Las Vivencias de Macarena - Capítulos 001 al 003

heranlu

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Las Vivencias de Macarena - Capítulo 001


Jaime, Bruno, Raúl y Emilio eran cuatro cuarentones casados que tenían una conversación en una sala de un club mientras jugaban una partida al póker en la que la crupier era la sobrina de uno de ellos. En aquel momento le decía Jaime a Bruno:

-Un buen masaje es algo que tu mujer te agradecería.

-Te cundió tu viaje a Tailandia.

-No puedo decir que no.

-¿Qué tipo de masajes dais?

-De los que dan dinero, y no te digo más, de momento, porque mi sobrina Macarena está presente.

Macarena, la crupier, (solo trabajaba los fines de semana) era una veinteañera, morena, alta, maciza, de ojos oscuros, con media melena de cabello negro, con todo muy bien puesto, a la que todos los jugadores le tenían el ojo echado, por ser bella, pulcra, educada, y por tener un culo respingón de esos de película, a la que en aquel momento le molestaba más el humo de los habanos que se estaban fumando los cuatro que aquella conversación. Repartiendo cartas le dijo a su tío:

-Por mí no se corte, de hecho tengo curiosidad por saber que se cuece en su sala de masaje.

Jaime ya no se cortó.

-Damos masajes altamente eróticos.

-Hablas como si en vez de una sala de masajes fuera una casa de putas.

-Es una sala de masajes, pero procuramos excitar de tal modo a nuestros clientes que el cuerpo les pida cruzar la línea.

-¿Y eso por qué lo hacéis?

-Para que vuelvan.

-¿Y vuelven?

-Al ciento por ciento, y traen compañía.

-¿Van mujeres casadas?

-Empiezan a venir.

Emilio, que era corpulento alto, de ojos marrones, cabello negro, corto y rizado, que tenía un bigote de morsa, y que vestía un traje gris a rayas, le preguntó:

-¿Cuánto te tendría que pagar por aprenderme a dar un masaje de esos?

-No te entiendo.

-Si yo quisiera ver como lo haces y como logras que se corra la mujer a la que das ese masaje. ¿Cuánto te tendría que pagar?

-Eso no se puede hacer, Emilio, la confidencialidad de nuestros clientes es sagrada.

Bruno, el más delgado y más bajo de los cuatro amigos, que era moreno, tenía alguna que otra cana, llevaba barba y vestía un traje oscuro, dijo:

-Yo también pagaría con gusto por ver y aprender.

Raúl, un tipo del montón, de estatura mediana, moreno, con la cabeza rapada, que vestía un traje marrón y que también estaba dispuesto a pagar por aprender, le dijo:

-Le puedes dar la mitad a una de tus masajistas.

-No había caído en eso. Sí, podría hacer una sesión privada para vosotros, en caso de que alguna de ellas se anime.

Emilio volvió a la carga.

-Dile que le damos trescientos euros cada uno por mirar y aprender.

Macarena les dijo:

-Por ese dinero, si os sirvo yo...

La miraron los cuatro y sonrieron. Emilio le dijo:

-Claro que sirves para recibir el masaje.

Al saber que estaban interesados, Macarena se vino arriba.

-Claro que yo no repartiría contigo, tío.

-Por mí no hay problema, pero si se enterasen en tu trabajo...

Macarena puso cara de circunstancias.

-Hubo un ajuste de plantilla en la empresa y ya no trabajo allí.

-Y andas mal de dinero.

-De momento, no, pero si pasa el tiempo y no encuentro trabajo, me hará falta el dinero.

-Pues serás tú la que reciba el masaje para que estos aprendan a darlo.

-¿Cuándo lo hacemos?

-Cuando quieran ellos.

Emilio no quiso perder el tiempo.

-Al acabar tu turno, si quieres.

-Quiero.

Eran las once de la noche. La sala de masajes, como es obvio, estaba cerrada al público, pero esa noche, era especial. Macarena entró cubierta con una toalla en la sala, una sala en la que se oía música suave y se veía con la luz de doce velas aromáticas. Jaime, que se había desnudado y se había puesto una bata blanca, le dijo:

-Quítate la toalla y échate boca abajo en la mesa de masajes.

Macarena se echó boca abajo sobre la mesa. Todos clavaron sus ojos en el culo respingón. Emilio, de pie, al lado izquierdo de la mesa de masajes, y Bruno y Raúl, a la derecha, y también de pie, iban a prestar atención a lo que iba a hacer Jaime.

Jaime le separó las bellas piernas, se las separó bien separadas, echó aceite en las manos y las frotó, luego echó más aceite perfumado en su espada y le iba a hacer lo que les iría diciendo.

-Hay que extender con las palmas el aceite hacia arriba e ir masajeando desde las nalgas hasta los brazos.

Estuvo haciendo esto unos seis minutos.

-Ahora con las palmas y los dedos extendidos se deben hacer movimientos circulares, primero por un lado de la espalda y después por el otro, hacia arriba y hacia abajo.

Estuvo masajeando unos cinco minutos.

-Pasemos a los hombros y al cuello. Hay que hacer movimientos circulares desde el centro de la espalda hacia fuera, primero de un lado y después del otro. Estuvo masajeando otros cinco minutos.

-Ahora hay que echar más aceite en las manos y luego bajar desde la espalda hasta las nalgas moviendo los dedos como si estuviéramos tocando un arpa.

Estuvo así unos cuatro minutos.

-A continuación hay que masajear los pies y las piernas, los pies por todo el contorno y entre los dedos y las piernas en la parte interna y la externa y comenzar a rozar el coño y el ojete como si fuera por accidente.

Así estuvo unos seis minutos, pero luego ya no rozó el culo y el coño por accidente, al contario, con una mano masajeaba su coño rasurado y lo apretaba con dos dedos, y con otros dos dedos de la otra mano masajeaba su ojete. Macarena, con la cabeza de lado, comenzó a gemir en bajito.

Los tres mirones ya estaban empalmados y los gemidos aún se las pusieron más duras. La polla de Jaime echaba la bata hacia delante.

