Hola, mi nombre es Laura, lo que les voy a contar sucedió cuando aún estaba en el colegio. Papá viajaba mucho por su trabajo y no pasaba en casa más de dos mese al año. Mamá estaba bastante guapa. Estaba en sus treinta y hacía ejercicio para mantenetse bien. Llamaba bastante la atención lo que me ponía un poco celosa. Así que, cuando salíamos juntas, ambas nos vestíamos provocativas. Ella para sentirse deseada, ya que le faltaba la atención de papá.
Don Atilio, el conserje nocturno nos decía cosas subidas de tono. Mi mamá le movía la raja y se reía.
—Donde cabe una sonrisa, cabe la loganisa, Doña Julia, no se ria tanto, que aquí le tengo una gorda de chillan... Alcansa para madre e hija... —dice don Atilio, con calentura—. No se me haga la tonta porque se casó con un cuico... usted se acuerda...
—Viejo asqueroso —me decía con voz de puta, riendo nerviosa—. Está todo caliente conmigo, seguro lo tiene grande y gordo, me va a abrir toda... Qué se ha creído el roto ese que yo me meto cualquier cosa a la boca como una cochina... ¿te lo imaginas, Laura?
—Dijo que para mi también había longaniza... me encanta la longaniza... me la como toda si me invita a un asado...
—Está hablando de su pene... —reía mi mamá—. Laura, niña... Te imaginas, con tus trencitas, esos ojitos azules, con un pene enorme en la boca... don Atilio gimiendo, disfrutandote como una putita... —su voz era de calentura—. Es asqueroso, asqueroso, es asqueroso chupar su enorme pene... ¿te lo imaginas hijita?
—¿Es rico, mamá? ¿Tu se lo has probado?
Don Aristóteles, el dueño de la cadena de carnicerías para la que trabajaba mi papá, era otro de los descarados. Cuando se la cruzaba, simpre le lanzaba un piropo en doble sentido y le tiraba las manos.
Si nos pillaba solas en el ascensor. No sé si la habra atrapado sola alguna vez. Pero yo vi que se le echó encima en dos ocaciones. La primera solo la presióno con el cuerpo contra la pared y comenzó a hablarle.
—Julia, mi amor, Patricio lleva seis meses afuera, crees que no se está portando mal, y tu tan solita, lo que necesite me va a ver a la oficina, o al Penthouse, si tú lo conoces mi Penthouse... Este también lo conoces y ahora te haces la tonta... O no te acuerdas de tu entrevista de trabajo... No te acuerdas cuando eras mi secretaria... Conoses bien a este amigo... No te hagas la tonta...
—¿A quién conoce mi mami? Tío Ari...
—A este, mijita a este —el viejo se agarraba la pichula—. ¿Lo quieres conocer tambien, Laurita? Cada vez está más mujercita usted...
—¿Su loganiza, tío Ari? A mi me encanta la longaniza... La quiero probar...
Dije yo, para competir con ella, pues mis deseos sexuales estaban despertando y la atención masculina me provocaba deseos que tenía que saciar con mis dedos.
Dejandome siempre con ganas de más.
Don Ari se sacó la verga y yo la agarré con las manitos... En ese momento se abrió la puerta y entró una vecina y su hija de mi edad... Vio a don Ari aplastando a mi mamá, guardando su enorme pene.
Desdese día evitabamos a don Aristóteles.
Con valentina eramos amigas de pequeñas. Cuando todos los papás trabajaban, nos quedabamos en su departamento, al cuidado de su hermano mayor. Cuando llegabamos de clases. Jgabamos al doctor. Al papá y la mamá. Nos tocaba. Ella no quería. Yo lo buscaba. Porque después nos llevaba a la panadería y nos compraba dulces. Para mi era un juego, parte de mi necesidad de sentirme deseada.
Esa necesidad Me compelía a salir a correr a la hora en que él conserje nocturno estaba en el patio trasero, apagando las últimas luces, detrás de los estacionamientos del último subterráneo. Me ponía calzas y peto, y corría por el condomino, cuando lo veía, me detenía, frente a él, hacía estiramientos, mostrandole la raja y las tetas.
Hasta que un día, El viejo me esperó pegado a un auto. A un metro de dónde yo le hacía mi espectáculo normalmente.
Hice lo de siempre. Le paré la raja. Me moví en elongaciones inventadas por mi para calentarlo.
—Muestrame las tetas —dijo. Me levanté el peto y las acaricié, Se sacó la pichula y me la mostró. Era gruesa y venosa—. ¿Te gusta esto, Laurita? ¿Te gusta la Longaniza?
—Nunca he probado una como esa —le dije, con voz de pendeja caliente, relamiendome los labios—. Es muy grande, don Atilio... no me va a entrar...
—A tu mamá le cabe entero... Pones la misma cara de puta que tu mamá cuando lo veía en la marina... Mira como se te hace agua la boca... acercate, no te va a pasar nada... —me acerqué, el fuerte olor a macho me golpeó la nariz, era una mezcla entre hedor a pescado, caca, orina y algo más, la intensidad del tufo me provocó un deseo casi irrefrenable de meterme esa verga en la boca, de chuparla... me dió miedo y asco, el imaginarme arrodillada, dandole placer, me calentó y también me sentí asquerosa, una puta, y eso me calentó todavía más. Mi vagina empapo las calzas rosadas que evidenciaron una enorme mancha. Estaba a centímetros del viejo asqueroso, que jadeaba y sonreía, sus mejillas asquerosas plagadas de oyuelos de acné se deformaban con su calentura, se le ponía más dura observando como reaccionaba mi cuerpo, y yo me dejaba llevar—. Estira las manos, tócalo, con calma, recorrelo con tus deditos, así, siente las venas, la cabeza... eso, Laurita, muy bien, así —me decía, respirandome en el la cara con su aliento a cigarro y copete, su colonia barata era vomitiva, pero yo no despegaba los ojos de su pene—. Tocalo rico, como tu mamá lo tocaba en la escuela de suboficiales... marinera quería ser... navegar meses solita con puros hombres...
—¿Así, don Atilio, lo estoy haciendo bien? Está durito y calientito, me gusta... ¿no le duele verdad? —le dije, mientras lo escuchaba bufar—. Pero no quiero seguir, mi mamá me va a retar porque le estoy tocando el pene a un viejo asqueroso... Ella le dice así a usted... Viejo asqueroso que nos mira con cara de caliente...
—Con ganas de meterles esta pichula a las dos, las miro y se me pone dura acordandome de como me la chupaba tu mamá en la escuela, pendeja rica tu tienes la misma cara de puta —gruñó y me estiró la calza de la pretina, de manera que, cuando puso el pico pegado a mi vientre y comenzó a eyacular. su semen hediondo, amarillo y espezo, me manchó las manos y chorreo dentro de mi pantaleta de yoga, resvalando hacia mi pubis—. Date vuelta —dijo, luego de sacudir la verga, me puso espaldas a él y me dejó las nalgas al aire, limpiando el pico entre ellas.
Yo me chupaba los dedos, saboreando su leche de hombre maduro. Era fuerte, amarga, ácida, desagradable, asquerosa. Mientras yo lo degustaba, el viejo me metió mano y estimuló mi clitoris, tuve un orgasmo mientras paladeaba esa leche repugnante... Me sentí puerca, puta, sumisa, usada... Y eso me excitaba, me hacía estremecer... Quería gritarle al viejo que metiera el pico, que me desvirgara... Pero no podía articular palabra... Solo mover el culo como puta...
Con las piernas temblando, la calza manchada, hedionda a semen, las manos pasadas a pico. Caminé hacia el ascensor. Llegó vacío abajo. En el menos dos se subió don Aristóteles. Me miró, y puso cara de degenerado. Me agarró la vagina por sobre la calza y se me apegó.
—Hueles a puta recién culiada, Laurita, te comiste una longaniza... La de Atilio... —dijo, agarrandome las nalgas.
—Me dejaron con hambre, tío... No me la pude comer...
Se sacó la mosntruosa verga y me hincó frente a él, no alcancé a metermelo a la boca cuando su leche me salpicó toda la cara, el pelo y las tetas.
Terminando su descarga justo cuando el ascensor se abría en mi piso.
La hija de la vecina. Valentina. Vio a don Ari echarmelo en la cara.
Salí de un salto y la abracé.
Trate de imitar un llanto, arrastrando el semen con mis dedos y metiéndomelo a la boca.
