Siendo el mayor de tres hijos, y luego de un fracaso matrimonial, una repentina llamada me informa que mi padre estaba muy grave. Mi madre ya había fallecido y mi padre nunca se había vuelto a casar. Él era un prestigioso propietario, dueño de muchas tierras, pero solo yo y mis hermanos que vivían en el extranjero, éramos toda su familia.
Emprendí de inmediato mi viaje a mi ciudad natal, pero al llegar, mi padre había fallecido. A sus 69 años, producto de un cáncer.
Luego de atender todos los servicios fúnebres, me encontré ocupando su lugar, como heredero de una cuantiosa fortuna. Nunca me llamó la atención el campo, pero al verme con tanto poder y dinero, apoyado por el señor Luis, la mano derecha de mi padre, comencé hacerme cargo de las tierras de mi padre.
Poco a poco me fui interiorizando con el trabajo, haciendo algunos cambios radicales en su funcionamiento lo que derivó en obtener aún mayores ganancias. El señor Luis me informaba y me guiaba en todo.
Sabía que a muchos de los trabajadores de mi padre no les gustaba para nada mi presencia, ya que cambie muchos beneficios que ellos tenían, pero nada podían hacer en contra mía, incluso a la semana, despedí a tres de ellos que reclamaron estos cambios.
La casa de mi padre era una casa muy antigua y extremadamente grande. Afuera un gigantesco patio, con grandes árboles y al fondo de este, tres casas, una perteneciente al cuidador, Lorenzo y su familia, la otra del señor Luís y una tercera que era ocupada por la Sra. Irene, una mujer de unos 55 años, que al parecer, según los comentarios del señor Luís, había sido amante de mi padre, según se rumoreaba.
La mujer hacía el aseo dentro de la casa, pero a su edad y el gran trabajo que esta requería, no se estaba haciendo como a mi me gustaba y pensé en cambiarla.
Le llamé la atención en un par de ocasiones y por más que intento seguir mis instrucciones, no fue capaz de lograr lo que yo le pedía, así que un día en que encontré mi despacho sin hacer, la mandé a llamar y le comuniqué que ya no se requerían sus servicios.
La mujer entró en un mar de llantos, suplicándome que cambiase de opinión, que a su edad no encontraría trabajo en ninguna parte y que no tenía dónde irse. Por lo general no doy vuelta en mis decisiones, pero considerando que esa vieja mujer había sido una especie de pareja para mi padre, decidí darle una nueva oportunidad.
Pero el cambio solo duró una semana y nuevamente encontré los detalles que le había mencionado. Nuevamente la llamé a mi oficina y le dije que las tareas no se estaban haciendo como yo exigía y que lamentablemente se tendría que marchar.
Nuevamente la mujer me suplicó que no la echara, ya que no tenía donde ir, pero mi decisión ya estaba tomada. La mujer me imploraba que cambiase de parecer, que se esforzaria al máximo, pero yo no era de dar muchas oportunidades.
Me incomodaba ver las súplicas de la mujer, al final me compadecí de la mujer y traté de que se calmara.
Salí a atender unas cosas, pero la situación de Irene, la tenía grabada en mi mente y no la podía alejar. Pensaba que ahora era el momento, ya que si no la despedía ahora, más adelante me costaría aún más.
Llegué a mi casa, estacioné mi camioneta. La muchacha de la cocina me sirvió y luego me coloqué a ver televisión. Al terminar me dirigí a mi despacho y le dije a Silvia, la cocinera, que por favor le dijera a Irene que viniera a mi despacho.
A los minutos, siento que golpean la puerta, la hago pasar.
Ya a las 10 de la noche, la casa estaba completamente en silencio. Ya estaba en mi tercer vaso de coñac, viendo televisión en mi pieza, cuando siento que golpean la puerta de mi dormitorio. Sabía que era Irene y le dije que pasara.
La mujer entra muy tímida en mi habitación, cerrando la puerta tras de sí. Le dije que pasara y que se sentara. Ella tomó asiento, en una silla al lado de un gran ropero.
Descaradamente le acaricié un pecho, ella solo emitió un leve sonido como de asombro, pero no se movió y se quedó quieta sintiendo como este hombre la tocaba por sobre la tela del vestido.
Jamás en mi vida había tenido a una mujer tan sometida a mis deseos. No era una mujer hermosa, pero el placer que sentía de que ella haría todo lo que yo le pedía, ese poder, era algo que me encantaba.
Enseguida le tomé los pechos y se los comencé a manosear fuertemente. Ella permanecía con sus ojos cerrados sintiendo placer al verse tocada por este joven 30 años menor que ella. Sin pensarlo, me llevé una de sus tetas, tomándola con las dos manos para poder llevarlas a mi boca. Su tamaño era sorprendente, aun teniendo manos grandes, me era imposible abarcar todo con una sola mano. Sus gruesos pezones se habían parado y los llevé a mi boca y los chupé fuertemente, haciendo que estos crecieran aún más, sacándole leves gemidos de placer a la vieja mujer.
La dejé en esa posición como 20 minutos, a veces la sacaba de su boca y me la restregaba entre sus tetas, se la pasaba por su rostro y la volvía a chupar. Yo relajadamente la dejaba que me la tocara a su antojo, no me importaba que hiciera, era una delicia total.
Luego la hice levantarse y le dije que apoyara sus manos sobre la cómoda. Bajé a su poto y se lo bese por todos lados, le abría las nalgas, le lengüeteaba su culo. Ella solo estiraba más la cola hacia atrás dejando que su patrón se saciará de su culo a su antojo. Luego me levanté y separándolo bien las nalgas la penetré de un solo golpe.
Irene comenzó a gozar y gemia como poseída, le enterraba toda mi verga una y otra vez, mientras sus manos manoseaban sus tetas que colgaban.
Luego me senté en la misma silla que ella se había sentado y le indiqué que se sentara sobre mí. Le dirigí la verga a la entrada de su concha y lentamente la vieja se fue sentando, enterrándose cada centímetro de mi miembro.
Me comenzó a cabalgar apoyando sus manos en sus piernas. Yo no podía parar de manosearle las grandes tetas. Veía como su culo sobresalía casi por ambos lados de la silla, era increíblemente grande. Nunca pensé que esta vieja mujer me hiciera sentir tan caliente.
