Mi nombre es Andrea, tengo 19 años, soy rubia, de metro sesenta. Siempre he sido una chica tímida pero ya estoy cansada de eso, así que he decidido probar cosas nuevas. Esta es la historia de como pase a ser una zorrita insaciable.
Llevaba ya una temporada queriendo probar cosas nuevas, pero no sabía por donde empezar .
Yo apenas había estado con chicos, alguna cita tonta, un beso de vez en cuando, claro que virgen no era, pero tampoco había hecho nada parecido a lo que me esperaba.
Había quedado con un chico para desayunar, su nombre era Andrés, media un metro ochenta, pelo castaño, unos ojos preciosos y los mejores abdominales que había visto en mi vida.
El tenía 23 años, hablamos un poco por internet y quedamos para tomar un café.
Durante nuestra conversación online empezamos a conocernos un poco más, le conté que quería experimentar nuevas cosas y él ya empezó a hablarme de sus gustos.
Allí estaba yo en la cafetería esperando. Llevaba un vestido negro corto, no muy ajustado pero que dejaba ver mis caderas y mi redondo culo. El escote favorecía a mis pequeños pechos, que se veían más redondos que nunca. Mientras más tiempo pasaba más nerviosa estaba, hasta que llegó él, tan guapo como en la foto, con su precioso pelo rizado.
Durante el café ya se empezaba a ver cómo acabaría ese día, él ya me había avisado de sus tendencias más dominantes, lo que no me esperaba fue que empezase tan pronto, aunque a quien iba a engañar, estaba deseandolo.
Se sentó a mi lado en la cafetería y mientras tomábamos el café y hablábamos noté como su mano rozaba el interior de mi muslo por debajo de la mesa. Él mientras tanto seguía con la conversación como si nada, mientras que yo era incapaz de mirarle a la cara sin sonrojarme. ¿Se habría dado cuenta de que con tan solo ese roce ya había conseguido despertar algo en mi?
Si no se había dado cuenta iba a dejárselo claro. Yo solo tenía un objetivo ese día y era llevármelo a la cama asique poco a poco separe mis piernas para dejarle un más fácil acceso. Acerco su mano cada vez más hacia mi ropa interior rozando mi clítoris por encima de ella. En ese momento acercó su cara a mi oído y me dijo
-Nunca habría imaginado que sería tan fácil, pero mírate, en mitad de una cafetería, rodeada de gente, con mi mano en tus bragas y tú coño empapado. Ve al baño y quítate las bragas. Quiero quedarmelas de recuerdo.-
Tenía razón, como había sido tan fácil ponerme a cien en un lugar así, rodeada de gente. Que pensarían de mi... Pero extrañamente la seguridad con que me lo dijo solo consiguió mojarme más asique obedecí. Fui al baño a quitarme las bragas y al volver se las guardé en el bolsillo de la chaqueta. Me senté de nuevo y noté como volvía a meter la mano bajo mi vestido, comprobando si había cumplido sus órdenes y sonrió al notar que efectivamente ya no había nada de tela que se parase su mano de mi clítoris.
-Muy bien, muy obediente, justo como a mí me gustan- me volvió a susurrar en el oído antes de pedir la cuenta y pagar. -¿Nos vamos?- y yo sin saber que contestar solo pude seguirle. El café en el que habíamos quedado estaba justo debajo de su casa, entonces entendí porqué había propuesto ese sitio.
Nada más entrar al portal caminamos hacia el ascensor, yo delante de él notando como me recorría con su mirada de arriba abajo. Entramos al ascensor. -¿Qué piso es?- le pregunté. -El 7- me respondió.
Nada más cerrarse las puertas del ascensor me empujó contra la pared para besarme, metiendo sus dedos en mi húmedo coño que ya estaba empapado imaginando lo que le esperaba. Quería probar cosas nuevas, pero quién imaginaba que me gustaría tanto el riesgo de poder ser pillados. -Veo que ya vienes preparada para lo que te espera- me dijo al separarse de mi mientras se abrían las puertas del ascensor -Tu delante- añadió.
Llegamos a su casa nos sentamos en el sofá. Después de lo del ascensor cualquiera pensaría que se habría abalanzado sobre mí nada más entrar, pero no fue así. Pusimos una película mientras esperábamos que llegase la pizza. No había vuelto a rozarme, pero el simple hecho de tenerle sentado a mi lado, yo sin bragas y habiendome tocado como lo había hecho yo no podía dejar de imaginar en lo que me esperaba. Cómo era posible que consiguiese ponerme nerviosa sin siquiera volver a tocarme.
