El instituto era una rutina insoportable para él. No porque le costara, sino porque simplemente le daba igual. Los estudios no eran lo suyo y por eso había repetido. ¿Y qué? Le daba lo mismo. Prefería pasar el tiempo a su manera que esforzarse en algo que no le interesaba.
Las chicas lo miraban con interés. No era el más guapo ni el más atlético, pero tenía esa actitud de 'chulito' que las atraía. No se esforzaba por impresionarlas, simplemente le salía natural. A veces, su indiferencia era más efectiva que cualquier frase ensayada.
Lara y sus amigas lo tenían fichado. Les llamaba la atención porque parecía diferente a los chicos de su edad: más seguro, más tranquilo, como si nada le afectara demasiado.
No tenía un interés real en ellas, pero tampoco rechazaba la atención. Lara, en particular, era la chica que más hacía por hablarle. No la veía con nada de interés, pero tampoco iba a desperdiciar una oportunidad.
Un día el profesor anunció un trabajo en grupo, le tocó con Lara y dos de sus amigas. En el fondo, se alegró. Sabía que ellas harían todo el trabajo mientras él simplemente se sentaba, pasaba el rato y no movía un dedo.
Cuando llegaron a casa de Lara, la puerta se abrió y entonces la vio por primera vez.
Estefanía.
La madre de Lara no era una madre cualquiera. Era una bomba. Unos 35 años, pues había tenido a Lara siendo muy joven. Bajita, pero con un cuerpo de escándalo. Unas tetas grandes, redondas y bien puestas y una cintura finita que hacía resaltar aún más su culo perfectamente redondeado. Era de esas mujeres que sabías que llamaban la atención sin necesidad de hacer nada.
Pero no solo era su físico. Era su actitud. Simpática, habladora, con una personalidad arrolladora. Desde el primer momento, su forma de sonreír y moverse lo dejaron embobado.
Ese día iba vestida con un top blanco ajustado que marcaba su pecho sin disimulos y unos leggings oscuros que le quedaban pintados al cuerpo, dejando claro que sus piernas y su culo estaban tan bien formados como parecían. Su cabello largo y castaño tenía ondas suaves que caían sobre sus hombros, dándole un aire casual pero atractivo.
Sus labios pintados de un tono rojo suave y su sonrisa amplia la hacían aún más irresistible. Sus ojos grandes y expresivos transmitían una mezcla de calidez y picardía, como si siempre estuviera de buen humor, pero también supiera jugar con la coquetería natural de su presencia.
—¡Holaaa! —saludó con energía—. Pasad, poneos cómodos. ¿Queréis algo de beber?
Él apenas pudo contestar. No porque fuera tímido, sino porque su cerebro estaba procesando lo que tenía enfrente.
Esa tarde, intentó concentrarse en el trabajo, pero su mente solo podía pensar en una cosa: Estefi. Su cuerpo. Su voz. Su sonrisa.
Desde aquella primera visita, Alex no podía sacarse a Estefi de la cabeza. No era solo por su cuerpo, aunque eso ya era suficiente motivo. Era su actitud, su voz, su forma de sonreír y moverse sin esfuerzo, como si ser tan jodidamente sexy le saliera natural.
Cada vez que iba a casa de Lara, la buscaba con la mirada. Si la veía, intentaba quedarse un poco más, alargando la conversación con cualquier excusa. Pero a veces no estaba, y aquello lo frustraba más de lo que quería admitir.
Fue entonces cuando tomó una decisión: si quería ver más a Estefi, tenía que relacionarse más con Lara. No necesitaba enamorarla ni hacerle creer que tenían algo serio, solo estar cerca lo suficiente como para poder frecuentar su casa sin que pareciera sospechoso.
No le costó mucho. Lara ya le tenía echado el ojo desde hace tiempo. Era de las que se hacía la indiferente, pero cuando estaban en el mismo grupo de amigos, siempre buscaba sentarse cerca o lanzarle alguna broma.
Así que Alex simplemente dejó que las cosas fluyeran. Respondió a sus mensajes con más interés, aceptó salir con ella y su grupo en más ocasiones, y cuando se daba la oportunidad, la dejaba creer que entre ellos podía pasar algo más. Algún beso robado, una mano en la pierna mientras hablaban, pequeños gestos que hacían que Lara se enganchara más.
Para él, no significaba nada. Para ella, parecía suficiente. Y lo mejor de todo es que, gracias a esto, cada vez tenía más excusas para estar en su casa.
Un día, después de haber pasado la tarde juntos, fue a su casa con la intención de ver a Estefi antes de que Lara se fuera a duchar. Pero cuando llegaron, algo llamó su atención.
—¿Y tu madre? —preguntó casualmente cuando vio que no estaba.
Lara ni se inmutó.
—Trabajando.
Alex arqueó una ceja.
—Pensaba que trabajaría de mañana. ¿En qué trabaja?
—No, es monitora de gimnasio. Da clases y entrena allí casi todos los días. A veces de mañana y otras de tarde.
Y ahí lo tuvo.
El gimnasio. Su oportunidad para verla sin que pareciera sospechoso. No podía simplemente aparecer allí de la nada, así que esperó unos días y luego le dejó caer el comentario a Lara.
—Estoy pensando en apuntarme a un gimnasio, a ver si me pongo en forma. ¿Cuál recomiendas?
—Pues donde va mi madre está bien, tiene de todo.
—¿Sí? Igual me paso a preguntar.
No tenía el más mínimo interés en entrenar, pero si eso le daba la oportunidad de ver a Estefi en ropa deportiva, en posturas sugerentes y sudando... valía la pena el esfuerzo.
El plan estaba en marcha. Alex sabía que, si quería algo con Estefi, necesitaba más oportunidades para estar cerca. Y el gimnasio era el lugar perfecto.
—Hablé con mi madre —le dijo Lara un día mientras estaban en la puerta del instituto—. Dice que si quieres, pases por el gimnasio y te lo enseña. Hoy desde las cuatro estará allí, así que puedes ir a esa hora y preguntar por ella.
La chica no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de Alex. Para ella, simplemente estaba ayudando a su novio a encontrar un buen gimnasio.
A Alex casi le da un vuelco el corazón, pero lo disimuló. No podía parecer demasiado entusiasmado.
—Genial, a las cuatro entonces.
No era la primera vez que fue a casa de Lara y se cruzó con Estefi, esto era distinto. Ahora tendría la oportunidad de estar a solas con ella, sin que Lara ni sus amigas estuvieran de por medio.
Cuando llegó la hora, Alex se aseguró de verse bien. Se puso un chándal de marca cara, lo suficientemente holgado para no parecer que intentaba lucirse. No iba a entrenar, pero quería dar la impresión de que sí.
El gimnasio era más grande de lo que esperaba. Al entrar, el sonido de pesas, música de fondo y gente entrenando lo recibió de inmediato.
No tuvo que esperar mucho. En cuanto dijo el nombre de Estefi en recepción, una voz familiar lo sorprendió por detrás.
—¡Mira quién ha venido! —exclamó Estefi con su tono alegre—. ¿Listo para ponerte en forma?
Alex se giró y casi se le seca la boca.
Estefi estaba vestida con un conjunto deportivo ajustado: unas mallas negras de tiro alto que realzaban su figura y un top deportivo azul ceñido que apenas dejaba espacio para la imaginación. Sus tetas parecían incluso más grandes con el sujetador deportivo apretado, y su cintura estrecha hacía que su culo redondo pareciera aún más pronunciado.
Su pelo recogido en una coleta alta dejaba ver su cuello y resaltaba su rostro perfecto. Sonreía con naturalidad, con esa energía arrolladora que parecía parte de ella.
—Pues vamos, te haré un pequeño tour —dijo, guiándolo por las instalaciones—. Aquí tienes la zona de musculación, la de cardio, y por allí las salas de clases dirigidas. A las chicas les encanta venir a pilates, tonifica un montón...
Alex asentía, pero apenas escuchaba. Su vista estaba demasiado ocupada siguiendo el movimiento de sus caderas mientras caminaba delante de él.
—¿Y qué buscas en un gimnasio? —preguntó ella con su tono animado—. ¿Definir un poco? ¿Ganar masa? ¿O solo venir a mirar chicas guapas?
La última frase lo pilló desprevenido.
—Eh… no sé, supongo que mejorar un poco en general —respondió, intentando mantener la compostura.
—Pues para eso hay que trabajarlo, ¿eh? —dijo Estefi, apoyando las manos en sus caderas—. Aunque tú tienes buen cuerpo, seguro que con un poco de esfuerzo ganas más forma. A las chicas de tu edad les gusta que los chicos tengan espalda ancha y brazos fuertes, ¿no? Lara me dice que algunas de sus amigas se fijan en eso.
Alex no sabía si lo estaba haciendo a propósito, pero que Estefi hablara sobre lo que a su hija y sus amigas les gustaba en los chicos solo hacía que su mente se fuera a lugares indebidos.
—Supongo —respondió, sin saber qué más decir.
—A mí me gustan más los cuerpos trabajados pero no exagerados —continuó Estefi como si nada—. Un hombre que se cuida, pero sin parecer una montaña de músculos. Algo equilibrado, como tú.
El chico sintió que el aire se le hacía más pesado. Estefi hablaba con total naturalidad, sin notar el efecto que sus palabras tenían en él. O quizás sí... pero si lo hacía, lo disimulaba muy bien.
Alex ya había tomado su decisión antes de venir. Iba a apuntarse al gimnasio, eso estaba claro. No le importaba entrenar o no, lo único que quería era seguir teniendo más momentos como ese con Estefi.
Y si Estefi seguía hablando así de natural sobre los cuerpos de los hombres y lo que le gustaba en un chico, estaba seguro de que tarde o temprano, las cosas se pondrían aún más interesantes.
Desde que se apuntó al gimnasio, Alex no perdía oportunidad de ver a Estefi en acción. Ella era una de las instructoras más populares, siempre con energía, siempre sonriente, y siempre con ropa ajustada que resaltaba su físico espectacular.
Al principio, se conformaba con verla desde la distancia. Entraba a la misma hora que ella, fingía que hacía ejercicios y la observaba cuando pasaba cerca. Pero cada vez se hacía más difícil contenerse. La forma en que movía las caderas cuando caminaba, la manera en que estiraba los brazos y su top se ajustaba más a su pecho... era demasiado.
Para poder verla de cerca sin levantar sospechas, empezó a buscar cualquier excusa para hablar con ella.
—Oye, Estefi —le dijo un día después de terminar un par de ejercicios—, ¿qué me recomiendas para trabajar mejor los abdominales?
Estefi, con su eterna sonrisa y sin dudar, se acercó a él.
—A ver, ponte aquí —le indicó, guiándolo hasta una colchoneta—. Lo mejor es hacer planchas y combinar con giros para definir bien.
Mientras hablaba, se agachó a su lado para mostrarle la postura correcta. Alex intentó concentrarse en el ejercicio, pero tenía su escote a centímetros de su cara.
Las tetas de Estefi se apretaban contra el top deportivo con cada movimiento. Firmes, grandes, perfectas. Unas tetas de escándalo que, si no estuvieran tan bien sujetas, rebotarían con cada movimiento.
Un día, mientras él terminaba una serie de ejercicios, escuchó la voz de Estefi en la sala de clases dirigidas.
—Venga, chicas, que se note el trabajo en esos glúteos —decía con entusiasmo—. Bien apretados y arriba, así.
Curioso, Alex se acercó a la puerta. La clase era GAP: Glúteos, Abdominales y Piernas.
Desde donde estaba, tenía una vista perfecta de Estefi demostrando el ejercicio. Estaba de espaldas a él, en una posición inclinada, con sus manos apoyadas en sus rodillas mientras subía y bajaba lentamente.
Las mallas que llevaba parecían estar pintadas sobre su culo, que se marcaba con perfección en cada movimiento. Sus piernas firmes, su postura segura, la forma en que sonreía mientras enseñaba... era una imagen que se quedó grabada en su mente.
Cuando terminó la clase y Estefi salió, Alex aprovechó para hablar con ella.
—Vaya entreno intenso —comentó con naturalidad.
Estefi sonrió, con el rostro ligeramente sudado pero aún tan radiante como siempre.
—Tienes que probarlo algún día —dijo sin detenerse—. Esos ejercicios también van bien para los chicos. Las chicas no son las únicas que quieren un buen culo, ¿eh?
Alex se rió, pero por dentro estaba hirviendo.
—Quizás me anime a probar —soltó, sin apartar la mirada de sus ojos.
Estefi le sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario antes de reír.
—Si te gusta la intensidad, también podrías probar pilates, es mucho más duro de lo que pueda parecer desde fuera. Muchas posturas son bastante desafiantes… pero seguro que te vendría bien para la flexibilidad.
La forma en que lo dijo, con una sonrisa traviesa y sin darse cuenta del doble sentido, solo aumentó la tensión en Alex.
Él ya había tomado su decisión. No le importaba entrenar o no, lo único que quería era seguir teniendo más momentos como ese con Estefi. Y ahora, con la posibilidad de verla en clases de pilates, en posturas aún más sugerentes, sabía que esto solo era el comienzo.
Alex no esperaba que el día siguiente fuera diferente a los demás. Iba de camino a casa de Lara como otras veces, sin imaginar que al llegar, se encontraría con la imagen que terminaría de volverlo loco.
Justo cuando estaba por tocar el timbre, la puerta se abrió, y ahí estaba ella.
Estefi, lista para salir, con un vestido corto que le quedaba como una segunda piel. Negro, ajustado, con un escote profundo que realzaba sus enormes tetas, haciéndolas parecer aún más grandes y redondas. Sus piernas se veían largas y torneadas con los tacones altos que llevaba, y su cintura estrecha hacía que sus caderas resaltaran aún más.
Su cabello estaba suelto, con ondas suaves que caían sobre sus hombros. Sus labios, pintados de rojo, le daban un aire aún más provocador. Y su perfume... ese aroma dulce y envolvente que lo dejó en un estado de trance.
—¡Vaya, justo a tiempo! —dijo con una sonrisa coqueta—. Yo me voy ahora, Lara está dentro. Pasa.
Le dedicó una mirada rápida antes de seguir su camino. Alex apenas pudo responderle, su cabeza solo podía procesar lo increíblemente buena que estaba.
Después de lo de la noche anterior, Alex llegó al gimnasio con la imagen de Estefi clavada en su mente. Y como si el destino quisiera torturarlo más, ella misma le había sugerido que probara pilates.
Entró en la sala y cuando la vio en la clase, supo que iba a ser una sesión difícil. Llevaba un conjunto deportivo blanco, con un top que parecía estar a punto de reventar por sus tetas. Las mallas ajustadas le marcaban cada curva, resaltando su culo de manera obscena.
En mitad de la clase, Estefi se acercó a él.
—Déjame ayudarte con este estiramiento —dijo con naturalidad.
Alex se tumbó sobre la esterilla, y ella tomó su pierna, elevándola lentamente para estirar los músculos. Su mano recorrió su muslo con suavidad, y en ese momento, sintió cómo su polla reaccionaba de inmediato.
El bulto en sus calzonas era evidente. Sabía que Estefi podía verlo, pero ella no hizo ningún comentario, simplemente siguió con la clase como si nada.
