-
Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 001
Tenía casi 50 años, estaba casado con una mujer estupenda y tenía una hija pequeña. No me podía quejar porque me iba bien en mi trabajo, con buenos ingresos que me permitían vivir holgadamente y tener una casa preciosa con un jardín. Lo único que echaba en falta era más vida sexual, porque con mi pareja era escasa; ella era muy pasiva y no entraba para nada en juegos. También tenía pocos, pero buenos amigos y pertenecía a varios grupos sociales. De vez en cuando, cuando la familia y el trabajo lo permitían, me gustaba hacer algo de deporte.
Era cierto que en muchas ocasiones había pensado en buscar una amante, quizás incluso en dejar a mi pareja y encontrar a alguien más afín, pero de momento no había dado ese paso. Algunos amigos sé que iban con profesionales, pero no era algo que me gustara, y lo que sí reconocía hacer era mirar porno de forma habitual; pero siempre odiaba esos relatos o vídeos donde se trataba a las mujeres como guarras o putas. Me gustaban aquellos donde se transmitía un cariño más allá de lo sexual, incluso en los vídeos donde lo que se veía era una relación normal de pareja, con el respeto que debe ser imprescindible.
Mi historia empieza una noche cualquiera en que de pronto me asalta un sueño erótico que solo recordaba haber tenido una vez anteriormente en mi vida, aunque fue distinto porque esta vez al contrario que la primero no me sentí mal por tenerlo y me desperté sintiendo que lo había disfrutado muchísimo, me desperté realmente excitado. Muchas veces he soñado con mujeres conocidas, con exparejas también o amigas o conocidas, pero en este caso el tema era con mi madre. En este sueño estaba dormido a su lado, como si fuera mi mujer, me acercaba a ella en la cama, la veía tumbada y completamente desnuda y empezaba a acariciarla sintiendo ese cuerpo de mujer de casi 80 años, con esas curvas ya no tan firmes, ese vientre abultado y caderas amplias, esos pechos grandes, pero algo caídos. Ella se giraba hacia mí y abriendo los ojos me preguntaba porque no la dejaba dormir y yo le confesaba mi enorme deseo hacia ella a lo que me respondía con un beso y con un “ya sabes que te quiero mucho”, ese beso que primero era solo un pico, se hacía poco a poco más apasionado, con nuestras lenguas empezando a rozarse primero y después ya con nuestras bocas completamente fundidas y con mi mano derecha en su pelo y la izquierda sobre su cuerpo, acariciando su vientre, subiendo a sus pechos y agarrándome con fuerza a uno de ellos, para después alternar ese contacto con el de sus caderas y su culo. En ese momento no éramos madre e hijo, sino dos amantes excitados, yo con mi pene duro como una piedra y ella con leves gemidos que delataban la excitación y que corroboraba la humedad de su sexo cuando acerque mi mano entre sus piernas. Después yo me colocaba suavemente sobre ella y dejaba caer mi cuerpo entre sus piernas, penetrando lentamente la misma vagina que me vio nacer, moviéndome lentamente primero y más deprisa después, para terminar, en el justo momento que sentía los espasmos de su orgasmo, corriéndome dentro de ella, y manteniéndome dentro mientras seguía besándola apasionadamente. Desperté como dije con esa excitación, con los restos de esperma seco en mi pene por haber eyaculado y sobre todo sintiendo que había sido algo delicioso.
El mismo sueño se repitió en los siguientes días un par de veces, e incluso busque alguna película con mujeres maduras de pelo blanco con las que masturbarme recordando el sueño y sin querer quitármelo de la cabeza. La idea de aquel momento como algo posible empezó a tomar fuerza en mi e incluso imaginaba como se lo decía, y cuál sería su respuesta.
En los días siguientes cada vez que tenía sexo con mi pareja, no muchas veces, no sentía que lo hacía con ella, sino que era con mi madre, a quien imaginaba debajo de mí, aunque los cuerpos no sean parecidos.
Pasados los días hable con mi terapeuta sobre ello y llegamos a la conclusión que quizás debido a la distancia que he sentido siempre con mi madre, lo que sería una historia larga de contar, lo que he hecho ha sido canalizar mis sentimientos a una atracción como mujer y el sexo como forma de darle placer y hacerle sentir lo feliz que parece que no soy capaz de hacerla. Así pues, mi terapeuta me planteo una forma de romper ese círculo, tenía que intentar seducirla, no con el objetivo de lograr tener algo con ella, sino darme cuenta de que ese solo era mi sueño y que con el rechazo que sin duda tendría, pues ella tiene a mi padre, entonces se rompería la fantasía y podría romper con esa atracción. Pero realmente yo me tomé eso como un objetivo asumible y no creía para nada que fuera a hacer que desapareciera mi atracción y de hecho pensaba que seria posible lograr el objetivo.
De siempre hemos tenido una pésima relación, desde mi adolescencia, con broncas y enfados y una casi total falta de comunicación, evitando por mi parte los encuentros y contándole lo justo de mi vida, más bien poco o nada. Ahora tocaba pues invertir esta situación y hacer justo lo contrario, tenía que acercarme a ella y mostrarle el hombre que tenía delante, pero con delicadeza, sin presionar y sin mostrar mis sentimientos y mis incestuosos deseos. Aunque en momentos pensé en ser directo y claro y decirle lo que sentía, en otros me di cuenta de que eso provocaría posiblemente un rechazo total, e incluso temía que pudiera contarle a mi padre o a mi pareja. Así pues, inicie mi plan con un acercamiento, con algún mensaje diario por WhatsApp preguntando como estaba, mandando algún meme o con cualquier otra excusa tonta para mantener un contacto permanente, incluso varias veces al día. Poco a poco ella empezó a responder igual forma, con mensajes más cariñosos y cercanos. Creo que ella necesitaba esa cercanía y ese cariño, porque creo que con mi padre no lo tenía, y yo empecé a dárselo. Si antes evitaba el contacto ahora lo buscaba, y si antes evitaba darle besos ahora también se los daba. Me sentía cada vez más cercano y le prestaba más y más atención.
En ese momento mi madre centraba la mayoría de mis masturbaciones como objeto total de deseo, imaginando mil situaciones o lugares donde se producía el tan ansiado encuentro. Cuando tenía relaciones seguía fantaseando cada vez más con que era ella y no mi mujer a quien estaba besando, tocando, masturbando y penetrando, teniendo unos deliciosos y potentes orgasmos nunca vividos. Mi mujer se dio cuenta de que mostraba muy apasionado, más de lo habitual.
En ese momento no hubo rechazo puesto que tampoco había ido más allá de unos mensajes o situaciones totalmente normales y sin ningún tipo de connotación sexual. Pero pasaba el tiempo y era el momento de ir un paso más allá, tenía que forzar la máquina o de lo contrario no podría llegar al objetivo. Y la oportunidad llego casi sin esperarlo, cuando me dijo que necesitaba estar unos días fuera de casa, que estaba muy estresada y que quería irse unos días al apartamento que tienen en la costa ella sola, pero debido a la edad y las dificultades de movilidad tenía miedo de estar sola, y vi el cielo abierto, ofreciéndome a ir con ella, al menos un fin de semana, y así alejarme de casa donde yo también tenía problemas en mi relación. Este hecho me daría la oportunidad de estar los dos solos, tenerla solo para mí y dar un paso más sin tener interrupciones. Solo imaginar ese fin de semana solos tuve un calentón tremendo que me obligo a masturbarme pensando en ello durante días. Una de las veces lo hice mientras estaba en el trabajo hablando con ella por teléfono planeando la salida, escuchando su voz e intentando disimular el temblor de mi voz al llegar a un tremendo orgasmo.
