Cuando empezó a suceder lo que os voy a contar, yo tenía 55 años y era un hombre felizmente casado, con una mujer a la que amaba apasionadamente.
Teníamos dos hijas, una de 30 años, casada y con un hijo y otra de 25 años, soltera que aún vivía con nosotros, había tenido varios novios, pero no le duraban mucho, porque ella tiene mucha personalidad y poco aguante.
La mayor es enfermera y trabaja en el hospital provincial y la pequeña estába cursando el último año de medicina.
La mayor ha salido a mi, yo mido 180 y soy de constitución fuerte, no estoy gordo, pero peso entre 80 y 85 kg.
Ella se queda en 175, pero para una mujer es mucho, pelo negro y siempre ha tenido un cuerpazo, todo en consonancia con su altura, tetas grandes, caderas anchas, buen culo y unas piernas largas y perfectas.
La pequeña, por el contrario, es el vivo retrato de su madre: pequeña de estatura, 156 cm, pelo rubio que siempre lleva muy corto, como su madre, ojos azules y un cuerpo en consonancia con su altura, parece una auténtica muñeca y al igual que su madre, aparenta menos edad de la que tiene.
Yo soy médico también y trabajo en el mismo hospital que mi hija.
Mi mujer era la que llevaba la casa y la que unía y controlaba a toda la familia.
Como madre era la que había educado a sus hijas y había entre ellas una unión muy especial, de confianza total, se lo contaban todo y luego ella me lo contaba a mi...
Mi relación con mi mujer había sido muy apasionada desde el principio y a nuestra edad seguíamos teniendo sexo de forma regular, tres o cuatro veces por semana, principalmente los fines de semana.
Mi relación con mis hijas era una relación normal de padre/hijas, si bien, por ser niñas, siempre habían sido muy cariñosas conmigo y los besos y abrazos eran lo habitual cada vez que nos saludabamos, por llegar o salir de casa.
Y, por supuesto, las dos se ponían muy empalagosas, comiéndome a besos y arrumacos, cuando querían conseguir algo de mi, como dejarlas llegar más tarde los fines de semana o que les comprara algo.
Cuento todo esto, porque creo que en nuestra familia las relaciones entre nosotros eran de lo más normal.
Pero esa normalidad se rompió de un día para otro y todo saltó por los aires cuando a mi mujer, con tan sólo 54 años la dio un infarto y murió de forma fulminante y repentina.
Nuestra familia no es nada religiosa, así que recibimos el pésame de familiares y amigos en el tanatorio, de ahí al crematorio y después, ya por la tarde cada uno para su casa.
Mi hija casada, después de despedirse, hecha un mar de lágrimas, de su hermana y de mi se fue con su marido a buscar a su hijo que lo habían dejado con sus abuelos.
paternos.
Y mi hija pequeña y yo nos fuimos para nuestra casa.
Era verano y hacía mucho calor, así que cuando llegamos a casa, como a las 8pm, tanto mi hija como yo, nos metimos a darnos una ducha, cada uno en su cuarto de baño, el mio está dentro del dormitorio de matrimonio y el otro está en el pasillo, frente a los otros dormitorios.
Nos pusimos la ropa cómoda que nos poníamos siempre para andar por casa, en esos días de verano, yo una camiseta ancha, de mangas cortas y un pantalón también corto, de tela fina, encima de los carzoncillos y mi hija una especie de camisón de tirantes, que le llega justo por las rodillas, y debajo solo sus braguitas, ya que por casa no se pone nunca sujetador.
A mi siempre me había encantado ver a mi hija pequeña así, porque, como ya he dicho se parece muchísimo a su madre y yo la veía como a mi mujer cuando tenía su edad y como yo siempre he estado muy enamorado de mí mujer, pues, de alguna manera, cuando veía a mi hija así, ese amor lo sentía igual por ella, si bien sin dejar de verla como una hija.
Mi hija preparó la cena y cenamos en silencio, a los dos nos pesaba demasiado la ausencia de mi mujer y su madre, ya que era la primera vez que ella no estaba allí con nosotros.
Los dos estábamos muy tristes y no teníamos ganas de conversación, así que, en cuanto terminamos de cenar y recoger los cacharros, yo me despedí de mi hija dándola un beso de buenas noches y ella me abrazó llorando y me dijo:
- Buenas noches, papá, trata de descansar.
Yo la respondí:
- Gracias, cariño, descansa tu también.
Me fui a mi dormitorio, encendí la luz y nadamas entrar, sentí el vacío de la ausencia de mi amada esposa y una gran tristeza se apoderó de mi.
Yo no soy mucho de llorar, pero en ese momento no pude contener las lágrimas, me quité todo, quedándome solo con los calzoncillos, que es como duermo, tumbado encima de la cama, sin arroparme, me senté en la cama como un autómata y rompí a llorar desconsoladamente.
Como la puerta de mi dormitorio estaba abierta, mi hija pequeña, cuando se dirigía a su dormitorio, que está al lado del mio, oyó mis sollozos y se acercó a ver que me pasaba y tratar de consolarme.
Entró en mi dormitorio y al verme llorando a lágrima viva, me dijo acercándose a mi:
- ¿Que te pasa, papá? Tranquilizate
Yo, cuando levanté la vista y la vi allí, delante de mi, tuve como un sabresalto y con el pensamiento de mi mujer en mi mente, por un momento pensé que era ella...
Me levanté como empujado por un resorte, agarré a mi hija, la tumbe sobre la cama, me puse encima de ella y comencé a besarla como un desesperado.
Os podéis imaginar el susto de mi hija, al verse conmigo encima, pensando que quería violarla.
Comenzó a gritar totalmente asustada:
- ¿Que haces, papá?... ¿Te has vuelto loco?... Para... Paraaaa... Me estas haciendo dañooo
Durante unos segundos forcejeo, para liberarse, pero con mi envergadura, su pequeño cuerpo estaba literalmente aplastado debajo del mio y viendo que no podía moverse, dejó de forzajear, pero siguió diciendome, ya un poco más tranquila, porque, imagino que se había hecho una idea de lo que me estaba pasando:
- Papá, para, por favor... tranquilizate... Soy yo, Carmen, tu hija pequeña.. Para.. por favor...
Yo al oír sus lamentos y su voz, recobré de pronto mi consciencia y tardé unos segundos en comprender lo que estaba pasando.
Inmediatamente solté los brazos de mi hija, que se los tenia sujetos con mis manos, me quité de encima de ella y totalmente avergonzado comencé a pedirle perdon:
- Perdona cariño.. Perdóname... Lo siento mucho... Me he vuelto loco... No sabia lo que hacía... Lo siento... Lo siento...
Mi hija se levantó, se sentó a mi lado y aun jadeando, me dijo:
- Tranquilo, papá... tranquilo.. Solo dime que te ha pasado...
Yo, sollozando le contesté:
- Lo siento mucho mi vida... Lo que me ha pasado es que estaba echando de menos a tu madre y de pronto te vi a ti, ahí, delante de mi, como una aparicion, se me fue la cabeza y pensé que eras ella, porque sabes que sois como dos gotas de agua... Lo siento... Lo siento... Perdóname... Yo no quería hacerte ningún daño...
Ella ya totalmente tranquila me dijo:
- Lo sé, papá, se que no querías hacerme ningún daño, lo que pasa es que, con lo grandote que eres y lo pequeñita que soy yo, pues me asusté al tenerte encima de mi, pero ya está todo bien..
