Una Historia de Hermanos

heranlu

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—¡Mamá! Dile a tu hija que salga ya del aseo, que a mi no me hace caso.

Mi madre, que estaba en la cocina, se acercó.

—(Tocando a la puerta) Cristina cariño, ¿estás bien?

—¡Solo me estoy duchando!

—No es verdad mamá, lleva ahí dentro cuarenta minutos.

—¡Cállate idiota! ¡Vete al otro aseo pesado!

—Oye, no le hables así a tu hermano. — Le riñó mi madre.

—Está papá en el otro. Vamos déjame entrar por favor, necesito mear. - Contesté.

Unos segundos después mi hermana salió por la puerta con la toalla en la cabeza y el secador en la mano con cara de pocos amigos.

—¡Por fin!

—Vamos entra de una vez, y date prisa que aún no he terminado.

—Qué maja eres, imbécil. — Con expresión de asco en su cara mi hermana me quitó la mirada y la dirigió a su teléfono como si no hubiera oído nada.

Estaba harto de que mi hermana siempre estuviera horas y horas metida en el baño. Si quería entrar siempre estaba ella haciendo algo, o simplemente mirando su móvil en la taza del retrete como si los demás no necesitaran entrar nunca.

Pero bueno, así es mi hermana melliza Cristina (de dieciocho años), solo se preocupa por ella misma. Ambos hemos nacido a la vez y de la misma madre pero somos polos completamente opuestos. Siempre tenemos peleas y discusiones, y desde hace unos años ha ido todo a peor. Supongo que la pubertad es lo que tiene. Si antes nos peleábamos una vez al día, ahora eran tres. Y por cualquier tontería. Pero es que no soporto su tono irónico y burlón cuando me vacila e intenta humillarme. Y yo, como no me callo una, pues le contesto. Y se convierte en un círculo vicioso de insultos y griteríos.

Terminé de mear y mientras me lavaba las manos mi hermana aporreó la puerta.

—¿Es que no te cansas de joderme? Se que lo haces a posta cabronazo. Sal ya y no tardes tanto.

—Como me grites otra vez me quedo aquí eh Cris. Y no creo que te guste entrar al otro aseo después de papá.

—Pedro por favor, no me calientes.

—Pues deja de gritar enferma.

—A quien llamas tú enferma capullo. Cuando salgas te voy a matar.

—Pues no salgo, te esperas a que papá termine.

—¡Mamá! ¡El niñato este no quiere salir ahora!

Mi madre se acercó malhumorada.

—No aguanto más, estáis siempre igual. Que si mi hermano no se qué, que si mi hermana no se cuanto. A partir de ahora usaréis cada uno un baño y se acabó. Tú Pedro el de enfrente de tu habitación y tu Cristina el de la cocina.

—Pero mamá ¿y si está ocupado qué? No es justo ella lo ha provocado - Contesté.

—Me da igual, si te hace falta usarlo te aguantas y te esperas. A ver si así dejáis de darme la tabarra. Que me duele la cabeza ya de escucharos.

Perfecto, ahora me tocaría usar el baño de las habitaciones. Puede parecer mejor, pero no lo es, os lo aseguro. En mi casa, todas la habitaciones están juntas en un pasillo, pegadas unas a otras. Y justo en frente hay uno de los aseos. Al lado de la cocina está el otro, ya que esta es bastante grande. No sé quién tomó la decisión de poner un aseo en la cocina la verdad, pero es una mierda. Mi hermana siempre iba a ese porque al estar más lejos, no íbamos tanto y podía estar más tiempo. Pero claro, si ahora me tocaba usar solo el de las habitaciones, mi padre y mi madre lo iban a ocupar también. Y mi hermana se queda con el otro prácticamente para ella sola.

Mi padre salió del baño y empezó a preguntar.

—¿Qué pasa? ¿Por qué gritáis tanto? Se oye todo a través de la ventanilla.

Ambos aseos dan a un patio interior a través de una ventana. Es un espacio muy pequeño por el que cae la tubería de desagüe de todo el edificio. Al ser tan pequeño las dos ventanas están muy cerca una de otra. Es una ventana pivotante, de las que se abren a mitad para airear, pero se pueden abrir completamente quitando el agarre. Supongo que mi padre la había abierto para que no se quedara el olor después de usar el retrete.

— Tus hijos me tienen harta Pascual, harta. - Contestó mi madre. - Están siempre peleados y diciéndose de todo.

—No quiero oíros más a ninguno de los dos. Haréis lo que os ha dicho vuestra madre sin rechistar. ¿Me habéis oído? - Dijo mi padre.

Cuando mis padres salieron de la cocina mi hermana me miró enfadada. Seguía llevando la toalla en la cabeza y sujetando el secador.

—¿Estás contento? Mira lo que has conseguido.

—Cállate que sabes que sales ganando tu, no te hagas la víctima.

