Una Magnífica Orgía Entre Excelentes Amigos - Capítulos 001 al 004

heranlu

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Una Magnífica Orgía Entre Excelentes Amigos - Capítulo 001

Llegó el día pautado para la fiesta de Alicia. Dafne, vestida con un vestido negro ceñido al cuerpo con arabescos y encajes en una tela casi traslucida; junto a su ligero del mismo color y encajes era capaz de prolongar las miradas desde sus tacones hasta su cabellera.

Nos recibió Alicia junto a su marido Vinicio. Alicia ataviada con un simple pareo de seda que dejaba entre ver su figura y, con cierta luz, sus vellos abundantes que ocultaban su coño.

Vinicio y yo nos ataviamos, sin ponernos de acuerdo, con ropas frescas acordes con el ambiente relajado.

Nos servimos los primeros tragos y Dafne, sin preámbulos le preguntó directamente a Vinicio si él ¿estaba consciente del propósito y alcance de nuestra visita? Su respuesta fue levantarse de su sitio y acercándose a Dafne la tomó delicadamente de sus mejillas besándola, entrelazando su lengua impetuosa con la lengua desconcertada de mi esposa mientras deslizaba una de sus manos por la entre pierna de Dafne acariciando su coño por encima de su panty. No puedo decir cuánto duró su respuesta, Alicia y yo intercambiábamos miradas cómplices y satisfechas. Pudimos oír a Vinicio decir con un murmullo a Dafne que desde que la conoció la deseaba. Pude sentir como mi mujer se estremecía y sonreía satisfecha al escuchar estas palabras mientras el dedo de Vinicio hurgaba más a fondo. Al ver a Dafne responder con ganas las caricias de Vinicio, me levanté de su lado y senté junto a Alicia a disfrutar del espectáculo sin mediar palabras entre nosotros. Nos tomamos de la mano y luego ella me propuso: "Ambos sabemos que morimos por estar juntos, pero nosotros les llevamos ventaja. ¿Por qué no dejamos que nos alcancen y, mientras nos excitamos con la imagen? Agregó: Nunca he visto a Vinicio hacerlo con otra. Asentí regresando mi mirada hasta donde mi esposa. Despojada de su panty, el esposo de Alicia se afanaba en lamer sus labios vaginales, en frotar con sus manos; unas veces su clítoris, otras sus tetas, otras sus imponentes piernas.

Yo no podía contenerme, por lo que tratando de sacar provecho del espectáculo, tomé de la mano a Alicia y la llevé a sentarnos a un lado del sofá donde nuestras parejas disfrutaban de reconocerse. Una vez allí, Dafne le quitó la iniciativa a Vinicio. Separándolo de si, lo empujó sobre el sofá y se abalanzó a quitarle sus bermudas, dejando su pene (grueso, con un enorme glande y rojizo; su longitud: un poco menos que el mío) brincar con espasmos en el aire. Dafne comenzó a deslizar su lengua abarcando toda la figura erecta de la verga del marido de Alicia. Luego dio inicio a sofisticadas mamadas desde la enorme cabeza de la verga hasta la pared de su final. Pude desprenderme del disfrute del espectáculo y vi como Alicia estaba muy excitada. La levante y la desnudé por completo, luego le pedí que se sentara frente a Dafne y Vinicio y se masturbase. Hice de "tripas corazones" ante tal espectáculo. Dafne cabalgaba la gruesa verga de Vinicio y este, mientras chupaba sus pezones, veía como su mujer asumía con gusto propio la imagen frotando con sus dedos todas las partes que componían su coño. Dafne acabó dos veces, entre estas Alicia se abandonó al estremecimiento del orgasmo. Vinicio, llegado su momento, se retiró de la vagina de mi mujer y acercando la boca de su esposa a la de la mía descargó sobre sus caras. Alicia y Dafne terminaron entre mezclando sus lenguas compartiendo el semen del marido de mi amiga.

Vinicio fue el primero en abandonar la escena para ir al baño. Alicia y Dafne siguieron jugueteando con sus leguas y besos hasta que este regresó. Luego ambas se fueron al baño para asearse. Solos, Vinicio y yo, solo atinamos de momento a compartir un trago y un cigarrillo. Mientras mostraba una amplia sonrisa en su cara quise confirmar que no era simple sarcasmo: ¿estamos a mano? ¿Te sientes cómodo? ¿Podemos continuar? Con prontitud y sumamente relajado me respondió: tu mujer folla mejor que la mía, cómo no puedo sentirme cómodo, cómo no puedo querer continuar. ¿Si estamos a mano? Creo que no (pausa), creo que más bien nosotros les debemos a ustedes. Tomé de un solo trago mi bebida complacido y mientras le relataba la "segunda parte" del plan de su mujer para esta noche se nos unieron – completamente desnudas – nuestras esposas. Alicia y Dafne con caricias y frases excitantes le vendían a Vinicio la "2da. Parte" no hubo mucho que hacer para convencerlo. Dafne extrajo de su cartera los 100 grs de cocaína y mientras oía a Vinicio relatarle a su esposa lo maravillosa que era mi mujer a la hora de coger, sirvió líneas suficientes para celebrar el acontecimiento. Para asombro de todos Vinicio se jaló dos enormes, luego pasó el pitillo a Alicia y finalizamos, complacidos mi mujer y yo. Vinicio, luego de besar con amor a su mujer reparó en que yo era el único en la habitación que mantenía sus ropas. Enseguida Alicia y Dafne se acercaron a mí desprendiéndome de ellas. Pedí que parasen. Y lo hicieron. Expectantes, me oyeron estas palabras: "Si nadie se opone e Alicia está dispuesta, quiero cogerla por el culo antes que, hoy, alguien se me adelante". Alicia irrumpió en carcajadas y nosotros tres nos preguntamos de dónde provenía la gracia. Conteniendo su entusiasmo nos respondió: no le he dado el culo a Vinicio desde hace mucho, y luego de nuestra reunión decidí guardarlo para ti. Y agregó: No es una condición, pero me haría muy feliz ver como tu verga entra en el culo de Dafne y que luego, ella, se sienta abierta a compartir su orificio con el resto. Dudé, no dependía de mí ser feliz. Jalando otras líneas de perico, Dafne se volvió hacia nosotros y contrapuso: No hay problema, créanme que lo intentaré, con dos condiciones: Cuando Zedtler te esté dando por el culo, Vinicio tendrá el mío lo más lubricado posible para que su verga me penetre. Luego, el grosor de Vinicio deberá invadirme, mientras Zedtler acaba contigo y yo con él.

Agradecido pregunté: ¿podemos empezar ahora mismo? Alicia tomó con sus manos mi erecta verga y comenzó a mamarla. Hizo una pausa para pedirle a su esposo y a Dafne que le untaran en su esfínter algo de perico y luego alternaran sus lenguas y saliva sobre él para lubricarlo. En pocos minutos Alicia se sintió lista. Colocó sus rodillas sobre el cojín del sofá y empinando sus nalgas las abrió para que mi verga se deslizara con comodidad dentro de su cavidad. En medio de mi éxtasis y "mete y saca" les pedí a Vinicio y a Dafne que nos acompañaran. A poco de sus pasos sonó el timbre. Enseguida Alicia me rogó que no parase – estaba teniendo un orgasmo. No lo hice. Alicia acabó de mil maravillas justo en el momento en que Vinicio, confiado por la imagen que le mostró el "ojo mágico" abrió la puerta.

Escuchando los gritos de sorpresa y bienvenida de Dafne, mientras presentaba a cada uno ante Vinicio, retiré mi verga del culo de Alicia. Maravillada y complacida por el profundo orgasmo que mi verga y movimientos le habían concedido, se acurrucó a mi agradecida. Besándome.

Afortunadamente para todos, los recién llegados eran "en algo" conocidos: Débora, la amiga universitaria de Dafne – nuestra primera experiencia MHM; Camilo, a quien Alicia ya conocía y sabía de nuestras andanzas, junto a Javier – La verga enorme y nuestra primera experiencia HMH. Nos saludamos con mucho aprecio y sintiendo nuestros cuerpos y energías. Todo marchaba de acuerdo al plan de Alicia.

Débora besó a todos profundamente, luego se despojó rápidamente de sus ropas mostrando su bien torneado y muy blanco cuerpo. Su enorme culo seguía firme y sus pequeñas tetas se compensaban con lo rosado y firme de sus pezones. Camilo ya se abalanzaba sobre mi esposa para aspirar sus líneas de perico. Javier agradecía a Vinicio por la invitación. Este le indicó que todo era idea de su esposa y le presentó a Alicia, quien continuaba acurrucada a mi cuerpo, sentados sobre el sofá. Le recordé a Alicia quién era Javier y le susurré mi deseo de que entre Javier y yo la penetráramos a la vez. Con una sonrisa nerviosa, le pidió a Javier ponerse cómodo quitándose sus ropas. Al darse cuenta del movimiento de Javier, Dafne lo detuvo y le exigió realizar un stripp tease para las mujeres presentes. Javier es de esas personas que no tiene reparos, de aquellas que se siente muy seguro de sí mismo, por lo que le dijo a Camilo que pusiese música y a las mujeres sentarse sobre el sofá.

Yo me junté con Vinicio en la barra. Camilo pudo colocar "cualquier" música con mucho ritmo y el espectáculo comenzó. Al poco tiempo la verga – aún inerte – de 17 cm de Javier se balanceaba al ritmo de la música entre sus piernas. La acercó a la cara de Dafne, luego a la de Alicia, fue la boca de Débora la que inició la mamada. De pronto la verga de nuestro amigo se convirtió en una enorme y gruesa vara de 24 cm. En medio de sentimientos contradictorios la música cesó.

Yo tenía a Débora sentada sobre mis piernas lubricando su coño con mis dedos, mientras conversábamos de nuestra vida. Dafne le relataba lo previamente sucedido a Camilo – que le acariciaba las nalgas y de vez en vez le metía en su coño alguno de sus dedos. Vinicio, Alicia y Javier estaban a lo lejos, mostrando comodidad.

Nuevamente sonó el timbre. Esta vez era Claudia, la única invitada que no tenía experiencia en estas veladas. Evidentemente se sorprendió ante tanta desnudez, pero los oficios de Dafne e Alicia la hicieron sentirse cómoda. Tanto para quedarse en ropa interior. A la vista de sus enormes tetas que mostraba su breve rosado vestido yo logré, luego de un shoot de tequila y 4 líneas de perico que los mostrara sin tapujos. Era la primera vez que podía disfrutar de sus tetas. Siempre me habían llamado la atención, al igual que su misteriosa sexualidad. Claudia y yo nos distrajimos en la barra, sin perder de vista lo que sucedía en la sala del apartamento de nuestros amigos. Mientras hablábamos, sobre todo de ella, veíamos como Javier desaparecía su enorme verga en el coño de Débora. También éramos testigos de cómo Camilo parecía un bebé mamando las tetas de Alicia y de Dafne cuyos cuerpos rodeaban y pajeaban a Vinicio.