Yo también ya más tranquilo, viendo que mi hija había comprendido lo que me había pasado, le dije, tratando de seguir justificandome:
- Es que, tu sabes muy bien lo mucho que yo quería a tu madre y lo mucho que la voy a echar de menos...
- Claro que lo comprendo, papá, no te preocupes, no pasa nada... Todo está bien.
- Mi único consuelo es que os tengo a ti y a tu hermana, pero sobretodo a ti, que con lo que te pareces a tu madre, cada vez que te vea, será como si ella siguiera aquí, a mi lado...
Le estaba diciendo esto a mi hija mirándole a la cara y en ese momento me di cuenta que ella me estaba escuchando, pero mirando hacia abajo.
Y hasta ese momento no fui consciente de que, con el forcejeo qué habíamos tenido, mi pene se me había salido por un lateral del calzoncillo, que no es de esos ajustados y lo tenía allí a la vista medio empalmado y como lo tengo de un buen tamaño, pues era lo que mi hija estaba mirando.
En ese momento no supe como reaccionar, porque no quería asustar a mi hija, así que opté por no hacer nada, como si no me hubiera dado cuenta de que ella lo estaba mirando.
Mi hija, como si volviera de un lapsus me dijo:
- Claro papá, las dos estaremos aquí para que no te sientas solo y por supuesto, yo me alegro mucho de recordarte a mamá y que me veas como si fuera ella.
En ese momento los dos nos quedamos callados, tratando de asimilar lo que ambos habíamos dicho, yo que la veía como si fuera su madre y ella diciéndome que se alegraba de que la viera como si lo fuera.
De pronto mi hija se puso de pie delante de mi, qué permanecía sentado en el borde de la cama y para mi asombro se desprendió de su camisón y de sus bragas, quedándose totalmente desnuda a un metro de mi...
Yo, totalmente sorprendido le dije:
- ¿Que haces, cariño?
Ella sonriendo me respondió:
- Ya lo ves, papá, me he dado cuenta de lo mucho que vas a echar de menos a mamá y que te vas a consolar viéndome a mi porque soy idéntica a ella y como te quiero muchísimo, no voy a permitir que te conformes tan solo con verme, sino que quiero que también me disfrutes como disfrutabas con ella.
Ni que decir tiene que ver a mi hija desnuda y diciendome esto, hizo que mi pene diera un brinco y saliera por completo de su encierro, quedando totalmente expuesto, apuntando al techo, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo y totalmente anonadado le dije a mi hija:
- Pero cariño, tu no eres mi esposa, tu eres mi hija... Mi hija pequeña... Mi princesita y te lo agradezco muchísimo, pero no puedo aceptar que seas la sustituta de tu madre en la cama...
Mi hija, que como ya dije de ella, tiene un personalidad muy fuerte, me contestó totalmente convencida:
- A ver papá, vamos a ser prácticos y sinceros, porque es más que evidente que la reacción de tu cuerpo no se corresponde con lo que me estas diciendo.
Me decía esto, señalando con sus ojos mi pene, que se me había puesto totalmente duro por la excitacion qué me producía el cuerpo desnudo de mi hija y lo que me estaba diciendo.
Yo iba a tratar de convencerla de que, lo que ella me proponía no podía ser, aunque en mi mente ya lo había empezado a aceptar como algo inevitable, pero no me dio tiempo a decir nada más, porque mi hija se había sentado a mi lado, había cogido mi pene con una de sus manos y después de darle un par de meneos, había metido mi glande en su boca y me lo había empezado a chupar con verdadera pasión... Ufff
Yo opté por no decir nada y dejar que mi hija hiciera lo que estaba haciendo, solo comencé a acariciar su cabeza con mis dos manos, mientras ella se comía cada vez más trozo de mi pene.
Mi cabeza era un torbellino de pensamientos encontrados, por una parte pensaba que era algo obvio que lo que estábamos haciendo no estaba bien y mucho menos el mismo día que nos había dejado mi queridisima esposa, pero por otra parte pensaba que ella ya no estaba y que, por lo tanto, no la estaba traicionando.
Luego estaba el hecho de que la que me estaba chupado el pene era mi hija pequeña y eso, también era obvio que no estaba bien, pero en descargo mio, pensé que ella lo estaba haciendo voluntariamente y por el amor que sentía por mi.
Y finalmente, con el placer que me estaba dando mi hija con su mamada, el macho que llevó dentro tomo el control, todos mis prejuicios desaparecieron de golpe y me convertí en un hombre sediento de sexo.
Separé a mi hija de mi pene, ella me miró con cara de disgusto, pensando que no la iba a dejar seguir, pero enseguida la saque de dudas, la tumbe sobre la cama abrí sus piernas, metí mi cabeza entre sus muslos y comencé a comerme su coñito.. Ummmmm
Que cosa más rica, jamás me había imaginado algo así, comerme el coñito de mi princesita, su sabor, su olor, todo me embriagaba.
Oía los gemidos de mi hija, ella tenía agarrada mi cabeza con sus dos manos y me la apretaba contra su chorreante coñito.
De pronto dio un grito más fuerte y comencé a sentir como mi boca se llenaba del abundante fluido de la corrida qué estaba teniendo...
Chupé y trague todo, como si se tratara del manjar más exquisito, para mi era un auténtico caviar.
Cuando ella se relajó, trepe hacia arriba, doble sus piernas por las rodillas, apunte mi pene a la entrada de su lubricando coñito, empecé a empujar y se lo fui metiendo poco a poco, centímetro a centímetro, hasta que los 20 cm de mi pene estuvieron al completo dentro de la vagina de mi hija.
Yo estaba apoyado en mis rodillas mirando el vientre plano de mi pequeña y me parecía imposible que pudiera tener mi enorme pene enterito dentro de ella.
Mi hija me miraba fijamente con sus preciosos ojos azules y su boca abierta, con una sonrisa de felicidad, porque, seguro que estaba pensando que, por fin estaba dando a su amado padre lo que él necesitaba, estaba sustituyendo a su madre completamente.
Mis pensamientos iban más o menos por el mismo camino, para mi, en ese momento, mi hija se había convertido en mi mujer y con ese pensamiento empecé a follarmela con el mismo cariño y la misma pasión conque había follado a mi mujer durante más de treinta años.
Mi hija comenzó a disfrutar del polvazo qué la estaba echando y totalmente excitada me decia:
- Así papá... Así.. Así.. Oh ohhhhhh... Como me gustaaaaa...
- Te quiero mi vida... Joder... Joder... Que apretadita estassss.. Ah.. Ahhhh.
- Follame papá follameee... Soy tu niñaaaaa... Soy tu niñaaaaa.
- Siiii... Mi vidaaaa... Eres mi princesitaaaa
De pronto me fijé en su boca abierta, jadeando y me lancé a por ella, le metí toda mi lengua dentro y ella me la chupaba como loca.
En esa posición, con todo mi cuerpo encima del suyo, aunque apoyándome en mis brazos para no aplastarla, pasé mis manos por debajo de su cuerpo y comencé a follarmela a lo bestia...
Ella solo respiraba por la nariz, mientras seguía comiéndose mi lengua y yo la suya.
Cuando vi que me iba a correr, disminuir mis penetracion es y le dije:
- Cariño mio... Mi vida... No aguanto más... Me voy a correr... ¿Puedo correrme dentro o quieres qué me corra fuera?
Mi hija entre jadeos me respondió:
- Correte dentro papá... Quiero sentir el calor de tu semen dentro de mi cuerpo... Lléname con tu semen... Dámelo todoooo...
