Es Nuestra Madre, No Solo Suya

heranlu

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—Abre la boca —le dijo Joshua.

La tenía desnuda frente a él, arrodillada, apoyando su trasero sobre sus propias piernas, exhibiendo los majestuosos senos de grandes areolas y pezones erectos con los que en algún momento nos había amamantado; lo miraba con sus grandes ojos desde una posición de sumisión mientras abría la boca como se lo pidió.

Jamás entenderé la loca atracción que ella sentía por Joshua, como se sometía a sus caprichos y como se entregaba a él de forma sumisa, siendo siempre ella la que buscaba aprobación.

—Buena chica… —le dijo sonriendo.

Entonces sujetó su miembro y le puso la punta sobre su labio, solo la punta, sin introducírselo. Se miraban fijamente con intensidad, el tiempo parecía detenerse, y con perplejidad y excitación vi con especial cuidado como sobre los carnosos labios de mi madre reposaba con suavidad la verga de Joshua, esta gozaba de un aura sumamente viril, incluso me atrevería a decir que autoritaria. Me hacía sentir algo intimidado. No es que se me hiciese agua la boca al verla como sí le ocurría a las chicas, o algunas señoras, o como obviamente ocurría con nuestra madre, sino que se me hacía imponente, ya que aunque el largo era similar al de la mía, un tamaño promedio y no necesariamente llamativo, esta sí era al menos el doble de gruesa, además, las erecciones de Joshua eran sólidas, cuando se excitaba su miembro se endurecía hasta parecer una roca, las venas se le marcaban muchísimo y el vello descuidado y desprolijo le daban ese toque brusco que avisaba la imperiosa forma en la que follaba; las veces que lo vi hacerlo siempre fue igual, arremetidas tan enérgicas como breves, les daba con todo “hasta sacar cada gota de sus huevos”, o así mismo me lo decía él, no importando sí se tratase de chicas más jóvenes o de señoras mayores, a todas se las cogía con la misma violencia, con dureza, sí, pero se entregaba de lleno al acto y eso hacía que ellas quedaran hartamente satisfechas a pesar de no demostrar especial interés en complacerlas.

Tras ese breve momento en el cual mi madre y mi hermano compartieron una fija e intensa mirada cargada de complicidad, ella con un rápido movimiento de su lengua le dio una lamida a su glande y luego le sonrió pícaramente mostrándole su hermosa dentadura. Joshua le devolvió la sonrisa y seguidamente con ambas manos le sujetó la cabeza para mantenerla fija mientras le rellenaba enteramente la boca con su miembro. Entre sus labios no cabía ni un trozo más de verga, se la había introducido hasta el fondo obligándola a mantener la boca bien abierta.

—Mmmmmmm… Mmmmm... Mmmmm…

Con movimientos suaves le comenzó a follar la boca lentamente a nuestra madre. Yo además de estar sobradamente excitado solo podía sentir envidia de la forma en la que Joshua, por el simple hecho de ser Joshua, podía darse el gusto de llenarle la boca a mamá con su polla, haciendo que sus carnosos labios le besen sus huevos. Tampoco podía parar de mirar la forma en la que se bamboleaban con suavidad aquellos delicados senos.

—Mmmmmmm… Mmmmm... Mmmmm…

Un poco de saliva se escapaba de la boca de mi madre mientras se atragantaba con la polla de mi hermano, cada vez que Joshua le sacaba algunos centímetros de su verga para volvérsela a meter caían en su pecho hilos de saliva que con el movimiento se deslizaban por sus tetas.

Cuando finalmente le sacó toda la verga de la boca pude ver que aquella gruesa polla había salido completamente babosa y ensalivada. Yo no podía sino envidiar a Joshua, tenía su miembro completamente cubierto con la saliva de nuestra madre y su gesto era como sí eso no significase nada, apenas estaba comenzando, para él eso no era nada más que un abrebocas.

Nuestra madre se puso de pie y luego él la condujo hacia la cama donde ella se dejó caer de espalda. La misma cama que comparte con nuestro padre.

Mi hermano la tomó de la cintura y la tiró hacia él, luego le separó bien las piernas. Yo no podía ver con claridad su coño, ni cómo este se abría plácidamente ante la grosa verga de Joshua, pero sí podía disfrutar de la vista general de como la ensartó dejándola con sus hermosas piernas abiertas y sus pies bien en alto. Se tumbó luego un poco hacia delante, dejando caer algo de su peso sobre ella, hundiéndole también toda la verga en el coño. ¡Lo estaba haciendo! El muy cabrón no mentía, se la había metido de lleno en el coño. Lo había hecho, se la estaba cogiendo como había hecho antes con Emilia o con la señora Carmen, y el rostro que tenía nuestra madre era el mismo que el de ellas.