Claudia estaba asombrada por la libertad y complicidad que se sentía en el lugar y entre los presentes. Le pregunté: ¿nunca habías tenido una experiencia similar? A lo que con rubor me contesto: yo solo he estado con mi ex - esposo y aún y cuando estábamos juntos nunca me sentí feliz, completa. Escuchándola y viendo que su mirada seguía enfocada en la faena de Javier y Débora le pregunté: ¿estás excitada? Me respondió con mucha pena y aclarando: hace mucho tiempo que no siento mi sexo. Y si, estoy muy excitada, ¿Quieres comprobarlo? Y diciendo esto atrajo mi mano hasta su pelvis. Claudia apartó su panty de su pubis y posó mi mano sobre su coño. Enseguida reaccioné introduciendo dos de mis dedos dentro de su hirviente vagina y comencé el va y viene. Impresionantemente, sin que hubiesen pasado 2 minutos en mi faena, Claudia gritó, se estremeció y suspiro al acabar en un profundo orgasmo. El resto de los presentes volteó maravillado hacia nosotros. Claudia se intimidó a lo que yo solo pude responder pidiéndoles a Camilo y a Vinicio que se acercaran y la poseyeran con firmeza. Vinicio cedió los honores a Camilo, a su vez se ocupo de frotar sus nalgas. Débora y Javier competían por ver quien acababa primero por lo que no me quedó más remedio que sentarme junto a Alicia y Dafne.

Javier y Débora acabaron juntos. Camilo desparramó su leche sobre las tetas de Claudia y Vinicio, colocándola en cuatro patas la penetró con fuerza. Claudia tuvo dos orgasmos más, el último gracias a las caricias y compañía de mi mujer que la estimulaba a desinhibirse.

Nos detuvimos todos, fumábamos cigarrillos, nos jalábamos, nos tomábamos unos tragos cuando el timbre sonó por tercera vez. Esta vez, las dos parejas invitadas llegaban al mismo tiempo. La primera: Jorge y Julia – ella compañera de trabajo de mi esposa quien acudía por primera vez pero que Dafne avalaba ya que en conversaciones su amiga se mostraba mucho más perversa y promiscua que muchas. Básicamente Julia era una gorda que, gracias a su cuerpo impopular, tuvo que convertirse en el alma de las fiestas. Y vaya que lo era, ella y su pareja se presentaron a la fiesta tan solo vistiendo un hilo dental. La otra pareja estaba compuesta por otra de mis ex. Natalia y Álvaro. Luego de saludarnos pude percibir la incomodidad de Álvaro ante nuestra actitud. Mientras Natalia lo obviaba para jalar algunas líneas de cocaína junto a Julia y Jorge, atraje a Álvaro hasta donde estaba Dafne lamiendo la enorme verga de Javier a la vista interesada de Claudia, Camilo y Vinicio. Luego de presentarlos a todos, en voz alta, le relaté a Álvaro el convenio sucedió entre Vinicio, Alicia, Dafne y yo. Al finalizar le ofrecí a Dafne y a Alicia para su provecho por el término de una hora. Eso sí, sin celos de ningún tipo. Antes de finalizar mis palabras, ya mi esposa estaba extrayendo de los pantalones del marido de Natalia su verga. La chupó mientras yo me alejaba y le hacía una seña a Alicia para que le hiciese compañía. Julia se presentó a si misma ante Javier y rápidamente atrajo para sí a Jorge, su esposo.; a quien hizo desnudar por completo. Luego empezó a mamar las vergas de ambos. Para asombro de todos, no podíamos decidir si la de Javier o la de Jorge era más larga, gruesa y erecta. Julia sabía que el resto disfrutaba y – en algunos casos envidiaba la escena. Por lo que teniendo a sus dos machos dispuestos les susurró algo en el oído de Jorge y luego en el de Javier. Para nuestra agradable sorpresa, la gorda de Julia colocó a Jorge sobre el sofá y empezó a cabalgarlo. Luego Jorge, sabiéndola lista, le abrió las nalgas dejando al descubierto su negro orificio para que fuese penetrada por Javier. Los efusivos gritos de la amiga de mi esposa excitaban o causaban gracia, pero los presentes se sentían a gusto. Por su parte Dafne e Alicia ya tenía a Álvaro comodísimo. Este con su verga hizo que mi esposa y la esposa de Vinicio se hincaran en el suelo y desde atrás las penetraba alternadamente. La distracción de Álvaro me permitió abordar a Natalia para desnudarla. Una vez en cueros, pude presentarles a los demás invitados hasta que finalice con Vinicio. Vinicio le hizo beber dos tequilas seguidos y cuatro pases de perico. A los pocos momentos Natalia se encontraba en el paroxismo de todo lo posible. Yo me aproveché de eso. La hinqué sobre la barra y desde atrás penetré con mi verga su culo. Mientras mi verga entraba y salía, estrujaba sus tetas con afán. Natalia tuvo un orgasmo y en seguida me corrí dentro de su culo. Al salirme, llamé a Claudia para que probase mi semen en el culo de mi amiga. Lo que hasta ahora había vivido la motivó a cumplirme sin chistar. Aún Natalia se estremecía, cuando le dije a Camilo que tomara mi lugar. Así lo hizo, tomando a Natalia por sorpresa. Al poco tiempo acababa de nuevo y se mostraba más perversa. Se la ofrecí a Vinicio y declinó, a Javier y declino. Camilo en ese momento acababa entre sus tetas y al ver su abundante y espesa leche derramada, llame a unírseme a Dafne, Alicia y Claudia. Las obligué a limpiar con sus lenguas cualquier vestigio de leche de Camilo. Para compensar a Álvaro lo invité a que cogiese a su mujer por el culo mientras yo le metía mi verga en el coño.

Álvaro disfrutó más que yo, sobre todo porque desde su postura podía observar como el culo de Alicia, con esfuerzo, era inundado por la verga de Jorge junto a Javier que esperaba su turno con ayuda de Débora. Llegó el momento en que todos nos sentimos satisfechos y exhaustos. Tras todos asearnos y relajarnos nos reunimos en el salón principal con suma normalidad en nuestro comportamiento. Si bien todos, seguíamos desnudos, nos dedicamos a charlar entre nosotros al ritmo de la música y entre tragos y líneas de coca.

Aspiré una breve línea y al levantar mi cara de la mesa, pude ver a Alicia sola postrada sobre la baranda del balcón. "Definitivamente sus nalgas no son su fuerte" pensé. Decidí acompañarla. Al ella notar mi presencia tan solo me sonrió satisfecha. Sin embargo, debía saber más. Debía saber que tanto había avanzado con respecto a su resolución con su marido y con ella misma. Le pregunté: "es evidente que tú y tu marido la han pasado de maravillas, pero ¿cómo perfilas el mañana, cuando todo esto acabase?" Su inteligencia me desplomó al responderme: "creo que hablaré con Dafne para que los tres vivamos juntos". Me sentí confuso, pero reaccioné asumiendo que se trataba de una broma. Me giré para observar que acontecía en la sala. Nada relevante, por lo que aproveche de llamar a nuestro encuentro a las otras dos mujeres relevantes en mi vida. Así estábamos, Natalia, Dafne e Alicia junto a mi conversando en el balcón a la luz de una tenue luna.

Los comentarios y anécdotas iban y veían. Un comentario de Natalia incendió nuevamente la discusión de ellas sobre mí. Natalia les relató cómo yo había tenido la desfachatez de llevar a una desconocida a nuestra alcoba y haberla obligado a verme follarla. Alicia se mostraba sorprendida, cuando estuve con ella nunca di muestras de tales deseos, comentó que sospechaba que entre Inés (una amiga común) y yo ocurría algo más que amistad. Para su sorpresa le conté que, antes de conocerla, ya me había cogido a Inés. Entonces Dafne se solidarizó con Natalia y contó que a ella yo le había hecho lo mismo con una compañera mía del trabajo – Paola, si mal no recuerdo. Entonces ambas se rieron y le contaron a Alicia la vez en que ambas me habían hecho sentirme despreciado al no permitir que me acostase con ninguna de ellas, durmiendo sobre la misma cama. Entre risas y relatos de otras situaciones, nos sentimos todos muy a gusto. Yo el más feliz.

La presencia de Natalia e Alicia fueron reclamadas por sus respectivos consortes en la sala. Una vez solos Dafne y yo, nos preguntamos: ¿Cuál será el próximo paso de esta velada? No lo sé, dijo Dafne. Lo mejor que podemos hacer es resumir con quién hemos follado hasta ahora y tratar de cogernos a los que faltan. Entre risas asentimos. Y he aquí la lista:

Dafne no había intimado con: Camilo, Javier y Jorge. Yo: con Débora, Julia y Claudia. Una vez hecho el resumen le propuse a mi esposa que ella escogería mi próximo polvo y yo el de ella. Con prontitud me indicó que fuese por Claudia y yo le dije que ella debía hacerlo con Javier. Me moría de ganas de ver su reacción sintiendo la enorme verga de Javier perforar sus orificios, luego de tanto tiempo y experiencia transcurrido.​

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Una Magnífica Orgía Entre Excelentes Amigos - Capítulo 002

Nos mezclamos entre el resto de la gente en la sala. Sentado en la barra llamé a Claudia a que se sentara a mi lado. Le serví unas cuatro líneas de perico y una copa de champagne. Viendo su culo empinado mientras aspiraba la droga, mi miembro comenzó a levantarse. Alcanzó su máximo esplendor cuando vi al fondo, como la boca de mi mujer se tragaba la verga de Javier que crecía a cada bombeo. Tras un sorbo de su copa, Claudia me preguntó por qué no la había poseído hace un rato. Por qué, luego de excitarla al máximo la había entregado a mis amigos. Le respondí simplemente: Porque ahora es nuestro turno, ni antes ni después. Empecé a acariciar sus voluminosas formas, mis manos y mi lengua acariciaban puntos clave de su cuerpo. Cuando sentí que estaba lista, la abrí de piernas sobre el banco de la barra y pude admirar la belleza de su coño. Sus labios eran carnosos, muy rosados y "demasiado" simétricos. Su Clítoris era el más grande y grueso que hubiese visto. Y, a pesar de que ya había albergado dos vergas, su cavidad vaginal seguía siendo muy estrecha. Eso sí, increíblemente húmeda y con un sabor y olor mi propio y gustoso. Sentada sobre el banco la penetré. Me enardecí y estimulé aún más, recordando las similitudes de su actitud corporal con la hermana de Dafne.

