Una mansión que acoge infinidad de orgías (caps. 9, 10, 11, 12, 13, 14)

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Episodio 9.

Marisol (la guarda de seguridad con la que terminamos el episodio anterior), después de asearse y de arreglarse un poco, esperó la llegada de Lucas (el relevo en su puesto de trabajo). Cuando este llega, Marisol se despide de él muy cortésmente y le desea una buena guardia. La chica, mientras camina desde la puerta de la garita hasta donde tiene el coche, no pudo evitar el caminar separando un poco los muslos. Sentía algo de dolor en su trasero (por lo mucho que le habían horadado el culo sus tres amantes la noche anterior).

Lucas, al quedarse solo, no perdió ni un instante de tiempo para ver qué ocurría en la habitación -4. Allí suele trabajar Lourdes. Es una chica de 18 años que al terminar el bachillerato se tomó un año sabático antes de iniciar sus estudios en la Universidad. Se trasladó de su ciudad natal a la capital federal. Estuvo buscando algo de trabajo, y por casualidad, alguien le habló de esta mansión.

En la mansión El Edén buscaban a una chica con sus características físicas (una fulana con apariencia aniñada; con melena rubia recogida en dos trencitas; y algunas pecas repartidas por las mejillas).

Como uniforme de trabajo tendría que vestirse con una blusa blanca con transparencias, que dejara ver sus tetas con sus pezones tiesos como pitones. También llevaría una falda de colegiala, plisada y a cuadros, hasta las rodillas. Como trabajaba en una habitación dedicada al sadomaso el calzado lo elegiría a su gusto, según la función a desarrollar.

Lourdes ideó una sesión peculiar de sadomaso. Ata a la pared a sus clientes, a unas argollas, totalmente desnudos. Ella se dedica a darles patadas en su entrepierna. Primero descalza y luego cambiándose de calzado, desde el más suave (como unas alpargatas), hasta el más rudo (como zapatones o botas camperas con punta metálica). Les va pateando las pelotas y el nabo sin darles tregua. Lourdes se lo pasa pipa.

Pensar que le pagan una respetable suma de dinero por reventarle los huevos y la banana a un grupo de hombres, le parece un buen curro. Cuando vuelva a los estudios no dejará esta ocupación, ya que le reporta unos suculentos ingresos, y además, le deja mucho tiempo libre para dedicárselo a su carrera y al deporte.

Convirtió esa habitación en una sala de entrenamiento para chicas futbolistas. También se practica boxeo. Lourdes o alguna compañera, colocándose guantes de pelea o puños americanos, le pegan unos buenos derechazos e izquierdazos a los testículos y vergas de sus clientes. Alguno de ellos suplica en voz alta:

--Pégame unas patadas y puñetazos más fuertes, cariño. Estoy a punto de correrme.

Efectivamente, en una de las patadas con las camperas que Lourdes

le suelta en pleno perineo, el hombre comienza a soltar los escupitajos seminales de rigor, por una polla toda enrojecida (de tantos golpes que recibió). Lourdes continuó, por espacio de unos minutos, zurrándole (en sentido literal), la entrepierna al maromo.

La chica mira a la cámara y guiña un ojo. Sabe que del otro lado está Lucas. Ellos dos comenzaron, desde hace unas semanas, una relación sentimental.

Aunque Lucas le saca doce años, Lourdes tiene más tablas en la vida y le da mil vueltas en casi todos los temas… especialmente en sexo. Él tiene buena planta e intenta no desmerecer al lado de su diva. Lourdes le hace pagar muy caro el hecho de tener a su lado a una diosa insuperable e inalcanzable, como es ella. Lucas tiene buenas tragaderas y no pone ningún reparo a las condiciones que le impone Lourdes. Su amor por ella todo lo puede.

Lourdes telefonea a la habitación 11. En esta sala, a modo de sacristía, hay guardados unos ocho copones con unas quince hostias consagradas en cada uno. Pero a más del cuerpo de Cristo, estos ciborios también incluyen unas buenas descargas de esperma. Un grupo de monaguillos veinteañeros tienen el encargo de masturbarse y eyacular en el interior de estos recipientes. Se van rotando según se van corriendo, pasándose los copones de mano en mano. Todos los días, a primera hora, estos ciborios se reparten por las parroquias cercanas. Las beatas y santurrones del lugar ingieren estas hostias consagradas, bien encharcadas en lefa, en la misa de las 9 h. Las degustan con exquisita parsimonia, sin sospechar en qué consiste el ingrediente estrella. Don Pelayo, el arzobispo de la zona y presidente del Consejo Directivo de la mansión, está empeñado en ser canonizado. Si consigue que alguna de estas beatas (o incluso santurrones), se quede preñada, podría llegar a ser santo.

Antes de que hagan el reparto, Lourdes pide que un monaguillo le acerque uno de esos copones. Una vez recibido el pedido, le da a tomar las obleas (bien adobadas en esperma), a cada uno de sus clientes. Tocan a dos obleas por mancebo. A alguno de ellos le chorrea por la barbilla algo de líquido viscoso. Lourdes y sus compañeras se tronchan de la risa. Les encanta su profesión de Humilladoras de Hombres.

Lucas decide dejar a su novia y a su troupe (para que sigan pateándoles la entrepierna al resto de clientes), y cambia la pantalla de plasma al monitor n.º 21. En esta habitación hay un matrimonio haciendo el amor, pero con la peculiaridad de ser la mujer la que, con un arnés con polla de látex bien gorda y larga, penetra a su marido. El hombre está a cuatro patas y la chica se lo calza sin contemplaciones. Lo sujeta por la cintura y se la empurra a un ritmo de tres empellones por segundo. La fulana de vez en cuando se acerca al oído del marido y le dice:

--¿Disfrutas con las embestidas que te endiño, cariño? ¿Te empitono bien o quieres que lo haga con más brusquedad?

--Dame con más fuerza. Quiero sentirte jadear de cansancio. Quiero que sudes la gota gorda mientras me revientas el trasero, mi amor.

La mujer es muy hermosa. Lleva una melena negra con mechas coloradas en el flequillo. Se la ve bien tonificada de cuerpo. Tiene varios tatuajes repartidos por la espalda y el bajo vientre, de temática motera. El marido es fornido, con barba espesa. Choca verlo en una posición tan sumisa y servil. Los dos andarán en la treintena.

La hembra decide cambiar de postura y le pide al marido que se coloque en la postura del misionero. En esta posición la “polla” de su mujer no entra tan bien y completa, por el orificio anal de su esposo, como en la anterior postura. Están un buen rato follando en misionero, pero la fulana al comprobar que el marido no recibe todo el falo como debiera, decide cambiar a la postura del sofá. La hembra se sienta en un sillón y ordena al maromo que se siente sobre ella, dándole la espalda. El cabrón (o más bien habría que decir el cabestro), se somete a la fuerte estocada que su mujer le endosa en el trasero. Él se recuesta sobre los pechos de su esposa, son unas cómodas almohadillas. Ella no pierde comba y le peta con saña el conducto anal a su macho.

--¡Qué este culito respingón no pase hambre! --le dice la mujer a su marido, mientras con las manos, separa las nalgas para que el considerable consolador de látex entre bien y en cantidad en sus entrañas.

El hombre se masturba mientras su mujer le da caña de la buena por su trasero. El pubis de la manceba choca con fuerza contra las nalgas de su hombre. Él está en la gloria, su hembra le obsequia unas buenas arremetidas. A los pocos minutos comienza a correrse, llenando sus abdominales y pecho de una ingente cantidad de esperma. Se baja del potro y se acerca a su mujer para que le lama el pecho y el vientre. Ella recoge con su lengua los restos de lechada que su macho tiene esparcidos por el torso. En donde hay mucha cantidad de semen, la manceba lo sorbe. Luego le pega un morreo a su esposo y le pasa toda la carga de lefa que guarda en la boca. Su marido hace unas gárgaras y se traga todo.

La mujer está muy salida y exige a su marido que le haga un buen cunnilingus. Ella de pie y él bajo palio se ponen manos a la obra. El hombre sabe cómo hacer gozar a su hembra. Lame y succiona cada centímetro de los labios mayores, labios menores, clítoris y paredes internas de la vagina. A los pocos segundos, un copioso squirt inunda la boca del maromo. El hombre bebe sin desperdiciar ni una sola gota. ¡Quince o veinte segundos saboreando los deliciosos chorros de líquido transparente, que van saliendo del interior del coño de su esposa! La hembra se sienta en la cara de su hombre. Le calca fuerte la entrepierna en la boca, para que él no tenga escusas y le relama bien en profundidad la almeja.

Lucas se puso tan cachondo que no pudo evitar sacarse la polla y pegarse una buena pelada. Tiene el miembro todo magullado y con cicatrices, seguro que su chica practica con él algo de fútbol y boxeo. Lucas antes de correrse coge una copa vacía. Eyacula en ella una buena descarga de esperma. Avisa para que la recojan y se la lleven a su novia. Lourdes al recibir la copa, como ya no le quedan obleas, embadurna con su contenido una tostada de pan de molde y se la da a comer al cliente que está más escuchimizado, para ver si así echa más cuerpo.
 
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Episodio 10.

Es mediodía y Lucas saca el táper que se trajo. Las imágenes que estuvo consumiendo toda la mañana en los monitores de control, sin embargo, le abrieron otro tipo de apetitos.


