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La Vida de Flor - Capítulo 001
Sandra y yo nos conocimos hace cuatro años cuando nuestros hijos entraron a la primaria, ella es una mamá muy joven, por lo que siempre buscaba alguien que no la juzgara, así que yo me acerqué a ella para hacerla sentir aceptada, con el paso de los meses comenzamos una buena relación de amigas, nos contábamos nuestros problemas, chismes de la escuela y tomábamos un cafecito ocasional una en casa de la otra, lo normal entre mamás de escuela.
Un día mientras platicábamos, Sandra me contó que un par de años antes estuvo separada de su marido y tuvo otra pareja, yo asumí que era otro hombre, pero cuál fue mi sorpresa que había estado en una relación con otra chica, me contó que había estado muy feliz con ella porque era amable, dulce y en la cama la hacía sentir como nunca lo había hecho su marido; yo me asumí bisexual desde los 15 años, por lo que no me sentí perturbada ni mucho menos, al contrario, comencé a sentir una extraña atracción por Sandra al saber que ella también se sentía atraída por las mujeres.
Tras la confesión de Sandra, pasé varios días fantaseando con ella, la veía caminar y me imaginaba qué había debajo de su falda, de su blusa, deseaba tocar su cabello y acariciar cada parte de su cuerpo; un par de veces, mientras mi marido me comía el coñito, me imaginaba que era ella quien pasaba su lengua por mi clitoris caliente y húmedo, deseaba apretar sus grandes tetas mientras ella comía las mías, estaba obsesionada con probarla de pies a cabeza.
Pasaron un par de semanas hasta que un día Sandra llegó llorando a dejar a su hija, le pregunté si estaba bien y me dijo que había peleado con su marido, que necesitaba platicarlo conmigo, así que nos fuimos a su casa a tomar un café; yo traté de ser lo más ecuánime posible, en especial porque ella estaba sufriendo, pero mientras ella me decía lo mal que había estado el pleito con su esposo, yo no podía dejar de contemplar sus labios, su cabello, sus deliciosas y firmes tetas de nena de 21 años.
En un momento dado, me levanté a servir más café y ella fue al baño a limpiarse la cara, cuando íbamos de regreso hacia la sala nos topamos de frente...
- ¿Bailamos? - Le dije mientras chocábamos.
- Sólo contigo podría bailar porque mi marido es un tarado al que ni eso le gusta - dijo Sandra, yo aproveché para abrazarla y confortarla, pero en realidad estaba empapada y ardía en deseos de que ella sintiera mi coñito mojado.
- No te pongas así, ya verás que todo va a estar bien, eres una chica super linda y eres preciosa, si él no te valora, ya encontrarás quién te haga sentir feliz - Le dije insinuando que yo podía ser ese alguien, lo cual ella entendió inmediatamente, para mi fortuna.
- ¿En serio crees que soy preciosa?
- Claro que sí - Y sin perder el tiempo, le di un delicioso beso en la boca, me la comí completita, pasé mi lengua por cada rincón de su boca, la chupé, la lamí, saboreé cada milímetro de sus labios...
- Espérate, a mí ya no me gustan las mujeres, y estoy casada.
- A mí no me gustan todas las mujeres, me gustas tú, y no me importa si estás casada, quiero sentirte entera- Le dije mientras la llevaba a la recámara.
Ya en la habitación, seguí besándola, comencé a tocarle las tetas por encima de la ropa, estaba ardiendo por dentro, sentía cómo mi conchita se inundaba de jugos; le quité la blusa y comencé a besar su pecho, mientras desabrochaba su sostén, quedé maravillada con sus duros y parados pezones, me los llevé a la boca sin pensarlo, era delicioso sentirlos en mi boca, quería chuparlos, mamarlos, sacar lechita de esas tetotas enormes y duras, estaba loca por esa mujer que no dejaba de jadear como la hembra en celo que era.
- Tienes unas tetas deliciosas, quiero comérmelas todas - le decía mientras la lamía.
- Cómeme, perra, cómete mis tetas, y cómete mi conchita, ya me tienes empapada, siénteme - tomó mi mano y la metió dentro de sus jeans y sus pantys, realmente estaba empapada, sentí mi mano llena de sus pelos y de sus jugos, saqué mi mano y lamí mis dedos, estaba deliciosa, saladita, ardiente...