Metió la boca de la botella del aceite en su ojete, la apretó y le llenó el culo de aceite, luego le echó más aceite en el coño, y a continuación le metió el dedo pulgar de la mano derecha dentro de su culo respingón, el dedo pulgar de la mano derecha dentro de la vagina y le folló los dos agujeros. A medida que fue aumentando la velocidad de las clavadas de los dedos, los gemidos de Macarena fueron subiendo de intensidad, su culo respingón se fue levantando y al rato se corrió. Por los lados de los dedos comenzó a salir una corrida lechosa y densa, densa y blanca como la leche condensada. Jaime, al verla le sacó los dedos y le lamió el coño para que saborear aquella maravilla.

Al acabar de correrse, Jaime se sentó sobre sus piernas y les dijo a sus amigos:

-Si alguno aún no se la ha metido en el culo a su mujer, al hacerle el masaje, este sería el momento ideal.

Macarena estaba allí para hacer caja.

-Este no era el trato, tío, nada hablamos de una penetración anal.

-No, no lo hablamos. ¿Qué te parece si te doy yo cien euros más?

Macarena, que sabía que hombres y mujeres suspiraban por su culo respingón, se vino arriba.

-Me los tendríais que dar todos.

Jaime miró para los otros y estos asintieron con la cabeza.

-Te los daremos todos.

Jaime le separó las nalgas, le puso la polla en la entrada del ojete, empujó con suavidad y le metió el glande, la polla fue entrando lentamente hasta llegar a lo más profundo del culo de Macarena y después comenzó a follarla.

Los tres mirones estaban empalmados como caballos, y el que más y el que menos deseaba hacerse una paja, aunque se contenían. La mano derecha de Macarena apareció sobre su coño y tres dedos comenzaron a acariciar su clítoris. Se pusieron los tres del lado izquierdo, que era hacia donde tenía Macarena girada la cabeza. Mirando para su cara, sacaron las polla y empezaron a masturbarse. Emilio le dijo:

-Te doy cien euros más si me la chupas.

En aquel momento, con el calentón que tenía, pagaría ella por chupar una polla, así que no se cortó:

-Métemela en la boca.

Se la metió. Era una polla normal, aunque gordita. Macarena le cogió la polla y se la mamó mientras se tocaba y mientras Jaime le follaba el culo. En menos de un minuto, Emilio le llenó la boca de leche y Jaime se corrió en su culo.

Al acabar de correrse, Jaime le dijo a Macarena:

-Ponte boca arriba.

Se puso boca arriba. Sus tetas medianas con areolas rosadas tenían pezones gruesos que estaban duros y erectos. Le echó aceite sobre las tetas e iba a ir haciendo lo que le iría diciendo.

-Las tetas se masajean haciendo movimientos circulares desde el exterior a los pezones, se oprimen usando el pulgar y los dedos y siempre una teta a la vez.

Estuvo masajeando unos diez minutos. Luego le echó más aceite en el vientre, se lo masajeó y después bajó al coño.

-Si se quiere hacer que una mujer se corra luego de que se haya corrido un par de veces, el masaje debe ser muy suave.

Jaime le metió dos dedos de la mano derecha dentro del coño y le acarició el punto G, y con el dedo medio de la mano derecha le acarició el clítoris. Macarena comenzó a gozar desde el segundo uno, y al gozar gimió, y al gemir se abrió su boca. Raúl le dijo:

-Yo también te doy cien euros más si me la chupas.

-Ya sabes lo que tienes que hacer.

Se la metió en la boca y se corrió con diez mamadas justas, que fue el tiempo que tardó Macarena en volver a correrse.

Jaime le lamió la leche del coño y luego le volvió a meter los dos dedos de la mano derecha y le volvió a trabajar el punto G, que ya estaba abultado. Con la yema del dedo pulgar de la mano izquierda froto el clítoris. Pasado un tiempo Macarena, se volvió a correr y Jaime se volvió a hartar de leche.

Al acabar de correrse le metió tres dedos, y le volvió a hacer lo que le estaba haciendo. Bruno ya no pudo más.

-¿Cuánto quieres por follarte?

-Eso abriría la veda de mi coño.

-¿Cuánto?

Macarena fue a por todas.

-¿Cuánto estáis dispuestos a pagar por mi coño?

-Yo pagaré lo que me pidas.

-Para de masajear mi coño, tío.

Jaime dejó de masajearle el coño.

Bruno estaba impaciente por saber el precio.

-¿Cuánto quieres?

-Quiero mil euros por cabeza, incluido tú, tío.

A Jaime le pareció demasiado.

-Ni una puta de lujo cobra ese dinero, Macarena.

-La primera vez que lo hace puede que cobre aún más, tío.

Bruno no lo dudó.

-Yo los pago.

Por Raúl tampoco había problema.

-Yo también los pago.

Emilio tampoco tenía problema en pagar los mil euros.

-Y yo.

Jaime, le dijo:

-Está bien, que sean mil euros, pero vas a hacer todo lo que te mandemos.

-Si voy a ser vuestra puta, no me queda otra.

-Coge mi polla y llévala a tu coño.

Hizo lo que le había dicho. Jaime le echó las manos a la cintura, le apretó el vientre con los dedos pulgares, se la metió hasta el fondo del coño, y luego, sin dejar de apretar su vientre, la folló. Follándola le dijo a sus amigos:

-Repartiros sus tetas y su boca.

Raúl le metió la polla en la boca. Emilio le frotó la polla en el pezón y la areola de su teta derecha y Bruno hizo con la polla lo mismo que su amigo, solo que en la teta izquierda.

Con el morbo que sentía Macarena al ser follada por cuatro hombres y con el inmenso placer que sentía, se fue acercando al orgasmo... Cuando se corrieron, uno en la boca, dos en sus tetas y Jaime dentro de su vagina, su coño entró en erupción y soltó una corrida brutal, que la hizo sacudirse como si fuera una epiléptica.

Al acabar de correrse se desnudaron. A Jaime no le costó mucho trabajo , ya que solo llevaba la bata puesta. Todos tenían buenos cuerpos. Una vez desnudos le dijo Jaime:

-Bájate de ahí, límpiate con la tolla, arrímate a la pared y luego ábrete de piernas.

Bajó, se limpió la boca, las tetas y el coño y después arrimó la espalda a la pared y se abrió de piernas.

Bruno, sin importarle que Jaime se hubiera corrido dentro de su coño, se puso en cuclillas delante de ella y comenzó a lamerle el coño, Jaime fue a por su boca, donde se había corrido Raúl, y Raúl y Emilio le comieron las tetas. Macarena le echó a Bruno la mano izquierda a la cabeza, y a su tío la mano derecha a la nuca para poder comerle mejor la boca.