No podía pensar en otra cosa, y no veía el día que al fin estuviéramos los dos juntos.
Llegado el día habíamos quedado en que pasaría a buscarla al terminar de trabajar, eso serian como las 8 de la tarde, así que no llegamos a destino hasta casi las 10 de la noche. Era un viernes y estaríamos allí según los planes hasta el domingo por la tarde.
Ella me esperaba en la puerta con un bolso grande que amablemente le coloque en el maletero del coche. A continuación, le abrí la puerta y la ayudé a sentarse con cuidado porque últimamente tenía problemas de cadera y mi coche es un poco bajo. Me alegro ver que se había vestido como solía hacer, bastante normal, pero que en esta ocasión se había pintado labios y ojos, cosa que no solía hacer y me resulta especialmente atractiva.
Durante el viaje no podía dejar de mirarla a cada momento, la veía radiante, y ella comento varias veces las ganas que tenia de desconectar de casa y de mi padre. Yo también le conté sobre mis problemas en casa y de cómo estaba pensando en divorciarme, cosa que ella no intuía, a lo que me respondió que si quería podía irme unos días a su casa para desconectar y relajarme, aunque inmediatamente mis pensamientos esa palabra disparó en mi lo que me gustaría hacer para lograrlo y lo excitante que sería por tenerla todo el tiempo cerca de mi más cuando mi padre solía estar todo el día fuera de casa pasando la mayor parte del tiempo en sus actividades.
Tras un rato en silencio decidí reemprender la conversación y atacar, tocando el tema sexual y diciéndole que eso era algo importante para mí, y que era algo que no estaba funcionando en absoluto en mi relación, aunque cierto es que teníamos sexo frecuente pero no por mi deseo hacia mi pareja, sino por mi fantasía. Su respuesta me sorprendió porque me dijo que a ella le sucedía lo mismo desde hacía ya varios años y que de hecho era un motivo de discusión porque mi padre no le respondía. Me había dejado abierto un camino que no podía dejar pasar, así que le pregunte si me podía explicar sobre su situación, que yo como terapeuta de parejas y sexólogo igual le podría dar algún consejo. Entonces me confeso que llevaba varios años sin mantener ningún tipo de relación sexual y era algo que ahora asumía como normal, aunque reconociendo que mi padre nunca fue ni muy fogoso ni morboso como a ella le habría gustado, aunque él tenía problemas de erección no había buscado solución, pero tampoco tenía interés en tocarla más allá de algún beso. Estaba dispuesto a todo y le pregunte si ella había pensado alguna vez en buscar un amante, pues yo sí lo había hecho, y me dijo que eso no era algo que le gustara porque seria estar con un desconocido, que ella no estaba físicamente para gustar y que le costaría disfrutarlo. Ya puestos en la conversación, y decidido a ir a por todas, le pregunte si no había buscado el estimularse a sí misma tanto de forma manual como con algún tipo de juguete y su respuesta me sorprendió mucho porque me conto que una amiga le había enseñado algunos que tenía en casa y que incluso le regaló uno que tenía oculto, pero que le parecía frio y que tampoco encontraba el momento. Después de unos momentos pensativa me dijo que estaba demasiado vieja para eso y que podía soportar la falta de sexo, aunque tuviera deseos. Yo había visto que el tema no le incomodaba y le conté que yo sí que tenía varios juguetes para mí y que los utilizaba a diario, una vagina simulada y un masturbador vibrador, pero que realmente eso no me llenaba como el estar con una mujer, con alguien con quien sentir caricias, los besos de deseo. Quería ver su reacción ante dichos comentarios, pero para nada se mostró ni molesta ni ruborizada, al contrario, me escuchaba como si le hubiera contado el tiempo que hacía hoy.
Tener a mi lado a esa preciosa mujer que tanto deseaba y saber que estaba falta de ese cariño y con el deseo contenido no hacía más que calentar mi mente.
En un momento dado del viaje, aprovechando que el coche es automático y no necesito usar la mano derecha para el cambio, le agarre su mano y apoye nuestras manos sobre su muslo. En ese momento ella me miro y respondió a mi gesto con una sonrisa. El resto del camino nuestras manos siguieron unidas.
Al llegar al apartamento ya era tarde y aunque se ofreció a cocinar algo la verdad es que ninguno de los dos teníamos mucha hambre y solo comimos algo de fruta. Al terminar recogí los platos y recogí la mesa.
Ella se había quedado sentada en la mesa
-Creo que voy a ir a cambiarme de ropa. Las medias y la faja me molestan y necesito un poco de comodidad.
-Yo creo que también me cambiare.
Apenas dos minutos después yo estaba sentado en el sofá, con tan solo un pantalón corto de deporte y sin nada más. Ella tardo un poco más y cuando volvió lo hizo con su camisón y una bata fina que dejaban ver perfectamente sus redondas formas y la curva de sus pechos, grandes y caídos lógicamente por la edad. No se había desmaquillado así que seguía estando preciosa para mí.
― ¿Qué te ha pasado en el pecho? ― me preguntó alargando su mano y acariciando mi suave pecho — No tienes ni un pelo.
― Lo cierto es que cuando vamos a la playa nudista, donde solemos ir con mi mujer, la mayoría de la gente va depilada completamente, tanto hombres como mujeres, y yo hace unos meses que hice lo mismo, así que ahora no tengo pelo, en ninguna parte ― recalque esto último para que no quedara duda ―. Supongo que tu aun te depilas.
― Hace años que no. En las piernas no tengo pelo hace años y en el resto…la verdad es que poco y todo blanco como en la cabeza. En todo caso tampoco me va a mirar nadie. No tengo necesidad de ello.
― Si te soy sincero con ese bañador tan antiguo que usas es difícil que te miren mucho en la playa, aunque tus curvas si llaman seguro la atención. Deberías de comprar uno más moderno.
― Hijo, estoy muy muy gorda, tengo las piernas con celulitis y el pecho está muy caído, así que dudo que alguien me pueda mirar demasiado como dices. Si miran a alguna será a las chicas jóvenes y con buen tipo. Incluso los hombres de mi edad las prefieren.
― Pues yo te veo preciosa. De hecho, aparentas muchos menos años de los que tienes, ya lo sabes. Cuando te disfrazaste hace cuatro o cinco años con tu grupo de amigas con aquella peluca morena y larga, y me mandaste la foto reconozco que tarde un rato en ser consciente que eras tú, y lo primero que pensé es que eras una mujer muy atractiva y mucho más joven incluso de mi edad.
― Era evidente que era yo.
― Pues yo no me di cuenta. Realmente estabas muy bien. Caramba que no me habría importado nada ligar contigo. Tarde en darme cuenta de que miraba a mi madre pensando que me resultaba muy atractiva.
― Y ahora me ves aquí en bata y con el pelo blanco ya no piensas eso.
― La verdad es que sigues pareciéndome muy atractiva con el pelo blanco y vestida así.
Ella se mostró sorprendida y se puso un poco roja, pensé que quizás incomoda por el camino que tomaba la conversación.
Imagino que por cambiar de tema me pregunto si quería tomar un chupito de algo y se fue a la cocina a buscar una botella de orujo de limón. Seguimos charlando de otras cosas mientras al menos a mí el orujo me hacía efecto tras solo dos chupitos, supongo que por no haber cenado casi nada. Si antes me sentía excitado ahora además estaba muy envalentonado.