Poco después, mientras intentaba imitar una postura, Estefi volvió a acercarse.
—Déjame corregirte —dijo, poniéndose justo detrás de él.
Colocó sus manos en sus caderas, ayudándolo a girar un poco más. Su cuerpo estaba tan cerca que podía sentir su respiración. La presión de sus manos sobre él, el roce accidental de su pecho contra su espalda... era demasiado.
Cuando la clase terminó, Alex salió con el cuerpo ardiendo y la mente hecha un caos.
Llegó a su casa con la temperatura por las nubes y se encerró en su habitación. No era la primera vez que Alex se pajeaba pensando en Estefi. Pero esta vez, la necesidad era insoportable.
Se tumbó en la cama, con la imagen de Estefi clavada en su cabeza. Su vestido negro, su escote profundo, la forma en que sus tetas rebotaban mínimamente con cada paso. Sus labios rojos, su perfume, la manera en que su mano recorrió su pierna en el gimnasio...
Su mano descendió rápidamente por su abdomen hasta su polla, que ya estaba dura como una roca. No había tiempo para jugar, necesitaba soltar todo lo que tenía acumulado.
Cerró los ojos y dejó que su mente lo transportara. La imaginó de rodillas frente a él, con esos labios carnosos envolviendo su polla, mirándolo con esos ojos llenos de picardía. La imaginó chupándosela con ganas, babeándola, metiéndosela hasta el fondo mientras él le agarraba la cabeza y la empujaba más.
Su mano aceleró el ritmo. Ahora estaba encima de él, con el vestido subido hasta la cintura, moviéndose sobre su polla con sus tetas rebotando descontroladas. Alex imaginaba cómo se sentirían en sus manos, cómo se las apretaría con fuerza, viendo su expresión de placer mientras lo cabalgaba como una salvaje.
Su respiración se volvió más rápida, sus caderas se movieron solas, y entonces sintió cómo el orgasmo lo sacudía por completo.
Se corrió con una intensidad brutal, su cuerpo entero tembló mientras gemía en la oscuridad de su habitación.
Jadeando, con el pecho agitado, supo que aquello no era solo una fantasía. Era una obsesión.
A los pocos días Alex estaba en casa de Lara, como tantas veces. Ella y sus amigas estaban en el salón viendo algo en la televisión, y él, sin prestarles demasiada atención, se levantó para ir al baño.
No esperaba encontrar nada fuera de lo normal. Pero entonces, cuando cerró la puerta y giró la vista hacia la repisa junto al lavabo, lo vio.
Un tanga. Negro, pequeño, de encaje. Y no de Lara. Era de Estefi.
Alex sintió un latigazo directo a la entrepierna. Su mente se llenó de imágenes de ella llevándolo puesto, de cómo se le marcaría entre sus piernas perfectas, de cómo se le metería entre su culo firme.
Su polla reaccionó al instante. Sin pensarlo demasiado, tomó la prenda entre los dedos y la acercó a su cara. Olía a su perfume, pero también había un rastro más íntimo. Más real.
El deseo lo desbordó. Bajó su pantalón y sacó su polla, dura como una roca. Envolvió el tanga en su mano y empezó a deslizarse con él, dejando que la tela suave rozara cada centímetro.
Cerró los ojos y dejó que su mente volara. Imaginó a Estefi en ropa interior, mirándolo con una sonrisa traviesa. Se imaginó inclinándose delante de él, dejando ver el tanga metido entre sus nalgas, provocándolo.
El ritmo de su mano se volvió más intenso. Se mordió el labio para no gemir en voz alta, consciente de que Lara y sus amigas estaban en la habitación de al lado.
Cuando sintió que estaba a punto de explotar, envolvió la punta de su polla con el tanga y se dejó ir.
Su corrida fue intensa, espesa, empapando la tela negra con su semen caliente. Respiraba entrecortado, sintiendo el peso del placer recorriéndole el cuerpo.
Miró el tanga en su mano, ahora lleno de su leche. Y entonces sintió el primer golpe de realidad. ¿Qué hacía con eso ahora?
Pensó en lavarlo, pero en ese momento Lara preguntó desde el otro lado de la puerta si se encontraba bien. No había tiempo. Así que, con el pulso acelerado, lo dobló como pudo y lo dejó exactamente donde lo había encontrado.
Con el placer aún fresco de lo que había sucedido, Alex volvió a repetir pocos días después. La primera vez fue un impulso incontrolable. Pero la segunda... la segunda fue porque ya lo necesitaba.
En otra visita a casa de Lara, volvió a ir al baño. Y ahí estaba otro tanga de Estefi, esta vez rojo, igual de pequeño y tentador.
Ya no hubo resistencia. Se repitió la escena, con la misma intensidad, con el mismo desenlace. Otra prenda suya marcada con su deseo.
Desde ese momento, Alex empezó a notar algo en Estefi. En el gimnasio, cuando coincidían, ella le hacía comentarios que lo desconcertaban.
—Hay chicos que no pueden contenerse cuando ven algo que les gusta... —dijo una vez, con una sonrisa extraña, mientras él en un descanso estaba viendo en la televisión del gimnasio un resumen de una carrera de motos.
Otro día, después de una sesión de entrenamiento, le soltó:
—Algunos hombres dejan huella en ciertos lugares sin darse cuenta, ¿sabes? A veces, hasta se emocionan demasiado. —mientras estaba limpiando parte del sudor de una banca con su toalla.
Cada vez que decía algo así, le sonreía con picardía y se iba como si nada. Alex no sabía por qué lo decía, pero cada vez tenía más una sensación extraña.
Días después, Alex llegó a casa de Lara como cualquier otro día. Tocó el timbre y esperó, sin imaginarse la escena que le esperaba al otro lado de la puerta.
Cuando la puerta se abrió, ahí estaba Estefi. Pero no como siempre. Esta vez, llevaba un ligero vestido de andar por casa, de tirantes finos y tela suave, corto, que le quedaba ajustado al cuerpo.
Lo primero que le llamó la atención fue que no llevaba sujetador. Sus pezones se marcaban claramente a través de la tela fina, haciendo que su escote pareciera aún más provocador.
Alex tragó saliva, notando el calor subiéndole al cuerpo.
—¿Lara está? —preguntó, intentando sonar normal.
Estefi apoyó una mano en el marco de la puerta y sonrió, inclinando apenas la cabeza.
—No, la mandé a casa de su abuela a por unas cosas —dijo con calma —. Quería hablar contigo.
Alex sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo en la manera en que lo miraba, en su tono de voz, le hizo darse cuenta de que esto no era una charla normal.
—Adelante, cierra la puerta al pasar —dijo con su tono simpático habitual, dándose la vuelta sin prisa para volver al salón.
Alex obedeció, pero en cuanto ella le dio la espalda, su mirada se quedó atrapada en otra cosa. Su culo.
El vestido caía justo sobre sus nalgas, pero cada movimiento dejaba claro que debajo llevaba un tanga mínimo. Cada vez que daba un paso, la fina tela se pegaba a su piel, marcando la forma perfecta de su trasero.
Se mordió el labio sin poder evitarlo. Iba a ser imposible mantener la compostura en esa situación.
Cuando llegaron al salón, Estefi se sentó en el sofá y cruzó las piernas con total naturalidad. Alex se acomodó en un sillón frente a ella, todavía con la imagen de su culo en la cabeza.
Y entonces, sin previo aviso, ella sacó algo de un bolso y lo dejó caer sobre la mesa entre ellos.
Dos tangas. Uno negro. Uno rojo. Ambos con manchas secas, evidentes.
—Creo que esto es tuyo, ¿no? —dijo con una ceja levantada, mirándolo fijamente.
Alex sintió que el estómago se le encogía y su polla se endurecía al mismo tiempo.
Se quedó en silencio, sin saber qué responder. Pero Estefi no parecía molesta. De hecho, parecía... ¿divertida?
—Verás... últimamente he encontrado mi ropa interior en condiciones un poco... especiales —dijo, jugando con uno de los tangas entre sus dedos —. Al principio pensé que podía ser un accidente, pero luego... bueno, las evidencias eran bastante claras.
Le lanzó una mirada intensa, disfrutando de su reacción.
—Tengo que admitir que es halagador saber que inspiro cosas así —continuó, arrastrando las palabras con una ligera sonrisa en los labios—. Pero dime, ¿te ha gustado usarlos? Porque por cómo los encontré, parece que los disfrutaste mucho.
Alex sentía que el calor en su cuerpo aumentaba. No había rastro de enfado en ella, solo curiosidad... y algo más. Algo que lo hacía sentir aún más excitado.
Sabía que había cruzado una línea. Pero lo que no sabía era hasta dónde estaba dispuesta a llegar Estefi con esto.
El silencio se extendió en el salón. Alex no sabía qué decir. Frente a él, los dos tangas con sus manchas evidentes lo delataban por completo. Pero Estefi no parecía molesta.
Al contrario, sonreía con una expresión que lo ponía aún más nervioso.
Estefi se levantó y se acercó a Alex. Se inclinó hacia él con lentitud, recostando un brazo sobre el respaldo del sillón, acortando la distancia entre ambos. Su perfume lo envolvió, mezclado con el leve calor de su piel.
—Dime, Alex… —susurró junto a su oído—. ¿Qué es lo que piensas cuando me ves? ¿Qué es lo que imaginas cuando te quedas mirando mis tetas?
El tono de su voz era pura seducción. Alex tragó saliva, sintiendo que su polla palpitaba dentro del pantalón.
Antes de que pudiera responder, sintió una mano deslizándose sobre su muslo, avanzando con suavidad hasta quedar sobre su bulto.
—Vaya… pero qué buena polla dura tienes —murmuró con picardía, apretándolo ligeramente a través de la tela.
Alex tembló bajo su toque, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Nadie le había hecho sentir algo así antes.
Estefi cambió de posición, acomodándose mejor en el sillón, y en el movimiento, una de las tirantas de su vestido resbaló por su hombro, dejando más expuesto su pecho.
Alex quedó paralizado. Desde su ángulo, tenía una vista perfecta de su piel desnuda, de cómo su pezón, durísimo, asomaba parcialmente fuera del vestido, marcándose con cada respiración.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó con diversión, notando su mirada clavada en ella.
El calor lo consumía. Entre la caricia de la mano de Estefi sobre su polla y la imagen de sus tetas delante de él, no podía más.
Su respiración se volvió más pesada, su cuerpo se tensó y sin poder controlarlo, sintió cómo un estremecimiento recorría su espalda.
Su corrida llegó de golpe, inundando sus calzoncillos y empapando su pantalón. Un placer arrollador lo sacudió de pies a cabeza, dejándolo jadeando en el sillón mientras Estefi lo observaba con una sonrisa satisfecha.
—Parece que te gustó demasiado —comentó ella, apartando la mano con lentitud.
Alex se quedó sin palabras, aún tratando de recuperar el aliento. En ese momento, supo que ya no había vuelta atrás. Estefi tenía el control absoluto sobre él.
Estefi se acomodó el vestido con total tranquilidad, como si nada hubiera pasado. Se puso de pie con una calma absoluta, mientras Alex, aún intentando recuperar el aliento, la miraba sin poder creerlo.
Su vista se perdió inevitablemente en su culo al moverse. El vestido corto se levantaba con cada paso, revelando más de lo que cubría.
—Anda, quítate la ropa y date una ducha —dijo con una sonrisa traviesa—. Voy a poner una lavadora. Tu pantalón y slips ya están arruinados… y mis tangas también necesitan un buen lavado.
Alex tragó saliva, sintiendo que el calor en su cuerpo no disminuía en absoluto.
Después de unos minutos bajo el agua intentando calmarse, Alex salió del baño con una simple toalla rodeándole la cintura. Caminó por la casa, aún sintiendo el cuerpo sensible por lo que había ocurrido.
Fue entonces cuando la vio.
Estefi estaba inclinada en pompas, colocando la ropa en la secadora. Su vestido corto se había subido lo suficiente para dejar medio culo al descubierto, y el hilo de su tanga desaparecía entre sus nalgas firmes.
Lo peor —o lo mejor— era que desde esa posición, podía notar que su tanga apenas cubría su sexo caliente.
Su polla reaccionó de inmediato. No pudo evitarlo. El simple hecho de verla así, en esa postura, con tan poca ropa, hizo que se endureciera en segundos bajo la toalla.
Estefi se giró y lo vio allí, mirándola fijamente. Luego bajó la vista… y notó el evidente bulto bajo la toalla.
Sonrió. Una sonrisa lenta, maliciosa.
—Vaya, parece que no puedes controlarte cuando me tienes cerca —dijo con diversión.
Se mordió el labio, jugando con la tela de su vestido, como si dudara si bajarlo o subirlo más.
—Dime, ¿qué tal con Lara? —preguntó, fingiendo inocencia—. ¿Sois novios?
Alex negó con la cabeza, mintiendo, aunque la realidad era que estaba con ella para ver a su madre. Aún sin poder decir palabra.
Estefi chasqueó la lengua. —Interesante… —susurró, dejando que sus dedos bajaran un poco su vestido, solo para subirlo de nuevo lentamente.
—¿Sabes? —continuó—. Me encanta ver cómo reaccionas conmigo. No puedo evitar preguntarme cuánto más podrías aguantar…
Alex sintió que su mente se aceleraba con esas palabras.
¿Aguantar? ¿Aguantar qué?
El simple hecho de imaginar que eso significaba algo más, que Estefi podía estar insinuando algo más, lo volvió completamente loco. Su polla latía con fuerza, lista para explotar de nuevo.
Estefi parecía leerle la mente. Sonrió con picardía y se acercó aún más, reduciendo la distancia entre ambos.
—Me encantan esas miradas, Alex —susurró, con su voz seductora—. Me gusta sentirme deseada. Me gusta saber que me quieren.
Se mordió el labio con sensualidad antes de inclinarse un poco más hacia él.
—Y tú… me deseas mucho, ¿verdad? —preguntó, deslizando los dedos suavemente sobre su pecho desnudo—. Lo noto. Lo sentí en mis tangas… tanta leche caliente empapándolos. Y ahora, viéndote así… lo dura que la tienes otra vez.
Los ojos de Alex estaban fijos en ella, incapaz de responder. No hacía falta. Estefi ya sabía la respuesta.
—¿Quieres ver más? —preguntó con un tono juguetón.
Sin esperar respuesta, deslizó las manos por los laterales de su vestido y comenzó a subírselo lentamente, hasta dejarlo completamente recogido en su cintura.
La visión era una locura.
—¿Te gusta este tanga? —preguntó, dándose una vuelta completa con movimientos lentos y provocativos, permitiéndole ver cada ángulo de su cuerpo.
Su tanga mínimo dejaba a la vista la redondez perfecta de su culo y lo poco que cubría su sexo. La tela fina apenas ocultaba la humedad que empezaba a marcarse entre sus piernas.
Alex sintió que el mundo se detenía. No podía apartar la vista de ella, de su cuerpo expuesto, de la manera en que lo miraba, disfrutando de cómo lo volvía loco. Su cerebro estaba a punto de cortocircuitarse. La imagen de Estefi en tanga, con su vestido recogido en la cintura, era demasiado. Apenas podía articular palabra.
