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Miguel y Myriam con sus hijos Mellizos Sandra y Enrique - Capitulo 006
Alrededor de las 6 pm llegamos a nuestro hogar, quedamos de vernos a las 7:30 para cenar, mi hija y mi esposa subieron rápidamente a la habitación a tomar una ducha, llevaban consigo los paquetes con sus compras de la tienda. En el camino a casa compramos comida preparada para la cena, Enrique estaba por llegar, me senté un momento en la sala a recordar lo vivido, me sentía muy excitado, fue inevitable jugar un poco con mi polla, la visión de Sandra y mi esposa en la tienda luciendo sus excitantes trajes era más de lo que podía procesar.
Subí la escalera lentamente, recordar a mi hija en la tienda me atormentaba. Al pasar por su habitación escuche el ruido del agua de la ducha, y mi imaginación corría pensando en mi hija duchándose. la imagine desnuda y masturbándose bajo la regadera.
Entré a nuestra habitación y escuche que también mi esposa se duchaba, abrí la puerta y me desnude, el vapor caliente la envolvía, su cuerpo hermoso es un afrodisiaco que sumado a lo excitado que me sentía sin preámbulos la jalé sin mediar palabras, y la besé apasionadamente con mi lenguaje corporal transmitiéndole mi deseo descontrolado. Ella respondió acariciando mi pene ya erecto. La tensión sexual que habíamos ido acumulando a lo largo del día se desbordó en un instante, empujé a mi esposa contra la pared de la ducha y comencé a penetrarla con frenesí.
Ella gimió de placer al sentir mi miembro adentrándose. Nuestros gemidos se fundieron con el sonido del chorro del grifo, creando un crescendo erótico en la atmósfera. Nuestros movimientos se volvieron intensos, reflejando la emoción y la excitación que experimentábamos.
Compartíamos un secreto, mi mente volvía a la tienda, a la imagen de mi hija probándose ropa provocativa. El calor del vapor y el sonido de la regadera se combinaron con los gemidos de placer de Myriam.
De repente, ella me susurró al oído: “¿Te pone cachondo lo que pasó en la tienda, cariño?”, su tono juguetón me hizo detenerme por un instante. “¿Te gustó ver a tu hija en lencería?” Me volvió a preguntar. Le sonreí, sin dejar de moverme, “¿Cómo no iba a ponerme cachondo? Ella se veía hermosa, muy sexual”. Mi respuesta solo la excitó aún más, su vagina se apretujó a mi pene. Susurrando, le dije al oído: “También me gusto verte a ti en ese conjunto… seguramente a Mario y Juan le encantara, ¿No te pone igualmente caliente amor?, en unos días nos reuniremos con ellos” Le respondí penetrándola profundamente y deteniéndome en cada estocada.
Mi esposa asintió regalándome un largo gemido. “¿Te gusta la idea de proseguir con el plan y que Sandy y yo les modelemos a ti y Enrique antes de ir la reunión?”
“Siii… me encanta la idea”, le dije, acelerando mi ritmo.
Volteé a mi esposa y la penetré desde atrás, con el vapor de la ducha acariciando nuestros cuerpos empapados. El chorro del grifo caía con un sonido constante y rítmico, sincronizando con nuestros jadeos y gemidos. “Me parece muy excitante… todo lo que estamos viviendo y quisiera… involucrar también a Enrique en alguna medida” Le confese mientras continuaba con mi miembro entrando y saliendo de su cálida y encharcada vagina. “¿No te excita la idea?”
“Mierda, si,” susurró Myriam, moviendo sus caderas para ensartarse y envolver mi pene con cada embestida.
Mis manos agarraron su cintura y la levanté aún más, impulsando mi polla más adentro de ella, disfrutando del sonido que emitía mi miembro al salir y volver a entrar en la humedad de su coño.
Mi esposa detuvo su movimiento, voltio su cara y me miró fijamente a los ojos y susurró con un tono de complicidad: “¿Qué fue lo que te excitó más de ver a Sandra en la Sex Shop?”, su cara mostrando una combinación de sorpresa y deseo. “Me gusto su seguridad y verla tan dispuesta a mostrar su cuerpo en lencería”, le respondí dándole tres fuertes estocadas, la verdad era que la imagen de mi hija era una constante en mi mente. “¿Y qué tal en el centro comercial?”, agregó ensartándose de golpe.
“Ufff si! se veía espectacular caminando, me excito como la veían…”
Ella sonrió, acaricio con una mano mis testículos por debajo de su cuerpo. “En la tienda note tu erección y la chica que nos atendió y Sandra también lo notaron”, dijo con un tono burlón.
Nuestros ojos se cruzaron, llenos de deseo, mientras la penetraba con todo mi ser, le volví recordar a mi esposa acerca de nuestro próximo encuentro con Juan, Martha y Mario. Myriam se agacho para facilitarme más la penetración y en esa posición cada vez que la penetraba su orificio anal se expandía, aprovechando la lubricación del vapor y el agua le introduje lentamente un dedo en su apretado agujero, notando de inmediato la reacción de su vagina, “Este pequeño orificio podría llenarse con la verga de Mario o de Juan mientras otro te penetre por enfrente amor”.
Mi esposa se estremeció ante mi sugerencia, puso sus manos sobre las rodillas para no caerse ensartándose con fuerza en mi pene. El dedo que le metí en su culo, desencadenó en ella una ola de placer que se reflejó en su cara. Su vagina se ajustó a mi pene aún más, jadeando y gimiendo de placer, me dijo que si, que le gustaba la idea de continuar lo que quedó inconcluso en la reunión con nuestros amigos, que le excitaba la idea de que la penetraran por todos lados. Acelere mi ritmo, mi pene deslizando en la humedad de mi esposa y mi dedo en su culo. Ella se movía en sintonía conmigo, acelerando sus caderas al ritmo de mis embestidas.
“Te he imaginado… tú en medio de Juan y Mario, y yo atrás viendo como se pierden sus miembros en tus orificios”. Le confese.
“Y yo chupando a Martha mientras ellos me penetran”
“¡Siii que rico! seria delicioso de verte así amor”
El vapor se envolvía alrededor de nosotros, la hacía verse aún más hermosa, más excitante. Bruscamente sin dejar de penetrarla la obligue a que pusiera las rodillas en el piso de la bañera para penetrarla de perrito con más libertad. Seguimos fantaseando mientras la penetraba suavemente y le introducía rítmicamente al unisonó dos dedos en el ano.