Mientras ella se quitaba el pantalón, yo me quité toda la ropa, estaba decidida a venirme en la boca de Sandra, necesitaba sentir su lengua en cada parte de mi cuerpo, en especial en mi encharcada vagina.
Sandra comenzó a lamer mis tetas, lo que hizo que tuviera un orgasmo casi instantáneo, mis tetas siempre han sido mi punto más erógeno, cuando mi marido no está de humor para cogerme, sólo me come las tetas y sabe que me vengo como una perra en celo; mientras me comía las tetas, yo llevaba mis dedos a su clitoris, que estaba duro y caliente, lleno de sus jugos vaginales, lo froté con mis dedos una y otra vez, y ella se veía cada vez más extasiada, la tumbé en la cama y seguí masajeando su botoncito, ahora agregando un par de dedos dentro de su coñito, estaba frotando su punto G mientras masajeaba su clitoris, su rostro era una obra de arte, con los ojos cerrados y la boca abierta en un jadeo constante. Comencé a lamer su clitoris, estaba riquísimo, durito y caliente, pasaba mi lengua por todo el clitoris mientras la escuchaba gritar.
- ¡Sigue! ¡Tócame! ¡Vas a hacer que me venga! - Gritaba como loca.
- Sí, preciosa, lléname la boca, quiero saborear tu venida, mamita, lléname la boca de ti, hermosa...- fue delicioso sentir cómo explotó en mi boca, me empapó la cara entera, yo no dejaba de frotarla, quería hacerla gritar de placer, quería que me rogara por un descanso, pero era insaciable, se retorcía en mi mano, pero no pedía tregua, seguía llenando mi mano de sus jugos...
- ¡Me estoy viniendo! ¡No pares, por favor! ¡Siento delicioso!
Debe haber tenido unos siete orgasmos en mi mano y mi boca, era hermoso verla así de satisfecha, así de liberada ante los orgasmos que le había regalado, me sentía feliz de verla tan caliente. Me recosté a su lado y le besé los labios tiernamente, quería darle un respiro, y ella correspondió los besos tiernos, con auténticas comidas de boca, sentía su lengua entera y a ella, en lugar de sentirla exhausta por los orgasmos, la sentía ardiente y dispuesta a seguir cogiendo.
- Ahora te toca a ti, perrita - Me dijo mientras me lanzaba a la cama.
Me lamió las tetas con una pasión increíble, sentía su boca succionando mi pezón izquierdo, mientras su mano masajeaba el derecho, estabaa punto de venirme cuando soltó mis tetas y comenzó a bajar por todo mi cuerpo; lamió mi ombligo, mi abdomen y bajó hasta mis muslos, pasó su lengua por la parte interior de mis muslos, lo que hizo que me empapara, esperando sentirla en mi coño mojado. Comenzó a subir su lengua por mis muslos, y de repente, sin avisarme, metió dos dedos en mi vagina, duro, hasta el fondo, sentí que se me iba el aire...
- ¿Te gusta, perrita? ¿Te estás viniendo, hermosa? - preguntó mientras metía y sacaba sus dedos frotando mi punto G de manera exquisita.
Sin dejar de frotar sus dedos en mi interior, puso su boca en mi clitoris, lo chupó, lo jaló con sus labios y succionó poco a poco, haciéndome sentir en el cielo, me vine en su boca sin poder contenerme, y ella sorbió cada chorro de mi orgasmo; estaba en un éxtasis total, sintiendo su boca en mi vagina, sintiendo sus dedos en mi interior.
Cuando por fin me dio tregua, nos recostamos una junto a la otra, tocando nuestras tetas y dándonos besos exquisitos, con sabor a coño; a partir de ese día sus problemas de estrés se terminaron, destinamos los miércoles a coger como locas mientras los niños estaban en la escuela y los maridos trabajando, todo iba grandioso hasta el día en que su marido salió temprano del trabajo y nos encontró chupándonos en un delicioso 69
Un día llegamos a casa de Sandra y sin siquiera terminar de cerrar la puerta, ya tenía mi mano dentro de su conchita, sintiendo lo mojado de su caliente vagina, me encanta sentir su sexo húmedo, me hace sentir que es toda mía. Comencé a besarle los labios, el cuello, los hombros, todo mientras le quitaba la ropa y la lanzaba lejos, quería tenerla completamente desnuda para disfrutar su caliente cuerpo, de repente su teléfono comenzó a sonar, pero no le dimos importancia.
