Era otro día en el instituto para Carlos, el cual era un chico flacucho, que tras matemáticas fue al recreo, ya estaba cansado de la monotonía de bachillerato, aunque tenía el consuelo de que era su último año y que cuando se gradue podría hacer lo que le diese la gana, así que de momento tenía el consuelo de que tiene la compañía de su mejor amiga Carla, la cual conoce desde niños, con la cual ha pasado todo tipo de experiencias, tanto buenas como malas, los dos se dan consejos y se apoyan en todo tipo de momentos, incluso los dos se han sentido atraídos entre ellos, han caído en que no están hechos para ser pareja.
Ya luego en el parque de al lado del instituto se encontraban los dos chicos hablando, “Madre mia tio que pereza, no quiero ver Historia, ¿Y si nos vamos?, ya tenemos 18” dice la chica esperando la reacción de Carlos, a lo que el chico responde “Ojala jajaj, pero no le hará gracia a mi madre, además no nos podemos fugar porque si”, a lo que mientras los dos chicos iban a seguir conversando se les acerca un grupo de tres chicos de su clase, Marcos y sus dos amigos, Jaime y Felipe, y cuando estos ya están cerca de Carlos y Carla, Marcos dice “A ver Marcos, ¿qué te he dicho? que Clarita es demasiado para ti, anda vete por ahi pringado”, a lo que Carlos responde enfadado “No me jodas puto gordo, dejanos en paz”, y se levanta para plantarle cara a Marcos y a defender a Carla, a lo que Marcos empuja a Carlos, cayendo este al suelo, lo que hace a Marcos y sus amigos estallar en risas, mientras que Carla se preocupa y socorre a su amigo, y cuando este se limpia la tierra y el polvo, se prepara y avalanza sobre Marcos, lo que lo pilla por sorpresa, haciendo que Carlos empiece a golpear a Marcos repetidamente, haciendo a este sangrar por la nariz, mientras que intervienen Jaime y Felipe para ayudar a su amigo, y cuando los dos se separan, Marcos se limpia la sangre y dice furioso “Te arrepentiras puto pringado, no te iras limpio cabron” dice mientras se van los tres chicos, ya cuando la cosa se calmo, se quedaron Carlos y Carla en el banco en el que se encontraban procesando lo que habia ocurrido, a lo que Carla dice “Tío eso ha sido muy estupido e inmaduro de tu parte, pero, Marcos necesitaba que le plantaran cara, asi que no estoy enfadada, pero no vuelvas a hacer algo así”, dice la chica mientras masajea la mano de Carlos, la cual estaba entumecida por los puñetazos que habia dado.
Después de clases, Carlos había llegado a su casa, donde se encontraba con su madre, quien era una mujer que había tenido a sus hijos joven, rubia y con un cuerpo en forma por una obsesión por no envejecer de esta, la cual había hecho la comida para ellos y sus hermanas, las gemelas Sara y Ana. Todos se encontraban tranquilos comiendo cuando Ana ve las heridas de la mano mal vendada de su hermano, a lo que ella sorprendida dice “!¿Charlie qué cojones te ha pasado en la mano?¡, ¡tío si se meten contigo dínoslo!” dice mientras zarandea la mano de su hermano lo que lo hace gemir de dolor, y este dice “Ahh nada, que brusca eres chica, lo que pasó es que había un chico que se metia conmigo, pero hoy se intento meter también con Carla y explote y la defendí”, dice mientras se masajea suavemente la mano, a lo que su madre interviene en la conversación “Carlos, ¿por qué no me habías dicho que se metían contigo? voy a llamar al colegio para acabar con esto”, dice la mujer muy enfadada, lo que provoca una reacción rápida en su hijo, “!No máma¡, !cálmate¡, estoy bien, si vas será peor… , además ya no creo que vuelva a molestar”, dice mientras Carlos calma a su madre, para evitar que la situación vaya a mayores y tenga mas problemas en el instituto, “Está bien… , pero a la mínima que ese chico te moleste iré al instituto a hablar con el director, esto no puede seguir así”, dice la madre resignada por no poder hacer nada,”Aunque hablaré con su madre mañana mismo, Serena y yo nos llevamos muy bien, también podemos resolver esto nosotras mismas, somos madres y las dos queremos lo mejor para vosotros, así que las dos nos entenderemos”, dice la madre contenta por la idea que tenido, “Esta bien mama, si tu quieres”, dice el chico hacia su madre, “Bueno… , venga vamos a comer que seguro que todo sale bien jajaj”, dice Sara para intentar romper la tensión, y todos siguieron comiendo durante un silencio incómodo.
En la casa de Marcos, el chico se encontraba con su sirvienta, llamada Oksana, quien le estaba curando las heridas. Oksana era una mujer ucraniana que escapó con su familia tras la guerra, estaba cercana a los cincuentas aunque se mantenía muy atractiva, este año iba a dejar su trabajo como sirvienta, pese a que la familia de Marcos le pagase muy bien, ya que ha logrado conseguir un trabajo como doctora, tal y como tenía en Ucrania, siempre iba vestida con delantal, ropa de gimnasio para estar cómoda, como unos leggins y un jersey suelto, y en algunas ocasiones un kit de limpieza. “No puedo creer que ese matón le haya dejado así…, habrá que pedir explicaciones en el instituto”, dice Oksana con su fuerte acento ucraniano, mientras le cura las heridas, para la sirvienta y la familia de Marcos, el chico es un chico responsable y amable con sus compañeros, nada más alejado de la realidad, ya que él no solo molesta a Carlos, sino a la mitad de su curso, e incluso a chicos de algun curso incluso algunos menores, tampoco dejaba en paz a sus profesores, han llegado al de ignorarlo o a la mínima llevarlo al despacho de la directora.
