Follando con mi Familia - Capítulo 001
Hace más de 5 años que no veo a mi hermano Vicente. Se enamoró de una viuda que tenía una niña. La viuda quiso asegurar el pan de la hija y no le dejó escapar. Se decía que la niña fue el resultado del único polvo que se dejó pegar por su difunto. Va cada día a la iglesia y eso del sexo sigue siendo pecado.
Mi hermano, cuando tenía hambre de hembra se iba a comer fuera de casa.
Soraya, la niña, no quería vivir con su madre porque no la dejaba ir con falda corta ni escotada. La tenía muy reprimida y la niña prefirió estar con mi hermano que es muy liberal en todos los aspectos de la vida.
La ex se fue del domicilio con la niña la noche en que pilló a Vicente en plena orgia en su propia cama.
Soraya, que ya cumplió los 18 años y mi hermano la quiere espabilar.
Vicente se alegró de la llamada y quedamos para cenar en su casa.
Me abrió la puerta un mulato caribeño de 1.90, fornido, cubriéndose el paquete con una pequeña toalla que justo le tapaba lo que yo quería ver.
-Tú serás Amparo – comenzó diciendo.
Yo tenía la mirada fijada en la toalla esperando que dejara ver lo que ocultaba.
-Soy Fausto, amigo de Vicente. Me dijo que vendrías.
Se acercó para darme dos besos en las mejillas y le planté los dos en los labios.
-Empezamos bien la noche- dijo Fausto comenzando a caminar delante de mí dejando que viera su apretado culo y los músculos de sus piernas. A medio pasillo oí que decía
-Sírvetelo que quieras y me pones otro para mí. Voy a ponerme algo encima.
-Por mí no lo hagas. En todo caso quítate la toalla.
Llené dos vasos con ron y me senté en una butaca. No tardó en aparecer en el salón. Pantalón de deporte negro y una camiseta imperio tan ajustada como el pantalón. El blanco resaltaba el color de su piel morena.
Como buen caribeño se deshizo en piropos. Unos sobre mi vestido estampado en motivos selváticos, el lo bien que lucían mis piernas bronceadas que asomaban por lo corto que era el vestido.
Al oír sus palabras crucé las piernas y mi mano acarició la tela subiéndola hasta llevarla a donde terminan los muslos y empieza la cadera.
-Parece que te gusta enseñar- dijo sentándose en la butaca de enfrente.
-Digamos que soy algo exhibicionista – contesté a la vez que, con un ensayado movimiento, hice que cayera por mi hombro un tirante del vestido dejando ver medio pecho que devoró con la mirada caliente.
-Ya veo, ya – dijo con la voz entrecortada.
No subí el tirante, es más, al abalanzarme para coger la bebida terminó de abrirse el escote enseñándole el pezón al amigo Fausto que lo miró con ojos de búho.
Llegó mi hermano con su hijastra. Al tomar impulso para levantarme de la butaca separé algo más de lo debido las piernas y Fausto fijó su mirada en mi entrepierna esperando ver de qué color llevaba las bragas. Su cara lo dijo todo. Me levanté para recibirles sin pensar en la teta que aún estaba a la vista.
Un abrazo efusivo a mi hermano que duró los cinco años perdidos e hice un reconocimiento ocular a la mujer en que se convirtió mi sobrina Soraya.
-Hay que ver las maravillas que hace la naturaleza- dije rodeándola para apreciarla desde todos los ángulos. Alta como yo, cabello oscuro, largo a media espalda, ojos marrón oscuro, 100, 60, 90 y 58 kilos de placer para quien pueda poseerla. Ya me gustaría tenerla para mí sola un fin de semana.
-Veo que no has cambiado, hermanita – dijo acariciándome el pecho. Lo escondí buscando la mirada de mi sobrina.
Bien, ya has conocido a los cuatro comensales de la cena en casa de mi hermano Vicente. Lo que no te he contado son las aventuras sexuales que he tenido con él. Juntos perdimos la virginidad. Sí, juntos. Follamos muchas veces, casi cada vez que nuestros padres salían a cenar o al cine.
Todo empezó una noche que le pregunté si ya se la habían chupado. Se puso rojo como un tomate y pensé que era un No. Y le la chupé. Y me lo chupó y así comenzó nuestra relación incestuosa.
Soraya vestía una falda tejana corta como mi vestido y un top blanco ajustado que marcaba la forma de un piercing en cada pezón.
-“Pues sí que la ha comenzado a espabilar”- pensé.
En la cena corrió vino y más vino. Copas y chupitos y la conversación giró en torno al sexo. No tuvimos reparo en narrar alguna de nuestras folladas y de cómo mi hermano me compartía con sus compañeros de piso, mientras mi sobrina escuchaba con atención.
Fausto no dejaba de tocarse por debajo de la mesa. Estaba tan salido que notaba cómo me follaba con la mirada.
Vicente confesó su erección levantándose de la silla para mostrarnos el bulto que encerraba su pantalón.
-Sácatela, Vicente. Ya somos todos adultos y quiero volver a ver esa polla que tanto tiempo ha sido mía – dije acercándome a él.
