Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulos 001 al 011

heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 001

Tenía casi 50 años, estaba casado con una mujer estupenda y tenía una hija pequeña. No me podía quejar porque me iba bien en mi trabajo, con buenos ingresos que me permitían vivir holgadamente y tener una casa preciosa con un jardín. Lo único que echaba en falta era más vida sexual, porque con mi pareja era escasa; ella era muy pasiva y no entraba para nada en juegos. También tenía pocos, pero buenos amigos y pertenecía a varios grupos sociales. De vez en cuando, cuando la familia y el trabajo lo permitían, me gustaba hacer algo de deporte.

Era cierto que en muchas ocasiones había pensado en buscar una amante, quizás incluso en dejar a mi pareja y encontrar a alguien más afín, pero de momento no había dado ese paso. Algunos amigos sé que iban con profesionales, pero no era algo que me gustara, y lo que sí reconocía hacer era mirar porno de forma habitual; pero siempre odiaba esos relatos o vídeos donde se trataba a las mujeres como guarras o putas. Me gustaban aquellos donde se transmitía un cariño más allá de lo sexual, incluso en los vídeos donde lo que se veía era una relación normal de pareja, con el respeto que debe ser imprescindible.

Mi historia empieza una noche cualquiera en que de pronto me asalta un sueño erótico que solo recordaba haber tenido una vez anteriormente en mi vida, aunque fue distinto porque esta vez al contrario que la primero no me sentí mal por tenerlo y me desperté sintiendo que lo había disfrutado muchísimo, me desperté realmente excitado. Muchas veces he soñado con mujeres conocidas, con exparejas también o amigas o conocidas, pero en este caso el tema era con mi madre. En este sueño estaba dormido a su lado, como si fuera mi mujer, me acercaba a ella en la cama, la veía tumbada y completamente desnuda y empezaba a acariciarla sintiendo ese cuerpo de mujer de casi 80 años, con esas curvas ya no tan firmes, ese vientre abultado y caderas amplias, esos pechos grandes, pero algo caídos. Ella se giraba hacia mí y abriendo los ojos me preguntaba porque no la dejaba dormir y yo le confesaba mi enorme deseo hacia ella a lo que me respondía con un beso y con un “ya sabes que te quiero mucho”, ese beso que primero era solo un pico, se hacía poco a poco más apasionado, con nuestras lenguas empezando a rozarse primero y después ya con nuestras bocas completamente fundidas y con mi mano derecha en su pelo y la izquierda sobre su cuerpo, acariciando su vientre, subiendo a sus pechos y agarrándome con fuerza a uno de ellos, para después alternar ese contacto con el de sus caderas y su culo. En ese momento no éramos madre e hijo, sino dos amantes excitados, yo con mi pene duro como una piedra y ella con leves gemidos que delataban la excitación y que corroboraba la humedad de su sexo cuando acerque mi mano entre sus piernas. Después yo me colocaba suavemente sobre ella y dejaba caer mi cuerpo entre sus piernas, penetrando lentamente la misma vagina que me vio nacer, moviéndome lentamente primero y más deprisa después, para terminar, en el justo momento que sentía los espasmos de su orgasmo, corriéndome dentro de ella, y manteniéndome dentro mientras seguía besándola apasionadamente. Desperté como dije con esa excitación, con los restos de esperma seco en mi pene por haber eyaculado y sobre todo sintiendo que había sido algo delicioso.

El mismo sueño se repitió en los siguientes días un par de veces, e incluso busque alguna película con mujeres maduras de pelo blanco con las que masturbarme recordando el sueño y sin querer quitármelo de la cabeza. La idea de aquel momento como algo posible empezó a tomar fuerza en mi e incluso imaginaba como se lo decía, y cuál sería su respuesta.

En los días siguientes cada vez que tenía sexo con mi pareja, no muchas veces, no sentía que lo hacía con ella, sino que era con mi madre, a quien imaginaba debajo de mí, aunque los cuerpos no sean parecidos.

Pasados los días hable con mi terapeuta sobre ello y llegamos a la conclusión que quizás debido a la distancia que he sentido siempre con mi madre, lo que sería una historia larga de contar, lo que he hecho ha sido canalizar mis sentimientos a una atracción como mujer y el sexo como forma de darle placer y hacerle sentir lo feliz que parece que no soy capaz de hacerla. Así pues, mi terapeuta me planteo una forma de romper ese círculo, tenía que intentar seducirla, no con el objetivo de lograr tener algo con ella, sino darme cuenta de que ese solo era mi sueño y que con el rechazo que sin duda tendría, pues ella tiene a mi padre, entonces se rompería la fantasía y podría romper con esa atracción. Pero realmente yo me tomé eso como un objetivo asumible y no creía para nada que fuera a hacer que desapareciera mi atracción y de hecho pensaba que seria posible lograr el objetivo.

De siempre hemos tenido una pésima relación, desde mi adolescencia, con broncas y enfados y una casi total falta de comunicación, evitando por mi parte los encuentros y contándole lo justo de mi vida, más bien poco o nada. Ahora tocaba pues invertir esta situación y hacer justo lo contrario, tenía que acercarme a ella y mostrarle el hombre que tenía delante, pero con delicadeza, sin presionar y sin mostrar mis sentimientos y mis incestuosos deseos. Aunque en momentos pensé en ser directo y claro y decirle lo que sentía, en otros me di cuenta de que eso provocaría posiblemente un rechazo total, e incluso temía que pudiera contarle a mi padre o a mi pareja. Así pues, inicie mi plan con un acercamiento, con algún mensaje diario por WhatsApp preguntando como estaba, mandando algún meme o con cualquier otra excusa tonta para mantener un contacto permanente, incluso varias veces al día. Poco a poco ella empezó a responder igual forma, con mensajes más cariñosos y cercanos. Creo que ella necesitaba esa cercanía y ese cariño, porque creo que con mi padre no lo tenía, y yo empecé a dárselo. Si antes evitaba el contacto ahora lo buscaba, y si antes evitaba darle besos ahora también se los daba. Me sentía cada vez más cercano y le prestaba más y más atención.

En ese momento mi madre centraba la mayoría de mis masturbaciones como objeto total de deseo, imaginando mil situaciones o lugares donde se producía el tan ansiado encuentro. Cuando tenía relaciones seguía fantaseando cada vez más con que era ella y no mi mujer a quien estaba besando, tocando, masturbando y penetrando, teniendo unos deliciosos y potentes orgasmos nunca vividos. Mi mujer se dio cuenta de que mostraba muy apasionado, más de lo habitual.

En ese momento no hubo rechazo puesto que tampoco había ido más allá de unos mensajes o situaciones totalmente normales y sin ningún tipo de connotación sexual. Pero pasaba el tiempo y era el momento de ir un paso más allá, tenía que forzar la máquina o de lo contrario no podría llegar al objetivo. Y la oportunidad llego casi sin esperarlo, cuando me dijo que necesitaba estar unos días fuera de casa, que estaba muy estresada y que quería irse unos días al apartamento que tienen en la costa ella sola, pero debido a la edad y las dificultades de movilidad tenía miedo de estar sola, y vi el cielo abierto, ofreciéndome a ir con ella, al menos un fin de semana, y así alejarme de casa donde yo también tenía problemas en mi relación. Este hecho me daría la oportunidad de estar los dos solos, tenerla solo para mí y dar un paso más sin tener interrupciones. Solo imaginar ese fin de semana solos tuve un calentón tremendo que me obligo a masturbarme pensando en ello durante días. Una de las veces lo hice mientras estaba en el trabajo hablando con ella por teléfono planeando la salida, escuchando su voz e intentando disimular el temblor de mi voz al llegar a un tremendo orgasmo.

No podía pensar en otra cosa, y no veía el día que al fin estuviéramos los dos juntos.

Llegado el día habíamos quedado en que pasaría a buscarla al terminar de trabajar, eso serian como las 8 de la tarde, así que no llegamos a destino hasta casi las 10 de la noche. Era un viernes y estaríamos allí según los planes hasta el domingo por la tarde.

Ella me esperaba en la puerta con un bolso grande que amablemente le coloque en el maletero del coche. A continuación, le abrí la puerta y la ayudé a sentarse con cuidado porque últimamente tenía problemas de cadera y mi coche es un poco bajo. Me alegro ver que se había vestido como solía hacer, bastante normal, pero que en esta ocasión se había pintado labios y ojos, cosa que no solía hacer y me resulta especialmente atractiva.

Durante el viaje no podía dejar de mirarla a cada momento, la veía radiante, y ella comento varias veces las ganas que tenia de desconectar de casa y de mi padre. Yo también le conté sobre mis problemas en casa y de cómo estaba pensando en divorciarme, cosa que ella no intuía, a lo que me respondió que si quería podía irme unos días a su casa para desconectar y relajarme, aunque inmediatamente mis pensamientos esa palabra disparó en mi lo que me gustaría hacer para lograrlo y lo excitante que sería por tenerla todo el tiempo cerca de mi más cuando mi padre solía estar todo el día fuera de casa pasando la mayor parte del tiempo en sus actividades.

Tras un rato en silencio decidí reemprender la conversación y atacar, tocando el tema sexual y diciéndole que eso era algo importante para mí, y que era algo que no estaba funcionando en absoluto en mi relación, aunque cierto es que teníamos sexo frecuente pero no por mi deseo hacia mi pareja, sino por mi fantasía. Su respuesta me sorprendió porque me dijo que a ella le sucedía lo mismo desde hacía ya varios años y que de hecho era un motivo de discusión porque mi padre no le respondía. Me había dejado abierto un camino que no podía dejar pasar, así que le pregunte si me podía explicar sobre su situación, que yo como terapeuta de parejas y sexólogo igual le podría dar algún consejo. Entonces me confeso que llevaba varios años sin mantener ningún tipo de relación sexual y era algo que ahora asumía como normal, aunque reconociendo que mi padre nunca fue ni muy fogoso ni morboso como a ella le habría gustado, aunque él tenía problemas de erección no había buscado solución, pero tampoco tenía interés en tocarla más allá de algún beso. Estaba dispuesto a todo y le pregunte si ella había pensado alguna vez en buscar un amante, pues yo sí lo había hecho, y me dijo que eso no era algo que le gustara porque seria estar con un desconocido, que ella no estaba físicamente para gustar y que le costaría disfrutarlo. Ya puestos en la conversación, y decidido a ir a por todas, le pregunte si no había buscado el estimularse a sí misma tanto de forma manual como con algún tipo de juguete y su respuesta me sorprendió mucho porque me conto que una amiga le había enseñado algunos que tenía en casa y que incluso le regaló uno que tenía oculto, pero que le parecía frio y que tampoco encontraba el momento. Después de unos momentos pensativa me dijo que estaba demasiado vieja para eso y que podía soportar la falta de sexo, aunque tuviera deseos. Yo había visto que el tema no le incomodaba y le conté que yo sí que tenía varios juguetes para mí y que los utilizaba a diario, una vagina simulada y un masturbador vibrador, pero que realmente eso no me llenaba como el estar con una mujer, con alguien con quien sentir caricias, los besos de deseo. Quería ver su reacción ante dichos comentarios, pero para nada se mostró ni molesta ni ruborizada, al contrario, me escuchaba como si le hubiera contado el tiempo que hacía hoy.

Tener a mi lado a esa preciosa mujer que tanto deseaba y saber que estaba falta de ese cariño y con el deseo contenido no hacía más que calentar mi mente.

En un momento dado del viaje, aprovechando que el coche es automático y no necesito usar la mano derecha para el cambio, le agarre su mano y apoye nuestras manos sobre su muslo. En ese momento ella me miro y respondió a mi gesto con una sonrisa. El resto del camino nuestras manos siguieron unidas.

Al llegar al apartamento ya era tarde y aunque se ofreció a cocinar algo la verdad es que ninguno de los dos teníamos mucha hambre y solo comimos algo de fruta. Al terminar recogí los platos y recogí la mesa.

Ella se había quedado sentada en la mesa

-Creo que voy a ir a cambiarme de ropa. Las medias y la faja me molestan y necesito un poco de comodidad.

-Yo creo que también me cambiare.

Apenas dos minutos después yo estaba sentado en el sofá, con tan solo un pantalón corto de deporte y sin nada más. Ella tardo un poco más y cuando volvió lo hizo con su camisón y una bata fina que dejaban ver perfectamente sus redondas formas y la curva de sus pechos, grandes y caídos lógicamente por la edad. No se había desmaquillado así que seguía estando preciosa para mí.

― ¿Qué te ha pasado en el pecho? ― me preguntó alargando su mano y acariciando mi suave pecho — No tienes ni un pelo.

― Lo cierto es que cuando vamos a la playa nudista, donde solemos ir con mi mujer, la mayoría de la gente va depilada completamente, tanto hombres como mujeres, y yo hace unos meses que hice lo mismo, así que ahora no tengo pelo, en ninguna parte ― recalque esto último para que no quedara duda ―. Supongo que tu aun te depilas.

― Hace años que no. En las piernas no tengo pelo hace años y en el resto…la verdad es que poco y todo blanco como en la cabeza. En todo caso tampoco me va a mirar nadie. No tengo necesidad de ello.

― Si te soy sincero con ese bañador tan antiguo que usas es difícil que te miren mucho en la playa, aunque tus curvas si llaman seguro la atención. Deberías de comprar uno más moderno.

― Hijo, estoy muy muy gorda, tengo las piernas con celulitis y el pecho está muy caído, así que dudo que alguien me pueda mirar demasiado como dices. Si miran a alguna será a las chicas jóvenes y con buen tipo. Incluso los hombres de mi edad las prefieren.

― Pues yo te veo preciosa. De hecho, aparentas muchos menos años de los que tienes, ya lo sabes. Cuando te disfrazaste hace cuatro o cinco años con tu grupo de amigas con aquella peluca morena y larga, y me mandaste la foto reconozco que tarde un rato en ser consciente que eras tú, y lo primero que pensé es que eras una mujer muy atractiva y mucho más joven incluso de mi edad.

― Era evidente que era yo.

― Pues yo no me di cuenta. Realmente estabas muy bien. Caramba que no me habría importado nada ligar contigo. Tarde en darme cuenta de que miraba a mi madre pensando que me resultaba muy atractiva.

― Y ahora me ves aquí en bata y con el pelo blanco ya no piensas eso.

― La verdad es que sigues pareciéndome muy atractiva con el pelo blanco y vestida así.

Ella se mostró sorprendida y se puso un poco roja, pensé que quizás incomoda por el camino que tomaba la conversación.

Imagino que por cambiar de tema me pregunto si quería tomar un chupito de algo y se fue a la cocina a buscar una botella de orujo de limón. Seguimos charlando de otras cosas mientras al menos a mí el orujo me hacía efecto tras solo dos chupitos, supongo que por no haber cenado casi nada. Si antes me sentía excitado ahora además estaba muy envalentonado.

― Y tengo que contarte algo ― le dije ― y es que pareces una mujer muy interesante. Y si te encontrara en una discoteca ten por seguro que intentaría ligar contigo sin importarme tu edad. Tienes un magnetismo especial.

― Ya me gustaría a mi atraer a hombres jóvenes, aunque solo fuera que me miraran. Hace años que eso dejo de pasar. Si me miran será para decir mira esa vieja que gorda y reírse. Pero, aunque sea mentira que ligarías conmigo te agradezco el cumplido.

― No es cierto. A mí ya sabes que de siempre me gustaron las mujeres gordas e incluso tuve una pareja que tenía un pecho muy voluminoso y también estaba muy gorda. Hasta ahora no he sido consciente de cuánto me recordaba a ti. Hablando con mi terapeuta cree que fue para mí una manera como salir contigo. Pero ella no era tu obviamente y la cosa no llego muy lejos.

― ¿Te gusto como mujer? — dijo frunciendo el ceño con extrañeza.

― Exacto ― el licor me había quitado todo freno ― y mucho. Madre mía si me pareces atractiva.

― Mentiroso.

Su forma de hablar también mostraba que el alcohol había hecho su efecto en ella. Una leve sonrisa y una risilla nerviosa.

El alcohol subía la temperatura de los dos y ella había abierto su bata mostrando su cuerpo mucho más claramente, y dejando sus pechos marcados y visibles completamente a través de la fina tela

― De veras. Además, tengo un trauma por tu culpa porque no me diste el pecho de pequeño, y siempre que te he visto en bañador o como ahora con el camisón viendo tus pechos pienso cuanto habría disfrutado alimentándome de ellos.

Ella envalentonada puso sus manos debajo de sus pechos y los levanto hacia arriba como si fueran una ofrenda mientras reía por su ocurrencia.

Esa imagen hizo que mi erección estuviera a punto, si no lo hizo, de salir por la pernera del corto pantalón.

― Eso querría que hubieras hecho entonces. Madre mía como me gustaría haberlos tenido para mí y disfrutarlos. Mucho mejor que un biberón.

― ¿Aun piensas en ello? Eso pasó hace muchos años y debería de ser algo superado.

― Es mi trauma. Poder lamerlos, sorber de ellos y sentir que son míos.

― Pues tu padre ni los mira, y a mí me da vergüenza que estén tan caídos ― dijo mientras con sus manos aun debajo los sostenía y movía arriba y abajo ―. Y tú queriendo mamar de ellos. Menudas ocurrencias que tienes.

— Pues lo digo de veras. No lo he superado como tú dices.

En ese momento su mirada cambió y sin decir más abrió los botones de la parte alta del camisón, poco a poco y uno a uno, mirándome fijamente a los ojos y seria.

Mi corazón estaba a punto de explotar pensando que al fin podría tener esos pechos libres para mí, poder disfrutar completamente de ellos, cosa que solo había sucedido en mis fantasías.

Ella saco uno de sus enormes pechos y después el otro e hizo un gesto indicando que podía acercarme. Yo me coloqué de rodillas entre sus piernas y agarré cada uno con una mano, suavemente, acercando mi lengua a uno de ellos y empezando a mamar con ganas, disfrutando de darle chupetones a aquel enorme pezón, como si pudiera alimentarme realmente de ellos, La reacción de mi madre no se hizo esperar y unos segundos después empezó a hacer unos suaves jadeos, signo de su excitación.

― Me estas poniendo muy nerviosa. Esto no debería de ser así.

― Se que te estas excitando y me encanta que te sientas así. Quiero que sientas mi deseo y mi placer.

― Soy tu madre y no tendrías que hacerme sentir así. Esto tienes que hacerlo con tu mujer.

― Hoy eres solo tú, una mujer, y yo soy un hombre deseoso de ti ― y dicho esto seguí mamando con todas mis ganas. Sus pechos me sabían a gloria y no podía parar.

Ella estiro su cabeza hacia atrás y puso sus manos en mi cabeza sosteniéndolas para que no dejara de mamar mientras murmuraba “esto no está bien”. Estoy seguro de que llevaba demasiado tiempo sin sentirse así, y yo la verdad disfrutaba de poder estarle causando este placer. Sus jadeos se hacían cada vez más intensos mientras me llamaba por mi nombre y me pedía que no parara y empezaba a verbalizar un “que gusto”.