Con media sonrisa y haciendo una mueca, mi hermana se metió otra vez al baño y cerró con pestillo. No soportaba que hubiese ganado. Me enfadaba que siempre fuera ella la mimada y saliera bien parada de cualquier situación. De verdad pienso que mis padres le tienen favoritismo pero no lo quieren admitir.

Esa misma tarde me la pasé en mi habitación encerrado, cuando tengo un cabreo así me pongo muy nervioso. Y más cuando no había sido culpa mía. Y para que mentir, me hice un par de pajas para desestresarme. No era un adicto a masturbarme ni mucho menos, pero me gustaba hacerlo de vez en cuando. Siempre utilizo algún vídeo para hacerlo o me meto en el Instagram de alguna tía. Tampoco tengo muchas más opciones.

Soy un tío bastante normal, delgado, pelo castaño y un poco con pinta de parguela. Tengo un pequeño grupo de amigos en la universidad pero no me relaciono mucho fuera de ese círculo. Nunca he tenido novia pero sí algún encuentro con alguna chica. Y como se puede deducir, sí, soy virgen.

Mi hermana por otro lado es la puta ama. Alta, guapa, atractiva, una morenaza con una figura espectacular. No se la cantidad de veces que se ha traído tíos a casa cuando mis padres no estaban, y alguna vez cuando sí. Pero como las habitaciones están tan cerca unas de otras se oye todo. Tengo que confesar que alguna noche me he tocado escuchándola follar. Cierro los ojos y me imagino como le están dando y no puedo evitar tocarme, me caliento solo de pensarlo. La verdad que está buenísima la cabrona, y ella lo sabe. Se lo tiene muy creído y le encanta que le digan lo guapa y lo buena que está una y otra vez.

No obstante jamás hemos hablado de sexo entre nosotros, y obviamente no sabe que me pone como una moto a pesar de que nos llevemos a matar. Aquella noche no le di más vueltas al asunto y me dormí.

A la mañana siguiente me levanté tarde. Era sábado, tenía que estudiar pero quería descansar un poco. Mis padres se habían ido a correr y mi hermana acababa de llegar del gimnasio y entró al aseo para ducharse. Yo entré al otro a echar mi meada matutina cuando escuché el ruido de la ducha. Mi padre había dejado la ventanilla abierta ayer y no lo había cerrado, y mi hermana había abierto la suya para el vapor de la ducha. En ese momento me quedé quieto, sabía perfectamente lo que podía ver si me asomaba, pero también las consecuencias que podía traer y el lío en el que podía meter si me pillaba. Cerré la puerta de mi aseo con pestillo y abrí completamente la ventanilla.

La de mi hermana estaba abierta por arriba y no se podía ver nada. Solo vapor de agua saliendo del baño. Pensé un momento y lo primero que se me ocurrió fue coger mi móvil y poner la cámara.

Me aseguré de que el flash no estaba puesto y me puse a grabar. Y en silencio y minuciosamente pasé la cámara del teléfono por encima de la obertura que quedaba al descubierto unos segundos. Rápidamente dejé de grabar y me metí en la galería para ver si se había podido grabar algo.

Y ahí estaba, mi hermana completamente desnuda duchándose. Tenía un cuerpo espectacular, se estaba frotando las tetas con el gel de ducha, había captado el momento perfecto. Se me puso durísima, tener la capacidad de poder grabarla en su momento más íntimo me dio muchísimo morbo. Se iba a agachar a por la botella de champú, le iba a ver el coño abierto en todo su esplendor. Y justo cuando iba a hacerlo, el vídeo se acabó. No me lo podía creer, había dejado de grabar en el mejor momento.

Tenía claro que la erección que me había provocado no iba a quedar así, volví a sacar el móvil por la ventanilla y le di a grabar. Cinco segundos, diez, veinte. Quería grabarlo todo, ver su cuerpo desnudo y pajearme a más no poder. Cuando ya casi llevaba un minuto quite la mano.

Mire el vídeo segundo a segundo, sus enormes tetas se veían perfectamente a pesar del bao del ambiente, sus areolas eran grandes y le cubrían gran parte de ellas. Ver como se aclaraba su pelo castaño inclinando la cabeza hacia atrás y con la espalda arqueada me encendió todavía más.

Apague la luz, salí del baño y me metí en la habitación con la polla palpitándome. Empece a pelármela como un animal, tenía un vídeo de mi hermana desnuda en la ducha, mi hermana el putón que siempre se metía conmigo, y ahora me iba a vengar de ella. El vídeo se acababa, lo iba a poner de nuevo y a seguir frotándome, pero justo antes de que se acabara Cristina giró la cabeza y miró a la cámara.

—¡SÍ HOMBRE! ¡MIERDA! - Grité

En ese momento mi hermana tocó a mi puerta.

—Pedro, ¿estás ahí?

—¿Q-Q-Qué quieres?