-Papá, por mí no tengas reparo que desde que no vivo con mamá ya me he tragado muchas pollas- dijo Soraya.
-Si se la saca Vicente, me la saco yo – dijo el caribeño poniéndose en pie y mostrando un bulto mayor que el de mi hermano.
Yo añadí – Si se la saca mi hermano se la chupo delante de todos.
Mi sobrina levantó el vaso de chupito y lo bebió de un sorbo, me miró y dijo en alto – Si tú se la chupas a papá, yo se la chupo a Fausto.
Dicho y hecho. Rellené los cuatro vasitos y todos a la vez los levantamos. Dije – Por las chupadas.
Las dos pollas salieron de su escondite para deleite de nosotras dos.
La de Fausto, larga, 20 cm. no muy gruesa pero daba gusto verla. Sin cincuncidar, con el capullo grande y puntiagudo escondido dentro de la piel. Tenía una hilera de pelillos rizados que salían de debajo del ombligo hasta la base del pene. Rizados como su cabello. Corto, negro y muy rizado.
Soraya se le acercó mirándole a los ojos le dio el primer lametón en la base de la polla rozando los huevos afeitados. Le siguió unas caricias con la lengua en los huevos y se los metió dentro de la boca. Primero uno y luego el otro. Jugaba con la lengua dándoles golpecitos dentro de la boca. Luego los lamía como a un helado de bola.
Mientras yo se la meneaba a mi hermano aprovechando lo dura que se ponía al ver a su hijastra chuparle los huevos a su amigo. Me daban ganas de compartirlos con ella pero pensé que la noche era larga y ya tendría ocasión.
Aquella imagen me trajo el recuerdo de la última vez que le chupé los huevos a mi hermano. Me estaban follando sus compañeros de piso. Uno por el culo y el otro me tenía la polla y tres dedos metidos en el coño. Se corrieron a la vez mientras yo le chupaba los huevos a mi hermano con un dedo metido en su culo. Con la otra mano le hacía una paja. Cuando se iba a correr me la puso en la boca y la seguí pajeando hasta que me llenó la garganta de leche. Como siempre que se corría dentro de mi boca me lo tragaba casi todo. El otro casi era para él. Le encantaba que le pasara su leche en un morreo largo y profundo.
Cuando nuestras bocas se separaron me la llenaron las dos pollas de sus amigos a la vez. Se las chupé hasta correrse los dos en mi cara. Las lenguas de los tres me limpiaron hasta el último resto de sus corridas.
Volviendo a la sobremesa, las mujeres estábamos tragando polla como desesperadas cuando Fausto quiso que me uniera a la boca de mi sobrina. Me encantó la idea.
-Lo siento hermanito pero tu invitado me reclama y tienes que ser un buen anfitrión. La polla del caribeño sabía más dulzona que la de mi hermano. Los roces de lengua con mi sobrina avivaban nuestro deseo. Sin dejar de chupar la polla a dos lenguas y dos bocas me las apañé para quitarle el top a Soraya. No pude verle los piercings pero los noté al levantar la tela y rozar sus pezones con mis dedos. Ella respondió sacándose la polla de la boca para darme un morreo con lengua y tornillo que hizo que me corriera por primera vez aquella noche.
Mi hermano, sin perder detalle seguía acariciando su polla con ritmo pausado y continuo para ni correrse ni que se le bajara.
En nuestros tiempos le medía 19 cm. pero la tenía muy gruesa. Las primeras veces me dolía mucho y dedicaba se tomaba su tiempo abriéndome el culo. Pude comprobar que le sigue midiendo lo mismo de largo ancho. Le gusta arreglarse el bello pero sin llegar a rasurarlo. Se acercó y me levantó el vestido hasta quitármelo.
Le gustó ver que no llevaba nada debajo. Se puso de rodillas y me metió tres dedos dentro del coño que estaba tan empapado que entraron con mucha facilidad. Me folló con los dedos mientras que Soraya me dejó la polla del caribeño. Ella subió hasta sus labios para lamerlos y entrarle en la boca. Yo me puse la polla hasta la garganta. Fausto agarró los pechos de mi sobrina y los apretó haciendo que los pezones asomaran más aún.
Mi hermano al ver cómo su hija le comía la boca a su amigo aumentó el ritmo de los dedos haciendo que me corriera en su mano. Sacó mano de mi coño y sin desperdiciar ni una gota se levantó y restregó la mano por la boca de su hija y su amigo diciendo
-Esa es la miel que me ha alimentado toda la vida.
Mi sobrina dijo que quería beber de la fuente de donde había salido esa miel.
El salón ya olía a sexo. Mezcla de fluidos, de cuerpos calientes y ganas contenidas durante demasiado tiempo. Fausto no perdió tiempo. Se agachó detrás de mi sobrina y le levantó la falda. Le quitó las bragas blancas, que estaban pegajosas y exclamó mientras las chupaba
-¡Dios! Están empapadas – Le metió dos dedos en el coño yse los pasó por la lengua como si probara un postre nuevo.