Mientras come no puede evitar clavar los ojos en la pantalla de plasma. Cambia a la habitación 26 y observa que en ella se encuentran Martirio y Rafael con su hija, los vecinos de Jorge, su compañero de trabajo.


Jorge puso en sobreaviso al resto de guardas de seguridad y les pidió que si este matrimonio volvía a la mansión cuando él no estuviera trabajando, hicieran el favor de darle al REC, para pasarle después una copia del video.


En el episodio 3 de esta colección, Martirio y Rafael se reunieron con don Benedicto (el párroco de su zona), en la mansión El Edén para pedirle consejo espiritual sobre un tema crucial en sus vidas.


Su hija Ana, estudiante universitaria, les pidió un aumento en su paga semanal y también poder ir en verano de viaje con sus amigas a Las Vegas. A cambio, les ofreció practicar un trío con ellos. Pero lo más escandaloso del asunto es que don Benedicto les aconsejó lo siguiente: “Follaos a vuestra hija y dejadla preñada. La Biblia respalda el incesto”.


Pues bien, después de recapacitar durante un tiempo sobre las palabras del párroco, decidieron volver, esta vez con su hija, para ejecutar el consejo de su guía espiritual.


Lucas pone gran atención a la conversación que tiene el matrimonio y su hija en aquella habitación.


--Te hemos traído a esta mansión para darte la respuesta a la loca propuesta que nos hiciste. Siguiendo el consejo que nos dio don Benedicto, el cura de nuestra parroquia, hemos aceptado tus condiciones. Te subiremos la paga y permitiremos que te vayas con tus amigas a Las Vegas. Pero a cambio, te vas a convertir en nuestra putita. Te dejaré preñada, por golfa –suelta, todo acalorado, Rafael.


Ana es una chica peripuesta. Delgada pero con buenas peras, trabajadas cachas y desarrollados muslos. Lleva trencitas pelirrojas. Tiene muchas pecas por las mejillas y unos ojos azules que parecen dos luceros. De ropa lleva un top color rojo, un pantalón corto vaquero color negro muy ajustado y unos tenis blancos.


A Martirio y Rafael, aunque siguen siendo muy recatados y estirados, la experiencia sexual vivida con el párroco la vez anterior les hizo ver la vida con otros ojos. Pero de estética siguen vistiendo muy clasicones.


--Me parece bien –contesta Ana--. Pues empecemos cuanto antes.


Ipso facto, Martirio se desprende de su blusa y su falda. Se tumba en la cama, boca arriba, y le dice a su hija:


--De este coño saliste hace 18 años y ahora quiero que vuelvas a entrar. ¡Hunde tu rostro en mi chocho, cacho guarra!


Ana también se despelota, lentamente y de forma sensual, después se acerca a su madre y poniéndose a cuatro patas hunde su cara en el chumino de su progenitora.


Rafael se estaba poniendo a tono y después de desvestirse, se acerca a su hija por detrás y le susurra al oído:


--¿Te gusta el sabor del coño de tu madre? Espero que sí porque te vas a pasar todo el trimestre lamiéndolo y sorbiéndolo.


Ana deja por un momento la faena en la que está enfangada y le suelta a su padre:


--Es la almeja más sabrosa que he probado en los últimos años. Espero que tu polla no me defraude y que, por lo menos, esté al mismo nivel que el chocho de la golfa de mi madre.


Rafael le acaricia el berberecho a su hija y, al comprobar que está chorretoso, acerca su rabo a la entrada de su vagina y muy suavemente le va introduciendo su barra de carne caliente.


Ana comienza a gemir, jadear y resoplar como una auténtica zorra en celo. Le come con más ímpetu el chocho a Martirio. Esta, a los pocos minutos no puede reprimir unos alaridos de placer, que ponen en sobreaviso a sus amantes sobre el hecho de que obtuvo un intensísimo orgasmo.


Rafael, agarrado a las caderas de su hija, le pega con saña unos buenos caderazos. Ana alcanza su orgasmo. Su cara es un poema. Bizquea y babea. Está como en trance. Su padre acelera las embestidas buscando correrse. Ya suda. Le cae un hilillo de agua caliente por la espalda. Por fin consigue su objetivo y berrea:


--¡Quédate preñada de tu padre, putón verbenero! ¡Toma descarga de lefa en tus entrañas!


Ana se carcajea y arenga a su padre a que le dé más duro, ya que está a punto de alcanzar el segundo orgasmo.


En esto que se abre la puerta del pasillo y asoma en el umbral don Benedicto.


--Vaya, parece que me hicieron caso y pusieron en práctica mis consejos. Me alegro –comenta el párroco.


Don Benedicto cierra la puerta y se acerca al trío.


--Ana, ¿no te dijeron tus padres que el otro día me los trajiné y me quedé en la Gloria?


--¿A mi padre también?


--Por supuesto, y debo decir que fue mejor puta que tu madre. Que te cuente ella. ¡Cómo me cabalgaba el muy cabrón!


--¡Me corro, joder! Las guarradas que me cuenta, don Benedicto, me han llevado al éxtasis –dice toda sofocada y acalorada, Ana.


--Don Benedicto tiene razón –asevera Martirio--. Y no solo él se folló a tu padre. Por si fuera poco, hizo unas llamadas y vinieron de otras habitaciones 7 enanitos con su peculiar Blancanieves y también tres chicas trans con pene y dos chicos trans con vagina. Aquello fue una locura. Desde entonces ya no somos los mismos.


--Repitamos hoy una locura parecida, añadiendo el ingrediente de vuestra hija –sugiere don Benedicto.


Ya descansados de su primera sesión de sexo guarro, se ponen en faena para su segunda sesión.


Don Benedicto sugiere:


--¿Por qué no montamos un castillo de tres pisos? Yo en la base. Sobre mí Rafael, envainándose mi sable. Y como guinda, Ana, montada sobre su padre. Martirio se colocaría enfrente y haría de mamporrera, lamiéndonos las entrepiernas.


Todos aceptaron.


Don Benedicto se desembaraza de la sotana en tres segundos. Está más seboso que la última vez. Habrá engordado unos 5 kg. Se sienta en un sofá y a una indicación suya, Rafael monta sobre él y se incrusta por el ano el pollón del sacerdote en dos asentadas.


Antes de acoplarse Ana, don Benedicto prefiere romperle el culo a Rafael sin más sobrepeso encima, durante unos minutos.


Cuando el cura ya tiene la polla bien alojada y acomodada en las entrañas de Rafael, le pide a Ana que se suba al “andamio”. Ana se inserta el falo de su padre de una sola clavada y comienzan a follar los tres a buen ritmo.


Martirio se acerca y le pega buenos lametazos al conejo de su hija. También lame, llenándolo de saliva, el cacho de carne de la polla de su marido que asoma y desaparece, en cuestión de milésimas de segundo, por el coño de Ana.


--¡Cómo echaba de menos el trasero de este maricón! El placer que me provoca su estrecho esfínter es único –comenta don Benedicto, mientras separa las nalgas de su amante para entrar más en profundidad con su mástil.


El sacerdote comienza a jadear, a resoplar. A los pocos minutos suelta:


--Me corro, joder, ¿notas mi leche calentita regar tus entrañas?


--Sí, joder. Me escuece el ano. Menos mal que se corrió ya. Ahora me toca a mí –dice Rafael, que sujetándose fuerte a las caderas de su hija le pega unos buenos caderazos--. ¡Toma, puta! De aquí sales preñada de tu padre, sí o sí.


Don Benedicto suelta unas carcajadas al comprobar que su discípulo ha progresado mucho en los últimos días en la asignatura de “Depravación moral y perversión sexual”.


También su alumna Martirio está muy adelantada en esta asignatura. Cuando su marido acabó de descargar su lefa en el chumino de Ana, Martirio los desengancha y chupetea y succiona la almeja de su hija con pasión, hasta provocarle el esperado éxtasis. Se traga todo el jugo que su hija le suelta en la boca, mezclado con el esperma de su marido.


--¡Eres muy guarra, cacho puta! --le suelta Ana a su madre--. ¡Cómo me lame, relame y sorbe el chocho, esta golfa!


A Martirio le supieron a poco aquellos caldos y se dirige a los rabos de Rafael y de don Benedicto, para recoger las últimas gotas de lechada que van soltando. Los paladea y se los traga con un intenso “mmmm”.


--Don Benedicto, ¿por qué no hace una de sus llamadas y amplía la orgía? ¡Estoy desatada, joder! --le sugiere Ana al cura.


El párroco le toma la palabra y telefonea a la habitación 36. Allí hay cuatro mocetones de casi 1,90 m de altura, muy musculados y marcando tableta. Son unos atractivos gays que están practicando el trenecito. Aceptan unirse a la orgía con la condición de que las hembras presentes se vistan con ropas masculinas.


Después, don Benedicto, telefonea a la habitación n.º 40, donde hay un matrimonio de recién casados, veinteañeros, practicando sexo de forma muy insípida y les aconseja que bajen a la habitación 26 para asistir a un cursillo intensivo de sexo del bueno. Los amateurs también se unen a la fiesta.