Luego le dije que se levantara y que se volviera a sentar, pero esta vez de frente a mi. Irene seguía al pie cada una de mis instrucciones. Pasando su pierna por sobre mi se sentó apoyando sus grandes tetas contra mi pecho. Le agarré del culo y lo manoseó fuertemente, hasta nalguearla en ocasiones, mientras trataba de llegar a sus pezones, pero estos estaban muy abajo, así que le dije que ella me las pusiera en la boca. Irene se agarraba las tetas y me las colocaba en la cara, me las restregaba una y otra vez.
Su rostro me indicaba que lo sentía todo adentro, arrugaba su frente, sus ojos cerrados y su boca emitía un grito ahogado cada vez que ella bajaba.
Luego nos fuimos a la cama. Nuevamente le ordené que me la chupara una rato, para luego hacerla que se sentase sobre mí.
Ella lo hizo, tomó mi pene y lo volvió a guiar a su peludo sexo. Se abalanzó sobre mí, yo aferrándome de sus caderas, le hice que quedara con la espalda recta, para poder verle las tetas a mi antojo. Ella se movía de arriba abajo y sus tetas se movían en cada movimiento.
Lo que más me gustaba era ver su rostro reflejando el placer que sentía al verse completamente llena de verga. Le agarraba los pezones y se los tiraba, haciéndole levantar las tetas. Eso al parecer le excitaba.
Le metí una de mis manos en su peluda concha y mientras ella subía y bajaba, la masturbaba con mis dedos. Al poco rato sus gemidos fueron cada vez más fuertes y me di cuenta que estaba por acabar. Me puse más duro aún y aumentando más el movimiento de mis dedos, la vieja mujer, apoyando sus manos en mi pecho, su rostro se arrugó por completo, y con grandes quejidos y moviéndose muy rápidamente, alcanzó un monstruoso orgasmo, dejándome toda mi mano mojada. No fui egoísta y le ayudé a que acabara por completo.
Casi inmediatamente la hice colocarse de espaldas en la cama, y sentándome en su vientre le metí la verga entre sus tetas y me empecé a masturbar entre ellas, por largo rato, hasta que me vine entre ellas dejándole todo su cuello, parte de su cara y sus tetas completamente llenas de semen. La había dejado bañada de mi corrida.
Me bajé de ella, me quedé un rato descansando. Ella se fue al baño para limpiarse los restos de mi acabada.
Habíamos estado follando por más de una hora. Mi calentura ya había pasado y una vez terminado de bañarse le pedí que se retirara, dándole las gracias por su visita.
Al otro día, luego de despertarme y ducharme, entré a la cocina y ahí estaba Irene con la cocinera. Ambas me saludaron y se esmeraron en atenderme. Irene no me miraba para nada, la notaba muy incómoda con mi presencia, cosa que tendría que arreglar para que el resto del personal no se enterara.
Luego salí a hacer mis cosas y a la hora del almuerzo no la encontré. Después cuando volví a eso de las 5 de la tarde, la vi que entraba a mi casa. Estuve un rato viendo televisión y cuando me di cuenta que Sonya entraba al baño y la dejaba sola en la cocina, me acerqué y desde la puerta le dije que la esperaba a la misma hora en mi cuarto.
Ella me miró con cara de susto y solo atinó a decir que “sí” con la cabeza.
Llegada la hora, me encontraba nuevamente en mi cuarto cuando a las 11 de la noche, nuevamente siento que golpean la puerta de mi cuarto. La hice pasar e igual que la noche anterior se sentó en la misma silla. Yo recostado en mi cama, le dije que se parara y que se desnudara. Ella quizás no pensaba que sería tan directo en mis instrucciones, pero de todas formas se levantó, aunque no hizo ademán de sacarse la ropa.
Le ordené que parara un poco, para terminar de sacarme toda la ropa. Una vez desnudo, me volví a acomodar en la cama, pero antes me serví un vaso de coñac y me prendí un cigarro.
Irene nuevamente arrodillada en cuatro patas en la cama, se llevó mi verga a la boca y me la comenzó a mamar pausadamente. Yo mientras me tomaba mi vaso de coñac y fumaba, disfrutando el espectáculo viendo como esa vieja mujer, con el culo levantado se tragaba toda mi verga.
Le comencé a comer el coño, y luego el ano. Ella se sintió un poco nerviosa al sentir mi lengua jugando con su ano, pero no dijo nada. Trataba de mojarle lo más posible con saliva, separándole sus grandes nalgas con mis manos para darle más espacio a mi lengua. Poco a poco se la metía en su ano, pero estaba demasiado estrecha así que tendría que trabajar mucho más en él si quería que fuese mió.
Le pedí que con sus manos ella misma se separara las nalgas y también lo hizo. Ya con sus nalgas separadas por sus manos, me mojaba mis dedos con mucha saliva y empezaba a toquetear esa virgen entrada.
En dos ocasiones trató de moverse, pero mi orden de mantenerse así, la volvía a colocar a mi merced. Con el dedo más pequeño, cubierto de saliva, le introduce parte de este, causándole un pequeño dolor que incluso dejó de chupármela.
Le pedí que se relajara y que me la siguiera chupando. Con solo la punta del dedo en su ano, seguí moviéndolo, sacándolo, besándole nuevamente el culo con mucha saliva, para volver a trabajar en su ano con mi dedo.
La entrada estaba demasiado cerrada y cuando se lo metía un poco más adentro ella dejaba de chupar y se quejaba.
Una y otra vez le sacaba el dedo y le aplicaba más saliva, alternando con mi lengua. Ya al rato le había conseguido entrar todo mi dedo pequeño y ya me la follaba con este por esa entrada. Ella trataba de seguir chupando, pero estaba demasiado nerviosa.
La follé así por un buen rato y luego la hice ponerse en cuatro patas sobre la cama. Yo de pié al lado de la cama, la agarré de las caderas y me la volví a follar. La montaba como loco, podia ver su negro culo y nuevamente mientras la follaba, seguía hurgueteándole el ano.
La penetración de mi dedo la incomodaba y la hacía perder el ritmo. Acusaba algo de dolor, pero como mujer obediente me dejaba que siguiera trajinándola.