- Deja que se vaya a buzón, es Raúl - dijo mientras dejaba el teléfono en la mesa ignorando la llamada de su marido.
Seguí besándola, en especial mamando sus tetotas gordas y deliciosas, pero su teléfono volvió a sonar.
- ¿Qué quieres?- Le respondió a su marido.
- Nada más quería saber qué harás de cenar, se me antoja algo rico - se oyó por el altavoz.
- Hago lo que quieras, tú dime.
- Al rato que llegue te digo, espérame con ropa bonita a ver si mejor te como a ti - dijo Raúl tratando de ser seductor.
- Está bien, te espero vestidita y mojadita, mi amor - dijo mi sensual Sandra, mientras me guiñaba un ojo y mi mano estaba en su coño.
- Perfecto, te veo al rato - dijo Raúl y colgó.
- Ahora vas a tener que dejarme bien mojada, para cumplirle a mi marido - dijo Sandra mientras me quitaba la blusa y me mamaba las tetas.
Sentía su lengua recorriendo mis tetas, sus dientes apretando mis pezones, quería comerle la cochita, sentir su húmedad en mis labios, la lancé a la cama y comencé a lamer sus tetas mientras acariciaba su clitoris, la quería bien mojada cuando mi lengua llegara a su coñito, la sentía temblar y gemir mientras la tocaba, llegué a su conchita y pasé mi lengua por su duro clitoris, ella se retorció en mi lengua...
- También te quiero comer, quiero probarte, que nos vengamos juntas - me pidió Sandra, así que me subí a la cama y puse mi conchita en su boca mientras seguía comiendo la suya, un exquisito 69 era lo que necesitábamos.
Estaba sintiéndome en el cielo, con la lengua de Sandra recorriendome y la mía sintiendo sus jugos, pero en un momento ella se detuvo, no le di mucha importancia, supuse que estaba a punto de venirse y por eso se había detenido, seguí comiendo su deliciosa vagina cuando de repente sentí unas manos en mi cadera, quise moverme, pero no pude.
- Sabía que andabas de puta, pero no me imagine que con esta perra, creí que te gustaba la verga - le dijo Raúl a Sandra, sin soltar mi cadera - Miren nada más, par de enfermas, ¿no les da vergüenza estar de puercas en mi cama? - quitando la mano derecha de mi cadera, y poniendo la izquierda fuertemente en mi espalda, sin permitir que me moviera.
Estaba asustada, con Sandra debajo de mí y yo sin poder moverme por la mano de Raúl, él es un tipo muy alto, más de 1.90, y de complexión robusta, por lo que junto a mi cuerpo de 1.60 y 60 kg, era considerablemente más fuerte, volteé mi cabeza y lo único que veía era su rostro molesto y que estaba desabrochando su cinturón, no quería ver eso, me imaginaba lo que se avecinaba, no sabía qué sentir, por un lado me sentía excitada por la idea de un trío con la mujer más ardiente a la que e hubiera cogido, y por el otro me sentía violada, ultrajada.
Raúl dejó caer su pantalón y con su mano derecha comenzó a meterme dos dedos en la conchita, sus dedos eran gruesos y ásperos, pero yo estaba tan mojada que entraron sin ningún problema, llegó sin problemas a mi punto G, que estando a gasta quedaba completamente a su disposición.
- Estás bien mojada, perra, y tienes la conchita bien apretadita, quién se lo imaginaría de una perrita tortillera, se nota que no te han entrado muchas vergas. - Me estaba ofendiendo, pero yo me sentía extremadamente caliente, casi le grito que me metiera la verga de una buena vez.
- ¡Ya déjala! - le pidió Sandra que seguía inmóvil debajo de mí.
- La voy a dejar hasta que la puta haga que me venga tanto como ha hecho que te vengas tú.
No terminó de decir la frase cuando su enorme verga ya estaba enterrada en mi conchita; a pesar de tener un hijo y haber tenido bastantes parejas sexuales, la verga de Raúl era la más grande que me hubiera penetrado, al principio sentí mucho dolor, la lubricación previa no fue suficiente para aminorar el impacto de semejante verga. Comenzó un mete saca maravilloso, no podía creer lo mucho que estaba disfrutando sentir a ese cerdo cogiéndome en contra mi voluntad.
- Si no quieres que tu perra sufra, deberías seguir comiéndole el botoncito, seguro que así se va a mojar más - le dijo Raúl a Sandra.
