Demeter
Pajiller@
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Trabajo como funcionaria algo especial. No se conoce el departamento públicamente. Tan solo el CNI y el presidente saben de la existencia de tal Ministerio. Un Ministerio que viaja en el tiempo para corregir imperfecciones del presente o del futuro.
Yo era compañera tuya de viajes en el tiempo y aunque había diferencia de edad se notaba una complicidad y feeling que con los años había crecido. Por veteranos teníamos permitidos un viaje en el tiempo por año para uso y disfrute de la época que quisiéramos siempre que no alteráramos a nivel nacional el presente o futuro.
Ese día te propuse que utilizaras tu viaje para un fin algo personal. Te confesé que necesitaba que fuera a una época en concreto de mi vida para que me fecundaras y pudiera tener un hijo. Tú te extrañaste pero pensaste que quizás el presente o futuro ya estaba escrito en el Ministerio y con una sonrisa me diste un beso con lengua mientras agarrabas mis ubres.
Después te indiqué año, 1997,dirección, y una foto mía de la época para que me reconocieras. Bajaste por los pasillos y entraste en una puerta que ponía siglo XX. Una vez dentro buscaste de las puertas que había la 97 y entraste. Al otro lado apareciste con ropa noventera en un armario empotrado de una casa de campo. Había un coche preparado en el garaje con gasolina. La puerta estaba alejada de la civilización así que tuviste que coger el coche y varias horas hasta llegar a Toledo.
Una vez allí buscaste la dirección y aparcaste en frente comiendo algo mientras esperabas que entrara o saliera del portal. La espera fue larga pero pronto me viste salir del portal. La foto ayudó pero me reconociste casi enseguida. Una camiseta verde pistacho con una falda vaquera a medio muslo. Saliste del coche y se seguiste manteniendo algo la distancia. Veías mi culo moverse y mi pelo, más largo agitarse de un lado a otro mientras caminaba hacia un destino que desconocías.
Me paré en una parada de autobús esperando al mismo mientras rebuscaba en mi bolso mi paquete de cigarros pero se me había olvidado en casa. Tú te anticipaste y sacaste de tu bolsillo un paquete rubio y me ofreciste un cigarro sonriendo. Era una forma de romper el hielo. Yo acepto sonriendo y te agradezco el gesto mientras pones las manos y me lo enciendo dando una calada al lado. No puedes evitar mirarme el escote y los jóvenes senos que se adivinan por el escote pero prefieres ser cauto para evitar malos rollos.
Hay un pequeño silencio incomodo pero como me conoces pues vas intentando probar distintos temas que llaman mi atención mientras sonrío pegando caladas y dejando el cigarro en alto escuchando atenta lo que dices. El autobús llega y apago el cigarro y me subo. Tú me acompañas y te sientas al lado mío. El traqueteo del bus hace que mis pechos se balancean y tú miras hacia el escote sonriendo pero disimulando cambiando las conversaciones a temas menos incomodos.
Las paradas van pasando y reconozco que me sorprende lo mucho que conecto contigo sin conocerte a penas. El autobús se detiene y me bajo en la parada que me tenía que bajar. Tú te bajas conmigo y bromeo con la persecución mientras andamos en paralelo y ves como mis pechos se balancean con el movimiento de mis andares. Mientras caminamos improvisas e intentas invitarme a un refresco en cualquier terraza. Y te miro moviendo mi mano y el anillo que llevaba puesto. Tú me miras algo cohibido sin saber que decir y entonces me susurras algo al oído de mi personalidad que pocos conocen y me dejas con la incertidumbre de saber más. Me resultas misterioso y accedo a quedar contigo después de las gestiones que tenía que hacer.