—¿Me puedes abrir un momento por favor?

Me subí los pantalones lo más rápido que pude y tiré el móvil a la cama. Respiré profundamente antes de abrir la puerta porque se lo que me iba a decir, no estaba preparado para esa conversación.

—Dime, ¿Qué pasa? - Mi polla aún semi-erecta se podía notar a través del pantalón de pijama.

—¿Sabes que te he visto verdad? ¿Te crees que soy tonta Pedro?

—¿A-A qué te refieres? No se de que hablas.

—Va déjate de mierdas dame el teléfono

Se acercó a mi cama y cogió mi móvil, el cual había tirado a la cama pero por el pánico no había apagado. El vídeo seguía en la pantalla.

—¿Qué es esto Pedro?

—Eres un salido de mierda. Que asco das.

—Lo siento mucho Cris de verdad, no sabía q…

Tiró el móvil al suelo y salió de la habitación.

Habían pasado dos horas desde lo ocurrido, mis padres habían vuelto y estaban en la cocina haciendo la comida. Cristina llamó a mi puerta.

—¿Puedo pasar?

—¿Otra vez? Ya te he dicho que lo siento.

—Lo sé, lo sé. Solo quería hablar contigo.

Se sentó en la cama delante de mí.

—No sabía que me grababas todo este tiempo.

—Ha sido cosa de hoy, te lo juro.

—Bueno, no importa. Lo has hecho igualmente.

— Ya te he dicho que lo siento, por favor vete. - No reaccionó.

—Te estabas masturbando, ¿verdad?

—¿Qué? No exageres.

—Se te marca la polla Pedro.

Estuvimos unos segundos en silencio sin movernos, ella me miraba pero yo no podía mirarle a la cara. Puso su mano en mi pierna y me miró.

—¿Por qué no me has dicho nada? Te he dejado con la paja a la mitad.

—¿Pero qué dices? No lo hagas más raro todavía. No lo volveré a hacer. Por favor sal de mi habitación.

—¿Sabes? Me he puesto bastante cachonda cuando me he dado cuenta de que me estabas grabando.

No entendía nada, el demonio de mi hermana ahora parecía interesada en mí. En su hermano al que hace escasas horas estaba chillando como una loca por no dejarle entrar al baño. La miré perplejo.

—¿Cómo dices?

—Pues eso, lo que has oído. - Puso una cara de zorra con una sonrisa lasciva y me miró a los ojos. - Llevo bastante tiempo sin ver una polla, y que mi hermano se toque pensando en mí me da mucho morbo.

Qué cojones estaba pasando, mis padres en la cocina y mi hermana en la habitación queriendo tocarme la polla. Creo que estaba soñando. Esa situación no cuadraba para nada con la imágenes que tenía de mi hermana melliza.

—¿Qué insinúas?

—Si quieres, te puedo ayudar a… ya sabes.

—¿Quieres hacerme una paja?

—Bueno, es una forma de decirlo. Además, no me equivoco si digo que no te han hecho nunca una, ¿no?

—B-B-Bueno.

— ¿Quién mejor que tú hermana, que te conoce mejor que cualquier tía, para hacerlo?

Cristina se arrodilló en el suelo y me bajó los pantalones y los calzoncillos. Mi polla a media erección salió como un muelle. No tengo una polla pequeña, veintiún centímetros con dieciocho años no es algo que se vea mucho por ahí. Se que no es muy normal, y mi hermana por supuesto se dio cuenta.

—Dios mío Pedrito. Cómo te las gastas. - La miró fijamente por un rato hasta que se puso completamente recta, así, como si nada, como un mástil.

Mi hermana, la cual me odia, me estaba sujetando la polla en mi habitación mientras mis padres estaban en la cocina.

—Voy eh.

Empezó a frotármela lentamente. A subir y a bajar, a mover la mano en diferentes direcciones y a ponerla en distintas posiciones. Como se notaba que no era la primera vez que hacía una, era una puta experta. Estaba teniendo la mejor sensación de mi vida, me agarraba los huevos y los frotaba como dos canicas la cabrona. Me estaba haciendo subir la leche poco a poco y lo sabía, mis huevos se empezaron a endurecer. Nunca me habían tocado la polla y por supuesto que no me esperaba que la primera que lo hiciera fuera mi hermana.

La sensibilidad de mí escroto aumentaba por momentos. Me pasaba la yema del dedo por encima de mi capullo haciendo círculos, palpaba mis huevos transmitiéndoles el calor de sus manos sin dejar de lado el sube y baja. Yo me retorcía de placer y ella empezó a aumentar el ritmo.

—Joder Cristina.

—Soy una guarra, una cerda, me encanta la polla de mi hermanito. Me excita muchísimo que sea la primera que te saca la leche.

—Joder, joder, joder.

—No aguanto más, me la voy a meter a la boca.