No sé cuál haya sido la expresión de Sandra ante tal sugerencia, pero en un momento comencé a sentir sus dedos en mi clitoris, me sentía en las nubes, con una verga enorme penetrándome y unos deditos suaves masajeando mi botoncito, me vine como una loca, sentí que solté un chorro que le mojó hasta los huevos a Raúl.
- Mira qué rico se vino la putita, aprietas delicioso, perra, con razón tienes tan feliz a tu marido, si así lo mojas a él, seguro que te coge diario. - me dijo mientras se salía de mí.
Una vez que Raúl me soltó, me recosté en la cama y Sandra pudo moverse, estaba asustada, no sabía qué le haría a ella, Raúl la tomó del brazo, la bajó de la cama y la puso de rodillas en el suelo, sin mayor contemplación, le metió toda su enorme verga en la boca, fue sorprendente que le entrara toda, le salían lágrimas de los ojos, mientras él le metía y le sacaba sus 20 centímetros de carne. Yo estaba en shock, no sabía qué hacer, había tenido uno de los mejores orgasmos de mi vida, pero estaban violando a mi mujer, en un momento Sandra se sacó la verga de la boca
- Ya metemela, quiero venirme como ella, te quiero adentro, a ver si logras darme una venida como las que me da ella - retó a Raúl.
- Mira nada más a la perrita, de tortillera a ninfómana, ahora resulta que ya no se te antoja la puchita, ahora quieres verga, pero no, puta, tú no vas a tener verga hoy, hoy es para tu novia.
Yo me quedé helada, pensé que habría quedado satisfecho con haberme cogido una vez, pero no, aparentemente seguiría disponiendo de mi cocnhita.
- Quiero ver cómo le comes las tetas a tu puta - le dijo a Sandra, por lo que ella, muy obediente, se acercó a mí y comenzó a chuparme.
Sentía su lengua tibia recorrerme y no podía evitar mojarme, me fascina su lengua, mientras ella chupaba mis tetas, Raúl me levantaba las piernas hasta sus hombros y me penetraba de nuevo, me sentía completamente llena, era una sensación indescriptible, deliciosa. Raúl entraba y salía de mí con una facilidad increíble, y yo no dejaba de mojarme por las chupadas de tetas que Sandra me daba.
- ¡Sí, dámela toda! ¡Cógeme bien duro! - le rogaba a Raúl, totalmente entregada a su dura verga.
- ¿Te gusta, verdad perrita? Necesitabas una verga bien dura y gorda para que se te quitara lo marimacha, verás que después de esta cogida, nunca vas a querer concha de nuevo.
Sintiendo a Sandra acariciar y chupar mis tetas, realmente dudaba que me dejara de gustar su mojada concha, pero en definitiva me gustaría combinarla con la gorda y tiesa verga de su marido.
Raúl me cogía sin contemplaciones y yo tenía un orgasmo tras otro, sentía que me escurría por todas partes, mi espalda estaba empapada de mis venidas, ya no aguantaba más, hasta que Raúl anunció que se venía.
- ¡Ya, putita, ya me apretaste mucho! ¡Te voy a llenar de leche!
- ¡No te vangas adentro, no tomo pastillas! - le pedí.
- Claro que me voy a venir adentro, perra, quiero que sientas mi leche llenando tu puchita de perra caliente.
No pude zafarme de su verga cuando sentí los chorros de leche caliente llenándome, tuve otro orgasmo delicioso tan sólo de sentir su espeso semen entrando en mi cuerpo.
- Ahora si tanto te gusta comerte a esta perra, cómete la leche de su conchita - le dijo Raúl a Sandra.
No me imaginé que fuera a hacerlo, pero comencé a sentir su lengua en mi clitoris, sentí cómo metía toda su lengua en mi vagina, succionando la leche que Raúl me había lanzado, me sentía volar, tuve al menos otros dos orgasmos gracias a la lengua de mi hermosa y caliente amante.
Los tres nos quedamos recostados en la cama hasta que fue hora de recoger a los hijos de la escuela... los tres llegamos a la escuela y al salir los niños nos despedimos como si nada hubiera pasado. Yo me fui a mi casa y cuando mi marido quiso coger le di algún pretexto idiota, no tenía energía después de las metidas que me dio Raúl. A pesar de haber sido prácticamente violada, moría de ganas por repetirlo, su enorme verga mezclada con la boca de mi hermosa Sandra, fue algo fuera de serie.