Pronto comencé a escuchar el característico sonido que se producía el choque de su rápida y violenta penetración.

Pop, pop, pop, pop, pop, pop, pop, pop, pop, pop, pop… La polla de Joshua no paraba en entrar y salir del coño de mamá sin ningún tipo de clemencia y ella lo estaba disfrutando mucho.

—Ahhhh… mmm… ahhh… —comenzó a gemir fuertemente mi madre.

—¿Te gusta, eh? —dijo él un poco jadeante—. ¿Te gusta que te folle así, no es verdad?

—Mmmm… ajá… mmm… ah —asintió ella mientras seguía recibiendo repetidas veces la polla de Joshua en su coño.

Yo estaba tan excitado que no pude aguantarme las ganas, me saqué el miembro erecto y comencé a masturbarme frenéticamente.

—Dime papi —le ordenó.

Ella siguió gimiendo de placer mientras él se la seguía clavando.

—Vamos, mami —insistió él—. Dime papi, o le tendré que contar a papá lo nuestro.

—No… no lo hagas… mmmm…

—Entonces dilo.

Se notaba que Joshua ya estaba a punto de venirse, estaba bajando gradualmente el ritmo y tenía que esforzarse para seguir golpeando con la dureza inclemente con la que le gustaba castigar los coños de sus amantes.

—Mmmm… papi… —la palabra apenas y alcanzó a salir de la boca mi madre.

Rápidamente Joshua detuvo el movimiento con el que se la estaba cogiendo y con una de sus manos sujetó su miembro desde la base y los testículos, lo sacó y luego soltó un potente chorro de semen que salió disparado contra el cuello y la quijada de ella, seguido de un segundo disparo que fue a dar entre los senos. La había bañado toda con su semen. Me sorprendió también lo abundante y espesa que fue la corrida de Joshua.

La imagen que tenía de mi madre en ese momento era completamente pornográfica. Sus mejillas ruborizadas, su suave piel blanca cubierta con una leve capa de sudor, el coño enrojecido humedecido por fluidos, y sobre su pecho una ración de semen. No pude sino seguir jalándomela con la vista.

—¿Te gustó? —dijo mi madre en un tono de voz que invadió toda la habitación.

Joshua miró hacia mi dirección sonriendo.

—Vamos, Andrés —dijo ella—, sal de ahí y ven acá.

Me quedé completamente paralizado producto de los nervios. Joshua se acercó y abrió la puerta del armario.

—Mierda… —dijo Joshua al verme.

—¿Qué ocurre? —preguntó nuestra madre.

—Se estaba masturbando —respondió Joshua—. Por favor, dime que no te has venido todavía —me dijo.

Permanecí en silencio.

—Ven —me dijo—, sal de ahí. Hablé con ella. Ya es momento de que pierdas la virginidad.

Tímidamente salí del armario cubriendo mi erecto y delgado miembro con las manos.

—Andrés… —dijo mi madre mirándome desde la cama—, ¿Es cierto lo que me dijo Joshua?, ¿Quieres hacerlo conmigo?

Permanecí en silencio, no sabía que decir, por supuesto que deseaba hacerlo con ella, pero no tenía el valor para decírselo.

—Vamos, Andrés —dijo Joshua—, aprovecha, hazlo con mamá, no pasa nada.

No podía creer que Joshua me estuviera ofreciendo a nuestra madre como sí le perteneciera a él, incluso lo hacía después de habérsela follado frente a mis ojos primero. Era como sí me estuviera haciendo el favor de prestármela, pero antes me la dejaba cubierta de semen para reafirmar su pertenencia.

—Déjame verte, Andrés —dijo mi madre—, déjame verte la polla.

Retiré mis manos y le dejé ver mi erección. Su rostro no dio señas de impresión, pero tampoco de decepción. Joshua se me acercó por detrás y me empujó suavemente haciéndome caminar hacia la cama. Al acercarme mi mamá se echó hacia adelante y cuando estuve lo suficientemente cerca me cogió los huevos con una mano y observó mi polla como si estuviera estudiándola.

—Mmmmmmmm…

Entonces la engulló vorazmente. Yo no había sentido nada así antes, la presión y humedad de su lengua envolviéndome el pene iba a provocar que me viniera rápidamente en su boca. Sentí como deslizaron sus manos por mis piernas hasta sentir sus uñas llegar a mi trasero. No podía creer que mi madre me estuviera comiendo la polla, mucho menos de aquella forma tan obscena. Si no le llené la garganta de semen fue porque los nervios no me dejaron venirme en su boca.