Mis manos pasaron ahora a sus muslos y empezaron a acariciarlos mientras seguía bien pegado a sus pechos. Mis manos primero sobre sus rodillas y después subiendo por sus rollizas piernas hasta llegar a los límites de sus bragas, única prenda que no se había quitado. Ella me dejaba hacer es incluso abrió los muslos un poco facilitando mis caricias, ahora por el interior, y haciendo que poco a poco mis manos empezaran a jugar con borde de sus bragas, sintiendo el calor y la suave humedad fruto su excitación que podía incluso oler. Allí seguí jugando con mis dedos en los límites de la braga hasta que suavemente introduje uno de mis dedos por el borde provocando un respingo en ella al sentir mi dedo entre sus labios vaginales y sentir como empezaba a moverme sobre su clítoris inflamado. Sus labios vaginales eran grandes y encerraban una increíble humedad, quizás incluso porque con la excitación tenia una leve perdida de orina.

Me subí de nuevo al sofá, sentado sobre una de mis piernas y con mi cuerpo pegado hacia ella. Acerqué mi boca a la suya y le di un suave beso que enseguida se convirtió en un intento morreo entre jadeos de los dos y mientras mi mano seguía moviéndose para darle el máximo de placer. En ese momento lo que más deseaba era hacerla llegar al orgasmo con mis dedos que se movían rápidamente, y puedo jurar que fue uno de los orgasmos más intensos que he visto con ninguna de mis parejas, dando varias sacudidas antes de decirme que tenía bastante.

Yo seguía acariciando todo su cuerpo que ahora estaba solo medio cubierto por su camisón, con los pechos fuera y los muslos totalmente al aire. Era una imagen preciosa y yo no dejaba de comerle la boca con pasión.

― ¿Y tú? ― preguntó ― Yo no te he tocado.

Cogí su mano y la llevé hasta mi pene que estaba totalmente erecto y de hecho a punto de eyacular casi sin tocarme.

― No sé qué tengo que hacer.

― Solo muévelo arriba y abajo.

― Es muy grande.

― Es que me excitas muchísimo. Estoy deseando tenerte toda. Hoy soy todo tuyo y quiero hacerte disfrutar todavía más.

― Eso no puede ser. Estaría mal.

Yo no hice caso de sus comentarios y ahora puse un pie en el sofá y dejando el otro en el suelo, y dejando mi pene casi a la altura de su cara. Ella lo miraba fijamente. Yo ahora tenia una de mis manos en su pecho y acariciaba con la otra su pelo. Casi sin darme cuenta intentaba acercar su cara a mi pene.

― Una vez vi en una película que la chica se lo lamia. Creo que fue viendo Emmanuelle ― yo había visto también esa copia de la película que un amigo le presto a mi padre ―. ¿A ti eso te gusta? Yo no lo he hecho nunca. Imagino que no sabría como hacerlo para no hacer daño.

― Me encantaría ver como lo haces. Solo acerca tu boca y lame como si se tratara de un helado que te gusta mucho.

No hicieron falta más explicaciones y ella empezó a lamerlo suavemente, dando lengüetazos a mi glande como yo le había pedido. No puedo describir el placer que sentía, inmenso, y acerqué más mi pene a su boca hasta que lo hice entrar, sin que ella dejara de lamer, ahora con el dentro, e iniciando un movimiento de penetración que hacía que este entrara y saliera. Ella lo agarraba con fuerza con sus labios, con sus manos en mis caderas, y no hacia gesto alguno de sentir asco ni de detenerse.

Pasados apenas un par de minutos ya no podía más, estaba a punto de eyacular y así se lo hice saber.

― Vas a hacer que me corra. ¡Dios que gusto! Nadie me había dado tanto placer como tú ahora.

― Hazlo mi niño. Disfruta ― y dicho esto siguió lamiendo con fuerza y siendo ahora ella quien movía la cabeza adelante y atrás.

Yo apenas podía ya contener mi eyaculación. Solo un breve “ya ya” por mi parte antes de que mi eyaculación fuera imparable y que esta terminara en la boca de mi madre que primero la recibió en su boca y al apartarse la dejo caer en parte sobre su pecho, mientras seguía lamiendo con ganas y creo que tragando gran parte de mi eyaculación hasta que tuve que pedirle que parara.

Me senté ahora junto a ella y agarrando su cabeza hacia mí la besé de nuevo, notando el sabor del semen restante en su boca, pero ahora ya nada me importaba e incluso eso me gustó.

Habíamos dejado de ser madre e hijo y habíamos pasado a ser amantes. Éramos en ese momento solo hombre y mujer, disfrutando de una enorme pasión.

― Vamos a la cama. Quiero ser tu mujer por esta noche.

No hizo falta que me diera la orden dos veces. La cogí de la mano y tomé el camino hacia la habitación. Abrí la cama para meternos dentro y suavemente la senté y le quité el camisón y las bragas, que ahora estaban completamente empapadas de su orgasmo previo. Yo ya había dejado mis pantalones antes. La ayudé a acostarse, la tape y me metí dentro de la cama por el otro lado, quedando ahora a su izquierda, ella boca arriba y yo de medio lado con el brazo por debajo de su cuello y el otro acariciando su vientre. Nuestras bocas se unieron de nuevo en un apasionado beso, las lenguas se movían rápidamente, para mí con la sensación que no estaba acostumbrada a ese tipo de besos porque la note torpe, luego me confirmaría que nunca se besaban así con mi padre.

― ¿De verdad tanto me deseas?

― Me vuelves loco. Quiero sentirme dentro de ti. Hace muchos años que debería de haberme dado cuenta y no ha sido hasta hace poco que fui totalmente consciente. Toda tu me calientas como nadie más lo hace.

― Pero siempre estabas enfadado conmigo.

― Creo que intentaba alejarme de mi. Una parte que sabía lo que sentía y que no quería sentirlo. Lo siento, sé que te he tratado muy mal.

― ¿Y ahora?

― Soy consciente que te deseo como mujer. Que quiero hacer el amor contigo. No imaginas la cantidad de veces que me he masturbado pensando en ello y en mil posibilidades de llegar a este día.

― ¿Te masturbas mucho? Tienes a tu pareja.

― Con ella poco, apenas a veces de mes en mes, pero masturbarme si lo hago a diario, e incluso hasta dos veces al día, en el baño o en el despacho leyendo relatos o viendo videos. Últimamente mucho leyendo relatos de incesto y buscando videos de mujeres gordas y de pelo blanco.

― Caramba sí que eres activo. Yo no me he masturbado nunca y tu padre nunca ha llegado a hacerlo como tu hoy. Siempre hemos ido directos al tema. El disfrutaba, pero yo no tanto como hoy.

― Pues he visto muchas películas y relatos donde eso si pasa, es natural, no es malo. Mujeres maduras disfrutando de su sexualidad.

― Esas de los videos o los relatos no serán como yo.

― Si las hay. Mujeres muy maduras gordas y con pechos grandes, bueno la verdad que pocas con tanto pecho como tú, y lo mismo en los relatos con hijos que desean a sus madres. No soy el único al que le gustan mujeres de verdad como tú, con buenas curvas.

― ¿Y que deseas ahora?

Toda mi respuesta fue besarla y desplazar mi mano hacia abajo para volver a masturbarla lentamente. Ella sintió mis dedos tocando y respondió con una sonrisa cómplice y lamiendo los labios con su lengua, entrecerrando los ojos al sentir placer.

― Voy a metértela toda dentro. Te voy a penetrar y darte todo el placer que sea posible.

― Ten cuidado que es grande y yo…bueno llevo tiempo sin hacer nada.

― Seré cuidadoso con mi amante ― ya no era mi madre, era una mujer que me tenía tremendamente excitado.

Desde donde estaba a su lado le eleve para colocarme entre sus piernas, sosteniendo mi peso sobre los brazos apoyados sobre la cama en una postura que resultara lo menos pesada para ella, ya que así no tenía que soportar mi peso apretando sobre ella. Humedecí mi pene pasándolo varias veces por la entrada de su vagina, masturbándola con él, hasta empezar a penetrarla suavemente, atento a los gestos de su cara por si producía algún tipo de molestia. Poco a poco fui entrando, era un momento maravilloso sentirla toda mía, ese momento esperado, hasta que sentí como la tenía completamente dentro, mi pubis apretado sobre el suyo y sintiéndola bien lubricada.

― Te quiero. Esto es maravilloso ― le dije

― Yo también a ti, ahora eres mi hombre. Gracias por ser tan delicado.

Inicie entonces un movimiento de penetración. Ella gemía a cada entrada, subiendo el volumen de sus jadeos, tensionando y apretando mi pene con una vagina que no creía que estuviera tan firme por la edad, pero que lo era más de lo que había sentido en mujeres mucho más jóvenes.

La luz de la habitación estaba encendida y yo había levantado la ropa de la cama para poder ver como entraba y salía de ella, el movimiento de sus pechos caídos hacia los lados del cuerpo y que ella ahora agarraba y acariciaba mientras los acercaba hacia arriba permitiéndome besarlos.

Sabía que este primer contacto no sería largo, pese a que había eyaculado hacía poco, porque estaba realmente muy caliente, y decidí aumentar el ritmo. Sus ojos estaban cerrados y sus gemidos subían de intensidad, cosa que aún me excitaba más. No sé cuánto tiempo paso, estaba totalmente centrado en las sensaciones y en el momento.

― Que gusto……uffff…estoy a punto de terminar — mis pensamientos estaban nublados por el placer que sentía.

― Hazlo ― me respondió —. Córrete dentro que me muero de ganas de sentir tu leche caliente.

Apenas pude emitir un “siiii” alargado antes de correrme como hacía mucho que no lo hacía. La intensidad de mi orgasmo fue tremenda. Me quedé dentro y continue bombeando suavemente viendo como ella seguía sintiendo hasta que poco a poco mi pene perdió su dureza y salí de ella colocándome de nuevo a su lado con mi mano sobre su pubis, viendo sus ojos cerrados y sintiendo en la punta de mis dedos el líquido saliendo de ella. Me los lleve a la boca y los deguste con placer en la mezcla de su flujo y mi esperma.

Ella abrió al fin los ojos y acercándose me dio un beso cálido, amoroso.

― Gracias. Nunca pude imaginar algo así. Me siento confusa.

― Nos queda todo el fin de semana y será inolvidable. Hoy me has hecho muy feliz.

La volví a besar con ternura mientras la acariciaba. Nos tapamos bien porque hacia algo de frio pese a la época y nos quedamos dormidos, piel con piel, abrazados como lo que éramos en ese momento, dos amantes enamorados.



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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 002



Me desperté un par de veces por la noche para orinar. Cada vez que me levante mire a mi lado y allí seguía ella, de espaldas a mí y profundamente dormida. Al meterme en la cama me acercaba y pegaba mi cuerpo a su espalda, sintiendo como ella también se recostaba en mí con toda normalidad. Así colocados yo tenía mi mano sobre su cadera. Sin más la noche paso en calma. En mi cabeza hervían los recuerdos de lo sucedido y pensaba en cómo iba a continuar todo a partir del día siguiente.

Por la mañana me desperté y ella no estaba a mi lado, así que supuse que había madrugado más que yo puesto que soy un poco dormilón. Al levantarme me la encontré en la cocina, estaba haciendo café, iba vestida con su camisón y las zapatillas. La transparencia de su ropa me permitía ver que no llevaba ropa interior. Al girarse vi sus pechos moverse dentro del camisón y sus pezones marcados en la tela, recuerdo que miraba como si nunca los hubiera visto antes cuando había estado mamando de ellos con total libertad.

― Supongo que has dormido bien ― me dijo con una medio sonrisa —. Apenas te diste la vuelta y ya estabas roncando.

Me sorprendió la naturalidad con que hablaba pues tenía miedo de su reacción tras lo sucedido. Una posibilidad era que ella pudiera sentirse mal o incluso enfadada, pero no lo parecía en absoluto lo cual me tranquilizo mucho.

― Como para no hacerlo ― respondí acercándome y dándole un beso suave en los labios ―. Hacía mucho que no descansaba tan bien y tan relajado. Me siento muy feliz de haber podido disfrutar contigo — no quería ser más explícito por no incomodarla, pero había sido la sesión de sexo más excitante de mi vida.

― Pues ponte los pantalones cortos y vamos a desayunar — su mirada fue hacia mi pene que estaba medio erecto, pero sin hacer ningún gesto de molestia.

No era consciente en ese momento de que andaba desnudo porque así hubiera estado en mi casa un día cualquiera, ya que nunca utilizo pijama. Fui al baño para asearme un poco y afeitarme y después recuperé los pantalones que había dejado en el suelo del comedor. Podíamos tener sexo, pero seguía siendo la misma mujer que no hubiera soportado que me sentara desnudo en una silla, siempre con la higiene y sobre todo las normas por delante.

― ¿Qué quieres hacer hoy? ― le pregunté.

― Hace bastante sol. Pensaba que podríamos bajar a la playa. La temperatura es agradable y el agua debe de estar a una temperatura agradable porque lleva días haciendo mucho sol.

― Me parece bien. No contaba con ello y no traje bañador. Pensaba que solo querías subir y descansar — la verdad es que tan excitado estaba con la situación de estar solos que tampoco había llevado recambio de calzoncillos y me había tenido que afeitar con las cuchillas de mi padre.

― Puedes comprar uno en alguna de las tiendas de la calle principal o te dejo uno de tu padre, aunque te venga grande.

La idea de ponerme el bañador de mi padre se me hacía raro, quizás como ocupar algo más de su espacio. Por otro lado, prefiero la libertad de no llevar ropa si puedo evitarlo.

― También podríamos ir a unos kilómetros de aquí, a las afueras del pueblo donde hay una playa nudista. He estado algunas veces con mi mujer y es muy tranquilo porque va poca gente, y fuera de temporada imagino que menos. Se aparca cerca de la arena y el agua es poco profunda.

― ¿Acaso quieres que vean a una vieja desnuda? ¿Qué van a pensar de mi al verme así?

― Primero no pareces la edad que tienes y en segundo lugar eso no le importa a nadie. Allí cada uno va a lo suyo. Piensa que todos vamos desnudos y nadie juzga ni cuerpos ni edades, gordo o flacos, jóvenes o mayores — por un momento pensé en viejos, pero no quería usar esa palabra por lo que había dicho.

― Bueno, pero igual me da un poco de apuro y vergüenza. Yo nunca he estado en una playa así, aunque me habría gustado. Mi amiga Charo me lo ha propuesto porque ella si va, pero tu padre no iría jamás, y ella va con su marido y me da no sé qué ir con ellos.

― Pues no te preocupes por si te miran, además, al único que le interesa verte allí desnuda ya te ha visto, y también te está viendo ahora a través del camisón, y me parece una visión muy apetecible.

― Seguro que ahora de día no me ves como anoche. Habíamos bebido y nos dejamos llevar. Estoy segura de que ahora me veras de otra manera.

― Te veo igual o mejor. Y a las pruebas me remito.

Bajando la mirada hacia el bulto evidente en mi pantalón. Imaginarla desnuda sobre la arena era una imagen más que apetecible y ponerle crema en todo el cuerpo una situación de placer.

― ¿Caramba no descansas? Creí que después de anoche ya habrías cumplido tu fantasía y ahora ya no pensarías más en ello.

― Toda la noche rozando los dos ha mantenido mi excitación, sintiendo el calor de tu cuerpo y esa piel fina, y me gusta ahora estar viendo tus pechos al trasluz moviéndose en el camisón ― y dicho esto me acerqué e inicié un beso tierno y suave que fue aumentando de intensidad, acercando mi silla hacia la suya para poder poner mis manos en su cintura —. E imagino todo ese cuerpo sobre la arena, caliente por el sol y yo pudiéndote acariciar.

― Como no pares no vamos a salir a la playa porque te vas a poner juguetón, te veo venir.

Se terminó el café y una tostada mientras yo también me tomaba el mío, sin tomarme uno no soy persona, es como mi energía matutina.

— Tengo que ir a ponerme mí bañador. Ahora te daré uno para ti.

― Yo ya voy con este pantalón y ahora me pongo una camiseta encima, no necesito nada más, y tú tampoco lo necesitaras. La toalla, las llaves y el protector solar únicamente.

― Lo llevare y luego veremos si me animo, pero no te prometo nada que me da vergüenza, aunque he de reconocer que la idea de sentirme desnuda en el agua también me atrae mucho, pero si veo que no me miran.

Al levantarse la seguí como hipnotizado hasta el dormitorio donde se quitó el camisón y se sentó en el borde de la cama para ponerse el bañador. Yo estaba de pie frente a ella, mi bulto era evidente y quedaba delante de su cara, pero yo no hice gesto alguno.

― ¿Sabes? Me encanta excitar a alguien así — dijo señalando mi pantalón —, y más a un hombre al que quiero tanto.

― Y a mi hacerte disfrutar tanto como pueda y demostrarte que sigues siendo atractiva y excitante― y dicho esto me coloque de rodillas.

Ella ya se había quitado en camisón y ahora lucia desnuda con el bañador en su mano. Yo con mis manos apoyadas en sus rodillas abrí sus piernas suavemente. Ella se dejaba hacer, supongo que disfrutando de mi caricia en sus muslos con mis manos que iban subiendo y sin saber lo que vendría a continuación, aunque yo sí tenía claro cuál era mi objetivo.

Ella me miró con cara de sorpresa cuando se dio cuenta que yo acercaba mi cara a su sexo. Mi lengua y mis labios empezando a explorar unos labios mayores muy abiertos y unos menores bastante grandes. Saqué la lengua todo lo que pude y sin más aviso me puse a lamer su clítoris con suavidad, de abajo hacia arriba y de un ritmo suave a uno un poco más rápido. Sus enormes pechos rebotaban sobre mi cabeza cuando ella se dejó caer hacia adelante, agarrada a mis hombros para sostenerse. Sus gemidos, primero débiles y después cada vez más intensos con algún “si, si” y algunas llamadas a Dios, me hicieron ver que estaba disfrutando mucho de mi acción, más cuando estos fueron subiendo de aún más de intensidad, con una respiración agitada, y que un “basta, basta que me muero” acompañado de una intensa cantidad de flujo vaginal, del que no desperdicié ni una gota disfrutándolo como un tremendo manjar. Acababa de hacerle a mi madre su primera sesión de sexo oral, de muchas que tendrían que venir, y había llegado al orgasmo. Dar placer así a una mujer es algo que me encanta, pero hacerlo con tu propia madre solo puede describirse como sublime.

― Ahora si podemos irnos a la playa ― dije mirándola con una sonrisa maliciosa.

Ella seguía respirando agitada y se rio de mi ocurrencia. Levanto mi cabeza hacia ella y me dio un beso en la frente.

― Que travieso que eres. Otra cosa que me has hecho probar por primera vez. Como sigas así no se si voy a poder aguantar tu ritmo — agarró de nuevo su bañador y empezó a ponerlo mientras yo me ponía de nuevo en pie —. Venga vámonos antes de que te animes más y quieras seguir y yo no pueda decirte que no.

Salimos hacia la playa y efectivamente solo vimos un coche aparcado. Yo seguí un poco más allá y saqué del maletero las dos sillas y la sombrilla que había bajado del apartamento. Ella por sus problemas de movilidad no podía estar sentada demasiado en la arena y a mí tampoco me gusta estar tumbado al sol porque sin la sombrilla me pongo rojo enseguida. Yo cargado con sillas, sombrilla y bolso seguía a mi madre que se movía lentamente por la arena, balanceándose un poco por su falta de estabilidad. Llegamos a un punto que le pareció adecuado cerca del agua y que estaba bastante plano. A unos cincuenta metros estaban los que debían de ser los propietarios del otro coche, una pareja de edad parecida a la mía, ella una rubia de pelo largo muy guapa y tan amplia de curvas como mi madre, él un hombre fuerte de pelo corto y rostro serio, ambos completamente desnudos y tomando el sol, ni siquiera se giraron al vernos llegar.