En esa posición, con su culo completamente a mi merced, le saqué la verga y se la coloque en la entrada del ano. Ella se movió un poco pidiéndome que por favor no lo hiciera, pero yo le dije que se quedara tranquila, que solo probaríamos.
La mujer apoyando su cara contra la cama dejó levantado su culo. Tampoco quería que ella sufriera, no era la idea, pero ese culo tenía que ser mío tarde o temprano.
Mojándole bien el ano con saliva, le comencé a ejercer presión metiéndole de apoco la verga en esa estrecha cavidad. Ella se quejaba un poco, pero no tanto así que poco a poco le fui metiendo más, hasta que la cabeza quedó adentró. Ahí recién ella emitió un quejido de dolor. Me detuve un rato esperando que su culo se dilatara y comencé a moverme muy despacio, sin sacársela y solo avanzando un par de centímetros para luego retroceder lentamente.
Le metía solo la cabeza de mi verga, esperando que de apoco ella se acostumbrara y pudiese entrar mas, pero me di cuenta que ella estaba sintiendo dolor, así que por eso no se la metí más.
La hice darse vuelta y me monté en forma tradicional sobre ella, chupándole las tetas y follándola hasta que se corriera.
Irene asistió a la noche siguiente y a la subsiguiente también, siempre cruzando a oscuras por el viejo patio a cumplir los deseos de su patrón. Cada vez se notaba menos nerviosa y disfrutaba ser penetrada por el joven hombre.
En cada sesión le trabajaba el ano, besándoselo, metiéndole mi lengua y mis dedos, haciendo que se acostumbrara a esas sensaciones.
Una mañana bien temprano, me encontré a Sonya saliendo a realizar las compras al pueblo, para el almuerzo. Le pregunté quién quedaba en casa y me dijo que solo estaba Irene. Esa noche también había recibido la visita de Irene en mi habitación, y aunque había estado muy buena, había quedado con hambre, a si que cerciorándome que Sonya tomase el bus para ir a la ciudad, ver que Luís y Lorenzo anduvieran en los campos, entré a la casa y me dirigí a la cocina.
Hay estaba Irene preparando el almuerzo. Usaba un vestido ancho y suelto, pero que de todas formas mostraba las curvas de su generoso culo. Me acerque en silencio por detrás y me apoye contra ella, colocándole la mano en su sexo.
Solo le corrí un poco su calzón y sin mucho trámite se la metí por detrás comenzando a follarla ahí, de pie en la cocina. Irene estaba un poco sorprendida de que la buscara a esa hora de la mañana y más aún en ese lugar, pero al sentirse penetrada, se dejó llevar y comenzó a gozar las puñaladas de carne que su joven patrón le propinaba.
Su calzón me molestaba un poco así que le dije que se los sacara, dejándolos encima del mueble. Con todo su vestido levantado sobre su espalda, con todo su culo a mi disposición la penetré una y otra vez, gozando ambos el momento.
Pero estando en esa posición, me fije que dentro de las cosas que estaban en el mesón de la cocina, había unas zanahorias que recién había pelado Irene. Me fijé en una zanahoria que no era muy gruesa, pero sí larga. Mi morbo nuevamente se apoderó de mí y sin pensarlo dos veces, la tomé. Irene no se dio cuenta que lo había hecho. Le saque el dedo del culo y le introduje la punta de ese vegetal. Su forma era ideal, alargada, delgada en la punta y grueso en la parte de atrás. Ella sintió lo duro de este y me preguntó qué estaba haciendo.
Irene se mostraba en un principio un poco nerviosa, pero al sentirse penetrada por ambos agujeros, comenzó a sentir una excitación que nunca antes había sentido. Con una mano le agarraba una de sus nalgas y con la otra le metía y le sacaba la zanahoria del culo, mientras con mi verga la penetraba una y otra vez.
Fue tanto el ruido de sus chillidos que para callarla tome su calzón del mueble y se lo meti en la boca. No pasó mucho tiempo para que la vieja mujer al verse penetrada por dos partes, alcanzara su orgasmo. Yo estuve un rato más así, jugando con la zanahoria y penetrándola, hasta que le llené el coño de mi abundante corrida.
Me salí de ella, dejándole la zanahoria en el culo. Ella misma se la sacó e incluso anduvo riéndose por la situación. Me subí los pantalones, mientras veía como se colocaba su calzón con mi corrida escurriendo aun debajo de ella y acomodándose su vestido.
Emprendí de inmediato mi viaje a mi ciudad natal, pero al llegar, mi padre había fallecido. A sus 69 años, producto de un cáncer.
Luego de atender todos los servicios fúnebres, me encontré ocupando su lugar, como heredero de una cuantiosa fortuna. Nunca me llamó la atención el campo, pero al verme con tanto poder y dinero, apoyado por el señor Luis, la mano derecha de mi padre, comencé hacerme cargo de las tierras de mi padre.
Poco a poco me fui interiorizando con el trabajo, haciendo algunos cambios radicales en su funcionamiento lo que derivó en obtener aún mayores ganancias. El señor Luis me informaba y me guiaba en todo.
Sabía que a muchos de los trabajadores de mi padre no les gustaba para nada mi presencia, ya que cambie muchos beneficios que ellos tenían, pero nada podían hacer en contra mía, incluso a la semana, despedí a tres de ellos que reclamaron estos cambios.
La casa de mi padre era una casa muy antigua y extremadamente grande. Afuera un gigantesco patio, con grandes árboles y al fondo de este, tres casas, una perteneciente al cuidador, Lorenzo y su familia, la otra del señor Luís y una tercera que era ocupada por la Sra. Irene, una mujer de unos 55 años, que al parecer, según los comentarios del señor Luís, había sido amante de mi padre, según se rumoreaba.
La mujer hacía el aseo dentro de la casa, pero a su edad y el gran trabajo que esta requería, no se estaba haciendo como a mi me gustaba y pensé en cambiarla.
Le llamé la atención en un par de ocasiones y por más que intento seguir mis instrucciones, no fue capaz de lograr lo que yo le pedía, así que un día en que encontré mi despacho sin hacer, la mandé a llamar y le comuniqué que ya no se requerían sus servicios.