—Si lo cuentas me arruinas la vida... Vale... —articulé— Por favor...
Ella asintió en silencio, Luego lloró...
Entré a mi departamento. Cerré la puerta tras de mi, me bajé las calzas y me masturbé hasta acabar.
Mi mamá me vió, entrar hedionda a semen, el pelo salpicado. Vale llorando detrás mío.
Por esa razón. Nos cambiamos de casa, barrio y colegio.
Y tuve mi primer pololo.
Juan, chico guapo, pero reservado, que hablaba de videojuegos y animé. Era tranquilo, pero había notado como me miraba, a mi y a mamá.
Un día, durante un recereo, lo vi leyendo un manga que me llamó la atención. Era una historia sadomasoquista. Me acerqué y comenzamos a conversar. Yo también lo leía. Era fanática de ese autor.
Nos convertimos en pololos. Y comencé a ir a su casa. Y nos encerrabamos en su pieza. Me tomaba toda su leche.
Mamá se hizo amiga de Carla, mamá de Juan. Solían ir a pilates, yoga o máquinas después del colegio, y luego tomar café después de entrenar.
Llevaba dos semanas con Juan cuando lo conocí.
Mi suegro. Marcelo. Guapo. Fronido. Inteligente. Caliente. Con su primera mirada me dejó desnuda y me hizo suya. Me mojé. Su cara de caliente gritaba que me haría suya.
Lo segundo fue Su voz profunda y Varonil al preguntarle a Juan quién era la jovencita con aroma a mujer que lo acompañaba. Eso Me desarmó.
—Te presento a Laura, papá —dijo, Juan, intentando proyectar seguridad, mientras se desarmaba al ver como Marcelo me miraba con detenimiento, adivinaba mis curvas bajo la ropa, despertaba la perra sumisa que él intentaba él domar sin éxito y como yo me entregaba así de fácil a su papá... Vio como yo le ponía cara de puta a mi suegro, que se detuvo en mis ojos, luego en mis labios, Juan exudaba miedo—. Me la chupa todos los días... es mi Putita... —dijo—. Saluda, putita...
—Soy puta... —fue lo que me salió.
—Como tu mamá —dijo y se acercó, me tomó por la cintura con sus poderosos brazos y apegó su cuerpo al mío, dejandome sentir su hombría, aplastando mis pechos, para luego subir por mi cuello con sus labios antes de besarme la mejilla. Me estremecí y puse los ojos en blanco. Su otra mano se metió, bajo mi falda, corrió el calzón y metió un dedo en mi vagina, para luego llevarselo a la boca—. Saluda a tu suegro, puta... Yo soy tu suegro... perrita...
—Hola... Suegro... —esa palabra, estando en sus brazos, mi mano en el pantalon, palpando su verga... Me hizo estremecer—. Para su placer... Para eso estoy suegro... —suspiré...
—Dúlce —exclamó como si hubiese probado un postre delicioso—. Esta hembrita está en su punto —Me soltó y me dio una nalgada por debajo de la falda del uinforme. Eso Terminó de echizarme—. Pero míra como deja que le agarre las tetas. Elegiste bien, hijo, pero ¿Ya la estás montando?
—No, pero Se la come toda mi Laura, viejo, le encanta... ¿Verdad mi amor?
—Sí, sí, toda don Marcelo, me gusta comermela toda, Suegro, la trago toda... —dije titubeando, arrodilandome, sacando la verga de mi suegro lamiendola—. Soy obediente... A Javier también se la trago, cuando me lo pide Juan... Soy una puta, suegro, soy una puta...
—Ahora me la voy a culiar, papá... —dijo Juan—. A ti te va a tocar escuchar...
—Está desbocada esta pendeja, Juan. Tienes que domarla... Entendiste, hijo... —Juan asintió.
—Como un yegua... papá... quedate en la puerta escuchando como la desvirgo...
—Ojalá seas una puta gritona. Laura. Así nos gustan las hembras en esta familia. Bienvenida... —eso me dijo Marcelo la primera vez que nos vimos—. Ahora sube para que mi hijo te meta el pico... Putita...
Eso me dejó hirbiendo. Tanto que Juan eyaculó en mi boca. Se le paró tres veces más, pero las tres veces lo mandé cortado con la lengua y no me lo pudo meter... Frustrado se puso a jugar.
Yo salí al pasillo, Juan ni se percató, me encontré con mi suegro...
—juan no pudo... suegro... Quiero que usted lo haga primero, tío. Soy virgen. Y quiero que usted sea el primero —dije y comencé a mmar su verga gigante, que se puso dura al instante.
Me tiró al piso, me abrió de piernas y entó en mi zorra, lento, pero con dolor, me rajó el himen, sangré, y lo dejó metido hasta el fondo, solo eso bastó para hacerme acabar. Luego me dió vuelta, me escupió el culo y entró, cinco metidas le tomaron, las dos últimas frente a mamá. Sangrpe y lloré, pero no me dejó escapar. Salpiqué mierda y tuve un orgasmo anal.
—Estás lista, Laurita —dijo Marcelo, y me tiró a un lado—. Desvirgada por todos lados. Como la maraca de tu madre. Ahora, si quieres mi verga, obedeces. Dale la zorra a Juan. Anda a su pieza y pasale las tetas por la espalda, se una buena maraca para mi hijo...
Obedecí,
Juan, en tres metidas me llenó de semen.
No pude acabar. Me tuve que masturbar mientras él jugaba otra partida.
Gritando que era su puta... fuerte para que mi suegro me escuchase...
Igual me gustaba el sexo con Juan.
Me hice adicta a chuparlo y tocarme.
Pero no me satisfacía del todo.
Terminaba y se ponía a jugar videojuegos en línea, con los audífonos a todo volumen. Mientras yo, desde ahí mismo, escuchaba gemir a su mamá. Qué pedía más, gritado que era la puta de mi suegro.
Yo salía para ver...
Marcelo me veía espiando y me sonreía.
Más hacía gritar a su mujer.
Me quedaba en el pasillo hasta que venía al baño.
Esperando que fuese como la primera vez, cuando me desvirgó entera...
Me encontró Vestida de la puta sumisa del manga que leíamos con su hijo.
Nerviosa y Mal culiada. Me corrió mano y me hizo acabar solo con los dedos. Despupes me hincó y me pasó el pico por la cara pero no me dejó chuparlo.
Siempre era lo mismo. Me hacía acabar con sus manos pero no me daba su pene.
Después me mandaba a la pieza de su hijo para que se la chupara meintras jugaba.
Que para eso era su puta. Me decía.
La amistad de Mamá y Carla se afiató con mi pololeo con Juan.
Esa noche, me dijo que dejara que juan acabara en mi cara y tetas. Yo o sabía que mis suegros habían invitado a mamá a comer... Claro que Marcelo le dio tremendo aperitivo a mamá antes de llamarnos a cenar...
Al sentarnos, mi mamá me olisqueó.
—Hueles raro hija... es rico... pero...
—Tu también hueles fuerte, como a... Macho... —le dije y me acerqué a su cara, la lamí—. Es sabor a hombre de verdad... estás pasada a...
—A puta... —dijo Marcelo—. Hedionda a semen... Laura es una viciosa...
—¡Laurita! —dijo mamá...
—Julia, no seamos ingenuos, Juan y Laura están pololeando —dijo Carla—, es lo normal ahora, que tengan sexo los chiquillos. Laura Chupó pene y trago semen... eso es todo... Viene a eso todos los días...
—Juan, de verdad, a mi hija...
—Tía Julia, yo no... La Laura se puso a chupar pico, no es mi culpa... yo estaba jugando...
—Papá está de viaje... Y tu tambien estás pasada a jugo de hombre...
—¿Cual es tu excusa? —inquirió Marcelo—. ¿Por que hueles a semen? Julia...
—Es verdad. Estás hedionda a semen maduro... Julia —dijo mi suegra.
—Julita me pidió una mascara de leche para las arrugas —río Marcelo, y se sacó el pene—. Julita... Tienes la piel tirante...
—No, hija, no es verdad... Yo jamás... Pero tú... Juan—, decía ella, mirando fijo la pichula de Marcelo, tomandola con las manos...
—Esta es tu mamá, Laura —dijo Juan—. mira como chupa lo pajea... —bien papá, por la cresta, la mitad del curso nos pajeamos con la tía Julia...
La mamá de Juan le sacó la verga al hijo.
