-Felisa, voy a salir un momento a unos recados, tardaré un poco en volver. ¿Vas a necesitar que te traiga alguna cosa?.
-No, mami. Está todo bien, no necesito nada-contesté-.
-¿Segura?.
-Síiii, seguraaa-volví a contestar con tono hastiado-.
-Vale, te quiero cariño-me besó la frente-. Papá está en el despacho, así que no le molestes mucho, ¿de acuerdo?.
-“Palabrita de niña bonita”-bromeé-.
-Bien. Hasta luego.
Mami se levantó del lateral de la cama, en donde estaba sentada, y se fue de mi cuarto. Yo estaba tumbada boca abajo en la cama, echada del revés sobre ella, con mis pies subiendo y bajando golpeando las almohadas mientras con los codos me apoyaba e incorporaba un poco, para así poder ojear las revistas que tenía ante mí. Sin levantarme, casi podía ver a mami salir de mi cuarto, coger el bolso y el resto de cosas, y salir por la puerta. No pasó ni un minuto cuando papi vino a mi habitación con mirada de poseído.
-¡Te necesito!. ¡Ven aquí!.
Me cogió de la mano y me llevó a la sala de estar, en donde me arrinconó contra la pared, entre las dos ventanas, y una vez entre la pared y él, me estampó un beso en los labios que me hizo palpitar hasta las yemas de los dedos. Llevó las manos a mi espalda y me atrajo hacia él mientras me comía la boca con fruición, poniendo una pierna entre las mías, apretándome, excitándome. Estaba en las nubes.
-Te quiero-me susurró-. Te deseo.
Me estremecí. Sentí un escalofrío que me recorrió de arriba abajo. Saber qué él me deseaba era el mejor afrodisíaco del mundo entero. Los tirantes de mi camiseta iban deslizándose poco a poco mientras me apretaba, dejando mis hombros al desnudo, y mis pechitos casi a la vista. No llevaba ropa interior.
-Tócame-le supliqué-. Hazme tuya. Hazme de todo.
-Tu madre vendrá enseguida. No tenemos mucho tiempo.
Me deslizó la camiseta blanca y me sobó un poco los pechis, dándome apenas un par de lametones para saborearlos, pero que a mí me sabían a gloria celestial. Sentir su lengua en mis pequeñas guindas era embriagador, tanto como lo era sentir mi propio cuerpo ser una ramita en sus manos, sentirme pequeña ante él. Me dominaba, me tenía toda para él, para satisfacer sus deseos...y yo le amaba por eso.
Con prisas metió la mano bajo mi mini-falda plisada azul de topos blancos, que yo siempre usaba para andar por casa (muchas veces sin nada debajo, sin que mami se enterase, para que no se enfadase conmigo). Comprobó que, en efecto, estaba desnuda bajo la mini-falda holgada, como si le estuviese esperando. Podía ver fascinada el brillo de sus ojos, maravillados al comprobar lo fácil que lo tenía. Del bolsillo sacó un condón y se lo puso, cosa que lamenté mucho porque deseaba sentirle entero, y no con la goma puesta, pero también entendí sus motivos. Me hizo gracia que desde hacía algún tiempo siempre iba con uno siempre a punto, listo para usarlo conmigo. Solo tenía que esperar la ocasión adecuada: ésta era una de ellas.
-¡No tan fuerte, picarona!. ¡Que así me haces daño!.
No pude evitar un exceso de fuerza cuando se la cogí, una vez bajé la cremallera de sus pantalones, para ver lo que tenía por ahí dentro escondido. Ya la tenía totalmente dura, y ardía como una tea. Palpitaba de deseo en mis manos, y se la saqué para verla y deleitarme con ella. ¡Dios, pero qué maravilla!. Era lo más hermoso del mundo.
-Mmm que boquita tiene mi nena…pero no hay tiempo para que me dediques tus atenciones. Tu madre dijo que no tardaría mucho. ¡Ven aquí, que te voy a clavar entera!.