Soraya se sentó en el sofá y levantando las piernas muy separadas se ofreció sin vergüenza. Arqueó la espalda para que sobresaliera más su coñito de niña de dieciocho años, rosado, sin pelo, con perfume a nuevo y el clítoris perforado con un aro brillante haciendo juego con los de los pezones.
Su padre se preguntaba cuándo se los habría puesto.
Mi sobrina esgrimió una sonrisa picarona y llevándose un dedo a la boca me preguntó
- ¿Quieres ser la primera?
Me acerqué a ella, puse la punta de la lengua en su ojete rosado y dejé que resbalara mi saliva sobre él. Mi lengua jugó y empujó, luego recorrió sus labios y llegó al aro brillante. Le di golpecitos con la lengua y lo rechupete. Entré dentro de la humedad de sus labios mojados y lamí dentro de ella. Removía las caderas a cada embestida que le daba mi lengua.
-Qué callado te lo tenías, zorrita – dije con la boca pegada a su coño. Seguí bebiendo sus jugos hasta que mi hermano me llamó. No pude comerme aquel pastelito todo el tiempo que me hubiera gustado pero la noche seguía siendo larga.
Estaba tumbado en el sofá con la polla tiesa esperando que mi boca se la tragara. Se la chupé como siempre se lo hice y cuando noté que se iba a correrse le golpeé con el pulgar, como si le diera a una mosca, para cortar el flujo de sangre y retrasar la corrida. Lo monté a horcajadas y entró de golpe. Entera, húmeda, con un ruido obsceno que me arrancó un gemido. Comencé a cabalgarlo con desespero buscando un orgasmo incestuoso mientras observaba cómo Fausto se colocaba un preservativo para ensartar el culo de mi sobrina. Lo ensalivó, el condón y el ojete, y poco a poco fue desapareciendo la hermosa polla acompasando los gemidos de dolor placentero que emitía Soraya. Mi hermano, forzó la postura para ver mejor cómo enculaban a su querida hija.
-¡Más fuerte! ¡Fóllamelo más fuerte, cabrón!- gritaba removiendo las caderas para sentirla por todo su culo, como una puta entrenada. Yo también gritaba a mi hermano
-¡No te corras cabrón! ¡Quiero me saques tres orgasmos con esa polla!
El salón era una orquesta de jadeos, chasquidos húmedos, cuerpos chocando y palabras sucias.
Fausto se agarraba a las caderas de la chica y la embestía con fuerza, golpeando su culo con cada entrada. Yo me inclinaba sobre mi hermano mordiéndole los labios mientras él me estrujaba las tetas que tanto le gustaban y me embestía desde abajo. Antes de que se corriera desmonté y quise volver a tener el coño de mi sobrina en la boca. Fausto sacó la polla de su culo y me agaché para besarle el clítoris con ternura antes de empezar a succionarlo con hambre. La lengua de Fausto volvió a su culo, y entre los dos la hicimos temblar.
-Me corro … me corro …-gimió con la voz rota.
Mi sobrina se derrumbó no sin antes llenarme la boca y la cara y las tetas con su néctar de diosa. Fausto y su padre se abalanzaron a lamer lo que les dejé. La limpiaron entera, lentos, con devoción. También les gustó su sabor.
Fausto se colocó frente a mí con la polla dura como una barra de hierro.
-¿Tienes ganas de jugo de hombre, puta exhibicionista?
-Toda la que puedas darme- respondí abriendo la boca. Me la metió hasta el fondo. Me agarró del pelo y empezó a follarme la boca con fuerza, sin compasión. Me vuelve loca esa sensación de ser usada, de recibirlo sin control, de tragármelo todo. Le miré a los ojos mientras me follaba la garganta y él no tardó.
-Ahí va …traga, zorra…- gruño, descargando chorros calientes directos a mi garganta. Tragué sin pensar, sin respirar, sin soltar ni una gota. Me encantó ese sabor a Caribe mezclado con deseo bruto. Al soltarme, jadeé y me pasé la lengua por los labios buscando más.
Mi hermano se puso detrás de mí y me abrió el culo con las manos. Escupió y colocó la punta. Despacio, abriendo camino con esa polla gruesa que me llenaba como pocas. Grité. Me encanta ese dolor que roza el placer puro. Soraya, ya recuperada, se colocó frente a mí, me tomó la cabeza y me metió su coñito caliente en la boca.
-Quiero que me sigas comiendo el coño, tía – dijo sin darme opción.
La polla de mi hermano en el culo y el coño de mi sobrina en la boca ¿Qué más se puede pedir?
Fausto le puso le puso la polla en la boca a Soraya con la intención de correrse dentro. La chica se esmeró entre gemidos que le sacaba desde su coño. Fausto gemía como un animal herido viendo llegar su orgasmo. Creo que nos corrimos los cuatro a la vez. Mi hermano me llenó el intestino de leche caliente y espesa. Fausto se corrió en la boca de mi sobrina que se tragó hasta la última gota. Ella me lleno la boca con su corrida y yo sin que nadie me lo tocara chorreé como una regadera.
El timbre de la puerta nos devolvió a la realidad. Vicente, desnudo como estaba y con la polla aún goteando, abrió la puerta sin preocuparse por cubrirse ni con una mano.