― ¿Puedo dejarme el bañador? Se que no hay nadie cerca, pero necesito hacerme a la idea.

― Haz como quieras. Yo pienso quedarme desnudo. Es lo mejor de estas playas, sentir el agua en todo el cuerpo y la libertad que ello te da.

― De momento entonces me lo dejo. Supongo que pasado un rato me sentiré más tranquila y entonces pueda intentarlo. Además, tampoco hay nadie que me pueda ver.

― Pues no parece que nos hayan mirado. Están muy relajados tomando el sol — le dije mirando hacia la pareja —. Y fíjate que ella físicamente también está muy gorda, pero eso no le quita un punto de atractivo.

― ¿Te gusta? Los hombres quieren a las mujeres delgadas.

― La he visto de lejos, pero me parece muy guapa, y desde luego ya sabes que a mí siempre me han gustado las mujeres como mínimo gorditas y no delgadas, ese no sería mi tipo. Pero hoy para mí solo estas tú, no hay nadie más que centre mi atención.

Ella empezó a remover su bolso y saco un bote de crema para que yo se lo extendiera en la espalda, en el poco espacio que su bañador no tapaba y en sus hombres, luego ella misma se lo puso en las piernas y en la cara. Yo primero me puse de rodillas para que pusiera por la espalda y después dándome vuelta me puse de pie para que me pusiera en el vientre y con toda la intención de que bajara hasta mis genitales donde también puso bastante crema.

― Mejor todo no vaya a ser que se te queme ― dijo riendo mientras lo extendía y con una mano sopesaba mis testículos.

― Ten cuidado con tocar mucho que me animo ― respondí siguiendo la broma.

Pasamos unos minutos sentados, poco tiempo porque yo prefiero el agua, y me levante ofreciéndole mi mano para ir a bañarnos.

— Mi caballero ayudando a su dama a levantarse — su gestó de molestia al levantarse reflejó sus problemas de cadera.

Caminamos lentamente hacia el agua, estaba bastante caliente para haber pasado todo el verano. Primero nos quedamos un momento rozando la orilla para después ir entrando, ella bien sujeta a mi brazo para no caerse, hasta que llegamos a donde el agua casi me cubría.

― Sujétame que aquí no hago pie ― me dijo sintiendo que apenas si llegaba de puntillas.

Yo la tenía bien sujeta y la abracé contra mí, aprovechando para besarla con pasión. Su cuerpo estaba pegado al mío y eso me encantaba.

Nadie alrededor para mirarnos, nuestros únicos compañeros de playa también estaban abrazados en el agua y dando saltitos jugando con las olas quien sabe si aprovechando para tener sexo.

― Tenías que haberte quitado el bañador. Nada como sentir el cuerpo desnudo en el mar.

Ella tenía vergüenza, pero también había expresado que quería sentir la sensación, sin decir nada, y separándose un poco fue hasta donde hacia pie y allí sin dejar de mirarme se fue bajando los tirantes del bañador liberando sus pechos que ahora veía flotar sobre el agua y después, tras pedirme que se sujetara la mano para mantener el equilibrio, termino de quitarse el viejo bañador quedando desnuda. Ahora veía su cuerpo a través del agua.

La abrace con fuerza hacia mí, y la bese fundiendo nuestras bocas en un suave y dulce beso.

Me separé un poco y cogí el bañador que ella sostenía en la mano y lo lancé tan lejos como pude.

― Ahora no tienes vuelta atrás ― mis manos estaban ahora en sus nalgas y la sostenía contra mí, con mi erecto pene clavado contra su pubis ―. Me encanta verte contenta y liberada.

― No habría soñado con las cosas que están pasando — dijo con una enorme sonrisa.

― Yo tampoco, pero me encantan — mi voz no podía disimular mi enorme excitación —. Estoy en un sueño del que no quiero despertar.

De nuevo volvimos a besarnos y, apenas sin esfuerzo por el propio movimiento de las olas, mi pene se fue moviendo hasta la entrada de su vagina y con un leve impulso terminó por entrar completamente. Fue un sexo distinto de la noche anterior, más lento y tierno, disfrutando de un movimiento acompasado por las olas. Ella dejaba caer su cabeza hacia atrás y cerraba los ojos mientras emitía pequeños jadeos y yo sentía como su vagina me apretaba como si quisiera exprimirme. Poco a poco fui saliendo a una zona menos profunda, dejando que su cuerpo casi flotara plano, y yo seguía el movimiento ahora más rápido, disfrutando del enorme placer que me daba su cuerpo, la sensación del agua en la piel, y el morbo que solo una madre hace sentir cuando haces el amor con ella. Cuando ella sintió mi eyaculación dentro abrió los ojos, se mordió el labio unos segundos y tras mirarme, como el amante que en ese momento era, los volvió a cerrar, sintiendo el calor de mi esperma y mi pensé que seguía moviéndose mientras iba perdiendo dureza.

Creo que este fue de largo el mejor momento de todo el fin de semana. Aunque otros también fueron muy especiales.

Estuvimos un tiempo más en el agua, de nuevo en zona más profunda abrazados y besándonos como dos enamorados en su luna de miel, después nos sentamos en las sillas, ahora los dos desnudos, para secarnos. Había otras personas que habían llegado en el tiempo que estuvimos en el agua, puede que incluso nos hubieran visto haciendo el amor, pero eso tampoco nos importó demasiado.

Pasamos en total un par de horas en la playa hasta que decidimos irnos a comer. Yo me puse los pantalones y la camiseta y ella el vestido veraniego que había traído y que ahora, sin el bañador, marcaba más sus curvas completamente.

Fuimos hasta un bonito restaurante cercano a la playa donde había pocos comensales. Nos comportábamos como dos enamorados con besos y dándonos la mano. Pedimos bajo la atenta mirada de un camarero joven que no perdía de vista las redondas formas de mi madre mientras tomaba nota y se agachaba de forma exagerada sobre ella cada vez que le pedíamos algo, atento a venir rápidamente sin perder ocasión. El chico obviamente se dio un buen atracón de ver sus pechos por el escote del vestido que cuando ella se movía hacia adelante se separaba de la piel y posiblemente permitía verlos, desde la posición del camarero de pie junto a ella, completamente libres. Estoy seguro de que ese día el chico se tuvo que masturbar pensando en ella después del calentón.

Cuando volvimos al apartamento me dijo que quería descansar un poco, que la playa la agotaba, imagino que también por el ejercicio en el agua.

― Y descansar es eso. Ahora nada más — dijo mirándome de forma seria.

Respete ese espacio y me fui a la terraza a leer, aunque yo también me quede dormido en una silla, y fue ella quien me despertó al cabo de un rato.

― Tengo que preguntarte algo. ¿Con tu mujer también hacéis estas cosas?

― Si te refieres al sexo hace tiempo que no. La verdad es que ella es muy aburrida. Ha sido mejor con otras parejas. Nunca hemos tenido sexo en la playa, aunque estuviéramos solos o incluso cuando era de noche. Ella hay cosas que no quiere probar, no solo esto.

― ¿Cómo por ejemplo?

La pregunta me dio pie a abrir una puerta a posibles futuras experiencias.

― Pues no me ha permitido tener sexo anal con ella.

Mi madre me miró sorprendida.

― ¿Te refieres a hacerlo por el culo? ¿Eso te gusta? ¿Qué tiene eso de especial para un hombre?

― Es algo que me encanta. Es una sensación distinta, el ano es muy estrecho, normalmente mucho más que la vagina, y para la mujer le permite masturbarse o que la masturbes mientras la penetras, incluso puede usar un dildo y tener una doble penetración — también pensé en ese momento en que habría querido hacer un trio y tampoco mi mujer había consentido.

― Ufff yo tampoco haría eso, seguro que duele.

― Hay que lubricar bien, nada más. Es algo que hecho mucho de menos ― dije esto último esperando a ver si cedía a mi deseo —. Personalmente te diré que yo también me he masturbado con un dildo en mi propio ano y me ha gustado la sensación.

Ella estuvo un par de minutos en silencio antes de decir más. Tampoco parecía escandalizada por mi comentario sobre mis masturbaciones anales.

― ¿Y cómo hay que hacerlo? ¿Hay alguna postura para ello?

― Pues lo más cómodo es igual que estábamos hoy durmiendo yo poniéndome tras de ti o ponerte a cuatro patas.

― Mejor tumbada creo.

No podía creer que estuviera planteándose la opción de dejarme hacerlo. Ese enorme culo había sido motivo de muchas masturbaciones y deseos y ahora la sola idea de estar cerca de poder sentirlo me excitó de forma increíble.

― ¿Y lo has hecho con otras?

― Con todas mis exparejas. Y con todas lo he disfrutado mucho. Y ellas algunas lo probamos y ya y con alguna otra pues si le gustaba más y era más frecuente. Con mi primera novia tenía miedo de quedarse embarazada y prefería tener sexo así por seguridad.

Mi madre rio divertida por la idea de mi antigua pareja. Obviamente con ella no tenía ese problema y no era una razón para probarlo o no.

—Parece que a mi edad hay muchas cosas que no he llegado a probar y quizás debería de haberlo hecho. Siempre fui caliente, pero poco a poco me acostumbré a la rutina y aparqué algunas posibilidades.

Estuvo un poco más allí de pie sin decir nada mirando al mar. Fue a buscar un libro y se puso a leer a mi lado, sentados los dos viendo como el sol iba bajando. Yo también continué con mi lectura.

No pensaba presionar, si ella quería hacerlo tendría que decírmelo. Hasta ese momento las cosas estaban fluyendo entre los dos y esperaba que así siguieran. Prefería de alguna manera que ella marcara el ritmo, cosa que cierto es que no le había permitido, y sentía temor de apretar.

― Voy a salir un momento a por un par de cosas ― me dijo levantándose y entrando hacia el comedor.

― ¿Quieres que te acompañe? Se está haciendo tarde. Si quieres mejor vamos mañana.

― Nada. Solo voy al super a por algo de la cena. Tu espérame aquí que no tardare mucho. Además, mañana es domingo y estará todo cerrado.

Volvió poco más o menos en una media hora. Ya estaba demasiado oscuro para leer en la terraza y entré al comedor para seguir leyendo en el sofá. La escuchaba en la cocina haciendo la cena y por el olor una tortilla de patatas que hacía muy rica. Una vez terminada habría que esperar a que se enfriara para poderla comer.

― ¿Me dejas que me siente a tu lado? ― dijo saliendo de la cocina y viniendo hasta el sofá donde yo estaba tumbado. Había podido sentarse en el otro, pero prefería sentarse allí a mi lado, así que me senté dejando espacio libre.

Estuvimos hablando un rato sobre los libros que estábamos leyendo y otros que habíamos leído anteriormente, una conversación banal pero entretenida, hasta que nos dimos cuenta de que eran ya las nueve de la noche y decidimos ponernos a cenar.

La cena fue de lo más normal y sin ninguna clase de juegos por parte de los dos, estábamos en sintonía, pero relajados, creo que como nunca antes me sentí con ella ni siquiera cuando era un niño y ella una madre bastante autoritaria y distante emocionalmente, pero ahora ella era solo una mujer y yo ya no era ese niño.

Tras la cena tomamos un café con hielo en el salón. Me pregunto si quería ver la televisión o si prefería que fuéramos a la cama a seguir leyendo. La verdad es que el sofá era incomodo y prefería estar recostado en la cama con unos cojines. Había sido un día intenso y no tenía necesidad de tener sexo, solo de compartir el momento con ella tumbados los dos, relajados, como una pareja cualquiera.

― Tengo que ir a ducharme porque me siento sudada, y no me gusta meterme en la cama así, tu túmbate y ya vendré ahora.

Yo fui obediente y me fui hacia la cama a leer mi libro cómodamente con la luz de la mesita, pero incapaz de centrarme en la lectura. Escuchaba de fondo el ruido de la ducha e imaginaba el agua cayendo sobre ella, con ganas de entrar con ella. Esperé hasta que el ruido de la ducha paró y ella apareció en el marco de la puerta envuelta en la toalla que apena daba para tapar a la vez su pecho y sus prominentes caderas. Se había maquillado, como lo hiciera el primer día y se había puesto una peluca larga y rubia que debía de haber comprado en su falso viaje al supermercado y que en realidad había sido al bazar chino del centro del pueblo.

― ¿Qué te parece? ¿Estoy lo bastante atractiva para ti?

― Me suena mucho tu cara y casi diría que te pareces a mi madre, pero ella no tiene esa preciosa cabellera rubia que te hace muy atractiva. ¿Porque no te acuestas a mi lado? Ahora mismo ella se ha ido y me ha dejado solo. Me apetece mucho disfrutar de tu compañía.

Yo estaba desnudo y cubierto por las sábanas hasta la cintura. Ella abrió su lado de la cama, se colocó de espaldas a mí y soltó la toalla, dejándola en una silla y mostrándose completamente desnuda. Se tumbó a mi lado y se tapó justo por encima de los pechos como si tuviera vergüenza de mostrarse. La imagen de ella así resultaba muy erótica.

― Eres preciosa. Estoy enamorado de ti. No podría tener una mujer mejor conmigo. Ni imaginas como me siento en este momento.

― No — me dijo poniendo su dedo sobre mis labios en señal de silencio—. Tu solo eres mi amante y así es como debe de ser. Tu debes de tener una pareja con quien compartir la vida. Yo seré tuya cuando quieras que así sea y mientras tú quieras que esto continue, pero será solo un romance entre los dos. Yo te quiero muchísimo como mi hijo que eres y deseo que este feliz. Mientras tanto disfrutaré de esto tanto como pueda, pero quiero que tengas eso claro. Yo voy a continuar con tu padre y tu con tu pareja, pero tendremos nuestro espacio compartido cuando podamos.

― Yo también quiero darme todo el cariño que no te he dado. Espero hacerte sentir más deseada de lo que has sido nunca y hacerte disfrutar.

― Pues has dicho que hay algo que te gusta mucho. Y me ha picado el gusanillo, tengo morbo por probarlo. Has despertado mi interés, me siento con ganas de todo contigo. Tengo un poco de miedo, pero estoy seguro de que vas a ser cuidadoso.

― ¿Y qué quiere probar? ― pregunte maliciosamente haciéndome el tonto.

― Ya sabes. Eso que no has probado con tu pareja, pero si con tus ex.

― Pues hay tantas cosas. Quien sabe que podría enseñarte.

― Quiero sentir ― se quedó callada un momento como con vergüenza ―. Quiero probar el sexo anal. Quiero ver que se siente al tenerte dentro de mí por ahí y darte mucho gusto, que disfrutes al máximo. Si es que tanto te gusta será un regalo para ti.

― Ummmm. Bien, pues tus deseos son órdenes para mí. Y desde luego que me apetece mucho hacerlo y más con ese culazo que tienes. Seguro que me vas a hacer disfrutar mucho.

La destapé hasta poco más de la cintura y me metí entre sus piernas mientras la miraba. Ella estaba medio tumbada, casi sentada sobre los cojines y me miraba fijamente. Su cuerpo parecía temblar, nerviosa por lo que podía sentir.

Empecé a lamer suavemente de nuevo su clítoris, pasando la lengua desde abajo arriba por toda la zona y dando vueltas en su botón para alargar el placer. No tarde nada en escuchar sus primeros suspiros y jadeos, noté como aumentaba el olor de su sexo y la lubricación mayor que el día antes. Pase mi lengua entonces a su ano mientras seguía masturbándola suavemente con uno de mis dedos sobre su clítoris y otro entrando y saliendo lentamente de su vagina. Chupe entonces el dedo índice de mi otra mano y lo acerque a su ano, apretando suavemente para intentar que este se abriera, apenas entrando la punta, momento en el que ella hizo un gemido mezcla de excitación y de sorpresa por el cambio.

― Avísame si molesta ― le dije.

Lamí de nuevo mis dedos porque no tenía lubricante y esto era lo más adecuado, pero sabía que requería paciencia si no quería hacerle daño. Intenté meter el dedo un poco más y noté como su esfínter hacia muchísima presión sobre él, pero poco a poco cedió un poco, cuando ella se relajó más, y me permitió meterlo hasta la segunda falange. Empecé a moverlo despacio y noté como se iba calmando su respiración tras el primer momento de miedo. Una vez sentí que este entraba y salía bien puse un segundo dedo que entró con bastante facilidad una vez abierto ya el camino. Mi masturbación sobre su clítoris, ahora con mi lengua, también hacia su efecto y cada vez suspiraba más fuerte, arqueando la espalda hacia delante y moviendo la cabeza a lado y lado. Verla así me tenía a mil y estaba deseando sentirme dentro de ella, si me encanta el sexo anal hacerlo con mama estaba a otro nivel. Un suspiro más intenso y fuerte tras el que su cuerpo quedo relajado efecto de haber llegado a un orgasmo con mi lengua. Su esfínter estaba relajado y mis dedos entraban y salían lentamente sin demasiado esfuerzo, era el momento de probar.

― Si puedes ponerte a cuatro patas sería más cómodo.

Ella me miro sonriendo y sin decir nada se colocó frente a mi ligeramente abierta de piernas tal como le había pedido.

― ¿Así va bien?

― Esta perfecto.

La hice levantar un poco y situé dos cojines debajo de su barriga para que pudiera dejarse caer y no tener que sostener el peso y me situé entre sus piernas. Coloqué mi pene primero en la entrada de su vagina, mojándome con su flujo y sintiendo como ese movimiento provocaba de nuevo sus temblores. Tras varias penetraciones suaves y lentas salí de ella y coloqué el glande en la entrada de su ano, apretando suavemente para no hacerle daño, y ahora bien lubricado recibió sin demasiados problemas la punta de mi pene, durísimo por la excitación. Esperé unos segundos quieto para que se adaptara y continue apretando un poco más, hasta sentir que ella se movía inquieta, quizás porque le había hecho daño.

—Sigue. No pasa nada — dijo como si hubiera leído mis pensamientos.

Salí un poco y volví a entrar lentamente pero más profundamente. Esta vez sí entro casi toda y la dejé quieta unos segundos. El placer que estaba sintiendo agarrado a sus caderas y con mi pene apretadísimo era indescriptible. Ella parecía tolerarlo bien.

—Me encanta tu culo mama. Eres maravillosa. Estoy disfrutando mucho de este momento.

Yo jadeaba de placer y ella gemía excitada de saber que era la causante del enorme placer de su hijo.

Iniciando un movimiento de penetración primero más lento y después cada vez más rápido. Ahora era a mí al que se escuchaba gemir de placer cada vez más alto, estaba disfrutando muchísimo y así se lo hice saber.

― Que gusto me das. Me da muchísimo placer. Quiero llenartelo de lechita caliente bien adentro.

― Disfrútalo. Me gusta la sensación — respondió con un leve jadeo —. Es una experiencia que no podía haber imaginado. Da un gustito raro y duele un poco, pero me está gustando.

Yo no podía ni pensar, solo sentía la presión de su esfínter y mi pene entrando y saliendo. No se cuánto tardé, creo que poco tiempo y eyacule de forma creo que bastante abundante, haciendo que sintiera mi esperma caliente derramándose en su interior, apretando para dejar dentro hasta la última gota. No quería salir de su interior mientras sentía como mi pene perdía su dureza y salía por sí mismo.