Mi verga entraba y salía con firmeza de su coño, pero con lentitud y jorungando sus espacios interiores de lado a lado. Claudia aulló su orgasmo trepidante. No solo ese, los tres consecutivos que sintió gracias a mis esfuerzos. Sin parar, voltee buscando a mi mujer y a Javier. La reconocí entre nalgas y piernas postrada sobre el sofá. Cabalgaba la verga de Javier, mientras la otra "enorme" verga de Jorge Camilo le invadía el culo. Me lleva ventaja, pensé. Pero la presión agradable que ejercían las paredes vaginales de Claudia, me llevaron a enfocarme en ella. Julia se nos unió para frotar y lamer tanto las tetas de Claudia como su clítoris. Entonces le pregunté a Claudia si alguna vez la habían cogido por el culo. Entre jadeos y negando con su cabeza me respondió. Fue Julia la que le preguntó si no deseaba que mi verga la estrenase. Otra vez con su cabeza, mientras acababa por cuarta vez, asintió. Saqué mi verga de su coño y le pedí que recostara su torso sobre el banco. Luego le indique a Julia que lamiera su culo, mientras yo iba por el lubricante. Lubriqué mi verga y apartando la cara de Julia, sin trabas se deslizó completamente en el recto de Claudia.

Seguí con mis movimientos cálidos, firmes y pausados. Una vez logrado el ritmo de sus caderas y las mías, la levante ensartada, y esta vez yo, sentado sobre el banco, con sus cuerpo encima del mío, reinicié mi tarea. Julia se arrodilló ante el coño de Claudia y lamiéndolo con suma lujuria, entre ambos hicimos acabar dos veces seguidas a Claudia. Mi esposa tragaba la leche de Javier y Jorge Camilo, cuando me di cuenta que tampoco yo podía aguantar más. Retiré mi verga del culo de Claudia y apartándola le pedí a Julia que terminara mamándome y tragándose mi semen. Como una esclava acató mis órdenes. La gruesa y amplia boca de Julia resultó perfecta, a los pocos minutos mi verga escupió un semen poco espeso, pero que para la amiga de mi esposa era estupendo.

Vinicio, Alicia, Natalia, Álvaro, Camilo y Débora se encontraban en un rincón de la sala charlando. Javier y compañía habían desaparecido tras la puerta del baño, junto a mi mujer seguida de Claudia. Me junté al grupo de Alicia y les pregunté: ¿Ya no pueden más? ¿Por qué no se intercambian si ya son cómplices? Tanto Álvaro como Vinicio manifestaron no sentirse del todo recuperados. Alicia y Natalia intercambiaron una mueca que yo si supe interpretar. Ellas si estaban listas. Abrazando los cuerpos de mis amigas frente a sus maridos, mis manos hurgaron sus traseros y coños. Juguetee con ellos un rato para retirarlos inundados de sus jugos.

Me saboree, y entonces les dije a Vinicio y a Álvaro: "Imagino entonces que ustedes no se opondrán de que ellas disfruten de ellas mismas; acá, en medio de la sala y a la vista de todos" Al menos yo, disfrutaría muchísimo del espectáculo. Sin esperar su respuesta, aparté la mesa de centro, y acosté sobre la alfombra los cuerpos de mis anteriores amantes. Les pedí que no se moviesen. Alargué mi mano hasta la bolsa de cocaína y tomando con mis dedos porciones del polvo, lo froté sobre sus vaginas y clítoris, sobre sus orificios anales y, por último desparramé una línea entre sus tetas. No tuve que diseñar o explicar nada más. Luego de que ambas jalasen las líneas sobre sus pechos, se ubicaron en un 69 perfecto y muy ruidoso. Ambas acababan muy a gusto. Las abandoné entre gemidos para volver a ubicar a mi esposa.

Mis ojos recorrieron los 360º de la sala y no la encontraba. Entonces recordé la última vez que la vi, yendo hacia el baño en compañía de Claudia. Fui hasta el baño para verificar que todo estaba en orden. Ni siquiera cerraron la puerta. Ante mi estaba mi esposa cabalgando con su culo al esposo de Julia sentados sobre la poceta y Claudia hacía lo propio con la verga de Javier en cuatro patas dentro de la bañera. Di la espalda a sus jadeos y volví a la sala. Allí me encontré a Camilo, y a Débora preparando líneas de coca y nuevos tragos. Les pedí que me sirvieran. Entonces por primera vez pude conversar con Débora. Nos pusimos al tanto de nuestras vidas y en voz alta, dirigiéndome hacia Camilo le dije: es la primera vez que tú, Débora y yo nos encontramos desnudos uno frente al otro. A pesar que cuando me la cogía tu también te la follabas. Es verdad dijo Débora. Y agregó: siempre los recuerdo imaginando cómo hubiese sido estar los cuatro, nosotros más Dafne.

Yo le respondí: "Bueno, Dafne está muy ocupada, pero un trío no es despreciable, si aún te interesa, me encantaría sentir la verga de Camilo frotando la mía dentro de tu amplio coño y complaciente culo". Menos mal que Dafne está presente y nada está oculto. No podría soportar que me pidiese otra vez que me apartar de sus machos, respondió Débora. Entre risas, mientras nos ubicábamos en uno de los cuartos, le dije a Camilo: hagámoslo más excitante y novedoso para Débora, quiero que me mames y luego nos turnamos. Ante la perplejidad de nuestra amiga, Camilo agregó que Dafne fue la que nos inició en la Bi-sexualidad. Nada que lamentar agregué, besando a Camilo en la boca.

Acostado sobre la cama Camilo comenzó a mamar mi miembro, yo tragaba y lamía los jugos vaginales de Débora sentada sobre mi cara, mientras le manoseaba las tetas y Camilo introducía sus dedos en su culo. La verga de Camilo no estaba lista – mucho perico – por lo que Débora y yo juntamos nuestras bocas para lograrlo. Camilo ocupó mi posición sobre la cama. Débora se sentó sobre su verga y comenzó su sube y baja. Acabó brevemente. Esa era mi señal. Empujé su espalda sobre el torso de Camilo hasta poder ver la verga de mi amigo ensartada en su coño. Con el espacio suficiente, empujé mi tronco, abriéndose paso entre su coño y el grosor de la verga de Camilo. No fue difícil. Nos compenetramos en ritmo y a veces era la de Camilo, otras la mía la que entraba y salía a cada gemido de la compañera de estudios de mi esposa. Débora acabó dos veces más. Entonces aproveche para cambiar de orificio. Esta vez fue más difícil. No logramos acompasarnos Camilo y Yo, por lo que cada cual tuvo su sesión privada en el culo de Débora. Yo acabé dentro de su culo, Camilo prefirió hacerlo entre sus tetas.

Los tres fuimos a asearnos al baño y para nuestra comodidad, Dafne y compañía ya lo habían desocupado. Salí del baño satisfecho pensando que me faltaba follarme a Julia y que Dafne debía cogerse a Camilo.

Llegué a la sala y para mi sorpresa Álvaro y Vinicio penetraban doblemente a Julia. El resto de los presentes celebraban, animándolos con obscenidades y directrices sexuales. La más locuaz era mi mujer. Se notaba complacida porque hasta ahora, todos éramos felices y compartíamos sin complejos.

Yo ya estaba hecho polvo, necesitaba descansar, por lo que me despediré hasta mi próximo relato.

No puedo describir qué aconteció durante mis 6 horas de ausencia, una vez me venció el cansancio. Recuerdo que abandoné a todos los presentes disfrutando de la velada, que todos compartían – excepto yo. Creo recordar que mi hora de partida a la cama fue alrededor de las 3 a.m. Mientras comienzo a escribir esto, sé que no es más allá de las 9 a.m.

Recorrí el desastre de los excesos y éxitos de la velada mientras iba al baño, del baño a la cocina – por un vaso de agua. Hasta que me senté sobre el amplio sofá y en medio del trepidar de la cafetera vi que los cuerpos semi - arropados de Claudia y Camilo descansaban sobre las poltronas del balcón. Sonreí. Cierto morbo recorrió mi cuerpo por saber quiénes se habían quedado entre nosotros. Me pregunté si mi esposa estaría entre los presentes.

Abrí la primera puerta – el cuarto de servicio – y no había nadie ocupándolo.

Abrí, con dificultad la segunda, y pude identificar los cuerpos desnudos de Natalia, Débora y Javier. Mis dos amigas dormían entrelazando sus cuerpos fabulosos, mientras que, aparte, la verga de Javier sobresalía erecta entre las sábanas. Me alegré por ellas, por él.

La tercera y última puerta. Suspiré en un segundo y resoplé en el siguiente. Dafne estaba allí, a un lado de Vinicio y de Alicia. Desnuda, cansada, pero presente.

Tras cerrar esta última puerta me sentí aliviado. Por consiguiente, mi alivio, me trasladó a otros pensamientos a otros espacios. Algunos concretos, otros muy…muy desconocidos.

Tal desconocimiento me hizo pensar – mientras caminaba a la cocina con la firme intención de preparar café – en qué me perdí, qué situación no pude vivir, qué hicieron los presentes tras mi partida. Definitivamente no podía responderme. La respuesta vendría con el primer protagonista levantado.

El aroma del café hizo que Claudia fuse la primera. Pensé: de seguro ella fue la segunda en dormirse. Tapando sus partes con cierta vergüenza al verme despierto, mirándola; sin mediar palabras ni gestos se adentró en el baño para asearse. Yo sorbí mi humeante taza de café, inhalaba un cigarrillo y, para terminar de avisparme, sorbí dos líneas de coca servidas en el mesón, cuando Claudia hizo presencia ante mí. Su cara seguía denotando cierto bochorno, su desnudo y húmedo cuerpo estaba rodeado por una toalla, nerviosamente buscaba – entre los despojos de la velada – sus ropas. Le llamé la atención. Jocosamente le informé que no tenía sentido buscar sus ropas, que todo estaba bien. Que, tras lo transcurrido, lo menos que podía hacer era sentirse "regañada". Reparando, por primera vez en mí, en mi presencia, se sonrió nerviosamente y entonces le invité un café. Pudorosa, se acercó hasta la barra que divide la sala de la cocina. Una vez sentada sobre el banco, el paño que la cubría aflojó su tensión y, mientras le brindaba la tasa de café, pude ver como su oscuro pezón se mostraba, deliberado, a mis sentidos.

El silencio duró poco. Claudia me pidió un cigarrillo. Tras encendérselo y ella expulsar el denso humo de su cuerpo me preguntó: ¿por qué yo? Nunca pensé en que ese pudiese ser su primer comentario. Es más, el tono de su pregunta conllevaba cierto reclamo. Tal vez gracias a mi cara de asombro o el tiempo en que me demoraba en darle una respuesta, lo cierto es que Claudia explicó y profundizó mucho más su pregunta. Repitió: ¿por qué yo? Y enseguida agregó: "tengo 8 años conociendo a tu esposa, siendo compañeros de trabajo. He sabido en todo este tiempo de ustedes y ustedes de mí. En todo este tiempo ustedes han visto y tratado a otras personas provenientes del mismo medio – más atractivas que yo. Dafne sabe la magnitud de mis compromisos y que el sexo nos es uno de ellos. Entonces ¿por qué trastornar mi vida? ¿por qué involucrarnos entre nosotros?" Su pregunta requería una respuesta muy responsable de mi parte y aún no la tenía cuando ella siguió agregando, más bien, ilustrando sus preguntas.