La mujer entró en un mar de llantos, suplicándome que cambiase de opinión, que a su edad no encontraría trabajo en ninguna parte y que no tenía dónde irse. Por lo general no doy vuelta en mis decisiones, pero considerando que esa vieja mujer había sido una especie de pareja para mi padre, decidí darle una nueva oportunidad.
Pero el cambio solo duró una semana y nuevamente encontré los detalles que le había mencionado. Nuevamente la llamé a mi oficina y le dije que las tareas no se estaban haciendo como yo exigía y que lamentablemente se tendría que marchar.
Nuevamente la mujer me suplicó que no la echara, ya que no tenía donde ir, pero mi decisión ya estaba tomada. La mujer me imploraba que cambiase de parecer, que se esforzaria al máximo, pero yo no era de dar muchas oportunidades.
Me incomodaba ver las súplicas de la mujer, al final me compadecí de la mujer y traté de que se calmara.
- ¡por favor patroncito!... que soy una mujer solitaria y no tengo donde ir
- Lo siento Irene , ya le di una oportunidad.
- Por favor... se lo suplico… en los años que estuve, su padre nunca tuvo alguna queja
- Bueno, pero yo no soy mi padre… además se que a él le hacías otra clase de servicios, que quizás por eso no se fijaba en tus defectos.
- De qué habla patroncito.
- No te hagas Irene, se que a mi padre lo atendías de una manera especial.
- ¡No patroncito, le juro que no! son cosas que dicen la gente envidiosa.
Salí a atender unas cosas, pero la situación de Irene, la tenía grabada en mi mente y no la podía alejar. Pensaba que ahora era el momento, ya que si no la despedía ahora, más adelante me costaría aún más.
Llegué a mi casa, estacioné mi camioneta. La muchacha de la cocina me sirvió y luego me coloqué a ver televisión. Al terminar me dirigí a mi despacho y le dije a Silvia, la cocinera, que por favor le dijera a Irene que viniera a mi despacho.
A los minutos, siento que golpean la puerta, la hago pasar.
- ¿Me mandó a llamar patroncito?
- Si Irene, tome asiento por favor. Mire, he pensado mucho en su situación y como ya sabrá yo no soy de dar oportunidades.
- Lo se patroncito, pero por favor, comprenda mi situación.
- La comprendo, pero usted compréndame también a mí. No puedo tener una persona que no me gusta su trabajo, solo por caridad.
- Yo le prometo patroncito, que me esforzaré el doble y haré todo lo que usted me pida.
- No estoy diciendo que te estas quedando.
- Por favor… que puedo hacer para que me deje quedarme… cualquier cosa... lo que me pida, pero por favor no me eche.
- ¿Cualquier cosa?
- Si patroncito, haré lo que me pida, pero por favor no me eche… soy muy vieja y no conseguiré trabajo en ninguna parte.
- Haber... primero, déjate de llorar, calma, todo tiene solución en la vida.
- Es que si me echa , no tengo a donde ir.
- Mira Irene, las cosas están así. Yo no estoy conforme con tus servicios en la casa. Mi padre era mucho más exigente que yo en ese aspecto...
- Con su padre nunca tuve problemas patroncito.
- Sé que no tuviste problemas, pero también sé que a él le dabas otra clase de servicios.
- ¿A qué se refiere patroncito?
- No te hagas Irene, se muy bien que tu mantenías relaciones con el.
- No son ciertas esas coas…
- ¡No me mientas! a mi me gusta ser muy directo para mis cosas
- No le entiendo patroncito
- Mira, si quieres seguir trabajando acá, yo necesito que me atiendas igual que a mi padre, si no te vas
- Pero como patroncito, no le entiendo
- Es muy claro. Tu permanencia en esta casa va a estar ligada a tu atención hacia mi. Si me atiendes bien, te quedas , si no te vas
- Pero patroncito, yo soy una mujer decente
- Es tu decisión. Te espero hoy en mi habitación a las 11 de la noche… si te interesa seguir en esta casa bien… si no… te vas ¿estamos?
- Pero patroncito...
- Ya te dije, y no quiero hablar más del tema. A si que por favor, retírate
Ya a las 10 de la noche, la casa estaba completamente en silencio. Ya estaba en mi tercer vaso de coñac, viendo televisión en mi pieza, cuando siento que golpean la puerta de mi dormitorio. Sabía que era Irene y le dije que pasara.
La mujer entra muy tímida en mi habitación, cerrando la puerta tras de sí. Le dije que pasara y que se sentara. Ella tomó asiento, en una silla al lado de un gran ropero.
- Veo que viniste… que bueno... se que nos vamos a entender muy bien.
- Qué es lo que quiere patroncito.
- Tranquila... quieres una copa de coñac
- No gracias
- Anda… toma
- ¿Quieres otra? toma.
Descaradamente le acaricié un pecho, ella solo emitió un leve sonido como de asombro, pero no se movió y se quedó quieta sintiendo como este hombre la tocaba por sobre la tela del vestido.
- Tienes unos pechos muy lindos Irene
- Gracias patroncito
- ¿Te lo han dicho?
- No... bueno si
- Me imagino que son más grandes aún… sácalos afuera para que pueda verlos
- Ella se quedó callada y tuve que repetir mi orden
- Vamos, déjame verlos
- Me da vergüenza
- No tienes por que tener vergüenza Irene, ambos somos adultos, no te haré daño… ¿o acaso me tienes miedo?
- No patroncito… como se le ocurre, no le tengo miedo, pero sí respeto
- Mmmm me parece bien… no quiero que me tengas miedo... yo quiero ser bueno contigo, pero quiero que tú también seas buena conmigo… ¿serás buena conmigo?
- Si patroncito, ya le dije que si me dejaba haría lo que usted quisiese... aunque esté en contra de mis principios.
- Los principios son una tontería, la vida es una y hay que disfrutarla ahora.
- Si usted lo dice patroncito
- Bueno.. entonces, déjame ver que tienes acá
- Mmm me gusta que seas obediente... pero vamos, sácate los brazos de ahí y déjame ver lo que ocultas...
Jamás en mi vida había tenido a una mujer tan sometida a mis deseos. No era una mujer hermosa, pero el placer que sentía de que ella haría todo lo que yo le pedía, ese poder, era algo que me encantaba.