― Y tengo que contarte algo ― le dije ― y es que pareces una mujer muy interesante. Y si te encontrara en una discoteca ten por seguro que intentaría ligar contigo sin importarme tu edad. Tienes un magnetismo especial.
― Ya me gustaría a mi atraer a hombres jóvenes, aunque solo fuera que me miraran. Hace años que eso dejo de pasar. Si me miran será para decir mira esa vieja que gorda y reírse. Pero, aunque sea mentira que ligarías conmigo te agradezco el cumplido.
― No es cierto. A mí ya sabes que de siempre me gustaron las mujeres gordas e incluso tuve una pareja que tenía un pecho muy voluminoso y también estaba muy gorda. Hasta ahora no he sido consciente de cuánto me recordaba a ti. Hablando con mi terapeuta cree que fue para mí una manera como salir contigo. Pero ella no era tu obviamente y la cosa no llego muy lejos.
― ¿Te gusto como mujer? — dijo frunciendo el ceño con extrañeza.
― Exacto ― el licor me había quitado todo freno ― y mucho. Madre mía si me pareces atractiva.
― Mentiroso.
Su forma de hablar también mostraba que el alcohol había hecho su efecto en ella. Una leve sonrisa y una risilla nerviosa.
El alcohol subía la temperatura de los dos y ella había abierto su bata mostrando su cuerpo mucho más claramente, y dejando sus pechos marcados y visibles completamente a través de la fina tela
― De veras. Además, tengo un trauma por tu culpa porque no me diste el pecho de pequeño, y siempre que te he visto en bañador o como ahora con el camisón viendo tus pechos pienso cuanto habría disfrutado alimentándome de ellos.
Ella envalentonada puso sus manos debajo de sus pechos y los levanto hacia arriba como si fueran una ofrenda mientras reía por su ocurrencia.
Esa imagen hizo que mi erección estuviera a punto, si no lo hizo, de salir por la pernera del corto pantalón.
― Eso querría que hubieras hecho entonces. Madre mía como me gustaría haberlos tenido para mí y disfrutarlos. Mucho mejor que un biberón.
― ¿Aun piensas en ello? Eso pasó hace muchos años y debería de ser algo superado.
― Es mi trauma. Poder lamerlos, sorber de ellos y sentir que son míos.
― Pues tu padre ni los mira, y a mí me da vergüenza que estén tan caídos ― dijo mientras con sus manos aun debajo los sostenía y movía arriba y abajo ―. Y tú queriendo mamar de ellos. Menudas ocurrencias que tienes.
— Pues lo digo de veras. No lo he superado como tú dices.
En ese momento su mirada cambió y sin decir más abrió los botones de la parte alta del camisón, poco a poco y uno a uno, mirándome fijamente a los ojos y seria.
Mi corazón estaba a punto de explotar pensando que al fin podría tener esos pechos libres para mí, poder disfrutar completamente de ellos, cosa que solo había sucedido en mis fantasías.
Ella saco uno de sus enormes pechos y después el otro e hizo un gesto indicando que podía acercarme. Yo me coloqué de rodillas entre sus piernas y agarré cada uno con una mano, suavemente, acercando mi lengua a uno de ellos y empezando a mamar con ganas, disfrutando de darle chupetones a aquel enorme pezón, como si pudiera alimentarme realmente de ellos, La reacción de mi madre no se hizo esperar y unos segundos después empezó a hacer unos suaves jadeos, signo de su excitación.
― Me estas poniendo muy nerviosa. Esto no debería de ser así.
― Se que te estas excitando y me encanta que te sientas así. Quiero que sientas mi deseo y mi placer.
― Soy tu madre y no tendrías que hacerme sentir así. Esto tienes que hacerlo con tu mujer.
― Hoy eres solo tú, una mujer, y yo soy un hombre deseoso de ti ― y dicho esto seguí mamando con todas mis ganas. Sus pechos me sabían a gloria y no podía parar.
Ella estiro su cabeza hacia atrás y puso sus manos en mi cabeza sosteniéndolas para que no dejara de mamar mientras murmuraba “esto no está bien”. Estoy seguro de que llevaba demasiado tiempo sin sentirse así, y yo la verdad disfrutaba de poder estarle causando este placer. Sus jadeos se hacían cada vez más intensos mientras me llamaba por mi nombre y me pedía que no parara y empezaba a verbalizar un “que gusto”.
Mis manos pasaron ahora a sus muslos y empezaron a acariciarlos mientras seguía bien pegado a sus pechos. Mis manos primero sobre sus rodillas y después subiendo por sus rollizas piernas hasta llegar a los límites de sus bragas, única prenda que no se había quitado. Ella me dejaba hacer es incluso abrió los muslos un poco facilitando mis caricias, ahora por el interior, y haciendo que poco a poco mis manos empezaran a jugar con borde de sus bragas, sintiendo el calor y la suave humedad fruto su excitación que podía incluso oler. Allí seguí jugando con mis dedos en los límites de la braga hasta que suavemente introduje uno de mis dedos por el borde provocando un respingo en ella al sentir mi dedo entre sus labios vaginales y sentir como empezaba a moverme sobre su clítoris inflamado. Sus labios vaginales eran grandes y encerraban una increíble humedad, quizás incluso porque con la excitación tenia una leve perdida de orina.
Me subí de nuevo al sofá, sentado sobre una de mis piernas y con mi cuerpo pegado hacia ella. Acerqué mi boca a la suya y le di un suave beso que enseguida se convirtió en un intento morreo entre jadeos de los dos y mientras mi mano seguía moviéndose para darle el máximo de placer. En ese momento lo que más deseaba era hacerla llegar al orgasmo con mis dedos que se movían rápidamente, y puedo jurar que fue uno de los orgasmos más intensos que he visto con ninguna de mis parejas, dando varias sacudidas antes de decirme que tenía bastante.
Yo seguía acariciando todo su cuerpo que ahora estaba solo medio cubierto por su camisón, con los pechos fuera y los muslos totalmente al aire. Era una imagen preciosa y yo no dejaba de comerle la boca con pasión.
― ¿Y tú? ― preguntó ― Yo no te he tocado.
Cogí su mano y la llevé hasta mi pene que estaba totalmente erecto y de hecho a punto de eyacular casi sin tocarme.
― No sé qué tengo que hacer.
― Solo muévelo arriba y abajo.
― Es muy grande.
― Es que me excitas muchísimo. Estoy deseando tenerte toda. Hoy soy todo tuyo y quiero hacerte disfrutar todavía más.
― Eso no puede ser. Estaría mal.
Yo no hice caso de sus comentarios y ahora puse un pie en el sofá y dejando el otro en el suelo, y dejando mi pene casi a la altura de su cara. Ella lo miraba fijamente. Yo ahora tenia una de mis manos en su pecho y acariciaba con la otra su pelo. Casi sin darme cuenta intentaba acercar su cara a mi pene.
― Una vez vi en una película que la chica se lo lamia. Creo que fue viendo Emmanuelle ― yo había visto también esa copia de la película que un amigo le presto a mi padre ―. ¿A ti eso te gusta? Yo no lo he hecho nunca. Imagino que no sabría como hacerlo para no hacer daño.
― Me encantaría ver como lo haces. Solo acerca tu boca y lame como si se tratara de un helado que te gusta mucho.
