Follando en una Capilla

heranlu

Veterano
Registrado
Ago 31, 2007
Mensajes
7,556
Likes Recibidos
3,283
Puntos
113
 
 
 
Crecí en una familia profundamente conservadora y bien cimentada en las creencias católicas, que ha servido durante generaciones a la iglesia dando clases de catecismo o perteneciendo a diversos ministerios, yo misma estuve involucrada durante toda mi infancia y adolescencia en estas actividades con las cuales nunca me he sentido de acuerdo.

Siendo mi abuela encargada de la capilla pase mucho tiempo en el sitio, por ello gran parte de mis primeras experiencias se dieron ahí, comenzando por los típicos novios de “manita sudada” con algún compañero de catequesis escalando a besos inocentes en años de secundaria.

Para ese momento ya tenía muy arraigada en mi mente la idea de que esa capilla podía servir en mis deseos y planes, sabiendo perfectamente que solo ahí me daban suficiente privacidad puesto que siendo un lugar sagrado me creían incapaz de cometer pecado alguno estando en él.

Lamentablemente no era en absoluto modelo de inocencia, al contrario, múltiples lecturas inapropiadas para mi edad me habían empujado hacia un despertar sexual bastante temprano y hallar algún sujeto de prueba bien dispuesto para lo que deseara no fue complicado.

Aprendí con la práctica a chupar una verga correctamente cuando apenas estaba ingresando a secundaria, y mantuve largos chats sexuales para mantener a mi sujeto de pruebas satisfecho, sin embargo encontrar mi propia satisfacción fue un poco más difícil.

Nunca busque activamente perder la virginidad, en parte porque mis odiosos primos no me veían ningún futuro llegando a apostar entre ellos que saldría embarazada a los quince, así que espere hasta preparatoria para tener una pareja sexual y probar con él distintas cosas.

Acumulando experiencias se dio la oportunidad de abrir la capilla yo misma, teniéndola disponible el tiempo que deseara, mi novio no dudo en aceptar aquella idea así que directamente entramos en la sacristía mientras le contaba recuerdos del lugar, nerviosa por lo que ocurriría.

Un beso exigente detuvo mis pensamientos desbocados, desde ese momento supe que mi fantasía iba a ser cumplida de la forma más sucia posible, a los minutos ya estaba de rodillas mamando polla, si bien es normal que tire de mi pelo la violencia en que lo hizo empujándome hacia él consiguió sorprenderme, me follo la boca por diversión, solo para ver como intentaba no ahogarme (rímel arruinado con lágrimas sin derramar en el proceso) dejando solo unos segundos de descanso en los que yo secaba la lengua pidiendo más.

Tener una verga dura y gruesa enfrente es personalmente un punto débil, así que frecuentemente obtengo burlas por mi rostro suplicante cuando no me permiten mamar a gusto, mojándome instantáneamente al ser recompensada con el placer de usar mi lengua como desee.

Pero evidentemente este no iba a ser el caso ya que termine apoyada en un reclinatorio con el culo en pompa sintiendo los tirones en mi ropa interior al ser bajada y luego retirada, subirme hasta la cadera el vestido blanco no supuso mayor problema porque de inmediato una lengua cálida encontró esa humedad obvia entre mis pliegues comenzando a disfrutarla mientras yo hacia el mejor esfuerzo para que no me fallaran las rodillas.

Di un leve respingo cuando dos largos dedos se introdujeron en mi coño de golpe estirándolo sin mucha delicadeza ni contemplación, cosa que solo me hizo mojar más y avergonzarme por sentir que en cualquier instante gotas de mis jugos caerían al cojín rojo donde tantas veces me arrodille a rezar.

La siguiente sensación fue contrastante, una dura nalgada casi me hace chillar de placer, y cuando menciono que sería castigada por mis pecados sentí mi orgasmo increíblemente cerca, el sonido del cinturón siendo sacado de su sitio me hizo retorcer en anticipación casi al punto de rogar nuevamente.

-Pero que zorra tan sucia, disfrutando ser castigada, ¡haz algo bueno y cuenta cada azote!-.

Su voz burlona llego desde atrás como una orden que parecía ligera pero enmascara esa autoridad desarmadora aún para alguien con personalidad tan rebelde como la mía.

-¡Uno!, ¡dos!-.

Maúlle obedientemente hasta llegar a cinco.

-Oh no, así es aburrido, juega con ese bonito coño mientras tanto, pero ni se te ocurra correrte puta-.

Una nueva orden casi risueña susurrada en mi oído y el castigo se reanudo, esta vez dificultándose por las caricias auto proporcionadas.