Como los de las tetas eran expertos comiendo tetas, el del coño era un especialista comiendo coños y su tío besaba de miedo, no tardó mucho en sentir que se iba a correr de nuevo.

-Despacito, comerme despacito que quiero tardar en correrme.

¿Despacito? ¡Y una mierda! Raúl y Emilio le devoraron las tetas y Bruno le devoró el coño. Se corrió segundos después de haber hablado.

-¡Me muero!

Al correrse se sacudió como si estuviera posesa. Le tiró de los pelos a Bruno, que se estaba tragando la leche de su corrida y le chupó a su tío la lengua con lujuria.

Luego de apartarse los cuatro de ella, su espalda fue bajando por la pared y acabó con el culo en el piso.

-Darme un respiro, darme un respiro que no me había corrido más de dos veces en un polvo antes de hoy.

La dejaro descansar.

Poco después, su tío se echó boca arriba delante de sus piernas y le dijo:

-Ahora me vas a follar y se las vas a menear y a mamar a ellos.

Macarena se sentó sobre la polla de su tío y la metió hasta las trancas. Emilio se puso a su izquierda y Bruno y Raúl se pusieron a su derecha. Empuñó las pollas de Bruno y de Raúl, y meneándolas y follando a su tío, se la mamó a Emilio, luego, mientras Jaime le magreaba las tetas, fue turnando las mamadas y los meneos en las tres pollas. Macarena, babeando, dijo:

-¡Joder, qué puta me siento!

Jaime le preguntó:

-¿Quieres recibir leche en la boca, en el coño y en el culo?

Macarena ya estaba desatada.

-En la boca, en el coño, en el culo y hasta en las orejas, si hace falta.

La quería y se la iban a dar. Jaime tiró de ella. Se la clavó en el coño y le comió la boca. Bruno se arrodilló entre las piernas de Jaime y le comió el culo respingón. El ojete se abrió y se cerró cada vez que la punta de la lengua salía de él hasta que se abrió por última vez, ya que la polla no le permitió que se volviera a abrir al entrar dentro de su culo. Con las pollas dentro de su coño y de su culo se enderezó, levantó la cabeza y dijo:

-¡Me vais a matar de gusto!

Emilio le metió la polla en la boca para que se callara. Macarena se agarró a su polla y a la de Raúl, pollas que fue sacudiendo y mamando por turnos, las mamó una a una y las dos juntas. Jaime le follaba el coño con suaves clavadas. Bruno le daba caña en el culo, al tiempo que le daba cachetes en las nalgas. Al rato ya estaba más que perra.

-¡Darme a romper los dos que me voy a correr!

Le dieron leña, pero leña de la buena y Macarena, con la polla de Emilio en la boca, comenzó a temblar. Quiso decir que se corría, pero la leche que derramó Emilio en su boca, le impidió hablar. Corriéndose y tragando leche, sintió como le llenaban el coño y el culo de leche y como de su oído derecho salía leche que luego bajaba por su cara.

Al sacarle las pollas del coño y del culo, Macarena, chorreando leche, quiso irse, pero Raúl y Emilio habían pagado por follarla. Le dijo Raúl:

-¿A donde crees que vas, bonita?

-Es que...

-Es que yo quiero follar ese culito respigón.

-Dejar por lo menos que me limpie.

Raúl le dio unos calzoncillos y se limpió, luego Emilio le echó las manos al culo, la levantó en alto en peso. y le metió la polla en el coño. Macarena le rodeó el cuello con sus brazos, al tiempo que Raúl le clavaba la polla en el culo.

-Despacio, despacio y sincronizados, que yo también me quiero correr.

Raúl le preguntó:

-¿Pero no decía que estabas cansada?

-Si, pero una vez comenzada la fiesta yo también quiero bailar.

Con clavadas sincronizadas le dieron lo suyo y lo de sus amigas. Tanto le dieron antes de que le llenaran el culo y el coño de leche, le dijo:

-¡Romperme el culo y el coño!

Le dieron a mazo y no le rompieron ni el coño ni el culo, pero se los regaron con sus corridas mientras Macarena le regó la polla a Emilio con la suya, al tiempo que decía:

-¡Me corro, me corro, me corro!

Al ponerla en pie, las piernas de Macarena, mojadas con la leche de las corridas, comenzaron a bailar el twist y si no la sujetan entre Jaime y Emilio da con sus huesos en el piso.

Al recuperar las fuerzas se fue a vestir y después se marchó con cuatro cheques de mil euros.

Jaime, ya trajeado, le dijo a sus amigos:

-Ya la habéis hecho vuestra como queríais, pero me salió caro.

Emilio estaba satisfecho de haberla poseído.

-Bueno, pero te valió la pena. ¿No?

-Lo cierto es que sí.

Al salir de la sala de masajes se fue cada uno para su casa. Iba Jaime conduciendo cuando le sonó el teléfono móvil.

-Dime, Macarena.

-¿Qué tal lo he hecho?

-De película. Cuando cobres los cheques mándame un bizum con mis mil quinientos euros y no te olvides de romper mi cheque.

-Ya está roto.

-Esa es mi sobrina. Te voy a manda los videos que te había dicho, ya sabes, uno en el que una de mis ayudantes me da un masaje a un joven de piel oscura y otro en el que una le da un masaje a la otra. Míralos, practica y cuando estés preparada, el trabajo será tuyo. Chao Macarena.

-Chao, tío.


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Las Vivencias de Macarena - Capítulo 002

El domingo por la mañana Macarena se despertó a las once, estiró su cuerpo, estiró los brazos, bostezó y luego se destapó para levantarse. Se acordó de los videos instructivos que le había dicho Jaime que le iba a mandar. Se sentó en el borde de la cama, cogió encima de la mesilla de noche su iPhone, miró en su correo y allí estaban los videos. Volvió a echarse sobre la cama y abrió el primer video. En él vio a un africano, boca abajo, sobre una mesa de masajes, y a una rubia, desnuda, arrodillada entre sus piernas y echándole aceite con un spray en su espalda, en su redondo y duro culo y en sus piernas.... Vio todo el video y tomó buena nota del masaje y del polvo que acabaron echando. Al acabar de ver ese video puso el otro en el que una joven morena, preciosa, y con un cuerpo diez, echada sobre una cama de masajes, con sus piernas y sus brazos separados, recibía el masaje de la chica rubia que había visto en el video anterior. Lo miró entero y también tomó buena nota del masaje y del polvo que echaron.