- ¿Qué coño pasa, Ramón? No son horas de molestar.
Frente a él un chaval joven, de unos veintipocos, piel clara, mandíbula marcada, pelo rubio, corto y despeinado, con un pantalón de deporte y el pecho descubierto enseñándonos músculos, dijo
-Vecino, ¿Te importaría bajar el volumen de la peli porno? Estoy estudiando y no hay quien se concentre con tanto gemido.
-Estudiando a esas horas? Lo que tienes que hacer es divertirte. Anda, cierra la puerta de tu casa y ven a tomarte una copa y te sientas a ver la peli porno esa que dices.
Cuando Ramón entró al salón y vio a Soraya tirada en el suelo con el coño brillante, a Fausto con la polla goteando y a mí abierta de piernas secándome la corrida con una servilleta de papel marcó una erección dentro del pantalón corto.
-Pasa chaval, pasa. Le dije levantándome para darle dos besos en las mejillas y presentarme. Lo mismo hizo mi sobrina y cuando le tocó el turno a Fausto me pareció que la erección fue a mayores. Sus ojos recorrían nuestros cuerpos como si en un momento dado tuviera que escoger uno no sabría por cual decidirse.
Le entregué un vaso con ron y choqué el mío brindando – Por el beso que te voy a dar – y se lo di mientras mi mano entraba en su pantalón para agarrarle el trozo de carne caliente. Le puse una mano sobre mi pecho y me los acarició. Soraya quiso hacer los honores y se unió al beso. Tres lenguas enzarzadas dándose placer la una a las otras. Fausto volvía a tener sus 20 cm. a punto y se acercó al chico por detrás. Le quitó el pantalón y le metió la mano para tocarle los huevos. Ramón separó las piernas para que le los tocara con más comodidad.
Mi hermano miraba la escena desde la puerta. No podía reprimir sus ganas de sexo y se acercó a nosotras. Se situó detrás de mí y nos acarició el coño desde detrás. A su hijastra le colocó el índice y el corazón por el coño y los otros dos por el culo. La follaba fuerte y ella aceleraba la lengua en los besos. A mí sólo me puso la mano entera en el coño. Estaba tan excitada que la entró sin dificultad.
Ramón tenía la polla recta, joven, no muy larga pero gruesa, perfectamente afeitada. Me quité la mano de mi hermano y me arrodillé para comerme la polla del vecino. Fausto quiso compartirla y el chico no se opuso. Fausto comenzó por el capullo y yo le comía los huevos. Le colgaban y me los ponía enteros en la boca. Dentro los apretaba con la lengua.
Mi sobrina estaba apoyada en el respaldo de la butaca con las piernas muy abiertas para que la mano de su padrastro pudiera llegar bien a dentro de su coño. Se corrió varias veces y en la última le pidió a su padrastro que se comiera la corrida. Él, de rodillas entro la cara entre las nalgas y comenzó a lamer el coño de la que vio crecer como hija suya. Alternaba el clítoris con el ojete y le metía la lengua dura dentro de la vagina hasta que se volvió a correr.
Mi hermano estaba como poseído por su hijastra. Sin pensarlo le metió la polla y comenzó a follarla como me lo hacía a mí. Dejé la polla de Ramón a Fausto y agarré del pelo a mi sobrina entrando mi lengua en su boca. Que morbo me daba morrear a mi sobrina mientras mi hermano se la estaba follando.
No tardó en pedirme que me pusiera al lado de Soraya para alternar agujeros. Me follaba a mí y la sacaba para metérsela a ella. Luego cambiaba y a ella se la metía por el culo y a mí en el coño. Una gozada familiar.
En el sofá, Fausto y Ramón hacían un sesenta y nueve. Ahora Ramón estaba arriba y nos miraba sin saber que éramos familia.
-¿Quieres que cambiemos, Ramón? Tu te las follas y yo se la como Fausto.
Tardó un segundo en meterse en nuestros culos. También los intercambió hasta que no pudo aguantar más y nos aviso. Nos pusimos de rodillas con las bocas abiertas esperando a que nos la llenara. De la emoción no le acababa de venir y se la comimos a la vez. Entonces se vino en una corrida inmensa. Nos llenó enteras de leche dulce y caliente, no muy espesa que nos volvió locas a las dos. Ramón se desplomó sobre una butaca y nosotras nos acercamos al sofá donde ahora era mi hermano el de encima. Me puse con él a chupársela a Fausto y Soraya se tumbó para chupar los huevos a su padre. De vez en cuando Fausto le pasaba la polla para que se la comiera con él.
Fausto anunció su corrida y en un cambio rápido de posiciones nos arrodillamos los tres esperando la lluvia blanca. Le salió mucha leche otra vez. Las tres bocas peleaban por apoderarse el capullo y lamer las últimas gotas. El beso a tres para compartir la leche del caribeño hizo que mi hermano nos agarrara las cabezas para recibir su semen caliente. Ahora éramos cuatro bocas para repartir el biberón. Dio para todos y para que yo le besara como antaño para darle su parte.