—Se te paró hijo. Esos suspiros de tu suegra al chupar verga tienen la culpa. Tu mamá se la pudo dura a Juan, Laura, ¿Qué hacemos? Ayudame...
—Bueno, tía dije ¿Cómo lo hago?
—No te hagas la weona. Puta de mierda. Ponte a chupar Con la boca de puta que tienes, pendeja maraca —me agarró la cabeza y me puso a chupar—. ¿Está rica la pendeja, Juan?
—Lo chupa rico, lo chupa rico, me saca la leche, me saca la leche igual que tú, mamá...
—¿Te gusta el semen de mi hijo? —me preguntó Carla, mientras mamá y yo nos mirabamos chupar pico...
Después del postre de leche. Mamá me llevó a casa. Sermoneándome todo el camino, como si ella no hubiese hecho nada.
La semana siguiente, Carla nos invitó a pasar una tarde de viernes en su casa. Con la excusa del sofocante calor veraniego, nos instaron a llevar traje de baño para referscarnos en la psicina. Las mamás tomaban el sol en las reposeras. Bajando pisco sour tras pisco sour.
Yo salía del agua, con mi bikini mojado, transparentando mis pezones rozados y el incipiente bello púbico. Estiraba el brazo para alcanzar mi toalla cuando lo vi.
Llegaba temprano de dar clases, de literartura en la universidad. Su pantalón ajustado marcaba sus múslos y su bulto, la camisa blanca se ajustaba en su pecho, sus hombros y sus brazos. En su pelo alborotado aún no aparecían canas, las que sí poblaban su barba recortada, dandole un aura madura, poderosa y sensual.
Me miró desde el ventanal y se acomdó el pene, que se agrandó a mientras recorría mi cuerpo juvenil, para que no le saltara del pantalón. Su mirada de depredador me dejó paralizada. Con la vagina chorreando.
Se sacó la camisa, dejando ver su torso definido, sus abdomiales marcados. Se sacó los zapatos y los calcetines. Luego se desabrochó el pantalón. Mi rostro enrojeció. Mi boca se abrió. Babeaba al verlo. Me hubiera dejado culiar ahí mismo, frente a mamá.
Se sacó el pantalón. Quedando en su traje de baño pequeño.
Me miró nuevamente. Mi cara de puta era evidente. No podía moverme, estaba paralizada mirandolo.
Se sacó la verga y me la mostró. Me la oferció.
¿Quiéres? Dacían sus labios silenciosos. Asentí embobada.
Se lo guardó. Avanzó hacia las reposeras. Con el tremendo pico marcado en el bañador.
Se acercó por detrás de las mujeres. La miró un momento.
—Llego todo acalorado y miren lo que me encuentro. Qué par de hembras —dijo Marcelo.
—¡Papito! —dijo Carla, notando la erección de su marido, mi mamá no despegaba los ojos de la verga, yo tampoco—. Que rico que llegaste, mi amor, Julia y yo justo hablábamos de Juan y Laurita...
—Laurita, la pendejita de ojos como gata y labios que piden pene... Juan no deja de decir que no sabe si Laura o tu tienen el culo más rico del colegio, Julita... —dijo Marcelo, y la miró con cara de caliente—. Espero no te moleste, pero seimpre llego entusiasmado de la universidad—, agregó, agachandose para saludarla con un beso muy cerca de los labios, al ponerse de pie, hizo la cadera hacia adelante y paso la verga dura por la cara de mi mamá. Ella abrió la boca con cara de puta.
Carla le bajó el traje de baño, dejando la enorme verga salir y golpearle el rostro a mi mamá, Quien desesperada intentaba meterselo a la boca. Sacó la lengua y lo recorrió de base a glande. Con los ojos cerrados. Abrió bien la boca y se lo metió dentro, succioanando la cabeza. Suspirando.
Marcelo comenzo a culiarle la boca, mientras los labios de mamá succionaban. Lo agarró con una mano, movía la cabeza y miraba a Marcelo hacía arriba con cara de puta.
Yo me había acercado y miraba detras de parasol. Me tocaba la zorra y las tetas.
—¿Está rico mi marido, es más grande que el de tu esposo? —Mamá asentía suspirando, respondiendo a las preguntas de Carla.
—Bienvenida a la familia, Julita. Hace rato que Carla te quería ver así. Chupa. Chupa, que te hace falta. Tu cara de puta grita que te faltaba pichula. Chupa, así que rico, Julia... Atragantate mierda, eso, ahora succiona... Muestrale a Carlita lo que te enseñado estas dos últimas semanas...
—Mira como chupas la pichula de mi marido, perra infiel, mira como lo succionas, puta de mierda, se nota que te faltaba pico, maraca dame las gracias porque mi marido te ha estado —dijo Carla, dejandole las tetas al aire, masajeandolas. Para luego darle nalgadas y masturbarla... En ese momento, mi suegra me vio y puso cara de caliente—. A la puta de tu hija también le hace falta pico... las he visto pasearse por el centro comercial moviendo juntas la raja, con falditas cortitas y calzones metidos en la raja... Para que las miren...
—Callate gorreada de mierda y chupa esa zorra que la voy a reventar... —dijo Marcelo, y Carla me llamó, indicandome que me diera la vuelta detrás de las plantas para que mamá no me viera, me agarró la cabeza y me la metió entre las nalgas de mamá, y yo le chupé la zorra, Marcelo comenzó a gemir—. Está rica esa lamida de concha parece, Julia, porque me la estás chupando exquisito. Lame Carla, lame zorra, puta de mierda —decía, Marcelo, pero era yo la que chupaba, Carla me masturbaba a mí...
Al rato, Marcelo se puso detrás de mi madre, Julia por delante capturaba la escena en video, yo capturaba lo que pasaba en la raja de mamá, el glande se acomodó en la entrada de la vagina y la fue abriendo, mamá gemía en una mezcla de dolor y placer.
—Me abre, Carla, me abre, me llena toda... La siento en todos lados, me llena, así, así, más rápido, aunque me duela, párteme, rájame... echamela adentro... más duro más, así, así, no pares, no pares, hazme tuya, soy tu puta, Marcelo, soy tu puta... —chillaba mi mamá y movía el culo como una cabaretera, soltando chorros de jugos vaginales, acabando una y otra vez, mientras Marcelo me besaba y me corría mano...
Hasta que me ordenó que me fuera a la pieza de su hijo y le chupara el pico mientras jugaba sus juegos, que los grandes harían cosas de grandes.
—Si quieres probar mi pico, primero vas y se la chupas a Juan —dijo y me dio una nalgada.
Escuchaba a mi mamá gemir, y pedir más, cuando entre al cuarto de Juan, quien con sus audifonos puestos, no se enteraba de nada. Caminé en cuatro patas, como una perra y me puse entre sus piernas. Me miró, pero no dejó de jugar. Le saqué la verga lacia y comencé a chuparsela. Se puso dura de inmediato, yo imite a mamá, aunque esa verga era mucho más pequeña. Me llenó de semen la boca. Y yo tragué Y seguí mamando, La verga se puso dura nuevamente. Esta vez me costó más hacerlo acabar, Me hecho la leche en la cara. Seguí chupando y el seguía jugando. La puse dura nuevamente, me la puse entre las tetas. Y acabó otra vez.
—Sal, puta, para que me van a matar —me dijo.
Y yo volví al patio. Y miré como se reculiaban a mamá.
La semana siguiente. Mamá me vino a buscar un rato después. Mauricio le abrió la puerta. Se saludaron con un abrazo resfregado y un beso cuneteado. Mauricio le agarró el culo y la hizo pasar.
—¿Y Laura?
—Con la boca ocupada, en el segundo piso, ¿la quieres ver?
Subieron sigilosos y me miraron desde la puerta. Yo chupaba pico mientras Juan hablaba con su equipo y se emocionaba, con el juego... Marcelo le metió la mano entre las nalgas a mi mamá, llegó a su mojada concha y la masturbó... Se sacó la verga y ella lo pajeó... Le bajó las calzas y así, de pié, entró en su vagina, por detrás...
—Laura, deja de chupar pichula, pendeja viciosa y vistete, que te tienes que ir —dijo Mauricio, haciendo gemir suavecito a mi mamá—. Te vinieron a buscar... Obedece... Perra...