Alzó sus brazos al cielo, y sin darse cuenta, el paño que cubría su rostro se deslizó hasta sus caderas mientras finalizaba con otro: ¿Por qué? Agobiado y, sumamente distraído por sus desnudas tetas respondí señalándolas: "Desde que te conocí, quise disfrutar de ti. No se trata si eres la más agraciada, la más dispuesta, la más puta. Solo se ha tratado de ti. Y por la respuesta de tu cuerpo y tus sentidos a lo largo de la velada; puedo afirmar que disfrutaste tanto como yo y/o el resto de los presentes. Hurgando la sinceridad de mis palabras escudriñando mis ojos, se dio cuenta de su torso desnudo. Intentó taparse y en un arrebato poco frecuente en mí, le arranqué la toalla dejando su cuerpo completamente desnudo. Enseguida reaccioné, no quería que se sintiese incomoda. Con la toalla en mi mano comencé a decirle que la deseaba, que lo acontecido, simplemente era un inicio. Que estaba loco por volver a disfrutar de su sexo. Su vanidad jugó a mi favor. Su actitud cambió por completo y viendo el rubor que recorría su pálido cuerpo, suspiré. Nos quedamos un rato, desnudos y enfrentados, separados por la barra, sorbiendo nuestro café.

Una vez Claudia terminó su tasa, le invité unas líneas de perico. Aceptó gustosa, y con ello yo sabía que su coño empezaba a lubricarse, disponiéndose a ser penetrado. Aún yo no estaba listo. Tras su último suspiro le pregunté directamente: ¿Notaste mi ausencia? ¿Alguien la notó? ¿Ocurrió algo extraño o distinto, mientras yo no estaba presente? De veras reflexionó mis preguntas. Me preguntó: ¿En cuál momento te fuiste? Recordé que finalicé acabando en el culo de Julia, pero aclarando que no recordaba dónde se encontraba ella. Entonces recordó: La última verga dentro de su cuerpo fue la de Javier. Incapaz su culo de albergar tal enormidad, había fracasado al traspasar a Dafne el ímpetu de nuestro amigo a que se juntase con Jorge Camilo – el esposo de Julia. Describió como las enormes vergas de ambos luchaban por complacer el culo y/o la cuca de Dafne. Como ambos se turnaban sus orificios. Me contó cómo, al ver que Javier y Jorge estaban a punto de eyacular y "suponiendo" lo agotada que se encontraba su amiga, tomó ambas vergas y las mamó y frotó hasta que estas eyacularon en su boca y en sus tetas. Siguió recordando diciendo que Dafne la recompensó besándola profundamente mientras ambas veían a sus amantes retirarse a otros espacios. Luego de asearse, continuaba recordando, volvieron a la sala. Se encontraron con el paroxismo. Se detuvo en su relato.

Comenzó a servir algunas líneas de coca y mientras las distribuía me preguntó: ¿Qué piensas o sientes sobre mí? Con una gran sonrisa en mi rostro, simplemente le respondí alejando mi cuerpo del borde de la barra que se interponía entre nuestros cuerpos y le respondí – gráficamente – mostrando mi pene erecto a más no poder, con espasmos, libre y ganado a su cuerpo. Claudia replicó: "mi culo siempre será tuyo". Rodeó la barra y de rodillas ante mi sexo, comenzó a mamarlo como nunca pensé alguien podría hacerlo. Me sentí venir, por lo que detuve su accionar y la invité, esta vez con un Whisky, a que retomara su puesto en la barra y continuara enterándome sobre lo que me perdí. Si, reconocí, ante su curiosidad, que estaba más excitado por el "paroxismo" que aún no relataba que por su húmedo culo sentado sobre el banco. Con su sonrisa, me mostró la dilucides de la complicidad, la responsabilidad de que – con ella – obtendría lo que se me antojara. Sabiendo eso, le pedí que continuase pero, en lo posible, sin adornos. "es imposible, me dijo. Es imposible adornar lo que aconteció ante mí. Al menos, yo, no soy capaz" Inhalé algo de coca y le pedí que prosiguiese.

Claudia recuerda que Dafne y ella tras ser abandonadas por Javier y Jorge Camilo, tomaron una ducha juntas para asearse. Relató que Dafne la besó varias veces y con profundidad mientras le agradecía que la hubiese acompañado hasta ahora. Perfumadas regresaron a la Sala. Claudia recuerda bien haberle preguntado por mí al notar mi ausencia, a lo que Dafne le responde: "debe estar por ahí, cogiendo a Alicia, Natalia y/o Débora" Sin darse por enterada se unió al espectáculo que sucedía en medio de la sala. Su descripción de la escena concordaba con la última imagen registrada por mí: la gorda de Julia siendo penetrada por el culo por Álvaro y Vinicio.

Pero no hubo de detenerse allí. Claudia y Dafne se juntaron con Débora y Natalia sentándose en el sofá principal teniendo a la vista las dos vergas penetrando el culo y la cuca de Julia en primer plano. La gorda jadeaba, gritaba y pedía más. Javier y Jorge Camilo estaban del otro lado, gozando de la misma visual de los protagonista. Claudia recordaba, cómo, el esposo de Julia y Javier intercambiaban comentarios al oído y, al mismo tiempo, sus enormes vergas alcanzaban proporciones nunca vistas hasta ahora. Recordó ver como el cuerpo de Alicia, sentada sobre un banco de la barra, con las piernas muy abiertas; se estremecía de vez en cuando por causa de las caricias que la lengua de Camilo le propina en sus labios y clítoris.

Volviendo a la escena principal, recordó que Javier se acercó su verga a la boca de mi mujer. Y que está lo mamó brevemente, cediendo el paso a la boca de Natalia. Natalia si se dedicó a mamarlo con propiedad. De vez en cuando le introducía hasta dos de sus dedos en el culo de Javier mientras se tragaba sus cojones. En medio de "éste" espectáculo, Claudia fue testigo de la conversación que Javier sostuvo – al oído – con mi mujer. Claudia lo recordaba fielmente. Javier le dijo a Dafne: Jorge Camilo me dice que su mujer es de albergar más de dos vergas a la vez. El y yo estamos más que dispuestos, agregó. Sin embargo – continuó – si ella mostrara resistencia, ellos la forzarían. En resumen, el trabajo de Dafne era evitar que alguno de los presentes se sintiese incomodo con lo que ocurriría de continuación.

Claudia tuvo un orgasmo al ver que Dafne asentía con ganas. Esto fue lo que ocurrió: Aún y mientras Vinicio taladraba el enorme culo de Julia y Álvaro, recostado sobre la alfombra, intentaba que su verga no se saliera del coño de la mujer de Jorge Camilo, este último luego de que con sus besos lograra que la gorda acabase por cuarta vez, tapó sus ojos con un pedazo de tela. Entonces hizo que cada una de las mujeres presentes se acercara, por turnos, para que, a través de una breve mamada de Julia esta reconociera de quien se trataba. De adivinar, como recompensa podría mamar la verga de su marido. De fracasar, la verga de Álvaro, Vinicio y/o Javier se acompañarían en penetrar su culo a la vez. Julia, simplemente se estremeció al tener su quinto orgasmo de la sesión gracias las palabras de su marido. Ante lo divertido, Claudia se ofreció de primero. Luego de mamar brevemente las vergas de Javier y Jorge Camilo, ubicó su coño sobre la cara del marido de Natalia. Julia, en ese momento, definitivamente disfrutaba de sus erráticos intentos por saborear el sexo de Claudia. Mientras, el culo de Claudia era lamido por la lengua de Álvaro.

Al poco tiempo el marido de Julia le preguntó: ¿de quién se trata? Nuestra amiga falló al confundirla con el sexo de la mujer de Álvaro. Javier despidió a Álvaro y a Vinicio invitándolos a no irse muy lejos del lugar y entonces el marido de Julia, con su espalda recostada sobre el piso y ella sobre su pecho la penetró hondamente por el culo. Una vez alcanzado cierto ritmo, le pidió a Javier que lo acompañara penetrándola en el mismo orificio. Así fue. Julia obtuvo su primer orgasmo en esa postura al mi esposa dedicarse a frotar su clítoris, al Claudia mamar sus pezones y la boca de Julia prestarse a mamar, tanto la verga de Vinicio como el coño de Natalia. Lo último capaz de recordar Claudia fue ver cómo, hasta la verga apartada de Camilo se juntó con las otras presentes, eyacularon, en distintos tiempos en la boca de Julia y esta fue capaz de tragar cada gota de semen mientras tenía su sexto orgasmo.

Lo último que recordó fue ver a Julia, vestida tras asearse y pedirle a viva voz a Jorge Camilo que la llevase a su casa. Álvaro se fue con ellos. Claudia no imagina por qué.

Para mi alivio la cuenta que hice al levantarme tenía ahora sentido. Faltaba Álvaro, y se fue por su propia voluntad. O, mejor dicho, a solicitud de nuestra gorda putona.

Tras mi breve reflexión, me volví hacia Claudia. Los dedos de la amiga de mi mujer entraban y salían de su vagina. Con su otra mano, unas veces golpeaba su clítoris, otras se pellizcaba sus pezones.

Mi verga ya no podía más. Era momento de tomar acciones. Esperé hasta que Claudia acabó y le pregunté si no le importaba que recogiese sus fluidos con mi boca. "para nada respondió". Tenía rato disfrutando del mi verga entrando y saliendo del culo de la compañera de trabajo de Dafne, cuando tras Claudia abrazar su tercer orgasmo de la mañana sentí la presencia de Camilo. Este sin tapujos, le pidió a Claudia si tenía algún inconveniente en tomar su lugar. Antes que ella respondiese, respondí yo: De ninguna manera, mí querido amigo. Eso sí, tú debes guiarme para satisfacerte. Dicho esto, aspiré junto a Claudia otras líneas, tragué de un sorbo un trago de whisky y me recosté con mi verga – un tanto flácida – sobre el sofá. A alguna cosa habían llegado a concretar Claudia y Camilo durante la velada, ya que su entusiasmo y disposición de colaborar con el otro era patente. Tanto así, que aún y yo dispuesto a cogerme a – un amigo incondicional, cuyo sexo y personalidad habían brindado tanto al crecimiento de Dafne y el mío – Camilo, mi falo no mostraba tal entusiasmo.

Sobre el sofá, Claudia fue la primera en ocuparse de mí. Hizo que me recostara de lado, con mi frente sobre el borde. Entonces entre besos y caricias logró empalmarme. Mientras esto ocurría Camilo acariciaba cada parte del cuerpo de Claudia como si fuese ella la que la cogería. Ambos nos regodeábamos disfrutando de las enormes y redondas tetas de Claudia. Como un gesto de alegría, de vez en vez nos besábamos los tres a la vez. Yo, a veces le metía uno de mis dedos dentro del culo de Camilo, para luego meterlo en el culo de Claudia y viceversa. Hasta que Camilo no pudo más con el juego, y poniendo a Claudia en cuatro patas le penetró por el culo. Sus embates eran cada vez más frenéticos. Reaccioné e hice que Camilo continuara cogiéndose a Claudia, pero esta vez de lado. En esa posición pude – sin interrumpir a Camilo – abrir su culo lo suficiente para que mi verga lo acompañara. A Camilo lo embargó el orgasmo con prontitud por lo que Claudia y yo nos dedicamos a mamarlo y acariciarlo para que cavase en nuestras bocas. Complacido Camilo, Claudia invitó a Camilo a hacer lo mismo conmigo. Yo pedí distraerme con una paja "rusa" entre las enormes tetas de Claudia. Acabé entre ellas viendo como la lengua de Camilo recogía mi semen y lo traspasaba a la boca y cuca de Claudia.