Hace más de 5 años que no veo a mi hermano Vicente. Se enamoró de una viuda que tenía una niña. La viuda quiso asegurar el pan de la hija y no le dejó escapar. Se decía que la niña fue el resultado del único polvo que se dejó pegar por su difunto. Va cada día a la iglesia y eso del sexo sigue siendo pecado.
Mi hermano, cuando tenía hambre de hembra se iba a comer fuera de casa.
Soraya, la niña, no quería vivir con su madre porque no la dejaba ir con falda corta ni escotada. La tenía muy reprimida y la niña prefirió estar con mi hermano que es muy liberal en todos los aspectos de la vida.
La ex se fue del domicilio con la niña la noche en que pilló a Vicente en plena orgia en su propia cama.
Soraya, que ya cumplió los 18 años y mi hermano la quiere espabilar.
Vicente se alegró de la llamada y quedamos para cenar en su casa.
Me abrió la puerta un mulato caribeño de 1.90, fornido, cubriéndose el paquete con una pequeña toalla que justo le tapaba lo que yo quería ver.
-Tú serás Amparo – comenzó diciendo.
Yo tenía la mirada fijada en la toalla esperando que dejara ver lo que ocultaba.
-Soy Fausto, amigo de Vicente. Me dijo que vendrías.
Se acercó para darme dos besos en las mejillas y le planté los dos en los labios.
-Empezamos bien la noche- dijo Fausto comenzando a caminar delante de mí dejando que viera su apretado culo y los músculos de sus piernas. A medio pasillo oí que decía
-Sírvetelo que quieras y me pones otro para mí. Voy a ponerme algo encima.
-Por mí no lo hagas. En todo caso quítate la toalla.
Llené dos vasos con ron y me senté en una butaca. No tardó en aparecer en el salón. Pantalón de deporte negro y una camiseta imperio tan ajustada como el pantalón. El blanco resaltaba el color de su piel morena.
Como buen caribeño se deshizo en piropos. Unos sobre mi vestido estampado en motivos selváticos, el lo bien que lucían mis piernas bronceadas que asomaban por lo corto que era el vestido.
Al oír sus palabras crucé las piernas y mi mano acarició la tela subiéndola hasta llevarla a donde terminan los muslos y empieza la cadera.
-Parece que te gusta enseñar- dijo sentándose en la butaca de enfrente.
-Digamos que soy algo exhibicionista – contesté a la vez que, con un ensayado movimiento, hice que cayera por mi hombro un tirante del vestido dejando ver medio pecho que devoró con la mirada caliente.
-Ya veo, ya – dijo con la voz entrecortada.
No subí el tirante, es más, al abalanzarme para coger la bebida terminó de abrirse el escote enseñándole el pezón al amigo Fausto que lo miró con ojos de búho.
Llegó mi hermano con su hijastra. Al tomar impulso para levantarme de la butaca separé algo más de lo debido las piernas y Fausto fijó su mirada en mi entrepierna esperando ver de qué color llevaba las bragas. Su cara lo dijo todo. Me levanté para recibirles sin pensar en la teta que aún estaba a la vista.
Un abrazo efusivo a mi hermano que duró los cinco años perdidos e hice un reconocimiento ocular a la mujer en que se convirtió mi sobrina Soraya.
-Hay que ver las maravillas que hace la naturaleza- dije rodeándola para apreciarla desde todos los ángulos. Alta como yo, cabello oscuro, largo a media espalda, ojos marrón oscuro, 100, 60, 90 y 58 kilos de placer para quien pueda poseerla. Ya me gustaría tenerla para mí sola un fin de semana.
-Veo que no has cambiado, hermanita – dijo acariciándome el pecho. Lo escondí buscando la mirada de mi sobrina.
Bien, ya has conocido a los cuatro comensales de la cena en casa de mi hermano Vicente. Lo que no te he contado son las aventuras sexuales que he tenido con él. Juntos perdimos la virginidad. Sí, juntos. Follamos muchas veces, casi cada vez que nuestros padres salían a cenar o al cine.
Todo empezó una noche que le pregunté si ya se la habían chupado. Se puso rojo como un tomate y pensé que era un No. Y le la chupé. Y me lo chupó y así comenzó nuestra relación incestuosa.
Soraya vestía una falda tejana corta como mi vestido y un top blanco ajustado que marcaba la forma de un piercing en cada pezón.
-“Pues sí que la ha comenzado a espabilar”- pensé.
En la cena corrió vino y más vino. Copas y chupitos y la conversación giró en torno al sexo. No tuvimos reparo en narrar alguna de nuestras folladas y de cómo mi hermano me compartía con sus compañeros de piso, mientras mi sobrina escuchaba con atención.
Fausto no dejaba de tocarse por debajo de la mesa. Estaba tan salido que notaba cómo me follaba con la mirada.
Vicente confesó su erección levantándose de la silla para mostrarnos el bulto que encerraba su pantalón.
-Sácatela, Vicente. Ya somos todos adultos y quiero volver a ver esa polla que tanto tiempo ha sido mía – dije acercándome a él.