Ni un segundo había pasado desde que dijo aquello y ya me la estaba comiendo la hija de puta. Se la metió hasta el puto fondo a la primera, pude notar su campanilla chocando contra mi glande. Me miraba fijamente mientras lo hacía, sus ojos estaban llorosos. Cada vez que se la sacaba de la boca arrastraba hilos de saliva de mi nabo. Yo no me lo podía creer, era imposible que eso estuviera pasando.

—¡Eres una puta!

—Lo soy, no sabes lo cochonda que me ha puesto al verte grabándome cabrón.

—¡Hija de puta! ¡So cerda!

— Dímelo, dímelo otra vez.

—¡HIJA DE PUTA!

La mano de mi hermana me estaba dando la paja de mi vida, la sensación de pasar de imaginármela follándose a otros a que estuviera chupándomela era indescriptible. Subía y bajaba a un ritmo vertiginoso, lo tenía bien practicado la muy puta. A saber la cantidad de pollas que se había tragado, me estaba dando justo donde tocaba. Cada vez que pasaba sus labios haciendo presión por la unión de mi tronco y mi glande veía las estrellas.

—Joder vaya chupada me estás dando. Me voy a correr joder.

—Córrete, báñame las tetas con tu lefa.

Se levantó la camiseta ancha que llevaba puesta y pude ver sus enormes tetas con sus areolas predominantes. Tenía los pezones como rocas. Aquello hizo que culminara de una forma enfermiza.

—Madre mía que tetas tienes. - Las toque, las estrujé, pellizqué sus pezones.

—Son tuyas Pedrito, córrete en ellas. Píntamelas de blanco cabronazo.

—¡JODEEEEEEEEER!

Eyaculé como nunca antes lo había hecho, salió tan fuerte que le pegó hasta en la cara. Chorros y chorros de mi esperma impactando directamente en su cuerpo. Mi hermana tenía todas las tetas y la cara llenas de mi semen por todas partes.

—Creo que me voy a desmayar. Jamás me he corrido así Cris.

—Joder Pedro, vaya corrida te has pegado. Me has dejado hecha un cuadro.

Con su dedo índice empezó a recoger y lamer todo el semen que tenía esparcido por su cara y pecho. Nunca olvidaré esa imagen.

Escasos minutos después se escuchó a mi madre desde la cocina llamándonos para comer.

—¡Chicos! ¡A comer!

Me limpié como pude y nos dirigimos a la cocina. Antes de entrar mi hermana me paró y me beso profundamente.

—Ni una palabra de esto. Tú y yo seguimos peleados.

Entramos a la cocina e hicimos como si nada hubiera pasado.

Con la mirada perdida y estupefacto por lo que acababa de pasar en mi habitación entré a la cocina. Mis padres nos esperaban a Cristina y a mí sentados en la mesa con la comida lista. Mi hermana se sentó en frente de mí, ambos nos sentamos en los lados largos de la mesa. Mi madre quedó a mi derecha y mi padre a mi izquierda, en los extremos. Estaba todo cubierto por un extenso mantel color café que caía en abundancia por las cuatro esquinas.

—¡Qué bien huele! ¿Qué es?— Dijo Cristina.

—Arroz al horno. De cerdo, como a ti te gusta.— Contestó mi madre sonriente.

Empezamos a comer y estuvimos conversando los cuatro. Yo de vez en cuando echaba una mirada de curiosidad hacía mi hermana. Y alguna vez la había pillado mirándome. ¿Cómo puede ser que lo ocultara tan bien? ¿No se sentía avergonzada? Yo desde luego que me fue prácticamente imposible, Cris me acababa de regalar mi primera paja. ¡Mi propia hermana! ¿¡Acaso es eso algo normal!? No podía meterlo bajo la alfombra así como así y mi madre se dio cuenta.

—Pedro cariño, ¿estás bien? Estás como un pasmarote mirando al plato.

—S-S-Sí no es nada. Es solo que no tengo mucha hambre.

—Pero si te encanta el arroz cariño, vamos come un poco aunque sea.

Mi hermana se dio cuenta de mi situación y me propició una pequeña patada por debajo de la mesa. Instantáneamente reaccioné y me puse recto como un palo. La miré, tenía cara de situación y solo con sus ojos entendí lo que me quería decir. Me era muy difícil ocultar aquello, cada vez que miraba a Cris me la imaginaba arrodillada en mi cama con mi miembro en su mano, subiendo y bajando sin parar. Haciéndose una cola con su pelo moreno casi negro para poder chup…

Ay no, se me puso dura. Mierda. Está durísima. Mi expresión facial cambió radicalmente. De estar cabizbajo y pensativo a estar erguido y con los ojos como platos. Se podía notar que ocultaba algo. Cristina lo notó.

Intenté respirar hondo y seguir comiendo como si nada.

—*Piensa en otra cosa vamos, aquí en medio no.*— Me dije a mi mismo.