Fue entonces cuando volvió a acercarse a mi oído, supongo que había notado mi nerviosismo y me preguntó -¿Quedaste a caso con ganas de más?-
La pregunta me pilló de sorpresa, no sabía que contestar, no quería decir que sí y que pensase que podía usarme como a una cualquiera, pero muy dentro de mi sabía que quería más de él asique intenté darle la vuelta y preguntarle -¿Y tú? ¿Acaso te quedaste con ganas de probar más de mi?-
Me agarró entonces del cuello de forma brusca pero sin apretar y con la otra mano agarró el interior de mi muslo, quedando a escasos centímetros de mi coño -Nonte preocupes por mis ganas, sé qué voy a poder probar todo lo que quiero contigo- me contestó - pero yo te he hecho una pregunta, ¿quieres más?
No sabía cómo pero lo estaba consiguiendo, mi coño cada vez deseaba más sentirle dentro de mí así que respondí - Sí - tímidamente.
- ¿Sí que? Pídemelo.-
- Sí, quiero más, quiero sentirte.
En ese momento me soltó el cuello - Muy bien, así me gusta - contestó -pero vamos a hacerlo a mi manera. Voy a ir a buscar una cosa a mi habitación, cuando vuelva te quiero sin ese vestido, ¿entendido?-
-Entendido- no imaginaba que recibir órdenes me gustaría tanto, pero me encantaba dejarme llevar. Me quité mi vestido y espere sobre su sofá, sin saber muy bien cómo ponerme. Me sentía totalmente descubierta y eso me incomodaba un poco. Fue entonces cuando volvío de la habitación con unas esposas en la mano.
-Manos juntas, ahora- me dijo mientras yo obedecía sin rechistar. Me puso las esposas, me tumbo y sujetó las esposas al sofá, quedando mis manos atadas por encima de la cabeza. Fue entonces cuando empezó a besarme los pechos, primero uno mientras jugaba con sus manos sobre el otro, luego cambiando, hasta que con su mano volvió a bajar sobre mi clítoris. Yo ya estaba completamente empapada. Bajó con su lengua desde mi pecho rozando todos los rincones de mi torso, bajó por las costillas, me besó el abdomen, lamió el interior de mi muslo, y yo cada vez le deseaba más, notaba como mi coño me palpitaba pidiéndome tenerle dentro, hasta que llegó su lengua a mi clítoris.
Noté como se movía primero suavemente, en círculos lentos mientras mi coño estaba cada vez más cerca de un orgasmo y apenas habíamos empezado. Fue acelerando poco a poco mientras yo aceleraba el movimiento de mis caderas para rozarme más contra su cara, cuanto más cerca notaba mi orgasmo más rápido me movía. -Me voy a correr, como sigas así me voy a correr - le dije. No paró, al contrario, metió un dedo en mi húmeda vagina para lubricarlo, yo estaba a punto de correrme, notaba como se acercaba más y más esa sensación de placer y entonces sacó su dedo de mí y lo acercó a mí ano, empezando a hacer círculos para masajear lo, apretando cada vez un poco más hasta que lo metió. Era una sensación que no había sentido antes, era extraña pero me gustaba y junto con el movimiento de su lengua consiguió entonces que me corriera sobre su cara.
-Menuda zorrita tenemos aquí - dijo. Sonó el timbre de la puerta y se acercó a abrir, dejándome mientras atada y expuesta sobre el sofá sin apenas poder moverme, asimilando el orgasmo que acababa de tener.
Volvió con las pizzas en la mano. -Espero que tengas hambre, aunque esto puede esperar para luego.- soltó las esposas del sofá dejándome atada entonces con las manos a mi espalda. -De rodillas- me ordenó.
Me puse de rodillas mientras él se quitaba su ropa, no podía dejar de mirarle, esos abdominales, esa espalda, esos brazos, estaba deseando probarle. Se bajó entonces los pantalones y pude ver su erección en el calzoncillo, era algo más grande de lo que estaba acostumbrada, pero con las ganas que tenía en ese momento me habría dado igual como fuera. Se quitó entonces los calzoncillos y totalmente desnudo se acercó a mí, con su pene a la altura de mi cara. Saqué mi lengua para empezar a probarle, le acaricié con mi lengua de abajo arriba, desde su base hasta la punta como mejor pude.