—S-sí… —murmuró, con la voz entrecortada.
Estefi sonrió con diversión y, sin apartar la mirada de él, deslizó las manos sobre su propio cuerpo hasta agarrarse las tetas con descaro.
—Pero te gustan más estas, ¿verdad? —preguntó con picardía, apretándolas suavemente entre sus manos.
Alex tragó saliva con dificultad y suspiró sin darse cuenta.
Ese pequeño gesto no pasó desapercibido para Estefi, quien, con una lentitud calculada, deslizó sus manos hacia los tirantes de su vestido.
—Mmm… entonces deberías verlas bien —murmuró, dejando que las finas tiras resbalaran por sus hombros.
El vestido cayó hasta su cintura, dejando sus enormes tetas completamente expuestas.
Alex sintió un golpe de calor recorrerle el cuerpo. Eran perfectas. Grandes, firmes, con pezones de un rosado oscuro y duros como piedras.
El impacto de la imagen fue demasiado para él. Su cuerpo reaccionó solo, dando un paso atrás sin darse cuenta… hasta que chocó con la puerta.
En ese movimiento torpe, la toalla que apenas se sostenía en su cintura cayó al suelo, dejándolo completamente desnudo frente a ella.
Un silencio intenso se instaló entre ambos. La mirada de Estefi bajó lentamente hasta su polla, completamente dura, gruesa, palpitante.
Una ceja se arqueó con interés mientras mordía su labio inferior.
—Vaya… ahora sí que puedo ver cuánto me deseas —dijo con una sonrisa cargada de deseo.
Alex apenas podía respirar. Estefi tenía los ojos fijos en su polla, y él estaba a punto de perder completamente el control.
Esto no era un juego. Esto estaba a punto de explotar. Y ahora tenía a Estefi acercándose de forma sensual.
Cada paso que daba ella hacia él, hacía que sus enormes tetas botaran con suavidad, dibujando un movimiento hipnótico. Alex no podía apartar la vista.
Su mente estaba completamente nublada por el deseo. Ya no pensaba, solo sentía.
—Vamos, tócalas… sé que lo estás deseando —murmuró ella, tomando sus manos y guiándolas hasta su pecho desnudo.
Alex tragó saliva mientras sus dedos se hundían en la carne suave y caliente. Eran incluso mejores de lo que había imaginado. Pesadas, firmes, con los pezones duros presionando contra sus palmas.
Apretó suavemente, explorando su forma, deslizando los pulgares sobre sus pezones mientras sentía cómo se endurecían aún más bajo su toque.
—Eso es… —suspiró Estefi con placer, sin dejar de mirarlo con deseo.
Mientras Alex jugaba con sus tetas, ella dejó caer una de sus manos sobre su pecho, deslizándola lentamente hacia abajo.
Cuando sus dedos alcanzaron su polla dura, Alex dejó escapar un jadeo.
—Mmm… qué grande y caliente está… —susurró Estefi con una sonrisa maliciosa.
Comenzó a acariciarlo con suavidad, deslizando sus dedos por la piel caliente y dura, provocándolo aún más. Alex sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
La sensación era demasiado. Creía que iba a correrse en cualquier momento.
Pero antes de que pudiera perder el control, Estefi le apretó la polla con firmeza y le susurró al oído:
—No tan rápido, cariño. ¿No quieres más?
Algo en su tono hizo que Alex despertara. Su deseo lo dominó completamente.
Sin pensarlo, se inclinó hacia adelante y metió su cara entre las enormes tetas de Estefi, hundiendo su boca en su piel caliente.
Las lamió, las chupó, atrapó sus pezones entre sus labios, succionándolos con desesperación.
—Eso es… mmm… —suspiró Estefi, disfrutando del placer que él le daba.
Después de unos segundos, Estefi se apartó suavemente y lo miró con una sonrisa seductora.
—Ven, vamos a un sitio más cómodo —dijo, tomando su polla con una mano y comenzando a guiarlo hacia su habitación.
Alex sintió un escalofrío al notar su agarre firme. No había vuelta atrás.
Mientras la seguía, agarrado de la polla por la mano de Estefi, solo podía pensar en una cosa: finalmente, iba a tener todo lo que había deseado.
Estefi guió a Alex hasta su habitación, donde una amplia cama los esperaba.
Sin soltar su polla, lo hizo sentarse en el borde del colchón, mientras ella se quedaba de pie frente a él, mirándolo con una sonrisa llena de deseo.
—Aquí estamos… ahora sí que vamos a jugar de verdad —susurró con un tono travieso.
Estefi se arrodilló entre sus piernas y tomó su polla con ambas manos. Era gruesa, caliente, y palpitaba con fuerza contra su piel.
—Mmm… qué duro estás, cariño —murmuró, deslizando sus dedos lentamente por toda su longitud.
Sin prisa, empezó a mover su mano arriba y abajo, provocando suspiros entrecortados en Alex.
Entonces, llevó su polla hasta sus enormes tetas y comenzó a rozarla suavemente contra su piel caliente.
Los pezones de Estefi estaban completamente duros, y cada vez que la punta de su rabo los tocaba, Alex sentía un escalofrío recorrerle la espalda.
—Mmm… me encanta sentirla tan dura —susurró, mientras la punta de su polla empezaba a humedecerse con líquido preseminal.
Estefi sonrió y dejó caer un hilo de saliva sobre su rabo, haciéndolo brillar.
Después, sin soltarlo, presionó sus enormes tetas alrededor de él y empezó a moverlas, envolviéndolo con su carne suave.
Alex dejó escapar un gemido profundo.
—Mmm… te gusta, ¿verdad? —provocó Estefi, mientras aumentaba el ritmo, deslizando su polla entre sus pechos con movimientos lentos y calculados.
La fricción era increíble, el calor de su piel lo volvía loco. Alex jadeaba, sintiendo que no podía aguantar más.
—¿No puedes más? —susurró Estefi con una sonrisa traviesa—. Venga, suéltalo todo, amor. Mmm…
Esas palabras fueron la gota que colmó el vaso. Alex bufó con fuerza y su espalda se tensó cuando un orgasmo arrollador lo sacudió.
Con un gruñido, lanzó una gran corrida, empapando las tetas de Estefi con su semen caliente. Algunos chorros incluso alcanzaron su cara, deslizándose lentamente por su piel.
Estefi sonrió con satisfacción, pasando un dedo por su pecho y llevándolo juguetonamente a su boca.
—Mmm… me encanta cómo te corres por mí, cariño —murmuró, relamiéndose con picardía.
Alex, aún temblando por el placer, solo podía mirarla, completamente rendido ante ella.
Estefi se puso de pie con tranquilidad, como si todo lo que acababa de ocurrir fuera lo más natural del mundo. Caminó hasta un cajón, sacó unas toallitas húmedas y comenzó a limpiarse las tetas y la cara mientras Alex intentaba recuperar el aliento.
Sus ojos bajaron hasta él y vio que su polla seguía completamente dura, palpitando con fuerza. Se mordió el labio, divertida.
—Vaya… parece que aún quieres más —murmuró con picardía.
Tomó otra toallita y, sin previo aviso, comenzó a limpiar la polla de Alex con suavidad.
—Hay que dejarlo bien limpio para lo que viene ahora… —susurró, disfrutando de cómo él temblaba bajo su toque.
Después de desechar las toallitas, Estefi llevó sus manos a los lados de sus caderas y empezó a deslizarse el tanga lentamente.
Alex la miró embobado mientras la prenda se deslizaba por sus piernas hasta caer al suelo, dejando su coño completamente a la vista.
Ella lo recogió y, sin previo aviso, lo colocó sobre la cabeza de Alex.
—Huélelo… quiero que sientas lo caliente que estoy —susurró con una mirada intensa.
Después, se tumbó en la cama, abrió las piernas y, con total descaro, llevó sus dedos a su sexo, separando sus labios con suavidad para mostrárselo en todo su esplendor.
—Cómeme, cariño —le ordenó con voz ronca.
Alex no dudó ni un segundo. Sin quitarse el tanga de la cara, se inclinó entre sus piernas y comenzó a lamerla con ganas.
Al principio, sus movimientos eran torpes, inexpertos, pero su entusiasmo lo compensaba.
El sabor de Estefi lo enloqueció aún más. Su lengua se movió con más precisión, explorando cada pliegue, cada rincón húmedo de su sexo.
Cuando encontró su clítoris, empezó a succionarlo con suavidad, aumentando poco a poco la intensidad.
Estefi dejó escapar un gemido ronco y llevó sus manos a la cabeza de Alex, presionándolo contra ella mientras sus caderas se movían involuntariamente.
—Sí… así… sigue… —jadeó, su voz entrecortada por el placer creciente.
Cada vez que Alex succionaba, ella temblaba más, hasta que, finalmente, un estremecimiento la recorrió por completo.
Con un gemido largo y profundo, su orgasmo explotó, su cuerpo se arqueó y sus piernas temblaron alrededor de la cabeza de Alex.
Alex siguió lamiendo suavemente mientras Estefi recuperaba el aliento, aún con sus manos sobre su cabeza.
Cuando su respiración volvió a la normalidad, le sonrió con satisfacción.
—Mmm… parece que aprendes muy rápido, cariño… —murmuró, acariciándole el cabello.
Estefi suspiró con satisfacción y se giró hacia la mesilla de noche. Abrió el cajón y sacó un pequeño envoltorio plateado.
—Bueno, ha llegado el momento —dijo con una sonrisa pícara mientras lo levantaba entre sus dedos.
Miró a Alex con una ceja arqueada y preguntó:
—¿Voy a ser tu primera vez?
Alex tragó saliva y asintió con la cabeza, su respiración agitada.
Estefi sonrió con satisfacción. —Me encanta. —Rasgó el envoltorio con los dientes y sacó el condón.
Con una mano, tomó su polla dura y caliente, y con la otra colocó el condón sobre la punta.
—Vamos a ponértelo bien… —susurró antes de inclinarse y envolver la punta con sus labios, deslizándolo poco a poco hasta ajustarlo por completo.
Alex soltó un suspiro profundo, su cuerpo tembló por la sensación de sus labios rodeándolo.
Cuando terminó, lo empujó suavemente hacia la cama.
—Ahora relájate, cariño. Déjame llevar el control.
Se subió sobre él, apoyando las manos en su pecho, y con movimientos lentos y sensuales frotó su sexo húmedo contra su polla envuelta en látex.
Alex jadeó cuando de repente sintió la calidez de su entrada deslizándose sobre él.
Poco a poco, Estefi fue bajando, dejando que su polla se hundiera en su interior centímetro a centímetro.
Cuando finalmente lo tuvo completamente dentro, se mordió el labio y dejó escapar un gemido de placer.
—Mmm… así, qué rico… —murmuró, moviendo lentamente sus caderas.
Alex sintió un placer indescriptible recorrerlo entero. Era caliente, húmeda, apretada.
Colocó las manos sobre sus caderas, sintiendo cómo ella marcaba el ritmo.
Poco a poco, Estefi aumentó la velocidad, jadeando suavemente mientras movía su cuerpo sobre él.
El placer era demasiado para Alex. Instintivamente, llevó sus manos a sus enormes tetas y las agarró con fuerza.
Las sintió rebotar contra sus palmas mientras ella lo cabalgaba más rápido.
—Oooh sí… así, cogemelas fuerte, cariño —gemía Estefi con los ojos entrecerrados.
El deseo lo consumió aún más. Se incorporó ligeramente y atrapó uno de sus pezones entre sus labios, succionándolo con ganas.
—¡Aaah, sí! —gimió Estefi, echando la cabeza hacia atrás.
Sus movimientos se volvieron más intensos. Su coño se deslizaba sobre él con rapidez, haciéndolo enloquecer.
Alex la agarró del culo y la ayudó a moverse aún más rápido, marcando el ritmo con sus manos.
—Mmm… así, sigue dándome fuerte, qué buena polla tienes… —gemía Estefi sin parar.
El placer se acumulaba en el interior de Alex, creciendo con cada embestida.
—¡Estefi, me… voy a…! —balbuceó, sintiendo cómo el orgasmo lo tomaba por sorpresa.
—Aguanta un poco más, cariño… yo también estoy cerca… —jadeó Estefi, moviendo sus caderas con más intensidad.
Pero Alex no pudo. Su cuerpo se tensó de golpe y, con un gemido ahogado, se corrió dentro del condón, abrazando a Estefi con fuerza mientras su orgasmo lo arrasaba por completo.
Después del clímax, Alex cayó de espaldas sobre la cama, su pecho subiendo y bajando con la respiración agitada.
Estefi suspiró y sonrió levemente, aunque en sus ojos había un toque de decepción. No había logrado correrse, pero no dijo nada.
—Descansa, cariño… —susurró, acariciándole el cabello, mientras él seguía intentando recuperarse.
Estefi continuó moviendo lentamente sus caderas sobre Alex, disfrutando de la sensación hasta que notó que su polla comenzaba a perder dureza.
Se incorporó despacio y dejó que la polla resbalara fuera de su coño, sintiendo un escalofrío recorrer su piel.
Con suavidad, retiró el condón y lo miró, sorprendida por la cantidad de semen que contenía.
—Mmm… sí que eres lechero —susurró con picardía, con una sonrisa divertida.
Tomó unas toallitas y comenzó a limpiar al chico con movimientos lentos y sensuales, notando cómo su polla volvía a endurecerse poco a poco.
Sin prestarle demasiada atención, Estefi se giró y comenzó a buscar su tanga. Que Alex había lanzado por ahí cuando comenzaron a follar.
Él no podía apartar la vista de su culo redondo y firme, ni de su coño húmedo y rosado del sexo.
Esa visión lo dejó completamente empalmado otra vez.
—No te has corrido, ¿no? —preguntó Alex mientras se movía la polla lentamente, mirándola con intensidad.
Estefi giró la cabeza y lo vio completamente empalmado de nuevo. Se mordió el labio.
—No… pero no quedan condones.
Sin pensarlo, Alex se incorporó y la abrazó fuerte por detrás, pegando su polla dura a su culo.
—Quiero follar más. Quiero que te corras tú también… quiero follarte yo ahora —susurró con un tono decidido.
Estefi sintió un escalofrío de deseo recorrerle la espalda.
—Mmm… no sé… —susurró ella, dudando.
Alex comenzó a besar su cuello y a masajear sus tetas con ambas manos, amasándolas mientras su polla seguía frotándose contra su culo.
—De acuerdo —jadeó finalmente—, pero tienes que avisarme para correrte fuera, amor.
Estefi se giró y, sin previo aviso, atrapó los labios de Alex en un beso salvaje, sucio y caliente.
Las lenguas se enredaron con desesperación mientras sus cuerpos se pegaban aún más.
Alex sintió sus tetas aplastándose contra su pecho y el calor húmedo de su coño contra su polla.
Ella se tumbó en la cama y abrió las piernas con descaro, completamente lista para él.
Alex se posicionó encima, sujetando su polla con una mano mientras la guiaba hasta su entrada.
Estefi la agarró y la colocó en la entrada de su coño, mirándolo a los ojos con deseo.
Con un movimiento de cadera, Alex la clavó hasta el fondo.