—Suficiente —dijo Joshua—, sí continuas lo vas hacer acabar antes de tiempo.

Mi madre detuvo su movimiento y con mi polla aún en su paladar miró a Joshua a los ojos como diciendo “¿no era esto lo que querías?”, o esa fue la impresión que tuve. Entonces se sacó de mala gana mi miembro de la boca.

—¿Me vas a dejar desvirgarlo o no? —dijo ella.

—Sí —contestó él—, pero la virginidad la va a peder sí te la mete en el coño y no va a poder hacerlo sí antes lo haces acabar en tu boca.

Mi madre sonrió.

—No tengo la culpa de chuparlo rico —dijo ella sonriendo—, ¿No es así Andrés?

Yo no sabía que decir.

—¿O no te gusta? —me preguntó ella.

—Déjalo en paz —dijo Joshua—, claro que le gusta. Es solo que le apena decirlo.

—¿Es eso cierto?, Andrés. ¿Te apena decir que mami lo chupa rico?

—No me apena, lo mamas deliciosamente —me atreví a decir timidamente—. Por favor continua.

Mi madre sonrió nuevamente.

—Eso, eso es, Andrés —dijo Joshua—, ahora métesela.

Mi madre se tumbó en la cama y me abrió las piernas. Me subí y me coloqué sobre ella. Mi mirada insegura se cruzó con su mirada juguetona.

No podía creer que iba hacer el misionero con mi madre. En mi mente ella era la mujer más atractiva del planeta. Había muchas razones para envidiar a Joshua, pero la razón principal era su relación con ella.

Me las arreglé para introducir mi miembro en su coño y como pude aguanté para no correrme en el instante que sentí su interior.

—¿Está bien así? —le pregunté.

—Sí, Andrés, así está muy bien —me respondió.

Mis movimientos, a diferencia de los de Joshua, eran lentos y algo torpes, pero a ella parecía gustarle; después de todo, me faltaba experiencia, pero me sobraba intensidad.

—Mmmmm… mmmmmm… mmmmmm… —ella gemía.

Lentamente me iba hundiendo más y más y me iba acostumbrando a la sensación de tener mi miembro dentro de ella.

—Mmmmm… sí… así, Andrés, así —me dijo—. ¿También quieres que te diga papi?

Me daba igual como me llamara, por alguna razón solo asentí con la cabeza.

—Vamos, papi, cógeme más fuerte, sí… mmmmmm…

—Más fuerte, Andrés, más fuerte —me animaba Joshua—. Dale duro a mamá.

Comencé acelerar el ritmo con el cual me la cogía hasta sentir como me quedaba sin aliento.

—Ahhhh… sí, bebé, así… mmmmm…

Su voz me transmitía el placer que le estaba provocando, eso me excitó mucho e involuntariamente exploté de forma descontrolada en su interior.

Casi automáticamente escuché a Joshua reír.

—¿Le acabaste adentro? —dijo—. Eres un atrevido, Andrés. Te has venido adentro de nuestra madre. La pudiste haber dejado embarazada, ¿Es eso lo que quieres?, ¿Quieres hacernos un hermanito?

Aunque lo que decía Joshua solo reafirmaba lo que acababa de pasar, que me encantaba, noté cierto tono de celos en su voz, y a pesar de que le debía a él que todo esto hubiera sucedido, que se pusiera de esa forma me hizo sentir un poco irritado; es decir, para mí esto era una fantasía impensable, pero para él era parte de su día a día. ¿Qué más le daba simplemente dejarme disfrutar el momento?

No obstante, al pensarlo bien, me di cuenta que por primera vez era él quien sentía celos.

—La próxima vez tendré más cuidado —le dije con un sentimiento de confianza.

Se me quedó mirando sorprendido.

—¿Me vas a volver a follar?, Andrés —me preguntó mi madre también sorprendida.

Le di un beso en la boca.

—Todos los días —dije luego.

La reacción de mi madre había sido positiva, parecía gustarle la idea.

—Oye, pero no me la vayas a quitar ahora, eh —dijo Joshua.

—Vamos a tener que compartirla —le dije.

A Joshua no le gustó nada mi respuesta, no estaba acostumbrado sentir competencia. De hecho, ni siquiera yo mismo me reconocía al hablar con tal confianza, pero la verdad es que ahora que de alguna manera había probado el dulce, no me lo iba dejar quitar. Era nuestra madre, no solo la de él.
 
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