Metí entonces su pene un mi boca comenzando a moverme poco a poco cada vez más rápido, moviendo mi lengua, sintiéndolo en el fondo de mi garganta mientras que él me agarró del pelo. Cada vez que subía y bajaba por su pene notaba como se le iba acelerando la respiración. -Joder sí zorra justo así - me decía mientras no paraba de mamarla, y sentía como me ponía cada vez más cachonda con sus palabras, no sabía que me gustaría tanto que me insultasen. Noté como empezó a moverse dentro de mi boca acelerando el ritmo mientras que me movía la cabeza agarrándome aún del pelo, sin darme cuenta había dejado de ser yo la que llevaba el control de la mamada y era él quien me follaba la boca, mientras yo hacia mi mejor esfuerzo por hacerle disfrutar notandole en el fondo de mi garganta. De pronto paró, saco su pene de mi boca y empezó a masturbarse en mi cara. -Voy a correrme sobre tu cara zorra, abre la boca y saca tu lengua.-
Obedecí sus órdenes. -¿Qué quieres zorrita?- me preguntó. -Quiero que te corras sobre mí.- respondí. En ese momento noté como toda su corrida caía sobre mi cara y mi boca, resbalando por mi pecho. Me había empapado en su semen aunque supongo que era lo justo, yo me había corrido en su cara. -No te muevas zorrita - dijo mientras sacaba su móvil para hacer una foto -esta de recuerdo-.
No sabía cómo lo que acababa de pasar me había puesto así de cachonda. Nunca me habría imaginado haciendo nada de lo que había pasado con tantas ganas.
Tocarme en la cafetería, masturbarme en el ascensor, atarme y follarme la boca a su gusto. Este hombre habia hecho conmigo todo lo que quería y yo no había puesto pega ninguna, al contrario, quería más, quería saber hasta donde sería capaz de llegar.
-Eres una zorrita muy buena, pero esto no ha hecho más que empezar. Si quieres parar el momento es ahora zorra. Asique dime, ¿qué quieres?
-Quiero más.
-Perfecto zorrita, porque quiero usarte de muchas más formas.
Cómo me gustaba mi nuevo apodo, era degradante pero por otro lado era cariñoso, lo decía con tal ternura que hacía que me derritiese cada vez que lo oía.
Me limpió los restos de su corrida de mi cuerpo y sin desatarme las manos me ordenó levantarme y yo, como todas las veces anteriores obedecí.
-Te voy a enseñar lo que te espera zorrita - me dijo sacando una bolsa de tela. Dentro de esa bolsa se encontraba lo que podría haber sido todo un sexshop. Más esposas, arneses de cuero, dildos, balas vibradoras, plug anales, todo lo que pudieras imaginar, aunque hubo una cosa en concreto que llamó mi atención, fue una bola atada a una cuerda de cuero, para amordazar. Había visto alguna de esas en el porno, pero nunca en vivo y quería probarla.
-Ponme eso- dije mientras señalaba con mis ojos a la mordaza.
-Viene con ganas la zorrita - dijo mientras me ponía la mordaza - me gusta, pero de ahora en adelante aquí mando yo, ¿queda claro zorrita? Hablaras cuando yo te pregunte. Sino ya averiguarás lo que te espera -dijo mientras me clavaba sus uñas en mi culo.
Me agarró del brazo y me puso justo delante de una mesa de comedor, tenía la altura justa para quedar al nivel de mis caderas. -Piernas abiertas- dijo. Me esposó cada uno de mis tobillos a una de las patas de la mesa. Ahí estaba yo desnuda, atada de pies y manos y amordazada. Era justo con lo que me gustaba fantasear, pero no habría imaginado llevarlo a la vida real hasta entonces. Me distraje en mis pensamientos hasta que me agarró del pelo y me dobló sobre la mesa, dejándome con el culo en pompa.
-Ahora vas a ver qué es lo que le pasa a las zorritas que hablan sin permiso- cogió una pala de cuero que había sobre la mesa y acarició mi culo con ella, justo antes de azotarme con todas sus fuerzas. Grité del dolor con la mordaza, eso no me lo esperaba, pero tampoco podía haber hecho nada para evitarlo.
Con uno de los vibradores ahora empezó a estimular mi clítoris que estaba palpitando, deseando recibir placer como fuese. Con su otra mano cogió un plug anal metálico, con un brillo en su extremo. Era bonito. Lo metió a su boca para bañarlo en saliva, después lo metió en mi coño para lubricarlo aún más con mis jugos, y por último lo metió en mi culo sin mucha resistencia. Era una sensación rara, pero que acababa de descubrir que me encantaba.
Fue entonces cuando vi como su pene volvía a empezar a crecer. Quería que me follase, pero no podía decir nada, sino me castigaría. Y además con la mordaza tampoco habría podido entenderme. Me cogió la cabeza y la acerco al borde de la mesa y empezó a darme golpes con su pene sobre mi cara.