Después de varias horas estas sentado en una terraza esperándome y me ves llegar a lo lejos. Te levantas y me ofreces el asiento para sentarme. Una vez sentados pedimos varios refrescos y me ofreces un cigarro. Me inclino y me enciendes el cigarro. Pego una calada lateral y expulso el humo hacia arriba. Sonrío y doblo las piernas mientras con el cigarro en alto comenzamos charlar de nuevo y me cuentas cosas que me quedo alucinando. Traen las bebidas y dejo el cigarro en un cenicero mientras pego sorbos a la bebida para cogerlo y pegar nuevas caladas mientras dura la conversación.
El cigarro y la bebida se van consumiendo y mientras me enciendes otro pedimos otro par de bebidas haciendo pasar la tarde ya con cierto feeling. Con cigarro en alto y la pierna doblada me miras mis muslos y mi escote y suspiras mientras yo te observo y con mis pies te pego pequeños golpes por debajo de la mesa. Pego una calada y con el pie descalzo subo por tu pierna hasta tu paquete y me muerdo el labio mientras miro tu reacción para luego pegar otra calada al lado. Noto una pequeña erección y medio sonrío echando ceniza al cenicero. Los temas de conversación se van calentando y empiezan a haber ciertas confesiones por parte de ambos.
Yo confieso que estoy intentando quedarme embarazada pero que el pene de mi marido no funciona en muchos aspectos medio bromeando. Tú acariciaste mi muslo con tu mano y también bromeando te ofreciste para tal cometido si era necesario, sonriendo. Tu mano subía y bajaba por mi muslo haciendo que me estremeciera pegando una calada sin dejar de mirarte con un silencio algo incómodo al principio. Empezaron varios dobles sentidos por parte de ambos haciendo que la conversación subiera algo la temperatura mientras acababa mi cigarro. Me encendí otro cigarro mientras hacíamos un poco de sobremesa picando algo de olivas y patatas fritas haciendo pies por debajo de la mesa de forma algo más atrevida. Cogí un espejo de mi bolso y me miré y arreglé un poco mientras pagabas la cuenta en la barra.
Al poco nos fuimos de la Terraza y caminamos por las calle. Era ya un poco tarde por hora pero era verano y anochecía algo más tarde por lo que no se notaba demasiado. Pasamos por un parque y en vez de rodearlo lo atravesamos por dentro. Por la calle íbamos separados pero al entrar al parque nuestras manos se juntaron, y agarrados como si fuéramos pareja paseamos por el parque. Me sentía bien y apoyó mi cabeza en tu hombro mientras agarrabas mi cintura con cariño mirando de reojo mi escote casi aplastado en tu lateral del torso. Tras unos minutos paseando nos miramos y cerrando los ojos empezamos a besarnos con besos castos sin lengua. Agarré tu cuello y aplaste mis pechos contra tu torso para besarte mejor. Las lenguas jugaron despacio mientras agarrabas mi cintura con delicadeza moviendo el cuello y la lengua al mismo tiempo. Apartabas mi cabello y me besabas con más pasión agarrando mi trasero contra tu entrepierna. Los besos de aceleraban al mismo tiempo que mi respiración. Notaba esa conexión al besarte y no podía parar de hacerlo ya con la lengua más juguetona.
A pocos metros había un banco y sin dejar de besarnos fuimos y nos sentamos. Morreándonos sin para de lado mientras acariciabas mis muslos y tu torso pegarse a mis pechos. Sin pensarlo me subí encima de ti como adolescentes agarrando tu cuello y besándote con lengua rápida mordiendo tus labios mientras mis pechos casi se salían de la camiseta insinuando un peligroso escote. Mis movimientos comenzaban a ser como si te cabalgara lento rozando mi falda con tu bulto que ya casi estaba a punto de estallar la cremallera. Tus manos agarraban mis pechos por encima de la camiseta agarrándolos. Eran más pequeños que en el futuro pero tenían un buen tamaño para tus manos. Luego pasaron a mi trasero subiéndome la falda y agarrando mi culo en tanga negro y ansiando respirando agitada casi hiperventilando sobre tus labios con mi lengua mojada.