“¡Dime más amor!, ¡me calienta mucho!” Suplicó.
“Voy a ir un poco más lejos en mis fantasías… también he imaginado que sea Sandra la que está recibiendo esas dos vergas”. Contesté acelerando el ritmo.
Suavemente saqué mis dedos del agujero dilatado de su culo y sin pedir permiso lo suplanté por mi polla, se quedó estática con cada milímetro que le entraba, la visión de ver a mi esposa en el suelo de la bañera con la cara pegada al azulejo del piso era demasiado excitante, me miraba por encima del hombro, sus ojos llenos de pasión y deseo, mi polla entrando y saliendo de su culo. El sonido del agua se confundía con los gemidos que salían de la boca de mi esposa.
“¿Te gusta mi fantasía?”. Le dije.
Eso fue la chispa que encendió la llama. Mi polla se movía cada vez más rápido en su orificio anal, cada estocada más profunda, cada uno de sus gritos más descontrolados, mi esposa me decía que no parara, que no podía aguantar, que ya se iba a correr con mi verga en su culo. Y sucedió, la sentí soltarse, su culo se contrajo y sentí como aprisiono mi pene mientras se retorcía en el piso, le metí prácticamente todos mis dedos en su vagina buscando ayudarla y enseguida me regalo otro orgasmo.
Ella me miró con ojos llenos de deseo. Con un gemido final, eyaculé en su culo, llenando su interior con mi semen, mi esposa se deslizó y derramo en el piso de la ducha conmigo encima dentro de su culo. Nos besamos apasionadamente en esa posición, ahí estuvimos por algunos minutos.
Nuestro ritual matutino de cada lunes volvió a la rutina y sus prisas, nuestros hijos ya se habían ido a la universidad. Vestimos nuestros mejores atuendos ya que teníamos negocios importantes que atender, ella tenía una cita a primera hora. Se vistió con un traje tipo sastre ajustado que resaltaba su maduro y sexy cuerpo.
La miré con deseo y deseando que la jornada laboral pasara rápidamente, me sonrío con malicia, sabia cuanto la deseaba y que la noche anterior fue diferente y solo fue preludio a lo que vendría, tanto por la reunión con nuestros amigos el próximo sábado, la promesa del desfile de lencería invitando a Enrique y además hoy pensaba llamar a Juan para saber los avances de la reunión de Sandra.
Desayunamos y nos fuimos al despacho, llegando se puso a organizar pendientes del día con la ayuda de nuestra asistente, hice lo mismo con Ramiro el pasante de derecho en mi oficina. Revisé correos, intentando mantener mi mente, no podía evitar pensar en la tarde en la Sex Shop, la lencería que mi hija y mi esposa habían elegido. La imagen de la piel y culo de Sandra en esos atuendos me volvía loco.
Le envié un mensaje de texto a Myriam tratando de llamar su atención desde mi despacho ya que estaba absorta en su trabajo. Desde mi oficina tenía una clara visión de lo que sucedía en la recepción. “No puedo dejar de pensar en la noche de ayer, estuviste muy… Puta y bueno me apena un poco la confesión de mi fantasía de anoche incluyendo a Sandy y no dejo de pensar que pronto hay la posibilidad que vaya sola a una reunión swinger con desconocidos”.
Al llegarle el mensaje, voltio a verme y desde su posición me contestó sonriendo y enviándome un beso con un emoji de carita sonriente con ojos en corazón que no dejaron duda alguna de su aprobación.
Esto solo intensificó mi excitación. A lo lejos, escuché el sonido de la puerta de la oficina abrirse y entraron los primeros clientes; la cita de Myriam. En el silencio de mi despacho acompañado de Ramiro, mi respiración pesada por momentos se escapaba de mis labios afortunadamente se confundía con el murmullo del aire acondicionado. La idea de Sandy, mi princesa que tanto cuide y cele en el ojo del huracán de nuestras fantasías y el recuerdo de la sex shop era simplemente irresistible.
La cita de Myriam era con dos jóvenes que fueron sobre información para iniciar un juicio testamentario de sus padres, era su primera cita, dos chicos de no más de 23 años, la secretaria les ofreció café y se sentaron en un amplio sillón de cuero. Mi esposa, se acercó a los jóvenes caminando sonriente y segura de sí misma, el traje mostraba perfectamente el contorno de su figura, sus lentes la hacían lucir a la vez inteligente y sexy. De pie, su presencia dominaba el ambiente, y no pude evitar imaginarme la reacción de los muchachos si pudieran verla en la lencería que había abajo de su falda.
Se sentó con gracia en su silla de oficina, cruzando suavemente una pierna por encima de la otra, exponiendo de manera sutil y elegante sus muslos. La tela delgada del traje no podía ocultar la sugerente sombra de su ropa interior, que se adivinaba a la perfección. Los dos jóvenes no pudieron evitar echar un vistazo disimulado, sus pupilas se dilataron ante la visión, Myriam, consciente del impacto que causaba, se acomodó aún más, haciéndome una mueca disimulada que solo yo pude detectar desde mi cubículo. Sentí mi miembro palpitar de emoción al imaginar lo que pasaba en la cabeza de los jóvenes.
La conversación entre ellos fluía, y la seducción no se limitaba a mi imaginación; El maquillaje de mi esposa resaltaba sus labios carnosos y sus ojos brillando transmitiendo deseo, era un juego que teníamos con “Vainillas” (Personas fuera de nuestro ambiente swinger). La atención de los visitantes se dividía entre la atractiva imagen que les ofrecía mi mujer y el negocio que tenían que atender. Con cada movimiento de su pierna, la falda se levantaba un poquito más, mostrando la curva del muslo que se adentraba en su coño, la tensión erótica se hacía cada vez más evidente.
La cita finalizó y mi esposa antes de levantarse cruzo y abrió las piernas para darles una última visión clara de sus pantaletas y lencería que recorrían sus piernas y con la gracia de una pantera se levantó los saludo de mano y los encamino y acercó a la puerta, acompañando a los jóvenes con su andar sensual. Con la puerta abierta, se inclinó para despedirlos empujando sus senos para que pudieran ver un poco de lo que ocultaba su blusa, ella sabía que yo la observaba, la puerta se cerró detrás de los jóvenes, enseguida se dirigió a mi oficina, le pedí a Ramiro si me podía dar algo de privacidad y salió.