-Papá, por mí no tengas reparo que desde que no vivo con mamá ya me he tragado muchas pollas- dijo Soraya.
-Si se la saca Vicente, me la saco yo – dijo el caribeño poniéndose en pie y mostrando un bulto mayor que el de mi hermano.
Yo añadí – Si se la saca mi hermano se la chupo delante de todos.
Mi sobrina levantó el vaso de chupito y lo bebió de un sorbo, me miró y dijo en alto – Si tú se la chupas a papá, yo se la chupo a Fausto.
Dicho y hecho. Rellené los cuatro vasitos y todos a la vez los levantamos. Dije – Por las chupadas.
Las dos pollas salieron de su escondite para deleite de nosotras dos.
La de Fausto, larga, 20 cm. no muy gruesa pero daba gusto verla. Sin cincuncidar, con el capullo grande y puntiagudo escondido dentro de la piel. Tenía una hilera de pelillos rizados que salían de debajo del ombligo hasta la base del pene. Rizados como su cabello. Corto, negro y muy rizado.
Soraya se le acercó mirándole a los ojos le dio el primer lametón en la base de la polla rozando los huevos afeitados. Le siguió unas caricias con la lengua en los huevos y se los metió dentro de la boca. Primero uno y luego el otro. Jugaba con la lengua dándoles golpecitos dentro de la boca. Luego los lamía como a un helado de bola.
Mientras yo se la meneaba a mi hermano aprovechando lo dura que se ponía al ver a su hijastra chuparle los huevos a su amigo. Me daban ganas de compartirlos con ella pero pensé que la noche era larga y ya tendría ocasión.
Aquella imagen me trajo el recuerdo de la última vez que le chupé los huevos a mi hermano. Me estaban follando sus compañeros de piso. Uno por el culo y el otro me tenía la polla y tres dedos metidos en el coño. Se corrieron a la vez mientras yo le chupaba los huevos a mi hermano con un dedo metido en su culo. Con la otra mano le hacía una paja. Cuando se iba a correr me la puso en la boca y la seguí pajeando hasta que me llenó la garganta de leche. Como siempre que se corría dentro de mi boca me lo tragaba casi todo. El otro casi era para él. Le encantaba que le pasara su leche en un morreo largo y profundo.
Cuando nuestras bocas se separaron me la llenaron las dos pollas de sus amigos a la vez. Se las chupé hasta correrse los dos en mi cara. Las lenguas de los tres me limpiaron hasta el último resto de sus corridas.
Volviendo a la sobremesa, las mujeres estábamos tragando polla como desesperadas cuando Fausto quiso que me uniera a la boca de mi sobrina. Me encantó la idea.
-Lo siento hermanito pero tu invitado me reclama y tienes que ser un buen anfitrión. La polla del caribeño sabía más dulzona que la de mi hermano. Los roces de lengua con mi sobrina avivaban nuestro deseo. Sin dejar de chupar la polla a dos lenguas y dos bocas me las apañé para quitarle el top a Soraya. No pude verle los piercings pero los noté al levantar la tela y rozar sus pezones con mis dedos. Ella respondió sacándose la polla de la boca para darme un morreo con lengua y tornillo que hizo que me corriera por primera vez aquella noche.
Mi hermano, sin perder detalle seguía acariciando su polla con ritmo pausado y continuo para ni correrse ni que se le bajara.
En nuestros tiempos le medía 19 cm. pero la tenía muy gruesa. Las primeras veces me dolía mucho y dedicaba se tomaba su tiempo abriéndome el culo. Pude comprobar que le sigue midiendo lo mismo de largo ancho. Le gusta arreglarse el bello pero sin llegar a rasurarlo. Se acercó y me levantó el vestido hasta quitármelo.
Le gustó ver que no llevaba nada debajo. Se puso de rodillas y me metió tres dedos dentro del coño que estaba tan empapado que entraron con mucha facilidad. Me folló con los dedos mientras que Soraya me dejó la polla del caribeño. Ella subió hasta sus labios para lamerlos y entrarle en la boca. Yo me puse la polla hasta la garganta. Fausto agarró los pechos de mi sobrina y los apretó haciendo que los pezones asomaran más aún.
Mi hermano al ver cómo su hija le comía la boca a su amigo aumentó el ritmo de los dedos haciendo que me corriera en su mano. Sacó mano de mi coño y sin desperdiciar ni una gota se levantó y restregó la mano por la boca de su hija y su amigo diciendo
-Esa es la miel que me ha alimentado toda la vida.
Mi sobrina dijo que quería beber de la fuente de donde había salido esa miel.
El salón ya olía a sexo. Mezcla de fluidos, de cuerpos calientes y ganas contenidas durante demasiado tiempo. Fausto no perdió tiempo. Se agachó detrás de mi sobrina y le levantó la falda. Le quitó las bragas blancas, que estaban pegajosas y exclamó mientras las chupaba
-¡Dios! Están empapadas – Le metió dos dedos en el coño yse los pasó por la lengua como si probara un postre nuevo.