De estar de rodillas, pasé a estar de pie, y en cuanto él se puso el condón, pasé a estar acorralada en el aire, puesta entre la pared, él…y su verga ardiente, con la que me penetró sin esperar a que yo estuviera mojada. No me importaba. Es más, me excitaba el hecho de que me penetrase de ese modo, como un desesperado en busca de simple carne caliente para desahogarse. No era ni su hija, ni su amante, solo una adolescente a la que poder tirarse como si fuese un pervertido. Cerré los ojos y me dejé llevar por el instante de placer, disfrutando de ese momento. Anhelaba tenerle entre mis piernas.
-Mmmm que rica está mi nena. Vamos, ven aquí. Ven que te folle, nenita.
Diossssssss...que cachonda me puso ese “nenita”. Solo cuando estábamos así me lo soltaba, y encima con ese tono entre hija, amante y novia, todo entremezclado de un modo que no distinguía el trato que me daba. Se puso a bombear como un loco, y el que estuviéramos en plena sala de estar, entre las dos ventanas, me excitó muchísimo más si cabe. El pensar que alguien podía vernos desde fuera, que podían pillarnos...mmmmmm que morbo me daba eso. Era divertidísimo el jugar a estas cosas. Enrosqué mis piernas alrededor de su cintura y me abrí para él, para que me penetrase más profundamente. Quería sentirme empalada por él. Deseaba sentirle follándome.
-Vamos papi. Tómame toda. Fóllame. Móntame. Aprisióname. Clávame.
Papi obedeció sumisamente mis órdenes, sin rechistar. Procedió a clavarme toda su herramienta sin piedad, con toda la prisa del mundo. Era divertido y excitante a la par que morboso. No me había quitado la ropa, pero estaba íntimamente unida a él. La más íntima unión a la que pueden llegar un hombre y una mujer. Qué él tampoco estuviese vestido me encantaba, aunque por su camisa desabotonada podía sentir el vello de su varonil pecho (siempre he odiado a los hombres pelados, soy de las chicas cuyo lema es “donde hay pelo, hay diversión”. Tampoco es que me atraiga un Chewbacca ja, ja, ja, pero sin pelo, más que hombres parecen maniquíes. Eso no me ponía). Le rodeé con mis brazos por el cuello y me besó con pasión desaforada mientras me hacía suya. Me sentía una ramita en sus manos. Era suya. Era su propiedad, su juguete...y me gustaba serlo.
-Disfrútame, hazme tuya papi. Haré lo que tú quieras. Cuando quieras. Donde tú quieras. Seré tuya para siempre.
Él seguía bombeando con furia asesina dentro de mí, invadiendo mis entrañas y sacudiéndome por dentro a cada movimiento en mi interior, lo sentía con la fuerza de un huracán desatado. El huracán de sus pasiones más lascivas y prohibidas, de sus deseos más inconfesables y perversos, el placer de cumplir sus fantasías más obscenas, de darle rienda suelta a un subconsciente que no conoce límites...y en ese lugar estaba su deseo, oculto pero latente, de tener a su hija por amante, de tomarla como a una mujer, de verla sometida, de corromperla, de convertirla en una lasciva y secreta esclava de su polla, a la que poder follar cuando él quisiera, a la que hacerle toda clase de guarradas. Yo sabía de sus deseos, y los conocía...y me encantaba que los dejara salir.
-¿Te gusta, putita bonita?. ¿Quién es la putita de papi, eh?. ¿Quién es la furcia de esta casa, Felisa?. ¿Quién es la chica más puta de todas?.
-¡YO!-exclamé, en un arranque de locura-. ¡Yo soy la puta!, ¡soy tu puta!. ¡Por siempre seré tu puta!. ¡Fóllate a esta puta, córrete en esta puta!. ¡FÓLLAMEEEE!...