Me aparte de ella para poderme tumbar sobre la cama. Ella se tumbó de costado hacia mí y nos miramos sonriendo.

― Vaya. Ha sido distinto. Siento el culo lleno de algo caliente que se me escurre.

― Gracias. No sabes cuanto me gusta esto. Ha sido el mayor placer que podía imaginar después de hacerte el amor anoche por primera vez. Espero que se pueda repetir si me lo permites.

― Pues no hará falta que busques a nadie que a mí me encanta.

― No sabes cuanto me alegra saber que nos podemos dar tanto placer mutuo.

De nuevo nos besamos con pasión y ella apago la luz. Tumbada de costado y con su cabeza sobre mi hombro como si fuera una cómoda almohada se quedó dormida en apenas unos segundos con una sonrisa.

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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 003

El domingo cuando desperté tuve que pensar donde estaba, me sentía desubicado. Había tenido un sueño muy profundo y había tenido varios sueños. De pronto recordé lo vivió la noche anterior y como había tenido de nuevo sexo tanto en la playa como en la noche, con el desvirgamiento anal de mi madre. Ni en mis mejores sueños aquello podía haber sucedido de forma tan sencilla ni amorosa como lo había hecho, y me parecía increíble la forma en que ella se había dejado llevar.

Al girarme vi que, de nuevo, como ya pasara el día anterior, estaba solo en la cama. Me hubiera encantado despertarme junto a ella y poder ser yo quien la despertara, pero es muy madrugadora y posiblemente ya habría incluso desayunado y estaría mirando alguna revista sentada en el balcón.

Fui al baño y tras lavarme la cara y despejarme crucé hasta el comedor donde estaba ella tomando un café, y leyendo una revista como había supuesto.

— Buenos días mama — saludé acercándome para darle un beso en los labios y abrazándola.

― Ya creí que no te levantabas. Hace como una hora que me he levantado y estabas roncando como un bendito. Parece que llevaras sueño atrasado.

― Disculpa. Normalmente el domingo es el único día que no tengo consulta y me quedo más tiempo durmiendo — me separé de ella y me senté en la silla más próxima — ¿Querrás ir de nuevo a la playa?

― Claro. Aunque ahora si que no tengo bañador ― respondió riendo ― y he pensado que tenia que arreglarme para que me vieras atractiva y no como una vieja desnuda ― y diciendo esto se giró sobre la silla hacia mí, dejó su revista y su café, y levantó el camisón hasta dejar sus muslos completamente al aire hasta mostrarme un pubis completamente limpio, un poco enrojecido aún por el afeitado.

― Que rico. Me gusta así bien natural.

Los labios mayores se veían grandes y ligeramente abiertos y sus labios menores sobresaliendo también y algo abiertos. Una imagen preciosa.

― ¿Te gusta? Pensé que como tú también lo hacías te gustaría verlo así — dijo mientras se acariciaba con dos dedos y abría torpemente sus labios mayores como si quisiera mostrar también el interior.

― Si me gusta mucho y también es mucho más rico para lamerlo ― y diciendo esto, con mi boca salivando de hambre, me arrodille frente a ella y acerque mi cara hacia su vagina, con mis manos sobre sus muslos y subiendo por ellos hasta agarrarme a sus grandes nalgas.

Ella, ya intuyendo la acción, movió su culo hacia adelante sobre la silla y abrió tanto como pudo sus piernas para facilitar la acción.

Di unas primeras lamidas sobre su pubis antes de bajar hacia su sexo. Se sentía suave y su tacto me excitó más si era posible. Bajando hasta abrir sus labios con mi lengua que ahora se movía a toda velocidad sobre su clítoris. Coloqué una mano sujetando sus labios mayores para facilitar la tarea y con la otra mano sostenía su espalda para apretarla más contra mí.

― El mejor desayuno del mundo ― le dije casi sin separar la cara y apretando de nuevo para no perderme ni una gota de su néctar.

Quería darle todo el placer, y a la vez disfrutar de su riquísimo y maduro sexo.

― Comételo todo. No quiero que mi niño se quede con hambre ― sus palabras salían entre los jadeos de placer, y con una risita de niña mala que ha descubierto el pecado.

Ahora sentía como ambos nos dejábamos llevar mucho más que el día anterior, más relajados y con más naturalidad. Ya no era como esa primera relación donde parece que estes haciendo un examen y esperes sacar buena nota.

―Mama disfruta mucho con esto, vas a tener que venir cada día a que te sirva tu desayuno ― intentó decir mientras sus gemidos subían de intensidad.

Mi lengua no cesaba en la búsqueda de su placer dando vueltas al clítoris, un gesto que se que produce mucho placer, pero a la vez alarga el tiempo de llegar al orgasmo. Quería hacerla disfrutar como nunca lo hubiera hecho. Estaba seguro de que nunca le habían hecho sexo oral.

Estaba muy muy caliente. Mi madre, que me calentaba como no me sentía desde hacía muchísimos años, desde los años con mi primera novia donde follábamos como conejos en cualquier lugar y todo era nuevo. Mi erección era enorme y mis ganas de sentirme de nuevo dentro de ella eran casi irracionales. Ahora la penetraba con mi lengua en su vagina y seguía estimulando el clítoris con mi dedo.

De pronto sentí las convulsiones de su vagina y una mayor salida de flujo. Un fuerte “ahhhh” que seguro tuvieron que escuchar hasta los vecinos anunciaba su orgasmo.

― ¡Que gusto! ― me dijo entre jadeos ― En dos días has despertado en mi un lado de…ufff que no sabía que tenía.

― ¿Un lado vicioso? — le dije con mi boca llena de los flujos que saboreaba de su vagina.

Yo ahora volvía a estar en mi silla sentado y acariciaba mi duro pene. Sentía como si fuera a explotar si no liberaba el contenido de mis testículos.

― Siiii. Por decirlo finamente. Pensaba que me siento un poco putilla ― dijo esto último como con vergüenza.

― Para nada. Eres una viciosa que estaba dormida. Ahora se de donde sale esa parte de mí.

La levanté de la silla y apartando las tazas del desayuno la hice sentar con cuidado sobre el borde de la mesa. Saque los pechos fuera del camisón para poder lamerlos y coloqué sus pies sobre cada una de las dos sillas para que quedara más cómodamente sentada frente a mí, abierta de piernas. Estaba pegado a ella levantando los pechos alternativamente y lamiéndolos con ganas.

― ¿Te gusta como ha quedado mi pubis? Parece que te ha excitado.

― Tu coño esta precioso ― respondí con un lenguaje más directo para provocar su excitación ― y ahora le voy a dar una buena dosis de esta polla dura y caliente por ponerme tan cachondo. Estoy excitadísimo mama — siempre me gustó seguir llamándola así porque aumentaba el morbo de las situaciones.

― Que mala soy que te he provocado esto ― dijo agarrando mi pene y dirigiéndolo hacia su vagina ―. Ahora tengo que pagar el castigo.

Empuje hacia adelante metiéndola completamente hasta sentir mis testículos golpear nuestros pubis piel con piel. Agarrado a sus caderas, metiendo mi lengua en su boca para jugar con la suya, iniciando un movimiento de entrada y salida, fuerte y rápido al penetrar y saliendo lentamente para volver a golpear con fuerza. A cada entrada hacia que su cuerpo diera un pequeño saltito sobre la mesa. Sus manos estaban ahora en mi cara, apretando mi cabeza contra ella sin dejarme salir de su boca de la que no dejaba de emitir continuos jadeos. Me sentía incluso mareado por el placer, loco de pasión y queriendo parar el tiempo.

― Toda esta polla es mía, la siento dentro de este coño de vieja caliente ― se había liberado con su lenguaje y ahora era cada vez más directo ―. Lléname bien que quiero sentir la leche caliente. Me encanta sentirla como llega hasta el fondo y como la vas sacando. Me mata de gusto.

― Tienes un coño delicioso y a partir de ahora va a ser mío. Solo mío.

― Claro que sí. Cuando quieras solo tienes que pedírmelo. Tendré que venir más a verte al despacho para que me hagas terapia o que vengas a verme cuando este solita.

Seguía bombeando con fuerza y solo podía sentir el placer del momento y más aún al pensar en repetir en el futuro próximo de nuevo como me estaba proponiendo. Ella no veía aquello como algo puntual y yo tampoco.

Sentía como el esperma subía y estaba a punto de salir, pero intentaba retrasar el momento para seguir sintiendo.

― Me voy a correr, ya no puedo más ― anuncié casi con un hilo de voz.

― Dámelo ― respondió ella como una orden —. Córrete y hazme sentir una mujer deseada de nuevo. Disfruta de mi tanto como quieras.

Y como buen hijo que respeta las ordenes de su madre di una última estocada más potente mientras sentía como me corría dentro de ella. Su cara de placer y una enorme sonrisa al sentir como me derramaba dentro de ella.

― Tienes la leche y solo te falta el café — le dije riendo.

― Tu también te has comido ya un bollito caliente — dijo dándome un beso tierno y cálido —. Muchas gracias, hijo por hacerme sentir así. Acabo de recuperar veinte años.

Saqué mi pene de su interior y con dos dedos recogí parte de mi esperma que salía de ella, mostrándole el goterón blanco que sostenía. Ella me miró, y sin dejar de mirarme, agarro mis dedos y se los metió en la boca succionando con fuerza.

― Estos desayunos me encantan ― me dijo riendo ― y son muy nutritivos. ¿Esto querías ver?

― Si. Me encanta ver que tengo una madre tan caliente y un poco guarrilla ― dije con un poco de vergüenza por utilizar ese adjetivo con ella porque no quería ser mal hablado.

― Lo soy. Me gusta esta parte guarrilla, como dices, de mí y me gusta ver que tu lo eres tanto como yo. Sabia que eras un cachondo porque te oía en el baño de adolescente masturbándote y porque cuando has venido con tu pareja también os escuché teniendo sexo, calentándome tras la puerta.

No sé cómo iba a ser el día siguiente, y los que tuvieran que venir, pero era nuestro último día solos allí y quería aprovecharlo.

Yo me puse los pantalones cortos y ella un vestido playero muy normalito y de nuevo salimos hacia la playa del día anterior. Hoy había algunos coches más, aunque ni rastro de la pareja de la mañana anterior. Colocamos las sillas y la sombrilla y ella se quitó el vestido, ya sin ningún pudor, dejando que un par de guiris, unos chicos muy jóvenes, que estaban cerca pudieran observar su figura y no dejaban de comerse con la mirada sus tetas y ese pubis recién depilado.

― Vamos al agua mi amor ― me dijo en un volumen suficientemente alto para que lo escucharan tanto la pareja de jóvenes como un trio de mujeres maduras, algo más jóvenes que ella, situadas al otro lado de nosotros, que la miraban con la envidia de quien también querría tener un hombre más joven que ellas.

Yo salude con la cabeza a las señoras que me miraban entre curiosidad y sorpresa, pues estaba de nuevo con una erección. Si no fuera porque estaba con mi madre no me habría importado tener algo al menos con dos de ellas que estaban más gordas y tenían buenas curvas, la tercera mucho más delgada no era tanto mi tipo.

― Mira que bien que tienes dos mujeres más de tu estilo a nuestro lado ― me dijo mi madre ya estando en el agua ―. Gorditas, bajitas y tetonas como a ti te gustan. Seguro que no te importaría tener algo con ellas.

― Hoy solo me gustas tu ― le dije abrazándola y dejando que se sujetara a mis hombros y llevándola pues sabía que allí no hacia pie.

― Eres un mentiroso. Se que te gustan. Tanto como otras que conozco. Hace unos días vi a tu exmujer que va a comprar al mismo supermercado que yo. Me dijo que seguís hablando y por el tono de su comentario estoy segura de que intentaba decirme que sigue habiendo algo entre vosotros.

― Ella no quiere. A mí no me importaría porque siento deseos cuando nos hemos visto.

― ¿Le has preguntado directamente? ― se mostro algo sorprendida por mi respuesta —. Que pillín buscando con quien ser infiel a tu mujer.

― Si, sabes de que en casa vamos fatal, y no quiero tener sexo con cualquiera. Ella para mi sigue siendo muy guapa y atractiva.

A todo esto, sentía como mi pene, que parecía tenía tener vida propia, luchaba entre sus piernas, mientras la sostenía levemente levantada aguantándola con su culo sobre mis manos y sintiendo las envestidas de mi pene contra su pubis con cada ola que nos elevaba.

― No querrás metérmela ahora mientras piensas en ella ― me miró con una sonrisa pícara ―. Cuando estes conmigo estás conmigo.

― Es algo descartado como te dije. Además, ya te dije que ahora no estaba pensando en nada más.

― Bueno, pues si ella quiere a mi no me importa que vengáis a casa, tienes llaves, y solo tienes que decírmelo para estar seguros de estar solos. Hay una cama de la habitación de invitados. Vosotros hacíais buena pareja y seria una buena opción volver con ella si rompieras con tu pareja porque ella ahora esta soltera.

Me reí y la besé con fuerza. Estaba siendo mi amante y la madre que se preocupa por su hijo a la vez. En todo caso el volver a tener algo con mi exmujer era algo que, aunque me gustaría, estaba lejos de poder ser, y menos aún volver a ser pareja.

— Me siento un poco cansada y quiero tomar el sol a ver si me pongo un poco morena. Menos mal que tu padre no me mira y no notará la falta de marcas del bañador — dijo riendo —. Quédate tu solo a ver si el agua te enfría un poco. Te dejo solo un rato.

Llego hasta la playa y vi cómo se ponía crema solar y se tendía al sol estirada boca abajo y de espaldas a mí. Yo aproveché para dejarme flotar libremente mientras seguía mirando hacia la playa y prestando atención a las vecinas, especialmente a una de ellas que parecía mirarme disimuladamente. Ellas también estaban desnudas mostrando sus maduros cuerpos sin complejos, que sin ser firmes eran atractivos.

A los pocos minutos vi como dos de ellas se tumbaban sobre la arena mientras que la que me sonreía entraba en el agua y nadaba paralelamente a mí, apenas a unos diez o quince metros. En la playa los vecinos parecían compartir una cerveza mientras miraban a mi madre y se tocaban, claramente excitados.

― ¿Sois pareja? ― preguntó la mujer que se había acercado hacia mí nadando mientras yo observaba con placer el disfrute de los chicos con mi madre.

Era una mujer morena bastante gordita, con pechos grandes y generosas curvas que aparentaba tener unos sesenta y muchos años, los mismos que aparentaría mi madre si no fuera por el pelo blanco.

Ahora se sostenía con suaves brazadas a mi lado, sin poder hacer pie cuando las olas la levantaban.

― Pues lo cierto es que no.

Pareció sorprendida por mi respuesta.

― Es que vi que te decía mi amor. Es por eso que lo pensé, aunque me pareció que era mayor que tu ― parecía alegrarse de que no fuera mi pareja.

― De hecho, es mi madre.

Ahora los ojos de la señora se abrieron de par en par. Tras de ella las otras dos mujeres vi que se giraban mirando hacia nosotros y cuchicheaban alguna cosa antes de apoyar de nuevo la cara en la arena y seguir tomando el sol.

― Creo que poco hijos y madres tienen esa cercanía. Al menos yo con los míos seguro que no. Si supieran que su madre esta en una playa nudista les daría algo. Mi amiga nos lo propuso y me ha costado aceptar la verdad.

― Nosotros digamos que tenemos mucha complicidad. A mí no me importa donde vaya si eso sirve para hacerla sentir bien. Es una mujer muy atractiva y si la miran como esos dos chicos me alegro mucho, estoy seguro de que si ella quisiera ellos no dudarían en darle un buen rato de placer y ella a ellos.

Ella poco a poco se había ido acercando hasta estar a solo medio metro de mí. Una ola fuerte casi le pasa por encima y, por la corta distancia, justo llegué a tiempo de agarrar su brazo acercándola hacia mí y evitar que se llevara un susto.

― Gracias por rescatarme a tiempo ― me dijo con una sonrisa.

Se acercaba tanto a mí que estábamos rozando piel con piel. Yo seguía agarrado a su brazo y ella había puesto su mano libre sobre mi hombre, quedando ahora frente a mí. Con las olas mi pene empezó a rozar con ella ―. Caramba te veo bien provisto. Parece que algo te ha calentado y no es el agua que está muy fría.

― La verdad es que esta mañana he tenido ocasión de poner a mi madre sobre la mesa y nos hemos dado un tremendo polvo, pero yo sigo caliente ― le dije con intención de provocarla.

Sus ojos se abrieron de nuevo mucho y me miro riendo como si le tomara el pelo.

― Es cierto. Puedes preguntarle. Soy un hijo que quiere lo mejor para su madre y me gusta hacerla sentir feliz.

― Si es así la felicito por tener tanta suerte — estoy seguro de que creía que mi comentario era una broma —. Para mi hija y mi exmarido solo soy una vieja. Si un hombre joven me viera desnuda lo último que pensaría es que quiere algo conmigo. Mi marido tampoco porque solo mira a las jóvenes y se desahoga conmigo de vez en cuando rápido y mal.

Ahora alargue los brazos alrededor de ella, acercándola hacia mí y eliminando el pequeño espacio que quedaba entre los dos, la abrace con fuerza y la eleve haciendo que mi pene erecto se hiciera sentir entre sus piernas que ella subió colocando sus pies tras mis rodillas.

― Pues me gustas mucho, y a mí no me importaría nada tener algo contigo.

Su cuerpo se apretaba cada vez más a mí, si es que era posible, abrazándonos con fuerza. Ella estaba claramente nerviosa. Sus piernas me rodeaban ahora subían más hasta cruzar sus pies tras de mí, casi a la altura de mi culo. Mi pene casi por instinto luchaba por entrar en ella, rozando sus genitales y a un leve movimiento por mi parte o la de ella para consumar. Su boca y sus ojos se abrieron con sorpresa al sentirlo, mi glande ahora apoyado justo en la entrada de su vagina. No decía nada. Su respiración se hizo más intensa mientras agarrada a mis hombros hacía por subir y bajar mientras yo seguía esperando su gesto final. Con ese movimiento hizo que mi pene, ahora si fuera entrando, haciendo que penetrara más y más dentro de ella hasta sentirla completamente dentro. Aun con el frio del agua sentía su vagina muy caliente.

― Hacia mucho tiempo ― me dijo entre gemidos ― y no me creo lo que estoy haciendo ahora. No puedo parar. ¡Dios! Me encanta. Con un desconocido que me esta matando de gusto ― dicho esto se abrazó más fuerte a mi y me dio un pico en los labios ―. No pares por favor. Es una locura que no creo que se vaya a repetir. No he estado nunca con otro hombre que no fuera mi marido, y el no tiene este tamaño.

― A mí también me encanta hacerlo contigo. Eres preciosa.

La relación duro unos largos minutos en que ambos disfrutamos de dejarnos llevar por el movimiento del agua. Ella me daba pequeños picos en los labios, sin atreverse a darme un morreo en toda regla que yo deseaba, era como ponerse un límite en su infidelidad. Cuando llego el momento de sentir como mi leche luchaba por salir la avise que no me podía contener.

― Me voy a correr. Me estas matando de gusto.

― Ni se te ocurra salirte ahora. Quiero sentirte dentro de mí, quiero llevarte dentro de mí.

Antes de poder responder nada más ya me estaba corriendo dentro de ella. Sentí una eyaculación poco abundante, como si estuviera seco, pero era la segunda vez en poco más de una hora desde el desayuno con mama.