A los pocos segundos empecé a notar una extraña presencia que se acercaba a mí por debajo de la mesa. Me tocó el pie, el tobillo, y sin dejar el contacto empezó a subir. Alcanzó la rodilla, el muslo, y se empezó a hundir poco a poco en mi entrepierna. No me moví, sabía perfectamente lo que estaba pasando e intenté actuar con normalidad. Alcé la vista hacia Cris para encontrármela mirándome mordiendo el tenedor con una sonrisa en la boca que chorreaba lujuria y con unos ojos marrones que me habrían desnudado allí mismo si hubiesen podido. Seguía llevando su camiseta ancha de color gris. La misma camiseta que minutos antes se había levantado sin reparo para mostrarme sus pechos y que ahora delataba con frialdad sus pezones rígidos.

El pie de Cris alcanzó su objetivo. Mi pene duro como el mármol empezó a ser estimulado en medio de la comida familiar. Mis padres iban a la suya, charlaban tranquilamente como si debajo de aquella mesa no se estuviese produciendo un acto que nos condenaría a los dos al mismísimo infierno. Sin embargo a mi hermana no pareció importarle mucho. Pude deducirlo por los movimientos circulares que comenzó a hacer con su extremidad sobre mi miembro, aumentando la excitación prohibida que se estaba apoderando de mi cuerpo.

Fue profundizando más, acercó su pie hasta la apertura de mi pantalón, metiéndolo despacio en la bragueta cuando nos sorprendió mi padre.

—Venga va recoged los platos y traédmelos que friego yo.

Rápidamente Cristina recogió el chiringuito y actuó como dijo mi padre. Recogimos la mesa y nos fuimos cada uno a su habitación.

Podía sentir como todo mi cuerpo estaba erizado al cerrar la puerta de mi cuarto. Cristina me hacía sacar mi lado más perverso. Pero, a pesar de ello, sentía que todo estaba yendo muy rápido. Quiero decir, fue solo ayer cuando pude disfrutar de su imagen física en la ducha a través de la ventanilla. Siempre nos hemos llevado a matar, y ahora todo había cogido una dirección completamente opuesta. Ella parecía otra, mi hermana nunca habría hecho eso.

Todo esto me hizo plantearme si mi hermana realmente se sintió sorprendida y molesta cuando me pilló hurgando en su intimidad. El tiempo de reflexión desde el suceso hasta el encuentro en mi habitación fue demasiado corto. ¿Solo un par de horas necesitó Cristina para asimilar que su hermano mellizo era un pervertido? Como es normal, me pareció raro. Muy raro. Llegué a pensar si ella ya sabía lo de las ventanillas del baño antes que yo. Si ella ya me había estado observando sin yo saberlo. Quería salir de dudas lo antes posible y eso hice.

Era la hora de la siesta, acabábamos de terminar de comer y mis padres estaban en el salón viendo la tele. Mi hermana por su parte no había salido de su habitación. Me hizo pensar que se había dormido, pero no podía entrar así como así. Abrí la puerta de mi cuarto con cautela para no hacer mucho ruido y me dirigí a su habitación . Su móvil se oía a través de la pared, debía estar mirando Instagram o TikTok. De un momento a otro escuché como se levantaba de la cama y se dirigía hacia la puerta. Rápidamente me escondí en el baño como pude porque sabía que ella debía ir al otro a partir de ahora. Pasó de largo, y cuando se metió, entré en su habitación.

Las sábanas de su cama estaban revueltas, era obvio que estaba tumbada hacia solo unos instantes. Tenía cosas por todo su escritorio: maquillaje, estuches, rotuladores, papeles… de todo. Pero me fijé en su portátil. Estaba con la pantalla flexionada a medio cerrar, seguía encendido porque se escuchaba el ventilador girando. Si Cris tenía vídeos, fotos o lo que fuera sobre mí debía estar ahí. Al entrar me topé con un PIN de seguridad. Mi hermana es buena en lo suyo, se le da bien la enfermería. Pero si de algo peca es de ser una completa ignorante en la informática, por lo que no debería de haberse esmerado mucho en poner una contraseña decente. Puse el primer código que se me pasó por la cabeza, 1234. Y pum, entró. Es preocupante que si de verdad había algo mío ahí dentro estuviese protegido por semejante seguridad.

Me metí en el explorador de archivos. Carpetas de la universidad por allí, fotos con sus amigas por allá. Nada relevante. Estaba a punto de cerrarlo e irme a mi cuarto porque en cualquier momento podía volver. Pero me fijé en una carpeta con un nombre muy corto, “P”. La primera letra de mi nombre en una carpeta del ordenador de mi hermana, no podía estar más claro. Por lo que me imaginé que en ella estaba lo que iba buscando. Hice doble click, y dentro encontré algo que jamás habría imaginado de mi hermana. Decenas de videos y fotos mías… ¡duchándome! No podía creerlo, Cristina lo había presenciado y grabado todo. Aquello me heló la sangre, mi hermana no es la persona que yo creía. ¿Acaso lo fue alguna vez? Fui profundizando y encontré archivos de texto. Eran historias, deseos y fantasías sexuales que mi hermana escribía y en las que yo aparecía. Relataba perfectamente cosas como “quiero que me agarre del pelo mientras me da por detrás”, “¿cómo tiene que saber su semen?”, “que pollón tiene madre de Dios”, “ojalá poder meterme a la ducha con él”, “quiero tragarme esa polla hasta el fondo”, etc.