Enrosqué con fuerzas mis piernas en su cintura, con la idea de estar todo lo más abierta que podía, de que me penetrase tanto que me la sacase por la boca. Me moría de ganas de sentirme empalada por él. Entonces le vi mirar por una de las ventanas junto a las que estábamos, y su rostro le cambió, se puso lívido durante un segundo, pero no por eso dejó de bombearme. Al contrario, lo hizo con más fuerza.
-¡Tu madre vuelve!. ¡Nos va a pillar!. ¿Te imaginas que nos pillé, te imaginas si nos descubre?. ¡Nos verá follando, me descubrirá dándote por el culo!. ¡Quiero tu culo!. ¡Ese culito de zorra es mío!. ¡DÁMELO!. ¡TE VOY A REVENTAR!.
Su amenaza, más que asustarme, sirvió para calentarme más aún. Después de un par de sacudidas más dentro de mí, de pronto se salió, me giró violentamente y me puso de cara a la pared, arqueando mi espalda para ponerle el culo en pompa, tal como él me había ordenado. Me hallaba en un estado de excitación tremendo, sabía que algo me iba a doler, pero también que lo iba a gozar...y esa mezcla sirvió para ponerme en órbita en el momento en que sentí como su barra de carne, era maravilla con que la naturaleza lo había dotado, se desplazaba en ese secreto y estéril agujero de mi cuerpo, llenándolo por completo. Me sujetó por mis pechis, que apretó hasta casi hacerme gemir entre dientes, terminó por barrenarme y con una extraña sensación de sentirme ahogada y escocida, él comenzó su nuevo baile amatorio. Su otra mano acariciaba mi chochito recién follado, que estaba muy sensible al tacto...y se puso a darme por el culo.
-¡Ya viene!. ¡La veo!. ¡La veo!. ¡Nos va a ver!. ¡Nos encontrará!. ¡Y verá que tú eres mía!. ¡Así seré solo para ti!. ¡Si nos pilla, tu madre ya nunca me tocará, solo tú me tocarás, sólo follaré contigo!. ¡Seré tuyo, putita!. ¡Seré siempre tuyo!.
La idea de ser pillada me excitaba, y él lo sabía. Si nos encontraba, seguramente le pediría el divorcio, y así yo sería toda para él, toda suya, porque no creíamos que ella le denunciase por hacerme lo que me hacía, la vergüenza pública sería demasiado para ella...pero a lo mejor ni siquiera se divorciaba, por miedo a las preguntas. A lo mejor no le pedía el divorcio, y tan solo le exigía que fuera discreto. Entonces, en ese caso, hasta follaríamos delante de ella, lo haríamos para enseñarle todas las cosas que hacemos en secreto, a espaldas del mundo. Ella sería nuestra cómplice secreta. Ella descubriría mi lado más sexual, me descubriría como mujer, como una mujercita ardiente por vivir el sexo más apasionado. Tomar a mami como cómplice mis escarceos incestuosos sería el culmen de la perversión. Era muy pervertido, sí...pero también muy excitante.
-¡Ya casi está aquí!. ¡Córrete Felisa!. ¡Córrete ya, pequeña, goza para papá!. ¡No te frenes y goza, dame tu orgasmo, lo quiero, lo necesito!. ¡Córrete conmigo!. ¡Te voy a llenar el culo de leche, guarrona!. ¡Te voy a dejar pringadísima!.
Entre sus palabras y las imágenes que venían a mi cabeza, entre las sensaciones que me sobrevenían por sus caricias en mis pezonis y en mi chochito mojado, no pude si no disfrutar cuando me invadió un orgasmo precioso, divino, maravilloso el cual me llegó a todas partes de mi cuerpo. Me corrí sin parar, como una cerdita que era, con esa maravilla de polla de mi padre bien adentro de mi culito, dominándome, poseyéndome, haciéndome su amante. Justo entonces papi me aviso de que ya no veía a mami. Como vivíamos en un séptimo piso, eso quería decir que estaba como a media calle de llegar al portal y de tomar el ascensor. Traducción: muy poco tiempo.