Al salir de entre las piernas de Juan, que nunca se enteraba de nada, vi a mi mamá, culo parado, abriendose las nalgas, enterrandose en la verga de mi suegro, ojos en blanco, susurrando una segudilla de síes, sí, sí, sí... que sonaban muy calientes... Marcelo se aseguro que los viera, le agarró el cuello, le sacó las tetas al aire y se las agarró con fuerza. La hacía darme la cara, pero no abrir los ojos, cosa que fue inevitable al acabar... Ella me vio tocarme mientras la miraba... Acabar cuando mi suegro sacó la verga de la vagina de mi madre, mostrándomela, haciendome ir a él, arrodillarme, abrir la boca, y sin dejar que mis labios tocasen su pene, eyacular en mi lengua y cara...
Luego hincó a mamá y la hizo mamar su verga para limpiarla.
Nos pasó el pene por nuestras caritas de putitas antes de guardarla.
Mamá despertó del transe y me miró con verguanza, subiendose las calzas. Vistiendose. Reparo en mi traje, un cospley de sumisa con orejas de perra y una cola que salía de un plug que tenía metido en el ano...
—Descarada —me dijo, y enojada recogía el semen que yo no había degustado y tragado—. A tu suegro le chupas el pico... como una viciosa... —se metió los dedos a la boca y saboreó con fruición el semen...
—¿Cómo está Helmut? Supe que Aristóteles lo despidió... —preguntó Mauricio pasandonos la verga por las caras...
—Deprimido... el gordo no se levanta de la cama... Nos gastamos los ahorros, Mauricio, y hay cuentas que pagar, necesito trabajar... necesito plata...
—Te tengo una entrevista... Para bodeguera eso sí... —dijo mi Suegro... con mi boca succionando sus testículos, el gande paseandose por los labios de mamá...
—Hago lo que sea, Mauricio... Estoy desesperada...
—En el almacén de Aristóteles hay una vacante... Ya sabes lo que quiere... lo mismo que hacías cuando eras su secretaria... El gordo extraña tu boquita...
—Jamás —mamá se levantó, y me levantó—. Y tú... A eso vienes a la casa de Juan, a darle sexo oral —Me retaba, hablandome al oído—. No puedes ser tan puta. Y vestida así, como bataclana de cabaret, como perra...
—Se llama cosplay —dijo mi suegro—. A las pendejas les encanta vestirse de putas... como las putas de sus historietas japonesas... a tu hija le gustan las más degeneradas... Juan hasta se la culea en vivo en las convenciones... les habilité un salón para eso en el centro de eventos de la universidad...
—Laura, por dios... Está bien que hagas cosas con tu pololo, pero no delante de tu suegro... tienes que cerrar la puerta antes de llenarte la boca... Marcelo va a pensar que eres un cualquiera... ¡Y ahora también en público!
—Tranquila, Julia —dijo Marcelo, agarrandonos el culo a cada una con una mano, metiendo los dedos entre las nalgas sobajendo la zorras—. Aquí todo queda en familia, a Laurita solo se la culea Juanito... —dijo y nos sacó de su casa.
Nos subimos al auto de mamá y antes de partir la besó en los labios...
—Gracias, Mauricio, por no dejar que nadie más que Juan se culee a mi Laurita... —Mamá quería verga, pero se controló delante mío...
—Aristóteles las quiere a las dos... Ofrece cinco millones...
—Mauri, no... no...
—Delante de Helmut, Juan y yo... diez palitos...
—Helmut se muere, Mauricio, ¿no hay otra manera?
—Después lo hablamos nosotros...
La tarde siguiente. Sentados en el sillón. Juan, yo y mi suegra. Veíamos el Ova de nuestro manga sadomasoquista. Marcelo llegaría mas tarde.
En las primeras escenas, la protagonista llega a la cademia de sumisas de la alta sociedad. Está obligada a entrar, para pagar la deuda de juego de su padre.
La reciben en la caseta de la portaría. El portero de la academia, es un gordo gigante y asqueroso, que me recordó a don Ari, le informa que primero debe pasar el examen de sumisión básico. Él toma el exámen. Si no aprueba. Y eso depende del criterio suyo. No la dejara pasar a la siguiente tanda de exámenes.
Insertan una escena en la que camina adolorida hacia una oficina. Hay dos chiquillas más esperando.
—¿Qué te pasó? ¿Por qué cojeas? ¿Estás hedionda a caca y semen?
—El examen básico de sumisión... no tuvo piedad don Efestus... pero aprobé... me ayudo mi mamá, pero pasé...
—¿Examen qué?
—Examen básico de sumisión, el que hace el portero a todas la salumnas nuevas...
—Otra más —dice una de segundo año, y un grupo comienza a burlarse de ella—. Todos los años hay una estúpida que se deja culiar... El portero abre la puerta, no hace ningún exámen... Culorroto, asquerosa de mierda, puta callejera, maraca puerca...
Un escalofrío recorre el cuerpo de la chica, Un horror. Recuerda como el viejo se la reculea delante de su papá, que le pide perdón por ser un ludópata, mientras se pajea y se calienta viendo como se culean a su hija, y eyacula en su boca. Todo delante de su madre.
El Gordo la encula tan rico que la pendeja lo besa en la boca y le mueve el culo para complacerlo. Mientras vemos su rostro asqueroso disfrutandola por todos lados. La pendeja disfruta una descarga de semen doble, padre y portero en la cara. Llora. Pero la zorra le palpita.
Le calienta...
Juan se saca la verga. Mi mano se encuentra con la de mi suegra... Ambas lo pajeamos. Miramos el pico. Nos miramos a los ojos con las mejores caras de puta.
—Suegra —suspiré—. Que rico... mira Juan, tu mamá, como se la mete a la boca, como te chupa el pico... es cochina igual que yo... vieja puta degenerada, mira como te la chupa tu mamá Juan...
Ambas lo chupamos. Lamemos su pichula juntas. Eyacula y compartimos su semen. Nos montamos. Nos pone en cuatro patas. Mi suegra me chupa las tetas. Me besa. Me atraca.
—Estás mejor que tu mamá, Laurita, chupame la zorra como una perrita mientras mi hijo te mete el pico, maraquita rica... lames mejor que la perra de tu mamá... pendeja de mierda...
Marcelo entra por el ventanal que da al patio. Se nos queda mirando haciendo videos. No interviene más que para darle instrucciones a su hijo, que de todas formas no puede evitar eyacular. Luego de la cuarta no le queda energía, se frustra... Mi suegro le muestra como hacerlo con manos y lengua...
Juan se siente torpe. Dice que va al baño. Pero se mete a su pieza a jugar.
Marcelo le dice a Carla que se haga cargo de mi calentura.
La mujer me hace acabar unas cinco veces. Luego su hombre le pone la pichula y ella se descarga en un tren de orgasmos. Marcelo conoce a la perfección a su mujer. Luego me toca. Solo con sus manos y labios me entrega un placer delicioso.
Suegra y nuera le chupamos el pico. Compartimos leche de hijo y padre.
Terminamos sudados y olíamos a sexo...
—¿Cómo le fue a mi mamá en la entrevista tío? —le pregnté...
—Ganó buena plata, pero la hicieron tira... le sacaron la cresta... en el camino me la chupó llorando... Mientras yo le metía lo billetes en el culo... está en el auto, descansando...
—¿No era una entrevista, suegro, cómo quedó así en una entrevista?
—Tu mamá ganó quince millones en cuatro horas...
—¿La llevaste a la peni? ¿era su primera vez? ¿hijo de puta? —dijo Carla horrorizada—. ¿cómo se te ocurre?
—Necesitaba muchas lucas... Era la única manera... —Marcelo proyectó los videos en la televisión—. Se la culiaron hasta los gendarmes...
Carla se calentó y fue a buscar a mi mamá al auto.
Marcelo llamó a Juan y me ensartaron boca y culo... Los picos duros mirando a mamá, metida en una celda, entre unos camarotes, culiada por diez reos, todos desesperados, todos sin condón...
—Laura —dijo mamá al entrar y verme así—. Eres una puta, una perra indecente... Mirate... ¿Qué diría tu papá si te viera? ¿Imagina los rumores en el colegio?
—De tal madre, tal hija.. —le dice Carla a mamá—. Mira la televisión, Julita y no seas descarada.
Mamá, se pone a llorar...
—Lo hice por nececidad, porque mi marido es un inútil... pero esta pendeja le gusta... mirale la cara Carla... lo hace porque le gusta... padre e hijo, pololo y suegro... mi hija es una puta asquerosa...