-¿Te gusta mi polla zorra?- asentí sin dudar. Me encantaba en lo que me convertía con sus palabras. Una zorra. Era una zorra y me encantaba serlo. -Pues más te va a gustar ahora zorrita.-
Con su pene completamente erecto de nuevo se puso detrás mía y acercó u polla a mi coño empapado. Empujé las caderas hacia atrás para sentir más el roce de su pene. Pero entonces lo que sentí no fue eso, fue otro azote. -Las zorritas son obedientes, ¿te he dicho que te muevas zorrita?- me quedé en shock, no esperaba otro golpe. Me volvió a azotar. -Te he hecho una pregunta zorra, ¿te ha dicho alguien que te muevas?- extrañamente el dolor empezaba a excitarme, pero no quería otro azote, quería que me follase, asique negué con la cabeza y me quedé quieta esperando su polla.
Empezó a pasar su punta por todo mi coño, jugando con mi clítoris, acariciando mi entrada una y otra vez mientras empujaba de vez en cuando con su mano el plug para que lo sintiera más dentro. Yo no podía más, estaba desesperada, necesitaba tenerle dentro.
Entonces me la metió, de golpe, hasta el fondo. -¿Esto era lo que querías zorrita?- Asentí soltando un gemido, claro que asentí, eso era lo que estaba deseando, y el lo sabía. Empezó a follarme sin ningún tipo de delicadeza, rápido y fuerte, agarrándome del pelo mientras entraba y salía de mi.
Me encantaba, joder sí me encantaba, no podía parar de gemir, notaba como empezaban a temblar me las piernas y palpitar me el clítoris, estaba a punto de correrme otra vez, él aceleraba hasta que yo me corrí de nuevo.
-Veo que la zorrita ya ha tenido lo que quería, ahora es mi turno de pasarlo bien.- Me quitó el plug que estaba en mi culo, me puse nerviosa, ¿qué iba a hacer? Una cosa era un dedo, el plug, cosas pequeñas, pero no pretendería follarme por el culo, ¿No? Esperaba que no, nunca me habían hecho eso.
Noté como su punta se acercaba a mi culo, mínimamente abierto por haber tenido el plug. Puso un poco de lubricante sobre su pene y otro poco sobre mi culo, empezó meter un dedo dentro, dos. Empecé a intentar moverme para que parase, pero no podía hacer nada, seguía completamente atada.
-No te resistas zorrita, cuanto más tensa estés más va a dolerte, tú relájate y confía en mí.- susurro en mi oído mientras me sujetaba la cabeza contra la mesa.
Me quedé quieta. Solo sabía hacer lo que me decía. Entonces sacó sus dedos de mi culo y acercó su polla. Empezó a meterla muy poco a poco. Grité, dolía más de lo que creía. -Tranquila zorrita. Relájate - siguió metiéndola más hasta que la tuve completamente dentro de mí. Se quedó quieto. -Verás como te va a gustar zorrita, tú confia en mí - se quedó quieto unos minutos, con su polla en mi culo. Poco a poco el dolor dejaba de estar presente y la sensación empezaba a resultar ¿Placentera? Era extraño. Cogió un vibrador y lo puso sobre mi clítoris. Ahora sí era placer lo que sentía, con él llenándome y jugando con mi clítoris empecé a gemir. Él comenzó a entrar y salir de mi, follando mi culo lentamente. Poco a poco fue acelerando hasta que dejó el vibrador y se centró en follarme. Me agarró de las caderas y empezó a empujar los más rápido y profundo que podía. Me temblaban las piernas, era una sensación maravillosa y sentía como otro orgasmo se acercaba. Pero entonces paró.
-¿Quieres correrte zorrita?- yo asentí sin dudarlo, estaba tan cerca. -pues vas a correrte como nunca zorra-
Cogió uno de sus dildos y sin sacar su pene de mi culo lo acercó a mi coño. Iba a follarme por ambos sitios a la vez, no sabía si podría aguantarlo pero mi coño estaba tan ansioso de correrse que todo le daba igual. Metió el dildo dentro de mi coño y empezó a moverlo al ritmo que me follaba el culo. Joder era una sensación maravillosa. Nunca me había sentido así de llena, pero quería sentirme así el resto de mi vida, mis piernas temblaban, mi coño empapado y yo solo podía gemir y pedir más. Me corrí otra vez como no me había corrido nunca y en ese momento con las contracciones de mi cuerpo, Andrés se corrió en mi culo.
-Eres una zorrita insaciable, veo que estás lista para todo lo que quiero de tí, a partir de hoy vas a ser mi puta y solo mía - decía mientras me soltaba la mordaza - ¿está claro?.
-Esta claro
-¿Que eres?
-Una zorra
-Incorrecto -dijo mientras me azotaba de nuevo el culo - segunda oportunidad, ¿Qué eres?