-Me he puesto bien cachonda. Tengo que follarme a mi misma.

Macarena tenía un tocador con un gran espejo delante de la cama. Se levantó cogió un cepillo del pelo, y regresó con él a la cama, se sentó sobre ella, con las piernas cruzadas, y comenzó a cepillarse el pelo, al tiempo que se miraba al espejo. Luego de peinarse, estiró las piernas, flexionó las rodillas y con tres dedos de su mano derecha comenzó a hacer círculos con tres dedos sobre su clítoris, apretó los labios vaginales con dos dedos, frotó em coño de abajo a arriba con uno con dos dedos, le dio un tremendo repaso al coño antes de meter los dos dedos dentro de la vagina y darse cera con ellos, pero cera de la buena, lo que hizo que comenzaran a salir jugos cremosos de su coño, jugos que Macara veía salir de su coño en el espejo y que recogía con sus dedos, llevaba a la boca y chupaba.

-¡Qué buena estoy!

Al rato, cuando vio que se iba a correr, se puso a cuatro patas dándole el culo al espejo y con la cabeza girada sobre la almohada, metió el dedo medio de la mano izquierda dentro del coño para engrasarlo y luego lo metió en el culo. Con tres dedos de la mano derecha e frotó el clítoris y poco después se corría como una demente, al correrse puso la palma de la mano derecha debajo del coño y recogió la leche cremosa de la corrida, leche que lamió como si fuera una perra.

-Deliciosos.

Al acabar de disfrutar y de saborear su leche, se levantó, se duchó, miró algo la tele, hizo de comer, y volvió mirar la tele hasta que sonó el timbre de su piso. Fue a abrir, echó un vistazo por la mirilla y vio que era su cuñada Nieves. Le abrió la puerta y le dijo:

-No te contaba.

-Es que te tengo algo que decirte que me corre prisa.

Macarena cerró la puerta. Nieves colgó su abrigo de piel en el perchero y se fueron a la sala de la televisión. Macarena le dijo:

-Siéntate donde quieras.

Nieves se sentó en el tresillo, levantó un poco su vestido gris, y luego cruzó las piernas. Macarena le preguntó:

-¿Quieres tomar algo?

-Sí, algo fuerte.

-¡Coño! Te tuvo que pasar algo gordo para pedir algo fuerte, tú eres de agua mineral.

-Más fuerte de lo que puedas imaginar.

-Cuenta, cuenta mientras preparo dos pelotazos.

-Estoy que fumo en pipa con lo que me dijo tu hermano.

Preparando las bebidas, le preguntó:

-¿Qué te dijo el tarambana ese?

-Me dijo estas palabras: Te quiero ver follar con siete enanitos, Blancanieves.

A Macarena le entró la risa floja.

-Estaría borracho.

-No, no estaba borracho.

-Si no estaba borracho, te estaba vacilando. En toda España no creo que haya siete enanos.

-Me enseñó una foto con siete enanitos desnudos, y los siete tenían las pollas más grandes que la suya.

-Haría un montaje con inteligencia artificial.

-No sé si sería un montaje o no, pero yo acabé fantaseando con los siete enanitos.

-¡¿Qué tú qué?!

-Lo que has oído.

Macarena le dio el gin tonic, con muy poca ginebra, pues sabía que si cargaba la bebida, su cuñada acabaría vomitando, y ganas de limpiar no tenía. Se sentó a su lado y vio que Nieves la miraba y sonreía.

-¿Por qué sonríes?

-¡Inocente, inocente, inocente!

A Macarena se le había pasado que era el 28 de diciembre.

-Cabrona.

-Tampoco hacía falta insultar.

-No, eso es muy cierto, venga, bebe.

-No voy a beber.

Macarena se puso seria.

-Ahora te bebes el gin tonic o te lo hago beber yo.

-Qué mal genio tienes.

-¡Bebe!

Nieves le echó un trago.

-No está mal. ¿No tienes nada de picar?

-Ya piqué yo.

-Estás haciendo un drama de una inocentada.

-Cuando tienes razón hay que dártela.

Macarena echó un trago de su gin tonic, luego lo posó encima de la mesa camilla que tenía en frente y fue a pillar una caja de galletas surtidas, que puso encima de la mesa antes de volver a sentarse. Nieves le preguntó:

-¿Sigues trabajando en el club los fines de semana?

-Sí, a las ocho tengo que estar allí. -¿Y eso te da para llegar a fin de mes después de perder el trabajo en la compañía en que estabas?

-No, pero me dieron un buen dinero al echarme.

-Los ahorros no duran siempre. Hay un trabajo de cajera en el supermercado de una amiga mía, si te interesa puedo hablar con ella.

-Ya tengo trabajo en la sala de masajes de Jaime.

Nieves echó un trago largo.

-¿Le vas a llevar las cuentas?

-Voy a trabajar de masajista.

-¡Anda ya! A mí no se me olvidó el día en que estamos.

Macarena vio en su cuñada a su conejilla de indias.

-No es una inocentada. ¿Quieres qué te dé un masaje?

-Claro que me gustaría que me dieras un masaje, últimamente estoy muy tensa, pero tú no tienes ni pajolera idea de como dar un masaje.

-Eso es lo que tú te crees. Si quieres que te lo dé, no tienes más que decírmelo.

-Vale, masajéame los hombros, a ver si sabes.

-Te estaba hablando de un masaje integral.

Nieves la miró de lado.

-A ver, Macarena. Te conozco y sé que no eres lesbiana. ¿Qué es lo que buscas dándome un masaje?

Macarena fue franca.

-Te diré la verdad. Nunca le he dado un masaje a un hombre, ni a una mujer, solo he visto unos videos, y para empezar a trabajar, antes tengo que practicar.

Nieves, que estaba comiendo una galleta de coco, con la boca llena, le dijo:

-¡Qué jodida!

Macarena se desilusionó.

-Sabía que si te decía la verdad no te ibas a prestar al masaje.

-Pues estabas equivocada. ¿Dónde me lo quieres dar?