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La Vida de Flor - Capítulo 001
Sandra y yo nos conocimos hace cuatro años cuando nuestros hijos entraron a la primaria, ella es una mamá muy joven, por lo que siempre buscaba alguien que no la juzgara, así que yo me acerqué a ella para hacerla sentir aceptada, con el paso de los meses comenzamos una buena relación de amigas, nos contábamos nuestros problemas, chismes de la escuela y tomábamos un cafecito ocasional una en casa de la otra, lo normal entre mamás de escuela.
Un día mientras platicábamos, Sandra me contó que un par de años antes estuvo separada de su marido y tuvo otra pareja, yo asumí que era otro hombre, pero cuál fue mi sorpresa que había estado en una relación con otra chica, me contó que había estado muy feliz con ella porque era amable, dulce y en la cama la hacía sentir como nunca lo había hecho su marido; yo me asumí bisexual desde los 15 años, por lo que no me sentí perturbada ni mucho menos, al contrario, comencé a sentir una extraña atracción por Sandra al saber que ella también se sentía atraída por las mujeres.
Tras la confesión de Sandra, pasé varios días fantaseando con ella, la veía caminar y me imaginaba qué había debajo de su falda, de su blusa, deseaba tocar su cabello y acariciar cada parte de su cuerpo; un par de veces, mientras mi marido me comía el coñito, me imaginaba que era ella quien pasaba su lengua por mi clitoris caliente y húmedo, deseaba apretar sus grandes tetas mientras ella comía las mías, estaba obsesionada con probarla de pies a cabeza.
Pasaron un par de semanas hasta que un día Sandra llegó llorando a dejar a su hija, le pregunté si estaba bien y me dijo que había peleado con su marido, que necesitaba platicarlo conmigo, así que nos fuimos a su casa a tomar un café; yo traté de ser lo más ecuánime posible, en especial porque ella estaba sufriendo, pero mientras ella me decía lo mal que había estado el pleito con su esposo, yo no podía dejar de contemplar sus labios, su cabello, sus deliciosas y firmes tetas de nena de 21 años.
En un momento dado, me levanté a servir más café y ella fue al baño a limpiarse la cara, cuando íbamos de regreso hacia la sala nos topamos de frente...
- ¿Bailamos? - Le dije mientras chocábamos.
- Sólo contigo podría bailar porque mi marido es un tarado al que ni eso le gusta - dijo Sandra, yo aproveché para abrazarla y confortarla, pero en realidad estaba empapada y ardía en deseos de que ella sintiera mi coñito mojado.
- No te pongas así, ya verás que todo va a estar bien, eres una chica super linda y eres preciosa, si él no te valora, ya encontrarás quién te haga sentir feliz - Le dije insinuando que yo podía ser ese alguien, lo cual ella entendió inmediatamente, para mi fortuna.
- ¿En serio crees que soy preciosa?
- Claro que sí - Y sin perder el tiempo, le di un delicioso beso en la boca, me la comí completita, pasé mi lengua por cada rincón de su boca, la chupé, la lamí, saboreé cada milímetro de sus labios...
- Espérate, a mí ya no me gustan las mujeres, y estoy casada.
- A mí no me gustan todas las mujeres, me gustas tú, y no me importa si estás casada, quiero sentirte entera- Le dije mientras la llevaba a la recámara.
Ya en la habitación, seguí besándola, comencé a tocarle las tetas por encima de la ropa, estaba ardiendo por dentro, sentía cómo mi conchita se inundaba de jugos; le quité la blusa y comencé a besar su pecho, mientras desabrochaba su sostén, quedé maravillada con sus duros y parados pezones, me los llevé a la boca sin pensarlo, era delicioso sentirlos en mi boca, quería chuparlos, mamarlos, sacar lechita de esas tetotas enormes y duras, estaba loca por esa mujer que no dejaba de jadear como la hembra en celo que era.
- Tienes unas tetas deliciosas, quiero comérmelas todas - le decía mientras la lamía.
- Cómeme, perra, cómete mis tetas, y cómete mi conchita, ya me tienes empapada, siénteme - tomó mi mano y la metió dentro de sus jeans y sus pantys, realmente estaba empapada, sentí mi mano llena de sus pelos y de sus jugos, saqué mi mano y lamí mis dedos, estaba deliciosa, saladita, ardiente...