No hicieron falta más explicaciones y ella empezó a lamerlo suavemente, dando lengüetazos a mi glande como yo le había pedido. No puedo describir el placer que sentía, inmenso, y acerqué más mi pene a su boca hasta que lo hice entrar, sin que ella dejara de lamer, ahora con el dentro, e iniciando un movimiento de penetración que hacía que este entrara y saliera. Ella lo agarraba con fuerza con sus labios, con sus manos en mis caderas, y no hacia gesto alguno de sentir asco ni de detenerse.
Pasados apenas un par de minutos ya no podía más, estaba a punto de eyacular y así se lo hice saber.
― Vas a hacer que me corra. ¡Dios que gusto! Nadie me había dado tanto placer como tú ahora.
― Hazlo mi niño. Disfruta ― y dicho esto siguió lamiendo con fuerza y siendo ahora ella quien movía la cabeza adelante y atrás.
Yo apenas podía ya contener mi eyaculación. Solo un breve “ya ya” por mi parte antes de que mi eyaculación fuera imparable y que esta terminara en la boca de mi madre que primero la recibió en su boca y al apartarse la dejo caer en parte sobre su pecho, mientras seguía lamiendo con ganas y creo que tragando gran parte de mi eyaculación hasta que tuve que pedirle que parara.
Me senté ahora junto a ella y agarrando su cabeza hacia mí la besé de nuevo, notando el sabor del semen restante en su boca, pero ahora ya nada me importaba e incluso eso me gustó.
Habíamos dejado de ser madre e hijo y habíamos pasado a ser amantes. Éramos en ese momento solo hombre y mujer, disfrutando de una enorme pasión.
― Vamos a la cama. Quiero ser tu mujer por esta noche.
No hizo falta que me diera la orden dos veces. La cogí de la mano y tomé el camino hacia la habitación. Abrí la cama para meternos dentro y suavemente la senté y le quité el camisón y las bragas, que ahora estaban completamente empapadas de su orgasmo previo. Yo ya había dejado mis pantalones antes. La ayudé a acostarse, la tape y me metí dentro de la cama por el otro lado, quedando ahora a su izquierda, ella boca arriba y yo de medio lado con el brazo por debajo de su cuello y el otro acariciando su vientre. Nuestras bocas se unieron de nuevo en un apasionado beso, las lenguas se movían rápidamente, para mí con la sensación que no estaba acostumbrada a ese tipo de besos porque la note torpe, luego me confirmaría que nunca se besaban así con mi padre.
― ¿De verdad tanto me deseas?
― Me vuelves loco. Quiero sentirme dentro de ti. Hace muchos años que debería de haberme dado cuenta y no ha sido hasta hace poco que fui totalmente consciente. Toda tu me calientas como nadie más lo hace.
― Pero siempre estabas enfadado conmigo.
― Creo que intentaba alejarme de mi. Una parte que sabía lo que sentía y que no quería sentirlo. Lo siento, sé que te he tratado muy mal.
― ¿Y ahora?
― Soy consciente que te deseo como mujer. Que quiero hacer el amor contigo. No imaginas la cantidad de veces que me he masturbado pensando en ello y en mil posibilidades de llegar a este día.
― ¿Te masturbas mucho? Tienes a tu pareja.
― Con ella poco, apenas a veces de mes en mes, pero masturbarme si lo hago a diario, e incluso hasta dos veces al día, en el baño o en el despacho leyendo relatos o viendo videos. Últimamente mucho leyendo relatos de incesto y buscando videos de mujeres gordas y de pelo blanco.
― Caramba sí que eres activo. Yo no me he masturbado nunca y tu padre nunca ha llegado a hacerlo como tu hoy. Siempre hemos ido directos al tema. El disfrutaba, pero yo no tanto como hoy.
― Pues he visto muchas películas y relatos donde eso si pasa, es natural, no es malo. Mujeres maduras disfrutando de su sexualidad.
― Esas de los videos o los relatos no serán como yo.
― Si las hay. Mujeres muy maduras gordas y con pechos grandes, bueno la verdad que pocas con tanto pecho como tú, y lo mismo en los relatos con hijos que desean a sus madres. No soy el único al que le gustan mujeres de verdad como tú, con buenas curvas.
― ¿Y que deseas ahora?
Toda mi respuesta fue besarla y desplazar mi mano hacia abajo para volver a masturbarla lentamente. Ella sintió mis dedos tocando y respondió con una sonrisa cómplice y lamiendo los labios con su lengua, entrecerrando los ojos al sentir placer.
― Voy a metértela toda dentro. Te voy a penetrar y darte todo el placer que sea posible.
― Ten cuidado que es grande y yo…bueno llevo tiempo sin hacer nada.
― Seré cuidadoso con mi amante ― ya no era mi madre, era una mujer que me tenía tremendamente excitado.
Desde donde estaba a su lado le eleve para colocarme entre sus piernas, sosteniendo mi peso sobre los brazos apoyados sobre la cama en una postura que resultara lo menos pesada para ella, ya que así no tenía que soportar mi peso apretando sobre ella. Humedecí mi pene pasándolo varias veces por la entrada de su vagina, masturbándola con él, hasta empezar a penetrarla suavemente, atento a los gestos de su cara por si producía algún tipo de molestia. Poco a poco fui entrando, era un momento maravilloso sentirla toda mía, ese momento esperado, hasta que sentí como la tenía completamente dentro, mi pubis apretado sobre el suyo y sintiéndola bien lubricada.
― Te quiero. Esto es maravilloso ― le dije
― Yo también a ti, ahora eres mi hombre. Gracias por ser tan delicado.
Inicie entonces un movimiento de penetración. Ella gemía a cada entrada, subiendo el volumen de sus jadeos, tensionando y apretando mi pene con una vagina que no creía que estuviera tan firme por la edad, pero que lo era más de lo que había sentido en mujeres mucho más jóvenes.
La luz de la habitación estaba encendida y yo había levantado la ropa de la cama para poder ver como entraba y salía de ella, el movimiento de sus pechos caídos hacia los lados del cuerpo y que ella ahora agarraba y acariciaba mientras los acercaba hacia arriba permitiéndome besarlos.
Sabía que este primer contacto no sería largo, pese a que había eyaculado hacía poco, porque estaba realmente muy caliente, y decidí aumentar el ritmo. Sus ojos estaban cerrados y sus gemidos subían de intensidad, cosa que aún me excitaba más. No sé cuánto tiempo paso, estaba totalmente centrado en las sensaciones y en el momento.
― Que gusto……uffff…estoy a punto de terminar — mis pensamientos estaban nublados por el placer que sentía.
― Hazlo ― me respondió —. Córrete dentro que me muero de ganas de sentir tu leche caliente.
Apenas pude emitir un “siiii” alargado antes de correrme como hacía mucho que no lo hacía. La intensidad de mi orgasmo fue tremenda. Me quedé dentro y continue bombeando suavemente viendo como ella seguía sintiendo hasta que poco a poco mi pene perdió su dureza y salí de ella colocándome de nuevo a su lado con mi mano sobre su pubis, viendo sus ojos cerrados y sintiendo en la punta de mis dedos el líquido saliendo de ella. Me los lleve a la boca y los deguste con placer en la mezcla de su flujo y mi esperma.
Ella abrió al fin los ojos y acercándose me dio un beso cálido, amoroso.
― Gracias. Nunca pude imaginar algo así. Me siento confusa.
― Nos queda todo el fin de semana y será inolvidable. Hoy me has hecho muy feliz.
La volví a besar con ternura mientras la acariciaba. Nos tapamos bien porque hacia algo de frio pese a la época y nos quedamos dormidos, piel con piel, abrazados como lo que éramos en ese momento, dos amantes enamorados.