-Tu zorra
-Muy bien zorrita, así me gusta. Ahora vístete.
Llevaba ya una temporada queriendo probar cosas nuevas, pero no sabía por donde empezar .
Yo apenas había estado con chicos, alguna cita tonta, un beso de vez en cuando, claro que virgen no era, pero tampoco había hecho nada parecido a lo que me esperaba.
Había quedado con un chico para desayunar, su nombre era Andrés, media un metro ochenta, pelo castaño, unos ojos preciosos y los mejores abdominales que había visto en mi vida.
El tenía 23 años, hablamos un poco por internet y quedamos para tomar un café.
Durante nuestra conversación online empezamos a conocernos un poco más, le conté que quería experimentar nuevas cosas y él ya empezó a hablarme de sus gustos.
Allí estaba yo en la cafetería esperando. Llevaba un vestido negro corto, no muy ajustado pero que dejaba ver mis caderas y mi redondo culo. El escote favorecía a mis pequeños pechos, que se veían más redondos que nunca. Mientras más tiempo pasaba más nerviosa estaba, hasta que llegó él, tan guapo como en la foto, con su precioso pelo rizado.
Durante el café ya se empezaba a ver cómo acabaría ese día, él ya me había avisado de sus tendencias más dominantes, lo que no me esperaba fue que empezase tan pronto, aunque a quien iba a engañar, estaba deseandolo.
Se sentó a mi lado en la cafetería y mientras tomábamos el café y hablábamos noté como su mano rozaba el interior de mi muslo por debajo de la mesa. Él mientras tanto seguía con la conversación como si nada, mientras que yo era incapaz de mirarle a la cara sin sonrojarme. ¿Se habría dado cuenta de que con tan solo ese roce ya había conseguido despertar algo en mi?
Si no se había dado cuenta iba a dejárselo claro. Yo solo tenía un objetivo ese día y era llevármelo a la cama asique poco a poco separe mis piernas para dejarle un más fácil acceso. Acerco su mano cada vez más hacia mi ropa interior rozando mi clítoris por encima de ella. En ese momento acercó su cara a mi oído y me dijo
-Nunca habría imaginado que sería tan fácil, pero mírate, en mitad de una cafetería, rodeada de gente, con mi mano en tus bragas y tú coño empapado. Ve al baño y quítate las bragas. Quiero quedarmelas de recuerdo.-
Tenía razón, como había sido tan fácil ponerme a cien en un lugar así, rodeada de gente. Que pensarían de mi... Pero extrañamente la seguridad con que me lo dijo solo consiguió mojarme más asique obedecí. Fui al baño a quitarme las bragas y al volver se las guardé en el bolsillo de la chaqueta. Me senté de nuevo y noté como volvía a meter la mano bajo mi vestido, comprobando si había cumplido sus órdenes y sonrió al notar que efectivamente ya no había nada de tela que se parase su mano de mi clítoris.
-Muy bien, muy obediente, justo como a mí me gustan- me volvió a susurrar en el oído antes de pedir la cuenta y pagar. -¿Nos vamos?- y yo sin saber que contestar solo pude seguirle. El café en el que habíamos quedado estaba justo debajo de su casa, entonces entendí porqué había propuesto ese sitio.
Nada más entrar al portal caminamos hacia el ascensor, yo delante de él notando como me recorría con su mirada de arriba abajo. Entramos al ascensor. -¿Qué piso es?- le pregunté. -El 7- me respondió.
Nada más cerrarse las puertas del ascensor me empujó contra la pared para besarme, metiendo sus dedos en mi húmedo coño que ya estaba empapado imaginando lo que le esperaba. Quería probar cosas nuevas, pero quién imaginaba que me gustaría tanto el riesgo de poder ser pillados. -Veo que ya vienes preparada para lo que te espera- me dijo al separarse de mi mientras se abrían las puertas del ascensor -Tu delante- añadió.
Llegamos a su casa nos sentamos en el sofá. Después de lo del ascensor cualquiera pensaría que se habría abalanzado sobre mí nada más entrar, pero no fue así. Pusimos una película mientras esperábamos que llegase la pizza. No había vuelto a rozarme, pero el simple hecho de tenerle sentado a mi lado, yo sin bragas y habiendome tocado como lo había hecho yo no podía dejar de imaginar en lo que me esperaba. Cómo era posible que consiguiese ponerme nerviosa sin siquiera volver a tocarme.