Se sentó frente a mí y en susurro me dijo “¿Te gustó el espectáculo, mi amor?” haciéndome estremecer. “Sabes que me excitan mucho esos juegos, seguramente esos chicos van a regresar y te tendrán en sus masturbaciones” le respondí con una sonrisa pícara.
Y sin más me dio los pormenores de la cita con los jóvenes se levantó lentamente y se alejó moviendo su hermoso culo. El día continuo en la oficina. La escena con los chicos me hizo divagar nuevamente con la emocionante posibilidad de involucrar a alguien que no estuviera dentro de nuestro ambiente, personas inocentes de este estilo de vida que se dejarían arrastrar por nuestros deseos. Decidí que era hora de compartir mi más reciente fantasía con mi cómplice que estaba nuevamente en recepción con nuestra asistente.
Y le envié otro mensaje a su móvil “Amor, esta vez te vi más atrevida. ¿Te gustaría que algún día pudiéramos compartir nuestros juegos con alguien más? ¿Alguien que no sepa de nuestros secretos?”
A la distancia vi cuando le llego el mensaje y al leerlo me envió una sonrisa que me indicó que la idea la excitaba, se acomodó el pelo detrás de la oreja y cruzo una pierna para enseguida textearme de regreso. “¿Quién tienes en mente, cariño?” Me respondió “Se me ocurren varias personas como fantasías, incluso clientes, personas que estén abiertas a la aventura, podríamos ir midiendo el terreno, obviamente ser selectivos, me excita la idea. ¿A ti no?”.
Le sonreí desde mi escritorio y le envié el nuevo texto sabía que su mente ya se adelantaba a la mía. “¿Sabes?, antes jamás pensé hacerlo con alguien joven hasta que probe a Mario, entonces. ¿Tal vez los chicos que vinieron hoy? Están muy lindos. ¿O quizá alguien de la oficina?”
Su respuesta supero mi inquietud, Le envié un beso y un nuevo mensaje “no había pensado en alguien de la oficina. ¿Piensas en Ramiro?, siento es demasiado tímido hijo de familia muy tradicional” Envié el mensaje. Al leerlo aprovecho que estaba sola ya que nuestra asistente fue a recibir otra de las citas. Hizo un ademan sacando su lengua y metiéndose los dos dedos anulares en la boca emulando que mamaba dos penes, seguramente uno era el de Ramiro, Me contesto enseguida “¿y por qué no? Es tímido, atractivo, joven y varonil”.
Su respuesta me sorprendió y me excitó aún más. La idea de abrirnos para introducir a alguien del mundo cotidiano y ser nosotros los que los iniciemos era un desafío excitante. Le envié otro texto “No tenía idea que Ramiro te pudiera resultar atractivo, él era tu alumno en la universidad, me parece excitante que lo puedas seducir sería un proceso muy caliente, prácticamente le doblas la edad, lo confieso me excita la idea. ¿Qué te resulta atractivo de “nuestro” Ramiro?”
Me pareció ver sonrojo en su cara, dudo un momento en contestar, con una seña abriendo los ojos me dio a entender que la respuesta me llegaría en breve. “Que es muy atento, formal, serio y sus nalgas enfundadas en esos pantalones, además siempre me ha gustado su inocencia e inexpresiva conducta, podría ser una divertida sorpresa”.
Con ese último mensaje, la conversación terminó y fue interrumpida por la siguiente cita. Con la respuesta de mi esposa a mi sugerencia, mi corazón empezó a latir con mayor intensidad. “Me encanta que estemos en el mismo canal y sea algo a desarrollar”, le respondí con un guiño en mi texto. Ella sonrió misteriosa y se levantó a atender la siguiente cita.
Antes de salir de la oficina al terminar la jornada llame a Juan para saber los preparativos del próximo sábado, también necesitaba saber si había conseguido algún contacto para organizar la reunión de nuestra hija, solo que no me atrevía a hacerlo directo tenía la esperanza que el tocara el tema.
“Hola Juan, como están, que dice la buena vida? Estoy con Myriam estamos por salir del despacho solo para confirmar y saber sobre los preparativos para la reunión del sábado. ¿Te parece bien que lleguemos a las 7?
“La hora esta ideal, Mario llegará un poco más tarde, No se preocupen por nada, Martha se encargará de los bocadillos y yo tengo las bebidas adecuadas, será una noche muy especial. Un beso para Myriam”
“Igual te envía besos, espera ella quiere hablar contigo” Ante la insistencia de mi esposa de hablar con Juan puse el teléfono en altavoz.
“Juan, ya conoces a Miguel a veces no va a al grano, estoy enterada que organizas una reunión para Sandy, confiamos totalmente en ti y en tu discreción sé que elegirás las personas adecuadas. ¿Algún avance?”
“El sábado pensaba darles la noticia, creo que he dado con la pareja ideal para la primera experiencia de su hija. Se trata de Carlos y Valeria, son jóvenes, atractivos y con muchas ansias de explorar. Llegaron recientemente al swinger, andan en busca de una chica sola que les permita probar un trio, y al hablarles de la situación sin mencionar que se trata de la hija de unos amigos, me dijeron que les encantaría tener un encuentro con ella. Estoy seguro de que van a encantar a Sandra”
“Suena fantástico, Juan, gracias por tomarte el tiempo de buscar a alguien tan adecuado. ¿Te parece si nos envías algunas fotos de ellos para compartirlos con nuestra hija? -Intervine ya confiado.
“Se las solicito con gusto, no sé si sea buena idea enviarles unas de Sandy” Pregunto
“Estamos de acuerdo de enviar un par de fotos” -Contesto mi mujer
“No se hable más, antes del sábado les envió las fotos y espero las de su princesa, los esperamos. Un consejo no tenga mucho sexo en la semana, Mario amenaza con quedarse a dormir en casa lo cual nos lo tendrá que explicar ya que mi nuera dudo que le de permiso de faltar en casa” Se despidió.
La idea de que una pareja joven, deseosa de probar la carne fresca de nuestra hija, era un pensamiento que hacía que mi miembro se erizara en mi pantalón. Myriam me miraba con una sonrisa de complicidad, su respiración se aceleraba al pensar en la inminente aventura que nuestra hija iba a experimentar.