Mi excitación subía por momentos empezando mojar el tanga mientras me movía más rápida sobre tu entrepierna. Al cabo de unos minutos tuve que parar y levantarme muy excitada para no hacerlo en mitad de un parque. Me arreglé un poco la ropa y bajé la falda a su sitio después del calentón del parque. Cogí un cigarro de tu paquete y me lo encendí mientras salíamos del parque agarrados de la mano hacia una calle paralela. Paramos en un paso de peatones y mientras esperábamos que se pusiera verde pegué varias caladas y te propuse ir a un Motel a las afueras por si querías cumplir el cometido que habías propuesto en la terraza. Pegué una calada profunda mientras veía tu consentimiento con la cabeza agarrando mi culo.
Pedimos un taxi en el mismo paso de peatones, entramos los dos en la parte de atrás y le indiqué la dirección de un motel a media hora de donde estábamos. El taxi se puso en marcha y fuimos pasando las calles. Pedía permiso al taxista para fumar y me permitió. Bajé la ventanilla y me encendí un cigarro doblando las piernas mientras tú las tocabas y manoseabas acercando tu mano peligrosamente a mi sexo. El taxista miraba de vez en cuando por el retrovisor interior como esperando ver algo. El cigarro se fue consumiendo y al terminarlo tus manos subieron a mis pechos y los magrearon mientras me besabas con lengua de lado. Sacaste un pecho, se veía hermoso en tus manos y lo comiste mientras yo agarraba tu cabeza contra él. Lo succionabas y besabas mientras el taxista miraba con más descaro se cabe.
Tus manos bajaron hacia mi falda vaquera, me quitaste un botón e introdujiste tu mano hasta palpar mi sexo por encima del tanga. Mis labios se cruzaron en los tuyos y nuestras lenguas jugaron mientras te gemía y respiraba agitada. Mis manos guiadas por el placer te desabrocharon el botón de tu pantalón y saqué tu falo y lo acaricié mientras te besaba sin parar. El taxista estaba muy excitado y en cada semáforo aprovechaba para ajustarse el pantalón o para tocarse, una de las dos cosas. El viaje transcurrió muy tórrido hasta que llegamos al motel a las afueras. Pagamos con una sonrisa y entramos para conseguir una habitación. Cogimos las llaves y subimos las escaleras agarrados de la mano hasta llegar a la puerta.
Al cerrar la puerta la pasión se encendió y nos fuimos quitando la ropa sin dejar de besarnos hasta llegar al borde de la cama. Allí me bajaste la falda dejándome en tanga mientras subías y bajabas tus manos acariciando mi cuerpo, mis pechos, la forma de mi trasero. Me tumbaste boca arriba jugando con mi lengua y fuiste bajando hasta bajar mi tanga y ver mi sexo con el vello recortado y aseado. Podías apreciar mi sexo algo dilatado y mojado al cubrirlo con tus labios y empezar a comerlo. Estiré mis brazos hasta tocar la almohada y la apreté fruto de la excitación para luego bajarlos hasta tu cabeza y apretar mi sexo contra tus labios. Comencé a gemir pausada con los ojos cerrados mientras me lo lamías de arriba abajo. Notaba como me humedecía demasiado, no estaba acostumbrada a ese sexo oral y abría mis piernas para que lo comieras mejor mientras gemía de placer e intentaba retorcerme como una culebra. Tus manos subían por mi ombligo hasta mis pechos. Yo me arqueaba de placer agarrando mi pelo con una mano y con la otra empujando con fuerza hasta que entre convulsiones y grandes gemidos tuve un orgasmo bestial.