Al escuchar a mi mamá, insultarme, humillarme llorando... Más me calenté... mejor moví el culo, dandole placer a mi suegro y con más ganas chupé la pichula de Juan... Padre e hijo eyacularon en mi boca y le mostré a mamá como saboreaba y tragaba...
—Soy la puta de mi suegro, mami... me encanta el semen... ¿No le dirás a papá verdad?
Don Atilio, el conserje nocturno nos decía cosas subidas de tono. Mi mamá le movía la raja y se reía.
—Donde cabe una sonrisa, cabe la loganisa, Doña Julia, no se ria tanto, que aquí le tengo una gorda de chillan... Alcansa para madre e hija... —dice don Atilio, con calentura—. No se me haga la tonta porque se casó con un cuico... usted se acuerda...
—Viejo asqueroso —me decía con voz de puta, riendo nerviosa—. Está todo caliente conmigo, seguro lo tiene grande y gordo, me va a abrir toda... Qué se ha creído el roto ese que yo me meto cualquier cosa a la boca como una cochina... ¿te lo imaginas, Laura?
—Dijo que para mi también había longaniza... me encanta la longaniza... me la como toda si me invita a un asado...
—Está hablando de su pene... —reía mi mamá—. Laura, niña... Te imaginas, con tus trencitas, esos ojitos azules, con un pene enorme en la boca... don Atilio gimiendo, disfrutandote como una putita... —su voz era de calentura—. Es asqueroso, asqueroso, es asqueroso chupar su enorme pene... ¿te lo imaginas hijita?
—¿Es rico, mamá? ¿Tu se lo has probado?
Don Aristóteles, el dueño de la cadena de carnicerías para la que trabajaba mi papá, era otro de los descarados. Cuando se la cruzaba, simpre le lanzaba un piropo en doble sentido y le tiraba las manos.
Si nos pillaba solas en el ascensor. No sé si la habra atrapado sola alguna vez. Pero yo vi que se le echó encima en dos ocaciones. La primera solo la presióno con el cuerpo contra la pared y comenzó a hablarle.
—Julia, mi amor, Patricio lleva seis meses afuera, crees que no se está portando mal, y tu tan solita, lo que necesite me va a ver a la oficina, o al Penthouse, si tú lo conoces mi Penthouse... Este también lo conoces y ahora te haces la tonta... O no te acuerdas de tu entrevista de trabajo... No te acuerdas cuando eras mi secretaria... Conoses bien a este amigo... No te hagas la tonta...
—¿A quién conoce mi mami? Tío Ari...
—A este, mijita a este —el viejo se agarraba la pichula—. ¿Lo quieres conocer tambien, Laurita? Cada vez está más mujercita usted...
—¿Su loganiza, tío Ari? A mi me encanta la longaniza... La quiero probar...
Dije yo, para competir con ella, pues mis deseos sexuales estaban despertando y la atención masculina me provocaba deseos que tenía que saciar con mis dedos.
Dejandome siempre con ganas de más.
Don Ari se sacó la verga y yo la agarré con las manitos... En ese momento se abrió la puerta y entró una vecina y su hija de mi edad... Vio a don Ari aplastando a mi mamá, guardando su enorme pene.
Desdese día evitabamos a don Aristóteles.
Con valentina eramos amigas de pequeñas. Cuando todos los papás trabajaban, nos quedabamos en su departamento, al cuidado de su hermano mayor. Cuando llegabamos de clases. Jgabamos al doctor. Al papá y la mamá. Nos tocaba. Ella no quería. Yo lo buscaba. Porque después nos llevaba a la panadería y nos compraba dulces. Para mi era un juego, parte de mi necesidad de sentirme deseada.
Esa necesidad Me compelía a salir a correr a la hora en que él conserje nocturno estaba en el patio trasero, apagando las últimas luces, detrás de los estacionamientos del último subterráneo. Me ponía calzas y peto, y corría por el condomino, cuando lo veía, me detenía, frente a él, hacía estiramientos, mostrandole la raja y las tetas.
Hasta que un día, El viejo me esperó pegado a un auto. A un metro de dónde yo le hacía mi espectáculo normalmente.
Hice lo de siempre. Le paré la raja. Me moví en elongaciones inventadas por mi para calentarlo.
—Muestrame las tetas —dijo. Me levanté el peto y las acaricié, Se sacó la pichula y me la mostró. Era gruesa y venosa—. ¿Te gusta esto, Laurita? ¿Te gusta la Longaniza?
—Nunca he probado una como esa —le dije, con voz de pendeja caliente, relamiendome los labios—. Es muy grande, don Atilio... no me va a entrar...
—A tu mamá le cabe entero... Pones la misma cara de puta que tu mamá cuando lo veía en la marina... Mira como se te hace agua la boca... acercate, no te va a pasar nada... —me acerqué, el fuerte olor a macho me golpeó la nariz, era una mezcla entre hedor a pescado, caca, orina y algo más, la intensidad del tufo me provocó un deseo casi irrefrenable de meterme esa verga en la boca, de chuparla... me dió miedo y asco, el imaginarme arrodillada, dandole placer, me calentó y también me sentí asquerosa, una puta, y eso me calentó todavía más. Mi vagina empapo las calzas rosadas que evidenciaron una enorme mancha. Estaba a centímetros del viejo asqueroso, que jadeaba y sonreía, sus mejillas asquerosas plagadas de oyuelos de acné se deformaban con su calentura, se le ponía más dura observando como reaccionaba mi cuerpo, y yo me dejaba llevar—. Estira las manos, tócalo, con calma, recorrelo con tus deditos, así, siente las venas, la cabeza... eso, Laurita, muy bien, así —me decía, respirandome en el la cara con su aliento a cigarro y copete, su colonia barata era vomitiva, pero yo no despegaba los ojos de su pene—. Tocalo rico, como tu mamá lo tocaba en la escuela de suboficiales... marinera quería ser... navegar meses solita con puros hombres...
—¿Así, don Atilio, lo estoy haciendo bien? Está durito y calientito, me gusta... ¿no le duele verdad? —le dije, mientras lo escuchaba bufar—. Pero no quiero seguir, mi mamá me va a retar porque le estoy tocando el pene a un viejo asqueroso... Ella le dice así a usted... Viejo asqueroso que nos mira con cara de caliente...
—Con ganas de meterles esta pichula a las dos, las miro y se me pone dura acordandome de como me la chupaba tu mamá en la escuela, pendeja rica tu tienes la misma cara de puta —gruñó y me estiró la calza de la pretina, de manera que, cuando puso el pico pegado a mi vientre y comenzó a eyacular. su semen hediondo, amarillo y espezo, me manchó las manos y chorreo dentro de mi pantaleta de yoga, resvalando hacia mi pubis—. Date vuelta —dijo, luego de sacudir la verga, me puso espaldas a él y me dejó las nalgas al aire, limpiando el pico entre ellas.
Yo me chupaba los dedos, saboreando su leche de hombre maduro. Era fuerte, amarga, ácida, desagradable, asquerosa. Mientras yo lo degustaba, el viejo me metió mano y estimuló mi clitoris, tuve un orgasmo mientras paladeaba esa leche repugnante... Me sentí puerca, puta, sumisa, usada... Y eso me excitaba, me hacía estremecer... Quería gritarle al viejo que metiera el pico, que me desvirgara... Pero no podía articular palabra... Solo mover el culo como puta...
Con las piernas temblando, la calza manchada, hedionda a semen, las manos pasadas a pico. Caminé hacia el ascensor. Llegó vacío abajo. En el menos dos se subió don Aristóteles. Me miró, y puso cara de degenerado. Me agarró la vagina por sobre la calza y se me apegó.
—Hueles a puta recién culiada, Laurita, te comiste una longaniza... La de Atilio... —dijo, agarrandome las nalgas.
—Me dejaron con hambre, tío... No me la pude comer...
Se sacó la mosntruosa verga y me hincó frente a él, no alcancé a metermelo a la boca cuando su leche me salpicó toda la cara, el pelo y las tetas.
Terminando su descarga justo cuando el ascensor se abría en mi piso.
La hija de la vecina. Valentina. Vio a don Ari echarmelo en la cara.
Salí de un salto y la abracé.
Trate de imitar un llanto, arrastrando el semen con mis dedos y metiéndomelo a la boca.
—Si lo cuentas me arruinas la vida... Vale... —articulé— Por favor...
Ella asintió en silencio, Luego lloró...
Entré a mi departamento. Cerré la puerta tras de mi, me bajé las calzas y me masturbé hasta acabar.