Durante la semana, el volumen de trabajo se intensificó de una manera excepcional, lo que mantuvo a Myriam y a mí sumergidos en nuestros respectivos mundos laborales. Nuestros hijos, por su parte, se enfrascaron en sus disciplinas académicas y deportivas en la universidad. Cada noche, la tensión sexual se acumulaba, ya que cada conversación entre mi esposa y yo, cada toque casual y cada sonrisa se cargaba de un deseo que se volvía insoportable. El jueves por la tarde decidimos mi esposa y yo ir de nuevo a la sex-shop para adquirir aceites especiales que ella tenía en mente utilizar en la reunión, así como un tapón o plug anal por un artículo que leyó sobre el tema.
Al ir a pagar a caja nos atendió directamente el chico que me sugirió adquirir la membresía para las cabinas y me recordó que aún tenía la oferta de 3 personas por $ 200.00 dólares anuales.
“¿Hola señor gusto volver a verlo, le agrego la membresía?
“Si, agréguela a mi cuenta por favor” Le contesto mi esposa entregando nuevamente su tarjeta de crédito.
Al llegar a casa con nuestras compras encontramos en nuestra sala a nuestra hija con unas visitas.
“Papá, mamá, éstos son mis amigos de la universidad, Alejandro y Laura, vinieron a preparar un proyecto. Ya les he hablado un poco de Alejandro”, dijo Sandy, presentando a los jóvenes y viendo la bolsa que traía mi esposa en las manos que reconoció era de la tienda.
Recordé que nuestra hija nos había contado que empezaba a salir con un chico que le agradaba.
Les dimos la bienvenida como cualesquiera padres de familia y nos despedimos para ir a nuestras habitaciones a dejar las compras, Sandy fiel a su carácter levanto las cejas señalando la bolsa con los ojos y nos dijo al subir las escaleras:
“¿Que compraron, algo para mí?
Al entrar en la habitación Myriam abrió la bolsa y después de revisar las indicaciones de los aceites y el plug anal me dijo que se daría un baño y necesitaba la ayudara a ponérselo cuando saliera.
Al salir sin perder un instante, me acerqué a ella, la tome de la cintura y la jalé suavemente hacía la cama, la toalla se deslizó al piso revelando su hermoso cuerpo que jamás me cansare de admirar. Su excitación era palpable, sus pechos se alzaron, la vagina ya emanaba jugos que resbalaban por sus piernas. Entregándome el juguete lo analice ya que nunca había visto uno; Era de metal con una diadema al final emulando una cola de zorra, me indico cuál de los lubricantes usara, la esencia del producto emanaba un aroma afrutado y sensual.
Con cuidado, vertí unas cuantas gotas en su ano y alrededor de la punta del artilugio, le pedí que se acostara boca abajo, abrí sus piernas y acerque mi rostro a su entrepierna, lamiendo su vagina suavemente y la piel alrededor de su agujero anal, lo que la hizo jadear y mover su cintura ansiosamente.
Gimió al sentir la punta del artefacto, comencé a insertarlo lentamente, deteniéndome en cada centímetro para que se acostumbrara a la sensación. Ella me guio con susurros, apretando los glúteos y empujando contra el juguete, y pronto el plug se encajó completamente en su interior dejando la cola de zorro afuera, es increíble como algo tan pequeño agrega tanto morbo. Note que al instalar el juguete dentro de su ano su vagina se ensancho en flor, quizá la excitación de los últimos días la habían hecho masturbarse ya que sus labios vaginales y su clítoris se veían hinchados, fue una invitación a chupar y lamer.
Se retorcía de placer, con la yema de mis dedos, recorrí el contorno de su abertura, la masajeé, acariciando cada centímetro. La presión del plug en su interior la hacía gemir cada vez más, y su coño se humedecía. Me pidió que la penetrara, que la llenara de mi leche, que la hiciera sentir que era mi puta. El deseo era palpable en la habitación, y la tensión sexual que habíamos ido acumulando a lo largo de la semana explotó.
Con la lentitud del que sabe que la recompensa vale la pena, comencé a penetrarla, llenando su coño, Desde el primer instante en que sentí su calor interior supe que no iba a durar demasiado. En cinco minutos eyacule y fueron suficientes para que también mi mujer se viniera, su explosión fue intensa, sus piernas temblaron y cayo de bruces sobre la cama con mi verga y el tapón anal dentro de ella.
Después de un breve descanso, intenté quitarle suavemente el artefacto, mi esposa se volvió a mí y me sonrío. “Deja que siga ahí la idea es que me acostumbre a la sensación”
Descansamos unos minutos, nos vestimos con cuidado, para bajar a preparar la cena, mi esposa se ajustó un vestido casual suelto sin ponerse bragas. Se hizo una cola de caballo y bajamos a la sala con el plug instalado en su culo, cada paso suyo hacía que su culo se meciera de una forma que me recordaba constantemente lo que ocurría debajo de su vestido. Saludamos nuevamente a los chicos.
“Se van a quedar a cenar?” -Pregunto mi esposa
“Por supuesto mami, ya los había invitado, además ellos saben que son excelentes cocineros -Contesto mi princesa.
La idea me excitó aún más, la imagen de mi esposa, nuestros invitados inocentemente ajenos a lo que ocultaba bajo su ropa.
En la mesa durante la cena la conversación fluyó con naturalidad, Enrique llego y se integró al grupo, los 4 universitarios ya se conocían entre sí, observe a los chicos y note que era evidente que entre Alejandro y mi hija había química, me pareció un buen chico. Myriam no podía dejar de moverse en su silla seguramente en busca de la sensación del plugo que horadaba su orificio, al parecer ya se había acostumbrado me miraba de reojo, su sonrisa tenía un placer malicioso buscando como siempre mi complicidad.
Laura, una chica pecosa y muy delgada que se encontraba al otro extremo de la mesa, era la más seria de los 4 me pareció que noto el ambiente eléctrico que se formaba entre mi mujer y yo, su rostro se ruborizó al cruzarse con mi mirada.
Alejandro, por su parte completamente atrapado por el hechizo que desprendía Sandy no podía quitar los ojos de su escote que a partir de la visita al sex shop opto por vestir más atrevida, La tensión sexual se respiraba de alguna manera, quizá las feromonas de mi mujer permeaban el ambiente, era una extraña energía sexual. No dejaba de moverse a los lados sobre sus nalgas, inevitablemente mi mente empezó a divagar, imaginando a todos desnudos en la mesa enredados en una orgia de carne joven y apetitosa.