Una sonrisa se dibujó en los labios de Macarena.

-Mi habitación sería un buen sitio.

-Pues vamos para tu habitación.

-Tengo que ir al aseo a coger el aceite de avellanas y por el camino debo pillar una almohada para ponerte debajo del culo.

Nieves fue con Macarena y esperó en las puertas, mientras cogía el aceite en el aseo y la almohada en una habitación aledaña a la suya.

Llegaron a la habitación y Nieves, al lado de la cama, se quitó el vestido. Se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos grises con pequeños tacones de aguja, después se quitó las medias, luego el sujetador y por último las bragas. Macarena le dijo:

-Échate boca abajo sobre la cama con la cabeza ladeada sobre la almohada.

Nieves le preguntó:

-¿Es que tú no te vas a desnudar?

-No lo creo necesario.

-Yo sí que lo creo necesario. No veo justo que tú me veas desnuda a mí y yo a ti no.

-Tienes razón otra vez.

Se desnudó. Cuando Nieves la vio desnuda, le dijo:

-¡Qué culazo tienes! Si fuera hombre no me cansaría de comértelo.

-Tú también tienes un culo hermoso.

Macarena le puso la otra almohada debajo del vientre para que se le levantara el culo. Después cogió el aceite de avellanas y se lo echó por los hombros, por la espalda, por las nalgas y por las piernas. A continuación se lo expandió por todos los lados, para después colocar las manos como había visto en el video y masajear de arriba abajo sin parar desde los hombros hasta los pies. Paró e hizo algo de cosecha propia para ver su reacción. Lo que hizo fue meterle las manos por debajo para masajearle la mitad de sus tetas, la reacción fue separar el cuerpo de la cama para que masajeara sus tetas en su totalidad. Se las masajeó como lo haría si fueran sus propias tetas, con suavidad y dejando que los pezones se colaran entre sus dedos. De las tetas fue a por su culo y a por su gordo coño, coño que tenía una pequeña raja. Lo masajeó apretándolo con dos dedos. El coño soltó cantidad de jugos, mismo le pareció un limón cuando lo exprimen. Le preguntó:

-¿Sigo?

-Sigue, tienes unas manos mágicas.

Le metió dos dedos de la mano izquierda dentro del coño, el dedo pulgar de la mano derecha dentro del culo y le dio cera... Allí no había música, pero a música celestial le sonaron los gemidos de su cuñada cuando se corrió.

Nieves, al acabar de correrse, sonrió y luego se echó encima de Macarena.

-¡¿Qué haces, loca?!

-Te voy a comer viva.

Quiso separarla de ella empujándola con las dos manos.

-No te atreverás.

La quiso besar, pero apartó la boca. Lo que no pudo apartar fueron las tetas, y como no pudo le lamió los pezones y las areolas.

-Para, ya sabes que no soy lesbiana.

-Yo tampoco soy lesbiana y me dejé.

Le magreó las tetas y se las mamó con lujuria. Macarena ya no la empujada.

-¿Quieres parar?

Se quito de encima.

-Date la vuelta.

-¿Para qué quieres que me dé la vuelta?

-Para comerte el culo, he fantaseado muchas veces con él.

-No se cómo te atreves...

-Has sido tú la que ha abierto la caja de los truenos.

-No era esa mi intención.

Quiso darle la vuelta. Macarena ofreció resistencia y solo pudo ponerla de lado. Le besó y le lamió las nalgas, luego con la mano izquierda le separó una nalga de la otra y con la yema del dedo medio de la mano derecha le acarició el ojete. Macarena, sin moverse. le dijo:

-Eres una cochina.

-Y me gusta hacer cochinadas.

Le separó las nalga con las dos manos y lamió el ojete.

-Si crees que así me vas a hacer correr, vas dada.

-¿Que te apuestas a que acabas subiendo encima de mí y me pones el coño en la boca para correrte?

-Te apuesto lo que quieras a que no acabo haciendo eso.

-Si lo haces me comes el coño tú a mí.

-¿Y si no me corro qué gano yo?

-Me puedes dar dos hostias.

-Ya te las debía haber dado.

-¿Hay apuesta?

-Hay.

Nieves estuvo más de cinco minutos lamiendo el ojete y metiéndole y sacándole la punta de la lengua. Macarena no pudo disimular que estaba gozando por que, al principio su ojete se contraía, y al final de su vagina abierta salían jugos cremosos, jugos que bajaban por el interior de su muslo derecho.. La puso boca arriba, le separó las piernas y se arrodilló entre ellas.

-¿Qué me vas a hacer?

-Comerte el coño.

Le echó las manos al culo, se lo levantó, metió el coño en la boca y se lo chupó como si fuera una almeja babosa. Cuando vio que se iba a correr, dejó de comerle el coño, se echó boca arriba, y le dijo:

-Ponme el coño en la boca, muévete y córrete en mi boca.

Macarena sonrió.

-No me vas a ganar la apuesta.

-Si no me lo das ya puedes darme las dos hostias.

Nieves comenzó a hacerse un dedo.

-¡Serás perra!

-Me puse perra comiendo tu coño, anda, sé buena y ponme ese chocho en la boca.

Macarena estaba más caliente que su cuñada.

-Te voy a poner el coño en la boca porque no quiero pegarte.

Le puso el coño en la boca. Nieves le echó las manos a la cintura y después se lo lamió. Macarena se desató. Agarrando la cabecera de la cama con las dos manos, comenzó a mover su culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, al tiempo que apretaba el coño contra la lengua, y unos cuantos gemidos más tarde, se corrió. Al correrse le quitó el coño de la boca. Nieves le dijo:

-¡Dámela en la boca, dámela en la boca!

Macarena abrió el coño con dos dedos de su mano derecha y de su vagina salió un pegote de leche, y luego cerrándola y abriéndola, otro pegote, y otro, y otro, y otro, después quedó una especie de moco colgando, especie de moco que Nieves limpió lamiendo su coño.

Al acabar de tragar le dijo:

-¡Qué rica estás!

Macarena iba a comer su primer coño.

-Supongo que ahora querrás cobrar la apuesta.

-Supones bien.

Nieves le dio un beso con lengua, Macarena se lo devolvió. Luego de comerse las bocas, Nieves le puso coño en la boca. Macarena sacó la lengua y Nieves, estrujando las tetas, frotó el coño contra la lengua hasta que, tiempo después, se corrió en la boca de su cuñada.