Más tarde, Marcos se encontraba en el taller de su padre junto a Oksana, solía pasar el tiempo para entretenerse, ya que sus dos padres eran ausentes, los dos estaban muy poco tiempo con su hijo, su padre era un ingeniero muy importante, que trabajaba haciendo encargos para varias empresas a la vez, actualmente se encuentra trabajando en un dispositivo parecido a un chip, que se conecta en el cerebro y se conecta a un móvil, con el fin de monitorear de pulsos electromagnéticos en el cerebro, incluso controlando a las personas de las pruebas, algo totalmente contrario a lo que buscaban.
Otro dispositivo era un collar junto a unos sensor cerebrales, se suponen que son para fines terapéuticos, haciendo a las personas sentirse de maneras concretas, o ser de maneras concretas mientras lleven el collar puesto, y los sensores son para que nada se salga de control durante las sesiones de terapia, los dos son conectados a un ordenador en el que se monitorea todo, aunque se puede usar sin el propio ordenador, usando un programa en el móvil del doctor o examinador. Aunque el problema con algunos sujetos de prueba es que si son alterados durante largos periodos estos tardan en volver a la normalidad, la buena noticia es que si logran regresar.
El padre de Marcos consideraba esos dos productos como errores o como experimentos fallidos, ya que no funcionaban de la manera para lo que habían sido creados, por lo que tenía varios prototipos, todos funcionando de la misma manera, lo que exasperaba al padre de Marcos por no poder conseguir lo que buscaba con sus prototipos. Luego de ver los dos inventos de su padre, Marcos se encontraba hablando con su sirvienta, mientras le hablaba de lo mucho que sus padres le quieren y les gustaría estar ahora mismo con el, el pensaba en cómo vengarse de Carlos por la humillación que vivió hoy, así que pensó en usar los inventos de su padre, él los veía como fallidos, pero Marcos no, él tras analizar el funcionamiento de los dos productos vio que le podrían ser muy útiles para su venganza, ya que por separado no llegaban a mucho, pero las dos juntas puede ser muy interesantes.
“Oye Oksana, ¿te importaría ponerte esto en la frente?, no entiendo a que se refiere mi padre en sus notas, según esto es para relajar los músculos y disipar el estrés”, dijo el chico mientras instalaba el programa del chip en su teléfono móvil, y le entregaba el chip a su sirvienta, “¿Oh?, si claro señorito, no hay problema” dijo la mujer mientras colocaba correctamente el chip en su frente, “¿Debería hacer algo ya?”, pregunto Oksana, por el otro lado se encontraba Marcos configuraba el programa del chip, y cuando vio en el chip en la frente de Oksana un brillo de color verde, significaba que ya el chip estaba configurado, por lo que debia seguir con la segunda parte de su experimento.
“Ahh perdona Oksa, también tienes que ponerte este collar, que sino no funciona y no sentirás nada”, dijo intentando disimular lo máximo posible sus intenciones con los dispositivos, mientras le entrega el collar a la mujer, a lo que ella se puso el collar al momento, “¿Así?, ¿ahora qué debería pasar?”, preguntó la mujer mientras se seguía ajustando el collar, mientras tanto, el chico terminó de configurar completamente los dos dispositivos juntos, a lo que accionar primero el chip, decidiendo por apagar el movimiento del cuerpo completo de Oksana, aprovechando que reconoció su cuerpo al completo de la mujer como una prótesis, lo que provocó en Oksana un temor creciente, “Señorito, no puedo moverme…, ¿va todo bien?”, dijo la mujer un tanto preocupada y asustada, aunque Marcos no respondió a su pregunta, ya que se encontraba activando el collar, la cual guardó como “sirvienta” en el programa, dentro del programa, este funcionaba con una escala para administrar las emociones que puede sentir el sujeto, desde feliz, triste, enojado, hasta sin sentimientos, otra escala similar, con los rasgos de la personalidad que pueda tener la persona, y un lugar para escribir características concretas de manera manual, además de un lugar con personalidades ya pregrabadas.
Más tarde Marcos se encontraba mirando a Oksana, la cual se encontraba de rodillas frente, en los 15 minutos que han pasado desde que conecto los dos dispositivos. Lo primero utilizó la escala de las emociones, bajando al negativo y pulsando aceptar para probar los efectos que tenía, dejándola técnicamente sin emociones, quedando la mujer con una mirada perdida, mirando hacia la delantera, pero sin punto fijo, luego de esto Marcos apagó el chip que la retenía en una posición fija, cayendo sus brazos a los lados y su cabeza se fue hacia el lado, a lo que Marcos se acerco lentamente para observar el estado en el que se encontrara la mujer, y cogió uno de sus brazos, levantando en el aire, y cuando lo soltó, este se cayó con fuerza, como si de una muñeca de trapo se tratase, todo esto sorprendió bastante a Marcos, ya que no esperaba que los dispositivos “supuestamente fallidos” fuesen tan potentes.