Mientras ella se quitaba el pantalón, yo me quité toda la ropa, estaba decidida a venirme en la boca de Sandra, necesitaba sentir su lengua en cada parte de mi cuerpo, en especial en mi encharcada vagina.
Sandra comenzó a lamer mis tetas, lo que hizo que tuviera un orgasmo casi instantáneo, mis tetas siempre han sido mi punto más erógeno, cuando mi marido no está de humor para cogerme, sólo me come las tetas y sabe que me vengo como una perra en celo; mientras me comía las tetas, yo llevaba mis dedos a su clitoris, que estaba duro y caliente, lleno de sus jugos vaginales, lo froté con mis dedos una y otra vez, y ella se veía cada vez más extasiada, la tumbé en la cama y seguí masajeando su botoncito, ahora agregando un par de dedos dentro de su coñito, estaba frotando su punto G mientras masajeaba su clitoris, su rostro era una obra de arte, con los ojos cerrados y la boca abierta en un jadeo constante. Comencé a lamer su clitoris, estaba riquísimo, durito y caliente, pasaba mi lengua por todo el clitoris mientras la escuchaba gritar.
- ¡Sigue! ¡Tócame! ¡Vas a hacer que me venga! - Gritaba como loca.
- Sí, preciosa, lléname la boca, quiero saborear tu venida, mamita, lléname la boca de ti, hermosa...- fue delicioso sentir cómo explotó en mi boca, me empapó la cara entera, yo no dejaba de frotarla, quería hacerla gritar de placer, quería que me rogara por un descanso, pero era insaciable, se retorcía en mi mano, pero no pedía tregua, seguía llenando mi mano de sus jugos...
- ¡Me estoy viniendo! ¡No pares, por favor! ¡Siento delicioso!
Debe haber tenido unos siete orgasmos en mi mano y mi boca, era hermoso verla así de satisfecha, así de liberada ante los orgasmos que le había regalado, me sentía feliz de verla tan caliente. Me recosté a su lado y le besé los labios tiernamente, quería darle un respiro, y ella correspondió los besos tiernos, con auténticas comidas de boca, sentía su lengua entera y a ella, en lugar de sentirla exhausta por los orgasmos, la sentía ardiente y dispuesta a seguir cogiendo.
- Ahora te toca a ti, perrita - Me dijo mientras me lanzaba a la cama.
Me lamió las tetas con una pasión increíble, sentía su boca succionando mi pezón izquierdo, mientras su mano masajeaba el derecho, estabaa punto de venirme cuando soltó mis tetas y comenzó a bajar por todo mi cuerpo; lamió mi ombligo, mi abdomen y bajó hasta mis muslos, pasó su lengua por la parte interior de mis muslos, lo que hizo que me empapara, esperando sentirla en mi coño mojado. Comenzó a subir su lengua por mis muslos, y de repente, sin avisarme, metió dos dedos en mi vagina, duro, hasta el fondo, sentí que se me iba el aire...
- ¿Te gusta, perrita? ¿Te estás viniendo, hermosa? - preguntó mientras metía y sacaba sus dedos frotando mi punto G de manera exquisita.
Sin dejar de frotar sus dedos en mi interior, puso su boca en mi clitoris, lo chupó, lo jaló con sus labios y succionó poco a poco, haciéndome sentir en el cielo, me vine en su boca sin poder contenerme, y ella sorbió cada chorro de mi orgasmo; estaba en un éxtasis total, sintiendo su boca en mi vagina, sintiendo sus dedos en mi interior.
Cuando por fin me dio tregua, nos recostamos una junto a la otra, tocando nuestras tetas y dándonos besos exquisitos, con sabor a coño; a partir de ese día sus problemas de estrés se terminaron, destinamos los miércoles a coger como locas mientras los niños estaban en la escuela y los maridos trabajando, todo iba grandioso hasta el día en que su marido salió temprano del trabajo y nos encontró chupándonos en un delicioso 69
Un día llegamos a casa de Sandra y sin siquiera terminar de cerrar la puerta, ya tenía mi mano dentro de su conchita, sintiendo lo mojado de su caliente vagina, me encanta sentir su sexo húmedo, me hace sentir que es toda mía. Comencé a besarle los labios, el cuello, los hombros, todo mientras le quitaba la ropa y la lanzaba lejos, quería tenerla completamente desnuda para disfrutar su caliente cuerpo, de repente su teléfono comenzó a sonar, pero no le dimos importancia.