Un gemido profundo escapó de la boca de Estefi.
Las sensaciones fueron indescriptibles. Nada que ver con hacerlo con condón.
Era caliente, húmeda, apretada… el puro contacto piel con piel lo hizo estremecer de placer.
—Joder… qué gustazo… —murmuró Alex, comenzando a moverse lentamente.
Cada embestida era mejor que la anterior para Estefi. Alex la sacaba casi entera y la metía hasta el fondo, haciéndola suspirar y gemir.
Estefi se mordió el labio mientras lo miraba con los ojos llenos de deseo.
—Más fuerte, amor… fóllame fuerte… —le pidió con voz entrecortada.
Alex obedeció, aumentando la intensidad. Su cuerpo chocaba contra el de ella con cada embestida, llenando la habitación de sonidos húmedos y jadeos descontrolados.
No podía parar de gemir, completamente entregada al placer.
Sus manos recorrieron su espalda, arañándolo levemente, mientras lo apretaba aún más contra ella.
—Sí… así… métemela toda… fóllame como un hombre… —jadeó, perdida en la sensación.
Alex no podía creer lo que estaba viviendo. La tenía debajo, completamente suya, pidiendo más. Seguía clavándole la polla con fuerza, sintiendo cómo Estefi se retorcía de placer debajo de él.
—Oooh sí, sigue follándome duro… —gemía Estefi, arqueando la espalda.
—Mmm, métemela bien hasta el fondo… —jadeó, con la voz entrecortada por el placer.
—Revientame el coño, joder… —gritó con desesperación.
Alex, completamente dominado por el momento, dejó escapar sin pensar:
—Joder, qué puta…
Estefi gimió aún más fuerte, con una mirada lujuriosa.
—Siiiii, muy puta, tu puta amor, fóllate a esta puta… —jadeó, completamente desatada.
Cada embestida los llevaba al límite. Estefi estaba a punto de correrse, y Alex sintió que el placer lo consumía.
—Mmm, espera… creo que me voy a correr… —balbuceó Alex, sintiendo la presión en sus huevos.
—No, amor… aguanta un poco más… —jadeó Estefi, sintiendo que también estaba cerca.
—No pares… sigue dándomelo… haz que me corra… —gimió con desesperación.
Pero Alex no podía más.
—No… no voy a poder… —balbuceó, sintiendo que su orgasmo estaba a segundos de estallar.
En ese momento, cuando sintió que Alex iba a salirse, Estefi cruzó sus piernas alrededor de su espalda, apretándolo contra ella.
—No pares… mmmm… joder, no pares ahora… dame tu leche, córrete cabrón… Mmm… ¡préñame! —gritó con desesperación.
Esas palabras fueron la gota que colmó el vaso. Alex explotó con un gruñido animal, sus caderas temblando mientras vaciaba sus huevos dentro del coño caliente de Estefi.
Al mismo tiempo, Estefi llegó a su propio y tan deseado orgasmo, su cuerpo estremeciéndose bajo él, sus manos clavándose en su espalda mientras gemía sin control.
Después de unos segundos de éxtasis absoluto, Alex cayó exhausto sobre el cuerpo de Estefi, intentando recuperar el aliento.
Estefi sonrió con satisfacción, acariciando su nuca.
—Madre mía… cómo me has rellenado… —susurró morbosamente, sintiendo la calidez de su corrida dentro de ella.
Alex se echó a un lado mientras Estefi se incorporaba, caminando desnuda hasta la mesilla para coger unas toallitas y limpiarse la corrida.
El chico la observó fascinado. Su piel blanca estaba marcada con rojeces por el roce y los apretones. Sus tetas tenían huellas de sus manos, sus piernas estaban aún temblorosas, su pintalabios desdibujado…
Pero lo que más lo calentó fue ver su coño hinchado, con rastros de su semen goteando.
Sin pensarlo demasiado, Alex se atrevió a preguntar:
—¿Me podrías hacer una mamada?
Estefi se giró, sonriendo con ese toque caliente que la hacía irresistible.
—¿Aún puedes más? —preguntó con diversión mientras montándose sobre la cama gateaba hacia él.
Alex tragó saliva al ver cómo sus tetas rebotaban de forma exageradamente cerda con cada movimiento.
Estefi se acercó gateando sobre la cama, con la mirada encendida y una sonrisa juguetona en los labios.
Sin apartar los ojos de Alex, inclinó la cabeza y sacó la lengua, recorriendo desde la base de su polla hasta la punta con una lamida larga y húmeda.
Alex suspiró profundo.
—Mmm… —Estefi pasó la lengua por la punta, jugando con su glande antes de metérselo en la boca.
Lo chupó despacio, sacándolo y metiéndolo, sin dejar de mirarlo, mientras su mano recorría el tronco con suaves movimientos.
—Entonces… —susurró, sacándose la polla de la boca un instante—, ¿te parezco puta?
Se la volvió a meter, succionando con más intensidad, y luego volvió a sacarla con un hilo de saliva conectándolos.
—¿Te gustaría que fuese tu puta? —preguntó con voz sensual y divertida.
Alex soltó un suspiro profundo, su mano fue a su cabeza de forma instintiva, entrelazando sus dedos en su pelo mientras ella seguía chupándole la polla.
—Sí...—confirmó el chico hablando como pudo.
Estefi intensificó el ritmo, metiéndosela más hondo en cada embestida de su boca.
Cuando hizo una garganta profunda inesperada, Alex no pudo evitar apretar su cabeza con ambas manos.
—Uuuuff, joder… —gimió, sintiendo la calidez y la presión en su polla.
El placer era demasiado. Estefi no solo sabía lo que hacía, sino que disfrutaba provocarlo.
Alex la miró completamente excitado, con el cuerpo en llamas.
—¿Cómo tienes el coño ahora? —preguntó con voz ronca—. Que te voy a follar otra vez.
Estefi sacó la polla de su boca lentamente, lamiendo sus labios y mirándolo con los ojos brillantes de deseo.
Con un movimiento sensual, se giró y se puso a cuatro sobre la cama, arqueando la espalda y dejando su culo en alto.
—Este coñito está esperando que me la claves hasta el fondo otra vez, mmm… —dijo con tono provocador.
Alex no esperó más. Se posicionó detrás de Estefi, con su polla dura y palpitante apuntando directamente a su coño húmedo.
Con una mano en su cintura, la otra en su culo, la penetró de un solo golpe, haciéndola gemir fuerte.
—Mmmm sí, fóllame como un cabrón, dame toda esa polla… —jadeó Estefi, arqueando la espalda y empujando su culo contra él.
Alex comenzó a moverse con intensidad, golpeando su coño con embestidas profundas y rítmicas.
El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, acompañado por los jadeos y gemidos descontrolados de ambos.
—Joder, qué coño más rico tienes… —gruñó Alex, apretando su culo con fuerza.
No tardó en agarrarla del pelo y tirar suavemente hacia atrás, haciéndola gemir aún más.
—Mmm sí, domíname, métemela sin compasión… —gimió ella.
Alex la agarró de la cintura y la giró bruscamente sobre la cama, colocándola boca arriba.
Le levantó las piernas y las apoyó en sus hombros, abriendo su coño al máximo.
—Así te voy a destrozar, putita… —susurró antes de enterrarle la polla de nuevo hasta el fondo.
Estefi gritó de placer, sintiendo cómo la llenaba por completo.
Alex empezó a follarla con un ritmo brutal, sin darle tregua.
Estefi se aferró a la cama, sus uñas clavándose en las sábanas mientras gemía sin control.
—Mmmm sí, así, fóllame más fuerte, no pares, cabron… —jadeaba sin filtro.
Las embestidas se volvieron más profundas y erráticas, hasta que Alex sintió cómo el orgasmo lo alcanzaba.
—Me voy a correr… —gruñó, apretando los dientes.
—Sí, dame toda tu leche… —susurró Estefi con voz caliente.
Con un gemido profundo, Alex explotó dentro de ella, llenando su coño con su corrida caliente.
Ambos quedaron jadeando, pero Alex no tardó en endurecerse de nuevo al ver la imagen de Estefi con su coño goteando su semen.
—Aún no hemos terminado… —murmuró, lamiéndose los labios.
Ella sonrió con picardía, subiéndose encima de él y agarrando su polla.
—Mmm, vamos a ver qué tan resistente eres… —susurró mientras se la metía de nuevo, deslizándola lentamente dentro de su coño caliente.
Comenzó a moverse en círculos, frotándose contra él, antes de empezar a cabalgarlo con fuerza.
Sus tetas enormes rebotaban con cada movimiento, volviendo loco a Alex.
—Joder… como cabalgas… —murmuró él, atrapando sus pezones con la boca.
El ritmo aumentó, la fricción entre ellos se volvió insoportable.
—Sí, sí, sí, me voy a correr… —gimió Estefi, sintiendo cómo el placer la recorría.
Su cuerpo tembló por completo mientras un orgasmo intenso la atravesaba, dejándola sin aliento sobre Alex.
Ambos quedaron jadeando. El sudor resbalaba por sus cuerpos, pero el deseo estaba lejos de apagarse.
—No has tenido suficiente, ¿verdad? —preguntó Estefi, con la respiración agitada y una mirada cargada de lujuria.
Alex, con la polla aún dura y palpitando, respondió sin palabras. La agarró de la cintura y la giró sobre la cama, haciéndola quedar con el culo en pompa otra vez.
—Mmm, sí, dame más, fóllame como un puto animal —susurró Estefi, arqueando la espalda para ofrecerle su coño empapado.
Alex no dudó ni un segundo y le clavó la polla con fuerza, haciéndola gemir fuerte.
El sonido de sus cuerpos chocando resonaba por toda la habitación, cada embestida más intensa que la anterior.
—Oooh sí, fóllame, fóllame como una perra en celo —gimió Estefi, moviendo sus caderas para acompañar el ritmo de Alex.
Él la agarró del pelo, inclinándola hacia atrás mientras le metía la polla hasta el fondo.
—Te encanta que te lo haga así, ¿verdad? —jadeó él.
—Sí, me encanta, joder, fóllame más fuerte… —gritó ella, perdiéndose en el placer.
De repente, Alex la agarró de las caderas, le dio la vuelta y la levantó de la cama, sosteniéndola contra su cuerpo. Para algo, además de para ver a Estefi, tenía que servir el gimnasio.
Estefi enredó sus piernas alrededor de su cintura, mientras él la penetraba sin pausa.
Cada vez que ella bajaba, su polla se hundía más en su coño caliente y resbaladizo.
—Dios… qué gusto… sigue, no pares… —murmuró Estefi con la voz entrecortada.
Alex sentía cómo los músculos de Estefi se apretaban alrededor de su polla, aumentando su placer.
La dejó caer de espaldas en la cama, pero ella no perdió el control. Se colocó encima de él, dándole la espalda, y se hundió de nuevo el rabo del chico en su pervertido coño.
—Mmm, así, así, metetelo entero… —gruñó Alex, disfrutando la vista de su culo rebotando con cada movimiento.
Estefi se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en las piernas de Alex, mientras meneaba sus caderas con un ritmo infernal. La elasticidad que le daba el pilates hacía que pudiera darle vistas espectaculares como esas, donde el chico podía ver a la vez su caliente ano y su coño, devorando su polla.
—Ooooh sí, me encanta tu polla, me encanta sentirla tan dura dentro de mí… —gemía mientras se movía.
Alex la agarró por la cintura y empezó a embestirla desde abajo, chocando fuerte contra su coño.
—Sí, sí, sí, joder, me voy a correr otra vez… —gimió Estefi, perdiendo completamente el control.
Su cuerpo entero se tensó antes de que el orgasmo la atravesara de nuevo, haciéndola gemir descontroladamente mientras se sacudía sobre él.
Alex no aguantó más y, con un gruñido gutural, se corrió con fuerza dentro de ella, llenándola por completo, una vez más.
Se derrumbaron juntos en la cama, jadeando, sin poder moverse. Sus cuerpos estaban empapados de sudor, sus piernas temblaban, pero sus sonrisas lo decían todo.
—Madre mía… —susurró Estefi, con una sonrisa satisfecha—. No sé si voy a poder moverme mañana.
Alex soltó una risa corta, aún sin aliento.
La noche aún no había terminado, pero el desenlace de su encuentro estaba cerca.
Un poco más tarde, el agua caliente resbalaba por sus cuerpos mientras Alex y Estefi se miraban en la ducha. Los rastros del desenfreno aún estaban en sus pieles, pero ahora el ambiente era más relajado.
Estefi sonrió con picardía y le pasó una mano por el pecho.
—Sabes… sospechaba de ti desde que empezaste a venir a casa —dijo con voz seductora.
Alex arqueó una ceja.
—¿Ah sí? —preguntó curioso.
—Sí… notaba cómo me mirabas, cómo intentabas disimular pero no podías evitar devorarme con los ojos. Y tengo que admitirlo… me ponía muchísimo —confesó, acercándose a su oído.
—¿En serio? —Alex la miró con una sonrisa, casi sin poder creérselo.
—Mmm sí… saber que un chico más joven me deseaba tanto… Y cuando encontré mis tangas sucios, bueno, ahí ya no tuve dudas —dijo con una carcajada traviesa.
Alex sintió un escalofrío de vergüenza, pero también de excitación.
—¿Y eso te puso cachonda? —preguntó.
—Muchísimo. Y que además haya sido tu primera vez… eso ha sido un plus —susurró, mordiendo su labio inferior.
El cuerpo de Estefi, su voz sensual, la calidez del agua… todo lo tenía encendido de nuevo.
Sin poder evitarlo, su polla comenzó a endurecerse otra vez, rozando el cuerpo de Estefi.
Ella bajó la mirada y suspiró con una mezcla de diversión y deseo.
—Mmm… qué resistencia tienes, cariño —murmuró mientras lo tomaba por la nuca y lo besaba cariñosamente.
Luego se separó con una sonrisa juguetona.
—Pero mi chochito ya está irritado… y además, Lara puede llegar en cualquier momento.
—Ve a vestirte, que tu ropa ya debe estar seca. Yo terminaré de ducharme.
Alex asintió y salió de la ducha, secándose. Mientras caminaba hacia la habitación, sintió la mirada de Estefi sobre él.
Ella no pudo evitar morderse el labio al ver su polla dura otra vez.
—Mmm… qué peligro tienes… —susurró para sí misma con una sonrisa traviesa.
Ya vestido, Alex se sentó en el sofá, tratando de calmar su respiración. Justo en ese momento, la puerta se abrió y apareció Lara.
—¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendida.
Antes de que Alex pudiera responder, Estefi entró a la sala, aún secándose el cabello con una toalla.
—Llegó hace poco, lo invité a pasar y esperar un rato a ver si llegabas, mientras me duchaba —dijo con naturalidad.
Lara asintió, sin notar nada extraño.
—Suelto lo que traigo de casa de la abuela y voy al baño un momento —dijo antes de desaparecer por el pasillo.
Aprovechando la oportunidad, Estefi se acercó a Alex, inclinándose ligeramente sobre él.
—La próxima vez que vengas… tal vez tenga que mandar a Lara de nuevo a casa de la abuela —susurró con un tono cargado de picardía.