Después, ya más convencido por el alcance de los dispositivos, volvió a paralizar su cuerpo con el chip, luego subió el valor de felicidad, y añadió manualmente entre los rasgos de la personalidad las palabras “sumisa” y “obediente”, y vio que dentro de los rasgos de la personalidad preexistentes habían los valores de “moral” y otro de “ética”, los cuales bajó hasta el mínimo, luego de esto pulsó aceptar.
Después vio como Oksana volvió en sí, y Marcos desactivó el chip que retenía a la mujer, y luego de esto Oksana habló “¿Ohh?, joven amo, ¿el dispositivo funcionó?, no recuerdo nada desde… que me puse el collar, ¿está todo bien?” preguntó la mujer preocupada por lo que había pasado en esos 15 minutos en los que Marcos había jugado con su cerebro, a lo que el chico para probar si el collar y el chip funcionaban correctamente decidió arriesgarse y dijo, “Ohh tranquila Oksana, todo ha funcionado perfectamente, es más, voy comprobarlo, !quítate el vestido¡” dijo el chico firmemente sin tapujos, esperando la reacción de Oksana, a lo que ésta simplemente respondió “¿Ohh?, sí claro señorito, sin problemas”, haciendo exactamente lo que se le pidió, desatando las cuerdas que atan su uniforme de sirvienta, y levantando su vestido, dejando expuesta su ropa interior y poniendo su vestido a un lado, y sentándose mirando al chico con total normalidad, “¿Algo más señorito?”, dijo mientras al chico, mientras este sentía una erección al ver el cuerpo de la mujer, admirando las curvas del maduro cuerpo que tiene delante, y disfrutando cada segundo de esto.
“Ahora quítate la ropa interior” dijo el chico emocionado por lo que va a pasar, y tras dar la orden, vio como Oksana se desnudaba con total naturaleza, empezando por desabrochar su sostén
Marcos observó, fascinado, cómo la expresión de Oksana se vaciaba por completo, quedando como un lienzo en blanco. El poder que emanaba de su teléfono se sentía casi tangible. "Ahora, quítate la ropa interior", ordenó, su voz era un poco más inestable de lo que hubiera querido, mezclada con la excitación.
Oksana asintió con una ligera inclinación de cabeza. Sus manos, ahora completamente ajenas a cualquier pudor, subieron hasta la espalda y encontraron el pequeño gancho de su sujetador de encaje negro. Con un movimiento experto y desprovisto de cualquier titubeo, lo desabrochó. Las tiras se deslizaron por sus hombros y la prenda cayó al suelo, liberando unos pechos grandes y pesados que, a pesar de los años, mantenían una forma sorprendentemente generosa. Sus areolas, de un marrón oscuro, se erizaron ligeramente al contacto con el aire frío del taller.
Sus manos continuaron su viaje descendente hasta la cintura de sus leggins negros. Con una ligera flexión de caderas, se deslizó la tela hacia abajo, pasando por sus muslos firmes y sus rodillas, hasta dejarlos a un lado. Llevaba unas panties sencillas de algodón, que también bajó con la misma eficiencia mecánica. Al hacerlo, quedó al descubierto un vello púbico espeso y salvaje, un contraste salvaje con la sumisión de su actitud. Ahora estaba completamente desnuda, su piel pálida brillaba bajo la luz fluorescente del taller. Su cuerpo era el de una mujer madura, con curvas marcadas, un vientre suave y caderas anchas que hablaban de fertilidad y experiencia. Sin embargo, su postura era rígida y su rostro, una máscara de indiferencia.
Marcos se acercó, el aire se volvió denso y pesado. Desabrochó sus vaqueros, el sonido de la cremallera rompió el silencio. Su miembro, ya duro y pulsante, saltó de su confinamiento. "De rodillas", siseó, su autoridad se afianzaba con cada segundo que pasaba.
Oksana se arrodilló sobre el suelo de cemento frío, sin mostrar la menor incomodidad. Su mirada seguía fija en un punto indeterminado frente a ella. "Chúpame", ordenó Marcos, mientras se colocaba la mano en la nuca de ella, no con fuerza, sino como una simple afirmación de propiedad.
La mujer se inclinó. Su boca se abrió y, con una precisión asombrosa, se cerró alrededor de la cabeza de su pene. Marcos sintió la humedad y el calor de su cavidad oral, pero no había pasión en su acto, sólo una obediencia absoluta. Su lengua comenzó a moverse, trazando círculos y explorando cada centímetro de su glande con una técnica que parecía aprendida y perfeccionada. Su cabeza se movía hacia adelante y atrás, su ritmo era constante y profundo, tragándolo casi por completo en cada embestida. El chico cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación húmeda y el poder absoluto de la situación. Era como usar un juguete sexual perfectamente programado, diseñado para su máximo placer.
El orgasmo se le avecinaba, una marea creciente en sus entrañas, pero un pensamiento cortó el éxtasis. No. No era suficiente. Quería más. Quería sentirla, poseerla por completo. "Alto", gruñó, retirándose bruscamente de su boca.
Oksana se detuvo al instante, un fino hilo de saliva uniendo sus labios con la punta de su miembro. Permaneció allí, de rodillas, esperando. "Levántate. Ponte de espaldas a mí, agáchate y apoya las manos en la mesa", dictó la siguiente orden, señalando una mesa de metal cubierta de planos y herramientas.