Yo le dí varias metidas profundas y luego me quedé quieto con mi pene metido hasta dentro y comencé a correrme en lo más profundo del pequeño cuerpo de mi hijita...
- Ahí te va mi vidaaaa... Todo el contenido de los testiculos de tu padre para mi princesitaaaa..
Mi hija al sentir el calor de mi semen tuvo también un orgasmo y con las fuertes contracciones de su vagina era como si me estuviera ordeñando.. Uffff
- Siiii... Papiiiiiii.. Siiiiii... Lo sientoooo... Ahahah... Uffffff... Ahahah...
Fue algo realmente increible, los dos corriendonos a la vez, mientras nos comíamos nuestras bocas... Uffff... Su aliento... Sus jadeos.. Sus gemidos.. Todo... Todo... Me recordaba a su madre... Era como si me estuviera follando a mi mujer, pero con el morbo de que a quien me estaba follando era a mi hija y un profundo agradecimiento se unió al increíble placer que estaba disfrutando...
Cuando terminamos de corrernos los dos, se la saqué y me tumbe a su lado jadeando.
Luego nos abrazamos y nos seguimos besando apasionadamente.
Una vez superada esa primera fase en la que el recuerdo de su madre y mi esposa estuvo muy presente en nuestras mentes, pasamos a una segunda fase en la que ya se trataba solo de sexo puro y duro.
Los dos estábamos muy excitados y ya solo deseabamos satisfacer todas nuestras fantasías... Sexo, sexo y más sexo...
A mi hija le encantaba mi pene, me decía que nunca había tenido ninguno igual y a mi me volvía loco disfrutar de todos los rincones de su pequeño pero perfecto cuerpo.
Me la follé por la boca y se tragó toda mi corrida, sin arcadas.
Lo intentamos por el culo, pero, a pesar de que ella ya había tenido sexo anal con sus parejas, no hubo forma de que le entrara mi pene, así que lo dejamos para otra ocasión cuando tuviéramos un buen lubricante.
Follamos, follamos y follamos en todas las posiciones, hasta que caímos rendidos.
Yo no se las veces que me corri y mi hija tenía un orgasmo tras otro... Ufff
Fue una noche increíble, jamás me lo hubiera imaginado, qué algo así pudiera pasarme a mi.
A partir de ese día ya no paramos de tener sexo, dormíamos juntos, con lo que mi hija sustituyó a su madre a todos los efectos.
Pero la cosa no se quedó ahí, cuando llevábamos una semana de "matrimonio", una tarde cuando llegué a casa, sobre las 5pm,después de mi turno de mañana en el que comía en el restaurante del hospital, me encontré a mi hija en el salón, con mi nieto de dos añitos, hijo de mi hija mayor.
Preocupado, le pregunté a mi hija si le había pasado algo a su hermana, mientras cogia a mi nieto y lo besuqueba como me gustaba hacer cuando lo veía.
Mi hija me contestó con una sonrisa de oreja a oreja:
- A su mami no le ha pasado nada... Aun...
Yo, ya un poco mosqueado le dije:
- ¿Como que no le ha pasado nada aun? ¿Es que le va a pasar algo?
A lo que mi hija ya con una risa me contestó:
- Jajaja, espero que si, pero no es nada malo, ve a tu dormitorio y así sales de duda.
Totalmente mosqueado me dirigí a mi dormitorio, imaginando que mis hijas me hubieran preparado alguna broma, pero, para nada me había imaginado la "broma" que me habían preparado.
Cuando entré me quedé de piedra, allí tumbada de espaldas sobre mi cama,, estaba mi hija Isabel, completamente desnuda...
¡Joder!! El hecho en sí ya era desconcertante, pero es que, ademas mi hija mayor tiene un cuerpo impresionante.
Nunca la había visto completamente desnuda, aunque si la había visto en bikini y cuando íbamos con ella a la playa, atraía las miradas de todos los hombres, como un imán.
Y ahora estaba allí, completamente desnuda, esperándome a mi.
Rápidamente llegué a la conclusión de que su hermana le habría contado lo nuestro, porque ellas se lo cuentan todo y ella no quería ser menos que su hermana y se había apuntado a prestar también "ayuda" a su pobre padre viudo.
Despues me confirmarian ambas, qué eso era exactamente lo que había pasado.
Como me había quedado parado a la entrada, mi hija me dijo riendose:
- ¿Que te pasa papá, te asusta ver a una mujer de verdad? Jajaja
Anda, desnudarte y ven a disfrutar del cuerpo de tu otra hija.
Yo como un automata, porque aun no había procesado adecuadamente lo que estaba pasando, me desnudé y una vez más, mi pene había reaccionado el primero y salió totalmente tieso apuntando al techo.
Al verlo mi hija exclamó:
- ¡Joder!! Papá, que pedazo de pene tienes... Ufff... Es enorme... Carmen ya me había dicho que lo tenias muy grande, pero no me lo imaginaba así... Coño, si es casi el doble qué el de mi marido... Uffff... No me extraña que no se lo hayas podido meter por el culo a Carmen, claro, que ella es muy pequeñita, ya veras como a mi si me lo consigues meter, porque para eso me he venido preparada con un tubo de lubricante... Jajaja
Yo no sabía por donde empezar a comerme aquel cuerpazo, acostumbrado a los pequeños cuerpos de mi mujer y de mi hija pequeña, ahora me enfrentaba al cuerpo de una mujer casi tan grande como yo... Ufff
Sus grandes tetas reposaban sobre su pecho, un poco aplastadas por la posición, pero con unos enormes pezones color marrón claro, que los tenia bien parados, señal de lo excitada qué estaba.
Tenía las piernas abiertas y un poco dobladas por las rodillas, con lo que su coño estaba totalmente visible coronado por una bonita mata de vello púbico, perfectamente recortado, sus labios estaban entreabiertos y se veía el brillo de su húmeda entrada.
Eso fue lo que me decidió, aquel coño estaba pidiendo a gritos una buena verga,, así que dicho y hecho, me metí entre sus muslos, qué ella abrió al completo para facilitarme el acceso, mi pene encontró sin ningún problema la entrada y yo, en este caso no me anduve con los miramientos qué tuve cuando se la metí por primera vez a mi hija pequeña, este coño era otra cosa menos delicada, así que le pegue un buen empujón y de una se lo clavé hasta el fondo...
Mi hija que supongo que no se lo esperaba así dio un grito, más de sorpresa que de dolor, porque mi pene había resbalado por su vagina como cuchillo caliente en taco de mantequilla.
Con su boca abierta por la sorpresa y sus grandes ojos marrón claro mirándome fijamente, me dijo:
- Así me gusta papá, follame como el macho que eres, dame fuerte, que mi cuerpo lo necesita... Ufff... Nunca he tenido dentro una verga como la tuya...
Yo, no había tenido nunca un cuerpo como aquel, pero pronto empecé a disfrutarlo como se merece, por lo pronto me lancé a comerme sus retas, que las tenia a mi alcance.
Comencé a chupar sus pezones y a darle pequeños mordiscos, mientras la taladraba con penetraciones rápidas y profundas...
De pronto fui consciente de que aquel cuerpo era también el cuerpo de una de mis hijas y bajé un poco el ritmo, tanto de las penetraciones como de los mordiscos a los pezones.
Pero para mi sorpresa mi hija lo notó y me dijo:
- Papá sigue follandome como lo estabas haciendo, no tengas ningun tipo de consideración porque sea tu hija, a mi me gusta el sexo fuerte y sentir dolor, así que muérdeme los pezones qué me encanta.
¡Joder con mi hija!! Resulta que era másoca.
