La ruptura con Jaime, después de más de 10 años de relación, era la salida más lógica a su situación. Hacía mucho que aquello no funcionaba. Se comportaban como compañeros de piso en vez de una pareja normal. El sexo era rutinario desde años atrás e inexistente en los últimos nueve meses. Aunque no había hijos sí tenían una mascota de la que ninguno se quería deshacer.
Frodo era un precioso pastor alemán que obligaba a la pareja a entenderse para compartir su custodia. El perro tenía 5 años y había sufrido la separación de sus dueños. De carácter alegre y juguetón había pasado, en los últimos dos meses desde la separación, a ser un animal infeliz.
Pese a que a Raquel esta semana le venía realmente mal quedarse con Frodo su ex le había dicho que le era imposible llevárselo de excursión con sus amigos. Aunque ella sospechaba que el motivo real era que en ese grupo de excursionistas iba Julia, una compañera de trabajo de él con la que intuía tenía algo más que una buena relación laboral.
El problema era que Raquel, veterinaria en un centro de primates, estaba metida en un importante proyecto de reproducción que le ocupaba buena parte de su tiempo. Y ese fin de semana tenía turno nocturno.
Jaime le envió un whatsapp a las 6 de la tarde avisándola de que estaba debajo del edificio donde vivía. Ella bajó y con un frio saludo hicieron el intercambio. Frodo se puso especialmente contento al encontrase con Raquel. Como era costumbre entre ellos, el animal se incorporó sobre sus patas traseras y la dueña le abrazó.
Durante las siguientes horas la chica estuvo preparando la casa antes de salir hacia el centro donde pasaría la noche. Una hora antes de irse a trabajar se duchó. La soledad en la que vivía hacía que no tuviera el más mínimo pudor en pasear desnuda de una estancia a la otra. De manera que entró en su habitación para desnudarse, Frodo entró en la habitación sin que ella se diese cuenta.
Raquel se inclinó hacia delante para alcanzar la ropa interior que guardaba en el último cajón del armario ofreciéndole al perro una maravillosa vista de la raja de su culo y los labios vaginales entre sus piernas. Frodo acercó su hocico a la entrepierna haciendo que Raquel se sobresaltase ya que no lo esperaba. Se mantuvo inmóvil sintiendo como la fría humedad de la nariz de su mascota olisqueaba su sexo. De repente notó el tacto áspero de la lengua de Frodo pasar dos veces por su rajita arrancándole un gemido.
Raquel lleva demasiados meses sin sexo, ni siquiera podía masturbarse por la tensión con la que lo vivía, y de repente su perro había conseguido que suspirarse levemente de placer por un par de lengüetazos en su coño. Raquel volvió en sí y retiró al animal de detrás de sí.
Frente al espejo del baño, Raquel comenzó a mirarse. Se agarró las tetas, aunque pequeñas, muy bien puestas y coronadas por un pezón rosa muy claro casi virginal. Su vientre plano con un piercing en el ombligo eran el preludio de un Monte de Venus cubierto por completo por una frondosa capa de rizos negros perfectamente triangulados. Siempre le había parecido más morboso así que el rasurado. Se acarició cono sus dedos levemente por su rajita sensible aún por el lengüetazo de Frodo. Luego se giró para ver sus nalgas redondas y duras fruto del vóley que había practicado durante años.
El perro se había sentado en una esquina del baño y movía la cabeza observando a su dueña mientras hacía un sonido gutural ininteligible. Raquel le observó a través del espejo y pudo comprobar que Frodo comenzaba a excitarse. Su pene rosado comenzaba a asomar. Sintió una extraña punzada que recorrió su columna vertical y notó como sus pezones reaccionaban endureciéndose y su flujo mojaba el interior de su vagina.
Casi aturdida por la sensación de sentirse excitada por la polla de su propio perro se metió en la ducha intentando aclarar sus ideas. Ella, una mujer de 28 años, independiente, buena profesional y de muy buen cuerpo no podía estar tan desesperada como para sentirse excitada por un perro.