- Muy bien Irene, veo que tienes unos pechos preciosos… ahora quiero que te pares y te quites todo el vestido.
- Patroncito, por favor... dejémoslo hasta acá nomás.
- No Irene, quiero que te saques el vestido, acuérdate que dijiste "todo lo que yo quisiera"
- Veo que tienes un bonito cuerpo Irene
- Gracias patroncito…Ya... ¿puedo vestirme?
- Como se te ocurre... si recién estamos empezando
- Por favor, déjeme ir se lo suplico
- Tu decides, si te quieres ir, ahí está la puerta, pero ya sabes nuestro compromiso
- Si, si se
- Bueno, ahora date una vuelta para mirarte… no, no tan rápido, hazlo más lento… si así... mmmm… así… date una vuelta más…. Mmm… me encanta… veo lo afortunado que era mi padre... ven... Ahora ven acá…
- Tienes unas nalgas exquisitas Irene… Me encantan... haber, date vuelta… mmmmm… a esto me refería, mira que ricas están… déjame besarlas... mmmm… que ricas… me encanta el sabor de tu piel.
- Me hace cosquillas patroncito
- ¿si?... pero te gusta que te toquen
- No mucho
- No seas mentirosa… dime que te gusta
- No se…
- Mmmm… ¿como que no sabes?… mira… siente mi lengua recorriendo tu culo… dime que no te gusta sentirla así…
- Si… pero me da cosa
- Relájate mujer… la idea es que ambos la pasemos bien… mmmm… ¡que rico poto tienes mujer!... mmmmm está rico... date vuelta... Así... bien… mmmm veo que no te has depilado... Mmm eso me gusta mas aun… una mujer natural... Mira estos pelos que salen de tu calzón…
- Patroncito… me hace cosquillas
- Mmmmm mira como se te salen por tu calzón… ¿Qué tienes oculto ahí Irene?
- Usted sabe…
- Mmm si se… huele muy sabrosa... haber deja darte un besito aquí… ¿puedo?
- No por favor...
- Haber... como que no... Así me gusta... déjate llevar… Mmmmmm... mira lo que te hago… ¿te gusta sentir mi lengua acá? vamos dime... ¿te gusta?
- Me pone nerviosa patroncito
- ¿Eres una mujer caliente Irene?
- No se… ah ahhh…
- Mmmm yo creo que si… ¿te gusta que te chupe los pelitos así?
- Ahhh…
- Mmm veo que te está gustando… déjame bajarte esto…
- No…
- Si… déjame hacerlo... Mmm cuesta un poco sacarlos... eres muy culona Irene… mmm me encanta tu poto… es grande... delicioso… mmmm ¡pero que tenemos acá!
- Por favor no siga…
- Claro que sí… mmmm mira que peluda la tienes… ¿te gusta sentir mis dedos acá? acariciando tu entrepierna… acariciando tus pelos? mmm… me encanta que seas natural en tu concha… déjame ver que ocultan estos pelos….
- ¡Señor!
- Mmmmm mira que tienes acá… que rica se ve… apuesto que mi padre te la chupaba a cada rato ¿o no?
- No patroncito... ya le dije… él me respetaba mucho…
- Bueno… pero yo no soy mi padre… y te la voy a chupar hasta que me canse… así… mmmm… shmsssschhhhh… mmmm… que sabrosa la tienes Irene.
- Mmm… siga patroncito… me fascina
- Mmm… veo que te gusta que te la bese ¿o no?
- Si... me esta gustando…
- ¿Así? que sabrosa la tienes… dime que no te está gustando lo que te hago…
- Si… Si me está gustando mucho... tiene una lengua muy rica patroncito...
- Bien... pero ahora quítate el sostén...
- Lo que diga patroncito…
Enseguida le tomé los pechos y se los comencé a manosear fuertemente. Ella permanecía con sus ojos cerrados sintiendo placer al verse tocada por este joven 30 años menor que ella. Sin pensarlo, me llevé una de sus tetas, tomándola con las dos manos para poder llevarlas a mi boca. Su tamaño era sorprendente, aun teniendo manos grandes, me era imposible abarcar todo con una sola mano. Sus gruesos pezones se habían parado y los llevé a mi boca y los chupé fuertemente, haciendo que estos crecieran aún más, sacándole leves gemidos de placer a la vieja mujer.
- ¡Qué tetas más ricas tienes Irene!
- ¿Le gusta al patroncito?
- Me encantan...
- Me las chupa muy rico ahhhhh… siga… no pare…
- Te gusta que te las chupe fuerte…
- Mmm siiiiii así… me gusta que me chupe mis pechugas patroncito
- ¿A si que cuando quiera te las puedo chupar?
- Si patroncito… soy toda suya para lo que quiera… muerdemelas… ahhh se siente tan rico…
- Eres una mujer calentorra Irene, y eso me gusta…
- Ahhh mire como me tiene patroncito... completamente encuerada
- Ahora quiero que me desvistas tu a mi…
- Si patroncito
- Asi… déjame ayudarte… suéltame la correa… eso… ahora baja mi pantalón... déjalo ahí sobre la cama… ves lo que escondo para ti… tócame… así... que rica se siente tu mano… Ahora sácalo…
- ¡Ohhh patroncito!
- Mmmmm… que rica se siente tu mano... ¿ves lo duro que está?
- Si...
- ¿Te gusta?
- Oh sí… lo tiene muy grande y duro patroncito
- Mmmm me gusta que te agrade… arrodíllate… Toma este cojín... para que no te duelan las rodillas…
- ¿Así?
- Si… así… ahora, apriétalo con tu tetas Irene… Eso… Así… perfecto… Ahhhh!!! que rico se siente mi pene entre tus tetazas…
- ¿Le gusta así patroncito?
- Me encanta… sigue así… yo te diré cuando pares…
- Ahhh que bien se siente…
- ¿Le gusta como lo hago patroncito?
- Divino Irene... si... sigue así… no pares…
- ¡Que rica la tiene patroncito!
- Ahora quiero que me la chupes…
- ¿Qué?