-
Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 001
Tenía casi 50 años, estaba casado con una mujer estupenda y tenía una hija pequeña. No me podía quejar porque me iba bien en mi trabajo, con buenos ingresos que me permitían vivir holgadamente y tener una casa preciosa con un jardín. Lo único que echaba en falta era más vida sexual, porque con mi pareja era escasa; ella era muy pasiva y no entraba para nada en juegos. También tenía pocos, pero buenos amigos y pertenecía a varios grupos sociales. De vez en cuando, cuando la familia y el trabajo lo permitían, me gustaba hacer algo de deporte.
Era cierto que en muchas ocasiones había pensado en buscar una amante, quizás incluso en dejar a mi pareja y encontrar a alguien más afín, pero de momento no había dado ese paso. Algunos amigos sé que iban con profesionales, pero no era algo que me gustara, y lo que sí reconocía hacer era mirar porno de forma habitual; pero siempre odiaba esos relatos o vídeos donde se trataba a las mujeres como guarras o putas. Me gustaban aquellos donde se transmitía un cariño más allá de lo sexual, incluso en los vídeos donde lo que se veía era una relación normal de pareja, con el respeto que debe ser imprescindible.
Mi historia empieza una noche cualquiera en que de pronto me asalta un sueño erótico que solo recordaba haber tenido una vez anteriormente en mi vida, aunque fue distinto porque esta vez al contrario que la primero no me sentí mal por tenerlo y me desperté sintiendo que lo había disfrutado muchísimo, me desperté realmente excitado. Muchas veces he soñado con mujeres conocidas, con exparejas también o amigas o conocidas, pero en este caso el tema era con mi madre. En este sueño estaba dormido a su lado, como si fuera mi mujer, me acercaba a ella en la cama, la veía tumbada y completamente desnuda y empezaba a acariciarla sintiendo ese cuerpo de mujer de casi 80 años, con esas curvas ya no tan firmes, ese vientre abultado y caderas amplias, esos pechos grandes, pero algo caídos. Ella se giraba hacia mí y abriendo los ojos me preguntaba porque no la dejaba dormir y yo le confesaba mi enorme deseo hacia ella a lo que me respondía con un beso y con un “ya sabes que te quiero mucho”, ese beso que primero era solo un pico, se hacía poco a poco más apasionado, con nuestras lenguas empezando a rozarse primero y después ya con nuestras bocas completamente fundidas y con mi mano derecha en su pelo y la izquierda sobre su cuerpo, acariciando su vientre, subiendo a sus pechos y agarrándome con fuerza a uno de ellos, para después alternar ese contacto con el de sus caderas y su culo. En ese momento no éramos madre e hijo, sino dos amantes excitados, yo con mi pene duro como una piedra y ella con leves gemidos que delataban la excitación y que corroboraba la humedad de su sexo cuando acerque mi mano entre sus piernas. Después yo me colocaba suavemente sobre ella y dejaba caer mi cuerpo entre sus piernas, penetrando lentamente la misma vagina que me vio nacer, moviéndome lentamente primero y más deprisa después, para terminar, en el justo momento que sentía los espasmos de su orgasmo, corriéndome dentro de ella, y manteniéndome dentro mientras seguía besándola apasionadamente. Desperté como dije con esa excitación, con los restos de esperma seco en mi pene por haber eyaculado y sobre todo sintiendo que había sido algo delicioso.
El mismo sueño se repitió en los siguientes días un par de veces, e incluso busque alguna película con mujeres maduras de pelo blanco con las que masturbarme recordando el sueño y sin querer quitármelo de la cabeza. La idea de aquel momento como algo posible empezó a tomar fuerza en mi e incluso imaginaba como se lo decía, y cuál sería su respuesta.
En los días siguientes cada vez que tenía sexo con mi pareja, no muchas veces, no sentía que lo hacía con ella, sino que era con mi madre, a quien imaginaba debajo de mí, aunque los cuerpos no sean parecidos.
Pasados los días hable con mi terapeuta sobre ello y llegamos a la conclusión que quizás debido a la distancia que he sentido siempre con mi madre, lo que sería una historia larga de contar, lo que he hecho ha sido canalizar mis sentimientos a una atracción como mujer y el sexo como forma de darle placer y hacerle sentir lo feliz que parece que no soy capaz de hacerla. Así pues, mi terapeuta me planteo una forma de romper ese círculo, tenía que intentar seducirla, no con el objetivo de lograr tener algo con ella, sino darme cuenta de que ese solo era mi sueño y que con el rechazo que sin duda tendría, pues ella tiene a mi padre, entonces se rompería la fantasía y podría romper con esa atracción. Pero realmente yo me tomé eso como un objetivo asumible y no creía para nada que fuera a hacer que desapareciera mi atracción y de hecho pensaba que seria posible lograr el objetivo.
De siempre hemos tenido una pésima relación, desde mi adolescencia, con broncas y enfados y una casi total falta de comunicación, evitando por mi parte los encuentros y contándole lo justo de mi vida, más bien poco o nada. Ahora tocaba pues invertir esta situación y hacer justo lo contrario, tenía que acercarme a ella y mostrarle el hombre que tenía delante, pero con delicadeza, sin presionar y sin mostrar mis sentimientos y mis incestuosos deseos. Aunque en momentos pensé en ser directo y claro y decirle lo que sentía, en otros me di cuenta de que eso provocaría posiblemente un rechazo total, e incluso temía que pudiera contarle a mi padre o a mi pareja. Así pues, inicie mi plan con un acercamiento, con algún mensaje diario por WhatsApp preguntando como estaba, mandando algún meme o con cualquier otra excusa tonta para mantener un contacto permanente, incluso varias veces al día. Poco a poco ella empezó a responder igual forma, con mensajes más cariñosos y cercanos. Creo que ella necesitaba esa cercanía y ese cariño, porque creo que con mi padre no lo tenía, y yo empecé a dárselo. Si antes evitaba el contacto ahora lo buscaba, y si antes evitaba darle besos ahora también se los daba. Me sentía cada vez más cercano y le prestaba más y más atención.
En ese momento mi madre centraba la mayoría de mis masturbaciones como objeto total de deseo, imaginando mil situaciones o lugares donde se producía el tan ansiado encuentro. Cuando tenía relaciones seguía fantaseando cada vez más con que era ella y no mi mujer a quien estaba besando, tocando, masturbando y penetrando, teniendo unos deliciosos y potentes orgasmos nunca vividos. Mi mujer se dio cuenta de que mostraba muy apasionado, más de lo habitual.
En ese momento no hubo rechazo puesto que tampoco había ido más allá de unos mensajes o situaciones totalmente normales y sin ningún tipo de connotación sexual. Pero pasaba el tiempo y era el momento de ir un paso más allá, tenía que forzar la máquina o de lo contrario no podría llegar al objetivo. Y la oportunidad llego casi sin esperarlo, cuando me dijo que necesitaba estar unos días fuera de casa, que estaba muy estresada y que quería irse unos días al apartamento que tienen en la costa ella sola, pero debido a la edad y las dificultades de movilidad tenía miedo de estar sola, y vi el cielo abierto, ofreciéndome a ir con ella, al menos un fin de semana, y así alejarme de casa donde yo también tenía problemas en mi relación. Este hecho me daría la oportunidad de estar los dos solos, tenerla solo para mí y dar un paso más sin tener interrupciones. Solo imaginar ese fin de semana solos tuve un calentón tremendo que me obligo a masturbarme pensando en ello durante días. Una de las veces lo hice mientras estaba en el trabajo hablando con ella por teléfono planeando la salida, escuchando su voz e intentando disimular el temblor de mi voz al llegar a un tremendo orgasmo.