-¡Toda para ti, Maca, toda para ti!

Mientras se corría había sonado la música de la llamada de un teléfono en la sala de la televisión. Nieves al acabar de correrse fue a mirar quién la había llamado. Regresó a la habitación y le dijo a su cuñada:

-Era mi hermano. Vistámonos que ese es capaz de venir para aquí.

Vistiéndose le preguntó Nieves a Macarena.

-¿Y ya has pensado con qué hombre vas a hacer las prácticas?

-No, pero alguien aparecerá.

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heranlu

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Las Vivencias de Macarena - Capítulo 003


El lunes por la mañana, Macarena, en bata de casa y sin nada por debajo, estaba haciendo la limpieza de su piso. Sonó el timbre de su casa.

-¿Quién será a golpe de lunes?

Echó una ojeada por la mirilla y vio que era su sobrino Marcos. Abrió la puerta y le dijo:

-¿Qué haces tan lejos de casa?

Marcos, que vestía unos vaqueros, una cazadora azul, una camisa de franela a cuadros negros y azules, que calzaba unas botas altas de cuero, que llevaba una mochila al hombre y una guitarra en su mano derecha, le respondió:

-Es una historia muy larga. ¿Puedo pasar a hacer un pis, tita?

-Pasa.

El joven entró y fue directamente al aseo, pues ya conocía el lugar. Cuando salió del aseo, desde el pasillo, dijo en voz alta:

-Gracias, tita, ya me voy.

Macarena salió de la sala.

-Tú no vas a ninguna parte sin explicarme qué haces tan lejos de casa con una mochila a la espalda y con tu guitarra en la mano.

-Es que...

-Ni es que, ni es ca, pasa para acá.

Marcos, que era moreno, bien parecido y un poco más bajo que su tía, fue hasta la sala.

-Quita la mochila de la espalda y siéntate.

Marcos quitó la mochila de la espalda, apoyó la guitarra en un sofá y después se sentó en él. Macarena se sentó en el tresillo, que estaba frente al sofá en el que se había sentado su sobrino.

-Comienza a largar.

-Me fui de casa para no tener que devolvérselas a mi padre.

-¿Te pegó?

-No, cuando supe que se había enterado de la cosa, ya no esperé a que volviera del trabajo.

-¿Qué supo tu padre de ti que no debía saber?

-Que le estaba quitando dinero a una vieja.

-¿Por qué se lo quitabas?

-Por darle placer en la cama.

-Por eso no creo que llegarais a las manos.

-Sé como es, llegaríamos.

A Marcos le sonaron las tripas. Macarena le pregunto:

-¿Cuánto tiempo hace que no comes?

-Dos días.

-Te gustaba la tortilla francesa, ¿no?

-Sí, pero en este momento me comería a un burro viejo.

-Burro viejo no tengo, joven sí, lo tengo delante. Date un baño mientras hago la tortilla, luego me sigues contando.

Pasado un tiempo sentados a la mesa de la cocina, Marcos, que se tapaba solo con una toalla, estaba comiendo una tortilla francesa de seis huevos acompañada de una cerveza, y Macarena se tomaba un vaso de zumo.

-¿Cómo era la vieja?

-Pues era una mujer a la que ya le había pasado infinitas veces el sol por la puerta, o sea, con todo decaído, con unos dientes como diamantes...

-¿Brillantes?

-No, escasos.

Macarena se rio con ganas.

-Parece que no te quedó un buen recuerdo de ella.

-Mi padre se enteró de que follaba a la vieja por dinero por medio del otro cabrón que la follaba sin que yo lo supiera.

-Estaba solicitada la vieja.

-Pagaba bien, por eso el otro quiso quitarme de delante.

-¿Cuánto tiempo hace que te fuiste de casa?

-Un mes.

-¿Y cómo piensas salir adelante?

-Quiero llegar a Barcelona para tocar y cantar en el metro.

-¿Por qué no fuiste a Barcelona mientras tenías dinero?

-Conocí a una mujer y estuve viviendo con ella.

-¿Y qué pasó?

-Que se reconcilió con su marido.

-La hostia, ya has vivido lo tuyo.

-Algo he vivido, sí.

Le cayó un trozo de pan al piso y se agachó para recogerlo. Macarena tenía las piernas separadas y le vio el coño. Al incorporarse, le dijo:

-Lo que nunca había visto es un coño tan bonito.

Macarena recordó al momento que esa mañana no se había puesto bragas.

-Que no te pasen ideas raras por la cabeza.

Marcos se levantó de la mesa y Macarena hizo lo mismo.

-A mí solo me pasan por la cabeza ideas normales.

Comenzaron a moverse alrededor de la mesa.

-¿Vas a morder la mano de quien te acaba de dar de comer, perro?

-Voy a devolverle el favor echándole un polvo inolvidable.

Marcos se quitó la toalla y Macarena vio su polla, una polla larga, gorda, y que en aquel momento estaba morcillona.

-Soy tu tía y tu madrina.

-Cuanto más madrina más se le arrima.

Marcos echó a correr alrededor de la mesa, Macarena también echó a correr alrededor de la mesa, pero corría más él. Cuando la pilló, la agarró por la cintura, le abrió la bata y después se la quitó. Macarena se giró y lo encaró.

-Estás buscando que te arañe y que te deje desfigurado.

-Lo que estoy buscando es echarle un polvo a la mujer más sensual que han visto mis ojos.

Quiso darle un beso, pero le hizo la cobra y lo empujó.

-No te atrevas a meterme la legua en la boca que te la arranco de un bocado.

Se puso en cuclillas y giró la cabeza para darle un beso con lengua en el coño.

-Esta boca no tiene dientes.

Le dio un beso en el coño, le metió la lengua dentro, y la vagina, cerrándose, se la chupó.

Le cayeron dos bofetadas, con la palma y con el revés de mano derecha.

-¡Pafff, paffff!

-Yo no soy la vieja puta, ni la casada necesitada. ¡Para de una jodida vez!

Marcos se puso en pie, le agarró las manos, le levantó los brazos, la giró y apretando sus manos y sus tetas contra la pared, le dijo:

-Yo cuando empiezo una cosa la termino.