Alex sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras la veía alejarse con una sonrisa juguetona en los labios.
Definitivamente, esa no sería la última vez.
Las chicas lo miraban con interés. No era el más guapo ni el más atlético, pero tenía esa actitud de 'chulito' que las atraía. No se esforzaba por impresionarlas, simplemente le salía natural. A veces, su indiferencia era más efectiva que cualquier frase ensayada.
Lara y sus amigas lo tenían fichado. Les llamaba la atención porque parecía diferente a los chicos de su edad: más seguro, más tranquilo, como si nada le afectara demasiado.
No tenía un interés real en ellas, pero tampoco rechazaba la atención. Lara, en particular, era la chica que más hacía por hablarle. No la veía con nada de interés, pero tampoco iba a desperdiciar una oportunidad.
Un día el profesor anunció un trabajo en grupo, le tocó con Lara y dos de sus amigas. En el fondo, se alegró. Sabía que ellas harían todo el trabajo mientras él simplemente se sentaba, pasaba el rato y no movía un dedo.
Cuando llegaron a casa de Lara, la puerta se abrió y entonces la vio por primera vez.
Estefanía.
La madre de Lara no era una madre cualquiera. Era una bomba. Unos 35 años, pues había tenido a Lara siendo muy joven. Bajita, pero con un cuerpo de escándalo. Unas tetas grandes, redondas y bien puestas y una cintura finita que hacía resaltar aún más su culo perfectamente redondeado. Era de esas mujeres que sabías que llamaban la atención sin necesidad de hacer nada.
Pero no solo era su físico. Era su actitud. Simpática, habladora, con una personalidad arrolladora. Desde el primer momento, su forma de sonreír y moverse lo dejaron embobado.
Ese día iba vestida con un top blanco ajustado que marcaba su pecho sin disimulos y unos leggings oscuros que le quedaban pintados al cuerpo, dejando claro que sus piernas y su culo estaban tan bien formados como parecían. Su cabello largo y castaño tenía ondas suaves que caían sobre sus hombros, dándole un aire casual pero atractivo.
Sus labios pintados de un tono rojo suave y su sonrisa amplia la hacían aún más irresistible. Sus ojos grandes y expresivos transmitían una mezcla de calidez y picardía, como si siempre estuviera de buen humor, pero también supiera jugar con la coquetería natural de su presencia.
—¡Holaaa! —saludó con energía—. Pasad, poneos cómodos. ¿Queréis algo de beber?
Él apenas pudo contestar. No porque fuera tímido, sino porque su cerebro estaba procesando lo que tenía enfrente.
Esa tarde, intentó concentrarse en el trabajo, pero su mente solo podía pensar en una cosa: Estefi. Su cuerpo. Su voz. Su sonrisa.
Desde aquella primera visita, Alex no podía sacarse a Estefi de la cabeza. No era solo por su cuerpo, aunque eso ya era suficiente motivo. Era su actitud, su voz, su forma de sonreír y moverse sin esfuerzo, como si ser tan jodidamente sexy le saliera natural.
Cada vez que iba a casa de Lara, la buscaba con la mirada. Si la veía, intentaba quedarse un poco más, alargando la conversación con cualquier excusa. Pero a veces no estaba, y aquello lo frustraba más de lo que quería admitir.
Fue entonces cuando tomó una decisión: si quería ver más a Estefi, tenía que relacionarse más con Lara. No necesitaba enamorarla ni hacerle creer que tenían algo serio, solo estar cerca lo suficiente como para poder frecuentar su casa sin que pareciera sospechoso.
No le costó mucho. Lara ya le tenía echado el ojo desde hace tiempo. Era de las que se hacía la indiferente, pero cuando estaban en el mismo grupo de amigos, siempre buscaba sentarse cerca o lanzarle alguna broma.
Así que Alex simplemente dejó que las cosas fluyeran. Respondió a sus mensajes con más interés, aceptó salir con ella y su grupo en más ocasiones, y cuando se daba la oportunidad, la dejaba creer que entre ellos podía pasar algo más. Algún beso robado, una mano en la pierna mientras hablaban, pequeños gestos que hacían que Lara se enganchara más.
Para él, no significaba nada. Para ella, parecía suficiente. Y lo mejor de todo es que, gracias a esto, cada vez tenía más excusas para estar en su casa.
Un día, después de haber pasado la tarde juntos, fue a su casa con la intención de ver a Estefi antes de que Lara se fuera a duchar. Pero cuando llegaron, algo llamó su atención.
—¿Y tu madre? —preguntó casualmente cuando vio que no estaba.
Lara ni se inmutó.
—Trabajando.
Alex arqueó una ceja.
—Pensaba que trabajaría de mañana. ¿En qué trabaja?
—No, es monitora de gimnasio. Da clases y entrena allí casi todos los días. A veces de mañana y otras de tarde.
Y ahí lo tuvo.
El gimnasio. Su oportunidad para verla sin que pareciera sospechoso. No podía simplemente aparecer allí de la nada, así que esperó unos días y luego le dejó caer el comentario a Lara.
—Estoy pensando en apuntarme a un gimnasio, a ver si me pongo en forma. ¿Cuál recomiendas?
—Pues donde va mi madre está bien, tiene de todo.
—¿Sí? Igual me paso a preguntar.
No tenía el más mínimo interés en entrenar, pero si eso le daba la oportunidad de ver a Estefi en ropa deportiva, en posturas sugerentes y sudando... valía la pena el esfuerzo.
El plan estaba en marcha. Alex sabía que, si quería algo con Estefi, necesitaba más oportunidades para estar cerca. Y el gimnasio era el lugar perfecto.
—Hablé con mi madre —le dijo Lara un día mientras estaban en la puerta del instituto—. Dice que si quieres, pases por el gimnasio y te lo enseña. Hoy desde las cuatro estará allí, así que puedes ir a esa hora y preguntar por ella.
La chica no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de Alex. Para ella, simplemente estaba ayudando a su novio a encontrar un buen gimnasio.
A Alex casi le da un vuelco el corazón, pero lo disimuló. No podía parecer demasiado entusiasmado.
—Genial, a las cuatro entonces.
No era la primera vez que fue a casa de Lara y se cruzó con Estefi, esto era distinto. Ahora tendría la oportunidad de estar a solas con ella, sin que Lara ni sus amigas estuvieran de por medio.
Cuando llegó la hora, Alex se aseguró de verse bien. Se puso un chándal de marca cara, lo suficientemente holgado para no parecer que intentaba lucirse. No iba a entrenar, pero quería dar la impresión de que sí.
El gimnasio era más grande de lo que esperaba. Al entrar, el sonido de pesas, música de fondo y gente entrenando lo recibió de inmediato.
No tuvo que esperar mucho. En cuanto dijo el nombre de Estefi en recepción, una voz familiar lo sorprendió por detrás.
—¡Mira quién ha venido! —exclamó Estefi con su tono alegre—. ¿Listo para ponerte en forma?
Alex se giró y casi se le seca la boca.
Estefi estaba vestida con un conjunto deportivo ajustado: unas mallas negras de tiro alto que realzaban su figura y un top deportivo azul ceñido que apenas dejaba espacio para la imaginación. Sus tetas parecían incluso más grandes con el sujetador deportivo apretado, y su cintura estrecha hacía que su culo redondo pareciera aún más pronunciado.
Su pelo recogido en una coleta alta dejaba ver su cuello y resaltaba su rostro perfecto. Sonreía con naturalidad, con esa energía arrolladora que parecía parte de ella.
—Pues vamos, te haré un pequeño tour —dijo, guiándolo por las instalaciones—. Aquí tienes la zona de musculación, la de cardio, y por allí las salas de clases dirigidas. A las chicas les encanta venir a pilates, tonifica un montón...
Alex asentía, pero apenas escuchaba. Su vista estaba demasiado ocupada siguiendo el movimiento de sus caderas mientras caminaba delante de él.
—¿Y qué buscas en un gimnasio? —preguntó ella con su tono animado—. ¿Definir un poco? ¿Ganar masa? ¿O solo venir a mirar chicas guapas?
La última frase lo pilló desprevenido.
—Eh… no sé, supongo que mejorar un poco en general —respondió, intentando mantener la compostura.
—Pues para eso hay que trabajarlo, ¿eh? —dijo Estefi, apoyando las manos en sus caderas—. Aunque tú tienes buen cuerpo, seguro que con un poco de esfuerzo ganas más forma. A las chicas de tu edad les gusta que los chicos tengan espalda ancha y brazos fuertes, ¿no? Lara me dice que algunas de sus amigas se fijan en eso.
Alex no sabía si lo estaba haciendo a propósito, pero que Estefi hablara sobre lo que a su hija y sus amigas les gustaba en los chicos solo hacía que su mente se fuera a lugares indebidos.
—Supongo —respondió, sin saber qué más decir.
—A mí me gustan más los cuerpos trabajados pero no exagerados —continuó Estefi como si nada—. Un hombre que se cuida, pero sin parecer una montaña de músculos. Algo equilibrado, como tú.
El chico sintió que el aire se le hacía más pesado. Estefi hablaba con total naturalidad, sin notar el efecto que sus palabras tenían en él. O quizás sí... pero si lo hacía, lo disimulaba muy bien.
Alex ya había tomado su decisión antes de venir. Iba a apuntarse al gimnasio, eso estaba claro. No le importaba entrenar o no, lo único que quería era seguir teniendo más momentos como ese con Estefi.
Y si Estefi seguía hablando así de natural sobre los cuerpos de los hombres y lo que le gustaba en un chico, estaba seguro de que tarde o temprano, las cosas se pondrían aún más interesantes.
Desde que se apuntó al gimnasio, Alex no perdía oportunidad de ver a Estefi en acción. Ella era una de las instructoras más populares, siempre con energía, siempre sonriente, y siempre con ropa ajustada que resaltaba su físico espectacular.
Al principio, se conformaba con verla desde la distancia. Entraba a la misma hora que ella, fingía que hacía ejercicios y la observaba cuando pasaba cerca. Pero cada vez se hacía más difícil contenerse. La forma en que movía las caderas cuando caminaba, la manera en que estiraba los brazos y su top se ajustaba más a su pecho... era demasiado.
Para poder verla de cerca sin levantar sospechas, empezó a buscar cualquier excusa para hablar con ella.
—Oye, Estefi —le dijo un día después de terminar un par de ejercicios—, ¿qué me recomiendas para trabajar mejor los abdominales?
Estefi, con su eterna sonrisa y sin dudar, se acercó a él.
—A ver, ponte aquí —le indicó, guiándolo hasta una colchoneta—. Lo mejor es hacer planchas y combinar con giros para definir bien.
Mientras hablaba, se agachó a su lado para mostrarle la postura correcta. Alex intentó concentrarse en el ejercicio, pero tenía su escote a centímetros de su cara.
Las tetas de Estefi se apretaban contra el top deportivo con cada movimiento. Firmes, grandes, perfectas. Unas tetas de escándalo que, si no estuvieran tan bien sujetas, rebotarían con cada movimiento.
Un día, mientras él terminaba una serie de ejercicios, escuchó la voz de Estefi en la sala de clases dirigidas.
—Venga, chicas, que se note el trabajo en esos glúteos —decía con entusiasmo—. Bien apretados y arriba, así.
Curioso, Alex se acercó a la puerta. La clase era GAP: Glúteos, Abdominales y Piernas.
Desde donde estaba, tenía una vista perfecta de Estefi demostrando el ejercicio. Estaba de espaldas a él, en una posición inclinada, con sus manos apoyadas en sus rodillas mientras subía y bajaba lentamente.
Las mallas que llevaba parecían estar pintadas sobre su culo, que se marcaba con perfección en cada movimiento. Sus piernas firmes, su postura segura, la forma en que sonreía mientras enseñaba... era una imagen que se quedó grabada en su mente.
Cuando terminó la clase y Estefi salió, Alex aprovechó para hablar con ella.
—Vaya entreno intenso —comentó con naturalidad.
Estefi sonrió, con el rostro ligeramente sudado pero aún tan radiante como siempre.
—Tienes que probarlo algún día —dijo sin detenerse—. Esos ejercicios también van bien para los chicos. Las chicas no son las únicas que quieren un buen culo, ¿eh?
Alex se rió, pero por dentro estaba hirviendo.
—Quizás me anime a probar —soltó, sin apartar la mirada de sus ojos.
Estefi le sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario antes de reír.
—Si te gusta la intensidad, también podrías probar pilates, es mucho más duro de lo que pueda parecer desde fuera. Muchas posturas son bastante desafiantes… pero seguro que te vendría bien para la flexibilidad.
La forma en que lo dijo, con una sonrisa traviesa y sin darse cuenta del doble sentido, solo aumentó la tensión en Alex.
Él ya había tomado su decisión. No le importaba entrenar o no, lo único que quería era seguir teniendo más momentos como ese con Estefi. Y ahora, con la posibilidad de verla en clases de pilates, en posturas aún más sugerentes, sabía que esto solo era el comienzo.
Alex no esperaba que el día siguiente fuera diferente a los demás. Iba de camino a casa de Lara como otras veces, sin imaginar que al llegar, se encontraría con la imagen que terminaría de volverlo loco.
Justo cuando estaba por tocar el timbre, la puerta se abrió, y ahí estaba ella.
Estefi, lista para salir, con un vestido corto que le quedaba como una segunda piel. Negro, ajustado, con un escote profundo que realzaba sus enormes tetas, haciéndolas parecer aún más grandes y redondas. Sus piernas se veían largas y torneadas con los tacones altos que llevaba, y su cintura estrecha hacía que sus caderas resaltaran aún más.
Su cabello estaba suelto, con ondas suaves que caían sobre sus hombros. Sus labios, pintados de rojo, le daban un aire aún más provocador. Y su perfume... ese aroma dulce y envolvente que lo dejó en un estado de trance.
—¡Vaya, justo a tiempo! —dijo con una sonrisa coqueta—. Yo me voy ahora, Lara está dentro. Pasa.
Le dedicó una mirada rápida antes de seguir su camino. Alex apenas pudo responderle, su cabeza solo podía procesar lo increíblemente buena que estaba.
Después de lo de la noche anterior, Alex llegó al gimnasio con la imagen de Estefi clavada en su mente. Y como si el destino quisiera torturarlo más, ella misma le había sugerido que probara pilates.
Entró en la sala y cuando la vio en la clase, supo que iba a ser una sesión difícil. Llevaba un conjunto deportivo blanco, con un top que parecía estar a punto de reventar por sus tetas. Las mallas ajustadas le marcaban cada curva, resaltando su culo de manera obscena.
En mitad de la clase, Estefi se acercó a él.
—Déjame ayudarte con este estiramiento —dijo con naturalidad.
Alex se tumbó sobre la esterilla, y ella tomó su pierna, elevándola lentamente para estirar los músculos. Su mano recorrió su muslo con suavidad, y en ese momento, sintió cómo su polla reaccionaba de inmediato.
El bulto en sus calzonas era evidente. Sabía que Estefi podía verlo, pero ella no hizo ningún comentario, simplemente siguió con la clase como si nada.
Poco después, mientras intentaba imitar una postura, Estefi volvió a acercarse.