Subiste para besarme cuando aún estaba jadeando del orgasmo y me besaste con lengua mientras yo agarraba tu trasero. Tú introducías tus dedos juguetones haciéndome gemir sobre tus labios mientras tu pene se ponía erecto solo de besarme. Bajé las manos y lo agité de arriba abajo subiendo y bajando el glande mientras sin dejar de besarte lo guiaba hasta la boca de mi sexo. Coloqué la punta en mis labios y empujaste poco a poco introduciendo tu pene mientras mis caras reflejaban algo de dolor e intensidad hasta que se fue acomodando a mis paredes. Agarraste mi cadera y empezaste a meter cadera haciendo sonar tu pene mientras yo gritaba de placer mordiendo mis labios. Agarraste mis pechos y pellizcabas mis pezones poniéndolos duros mientras se movían de tus embestidas para luego inclinarte y besarlo y succionarlos. Acercar tus labios a mi boca y besarme mientras respiraba y gemía fuerte. Agarraste mis piernas y empujaste contra mi sexo fuerte haciendo sonar y chapotear tu pene una y otra vez. Mi cuerpo se arqueaba de placer moviendo mi pelvis contra la tuya ansiosa y con la cara de placer. Te inclinaste y te pusiste con tu torso sobre mis pechos, agarrando mis muñecas sin dejar de besarme. Tus penetraciones se hicieron más duras y fuertes y yo agarraba tu trasero muerta de placer sin parar de gritar. Enrosqué mis piernas en tu cintura sin dejar de chillar notando tu pene entrar y salir muy sonoro notaba tus respiración agitada y jadeos antes de que gritara con un orgasmo. Al poco noté unas penetraciones rápidas y sonoras hasta que empezaste a eyacular dentro metiendo cadera una y otra vez mientras notaba como el calor entraba por mis paredes vaginales. Tú no sacabas tu pene de mi interior, besándome con lengua mientras notaba llenarme hasta varios minutos después que sacaste el pene y algo de semen brotó de mi sexo hacia fuera mojando parte de las sábanas.
Caí en un sueño profundo después del coito, no sé si por el cansancio o por alguna otra sustancia que me habías proporcionado durante la sesión. Lo único que sé es que cuando me desperté el lado de la cama estaba vacío con una nota en la mesita. “La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.
Después de 9 meses di a luz a una hermosa niña. Nunca más te volví a ver pero siempre quedará en mi mente esa frase que me dejó marcada toda la vida, en esa línea temporal.
Yo era compañera tuya de viajes en el tiempo y aunque había diferencia de edad se notaba una complicidad y feeling que con los años había crecido. Por veteranos teníamos permitidos un viaje en el tiempo por año para uso y disfrute de la época que quisiéramos siempre que no alteráramos a nivel nacional el presente o futuro.
Ese día te propuse que utilizaras tu viaje para un fin algo personal. Te confesé que necesitaba que fuera a una época en concreto de mi vida para que me fecundaras y pudiera tener un hijo. Tú te extrañaste pero pensaste que quizás el presente o futuro ya estaba escrito en el Ministerio y con una sonrisa me diste un beso con lengua mientras agarrabas mis ubres.
Después te indiqué año, 1997,dirección, y una foto mía de la época para que me reconocieras. Bajaste por los pasillos y entraste en una puerta que ponía siglo XX. Una vez dentro buscaste de las puertas que había la 97 y entraste. Al otro lado apareciste con ropa noventera en un armario empotrado de una casa de campo. Había un coche preparado en el garaje con gasolina. La puerta estaba alejada de la civilización así que tuviste que coger el coche y varias horas hasta llegar a Toledo.
Una vez allí buscaste la dirección y aparcaste en frente comiendo algo mientras esperabas que entrara o saliera del portal. La espera fue larga pero pronto me viste salir del portal. La foto ayudó pero me reconociste casi enseguida. Una camiseta verde pistacho con una falda vaquera a medio muslo. Saliste del coche y se seguiste manteniendo algo la distancia. Veías mi culo moverse y mi pelo, más largo agitarse de un lado a otro mientras caminaba hacia un destino que desconocías.