― No se tu nombre me dijo. Yo me llamo Rocio.

― Bonito nombre. Yo me llamo Jordi

― Ojalá pudiera volver a verte. Si es que vuelves por aquí yo estaré dos días más.

― Yo no, porque mañana tengo que volver al trabajo, pero soy fácil de localizar. Búscame como psicólogo y me encontraras ― le dije la ciudad donde estaba el centro y la pagina web que era fácil de recordar ―. Puedes llamarme y nos vemos si te apetece. Tranquila que nadie vera tus mensajes si me escribes, no hay secretaria.

― Seguro que lo hare.

Sus amigas se habían levantado y caminaban hacia el agua mientras miraban desde lejos sin imaginar lo que había pasado porque Rocio y yo ahora estábamos un poco más separados, agarrando solo las manos bajo el agua. Mi madre también seguía tomando el sol y durmiendo en la playa, ajena a todo.

Tras despedirnos y prometerme que vendría a verme se marchó con sus amigas que daban algunas brazadas a cierta distancia. Escuché que les decía que había estado charlando conmigo de cosas banales. Nuestra relación sería nuestro secreto.

Yo seguí unos minutos dentro del agua disfrutando de la sensación del agua y de vivido. Ahora si que estaba completamente relajado.

Al salir avisé a mi madre de que se iba a quemar y se coloco bajo la sombrilla dispuesta a seguir con su descanso.

― ¿Se acercaron a ti las mujeres?

― No ― mentí ―. Las he visto que han estado nadando, nada más.

― Que pena. Sobre todo, la morena me ha parecido muy de tu estilo.

No quise contarle por no romper la magia de aquel fin de semana. En parte además me sentía un poco avergonzado por lo que había hecho, porque nunca me había liado de esa manera con una desconocida. Ella tampoco había contado nada a sus amigas y las tres tomaban ahora el sol tranquilamente, quizás no lo dijo porque también se sentía avergonzada. Había sentido una conexión especial, como si la conociera de siempre, y esperaba que siguiera mis indicaciones como poder conectar y volvernos a ver.

Dejando los pensamientos a un lado me puse a leer bajo la sombrilla, porque al sol me quema rápido. Volví al agua solo al poco rato, permaneciendo quieto y dejándome llevar por las olas un largo rato, soltando tensiones acumuladas.

Cuando dejábamos la playa miré hacia Rocio y vi como esta me lanzaba un beso discretamente, guiñando un ojo sin que sus amigas lo notaran, yo se lo devolví y seguimos andando con mi madre hacia el coche.

De nuevo comimos en el mismo lugar del día anterior y de nuevo el mismo camarero que no dejaba de mirar por su escote.

Al poco vi pasar a las tres amigas, que también debían estar alojadas en la zona, y tras ellas los dos chicos que ahora charlaban entre ellos y reían, sin prestar atención a nadie.

― Nos quedan pocas horas juntos ― comentó mi madre ―. Esta noche cada uno en su casa.

― Pero siempre nos quedará el recuerdo y podemos repetir cuando tú quieras.

― Ufff estoy mayor para este ritmo, en mi vida he sido así de activa ni de recién casada, pero si te parece podemos vernos entre semana alguna mañana que te puedas escapar y venir a casa a desayunar.

― La idea me parece genial.

― Y no solo desayunarte a tu madre, que se lo que estas pensando ― me dijo riendo —. También quiero que hablemos más y me cuentes como estas. Eres mi hijo y me importas.

― Y tú estarás deseando que me coma el desayuno.

― No te voy a mentir. Pero recuerda que para todos soy tu madre y espero que eso lo respetes ya que nadie debe de saberlo jamás. Tu tienes tu pareja y yo tengo a tu padre y eso no debe de cambiar.

― Seré una tumba para todos. Lo mismo que no cuento lo que pase en mi consulta.

― Entonces también vendré a verte allí ― se rio de nuevo y me guiño el ojo.

Me alegre de verla tan feliz y no tener remordimientos de lo que había pasado en esos dos días.

Después de comer nos fuimos a casa y nos tumbamos un rato antes de coger las cosas para volver. Esta vez diría que no fue una sesión de sexo, aunque si lo tuvimos, sino más bien de cariño, con besos y caricias por todas partes. Yo lamí sus pechos con gusto mientras nos masturbamos mutuamente sin prisas, después quiso colocarse encima de mí y dejé que me cabalgara a su ritmo, lentamente y parando mientras nos abrazábamos y besábamos. El placer fue distinto de las veces anteriores, fue mucho más que solo sensaciones, ya que había un auténtico amor. Terminamos durmiendo un rato los dos juntos.

A media tarde la ayude a recoger todo y limpiar lo que hacia falta. Dejamos todo ordenado y salimos de vuelta hacia nuestras vidas. Reconozco que conducía más despacio de lo que lo haría normalmente y varias veces nos besamos circulando por la autopista de vuelta hacia Barcelona.

― Bueno hijo gracias por todo. Nos vemos pronto ― me dijo al llegar a su casa dándome un beso en la mejilla, aunque próximo a la boca, por miedo a lo que alguien nos viera.

― Nos vemos durante la semana seguro, ya buscare un hueco y te aviso a ver si puedes.

Sentí una gran tristeza cuando me fui hacia mi casa. Aquel fin de semana me había removido mucho y me había cambiado de forma irreversible.

― ¿Qué tal con tu madre? ― me pregunto mi mujer.

― Bien cariño.

― Me alegro por ella. Espero que hayas sido más amable que de costumbre.

― He sido muy cariñoso y la he cuidado mucho ― poco se imaginaba lo que había pasado.

Me miró como si le estuviera respondiendo con ironía, porque sabia que nuestra relación no era buena, al menos antes de ese fin de semana.


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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 004


Llevaba ya varios días viviendo en casa de mis padres, instalado en la habitación de invitados. Después de muchas discusiones, mi pareja y yo habíamos llegado a la conclusión de que lo mejor era separarnos; no veíamos otra salida posible.

Me había quedado allí, por un lado, porque me permitía estar más cerca de mi madre y disfrutar de pasar con ella algunas mañanas, cuando entraba más tarde a trabajar y nos quedábamos solos. Y, por otro lado, porque mientras tanto estaba buscando un piso para empezar una nueva etapa por mi cuenta.

Ese día como tantos otros fue ella quien vino a despertarme cuando mi padre se había ido a sus actividades del día que le mantenían activo.

― Despierta dormilón ― me dijo pasando la mano bajo las sábanas y acariciando mis depilados testículos ―. Me encanta lo suavecitos que están.

― A mí también me encanta que me despiertes de esta manera. Ya sabes que soy todo tuyo. Pero ten cuidado, si haces eso puede que quiera más.

Ella se sentó en la cama y se tumbó hacia delante para darme un beso que se convirtió en un morreo en toda regla y en una lucha de lenguas apasionada. Su mano subió agarrando mi erecto pene, que reaccionó ante sus caricias, y moviéndolo en una suave y lenta masturbación.

― Antes sentía que no tenía ganas de nada y ahora creo que pienso en ello a todas horas. Nuestro fin de semana ha cambiado totalmente mi vida. Y en estos días que llevas aquí me ha encantado poder tener sexo contigo — dijo mientras se sentaba de nuevo en la cama —. Tu padre en cambio está molesto porque no quiere tener sexo, y yo casi le tengo que rogar. A veces le dejaría roncando para venirme a tu cama.

Yo sabia que ella había caído en parte por su necesidad de sexo y yo también. También había sido la puntilla que faltaba para romper mi relación de pareja en fallida. No pensaba en lo que conllevaba aquello y solamente en como lo disfrutaba.

― Cuando tenga mi casa puedes venir a verme cuando quieras, ya lo sabes. De hecho, he pensado en buscar algo que no esté lejos de aquí para que nos sea fácil poder encontrarnos cuando tu quieras. No puedo quedarme aquí mucho tiempo o corremos el peligro que nos descubra. Además, que necesito donde tener a la niña cuando la tenga conmigo.

― ¡Uis que bien! Me encantara venir a traerte el desayuno entonces o a despertarte como hoy.

Ella llevaba puesto el albornoz rosa que yo le había regalado por navidad, supongo que recién salida de la ducha. Yo empecé a pasar mi mano por encima del cinturón abriéndolo lentamente y subiendo mi mano ahora por el interior de la tela, hasta llegar a acariciar por encima uno de sus desnudos pechos.

― Me encantan tus tetas. Son realmente deliciosas.

Mi mano seguía abriendo el albornoz, para no solo tocar sino poder ver su pecho desnudo. Mis dedos jugando sobre el pezón. Ella emitió un leve jadeo de gusto porque lo tenía muy sensible. Ella misma se abrió del todo el albornoz dejando ahora a mi vista sus dos pechos. Estiró del lazo del cinturón y ahora quedo desnuda frente a mí, con sus gordos muslos y su precioso pubis depilado desde nuestro fin de semana juntos. Me encantaba poder lamer sin molestos pelos de por medio y lo había hecho ya varias veces más.

― Nos hemos levantado calentones por lo que parece.

― ¿Lo dices por ti o por mi mama?

― Yo solo venía a despertarte y no tenía intención de que pasara nada ahora mismo. La verdad es que iba a vestirme porque he quedado con una amiga que quedo en venir a desayunar.

― Ya veo que hoy me voy a quedar sin mi desayuno especial — algunos días nuestros roces matinales habían terminado con intensas sesiones de sexo.

Ella por toda respuesta se movió de nuevo hacia mí, ahora sosteniendo uno de sus pechos en su mano y dándomelo para que pudiera mamar, cosa que hice durante un par de minutos con mucho gusto para los dos.

― Ahora vete a duchar. Mientras voy a preparar el café para los dos.

A regañadientes me levante de la cama.

Hubiera preferido que se tumbara a mi lado como hacia otras veces, poder acariciarla empezando por sus pechos para después bajar hacia su entrepierna y masturbarla hasta ponerla bien caliente con mis dedos, luego ella solía tumbarse boca arriba y dejarme que me pusiera sobre ella, sostenido con mis brazos para no aplastarla, y ella guiando mi pene hacia su vagina para iniciar un lento movimiento de penetración que aumentaba de intensidad según lo hacia su lubricación.

Tener sexo con una mujer de casi ochenta años es gratificante, más si es tu madre, pero también tiene su dificultad para no hacerle daño.

Ella le gustaba que terminara dentro de ella, a mi es lo que más me gustaba, pero otras veces me pedía que saliera y lo hiciera sobre sus pechos, para después coger con dos dedos el esperma y llevárselo a la boca, otras veces directamente dentro de su boca y saborearlo mientras me miraba sonriendo.

Esa mujer me volvía loco y lo único que pensaba es que era una lástima no haber intentado tener nada antes, quizás haría muchos años que disfrutaría de un sexo distinto.

Me metí en la ducha durante unos largos minutos. Estaba muy caliente e intenté masturbarme, pero no quise terminar porque tenía la esperanza de poder tener sexo más tarde, después de desayunar e incluso fantaseé con entrar en la cocina y levantar su albornoz y penetrarla allí mismo de pie, quizás incluso por ese rico que ya había probado mi pene varias veces.

No tenía que entrar a trabajar hasta las doce y eso me daba margen para que su amiga, una vez hubiera hecho su visita, nos hubiera vuelto a dejar solos e irme a trabajar relajado.

Tengo que añadir que, en ese momento, y durante el mes que hacía que había dejado mi casa, no podía pensar en otra mujer que no fuera ella. Y cuando empezó nuestra relación ya llevaba meses sin sexo con nadie.

Al salir de la ducha repase mi cuerpo mirando si alguna zona requería de un trabajo de cuchilla para quitar los incipientes pelos, después me afeite la barba y por último me peine. Un último vistazo al espejo y sentí que estaba listo. Tras colgar la toalla fue a ponerme un albornoz, pero decidí que no hacía falta porque no había nadie en casa, aparte de ella, y salí hacia mi habitación.

― Te presento a mi hijo ― dijo mi madre cuando me disponía a cruzar el comedor para ir a la habitación de invitados ―. Ella es Silvia, mi amiga, que ha llegado antes de tiempo — dijo con una sonrisilla perversa normalizando que yo acabara de aparecer desnudo.

Frente a mí tenia a una mujer de aproximadamente sesenta años de acuerdo con su apariencia. Ella vestía un vestido azul con un escote bastante amplio y que le llevaba a medio muslo, lo que le permitía lucir unas bonitas y rollizas piernas. No tenía un pecho abundante, pero este estaba proporcionado con su figura. Su pelo, una media melena castaña, unos ojos verdes y su sonrisa amplia. En conjunto todo ello la hacían una mujer bastante atractiva.

Quise ser educado y me acerqué a ella, que estaba sentada junto a mi madre en el sofá, para darle dos besos. Ella se levantó un poco del sofá para saludar, pero yo me agache casi sin darle tiempo, y ella quedó sentada en el borde del sofá. Entonces escuché una leve risa de mi madre, que seguía con su albornoz puesto y ahora cerrado, y fui consciente que estaba desnudo y que seguía teniendo una leve erección tras la ducha. Al estar de pie frente a la amiga de mi madre, mi pene semi-erecto quedaba a apenas dos palmos de su cara.

― Perdona a mi hijo porque suele ir así por casa. No es muy pudoroso.

― A mí no me importa ― respondió ella ―. Normalmente solo veo a mi marido y no me parece tan guapo. Aunque tu hijo este gordito esta fuerte y parece que le gusta cuidar su apariencia — dijo mientras repasaba mi cuerpo.

― A mí también me gusta así. ¿Lo dices porque esta todo depilado no?

― Si. No había visto un hombre así. De hecho, mi marido parece un oso — dio una nueva repasada con la mirada que intentaba desviar de mi pene — y es el único que he visto desnudo.

― A mí me gusta la sensación de estar limpio y el tacto cuando me toco ― le dije yo mirando hacia abajo mientras movía mi pene sin tocarlo con los músculos pélvicos ―. Y de hecho también he conseguido que mi madre siga mi costumbre ― añadí guiñando un ojo a mi madre.

Mi madre reía discretamente al ver el movimiento de mi pene y la cara de su amiga.

Silvia miró a mi madre con cara de sorpresa por mi comentario.

― Si. Lo hice hace algunas semanas y me gusta el tacto — respondió mi madre como si que un hijo supiera ese detalle fuera lo más natural del mundo.

Yo me senté en uno de los sillones laterales al sofá donde ellas estaban sentadas. Seguía desnudo y con las piernas abiertas permitiendo la mirada de la amiga que tenía una respiración agitada.

― Podrías traer el café hijo. Y también unas galletas que seguro que tiene hambre — al decir esto ultimo me miró guiñando un ojo.

― Claro que sí mamá. Ahora mismo voy a hacerlo — respondí recalcando el “mamá”.

Las dejé allí hablando de sus cosas mientras salía del comedor para cumplir el encargo.

Desde la cocina escuche que su amiga le volvía a preguntar sobre su depilación y mi madre se ofreció a mostrarle su bien afeitado pubis y contarle que lo repasaba cada semana. Lo que no contó por supuesto es que lo había hecho para que yo me lo comiera mejor y lo mucho que yo disfrutaba con ello, ni los orgasmos que le hacía sentir.

― Traigo el café y una galletas ― anuncié ―. No sé si usted lo quiere con leche el café.

Ella rio por mi forma de hablar formal.

― ¿Aquí desnudo y me tratas de usted? Nada, llámame de tu que no soy tan vieja como para ello, solo tengo sesenta y tú tampoco eres tan joven.

― Cierto. Yo tengo casi cincuenta, pero aún no he llegado.

Me senté en el sofá entre las dos mujeres, donde quedaba un espacio libre y les serví el café. Después me senté hacia atrás en el sofá apoyándome en el respaldo. Mi madre estaba también bien sentada y su amiga seguía en el filo del sofá y sentada un poco hacia adelante. Mi madre seguía con el albornoz casi abierto mostrando sus piernas, sin volver a tapar el espectáculo que habría dado a su amiga.

― Me encanta veros a los dos tan desinhibidos ―dijo la amiga ―. Yo no sé si podría estar así en casa. Seguro que mi marido me pediría que me tapara. De hecho, pocas veces nos vemos desnudos porque nos cambiamos de espaldas sentados en la cama y casi a oscuras.

― ¿Por qué iba a hacer eso? ¿No le gusta tu cuerpo? Yo te veo unas piernas muy bonitas y el resto imagino que estará acorde ― le dije lanzando la caña.

Intuía que aquella mujer tenía poca actividad sexual y no pensaba dejar perder la oportunidad de tener algo con ella si era posible.

― A mi edad los maridos ya no te miran. Si quieren algo es a oscuras y rápido. Parece un poco cómico, pero para tener sexo ni siquiera nos desnudamos, yo subo el camisón y el se baja un poco el pantalón.

― A mí me pasaba igual ― añadió mi madre.

― Pues yo diría que las dos os merecéis mucho más que eso. Te veo muy bien Silvia. Y a ti también mama.

― Lo dices porque no me has visto desnuda — replicó su amiga —. Sino verías mi barriga con estrías y mi pecho ya caído.

― Pues si es por eso mírame a mi ― dijo mi madre ―. Yo sí tengo todo grande y caído.

― Y muy atractivo pese a ello ― le dije yo, girándome y dándole un rápido beso en los labios.

Su amiga estaba cada vez más sorprendida por nuestra actitud y nos miró con los ojos muy abiertos.

― Carai, sí que hay confianza entre vosotros.

― Quiero mucho a mi madre y me gusta demostrárselo siempre que puedo. Además, es una hembra muy atractiva ― hice uso de ese término para darle claramente una connotación sexual ―. Y tú también me lo pareces. Y eso de que no te he visto, pues la verdad es que no, y tendría que verte para poder juzgar por mí mismo, pero mi impresión es que ese vestido oculta un cuerpo atractivo.

Ella rio por mi proposición. Cada vez que la miraba veía en ella algo que me atraía más y estaba dispuesto a jugármela. Estaba seguro además de que mi madre le gustaría ese juego morboso.

― Míralo que pícaro. ¿Así que te gustaría ver más?

― A los dos ya nos has visto y no estaría mal ver tu cuerpo también — le dije para animarla.

― Aprovecha mujer que esto no pasa todos los días — añadió mi madre.

― Me da vergüenza. ¿Qué vais a pensar de mí?

― Que quieres darle el gusto a este hombre que le apetece verte.

Ella se quedó unos segundos pensando y se levantó decidida del sofá.

― Me quito el vestido y listos. Así ya me ves. Pero no lo cuentes a nadie por favor. Ya verás que no soy lo que imaginas.

En unos segundos se puso de pis y su vestido salió por la cabeza dejándola tapada tan solo por un bonito conjunto blanco de ropa interior bastante soso. Unos gordos pezones en unas pequeñas aureolas oscuras se marcaban en el sujetador y a través de la tela de las bragas se intuía una buena mata de pelo descuidado.

― ¿Ves porque no me mira mí marido? Soy una vieja.

Tenía unas piernas bien torneadas y unas amplias caderas, como ya intuía, y sus pechos parecían estar bastante en su sitio, siendo incluso más grandes de lo que parecían con el vestido.

― Bueno mi niño ― me dijo mi madre riendo y apuntando a mi pene que mostraba una buena erección ―. Viendo tu reacción no parece ser tan vieja.

Realmente esa visión y lo morboso y cachondo de la situación me había excitado bastante.