-¡La necesito!-exclamé, muerta de ganas-. ¡No te resistas, deja que te mime!.
Logré desencularme con rapidez y me agaché para sacarle el condón y que sus últimos chorritos de su semen fueran a mi boca. Disfrutaba como una guarrilla domada de su leche en mi boca, ya ni me acordaba la última vez que la había probado y me urgía recordar su sabor. No pude probarlo mucho, pero sí lo justo para sentirme muy feliz. Se la meneé un poco, apurando sus últimos chorros, viendo sus caras de placer mientras le pajeaba para lamerle el capullo enrojecido con restos de su semen valioso y caliente. Y acto seguido, ¡el huracán!. Todo debía volver a la calma, como si nada hubiera pasado, y tanto papi como yo regresamos a nuestras posiciones anteriores como si fuésemos los juguetes de Toy Story. Mientras él volvía a su despacho (procurando tirar el condón en donde mami no diese cuenta de él) yo regresé a mi cuarto, y a mis revistas de ropa y de chicos. Justo a tiempo, apenas un par de segundos después de regresar a donde estaba, ella apareció por la puerta.
-Hola cariño. Ha sido rápido, ya volví. ¿Todo bien por aquí?.
-Sí, como siempre-me encogí de hombros-. Viendo a estas preciosidades.
Mami frunció el ceño y entonces giró la cabeza para mirar la portada de una de las revistas, en donde salían los cantantes de más rabiosa actualidad.
-Ya veo que te gustan. Como te brillan los ojillos.
-Es que soy feliz, mami. Soy muy feliz-y no pude evitar un suspiro delator-.
Mami se sentó en el lateral de la cama y me dio un beso de la frente, un gesto el cual sabía me enternecía mucho.
-¿Qué habré hecho para tener una hija tan estupenda como tú?.
-Casarte con papá-respondí como una exhalación, casi sin dejar que acabase de hacer aquella pregunta retórica-.
Hablé sin malicia, sin algo que delatase que papi y yo acabásemos de follar en la sala de estar, junto a las ventanas. Fue una respuesta natural, emocionada, producto de la euforia más sencilla. Mami, al escucharme, torció algo el gesto, sorprendida.
-Que rara eres a veces-pensó en voz alta-...pero eres un encanto, mi niña. Voy a ver que hace papá, y más tarde ya prepararé la cena. ¿Quieres algo especial?.
-No, ya tengo todo lo que necesito. Lo que hagas estará bien.
-¡Eres imposible!-se rió-. En fin, voy allá. Te quiero, Felisa.
-Te quiero muchísimo, mami.
Ella se fue, y yo me quedé sola. Como cerró la puerta de mi cuarto, en cuanto lo hizo, me llevé una mano a la cara y comencé a recordar lo que había sucedido hacía tan solo unos minutos. No pude si no sonreír, la sonrisa más amplia y feliz de todo el ancho mundo, cuando reviví el torbellino de pasión que se había desatado, fugaz pero intenso, en mi cuerpo. Sin darme cuenta llevé mi mano a mis pechitos, que él había acariciado, chupeteado y apretado como quiso...y también me acaricié el culito, que todavía sentía como me ardía por haberlo penetrado de aquella forma, pero era un ardor que solo hacía por que sonriese más aún...y me acaricié mi chochito precioso, palpitante aún por haber tenido su interior al mejor hombre de todo el mundo: mi padre. Me había follado a papi, me la había metido (y bien metido)...y yo era feliz por ello.
Mientras comenzaba a masturbarme sin que nada ni nadie me importase (y si de pronto mami entraba en mi cuarto y me pillaba, me era indiferente), mi mente comenzó a retrotraerse, una vez más, a cuando empezó todo. Y en mis delirios sexuales cada vez más ardientes, mi memoria me transportó en el tiempo, a tan solo un año vista atrás
-No, mami. Está todo bien, no necesito nada-contesté-.