Sobre las 10:50 salió de su casa con Frodo atado a una correa. Lo acomodó en la parte trasera de su Renault Clio y callejeó hasta el centro de primates. Allí se encontraba Esteban, su compañero de trabajo al que debía revelar en el puesto. Como cada vez que se veían, la situación era un tanto tensa.
Un año atrás, él se le había declarado. Aún sabiendo que estaba emparejada. Lo que hizo que hubiera un distanciamiento, pero ahora, las tornas habían cambiado. Esteban hacía medio año que había comenzado una relación con una chica y Raquel hacía dos que se había separado quedando una sensación de oportunidades perdidas entre ambos.
Por fin, Raquel se quedó a solas en el amplio despacho contiguo al laboratorio. Soltó a Frodo de su correa y este comenzó a husmear todo el espacio. De repente unos gritos salvajes alertaron al perro, Raquel se dispuso a recibir al “intruso”. Kong era un chimpancé que se movía por el centro libremente y que conocía a todos los empleados. El encuentro con la cuidadora fue cariñoso. Un abrazo entre ambos que Frodo criticó con un par de ladridos, casi como si estuviera celoso del mono.
Un par de horas después todo se encontraba mucho más tranquilo. Frodo se encontraba tumbado en una alfombra observando a Raquel mientras Kong permanecía en un rincón entretenido con uno de los juguetes con los que se ponía a prueba su inteligencia primate. La mujer comía una ensalada en su hora de descanso.
Miraba fijamente a su perro cuando el animal volvió a mostrar su excitación. Retiró una de sus patas traseras y llevó su cabeza hasta alcanzar su pene con la lengua. Empezó a chuparse ante la mirada de su dueña. La mujer comenzó a sentirse de nuevo excitada. Como podía ser que su mente generase imágenes morbosas viendo la enorme polla rosada de su pastor alemán.
Casi sin darse cuenta se abrió los botones de su camisa y se acarició levemente sus tetas al tiempo que cerraba las piernas con fuerza intentado encontrar el roce de sus vaqueros con el clítoris. Se acomodó mejor en el sofá donde descansaba y quitó la camisa por completo junto al sujetador. Luego desabrochó su pantalón y lo bajó hasta las rodillas. Con sus manos comenzó una exploración a fondo.
Se pellizcaba los pezones con la mano izquierda y se acariciaba el coño con la derecha. Tumbada en el sofá no se podía creer el momento de excitación que estaba vivienda con Frodo. El perro la observaba desde cierta distancia. Fue entonces cuando la sorprendió Kong. El mono que no había perdido detalle de todo lo que había sucedido se acercó a su cuidadora mostrando su erección.
Como especialista en la materia, a Raquel no le sorprendió la morfología del pene del mono. Un miembro de apenas unos 7 centímetros y fino sin glande, a diferencia del humano. Era muy diferente en tamaño al de Frodo y, por su puesto al de Jaime. Su ex estaba muy bien dotado.
Pero nada de eso fue impedimento para que Raquel, semi desnuda y en un estado de excitación desconocido, acercase su mano a la polla de Kong para masturbarlo. La textura era suave y agradable. Por un momento estuvo tentada en acercar la cabeza y hacerle una mamada al mono pero se contuvo. Fue el primate quien decidió dar un paso más.
Se subió al sofá donde se encontraba su cuidadora. Ella abrió las piernas y Kong se acomodó entre ellas. Aquella escena solo se podía explicar desde la incontrolable excitación de la mujer. El mono encajó su pequeño miembro entre los labios vaginales de la mujer y comenzó un frenético movimiento de cadera que hizo que la mujer se corriese sin demasiado esfuerzo. Kong no paró de moverse de manera frenética hasta eyacular en el interior de la mujer. Frodo se había puesto de pie y estaba frente a ellos como si esperase su turno para copular con la humana.