Pues por mi lo iba a quedar, comencé otra vez con las estocadas y empecé a morderle los pezones y las tetas.
Le enganchaba un pezon con los dientes y tiraba de el mirándola a la cara para soltarlo al menor signo de dolor, pero lejos de mostrar dolor, lo que tuvo fue un orgasmo loco mientras me gritaba:
- Así papaaaa... Cómeme las tetas.. Muérdeme los pezones... Cómeme enteritaaaaa...
Yo, para evitar que siguiera gritando, me lancé a por su boca y en cuanto le metí mi lengua, me la mordió suavemente y después me metió ella la suya como queriendome decir lo que tenia que hacer.
Asi que comencé a chupar y morder su lengua, lo que le producía una gran cantidad de saliva, qué yo chupaba y tragaba con verdadera pasión...
Uffff mi hija me estaba llevando a su terreno y yo me estaba dejando llevar encantado, porque todo aquello era nuevo y excitante para mi...
Con tanta excitacion empecé a sentir que me iba a correr y mi hija parece que lo intuyó y me dijo:
- Papá cuando te vayas a correr, sacamela y correte en mis tetas, en mi cara y en mi boca..
¡Joder!! Esto ya acabó de darme la puntilla, así que, cumpliendo los desos de mi hija, se la saqué, me puse de rodillas a un lado y comencé a lanzar los disparos de mi corrida, el primero sobre sus tetas, el siguiente sobre su cara.
Cuando vi el primer chorro sobre su cara, ya seguí echándoselo todo allí, ella había cerrado los ojos y llené sus párpados, su nariz, sus labios, su frente y su pelo de leche... Uffff
Ella sacaba su lengua y lamia lo que tenia en los labios, luego agarró mi pene con una de sus manos, se lo metió en la boca y comenzó a chuparmeló para sacarme hasta la última gota de semen de mis testiculos.
A mi todo aquello me volvió como loco y en la posición que estaba, empuje mi pene y se lo metí casi entero dentro de su boca.
Mi hija en vez de asustarse, me agarró con sus dos manos de mi culo y me apretó contra ella en una clara invitación a que me la follara por la boca, así que yo le seguí el juego, situe una de mis rodillas a cada lado de su cabeza y le metí mi pene entero dentro de su garganta, hasta que mis testiculos chocaron con su barbilla.
Mi hija con su boca casi desencajada y sus ojos llorosos, porque se le saltaban las lágrimas, me miraba como si no se pudiera creer que su padre le hubiera metido todo su enorme pene dentro de su garganta.
Por mi parte, yo ya fuera de control y viendo que mi hija no hacía ningún gesto de rechazo, comencé a follarme su garganta, sin contemplaciones... Uffff
Mi excitacion era tanta, que a pesar de que acababa de correrme, sentí que me corría de nuevo, no me dio tiempo a sacarsela y comencé a correrme dentro de su garganta.
Mi hija no hizo ningún gesto de axfisia ni de ahogo, así que cuando terminé de correrme se la saque y mi hija aprovechó para meter mis testiculos en su boca y chuparmelos, cosa que no me habían hecho en mi vida... Ufff
Ahí descansamos un rato, pero por poco tiempo, ya que mi hija me dijo que ahora quería que se la metiera por el culo, sin darme un respiro.
Yo estaba tan excitado que mi pene se mantenía tieso y duró de forma continua, así que le dije que se pusiera a cuatro, mi hija me obedeció con mucho gusto, me dio el tubo de lubricante qué tenía bajo la almohada y me dijo:
- Venga papá rompe el culo a una de tus hijas, dame con el lubricante y no te andes con contemplaciones, quiero que me duela, así que diga lo que diga, tu no pares hasta metermelo entero...
Me puse a ello, me situe de rodilla detrás de ella, le eché un buen chorro de lubricante y se lo metí con mis dedos, haciendo movimientos giratorios con tres dedos, tratando de dilatar su esfinter.
Luego me eché también lubricante en todo mi pene, lo enfile a la entrada de su ano y agarradomeló con una mano, lo empujé hasta que conseguí que mi glande traspasar a su esfinter... Ufff
Mi hija solo jadeaba como un animalito, yo le dije que ya había conseguido meterle mi glade y que iba a empezar a meterle el resto poco a poco.
Ella me dijo que le había dolido un poco, pero que se lo siguiera metiendo sin contemplaciones.
Yo la agarré con mis dos manos de sus caderas y empecé a empujar, haciendo movimientos de mete y saca, metiendoselo centímetro a centímetro.
Mi hija jadeaba muy fuerte y resoplaba, pero no se quejaba, a pesar de que le tenia que doler.
Cuando llevaba ya más de la mitad dentro, se lo saqué completamente, eché un buen chorro de lubricante en el enorme agujero de su ano dilatado, se lo volví a meter y cuando llegué a la altura de antes, retrocedí y luego di un fuerte empujón y se la metí hasta los huevos.
Mi hija dio un fuerte grito de dolor, que me asustó y le dije:
- ¿Te duele mucho? ¿Quieres que te la saque?
A lo que ella con voz muy ronca me contestó:
- Ni se te ocurra, espera solo un momento para que me acostumbre y luego ya puedes follarme sin contemplaciones...
Mientras esperaba le di unos manotazos suaves en sus glúteos y mi hija me dijo:
- Así papá dame más fuerte, así se me pasa el otro dolor.
Asi que empecé a darle manotazos con las dos manos y ella me decia:
- Así papá, más fuerte... Más fuerte...
Yo le seguí dando y cuando menos lo esperaba, empecé a follarla el culo de nuevo.
Mi hija gritaba, pero me decía que no parara, así que yo me volví como loco, la agarre de las caderas y comencé a follarmela freneticamebte, sin prestar atención a lo que dijera mi hija.
Me metí totalmente en el papel de sexo duro, mi hija, al contrario que su hermana tiene una larga melena, así que la agarré con una de mis manos de su melena, mientras que con la otra le seguía dando manotazos en el culo, sin parar de follarla.
Mi hija se volvió también como loca y me gritaba:
- Siiiii... Asiiii... Papaaaa... Asiiii, trátame como a una putaaaa... Carmen será la sustituta de mamá y yo seré tu puta.. Tu putaaaa... Ahahah
Sentí las fuertes contracciones de su esfinter, señal de que se estaba corriendo, así que bajé la mano que tenía libre a su coño y con ella recogí todo el fluido de su corrida y me llevé la mano a mi boca y lo chupe todo con verdadero deleite...
Como ella ya se había corrido y yo veía que no necesitaba correrme y que llevabamos ya mucho tiempo y ella tendría que volver a su casa, se la saqué y nos tumbamos los dos juntos, totalmente agotados, llevabamos casi dos horas sin parar...
Despues ella se duchó para quitarse el olor a sexo y nos reunimos con su herma y su hijo.
Quedamos los tres de acuerdo en que Carmen seria la sustituta de su madre y asumirá el rol de mi "mujer", mientras ella quisiera y que Isabel sería mi "amante".
El sexo con Carmen sería un sexo intenso, pero normal, mientras que con Isabel sería un sexo más fuerte, con connotaciones sadomasoquista, asumiendo ella el papel de sumisa, que haría todo lo que yo le pidiera.
Con Carmen haríamos vida de matrimonio, dormiríamos juntos, como un matrimonio normal, mientras que Isabel nos visitaría cuando pudiera y cuando ella viniera tenía que darle sexo del qué a ella le gusta.
Por supuesto esto sería cosa de nosotros tres y nadie más tendría que saberlo nunca.