-¿Segura?.
-Síiii, seguraaa-volví a contestar con tono hastiado-.
-Vale, te quiero cariño-me besó la frente-. Papá está en el despacho, así que no le molestes mucho, ¿de acuerdo?.
-“Palabrita de niña bonita”-bromeé-.
-Bien. Hasta luego.
Mami se levantó del lateral de la cama, en donde estaba sentada, y se fue de mi cuarto. Yo estaba tumbada boca abajo en la cama, echada del revés sobre ella, con mis pies subiendo y bajando golpeando las almohadas mientras con los codos me apoyaba e incorporaba un poco, para así poder ojear las revistas que tenía ante mí. Sin levantarme, casi podía ver a mami salir de mi cuarto, coger el bolso y el resto de cosas, y salir por la puerta. No pasó ni un minuto cuando papi vino a mi habitación con mirada de poseído.
-¡Te necesito!. ¡Ven aquí!.
Me cogió de la mano y me llevó a la sala de estar, en donde me arrinconó contra la pared, entre las dos ventanas, y una vez entre la pared y él, me estampó un beso en los labios que me hizo palpitar hasta las yemas de los dedos. Llevó las manos a mi espalda y me atrajo hacia él mientras me comía la boca con fruición, poniendo una pierna entre las mías, apretándome, excitándome. Estaba en las nubes.
-Te quiero-me susurró-. Te deseo.
Me estremecí. Sentí un escalofrío que me recorrió de arriba abajo. Saber qué él me deseaba era el mejor afrodisíaco del mundo entero. Los tirantes de mi camiseta iban deslizándose poco a poco mientras me apretaba, dejando mis hombros al desnudo, y mis pechitos casi a la vista. No llevaba ropa interior.
-Tócame-le supliqué-. Hazme tuya. Hazme de todo.
-Tu madre vendrá enseguida. No tenemos mucho tiempo.
Me deslizó la camiseta blanca y me sobó un poco los pechis, dándome apenas un par de lametones para saborearlos, pero que a mí me sabían a gloria celestial. Sentir su lengua en mis pequeñas guindas era embriagador, tanto como lo era sentir mi propio cuerpo ser una ramita en sus manos, sentirme pequeña ante él. Me dominaba, me tenía toda para él, para satisfacer sus deseos...y yo le amaba por eso.
Con prisas metió la mano bajo mi mini-falda plisada azul de topos blancos, que yo siempre usaba para andar por casa (muchas veces sin nada debajo, sin que mami se enterase, para que no se enfadase conmigo). Comprobó que, en efecto, estaba desnuda bajo la mini-falda holgada, como si le estuviese esperando. Podía ver fascinada el brillo de sus ojos, maravillados al comprobar lo fácil que lo tenía. Del bolsillo sacó un condón y se lo puso, cosa que lamenté mucho porque deseaba sentirle entero, y no con la goma puesta, pero también entendí sus motivos. Me hizo gracia que desde hacía algún tiempo siempre iba con uno siempre a punto, listo para usarlo conmigo. Solo tenía que esperar la ocasión adecuada: ésta era una de ellas.
-¡No tan fuerte, picarona!. ¡Que así me haces daño!.
No pude evitar un exceso de fuerza cuando se la cogí, una vez bajé la cremallera de sus pantalones, para ver lo que tenía por ahí dentro escondido. Ya la tenía totalmente dura, y ardía como una tea. Palpitaba de deseo en mis manos, y se la saqué para verla y deleitarme con ella. ¡Dios, pero qué maravilla!. Era lo más hermoso del mundo.
-Mmm que boquita tiene mi nena…pero no hay tiempo para que me dediques tus atenciones. Tu madre dijo que no tardaría mucho. ¡Ven aquí, que te voy a clavar entera!.