- Deja que se vaya a buzón, es Raúl - dijo mientras dejaba el teléfono en la mesa ignorando la llamada de su marido.
Seguí besándola, en especial mamando sus tetotas gordas y deliciosas, pero su teléfono volvió a sonar.
- ¿Qué quieres?- Le respondió a su marido.
- Nada más quería saber qué harás de cenar, se me antoja algo rico - se oyó por el altavoz.
- Hago lo que quieras, tú dime.
- Al rato que llegue te digo, espérame con ropa bonita a ver si mejor te como a ti - dijo Raúl tratando de ser seductor.
- Está bien, te espero vestidita y mojadita, mi amor - dijo mi sensual Sandra, mientras me guiñaba un ojo y mi mano estaba en su coño.
- Perfecto, te veo al rato - dijo Raúl y colgó.
- Ahora vas a tener que dejarme bien mojada, para cumplirle a mi marido - dijo Sandra mientras me quitaba la blusa y me mamaba las tetas.
Sentía su lengua recorriendo mis tetas, sus dientes apretando mis pezones, quería comerle la cochita, sentir su húmedad en mis labios, la lancé a la cama y comencé a lamer sus tetas mientras acariciaba su clitoris, la quería bien mojada cuando mi lengua llegara a su coñito, la sentía temblar y gemir mientras la tocaba, llegué a su conchita y pasé mi lengua por su duro clitoris, ella se retorció en mi lengua...
- También te quiero comer, quiero probarte, que nos vengamos juntas - me pidió Sandra, así que me subí a la cama y puse mi conchita en su boca mientras seguía comiendo la suya, un exquisito 69 era lo que necesitábamos.
Estaba sintiéndome en el cielo, con la lengua de Sandra recorriendome y la mía sintiendo sus jugos, pero en un momento ella se detuvo, no le di mucha importancia, supuse que estaba a punto de venirse y por eso se había detenido, seguí comiendo su deliciosa vagina cuando de repente sentí unas manos en mi cadera, quise moverme, pero no pude.
- Sabía que andabas de puta, pero no me imagine que con esta perra, creí que te gustaba la verga - le dijo Raúl a Sandra, sin soltar mi cadera - Miren nada más, par de enfermas, ¿no les da vergüenza estar de puercas en mi cama? - quitando la mano derecha de mi cadera, y poniendo la izquierda fuertemente en mi espalda, sin permitir que me moviera.
Estaba asustada, con Sandra debajo de mí y yo sin poder moverme por la mano de Raúl, él es un tipo muy alto, más de 1.90, y de complexión robusta, por lo que junto a mi cuerpo de 1.60 y 60 kg, era considerablemente más fuerte, volteé mi cabeza y lo único que veía era su rostro molesto y que estaba desabrochando su cinturón, no quería ver eso, me imaginaba lo que se avecinaba, no sabía qué sentir, por un lado me sentía excitada por la idea de un trío con la mujer más ardiente a la que e hubiera cogido, y por el otro me sentía violada, ultrajada.
Raúl dejó caer su pantalón y con su mano derecha comenzó a meterme dos dedos en la conchita, sus dedos eran gruesos y ásperos, pero yo estaba tan mojada que entraron sin ningún problema, llegó sin problemas a mi punto G, que estando a gasta quedaba completamente a su disposición.
- Estás bien mojada, perra, y tienes la conchita bien apretadita, quién se lo imaginaría de una perrita tortillera, se nota que no te han entrado muchas vergas. - Me estaba ofendiendo, pero yo me sentía extremadamente caliente, casi le grito que me metiera la verga de una buena vez.
- ¡Ya déjala! - le pidió Sandra que seguía inmóvil debajo de mí.
- La voy a dejar hasta que la puta haga que me venga tanto como ha hecho que te vengas tú.
No terminó de decir la frase cuando su enorme verga ya estaba enterrada en mi conchita; a pesar de tener un hijo y haber tenido bastantes parejas sexuales, la verga de Raúl era la más grande que me hubiera penetrado, al principio sentí mucho dolor, la lubricación previa no fue suficiente para aminorar el impacto de semejante verga. Comenzó un mete saca maravilloso, no podía creer lo mucho que estaba disfrutando sentir a ese cerdo cogiéndome en contra mi voluntad.
- Si no quieres que tu perra sufra, deberías seguir comiéndole el botoncito, seguro que así se va a mojar más - le dijo Raúl a Sandra.