Fue entonces cuando volvió a acercarse a mi oído, supongo que había notado mi nerviosismo y me preguntó -¿Quedaste a caso con ganas de más?-
La pregunta me pilló de sorpresa, no sabía que contestar, no quería decir que sí y que pensase que podía usarme como a una cualquiera, pero muy dentro de mi sabía que quería más de él asique intenté darle la vuelta y preguntarle -¿Y tú? ¿Acaso te quedaste con ganas de probar más de mi?-
Me agarró entonces del cuello de forma brusca pero sin apretar y con la otra mano agarró el interior de mi muslo, quedando a escasos centímetros de mi coño -Nonte preocupes por mis ganas, sé qué voy a poder probar todo lo que quiero contigo- me contestó - pero yo te he hecho una pregunta, ¿quieres más?
No sabía cómo pero lo estaba consiguiendo, mi coño cada vez deseaba más sentirle dentro de mí así que respondí - Sí - tímidamente.
- ¿Sí que? Pídemelo.-
- Sí, quiero más, quiero sentirte.
En ese momento me soltó el cuello - Muy bien, así me gusta - contestó -pero vamos a hacerlo a mi manera. Voy a ir a buscar una cosa a mi habitación, cuando vuelva te quiero sin ese vestido, ¿entendido?-
-Entendido- no imaginaba que recibir órdenes me gustaría tanto, pero me encantaba dejarme llevar. Me quité mi vestido y espere sobre su sofá, sin saber muy bien cómo ponerme. Me sentía totalmente descubierta y eso me incomodaba un poco. Fue entonces cuando volvío de la habitación con unas esposas en la mano.
-Manos juntas, ahora- me dijo mientras yo obedecía sin rechistar. Me puso las esposas, me tumbo y sujetó las esposas al sofá, quedando mis manos atadas por encima de la cabeza. Fue entonces cuando empezó a besarme los pechos, primero uno mientras jugaba con sus manos sobre el otro, luego cambiando, hasta que con su mano volvió a bajar sobre mi clítoris. Yo ya estaba completamente empapada. Bajó con su lengua desde mi pecho rozando todos los rincones de mi torso, bajó por las costillas, me besó el abdomen, lamió el interior de mi muslo, y yo cada vez le deseaba más, notaba como mi coño me palpitaba pidiéndome tenerle dentro, hasta que llegó su lengua a mi clítoris.
Noté como se movía primero suavemente, en círculos lentos mientras mi coño estaba cada vez más cerca de un orgasmo y apenas habíamos empezado. Fue acelerando poco a poco mientras yo aceleraba el movimiento de mis caderas para rozarme más contra su cara, cuanto más cerca notaba mi orgasmo más rápido me movía. -Me voy a correr, como sigas así me voy a correr - le dije. No paró, al contrario, metió un dedo en mi húmeda vagina para lubricarlo, yo estaba a punto de correrme, notaba como se acercaba más y más esa sensación de placer y entonces sacó su dedo de mí y lo acercó a mí ano, empezando a hacer círculos para masajear lo, apretando cada vez un poco más hasta que lo metió. Era una sensación que no había sentido antes, era extraña pero me gustaba y junto con el movimiento de su lengua consiguió entonces que me corriera sobre su cara.
-Menuda zorrita tenemos aquí - dijo. Sonó el timbre de la puerta y se acercó a abrir, dejándome mientras atada y expuesta sobre el sofá sin apenas poder moverme, asimilando el orgasmo que acababa de tener.
Volvió con las pizzas en la mano. -Espero que tengas hambre, aunque esto puede esperar para luego.- soltó las esposas del sofá dejándome atada entonces con las manos a mi espalda. -De rodillas- me ordenó.
Me puse de rodillas mientras él se quitaba su ropa, no podía dejar de mirarle, esos abdominales, esa espalda, esos brazos, estaba deseando probarle. Se bajó entonces los pantalones y pude ver su erección en el calzoncillo, era algo más grande de lo que estaba acostumbrada, pero con las ganas que tenía en ese momento me habría dado igual como fuera. Se quitó entonces los calzoncillos y totalmente desnudo se acercó a mí, con su pene a la altura de mi cara. Saqué mi lengua para empezar a probarle, le acaricié con mi lengua de abajo arriba, desde su base hasta la punta como mejor pude.