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Miguel y Myriam con sus hijos Mellizos Sandra y Enrique - Capitulo 006
Alrededor de las 6 pm llegamos a nuestro hogar, quedamos de vernos a las 7:30 para cenar, mi hija y mi esposa subieron rápidamente a la habitación a tomar una ducha, llevaban consigo los paquetes con sus compras de la tienda. En el camino a casa compramos comida preparada para la cena, Enrique estaba por llegar, me senté un momento en la sala a recordar lo vivido, me sentía muy excitado, fue inevitable jugar un poco con mi polla, la visión de Sandra y mi esposa en la tienda luciendo sus excitantes trajes era más de lo que podía procesar.
Subí la escalera lentamente, recordar a mi hija en la tienda me atormentaba. Al pasar por su habitación escuche el ruido del agua de la ducha, y mi imaginación corría pensando en mi hija duchándose. la imagine desnuda y masturbándose bajo la regadera.
Entré a nuestra habitación y escuche que también mi esposa se duchaba, abrí la puerta y me desnude, el vapor caliente la envolvía, su cuerpo hermoso es un afrodisiaco que sumado a lo excitado que me sentía sin preámbulos la jalé sin mediar palabras, y la besé apasionadamente con mi lenguaje corporal transmitiéndole mi deseo descontrolado. Ella respondió acariciando mi pene ya erecto. La tensión sexual que habíamos ido acumulando a lo largo del día se desbordó en un instante, empujé a mi esposa contra la pared de la ducha y comencé a penetrarla con frenesí.
Ella gimió de placer al sentir mi miembro adentrándose. Nuestros gemidos se fundieron con el sonido del chorro del grifo, creando un crescendo erótico en la atmósfera. Nuestros movimientos se volvieron intensos, reflejando la emoción y la excitación que experimentábamos.
Compartíamos un secreto, mi mente volvía a la tienda, a la imagen de mi hija probándose ropa provocativa. El calor del vapor y el sonido de la regadera se combinaron con los gemidos de placer de Myriam.
De repente, ella me susurró al oído: “¿Te pone cachondo lo que pasó en la tienda, cariño?”, su tono juguetón me hizo detenerme por un instante. “¿Te gustó ver a tu hija en lencería?” Me volvió a preguntar. Le sonreí, sin dejar de moverme, “¿Cómo no iba a ponerme cachondo? Ella se veía hermosa, muy sexual”. Mi respuesta solo la excitó aún más, su vagina se apretujó a mi pene. Susurrando, le dije al oído: “También me gusto verte a ti en ese conjunto… seguramente a Mario y Juan le encantara, ¿No te pone igualmente caliente amor?, en unos días nos reuniremos con ellos” Le respondí penetrándola profundamente y deteniéndome en cada estocada.
Mi esposa asintió regalándome un largo gemido. “¿Te gusta la idea de proseguir con el plan y que Sandy y yo les modelemos a ti y Enrique antes de ir la reunión?”
“Siii… me encanta la idea”, le dije, acelerando mi ritmo.
Volteé a mi esposa y la penetré desde atrás, con el vapor de la ducha acariciando nuestros cuerpos empapados. El chorro del grifo caía con un sonido constante y rítmico, sincronizando con nuestros jadeos y gemidos. “Me parece muy excitante… todo lo que estamos viviendo y quisiera… involucrar también a Enrique en alguna medida” Le confese mientras continuaba con mi miembro entrando y saliendo de su cálida y encharcada vagina. “¿No te excita la idea?”
“Mierda, si,” susurró Myriam, moviendo sus caderas para ensartarse y envolver mi pene con cada embestida.
Mis manos agarraron su cintura y la levanté aún más, impulsando mi polla más adentro de ella, disfrutando del sonido que emitía mi miembro al salir y volver a entrar en la humedad de su coño.
Mi esposa detuvo su movimiento, voltio su cara y me miró fijamente a los ojos y susurró con un tono de complicidad: “¿Qué fue lo que te excitó más de ver a Sandra en la Sex Shop?”, su cara mostrando una combinación de sorpresa y deseo. “Me gusto su seguridad y verla tan dispuesta a mostrar su cuerpo en lencería”, le respondí dándole tres fuertes estocadas, la verdad era que la imagen de mi hija era una constante en mi mente. “¿Y qué tal en el centro comercial?”, agregó ensartándose de golpe.
“Ufff si! se veía espectacular caminando, me excito como la veían…”
Ella sonrió, acaricio con una mano mis testículos por debajo de su cuerpo. “En la tienda note tu erección y la chica que nos atendió y Sandra también lo notaron”, dijo con un tono burlón.
Nuestros ojos se cruzaron, llenos de deseo, mientras la penetraba con todo mi ser, le volví recordar a mi esposa acerca de nuestro próximo encuentro con Juan, Martha y Mario. Myriam se agacho para facilitarme más la penetración y en esa posición cada vez que la penetraba su orificio anal se expandía, aprovechando la lubricación del vapor y el agua le introduje lentamente un dedo en su apretado agujero, notando de inmediato la reacción de su vagina, “Este pequeño orificio podría llenarse con la verga de Mario o de Juan mientras otro te penetre por enfrente amor”.
Mi esposa se estremeció ante mi sugerencia, puso sus manos sobre las rodillas para no caerse ensartándose con fuerza en mi pene. El dedo que le metí en su culo, desencadenó en ella una ola de placer que se reflejó en su cara. Su vagina se ajustó a mi pene aún más, jadeando y gimiendo de placer, me dijo que si, que le gustaba la idea de continuar lo que quedó inconcluso en la reunión con nuestros amigos, que le excitaba la idea de que la penetraran por todos lados. Acelere mi ritmo, mi pene deslizando en la humedad de mi esposa y mi dedo en su culo. Ella se movía en sintonía conmigo, acelerando sus caderas al ritmo de mis embestidas.
“Te he imaginado… tú en medio de Juan y Mario, y yo atrás viendo como se pierden sus miembros en tus orificios”. Le confese.
“Y yo chupando a Martha mientras ellos me penetran”
“¡Siii que rico! seria delicioso de verte así amor”
El vapor se envolvía alrededor de nosotros, la hacía verse aún más hermosa, más excitante. Bruscamente sin dejar de penetrarla la obligue a que pusiera las rodillas en el piso de la bañera para penetrarla de perrito con más libertad. Seguimos fantaseando mientras la penetraba suavemente y le introducía rítmicamente al unisonó dos dedos en el ano.