—Déjame corregirte —dijo, poniéndose justo detrás de él.
Colocó sus manos en sus caderas, ayudándolo a girar un poco más. Su cuerpo estaba tan cerca que podía sentir su respiración. La presión de sus manos sobre él, el roce accidental de su pecho contra su espalda... era demasiado.
Cuando la clase terminó, Alex salió con el cuerpo ardiendo y la mente hecha un caos.
Llegó a su casa con la temperatura por las nubes y se encerró en su habitación. No era la primera vez que Alex se pajeaba pensando en Estefi. Pero esta vez, la necesidad era insoportable.
Se tumbó en la cama, con la imagen de Estefi clavada en su cabeza. Su vestido negro, su escote profundo, la forma en que sus tetas rebotaban mínimamente con cada paso. Sus labios rojos, su perfume, la manera en que su mano recorrió su pierna en el gimnasio...
Su mano descendió rápidamente por su abdomen hasta su polla, que ya estaba dura como una roca. No había tiempo para jugar, necesitaba soltar todo lo que tenía acumulado.
Cerró los ojos y dejó que su mente lo transportara. La imaginó de rodillas frente a él, con esos labios carnosos envolviendo su polla, mirándolo con esos ojos llenos de picardía. La imaginó chupándosela con ganas, babeándola, metiéndosela hasta el fondo mientras él le agarraba la cabeza y la empujaba más.
Su mano aceleró el ritmo. Ahora estaba encima de él, con el vestido subido hasta la cintura, moviéndose sobre su polla con sus tetas rebotando descontroladas. Alex imaginaba cómo se sentirían en sus manos, cómo se las apretaría con fuerza, viendo su expresión de placer mientras lo cabalgaba como una salvaje.
Su respiración se volvió más rápida, sus caderas se movieron solas, y entonces sintió cómo el orgasmo lo sacudía por completo.
Se corrió con una intensidad brutal, su cuerpo entero tembló mientras gemía en la oscuridad de su habitación.
Jadeando, con el pecho agitado, supo que aquello no era solo una fantasía. Era una obsesión.
A los pocos días Alex estaba en casa de Lara, como tantas veces. Ella y sus amigas estaban en el salón viendo algo en la televisión, y él, sin prestarles demasiada atención, se levantó para ir al baño.
No esperaba encontrar nada fuera de lo normal. Pero entonces, cuando cerró la puerta y giró la vista hacia la repisa junto al lavabo, lo vio.
Un tanga. Negro, pequeño, de encaje. Y no de Lara. Era de Estefi.
Alex sintió un latigazo directo a la entrepierna. Su mente se llenó de imágenes de ella llevándolo puesto, de cómo se le marcaría entre sus piernas perfectas, de cómo se le metería entre su culo firme.
Su polla reaccionó al instante. Sin pensarlo demasiado, tomó la prenda entre los dedos y la acercó a su cara. Olía a su perfume, pero también había un rastro más íntimo. Más real.
El deseo lo desbordó. Bajó su pantalón y sacó su polla, dura como una roca. Envolvió el tanga en su mano y empezó a deslizarse con él, dejando que la tela suave rozara cada centímetro.
Cerró los ojos y dejó que su mente volara. Imaginó a Estefi en ropa interior, mirándolo con una sonrisa traviesa. Se imaginó inclinándose delante de él, dejando ver el tanga metido entre sus nalgas, provocándolo.
El ritmo de su mano se volvió más intenso. Se mordió el labio para no gemir en voz alta, consciente de que Lara y sus amigas estaban en la habitación de al lado.
Cuando sintió que estaba a punto de explotar, envolvió la punta de su polla con el tanga y se dejó ir.
Su corrida fue intensa, espesa, empapando la tela negra con su semen caliente. Respiraba entrecortado, sintiendo el peso del placer recorriéndole el cuerpo.
Miró el tanga en su mano, ahora lleno de su leche. Y entonces sintió el primer golpe de realidad. ¿Qué hacía con eso ahora?
Pensó en lavarlo, pero en ese momento Lara preguntó desde el otro lado de la puerta si se encontraba bien. No había tiempo. Así que, con el pulso acelerado, lo dobló como pudo y lo dejó exactamente donde lo había encontrado.
Con el placer aún fresco de lo que había sucedido, Alex volvió a repetir pocos días después. La primera vez fue un impulso incontrolable. Pero la segunda... la segunda fue porque ya lo necesitaba.
En otra visita a casa de Lara, volvió a ir al baño. Y ahí estaba otro tanga de Estefi, esta vez rojo, igual de pequeño y tentador.
Ya no hubo resistencia. Se repitió la escena, con la misma intensidad, con el mismo desenlace. Otra prenda suya marcada con su deseo.
Desde ese momento, Alex empezó a notar algo en Estefi. En el gimnasio, cuando coincidían, ella le hacía comentarios que lo desconcertaban.
—Hay chicos que no pueden contenerse cuando ven algo que les gusta... —dijo una vez, con una sonrisa extraña, mientras él en un descanso estaba viendo en la televisión del gimnasio un resumen de una carrera de motos.
Otro día, después de una sesión de entrenamiento, le soltó:
—Algunos hombres dejan huella en ciertos lugares sin darse cuenta, ¿sabes? A veces, hasta se emocionan demasiado. —mientras estaba limpiando parte del sudor de una banca con su toalla.
Cada vez que decía algo así, le sonreía con picardía y se iba como si nada. Alex no sabía por qué lo decía, pero cada vez tenía más una sensación extraña.
Días después, Alex llegó a casa de Lara como cualquier otro día. Tocó el timbre y esperó, sin imaginarse la escena que le esperaba al otro lado de la puerta.
Cuando la puerta se abrió, ahí estaba Estefi. Pero no como siempre. Esta vez, llevaba un ligero vestido de andar por casa, de tirantes finos y tela suave, corto, que le quedaba ajustado al cuerpo.
Lo primero que le llamó la atención fue que no llevaba sujetador. Sus pezones se marcaban claramente a través de la tela fina, haciendo que su escote pareciera aún más provocador.
Alex tragó saliva, notando el calor subiéndole al cuerpo.
—¿Lara está? —preguntó, intentando sonar normal.
Estefi apoyó una mano en el marco de la puerta y sonrió, inclinando apenas la cabeza.
—No, la mandé a casa de su abuela a por unas cosas —dijo con calma —. Quería hablar contigo.
Alex sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo en la manera en que lo miraba, en su tono de voz, le hizo darse cuenta de que esto no era una charla normal.
—Adelante, cierra la puerta al pasar —dijo con su tono simpático habitual, dándose la vuelta sin prisa para volver al salón.
Alex obedeció, pero en cuanto ella le dio la espalda, su mirada se quedó atrapada en otra cosa. Su culo.
El vestido caía justo sobre sus nalgas, pero cada movimiento dejaba claro que debajo llevaba un tanga mínimo. Cada vez que daba un paso, la fina tela se pegaba a su piel, marcando la forma perfecta de su trasero.
Se mordió el labio sin poder evitarlo. Iba a ser imposible mantener la compostura en esa situación.
Cuando llegaron al salón, Estefi se sentó en el sofá y cruzó las piernas con total naturalidad. Alex se acomodó en un sillón frente a ella, todavía con la imagen de su culo en la cabeza.
Y entonces, sin previo aviso, ella sacó algo de un bolso y lo dejó caer sobre la mesa entre ellos.
Dos tangas. Uno negro. Uno rojo. Ambos con manchas secas, evidentes.
—Creo que esto es tuyo, ¿no? —dijo con una ceja levantada, mirándolo fijamente.
Alex sintió que el estómago se le encogía y su polla se endurecía al mismo tiempo.
Se quedó en silencio, sin saber qué responder. Pero Estefi no parecía molesta. De hecho, parecía... ¿divertida?
—Verás... últimamente he encontrado mi ropa interior en condiciones un poco... especiales —dijo, jugando con uno de los tangas entre sus dedos —. Al principio pensé que podía ser un accidente, pero luego... bueno, las evidencias eran bastante claras.
Le lanzó una mirada intensa, disfrutando de su reacción.
—Tengo que admitir que es halagador saber que inspiro cosas así —continuó, arrastrando las palabras con una ligera sonrisa en los labios—. Pero dime, ¿te ha gustado usarlos? Porque por cómo los encontré, parece que los disfrutaste mucho.
Alex sentía que el calor en su cuerpo aumentaba. No había rastro de enfado en ella, solo curiosidad... y algo más. Algo que lo hacía sentir aún más excitado.
Sabía que había cruzado una línea. Pero lo que no sabía era hasta dónde estaba dispuesta a llegar Estefi con esto.
El silencio se extendió en el salón. Alex no sabía qué decir. Frente a él, los dos tangas con sus manchas evidentes lo delataban por completo. Pero Estefi no parecía molesta.
Al contrario, sonreía con una expresión que lo ponía aún más nervioso.
Estefi se levantó y se acercó a Alex. Se inclinó hacia él con lentitud, recostando un brazo sobre el respaldo del sillón, acortando la distancia entre ambos. Su perfume lo envolvió, mezclado con el leve calor de su piel.
—Dime, Alex… —susurró junto a su oído—. ¿Qué es lo que piensas cuando me ves? ¿Qué es lo que imaginas cuando te quedas mirando mis tetas?
El tono de su voz era pura seducción. Alex tragó saliva, sintiendo que su polla palpitaba dentro del pantalón.
Antes de que pudiera responder, sintió una mano deslizándose sobre su muslo, avanzando con suavidad hasta quedar sobre su bulto.
—Vaya… pero qué buena polla dura tienes —murmuró con picardía, apretándolo ligeramente a través de la tela.
Alex tembló bajo su toque, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Nadie le había hecho sentir algo así antes.
Estefi cambió de posición, acomodándose mejor en el sillón, y en el movimiento, una de las tirantas de su vestido resbaló por su hombro, dejando más expuesto su pecho.
Alex quedó paralizado. Desde su ángulo, tenía una vista perfecta de su piel desnuda, de cómo su pezón, durísimo, asomaba parcialmente fuera del vestido, marcándose con cada respiración.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó con diversión, notando su mirada clavada en ella.
El calor lo consumía. Entre la caricia de la mano de Estefi sobre su polla y la imagen de sus tetas delante de él, no podía más.
Su respiración se volvió más pesada, su cuerpo se tensó y sin poder controlarlo, sintió cómo un estremecimiento recorría su espalda.
Su corrida llegó de golpe, inundando sus calzoncillos y empapando su pantalón. Un placer arrollador lo sacudió de pies a cabeza, dejándolo jadeando en el sillón mientras Estefi lo observaba con una sonrisa satisfecha.
—Parece que te gustó demasiado —comentó ella, apartando la mano con lentitud.
Alex se quedó sin palabras, aún tratando de recuperar el aliento. En ese momento, supo que ya no había vuelta atrás. Estefi tenía el control absoluto sobre él.
Estefi se acomodó el vestido con total tranquilidad, como si nada hubiera pasado. Se puso de pie con una calma absoluta, mientras Alex, aún intentando recuperar el aliento, la miraba sin poder creerlo.
Su vista se perdió inevitablemente en su culo al moverse. El vestido corto se levantaba con cada paso, revelando más de lo que cubría.
—Anda, quítate la ropa y date una ducha —dijo con una sonrisa traviesa—. Voy a poner una lavadora. Tu pantalón y slips ya están arruinados… y mis tangas también necesitan un buen lavado.
Alex tragó saliva, sintiendo que el calor en su cuerpo no disminuía en absoluto.
Después de unos minutos bajo el agua intentando calmarse, Alex salió del baño con una simple toalla rodeándole la cintura. Caminó por la casa, aún sintiendo el cuerpo sensible por lo que había ocurrido.
Fue entonces cuando la vio.
Estefi estaba inclinada en pompas, colocando la ropa en la secadora. Su vestido corto se había subido lo suficiente para dejar medio culo al descubierto, y el hilo de su tanga desaparecía entre sus nalgas firmes.
Lo peor —o lo mejor— era que desde esa posición, podía notar que su tanga apenas cubría su sexo caliente.
Su polla reaccionó de inmediato. No pudo evitarlo. El simple hecho de verla así, en esa postura, con tan poca ropa, hizo que se endureciera en segundos bajo la toalla.
Estefi se giró y lo vio allí, mirándola fijamente. Luego bajó la vista… y notó el evidente bulto bajo la toalla.
Sonrió. Una sonrisa lenta, maliciosa.
—Vaya, parece que no puedes controlarte cuando me tienes cerca —dijo con diversión.
Se mordió el labio, jugando con la tela de su vestido, como si dudara si bajarlo o subirlo más.
—Dime, ¿qué tal con Lara? —preguntó, fingiendo inocencia—. ¿Sois novios?
Alex negó con la cabeza, mintiendo, aunque la realidad era que estaba con ella para ver a su madre. Aún sin poder decir palabra.
Estefi chasqueó la lengua. —Interesante… —susurró, dejando que sus dedos bajaran un poco su vestido, solo para subirlo de nuevo lentamente.
—¿Sabes? —continuó—. Me encanta ver cómo reaccionas conmigo. No puedo evitar preguntarme cuánto más podrías aguantar…
Alex sintió que su mente se aceleraba con esas palabras.
¿Aguantar? ¿Aguantar qué?
El simple hecho de imaginar que eso significaba algo más, que Estefi podía estar insinuando algo más, lo volvió completamente loco. Su polla latía con fuerza, lista para explotar de nuevo.
Estefi parecía leerle la mente. Sonrió con picardía y se acercó aún más, reduciendo la distancia entre ambos.
—Me encantan esas miradas, Alex —susurró, con su voz seductora—. Me gusta sentirme deseada. Me gusta saber que me quieren.
Se mordió el labio con sensualidad antes de inclinarse un poco más hacia él.
—Y tú… me deseas mucho, ¿verdad? —preguntó, deslizando los dedos suavemente sobre su pecho desnudo—. Lo noto. Lo sentí en mis tangas… tanta leche caliente empapándolos. Y ahora, viéndote así… lo dura que la tienes otra vez.
Los ojos de Alex estaban fijos en ella, incapaz de responder. No hacía falta. Estefi ya sabía la respuesta.
—¿Quieres ver más? —preguntó con un tono juguetón.
Sin esperar respuesta, deslizó las manos por los laterales de su vestido y comenzó a subírselo lentamente, hasta dejarlo completamente recogido en su cintura.
La visión era una locura.
—¿Te gusta este tanga? —preguntó, dándose una vuelta completa con movimientos lentos y provocativos, permitiéndole ver cada ángulo de su cuerpo.
Su tanga mínimo dejaba a la vista la redondez perfecta de su culo y lo poco que cubría su sexo. La tela fina apenas ocultaba la humedad que empezaba a marcarse entre sus piernas.
Alex sintió que el mundo se detenía. No podía apartar la vista de ella, de su cuerpo expuesto, de la manera en que lo miraba, disfrutando de cómo lo volvía loco. Su cerebro estaba a punto de cortocircuitarse. La imagen de Estefi en tanga, con su vestido recogido en la cintura, era demasiado. Apenas podía articular palabra.
—S-sí… —murmuró, con la voz entrecortada.