Mi mamá me vió, entrar hedionda a semen, el pelo salpicado. Vale llorando detrás mío.
Por esa razón. Nos cambiamos de casa, barrio y colegio.
Y tuve mi primer pololo.
Juan, chico guapo, pero reservado, que hablaba de videojuegos y animé. Era tranquilo, pero había notado como me miraba, a mi y a mamá.
Un día, durante un recereo, lo vi leyendo un manga que me llamó la atención. Era una historia sadomasoquista. Me acerqué y comenzamos a conversar. Yo también lo leía. Era fanática de ese autor.
Nos convertimos en pololos. Y comencé a ir a su casa. Y nos encerrabamos en su pieza. Me tomaba toda su leche.
Mamá se hizo amiga de Carla, mamá de Juan. Solían ir a pilates, yoga o máquinas después del colegio, y luego tomar café después de entrenar.
Llevaba dos semanas con Juan cuando lo conocí.
Mi suegro. Marcelo. Guapo. Fronido. Inteligente. Caliente. Con su primera mirada me dejó desnuda y me hizo suya. Me mojé. Su cara de caliente gritaba que me haría suya.
Lo segundo fue Su voz profunda y Varonil al preguntarle a Juan quién era la jovencita con aroma a mujer que lo acompañaba. Eso Me desarmó.
—Te presento a Laura, papá —dijo, Juan, intentando proyectar seguridad, mientras se desarmaba al ver como Marcelo me miraba con detenimiento, adivinaba mis curvas bajo la ropa, despertaba la perra sumisa que él intentaba él domar sin éxito y como yo me entregaba así de fácil a su papá... Vio como yo le ponía cara de puta a mi suegro, que se detuvo en mis ojos, luego en mis labios, Juan exudaba miedo—. Me la chupa todos los días... es mi Putita... —dijo—. Saluda, putita...
—Soy puta... —fue lo que me salió.
—Como tu mamá —dijo y se acercó, me tomó por la cintura con sus poderosos brazos y apegó su cuerpo al mío, dejandome sentir su hombría, aplastando mis pechos, para luego subir por mi cuello con sus labios antes de besarme la mejilla. Me estremecí y puse los ojos en blanco. Su otra mano se metió, bajo mi falda, corrió el calzón y metió un dedo en mi vagina, para luego llevarselo a la boca—. Saluda a tu suegro, puta... Yo soy tu suegro... perrita...
—Hola... Suegro... —esa palabra, estando en sus brazos, mi mano en el pantalon, palpando su verga... Me hizo estremecer—. Para su placer... Para eso estoy suegro... —suspiré...
—Dúlce —exclamó como si hubiese probado un postre delicioso—. Esta hembrita está en su punto —Me soltó y me dio una nalgada por debajo de la falda del uinforme. Eso Terminó de echizarme—. Pero míra como deja que le agarre las tetas. Elegiste bien, hijo, pero ¿Ya la estás montando?
—No, pero Se la come toda mi Laura, viejo, le encanta... ¿Verdad mi amor?
—Sí, sí, toda don Marcelo, me gusta comermela toda, Suegro, la trago toda... —dije titubeando, arrodilandome, sacando la verga de mi suegro lamiendola—. Soy obediente... A Javier también se la trago, cuando me lo pide Juan... Soy una puta, suegro, soy una puta...
—Ahora me la voy a culiar, papá... —dijo Juan—. A ti te va a tocar escuchar...
—Está desbocada esta pendeja, Juan. Tienes que domarla... Entendiste, hijo... —Juan asintió.
—Como un yegua... papá... quedate en la puerta escuchando como la desvirgo...
—Ojalá seas una puta gritona. Laura. Así nos gustan las hembras en esta familia. Bienvenida... —eso me dijo Marcelo la primera vez que nos vimos—. Ahora sube para que mi hijo te meta el pico... Putita...
Eso me dejó hirbiendo. Tanto que Juan eyaculó en mi boca. Se le paró tres veces más, pero las tres veces lo mandé cortado con la lengua y no me lo pudo meter... Frustrado se puso a jugar.
Yo salí al pasillo, Juan ni se percató, me encontré con mi suegro...
—juan no pudo... suegro... Quiero que usted lo haga primero, tío. Soy virgen. Y quiero que usted sea el primero —dije y comencé a mmar su verga gigante, que se puso dura al instante.
Me tiró al piso, me abrió de piernas y entó en mi zorra, lento, pero con dolor, me rajó el himen, sangré, y lo dejó metido hasta el fondo, solo eso bastó para hacerme acabar. Luego me dió vuelta, me escupió el culo y entró, cinco metidas le tomaron, las dos últimas frente a mamá. Sangrpe y lloré, pero no me dejó escapar. Salpiqué mierda y tuve un orgasmo anal.
—Estás lista, Laurita —dijo Marcelo, y me tiró a un lado—. Desvirgada por todos lados. Como la maraca de tu madre. Ahora, si quieres mi verga, obedeces. Dale la zorra a Juan. Anda a su pieza y pasale las tetas por la espalda, se una buena maraca para mi hijo...
Obedecí,
Juan, en tres metidas me llenó de semen.
No pude acabar. Me tuve que masturbar mientras él jugaba otra partida.
Gritando que era su puta... fuerte para que mi suegro me escuchase...
Igual me gustaba el sexo con Juan.
Me hice adicta a chuparlo y tocarme.
Pero no me satisfacía del todo.
Terminaba y se ponía a jugar videojuegos en línea, con los audífonos a todo volumen. Mientras yo, desde ahí mismo, escuchaba gemir a su mamá. Qué pedía más, gritado que era la puta de mi suegro.
Yo salía para ver...
Marcelo me veía espiando y me sonreía.
Más hacía gritar a su mujer.
Me quedaba en el pasillo hasta que venía al baño.
Esperando que fuese como la primera vez, cuando me desvirgó entera...
Me encontró Vestida de la puta sumisa del manga que leíamos con su hijo.
Nerviosa y Mal culiada. Me corrió mano y me hizo acabar solo con los dedos. Despupes me hincó y me pasó el pico por la cara pero no me dejó chuparlo.
Siempre era lo mismo. Me hacía acabar con sus manos pero no me daba su pene.
Después me mandaba a la pieza de su hijo para que se la chupara meintras jugaba.
Que para eso era su puta. Me decía.
La amistad de Mamá y Carla se afiató con mi pololeo con Juan.
Esa noche, me dijo que dejara que juan acabara en mi cara y tetas. Yo o sabía que mis suegros habían invitado a mamá a comer... Claro que Marcelo le dio tremendo aperitivo a mamá antes de llamarnos a cenar...
Al sentarnos, mi mamá me olisqueó.
—Hueles raro hija... es rico... pero...
—Tu también hueles fuerte, como a... Macho... —le dije y me acerqué a su cara, la lamí—. Es sabor a hombre de verdad... estás pasada a...
—A puta... —dijo Marcelo—. Hedionda a semen... Laura es una viciosa...
—¡Laurita! —dijo mamá...
—Julia, no seamos ingenuos, Juan y Laura están pololeando —dijo Carla—, es lo normal ahora, que tengan sexo los chiquillos. Laura Chupó pene y trago semen... eso es todo... Viene a eso todos los días...
—Juan, de verdad, a mi hija...
—Tía Julia, yo no... La Laura se puso a chupar pico, no es mi culpa... yo estaba jugando...
—Papá está de viaje... Y tu tambien estás pasada a jugo de hombre...
—¿Cual es tu excusa? —inquirió Marcelo—. ¿Por que hueles a semen? Julia...
—Es verdad. Estás hedionda a semen maduro... Julia —dijo mi suegra.
—Julita me pidió una mascara de leche para las arrugas —río Marcelo, y se sacó el pene—. Julita... Tienes la piel tirante...
—No, hija, no es verdad... Yo jamás... Pero tú... Juan—, decía ella, mirando fijo la pichula de Marcelo, tomandola con las manos...
—Esta es tu mamá, Laura —dijo Juan—. mira como chupa lo pajea... —bien papá, por la cresta, la mitad del curso nos pajeamos con la tía Julia...
La mamá de Juan le sacó la verga al hijo.
—Se te paró hijo. Esos suspiros de tu suegra al chupar verga tienen la culpa. Tu mamá se la pudo dura a Juan, Laura, ¿Qué hacemos? Ayudame...
—Bueno, tía dije ¿Cómo lo hago?