― Cierto. No se te ve como una vieja. Te veo muy bien. De hecho, me gustaría verte mejor. Ese conjunto no ayuda nada.

― Mira que caradura tu hijo. Ahora quiere verme las tetas.

― Las mías las tiene ya vistas y son muy distintas. Yo estoy mucho más gorda y se me caen.

― Pero me gustan igual y lo sabes ― y diciendo esto me giré y le agarré uno de sus pechos por dentro del albornoz.

― Caramba que confianzas madre e hijo — dijo la amiga riendo y más que sorprendida por mi último gesto.

― Me encanta que me toque. Últimamente es el único que lo hace — solo faltó que le dijera que tipo de relación teníamos, pero su comentario ya dejaba bastantes cosas claras.

Yo me levanté y me acerqué a la amiga de mi madre.

― ¿Me dejarías tocarte un poco? Me encantaría acariciar ese cuerpo.

― Me da un poco de vergüenza.

Se quedó unos segundos callada conmigo delante casi rozándola.

―Pero puedes tocar un poco si eso te apetece — su voz era nerviosa y su respiración acelerada por una evidente excitación.

No hizo falta decírmelo dos veces para lanzarme a tocar sus pechos por encima del sujetador y bajar una mano a su cintura para acercarla a mí y hacerle sentir mi pene clavándose sobre su pubis a través de las bragas

― Me estoy poniendo algo rara. Esto es nuevo para mí.

― ¿Te gusta sentir que pones calientes a un hombre? Tienes un cuerpo muy deseable, igual que mi madre, y es una pena que nadie lo aproveche.

― Pues puedes seguir tocando más que me encanta que lo hagas.

Con ese permiso le desabroche el sujetador para poder acariciar sus pechos libremente con una mano mientras la otra descendía por su espalda y se metía dentro de sus bragas para poder acariciar su culo.

― Esta tu madre mirando ― me dijo al oído entre suaves jadeos.

― Déjala que disfrute con el espectáculo ― respondí yo ahora lamiendo su cuello y su oreja ―. Seguro que le gusta ver como disfrutan su niño y su amiga

― Por favor no pares ahora. Nunca me he sentido tan caliente como ahora. Podría hacer cualquier locura, pero no quiero que pares.

Saque mi mano de su culo y la desplace hacia delante bajando por la mata de pelos y metiendo un dedo entre sus labios vaginales, estaba bastante húmeda y empecé a jugar con su clítoris.

Sus gemidos iban en aumento de intensidad. Se dejaba llevar sin importarle nada. Una mujer liberada de sus ataduras y disfrutando como nunca de sentirse excitada y deseada.

Bajé la cabeza para llegar a su boca y ella me beso, primero con pequeños besos y después con un buen morreo en toda regla en un torpe juego de lenguas en que yo poco a poco marcaba el ritmo.

Tras de mí pude ver de reojo a mi madre, estaba también tocándose con su mano entre las piernas, y con otra acariciando uno de sus pechos viendo y disfrutando del espectáculo.

― Estaríais mejor en la cama ― nos dijo ―. Podéis ir a la mía si quieres. Creo que los dos lo necesitáis.

Yo me separe un momento de mi inesperada amante y la lleve de la mano hasta el dormitorio de mis padres y le termine de quitar la ropa que el quedaba para inmediatamente tumbarla boca arriba sobre la cama. Mi madre también se quitó el albornoz y se tumbó junto a ella para continuar masturbándose lentamente viendo la escena. Verla junto a mi amante disfrutando hacia mayor mi excitación.

― Déjate llevar y disfruta ― le dijo a su amiga mi madre.

La amiga miraba a mi madre sorprendida por el nivel de confianza y la desinhibición que mostraba.

Yo, de pie junto a la cama, la volví a masturbar suavemente y a la vez le acercaba mi pene a su boca. Ella lo miraba sin saber que hacer y lo sujeto torpemente con una mano.

― Mira cómo me estas poniendo. Estoy super caliente. ¿Quiere probar? Seguro que nunca has chupado una polla. Me encantaría que le dieras un besito o juegues con tu lengua sobre mi glande, eso me encanta.

Ella me miro como si dudara de como empezar. Mi madre se movió por encima de ella y agarrando la mano con la que su amiga sostenía mi pene lo acerco a su boca empezando a lamer con ganas mi glande con la punta de su lengua.

― Así mujer. Chupa conmigo que hay para las dos.

La amiga estaba sorprendida y excitada a partes iguales. Ahora si empezó a lamer mi pene que mi madre acercaba a su boca. Primero con pequeños golpes de su lengua y enseguida metiéndose todo el glande en la boca como si fuera un helado de bola.

― ¿Te gusta verdad? Mi hijo tiene una polla deliciosa. Y hoy no ha tenido tiempo de descargarla.

― No había hecho esto nunca. Y tampoco me habían tocado así — dijo ella mientras seguía lamiendo y jadeando por el placer de mis dedos torturando su clítoris.

― Ahora viene lo mejor ― le dije y me aparté de su lado, colocándome sobre ella y abriendo bien sus piernas.

Ella no protesto cuando empecé a penetrarla, pero por lo cerrada que estaba era evidente que o hacía mucho que no tenía sexo o el pene de su marido era pequeño en proporción al mío. Nadie hubiera dicho que esa mujer había tenido dos hijas con una vagina tan cerrada.

― Dale fuerte y llénala bien que lo necesita ― animó mi madre.

No hizo falta muchas ordenes más porque ya estaba bombeando con toda la fuerza dentro de la madura mujer. Se movía retorciéndose sobre la cama, con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás, gimiendo intensamente al ritmo de mis estocadas que intentaba que fueran lo más profundas posibles.

En pocos minutos sentí unos espasmos es su vagina que me hicieron ver que estaba llegando a un orgasmo, el primero de su vida según confesó en otro momento. También mi madre que se estaba masturbando junto a nosotros emitía leves jadeos y se tocaba cada vez más deprisa y fuerte, en poco tiempo había aprendido a darse placer. La visión de las dos mujeres disfrutando hizo que no pudiera controlar más mi eyaculación y soltara una buena cantidad de esperma en el interior de mi amante. Me quede unos momentos sobre ella moviéndome lentamente mientras sentía los últimos espasmos de su vagina antes de salir de ella y tumbarme entre las dos mujeres en el centro de la cama.

― Que placer ― me dijo ―. Yo que solo venía a tomar el café. No puedo creerme lo que acabo de hacer y encima con tu madre junto a nosotros.

― El café y la leche ― le respondió mi madre riendo.

― A mí también me ha gustado. Eres una mujer muy interesante.

— Estaréis pensando que soy una puta por dejarme hacer esto. Qué vergüenza.

Yo me giré hacia ella y le di un suave beso mientras la miraba.

— Yo veo a una mujer muy atractiva con la que he sentido mucho placer y a la que debo agradecer el haberme hecho sentir así. Ninguna mujer que disfrute de su sexualidad puede ser una puta. No digas eso jamás.

Cuando volví a tumbarme, mi madre agarró mi pene y acabo de sacar las ultimas gotas de semen, las recogió con sus dedos y las llevó a su boca relamiéndose y dándome un beso para compartirlo conmigo.

― Me parece que vosotros tenéis mucha, mucha confianza ― dijo su amiga viendo la escena.

― La verdad es que me gustan las mujeres maduras como vosotras.

― Y mi hijo hace unas semanas que me explico que se sentía atraído por mí y quiso hacer el amor conmigo. Desde entonces tengo que decir que lo hemos hecho muchas veces y que me encanta todo lo que me hace sentir. Es nuestro secreto y obviamente nadie lo sabe.

La amiga estaba más que sorprendida por aquella confesión que vino seguida por otro fuerte morreo de mi madre que me sujetaba el pene con fuerza.

― Y en cuando esto se recupere estoy deseando que me la meta a mí también. No sabes que envidia que me has estado dando.

― Encantado de dártelo todo — le dije a mi madre volviéndome hacia ella y metiendo la mano en su vagina, completamente encharcada y lubricada.

― Que gusto veros así. Realmente es algo que no quiero perderme ver a una madre y su hijo disfrutando del sexo sin tabúes.

― Dejarme ir al baño y vuelvo mamá.

Cuando volví del baño la escena era de lo más morbosa. Mi madre estaba recogiendo el semen que salía de la vagina de su amiga y se lo estaba esparciendo por los pelos del pubis. La amiga también empezó a tocar a mi madre. Parecía que las dos mujeres seguían aun excitadas y del toqueteo tímido pasaron a una masturbación mutua en toda regla. Mi madre acercó la cara a la de su amiga y algunos leves y tímidos besos entre las dos marcaron un cambio total en su relación.

― No había tocado antes a una mujer — le dijo su amiga.

― Pues la sensación me encanta ― le dijo mi madre —. Hasta hace poco no me tocaba ni a mi y ahora siento como es tocar a otra mujer.

Las dos mujeres se siguieron acariciando y dando besos cada vez más intensos, con la lentitud de alguien que ha descubierto una nueva experiencia.

No quise estropear la escena y me fui a vestir porque ya era hora de irme. Parecía que ambas mujeres podrían terminar en más de lo que estaban.
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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 005


Habían pasado varios días desde la visita de la amiga de mi madre. En esos días había hablado con ella alguna que otra vez por Facebook, donde no fue difícil encontrarla, y allí pude ver que tenía dos hijas y un marido mucho más alto que ella, y es que ella era bastante bajita. Las dos hijas eran bastante más altas que ella, y tenían las dos un cuerpo muy bonito, con buenas curvas. Una de ella era morena y la otra rubia, supongo que, teñida, pero muy parecidas entre ellas. La morena aparecía en las fotos de su boda y posteriormente en fotos recientes en un incipiente embarazo de pocos meses, la hermana rubia por el contrario siempre aparecía sola en las fotos, supuse que no tendría pareja. Con la excusa que teníamos varios contactos comunes me decidí a añadirla como amiga, y tras varios likes a sus publicaciones finalmente hablamos por el chat comentando alguna de sus publicaciones. Tenia claro que me gustaría poder quedar con ella, por lo menos para salir de mi aislamiento social.

Silvia, la amiga de mi madre, me comento que lo había pasado muy bien el día que vino y que tenia ganas de volver, porque como ya había dicho quería ver como yo tenia sexo con mi madre, algo que le daba muchísimo morbo de ver. Así que le pedí que viniera de nuevo al día siguiente que estaríamos solos.

Me levanté más temprano de lo habitual para estar listo. Mi padre no estaba ya, y mi madre estaba en la cocina lavando platos de la noche anterior.

― ¿Cómo estás? ― pregunté al entrar en la cocina completamente desnudo.

― He dormido un poco mal. Me he levantado cansada.

La abrace por detrás pegándome a ella.

― Pues igual lo mejor seria tumbarte un rato más.

― Claro. Y tú conmigo.

― Eso mismo estaba pensando ― dijo con una sonrisa y dejando un plato en el fregadero ―. Bueno, pero hoy no estoy para moverme mucho. No me pidas demasiado ― y diciendo esto se giro para darme un morreo mientras se secaba las manos con su delantal.

― Te espero en la cama.

El reloj marcaba las nueve y diez, y yo había quedado con su amiga que vendría a casa sobre las diez, así que teníamos tiempo de esperarla jugando.

Mi madre volvió a la habitación y se tumbó a mi lado con el camisón, marcando perfectamente todas sus curvas.

Yo no tardé un segundo en acariciarla y meter mis manos por dentro.

― El otro día quedo algo pendiente con tu amiga.

― ¿A qué te refieres?

― Bueno, dijo que le gustaría vernos haciendo el amor. Y a mi me da morbo que nos mire.

― Si. Estuvimos hablando de ello. Le pareció excitante y extraño a la vez saber que nos acostamos juntos.

― Y cuando me iba vi como os estabais tocando.

Quedo durante unos segundos en silencio sin saber que decir. No esperaba que lo hubiera visto, o al menos no había dicho nada.

― Es cierto. No había tocado nunca a otra mujer, ni otra mujer a mí, y de hecho solo dos hombres me habéis tocado. Ella quería saber que sensación daba tocar mi pubis depilado y a mí también me dio morbo tocar a otra mujer.

― ¿Y te gusto?

― La verdad es que fue extraña la sensación, pero luego me relajé y me deje llevar. Empezamos tocando el pubis y después ella quiso tocar mis pechos y me pidió que yo le tocara los suyos, así que le estuve acariciando y tocando los pezones como haces tu conmigo. Ella tiene muy sensibles los pechos y se excito muchísimo, casi creía que iba a tener un orgasmo solo con mis caricias sobre ellos ― dijo riendo.

― Caramba no hubiera esperado ese comportamiento de ti.

― Ni yo la verdad. Pero me gustó, y viendo cómo se ponía, y cuanto se excitaba, acabé llevando mi mano a su entrepierna, notando su vagina muy húmeda, y terminé por masturbarla mientras ella hizo lo mismo conmigo. Me costo soltarme al principio, y tarde más que ella en terminar, pero cuando se lanzo a lamer mis pechos ya me volví loca y tuve un fuerte orgasmo. Después de eso me dio un beso en los labios y terminamos por engancharnos en un morreo, como tu dices, jugando con las lenguas. Fue extraño. Ella tampoco había estado con otro hombre ni sabia besar de esa manera.

Su explicación me había sorprendido mucho. No hubiera imaginado eso jamás de mi madre, pero las ultimas semanas estaban desatando una parte caliente de ella que estaba dormida, una parte tan caliente como yo. También me sentía desatado y con ganas de probar de todo.

― Me alegro que lo disfrutaras tanto ― dije abrazándola y apretándola hacia mi mientras le besaba en los labios con suaves piquitos ―. Lo único que lamento es no haberme podido quedar a ver el espectáculo.

En ese momento sonó el interfono de la casa.

― Es tu amiga. Le dije que viniera hoy que estaría aquí toda la mañana. Espérame, no te levantes.

Un par de minutos después entraba su amiga en casa, con un vestido corto y sus piernas descubiertas, pero con una chaqueta gruesa porque hacia fresco. Entró y me dio un beso como saludo dejándome probar el sabor de un rico pintalabios

― ¿Cómo esta mi hombretón?

― Deseando verte de nuevo. Pasa, pasa, que estábamos con mi madre en la cama y seguro que también le alegra verte.

― ¡Uis! ¿Estabais jugando sin esperarme? ― dijo al verla con el camisón levantado y un pecho fuera del escote.

― Para nada. Estábamos hablando de cosas tontas― no quise contarle que sabía lo que habían hecho. Era evidente que mentía.

Al entrar mi madre se incorporó sentándose en la cama y se saludaron con dos besos como si fuera la cosa más normal del mundo y nunca se hubieran besado, y conmigo allí desnudo junto a ellas con mi pene bien duro y erecto.

― Estaba deseando volver veros. Me encantó vuestra relación de madre e hijo.

― Me alegro que hayas venido. Puedes ponerte cómoda ― le dije.

Su amiga se tomo al pie de la letra la invitación y se quitó el vestido, quedando solo con un sujetador que apenas cubría sus pechos, había venido sin bragas, toda una declaración de intenciones.

― ¿Qué os parece? ― preguntó señalando su pubis depilado.

― Me encanta ― le dije yo ―. Que ganas de darle una buena lamida de inauguración.

Ella se rio con ganas y se tumbo a mi izquierda tras quitarse el sujetador. Yo me giré hacia ella y le di un fuerte morreo a la vez que acariciaba ese pubis depilado y metía mis dedos entre sus labios vaginales notando la humedad que delataba que estaba excitada.

― Seguro que tu madre también necesita que la acaricien ― dijo con una sonrisa pícara.

Estaba claro que tenía ganas de verme tener sexo con ella y yo no pensaba dejarla con las ganas de verlo. Mi madre estaba tumbada sobre su espalda, a mi derecha, y me sonrió cuando empecé a levantar su camisón de nuevo y meter las manos debajo de él.

― Que malo eres. Ya te dije que no tenía ganas de nada, que estaba cansada. Pero parece que eso no te va a importar.

Yo no le respondí y aparte el escote del camisón para liberar también su otro pecho y ponerme a lamer con fuerza sus pezónes. Lamí los dedos de la mano izquierda con abundante saliva y empecé a pasarlos por su clítoris, llegando con la punta del dedo corazón a la entrada de su vagina. Mi movimiento empezó a tener efecto y escuche sus primeros jadeos de placer.

― Me estas calentando mucho. Al final voy a tener ganas de más ― me dijo entre jadeos y apretando mi cabeza sobre su pecho.

― Estoy deseando darte gusto y que tu amiga pueda ver como disfrutas.

Me giré hacia atrás y vi como su amiga se estaba masturbando con fuerza, sentada en la cama y mirando sin perder detalle.

― ¿Esto es lo que querías ver?

― Me muero de ganas de ver como tenéis sexo.

Mi madre se levantó de la cama para ir un momento al baño. Cuando volvió yo estaba tumbado y su amiga estaba con todo mi pene dentro de su boca, lamiendo con ganas.

― Venga, ya lo tienes listo para subirte ― le dijo a mi madre.

Mi madre bía dejado su camisón en el baño. No se hizo de rogar y se coloco de rodillas en la cama, colocándose sobre mi con mi ayuda y dejándose caer sentada sobre mi duro pene que entró en ella con gran facilidad, ahora ya acostumbrada a mi tamaño.

― Que bárbaro ― dijo su amiga ―. Follando con tu propio hijo. Que suerte que tienes.

Yo agarraba a mi madre por su enorme trasero y la hacia subir y bajar lentamente, sin que ella tuviera que hacer ningún esfuerzo. Sentía como entraba y salía y como apretaba con sus músculos pélvicos mi duro pene en su interior para que no escapara.

― ¿Te gusta la dura polla de tu hijo dentro verdad? ― le dije para calentarla más a ella ya su amiga que se masturbaba intensamente ―. Te voy a dar mucho placer y voy a llenarte de mi lechita caliente. Solo para mi mama querida.

Ella apenas respondió con un entrecortado “Siiii” mientras se dejaba llevar por mis movimientos de manos y caderas para entrar y salir lo más posible. Sus pechos, esos pechos grandes y caídos que tanto me gustaban, botaban frente a mí y golpeaban mi cara. Sus ojos cerrados centrada en las sensaciones y su lengua, mordida por sus dientes, saliendo un poco entre los labios.

Su amiga a nuestro lado se seguía masturbando con furia, tocándose los pechos con una de sus manos y dando fuertes gemidos, cada vez más intensos.

En esos momentos no era consciente, pero más adelante descubriría que los vecinos de arriba nos escuchaban en ese momento, y de hecho muchas otras mañanas, descubriendo nuestro secreto.

Escuché a la amiga de mi madre como llegaba a un tremendo orgasmo y girándome hacia ella la besé con un estupendo morreo. Entonces sujete la mano de mi madre y la acerque a la vagina de su amiga para que la acariciara, cosa que hizo sin reparos para placer de su amiga que casi tiene un nuevo orgasmo con ese contacto tras el que acababa de tener. Entonces le hice un gesto para que se pusiera de rodillas junto a nosotros y agarrara uno de los pechos de mi madre, que empezó a lamer con fuerza, mientras mi madre seguía sobre mi disfrutando de mi lenta penetración.