Oksana se levantó con la agilidad de una autómata y se giró. Se inclinó, separando las piernas y apoyando las palmas de sus manos en la fría superficie metálica. La posición le arqueaba la espalda y ofrecía su trasero, lleno y firme, en un ángulo perfecto. Marcos se colocó detrás de ella, la punta de su pene rozando la humedad que ya emanaba de su entrepierna, una reacción física involuntaria a la estimulación. Sin más preámbulos, la penetró de un solo golpe violento y profundo.
Oksana emitió un gutural sonido, un "Ugh" ahogado que no era ni de placer ni de dolor, simplemente la reacción de su cuerpo a ser invadido. Marcos comenzó a moverse, embistiéndola con una fuerza creciente, sus caderas chocando contra sus nalgas con un sonido rítmico y carnal. La observaba, la forma en que su carne se ondulaba con cada embestida, el temblor de sus muslos. La cogía como si fuera un objeto, un simple recipiente para su furia y su lujuria. El placer era intenso, pero más intenso era la sensación de control, de haber borrado la voluntad de aquella mujer y reducirla a un mero instrumento para su venganza.
Con un rugido ahogado, alcanzó su clímax, eyaculando dentro de ella en espasmos violentos. Se mantuvo un momento dentro, recuperando el aliento, antes de retirarse. Vio un pequeño hilo de su semen resbalar por el muslo de Oksana, que seguía inmóvil en la misma posición.
Se arregló los pantalones y sacó el teléfono. Con un toque, activó el chip. El cuerpo de Oksana se tensó por un instante y luego se relajó por completo, perdiendo toda tonicidad. Sus brazos cedieron y su torso cayó hacia adelante sobre la mesa, mientras sus piernas se doblaban y se desplomaban, dejándola en un montón desarticulado sobre el suelo, completamente inconsciente y desconectada.
Marcos sonrió. El placer físico se había desvanecido, pero en su mente ardía un plan mucho más brillante y cruel. La madre de Carlos. Annie. La imagen de su cuerpo conservado, su sonrisa de madre protectora. La idea de usar estos dispositivos en ella, de doblegarla, de convertirla en su juguete personal y obligarla a traicionar a su hijo delante de todos... Eso sí que era una venganza digna de un rey, aunque no pensaba en pequeño, su plan iba aún más allá, no solo la madre de Carlos, sus hermanas también caerán, y como trofeo, Clara.
Dos semanas más tarde
Carlos se encontraba con Clara saliendo de clase, hablando del último examen que de Historia que acaban de tener, “Dios, veo dificil sacar más de un 5,5, he tenido muy poco tiempo para las últimas dos preguntas”, dice Carlos mientras suspira por lo cansado que ha quedado tras el examen, “Si yo lo veo igual, la Generación del 27 y la segunda república me ocupó mucho tiempo”, dice la chica con la misma apatía por la situación.
Tras la charla sobre el examen, los chicos empezaron a hablar sobre otras cosas, y cuando ya estaban cerca de la casa de Clara, recordaron lo que había pasado dos semanas atrás con Marcos, a lo que Carlos preguntó “Oye, ¿sabes algo del gordo?, desde lo del otro dia no ha vuelto por clase”, dijo Carlos, en el fondo estaba preocupado por lo que pueda hacer Marcos, ya que se podría haber enfadado aún más, “Qué va, nadie sabe de él, ni siquiera Jaime y Felipe, nadie sabe nada desde el otro dia”, responde Clara, a lo que los dos chicos siguen hasta casa de Clara con un sentimiento de incomodidad por lo que le haya pasado a Marcos.
“Carlos, tengo que decirte algo, lo he pensado mucho, y te lo tengo que decir de una vez”, dijo la chica en su puerta, la cual se encontraba muy nerviosa por lo que le iba a decir a Carlos, “Ah sí claro, dime tranquila jajaj”, dijo Carlos intentando tranquilizar a la chica, “A ver, es que somos mejores amigos desde hace años, y ultimamente me he sentido diferente respecto a ti, y creo que me gustas…”, dijo la chica hecha un mar de nervios, mientras se sonrojaba, “Ah, jajaj, tu tambien me gustas Clarita, desde hace un monton la verdad”, dijo el chico tambien sonrojado, “¿Siii?, que bien me alegro jajaj”.
Carlos sonrió, sintiendo cómo el nerviosismo de Clarita se reflejaba en el suyo propio. Dio un paso al lado, apartándose del umbral. "Pasa, no te quedes ahí en la puerta".
Clarita entró en su casa, el ambiente familiar y el ligero desorden de la sala le resultaron reconfortantes. Se quedó de pie en medio del salón, sin saber muy bien qué hacer con las manos.
"Oye, si te parece bien... ¿Te gustaría que viéramos una película o algo?", le preguntó Carlos, rascándose la nuca. "Ya sabes, como... como una cita de verdad".
Clarita levantó la vista, sus ojos brillaron. "Me encantaría", respondió con una sonrisa que por fin se sentía genuina y sin tensiones.
A lo que los dos chicos se despidieron alegres, ya que Carlos al fin y al cabo se tenía que ir a casa, y tras cerrar la puerta, Carlos se fue y Clara subió a su casa, teniendo los dos una cita por delante.