Así transcurre mi vida y soy el padre viudo más feliz del mundo.
Teníamos dos hijas, una de 30 años, casada y con un hijo y otra de 25 años, soltera que aún vivía con nosotros, había tenido varios novios, pero no le duraban mucho, porque ella tiene mucha personalidad y poco aguante.
La mayor es enfermera y trabaja en el hospital provincial y la pequeña estába cursando el último año de medicina.
La mayor ha salido a mi, yo mido 180 y soy de constitución fuerte, no estoy gordo, pero peso entre 80 y 85 kg.
Ella se queda en 175, pero para una mujer es mucho, pelo negro y siempre ha tenido un cuerpazo, todo en consonancia con su altura, tetas grandes, caderas anchas, buen culo y unas piernas largas y perfectas.
La pequeña, por el contrario, es el vivo retrato de su madre: pequeña de estatura, 156 cm, pelo rubio que siempre lleva muy corto, como su madre, ojos azules y un cuerpo en consonancia con su altura, parece una auténtica muñeca y al igual que su madre, aparenta menos edad de la que tiene.
Yo soy médico también y trabajo en el mismo hospital que mi hija.
Mi mujer era la que llevaba la casa y la que unía y controlaba a toda la familia.
Como madre era la que había educado a sus hijas y había entre ellas una unión muy especial, de confianza total, se lo contaban todo y luego ella me lo contaba a mi...
Mi relación con mi mujer había sido muy apasionada desde el principio y a nuestra edad seguíamos teniendo sexo de forma regular, tres o cuatro veces por semana, principalmente los fines de semana.
Mi relación con mis hijas era una relación normal de padre/hijas, si bien, por ser niñas, siempre habían sido muy cariñosas conmigo y los besos y abrazos eran lo habitual cada vez que nos saludabamos, por llegar o salir de casa.
Y, por supuesto, las dos se ponían muy empalagosas, comiéndome a besos y arrumacos, cuando querían conseguir algo de mi, como dejarlas llegar más tarde los fines de semana o que les comprara algo.
Cuento todo esto, porque creo que en nuestra familia las relaciones entre nosotros eran de lo más normal.
Pero esa normalidad se rompió de un día para otro y todo saltó por los aires cuando a mi mujer, con tan sólo 54 años la dio un infarto y murió de forma fulminante y repentina.
Nuestra familia no es nada religiosa, así que recibimos el pésame de familiares y amigos en el tanatorio, de ahí al crematorio y después, ya por la tarde cada uno para su casa.
Mi hija casada, después de despedirse, hecha un mar de lágrimas, de su hermana y de mi se fue con su marido a buscar a su hijo que lo habían dejado con sus abuelos.
paternos.
Y mi hija pequeña y yo nos fuimos para nuestra casa.
Era verano y hacía mucho calor, así que cuando llegamos a casa, como a las 8pm, tanto mi hija como yo, nos metimos a darnos una ducha, cada uno en su cuarto de baño, el mio está dentro del dormitorio de matrimonio y el otro está en el pasillo, frente a los otros dormitorios.
Nos pusimos la ropa cómoda que nos poníamos siempre para andar por casa, en esos días de verano, yo una camiseta ancha, de mangas cortas y un pantalón también corto, de tela fina, encima de los carzoncillos y mi hija una especie de camisón de tirantes, que le llega justo por las rodillas, y debajo solo sus braguitas, ya que por casa no se pone nunca sujetador.
A mi siempre me había encantado ver a mi hija pequeña así, porque, como ya he dicho se parece muchísimo a su madre y yo la veía como a mi mujer cuando tenía su edad y como yo siempre he estado muy enamorado de mí mujer, pues, de alguna manera, cuando veía a mi hija así, ese amor lo sentía igual por ella, si bien sin dejar de verla como una hija.
Mi hija preparó la cena y cenamos en silencio, a los dos nos pesaba demasiado la ausencia de mi mujer y su madre, ya que era la primera vez que ella no estaba allí con nosotros.
Los dos estábamos muy tristes y no teníamos ganas de conversación, así que, en cuanto terminamos de cenar y recoger los cacharros, yo me despedí de mi hija dándola un beso de buenas noches y ella me abrazó llorando y me dijo:
- Buenas noches, papá, trata de descansar.
Yo la respondí:
- Gracias, cariño, descansa tu también.
Me fui a mi dormitorio, encendí la luz y nadamas entrar, sentí el vacío de la ausencia de mi amada esposa y una gran tristeza se apoderó de mi.
Yo no soy mucho de llorar, pero en ese momento no pude contener las lágrimas, me quité todo, quedándome solo con los calzoncillos, que es como duermo, tumbado encima de la cama, sin arroparme, me senté en la cama como un autómata y rompí a llorar desconsoladamente.
Como la puerta de mi dormitorio estaba abierta, mi hija pequeña, cuando se dirigía a su dormitorio, que está al lado del mio, oyó mis sollozos y se acercó a ver que me pasaba y tratar de consolarme.
Entró en mi dormitorio y al verme llorando a lágrima viva, me dijo acercándose a mi:
- ¿Que te pasa, papá? Tranquilizate
Yo, cuando levanté la vista y la vi allí, delante de mi, tuve como un sabresalto y con el pensamiento de mi mujer en mi mente, por un momento pensé que era ella...
Me levanté como empujado por un resorte, agarré a mi hija, la tumbe sobre la cama, me puse encima de ella y comencé a besarla como un desesperado.
Os podéis imaginar el susto de mi hija, al verse conmigo encima, pensando que quería violarla.
Comenzó a gritar totalmente asustada:
- ¿Que haces, papá?... ¿Te has vuelto loco?... Para... Paraaaa... Me estas haciendo dañooo
Durante unos segundos forcejeo, para liberarse, pero con mi envergadura, su pequeño cuerpo estaba literalmente aplastado debajo del mio y viendo que no podía moverse, dejó de forzajear, pero siguió diciendome, ya un poco más tranquila, porque, imagino que se había hecho una idea de lo que me estaba pasando:
- Papá, para, por favor... tranquilizate... Soy yo, Carmen, tu hija pequeña.. Para.. por favor...
Yo al oír sus lamentos y su voz, recobré de pronto mi consciencia y tardé unos segundos en comprender lo que estaba pasando.
Inmediatamente solté los brazos de mi hija, que se los tenia sujetos con mis manos, me quité de encima de ella y totalmente avergonzado comencé a pedirle perdon:
- Perdona cariño.. Perdóname... Lo siento mucho... Me he vuelto loco... No sabia lo que hacía... Lo siento... Lo siento...
Mi hija se levantó, se sentó a mi lado y aun jadeando, me dijo:
- Tranquilo, papá... tranquilo.. Solo dime que te ha pasado...
Yo, sollozando le contesté:
- Lo siento mucho mi vida... Lo que me ha pasado es que estaba echando de menos a tu madre y de pronto te vi a ti, ahí, delante de mi, como una aparicion, se me fue la cabeza y pensé que eras ella, porque sabes que sois como dos gotas de agua... Lo siento... Lo siento... Perdóname... Yo no quería hacerte ningún daño...
Ella ya totalmente tranquila me dijo:
- Lo sé, papá, se que no querías hacerme ningún daño, lo que pasa es que, con lo grandote que eres y lo pequeñita que soy yo, pues me asusté al tenerte encima de mi, pero ya está todo bien..
Yo también ya más tranquilo, viendo que mi hija había comprendido lo que me había pasado, le dije, tratando de seguir justificandome:
- Es que, tu sabes muy bien lo mucho que yo quería a tu madre y lo mucho que la voy a echar de menos...