La escena que tenia ante mi era genial, viendo como ambas mujeres se tocaban y acariciaban. La amiga acerco su cara a la de mi madre, sin soltar el pecho que seguía intentando sujetar. Se dieron un tremendo morreo, jugando con sus lenguas mientras ambas gemían. Esa imagen lésbica hizo que ya no soportara más y acelerando el ritmo me corrí abundantemente dentro de mi madre que quedo sentada con mi pene dentro de ella. Las dos mujeres seguían con su beso y ahora sentí como la mano de su amiga jugaba también con el clítoris de mi madre y rozaba mi pene que perdía fuerza poco a poco. Era realmente excitante y morboso, casi imposible de imaginar, pero real, totalmente real.

Ayudé a mi madre a tumbarse a mi lado, boca arriba. Ella seguía excitada y jadeaba lentamente. Entonces le pedí a su amiga que se acercara y se colocara entre sus piernas para lamer su vagina y los restos de la eyaculación que empezaban a salir. Ella no se hizo de rogar y se coloco de rodillas en el filo de la cama y se sujeto a los gordos muslos abiertos de mi madre lamiendo con fuerza su vagina y tragando todo lo que salía. Mi madre abrió los ojos como platos al ver a su amiga en esa posición, sorprendida por la nueva situación.

― ¿Has visto que buena amiga? A ella también le gusta darte placer.

Mi madre mostraba la mezcla de sorpresa y de placer que le daba su amiga.

Yo aprovechaba de nuevo para lamer esos enormes pechos que tanto me gustan y besarla, jugando con nuestras lenguas.

― Me encanta verte disfrutar como te mereces ― le dije ―. Y me excita participar de este momento contigo.

La amiga de mi madre lamia con ganas, y pude ver como se metía una mano entre sus piernas masturbándose a la vez que seguía lamiendo los abundantes fluidos de mi madre y los restos de mi esperma.

Salí de la cama, y colocándome de rodillas en el suelo, metí mi cara entre las piernas de la madura, apartando su mano de su clitoris y lamiendo con fuerza, con un dedo metido en su vagina entrando y saliendo, hasta que note como se corría abundantemente en mi boca, sin dejar caer unos flujos que trague con enorme placer. Mi madre con tal limpieza de bajos también se corrió con fuerza soltando más fluidos que su amiga también bebió con pasión.

― Madre mía que suerte tengo ― les dije ―. Dos mujeres tan ardientes y cachondas. Yo creía que era un pervertido por tener ideas sucias, pero veo que no soy el único al que le gustan ciertas cosas.

― Yo no creía que fuera a poder chupar una polla ― respondió la amiga totalmente excitada ―. Y menos aún terminar por chuparle el chichi a una mujer. Y reconozco que las dos cosas me excitan. Debo de ser un poco lesbiana sin saberlo.

― Dímelo a mi ― mi madre la sujetó de los brazos y la hizo acercarse, subiendo sobre su cuerpo hasta su cara para besarla y abrazarla pegándose a ella ―. Yo era una mujer muy tímida y ahora me siento liberada. Tampoco había probado las cosas que han pasado. No imaginaba estar con una mujer y que me gustara, como también me dio bastante miedo cuando mi hijo me la metió por el culo y he de decir que me gusto, y me ha gustado repetirlo después.

La amiga me miro ahora con sorpresa.

― ¿Le has dado por el culo a tu madre? ― su lenguaje era más suelto que el de mi madre.

― Si. Lo he hecho varias veces. Y te aseguro que ese enorme culo me encanta. El sexo anal es algo que me ha dado siempre mucho morbo practicar.

― A mi eso me suena que me dolería. Tu tienes una polla grande. Si fuera más pequeña sería más fácil.

― Has de probar ― la animo mi madre ―. Yo después de varias veces ya me entra sola.

Silvia, intuyendo las intenciones de mi madre, se levantó quedando de pie junto a la cama. Y mi madre se giró de espaldas a mí, con el culo en pompa, con su amiga frente a ella viendo la escena expectante.

No hizo falta más invitación y metí mi mano en su húmeda vagina aprovechando sus jugos, y la abundante saliva de su amiga, para lubricar con ellos su esfínter. Coloqué mi duro pene, ya recuperado de mi última eyaculación, en la entrada. Apreté un poco y este empezó a entrar.

― Lo ves ― le dijo mi madre a su amiga ―. Me gusta que disfrute de mi culo. Duele al inicio, pero me excita saber lo mucho que le calienta. Y me encanta cuando se corre y siento el calor dentro.

La amiga estaba muy excitada por la situación y miraba mis movimientos de cadera sin perder detalle. Mi madre hacia pequeños gestos de dolor, pero enseguida se relajó y empezó a pasar su mano sobre la húmeda vagina de su amiga.

― Seguro que a ti también te gustaría ― le dijo mientras se daban de nuevo un húmedo y caliente beso que aún me puso más caliente ―. Tu culito esta sin estrenar y nadie mejor que mi hijo para hacerlo.

La amiga estuvo un rato pensando, mientras seguían con sus caricias y besos, y yo con mi suave movimiento de entrada y salida, disfrutando cada estocada del estrecho canal. Al fin pareció decidirse y separándose de mi madre dio la vuelta a la cama para quedar detrás de mí, de pie junto a la cama. Yo saque el pene de mi madre y esta se movió hacia un lado para dejar espacio para moverme y que su amiga se tumbara ahora junto a mí.

― Ten cuidado, sobre todo. Me da un poco de miedo.

Me situé y coloqué mi pene primero en la entrada de su vagina, entrando y saliendo un poco, mojándome con su flujo y sintiendo como ese movimiento provocaba leves temblores. Tras varias penetraciones en su vagina salí de ella y coloqué el glande en la entrada de su ano, apretando suavemente para no hacerle daño, y este entró sin problemas en el apretado agujero que estaba desvirgando. Esperé unos segundos y continue apretando un poco más, la deje quieta unos segundos hasta sentir que ella se movía apretando hacia atrás. Ella no mostraba molestia e iniciaba un movimiento de penetración primero más lento y después cada vez más rápido. Loco de placer, con aquel apretadísimo culo, empecé a meterla hasta el fondo todo lo que podía. Ahora era a mí al que se escuchaba gemir de placer, estaba disfrutando muchísimo y así se lo hice saber.

― Me encanta tu culo. Me da muchísimo placer ― le dije mientras seguía penetrando.

Ella gemía con fuerza, y entonces vi que mi madre estaba frente a ella de rodillas sobre un cojín, con una mano metiéndole dos dedos en la vagina mientras su lengua jugaba con el clítoris de su amiga que se retorcía cada vez con más fuerza. Aquella imagen casi me lleva al orgasmo por si sola.

― Voy a correrme. Me estoy muriendo de gusto ― dije entre jadeos.

― Ya sabes que tu leche es para mami ― me dijo mi madre estirando de mi pene y sacándolo de su amiga para dirigirlo a su boca.

Yo ya no podía más, apenas con unos movimientos más de mi madre sobre mí pene con sus labios me corrí en su boca. No fue una eyaculación abundante porque lo había hecho un rato antes, pero me encantó la fuerza con que sostenía mi pene dentro de su boca, con el sabor también de la vagina y del ano de su amiga.

― Me ha dolido un poco ― me dijo Silvia ―. Pero después al unirse al placer que me ha dado tu madre ha sido genial.

― Yo también quiero sentir lo mismo ― le respondió mi madre ―. Así que espero que nuestro hombre pueda darnos más placer a las dos.

― Ahora mismo me encantaría darte bien mama, pero no creo que se levante en un ratito.

Ella subió sobre mí desde los pies de la cama y se encima soltando todo el peso de su cuerpo. Sus enormes pechos casi sobre mi cara.

― Eres mi hijo y me encanta que cuides de tu mama. Y ahora también de esta buena amiga que me ha enseñado otras formas de placer. Así que no te preocupes que esperaremos a tener otros momentos y volver a disfrutar contigo ― todo esto lo decía con una voz sensual que nunca antes había escuchado de ella en el pasado.

Dicho esto, me besó dulcemente, beso al que se unió su amiga en un trio de besos y caricias entre los tres. Yo podía con mi mano izquierda sujetar contra mi a la amiga de mi madre, llegando a su culo y a su agujero aun abierto y húmedo, y también con mi otra mano podía tocar el de mi madre, metiendo también un dedo en el agujero de su ano, mientras ella se subía más hacia arriba para dejar uno de sus pechos sobre mi boca para que pudiera mamar.

Como dije el sexo anal me encanta y lo practiqué con todas mis exparejas, y lo había disfrutado mucho, pero nada como el hecho de hacerlo con dos mujeres a la vez, mientras una de ellas daba placer a la otra, y tenia muchas muchas ganas de sentir eso también con mi madre penetrándola doblemente.

Mi pene volvía a ponerse poco a poco duro, pero ya era casi medio día, así que nos despedimos de la amiga con uno buenos y calientes besos.

Mi madre hizo la comida como pudo, porque yo seguía desnudo y abrazado a ella. Solo llevaba un delantal para no quemarse y así me permitía acariciar sus pechos y tocar su culo mientas me masturbaba lentamente.

― Disfruta de mama ― me dijo ―. Me encanta excitarte tanto.

Yo estaba a punto de correrme, no sé ni como tras esa mañana, y así se lo hice saber. Ella se giro y se puso de rodillas frente a mí.

― Mientras no haya una mujer para ti yo me voy a comer todo esto.

― Y después también. Te lo prometo.

Ahora mi eyaculación si fue abundante, pero no dejo ni gota y lo limpió a fondo.

― Vístete para comer que tienes que ir a trabajar.

Me di una ducha rápida para comer y me vestí. Sabia que este juego tendría fin en algún momento, pero no quería ni pensar en ello.
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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 006


Hacia días que veíamos como día sí, día no, caída por el patio de luces agua desde el piso de arriba. Supusimos que debía de ser de la lavadora de la vecina, y visto que no debía de haberse dado cuenta, porque el problema no se solucionaba, opté por subir a comentarle la situación.

Llame a la puerta y espere un par de minutos hasta que un chico veinteañero vestido solo con un calzoncillo ajustado me abrió la puerta.

― Bueno días. Disculpa si te pillo en mal momento. Soy el vecino de abajo. He venido para decirte que parece que tu lavadora pierde agua y cae abajo.

El chico me miro de arriba abajo con una sonrisa.

― Claro. Pasa y lo miramos. Sígueme.

Yo le seguí hasta la galería donde estaba la lavadora. El piso era una replica del de mis padres, excepto claro por la decoración.

― ¿Dónde dices que sale el agua? ― dijo él mirando alrededor de la lavadora.

― Mira aquí detrás ― dije yo poniéndome sobre la lavadora ―. Debe de ser la entrada del agua que parece que gotea.

Intenté manipular el grifo para apretar la tuerca que parecía estar un poco floja. Parecía que goteaba un poco y debía de ser más al ponerse en marcha. En ese momento la tuerca cedió completamente, y enfocada como estaba la salida del agua frente a mí, un enorme chorro de agua me puso perdido antes de que pudiera cerrar el grifo y apretar de nuevo la tuerca en su sitio. Hoy si que iba a caer agua de verdad, pero no había nada que hacer. En todo caso ya estaba apretado y no debería de caer más.

― Madre mía, como te has puesto ― me dijo el vecino ―. Voy a por una toalla. Deberías de quitarte esa ropa o te quedaras congelado.

― No te preocupes, ahora bajo a casa y me cambio.

En unos segundos después, viendo como el agua habia caido ya sin remedio, estaba yo entrando en la cocina y el chico ya venida con la toalla prometida. Yo ya estaba estornudando, y es que ese día hacia frio, y la cocina no era nada caliente.

― Quítate la ropa que te dejo una bolsa para que la lleves y envuélvete con la toalla para secarte.

Yo me quité la ropa que estaba empapada, incluso los zapatos. El chico me miraba atentamente mientras lo hacia y me pareció ver que sacaba su lengua sobre sus labios como si se relamiera. Al secarme con la toalla fui consciente que me estaba mirando con deseo, no era mí imaginación.

― Ven conmigo. En el comedor hay una estufa y allí te secaras mejor.

Le seguí hasta el comedor donde había una estufa de butano encendida y nos sentamos frente a ella en el sofá.

― Así que tu eres el despertador ― me dijo.

― No entiendo que quieres decir.

― Si hombre. Mi madre duerme encima del dormitorio de tus padres y aquí se escucha todo.

En ese momento caí en que en algunas ocasiones igual habíamos sido poco cuidadosos mi madre y yo con que alguien nos pudiera escuchar.

― Debe de ser que mis padres son escandalosos.

El me miró y se rio mientras me acariciaba el brazo y el pecho.

― Claro hombre. ¿Así que es tu padre el que llama mama a tu madre y ella a él le llama hijo?

En ese momento fui consciente que realmente habían escuchado todo.

― No te preocupes hombre. Cada uno hace como quiere. Pero desde aquí se escucha todo y mi madre que normalmente trabaja de noche y duerme por la mañana me dijo que os había escuchado. Yo también me he acostado en su cama alguna vez para oíros.

― Bueno pues siento si os hemos molestado.

― No te preocupes hombre. Ya me gustaría a mi tener la suerte de tener esa pasión. Ni mi madre ni yo tenemos pareja y nos encanta oírlo.

― No se que decirte. Es una situación extraña. No pensé que nadie nos escuchara y menos aún que disfrutara con ello.

― Mi madre le gusta imaginarse que alguien le hace sentir así, porque escuchando como disfruta tu madre tiene que ser genial. Y a mi me gusta pensar que un hombre disfrutara así conmigo.

― ¿Eres gay?

― Si. Y me gustan los hombres maduritos que me saben dar placer.

Desde luego el chico no se andaba con rodeos.

― ¿Alguna vez has estado con un chico? ― me preguntó.

― Si te soy sincero si lo hice una vez. Una noche con un tío que conocí en un chat. Pero no se repitió.

― ¿Y te gustó?

― La verdad es que me hizo disfrutar mucho haciéndome sexo oral y luego me pidió que le penetrara. Fue raro porque me llevo a casa de sus padres y teníamos que estar en silencio para que no nos oyeran. Era muy joven el chico, no debía de tener ni veinte y yo unos treinta y tantos.

― Y ahora te gustan las maduritas como tu madre. La he visto por la escalera y tiene unos pechos realmente enormes, como seguro os gusta a los heteros.

― A mi me parece muy atractiva y la quiero mucho. Ahora estoy viviendo aquí porque me acabo de separar de mi mujer y mientras busco piso es una buena opción.

― Claro que sí. Y además puedes follar con ella.

― Eso es un placer increíble.

El tono morboso de la conversación me gustaba. También saber que eso calentaba a otros.

― Mi padre es un bruto, no me imagino teniendo nada con él, pero si con hombres de su edad como tú. La verdad es que sois los que mejor me tratáis.

― Me alegro mucho que así sea.

Ya estaba bastante seco y pensé que era el momento de irme. En parte me gustaba la conversación pero por otro lado me hacia sentir extrañamente excitado al ver que el chico parecía buscar algo más.

Me puse de pie para irme cuando él, que seguía sentado, estiró de la toalla dejando mi pene frente a su cara y lo agarro con una mano mientras me miraba a los ojos con una sonrisa.

― ¿No te apetece repetir la experiencia?

― ¿Quieres que tengamos sexo?

― Claro. Quiero disfrutar esta polla que tanto gusto le da a tu madre. Tengo envidia.

Y sin decir nada más acerco su boca a mi pene y empezó a lamerlo. Al principio sentí una enorme sorpresa, pero a los pocos segundos mi pene reacciono creciendo en la boca del chico que lamia de forma magistral. Yo solo pude agarrar su cabeza con mis manos y apretarla contra mí, con todo mi pene creciendo y siendo lamido dentro de su boca.

― Joder, joder. Vas a hacer que me corra de gusto ― acerté a decir entre jadeos ―. Me estas matando de gusto.

El cómo toda respuesta siguió mamando con fuerza, cada vez con más intensidad hasta que, apenas dos minutos después sintiendo un enorme placer, solo pude emitir un tenue aviso de que me iba a correr antes de llenarle la boca con mi esperma, que él saboreo mientras seguía lamiendo mi pene que iba perdiendo su rigidez y sacaba de él los últimos restos de mi eyaculación.

― ¿Te ha gustado vecino?

― Esto no me lo esperaba ― respondí mientras me sentaba de nuevo a su lado en el sofá, ahora completamente desnudo.

― Realmente tienes una polla bien grande. Ahora entiendo que tu madre disfrute tanto.

― Yo también lo he hecho mucho ahora.

Él se acerco a mi y me beso con el gusto de mi esperma en sus labios. Primero fue un beso suave, pero empezó a hacer fuerza con su lengua en mi boca, y yo caliente como estaba me deje llevar. Abriendo la boca empezamos a compartir un buen morreo, sintiendo el acido sabor del esperma que aún no se había tragado.

― Hacia mucho que no tenia sexo ― me dijo ―. Y viéndote desnudo y depilado me has puesto muy caliente. Me has gustado mucho.

― Tu también estas muy bueno. No hubiera pensado que un chico joven y guapo se fijara nunca en un madurito como yo.

El me volvió a besar y yo le respondí con gusto a la vez que me giré hacia él y empecé a acariciar con una mano delante por el pecho y otra en su pelo. Poco a poco bajé la mano y encontré su pene, de considerable tamaño que también estaba duro dentro de sus calzoncillos.

― He sido un chico malo papi ― me dijo ―. Creo que merezco que me castigues.

― ¿Y cómo debería de castigarte?

― Unos azotes en mi culo serian lo que merezco. Con tu polla claro.

En ese momento la idea de seguir el juego no me desagradaba para nada, al contrario, y cuando él se puso a cuatro patas en el sofá y se bajó los calzoncillos, mostrando su joven y gordito culo, no me lo pensé dos veces para acercar mi polla a él y empezar a golpearle con ella.

― Más fuerte ― pedía ―. Dame fuerte que he sido muy malo.

Yo me estaba excitando con aquel juego y mi pene cada vez más erecto, recuperado de mi anterior eyaculación, golpeaba cada vez con más fuerza sobre su culo.

― ¿Te gusta mi culito?

― Esta gordito y duro.

― ¿Por qué me haces sufrir y no me la metes?

Aquella invitación hizo que mi polla se pudiera como el hierro. Solo lo había hecho una vez, pero tenia ganas de volver a penetrar a un hombre, y más si era tan atractivo como aquel. Sin ser musculoso, y de hecho un poco rellenito, era muy guapo y su voz me atraía mucho.

― ¿Quieres que la meta toda? ― pregunte sabiendo la respuesta.

― No te preocupes que esta bien abierto. Cuando has llegado estaba masturbándome con una buena polla de goma en mi culo.

Efectivamente baje mi mano hacia su culo y este parecía estar bien abierto. Puse saliva abundante con mi mano, y tras comprobar la facilidad con la que podía meter uno de mis dedos empecé a meter mi pene en él.

― El despertador me esta follando como a su mama. Que gusto tenerte ahora para mí. Métela sin piedad que me encanta.

No quería hacerle daño y seguí entrando hasta sentir que mi pene entraba totalmente. Su espalda arqueada y su cabeza levantada girada hacia mi mostrándome su lengua y haciendo gestos de placer a la vez que emitía fuertes gemidos con cada uno de mis envestidas.

― Que vecino tan bueno. Me encanta lo que me haces.

― A mí también me gustas mucho. Esta mañana está siendo genial ― respondí sin dejar de dar fuertes penetraciones a fondo, con fuerza, cosa que a él parecía no molestarle sino todo lo contrario.

Sentía como él sostenía con una mano ahora su pene, porque alargaba los dedos para poder acariciar mis testículos.