Y mientras todo esto ocurría, la madre de Carlos se encontraba yendo a la peluquería, andando por la calle cerca de la peluquería, vio a Marcos, el compañero de su hijo y que tantos problemas le había dado, a lo que la mujer se aproximó al chico. Lo que ella no sabía es que Marcos la había estado buscando a ella, por lo que al ver que la mujer se acercaba voluntariamente, este solo pudo sonreír maliciosamente.
Ya luego en el parque de al lado del instituto se encontraban los dos chicos hablando, “Madre mia tio que pereza, no quiero ver Historia, ¿Y si nos vamos?, ya tenemos 18” dice la chica esperando la reacción de Carlos, a lo que el chico responde “Ojala jajaj, pero no le hará gracia a mi madre, además no nos podemos fugar porque si”, a lo que mientras los dos chicos iban a seguir conversando se les acerca un grupo de tres chicos de su clase, Marcos y sus dos amigos, Jaime y Felipe, y cuando estos ya están cerca de Carlos y Carla, Marcos dice “A ver Marcos, ¿qué te he dicho? que Clarita es demasiado para ti, anda vete por ahi pringado”, a lo que Carlos responde enfadado “No me jodas puto gordo, dejanos en paz”, y se levanta para plantarle cara a Marcos y a defender a Carla, a lo que Marcos empuja a Carlos, cayendo este al suelo, lo que hace a Marcos y sus amigos estallar en risas, mientras que Carla se preocupa y socorre a su amigo, y cuando este se limpia la tierra y el polvo, se prepara y avalanza sobre Marcos, lo que lo pilla por sorpresa, haciendo que Carlos empiece a golpear a Marcos repetidamente, haciendo a este sangrar por la nariz, mientras que intervienen Jaime y Felipe para ayudar a su amigo, y cuando los dos se separan, Marcos se limpia la sangre y dice furioso “Te arrepentiras puto pringado, no te iras limpio cabron” dice mientras se van los tres chicos, ya cuando la cosa se calmo, se quedaron Carlos y Carla en el banco en el que se encontraban procesando lo que habia ocurrido, a lo que Carla dice “Tío eso ha sido muy estupido e inmaduro de tu parte, pero, Marcos necesitaba que le plantaran cara, asi que no estoy enfadada, pero no vuelvas a hacer algo así”, dice la chica mientras masajea la mano de Carlos, la cual estaba entumecida por los puñetazos que habia dado.
Después de clases, Carlos había llegado a su casa, donde se encontraba con su madre, quien era una mujer que había tenido a sus hijos joven, rubia y con un cuerpo en forma por una obsesión por no envejecer de esta, la cual había hecho la comida para ellos y sus hermanas, las gemelas Sara y Ana. Todos se encontraban tranquilos comiendo cuando Ana ve las heridas de la mano mal vendada de su hermano, a lo que ella sorprendida dice “!¿Charlie qué cojones te ha pasado en la mano?¡, ¡tío si se meten contigo dínoslo!” dice mientras zarandea la mano de su hermano lo que lo hace gemir de dolor, y este dice “Ahh nada, que brusca eres chica, lo que pasó es que había un chico que se metia conmigo, pero hoy se intento meter también con Carla y explote y la defendí”, dice mientras se masajea suavemente la mano, a lo que su madre interviene en la conversación “Carlos, ¿por qué no me habías dicho que se metían contigo? voy a llamar al colegio para acabar con esto”, dice la mujer muy enfadada, lo que provoca una reacción rápida en su hijo, “!No máma¡, !cálmate¡, estoy bien, si vas será peor… , además ya no creo que vuelva a molestar”, dice mientras Carlos calma a su madre, para evitar que la situación vaya a mayores y tenga mas problemas en el instituto, “Está bien… , pero a la mínima que ese chico te moleste iré al instituto a hablar con el director, esto no puede seguir así”, dice la madre resignada por no poder hacer nada,”Aunque hablaré con su madre mañana mismo, Serena y yo nos llevamos muy bien, también podemos resolver esto nosotras mismas, somos madres y las dos queremos lo mejor para vosotros, así que las dos nos entenderemos”, dice la madre contenta por la idea que tenido, “Esta bien mama, si tu quieres”, dice el chico hacia su madre, “Bueno… , venga vamos a comer que seguro que todo sale bien jajaj”, dice Sara para intentar romper la tensión, y todos siguieron comiendo durante un silencio incómodo.
En la casa de Marcos, el chico se encontraba con su sirvienta, llamada Oksana, quien le estaba curando las heridas. Oksana era una mujer ucraniana que escapó con su familia tras la guerra, estaba cercana a los cincuentas aunque se mantenía muy atractiva, este año iba a dejar su trabajo como sirvienta, pese a que la familia de Marcos le pagase muy bien, ya que ha logrado conseguir un trabajo como doctora, tal y como tenía en Ucrania, siempre iba vestida con delantal, ropa de gimnasio para estar cómoda, como unos leggins y un jersey suelto, y en algunas ocasiones un kit de limpieza. “No puedo creer que ese matón le haya dejado así…, habrá que pedir explicaciones en el instituto”, dice Oksana con su fuerte acento ucraniano, mientras le cura las heridas, para la sirvienta y la familia de Marcos, el chico es un chico responsable y amable con sus compañeros, nada más alejado de la realidad, ya que él no solo molesta a Carlos, sino a la mitad de su curso, e incluso a chicos de algun curso incluso algunos menores, tampoco dejaba en paz a sus profesores, han llegado al de ignorarlo o a la mínima llevarlo al despacho de la directora.