- Claro que lo comprendo, papá, no te preocupes, no pasa nada... Todo está bien.
- Mi único consuelo es que os tengo a ti y a tu hermana, pero sobretodo a ti, que con lo que te pareces a tu madre, cada vez que te vea, será como si ella siguiera aquí, a mi lado...
Le estaba diciendo esto a mi hija mirándole a la cara y en ese momento me di cuenta que ella me estaba escuchando, pero mirando hacia abajo.
Y hasta ese momento no fui consciente de que, con el forcejeo qué habíamos tenido, mi pene se me había salido por un lateral del calzoncillo, que no es de esos ajustados y lo tenía allí a la vista medio empalmado y como lo tengo de un buen tamaño, pues era lo que mi hija estaba mirando.
En ese momento no supe como reaccionar, porque no quería asustar a mi hija, así que opté por no hacer nada, como si no me hubiera dado cuenta de que ella lo estaba mirando.
Mi hija, como si volviera de un lapsus me dijo:
- Claro papá, las dos estaremos aquí para que no te sientas solo y por supuesto, yo me alegro mucho de recordarte a mamá y que me veas como si fuera ella.
En ese momento los dos nos quedamos callados, tratando de asimilar lo que ambos habíamos dicho, yo que la veía como si fuera su madre y ella diciéndome que se alegraba de que la viera como si lo fuera.
De pronto mi hija se puso de pie delante de mi, qué permanecía sentado en el borde de la cama y para mi asombro se desprendió de su camisón y de sus bragas, quedándose totalmente desnuda a un metro de mi...
Yo, totalmente sorprendido le dije:
- ¿Que haces, cariño?
Ella sonriendo me respondió:
- Ya lo ves, papá, me he dado cuenta de lo mucho que vas a echar de menos a mamá y que te vas a consolar viéndome a mi porque soy idéntica a ella y como te quiero muchísimo, no voy a permitir que te conformes tan solo con verme, sino que quiero que también me disfrutes como disfrutabas con ella.
Ni que decir tiene que ver a mi hija desnuda y diciendome esto, hizo que mi pene diera un brinco y saliera por completo de su encierro, quedando totalmente expuesto, apuntando al techo, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo y totalmente anonadado le dije a mi hija:
- Pero cariño, tu no eres mi esposa, tu eres mi hija... Mi hija pequeña... Mi princesita y te lo agradezco muchísimo, pero no puedo aceptar que seas la sustituta de tu madre en la cama...
Mi hija, que como ya dije de ella, tiene un personalidad muy fuerte, me contestó totalmente convencida:
- A ver papá, vamos a ser prácticos y sinceros, porque es más que evidente que la reacción de tu cuerpo no se corresponde con lo que me estas diciendo.
Me decía esto, señalando con sus ojos mi pene, que se me había puesto totalmente duro por la excitacion qué me producía el cuerpo desnudo de mi hija y lo que me estaba diciendo.
Yo iba a tratar de convencerla de que, lo que ella me proponía no podía ser, aunque en mi mente ya lo había empezado a aceptar como algo inevitable, pero no me dio tiempo a decir nada más, porque mi hija se había sentado a mi lado, había cogido mi pene con una de sus manos y después de darle un par de meneos, había metido mi glande en su boca y me lo había empezado a chupar con verdadera pasión... Ufff
Yo opté por no decir nada y dejar que mi hija hiciera lo que estaba haciendo, solo comencé a acariciar su cabeza con mis dos manos, mientras ella se comía cada vez más trozo de mi pene.
Mi cabeza era un torbellino de pensamientos encontrados, por una parte pensaba que era algo obvio que lo que estábamos haciendo no estaba bien y mucho menos el mismo día que nos había dejado mi queridisima esposa, pero por otra parte pensaba que ella ya no estaba y que, por lo tanto, no la estaba traicionando.
Luego estaba el hecho de que la que me estaba chupado el pene era mi hija pequeña y eso, también era obvio que no estaba bien, pero en descargo mio, pensé que ella lo estaba haciendo voluntariamente y por el amor que sentía por mi.
Y finalmente, con el placer que me estaba dando mi hija con su mamada, el macho que llevó dentro tomo el control, todos mis prejuicios desaparecieron de golpe y me convertí en un hombre sediento de sexo.
Separé a mi hija de mi pene, ella me miró con cara de disgusto, pensando que no la iba a dejar seguir, pero enseguida la saque de dudas, la tumbe sobre la cama abrí sus piernas, metí mi cabeza entre sus muslos y comencé a comerme su coñito.. Ummmmm
Que cosa más rica, jamás me había imaginado algo así, comerme el coñito de mi princesita, su sabor, su olor, todo me embriagaba.
Oía los gemidos de mi hija, ella tenía agarrada mi cabeza con sus dos manos y me la apretaba contra su chorreante coñito.
De pronto dio un grito más fuerte y comencé a sentir como mi boca se llenaba del abundante fluido de la corrida qué estaba teniendo...
Chupé y trague todo, como si se tratara del manjar más exquisito, para mi era un auténtico caviar.
Cuando ella se relajó, trepe hacia arriba, doble sus piernas por las rodillas, apunte mi pene a la entrada de su lubricando coñito, empecé a empujar y se lo fui metiendo poco a poco, centímetro a centímetro, hasta que los 20 cm de mi pene estuvieron al completo dentro de la vagina de mi hija.
Yo estaba apoyado en mis rodillas mirando el vientre plano de mi pequeña y me parecía imposible que pudiera tener mi enorme pene enterito dentro de ella.
Mi hija me miraba fijamente con sus preciosos ojos azules y su boca abierta, con una sonrisa de felicidad, porque, seguro que estaba pensando que, por fin estaba dando a su amado padre lo que él necesitaba, estaba sustituyendo a su madre completamente.
Mis pensamientos iban más o menos por el mismo camino, para mi, en ese momento, mi hija se había convertido en mi mujer y con ese pensamiento empecé a follarmela con el mismo cariño y la misma pasión conque había follado a mi mujer durante más de treinta años.
Mi hija comenzó a disfrutar del polvazo qué la estaba echando y totalmente excitada me decia:
- Así papá... Así.. Así.. Oh ohhhhhh... Como me gustaaaaa...
- Te quiero mi vida... Joder... Joder... Que apretadita estassss.. Ah.. Ahhhh.
- Follame papá follameee... Soy tu niñaaaaa... Soy tu niñaaaaa.
- Siiii... Mi vidaaaa... Eres mi princesitaaaa
De pronto me fijé en su boca abierta, jadeando y me lancé a por ella, le metí toda mi lengua dentro y ella me la chupaba como loca.
En esa posición, con todo mi cuerpo encima del suyo, aunque apoyándome en mis brazos para no aplastarla, pasé mis manos por debajo de su cuerpo y comencé a follarmela a lo bestia...
Ella solo respiraba por la nariz, mientras seguía comiéndose mi lengua y yo la suya.
Cuando vi que me iba a correr, disminuir mis penetracion es y le dije:
- Cariño mio... Mi vida... No aguanto más... Me voy a correr... ¿Puedo correrme dentro o quieres qué me corra fuera?
Mi hija entre jadeos me respondió:
- Correte dentro papá... Quiero sentir el calor de tu semen dentro de mi cuerpo... Lléname con tu semen... Dámelo todoooo...
Yo le dí varias metidas profundas y luego me quedé quieto con mi pene metido hasta dentro y comencé a correrme en lo más profundo del pequeño cuerpo de mi hijita...