“¡Dime más amor!, ¡me calienta mucho!” Suplicó.
“Voy a ir un poco más lejos en mis fantasías… también he imaginado que sea Sandra la que está recibiendo esas dos vergas”. Contesté acelerando el ritmo.
Suavemente saqué mis dedos del agujero dilatado de su culo y sin pedir permiso lo suplanté por mi polla, se quedó estática con cada milímetro que le entraba, la visión de ver a mi esposa en el suelo de la bañera con la cara pegada al azulejo del piso era demasiado excitante, me miraba por encima del hombro, sus ojos llenos de pasión y deseo, mi polla entrando y saliendo de su culo. El sonido del agua se confundía con los gemidos que salían de la boca de mi esposa.
“¿Te gusta mi fantasía?”. Le dije.
Eso fue la chispa que encendió la llama. Mi polla se movía cada vez más rápido en su orificio anal, cada estocada más profunda, cada uno de sus gritos más descontrolados, mi esposa me decía que no parara, que no podía aguantar, que ya se iba a correr con mi verga en su culo. Y sucedió, la sentí soltarse, su culo se contrajo y sentí como aprisiono mi pene mientras se retorcía en el piso, le metí prácticamente todos mis dedos en su vagina buscando ayudarla y enseguida me regalo otro orgasmo.
Ella me miró con ojos llenos de deseo. Con un gemido final, eyaculé en su culo, llenando su interior con mi semen, mi esposa se deslizó y derramo en el piso de la ducha conmigo encima dentro de su culo. Nos besamos apasionadamente en esa posición, ahí estuvimos por algunos minutos.
Nuestro ritual matutino de cada lunes volvió a la rutina y sus prisas, nuestros hijos ya se habían ido a la universidad. Vestimos nuestros mejores atuendos ya que teníamos negocios importantes que atender, ella tenía una cita a primera hora. Se vistió con un traje tipo sastre ajustado que resaltaba su maduro y sexy cuerpo.
La miré con deseo y deseando que la jornada laboral pasara rápidamente, me sonrío con malicia, sabia cuanto la deseaba y que la noche anterior fue diferente y solo fue preludio a lo que vendría, tanto por la reunión con nuestros amigos el próximo sábado, la promesa del desfile de lencería invitando a Enrique y además hoy pensaba llamar a Juan para saber los avances de la reunión de Sandra.
Desayunamos y nos fuimos al despacho, llegando se puso a organizar pendientes del día con la ayuda de nuestra asistente, hice lo mismo con Ramiro el pasante de derecho en mi oficina. Revisé correos, intentando mantener mi mente, no podía evitar pensar en la tarde en la Sex Shop, la lencería que mi hija y mi esposa habían elegido. La imagen de la piel y culo de Sandra en esos atuendos me volvía loco.
Le envié un mensaje de texto a Myriam tratando de llamar su atención desde mi despacho ya que estaba absorta en su trabajo. Desde mi oficina tenía una clara visión de lo que sucedía en la recepción. “No puedo dejar de pensar en la noche de ayer, estuviste muy… Puta y bueno me apena un poco la confesión de mi fantasía de anoche incluyendo a Sandy y no dejo de pensar que pronto hay la posibilidad que vaya sola a una reunión swinger con desconocidos”.
Al llegarle el mensaje, voltio a verme y desde su posición me contestó sonriendo y enviándome un beso con un emoji de carita sonriente con ojos en corazón que no dejaron duda alguna de su aprobación.
Esto solo intensificó mi excitación. A lo lejos, escuché el sonido de la puerta de la oficina abrirse y entraron los primeros clientes; la cita de Myriam. En el silencio de mi despacho acompañado de Ramiro, mi respiración pesada por momentos se escapaba de mis labios afortunadamente se confundía con el murmullo del aire acondicionado. La idea de Sandy, mi princesa que tanto cuide y cele en el ojo del huracán de nuestras fantasías y el recuerdo de la sex shop era simplemente irresistible.
La cita de Myriam era con dos jóvenes que fueron sobre información para iniciar un juicio testamentario de sus padres, era su primera cita, dos chicos de no más de 23 años, la secretaria les ofreció café y se sentaron en un amplio sillón de cuero. Mi esposa, se acercó a los jóvenes caminando sonriente y segura de sí misma, el traje mostraba perfectamente el contorno de su figura, sus lentes la hacían lucir a la vez inteligente y sexy. De pie, su presencia dominaba el ambiente, y no pude evitar imaginarme la reacción de los muchachos si pudieran verla en la lencería que había abajo de su falda.
Se sentó con gracia en su silla de oficina, cruzando suavemente una pierna por encima de la otra, exponiendo de manera sutil y elegante sus muslos. La tela delgada del traje no podía ocultar la sugerente sombra de su ropa interior, que se adivinaba a la perfección. Los dos jóvenes no pudieron evitar echar un vistazo disimulado, sus pupilas se dilataron ante la visión, Myriam, consciente del impacto que causaba, se acomodó aún más, haciéndome una mueca disimulada que solo yo pude detectar desde mi cubículo. Sentí mi miembro palpitar de emoción al imaginar lo que pasaba en la cabeza de los jóvenes.
La conversación entre ellos fluía, y la seducción no se limitaba a mi imaginación; El maquillaje de mi esposa resaltaba sus labios carnosos y sus ojos brillando transmitiendo deseo, era un juego que teníamos con “Vainillas” (Personas fuera de nuestro ambiente swinger). La atención de los visitantes se dividía entre la atractiva imagen que les ofrecía mi mujer y el negocio que tenían que atender. Con cada movimiento de su pierna, la falda se levantaba un poquito más, mostrando la curva del muslo que se adentraba en su coño, la tensión erótica se hacía cada vez más evidente.
La cita finalizó y mi esposa antes de levantarse cruzo y abrió las piernas para darles una última visión clara de sus pantaletas y lencería que recorrían sus piernas y con la gracia de una pantera se levantó los saludo de mano y los encamino y acercó a la puerta, acompañando a los jóvenes con su andar sensual. Con la puerta abierta, se inclinó para despedirlos empujando sus senos para que pudieran ver un poco de lo que ocultaba su blusa, ella sabía que yo la observaba, la puerta se cerró detrás de los jóvenes, enseguida se dirigió a mi oficina, le pedí a Ramiro si me podía dar algo de privacidad y salió.