No podía pensar en otra cosa, y no veía el día que al fin estuviéramos los dos juntos.
Llegado el día habíamos quedado en que pasaría a buscarla al terminar de trabajar, eso serian como las 8 de la tarde, así que no llegamos a destino hasta casi las 10 de la noche. Era un viernes y estaríamos allí según los planes hasta el domingo por la tarde.
Ella me esperaba en la puerta con un bolso grande que amablemente le coloque en el maletero del coche. A continuación, le abrí la puerta y la ayudé a sentarse con cuidado porque últimamente tenía problemas de cadera y mi coche es un poco bajo. Me alegro ver que se había vestido como solía hacer, bastante normal, pero que en esta ocasión se había pintado labios y ojos, cosa que no solía hacer y me resulta especialmente atractiva.
Durante el viaje no podía dejar de mirarla a cada momento, la veía radiante, y ella comento varias veces las ganas que tenia de desconectar de casa y de mi padre. Yo también le conté sobre mis problemas en casa y de cómo estaba pensando en divorciarme, cosa que ella no intuía, a lo que me respondió que si quería podía irme unos días a su casa para desconectar y relajarme, aunque inmediatamente mis pensamientos esa palabra disparó en mi lo que me gustaría hacer para lograrlo y lo excitante que sería por tenerla todo el tiempo cerca de mi más cuando mi padre solía estar todo el día fuera de casa pasando la mayor parte del tiempo en sus actividades.
Tras un rato en silencio decidí reemprender la conversación y atacar, tocando el tema sexual y diciéndole que eso era algo importante para mí, y que era algo que no estaba funcionando en absoluto en mi relación, aunque cierto es que teníamos sexo frecuente pero no por mi deseo hacia mi pareja, sino por mi fantasía. Su respuesta me sorprendió porque me dijo que a ella le sucedía lo mismo desde hacía ya varios años y que de hecho era un motivo de discusión porque mi padre no le respondía. Me había dejado abierto un camino que no podía dejar pasar, así que le pregunte si me podía explicar sobre su situación, que yo como terapeuta de parejas y sexólogo igual le podría dar algún consejo. Entonces me confeso que llevaba varios años sin mantener ningún tipo de relación sexual y era algo que ahora asumía como normal, aunque reconociendo que mi padre nunca fue ni muy fogoso ni morboso como a ella le habría gustado, aunque él tenía problemas de erección no había buscado solución, pero tampoco tenía interés en tocarla más allá de algún beso. Estaba dispuesto a todo y le pregunte si ella había pensado alguna vez en buscar un amante, pues yo sí lo había hecho, y me dijo que eso no era algo que le gustara porque seria estar con un desconocido, que ella no estaba físicamente para gustar y que le costaría disfrutarlo. Ya puestos en la conversación, y decidido a ir a por todas, le pregunte si no había buscado el estimularse a sí misma tanto de forma manual como con algún tipo de juguete y su respuesta me sorprendió mucho porque me conto que una amiga le había enseñado algunos que tenía en casa y que incluso le regaló uno que tenía oculto, pero que le parecía frio y que tampoco encontraba el momento. Después de unos momentos pensativa me dijo que estaba demasiado vieja para eso y que podía soportar la falta de sexo, aunque tuviera deseos. Yo había visto que el tema no le incomodaba y le conté que yo sí que tenía varios juguetes para mí y que los utilizaba a diario, una vagina simulada y un masturbador vibrador, pero que realmente eso no me llenaba como el estar con una mujer, con alguien con quien sentir caricias, los besos de deseo. Quería ver su reacción ante dichos comentarios, pero para nada se mostró ni molesta ni ruborizada, al contrario, me escuchaba como si le hubiera contado el tiempo que hacía hoy.
Tener a mi lado a esa preciosa mujer que tanto deseaba y saber que estaba falta de ese cariño y con el deseo contenido no hacía más que calentar mi mente.
En un momento dado del viaje, aprovechando que el coche es automático y no necesito usar la mano derecha para el cambio, le agarre su mano y apoye nuestras manos sobre su muslo. En ese momento ella me miro y respondió a mi gesto con una sonrisa. El resto del camino nuestras manos siguieron unidas.
Al llegar al apartamento ya era tarde y aunque se ofreció a cocinar algo la verdad es que ninguno de los dos teníamos mucha hambre y solo comimos algo de fruta. Al terminar recogí los platos y recogí la mesa.
Ella se había quedado sentada en la mesa
-Creo que voy a ir a cambiarme de ropa. Las medias y la faja me molestan y necesito un poco de comodidad.
-Yo creo que también me cambiare.
Apenas dos minutos después yo estaba sentado en el sofá, con tan solo un pantalón corto de deporte y sin nada más. Ella tardo un poco más y cuando volvió lo hizo con su camisón y una bata fina que dejaban ver perfectamente sus redondas formas y la curva de sus pechos, grandes y caídos lógicamente por la edad. No se había desmaquillado así que seguía estando preciosa para mí.
― ¿Qué te ha pasado en el pecho? ― me preguntó alargando su mano y acariciando mi suave pecho — No tienes ni un pelo.
― Lo cierto es que cuando vamos a la playa nudista, donde solemos ir con mi mujer, la mayoría de la gente va depilada completamente, tanto hombres como mujeres, y yo hace unos meses que hice lo mismo, así que ahora no tengo pelo, en ninguna parte ― recalque esto último para que no quedara duda ―. Supongo que tu aun te depilas.
― Hace años que no. En las piernas no tengo pelo hace años y en el resto…la verdad es que poco y todo blanco como en la cabeza. En todo caso tampoco me va a mirar nadie. No tengo necesidad de ello.
― Si te soy sincero con ese bañador tan antiguo que usas es difícil que te miren mucho en la playa, aunque tus curvas si llaman seguro la atención. Deberías de comprar uno más moderno.
― Hijo, estoy muy muy gorda, tengo las piernas con celulitis y el pecho está muy caído, así que dudo que alguien me pueda mirar demasiado como dices. Si miran a alguna será a las chicas jóvenes y con buen tipo. Incluso los hombres de mi edad las prefieren.
― Pues yo te veo preciosa. De hecho, aparentas muchos menos años de los que tienes, ya lo sabes. Cuando te disfrazaste hace cuatro o cinco años con tu grupo de amigas con aquella peluca morena y larga, y me mandaste la foto reconozco que tarde un rato en ser consciente que eras tú, y lo primero que pensé es que eras una mujer muy atractiva y mucho más joven incluso de mi edad.
― Era evidente que era yo.
― Pues yo no me di cuenta. Realmente estabas muy bien. Caramba que no me habría importado nada ligar contigo. Tarde en darme cuenta de que miraba a mi madre pensando que me resultaba muy atractiva.
― Y ahora me ves aquí en bata y con el pelo blanco ya no piensas eso.
― La verdad es que sigues pareciéndome muy atractiva con el pelo blanco y vestida así.
Ella se mostró sorprendida y se puso un poco roja, pensé que quizás incomoda por el camino que tomaba la conversación.
Imagino que por cambiar de tema me pregunto si quería tomar un chupito de algo y se fue a la cocina a buscar una botella de orujo de limón. Seguimos charlando de otras cosas mientras al menos a mí el orujo me hacía efecto tras solo dos chupitos, supongo que por no haber cenado casi nada. Si antes me sentía excitado ahora además estaba muy envalentonado.