- Ahí te va mi vidaaaa... Todo el contenido de los testiculos de tu padre para mi princesitaaaa..
Mi hija al sentir el calor de mi semen tuvo también un orgasmo y con las fuertes contracciones de su vagina era como si me estuviera ordeñando.. Uffff
- Siiii... Papiiiiiii.. Siiiiii... Lo sientoooo... Ahahah... Uffffff... Ahahah...
Fue algo realmente increible, los dos corriendonos a la vez, mientras nos comíamos nuestras bocas... Uffff... Su aliento... Sus jadeos.. Sus gemidos.. Todo... Todo... Me recordaba a su madre... Era como si me estuviera follando a mi mujer, pero con el morbo de que a quien me estaba follando era a mi hija y un profundo agradecimiento se unió al increíble placer que estaba disfrutando...
Cuando terminamos de corrernos los dos, se la saqué y me tumbe a su lado jadeando.
Luego nos abrazamos y nos seguimos besando apasionadamente.
Una vez superada esa primera fase en la que el recuerdo de su madre y mi esposa estuvo muy presente en nuestras mentes, pasamos a una segunda fase en la que ya se trataba solo de sexo puro y duro.
Los dos estábamos muy excitados y ya solo deseabamos satisfacer todas nuestras fantasías... Sexo, sexo y más sexo...
A mi hija le encantaba mi pene, me decía que nunca había tenido ninguno igual y a mi me volvía loco disfrutar de todos los rincones de su pequeño pero perfecto cuerpo.
Me la follé por la boca y se tragó toda mi corrida, sin arcadas.
Lo intentamos por el culo, pero, a pesar de que ella ya había tenido sexo anal con sus parejas, no hubo forma de que le entrara mi pene, así que lo dejamos para otra ocasión cuando tuviéramos un buen lubricante.
Follamos, follamos y follamos en todas las posiciones, hasta que caímos rendidos.
Yo no se las veces que me corri y mi hija tenía un orgasmo tras otro... Ufff
Fue una noche increíble, jamás me lo hubiera imaginado, qué algo así pudiera pasarme a mi.
A partir de ese día ya no paramos de tener sexo, dormíamos juntos, con lo que mi hija sustituyó a su madre a todos los efectos.
Pero la cosa no se quedó ahí, cuando llevábamos una semana de "matrimonio", una tarde cuando llegué a casa, sobre las 5pm,después de mi turno de mañana en el que comía en el restaurante del hospital, me encontré a mi hija en el salón, con mi nieto de dos añitos, hijo de mi hija mayor.
Preocupado, le pregunté a mi hija si le había pasado algo a su hermana, mientras cogia a mi nieto y lo besuqueba como me gustaba hacer cuando lo veía.
Mi hija me contestó con una sonrisa de oreja a oreja:
- A su mami no le ha pasado nada... Aun...
Yo, ya un poco mosqueado le dije:
- ¿Como que no le ha pasado nada aun? ¿Es que le va a pasar algo?
A lo que mi hija ya con una risa me contestó:
- Jajaja, espero que si, pero no es nada malo, ve a tu dormitorio y así sales de duda.
Totalmente mosqueado me dirigí a mi dormitorio, imaginando que mis hijas me hubieran preparado alguna broma, pero, para nada me había imaginado la "broma" que me habían preparado.
Cuando entré me quedé de piedra, allí tumbada de espaldas sobre mi cama,, estaba mi hija Isabel, completamente desnuda...
¡Joder!! El hecho en sí ya era desconcertante, pero es que, ademas mi hija mayor tiene un cuerpo impresionante.
Nunca la había visto completamente desnuda, aunque si la había visto en bikini y cuando íbamos con ella a la playa, atraía las miradas de todos los hombres, como un imán.
Y ahora estaba allí, completamente desnuda, esperándome a mi.
Rápidamente llegué a la conclusión de que su hermana le habría contado lo nuestro, porque ellas se lo cuentan todo y ella no quería ser menos que su hermana y se había apuntado a prestar también "ayuda" a su pobre padre viudo.
Despues me confirmarian ambas, qué eso era exactamente lo que había pasado.
Como me había quedado parado a la entrada, mi hija me dijo riendose:
- ¿Que te pasa papá, te asusta ver a una mujer de verdad? Jajaja
Anda, desnudarte y ven a disfrutar del cuerpo de tu otra hija.
Yo como un automata, porque aun no había procesado adecuadamente lo que estaba pasando, me desnudé y una vez más, mi pene había reaccionado el primero y salió totalmente tieso apuntando al techo.
Al verlo mi hija exclamó:
- ¡Joder!! Papá, que pedazo de pene tienes... Ufff... Es enorme... Carmen ya me había dicho que lo tenias muy grande, pero no me lo imaginaba así... Coño, si es casi el doble qué el de mi marido... Uffff... No me extraña que no se lo hayas podido meter por el culo a Carmen, claro, que ella es muy pequeñita, ya veras como a mi si me lo consigues meter, porque para eso me he venido preparada con un tubo de lubricante... Jajaja
Yo no sabía por donde empezar a comerme aquel cuerpazo, acostumbrado a los pequeños cuerpos de mi mujer y de mi hija pequeña, ahora me enfrentaba al cuerpo de una mujer casi tan grande como yo... Ufff
Sus grandes tetas reposaban sobre su pecho, un poco aplastadas por la posición, pero con unos enormes pezones color marrón claro, que los tenia bien parados, señal de lo excitada qué estaba.
Tenía las piernas abiertas y un poco dobladas por las rodillas, con lo que su coño estaba totalmente visible coronado por una bonita mata de vello púbico, perfectamente recortado, sus labios estaban entreabiertos y se veía el brillo de su húmeda entrada.
Eso fue lo que me decidió, aquel coño estaba pidiendo a gritos una buena verga,, así que dicho y hecho, me metí entre sus muslos, qué ella abrió al completo para facilitarme el acceso, mi pene encontró sin ningún problema la entrada y yo, en este caso no me anduve con los miramientos qué tuve cuando se la metí por primera vez a mi hija pequeña, este coño era otra cosa menos delicada, así que le pegue un buen empujón y de una se lo clavé hasta el fondo...
Mi hija que supongo que no se lo esperaba así dio un grito, más de sorpresa que de dolor, porque mi pene había resbalado por su vagina como cuchillo caliente en taco de mantequilla.
Con su boca abierta por la sorpresa y sus grandes ojos marrón claro mirándome fijamente, me dijo:
- Así me gusta papá, follame como el macho que eres, dame fuerte, que mi cuerpo lo necesita... Ufff... Nunca he tenido dentro una verga como la tuya...
Yo, no había tenido nunca un cuerpo como aquel, pero pronto empecé a disfrutarlo como se merece, por lo pronto me lancé a comerme sus retas, que las tenia a mi alcance.
Comencé a chupar sus pezones y a darle pequeños mordiscos, mientras la taladraba con penetraciones rápidas y profundas...
De pronto fui consciente de que aquel cuerpo era también el cuerpo de una de mis hijas y bajé un poco el ritmo, tanto de las penetraciones como de los mordiscos a los pezones.
Pero para mi sorpresa mi hija lo notó y me dijo:
- Papá sigue follandome como lo estabas haciendo, no tengas ningun tipo de consideración porque sea tu hija, a mi me gusta el sexo fuerte y sentir dolor, así que muérdeme los pezones qué me encanta.
¡Joder con mi hija!! Resulta que era másoca.
Pues por mi lo iba a quedar, comencé otra vez con las estocadas y empecé a morderle los pezones y las tetas.