Inmediatamente después de correrse, Kong se bajó del sofá y se fue hacia el lugar donde jugaba antes. Raquel se puso de pie de un salto y se estremeció al pensar lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo era posible que se la hubiese follado un mono? Y además eyaculase en su interior. Sin duda, eso requería una visita urgente al ginecólogo y tratar de explicar lo inexplicable.
Frodo era un precioso pastor alemán que obligaba a la pareja a entenderse para compartir su custodia. El perro tenía 5 años y había sufrido la separación de sus dueños. De carácter alegre y juguetón había pasado, en los últimos dos meses desde la separación, a ser un animal infeliz.
Pese a que a Raquel esta semana le venía realmente mal quedarse con Frodo su ex le había dicho que le era imposible llevárselo de excursión con sus amigos. Aunque ella sospechaba que el motivo real era que en ese grupo de excursionistas iba Julia, una compañera de trabajo de él con la que intuía tenía algo más que una buena relación laboral.
El problema era que Raquel, veterinaria en un centro de primates, estaba metida en un importante proyecto de reproducción que le ocupaba buena parte de su tiempo. Y ese fin de semana tenía turno nocturno.
Jaime le envió un whatsapp a las 6 de la tarde avisándola de que estaba debajo del edificio donde vivía. Ella bajó y con un frio saludo hicieron el intercambio. Frodo se puso especialmente contento al encontrase con Raquel. Como era costumbre entre ellos, el animal se incorporó sobre sus patas traseras y la dueña le abrazó.
Durante las siguientes horas la chica estuvo preparando la casa antes de salir hacia el centro donde pasaría la noche. Una hora antes de irse a trabajar se duchó. La soledad en la que vivía hacía que no tuviera el más mínimo pudor en pasear desnuda de una estancia a la otra. De manera que entró en su habitación para desnudarse, Frodo entró en la habitación sin que ella se diese cuenta.
Raquel se inclinó hacia delante para alcanzar la ropa interior que guardaba en el último cajón del armario ofreciéndole al perro una maravillosa vista de la raja de su culo y los labios vaginales entre sus piernas. Frodo acercó su hocico a la entrepierna haciendo que Raquel se sobresaltase ya que no lo esperaba. Se mantuvo inmóvil sintiendo como la fría humedad de la nariz de su mascota olisqueaba su sexo. De repente notó el tacto áspero de la lengua de Frodo pasar dos veces por su rajita arrancándole un gemido.
Raquel lleva demasiados meses sin sexo, ni siquiera podía masturbarse por la tensión con la que lo vivía, y de repente su perro había conseguido que suspirarse levemente de placer por un par de lengüetazos en su coño. Raquel volvió en sí y retiró al animal de detrás de sí.
Frente al espejo del baño, Raquel comenzó a mirarse. Se agarró las tetas, aunque pequeñas, muy bien puestas y coronadas por un pezón rosa muy claro casi virginal. Su vientre plano con un piercing en el ombligo eran el preludio de un Monte de Venus cubierto por completo por una frondosa capa de rizos negros perfectamente triangulados. Siempre le había parecido más morboso así que el rasurado. Se acarició cono sus dedos levemente por su rajita sensible aún por el lengüetazo de Frodo. Luego se giró para ver sus nalgas redondas y duras fruto del vóley que había practicado durante años.
El perro se había sentado en una esquina del baño y movía la cabeza observando a su dueña mientras hacía un sonido gutural ininteligible. Raquel le observó a través del espejo y pudo comprobar que Frodo comenzaba a excitarse. Su pene rosado comenzaba a asomar. Sintió una extraña punzada que recorrió su columna vertical y notó como sus pezones reaccionaban endureciéndose y su flujo mojaba el interior de su vagina.
Casi aturdida por la sensación de sentirse excitada por la polla de su propio perro se metió en la ducha intentando aclarar sus ideas. Ella, una mujer de 28 años, independiente, buena profesional y de muy buen cuerpo no podía estar tan desesperada como para sentirse excitada por un perro.
Sobre las 10:50 salió de su casa con Frodo atado a una correa. Lo acomodó en la parte trasera de su Renault Clio y callejeó hasta el centro de primates. Allí se encontraba Esteban, su compañero de trabajo al que debía revelar en el puesto. Como cada vez que se veían, la situación era un tanto tensa.