Estefi sonrió con diversión y, sin apartar la mirada de él, deslizó las manos sobre su propio cuerpo hasta agarrarse las tetas con descaro.
—Pero te gustan más estas, ¿verdad? —preguntó con picardía, apretándolas suavemente entre sus manos.
Alex tragó saliva con dificultad y suspiró sin darse cuenta.
Ese pequeño gesto no pasó desapercibido para Estefi, quien, con una lentitud calculada, deslizó sus manos hacia los tirantes de su vestido.
—Mmm… entonces deberías verlas bien —murmuró, dejando que las finas tiras resbalaran por sus hombros.
El vestido cayó hasta su cintura, dejando sus enormes tetas completamente expuestas.
Alex sintió un golpe de calor recorrerle el cuerpo. Eran perfectas. Grandes, firmes, con pezones de un rosado oscuro y duros como piedras.
El impacto de la imagen fue demasiado para él. Su cuerpo reaccionó solo, dando un paso atrás sin darse cuenta… hasta que chocó con la puerta.
En ese movimiento torpe, la toalla que apenas se sostenía en su cintura cayó al suelo, dejándolo completamente desnudo frente a ella.
Un silencio intenso se instaló entre ambos. La mirada de Estefi bajó lentamente hasta su polla, completamente dura, gruesa, palpitante.
Una ceja se arqueó con interés mientras mordía su labio inferior.
—Vaya… ahora sí que puedo ver cuánto me deseas —dijo con una sonrisa cargada de deseo.
Alex apenas podía respirar. Estefi tenía los ojos fijos en su polla, y él estaba a punto de perder completamente el control.
Esto no era un juego. Esto estaba a punto de explotar. Y ahora tenía a Estefi acercándose de forma sensual.
Cada paso que daba ella hacia él, hacía que sus enormes tetas botaran con suavidad, dibujando un movimiento hipnótico. Alex no podía apartar la vista.
Su mente estaba completamente nublada por el deseo. Ya no pensaba, solo sentía.
—Vamos, tócalas… sé que lo estás deseando —murmuró ella, tomando sus manos y guiándolas hasta su pecho desnudo.
Alex tragó saliva mientras sus dedos se hundían en la carne suave y caliente. Eran incluso mejores de lo que había imaginado. Pesadas, firmes, con los pezones duros presionando contra sus palmas.
Apretó suavemente, explorando su forma, deslizando los pulgares sobre sus pezones mientras sentía cómo se endurecían aún más bajo su toque.
—Eso es… —suspiró Estefi con placer, sin dejar de mirarlo con deseo.
Mientras Alex jugaba con sus tetas, ella dejó caer una de sus manos sobre su pecho, deslizándola lentamente hacia abajo.
Cuando sus dedos alcanzaron su polla dura, Alex dejó escapar un jadeo.
—Mmm… qué grande y caliente está… —susurró Estefi con una sonrisa maliciosa.
Comenzó a acariciarlo con suavidad, deslizando sus dedos por la piel caliente y dura, provocándolo aún más. Alex sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
La sensación era demasiado. Creía que iba a correrse en cualquier momento.
Pero antes de que pudiera perder el control, Estefi le apretó la polla con firmeza y le susurró al oído:
—No tan rápido, cariño. ¿No quieres más?
Algo en su tono hizo que Alex despertara. Su deseo lo dominó completamente.
Sin pensarlo, se inclinó hacia adelante y metió su cara entre las enormes tetas de Estefi, hundiendo su boca en su piel caliente.
Las lamió, las chupó, atrapó sus pezones entre sus labios, succionándolos con desesperación.
—Eso es… mmm… —suspiró Estefi, disfrutando del placer que él le daba.
Después de unos segundos, Estefi se apartó suavemente y lo miró con una sonrisa seductora.
—Ven, vamos a un sitio más cómodo —dijo, tomando su polla con una mano y comenzando a guiarlo hacia su habitación.
Alex sintió un escalofrío al notar su agarre firme. No había vuelta atrás.
Mientras la seguía, agarrado de la polla por la mano de Estefi, solo podía pensar en una cosa: finalmente, iba a tener todo lo que había deseado.
Estefi guió a Alex hasta su habitación, donde una amplia cama los esperaba.
Sin soltar su polla, lo hizo sentarse en el borde del colchón, mientras ella se quedaba de pie frente a él, mirándolo con una sonrisa llena de deseo.
—Aquí estamos… ahora sí que vamos a jugar de verdad —susurró con un tono travieso.
Estefi se arrodilló entre sus piernas y tomó su polla con ambas manos. Era gruesa, caliente, y palpitaba con fuerza contra su piel.
—Mmm… qué duro estás, cariño —murmuró, deslizando sus dedos lentamente por toda su longitud.
Sin prisa, empezó a mover su mano arriba y abajo, provocando suspiros entrecortados en Alex.
Entonces, llevó su polla hasta sus enormes tetas y comenzó a rozarla suavemente contra su piel caliente.
Los pezones de Estefi estaban completamente duros, y cada vez que la punta de su rabo los tocaba, Alex sentía un escalofrío recorrerle la espalda.
—Mmm… me encanta sentirla tan dura —susurró, mientras la punta de su polla empezaba a humedecerse con líquido preseminal.
Estefi sonrió y dejó caer un hilo de saliva sobre su rabo, haciéndolo brillar.
Después, sin soltarlo, presionó sus enormes tetas alrededor de él y empezó a moverlas, envolviéndolo con su carne suave.
Alex dejó escapar un gemido profundo.
—Mmm… te gusta, ¿verdad? —provocó Estefi, mientras aumentaba el ritmo, deslizando su polla entre sus pechos con movimientos lentos y calculados.
La fricción era increíble, el calor de su piel lo volvía loco. Alex jadeaba, sintiendo que no podía aguantar más.
—¿No puedes más? —susurró Estefi con una sonrisa traviesa—. Venga, suéltalo todo, amor. Mmm…
Esas palabras fueron la gota que colmó el vaso. Alex bufó con fuerza y su espalda se tensó cuando un orgasmo arrollador lo sacudió.
Con un gruñido, lanzó una gran corrida, empapando las tetas de Estefi con su semen caliente. Algunos chorros incluso alcanzaron su cara, deslizándose lentamente por su piel.
Estefi sonrió con satisfacción, pasando un dedo por su pecho y llevándolo juguetonamente a su boca.
—Mmm… me encanta cómo te corres por mí, cariño —murmuró, relamiéndose con picardía.
Alex, aún temblando por el placer, solo podía mirarla, completamente rendido ante ella.
Estefi se puso de pie con tranquilidad, como si todo lo que acababa de ocurrir fuera lo más natural del mundo. Caminó hasta un cajón, sacó unas toallitas húmedas y comenzó a limpiarse las tetas y la cara mientras Alex intentaba recuperar el aliento.
Sus ojos bajaron hasta él y vio que su polla seguía completamente dura, palpitando con fuerza. Se mordió el labio, divertida.
—Vaya… parece que aún quieres más —murmuró con picardía.
Tomó otra toallita y, sin previo aviso, comenzó a limpiar la polla de Alex con suavidad.
—Hay que dejarlo bien limpio para lo que viene ahora… —susurró, disfrutando de cómo él temblaba bajo su toque.
Después de desechar las toallitas, Estefi llevó sus manos a los lados de sus caderas y empezó a deslizarse el tanga lentamente.
Alex la miró embobado mientras la prenda se deslizaba por sus piernas hasta caer al suelo, dejando su coño completamente a la vista.
Ella lo recogió y, sin previo aviso, lo colocó sobre la cabeza de Alex.
—Huélelo… quiero que sientas lo caliente que estoy —susurró con una mirada intensa.
Después, se tumbó en la cama, abrió las piernas y, con total descaro, llevó sus dedos a su sexo, separando sus labios con suavidad para mostrárselo en todo su esplendor.
—Cómeme, cariño —le ordenó con voz ronca.
Alex no dudó ni un segundo. Sin quitarse el tanga de la cara, se inclinó entre sus piernas y comenzó a lamerla con ganas.
Al principio, sus movimientos eran torpes, inexpertos, pero su entusiasmo lo compensaba.
El sabor de Estefi lo enloqueció aún más. Su lengua se movió con más precisión, explorando cada pliegue, cada rincón húmedo de su sexo.
Cuando encontró su clítoris, empezó a succionarlo con suavidad, aumentando poco a poco la intensidad.
Estefi dejó escapar un gemido ronco y llevó sus manos a la cabeza de Alex, presionándolo contra ella mientras sus caderas se movían involuntariamente.
—Sí… así… sigue… —jadeó, su voz entrecortada por el placer creciente.
Cada vez que Alex succionaba, ella temblaba más, hasta que, finalmente, un estremecimiento la recorrió por completo.
Con un gemido largo y profundo, su orgasmo explotó, su cuerpo se arqueó y sus piernas temblaron alrededor de la cabeza de Alex.
Alex siguió lamiendo suavemente mientras Estefi recuperaba el aliento, aún con sus manos sobre su cabeza.
Cuando su respiración volvió a la normalidad, le sonrió con satisfacción.
—Mmm… parece que aprendes muy rápido, cariño… —murmuró, acariciándole el cabello.
Estefi suspiró con satisfacción y se giró hacia la mesilla de noche. Abrió el cajón y sacó un pequeño envoltorio plateado.
—Bueno, ha llegado el momento —dijo con una sonrisa pícara mientras lo levantaba entre sus dedos.
Miró a Alex con una ceja arqueada y preguntó:
—¿Voy a ser tu primera vez?
Alex tragó saliva y asintió con la cabeza, su respiración agitada.
Estefi sonrió con satisfacción. —Me encanta. —Rasgó el envoltorio con los dientes y sacó el condón.
Con una mano, tomó su polla dura y caliente, y con la otra colocó el condón sobre la punta.
—Vamos a ponértelo bien… —susurró antes de inclinarse y envolver la punta con sus labios, deslizándolo poco a poco hasta ajustarlo por completo.
Alex soltó un suspiro profundo, su cuerpo tembló por la sensación de sus labios rodeándolo.
Cuando terminó, lo empujó suavemente hacia la cama.
—Ahora relájate, cariño. Déjame llevar el control.
Se subió sobre él, apoyando las manos en su pecho, y con movimientos lentos y sensuales frotó su sexo húmedo contra su polla envuelta en látex.
Alex jadeó cuando de repente sintió la calidez de su entrada deslizándose sobre él.
Poco a poco, Estefi fue bajando, dejando que su polla se hundiera en su interior centímetro a centímetro.
Cuando finalmente lo tuvo completamente dentro, se mordió el labio y dejó escapar un gemido de placer.
—Mmm… así, qué rico… —murmuró, moviendo lentamente sus caderas.
Alex sintió un placer indescriptible recorrerlo entero. Era caliente, húmeda, apretada.
Colocó las manos sobre sus caderas, sintiendo cómo ella marcaba el ritmo.
Poco a poco, Estefi aumentó la velocidad, jadeando suavemente mientras movía su cuerpo sobre él.
El placer era demasiado para Alex. Instintivamente, llevó sus manos a sus enormes tetas y las agarró con fuerza.
Las sintió rebotar contra sus palmas mientras ella lo cabalgaba más rápido.
—Oooh sí… así, cogemelas fuerte, cariño —gemía Estefi con los ojos entrecerrados.
El deseo lo consumió aún más. Se incorporó ligeramente y atrapó uno de sus pezones entre sus labios, succionándolo con ganas.
—¡Aaah, sí! —gimió Estefi, echando la cabeza hacia atrás.
Sus movimientos se volvieron más intensos. Su coño se deslizaba sobre él con rapidez, haciéndolo enloquecer.
Alex la agarró del culo y la ayudó a moverse aún más rápido, marcando el ritmo con sus manos.
—Mmm… así, sigue dándome fuerte, qué buena polla tienes… —gemía Estefi sin parar.
El placer se acumulaba en el interior de Alex, creciendo con cada embestida.
—¡Estefi, me… voy a…! —balbuceó, sintiendo cómo el orgasmo lo tomaba por sorpresa.
—Aguanta un poco más, cariño… yo también estoy cerca… —jadeó Estefi, moviendo sus caderas con más intensidad.
Pero Alex no pudo. Su cuerpo se tensó de golpe y, con un gemido ahogado, se corrió dentro del condón, abrazando a Estefi con fuerza mientras su orgasmo lo arrasaba por completo.
Después del clímax, Alex cayó de espaldas sobre la cama, su pecho subiendo y bajando con la respiración agitada.
Estefi suspiró y sonrió levemente, aunque en sus ojos había un toque de decepción. No había logrado correrse, pero no dijo nada.
—Descansa, cariño… —susurró, acariciándole el cabello, mientras él seguía intentando recuperarse.
Estefi continuó moviendo lentamente sus caderas sobre Alex, disfrutando de la sensación hasta que notó que su polla comenzaba a perder dureza.
Se incorporó despacio y dejó que la polla resbalara fuera de su coño, sintiendo un escalofrío recorrer su piel.
Con suavidad, retiró el condón y lo miró, sorprendida por la cantidad de semen que contenía.
—Mmm… sí que eres lechero —susurró con picardía, con una sonrisa divertida.
Tomó unas toallitas y comenzó a limpiar al chico con movimientos lentos y sensuales, notando cómo su polla volvía a endurecerse poco a poco.
Sin prestarle demasiada atención, Estefi se giró y comenzó a buscar su tanga. Que Alex había lanzado por ahí cuando comenzaron a follar.
Él no podía apartar la vista de su culo redondo y firme, ni de su coño húmedo y rosado del sexo.
Esa visión lo dejó completamente empalmado otra vez.
—No te has corrido, ¿no? —preguntó Alex mientras se movía la polla lentamente, mirándola con intensidad.
Estefi giró la cabeza y lo vio completamente empalmado de nuevo. Se mordió el labio.
—No… pero no quedan condones.
Sin pensarlo, Alex se incorporó y la abrazó fuerte por detrás, pegando su polla dura a su culo.
—Quiero follar más. Quiero que te corras tú también… quiero follarte yo ahora —susurró con un tono decidido.
Estefi sintió un escalofrío de deseo recorrerle la espalda.
—Mmm… no sé… —susurró ella, dudando.
Alex comenzó a besar su cuello y a masajear sus tetas con ambas manos, amasándolas mientras su polla seguía frotándose contra su culo.
—De acuerdo —jadeó finalmente—, pero tienes que avisarme para correrte fuera, amor.
Estefi se giró y, sin previo aviso, atrapó los labios de Alex en un beso salvaje, sucio y caliente.
Las lenguas se enredaron con desesperación mientras sus cuerpos se pegaban aún más.
Alex sintió sus tetas aplastándose contra su pecho y el calor húmedo de su coño contra su polla.
Ella se tumbó en la cama y abrió las piernas con descaro, completamente lista para él.
Alex se posicionó encima, sujetando su polla con una mano mientras la guiaba hasta su entrada.
Estefi la agarró y la colocó en la entrada de su coño, mirándolo a los ojos con deseo.
Con un movimiento de cadera, Alex la clavó hasta el fondo.
Un gemido profundo escapó de la boca de Estefi.
Las sensaciones fueron indescriptibles. Nada que ver con hacerlo con condón.