Le enganchaba un pezon con los dientes y tiraba de el mirándola a la cara para soltarlo al menor signo de dolor, pero lejos de mostrar dolor, lo que tuvo fue un orgasmo loco mientras me gritaba:
- Así papaaaa... Cómeme las tetas.. Muérdeme los pezones... Cómeme enteritaaaaa...
Yo, para evitar que siguiera gritando, me lancé a por su boca y en cuanto le metí mi lengua, me la mordió suavemente y después me metió ella la suya como queriendome decir lo que tenia que hacer.
Asi que comencé a chupar y morder su lengua, lo que le producía una gran cantidad de saliva, qué yo chupaba y tragaba con verdadera pasión...
Uffff mi hija me estaba llevando a su terreno y yo me estaba dejando llevar encantado, porque todo aquello era nuevo y excitante para mi...
Con tanta excitacion empecé a sentir que me iba a correr y mi hija parece que lo intuyó y me dijo:
- Papá cuando te vayas a correr, sacamela y correte en mis tetas, en mi cara y en mi boca..
¡Joder!! Esto ya acabó de darme la puntilla, así que, cumpliendo los desos de mi hija, se la saqué, me puse de rodillas a un lado y comencé a lanzar los disparos de mi corrida, el primero sobre sus tetas, el siguiente sobre su cara.
Cuando vi el primer chorro sobre su cara, ya seguí echándoselo todo allí, ella había cerrado los ojos y llené sus párpados, su nariz, sus labios, su frente y su pelo de leche... Uffff
Ella sacaba su lengua y lamia lo que tenia en los labios, luego agarró mi pene con una de sus manos, se lo metió en la boca y comenzó a chuparmeló para sacarme hasta la última gota de semen de mis testiculos.
A mi todo aquello me volvió como loco y en la posición que estaba, empuje mi pene y se lo metí casi entero dentro de su boca.
Mi hija en vez de asustarse, me agarró con sus dos manos de mi culo y me apretó contra ella en una clara invitación a que me la follara por la boca, así que yo le seguí el juego, situe una de mis rodillas a cada lado de su cabeza y le metí mi pene entero dentro de su garganta, hasta que mis testiculos chocaron con su barbilla.
Mi hija con su boca casi desencajada y sus ojos llorosos, porque se le saltaban las lágrimas, me miraba como si no se pudiera creer que su padre le hubiera metido todo su enorme pene dentro de su garganta.
Por mi parte, yo ya fuera de control y viendo que mi hija no hacía ningún gesto de rechazo, comencé a follarme su garganta, sin contemplaciones... Uffff
Mi excitacion era tanta, que a pesar de que acababa de correrme, sentí que me corría de nuevo, no me dio tiempo a sacarsela y comencé a correrme dentro de su garganta.
Mi hija no hizo ningún gesto de axfisia ni de ahogo, así que cuando terminé de correrme se la saque y mi hija aprovechó para meter mis testiculos en su boca y chuparmelos, cosa que no me habían hecho en mi vida... Ufff
Ahí descansamos un rato, pero por poco tiempo, ya que mi hija me dijo que ahora quería que se la metiera por el culo, sin darme un respiro.
Yo estaba tan excitado que mi pene se mantenía tieso y duró de forma continua, así que le dije que se pusiera a cuatro, mi hija me obedeció con mucho gusto, me dio el tubo de lubricante qué tenía bajo la almohada y me dijo:
- Venga papá rompe el culo a una de tus hijas, dame con el lubricante y no te andes con contemplaciones, quiero que me duela, así que diga lo que diga, tu no pares hasta metermelo entero...
Me puse a ello, me situe de rodilla detrás de ella, le eché un buen chorro de lubricante y se lo metí con mis dedos, haciendo movimientos giratorios con tres dedos, tratando de dilatar su esfinter.
Luego me eché también lubricante en todo mi pene, lo enfile a la entrada de su ano y agarradomeló con una mano, lo empujé hasta que conseguí que mi glande traspasar a su esfinter... Ufff
Mi hija solo jadeaba como un animalito, yo le dije que ya había conseguido meterle mi glade y que iba a empezar a meterle el resto poco a poco.
Ella me dijo que le había dolido un poco, pero que se lo siguiera metiendo sin contemplaciones.
Yo la agarré con mis dos manos de sus caderas y empecé a empujar, haciendo movimientos de mete y saca, metiendoselo centímetro a centímetro.
Mi hija jadeaba muy fuerte y resoplaba, pero no se quejaba, a pesar de que le tenia que doler.
Cuando llevaba ya más de la mitad dentro, se lo saqué completamente, eché un buen chorro de lubricante en el enorme agujero de su ano dilatado, se lo volví a meter y cuando llegué a la altura de antes, retrocedí y luego di un fuerte empujón y se la metí hasta los huevos.
Mi hija dio un fuerte grito de dolor, que me asustó y le dije:
- ¿Te duele mucho? ¿Quieres que te la saque?
A lo que ella con voz muy ronca me contestó:
- Ni se te ocurra, espera solo un momento para que me acostumbre y luego ya puedes follarme sin contemplaciones...
Mientras esperaba le di unos manotazos suaves en sus glúteos y mi hija me dijo:
- Así papá dame más fuerte, así se me pasa el otro dolor.
Asi que empecé a darle manotazos con las dos manos y ella me decia:
- Así papá, más fuerte... Más fuerte...
Yo le seguí dando y cuando menos lo esperaba, empecé a follarla el culo de nuevo.
Mi hija gritaba, pero me decía que no parara, así que yo me volví como loco, la agarre de las caderas y comencé a follarmela freneticamebte, sin prestar atención a lo que dijera mi hija.
Me metí totalmente en el papel de sexo duro, mi hija, al contrario que su hermana tiene una larga melena, así que la agarré con una de mis manos de su melena, mientras que con la otra le seguía dando manotazos en el culo, sin parar de follarla.
Mi hija se volvió también como loca y me gritaba:
- Siiiii... Asiiii... Papaaaa... Asiiii, trátame como a una putaaaa... Carmen será la sustituta de mamá y yo seré tu puta.. Tu putaaaa... Ahahah
Sentí las fuertes contracciones de su esfinter, señal de que se estaba corriendo, así que bajé la mano que tenía libre a su coño y con ella recogí todo el fluido de su corrida y me llevé la mano a mi boca y lo chupe todo con verdadero deleite...
Como ella ya se había corrido y yo veía que no necesitaba correrme y que llevabamos ya mucho tiempo y ella tendría que volver a su casa, se la saqué y nos tumbamos los dos juntos, totalmente agotados, llevabamos casi dos horas sin parar...
Despues ella se duchó para quitarse el olor a sexo y nos reunimos con su herma y su hijo.
Quedamos los tres de acuerdo en que Carmen seria la sustituta de su madre y asumirá el rol de mi "mujer", mientras ella quisiera y que Isabel sería mi "amante".
El sexo con Carmen sería un sexo intenso, pero normal, mientras que con Isabel sería un sexo más fuerte, con connotaciones sadomasoquista, asumiendo ella el papel de sumisa, que haría todo lo que yo le pidiera.
Con Carmen haríamos vida de matrimonio, dormiríamos juntos, como un matrimonio normal, mientras que Isabel nos visitaría cuando pudiera y cuando ella viniera tenía que darle sexo del qué a ella le gusta.
Por supuesto esto sería cosa de nosotros tres y nadie más tendría que saberlo nunca.
Así transcurre mi vida y soy el padre viudo más feliz del mundo.