De estar de rodillas, pasé a estar de pie, y en cuanto él se puso el condón, pasé a estar acorralada en el aire, puesta entre la pared, él…y su verga ardiente, con la que me penetró sin esperar a que yo estuviera mojada. No me importaba. Es más, me excitaba el hecho de que me penetrase de ese modo, como un desesperado en busca de simple carne caliente para desahogarse. No era ni su hija, ni su amante, solo una adolescente a la que poder tirarse como si fuese un pervertido. Cerré los ojos y me dejé llevar por el instante de placer, disfrutando de ese momento. Anhelaba tenerle entre mis piernas.
-Mmmm que rica está mi nena. Vamos, ven aquí. Ven que te folle, nenita.
Diossssssss...que cachonda me puso ese “nenita”. Solo cuando estábamos así me lo soltaba, y encima con ese tono entre hija, amante y novia, todo entremezclado de un modo que no distinguía el trato que me daba. Se puso a bombear como un loco, y el que estuviéramos en plena sala de estar, entre las dos ventanas, me excitó muchísimo más si cabe. El pensar que alguien podía vernos desde fuera, que podían pillarnos...mmmmmm que morbo me daba eso. Era divertidísimo el jugar a estas cosas. Enrosqué mis piernas alrededor de su cintura y me abrí para él, para que me penetrase más profundamente. Quería sentirme empalada por él. Deseaba sentirle follándome.
-Vamos papi. Tómame toda. Fóllame. Móntame. Aprisióname. Clávame.
Papi obedeció sumisamente mis órdenes, sin rechistar. Procedió a clavarme toda su herramienta sin piedad, con toda la prisa del mundo. Era divertido y excitante a la par que morboso. No me había quitado la ropa, pero estaba íntimamente unida a él. La más íntima unión a la que pueden llegar un hombre y una mujer. Qué él tampoco estuviese vestido me encantaba, aunque por su camisa desabotonada podía sentir el vello de su varonil pecho (siempre he odiado a los hombres pelados, soy de las chicas cuyo lema es “donde hay pelo, hay diversión”. Tampoco es que me atraiga un Chewbacca ja, ja, ja, pero sin pelo, más que hombres parecen maniquíes. Eso no me ponía). Le rodeé con mis brazos por el cuello y me besó con pasión desaforada mientras me hacía suya. Me sentía una ramita en sus manos. Era suya. Era su propiedad, su juguete...y me gustaba serlo.
-Disfrútame, hazme tuya papi. Haré lo que tú quieras. Cuando quieras. Donde tú quieras. Seré tuya para siempre.
Él seguía bombeando con furia asesina dentro de mí, invadiendo mis entrañas y sacudiéndome por dentro a cada movimiento en mi interior, lo sentía con la fuerza de un huracán desatado. El huracán de sus pasiones más lascivas y prohibidas, de sus deseos más inconfesables y perversos, el placer de cumplir sus fantasías más obscenas, de darle rienda suelta a un subconsciente que no conoce límites...y en ese lugar estaba su deseo, oculto pero latente, de tener a su hija por amante, de tomarla como a una mujer, de verla sometida, de corromperla, de convertirla en una lasciva y secreta esclava de su polla, a la que poder follar cuando él quisiera, a la que hacerle toda clase de guarradas. Yo sabía de sus deseos, y los conocía...y me encantaba que los dejara salir.
-¿Te gusta, putita bonita?. ¿Quién es la putita de papi, eh?. ¿Quién es la furcia de esta casa, Felisa?. ¿Quién es la chica más puta de todas?.
-¡YO!-exclamé, en un arranque de locura-. ¡Yo soy la puta!, ¡soy tu puta!. ¡Por siempre seré tu puta!. ¡Fóllate a esta puta, córrete en esta puta!. ¡FÓLLAMEEEE!...