Más tarde, Marcos se encontraba en el taller de su padre junto a Oksana, solía pasar el tiempo para entretenerse, ya que sus dos padres eran ausentes, los dos estaban muy poco tiempo con su hijo, su padre era un ingeniero muy importante, que trabajaba haciendo encargos para varias empresas a la vez, actualmente se encuentra trabajando en un dispositivo parecido a un chip, que se conecta en el cerebro y se conecta a un móvil, con el fin de monitorear de pulsos electromagnéticos en el cerebro, incluso controlando a las personas de las pruebas, algo totalmente contrario a lo que buscaban.
Otro dispositivo era un collar junto a unos sensor cerebrales, se suponen que son para fines terapéuticos, haciendo a las personas sentirse de maneras concretas, o ser de maneras concretas mientras lleven el collar puesto, y los sensores son para que nada se salga de control durante las sesiones de terapia, los dos son conectados a un ordenador en el que se monitorea todo, aunque se puede usar sin el propio ordenador, usando un programa en el móvil del doctor o examinador. Aunque el problema con algunos sujetos de prueba es que si son alterados durante largos periodos estos tardan en volver a la normalidad, la buena noticia es que si logran regresar.
El padre de Marcos consideraba esos dos productos como errores o como experimentos fallidos, ya que no funcionaban de la manera para lo que habían sido creados, por lo que tenía varios prototipos, todos funcionando de la misma manera, lo que exasperaba al padre de Marcos por no poder conseguir lo que buscaba con sus prototipos. Luego de ver los dos inventos de su padre, Marcos se encontraba hablando con su sirvienta, mientras le hablaba de lo mucho que sus padres le quieren y les gustaría estar ahora mismo con el, el pensaba en cómo vengarse de Carlos por la humillación que vivió hoy, así que pensó en usar los inventos de su padre, él los veía como fallidos, pero Marcos no, él tras analizar el funcionamiento de los dos productos vio que le podrían ser muy útiles para su venganza, ya que por separado no llegaban a mucho, pero las dos juntas puede ser muy interesantes.
“Oye Oksana, ¿te importaría ponerte esto en la frente?, no entiendo a que se refiere mi padre en sus notas, según esto es para relajar los músculos y disipar el estrés”, dijo el chico mientras instalaba el programa del chip en su teléfono móvil, y le entregaba el chip a su sirvienta, “¿Oh?, si claro señorito, no hay problema” dijo la mujer mientras colocaba correctamente el chip en su frente, “¿Debería hacer algo ya?”, pregunto Oksana, por el otro lado se encontraba Marcos configuraba el programa del chip, y cuando vio en el chip en la frente de Oksana un brillo de color verde, significaba que ya el chip estaba configurado, por lo que debia seguir con la segunda parte de su experimento.
“Ahh perdona Oksa, también tienes que ponerte este collar, que sino no funciona y no sentirás nada”, dijo intentando disimular lo máximo posible sus intenciones con los dispositivos, mientras le entrega el collar a la mujer, a lo que ella se puso el collar al momento, “¿Así?, ¿ahora qué debería pasar?”, preguntó la mujer mientras se seguía ajustando el collar, mientras tanto, el chico terminó de configurar completamente los dos dispositivos juntos, a lo que accionar primero el chip, decidiendo por apagar el movimiento del cuerpo completo de Oksana, aprovechando que reconoció su cuerpo al completo de la mujer como una prótesis, lo que provocó en Oksana un temor creciente, “Señorito, no puedo moverme…, ¿va todo bien?”, dijo la mujer un tanto preocupada y asustada, aunque Marcos no respondió a su pregunta, ya que se encontraba activando el collar, la cual guardó como “sirvienta” en el programa, dentro del programa, este funcionaba con una escala para administrar las emociones que puede sentir el sujeto, desde feliz, triste, enojado, hasta sin sentimientos, otra escala similar, con los rasgos de la personalidad que pueda tener la persona, y un lugar para escribir características concretas de manera manual, además de un lugar con personalidades ya pregrabadas.
Más tarde Marcos se encontraba mirando a Oksana, la cual se encontraba de rodillas frente, en los 15 minutos que han pasado desde que conecto los dos dispositivos. Lo primero utilizó la escala de las emociones, bajando al negativo y pulsando aceptar para probar los efectos que tenía, dejándola técnicamente sin emociones, quedando la mujer con una mirada perdida, mirando hacia la delantera, pero sin punto fijo, luego de esto Marcos apagó el chip que la retenía en una posición fija, cayendo sus brazos a los lados y su cabeza se fue hacia el lado, a lo que Marcos se acerco lentamente para observar el estado en el que se encontrara la mujer, y cogió uno de sus brazos, levantando en el aire, y cuando lo soltó, este se cayó con fuerza, como si de una muñeca de trapo se tratase, todo esto sorprendió bastante a Marcos, ya que no esperaba que los dispositivos “supuestamente fallidos” fuesen tan potentes.
Después, ya más convencido por el alcance de los dispositivos, volvió a paralizar su cuerpo con el chip, luego subió el valor de felicidad, y añadió manualmente entre los rasgos de la personalidad las palabras “sumisa” y “obediente”, y vio que dentro de los rasgos de la personalidad preexistentes habían los valores de “moral” y otro de “ética”, los cuales bajó hasta el mínimo, luego de esto pulsó aceptar.