Se sentó frente a mí y en susurro me dijo “¿Te gustó el espectáculo, mi amor?” haciéndome estremecer. “Sabes que me excitan mucho esos juegos, seguramente esos chicos van a regresar y te tendrán en sus masturbaciones” le respondí con una sonrisa pícara.
Y sin más me dio los pormenores de la cita con los jóvenes se levantó lentamente y se alejó moviendo su hermoso culo. El día continuo en la oficina. La escena con los chicos me hizo divagar nuevamente con la emocionante posibilidad de involucrar a alguien que no estuviera dentro de nuestro ambiente, personas inocentes de este estilo de vida que se dejarían arrastrar por nuestros deseos. Decidí que era hora de compartir mi más reciente fantasía con mi cómplice que estaba nuevamente en recepción con nuestra asistente.
Y le envié otro mensaje a su móvil “Amor, esta vez te vi más atrevida. ¿Te gustaría que algún día pudiéramos compartir nuestros juegos con alguien más? ¿Alguien que no sepa de nuestros secretos?”
A la distancia vi cuando le llego el mensaje y al leerlo me envió una sonrisa que me indicó que la idea la excitaba, se acomodó el pelo detrás de la oreja y cruzo una pierna para enseguida textearme de regreso. “¿Quién tienes en mente, cariño?” Me respondió “Se me ocurren varias personas como fantasías, incluso clientes, personas que estén abiertas a la aventura, podríamos ir midiendo el terreno, obviamente ser selectivos, me excita la idea. ¿A ti no?”.
Le sonreí desde mi escritorio y le envié el nuevo texto sabía que su mente ya se adelantaba a la mía. “¿Sabes?, antes jamás pensé hacerlo con alguien joven hasta que probe a Mario, entonces. ¿Tal vez los chicos que vinieron hoy? Están muy lindos. ¿O quizá alguien de la oficina?”
Su respuesta supero mi inquietud, Le envié un beso y un nuevo mensaje “no había pensado en alguien de la oficina. ¿Piensas en Ramiro?, siento es demasiado tímido hijo de familia muy tradicional” Envié el mensaje. Al leerlo aprovecho que estaba sola ya que nuestra asistente fue a recibir otra de las citas. Hizo un ademan sacando su lengua y metiéndose los dos dedos anulares en la boca emulando que mamaba dos penes, seguramente uno era el de Ramiro, Me contesto enseguida “¿y por qué no? Es tímido, atractivo, joven y varonil”.
Su respuesta me sorprendió y me excitó aún más. La idea de abrirnos para introducir a alguien del mundo cotidiano y ser nosotros los que los iniciemos era un desafío excitante. Le envié otro texto “No tenía idea que Ramiro te pudiera resultar atractivo, él era tu alumno en la universidad, me parece excitante que lo puedas seducir sería un proceso muy caliente, prácticamente le doblas la edad, lo confieso me excita la idea. ¿Qué te resulta atractivo de “nuestro” Ramiro?”
Me pareció ver sonrojo en su cara, dudo un momento en contestar, con una seña abriendo los ojos me dio a entender que la respuesta me llegaría en breve. “Que es muy atento, formal, serio y sus nalgas enfundadas en esos pantalones, además siempre me ha gustado su inocencia e inexpresiva conducta, podría ser una divertida sorpresa”.
Con ese último mensaje, la conversación terminó y fue interrumpida por la siguiente cita. Con la respuesta de mi esposa a mi sugerencia, mi corazón empezó a latir con mayor intensidad. “Me encanta que estemos en el mismo canal y sea algo a desarrollar”, le respondí con un guiño en mi texto. Ella sonrió misteriosa y se levantó a atender la siguiente cita.
Antes de salir de la oficina al terminar la jornada llame a Juan para saber los preparativos del próximo sábado, también necesitaba saber si había conseguido algún contacto para organizar la reunión de nuestra hija, solo que no me atrevía a hacerlo directo tenía la esperanza que el tocara el tema.
“Hola Juan, como están, que dice la buena vida? Estoy con Myriam estamos por salir del despacho solo para confirmar y saber sobre los preparativos para la reunión del sábado. ¿Te parece bien que lleguemos a las 7?
“La hora esta ideal, Mario llegará un poco más tarde, No se preocupen por nada, Martha se encargará de los bocadillos y yo tengo las bebidas adecuadas, será una noche muy especial. Un beso para Myriam”
“Igual te envía besos, espera ella quiere hablar contigo” Ante la insistencia de mi esposa de hablar con Juan puse el teléfono en altavoz.
“Juan, ya conoces a Miguel a veces no va a al grano, estoy enterada que organizas una reunión para Sandy, confiamos totalmente en ti y en tu discreción sé que elegirás las personas adecuadas. ¿Algún avance?”
“El sábado pensaba darles la noticia, creo que he dado con la pareja ideal para la primera experiencia de su hija. Se trata de Carlos y Valeria, son jóvenes, atractivos y con muchas ansias de explorar. Llegaron recientemente al swinger, andan en busca de una chica sola que les permita probar un trio, y al hablarles de la situación sin mencionar que se trata de la hija de unos amigos, me dijeron que les encantaría tener un encuentro con ella. Estoy seguro de que van a encantar a Sandra”
“Suena fantástico, Juan, gracias por tomarte el tiempo de buscar a alguien tan adecuado. ¿Te parece si nos envías algunas fotos de ellos para compartirlos con nuestra hija? -Intervine ya confiado.
“Se las solicito con gusto, no sé si sea buena idea enviarles unas de Sandy” Pregunto
“Estamos de acuerdo de enviar un par de fotos” -Contesto mi mujer
“No se hable más, antes del sábado les envió las fotos y espero las de su princesa, los esperamos. Un consejo no tenga mucho sexo en la semana, Mario amenaza con quedarse a dormir en casa lo cual nos lo tendrá que explicar ya que mi nuera dudo que le de permiso de faltar en casa” Se despidió.
La idea de que una pareja joven, deseosa de probar la carne fresca de nuestra hija, era un pensamiento que hacía que mi miembro se erizara en mi pantalón. Myriam me miraba con una sonrisa de complicidad, su respiración se aceleraba al pensar en la inminente aventura que nuestra hija iba a experimentar.