Soraya se sentó en el sofá y levantando las piernas muy separadas se ofreció sin vergüenza. Arqueó la espalda para que sobresaliera más su coñito de niña de dieciocho años, rosado, sin pelo, con perfume a nuevo y el clítoris perforado con un aro brillante haciendo juego con los de los pezones.
Su padre se preguntaba cuándo se los habría puesto.
Mi sobrina esgrimió una sonrisa picarona y llevándose un dedo a la boca me preguntó
- ¿Quieres ser la primera?
Me acerqué a ella, puse la punta de la lengua en su ojete rosado y dejé que resbalara mi saliva sobre él. Mi lengua jugó y empujó, luego recorrió sus labios y llegó al aro brillante. Le di golpecitos con la lengua y lo rechupete. Entré dentro de la humedad de sus labios mojados y lamí dentro de ella. Removía las caderas a cada embestida que le daba mi lengua.
-Qué callado te lo tenías, zorrita – dije con la boca pegada a su coño. Seguí bebiendo sus jugos hasta que mi hermano me llamó. No pude comerme aquel pastelito todo el tiempo que me hubiera gustado pero la noche seguía siendo larga.
Estaba tumbado en el sofá con la polla tiesa esperando que mi boca se la tragara. Se la chupé como siempre se lo hice y cuando noté que se iba a correrse le golpeé con el pulgar, como si le diera a una mosca, para cortar el flujo de sangre y retrasar la corrida. Lo monté a horcajadas y entró de golpe. Entera, húmeda, con un ruido obsceno que me arrancó un gemido. Comencé a cabalgarlo con desespero buscando un orgasmo incestuoso mientras observaba cómo Fausto se colocaba un preservativo para ensartar el culo de mi sobrina. Lo ensalivó, el condón y el ojete, y poco a poco fue desapareciendo la hermosa polla acompasando los gemidos de dolor placentero que emitía Soraya. Mi hermano, forzó la postura para ver mejor cómo enculaban a su querida hija.
-¡Más fuerte! ¡Fóllamelo más fuerte, cabrón!- gritaba removiendo las caderas para sentirla por todo su culo, como una puta entrenada. Yo también gritaba a mi hermano
-¡No te corras cabrón! ¡Quiero me saques tres orgasmos con esa polla!
El salón era una orquesta de jadeos, chasquidos húmedos, cuerpos chocando y palabras sucias.
Fausto se agarraba a las caderas de la chica y la embestía con fuerza, golpeando su culo con cada entrada. Yo me inclinaba sobre mi hermano mordiéndole los labios mientras él me estrujaba las tetas que tanto le gustaban y me embestía desde abajo. Antes de que se corriera desmonté y quise volver a tener el coño de mi sobrina en la boca. Fausto sacó la polla de su culo y me agaché para besarle el clítoris con ternura antes de empezar a succionarlo con hambre. La lengua de Fausto volvió a su culo, y entre los dos la hicimos temblar.
-Me corro … me corro …-gimió con la voz rota.
Mi sobrina se derrumbó no sin antes llenarme la boca y la cara y las tetas con su néctar de diosa. Fausto y su padre se abalanzaron a lamer lo que les dejé. La limpiaron entera, lentos, con devoción. También les gustó su sabor.
Fausto se colocó frente a mí con la polla dura como una barra de hierro.
-¿Tienes ganas de jugo de hombre, puta exhibicionista?
-Toda la que puedas darme- respondí abriendo la boca. Me la metió hasta el fondo. Me agarró del pelo y empezó a follarme la boca con fuerza, sin compasión. Me vuelve loca esa sensación de ser usada, de recibirlo sin control, de tragármelo todo. Le miré a los ojos mientras me follaba la garganta y él no tardó.
-Ahí va …traga, zorra…- gruño, descargando chorros calientes directos a mi garganta. Tragué sin pensar, sin respirar, sin soltar ni una gota. Me encantó ese sabor a Caribe mezclado con deseo bruto. Al soltarme, jadeé y me pasé la lengua por los labios buscando más.
Mi hermano se puso detrás de mí y me abrió el culo con las manos. Escupió y colocó la punta. Despacio, abriendo camino con esa polla gruesa que me llenaba como pocas. Grité. Me encanta ese dolor que roza el placer puro. Soraya, ya recuperada, se colocó frente a mí, me tomó la cabeza y me metió su coñito caliente en la boca.
-Quiero que me sigas comiendo el coño, tía – dijo sin darme opción.
La polla de mi hermano en el culo y el coño de mi sobrina en la boca ¿Qué más se puede pedir?
Fausto le puso le puso la polla en la boca a Soraya con la intención de correrse dentro. La chica se esmeró entre gemidos que le sacaba desde su coño. Fausto gemía como un animal herido viendo llegar su orgasmo. Creo que nos corrimos los cuatro a la vez. Mi hermano me llenó el intestino de leche caliente y espesa. Fausto se corrió en la boca de mi sobrina que se tragó hasta la última gota. Ella me lleno la boca con su corrida y yo sin que nadie me lo tocara chorreé como una regadera.
El timbre de la puerta nos devolvió a la realidad. Vicente, desnudo como estaba y con la polla aún goteando, abrió la puerta sin preocuparse por cubrirse ni con una mano.