Me paré en una parada de autobús esperando al mismo mientras rebuscaba en mi bolso mi paquete de cigarros pero se me había olvidado en casa. Tú te anticipaste y sacaste de tu bolsillo un paquete rubio y me ofreciste un cigarro sonriendo. Era una forma de romper el hielo. Yo acepto sonriendo y te agradezco el gesto mientras pones las manos y me lo enciendo dando una calada al lado. No puedes evitar mirarme el escote y los jóvenes senos que se adivinan por el escote pero prefieres ser cauto para evitar malos rollos.
Hay un pequeño silencio incomodo pero como me conoces pues vas intentando probar distintos temas que llaman mi atención mientras sonrío pegando caladas y dejando el cigarro en alto escuchando atenta lo que dices. El autobús llega y apago el cigarro y me subo. Tú me acompañas y te sientas al lado mío. El traqueteo del bus hace que mis pechos se balancean y tú miras hacia el escote sonriendo pero disimulando cambiando las conversaciones a temas menos incomodos.
Las paradas van pasando y reconozco que me sorprende lo mucho que conecto contigo sin conocerte a penas. El autobús se detiene y me bajo en la parada que me tenía que bajar. Tú te bajas conmigo y bromeo con la persecución mientras andamos en paralelo y ves como mis pechos se balancean con el movimiento de mis andares. Mientras caminamos improvisas e intentas invitarme a un refresco en cualquier terraza. Y te miro moviendo mi mano y el anillo que llevaba puesto. Tú me miras algo cohibido sin saber que decir y entonces me susurras algo al oído de mi personalidad que pocos conocen y me dejas con la incertidumbre de saber más. Me resultas misterioso y accedo a quedar contigo después de las gestiones que tenía que hacer.
Después de varias horas estas sentado en una terraza esperándome y me ves llegar a lo lejos. Te levantas y me ofreces el asiento para sentarme. Una vez sentados pedimos varios refrescos y me ofreces un cigarro. Me inclino y me enciendes el cigarro. Pego una calada lateral y expulso el humo hacia arriba. Sonrío y doblo las piernas mientras con el cigarro en alto comenzamos charlar de nuevo y me cuentas cosas que me quedo alucinando. Traen las bebidas y dejo el cigarro en un cenicero mientras pego sorbos a la bebida para cogerlo y pegar nuevas caladas mientras dura la conversación.
El cigarro y la bebida se van consumiendo y mientras me enciendes otro pedimos otro par de bebidas haciendo pasar la tarde ya con cierto feeling. Con cigarro en alto y la pierna doblada me miras mis muslos y mi escote y suspiras mientras yo te observo y con mis pies te pego pequeños golpes por debajo de la mesa. Pego una calada y con el pie descalzo subo por tu pierna hasta tu paquete y me muerdo el labio mientras miro tu reacción para luego pegar otra calada al lado. Noto una pequeña erección y medio sonrío echando ceniza al cenicero. Los temas de conversación se van calentando y empiezan a haber ciertas confesiones por parte de ambos.
Yo confieso que estoy intentando quedarme embarazada pero que el pene de mi marido no funciona en muchos aspectos medio bromeando. Tú acariciaste mi muslo con tu mano y también bromeando te ofreciste para tal cometido si era necesario, sonriendo. Tu mano subía y bajaba por mi muslo haciendo que me estremeciera pegando una calada sin dejar de mirarte con un silencio algo incómodo al principio. Empezaron varios dobles sentidos por parte de ambos haciendo que la conversación subiera algo la temperatura mientras acababa mi cigarro. Me encendí otro cigarro mientras hacíamos un poco de sobremesa picando algo de olivas y patatas fritas haciendo pies por debajo de la mesa de forma algo más atrevida. Cogí un espejo de mi bolso y me miré y arreglé un poco mientras pagabas la cuenta en la barra.