No sé cuál haya sido la expresión de Sandra ante tal sugerencia, pero en un momento comencé a sentir sus dedos en mi clitoris, me sentía en las nubes, con una verga enorme penetrándome y unos deditos suaves masajeando mi botoncito, me vine como una loca, sentí que solté un chorro que le mojó hasta los huevos a Raúl.
- Mira qué rico se vino la putita, aprietas delicioso, perra, con razón tienes tan feliz a tu marido, si así lo mojas a él, seguro que te coge diario. - me dijo mientras se salía de mí.
Una vez que Raúl me soltó, me recosté en la cama y Sandra pudo moverse, estaba asustada, no sabía qué le haría a ella, Raúl la tomó del brazo, la bajó de la cama y la puso de rodillas en el suelo, sin mayor contemplación, le metió toda su enorme verga en la boca, fue sorprendente que le entrara toda, le salían lágrimas de los ojos, mientras él le metía y le sacaba sus 20 centímetros de carne. Yo estaba en shock, no sabía qué hacer, había tenido uno de los mejores orgasmos de mi vida, pero estaban violando a mi mujer, en un momento Sandra se sacó la verga de la boca
- Ya metemela, quiero venirme como ella, te quiero adentro, a ver si logras darme una venida como las que me da ella - retó a Raúl.
- Mira nada más a la perrita, de tortillera a ninfómana, ahora resulta que ya no se te antoja la puchita, ahora quieres verga, pero no, puta, tú no vas a tener verga hoy, hoy es para tu novia.
Yo me quedé helada, pensé que habría quedado satisfecho con haberme cogido una vez, pero no, aparentemente seguiría disponiendo de mi cocnhita.
- Quiero ver cómo le comes las tetas a tu puta - le dijo a Sandra, por lo que ella, muy obediente, se acercó a mí y comenzó a chuparme.
Sentía su lengua tibia recorrerme y no podía evitar mojarme, me fascina su lengua, mientras ella chupaba mis tetas, Raúl me levantaba las piernas hasta sus hombros y me penetraba de nuevo, me sentía completamente llena, era una sensación indescriptible, deliciosa. Raúl entraba y salía de mí con una facilidad increíble, y yo no dejaba de mojarme por las chupadas de tetas que Sandra me daba.
- ¡Sí, dámela toda! ¡Cógeme bien duro! - le rogaba a Raúl, totalmente entregada a su dura verga.
- ¿Te gusta, verdad perrita? Necesitabas una verga bien dura y gorda para que se te quitara lo marimacha, verás que después de esta cogida, nunca vas a querer concha de nuevo.
Sintiendo a Sandra acariciar y chupar mis tetas, realmente dudaba que me dejara de gustar su mojada concha, pero en definitiva me gustaría combinarla con la gorda y tiesa verga de su marido.
Raúl me cogía sin contemplaciones y yo tenía un orgasmo tras otro, sentía que me escurría por todas partes, mi espalda estaba empapada de mis venidas, ya no aguantaba más, hasta que Raúl anunció que se venía.
- ¡Ya, putita, ya me apretaste mucho! ¡Te voy a llenar de leche!
- ¡No te vangas adentro, no tomo pastillas! - le pedí.
- Claro que me voy a venir adentro, perra, quiero que sientas mi leche llenando tu puchita de perra caliente.
No pude zafarme de su verga cuando sentí los chorros de leche caliente llenándome, tuve otro orgasmo delicioso tan sólo de sentir su espeso semen entrando en mi cuerpo.
- Ahora si tanto te gusta comerte a esta perra, cómete la leche de su conchita - le dijo Raúl a Sandra.
No me imaginé que fuera a hacerlo, pero comencé a sentir su lengua en mi clitoris, sentí cómo metía toda su lengua en mi vagina, succionando la leche que Raúl me había lanzado, me sentía volar, tuve al menos otros dos orgasmos gracias a la lengua de mi hermosa y caliente amante.
Los tres nos quedamos recostados en la cama hasta que fue hora de recoger a los hijos de la escuela... los tres llegamos a la escuela y al salir los niños nos despedimos como si nada hubiera pasado. Yo me fui a mi casa y cuando mi marido quiso coger le di algún pretexto idiota, no tenía energía después de las metidas que me dio Raúl. A pesar de haber sido prácticamente violada, moría de ganas por repetirlo, su enorme verga mezclada con la boca de mi hermosa Sandra, fue algo fuera de serie.
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