Después vio como Oksana volvió en sí, y Marcos desactivó el chip que retenía a la mujer, y luego de esto Oksana habló “¿Ohh?, joven amo, ¿el dispositivo funcionó?, no recuerdo nada desde… que me puse el collar, ¿está todo bien?” preguntó la mujer preocupada por lo que había pasado en esos 15 minutos en los que Marcos había jugado con su cerebro, a lo que el chico para probar si el collar y el chip funcionaban correctamente decidió arriesgarse y dijo, “Ohh tranquila Oksana, todo ha funcionado perfectamente, es más, voy comprobarlo, !quítate el vestido¡” dijo el chico firmemente sin tapujos, esperando la reacción de Oksana, a lo que ésta simplemente respondió “¿Ohh?, sí claro señorito, sin problemas”, haciendo exactamente lo que se le pidió, desatando las cuerdas que atan su uniforme de sirvienta, y levantando su vestido, dejando expuesta su ropa interior y poniendo su vestido a un lado, y sentándose mirando al chico con total normalidad, “¿Algo más señorito?”, dijo mientras al chico, mientras este sentía una erección al ver el cuerpo de la mujer, admirando las curvas del maduro cuerpo que tiene delante, y disfrutando cada segundo de esto.
“Ahora quítate la ropa interior” dijo el chico emocionado por lo que va a pasar, y tras dar la orden, vio como Oksana se desnudaba con total naturaleza, empezando por desabrochar su sostén
Marcos observó, fascinado, cómo la expresión de Oksana se vaciaba por completo, quedando como un lienzo en blanco. El poder que emanaba de su teléfono se sentía casi tangible. "Ahora, quítate la ropa interior", ordenó, su voz era un poco más inestable de lo que hubiera querido, mezclada con la excitación.
Oksana asintió con una ligera inclinación de cabeza. Sus manos, ahora completamente ajenas a cualquier pudor, subieron hasta la espalda y encontraron el pequeño gancho de su sujetador de encaje negro. Con un movimiento experto y desprovisto de cualquier titubeo, lo desabrochó. Las tiras se deslizaron por sus hombros y la prenda cayó al suelo, liberando unos pechos grandes y pesados que, a pesar de los años, mantenían una forma sorprendentemente generosa. Sus areolas, de un marrón oscuro, se erizaron ligeramente al contacto con el aire frío del taller.
Sus manos continuaron su viaje descendente hasta la cintura de sus leggins negros. Con una ligera flexión de caderas, se deslizó la tela hacia abajo, pasando por sus muslos firmes y sus rodillas, hasta dejarlos a un lado. Llevaba unas panties sencillas de algodón, que también bajó con la misma eficiencia mecánica. Al hacerlo, quedó al descubierto un vello púbico espeso y salvaje, un contraste salvaje con la sumisión de su actitud. Ahora estaba completamente desnuda, su piel pálida brillaba bajo la luz fluorescente del taller. Su cuerpo era el de una mujer madura, con curvas marcadas, un vientre suave y caderas anchas que hablaban de fertilidad y experiencia. Sin embargo, su postura era rígida y su rostro, una máscara de indiferencia.
Marcos se acercó, el aire se volvió denso y pesado. Desabrochó sus vaqueros, el sonido de la cremallera rompió el silencio. Su miembro, ya duro y pulsante, saltó de su confinamiento. "De rodillas", siseó, su autoridad se afianzaba con cada segundo que pasaba.
Oksana se arrodilló sobre el suelo de cemento frío, sin mostrar la menor incomodidad. Su mirada seguía fija en un punto indeterminado frente a ella. "Chúpame", ordenó Marcos, mientras se colocaba la mano en la nuca de ella, no con fuerza, sino como una simple afirmación de propiedad.
La mujer se inclinó. Su boca se abrió y, con una precisión asombrosa, se cerró alrededor de la cabeza de su pene. Marcos sintió la humedad y el calor de su cavidad oral, pero no había pasión en su acto, sólo una obediencia absoluta. Su lengua comenzó a moverse, trazando círculos y explorando cada centímetro de su glande con una técnica que parecía aprendida y perfeccionada. Su cabeza se movía hacia adelante y atrás, su ritmo era constante y profundo, tragándolo casi por completo en cada embestida. El chico cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación húmeda y el poder absoluto de la situación. Era como usar un juguete sexual perfectamente programado, diseñado para su máximo placer.
El orgasmo se le avecinaba, una marea creciente en sus entrañas, pero un pensamiento cortó el éxtasis. No. No era suficiente. Quería más. Quería sentirla, poseerla por completo. "Alto", gruñó, retirándose bruscamente de su boca.
Oksana se detuvo al instante, un fino hilo de saliva uniendo sus labios con la punta de su miembro. Permaneció allí, de rodillas, esperando. "Levántate. Ponte de espaldas a mí, agáchate y apoya las manos en la mesa", dictó la siguiente orden, señalando una mesa de metal cubierta de planos y herramientas.
Oksana se levantó con la agilidad de una autómata y se giró. Se inclinó, separando las piernas y apoyando las palmas de sus manos en la fría superficie metálica. La posición le arqueaba la espalda y ofrecía su trasero, lleno y firme, en un ángulo perfecto. Marcos se colocó detrás de ella, la punta de su pene rozando la humedad que ya emanaba de su entrepierna, una reacción física involuntaria a la estimulación. Sin más preámbulos, la penetró de un solo golpe violento y profundo.