Todo esto no podía estar pasando, tenía una ninfómana como melliza viviendo con mi propia casa y no me había dado ni cuenta.

De pronto escuché la cadena del váter, cerré todo lo más rápido que pude y me metí en mi habitación con el corazón palpitando a mil por hora. No sabía que hacer ni cómo reaccionar. Pero todo encajó.

Cristina lo tenía todo pensado desde el principio, dejó abierta su ventanilla mientras se duchaba para que yo la viese. Vino a mi habitación para poder echarme la culpa y hacer como que estaba indignada por lo que había hecho. Estaba todo demasiado relacionado, seguramente lo llevaba pensando un tiempo hasta que finalmente decidió hacer realidad sus incestuosas fantasías con su hermano mellizo.

Aquello me hizo pensar, Cris y yo habíamos cruzado la línea que jamás se debe cruzar entre dos personas de la misma sangre cuando me hizo esa mamada. Pero ahora que había descubierto que llevaba tiempo fantaseando con que todo eso ocurriese no podía dejarlo ahí. Me recorrió una sensación extraña por todo mi cuerpo, una sensación de deseo sexual insaciable que había sido despertada por todo lo ocurrido. Comencé a pensar en Cris como una mujer más que como una hermana. Nunca había sido así, pero fue como si todo cambiase de repente. Quería más que solo una mamada. Estaba dispuesto a llegar hasta el final como fuese. No sabía cómo iba a salir todo aquello, ni si se me iba a volver en contra, pero tenía que intentarlo. Mi hermana había empezado este juego, y yo me iba a aprovechar de ello.

Los siguientes días ocurrieron con normalidad. De vez en cuando cruzaba alguna mirada juguetona con mi hermana acompañada de una sonrisa con cierto tono, pero no llegó a pasar nada más. Sin embargo, yo seguía buscando la manera de sacar jugo a lo que vi. Realmente tenía miedo por lo que pudiera pasar. No sabía si Cristina quería llegar a más, me imaginaba que no, pero era demasiado tarde para pararme.

Era jueves a mediodía, mis padres seguían en el trabajo y Cristina y yo comíamos en casa tras la universidad. Llegué a la cocina y me la encontré calentando su comida. Yo abrí la nevera y cogí mi parte. Mientras esperaba a que terminara el microondas con su plato, le pregunté:

—Oye Cris.

—Dime.

Hice una larga pausa, iba a comenzar una conversación que no tendría marcha atrás.

—¿Por qué lo hiciste?

—¿Hacer qué Pedrito?

Sabía que si subía al tono de la conversación de golpe mi hermana no se lo esperaría y podría llevarla a mi terreno.

—¿Por qué me la chupaste?

Y efectivamente, Cristina me miró ojiplática. No se esperaba que le hablase tan directo. Conseguí el efecto que yo quería.

—¿Por qué lo preguntas? ¿Es que no te gustó?

—Obvio que sí, pero me pregunto el por qué de tu decisión.

Mi hermana se sonrojó.

—No es algo muy normal entre hermanos como comprenderás. Y noté que estabas como muy dispuesta.

—Bueno, ya te dije que verte grabándome me puso un poco caliente. No flipes tanto anda que pasó una vez y ya está.

Que fuese tan de sobrada y actuase como si no hubiese sido nada me enfureció.

—Ah que es eso lo que querías, chuparle la polla a tu hermano por diversión y ya está.

—¿Pero es que quieres más o qué? Si ni siquiera eres mi tipo Pedro.— Se rió.

Mientras mi hermana se reía a carcajada limpia diciéndome aquello, a mi me entró una ira por dentro que me hizo lanzarme y soltar lo que llevaba días planeando.

—Pues para no ser tu tipo bien que me grabas en la ducha y escribes sobre cómo es mi semen.

La expresión facial de Cris cambió radicalmente. De pronto se volvió roja como una bola de adorno de Navidad. Sus ojos expresaban la vergüenza más absoluta que eran capaces de mostrar y su boca se cerró como si sus labios fueran imanes atraídos entre sí. Agachó la cabeza y se tapó la cara con las manos. El microondas había terminado, mi hermana no se movió por lo saqué su plato y puse el mío a calentar.

—Pedro, ¿cómo sabes tú eso?