Uno a uno fuimos a asearnos al baño. Yo fui de último. Mientras caminaba en el pasillo escuché ruidos en el cuarto donde descansaban Natalia, Javier y Débora. Sin tocar, sin permiso traspasé la puerta para ver como Débora y Natalia de rodillas con su culo muy empinado, dejaban a la verga de Javier hacer en sus coños y en su culo. Javier entraba y salía a su antojo. Al verme, Natalia me pidió que la ayudara lamiendo y frotando su clítoris. Accedí gustoso. El ímpetu que las caderas de Javier imprimía al meter y sacar hasta el fondo y principio de su verga me instó a lamer sus bolas. Javier acabó de pronto dentro del culo de Natalia. Débora se había quedado por fuera. Pero mi verga aún no se recuperaba, por lo que les invité a acompañar a los despiertos en el salón principal. Luego de Asear el culo de Natalia y comentar – en privado – ciertas cosas ocurridas, nos vimos los seis sentados con un trago de vodka cada uno​
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heranlu

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Una Magnífica Orgía Entre Excelentes Amigos - Capítulo 003

Camilo y Javier se alejaron de nosotros en búsqueda de drogarse. Ante mi estaba los coños de Claudia, Débora y Natalia acompañados de sus apetitosas tetas y nalgas. Me atreví. Sin permitirles moverse un tanto, mi lengua pasaba de un coño al otro, de un pezón al otro de un ojo negro al otro. Estaba excitado, pero mi verga no me acompañaba. Sin embargo mi trabajo dio sus frutos. Cada uno acabó con la intensidad posible. Nuevamente me dirigí al baño, enormes deseos de orinar tenía.

Una vez descargado mis necesidades, intenté regresar. En el camino, oí movimiento en el cuarto donde dormitaba mi esposa junto a Alicia y su esposo. Esta vez el ruido era producto de lo normal, producto de cualquier persona al despertarse. Igual me inmiscuí.

Me acosté junto a Alicia que estaba cerca de uno de los bordes. Dafne se encontraba en el medio abrazada a Vinicio. Violentamente empecé a meter y a sacar mis dedos del coño de Alicia. Sus gemidos y espasmos lograron que nuestros consortes se levantasen. Dafne se levantó con una enorme sonrisa y me besó, luego lo hizo con Alicia. Volvió su cara hacia el cuerpo de Vinicio y viendo que este aún se encontraba ausente lo empezó a mamar. Ante tal estimulo a el marido de Alicia no le quedó otra que dedicarse al igual que yo. Alicia y Dafne intercambiaban posiciones, unas veces mi esposa me mamaba, otra lo hacía Alicia y viceversa. De pronto yo frotaba mi verga entre las tetas de Alicia mientras veía como Dafne mamaba el culo de Vinicio que no dejaba de frotar su verga. De pronto Alicia se colocó sobre sus rodillas, empinado el culo y a la vez acompañando a Dafne en su mamada sobre la verga de Vinicio. No quise penetrar a Alicia, preferí disfrutar un poco de la saliva y labios de mi mujer sobre mi boca. A la vez no perdía de Vista los dedos de Vinicio entrando y saliendo sin trabas del culo de Alicia. Ante nuestras posiciones, puse a Dafne en cuatro patas y mi verga inició su paseo frenético de entrada y salida de su húmedo culo. Vinicio hizo lo mismo con Alicia. La puso en cuatro patas y comenzó a penetrar su culo a un ritmo más acompasado.

Mi verga entraba y salía del culo de mi esposa para entrar y salir de su coño. Mi verga estaba gruesa y dilatada por la imagen que nos brindaban nuestros anfitriones… ¿o éramos nosotros los anfitriones? A esta hora no importaba. Situé a Dafne de espaldas sobre la cama, y volví a introducir mi verga en su culo. Invité a Vinicio a que se situara entre mi pelvis y la de mi esposa y le metiera su verga al fondo de su coño y, es más, el llevara el ritmo. Sentía como la gruesa verga de Vinicio se rozaba con la mía, como nuestros movimientos hacían gemir y acabar a Dafne y estuve a punto de venirme. Me contuve, tampoco tenía tanta leche. Le cedí el culo de Dafne a Vinicio y fui a metérsela a su mujer. Esta, a estas alturas, se había convertido en una puta; tan puta como mi esposa. Lo comenté en voz alta y mientras nos agradecían – a Dafne y a mí – por haberles permitido – a él y a Alicia – pensar positivamente sobre su relación, ambos acabaron y nosotros tras ellos. Entonces Dafne chupó para extraer mi semen del culo de Alicia e Alicia hizo con lo propio con el de Vinicio dentro del de Dafne. Nuestras observaciones "post-coito" fueron maravillosas.

Dafne y Vinicio tocaron a la puerta para hacer valer su turno en el uso del baño. Alicia y yo salimos, pensantes y felices, a afrontar una velada que, por lo visto, continuaba.

Cada quien preparó su desayuno a su conveniencia, otros los preparamos en parejas. Lo cierto es que ya era casi medio día cuando pude percibir cierta incomodidad por parte de Natalia. Se quejaba que Dafne, ni yo, la habíamos atendido lo suficiente, más aún siendo abandonada por su marido - ¿Quién sabe dónde estaba? Nadie lo discutió. Camilo, en su estúpida sabiduría, proveyó la solución. La coca y las bebidas espirituosas ya mostraban signos de escasez, por lo que llamó a nuestro jibaro y luego de explicarle la situación nos informó que la fiesta seguía y, tal vez, mucho más intensa. Y así fue.

Vinicio, por medio de la pareja de conserjes, se enteró que hasta este momento, ninguno de los otros propietarios se encontraba en el lugar. Por lo que la piscina estaba a nuestra entera disposición y antojo. Todos conquistamos el área. Excitante música sonaba, mientras los presentes nos emparejábamos sin compromisos. Yo bailaba alrededor de la piscina con Débora; Dafne – a pesar que suene contradictorio – restregaba su culo sobre la verga de Javier con sumo placer. Vinicio frotaba la espalda de Claudia y Camilo hacía lo propio con Alicia. Natalia, seguía contrariada intentando hablar con su marido vía celular.

En eso llegó nuestro amigo Enrique – nuestro jibaro – acompañado de otro tipo (quien resultó ser Jorge) y de tres mujeres. La más resaltante era Anaïs. Anaïs estaba embarazada de 6 meses, aparte de su panza tenía unos senos enormes, un culo redondo y unos labios carnosamente envidiables. La otra (Beba) hubiese podido pasar por enana, pero su culo y personalidad desbordaban la escena. Por último se trataba de una señora (Sandra) de más de 40 años, que emanaba mucho sexo con tan solo verla.

Natalia, debido a su malestar tomó la iniciativa. Hizo que los recién llegados se desnudaran con suma prontitud. Y al final, viendo la morena y muy gruesa verga de Jorge erecta no más salir, se lo empezó a follar.

La llegada de Enrique nos alegró a todos ya que él nos proveyó de "estímulos" muy diversos. No podíamos servirlos en la mesa – cualquier extraño podría darse cuenta y comprometernos. Subimos al apartamento: Alicia (la dueña de la llave), Enrique, Anaïs y yo. Desnudos por completo – excepto Anaïs tan solo cubierta por una franela blanca que protegía su vientre de los rayos solares – nos sentimos muy cómodos en medio de la privacidad de la sala tan solo perturbada por algunas muestras de júbilo provenientes de la fiesta que dejamos atrás. Llegado el silencio habitual, me fui hasta el bar para ofrecer bebidas a los presentes. Enrique se levantó tras de mí y luego de decirme su preferencia alcohólica, comenzó a desplegar su arsenal de drogas sobre la mesa del comedor. Nos había traído: éxtasis, hierba y más cocaína. Aún este se hallaba envuelto en su distribuir la exhibición que había traído consigo cuando empecé a yo distribuir los tragos: Vodka Tonic para Enrique y para mí; Bloody Mary para Alicia y una copa de vino blanco para nuestra preñada Anaïs.

Al finalizar la entrega me senté a un lado de Anaïs y tras brindar por nuestro encuentro le pregunté: ¿Es nuestro Enrique el padre de la criatura en tu vientre? Entre risas nos dijo que no y agregó: no estoy muy segura de quién pudiese ser el padre. Alicia repreguntó: ¿algún chance de que sea Enrique? Nuevamente risas para responder, esta vez muy serio Enrique, que no. Nos explicó que Anaïs era una de sus clientes más apreciada – de alta cuna – agregó. Pero que nunca se estableció "relación sexual" alguna. Sorpresivamente agregó de inmediato: eso sí, es bien puta. Anaïs se sonrojó y entonces Alicia tomó la iniciativa diciéndole: "Estas entre amigas muy putas". Todos reímos con la ocurrencia. Enrique se sentó entre nosotros y declaró: "la mesa está servida". Yo fui a servir unos pases. Mientras lo hacía se acercó hasta a mí, Anaïs, desprovista de su franela ridícula. Sus hinchados y enormes marrones aureolas que contenían sus pezones y resaltaban sus tetas me distrajo de mí accionar. Me recompuse y tras aspirar mi última línea, invité a Alicia a que viniese por las suyas. Alicia se unió a nosotros. Alabó las tetas y el culo de Anaïs; aspiró sus líneas de perico y con la misma rapidez con que acudió, regresó al lado del cuerpo desnudo de Enrique sobre el sofá. De reojo, noté que la verga de Enrique comenzaba a mostrar reacciones positivas a su entorno.

Le serví otra copa de vino a Anaïs y tras sentarme a su lado en la mesa de "provisiones", le pregunté: ¿Has tenido sexo durante tu embarazo? Tan sólo una vez, respondió. Ni siquiera sabía de la criatura, pero puedo decirte que fue maravilloso y salvaje. Intrigado pregunté; ¿Qué fue lo maravilloso? ¿Qué fue lo salvaje? ¿Me permites? Preguntó tomando un éxtasis de la mesa y acercándola a su boca. "Es tu problema" dije y agregué, tu hij@ no puede decidir. Sin inmutarse se tragó la píldora vaciando su copa a la vez. Yo seguía mirando sus tetas y ya comenzaba a frotar con mis manos mi verga.