- Métela a tu boca… Eso... ahhhh!!! así… que rico se siente…. Sigue… lame todo el tronco… no olvides las bolas tambien…
La dejé en esa posición como 20 minutos, a veces la sacaba de su boca y me la restregaba entre sus tetas, se la pasaba por su rostro y la volvía a chupar. Yo relajadamente la dejaba que me la tocara a su antojo, no me importaba que hiciera, era una delicia total.
Luego la hice levantarse y le dije que apoyara sus manos sobre la cómoda. Bajé a su poto y se lo bese por todos lados, le abría las nalgas, le lengüeteaba su culo. Ella solo estiraba más la cola hacia atrás dejando que su patrón se saciará de su culo a su antojo. Luego me levanté y separándolo bien las nalgas la penetré de un solo golpe.
Irene comenzó a gozar y gemia como poseída, le enterraba toda mi verga una y otra vez, mientras sus manos manoseaban sus tetas que colgaban.
Luego me senté en la misma silla que ella se había sentado y le indiqué que se sentara sobre mí. Le dirigí la verga a la entrada de su concha y lentamente la vieja se fue sentando, enterrándose cada centímetro de mi miembro.
Me comenzó a cabalgar apoyando sus manos en sus piernas. Yo no podía parar de manosearle las grandes tetas. Veía como su culo sobresalía casi por ambos lados de la silla, era increíblemente grande. Nunca pensé que esta vieja mujer me hiciera sentir tan caliente.
Luego le dije que se levantara y que se volviera a sentar, pero esta vez de frente a mi. Irene seguía al pie cada una de mis instrucciones. Pasando su pierna por sobre mi se sentó apoyando sus grandes tetas contra mi pecho. Le agarré del culo y lo manoseó fuertemente, hasta nalguearla en ocasiones, mientras trataba de llegar a sus pezones, pero estos estaban muy abajo, así que le dije que ella me las pusiera en la boca. Irene se agarraba las tetas y me las colocaba en la cara, me las restregaba una y otra vez.
Su rostro me indicaba que lo sentía todo adentro, arrugaba su frente, sus ojos cerrados y su boca emitía un grito ahogado cada vez que ella bajaba.
Luego nos fuimos a la cama. Nuevamente le ordené que me la chupara una rato, para luego hacerla que se sentase sobre mí.
Ella lo hizo, tomó mi pene y lo volvió a guiar a su peludo sexo. Se abalanzó sobre mí, yo aferrándome de sus caderas, le hice que quedara con la espalda recta, para poder verle las tetas a mi antojo. Ella se movía de arriba abajo y sus tetas se movían en cada movimiento.
Lo que más me gustaba era ver su rostro reflejando el placer que sentía al verse completamente llena de verga. Le agarraba los pezones y se los tiraba, haciéndole levantar las tetas. Eso al parecer le excitaba.
Le metí una de mis manos en su peluda concha y mientras ella subía y bajaba, la masturbaba con mis dedos. Al poco rato sus gemidos fueron cada vez más fuertes y me di cuenta que estaba por acabar. Me puse más duro aún y aumentando más el movimiento de mis dedos, la vieja mujer, apoyando sus manos en mi pecho, su rostro se arrugó por completo, y con grandes quejidos y moviéndose muy rápidamente, alcanzó un monstruoso orgasmo, dejándome toda mi mano mojada. No fui egoísta y le ayudé a que acabara por completo.
Casi inmediatamente la hice colocarse de espaldas en la cama, y sentándome en su vientre le metí la verga entre sus tetas y me empecé a masturbar entre ellas, por largo rato, hasta que me vine entre ellas dejándole todo su cuello, parte de su cara y sus tetas completamente llenas de semen. La había dejado bañada de mi corrida.
Me bajé de ella, me quedé un rato descansando. Ella se fue al baño para limpiarse los restos de mi acabada.
Habíamos estado follando por más de una hora. Mi calentura ya había pasado y una vez terminado de bañarse le pedí que se retirara, dándole las gracias por su visita.
Al otro día, luego de despertarme y ducharme, entré a la cocina y ahí estaba Irene con la cocinera. Ambas me saludaron y se esmeraron en atenderme. Irene no me miraba para nada, la notaba muy incómoda con mi presencia, cosa que tendría que arreglar para que el resto del personal no se enterara.
Luego salí a hacer mis cosas y a la hora del almuerzo no la encontré. Después cuando volví a eso de las 5 de la tarde, la vi que entraba a mi casa. Estuve un rato viendo televisión y cuando me di cuenta que Sonya entraba al baño y la dejaba sola en la cocina, me acerqué y desde la puerta le dije que la esperaba a la misma hora en mi cuarto.
Ella me miró con cara de susto y solo atinó a decir que “sí” con la cabeza.
Llegada la hora, me encontraba nuevamente en mi cuarto cuando a las 11 de la noche, nuevamente siento que golpean la puerta de mi cuarto. La hice pasar e igual que la noche anterior se sentó en la misma silla. Yo recostado en mi cama, le dije que se parara y que se desnudara. Ella quizás no pensaba que sería tan directo en mis instrucciones, pero de todas formas se levantó, aunque no hizo ademán de sacarse la ropa.
- Vamos, ¿qué esperas?
- Es que me da vergüenza patroncito
- Como te va a dar vergüenza, después de lo que pasó ayer
- Igual me da vergüenza patroncito… ¿podría apagar la luz?
- No, quiero verte desnuda
- Es que me da vergüenza
- No te lo estoy pidiendo, ¡te lo estoy ordenando!
- Vamos, quítate todo, te quiero sin nada puesto
- Dije "todo" Irene…
- Bueno patroncito
- Creo que dijiste que harías todo lo que yo te pidiera
- Si patroncito
- Entonces no quiero repetirte dos veces las mismas cosas… ¿estamos?
- Si patroncito, pero es que es muy vergonzoso
- Dije sí estamos de acuerdo en eso
- Si patroncito
- Bien. Ahora quiero que te des una vuelta… así …. Muéstrame tus pechos… mmmm… así… los tienes muy grandes Irene
- Ahora quiero que me enseñes tu culo, date vuelta y sepáralas con tus manos… Mmmm… bien Irene .. nos estamos entendiendo, recuerda que si no haces lo que te digo, no me dejaras otra opción mas que despedirte.