Con su polla tiesa buscó la entrada del coño y al encontrarla se la clavó despacito.

-Tienes un coño muy estrecho, tita.

-Sácala, Marcos, sácala.

-¿La saco despacito?

-Como quieras, pero sácala. Le besó y le lamió las orejas y el cuello con la polla enterrada dentro de su coño.

-Está tan calentita ahí dentro...

-¡¿La quieres sacar de una vez?!

Sacó la mitad despacito y despacito se la volvió a meter.

-Eres un canalla.

La sacó despacito casi toda y despacito se la volvió a meter.

-¿A qué nunca te habían hecho esto, tita?

-No, nunca antes me habían forzado.

Poco después, metiendo y sacando, despacito, sintió como la vagina apretaba su polla una y otra vez y la iba bañando de jugos. Marcos le dijo:

-¿Te estás corriendo, tita?

No le mintió.

-Sí.

Al acabar de correrse le soltó las manos, le quitó la polla, se agachó, se giró, puso la cabeza debajo del coño de su tía y esperó pacientemente a que los jugos de la corrida cayeran en su boca, todo esto sin que Macarena se moviera. Al acabar de salir jugos, le lamió el coño y después se puso en pie. Macarena, muy seria, le dijo:

-¿Eres consciente de lo que has hecho?

-Sí, he hecho algunas de las cosas que imaginé en las muchas pajas que me he hecho pensando en ti.

-Y tienes los santos cojones de decírmelo a la cara, cabrón.

La beso con lengua. Macarena se apartó de él.

-¿Por quién diablos me has tomado?

-Por una mujer caliente que se acaba de dejar.

Macarena se hizo la ofendida.

-¡¿Qué has dicho?!

-Que te acabas de dejar, tita. Si no quisieras que te hiciera el amor me hubieras estrujado los huevos en el segundo uno.

-Ganas no me faltaron.

-Échate sobre la mesa que te voy a comer el coño.

-Vete a la mierda, Marcos.

-A la mierda voy.

La giró, se puso en cuclillas, le separó las nalgas y comenzó a lamerle y a follarle el ojete con la punta de la lengua.

-Asqueroso.

Ni la escuchó.

-Tienes el culo más hermoso que he visto.

-Te voy a tirar un pedo que se te van a quitar las ganas de hacer guarrerías.

-Tira, lo que no mata alimenta.

Al rato, Macarena se dio la vuelta, le puso el coño en la boca a su sobrino y le dijo:

-Come.

-Al fin te cansaste de hacerte la ofendida. Le cogió la cabeza y le llevó la boca al coño.

-Come y calla.

Marcos le echó las manos a la cintura y lamió su coño de abajo a arriba a mil por hora. Macarena empezó a gemir como una loca. Marcos le metió en el culo la mitad del dedo medio de la mano derecha. Macarena exclamó:

-¡Me voy a correr, me voy a correr, me voy a correr!

Sin parar de lamer le clavó todo el dedo dentro del culo.

-¡¡Me corro!!

Al correrse le metió la lengua dentro del coño y gozó de la leche de su corrida.

A Marcos le había sabido a poco el dedo en el culo.

-¿Me dejas metértela en tu precioso culo, tita?

-¿Tanto te gusta mi culo?

-Ni te puedes imaginar cuanto.

Macarena echó para un lado el pan, los vasos, el tenedor, el plato y las servilletas, se echó sobre la mesa, y le dijo a su sobrino:

-Disfrútalo.

Marcos le levantó las piernas hasta ponerle los talones de los pies sobre sus hombros, luego le echó las manos, a las tetas, y magreándolas, le folló el culo como le había follado el coño, despacito. Macarena le preguntó:

-¿Habías imaginado esto en tus pajas?

-Sí.

-Méteme un dedo dentro del coño y fóllamelo con él.

Le metió en la vagina el dedo medio de su mano derecha.

-¿Y hacerme un dedo mientras me follabas el culo lo habías imaginado?

-No.

Macarena humedeció tres dedos en la boca y luego acarició el clítoris con ellos.

-¿Quieres que nos corramos juntos?

-Quiero.

Mirándola a los ojos le empezó a dar caña en el culo con la polla y en el coño con el dedo.

-Tienes un cuerpo divino, tita.

-Y tú una polla magnífica.

Macarena rozó el clítoris muy suavemente desde el principio, pues sabía que si aceleraba se iba a correr antes que su sobrino. Al estar mirándose a los ojos sabría cuando Marcos llegase al punto de no retorno. Cuando llegó le dijo él:

-¿Preparada, tita?

-Hace rato que estoy preparada.

Los dedos de Macarena volaron sobre su clítoris.

-¡Me corro!

Marcos no dijo nada, pero Macarena sintió la leche calentita dentro de su culo.

Luego de gozar, Macarena se bajó de la mesa, y le dijo a su sobrino.

-Me voy a dar una ducha. Vístete que puede venir alguien.

Cuando Macarena salió del baño, cubierta con una toalla, Marcos ya estaba vestido.

-¿Es que no tienes otra ropa?

-No es la misma, es otra igual. Te quería decir una cosa, tía.

-Dispara.

-¿Me puedo quedar a vivir conmigo un tiempo?

-Te puedes quedar hasta que encuentres trabajo, después de cobrar tu primer salario te las piras.

-Gracias.

-Otra cosa. Aquí se va a follar cuando yo quiera, no cuando a ti te apetezca. ¿Entendido?

-Entendido.

Macarena se fue a su habitación, se vistió y después fue a comprar lo que necesitaba.

Luego de comer, (Marcos se había vuelto a dar otro atracón, esta vez de pollo asado) tomaron la siesta, una siesta que en el caso de Marcos fue de dos horas. Cuando llegó a la sala de la televisión, Macarena le dijo:

-Te pasas el día durmiendo.

-Es que en los dos días que pasé la noche en una nave abandonada casi no pegué ojo.

Macarena cambió de tema.

-Me llamó tu madre mientras dormías y me preguntó si sabía algo de ti. Hice como si no supiera lo que había pasado y entre otras cosas, me dijo que no sabía por qué te había ido, que estaban muy preocupados tu padre y ella.Tienes que volver.

-Mi padre...

Macarena le contó algo que Marcos no sabía.

-Tu padre fue chapero antes de casarse con tu madre.

-Bromeas.

-Con esas cosas no se bromea.