—No te hagas la weona. Puta de mierda. Ponte a chupar Con la boca de puta que tienes, pendeja maraca —me agarró la cabeza y me puso a chupar—. ¿Está rica la pendeja, Juan?
—Lo chupa rico, lo chupa rico, me saca la leche, me saca la leche igual que tú, mamá...
—¿Te gusta el semen de mi hijo? —me preguntó Carla, mientras mamá y yo nos mirabamos chupar pico...
Después del postre de leche. Mamá me llevó a casa. Sermoneándome todo el camino, como si ella no hubiese hecho nada.
La semana siguiente, Carla nos invitó a pasar una tarde de viernes en su casa. Con la excusa del sofocante calor veraniego, nos instaron a llevar traje de baño para referscarnos en la psicina. Las mamás tomaban el sol en las reposeras. Bajando pisco sour tras pisco sour.
Yo salía del agua, con mi bikini mojado, transparentando mis pezones rozados y el incipiente bello púbico. Estiraba el brazo para alcanzar mi toalla cuando lo vi.
Llegaba temprano de dar clases, de literartura en la universidad. Su pantalón ajustado marcaba sus múslos y su bulto, la camisa blanca se ajustaba en su pecho, sus hombros y sus brazos. En su pelo alborotado aún no aparecían canas, las que sí poblaban su barba recortada, dandole un aura madura, poderosa y sensual.
Me miró desde el ventanal y se acomdó el pene, que se agrandó a mientras recorría mi cuerpo juvenil, para que no le saltara del pantalón. Su mirada de depredador me dejó paralizada. Con la vagina chorreando.
Se sacó la camisa, dejando ver su torso definido, sus abdomiales marcados. Se sacó los zapatos y los calcetines. Luego se desabrochó el pantalón. Mi rostro enrojeció. Mi boca se abrió. Babeaba al verlo. Me hubiera dejado culiar ahí mismo, frente a mamá.
Se sacó el pantalón. Quedando en su traje de baño pequeño.
Me miró nuevamente. Mi cara de puta era evidente. No podía moverme, estaba paralizada mirandolo.
Se sacó la verga y me la mostró. Me la oferció.
¿Quiéres? Dacían sus labios silenciosos. Asentí embobada.
Se lo guardó. Avanzó hacia las reposeras. Con el tremendo pico marcado en el bañador.
Se acercó por detrás de las mujeres. La miró un momento.
—Llego todo acalorado y miren lo que me encuentro. Qué par de hembras —dijo Marcelo.
—¡Papito! —dijo Carla, notando la erección de su marido, mi mamá no despegaba los ojos de la verga, yo tampoco—. Que rico que llegaste, mi amor, Julia y yo justo hablábamos de Juan y Laurita...
—Laurita, la pendejita de ojos como gata y labios que piden pene... Juan no deja de decir que no sabe si Laura o tu tienen el culo más rico del colegio, Julita... —dijo Marcelo, y la miró con cara de caliente—. Espero no te moleste, pero seimpre llego entusiasmado de la universidad—, agregó, agachandose para saludarla con un beso muy cerca de los labios, al ponerse de pie, hizo la cadera hacia adelante y paso la verga dura por la cara de mi mamá. Ella abrió la boca con cara de puta.
Carla le bajó el traje de baño, dejando la enorme verga salir y golpearle el rostro a mi mamá, Quien desesperada intentaba meterselo a la boca. Sacó la lengua y lo recorrió de base a glande. Con los ojos cerrados. Abrió bien la boca y se lo metió dentro, succioanando la cabeza. Suspirando.
Marcelo comenzo a culiarle la boca, mientras los labios de mamá succionaban. Lo agarró con una mano, movía la cabeza y miraba a Marcelo hacía arriba con cara de puta.
Yo me había acercado y miraba detras de parasol. Me tocaba la zorra y las tetas.
—¿Está rico mi marido, es más grande que el de tu esposo? —Mamá asentía suspirando, respondiendo a las preguntas de Carla.
—Bienvenida a la familia, Julita. Hace rato que Carla te quería ver así. Chupa. Chupa, que te hace falta. Tu cara de puta grita que te faltaba pichula. Chupa, así que rico, Julia... Atragantate mierda, eso, ahora succiona... Muestrale a Carlita lo que te enseñado estas dos últimas semanas...
—Mira como chupas la pichula de mi marido, perra infiel, mira como lo succionas, puta de mierda, se nota que te faltaba pico, maraca dame las gracias porque mi marido te ha estado —dijo Carla, dejandole las tetas al aire, masajeandolas. Para luego darle nalgadas y masturbarla... En ese momento, mi suegra me vio y puso cara de caliente—. A la puta de tu hija también le hace falta pico... las he visto pasearse por el centro comercial moviendo juntas la raja, con falditas cortitas y calzones metidos en la raja... Para que las miren...
—Callate gorreada de mierda y chupa esa zorra que la voy a reventar... —dijo Marcelo, y Carla me llamó, indicandome que me diera la vuelta detrás de las plantas para que mamá no me viera, me agarró la cabeza y me la metió entre las nalgas de mamá, y yo le chupé la zorra, Marcelo comenzó a gemir—. Está rica esa lamida de concha parece, Julia, porque me la estás chupando exquisito. Lame Carla, lame zorra, puta de mierda —decía, Marcelo, pero era yo la que chupaba, Carla me masturbaba a mí...
Al rato, Marcelo se puso detrás de mi madre, Julia por delante capturaba la escena en video, yo capturaba lo que pasaba en la raja de mamá, el glande se acomodó en la entrada de la vagina y la fue abriendo, mamá gemía en una mezcla de dolor y placer.
—Me abre, Carla, me abre, me llena toda... La siento en todos lados, me llena, así, así, más rápido, aunque me duela, párteme, rájame... echamela adentro... más duro más, así, así, no pares, no pares, hazme tuya, soy tu puta, Marcelo, soy tu puta... —chillaba mi mamá y movía el culo como una cabaretera, soltando chorros de jugos vaginales, acabando una y otra vez, mientras Marcelo me besaba y me corría mano...
Hasta que me ordenó que me fuera a la pieza de su hijo y le chupara el pico mientras jugaba sus juegos, que los grandes harían cosas de grandes.
—Si quieres probar mi pico, primero vas y se la chupas a Juan —dijo y me dio una nalgada.
Escuchaba a mi mamá gemir, y pedir más, cuando entre al cuarto de Juan, quien con sus audifonos puestos, no se enteraba de nada. Caminé en cuatro patas, como una perra y me puse entre sus piernas. Me miró, pero no dejó de jugar. Le saqué la verga lacia y comencé a chuparsela. Se puso dura de inmediato, yo imite a mamá, aunque esa verga era mucho más pequeña. Me llenó de semen la boca. Y yo tragué Y seguí mamando, La verga se puso dura nuevamente. Esta vez me costó más hacerlo acabar, Me hecho la leche en la cara. Seguí chupando y el seguía jugando. La puse dura nuevamente, me la puse entre las tetas. Y acabó otra vez.
—Sal, puta, para que me van a matar —me dijo.
Y yo volví al patio. Y miré como se reculiaban a mamá.
La semana siguiente. Mamá me vino a buscar un rato después. Mauricio le abrió la puerta. Se saludaron con un abrazo resfregado y un beso cuneteado. Mauricio le agarró el culo y la hizo pasar.
—¿Y Laura?
—Con la boca ocupada, en el segundo piso, ¿la quieres ver?
Subieron sigilosos y me miraron desde la puerta. Yo chupaba pico mientras Juan hablaba con su equipo y se emocionaba, con el juego... Marcelo le metió la mano entre las nalgas a mi mamá, llegó a su mojada concha y la masturbó... Se sacó la verga y ella lo pajeó... Le bajó las calzas y así, de pié, entró en su vagina, por detrás...
—Laura, deja de chupar pichula, pendeja viciosa y vistete, que te tienes que ir —dijo Mauricio, haciendo gemir suavecito a mi mamá—. Te vinieron a buscar... Obedece... Perra...
Al salir de entre las piernas de Juan, que nunca se enteraba de nada, vi a mi mamá, culo parado, abriendose las nalgas, enterrandose en la verga de mi suegro, ojos en blanco, susurrando una segudilla de síes, sí, sí, sí... que sonaban muy calientes... Marcelo se aseguro que los viera, le agarró el cuello, le sacó las tetas al aire y se las agarró con fuerza. La hacía darme la cara, pero no abrir los ojos, cosa que fue inevitable al acabar... Ella me vio tocarme mientras la miraba... Acabar cuando mi suegro sacó la verga de la vagina de mi madre, mostrándomela, haciendome ir a él, arrodillarme, abrir la boca, y sin dejar que mis labios tocasen su pene, eyacular en mi lengua y cara...