Enrosqué con fuerzas mis piernas en su cintura, con la idea de estar todo lo más abierta que podía, de que me penetrase tanto que me la sacase por la boca. Me moría de ganas de sentirme empalada por él. Entonces le vi mirar por una de las ventanas junto a las que estábamos, y su rostro le cambió, se puso lívido durante un segundo, pero no por eso dejó de bombearme. Al contrario, lo hizo con más fuerza.
-¡Tu madre vuelve!. ¡Nos va a pillar!. ¿Te imaginas que nos pillé, te imaginas si nos descubre?. ¡Nos verá follando, me descubrirá dándote por el culo!. ¡Quiero tu culo!. ¡Ese culito de zorra es mío!. ¡DÁMELO!. ¡TE VOY A REVENTAR!.
Su amenaza, más que asustarme, sirvió para calentarme más aún. Después de un par de sacudidas más dentro de mí, de pronto se salió, me giró violentamente y me puso de cara a la pared, arqueando mi espalda para ponerle el culo en pompa, tal como él me había ordenado. Me hallaba en un estado de excitación tremendo, sabía que algo me iba a doler, pero también que lo iba a gozar...y esa mezcla sirvió para ponerme en órbita en el momento en que sentí como su barra de carne, era maravilla con que la naturaleza lo había dotado, se desplazaba en ese secreto y estéril agujero de mi cuerpo, llenándolo por completo. Me sujetó por mis pechis, que apretó hasta casi hacerme gemir entre dientes, terminó por barrenarme y con una extraña sensación de sentirme ahogada y escocida, él comenzó su nuevo baile amatorio. Su otra mano acariciaba mi chochito recién follado, que estaba muy sensible al tacto...y se puso a darme por el culo.
-¡Ya viene!. ¡La veo!. ¡La veo!. ¡Nos va a ver!. ¡Nos encontrará!. ¡Y verá que tú eres mía!. ¡Así seré solo para ti!. ¡Si nos pilla, tu madre ya nunca me tocará, solo tú me tocarás, sólo follaré contigo!. ¡Seré tuyo, putita!. ¡Seré siempre tuyo!.
La idea de ser pillada me excitaba, y él lo sabía. Si nos encontraba, seguramente le pediría el divorcio, y así yo sería toda para él, toda suya, porque no creíamos que ella le denunciase por hacerme lo que me hacía, la vergüenza pública sería demasiado para ella...pero a lo mejor ni siquiera se divorciaba, por miedo a las preguntas. A lo mejor no le pedía el divorcio, y tan solo le exigía que fuera discreto. Entonces, en ese caso, hasta follaríamos delante de ella, lo haríamos para enseñarle todas las cosas que hacemos en secreto, a espaldas del mundo. Ella sería nuestra cómplice secreta. Ella descubriría mi lado más sexual, me descubriría como mujer, como una mujercita ardiente por vivir el sexo más apasionado. Tomar a mami como cómplice mis escarceos incestuosos sería el culmen de la perversión. Era muy pervertido, sí...pero también muy excitante.
-¡Ya casi está aquí!. ¡Córrete Felisa!. ¡Córrete ya, pequeña, goza para papá!. ¡No te frenes y goza, dame tu orgasmo, lo quiero, lo necesito!. ¡Córrete conmigo!. ¡Te voy a llenar el culo de leche, guarrona!. ¡Te voy a dejar pringadísima!.
Entre sus palabras y las imágenes que venían a mi cabeza, entre las sensaciones que me sobrevenían por sus caricias en mis pezonis y en mi chochito mojado, no pude si no disfrutar cuando me invadió un orgasmo precioso, divino, maravilloso el cual me llegó a todas partes de mi cuerpo. Me corrí sin parar, como una cerdita que era, con esa maravilla de polla de mi padre bien adentro de mi culito, dominándome, poseyéndome, haciéndome su amante. Justo entonces papi me aviso de que ya no veía a mami. Como vivíamos en un séptimo piso, eso quería decir que estaba como a media calle de llegar al portal y de tomar el ascensor. Traducción: muy poco tiempo.