Un año atrás, él se le había declarado. Aún sabiendo que estaba emparejada. Lo que hizo que hubiera un distanciamiento, pero ahora, las tornas habían cambiado. Esteban hacía medio año que había comenzado una relación con una chica y Raquel hacía dos que se había separado quedando una sensación de oportunidades perdidas entre ambos.
Por fin, Raquel se quedó a solas en el amplio despacho contiguo al laboratorio. Soltó a Frodo de su correa y este comenzó a husmear todo el espacio. De repente unos gritos salvajes alertaron al perro, Raquel se dispuso a recibir al “intruso”. Kong era un chimpancé que se movía por el centro libremente y que conocía a todos los empleados. El encuentro con la cuidadora fue cariñoso. Un abrazo entre ambos que Frodo criticó con un par de ladridos, casi como si estuviera celoso del mono.
Un par de horas después todo se encontraba mucho más tranquilo. Frodo se encontraba tumbado en una alfombra observando a Raquel mientras Kong permanecía en un rincón entretenido con uno de los juguetes con los que se ponía a prueba su inteligencia primate. La mujer comía una ensalada en su hora de descanso.
Miraba fijamente a su perro cuando el animal volvió a mostrar su excitación. Retiró una de sus patas traseras y llevó su cabeza hasta alcanzar su pene con la lengua. Empezó a chuparse ante la mirada de su dueña. La mujer comenzó a sentirse de nuevo excitada. Como podía ser que su mente generase imágenes morbosas viendo la enorme polla rosada de su pastor alemán.
Casi sin darse cuenta se abrió los botones de su camisa y se acarició levemente sus tetas al tiempo que cerraba las piernas con fuerza intentado encontrar el roce de sus vaqueros con el clítoris. Se acomodó mejor en el sofá donde descansaba y quitó la camisa por completo junto al sujetador. Luego desabrochó su pantalón y lo bajó hasta las rodillas. Con sus manos comenzó una exploración a fondo.
Se pellizcaba los pezones con la mano izquierda y se acariciaba el coño con la derecha. Tumbada en el sofá no se podía creer el momento de excitación que estaba vivienda con Frodo. El perro la observaba desde cierta distancia. Fue entonces cuando la sorprendió Kong. El mono que no había perdido detalle de todo lo que había sucedido se acercó a su cuidadora mostrando su erección.
Como especialista en la materia, a Raquel no le sorprendió la morfología del pene del mono. Un miembro de apenas unos 7 centímetros y fino sin glande, a diferencia del humano. Era muy diferente en tamaño al de Frodo y, por su puesto al de Jaime. Su ex estaba muy bien dotado.
Pero nada de eso fue impedimento para que Raquel, semi desnuda y en un estado de excitación desconocido, acercase su mano a la polla de Kong para masturbarlo. La textura era suave y agradable. Por un momento estuvo tentada en acercar la cabeza y hacerle una mamada al mono pero se contuvo. Fue el primate quien decidió dar un paso más.
Se subió al sofá donde se encontraba su cuidadora. Ella abrió las piernas y Kong se acomodó entre ellas. Aquella escena solo se podía explicar desde la incontrolable excitación de la mujer. El mono encajó su pequeño miembro entre los labios vaginales de la mujer y comenzó un frenético movimiento de cadera que hizo que la mujer se corriese sin demasiado esfuerzo. Kong no paró de moverse de manera frenética hasta eyacular en el interior de la mujer. Frodo se había puesto de pie y estaba frente a ellos como si esperase su turno para copular con la humana.
Inmediatamente después de correrse, Kong se bajó del sofá y se fue hacia el lugar donde jugaba antes. Raquel se puso de pie de un salto y se estremeció al pensar lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo era posible que se la hubiese follado un mono? Y además eyaculase en su interior. Sin duda, eso requería una visita urgente al ginecólogo y tratar de explicar lo inexplicable.