La miré y supe que había cometido un error. Había pasado de estar avergonzada a estar lo más enfurecida que la había visto jamás. Su frente se frunció y su nariz se arrugó mientras que sus orejas parecían desprender humo.

—Entré en tu habitación y lo miré, no tuve que buscar mucho para darme cuenta de que eras una ninfómana de mierda que fantasea con su hermano mellizo.

Nada más terminar la frase, su mano derecha empezó a realizar un recorrido ascendente con final de trayecto en mi cara. El cual pude evitar por los pelos moviéndome hacia atrás.

Estaba enfadada, la tenía justo donde quería. Solo tenía que picarla. Con un tono sarcástico y burlón le dije:

—¿Qué pensarían los papás de ti si descubrieran esto Cris?

Mi chantaje había comenzado.

—No te atrevas a soltar esto Pedro que te juro que te mato.

—Ya veremos que hago con esta información. Pero no te va a salir barato mi silencio.

—¿Qué quieres decir?

—Vas a hacer lo que yo te diga o se lo contaré a los papás.

—Pedro, no me calientes. Déjate de tonterías que te suelto una hostia.

—Tu haz lo que quieras pero ahora mando yo en esto.

Mi pecho iba a explotar, mi corazón se iba a salir de él como un pistón gripado. Pero no podía desaprovechar la oportunidad de vengarme de mi hermana.

Un sentimiento de poder, de control incestuoso se apoderó de mi. Como si de alguna manera tuviera la llave de las piernas de mi hermana para abrirlas en cualquier momento y poder follármela tanto como quisiera hasta saciarme.

Mi pene se empezó a agrandar, poco a poco la sangre iba llenando los flácidos conductos venosos de mi miembro mientras mi mente se llenaba de deseos sucios e impulsivos. Sin pensármelo dos veces me dirigí a mi hermana de la forma más procaz que pude.

—Agáchate y chúpamela.

—¿Pero tú quien te has creído que eres? Estás loco si piensas que voy a hacerlo.

—Chúpamela o mañana mismo mamá y papá sabrán lo que tienes en ese portátil.

Me bajé los pantalones hasta el suelo. Mi polla estaba dura a más no poder y se notaba a través del bóxer negro que llevaba puesto. Su mirada de sorpresa al ver mi gesto lo decía todo. Me miró a los ojos y sin decir ni una palabra suspiró y se agachó. En el fondo sabía que era lo que ella quería, que la tratara como una perra y le dijese lo que quería que hiciera. La primera vez tuvo ella el control, pero esta vez iba a ser diferente en todos los sentidos.

De rodillas en la cocina y conmigo apoyado en la encimera desplazó sus manos hasta la goma de mis calzoncillos para preceder a bajarlos. Mi pene quedó libre, gritaba que lo lamieran y lo hicieran eyacular.

—Métetelo en la boca. Y no te atrevas a parar.

—Sí…

Y de manera completamente sumisa mi glande tocó su lengua de manera sensual. Poco a poco cerró la abertura de su boca y envolvió la cabeza de mi pene con sus carnosos labios. Fue introduciendo el tronco de mi polla en su agujero facial com esmero hasta que ya no le cupo más. Y comenzó a subir y a bajar con su mano apoyada enteramente en mi rabo mientras desprendía saliva para lubricar.

Estaba en el cielo, mi hermana obedeciendo mis órdenes carnales. Yo tenía el control, era dueño de su cara en ese momento y no me iba a cortar.

Agarré su cabeza con mis manos, le levanté el mentón para que me mirara a los ojos, y con una vehemencia digna de un animal salvaje penetré sin piedad su boca con mi polla hasta que toqué su campanilla. Seguí con ese empuje carnal sin parar, veía como sus ojos comenzaban a brillar y soltaban lágrimas.

—Agh, agh, agh, agh. — Era lo único que se escuchaba de ese choque de mi miembro con su tráquea.

Me la estaba follando por su boca sin piedad. Comenzaban a salir hilos de babas por todas partes, caían al suelo poniéndose todo perdido. Cristina comenzó a darme golpes en la pierna suplicando que la dejara respirar. Me separé ligeramente y la dejé. Cogió una gran bocanada de aire y retomando el aliento me dijo:

—Joder me vas a matar. Tu polla me llega hasta el esófago.

—Esto pasa cuando espías a tu hermano mellizo.

Y volví a metérsela en la boca. Seguí por un rato con los empujes radicales hasta que comencé a notar el cosquilleo posterior al orgasmo recorriendo mi excitado cuerpo. Bajé el ritmo, quería disfrutar de esa corrida en la boca de mi hermana, la que ahora parecía haberse convertido en una puta a mi disposición.

— Me queda poco. Te la vas a tragar, ¿me has oído?

Con mi polla aún dentro, Cris asintió sin decir palabra. Segundos después alcance el punto máximo.