Durante la semana, el volumen de trabajo se intensificó de una manera excepcional, lo que mantuvo a Myriam y a mí sumergidos en nuestros respectivos mundos laborales. Nuestros hijos, por su parte, se enfrascaron en sus disciplinas académicas y deportivas en la universidad. Cada noche, la tensión sexual se acumulaba, ya que cada conversación entre mi esposa y yo, cada toque casual y cada sonrisa se cargaba de un deseo que se volvía insoportable. El jueves por la tarde decidimos mi esposa y yo ir de nuevo a la sex-shop para adquirir aceites especiales que ella tenía en mente utilizar en la reunión, así como un tapón o plug anal por un artículo que leyó sobre el tema.
Al ir a pagar a caja nos atendió directamente el chico que me sugirió adquirir la membresía para las cabinas y me recordó que aún tenía la oferta de 3 personas por $ 200.00 dólares anuales.
“¿Hola señor gusto volver a verlo, le agrego la membresía?
“Si, agréguela a mi cuenta por favor” Le contesto mi esposa entregando nuevamente su tarjeta de crédito.
Al llegar a casa con nuestras compras encontramos en nuestra sala a nuestra hija con unas visitas.
“Papá, mamá, éstos son mis amigos de la universidad, Alejandro y Laura, vinieron a preparar un proyecto. Ya les he hablado un poco de Alejandro”, dijo Sandy, presentando a los jóvenes y viendo la bolsa que traía mi esposa en las manos que reconoció era de la tienda.
Recordé que nuestra hija nos había contado que empezaba a salir con un chico que le agradaba.
Les dimos la bienvenida como cualesquiera padres de familia y nos despedimos para ir a nuestras habitaciones a dejar las compras, Sandy fiel a su carácter levanto las cejas señalando la bolsa con los ojos y nos dijo al subir las escaleras:
“¿Que compraron, algo para mí?
Al entrar en la habitación Myriam abrió la bolsa y después de revisar las indicaciones de los aceites y el plug anal me dijo que se daría un baño y necesitaba la ayudara a ponérselo cuando saliera.
Al salir sin perder un instante, me acerqué a ella, la tome de la cintura y la jalé suavemente hacía la cama, la toalla se deslizó al piso revelando su hermoso cuerpo que jamás me cansare de admirar. Su excitación era palpable, sus pechos se alzaron, la vagina ya emanaba jugos que resbalaban por sus piernas. Entregándome el juguete lo analice ya que nunca había visto uno; Era de metal con una diadema al final emulando una cola de zorra, me indico cuál de los lubricantes usara, la esencia del producto emanaba un aroma afrutado y sensual.
Con cuidado, vertí unas cuantas gotas en su ano y alrededor de la punta del artilugio, le pedí que se acostara boca abajo, abrí sus piernas y acerque mi rostro a su entrepierna, lamiendo su vagina suavemente y la piel alrededor de su agujero anal, lo que la hizo jadear y mover su cintura ansiosamente.
Gimió al sentir la punta del artefacto, comencé a insertarlo lentamente, deteniéndome en cada centímetro para que se acostumbrara a la sensación. Ella me guio con susurros, apretando los glúteos y empujando contra el juguete, y pronto el plug se encajó completamente en su interior dejando la cola de zorro afuera, es increíble como algo tan pequeño agrega tanto morbo. Note que al instalar el juguete dentro de su ano su vagina se ensancho en flor, quizá la excitación de los últimos días la habían hecho masturbarse ya que sus labios vaginales y su clítoris se veían hinchados, fue una invitación a chupar y lamer.
Se retorcía de placer, con la yema de mis dedos, recorrí el contorno de su abertura, la masajeé, acariciando cada centímetro. La presión del plug en su interior la hacía gemir cada vez más, y su coño se humedecía. Me pidió que la penetrara, que la llenara de mi leche, que la hiciera sentir que era mi puta. El deseo era palpable en la habitación, y la tensión sexual que habíamos ido acumulando a lo largo de la semana explotó.
Con la lentitud del que sabe que la recompensa vale la pena, comencé a penetrarla, llenando su coño, Desde el primer instante en que sentí su calor interior supe que no iba a durar demasiado. En cinco minutos eyacule y fueron suficientes para que también mi mujer se viniera, su explosión fue intensa, sus piernas temblaron y cayo de bruces sobre la cama con mi verga y el tapón anal dentro de ella.
Después de un breve descanso, intenté quitarle suavemente el artefacto, mi esposa se volvió a mí y me sonrío. “Deja que siga ahí la idea es que me acostumbre a la sensación”
Descansamos unos minutos, nos vestimos con cuidado, para bajar a preparar la cena, mi esposa se ajustó un vestido casual suelto sin ponerse bragas. Se hizo una cola de caballo y bajamos a la sala con el plug instalado en su culo, cada paso suyo hacía que su culo se meciera de una forma que me recordaba constantemente lo que ocurría debajo de su vestido. Saludamos nuevamente a los chicos.
“Se van a quedar a cenar?” -Pregunto mi esposa
“Por supuesto mami, ya los había invitado, además ellos saben que son excelentes cocineros -Contesto mi princesa.
La idea me excitó aún más, la imagen de mi esposa, nuestros invitados inocentemente ajenos a lo que ocultaba bajo su ropa.
En la mesa durante la cena la conversación fluyó con naturalidad, Enrique llego y se integró al grupo, los 4 universitarios ya se conocían entre sí, observe a los chicos y note que era evidente que entre Alejandro y mi hija había química, me pareció un buen chico. Myriam no podía dejar de moverse en su silla seguramente en busca de la sensación del plugo que horadaba su orificio, al parecer ya se había acostumbrado me miraba de reojo, su sonrisa tenía un placer malicioso buscando como siempre mi complicidad.
Laura, una chica pecosa y muy delgada que se encontraba al otro extremo de la mesa, era la más seria de los 4 me pareció que noto el ambiente eléctrico que se formaba entre mi mujer y yo, su rostro se ruborizó al cruzarse con mi mirada.
Alejandro, por su parte completamente atrapado por el hechizo que desprendía Sandy no podía quitar los ojos de su escote que a partir de la visita al sex shop opto por vestir más atrevida, La tensión sexual se respiraba de alguna manera, quizá las feromonas de mi mujer permeaban el ambiente, era una extraña energía sexual. No dejaba de moverse a los lados sobre sus nalgas, inevitablemente mi mente empezó a divagar, imaginando a todos desnudos en la mesa enredados en una orgia de carne joven y apetitosa.
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