Metí entonces su pene un mi boca comenzando a moverme poco a poco cada vez más rápido, moviendo mi lengua, sintiéndolo en el fondo de mi garganta mientras que él me agarró del pelo. Cada vez que subía y bajaba por su pene notaba como se le iba acelerando la respiración. -Joder sí zorra justo así - me decía mientras no paraba de mamarla, y sentía como me ponía cada vez más cachonda con sus palabras, no sabía que me gustaría tanto que me insultasen. Noté como empezó a moverse dentro de mi boca acelerando el ritmo mientras que me movía la cabeza agarrándome aún del pelo, sin darme cuenta había dejado de ser yo la que llevaba el control de la mamada y era él quien me follaba la boca, mientras yo hacia mi mejor esfuerzo por hacerle disfrutar notandole en el fondo de mi garganta. De pronto paró, saco su pene de mi boca y empezó a masturbarse en mi cara. -Voy a correrme sobre tu cara zorra, abre la boca y saca tu lengua.-
Obedecí sus órdenes. -¿Qué quieres zorrita?- me preguntó. -Quiero que te corras sobre mí.- respondí. En ese momento noté como toda su corrida caía sobre mi cara y mi boca, resbalando por mi pecho. Me había empapado en su semen aunque supongo que era lo justo, yo me había corrido en su cara. -No te muevas zorrita - dijo mientras sacaba su móvil para hacer una foto -esta de recuerdo-.
No sabía cómo lo que acababa de pasar me había puesto así de cachonda. Nunca me habría imaginado haciendo nada de lo que había pasado con tantas ganas.
Tocarme en la cafetería, masturbarme en el ascensor, atarme y follarme la boca a su gusto. Este hombre habia hecho conmigo todo lo que quería y yo no había puesto pega ninguna, al contrario, quería más, quería saber hasta donde sería capaz de llegar.
-Eres una zorrita muy buena, pero esto no ha hecho más que empezar. Si quieres parar el momento es ahora zorra. Asique dime, ¿qué quieres?
-Quiero más.
-Perfecto zorrita, porque quiero usarte de muchas más formas.
Cómo me gustaba mi nuevo apodo, era degradante pero por otro lado era cariñoso, lo decía con tal ternura que hacía que me derritiese cada vez que lo oía.
Me limpió los restos de su corrida de mi cuerpo y sin desatarme las manos me ordenó levantarme y yo, como todas las veces anteriores obedecí.
-Te voy a enseñar lo que te espera zorrita - me dijo sacando una bolsa de tela. Dentro de esa bolsa se encontraba lo que podría haber sido todo un sexshop. Más esposas, arneses de cuero, dildos, balas vibradoras, plug anales, todo lo que pudieras imaginar, aunque hubo una cosa en concreto que llamó mi atención, fue una bola atada a una cuerda de cuero, para amordazar. Había visto alguna de esas en el porno, pero nunca en vivo y quería probarla.
-Ponme eso- dije mientras señalaba con mis ojos a la mordaza.
-Viene con ganas la zorrita - dijo mientras me ponía la mordaza - me gusta, pero de ahora en adelante aquí mando yo, ¿queda claro zorrita? Hablaras cuando yo te pregunte. Sino ya averiguarás lo que te espera -dijo mientras me clavaba sus uñas en mi culo.
Me agarró del brazo y me puso justo delante de una mesa de comedor, tenía la altura justa para quedar al nivel de mis caderas. -Piernas abiertas- dijo. Me esposó cada uno de mis tobillos a una de las patas de la mesa. Ahí estaba yo desnuda, atada de pies y manos y amordazada. Era justo con lo que me gustaba fantasear, pero no habría imaginado llevarlo a la vida real hasta entonces. Me distraje en mis pensamientos hasta que me agarró del pelo y me dobló sobre la mesa, dejándome con el culo en pompa.
-Ahora vas a ver qué es lo que le pasa a las zorritas que hablan sin permiso- cogió una pala de cuero que había sobre la mesa y acarició mi culo con ella, justo antes de azotarme con todas sus fuerzas. Grité del dolor con la mordaza, eso no me lo esperaba, pero tampoco podía haber hecho nada para evitarlo.
Con uno de los vibradores ahora empezó a estimular mi clítoris que estaba palpitando, deseando recibir placer como fuese. Con su otra mano cogió un plug anal metálico, con un brillo en su extremo. Era bonito. Lo metió a su boca para bañarlo en saliva, después lo metió en mi coño para lubricarlo aún más con mis jugos, y por último lo metió en mi culo sin mucha resistencia. Era una sensación rara, pero que acababa de descubrir que me encantaba.
Fue entonces cuando vi como su pene volvía a empezar a crecer. Quería que me follase, pero no podía decir nada, sino me castigaría. Y además con la mordaza tampoco habría podido entenderme. Me cogió la cabeza y la acerco al borde de la mesa y empezó a darme golpes con su pene sobre mi cara.