Lucas, el guarda, tenía los ojos como platos, por lo que estaba viendo. La bragueta le pedía liberar a la Bestia. Se saca la polla y comienza a hacerse una gayola a un ritmo frenético. En esto que entra por la puerta de la garita su novia, Lourdes, de la que hablamos en el capítulo anterior. Ella, como saben, se dedica a practicar sesiones de sadomaso, que consisten en pegarle patadas y puñetazos en los genitales a sus clientes, en esta misma mansión. Al ver a su chico pajearse mientras mira aquella orgía desenfrenada, le dice a Lucas:


--Ponte de pie, contra la pared y mirando hacia mí, que te voy a hacer una masturbación de las mías.


Lucas la obedece. Lourdes le pega unas diez buenas patadas en la polla con sus botas camperas. Consigue su objetivo. Lucas comienza a eyacular mientras berrea de placer.


El segurata le pega un morreo a su chica y le da las gracias por haber llegado en el momento oportuno para aliviarle un poco la tensión acumulada, por tantas horas de visionado de sexo duro.
 
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Episodio 11.

Lucas se despide de Lourdes. Se encontrarán en casa. Mientras espera a su relevo, a Araceli (sí, la primera segurata con la que nos encontramos al comenzar esta serie), se pega una ducha.


Araceli aparece por el umbral de la puerta con su melena morena lacia y larga hasta cerca de la cintura, sus tacones de 15 cm que la ponen en el 1,88 m, y su vestidito corto rojo adornado con flores blancas.


No tuvo tiempo de cambiarse en casa y lo hará en la garita, cuando su compañero Lucas abandone el establecimiento.


Lucas sale de la ducha ya vestido. Al ver a su compañera suelta un:


--Vaya ninfa de los océanos estás hecha. Lo que daría por amarte apasionadamente en este momento.


--Tuviste tu oportunidad hace un mes y la perdiste. No me quisiste comer la panocha ensangrentada por mi menstruación (con lo mucho que sabes que me gusta), y se me enfrió el interés por ti. Ahora ando detrás de Jorge. Cuando llegue mañana para hacerme el relevo, a ver si me lo calzo.


--¿Tienes en este momento la regla?


--No. ¿Por qué lo preguntas?


--Porque estaría dispuesto a comerte el chumino ahora y enmendar mi error de antaño.


--Aunque tuviera la regla ya es tarde. Tu momento ya se fue. Yo soy así de caprichosa. Enseguida me desintereso de un candidato. A esta diosa no la vas a catar nunca. Vete con tu loca rompe-pelotas y que te aproveche. Prefieres que te revienten los huevos a puñetazos y patadas a saborear un coño ensangrentado. Tú sabrás. Que Lourdes te haga feliz.


--¿Y si me ofrezco para lamerte el culo? Me trago todo lo que tengas pegado en la raja del trasero.


--No insistas. Ni comiéndote mis vómitos te admitiría como amante. Jorge es mi amor platónico en estos momentos y espero que mañana se cumplan mis deseos. Me lo tiraré como si fuera mi último día de vida. Me comportaré como un putón verbenero con mi macho alfa Jorge. Tú confórmate con pelártela a nuestra salud.


--No creo que Jorge acceda a acostarse contigo. Está muy enamorado de su recién esposa. Él prefiere a chicas decentes y no a putas baratas como tú.


--Tan barata no seré porque contigo no me pienso acostar. No acostumbro a follar con mediohombres, solo con machos de verdad. Y vete ya, cornudo, que Lourdes te los pone pero bien.


Lucas salió de la garita con un fuerte ataque de celos. No soportaba la idea de que Araceli se follara a Jorge al día siguiente. Quería creer que era una simple estratagema para darle celos, pero que en realidad no pasaría nada. Ideó el aparecer de repente a la mañana siguiente de improviso, para comprobar por sí mismo si realmente Araceli y Jorge llegarían a acostarse.


Araceli se acomodó en su asiento y puso el monitor n.º 43. En aquella habitación se alojan cuatro lesbianas muy sexys, parecen top models. Son altas, delgadas, con unos rostros sin mácula (con pómulos bien perfilados). Sus pechos, espalda, cintura, nalgas, muslos, pantorrillas y pies parecen esculpidos por el mismísimo Miguel Ángel. Las cuatro llevan melena larga. Dos son morenas, una rubia y la otra pelirroja. Sus cabellos son lacios excepto en una de las morenas, que lo tiene encaracolado. Esta parece llevar la voz cantante.


A la pelirroja le tocó hacer el papel de esclava, de sumisa servicial. Sus compañeras se ensañan con ella. Le escupen en la boca unos considerables gargajos verdosos, le mean en la cara, le mandan que les lama sus respectivos traseros con sus rajas sucias. Caminan descalzas por la habitación y por el pasillo del segundo piso de la mansión y luego obligan a la esclava a lamerles las plantas de los pies y sus diez deditos. Algunos hombres, conociendo lo que ocurre en esa habitación, vacían sus condones cerca de la puerta de la habitación 43 (a modo de improvisado felpudo blanquecino y viscoso). Las chicas chapotean un buen rato en este prominente charco de esperma y luego se dirigen hacia su pelirroja esclava para que les chupe y sorba los restos seminales que llevan incrustados en sus pies, hasta dejárselos bien limpitos.


Araceli está decidida a llamar a esa habitación, para que, cuando acaben su sesión de humillación suave y hayan obtenido sus tres orgasmos cada una, le manden a la garita de control a aquella puta tan sumisa. Araceli esta vez no tiene la regla, lástima, le encantaría que aquella golfa tan guarra, tuviera el honor de tragarse sus restos menstruales.


La esclava, ya casi al final de la sesión, se tumba boca arriba en el suelo (sobre una colchoneta). Las compañeras se van turnando para ponerse en cuclillas sobre su cara y aplastarle bien fuerte el chocho en su nariz y boca. Se corren soltando unos buenos squirts. La pelirroja se lo bebe todo y se relame. Esta no pierde el tiempo y también se masturba llegando a un orgasmo tan intenso y salvaje , que llega a decir un “Poneos unos arneses con buenas pollas y folladme duro, sin piedad, como a una zorra de veinte pavos”.


Esta sugerencia le dio una idea a la morena de pelo encaracolado, que es la mandamás del grupo.


Las chicas cogieron de un armario unos arneses y les colocaron las pollas de látex más grandes y gordas que encontraron en los cajones. Se dirigieron a la esclava y la mandamás dijo:


--Vamos a practicar un buen sándwich con esta puta. La vamos a dejar bien saciada de polla… por lo menos por un día. Mañana habrá que volver a follarla duro. Es una perra que demanda mucho sexo.


La rubia se tumba en el suelo. La esclava se sube a ella y se incrusta en el coño la polla de la compañera. La Ama se acerca por detrás y le endosa, por el culo, en cinco estocadas (sin vaselina ni saliva), todo el pollón que se había colocado en el arnés.


--Rocío, métele tu polla en la boca a esta furcia, para que no chille tanto, que es muy escandalosa y exagerada esta puerca –le sugiere la mandamás a la otra morena, la de pelo lacio.


Se trajinan en esta pose a su pelirroja sometida durante veinte minutos. Después la esclava se da la vuelta, se clava esta vez en el culo la polla de la rubia mientras la Ama le zumba fuerte el chumino. La morena de pelo lacio, siguiendo las indicaciones de la mandamás, le practica un buen Garganta Profunda a la dominada.


Se pasan, en esta pose, otros veinte minutos follándose a esta guarra sometida. La pelirroja enlaza orgasmo con orgasmo, llegó a alcanzar siete orgasmos seguidos. Fue un récord para ella.


Las compañeras se pusieron tan cachondas que volvieron a la pose del inicio: la esclava tumbada en el suelo y ellas, turnándose a la hora de aplastar sus respectivos chochos en la cara de la pelirroja, buscando un segundo y tercer orgasmo.


La esclava no se saciaba de tragar squirt tras squirt. Cuando terminaron, a la pelirroja le pasaron el recado de que fuera a la garita, que Araceli le iba a dar su ración de chumino y culo.


Araceli mientras espera la llegada de la golfa servicial, cambia al monitor 42, que corresponde a la habitación contigua.


Allí había un grupo de cinco hombres, de entre 25 y 50 años. Todos muy masculinos y musculosos. Primero hicieron un trenecito (cogiéndose fuerte por las caderas y perforándose sus culos con saña), y luego montaron un castillo de cuatro pisos mientras el quinto hombre, colocándose enfrente, hacía de mamporrero e iba comiendo pollas y ojetes a su capricho.


Cuando decidieron correrse, uno de ellos adopta el papel de tragaesperma colocándose de rodillas en el centro de la habitación rodeado de sus cuatro compañeros. Después de chupar polla tras polla (dejando aquellos cuatro rabos bien ensalivados), le descargan tal cantidad de semen, que la cara le queda irreconocible a aquel pedazo de maricón.


Araceli escucha unos toques en su puerta, la abre y allí está su puta barata ofreciendo sus servicios de esclava a su nueva ama.


--Si no quieres que te mande junto a esos guarros para que le sorbas todo el esperma a ese asqueroso chapero, el cual ya ves, lo tiene esparcido por toda la cara, vas a tener que hacer todo lo que yo te diga –le suelta Araceli a su nueva esclava.


--Sí, mi ama –dice la chica, escuetamente.


--Pues vente, que me tienes que chupar unas ampollas que me han salido en los pies por hacer senderismo durante cinco horas. Mordisquea esas bolsas y bébete todo el líquido que suelten. Tengo cuatro o cinco ampollas en cada pie. Tienes trabajo, ¡cacho puta!