- Si patroncito, lo tengo muy claro
- Bien… tienes un culo muy sabroso Irene… Te lo han dicho
- Si me lo han dicho
- ¿Alguna vez te lo han metido ahí?
- ¡NO!... como se le ocurre… nunca
- Bueno, siempre hay una primera vez
- No patroncito, por favor no me pida eso
- Tranquila, aun no te lo pido… dime Irene ¿te gustó lo que hicimos ayer?
- Si patroncito… todo me encanto
- Hay algo en especial que te haya gustado
- Su lengua patroncito… que me la pasara por ahí abajo
- Por donde Irene... dime por donde
- Por acá… por mi cosita
- Por tu zorra… quiero que le llames zorra o concha... ¿entendido?
- Bueno
- Entonces qué te gustó
- Que… me… pasara su lengua por la zorra…
- Mmm eso, me gusta que hables así… te gustó que te chupara la zorra
- Si patroncito
- Y que mas te gusto
- Que me chupara las pechugas y me las mordiera
- Ahhhhh… ya veo ¿y te gustó chuparme la verga?
- Si patroncito
- Bueno… eso quiero que me hagas ahora… ven acá a chuparmelo
Le ordené que parara un poco, para terminar de sacarme toda la ropa. Una vez desnudo, me volví a acomodar en la cama, pero antes me serví un vaso de coñac y me prendí un cigarro.
Irene nuevamente arrodillada en cuatro patas en la cama, se llevó mi verga a la boca y me la comenzó a mamar pausadamente. Yo mientras me tomaba mi vaso de coñac y fumaba, disfrutando el espectáculo viendo como esa vieja mujer, con el culo levantado se tragaba toda mi verga.
- Mmm Irene, la chupas de maravilla… sigue así… ahhh me encanta… bésame las bolas… así... ahhhh... más fuerte… aaahhh… ahora por los lados, si todo el tronco… eso… eres muy obediente Irene… de continuar así, te quedarás por siempre…
- ¿Le gusta así?
- Ohhh si!!! me encanta… ahora aprietala con las tetas…
- ¿Así?
- Oh sí… dime que te gusta
- Tiene una verga muy deliciosa patroncito
- ¿Te gusta tragártelo?
- Si…
- ¿Mucho o poco?
- Mucho… lo tiene muy rico… menuda verga patroncito…
- Que bien… me alegro que te guste… por que me la chuparas todas las noches o cuando yo quiera
Le comencé a comer el coño, y luego el ano. Ella se sintió un poco nerviosa al sentir mi lengua jugando con su ano, pero no dijo nada. Trataba de mojarle lo más posible con saliva, separándole sus grandes nalgas con mis manos para darle más espacio a mi lengua. Poco a poco se la metía en su ano, pero estaba demasiado estrecha así que tendría que trabajar mucho más en él si quería que fuese mió.
Le pedí que con sus manos ella misma se separara las nalgas y también lo hizo. Ya con sus nalgas separadas por sus manos, me mojaba mis dedos con mucha saliva y empezaba a toquetear esa virgen entrada.
En dos ocasiones trató de moverse, pero mi orden de mantenerse así, la volvía a colocar a mi merced. Con el dedo más pequeño, cubierto de saliva, le introduce parte de este, causándole un pequeño dolor que incluso dejó de chupármela.
Le pedí que se relajara y que me la siguiera chupando. Con solo la punta del dedo en su ano, seguí moviéndolo, sacándolo, besándole nuevamente el culo con mucha saliva, para volver a trabajar en su ano con mi dedo.
La entrada estaba demasiado cerrada y cuando se lo metía un poco más adentro ella dejaba de chupar y se quejaba.
Una y otra vez le sacaba el dedo y le aplicaba más saliva, alternando con mi lengua. Ya al rato le había conseguido entrar todo mi dedo pequeño y ya me la follaba con este por esa entrada. Ella trataba de seguir chupando, pero estaba demasiado nerviosa.
- Que pasa Irene, no te gusta
- Ay patroncito, es que me arde un poco
- Tranquila, ya te acostumbraras y luego gozaras
- Ay… no creo... pero no me lo meta tan adentro…
- Relájate mujer... déjate llevar…
- ¿Te gusta Irene mi dedo en el culo?
- No mucho
- Pero ya no te duele
- Solo un poco, pero es soportable
La follé así por un buen rato y luego la hice ponerse en cuatro patas sobre la cama. Yo de pié al lado de la cama, la agarré de las caderas y me la volví a follar. La montaba como loco, podia ver su negro culo y nuevamente mientras la follaba, seguía hurgueteándole el ano.
La penetración de mi dedo la incomodaba y la hacía perder el ritmo. Acusaba algo de dolor, pero como mujer obediente me dejaba que siguiera trajinándola.
En esa posición, con su culo completamente a mi merced, le saqué la verga y se la coloque en la entrada del ano. Ella se movió un poco pidiéndome que por favor no lo hiciera, pero yo le dije que se quedara tranquila, que solo probaríamos.
La mujer apoyando su cara contra la cama dejó levantado su culo. Tampoco quería que ella sufriera, no era la idea, pero ese culo tenía que ser mío tarde o temprano.
Mojándole bien el ano con saliva, le comencé a ejercer presión metiéndole de apoco la verga en esa estrecha cavidad. Ella se quejaba un poco, pero no tanto así que poco a poco le fui metiendo más, hasta que la cabeza quedó adentró. Ahí recién ella emitió un quejido de dolor. Me detuve un rato esperando que su culo se dilatara y comencé a moverme muy despacio, sin sacársela y solo avanzando un par de centímetros para luego retroceder lentamente.
Le metía solo la cabeza de mi verga, esperando que de apoco ella se acostumbrara y pudiese entrar mas, pero me di cuenta que ella estaba sintiendo dolor, así que por eso no se la metí más.
- ¿Te duele Irene?
- Si patroncito... me duele
- Quédate tranquila, no te la meteré mas adentro, hoy solo hasta ahí, hasta que te acostumbres
- Ay, patroncito... no creo que me acostumbre… me duele
- Al principio te va a doler, pero después lo vas a gozar
- Yo gozo cuando me la mete por la concha… pero no por ahí
- Ahhh se siente tan rico metértela por acá… siente como la tienes metida en el culo
- Ay… despacito por favor patrón, que me duele
- Tranquila… solo la meteré hasta ahí… todos los días te la meteré por acá hasta que te guste... después me vas a suplicar que te la meta en el culo
- ¿Usted cree?