- ¿Qué coño pasa, Ramón? No son horas de molestar.
Frente a él un chaval joven, de unos veintipocos, piel clara, mandíbula marcada, pelo rubio, corto y despeinado, con un pantalón de deporte y el pecho descubierto enseñándonos músculos, dijo
-Vecino, ¿Te importaría bajar el volumen de la peli porno? Estoy estudiando y no hay quien se concentre con tanto gemido.
-Estudiando a esas horas? Lo que tienes que hacer es divertirte. Anda, cierra la puerta de tu casa y ven a tomarte una copa y te sientas a ver la peli porno esa que dices.
Cuando Ramón entró al salón y vio a Soraya tirada en el suelo con el coño brillante, a Fausto con la polla goteando y a mí abierta de piernas secándome la corrida con una servilleta de papel marcó una erección dentro del pantalón corto.
-Pasa chaval, pasa. Le dije levantándome para darle dos besos en las mejillas y presentarme. Lo mismo hizo mi sobrina y cuando le tocó el turno a Fausto me pareció que la erección fue a mayores. Sus ojos recorrían nuestros cuerpos como si en un momento dado tuviera que escoger uno no sabría por cual decidirse.
Le entregué un vaso con ron y choqué el mío brindando – Por el beso que te voy a dar – y se lo di mientras mi mano entraba en su pantalón para agarrarle el trozo de carne caliente. Le puse una mano sobre mi pecho y me los acarició. Soraya quiso hacer los honores y se unió al beso. Tres lenguas enzarzadas dándose placer la una a las otras. Fausto volvía a tener sus 20 cm. a punto y se acercó al chico por detrás. Le quitó el pantalón y le metió la mano para tocarle los huevos. Ramón separó las piernas para que le los tocara con más comodidad.
Mi hermano miraba la escena desde la puerta. No podía reprimir sus ganas de sexo y se acercó a nosotras. Se situó detrás de mí y nos acarició el coño desde detrás. A su hijastra le colocó el índice y el corazón por el coño y los otros dos por el culo. La follaba fuerte y ella aceleraba la lengua en los besos. A mí sólo me puso la mano entera en el coño. Estaba tan excitada que la entró sin dificultad.
Ramón tenía la polla recta, joven, no muy larga pero gruesa, perfectamente afeitada. Me quité la mano de mi hermano y me arrodillé para comerme la polla del vecino. Fausto quiso compartirla y el chico no se opuso. Fausto comenzó por el capullo y yo le comía los huevos. Le colgaban y me los ponía enteros en la boca. Dentro los apretaba con la lengua.
Mi sobrina estaba apoyada en el respaldo de la butaca con las piernas muy abiertas para que la mano de su padrastro pudiera llegar bien a dentro de su coño. Se corrió varias veces y en la última le pidió a su padrastro que se comiera la corrida. Él, de rodillas entro la cara entre las nalgas y comenzó a lamer el coño de la que vio crecer como hija suya. Alternaba el clítoris con el ojete y le metía la lengua dura dentro de la vagina hasta que se volvió a correr.
Mi hermano estaba como poseído por su hijastra. Sin pensarlo le metió la polla y comenzó a follarla como me lo hacía a mí. Dejé la polla de Ramón a Fausto y agarré del pelo a mi sobrina entrando mi lengua en su boca. Que morbo me daba morrear a mi sobrina mientras mi hermano se la estaba follando.
No tardó en pedirme que me pusiera al lado de Soraya para alternar agujeros. Me follaba a mí y la sacaba para metérsela a ella. Luego cambiaba y a ella se la metía por el culo y a mí en el coño. Una gozada familiar.
En el sofá, Fausto y Ramón hacían un sesenta y nueve. Ahora Ramón estaba arriba y nos miraba sin saber que éramos familia.
-¿Quieres que cambiemos, Ramón? Tu te las follas y yo se la como Fausto.
Tardó un segundo en meterse en nuestros culos. También los intercambió hasta que no pudo aguantar más y nos aviso. Nos pusimos de rodillas con las bocas abiertas esperando a que nos la llenara. De la emoción no le acababa de venir y se la comimos a la vez. Entonces se vino en una corrida inmensa. Nos llenó enteras de leche dulce y caliente, no muy espesa que nos volvió locas a las dos. Ramón se desplomó sobre una butaca y nosotras nos acercamos al sofá donde ahora era mi hermano el de encima. Me puse con él a chupársela a Fausto y Soraya se tumbó para chupar los huevos a su padre. De vez en cuando Fausto le pasaba la polla para que se la comiera con él.
Fausto anunció su corrida y en un cambio rápido de posiciones nos arrodillamos los tres esperando la lluvia blanca. Le salió mucha leche otra vez. Las tres bocas peleaban por apoderarse el capullo y lamer las últimas gotas. El beso a tres para compartir la leche del caribeño hizo que mi hermano nos agarrara las cabezas para recibir su semen caliente. Ahora éramos cuatro bocas para repartir el biberón. Dio para todos y para que yo le besara como antaño para darle su parte.