No sé realmente cuántos minutos transcurrieron cuando cerré mis ojos al terminar mi copa, lo cierto es que al abrirlos nuevamente observé, "muy vívidamente" como los dedos de Anaïs entraban y salían de su coño. Tampoco sé cuánto tiempo mi mirada estuvo fijada en su accionar. Recuerdo que un lejano gemido entremezclado con los gritos provenientes de la piscina me distrajo. En segundos supe que se trataba de Alicia. Dirigí mi mirada al sofá para ver a mi amiga, mi ex novia, hincada sobre sus rodillas, de espalda a todos los presentes, facilitando la mamada de cuca que le brindaba Enrique. Interrumpí sin problemas el "viaje" que comenzaba nuestra preñada amiga y tomándola de la mano la trasladé hasta acomodar nuestros cuerpos muy cerca del de Alicia y Enrique. Anaïs, automáticamente, continuó frotando sus dedos sobre su dilatado clítoris. Luego tomó una de las manos de Alicia y la hizo introducir y sacar acompasadamente sus largos dedos dentro de su hinchada vagina. Al Enrique repara en mí, me azuzó: "Te dije que es una puta, aprovéchala".

Los dedos de Alicia abandonaron la cuca de Anaïs luego de que esta tuviese su locuaz primer orgasmo. Yo seguía, tan solo, frotando mi verga erecta frente al espectáculo. Alicia se acercó a mí luego de desprenderse de Enrique. Luego de mamar mi polla profunda y brevemente, dijo en voz alta: "Me cojeras después que me inundé la verga de tu amigo; pero antes, Enrique y yo queremos ver cómo te comportas ante tanto volumen". Me sonreí. Aparte mi verga de la boca de Alicia y postrándola nuevamente sobre el sofá le indiqué a Enrique: "mete tu verga primero en su coño". Agregué: Anaïs merece pagar la "novatada", así no le guste a ella o a ustedes, este polvo quedará registrado en video. Nadie objetó, eso sí; Alicia y Enrique detuvieron su accionar esperando que yo pusiese a "tiro" la cámara.

Coloqué la cámara sobre el trípode y le pedí a Alicia que me representara ante Anaïs para poder enfocarla. Alicia se relamió entre los jugos de nuestra abultada amiga mientras mi excitación crecía viéndolas por el lente de la cámara. Mientras Enrique hurgaba y observaba reconociendo el apartamento. Me declaré listo tan pronto, tanto Anaïs como Alicia declaraban con gemidos profundos sus orgasmos.

Le pedí a Alicia que me mamara junto a Anaïs. Ambas lo hicieron. Sin pedir permiso para retirarse, Alicia abandonó mi verga con prontitud. Entonces pude relajarme para sentir e identificar las capacidades bucales de la amiga preñada. Me defraudó un poco, no por el efecto o calidad de su mamada, sino por el hecho de que ella se encontraba lista desde hace mucho tiempo y lo que más le interesaba era que mi verga la penetrase. Accedí. Le pregunté cuál posición le resultaba más cómoda. Hincándose e invitándome con su enorme trasero; con sus propias manos abrió su vulva para mi verga. Mi primera reacción al sentir sus jugos e hirviente temperatura interior fue compararla con mi propia esposa.

El sexo de Anaïs era completamente diferente. La carnosidad y voluptuosidad de su interior no podía compararse con la de Dafne cuando estaba embarazada. Además la situación era muy distinta. Los gritos de placer, sus movimientos por un momento me distrajeron e intentaron que mis huevos acabasen. Me detuve. La postré sobre el sofá y comencé mi vulgar reconocimiento de su sexo. Me distraje sorbiendo sus labios vaginales, le introduje tres de mis dedos dentro de su coño. Por último, empecé a lamer y a hurgar con mi lengua su culo. Anaïs acababa por cuarta vez y su culo se abría cada vez más ante mí invitándome. Yo seguí lamiendo, chupando y estrujando tanto su sexo como sus enormes tetas, cuando escuché a Alicia exigirle a Enrique, entre gritos de placer, que le metiera su verga en el culo.

Pocos segundos transcurrieron entre su demanda y el cumplimiento de la orden. Cuando vi la gruesa verga de Enrique desaparecer entre las nalgas de mi amada, casi eyaculé. Por suerte me contuve. Anaïs aprovechó mi distracción para acercarse a la mesa a tragarse otro éxtasis junto a otra copa de vino. La lascivia que mostraba su cara mientras se acercaba a mi fue suficiente. La besé correspondiendo su actitud para luego acostarla suavemente sobre su espalda en el sofá. La abrí de piernas, le pedí que lubricara su culo y lo relajara para recibir, dulcemente mi verga. Cumplió como la experta que era. Mi verga se deslizó sin trabas y enardeciéndose aún más con la calidez inigualable de sus entrañas. No pude resistir más, una vez ella acabó y acompañada, al poco tiempo con los gritos de mi amiga, derramé mi leche entre sus tetas y su abultado vientre. Me aparté bruscamente por el paroxismo buscando servirme otro trago. Una vez lo hice, volví mi mirada a la escena abandonada y pude ver como Enrique manipulaba la cámara de video realizando acercamientos sobre Alicia lamiendo y recogiendo con su lengua mis restos sobre las tetas de Anaïs que seguían estremeciéndose.

El show terminó. Enrique se acercó hasta a mí para agradecerme la invitación, notificarme que las "drogas" corrían por la casa y pedirme que le sirviera un trago de whisky. Le serví, vi como Alicia y su nueva amiga se dirigía al baño a asearse. Reparé en los binoculares y tomándolos me dirigí al balcón. Ya eran casi las cuatro de la tarde. No había nadie en la piscina. Se lo comenté a Alicia y esta jocosamente me dijo: "mejor así, aún te tengo ganas sólo para mí". Medio en broma, medio en serio le repliqué diciéndole que tan solo tenía tiempo de probar a las amigas de Enrique. Que si Sandra y/o la Beba era la mitad de buenas de Anaïs me vería comprometido. En medio de sus carcajadas, sentí la puerta principal abrirse de par en par.

De pronto ahí estaban todos los restantes, con sus cuerpos muy bien bronceados, distribuidos por la sala y, como hienas, merodeando la mesa del comedor. Vinicio y Dafne entraron de últimos cargados de paquetes llenos de comida para aquel que le aprovechara. Me acerqué a Dafne preguntándole cómo se sentía. "Maravillosa" respondió. ¿Seguimos por nuestra cuenta? Pregunté mientras ella desplegaba los envases de comida junto a las drogas. "Por supuesto" dijo. Mientras la ayudaba le pregunté por el estado de ánimo de Natalia. "Es toda una puta" "puedes creer que cada verga erecta en la piscina la penetró" "pero no creo que se sienta muy satisfecha" a cada tanto se pregunta a si misma por el paradero de su esposo. Nos interrumpió Javier, alabando la fiesta mientras se servía comida.

Los comentarios de mi esposa fueron suficientes. Busqué a Natalia entre la gente. La ubiqué sentada en la barra, acompañada de la Beba. Serví unas 8 líneas de perico adornándolas con 2 pepas de éxtasis y me acerqué hasta ellas. Interrumpí su conversación invitándoles acomodarse con las drogas. Natalia aspiró al menos cuatro de las líneas servidas mientras la Beba solo aspiró dos y trago una pastilla. Le pedí a Natalia que me presentara formalmente a su nueva amiga. Luego de hacerlo me dediqué, con verdadero entusiasmo, a alabar el cuerpo desnudo de la Beba. Esta tan solo me dijo: "Espero que tus capacidades no me decepcionen". Yo tampoco dije. Continuamos charlando.

La Beba no contaba con más de un metro y medio de estatura, pero su falta de altitud era compensada con creces, por la hermosura de su rostro, la simpatía de su carácter, y; a mi modo muy particular de ver, un par de tetas de espanto: 36D. La firmeza y textura de las mismas se explicaron al Natalia informarme que la Beba tan solo contaba con 20 años de edad.​
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heranlu

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Una Magnífica Orgía Entre Excelentes Amigos - Capítulo 004

Mi incipiente erección era notoria. Natalia reparó en ella tomándola entre su mano diciéndome: Hoy te la para La Beba, ¿Tu verga se acordará de mi? – Al menos se acuerda de tu culo o ¿No lo disfrutaste? "No mucho" y seguía frotando. La Beba nos interrumpió para recordarnos su presencia. Unió su mano a la de Natalia frotando mi verga y comenzó a besar lujuriosamente a mi veterana amiga. El espectáculo era maravilloso. Tanto que mi polla alcanzó una dureza poco imaginable tras la velada. Natalia nos separó y compuso: ¿Qué tal si vamos a sentarnos en el sofá del balcón? Estoy bastante acalorada. Deslicé mis dedos entre sus labios vaginales y su lubricidad me convenció.

Mientras caminábamos abrazados los tres, me detuve a observar la escena.

Enrique era cabalgado por Débora cuyas nalgas rebotando sobre las piernas de mi amigo era algo súper excitante. A su lado, de rodillas estaban: Sandra mamando la verga de Javier y el coño y culo de Claudia siendo chupado por Marcel.

En la cocina Dafne, Alicia, Anaïs, Camilo y Vinicio comían y conversaban de lo más entretenidos.

Llegamos al sofá. El brillo del sol ya no era tan intenso pero la luz que bañaba los cuerpos desnudos de La Beba y de Natalia, sobre todo en sus tetas, enmarcaba maravillosamente la escena.

Yo me senté de inmediato. Mis dos amigas se recostaron sobre la barda del balcón dándome la espalda y mostrando sus culos en todo su esplendor. Natalia hizo el primer movimiento, se inclinó un poco y comenzó a besar a La Beba. Sus lenguas entrelazadas de vez en cuando se asomaban a mi vista. Se restregaban y sobaban cada parte de sus cuerpos. Notando que ellas no me notaban, me escurrí a buscar la cámara de video de Enrique y comencé a filmarlas. Las invité a acomodarse sobre el sofá. Ubicaron sus cuerpos en un perfecto 69. La Beba sobre Natalia. La cámara capturo con suma perfección los rugidos de La Beba al acabar. Con mi ex amante ocurrió lo mismo poco después. Estremecidas, les pregunté: Sé que sobran vergas, al menos una, pero ¿les gustaría jugar entre ustedes un poco más? para la cámara agregué. Por supuesto dijo La Beba, a quien ya identificaba con una orientación más allá de lo Bi sexual. Llamé a Camilo y le pedí que buscase en mi bolso un consolador de doble cabeza. De inmediato lo puso a disposición de mis estrellas porno. Ambas se ubicaron con sus coños enfrentados. La Beba fue la encargada de meterlo hasta el fondo del coño de Natalia y luego hizo lo propio con el suyo. Al rato de mover con violencia sus caderas, le pedí a Camilo que se encargara de la cámara. Acerqué mi polla a la boca de Natalia para que la mamase un rato. Sus movimientos de cadera continuaban pero, esta vez, gracias a la fuerza que le imprimían las de nuestra nueva amiga. Retiré mi verga, me ubique sobre el torso de La Beba y deslicé mi polla entre sus enormes tetas. Rodee con ellas mi falo y a cada movimiento de su cadera para penetrar y ser penetrada por el consolador, el roce de sus carnosas tetas me enardecían cada vez más. Camilo me interrumpió evitando que acabase entre sus deliciosas tetas. Sin dejar de filmar, sugirió que nuestras putas cambiaran de posición. ¿Cómo así? Preguntó La Beba. "Ambas se colocan de rodillas, culo con culo y esta vez, la verga falsa se la meten por el culo" Todos asentimos. Camilo me entregó la cámara y frotó un poco de coca en cada uno de los orificios de las muchachas. Yo le pregunté a ambas si se sentían cómodas y ambas asintieron en medio de sonrisas muy cómplices. Sin perder el ritmo, se afanaron en llevar a cabo la propuesta de nuestro segundo director, que alternaba su verga entre la boca de una y la otra. Esta vez, sólo La Beba logró el orgasmo. Termino la película. La Beba se fue a asear, Camilo se ocupó de otros menesteres y Natalia y yo nos abrazamos uno al otro, y entre besos observamos la puesta de Sol. Al poco rato me dijo que iba a reponer fuerzas acostándose un rato. La besé despidiéndola hasta entonces.