― Y tengo que contarte algo ― le dije ― y es que pareces una mujer muy interesante. Y si te encontrara en una discoteca ten por seguro que intentaría ligar contigo sin importarme tu edad. Tienes un magnetismo especial.
― Ya me gustaría a mi atraer a hombres jóvenes, aunque solo fuera que me miraran. Hace años que eso dejo de pasar. Si me miran será para decir mira esa vieja que gorda y reírse. Pero, aunque sea mentira que ligarías conmigo te agradezco el cumplido.
― No es cierto. A mí ya sabes que de siempre me gustaron las mujeres gordas e incluso tuve una pareja que tenía un pecho muy voluminoso y también estaba muy gorda. Hasta ahora no he sido consciente de cuánto me recordaba a ti. Hablando con mi terapeuta cree que fue para mí una manera como salir contigo. Pero ella no era tu obviamente y la cosa no llego muy lejos.
― ¿Te gusto como mujer? — dijo frunciendo el ceño con extrañeza.
― Exacto ― el licor me había quitado todo freno ― y mucho. Madre mía si me pareces atractiva.
― Mentiroso.
Su forma de hablar también mostraba que el alcohol había hecho su efecto en ella. Una leve sonrisa y una risilla nerviosa.
El alcohol subía la temperatura de los dos y ella había abierto su bata mostrando su cuerpo mucho más claramente, y dejando sus pechos marcados y visibles completamente a través de la fina tela
― De veras. Además, tengo un trauma por tu culpa porque no me diste el pecho de pequeño, y siempre que te he visto en bañador o como ahora con el camisón viendo tus pechos pienso cuanto habría disfrutado alimentándome de ellos.
Ella envalentonada puso sus manos debajo de sus pechos y los levanto hacia arriba como si fueran una ofrenda mientras reía por su ocurrencia.
Esa imagen hizo que mi erección estuviera a punto, si no lo hizo, de salir por la pernera del corto pantalón.
― Eso querría que hubieras hecho entonces. Madre mía como me gustaría haberlos tenido para mí y disfrutarlos. Mucho mejor que un biberón.
― ¿Aun piensas en ello? Eso pasó hace muchos años y debería de ser algo superado.
― Es mi trauma. Poder lamerlos, sorber de ellos y sentir que son míos.
― Pues tu padre ni los mira, y a mí me da vergüenza que estén tan caídos ― dijo mientras con sus manos aun debajo los sostenía y movía arriba y abajo ―. Y tú queriendo mamar de ellos. Menudas ocurrencias que tienes.
— Pues lo digo de veras. No lo he superado como tú dices.
En ese momento su mirada cambió y sin decir más abrió los botones de la parte alta del camisón, poco a poco y uno a uno, mirándome fijamente a los ojos y seria.
Mi corazón estaba a punto de explotar pensando que al fin podría tener esos pechos libres para mí, poder disfrutar completamente de ellos, cosa que solo había sucedido en mis fantasías.
Ella saco uno de sus enormes pechos y después el otro e hizo un gesto indicando que podía acercarme. Yo me coloqué de rodillas entre sus piernas y agarré cada uno con una mano, suavemente, acercando mi lengua a uno de ellos y empezando a mamar con ganas, disfrutando de darle chupetones a aquel enorme pezón, como si pudiera alimentarme realmente de ellos, La reacción de mi madre no se hizo esperar y unos segundos después empezó a hacer unos suaves jadeos, signo de su excitación.
― Me estas poniendo muy nerviosa. Esto no debería de ser así.
― Se que te estas excitando y me encanta que te sientas así. Quiero que sientas mi deseo y mi placer.
― Soy tu madre y no tendrías que hacerme sentir así. Esto tienes que hacerlo con tu mujer.
― Hoy eres solo tú, una mujer, y yo soy un hombre deseoso de ti ― y dicho esto seguí mamando con todas mis ganas. Sus pechos me sabían a gloria y no podía parar.
Ella estiro su cabeza hacia atrás y puso sus manos en mi cabeza sosteniéndolas para que no dejara de mamar mientras murmuraba “esto no está bien”. Estoy seguro de que llevaba demasiado tiempo sin sentirse así, y yo la verdad disfrutaba de poder estarle causando este placer. Sus jadeos se hacían cada vez más intensos mientras me llamaba por mi nombre y me pedía que no parara y empezaba a verbalizar un “que gusto”.
Mis manos pasaron ahora a sus muslos y empezaron a acariciarlos mientras seguía bien pegado a sus pechos. Mis manos primero sobre sus rodillas y después subiendo por sus rollizas piernas hasta llegar a los límites de sus bragas, única prenda que no se había quitado. Ella me dejaba hacer es incluso abrió los muslos un poco facilitando mis caricias, ahora por el interior, y haciendo que poco a poco mis manos empezaran a jugar con borde de sus bragas, sintiendo el calor y la suave humedad fruto su excitación que podía incluso oler. Allí seguí jugando con mis dedos en los límites de la braga hasta que suavemente introduje uno de mis dedos por el borde provocando un respingo en ella al sentir mi dedo entre sus labios vaginales y sentir como empezaba a moverme sobre su clítoris inflamado. Sus labios vaginales eran grandes y encerraban una increíble humedad, quizás incluso porque con la excitación tenia una leve perdida de orina.
Me subí de nuevo al sofá, sentado sobre una de mis piernas y con mi cuerpo pegado hacia ella. Acerqué mi boca a la suya y le di un suave beso que enseguida se convirtió en un intento morreo entre jadeos de los dos y mientras mi mano seguía moviéndose para darle el máximo de placer. En ese momento lo que más deseaba era hacerla llegar al orgasmo con mis dedos que se movían rápidamente, y puedo jurar que fue uno de los orgasmos más intensos que he visto con ninguna de mis parejas, dando varias sacudidas antes de decirme que tenía bastante.
Yo seguía acariciando todo su cuerpo que ahora estaba solo medio cubierto por su camisón, con los pechos fuera y los muslos totalmente al aire. Era una imagen preciosa y yo no dejaba de comerle la boca con pasión.
― ¿Y tú? ― preguntó ― Yo no te he tocado.
Cogí su mano y la llevé hasta mi pene que estaba totalmente erecto y de hecho a punto de eyacular casi sin tocarme.
― No sé qué tengo que hacer.
― Solo muévelo arriba y abajo.
― Es muy grande.
― Es que me excitas muchísimo. Estoy deseando tenerte toda. Hoy soy todo tuyo y quiero hacerte disfrutar todavía más.
― Eso no puede ser. Estaría mal.
Yo no hice caso de sus comentarios y ahora puse un pie en el sofá y dejando el otro en el suelo, y dejando mi pene casi a la altura de su cara. Ella lo miraba fijamente. Yo ahora tenia una de mis manos en su pecho y acariciaba con la otra su pelo. Casi sin darme cuenta intentaba acercar su cara a mi pene.
― Una vez vi en una película que la chica se lo lamia. Creo que fue viendo Emmanuelle ― yo había visto también esa copia de la película que un amigo le presto a mi padre ―. ¿A ti eso te gusta? Yo no lo he hecho nunca. Imagino que no sabría como hacerlo para no hacer daño.
― Me encantaría ver como lo haces. Solo acerca tu boca y lame como si se tratara de un helado que te gusta mucho.