Araceli se sienta en un sofá y su sierva la descalza. Se agacha y lame las plantas de los pies de su Ama. Acerca su boca a una de las ampollas, la muerde ligeramente, y sorbe todo el líquido que suelta. Araceli suelta unas carcajadas y masculla “Eres muy guarra y asquerosa. Serás una buena puta”.


Mientras la sierva le lava los pies con su lengua y sorbe el contenido del resto de las ampollas, Araceli coge el mando a distancia y marca el monitor -13 (que se corresponde con la habitación -13, en el sótano). Allí, una dómina con un strapon fijado a la cintura le pega unos buenos caderazos a un maricón. La polla de látex que la hembra posee es enorme. El hombre está a cuatro patas y la mistress o madame le penetra el ojete con ímpetu desmedido. La mujer se ríe a mandíbula abierta cada vez que el hombre suplica que baje el ritmo.


Araceli también se carcajea viendo el espectáculo y suelta:


--Se me acumula el trabajo. Hay tantas mujeres y hombres sumisos y dóciles dispuestos a ser sometidos y humillados por machos y hembras dominantes y con carácter, que no doy abasto.


Cuando Araceli constata que su sierva le ha dejado los pies como los chorros del oro y sin rastro de ampollas, la deja ir. No sin antes escupirle en la cara tres buenos salivazos.


Eran ya las seis de la madrugada. Jorge, su relevo, llegará a las ocho. Araceli decide pegarse una ducha y arreglarse un poco. De este día no se le escapa. Por muy enamorado que esté de su reciente esposa, Araceli tiene mucho orgullo y no permitirá que esa presa se le escurra de las manos.


Mañana será otro día.
 
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Lucas se despide de Lourdes. Se encontrarán en casa. Mientras espera a su relevo, a Araceli (sí, la primera segurata con la que nos encontramos al comenzar esta serie), se pega una ducha.


Araceli aparece por el umbral de la puerta con su melena morena lacia y larga hasta cerca de la cintura, sus tacones de 15 cm que la ponen en el 1,88 m, y su vestidito corto rojo adornado con flores blancas.


No tuvo tiempo de cambiarse en casa y lo hará en la garita, cuando su compañero Lucas abandone el establecimiento.


Lucas sale de la ducha ya vestido. Al ver a su compañera suelta un:


--Vaya ninfa de los océanos estás hecha. Lo que daría por amarte apasionadamente en este momento.


--Tuviste tu oportunidad hace un mes y la perdiste. No me quisiste comer la panocha ensangrentada por mi menstruación (con lo mucho que sabes que me gusta), y se me enfrió el interés por ti. Ahora ando detrás de Jorge. Cuando llegue mañana para hacerme el relevo, a ver si me lo calzo.


--¿Tienes en este momento la regla?


--No. ¿Por qué lo preguntas?


--Porque estaría dispuesto a comerte el chumino ahora y enmendar mi error de antaño.


--Aunque tuviera la regla ya es tarde. Tu momento ya se fue. Yo soy así de caprichosa. Enseguida me desintereso de un candidato. A esta diosa no la vas a catar nunca. Vete con tu loca rompe-pelotas y que te aproveche. Prefieres que te revienten los huevos a puñetazos y patadas a saborear un coño ensangrentado. Tú sabrás. Que Lourdes te haga feliz.


--¿Y si me ofrezco para lamerte el culo? Me trago todo lo que tengas pegado en la raja del trasero.


--No insistas. Ni comiéndote mis vómitos te admitiría como amante. Jorge es mi amor platónico en estos momentos y espero que mañana se cumplan mis deseos. Me lo tiraré como si fuera mi último día de vida. Me comportaré como un putón verbenero con mi macho alfa Jorge. Tú confórmate con pelártela a nuestra salud.


--No creo que Jorge acceda a acostarse contigo. Está muy enamorado de su recién esposa. Él prefiere a chicas decentes y no a putas baratas como tú.


--Tan barata no seré porque contigo no me pienso acostar. No acostumbro a follar con mediohombres, solo con machos de verdad. Y vete ya, cornudo, que Lourdes te los pone pero bien.


Lucas salió de la garita con un fuerte ataque de celos. No soportaba la idea de que Araceli se follara a Jorge al día siguiente. Quería creer que era una simple estratagema para darle celos, pero que en realidad no pasaría nada. Ideó el aparecer de repente a la mañana siguiente de improviso, para comprobar por sí mismo si realmente Araceli y Jorge llegarían a acostarse.


Araceli se acomodó en su asiento y puso el monitor n.º 43. En aquella habitación se alojan cuatro lesbianas muy sexys, parecen top models. Son altas, delgadas, con unos rostros sin mácula (con pómulos bien perfilados). Sus pechos, espalda, cintura, nalgas, muslos, pantorrillas y pies parecen esculpidos por el mismísimo Miguel Ángel. Las cuatro llevan melena larga. Dos son morenas, una rubia y la otra pelirroja. Sus cabellos son lacios excepto en una de las morenas, que lo tiene encaracolado. Esta parece llevar la voz cantante.


A la pelirroja le tocó hacer el papel de esclava, de sumisa servicial. Sus compañeras se ensañan con ella. Le escupen en la boca unos considerables gargajos verdosos, le mean en la cara, le mandan que les lama sus respectivos traseros con sus rajas sucias. Caminan descalzas por la habitación y por el pasillo del segundo piso de la mansión y luego obligan a la esclava a lamerles las plantas de los pies y sus diez deditos. Algunos hombres, conociendo lo que ocurre en esa habitación, vacían sus condones cerca de la puerta de la habitación 43 (a modo de improvisado felpudo blanquecino y viscoso). Las chicas chapotean un buen rato en este prominente charco de esperma y luego se dirigen hacia su pelirroja esclava para que les chupe y sorba los restos seminales que llevan incrustados en sus pies, hasta dejárselos bien limpitos.


Araceli está decidida a llamar a esa habitación, para que, cuando acaben su sesión de humillación suave y hayan obtenido sus tres orgasmos cada una, le manden a la garita de control a aquella puta tan sumisa. Araceli esta vez no tiene la regla, lástima, le encantaría que aquella golfa tan guarra, tuviera el honor de tragarse sus restos menstruales.


La esclava, ya casi al final de la sesión, se tumba boca arriba en el suelo (sobre una colchoneta). Las compañeras se van turnando para ponerse en cuclillas sobre su cara y aplastarle bien fuerte el chocho en su nariz y boca. Se corren soltando unos buenos squirts. La pelirroja se lo bebe todo y se relame. Esta no pierde el tiempo y también se masturba llegando a un orgasmo tan intenso y salvaje , que llega a decir un “Poneos unos arneses con buenas pollas y folladme duro, sin piedad, como a una zorra de veinte pavos”.


Esta sugerencia le dio una idea a la morena de pelo encaracolado, que es la mandamás del grupo.


Las chicas cogieron de un armario unos arneses y les colocaron las pollas de látex más grandes y gordas que encontraron en los cajones. Se dirigieron a la esclava y la mandamás dijo:


--Vamos a practicar un buen sándwich con esta puta. La vamos a dejar bien saciada de polla… por lo menos por un día. Mañana habrá que volver a follarla duro. Es una perra que demanda mucho sexo.


La rubia se tumba en el suelo. La esclava se sube a ella y se incrusta en el coño la polla de la compañera. La Ama se acerca por detrás y le endosa, por el culo, en cinco estocadas (sin vaselina ni saliva), todo el pollón que se había colocado en el arnés.


--Rocío, métele tu polla en la boca a esta furcia, para que no chille tanto, que es muy escandalosa y exagerada esta puerca –le sugiere la mandamás a la otra morena, la de pelo lacio.


Se trajinan en esta pose a su pelirroja sometida durante veinte minutos. Después la esclava se da la vuelta, se clava esta vez en el culo la polla de la rubia mientras la Ama le zumba fuerte el chumino. La morena de pelo lacio, siguiendo las indicaciones de la mandamás, le practica un buen Garganta Profunda a la dominada.


Se pasan, en esta pose, otros veinte minutos follándose a esta guarra sometida. La pelirroja enlaza orgasmo con orgasmo, llegó a alcanzar siete orgasmos seguidos. Fue un récord para ella.


Las compañeras se pusieron tan cachondas que volvieron a la pose del inicio: la esclava tumbada en el suelo y ellas, turnándose a la hora de aplastar sus respectivos chochos en la cara de la pelirroja, buscando un segundo y tercer orgasmo.


La esclava no se saciaba de tragar squirt tras squirt. Cuando terminaron, a la pelirroja le pasaron el recado de que fuera a la garita, que Araceli le iba a dar su ración de chumino y culo.


Araceli mientras espera la llegada de la golfa servicial, cambia al monitor 42, que corresponde a la habitación contigua.


Allí había un grupo de cinco hombres, de entre 25 y 50 años. Todos muy masculinos y musculosos. Primero hicieron un trenecito (cogiéndose fuerte por las caderas y perforándose sus culos con saña), y luego montaron un castillo de cuatro pisos mientras el quinto hombre, colocándose enfrente, hacía de mamporrero e iba comiendo pollas y ojetes a su capricho.