-¡La necesito!-exclamé, muerta de ganas-. ¡No te resistas, deja que te mime!.
Logré desencularme con rapidez y me agaché para sacarle el condón y que sus últimos chorritos de su semen fueran a mi boca. Disfrutaba como una guarrilla domada de su leche en mi boca, ya ni me acordaba la última vez que la había probado y me urgía recordar su sabor. No pude probarlo mucho, pero sí lo justo para sentirme muy feliz. Se la meneé un poco, apurando sus últimos chorros, viendo sus caras de placer mientras le pajeaba para lamerle el capullo enrojecido con restos de su semen valioso y caliente. Y acto seguido, ¡el huracán!. Todo debía volver a la calma, como si nada hubiera pasado, y tanto papi como yo regresamos a nuestras posiciones anteriores como si fuésemos los juguetes de Toy Story. Mientras él volvía a su despacho (procurando tirar el condón en donde mami no diese cuenta de él) yo regresé a mi cuarto, y a mis revistas de ropa y de chicos. Justo a tiempo, apenas un par de segundos después de regresar a donde estaba, ella apareció por la puerta.
-Hola cariño. Ha sido rápido, ya volví. ¿Todo bien por aquí?.
-Sí, como siempre-me encogí de hombros-. Viendo a estas preciosidades.
Mami frunció el ceño y entonces giró la cabeza para mirar la portada de una de las revistas, en donde salían los cantantes de más rabiosa actualidad.
-Ya veo que te gustan. Como te brillan los ojillos.
-Es que soy feliz, mami. Soy muy feliz-y no pude evitar un suspiro delator-.
Mami se sentó en el lateral de la cama y me dio un beso de la frente, un gesto el cual sabía me enternecía mucho.
-¿Qué habré hecho para tener una hija tan estupenda como tú?.
-Casarte con papá-respondí como una exhalación, casi sin dejar que acabase de hacer aquella pregunta retórica-.
Hablé sin malicia, sin algo que delatase que papi y yo acabásemos de follar en la sala de estar, junto a las ventanas. Fue una respuesta natural, emocionada, producto de la euforia más sencilla. Mami, al escucharme, torció algo el gesto, sorprendida.
-Que rara eres a veces-pensó en voz alta-...pero eres un encanto, mi niña. Voy a ver que hace papá, y más tarde ya prepararé la cena. ¿Quieres algo especial?.
-No, ya tengo todo lo que necesito. Lo que hagas estará bien.
-¡Eres imposible!-se rió-. En fin, voy allá. Te quiero, Felisa.
-Te quiero muchísimo, mami.
Ella se fue, y yo me quedé sola. Como cerró la puerta de mi cuarto, en cuanto lo hizo, me llevé una mano a la cara y comencé a recordar lo que había sucedido hacía tan solo unos minutos. No pude si no sonreír, la sonrisa más amplia y feliz de todo el ancho mundo, cuando reviví el torbellino de pasión que se había desatado, fugaz pero intenso, en mi cuerpo. Sin darme cuenta llevé mi mano a mis pechitos, que él había acariciado, chupeteado y apretado como quiso...y también me acaricié el culito, que todavía sentía como me ardía por haberlo penetrado de aquella forma, pero era un ardor que solo hacía por que sonriese más aún...y me acaricié mi chochito precioso, palpitante aún por haber tenido su interior al mejor hombre de todo el mundo: mi padre. Me había follado a papi, me la había metido (y bien metido)...y yo era feliz por ello.
Mientras comenzaba a masturbarme sin que nada ni nadie me importase (y si de pronto mami entraba en mi cuarto y me pillaba, me era indiferente), mi mente comenzó a retrotraerse, una vez más, a cuando empezó todo. Y en mis delirios sexuales cada vez más ardientes, mi memoria me transportó en el tiempo, a tan solo un año vista atrás