Regresé a la amplia sala. Allí noté que las cosas estaban más relajadas.

Algunas personas no se encontraban. Estaban: mi esposa, Sandra, Débora, Claudia, Enrique, Marcel y Vinicio. Hasta cierto cansancio se notaba en algunos. Para romper el hielo y avivar un poco los deseos, les invité a ver los videos que habíamos tomado este día. Conecté la cámara al TV de plasma – definitivamente el apartamento se encontraba equipado de lujo. E inicié la proyección.

Vinicio, sentado a un lado de mi esposa no dejaba de masajear sus tetas y esta no dejaba de frotar su coño viendo como Enrique se cogía a Alicia y yo a Anaïs. Marcel fue el primero en masturbarse frente a las imágenes. Débora, dándose cuenta del rubor de Claudia, trató de reconfortarla, nada más y nada menos, que chupándole el coño. La lengua de Débora siempre ha sido maravillosa, a los pocos minutos Claudia gritó un profundo y prolongado orgasmo. Mi esposa y el esposo de Alicia no dejaban de tocarse y besarse. La verga de Marcel ya se había unido a los coños de Débora y Claudia. Ya nadie reparaba en la película. Sandra me tomó por el brazo y me llevó hasta la barra. Sirvió unas líneas muy finas de perico. Las aspiró y luego me preguntó si quería. "Porque no" dije. "Entonces sírvenos un trago". ¿Whisky? Pregunté. "Perfecto" respondió.

Mientras ambos servíamos por nuestro lado los aperitivos, por vez primera reparé realmente en Sandra – A su llegada, la presencia de Enrique y los notorios cuerpos de Anaïs y La Beba, evitaron que la detallase. Sandra es una mujer rubia, creo que con un poco más de 40 años de edad. Muy bien conservada de rostro y cuerpo. Que muestra cierta clase, la clase que se encuentra en las mujeres que han vivido a plenitud. De ojos muy discretos y mucho más su mirada, pero a sabiendas que todo lo observaba, que lo que ocurría a su alrededor era profundamente analizado. Me detuve ante ella con los tragos en las manos y mientras ella seguía dispersando y juntando en líneas mi dosis de perico, reparé aún más en su figura sexual. Su vientre, evidentemente a causa de la edad y cierto sobre peso era un tanto abultado. No por eso, su pubis completamente desprovisto de vello, se escondía. Más bien resaltaban sus discretos y rosados labios. Sus tetas podrían ser de talla 34C provistos de enormes y redondas aureolas rosadas que finalizaban – tal vez por la película, tal vez por mí, o tan solo "son así" en duros pezones. Por último recorrí el contorno de su espalda empezando desde su delicado cuello y finalizando entre sus caderas. No todo podía ser perfecto. Sus nalgas no eran carnosas ni abultadas pero dibujaban una pera muy grácil.

Aspiré mis líneas y brindamos por nuestro encuentro. Reparando nuevamente en la sala noté que las cosas habían cambiado un poco. Débora y Dafne usaban el consolador de doble cabeza que usaron nuestras amigas en la película. Con la variante de que un extremo desaparecía dentro del culo de Débora y el otro dentro del coño de mi esposa. El cuerpo de Vinicio sobre el piso dejaba ver como el coño de Claudia se tragaba su verga saltando sobre el mismo. Marcel espera junto a ellos masturbándose –seguro esperaba su seña para penetrar "doblemente" a Claudia.

Aún así, las cosas se mostraban calmadas.

De frente a lo que sucedía en la sala, Sandra y yo comenzamos a conversar muy amenamente. Me enteré que era casada. Le pregunté si su marido sabía sobre sus andanzas y me respondió: "él me inició en ellas. Y no me quejo, créeme. Es lo mejor que nos ha pasado. Llevo 20 años casada con él y hace 10 empezamos a experimentar con esto. Al cabo de 2 años me reveló que prefería cogerse a los hombres. Lo acepté porque es una gran persona. Provee de todo en la casa, a mí y a nuestros dos hijos. De vez en cuando cogemos en una velada como esta. Desde entonces me deja hacer lo que quiera – sin descuidar la casa, por supuesto – y yo por mi parte he disfrutado mucho de la variedad que me brinda la experiencia. Por mi parte le conté las similitudes entre su relación y la mía. Detallé nuestras experiencias con el mismo sexo. A fin de cuentas, ambos nos sentimos satisfechos.

Ella se sirvió otras líneas de coca y luego de aspirarlas me preguntó: ¿Qué te gusta más de las mujeres? Sin pensarlo respondí: Su sexualidad, que disfruten de ella y de verlas. Entonces preguntó: ¿Y en lo físico? "Nada en particular, cada mujer tiene lo suyo" respondí. Comencé a besarla. Su boca era muy cálida y su lengua muy fina y discreta. Sentí como mi verga iniciaba su proceso de alistamiento cuando sus manos me acariciaron las nalgas. Nuestros cuerpos se acariciaron por largo rato, rozando nuestras pieles. Pareciera que lo "físico y sexual" desaparecieron por un rato. Entre frases y caricias comencé a sentirme muy afín a la personalidad de Sandra. Pienso que ella también lo percibió.

Natalia nos interrumpió. Para mi asombro se encontraba completamente vestida y bastante alterada. Sin darme tiempo a preguntar las causas me pidió que le pidiese un taxi y la dirección y/o teléfono de Julia – Debo ubicar a mi marido, dijo. Su determinación y razones eran más que suficientes pero pensé: "Natalia no conoce casi nuestra ciudad, le va a costar mucho y, de ser así Yo tendré que ocuparme" (y para nada quería distraerme en este momento). Los presentes hicieron silencio al darse cuenta de mi discusión por hacer "entrar en razón" a mi amada amiga. Dafne se acercó a nosotros para enterarse. Le expliqué lo que deseaba hacer Natalia y ella, entonces, se unió a mi disputa. Debía encontrar otra salida. Pensé en Camilo. Fui al cuarto donde descansaba junto a La Beba y Anaïs. Por suerte charlaban. Le expliqué la situación y accedió complacido, luego de que las dos mujeres con quien se hallaba accedieron a acompañarlo. Anaïs agregó no sentirse muy bien y de esa manera podrían dejarla en su casa. Regresé a la sala para comunicarle a Natalia la noticia y el ambiente se calmó enseguida. Marcel cayó en cuenta de que dos de sus amigas se ausentarían, tal vez para no regresar, así que decidió acompañar en la misión. Dafne escribió los datos que conocía de Julia y se los dio a Camilo, pidiéndole que se mantuviera en contacto con nosotros ante cualquier eventualidad. En menos de diez minutos nos abandonaron.

Dafne cerró la puerta tras la despedida. Un muy incomodo silencio nos embargó. Enrique lo cortó en seco. Poniendo música salsa en el estéreo a muy alto volumen, nos sacó del letargo que nos había invadido. Miré a mí alrededor y conté mentalmente a los que quedábamos: Enrique bailaba con Débora en el medio de la sala, aupado por las palmas de Vinicio y Claudia. Desde el pasillo que conducía a las habitaciones emergía Alicia, despertada por el escándalo – Dafne la llevó a la cocina para ponerla al tanto de lo acontecido. Javier por lo visto seguía dormido. Sandra seguía mirándome desde la barra, sirviendo y ofreciendo drogas al resto. Todos pasaron frente a ella. Yo seguía intercambiando miradas excitantes con ella. Sin embargo algo me atormentaba.

Soporté los abucheos de los que bailaban cuando disminuí el volumen de la música, justificándome diciendo que no debíamos llamar la atención de los vecinos. Enrique continuó su danza erótica junto a Débora y, solidariamente, Claudia y Vinicio se unieron a su compás. Dafne seguía conversando con Alicia, por su animosidad deduje que ya no hablaban de lo acontecido. Me acerqué hasta Sandra. Sentada sobre el banco del bar, me daba la espalda. "Definitivamente sus glúteos forman una apetitosa y discreta pera", pensé. La abracé desde atrás, tratando de abarcar con mis manos sus redondos pechos. Noté que sus rosados pezones estaban muy erectos casi como piedra. Se estremecía nerviosa con mis caricias. Con un susurro le pregunté: ¿tienes frío? en medio de un suspiro me respondió: Para nada, simplemente estoy muy excitada contigo y el resto de la velada. Y tomando una de mis manos la alojó entre su entre pierna. La calidez que emanaba sin siquiera profundizar mi exploración dirigida, me convenció. Pensé: "Aún no estoy listo". Buscando hacer tiempo, me senté a su lado y le pregunté: ¿Qué opinas de mi esposa? ¿Te gustan las mujeres? Los cuerpos desnudos de Dafne e Alicia se encontraban muy cerca y frontal de nosotros – la barra dividía la sala de la cocina. Bromeó preguntándome si era la catira o la morena. Estúpidamente respondí: "la morena". Se rió de mi, "conozco la respuesta desde antes de llegar. Enrique la describió muy bien". Para salvar mi orgullo le dije: "Entonces parece que te gustan las mujeres". Si, respondió, pero no para una relación. Me gusta verlas, detallarlas, ver como justifican mi vanidad por también ser mujer. Me gusta detallar su sexo y encontrar similitudes o diferencias. Me gusta ver su respuesta sexual. Me he acostado con alguna, de varios tipos y procedencia – gracias a mi esposo. Pero creo que nunca iría, por mi cuenta, en busca de acostarme con una mujer. "¿Ni siquiera con mi mujer?", pregunté. Bueno – respondió – debo decirte que no; no la buscaría en la calle, pero…en vista de que es tu esposa, si tú lo pides, estaría dispuesta a intentarlo. Me invadió, la troculencia. En vez de mi esposa le pedí que abordara a Alicia. Mientras yo me pondría "al tanto" con mi mujer. Eso sí, agregué, sin dejar de observarte.

Llamé a mi esposa para que me acompañase, y Sandra, al verla venir a mi encuentro, tomó la bandeja que contenía las drogas para levantarse a ofrecérselas a Alicia.