Cuando decidieron correrse, uno de ellos adopta el papel de tragaesperma colocándose de rodillas en el centro de la habitación rodeado de sus cuatro compañeros. Después de chupar polla tras polla (dejando aquellos cuatro rabos bien ensalivados), le descargan tal cantidad de semen, que la cara le queda irreconocible a aquel pedazo de maricón.


Araceli escucha unos toques en su puerta, la abre y allí está su puta barata ofreciendo sus servicios de esclava a su nueva ama.


--Si no quieres que te mande junto a esos guarros para que le sorbas todo el esperma a ese asqueroso chapero, el cual ya ves, lo tiene esparcido por toda la cara, vas a tener que hacer todo lo que yo te diga –le suelta Araceli a su nueva esclava.


--Sí, mi ama –dice la chica, escuetamente.


--Pues vente, que me tienes que chupar unas ampollas que me han salido en los pies por hacer senderismo durante cinco horas. Mordisquea esas bolsas y bébete todo el líquido que suelten. Tengo cuatro o cinco ampollas en cada pie. Tienes trabajo, ¡cacho puta!


Araceli se sienta en un sofá y su sierva la descalza. Se agacha y lame las plantas de los pies de su Ama. Acerca su boca a una de las ampollas, la muerde ligeramente, y sorbe todo el líquido que suelta. Araceli suelta unas carcajadas y masculla “Eres muy guarra y asquerosa. Serás una buena puta”.


Mientras la sierva le lava los pies con su lengua y sorbe el contenido del resto de las ampollas, Araceli coge el mando a distancia y marca el monitor -13 (que se corresponde con la habitación -13, en el sótano). Allí, una dómina con un strapon fijado a la cintura le pega unos buenos caderazos a un maricón. La polla de látex que la hembra posee es enorme. El hombre está a cuatro patas y la mistress o madame le penetra el ojete con ímpetu desmedido. La mujer se ríe a mandíbula abierta cada vez que el hombre suplica que baje el ritmo.


Araceli también se carcajea viendo el espectáculo y suelta:


--Se me acumula el trabajo. Hay tantas mujeres y hombres sumisos y dóciles dispuestos a ser sometidos y humillados por machos y hembras dominantes y con carácter, que no doy abasto.


Cuando Araceli constata que su sierva le ha dejado los pies como los chorros del oro y sin rastro de ampollas, la deja ir. No sin antes escupirle en la cara tres buenos salivazos.


Eran ya las seis de la madrugada. Jorge, su relevo, llegará a las ocho. Araceli decide pegarse una ducha y arreglarse un poco. De este día no se le escapa. Por muy enamorado que esté de su reciente esposa, Araceli tiene mucho orgullo y no permitirá que esa presa se le escurra de las manos.


Mañana será otro día.
Fantástico mi amor 🥰
 
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Episodio 12.

Cuando llega Jorge a la garita para hacer el relevo, Araceli está preparada con todas sus armas de seducción. Sentada con las piernas cruzadas exhibiendo sus dos exuberantes jamones; su vestidito rojo con flores blancas (que al no llevar puesto el sujetador, los pezones parece que quisieran atravesar la tela); y con sus tacones, que la ponen en 1,88 m. No alcanza a Jorge, este mide 1,90 m y calzado subirá 3 cm más, seguro. Fuerte como un armario empotrado, es el macho alfa que desea Araceli.


--¿Qué tal la noche? ¿Estuvo entretenida? --pregunta Jorge.


--Un poco parada. Me dio tiempo hasta de explotarme un par de ampollas que me salieron en los pies, por tanto senderismo que hago –le contesta Araceli, con mucha sorna, pues si leyeron el episodio anterior ya sabrán el porqué.


--Bueno, pues ya te puedes ir. Descansa mucho y disfruta del fin de semana –dice Jorge.


--De eso nada, mi amor. De aquí hoy no me voy hasta que me folles duro. Me da igual si estás muy enamoradito de tu cursi, pero tú hoy no te me escapas.


De repente, Araceli, cambió su habitual rol de hembra dominante, de loba feroz, de esclavista de hombres y mujeres sumisos. Parecía otra mujer.


--No te pido que me hagas el amor. Te pido que me folles duro, sin piedad, como si fuera una puta de barra americana. Eres un hombre que me calienta mucho. Seré tu gatita dócil.


Jorge se creció en su ego y vanidad. Ver a una mujer tan exuberante y dominante, de repente adoptar un perfil tan servicial, lo puso cachondo y aceptó ponerle los cuernos a su recién esposa con Araceli.


--Acepto pero tienes que postrarte de rodillas ante mi rabo y hacerme un Garganta Profunda. Te vas a tragar enterita mi polla de 22 cm –suelta con cierta prepotencia y chulería Jorge.


Araceli coge un cojín, lo pone en el suelo y se arrodilla sobre él. Tiene la bragueta de su hombre a unos centímetros de distancia. Desabrocha el pantalón y le desempaqueta la verga. Esta está tiesa y dura como un mástil. Araceli pensó que estaría morcillona y se sorprendió al ver aquel cacho de carne tan enhiesto.


La polla de Jorge está circuncidada. La piel del glande está curtida, casi no se diferencia de la piel que cubre el resto del tronco. Araceli le pega un piquito en la punta. Poco a poco se va introduciendo aquella barra de carne en el interior de su garganta. De momento, solo engulle la mitad de la polla y un poco más.


Jorge la coge del cogote y la empuja hacia su pubis.


--Métete más polla dentro, puta. Quiero sentir cómo atraviesa tu campanilla. Te quiero follar la laringe.


Araceli tuvo dos o tres arcadas cuando Jorge comenzó a aumentar el ritmo del fuelle. Con cada arremetida le iba introduciendo más polla dentro de su cavidad bucal. Después de seis o siete intentos, por fin Jorge consigue meterle todo su rabo en la boca. Su pubis choca contra la nariz de Araceli, se la aplasta. La comisura de los carnosos labios de la segurata tocan la bolsa escrotal. Araceli no puede evitar ir soltando unas copiosas y espesas babas.


Por los alrededores del recinto se presenta Lucas. Cumplió con su decisión de aparecer al día siguiente para comprobar por sí mismo si Araceli se tiraba o no a Jorge. Lucas se acerca a una ventana y observa qué ocurre dentro. Ve a Araceli de rodillas manducándole la polla a su compañero y Lucas decide sacar el móvil y grabarlos.


Cuando ya grabó unos cuatro minutos decide entrar y montar un numerito. Abre la puerta de un empujón y brama:


--Así que era cierto. No ibas de farol. Pues que sepáis que os he grabado y pienso mandarle una copia a vuestras parejas, para que sepan qué clase de angelitos sois. Sobre todo tú, Jorge.


Lucas, cegado de rencor, no supo medir sus fuerzas a la hora de amenazar. Jorge le saca casi dos cabezas y es mucho más corpulento. Este, se desengancha de la boca de Araceli y sale corriendo hacia su contrincante. Lucas, dándose cuenta de su error, intenta zafarse de Jorge y huir por la puerta, pero ya es tarde.


Araceli acude en ayuda de Jorge y esposa a Lucas con sus manos a la espalda. Una vez inmovilizado Lucas, la pareja de amantes le separa las piernas y se las atan por sus tobillos a las patas de unos armarios. Lucas quedó tumbado en el suelo, boca abajo.


Araceli, para desnudar al chantajista, coge una navaja y rompe a tiras jersey, camisa, pantalón y ropa interior de Lucas. Jorge, mientras, revisa el móvil del compañero chantajista para borrar el video que podría poner en riesgo su matrimonio.


--Ahora te vamos a grabar nosotros a ti en una sesión de BDSM –le dice la segurata a Lucas.


Araceli, con respecto a Lucas, recupera su actitud de dómina y de humilladora de machos. Le pisa la cabeza con sus botas de tacón alto y le escupe en la cara. Después se sube la falda corta, y sin quitarse las bragas, le orina en el rostro.


Jorge coloca dos trípodes con los móviles de Araceli y el suyo e indica a Araceli que se ponga una máscara de cuero, de las que cubren todo el cráneo. Hay unas cuantas en un cajón. Jorge se pone otra. Y comienzan a grabar.


--Grabaremos el video sin sonido, para que a ese cabrón no se le oiga decir nuestros nombres –comenta Jorge.


--Sodomízalo con tu anaconda, cariño.


--Para ponerme cachondo y poder penetrar a este asqueroso tendrás que practicar un sensual striptease delante de mí, Araceli. Solo así podrá ponérseme dura y romperle el trasero a este guarro.


Araceli puso un poco de música y comienza a bailar de forma provocativa. Se fue desprendiendo del vestido corto. Después se quita las bragas, las cuales están empapadas por la anterior lluvia dorada. Las retuerce sobre la cabeza de Lucas, cae un copioso chorro de pis. Luego, con ellas, Araceli le pega unos guantazos en la cara a su sometido.


La polla de Jorge comienza a reaccionar positivamente. El hombre se pone un condón y se dispone a sodomizar, sin ningún tipo de lubricante, a su víctima.


--Por tu bien, si no quieres que te haga un desgarro, será mejor que relajes el esfínter y te dejes empotrar.


--Sois unos degenerados. Dejadme ir y no diré nada. No sigáis con esta locura –suplica Lucas.


Jorge introduce su barra de carne dura y caliente por el ojete estrecho de su “querida”. En cinco buenas estocadas se la hinca por completo en el colon. El hijoputa chilla como un cerdo en el matadero. Araceli le mete sus bragas encharcadas en la boca. Con un esparadrapo le fija a la boca su improvisado bozal.