Oksana emitió un gutural sonido, un "Ugh" ahogado que no era ni de placer ni de dolor, simplemente la reacción de su cuerpo a ser invadido. Marcos comenzó a moverse, embistiéndola con una fuerza creciente, sus caderas chocando contra sus nalgas con un sonido rítmico y carnal. La observaba, la forma en que su carne se ondulaba con cada embestida, el temblor de sus muslos. La cogía como si fuera un objeto, un simple recipiente para su furia y su lujuria. El placer era intenso, pero más intenso era la sensación de control, de haber borrado la voluntad de aquella mujer y reducirla a un mero instrumento para su venganza.
Con un rugido ahogado, alcanzó su clímax, eyaculando dentro de ella en espasmos violentos. Se mantuvo un momento dentro, recuperando el aliento, antes de retirarse. Vio un pequeño hilo de su semen resbalar por el muslo de Oksana, que seguía inmóvil en la misma posición.
Se arregló los pantalones y sacó el teléfono. Con un toque, activó el chip. El cuerpo de Oksana se tensó por un instante y luego se relajó por completo, perdiendo toda tonicidad. Sus brazos cedieron y su torso cayó hacia adelante sobre la mesa, mientras sus piernas se doblaban y se desplomaban, dejándola en un montón desarticulado sobre el suelo, completamente inconsciente y desconectada.
Marcos sonrió. El placer físico se había desvanecido, pero en su mente ardía un plan mucho más brillante y cruel. La madre de Carlos. Annie. La imagen de su cuerpo conservado, su sonrisa de madre protectora. La idea de usar estos dispositivos en ella, de doblegarla, de convertirla en su juguete personal y obligarla a traicionar a su hijo delante de todos... Eso sí que era una venganza digna de un rey, aunque no pensaba en pequeño, su plan iba aún más allá, no solo la madre de Carlos, sus hermanas también caerán, y como trofeo, Clara.
Dos semanas más tarde
Carlos se encontraba con Clara saliendo de clase, hablando del último examen que de Historia que acaban de tener, “Dios, veo dificil sacar más de un 5,5, he tenido muy poco tiempo para las últimas dos preguntas”, dice Carlos mientras suspira por lo cansado que ha quedado tras el examen, “Si yo lo veo igual, la Generación del 27 y la segunda república me ocupó mucho tiempo”, dice la chica con la misma apatía por la situación.
Tras la charla sobre el examen, los chicos empezaron a hablar sobre otras cosas, y cuando ya estaban cerca de la casa de Clara, recordaron lo que había pasado dos semanas atrás con Marcos, a lo que Carlos preguntó “Oye, ¿sabes algo del gordo?, desde lo del otro dia no ha vuelto por clase”, dijo Carlos, en el fondo estaba preocupado por lo que pueda hacer Marcos, ya que se podría haber enfadado aún más, “Qué va, nadie sabe de él, ni siquiera Jaime y Felipe, nadie sabe nada desde el otro dia”, responde Clara, a lo que los dos chicos siguen hasta casa de Clara con un sentimiento de incomodidad por lo que le haya pasado a Marcos.
“Carlos, tengo que decirte algo, lo he pensado mucho, y te lo tengo que decir de una vez”, dijo la chica en su puerta, la cual se encontraba muy nerviosa por lo que le iba a decir a Carlos, “Ah sí claro, dime tranquila jajaj”, dijo Carlos intentando tranquilizar a la chica, “A ver, es que somos mejores amigos desde hace años, y ultimamente me he sentido diferente respecto a ti, y creo que me gustas…”, dijo la chica hecha un mar de nervios, mientras se sonrojaba, “Ah, jajaj, tu tambien me gustas Clarita, desde hace un monton la verdad”, dijo el chico tambien sonrojado, “¿Siii?, que bien me alegro jajaj”.
Carlos sonrió, sintiendo cómo el nerviosismo de Clarita se reflejaba en el suyo propio. Dio un paso al lado, apartándose del umbral. "Pasa, no te quedes ahí en la puerta".
Clarita entró en su casa, el ambiente familiar y el ligero desorden de la sala le resultaron reconfortantes. Se quedó de pie en medio del salón, sin saber muy bien qué hacer con las manos.
"Oye, si te parece bien... ¿Te gustaría que viéramos una película o algo?", le preguntó Carlos, rascándose la nuca. "Ya sabes, como... como una cita de verdad".
Clarita levantó la vista, sus ojos brillaron. "Me encantaría", respondió con una sonrisa que por fin se sentía genuina y sin tensiones.
A lo que los dos chicos se despidieron alegres, ya que Carlos al fin y al cabo se tenía que ir a casa, y tras cerrar la puerta, Carlos se fue y Clara subió a su casa, teniendo los dos una cita por delante.
Y mientras todo esto ocurría, la madre de Carlos se encontraba yendo a la peluquería, andando por la calle cerca de la peluquería, vio a Marcos, el compañero de su hijo y que tantos problemas le había dado, a lo que la mujer se aproximó al chico. Lo que ella no sabía es que Marcos la había estado buscando a ella, por lo que al ver que la mujer se acercaba voluntariamente, este solo pudo sonreír maliciosamente.