-En ese caso volveré, pero antes de irme podrías darle a tu cuerpo alegría, Macarena.

Macarena contraatacó.

-Muy gracioso, puto de viejas.

-Qué cruel eres.

-Empezaste tú.

-Oye. ¿Y una paja de despedida?

-Si no hubieras dicho lo de darle una alegría a mi cuerpo, tenía pensado darte una despedida a lo grande, pero por decirlo te vas sin nada.

Marcos se puso de rodillas delante de su tía, juntó las manos en posición de rezar, y le dijo:

-Perdón, tita, perdón de corazón.

-¡Qué mal mientes, cabroncete!

-Sabía que se me iba a notar.

Macarena sonrió y le dijo:

-Anda, tira, tira para mi habitación. Cuando llegue allí quiero verte desnudo y boca abajo.

Llegó a la habitación desnuda, con una venda en una mano y con una botella de aceite de oliva en la otra. Puso sobre la cama el aceite y le vendó los ojos.

-¿Qué me vas a hacer, tita?

-Enseguida lo vas a saber.

Le iba a dar un masaje a su manera para ver como iba reaccionando su sobrino. Echó aceite en abundancia en la mano derecha para que goteara en la espalda de su sobrino y luego de frotar las manos y que cayera más aceite en la espalda, cerró la botella. Extendió el aceite, y después, colocando las mano sobre la espalda, como había visto en el video, masajeó desde el cuello hasta los pies y desde los pies hasta el cuello, lentamente y pasando por sus brazos, brazos que tenía al lado del cuerpo. En el décimo recorrido, su mano derecha le oleó los huevos y luego le masajeó el ojete, después siguió subiendo. En el siguiente recorrido sus manos ya no subieron más. Macarena subió a la cama, se arrodilló entre las piernas de su sobrino y le masajeó las nalgas bien masajeadas. Luego le agarró los huevos por la parte superior de la bolsa y se los masajeó con mucho cuidado, cuidado que no tuvo cuando tiró de la polla hacia atrás porque no hacía falta, ya que Marcos había levantado el culo para facilitarle la tarea. Con la mano izquierda le masajeo los huevos y con la mano derecha le apretó la polla y la masajeó con la idea de ordeñarlo. Marcos comenzó a gemir con ganas. Macarena le preguntó:

-¿Ya te vas a correr?

-Sí sigues haciéndome eso, sí, tita.

Macarena metió la cabeza de la polla en la boca, chupó media docena de veces. Marcos se corrió y se la llenó de leche.

Salió de entre sus piernas y lo puso boca arriba. Miro para la polla y vio que seguía empalmada. Tenía unas ganas locas de follar, y lo que menos le apetecía era seguir con el masaje. Le puso el pezón de la teta izquierda ente los labios, y cuando se lo lamió le apretó la teta contra la boca para que se la mamara, le mamó esta teta y le mamó la otra cuando se la dio... Luego se las mamó la tira de veces. Cuando dejó de dárselas, le dijo Marcos.

-Más, quiero más.

Macarena le puso el coño en la boca.

-¿Y no quieres esta?

Marcos le comió el coño con más ganas de lo que había comido la tortilla francesa y el pollo asado; se lo comió con la idea de que su tía le diera una buena corrida en la boca y Macarena no lo defraudo.

-¡Mi madre lo que ahí tal viene!

Vino, vino una corrida tan grande que parecía una riada, de leche, pero una riada parecía. Después le quito la venda y fue frotando el coño por su cuerpo.

-La perra está marcando su territorio.

-Tú no eres una perra.

-Soy una perra y quiero que me folles como follan los perros.

Le cogió la polla, la puso en la entrada de la vagina y Marcos hizo el resto, o sea, le dio como si le debiera dinero. Le dio como a cajón que no cierra, le dio a reventar, le dio como le daría un perro, y reventó ella en su polla, reventó él dentro de su coño y no reventó la cama de pura casualidad.

Al acabar, Macarena, boca arriba sobre la cama, mirando al techo, y con una sonrisa en los labios, dijo:

-Ya estoy preparada para lo otro.

Estaba hablando de lo de ser masajista, pero Marcos pensó que estaba hablando de otra cosa, le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, y le preguntó:

-¿Cómo quieres que te folle el culo esta vez?

Macarena, ya que estaba, lo iba a disfrutar.

-Sorpréndeme.

Le amasó las nalgas, se las besó, se las lamió, se las movió, se las mordió, se las aplaudió y le lamió la raja del culo. A continuación dejó caer saliva desde la parte de arriba de las nalgas, vio como bajaba y después cerró y abrió las nalgas. Con las nalgas separadas, pasó la punta de su lengua alrededor del ojete, sin rozarlo, al principio y rozándolo, después. Macarena movía sus caderas buscando que la lengua entrase en su culo, pero lo que hizo Marcos fue lamer su coño, lamer su periné y escupirle en el ojete... Ya desesperaba por sentir aquella lengua dentro de su culo cuando Marcos le puso la punta de la lengua en el ojete, Macarena echó el culo hacia atrás y la lengua entró en él todo lo pudo. Macarena se puso como una moto.

-¡Más, dame más lengua!

Le dio lengua para aburrir, pero a Macarena no la aburrió, al contrario, la excitó tanto que le dijo:

-¡Métemela en el culo!

Le puso la cabeza de la polla en la entrada del culo, le echó las manos a las tetas, y le dijo:

-Métela tú, tita.

Macarena fue echando el culo hacia atrás y la polla fue entrando en agujero hasta que los huevos de Marcos chocaron con su coño mojado. Luego, entre gemidos, fue metiendo y sacando despacio, a medio gas, despacio, a medio gas... Pasado un tiempo, Marcos, escupiendo en la polla para engrasarla, sintió que se iba a correr, dejó de magrearle las tetas, le echó las manos a la cintura y le dio a romper. En nada, Macarena, exclamó:

-¡Me corro!

Al correrse salió disparada hacia delante y luego se derrumbó sobre la cama. Marcos vio como se corría, la meneo y se corrió en la cama.

Al acabar de follar, y mientras se vestía, le dijo Marcos a Macarena:

-¿Puedo quedarme un mes, tita?

-Ya no pides una semana.

-¿Puedo?

-Puedes. Ya inventaré algo para que tus padres no se preocupen por ti.
-
 
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