No hicieron falta más explicaciones y ella empezó a lamerlo suavemente, dando lengüetazos a mi glande como yo le había pedido. No puedo describir el placer que sentía, inmenso, y acerqué más mi pene a su boca hasta que lo hice entrar, sin que ella dejara de lamer, ahora con el dentro, e iniciando un movimiento de penetración que hacía que este entrara y saliera. Ella lo agarraba con fuerza con sus labios, con sus manos en mis caderas, y no hacia gesto alguno de sentir asco ni de detenerse.
Pasados apenas un par de minutos ya no podía más, estaba a punto de eyacular y así se lo hice saber.
― Vas a hacer que me corra. ¡Dios que gusto! Nadie me había dado tanto placer como tú ahora.
― Hazlo mi niño. Disfruta ― y dicho esto siguió lamiendo con fuerza y siendo ahora ella quien movía la cabeza adelante y atrás.
Yo apenas podía ya contener mi eyaculación. Solo un breve “ya ya” por mi parte antes de que mi eyaculación fuera imparable y que esta terminara en la boca de mi madre que primero la recibió en su boca y al apartarse la dejo caer en parte sobre su pecho, mientras seguía lamiendo con ganas y creo que tragando gran parte de mi eyaculación hasta que tuve que pedirle que parara.
Me senté ahora junto a ella y agarrando su cabeza hacia mí la besé de nuevo, notando el sabor del semen restante en su boca, pero ahora ya nada me importaba e incluso eso me gustó.
Habíamos dejado de ser madre e hijo y habíamos pasado a ser amantes. Éramos en ese momento solo hombre y mujer, disfrutando de una enorme pasión.
― Vamos a la cama. Quiero ser tu mujer por esta noche.
No hizo falta que me diera la orden dos veces. La cogí de la mano y tomé el camino hacia la habitación. Abrí la cama para meternos dentro y suavemente la senté y le quité el camisón y las bragas, que ahora estaban completamente empapadas de su orgasmo previo. Yo ya había dejado mis pantalones antes. La ayudé a acostarse, la tape y me metí dentro de la cama por el otro lado, quedando ahora a su izquierda, ella boca arriba y yo de medio lado con el brazo por debajo de su cuello y el otro acariciando su vientre. Nuestras bocas se unieron de nuevo en un apasionado beso, las lenguas se movían rápidamente, para mí con la sensación que no estaba acostumbrada a ese tipo de besos porque la note torpe, luego me confirmaría que nunca se besaban así con mi padre.
― ¿De verdad tanto me deseas?
― Me vuelves loco. Quiero sentirme dentro de ti. Hace muchos años que debería de haberme dado cuenta y no ha sido hasta hace poco que fui totalmente consciente. Toda tu me calientas como nadie más lo hace.
― Pero siempre estabas enfadado conmigo.
― Creo que intentaba alejarme de mi. Una parte que sabía lo que sentía y que no quería sentirlo. Lo siento, sé que te he tratado muy mal.
― ¿Y ahora?
― Soy consciente que te deseo como mujer. Que quiero hacer el amor contigo. No imaginas la cantidad de veces que me he masturbado pensando en ello y en mil posibilidades de llegar a este día.
― ¿Te masturbas mucho? Tienes a tu pareja.
― Con ella poco, apenas a veces de mes en mes, pero masturbarme si lo hago a diario, e incluso hasta dos veces al día, en el baño o en el despacho leyendo relatos o viendo videos. Últimamente mucho leyendo relatos de incesto y buscando videos de mujeres gordas y de pelo blanco.
― Caramba sí que eres activo. Yo no me he masturbado nunca y tu padre nunca ha llegado a hacerlo como tu hoy. Siempre hemos ido directos al tema. El disfrutaba, pero yo no tanto como hoy.
― Pues he visto muchas películas y relatos donde eso si pasa, es natural, no es malo. Mujeres maduras disfrutando de su sexualidad.
― Esas de los videos o los relatos no serán como yo.
― Si las hay. Mujeres muy maduras gordas y con pechos grandes, bueno la verdad que pocas con tanto pecho como tú, y lo mismo en los relatos con hijos que desean a sus madres. No soy el único al que le gustan mujeres de verdad como tú, con buenas curvas.
― ¿Y que deseas ahora?
Toda mi respuesta fue besarla y desplazar mi mano hacia abajo para volver a masturbarla lentamente. Ella sintió mis dedos tocando y respondió con una sonrisa cómplice y lamiendo los labios con su lengua, entrecerrando los ojos al sentir placer.
― Voy a metértela toda dentro. Te voy a penetrar y darte todo el placer que sea posible.
― Ten cuidado que es grande y yo…bueno llevo tiempo sin hacer nada.
― Seré cuidadoso con mi amante ― ya no era mi madre, era una mujer que me tenía tremendamente excitado.
Desde donde estaba a su lado le eleve para colocarme entre sus piernas, sosteniendo mi peso sobre los brazos apoyados sobre la cama en una postura que resultara lo menos pesada para ella, ya que así no tenía que soportar mi peso apretando sobre ella. Humedecí mi pene pasándolo varias veces por la entrada de su vagina, masturbándola con él, hasta empezar a penetrarla suavemente, atento a los gestos de su cara por si producía algún tipo de molestia. Poco a poco fui entrando, era un momento maravilloso sentirla toda mía, ese momento esperado, hasta que sentí como la tenía completamente dentro, mi pubis apretado sobre el suyo y sintiéndola bien lubricada.
― Te quiero. Esto es maravilloso ― le dije
― Yo también a ti, ahora eres mi hombre. Gracias por ser tan delicado.
Inicie entonces un movimiento de penetración. Ella gemía a cada entrada, subiendo el volumen de sus jadeos, tensionando y apretando mi pene con una vagina que no creía que estuviera tan firme por la edad, pero que lo era más de lo que había sentido en mujeres mucho más jóvenes.
La luz de la habitación estaba encendida y yo había levantado la ropa de la cama para poder ver como entraba y salía de ella, el movimiento de sus pechos caídos hacia los lados del cuerpo y que ella ahora agarraba y acariciaba mientras los acercaba hacia arriba permitiéndome besarlos.
Sabía que este primer contacto no sería largo, pese a que había eyaculado hacía poco, porque estaba realmente muy caliente, y decidí aumentar el ritmo. Sus ojos estaban cerrados y sus gemidos subían de intensidad, cosa que aún me excitaba más. No sé cuánto tiempo paso, estaba totalmente centrado en las sensaciones y en el momento.
― Que gusto……uffff…estoy a punto de terminar — mis pensamientos estaban nublados por el placer que sentía.
― Hazlo ― me respondió —. Córrete dentro que me muero de ganas de sentir tu leche caliente.
Apenas pude emitir un “siiii” alargado antes de correrme como hacía mucho que no lo hacía. La intensidad de mi orgasmo fue tremenda. Me quedé dentro y continue bombeando suavemente viendo como ella seguía sintiendo hasta que poco a poco mi pene perdió su dureza y salí de ella colocándome de nuevo a su lado con mi mano sobre su pubis, viendo sus ojos cerrados y sintiendo en la punta de mis dedos el líquido saliendo de ella. Me los lleve a la boca y los deguste con placer en la mezcla de su flujo y mi esperma.
Ella abrió al fin los ojos y acercándose me dio un beso cálido, amoroso.
― Gracias. Nunca pude imaginar algo así. Me siento confusa.
― Nos queda todo el fin de semana y será inolvidable. Hoy me has hecho muy feliz.
La volví a besar con ternura mientras la acariciaba. Nos tapamos bien porque hacia algo de frio pese a la época y nos quedamos dormidos, piel con piel, abrazados como lo que éramos en ese momento, dos amantes enamorados.
-