Al poco nos fuimos de la Terraza y caminamos por las calle. Era ya un poco tarde por hora pero era verano y anochecía algo más tarde por lo que no se notaba demasiado. Pasamos por un parque y en vez de rodearlo lo atravesamos por dentro. Por la calle íbamos separados pero al entrar al parque nuestras manos se juntaron, y agarrados como si fuéramos pareja paseamos por el parque. Me sentía bien y apoyó mi cabeza en tu hombro mientras agarrabas mi cintura con cariño mirando de reojo mi escote casi aplastado en tu lateral del torso. Tras unos minutos paseando nos miramos y cerrando los ojos empezamos a besarnos con besos castos sin lengua. Agarré tu cuello y aplaste mis pechos contra tu torso para besarte mejor. Las lenguas jugaron despacio mientras agarrabas mi cintura con delicadeza moviendo el cuello y la lengua al mismo tiempo. Apartabas mi cabello y me besabas con más pasión agarrando mi trasero contra tu entrepierna. Los besos de aceleraban al mismo tiempo que mi respiración. Notaba esa conexión al besarte y no podía parar de hacerlo ya con la lengua más juguetona.
A pocos metros había un banco y sin dejar de besarnos fuimos y nos sentamos. Morreándonos sin para de lado mientras acariciabas mis muslos y tu torso pegarse a mis pechos. Sin pensarlo me subí encima de ti como adolescentes agarrando tu cuello y besándote con lengua rápida mordiendo tus labios mientras mis pechos casi se salían de la camiseta insinuando un peligroso escote. Mis movimientos comenzaban a ser como si te cabalgara lento rozando mi falda con tu bulto que ya casi estaba a punto de estallar la cremallera. Tus manos agarraban mis pechos por encima de la camiseta agarrándolos. Eran más pequeños que en el futuro pero tenían un buen tamaño para tus manos. Luego pasaron a mi trasero subiéndome la falda y agarrando mi culo en tanga negro y ansiando respirando agitada casi hiperventilando sobre tus labios con mi lengua mojada.
Mi excitación subía por momentos empezando mojar el tanga mientras me movía más rápida sobre tu entrepierna. Al cabo de unos minutos tuve que parar y levantarme muy excitada para no hacerlo en mitad de un parque. Me arreglé un poco la ropa y bajé la falda a su sitio después del calentón del parque. Cogí un cigarro de tu paquete y me lo encendí mientras salíamos del parque agarrados de la mano hacia una calle paralela. Paramos en un paso de peatones y mientras esperábamos que se pusiera verde pegué varias caladas y te propuse ir a un Motel a las afueras por si querías cumplir el cometido que habías propuesto en la terraza. Pegué una calada profunda mientras veía tu consentimiento con la cabeza agarrando mi culo.
Pedimos un taxi en el mismo paso de peatones, entramos los dos en la parte de atrás y le indiqué la dirección de un motel a media hora de donde estábamos. El taxi se puso en marcha y fuimos pasando las calles. Pedía permiso al taxista para fumar y me permitió. Bajé la ventanilla y me encendí un cigarro doblando las piernas mientras tú las tocabas y manoseabas acercando tu mano peligrosamente a mi sexo. El taxista miraba de vez en cuando por el retrovisor interior como esperando ver algo. El cigarro se fue consumiendo y al terminarlo tus manos subieron a mis pechos y los magrearon mientras me besabas con lengua de lado. Sacaste un pecho, se veía hermoso en tus manos y lo comiste mientras yo agarraba tu cabeza contra él. Lo succionabas y besabas mientras el taxista miraba con más descaro se cabe.
Tus manos bajaron hacia mi falda vaquera, me quitaste un botón e introdujiste tu mano hasta palpar mi sexo por encima del tanga. Mis labios se cruzaron en los tuyos y nuestras lenguas jugaron mientras te gemía y respiraba agitada. Mis manos guiadas por el placer te desabrocharon el botón de tu pantalón y saqué tu falo y lo acaricié mientras te besaba sin parar. El taxista estaba muy excitado y en cada semáforo aprovechaba para ajustarse el pantalón o para tocarse, una de las dos cosas. El viaje transcurrió muy tórrido hasta que llegamos al motel a las afueras. Pagamos con una sonrisa y entramos para conseguir una habitación. Cogimos las llaves y subimos las escaleras agarrados de la mano hasta llegar a la puerta.