Jorge no se anduvo con contemplaciones y no guarda los 15 minutos de rigor de follada lenta y suave. Se trajina el culo de aquel forzado maricón a un ritmo de tres emboladas por segundo. Araceli comenta:


--Vaya, parece que pone cara como que le gusta. Vamos a tener que pedir ayuda de otros machos. A ver si se harta, el guarro este.


Entonces Araceli telefonea a la habitación n.º 31. Allí está instalado un chico gay muy musculado y atractivo. Está solo. Parece que su cita le dio plantón. Se la está pelando mirando una película en el televisor.


--¿Quieres venir a la garita de seguridad y tirarte a un sarasa prácticamente virgen? --le pregunta Araceli al chico, contestando con un rotundo sí el chaval.


Luego llama a la habitación n.º -12, donde una dómina se dedica a ensanchar ojetes anales de un grupo de esclavos. Esta mujer tiene un sin fin de juguetes sexuales con los cuales hace sufrir con intensidad a sus machos. La invita a unirse a la fiesta, para darle lo suyo a un espía chivato, y la dómina acepta encantada.


Por último, telefonea a la habitación 14. Allí hay dos mulatas dándose el lote, comiéndose el coño en un sensual 69. Las pilló en pleno orgasmo y tardaron un poco en descolgar. Cuando lo hacen, lo primero que dice una de ellas es:


--Vamos, con la condición de poder escupir, sonarnos los mocos y orinar en la boca de ese cabrón. Tenemos que desquitarnos de esta sociedad patriarcal y falocéntrica.


Araceli acepta sus condiciones.


A todas las personas a las que invitó a unirse al folleteo, les pide que se pongan una máscara de cuero. Para no ser reconocidas en el video que están grabando.


Jorge, después de estar más de media hora zumbándole con saña el trasero a Lucas, decide correrse. Como lleva puesto un preservativo, toda la carga de esperma queda a buen recaudo.


Cuando se desacopla de su esclavo, se saca con cuidado el condón y se lo da a Araceli. Esta (después de quitarle el esparadrapo a Lucas y las bragas de su boca), a modo de flash de hielo le vacía el preservativo en la garganta a su sometido. Lucas no tiene más remedio que obedecer, si no quiere que le estrangulen los testículos. Araceli amenazó con retorcerle los huevos sin piedad y Lucas sabe que la guarda no va de farol.


Una vez vaciado el condón, Araceli le da la vuelta como un calcetín y se lo mete en la boca a su improvisado chapero para que lo chupe bien. Solo después de unos tres minutos, le da permiso para que lo escupa.


Suenan unos toques en la puerta. Jorge la abre y se encuentra con el solitario gay, la dómina y la pareja de lesbianas mulatas.


--Pasad. El maricón sometido es todo vuestro –les indica Jorge a sus invitados.


Mientras la dómina (con un pene de látex de 24 cm de largo y 15 cm de perímetro), se folla sin compasión el trasero de Lucas, turnándose en los envites con el chico gay, y las lesbianas mulatas mean, escupen y se suenan las narices en boca y cara del chantajista, Araceli y Jorge deciden irse al vestuario. Se pegan una ducha y, en un rinconcito junto a unas colchonetas, hacen el amor apasionadamente.


Después de más de tres horas de sexo duro, el rostro y resto del cuerpo de Lucas quedaron pringados de semen, orina, mocos, saliva... y hasta de vómitos de sus dominadores (el chico gay y una de las mulatas no pudieron evitarlo, son demasiado sensibles). Tenían pensado seguir un par de horas más con sus humillaciones, pero los móviles de Araceli y Jorge se estaban quedando sin batería.


--Estos videos, si no haces todo lo que te mandemos de aquí en adelante, serán enviados, no a Lourdes, tu chica (que seguro que en vez de enfadarse contigo, se masturba viéndolos), sino a tus padres, hermanos y lo que es peor, a tu cuñado. Sí, ese que te tiene ganas –le comenta Araceli a Lucas.


Lucas fue a por lana y salió trasquilado. Como su ropa estaba a jirones, salió desnudo de la garita, lleno de pringue, y se dirigió a su coche. De esta guisa fue conduciendo por todo el trayecto, hasta llegar a su casa.


--Solo faltaba que ahora me parasen los guardias de tráfico –pensó para sus adentros Lucas, tembloroso--. ¿Qué escusa podría darles? La verdad no la puedo decir.
 
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Episodio 13.

Araceli, Jorge, el chico gay (al que le dieron plantón en su cita), la dómina y la pareja de lesbianas mulatas se echaron unas risas al ver a Lucas montar en el coche y dirigirse a su casa en unas condiciones deplorables: desnudo y bañado en pis, semen, saliva, mocos… y hasta en vómitos del chico gay y de una de las mulatas, que son muy sensibles a tanto desmadre.


Se ducharon todos juntos, tomaron un café con pastas y sentados en un sofá, visualizaron los videos que grabaron, para echarse unas risas. Jorge, que es el que está de servicio, vigila atentamente los monitores. En la habitación 41 observa que hay una pareja sentada en un sofá. Bueno, mejor dicho, en el sofá está sentado el chico, la chica está sentada sobre él, dándole la espalda.


En frente tienen colocada una cámara de video bastante potente. El camarógrafo en ocasiones se coloca al hombro la cámara y se acerca a la pareja en acción, para filmar unos excelentes primeros planos. La chica coquetea y enamora al objetivo. No para de gesticular y de poner muecas lascivas. Tiene una melena larga pelirroja con mucho volumen. Con cada arremetida que su amante le obsequia, ella se yergue un poco y suelta un quejido.


En esta pose se pasan una buena media hora. La chica cabalga cada vez con más energía, busca el orgasmo. Le caen algunas gotas de sudor por las sienes. Cuando el empotrador advierte que está a punto de eyacular, avisa. Entonces el camarógrafo enfoca a la entrepierna de la pareja.


La polla en uno de los empellones se sale del coño. Riega el pubis de la chica con varios chorros de esperma, alguno de los disparos alcanza al ombligo. Al cabo de unos 30 segundos, la chica se apresta a sujetar la polla por la base y comienza a exprimirla, buscando drenar las últimas gotas de lechada. Frota la punta del glande contra la entrada de su vulva. El camarógrafo graba minuciosamente lo que ocurre, sin perder detalle.


Jorge decide cambiar de monitor y se va a los sótanos, a la habitación -11. Allí hay un grupo de cinco chicas vestidas de cuero, con máscaras, siguiendo el estilo y la moda a lo Catwoman. Un chico está recostado sobre una camilla, desnudo y boca arriba. Los pies y las manos los tiene sujetos a unas argollas. Las felinas indomables lo rodean. Tres de ellas se centran en los testículos y verga del chaval. Le magrean los huevos retorciéndoselos, como quien coloca una bombilla. También se turnan para incrustar sus dedos meñiques por la uretra del glande. A medida que la uretra se va dilatando, se animan con dedos más anchotes. Hasta conseguir introducir sus dedos pulgares no paran. Prácticamente los 50 dedos de aquellas sádicas lobas fueron introducidos, completamente y hasta el fondo, por la uretra del rabo de aquel sufrido chaval.


Mientras tres chicas se dedican a estrujar y sondar huevos y polla, respectivamente, las otras dos féminas se centran en orinar y escupir sobre la cara y boca de su macho sometido.


Después de estar más de dos horas turnándose entre las cinco dóminas para hacer estas actividades, deciden colocar al chico tumbado boca abajo sobre la camilla. Las chicas se colocan unos arneses alrededor de sus cinturas y con unos pollones de látex bastante prominentes, van empalando por el culo y la boca (como un pollo al ast), al improvisado maricón.


--Te vamos a reventar, maricón. La punta de nuestras pollas se van a tocar a la altura del esternón –dicen casi al unísono las dos chicas que se dedican a empalar al esclavo.


Mientras las dos chicas le pegan buenos caderazos al chaval, hincándole sus respectivos rabos hasta el fondo por culo y boca. Otra de las chicas le retuerce los testículos. Una cuarta, se sube sobre la espalda del chaval y con unos buenos tacones, taconea a placer sobre el dorso del sometido. Y la quinta chica le ordeña la polla con ímpetu, como queriendo arrancársela de cuajo.


En alguna ocasión, las chicas que le revientan el trasero y la garganta, acercan sus rostros y se dan un pico, un morreo, y se susurran:


--Hazle un desgarro en la garganta a este guarro. Atraviésale la campanilla sin contemplación, que se ahogue en sus propias arcadas el muy maricón.


--Lo mismo te digo, querida. Hazle una fisura en el colon e intestino grueso. Que tenga que ir a urgencias a confesar que cinco imponentes hembras le rompieron el culo, por asqueroso.


Así estuvieron un par de horas más: estrujando huevos, ordeñando salvajemente polla, aguijoneando con tacones la espalda, y petándole el culo y la garganta al esclavo (obligando al macho sometido a tragarse sus propias arcadas).


Jorge no pudo evitar cascarse la polla viendo cómo cinco superwomen someten a su voluntad y capricho a un macho alfa, convertido en maricón poligonero. Luego cambió de monitor y se fue a la habitación n.º 33.