Luego hincó a mamá y la hizo mamar su verga para limpiarla.
Nos pasó el pene por nuestras caritas de putitas antes de guardarla.
Mamá despertó del transe y me miró con verguanza, subiendose las calzas. Vistiendose. Reparo en mi traje, un cospley de sumisa con orejas de perra y una cola que salía de un plug que tenía metido en el ano...
—Descarada —me dijo, y enojada recogía el semen que yo no había degustado y tragado—. A tu suegro le chupas el pico... como una viciosa... —se metió los dedos a la boca y saboreó con fruición el semen...
—¿Cómo está Helmut? Supe que Aristóteles lo despidió... —preguntó Mauricio pasandonos la verga por las caras...
—Deprimido... el gordo no se levanta de la cama... Nos gastamos los ahorros, Mauricio, y hay cuentas que pagar, necesito trabajar... necesito plata...
—Te tengo una entrevista... Para bodeguera eso sí... —dijo mi Suegro... con mi boca succionando sus testículos, el gande paseandose por los labios de mamá...
—Hago lo que sea, Mauricio... Estoy desesperada...
—En el almacén de Aristóteles hay una vacante... Ya sabes lo que quiere... lo mismo que hacías cuando eras su secretaria... El gordo extraña tu boquita...
—Jamás —mamá se levantó, y me levantó—. Y tú... A eso vienes a la casa de Juan, a darle sexo oral —Me retaba, hablandome al oído—. No puedes ser tan puta. Y vestida así, como bataclana de cabaret, como perra...
—Se llama cosplay —dijo mi suegro—. A las pendejas les encanta vestirse de putas... como las putas de sus historietas japonesas... a tu hija le gustan las más degeneradas... Juan hasta se la culea en vivo en las convenciones... les habilité un salón para eso en el centro de eventos de la universidad...
—Laura, por dios... Está bien que hagas cosas con tu pololo, pero no delante de tu suegro... tienes que cerrar la puerta antes de llenarte la boca... Marcelo va a pensar que eres un cualquiera... ¡Y ahora también en público!
—Tranquila, Julia —dijo Marcelo, agarrandonos el culo a cada una con una mano, metiendo los dedos entre las nalgas sobajendo la zorras—. Aquí todo queda en familia, a Laurita solo se la culea Juanito... —dijo y nos sacó de su casa.
Nos subimos al auto de mamá y antes de partir la besó en los labios...
—Gracias, Mauricio, por no dejar que nadie más que Juan se culee a mi Laurita... —Mamá quería verga, pero se controló delante mío...
—Aristóteles las quiere a las dos... Ofrece cinco millones...
—Mauri, no... no...
—Delante de Helmut, Juan y yo... diez palitos...
—Helmut se muere, Mauricio, ¿no hay otra manera?
—Después lo hablamos nosotros...
La tarde siguiente. Sentados en el sillón. Juan, yo y mi suegra. Veíamos el Ova de nuestro manga sadomasoquista. Marcelo llegaría mas tarde.
En las primeras escenas, la protagonista llega a la cademia de sumisas de la alta sociedad. Está obligada a entrar, para pagar la deuda de juego de su padre.
La reciben en la caseta de la portaría. El portero de la academia, es un gordo gigante y asqueroso, que me recordó a don Ari, le informa que primero debe pasar el examen de sumisión básico. Él toma el exámen. Si no aprueba. Y eso depende del criterio suyo. No la dejara pasar a la siguiente tanda de exámenes.
Insertan una escena en la que camina adolorida hacia una oficina. Hay dos chiquillas más esperando.
—¿Qué te pasó? ¿Por qué cojeas? ¿Estás hedionda a caca y semen?
—El examen básico de sumisión... no tuvo piedad don Efestus... pero aprobé... me ayudo mi mamá, pero pasé...
—¿Examen qué?
—Examen básico de sumisión, el que hace el portero a todas la salumnas nuevas...
—Otra más —dice una de segundo año, y un grupo comienza a burlarse de ella—. Todos los años hay una estúpida que se deja culiar... El portero abre la puerta, no hace ningún exámen... Culorroto, asquerosa de mierda, puta callejera, maraca puerca...
Un escalofrío recorre el cuerpo de la chica, Un horror. Recuerda como el viejo se la reculea delante de su papá, que le pide perdón por ser un ludópata, mientras se pajea y se calienta viendo como se culean a su hija, y eyacula en su boca. Todo delante de su madre.
El Gordo la encula tan rico que la pendeja lo besa en la boca y le mueve el culo para complacerlo. Mientras vemos su rostro asqueroso disfrutandola por todos lados. La pendeja disfruta una descarga de semen doble, padre y portero en la cara. Llora. Pero la zorra le palpita.
Le calienta...
Juan se saca la verga. Mi mano se encuentra con la de mi suegra... Ambas lo pajeamos. Miramos el pico. Nos miramos a los ojos con las mejores caras de puta.
—Suegra —suspiré—. Que rico... mira Juan, tu mamá, como se la mete a la boca, como te chupa el pico... es cochina igual que yo... vieja puta degenerada, mira como te la chupa tu mamá Juan...
Ambas lo chupamos. Lamemos su pichula juntas. Eyacula y compartimos su semen. Nos montamos. Nos pone en cuatro patas. Mi suegra me chupa las tetas. Me besa. Me atraca.
—Estás mejor que tu mamá, Laurita, chupame la zorra como una perrita mientras mi hijo te mete el pico, maraquita rica... lames mejor que la perra de tu mamá... pendeja de mierda...
Marcelo entra por el ventanal que da al patio. Se nos queda mirando haciendo videos. No interviene más que para darle instrucciones a su hijo, que de todas formas no puede evitar eyacular. Luego de la cuarta no le queda energía, se frustra... Mi suegro le muestra como hacerlo con manos y lengua...
Juan se siente torpe. Dice que va al baño. Pero se mete a su pieza a jugar.
Marcelo le dice a Carla que se haga cargo de mi calentura.
La mujer me hace acabar unas cinco veces. Luego su hombre le pone la pichula y ella se descarga en un tren de orgasmos. Marcelo conoce a la perfección a su mujer. Luego me toca. Solo con sus manos y labios me entrega un placer delicioso.
Suegra y nuera le chupamos el pico. Compartimos leche de hijo y padre.
Terminamos sudados y olíamos a sexo...
—¿Cómo le fue a mi mamá en la entrevista tío? —le pregnté...
—Ganó buena plata, pero la hicieron tira... le sacaron la cresta... en el camino me la chupó llorando... Mientras yo le metía lo billetes en el culo... está en el auto, descansando...
—¿No era una entrevista, suegro, cómo quedó así en una entrevista?
—Tu mamá ganó quince millones en cuatro horas...
—¿La llevaste a la peni? ¿era su primera vez? ¿hijo de puta? —dijo Carla horrorizada—. ¿cómo se te ocurre?
—Necesitaba muchas lucas... Era la única manera... —Marcelo proyectó los videos en la televisión—. Se la culiaron hasta los gendarmes...
Carla se calentó y fue a buscar a mi mamá al auto.
Marcelo llamó a Juan y me ensartaron boca y culo... Los picos duros mirando a mamá, metida en una celda, entre unos camarotes, culiada por diez reos, todos desesperados, todos sin condón...
—Laura —dijo mamá al entrar y verme así—. Eres una puta, una perra indecente... Mirate... ¿Qué diría tu papá si te viera? ¿Imagina los rumores en el colegio?
—De tal madre, tal hija.. —le dice Carla a mamá—. Mira la televisión, Julita y no seas descarada.
Mamá, se pone a llorar...
—Lo hice por nececidad, porque mi marido es un inútil... pero esta pendeja le gusta... mirale la cara Carla... lo hace porque le gusta... padre e hijo, pololo y suegro... mi hija es una puta asquerosa...
Al escuchar a mi mamá, insultarme, humillarme llorando... Más me calenté... mejor moví el culo, dandole placer a mi suegro y con más ganas chupé la pichula de Juan... Padre e hijo eyacularon en mi boca y le mostré a mamá como saboreaba y tragaba...
—Soy la puta de mi suegro, mami... me encanta el semen... ¿No le dirás a papá verdad?