Al cerrar la puerta la pasión se encendió y nos fuimos quitando la ropa sin dejar de besarnos hasta llegar al borde de la cama. Allí me bajaste la falda dejándome en tanga mientras subías y bajabas tus manos acariciando mi cuerpo, mis pechos, la forma de mi trasero. Me tumbaste boca arriba jugando con mi lengua y fuiste bajando hasta bajar mi tanga y ver mi sexo con el vello recortado y aseado. Podías apreciar mi sexo algo dilatado y mojado al cubrirlo con tus labios y empezar a comerlo. Estiré mis brazos hasta tocar la almohada y la apreté fruto de la excitación para luego bajarlos hasta tu cabeza y apretar mi sexo contra tus labios. Comencé a gemir pausada con los ojos cerrados mientras me lo lamías de arriba abajo. Notaba como me humedecía demasiado, no estaba acostumbrada a ese sexo oral y abría mis piernas para que lo comieras mejor mientras gemía de placer e intentaba retorcerme como una culebra. Tus manos subían por mi ombligo hasta mis pechos. Yo me arqueaba de placer agarrando mi pelo con una mano y con la otra empujando con fuerza hasta que entre convulsiones y grandes gemidos tuve un orgasmo bestial.
Subiste para besarme cuando aún estaba jadeando del orgasmo y me besaste con lengua mientras yo agarraba tu trasero. Tú introducías tus dedos juguetones haciéndome gemir sobre tus labios mientras tu pene se ponía erecto solo de besarme. Bajé las manos y lo agité de arriba abajo subiendo y bajando el glande mientras sin dejar de besarte lo guiaba hasta la boca de mi sexo. Coloqué la punta en mis labios y empujaste poco a poco introduciendo tu pene mientras mis caras reflejaban algo de dolor e intensidad hasta que se fue acomodando a mis paredes. Agarraste mi cadera y empezaste a meter cadera haciendo sonar tu pene mientras yo gritaba de placer mordiendo mis labios. Agarraste mis pechos y pellizcabas mis pezones poniéndolos duros mientras se movían de tus embestidas para luego inclinarte y besarlo y succionarlos. Acercar tus labios a mi boca y besarme mientras respiraba y gemía fuerte. Agarraste mis piernas y empujaste contra mi sexo fuerte haciendo sonar y chapotear tu pene una y otra vez. Mi cuerpo se arqueaba de placer moviendo mi pelvis contra la tuya ansiosa y con la cara de placer. Te inclinaste y te pusiste con tu torso sobre mis pechos, agarrando mis muñecas sin dejar de besarme. Tus penetraciones se hicieron más duras y fuertes y yo agarraba tu trasero muerta de placer sin parar de gritar. Enrosqué mis piernas en tu cintura sin dejar de chillar notando tu pene entrar y salir muy sonoro notaba tus respiración agitada y jadeos antes de que gritara con un orgasmo. Al poco noté unas penetraciones rápidas y sonoras hasta que empezaste a eyacular dentro metiendo cadera una y otra vez mientras notaba como el calor entraba por mis paredes vaginales. Tú no sacabas tu pene de mi interior, besándome con lengua mientras notaba llenarme hasta varios minutos después que sacaste el pene y algo de semen brotó de mi sexo hacia fuera mojando parte de las sábanas.
Caí en un sueño profundo después del coito, no sé si por el cansancio o por alguna otra sustancia que me habías proporcionado durante la sesión. Lo único que sé es que cuando me desperté el lado de la cama estaba vacío con una nota en la mesita. “La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.
Después de 9 meses di a luz a una hermosa niña. Nunca más te volví a ver pero siempre quedará en mi mente esa frase que me dejó marcada toda la vida, en esa línea temporal.