La Milf Pili, la Amiga de mi Madre

heranlu

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Entre el muestrario de fantasías sexuales cabe cualquier cosa. Unas más extrañas y otras más comunes. Supongo que cuando uno es joven pocas hay más clásica que la de la vecina madura buenorra. Lo que hoy se ha dado en llamar, una MILF. Eso me sucedió durante la adolescencia.

Yo vivía en un bloque de pisos donde todos los vecinos nos conocíamos, más aún si nuestras viviendas compartían rellano. De manera que la relación de amistad de mis padres con nuestros vecinos de enfrente era bastante estrecha pese a la diferencia de edad entre ellos. Casi 10 años eran mayores mis padres.

Justo antes de cumplir mi mayoría de edad di uno de esos estirones en los que adquieres el cuerpo de adulto. La natación había ido esculpiendo un cuerpo que se terminó de ajustar a mi altura definitiva alcanzada en esos tiempos. Para lealmente, mi vecina Pili siempre había sido el objeto del deseo del barrio, una mujer más morbosa que bella, más sensual que descarada. Cada uno de sus movimientos destilaba erotismo sin ni siquiera proponérselo. En esas circunstancias y con mis hormonas corriendo de manera imprudente por mi torrente sanguíneo me pasaba todo el día en el baño practicando el sano arte del onanismo.

En aquellos primeros días del verano del 92 yo andaba intentando recuperar un par de asignaturas que me habían amargado el COU. De no aprobar me veía todo el verano hincando los codos y sin poder pisar la playa. Recuerdo especialmente bien la tarde de la víspera de los exámenes.

Esa tarde entré en mi dormitorio a las 4 y no salí a descansar hasta las 7. Después de 3 horas necesitaba tomarme un respiro. Mi cabeza iba a explotar con tanta integral y derivada. Oí a mi madre entrar al baño y me acerqué a la cocina a coger un batido antes de ir al salón. Al entrar me llevé una sorpresa, Pili estaba sentada en el sofá viendo la tele. Esperaba a mi madre para salir a dar una vuelta y tomar unas cervezas a la espera de sus respectivos maridos. Uno de ellos era mi padre, claro.

De repente, me vi de frente ante mi vecina, esa madura buenorra, vestido solamente con unas bermudas anchas, tipo basket, de los Bulls y sin camiseta. Nos miramos fijamente. Ella iba vestido con un vestido ligero muy veraniego. Corto y con un escote que apenas podía retener su volumen pectoral. No pude evitar quedarme mirándole las tetas. Las llevabas sin sujetador en un ejercicio de desafío a la gravedad que claramente ganaban las dos glándulas mamarias.

Aquella visión, unida a mi estado de excitación casi permanente, hizo que mi polla comenzara a tomar vida propia dentro de mis pantalones formando una tienda de campaña indisimulable. Todo esto tuvo respuesta física en la mujer, cuyos pezones se marcaron descaradamente en la fina tela de su vestido de gasa floreado. Pili me sonrió y me dijo que me sentase a su lado.

No se anduvo por las ramas, mirándome fijamente la amiga de mi madre se sacó las tetas y metió su mano dentro de mis bermudas:

-Joder, menudo rabo, criatura. fueron sus palabras cuando me agarró la polla y notó la dureza adolescente.

Yo mira a sus tetas y se las acariciaba. Para mi eran un auténtico espectáculo, además de ser las primeras que palpaba. Puedo asegurar que eran la forma geométrica más perfecta que había visto en mi vida. De tamaño justo, su dureza era impropia de su edad. Sus pezones eran como dos caramelos color marrón claro duros como piedras en medio de una aureola perfectamente redonda, sin ninguna imperfección.

La vecina comenzó a masturbarme mientras se dejaba acariciar las tetas. Aceleró el ritmo hasta provocarme escalofríos previos al orgasmo. Mi madre estaba a punto de terminar de ducharse y el riesgo de que nos pillara era enorme. La sola idea de que apareciera por la puerta del salón y viera aquella escena propia de una película porno, su amiga y vecina haciéndole una paja a su hijo, hizo que en mi cabeza estallara todo.

Tuve que ahogar un grito tapándome la boca con la mano para evitar que se oyera en todo el edificio. El primer chorro de semen caliente y espeso voló por los aires hasta mi pecho desnudo. Los posteriores fueron saliendo con menos potencia y regándose por mi abdomen. Pili me miraba con cara de satisfacción y las tetas fuera de su vestido:

-Anda, límpiate y ponte a estudiar antes de que venga tu madre. Menuda lechada. Fue lo que me dijo la amiga de mi madre mientras se volvía a esconder las tetas y se limpiaba algunos restos de mi corrida entre sus dedos.

Volví a mi dormitorio en un estado de semi inconsciencia. No sabía muy bien lo que acababa de pasar en el salón de mi casa. No me podía creer que aquella diosa me hubiese pajeado. Coño que era la amiga de mi madre. Me había visto crecer. Estaba en shock todavía cuando oí que mi madre se despedía. Se iba a tomar unas cervezas con su amiga. En cuanto se salieron me fui al baño y me hice otra paja con el recuerdo de lo que había sucedido hacía menos de 15 minutos.

Al día siguiente me levanté como resacoso. Con una resanción de no tener claro si había sido un sueño o una realidad. Hice los dos exámenes. Aprobé y por supuesto, esto, 30 años después sigue siendo un secreto entre Pili y yo.
 
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