Dafne se sentó a mi lado y sorbió un trago de mi vaso de whisky. Sin darse cuenta de mi plan, me preguntó: ¿La has pasado bien, cariño? Magnifico – respondí. Y devolviéndole la gentileza le pregunté lo mismo. Dafne empezó a describir cada uno de sus gratos momentos. Yo la escuchaba de a poco. Mis oídos la escuchaban pero mis ojos, trataban de presenciar vívidamente el encuentro de Alicia y Sandra. Los ojos de Dafne debieron de sincronizarse con los míos justo en el momento en que Sandra se sentó con sus pies sobre la lavadora y abrió sus piernas de par en par, porque llamó mi atención sin ninguna necesidad. Sandra atrajo el cuerpo de Alicia situándolo entre sus piernas y continuaron charlando. Dafne viendo el éxtasis que el espectáculo desarrollaba en mí, me tomó de la barbilla y me obligó a reparar en ella. ¿Qué? Pregunté. "¿Por qué no me habías llamado la atención sobre tu nueva amiga? ¿Piensas disfrutarla tú solo?" - ¿me creerías si te dijese que tengo menos de una hora conociéndola? Tal vez no, pero no importa, sentenció. Seguimos sorbiendo nuestro whisky con los ojos clavados en Alicia y Sandra. El relajo musical continuaba al fondo. Dafne empezó a alabar el cuerpo de Sandra, resaltando el hermoso rosado de sus aureolas. Yo agregué: ¿notaste el tesón de sus pezones? "Si, son incomparables". Sandra e Alicia intercambiaron posiciones. Ahora Alicia estaba sentada sobre la lavadora, pero en actitud cohibida. Sandra se ocupó de que no durara mucho tiempo. Solo empleando sus palabras logró que Alicia abriera del todo sus piernas. Entonces, Dafne y Yo, fuimos testigos del primer accionar sexual de la amiga que había traído Enrique.

Sandra empezó a jugar con su lengua el coño de Alicia. La posición de sus cuerpos no nos permitía ver los detalles de sus caricias. Tan solo fuimos testigos excepcionales de un profundo y súbito orgasmo de Alicia. Eso fue suficiente. Dafne me abandonó diciéndome: Yo quiero sentir lo mismo. Y así, se juntó con Sandra e Alicia. Luego de intercambiar algunas palabras con ellas, Alicia se apartó caminando hacia mí para sentarse en el puesto que mí mujer recién había abandonado. El rubor que invadía el rostro de Alicia, sus cortos jadeos cansinos, daban cuenta de lo bien que lo había pasado. Vaciando mi trago me preguntó: ¿De dónde sacaste a esa mujer? Sirviéndome otro trago le aclaré: No he sido yo, ha venido con mi amigo Enrique. Es divina decretó. Ya lo creo, confirmé. Alicia servía nuevas líneas de coca sobre la bandeja, mientras yo seguía con mi mirada clavada sobre los cuerpos de Sandra y Dafne. Dafne, juguetonamente con sonrisas casi nerviosas se sentó sobre la misma lavadora. Entonces Sandra se volteó hacía mi y con una mirada muy pícara hundió su cara entre las piernas de mi mujer.

En eso apareció un Javier muy repuesto, lo cual era evidente por la erección que mantenía. Saludando con gestos fue hasta la nevera a servirse un vaso de agua. Yo lo seguía con la mirada, hasta que el estruendoso grito orgásmico de Dafne nos hizo ubicarnos bruscamente en el tiempo y en el espacio. Javier enseguida se acercó a las dos mujeres buscando alivio para su verga. Lo detuve con un enérgico llamado de atención al decirle: Con la catira, ni lo sueñes. Se recompuso rápidamente, gracias a los oficios de mi mujer, quien lo tomó del brazo y lo invitó a sentarse con ella y junto a Alicia en la barra. Sandra seguía apartada, parada, apoyando su cuerpo sobre la perniciosa lavadora. Una seña de mi parte bastó para que Dafne e Alicia volvieran a tomar al recién despertado Javier llevándoselo consigo para sentarse sobre el sofá a observar, ya no el baile, sino la orgía que Débora, Vinicio, Enrique y Claudia se habían montado en la sala. Yo apenas reparé en ello.

Reparé más bien en Sandra. Su cuerpo estaba impregnado por el sudor propio y el de las otras. En un segundo reparó en mí y, nuevamente con picardía se sonrió sentándose nuevamente sobre la lavadora. Abrió sus piernas y comenzó a masturbarse. Sus dedos frotaban su clítoris, su otra mano masajeaba sus tetas. De vez en cuando introducía profundamente sus dedos en su coño, luego iniciaba un entrar y salir muy brusco. Desparramaba sus jugos frotando y estimulando su culo. Llegó a meter hasta tres de sus dedos en su recto. La misión había sido cumplida: Mi muy enrojecida, muy erecta verga se deslizaba entre mi mano derecha con una dureza desconocida por mí – al menos así lo sentía.

Me desplacé hasta su encuentro. Nos besamos con lujuria hasta que volví a posar sus nalgas sobre la lavadora. Sumergí mi lengua dentro de su coño acompañado de mis dedos hurgando su culo. Sandra se reía facilitando mis acciones con sus movimientos pélvicos. Me pidió que la dejara mamar mi verga, pero me negué. Rogué que me permitiera continuar saboreándola. Brevemente se estremeció con un orgasmo. Sus carnosos labios vaginales eran todo un estimulo, el perfecto sabor y viscosidad de sus fluidos vaginales eran elixir para mi gusto. Hasta su culo sabía diferente, rico. Acabó nuevamente, mientras mi lengua penetraba su recto. Entonces me apartó. Me besó y abrazo para luego acostarme sobre el piso e insertar mi verga en lo más profundo de su sexo. No nos movimos por un rato. El suficiente para que acabara de nuevo. Mi polla palpitaba mientras sus caderas subían y bajaban rozando mi tronco, frotándolo suavemente. La detuve. Saqué mi verga y tomándola por la cintura la apoyé, de pié, sobre la lavadora. Abrí sus piernas y deslicé sin contra tiempos mi verga dentro de el culo más caliente que hubiese sentido en mi vida. La penetré con brutalidad. Era mi turno. Saqué mi verga y le dije: "Ahora si puedes mamarme". Así lo hizo. Por poco tiempo porque eyaculé a los minutos dentro de su boca, en su hermosa cara, sobre sus dilatadas tetas. En fin, fue el orgasmo de mi velada. Nos besamos, la ayudé a limpiarse. Al levantarnos pudimos ver como el resto de los presentes nos observaban – se notaba que llevaban rato haciéndolo. Sentí algo de vergüenza, sobre todo al ver a mi esposa. Pero ella misma se encargó de relajar la situación: Empezó a aplaudir y el resto la siguió entre risas.

Enrique y Vinicio me abrazaban como felicitándome y me preguntaban cómo la había pasado. Vi como Sandra – con rubor en su cara – transitó el pasillo buscando el baño. Dafne la siguió para asistirla. Yo me sentí feliz.

Enrique estaba sentado a mi lado, Vinicio servía perico en la bandeja. Alicia, Claudia y Débora lo rodeaban esperando su dosis, bromeando junto a él. Fue Enrique quien me sacó de mi letargo al contarme: "Es otra, más grande, que en las veladas que organiza su marido". Golpeé contra la realidad. Me serví otro trago de whisky y tras un sorbo le pregunté a mi amigo: ¿Qué quieres decir con que es "otra", "más grande"? Sonrió y tomando la bandeja me ofreció aspirar un poco de coca. Lo hice – necesitaba seguir despierto. Enrique puso la bandeja sobre la barra y pasando su brazo sobre mi cuello me condujo a sentarme en el sofá.

Nos sentamos, brindamos por la velada y me dijo: "Deja la troculencia. Sandra, por lo que he visto y disfrutado junto a ti y a tu mujer el día de hoy, no es nada diferente a ustedes. De hecho, deberías proponerle a Sandra que los invite a sus orgías y que conozcan a Pablo – su esposo". Seguía absorto, perplejo. No sé si por las palabras de mi amigo o por lo que había vivido junto a Sandra. De pronto era por ambas cosas. Luego de reflexionar un rato, le pregunté: ¿te la has cogido? Con la mayor claridad respondió: No. Aunque no lo creas. Ellos me han invitado a muchas de sus veladas, pero su personalidad siempre me ha causado cierto respeto, como obligándome a mantener distancia. ¿Inclusive hoy?, pregunté. Hoy no sé, respondió. Hasta que no los vi tirando hace un rato, no había reparado en su presencia. Cambió de tema preguntándome mi opinión sobre Anaïs y La Beba. Duramos un buen rato intercambiando nuestros conceptos.

Sandra se duchó. Salió del baño vistiendo tan solo una toalla enrollada sobre su húmeda cabellera. Su cuerpo había ganado cierta imponencia. Sus andar pausado trasladándose a través del pasillo, resaltaba el vaivén de sus hermosas tetas. Dafne y Débora comenzaron a aplaudirla, el resto simplemente siguió el homenaje. Sus mejillas se enrojecieron por segundos, para luego mostrar una actitud vanidosa, triunfante. Débora y Claudia le dieron la bienvenida desbordándose en atenciones para ella. Luego de mimarla complaciendo cada uno de sus pedimentos (whisky, un poco de coca y una botana), hicieron desalojar de la barra a Vinicio, mi esposa e Alicia. Junto a ellas, acechándola con la mirada, permaneció nuestro amigo Javier. Dafne se acercó a mí y a Enrique para decirme, a viva voz, que debía de atender a mi consorte. Enrique se rió. Descuida, me dijo: me encargaré personalmente de que tu mujer no se ocupe de ti. Y tomándola del brazo, la llevó al balcón invitando a Alicia y Vinicio a unirse a ellos.

Observé el reloj en la pared. Este ya marcaba 15 minutos antes de la media noche. "Parece que todo apenas comienza" me dije. Tal cual me fue ordenado, me acerqué a la barra y rodeando con mi brazo las nalgas de Sandra pregunté: ¿Cómo la han pasado? "De maravillas" respondió Débora "Mucho mejor que nuestras incipientes veladas de años anteriores". "No nos has presentado a tu nueva amiga" resaltó Claudia. Sandra se presentó a sí misma, como si apenas hubiese llegado a la escena. Todos reímos y nos relajamos.

Decidí abandonarlas.

Nuevamente me acerqué al sofá donde Enrique, Javier, Vinicio, Alicia y mi esposa se entretenían viendo el video que Camilo y yo habíamos filmado. Lo que ocurría, ya causaba aburrimiento en mi. Y era porque "nada" ocurría.

Para todos la noche se terminaba. Hasta que Vinicio tuvo la magnífica idea de visitar un "club nocturno". Todas las mujeres presentes aplaudieron y como si se tratase de una orden militar, las seis salieron disparadas para ataviarse. Javier, Vinicio, Enrique y yo hicimos lo mismo.​
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