—Mírame

Y con sus ojos llorosos pidiéndome clemencia me vacié en su boca. Mi polla estaba tan dentro de ella que dudo que el semen rozara su lengua, debió entrar directo a su estómago. La corrida fue astronómica. Mi leche rellenó todo el cuerpo de mi hermana melliza en cuestión de segundos. La saqué un poco dejándola en su lengua para que pudiera saborear mi esperma.

—¿Sabe como pensabas cabrona?

—Aha.

—Así me gusta, trágatela toda.

Mi hermana abrió la boca sacando la lengua dejando ver que que no quedaba ni una ápice de mi jugo en ella.

—Buena chica. Así me gusta, que hagas caso a la primera. En el fondo sabes que esto era lo que querías. Ahora vas a probar todo con lo que has fantaseado.

Estaba exhausta, se notaba que se había esforzado para saciarme y comprar mi silencio.

Con mi pene aún duro la levanté y la puse contra la encimera, bajé el top blanco que llevaba puesto hasta que sus tetas cayeron. Sus pezones entraron en contacto con el frío mármol poniéndose erectos. Arranqué completamente el pantalón de deporte que llevaba puesto hasta que vi su culo enteramente. Con mi mano izquierda empujé su cabeza hacia abajo y con la derecha levanté su pierna. Su coño quedó abierto como un libro a la mitad. Pude verlo con total plenitud.

—Me estás poniendo a mil. - Me dijo.

—Ya sabía yo que mi hermanita era una ninfómana de categoría.

—Fóllame ya joder. Lo estoy deseando.

Al oír esas palabras era obvio que mi cuerpo iba a reaccionar en proporción. Mi pene se puso incluso más recto que antes. Y sin perder ni un segundo lo cogí y se lo metí de golpe. Entró sin problema, mi hermana llevaba una empapada de campeonato y mi glande aún estaba lleno de lefa.

—Joder que bueno, joder.

—Así me gusta, ahora estás sintiéndome de verdad.

El movimiento de mi pelvis era constante. Le propiciaba golpes secos con mi cadera que impactaban en sus glúteos formando ondas en ellos. La follada que le estaba pegando era espectacular. Las paredes de su vagina agarraban mi pene. Parecía que hacían succión para que no saliera de ella. Mi hermana comenzó a gemir fuertemente.

—¡AH! ¡AH! ¡JODER! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SIGUE! ¡SIGUE!

La situación no era de este mundo. Estaba penetrando a mi melliza en la encimera de mi cocina con mis padres al caer. No quería que ese momento acabase.

—¡MHHH SIIII JODER!

—Cállate hostia.

Sin dejar de penetrarle le tapé la boca con mi mano izquierda sucumbiendo sus gemidos a meros sonidos internos. Mientras que con la derecha cogí su pelo formando una coleta y tiré de él sin compasión. Con su cabeza levantada pude ver sus ojos en blanco. Estaban perfectos para tatuar en ellos “PLACER” letra por letra. Su espalda arqueada, su culo abierto de par en par y mi polla penetrándola hicieron que Cris llegara al punto álgido. Su vagina desprendía flujo fruto del pedazo de orgasmo que estaba teniendo. El suelo estaba encharcado. El sudor corría por los cuerpos de ambos y se deslizaba a través de nosotros hasta acabar fusionado con el otro.

—Me corro Cris, me puto corro joder.

Mi hermana aún con los ojos blancos y extasiada por el placer que estaba sintiendo desprendió un leve sonido ininteligible que entendí como un: “córrete dentro de mí”.

Y por segunda vez me corrí, pero esta vez dentro de su vagina húmeda. No sé cómo pude soltar semejante cantidad de esperma si acababa de hacerlo hace unos minutos, pero lo hice. En grandes cantidades el semen caía de su agujero vaginal sumándose al charco de fluidos que había debajo de nosotros. Y con nuestros cuerpos aún pegados y con pequeños espasmos fuimos separándonos lentamente. Fue algo increíble y que no esperaba que fuera tan intenso como fue.

—Nunca me habían follado así, tengo que admitir que me ha gustado que me trataras como una p…

—¿Cómo una puta?— Le corté

—Como una puta, sí.

—Pues no será la última vez. Si quieres mantener el silencio vas a tener que estar dispuesta a más.

—Bueno, no me quejaré entonces.

Mirándome de manera provocativa y sensual le azoté en el culo aún desnudo.

—Vístete que van a venir los papás.

Me metí en el aseo a ducharme duché. Seguía flipando. Más que por lo que había pasado, fue por haberme dado cuenta de lo que había hecho y hasta donde había sido capaz de llegar. Estaba completamente ido por el sexo incestuoso, quería usar a mi hermana de mil formas, hacerle todo lo qué había leído en sus textos.

Ya estaba pensando en la próxima vez y en cómo y dónde sería. Quizá tendría que hacerle una visita en la universidad. Que siguiera callado ibaa ser más difícil de lo que ella pensaba.
 
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