- Si Irene... después te va a encantar
- Si usted lo dice patroncito... pero ya sáquemela que me arde
- Solo un ratito mas… tranquila
La hice darse vuelta y me monté en forma tradicional sobre ella, chupándole las tetas y follándola hasta que se corriera.
- Aquí viene Irene… recibe toda mi corrida… Ahhh…
- Si… lléname patroncito… dame toda tu lechita… vamos… demela…
- Date vuelta
- ¿Cómo?
- Dame la espalda
- ¿Así?
- Si
- Que te aprecio que te la metiera por acá
- Me dolió un poco
- ¿Pero te gusto?
- No mucho
- Y mi dedo acá... ¿te gusta?
- Si lo hace suavecito... si, siento rico
- Mira Irene… quiero darte duro por el culo, a si que va a depender de ti que te guste
- ¿Cómo va a depender de mí?
- Tienes que prepararlo
- No le entiendo patroncito
- Tienes que hacer que tu ano se dilate. Tu misma cuando no estés conmigo, vas a meterte cosas por ahí, haciendo que este se dilate y se acostumbre
- ¿No cree que ya es mucho patrón?
- No… mira siente como mi dedo ya entra sin problemas, si tu acostumbras tu ano a esto, después ya no te va a doler...
- ¿Usted cree?
- Si... tienes que hacerlo tu mismo… con tus dedos... mmmm... o con otra cosa…
- No se patrón… no creo que me guste…
- Ahí ve tu… pero te doy una semana para que te lo dilates... por que después te la voy a meter toda
- ¿Y si me duele?
- Esta bien, te ayudaré cada que pueda... y una vez lista te la meteré toda, por eso haz lo que te digo.
Irene asistió a la noche siguiente y a la subsiguiente también, siempre cruzando a oscuras por el viejo patio a cumplir los deseos de su patrón. Cada vez se notaba menos nerviosa y disfrutaba ser penetrada por el joven hombre.
En cada sesión le trabajaba el ano, besándoselo, metiéndole mi lengua y mis dedos, haciendo que se acostumbrara a esas sensaciones.
Una mañana bien temprano, me encontré a Sonya saliendo a realizar las compras al pueblo, para el almuerzo. Le pregunté quién quedaba en casa y me dijo que solo estaba Irene. Esa noche también había recibido la visita de Irene en mi habitación, y aunque había estado muy buena, había quedado con hambre, a si que cerciorándome que Sonya tomase el bus para ir a la ciudad, ver que Luís y Lorenzo anduvieran en los campos, entré a la casa y me dirigí a la cocina.
Hay estaba Irene preparando el almuerzo. Usaba un vestido ancho y suelto, pero que de todas formas mostraba las curvas de su generoso culo. Me acerque en silencio por detrás y me apoye contra ella, colocándole la mano en su sexo.
- ¡Oh señor!
- Hola Irene… como estas
- Me asustó… Cuidado que Sonya andaba por aquí
- No te preocupes, la vi que salió y estamos solo
- ¿No me diga que anda con ganas?
- Si… te quiero ahora
- Bueno… déjeme lavarme las manos y vamos a su cuarto
- No te preocupes... sigue haciendo lo que estás haciendo, que yo me atiendo solo.
- ¿Cómo?
- Tu tranquila... déjame a mi
- ¿Acá?
- Si aquí mismo
Solo le corrí un poco su calzón y sin mucho trámite se la metí por detrás comenzando a follarla ahí, de pie en la cocina. Irene estaba un poco sorprendida de que la buscara a esa hora de la mañana y más aún en ese lugar, pero al sentirse penetrada, se dejó llevar y comenzó a gozar las puñaladas de carne que su joven patrón le propinaba.
Su calzón me molestaba un poco así que le dije que se los sacara, dejándolos encima del mueble. Con todo su vestido levantado sobre su espalda, con todo su culo a mi disposición la penetré una y otra vez, gozando ambos el momento.
- Estas muy rica Irene
- Ahhh patroncito... usted también
- ¿Te gusta que te la meta?
- Ahhh sí… déme más patroncito... me encanta sentirlo adentro
- Estas muy mojadita… mmm me encanta que estés a sí
- Usted me pone así patroncito.. ah! ah! ah!
Pero estando en esa posición, me fije que dentro de las cosas que estaban en el mesón de la cocina, había unas zanahorias que recién había pelado Irene. Me fijé en una zanahoria que no era muy gruesa, pero sí larga. Mi morbo nuevamente se apoderó de mí y sin pensarlo dos veces, la tomé. Irene no se dio cuenta que lo había hecho. Le saque el dedo del culo y le introduje la punta de ese vegetal. Su forma era ideal, alargada, delgada en la punta y grueso en la parte de atrás. Ella sintió lo duro de este y me preguntó qué estaba haciendo.
- Tu solo relájate y disfruta
- No patroncito... que me hace
- Solo relájate mujer... y disfruta
Irene se mostraba en un principio un poco nerviosa, pero al sentirse penetrada por ambos agujeros, comenzó a sentir una excitación que nunca antes había sentido. Con una mano le agarraba una de sus nalgas y con la otra le metía y le sacaba la zanahoria del culo, mientras con mi verga la penetraba una y otra vez.
Fue tanto el ruido de sus chillidos que para callarla tome su calzón del mueble y se lo meti en la boca. No pasó mucho tiempo para que la vieja mujer al verse penetrada por dos partes, alcanzara su orgasmo. Yo estuve un rato más así, jugando con la zanahoria y penetrándola, hasta que le llené el coño de mi abundante corrida.
Me salí de ella, dejándole la zanahoria en el culo. Ella misma se la sacó e incluso anduvo riéndose por la situación. Me subí los pantalones, mientras veía como se colocaba su calzón con mi corrida escurriendo aun debajo de ella y acomodándose su vestido.
- Es para recordarlo hasta la noche patroncito
- Estaré esperándote como siempre Irene