra) mientras caminaban, y también las tetas otras cuantas, además de sobárselas continuamente a la vista de to’ kisky. Ella reía y reía, cada vez más encantada.

-Al pasar por el parque “La Abrazadera”, la paró y la hizo arrodillarse en el suelo alrededor de la fuente, para que le comiera la polla. ¡Tío!, había allí unas chavalas alemanas comiéndose un kebab en un banco, y gente que bajaba desde la zona de pubs de la calle Rubiales hacia la playa. Los miraban perplejos. Luego se levantaron riendo y siguieron caminando. La volvió a poner de rodillas más adelante para lo mismo, mientras pasaban un par de coches por la calle, y algo más allá, antes del cruzar al paseo que baja desde la escuela de arte, le levantó la falda para follársela ya. Así, sin más. En la misma acera y con algunos coches y peatones pasando.

-Tío... ¿estás hablando en serio? -preguntó uno de los chavales del “Cervantes” con cara muy seria, provocando la risa entre los de nuestra pandilla.

-Te está hablando en serio -le contesté. -Ella es así.

-Bajando hasta la avenida, pasaron luego ante la diputación. Él seguía desnudándole y sobándole el culo y las tetas continuamente. Les pitaron entonces desde un coche unos pibes que parecía estaban de fiesta. Les saludaron riendo y ellos les aplaudieron y animaron, subiendo la música del interior. Debía tener un buen equipo el buga, porque no veas cómo sonaba. Se subieron entonces sobre los bancos de piedra -(unos que hay cuadrados y sin respaldo ni patas allí) para ponerse a bailar sobre ellos. El negro hacía sus gilipolleces -debe ser bailarín de algo, porque se movía muy bien, como un profesional, y ella haciendo la puta, claro. Moviendo las tetas, meneando el pandero... Se agachó para que se viera bien el escote, se las sacó fuera, se subió la falda... Los del coche aplaudían y bramaban a gritos como locos. Alguien se quejó desde algún balcón del escándalo y tuvieron que seguir.

-Al doblar a la derecha dos calles antes de llegar a la estación, sabes que pasas ante un callejón del casco antiguo histórico, con muy poca iluminación. La hizo entra allí y la puso de rodillas para mamársela de nuevo otra vez. Luego, haciéndole levantar una pata para, colocando el pie sobre un reborde alto del muro, mantenerla así espatarrada y enchufársela en todo el coño. Aprovechando que allí tenían algo más de intimidad -el Pelas y yo nos habíamos escondido agachados tras unos coches aparcados en la manzana de enfrente, asomándonos lo justo para poder mirar a través de las ventanillas, aunque fue innecesario, porque tampoco les habría cortado nuestra presencia mirándoles directamente-, él comenzó a darle duro de verdad, y ella a berrear como una cerda. En un momento dado, sin que pudiéramos escuchar lo que le decía, ella se arrodilló de nuevo, de lo cual dedujimos que era eso. No obstante, sonreía algo confusa, como si no entendiera bien lo que quería. Vimos entonces cómo la empujaba por la espalda levemente hacia delante para hacerla tumbar boca abajo directamente en la calle. Y así, en esa posición, le subió la falta y, echándose sobre ella, comenzó a follársela de nuevo. La cara de la puta de tu madre era un poema. Sonriendo y gritando de placer como si se fuera a acabar el mundo. En un momento dado, apareció un grupo por la boca del callejón opuesta a la que daba a donde nosotros estábamos, que se quedó pasmado. En un primer instante retrocedieron y ellos rieron, pero después apareciendo de nuevo, con uno de ellos recriminándoles algo y el resto cuchicheando más atrás.

A ellos no les cortó el rollo, para nada, pues se partían la caja, pero sí tuvieron que levantarse y seguir caminando. Al final, después de algunas paradas más en de este tipo, llegaron a una de las bocas del TRAM de la siguiente avenida, en la cual se metieron y, bajando las escaleras, allí mismo, en el espacio que queda al final, ante la verja, se la folló ya hasta el final. Se la metió por el coño, por el culo, le hizo ella una cubana, y al final ser corrió en su puta cara de cerda, recibiendo ella toda el lechazo con la boca abierta y sacando la lengua, con una expresión de felicidad y éxtasis absoluto. Y todo ello sabiendo que estábamos mirándolos en Pelas y yo (por eso dije que no les habría cortado que lo hiciéramos antes, en el callejón). Ella miraba hacia arriba para vernos y sonreírnos mientras se la empotraba, y cuando le llenó la cara de leche, recogió la que no había entrado en su boda con los dedos y los relamió como lo que es: la golfa más golfa de la ciudad. Tío, tu madre es la tía más guarra y puta que pueda existir. Vas a tener que ayudar a tu padre para que pueda soportar el peso de los cuernos sin caerse de morros.
 
Arriba Pie