Esta habitación está dedicada exclusivamente a la especialidad del Beso Negro. Un grupo de 20 chicos y chicas se van morreando respectivamente sus traseros. En ocasiones un chico le lame el culo a una chica, en otras ocasiones una chica le succiona el esfínter a un chico. Chicas que sorben ojetes de chicas son bastantes. Chicos que lamen, besan, succionan y sorben rajas anales y ojetes de machos también son numerosos. Es como una academia de mamporreros. Van subiendo de categoría a medida que el aliento de sus bocas va adquiriendo un sabor y olor a caca más intenso.


Jorge se pone cachondo viendo tanta guarra y tanto asqueroso. Echa un vistazo a su alrededor. Observa que sus invitados, después de visionar los videos en donde a Lucas lo convierten en un maricón de categoría Plata, se montaron una orgía.


A cuatro patas está Araceli y dándole por detrás, la dómina, intercambiando embestidas por coño y culo. La pareja de mulatas lesbianas, con arneses y buenas vergas, se turnan para romperle el ojete al chico gay. Este está acostado boca arriba sobre una mesa. Mientras la chica de turno lo coge por las caderas y se lo calza sin compasión, la otra mulata le estira la picha, flácida como un chicle, buscando ponérsela dura.


Jorge se acerca al grupo y, cogiendo por el pelo a Araceli, le levanta la cabeza y le inserta en la garganta de una sola estocada toda su polla, hasta el fondo.


--Atragántate con mi rabo, cacho puta. Cuando me lo calientes bien, me correré en la cara y boca del maricón al que le están dando caña las dos hermosas mulatas.


Araceli ante su idealizado macho, vuelve a adoptar una postura sumisa y servil. Se deja follar la garganta con rudeza, sin oponer resistencia. Le deja la polla y los huevos a su amante bien ensalivados, para que el chico gay no solo pruebe el esperma de Jorge, sino también las babas de su Ama Araceli.


A los pocos minutos, Jorge se desengancha de la garganta de Araceli y se dirige hacia el gay masculino y musculado. Se pajea fuerte la punta del glande y apuntando a la cara del chico gay dice:


--Abre la boca, chapero asqueroso, saborea y trágate toda mi lechada. Te tenemos bien atenazado, no puedes recular. Las chicas con sus arremetidas te empujan hacia mí, y yo con mis embestidas te empujo hacia ellas. Trágate todo lo que suelte mi rabo, déjamelo bien limpio. Mi pubis choca contra tu rostro. Te tenemos bien ensartado, ¡pedazo de maricón!


Araceli se acerca a Jorge y le susurra al oído:


--Eres un auténtico macho alfa, cariño. Todas las aquí presentes seremos tus putas. Y este chapero hará el trabajo de cuckold, tragándose todos nuestros fluidos corporales. ¿Qué te parece, cariño?


Jorge estaba tan ensimismado con el placer que le estaba provocando el chico gay, con la excelente mamada que le estaba proporcionando, que no pudo más que rugir un:


--Estoy de acuerdo. Comienza por lamerme el culo.
 
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Episodio 14.

Jorge por fin se quedó solo en la garita de seguridad. Despidió a su compañera de trabajo Araceli y al grupo de personas que les ayudaron a poner en práctica su plan de dominación sexual contra Lucas, su compañero de trabajo que lo intentó chantajear por celos.


Le suena el teléfono móvil. Es su mujer.


--Hola mi amor –le contesta él--. Llevo todo el día pensando en ti. Esta guardia se me está haciendo muy larga. Es muy tedioso este trabajo. Me agrada escuchar tu voz.


Jorge mintió, cínicamente. Del otro lado del auricular, algo le dice su mujer sobre si se puede fiar de él, al trabajar en un lugar tan libidinoso.


--Yo solo tengo ojos para ti, mi vida. Justamente hace un rato leí en una página web un artículo de una consejera matrimonial, te lo voy a mandar por WhatsApp. Pienso ponerlo en práctica contigo para hacerte la mujer más feliz del planeta. Léelo:



Alabanza al Beso Negro


A una hembra empoderada, ejecutiva y con parné, no hay cosa que le provoque más placer que tener a su hombre olisqueándole el trasero.

Poder decirle a sus amigas: “Ayer me lamieron el culo, en sentido literal”, “Mi hombre me comió el ojete anal y me lamió, como un perrito faldero, la raja del culo”.

Sus compañeras de trabajo y amigas, después de unas risotadas y carcajadas ridiculizando al marido, no dejarán de tenerle a su amiga envidia. No tardarán en exigirle a sus parejas que les hagan lo mismo.



La mujer agradece una buena follada, que la empotren fuerte. Le satisface que le coman el coño, correrse en la boca de su amante. Pero no nos engañemos, el hecho de tener a un macho succionándole el trasero es algo sublime para su autoestima. ¿Hay mayor acto de sometimiento a tu pareja que lamerle el trasero, literalmente hablando? No por casualidad expresiones populares como “Tenerte comiendo de mi mano”, “Besar el suelo que piso”, “Lamerme el culo”, denotan una actitud servil hacia tu ser amado. La mayor muestra de amor que uno puede mostrar. Pero estas tres expresiones que se dicen en sentido figurado, hay que ejecutarlas al pie de la letra. Solo así conseguiréis hacer extremadamente felices a vuestras mujeres.



La chica, a cuatro patas, espera con ansiedad que su pareja se acerque y le hinque el hocico entre las nalgas y le ensalive el esfínter.

También, mientras el chico está acostado en el suelo boca arriba, la hembra, en cuclillas, disfruta en extremo aplastando las nalgas en la cara de su hombre. Entre esas dos lunas se encuentra su original agujero negro. Gracias a su fuerza de gravedad, la boca del macho se va acercando. Este, le pega un intenso morreo. No solo besuquea superficialmente el ano, sino que introduce toda la lengua por ese peculiar horizonte de sucesos, recogiendo y tragando todo lo que va encontrando a su paso.

Otra de las posturas que también tiene mucho morbo es: la chica de pie (con las piernas un poco separadas), y su hombre sentado en el suelo, entre sus piernas, bajo palio. El macho sorbe con placer el culo y lame con fuerza la raja anal.

En cualquiera de estas tres posturas y alguna más, a las chicas les vuelve locas sentir cosquillitas en el ojete. Notar una lengua húmeda en su raja, lamiendo y lamiendo.



Si no estás dispuesto a regalarle un Beso Negro a tu chica, buscará quien se lo ofrezca. Y a ese otro lo acabará adorando más que a ti.

Que no te disguste el hecho de que tu aliento sepa y huela a culo. Llévalo con orgullo, es la mejor prueba de que estás cumpliendo con los preceptos matrimoniales.

Que tu aliento huela y sepa a culo de tu hembra es la mayor insignia, la más sublime, con la que el Matrimonio y el Establishment puedan honrar y condecorar tu complacencia y dedicación exclusiva para con tu amada”.



Jorge, con su esposa, abandona toda pose de macho dominante, de esclavista de putas y sarasas. Con Maite, su mujer, es un auténtico calzonazos, mandilón. Maite es muy controladora. Le encanta tener castrado a su hombre. Que se comporte como un eunuco.



--¿Qué te pareció el Manifiesto de esta consejera matrimonial? --le pregunta Jorge a su mujer.



--Espero que cumplas tu palabra –contesta Maite--. Llevamos poco tiempo casados. De noviazgo tampoco estuvimos muchos meses. Ya irás conociendo mis gustos. Espero que sigas siendo tan servicial y dispuesto como hasta ahora. No soporto a los machirulos. Si me casé contigo es porque todo lo que tienes de hombretón, físicamente hablando, lo tienes de dócil y complaciente.



Está claro que Maite no conoce aún a su esposo.



Se despidieron, mándandose muchos besos y colgaron sus teléfonos. Jorge quedó con ganas de saber más de Margaret Morgan Clark, la consejera matrimonial que descubrió en Internet, y buscó alguna cosa más de ella. Encontró otro artículo publicado hace seis meses.



Tres prácticas sexuales que la mujer de hoy demanda a su hombre


La biología se está democratizando, se está haciendo feminista. Hace menos de un siglo, el hombre era mucho más alto que la mujer y los roles estaban perfectamente definidos. Desde hace unas décadas, las diferencias en altura entre el hombre y la mujer ya no son tan grandes, incluso en un porcentaje bastante alto, la mujer supera al hombre en altura. Los roles tampoco están tan marcados de forma tan evidente. La masculinidad y la feminidad están en reconstrucción, o simplemente en deconstrucción.



Los gustos de la mujer liberada y empoderada, en lo que a sexo se refiere, también se han ido adaptando al nuevo modelo de sociedad que nos ha traído el siglo XXI. Hay tres prácticas sexuales que muchas mujeres demandan últimamente a sus parejas. La primera sería el Beso Negro, del que ya hablé en otras ocasiones. La segunda sería el colocarse un strapon y penetrar analmente a su marido. Cambiar el rol de quién debe penetrar y quién debe ser penetrado. Si el hombre le exige a su mujer sexo anal, desvirgar el ano a su chica, es lógico y coherente que la mujer, como contrapartida, pida sodomizarlo a él también. La equidad en el trato, el ofrecer lo que pides.