Era caliente, húmeda, apretada… el puro contacto piel con piel lo hizo estremecer de placer.
—Joder… qué gustazo… —murmuró Alex, comenzando a moverse lentamente.
Cada embestida era mejor que la anterior para Estefi. Alex la sacaba casi entera y la metía hasta el fondo, haciéndola suspirar y gemir.
Estefi se mordió el labio mientras lo miraba con los ojos llenos de deseo.
—Más fuerte, amor… fóllame fuerte… —le pidió con voz entrecortada.
Alex obedeció, aumentando la intensidad. Su cuerpo chocaba contra el de ella con cada embestida, llenando la habitación de sonidos húmedos y jadeos descontrolados.
No podía parar de gemir, completamente entregada al placer.
Sus manos recorrieron su espalda, arañándolo levemente, mientras lo apretaba aún más contra ella.
—Sí… así… métemela toda… fóllame como un hombre… —jadeó, perdida en la sensación.
Alex no podía creer lo que estaba viviendo. La tenía debajo, completamente suya, pidiendo más. Seguía clavándole la polla con fuerza, sintiendo cómo Estefi se retorcía de placer debajo de él.
—Oooh sí, sigue follándome duro… —gemía Estefi, arqueando la espalda.
—Mmm, métemela bien hasta el fondo… —jadeó, con la voz entrecortada por el placer.
—Revientame el coño, joder… —gritó con desesperación.
Alex, completamente dominado por el momento, dejó escapar sin pensar:
—Joder, qué puta…
Estefi gimió aún más fuerte, con una mirada lujuriosa.
—Siiiii, muy puta, tu puta amor, fóllate a esta puta… —jadeó, completamente desatada.
Cada embestida los llevaba al límite. Estefi estaba a punto de correrse, y Alex sintió que el placer lo consumía.
—Mmm, espera… creo que me voy a correr… —balbuceó Alex, sintiendo la presión en sus huevos.
—No, amor… aguanta un poco más… —jadeó Estefi, sintiendo que también estaba cerca.
—No pares… sigue dándomelo… haz que me corra… —gimió con desesperación.
Pero Alex no podía más.
—No… no voy a poder… —balbuceó, sintiendo que su orgasmo estaba a segundos de estallar.
En ese momento, cuando sintió que Alex iba a salirse, Estefi cruzó sus piernas alrededor de su espalda, apretándolo contra ella.
—No pares… mmmm… joder, no pares ahora… dame tu leche, córrete cabrón… Mmm… ¡préñame! —gritó con desesperación.
Esas palabras fueron la gota que colmó el vaso. Alex explotó con un gruñido animal, sus caderas temblando mientras vaciaba sus huevos dentro del coño caliente de Estefi.
Al mismo tiempo, Estefi llegó a su propio y tan deseado orgasmo, su cuerpo estremeciéndose bajo él, sus manos clavándose en su espalda mientras gemía sin control.
Después de unos segundos de éxtasis absoluto, Alex cayó exhausto sobre el cuerpo de Estefi, intentando recuperar el aliento.
Estefi sonrió con satisfacción, acariciando su nuca.
—Madre mía… cómo me has rellenado… —susurró morbosamente, sintiendo la calidez de su corrida dentro de ella.
Alex se echó a un lado mientras Estefi se incorporaba, caminando desnuda hasta la mesilla para coger unas toallitas y limpiarse la corrida.
El chico la observó fascinado. Su piel blanca estaba marcada con rojeces por el roce y los apretones. Sus tetas tenían huellas de sus manos, sus piernas estaban aún temblorosas, su pintalabios desdibujado…
Pero lo que más lo calentó fue ver su coño hinchado, con rastros de su semen goteando.
Sin pensarlo demasiado, Alex se atrevió a preguntar:
—¿Me podrías hacer una mamada?
Estefi se giró, sonriendo con ese toque caliente que la hacía irresistible.
—¿Aún puedes más? —preguntó con diversión mientras montándose sobre la cama gateaba hacia él.
Alex tragó saliva al ver cómo sus tetas rebotaban de forma exageradamente cerda con cada movimiento.
Estefi se acercó gateando sobre la cama, con la mirada encendida y una sonrisa juguetona en los labios.
Sin apartar los ojos de Alex, inclinó la cabeza y sacó la lengua, recorriendo desde la base de su polla hasta la punta con una lamida larga y húmeda.
Alex suspiró profundo.
—Mmm… —Estefi pasó la lengua por la punta, jugando con su glande antes de metérselo en la boca.
Lo chupó despacio, sacándolo y metiéndolo, sin dejar de mirarlo, mientras su mano recorría el tronco con suaves movimientos.
—Entonces… —susurró, sacándose la polla de la boca un instante—, ¿te parezco puta?
Se la volvió a meter, succionando con más intensidad, y luego volvió a sacarla con un hilo de saliva conectándolos.
—¿Te gustaría que fuese tu puta? —preguntó con voz sensual y divertida.
Alex soltó un suspiro profundo, su mano fue a su cabeza de forma instintiva, entrelazando sus dedos en su pelo mientras ella seguía chupándole la polla.
—Sí...—confirmó el chico hablando como pudo.
Estefi intensificó el ritmo, metiéndosela más hondo en cada embestida de su boca.
Cuando hizo una garganta profunda inesperada, Alex no pudo evitar apretar su cabeza con ambas manos.
—Uuuuff, joder… —gimió, sintiendo la calidez y la presión en su polla.
El placer era demasiado. Estefi no solo sabía lo que hacía, sino que disfrutaba provocarlo.
Alex la miró completamente excitado, con el cuerpo en llamas.
—¿Cómo tienes el coño ahora? —preguntó con voz ronca—. Que te voy a follar otra vez.
Estefi sacó la polla de su boca lentamente, lamiendo sus labios y mirándolo con los ojos brillantes de deseo.
Con un movimiento sensual, se giró y se puso a cuatro sobre la cama, arqueando la espalda y dejando su culo en alto.
—Este coñito está esperando que me la claves hasta el fondo otra vez, mmm… —dijo con tono provocador.
Alex no esperó más. Se posicionó detrás de Estefi, con su polla dura y palpitante apuntando directamente a su coño húmedo.
Con una mano en su cintura, la otra en su culo, la penetró de un solo golpe, haciéndola gemir fuerte.
—Mmmm sí, fóllame como un cabrón, dame toda esa polla… —jadeó Estefi, arqueando la espalda y empujando su culo contra él.
Alex comenzó a moverse con intensidad, golpeando su coño con embestidas profundas y rítmicas.
El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, acompañado por los jadeos y gemidos descontrolados de ambos.
—Joder, qué coño más rico tienes… —gruñó Alex, apretando su culo con fuerza.
No tardó en agarrarla del pelo y tirar suavemente hacia atrás, haciéndola gemir aún más.
—Mmm sí, domíname, métemela sin compasión… —gimió ella.
Alex la agarró de la cintura y la giró bruscamente sobre la cama, colocándola boca arriba.
Le levantó las piernas y las apoyó en sus hombros, abriendo su coño al máximo.
—Así te voy a destrozar, putita… —susurró antes de enterrarle la polla de nuevo hasta el fondo.
Estefi gritó de placer, sintiendo cómo la llenaba por completo.
Alex empezó a follarla con un ritmo brutal, sin darle tregua.
Estefi se aferró a la cama, sus uñas clavándose en las sábanas mientras gemía sin control.
—Mmmm sí, así, fóllame más fuerte, no pares, cabron… —jadeaba sin filtro.
Las embestidas se volvieron más profundas y erráticas, hasta que Alex sintió cómo el orgasmo lo alcanzaba.
—Me voy a correr… —gruñó, apretando los dientes.
—Sí, dame toda tu leche… —susurró Estefi con voz caliente.
Con un gemido profundo, Alex explotó dentro de ella, llenando su coño con su corrida caliente.
Ambos quedaron jadeando, pero Alex no tardó en endurecerse de nuevo al ver la imagen de Estefi con su coño goteando su semen.
—Aún no hemos terminado… —murmuró, lamiéndose los labios.
Ella sonrió con picardía, subiéndose encima de él y agarrando su polla.
—Mmm, vamos a ver qué tan resistente eres… —susurró mientras se la metía de nuevo, deslizándola lentamente dentro de su coño caliente.
Comenzó a moverse en círculos, frotándose contra él, antes de empezar a cabalgarlo con fuerza.
Sus tetas enormes rebotaban con cada movimiento, volviendo loco a Alex.
—Joder… como cabalgas… —murmuró él, atrapando sus pezones con la boca.
El ritmo aumentó, la fricción entre ellos se volvió insoportable.
—Sí, sí, sí, me voy a correr… —gimió Estefi, sintiendo cómo el placer la recorría.
Su cuerpo tembló por completo mientras un orgasmo intenso la atravesaba, dejándola sin aliento sobre Alex.
Ambos quedaron jadeando. El sudor resbalaba por sus cuerpos, pero el deseo estaba lejos de apagarse.
—No has tenido suficiente, ¿verdad? —preguntó Estefi, con la respiración agitada y una mirada cargada de lujuria.
Alex, con la polla aún dura y palpitando, respondió sin palabras. La agarró de la cintura y la giró sobre la cama, haciéndola quedar con el culo en pompa otra vez.
—Mmm, sí, dame más, fóllame como un puto animal —susurró Estefi, arqueando la espalda para ofrecerle su coño empapado.
Alex no dudó ni un segundo y le clavó la polla con fuerza, haciéndola gemir fuerte.
El sonido de sus cuerpos chocando resonaba por toda la habitación, cada embestida más intensa que la anterior.
—Oooh sí, fóllame, fóllame como una perra en celo —gimió Estefi, moviendo sus caderas para acompañar el ritmo de Alex.
Él la agarró del pelo, inclinándola hacia atrás mientras le metía la polla hasta el fondo.
—Te encanta que te lo haga así, ¿verdad? —jadeó él.
—Sí, me encanta, joder, fóllame más fuerte… —gritó ella, perdiéndose en el placer.
De repente, Alex la agarró de las caderas, le dio la vuelta y la levantó de la cama, sosteniéndola contra su cuerpo. Para algo, además de para ver a Estefi, tenía que servir el gimnasio.
Estefi enredó sus piernas alrededor de su cintura, mientras él la penetraba sin pausa.
Cada vez que ella bajaba, su polla se hundía más en su coño caliente y resbaladizo.
—Dios… qué gusto… sigue, no pares… —murmuró Estefi con la voz entrecortada.
Alex sentía cómo los músculos de Estefi se apretaban alrededor de su polla, aumentando su placer.
La dejó caer de espaldas en la cama, pero ella no perdió el control. Se colocó encima de él, dándole la espalda, y se hundió de nuevo el rabo del chico en su pervertido coño.
—Mmm, así, así, metetelo entero… —gruñó Alex, disfrutando la vista de su culo rebotando con cada movimiento.
Estefi se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en las piernas de Alex, mientras meneaba sus caderas con un ritmo infernal. La elasticidad que le daba el pilates hacía que pudiera darle vistas espectaculares como esas, donde el chico podía ver a la vez su caliente ano y su coño, devorando su polla.
—Ooooh sí, me encanta tu polla, me encanta sentirla tan dura dentro de mí… —gemía mientras se movía.
Alex la agarró por la cintura y empezó a embestirla desde abajo, chocando fuerte contra su coño.
—Sí, sí, sí, joder, me voy a correr otra vez… —gimió Estefi, perdiendo completamente el control.
Su cuerpo entero se tensó antes de que el orgasmo la atravesara de nuevo, haciéndola gemir descontroladamente mientras se sacudía sobre él.
Alex no aguantó más y, con un gruñido gutural, se corrió con fuerza dentro de ella, llenándola por completo, una vez más.
Se derrumbaron juntos en la cama, jadeando, sin poder moverse. Sus cuerpos estaban empapados de sudor, sus piernas temblaban, pero sus sonrisas lo decían todo.
—Madre mía… —susurró Estefi, con una sonrisa satisfecha—. No sé si voy a poder moverme mañana.
Alex soltó una risa corta, aún sin aliento.
La noche aún no había terminado, pero el desenlace de su encuentro estaba cerca.
Un poco más tarde, el agua caliente resbalaba por sus cuerpos mientras Alex y Estefi se miraban en la ducha. Los rastros del desenfreno aún estaban en sus pieles, pero ahora el ambiente era más relajado.
Estefi sonrió con picardía y le pasó una mano por el pecho.
—Sabes… sospechaba de ti desde que empezaste a venir a casa —dijo con voz seductora.
Alex arqueó una ceja.
—¿Ah sí? —preguntó curioso.
—Sí… notaba cómo me mirabas, cómo intentabas disimular pero no podías evitar devorarme con los ojos. Y tengo que admitirlo… me ponía muchísimo —confesó, acercándose a su oído.
—¿En serio? —Alex la miró con una sonrisa, casi sin poder creérselo.
—Mmm sí… saber que un chico más joven me deseaba tanto… Y cuando encontré mis tangas sucios, bueno, ahí ya no tuve dudas —dijo con una carcajada traviesa.
Alex sintió un escalofrío de vergüenza, pero también de excitación.
—¿Y eso te puso cachonda? —preguntó.
—Muchísimo. Y que además haya sido tu primera vez… eso ha sido un plus —susurró, mordiendo su labio inferior.
El cuerpo de Estefi, su voz sensual, la calidez del agua… todo lo tenía encendido de nuevo.
Sin poder evitarlo, su polla comenzó a endurecerse otra vez, rozando el cuerpo de Estefi.
Ella bajó la mirada y suspiró con una mezcla de diversión y deseo.
—Mmm… qué resistencia tienes, cariño —murmuró mientras lo tomaba por la nuca y lo besaba cariñosamente.
Luego se separó con una sonrisa juguetona.
—Pero mi chochito ya está irritado… y además, Lara puede llegar en cualquier momento.
—Ve a vestirte, que tu ropa ya debe estar seca. Yo terminaré de ducharme.
Alex asintió y salió de la ducha, secándose. Mientras caminaba hacia la habitación, sintió la mirada de Estefi sobre él.
Ella no pudo evitar morderse el labio al ver su polla dura otra vez.
—Mmm… qué peligro tienes… —susurró para sí misma con una sonrisa traviesa.
Ya vestido, Alex se sentó en el sofá, tratando de calmar su respiración. Justo en ese momento, la puerta se abrió y apareció Lara.
—¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendida.
Antes de que Alex pudiera responder, Estefi entró a la sala, aún secándose el cabello con una toalla.
—Llegó hace poco, lo invité a pasar y esperar un rato a ver si llegabas, mientras me duchaba —dijo con naturalidad.
Lara asintió, sin notar nada extraño.
—Suelto lo que traigo de casa de la abuela y voy al baño un momento —dijo antes de desaparecer por el pasillo.
Aprovechando la oportunidad, Estefi se acercó a Alex, inclinándose ligeramente sobre él.
—La próxima vez que vengas… tal vez tenga que mandar a Lara de nuevo a casa de la abuela —susurró con un tono cargado de picardía.
Alex sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras la veía alejarse con una sonrisa juguetona en los labios.
Definitivamente, esa no sería la última vez.