-¡Seis!, ¡Siete!, ¡Ocho!, ¡Nueve!, ¡Diez!-.

No logre llegar a once tartamudeando entre gemidos al venirme ruidosamente sin poder evitarlo, mis piernas flojas terminaron por tirarme de rodillas en el reclinatorio, como si estuviera haciendo un uso apropiado, pero el suspiro descontento de mi chico solo consiguió frustrarme, no podía disfrutar correctamente ese orgasmo porque incumplí lo que me pidió.

Voltee a mirarle recibiendo solo regaños.

-¿No puedes seguir una simple orden? ¡Eres más difícil de entrenar que una jodida mascota!-.

Sus palabras fueron duras porque realmente quería ser buena para él, por eso cuando me ordeno ponerme en cuatro no dude ni un instante.

-Corriéndote mientras eres azotada, y encima siendo una perra desobediente-

Se burló insertando nuevamente sus dedos en mi coño sin aviso, mientras usaba la otra mano para jalarme los pezones hipersensibles por un roce continuo con la tela del vestido.

No supe para que estaba esparciendo mis jugos hasta que lo sentí, un borde doloroso empujadose para penetrarme, no fue nada sencillo, lloriquee un poco quejándome, sobre todo cuando el objeto toco fondo en mi interior comenzando a retirarse lentamente de inmediato una y otra vez hasta que gemí de gusto.

-Oh no, estas siendo castigada, no se supone que debas disfrutarlo querida-.

De nuevo esa burla seguida por un giro violento de aquello que me penetraba, haciéndome soltar un pequeño grito de dolor.

-Mírate, ¿Qué haría tu familia al verte ahora?-.

La familiar pantalla de su celular apareció frente a mis ojos mostrándome aquello que invadía mi cuerpo, quise llorar por la vergüenza en cuanto lo vi, cubierto de fluidos vaginales el pequeño crucifijo que había estado adornando por años la sacristía entraba y salía rítmicamente de mi agujero enrojecido.

-Este video será de mis preferidos, te vez completamente arruinada amorcito-.

Las palabras fueron marcadas por una nalgada y el crucifijo siendo retirado para luego comenzar una lenta apertura en mi culo, me removí enseguida, estaba doliendo demasiado aun cubierto con mis jugos.

-¿Dónde está el aceite para la consagración zorrita?-.

Me negué a responder la pregunta, y obtuve por ello aún más dolor, lagrimas empezaron a caer inmediatamente, pero continúe sin decírselo, preguntó dos veces más hasta quebrarme.

En cuanto obtuvo la información el dolor punzante se retiró para permitir una preparación anal un poco más adecuada, pronto me sentí a gusto siendo abierta por sus dedos llenos de aceite y me atreví incluso a empujar mi trasero hacia él un par de veces en busca de más fricción.

Al verme así me ordeno levantarme, cosa que conseguí ayudada por una mano amable sosteniendo la mía y subimos los escalones que separaban la sacristía del resto.

Ubicados ahora frente a la nave principal justo donde estaría normalmente el sacerdote recibí una nueva orden.

-Desnúdate por completo-.

Eso hice a pesar de los grandes ventanales que adornan la parte delantera, por su ubicación no importa si pasan en la calle, no es posible mirar hacia dentro.

Me coloco de pie, con las piernas ligeramente abiertas e inclinada para que mis pechos se aplastasen contra el frio mármol del altar, sacando fotografías de la posición hasta quedar satisfecho.

-Se una buena puta y no te muevas de ahí-.

Siguiendo esa indicación me mantuve así mientras él iba a la sacristía, regresando con algunas cosas que había encontrado al buscar los aceites de consagrar.

Debido a mi ubicación aunque volteara no podía mirar adecuadamente la mesa de ofrendas donde coloco todas aquellas cosas así que debería esperar que me lo dijera o mostrara.

Lo primero en hacerse presente fue un cíngulo viejo que debió estar arrumbado en el cajón, ese cordón que anteriormente había representado la castidad de un sacerdote apreso mis muñecas para impedirme separarlas dejándome indefensa.

-Qué bonita te ves así, esperando a que te haga lo que quiera, esa es tu función putita, ser mi entretenimiento-.

Una caricia en el centro de la espalda suavemente yendo poco a poco hacia el cuello para apretar con fuerza deleitándose en mis sonidos fue más convincente que las palabras.

-Veamos, ¿Qué debería probar ahora?-.

Aunque evidentemente era una pregunta dude en responder, así que cuando tomo otra cosa de la mesa de ofrendas, solo oí una botella descorchándose y el largo trago que le dio al contenido.