La mujer, a la hora de sodomizar a su chico, tiene tres posturas preferidas: él a cuatro patas; la postura del misionero; y la postura de ella sentada en un sofá y él sentado sobre ella, dándole la espalda. En cualquiera de estas tres posturas, la chica siente una gran libertad de movimientos a la hora de bombearle el trasero a su maricón provisional. También hay una cuarta postura que la hembra envalentonada suele demandar. Es la de pie, el chico cara a la pared, dándole la espalda a su hembra, y la fémina (como buena empotradora de maricas-hetero), rompiéndole el culo a su marido con furia, empujándolo contra la pared mientras lo coge por las caderas.

La tercera práctica sexual que muchas mujeres liberadas exigen de sus machos es el tragarse el esperma. Cuando el hombre se corre en la cara de la chica, o en otra parte del cuerpo (pechos, ombligo, interior del coño o del culo, con el consiguiente chorreo posterior de esperma por los muslos), la esposa le exige al marido que la lama y se trague su propia lechada. También es una demanda sensata y justa que el que mancha debe limpiar después.

En una versión más avanzada y radical de esta tercera práctica, está el que la esposa le exija al marido el tragarse el semen de sus amantes. Lamerle la cara y tragarse las diferentes lechadas que los amantes (de su esposa), le vayan soltando por todo su cuerpo. Esta variante no es demandada, como es lógico, en parejas monógamas cerradas. Se suele practicar con más asiduidad, aunque de momento en porcentajes muy residuales, en parejas abiertas.



Beso Negro, sodomizar al marido y que él lama su propio esperma del cuerpo de su chica, son las tres prácticas que se están extendiendo entre las nuevas y no tan nuevas generaciones, como demandas honestas y justos, de las mujeres que piden y exigen igualdad de trato.

A ponerse las pilas, machos del mundo, o aprended a vivir en clausura y castidad”.



Jorge no tardó ni diez segundos en enviarle por WhatsApp, a Maite, este segundo artículo de la célebre psicóloga. Maite le contestó con un escueto:



--Vete preparando, cariño. Te voy a hacer un hombre… del siglo XXI.



Jorge, trabajando en la Mansión El Edén, pudo comprobar, casi como un estudio sociológico y estadístico, que lo que dice en sus artículos la consejera matrimonial Margaret Morgan Clark, es extraordinariamente cierto. De hecho, en la mansión, son muy demandados los chicos que prestan este tipo de servicios. Son los más remunerados de la plantilla.



El guarda, observa que hay un maromo de 23 años que no para de ir de habitación en habitación. El busca que lleva en su bolsillo no para de sonar. Es un chaval de 1,80 m de altura y 90 kg de puro músculo. Rubio de pelo, de media melena y con ojos verdes.



El maromo entra en la habitación n.º 39, en la 2ª planta. Jorge descubre, gracias al monitor que le sirve de chivato, que en esa estancia se encuentran 20 chicos con una chica. Esta es de origen angoleño, de tez caoba y con una melena rizada. Ya habían acabado la sesión de gang bang y bukkake. Los chicos están desparramados por los diferentes sofás que hay en la habitación, agotados de tres horas de sexo duro y muy guarro. Sus pichas están flácidas.



La chica está ubicada en el centro de la estancia, de rodillas, toda bañada en esperma. Del chocho y del ano le salen unos chorretes de lefa. En la cara tiene un emplasto de semen tan copioso y espeso, que se sabe que es negra de piel por el resto del cuerpo que si no, sería muy difícil adivinar si es asiática, africana, americana, etc. De la barbilla le caen unos hilos de esperma que mismo parecen estalactitas. El cuello, tetas, ombligo, cintura y bajo vientre están encharcados. Los 20 maromos se corrieron más de una vez sobre la furcia, era evidente. Hicieron un buen trabajo.



A Johnny, el marica-hetero, le suena el busca. Lo llaman de la habitación 15. Tiene un mensaje que dice “Te esperan tres lobas hambrientas con ganas de reventarte el trasero, con sus vergas de látex”. La hembra angoleña se impacienta, le hace un gesto con el dedo índice al chaval, con la intención de que se acerque a ella. La chica lleva tiempo aguantando en la boca, una bola de esperma y saliva, que cada vez se hace más grande. Quiere descargarla, escupírsela en el interior de la boca al chaval-aspiradora.



Johnny se acerca. La chica, con un gesto, le indica que abra la boca. El maromo obedece. Al instante la angoleña le suelta un escupitajo bestial. Una bola gigantesca y espumosa de saliva y esperma, que le entra casi al completo en la boca, al chaval. Solo unas pocas babas se quedaron colgando entre ambas caras. Un hilo espumoso une sus labios. La chica se acerca y le pega un morreo al maromo, pasándole más mezcla, que quedó rezagada en su mucosa bucal.



El marica-hetero hace unas gárgaras y se traga la carga que la mujer le soltó. Luego le sorbe las estalactitas de lefa que cuelgan de su barbilla. Continúa lamiendo y sorbiendo toda la plasta de esperma que la hembra lleva en la cara.



--¿Ves el crucifijo de plata que me cuelga del collar a la altura del esternón? --pregunta la chica angoleña--. Está encharcado en esperma. Lámemelo y déjamelo limpito. Es Cristo. Gracias a él estoy triunfando en Europa.



Johnny obedece y chupa el crucifijo y el collar hasta dejarlos brillantes. Luego sigue por cuello, pechos, etc. Succiona la lechada que se escurre por el coño y el trasero.



La hembra queda tan saneada e higienizada que ni se molesta en ducharse antes de comenzar otra sesión de gang bang y bukkake en otra habitación, con otros maromos. Johnny quedó empachado de tanto esperma y babas tragar.



Se despiden y Johnny se dirige a la habitación que el busca le indicó, la n.º 15. Baja a la planta principal. Jorge, el segurata, lo observa caminar por los pasillos y bajar las escaleras. Johnny pega unos toques en la puerta indicada. Le abre una mujer de unos 33 años y con el pelo a mechones.



--Pasa, anda. Llevamos un porrón de tiempo esperando –le suelta, malhumorada, la mujer.



Una vez dentro, otra de las compañeras (un poco más joven y con el pelo corto teñido de rubio pajizo), comenta:



--Así nos gustan los hombres que nos apetece sodomizar. Altos, fuertes y muy masculinos. No nos presta el hecho de encular a la típica marica loca.



--Yo soy heterosexual. Solo me atraen las mujeres –comenta Johnny.



--¿Pero no vienes de tragarte un montón de esperma de 20 machirulos? --dice la tercera en discordia, que es muy alta y delgada y de melena morena lacia.



--Yo lamí el cuerpo de una mujer escultural. El esperma, cuando entra en contacto con las mucosas y la piel de una hembra, toma otro cariz. Ya no es solo esperma de machos, adquiere otro sabor –aclara el marica-hetero, intentando salvar su masculinidad.



--Pues colócate de pie, cara a la pared. Que te vamos a empalar mis amigas y yo, por maricón –comenta la de melena morena, que es la más mordaz e incisiva de las tres.



Estuvieron dándole caña más de tres horas. En ocasiones le cogían de la media melena rubia y le tiraban hacia atrás, para susurrarle al oído insultos muy guarros. A Johnny le dieron tantos caderazos, tantos pollazos, que le dejaron el esfínter tan ancho como el chocho de una octogenaria. Las chicas tuvieron una buena sesión de aerobic y de Humillación de Machos. El maricón hetero salió de la sesión con el esfínter anal bastante inflamado, como si le hubieran pinchado ácido hialurónico en el ojete.



Las chicas se quedaron en la habitación carcajeándose, haciendo chistes verdes sobre el machote con el ano bien abierto por tres mujeres modernas.



Johnny se dirige a la habitación 22, en la 1ª planta. Recibió un mensaje para lamerle el trasero a una marquesa septuagenaria, accionista de la mansión El Edén. Esta señora está con un chico de 26 años, practicando sexo anal. En mitad de la refriega le entran ganas de hacer aguas mayores. Se dirige al baño. Después de defecar y limpiarse, se encapricha de que un bidé humano la limpie más en profundidad, en vez de usar el bidé tradicional.



A Johnny, cuando entra a la habitación, el gigoló le dice:



--La vieja te espera en el baño. A la muy puta le peté tanto el trasero que casi se caga encima. Vete a lamerle el culo, anda. Después, cuando se lo dejes bien limpito, se lo vuelvo a petar.



El marica-hetero lameculos se espera lo peor. Entra en el baño y se encuentra a una mujer de 1,68 m de altura y muy delgada. Rubia y con media melena. Era atractiva a pesar de sus 72 años. “Podía ser peor”, piensa Johnny.



--Colócate en el suelo, boca arriba, que me quiero sentar en tu cara. Déjame el trasero bien acicalado. Quiero impresionar a mi puto y que no se lleve una mala impresión de mí. ¡Qué vergüenza, en mitad de la faena tener que venir al baño! --comenta la marquesa.



Un cuarto de hora lamiéndole la raja anal y chupándole el ojete a la septuagenaria, y la mujer quedó perfecta para volver a la carga.



En estas tres sesiones, Johnny se sacó más dinero que Jorge trabajando un mes de guarda de seguridad. Jorge, hasta pensó en hacer algún trabajo extra como tragaesperma, marica de mujeres con strapon y como lameculos. El problema es que en su trabajo y en su vida social, tiene ganada fama de macho ibérico (de macho alfa), y no quiere desilusionar a sus seguidoras. En casa, con Maite (su mujer), no le quedará otra que ser la puta en la cama.
 
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