-¿Te gusta mi polla zorra?- asentí sin dudar. Me encantaba en lo que me convertía con sus palabras. Una zorra. Era una zorra y me encantaba serlo. -Pues más te va a gustar ahora zorrita.-
Con su pene completamente erecto de nuevo se puso detrás mía y acercó u polla a mi coño empapado. Empujé las caderas hacia atrás para sentir más el roce de su pene. Pero entonces lo que sentí no fue eso, fue otro azote. -Las zorritas son obedientes, ¿te he dicho que te muevas zorrita?- me quedé en shock, no esperaba otro golpe. Me volvió a azotar. -Te he hecho una pregunta zorra, ¿te ha dicho alguien que te muevas?- extrañamente el dolor empezaba a excitarme, pero no quería otro azote, quería que me follase, asique negué con la cabeza y me quedé quieta esperando su polla.
Empezó a pasar su punta por todo mi coño, jugando con mi clítoris, acariciando mi entrada una y otra vez mientras empujaba de vez en cuando con su mano el plug para que lo sintiera más dentro. Yo no podía más, estaba desesperada, necesitaba tenerle dentro.
Entonces me la metió, de golpe, hasta el fondo. -¿Esto era lo que querías zorrita?- Asentí soltando un gemido, claro que asentí, eso era lo que estaba deseando, y el lo sabía. Empezó a follarme sin ningún tipo de delicadeza, rápido y fuerte, agarrándome del pelo mientras entraba y salía de mi.
Me encantaba, joder sí me encantaba, no podía parar de gemir, notaba como empezaban a temblar me las piernas y palpitar me el clítoris, estaba a punto de correrme otra vez, él aceleraba hasta que yo me corrí de nuevo.
-Veo que la zorrita ya ha tenido lo que quería, ahora es mi turno de pasarlo bien.- Me quitó el plug que estaba en mi culo, me puse nerviosa, ¿qué iba a hacer? Una cosa era un dedo, el plug, cosas pequeñas, pero no pretendería follarme por el culo, ¿No? Esperaba que no, nunca me habían hecho eso.
Noté como su punta se acercaba a mi culo, mínimamente abierto por haber tenido el plug. Puso un poco de lubricante sobre su pene y otro poco sobre mi culo, empezó meter un dedo dentro, dos. Empecé a intentar moverme para que parase, pero no podía hacer nada, seguía completamente atada.
-No te resistas zorrita, cuanto más tensa estés más va a dolerte, tú relájate y confía en mí.- susurro en mi oído mientras me sujetaba la cabeza contra la mesa.
Me quedé quieta. Solo sabía hacer lo que me decía. Entonces sacó sus dedos de mi culo y acercó su polla. Empezó a meterla muy poco a poco. Grité, dolía más de lo que creía. -Tranquila zorrita. Relájate - siguió metiéndola más hasta que la tuve completamente dentro de mí. Se quedó quieto. -Verás como te va a gustar zorrita, tú confia en mí - se quedó quieto unos minutos, con su polla en mi culo. Poco a poco el dolor dejaba de estar presente y la sensación empezaba a resultar ¿Placentera? Era extraño. Cogió un vibrador y lo puso sobre mi clítoris. Ahora sí era placer lo que sentía, con él llenándome y jugando con mi clítoris empecé a gemir. Él comenzó a entrar y salir de mi, follando mi culo lentamente. Poco a poco fue acelerando hasta que dejó el vibrador y se centró en follarme. Me agarró de las caderas y empezó a empujar los más rápido y profundo que podía. Me temblaban las piernas, era una sensación maravillosa y sentía como otro orgasmo se acercaba. Pero entonces paró.
-¿Quieres correrte zorrita?- yo asentí sin dudarlo, estaba tan cerca. -pues vas a correrte como nunca zorra-
Cogió uno de sus dildos y sin sacar su pene de mi culo lo acercó a mi coño. Iba a follarme por ambos sitios a la vez, no sabía si podría aguantarlo pero mi coño estaba tan ansioso de correrse que todo le daba igual. Metió el dildo dentro de mi coño y empezó a moverlo al ritmo que me follaba el culo. Joder era una sensación maravillosa. Nunca me había sentido así de llena, pero quería sentirme así el resto de mi vida, mis piernas temblaban, mi coño empapado y yo solo podía gemir y pedir más. Me corrí otra vez como no me había corrido nunca y en ese momento con las contracciones de mi cuerpo, Andrés se corrió en mi culo.
-Eres una zorrita insaciable, veo que estás lista para todo lo que quiero de tí, a partir de hoy vas a ser mi puta y solo mía - decía mientras me soltaba la mordaza - ¿está claro?.
-Esta claro
-¿Que eres?
-Una zorra
-Incorrecto -dijo mientras me azotaba de nuevo el culo - segunda oportunidad, ¿Qué eres?
-Tu zorra
-Muy bien zorrita, así me gusta. Ahora vístete.