-¿Estás loco? ¿El vino para consagrar en serio?-.

Proteste inmediatamente con la cara roja porque si bien no era para nada inocente, avergonzarme continua siendo fácil, sobre todo si se trata de mis propios deseos, acostumbrada a buscar satisfacer primero a los demás.

Su risa fue aún más humillante al recordarme que yo había pedido todo eso y el solo estaba cumpliendo.

Dio otro trago al líquido sin pasarlo, para arrodillado entre mis piernas hacerme arder el coño comiéndomelo con ese regusto alcohólico, todas mis quejas olvidándose rápidamente debido a ello siendo reemplazadas por gemidos sonoros, solo se detuvo para voltearme para estar de frete a él, compartiendo mi sabor y el vino restante en un beso descuidado mientras aferraba mi trasero para sentarme sobre aquel altar.

Con un mejor acceso de su lengua succionando de vez en cuando, termine a los pocos minutos entre temblores de mis piernas luego de tanta estimulación.

Apenas conseguí pensar en pedirle un descanso cuando la cabeza de su verga se empujó contra el húmedo agujero que aun tenia espasmos, el gemido cortado que abandono mi garganta se sumó a otros de inmediato ya que me estaba follando con fuerza desde el principio, sin esperar a que pudiera adaptarme, la sensación era demasiado buena, sollozos y balbuceos fue todo lo que pude emitir debido al dolor del estirón y el placer que eso me provocaba.

Continuo follandome hasta un estado de emputecimiento tal que cuando conseguía formar palabras solo era para suplicar por mas o decir lo mucho que amaba su polla, mi coño fue perfectamente usado con la rudeza necesaria para que gimiera su nombre y debido a los orgasmos previos termine de nuevo aunque el aún no lo hacía.

Eso lo llevo a soltarme y ordenar nuevamente que me pusiese en cuatro, para ese momento dudaba mucho el poder sostenerme, justo como esperaba mis brazos fallaron dejándome con el pecho a ras de suelo, gimiendo en protesta por sentirme vacía.

De nuevo sentí dos dedos resbalosos estirándome el culo, siendo rápidamente reemplazados por su verga caliente rompiéndome, grite un poco ya que dolía bastante entonces recibí el consuelo de mi clítoris siendo pellizcado o acariciado a intervalos mientras entraba y salía de mi esta vez más despacio, aunque eso duro poco, cuando sentí tenía una mano aferrada en la cadera mientras otra se ensañaba en mis cabellos haciendo me arquear la espalda.

Resistí las oleadas de doloroso placer lo mejor que pude para sentir como su empuje se volvía más violento, pensé que se correría pronto, por eso me sorprendió al detenerse para ir por los últimos objetos en la mesa de ofrendas.

Cuando regreso fue a abrirme el culo nuevamente mientras introducía la ya familiar textura del crucifijo en mi coño haciéndome sentir excesivamente llena, me queje entre gemidos hasta que saco aquel trozo de madera reemplazándolo con su verga esta vez por algo en especifico, llenarme de semen cuidando no hacerlo a profundidad.

Su corrida cayó directamente desde mis sucios agujeros hasta el cáliz dorado que puso debajo para hacérmelo beber limpiando el fondo con la lengua.

La caricia gentil en mi cabeza llamándome buena niña me hizo creer que habíamos terminado, por ello tome mi ropa para ir al baño y limpiarme un poco sin sorprenderme cuando me siguió ya que evidentemente el también querría algo de higiene.

-Dame tu ropa-.

Pidió en cuanto entramos, colocándola colgada de la puerta, me encogí de hombros pensando que podría limpiarme más fácil con las manos desocupadas, por eso cuando ordeno sentarme de rodillas en el suelo me congele.

Obedecí lentamente pensando en qué demonios podría querer de mi ahora con el cerebro aun lento por el placer anterior, el primer chorro de orina me tomo desprevenida haciéndome cerrar los ojos con fuerza, solo me quede ahí inmóvil, medio en shock, aunque había sido amenazada con eso más de una vez nunca lo hizo, hasta entonces, solo minutos después pude reaccionar lo suficiente para preguntar por qué.

-¿No es obvio? Eres una pequeña perra tan necesitada que debes querer absolutamente todo de mí, ¿Me equivoco?, me perteneces, así que si yo quiero serás mi depósito de semen, si yo quiero serás mi baño personal, ¿Entendiste?-.

Asentí con la cabeza tímidamente mientras usaba la manguera del jardín para enjuagar restos de lo ocurrido agradeciendo que el clima era suficientemente bueno.
 
Arriba Pie