― Dame tu lechita ― me pidió ―.Quiero sentirla toda caliente dentro. Me encanta pervertir heteros y que me follen a pelo.

Por toda respuesta aceleré mis envestidas. Me acababa de correr y me iba a costar, pero el placer era enorme.

Al cabo de unos minutos de bombeo y de jadeos por parte de los dos sentí como me iba a correr, sentía mi esperma luchando por salir.

― Te voy a llenar tu culito.

― Siiii ― respondió él cuando sintió mi leche que se derramaba dentro de él.

Deje mi pene unos momentos dentro, mientras el seguía jadeando y yo me recuperaba del esfuerzo antes de volver a sentarme.

― Caramba con el vecino ― me dijo, sentado ahora a mi lado ―. Esto si que no me lo esperaba.

Los dos desnudos y sentados en el sofá nos seguíamos acariciando y besando suavemente.

― ¿Te ha gustado?

― Me has hecho disfrutar mucho ― dijo mientras se acariciaba su pene duro.

Yo, no se si por morbo o por agradecimiento, acerqué mi mano a su pene y empecé a masturbarlo suavemente. El respondió solo con un gesto de placer y un gemido mientras apoyaba su joven cara en mi hombro. Yo seguía masturbándole suavemente a un ritmo lento, sintiendo su pene palpitar en mi mano. Casi sin pensarlo baje del sofá y me coloque a cuatro patas frente al sofá y engullí su pene con ganas. Era la primera vez que me metía un pene de verdad en la boca, tenia uno de juguete de mi mujer que a veces había probado a lamer, pero este era el primero de verdad y la sensación no me desagrado, me gustaba sentir el sabor de su liquido preseminal y escuchar los gemidos de placer.

― Pervirtiendo a un hetero ― me dijo.

― O despertando al bisexual ― respondí sacando un momento su polla de mi boca.

― ¿Seguro que no lo hiciste antes? La comes de maravilla.

Yo ahora seguía lamiendo y sentía como cada vez estaba más dura y yo también más caliente. De hecho, quería más.

― Quiero que me des por el culo. Quiero que me desvirgues.

Lo cierto es que además de lamerlo también me metía a veces el dildo de mi mujer en el culo mientras me masturbaba, así que conocía la sensación.

Le tumbé en el sofá y me puse tumbado frente a él dándole la espalda, después de darle otro fuerte morreo.

― Hazme tuyo. Quiero sentirte. Quiero sentirme follado por un tío.

El no se hizo de rogar y acerco su pene duro a mi culo, sin lubricarlo ni siquiera con su saliva, cosa que me dio mucho morbo porque así que sentía más violado, y eso me gustaba. El apretó su pene, por suerte más pequeño que el mío, y empezó a penetrar. Note como entraba la punta, como me abría, mientras se agarraba a mi cadera para poder empujar con fuerza y entrar completamente en mi ano, que yo a duras penas podía relajarme para dejarle entrar, apretando para sentirlo más.

― Dame duro ― le pedí ―. Reviéntame.

El como única respuesta metió su pene con fuerza hasta el fondo dejándolo allí unos segundos hasta empezar un movimiento rápido de entrada y salida. Era evidente que tenia muchas ganas de correrse y yo de que lo hiciera dentro de mí. Yo apretaba con fuerza mi culo para atrapar su pene dentro de mí, quería sentirla entrar y salir y quería sentir como se corría.

Él no se había corrido todavía y al igual que me paso a mi no pudo aguantar mucho rato, soltando una buena cantidad de esperma que sentí caliente dentro de mi recto. Me sentía cachondo y satisfecho y desde luego seguro que no sería la última vez que dejaba que aquel chico u otro me dieran placer. Entonces recordé que no habíamos utilizado protección, pero no me importo demasiado, así había podido sentir como se derramaba dentro de mí y como se escurrían las ultimas gotas de esperma al sacar su polla.

Me senté sobre la toalla, sentía como el líquido se escurría fuera de mi y no quería manchar, totalmente satisfecho y el lo hizo a mi lado tras ponerse los calzoncillos.

― Mi madre se preguntará porque tardamos tanto en mirar lo de la lavadora.

― Dile que tuviste que meter bien la manguera.

Los dos reímos por la broma.

En ese momento apareció en el comedor una mujer de más o menos mi edad, con cara de sueño y de acabar de despertar. Vestida con una camiseta blanca larga que hacía las veces de camisón. Era una mujer gorda y tenia unas tetas bastante grandes. Su cara era bonita se parecía a su hijo.

― Perdón hijo. No sabia que estabas con alguien.

― Es el vecino mama. El despertador ― dijo con una sonrisa.

― ¿Tu eres el hijo de la vecina?

― Si, y lo siento por las molestias.

― Al contrario. Ya querría yo lo mismo que tiene tu madre ―respondió con una sonrisa. Parecía ser igual de caliente que su hijo.

― Ha subido porque caía agua de la lavadora.

― ¿Y que haceis aquí desnudos?

En ese momento me di cuenta que la toalla no me estaba tapando nada.

― Se ha mojado y le he pedido que se seque en la estufa.

La mujer nos miro como si supiera que aquello no era cierto, pero no dijo nada al respecto.

― Ahora tengo que irme al medico que llego tarde. Pero estás invitado si quieres subir a vernos, o a despertarnos ― dijo con una sonrisa.

― Seguro será un placer para él ― respondió su hijo.
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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 007


Durante todo el día tuve en la cabeza lo que había pasado con el hijo de la vecina. No era la primera vez que tenia una relación homosexual, pero si la primera que había permitido que me penetraran, y eso había sido una experiencia nueva que me había gustado y que estaba seguro de volver a probar en algún momento, como así ha sido.

Me había quedado con la imagen de mi vecina y su camiseta blanca. Estaba gorda, pero tenía un pecho grande que parecía mantenerse bien sin sostén. No os lo dije, pero era pelirroja, un rasgo que me gusta mucho, el pelo largo por debajo de los hombros y una cara muy bonita con unos profundos ojos azules muy claritos. Su comentario sobre que podía subir a despertarlos me daba vueltas en la cabeza. Había estado con el hijo, pero la idea de estar con la madre era algo muy deseable.

En mi espiral de desenfreno, que había empezado aquel fin de semana con mi madre, estaba dispuesto a probar todo lo que pasara por delante de mí, y no dejar pasar ni una oportunidad. Quería recuperar el tiempo perdido en unos años de sexo muy conservador. Mi siguiente objetivo tenia que ser la vecina sin ninguna duda y no pensaba esperar mucho.

Aquella noche después de cenar nos pusimos en familia a ver una película, yo y mi madre en el sofá y mi padre en el sillón donde no tardo en dormirse profundamente. Mi madre se había tapado con una mantita, mientras que yo seguía con mis pantalones cortos ya que soy muy caluroso.

― ¿Ya se arreglo entonces lo del agua no?

― Tranquila que no volverá a salir. Era el grifo de entrada a la lavadora.

― ¿Estaba la vecina?

― Pues no. Me abrió un chico joven que me ayudo a solucionarlo ― no le conté que volví desnudo porque no me había visto.

― Ella es una mujer muy maja. Simpática. Es de tu edad, pero no te convendría.

El tono de su comentario me sonó a celos, como si tuviera miedo que me fuera con ella.

― ¿Por qué no? ¿Tan fea te parece que es? ― respondí con sarcasmo.

― Porque tienes que buscar a alguien sin ataduras. Tu ya tienes una hija. Y para otras cosas aquí esta tu madre ― dijo esto en voz baja, arrastrando la manta sobre mi y pasando la mano dejaba de la manta para meterla dentro de mis pantalones ―. Llevo varios días sin tenerte y lo echo de menos.

― Pues ya sabes que me tienes cuando quieras.

― Pero para mi sola. Que a mi amiga la has vuelto loca y ahora solo pregunta cuando puede venir. Le has gustado demasiado.

Esto ultimo me hizo reír porque ciertamente estaba celosa.

― Tu eres especial. Siempre serás mi madre y yo un hijo amoroso.

Mi padre hizo un movimiento en el sillón y mi madre aprovecho para terminar de despertarlo y decirle que se fuera a la cama, que luego le dolería todo dormido allí. Él no se hizo de rogar y se fue primero al baño y luego hacia el dormitorio con un lacónico “Buenas noches”.

― ¿Continuamos con la tele?

― Pon lo que quieras. Yo ahora quiero tenerte para mi ― respondió ella abriendo la bata para ofrecerme el pecho.

Yo no dude un segundo en empezar a mamar con ganas de ese enorme pecho.

Sin soltarlo le acerqué mis dedos a su boca para que los chupara, cosa que hizo como si fuera mi pene, y a continuación baje mi mano entre sus piernas para masturbarla con ellos lentamente.

― No sabes como me gusta esto. Y que ganas tengo de sentirte dentro después.

Ese comentario me hizo recordar como me hizo sentir esa mañana la polla del vecino en mi culo, follado como una mujer. Mi pene estaba duro como una piedra tanto por el recuerdo de la penetración como por los jadeos suaves de mi madre junto a mi oído.

― ¿Me dejas que hoy te la meta por el culo mama? ― me encantaba llamarla mama mientras tenía sexo con ella.

― Que viciosos eres. Un momento más que me estoy corriendo de gusto ― dicho esto cerró los ojos y pego sus labios a los míos con un buen morreo que amortiguaba sus jadeos de placer.

Todo su cuerpo temblaba mientras un orgasmo la recorría. Su brazo apretaba mi boca contra la suya parando el sonido de sus gemidos y su lengua se movía sin parar en mi boca.

Mi mano estaba empepada de sus jugos, había tenido un enorme orgasmo, y con ellos empecé a jugar suavemente con mis dedos en su culo, que tras algunas penetraciones previas ya estaba más abierto y acostumbrado.

La tumbe de lado, sentada como estaba, dejando su cabeza en el brazo del sofá y saque mi pene directo al objetivo. No dejaba de pensar en el culo del vecino, y lo diferentes que eran tanto en tamaño como en cerrado, el de mi madre mucho más gordo y el del vecino mucho más cerrado.

Parecía mentira lo caliente que estaba pese a la mañana de sexo. No tarde demasiado en dejar toda mi descarga dentro de ella que recibió con placer.

Añado como detalle que últimamente cuando se ponía el camisón solía quedarse sin bragas por si teníamos ocasión, ya fuera por la mañana o por la noche, y durante el día se ponía vestidos o faldas que me permitían tocarla a placer. Si se ponía sujetador porque el pecho tan grande se le caía mucho sin ellos y le era molesto.

― Parece que estabas cargado. Lo he sentido mucho.

― Si, es cierto. Hacia días que no teníamos nada.

― Pues así me gusta que lo guardes para mí.

Obviamente no le conté nada de lo hecho, y de que no había guardado fidelidad.

La ayude a levantarse mientras nos besamos y acariciamos amorosamente como dos novios durante unos largos minutos antes de apagar la tele e irnos a dormir.

― Mañana me voy temprano. Tengo trabajo.

― Me alegra que así sea. Aunque te echaré de menos. Ya me avisas si vienes a comer que estaré solita ― dijo con una sonrisa y levantado las cejas insinuantes.

― Entonces vendré a hacerte compañía.

Ella solo me respondió lanzándome un beso al aire mientras iba hacia el baño a limpiarse y yo me fui a la cama.

Tenía claro mi plana para la mañana siguiente y no era trabajar, sino subir a ver a mi vecina.

A la mañana siguiente, como ya había planeado, me levante duche y vestí. Salí como si fuera a trabajar, pero subí al piso de los vecinos. Quería ver a la madre, pero tampoco me importaba si me abría el hijo. Fue ella quien abrió la puerta. Iba vestida solo con la misma camiseta del día anterior y con los ojos medio abiertos, aun dormida, pero los abrió sorprendida al verme.

― Vaya con el despertador. No has esperado mucho a venir ― y agarrándome por el cuello y colocándose de puntillas me dio un beso en los labios ―. Pasa, no te quedes en la puerta.

― Ayer me dijiste que podía subir y aquí estoy.

― Me acuesto a las siete porque trabajo de noche, así que estoy muy dormida, pero puedes quedarte conmigo un rato si quieres ― dicho esto dio media vuelta y se volvió hacia el dormitorio principal metiéndose en la cama ―. Metete conmigo anda, que no me gusta estar sola.

Me quité la ropa, quedando desnudo y me metí a su lado.

― Carai con este hombre. No te has dejado nada. Y además todo depilado, que rico.

Yo por toda respuesta me acerque a ella y la abrace por la cintura. Solo llevaba la camiseta y pude poner mis manos en su piel suave del vientre. Para ser una mujer de mi edad se conservaba muy bien. Baje la mano hacia sus muslos y estos estaban firmes.

― Creía que solo me haría compañía para dormir ― dijo con una sonrisa viciosa ―. Pero me parece que viniste a por más.

― Lo cierto es que me gustaste mucho cuando te vi ayer. Eres una mujer muy de mi estilo.

― Quizás demasiado joven ― dijo riéndose ―. Al lado de otras.

― Eso es distinto. Es amor de un buen hijo.

― Tampoco tengo esas tetas enormes.

― Las tuyas están muy bien ― dije acercando mi mano a su pecho por debajo de la camiseta y acariciándolo con la mano y jugando con un dedo en el pezón ―. Seguro que están deliciosas.

― Vaya que te andas con rodeos. Directo al grano. Esta claro que no vas a querer dormir.

― Contigo al lado imposible

Ella se retorcía a mi lado, acercándose y alejándose, mirándome y sacando un poco la lengua entre los labios de forma muy lasciva.

― Hace mucho que no he estado con un hombre. La mayoría son unos cerdos babosos o bebidos.

― Yo no bebo, ni fumo. Me considero un tío muy sano.

― Un poco enmadrado ― dijo riéndose para acto seguido levantarse y ponerse montada sobre mi y darme un tremendo morreo jugando con nuestras lenguas.

Yo me agarré a su culo y la subí hacia arriba, sintiendo los pelos de su pubis sobre el mío.

― Eres un tío muy guapo.

― Tu también lo eres. Muy atractiva.

― Para ti que te gustamos gordas, otros solo las quieren delgadas y jóvenes.

Mi pensé estaba en pie de guerra y ella notando el contacto en sus labios vaginales. Bajó la mano y lo coloco entre los dos cuerpos, con un movimiento de masturbación, apretado entre su barriga y la mía, como si fuera una cubana durante un par de minutos. Subió un poco más sobre mí y ahora mi pene liberado se movía sobre su vagina y tocando levemente su clítoris. Con el contacto sobre ese punto provocaba en ella suaves jadeos.

― El despertador quitándote el sueño.

― No es cierto. Estoy soñando que me follo un pollón grande y duro y eso me hace disfrutar mucho.

― Pues mételo dentro que lo estoy deseando.

― Aun no. Quiero que no puedas más. Quiero verte sufrir.

Y siguió con ese movimiento que me volvía loco unos minutos hasta que sentí como si ella tuviera un orgasmo, momento en que se elevo un poco y al caer dejo que mi durísimo pene entrara totalmente en ella.

― Me encantas ― le dije agarrado a sus caderas, moviéndola sobre mi y lamiendo su pecho cada vez que este se acercaba a mi boca.

― Dame fuerte. Aprieta hasta el fondo que quiero que me revientes.

Hacia mucho que no tenia sexo con alguien así. Estaba siendo la mejor sesión que tenia en mucho tiempo, incluso mejor que con mi madre si no fuera por el morbo que ello tenía.

Estuvimos así largos minutos. Ella controlaba el ritmo sentada sobre mí, y lo hacía lentamente, subiendo y bajando hasta clavarse mi pene dentro de ella con fuerza. Mantenía los ojos cerrados y se mordía la lengua que salía ligeramente entre sus labios. Me estaba matando de placer.

Los jadeos de los dos eran suaves. De pronto ella empezó a subir el ritmo de su movimiento, y apretando más, como si fuera posible en sus bajadas.

― Córrete ― me pidió, casi gritando ―. Quiero sentir esa leche caliente dentro de mi chochito. Estoy disfrutando mucho.

Ahora fui yo el que la agarre por las caderas para marcar el ritmo y aceleré para poder llegar a la eyaculación, cosa que no tardo en suceder.

― Me corro ― anuncié casi sin poder hablar por el placer.

― Dámelo, dámelo.

Creo que los dos casi llegamos a la vez. Fue increíble. Ella se dejo caer sobre mi y nos besamos mientras mi pene iba perdiendo fuerza sin salir de ella.

Ella se quedo tumbada a mi lado y casi sin darme cuenta se quedo dormida con una sonrisa. Hacia mucho que una mujer no me hacia sentir así, con esa pasión y esas ganas. Por un momento incluso diría que me sentí enamorado, pero quizás solo era mi instinto de príncipe azul en busca de una dama que salvar.

Me levante para ir al baño y al salir escuché una voz ya conocida tras de mí.

― Vaya vaya.

Me gire y allí estaba mi vecino completamente desnudo.

― Me levanto para ducharme y me encuentro una sorpresa.

― He dejado a tu madre dormida ― le dije en voz baja.

― Y satisfecha imagino por sus jadeos. Me hubiera encantado verlo. Hacia meses que no estaba con nadie.

Se acerco a mi y me agarro el pene.

― ¿Quedaste con ganas de más?

― La verdad es que me ha dejado muy satisfecho.

― Pues mi culito quiere que le den caña. Me encanto como me follaste ayer.

― Yo también disfrute mucho. Fue una pasada sentirte dentro.

― Ven anda ― me agarro del brazo y me metió hacia la ducha ―. De momento vamos a limpiarnos un poco.

Dentro de la ducha nos besamos y acariciamos. Yo estaba más que satisfecho, pero cuando se agacho y se puso a lamer mi pene no pude evitar que este se pusiera duro de nuevo. Él mamaba con gusto y se lo metía completamente en la boca, apretando mis caderas contra él y sintiendo su cara aplastarse en mi pubis. Realmente es cierto que dicen que nadie te la chupa como un hombre, al menos en mi experiencia.

Salimos de la ducha y nos sentamos en el sofá donde continuamos con las caricias y tocamientos mutuos. Ese chico sabia bien como ponerme a cien.

― Quiero que me folles como has hecho con mi madre.

― Estoy deseando dar gusto a toda la familia ― respondí riendo.

El se sentó sobre mí en el sofá con nuestros erectos penes rozando. Se sentó más adelante y su pene quedo contra mi barriga y el mío rozando la raja de su culo.

― Así le gusta a mi madre. La he visto y se que le gusta ponerse encima para controlar la follada. A mi también me gusta decidir cuando quiero que se corran.

Vi como se lamia los dedos para lubricarse el culo con ellos.

― Seguro que te la has follado a pelo.

― La verdad es que sí.

― Pues ahora me vas a follar de nuevo a mí. Habrás tenido una mañana de follada familiar.

Lo siguiente que sentí fue como se elevaba un poco sobre sus rodillas, sostenía mi pene y lo colocaba a la entrada de su culo dejándose caer y haciéndolo entrar poco a poco.

Sus gemidos no tardaron en llegar mientras sentado sobre mi tiraba la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos como antes hacia su madre.

― Que buen vecino ― le dije ―. Que me deja a su madre y ahora hace que me lo folle.

El no respondía. Solo abrió los ojos para mirarme y sonreír mientras seguía cabalgándome cada vez con más furia. Yo sujetaba sus caderas y el se masturbaba al ritmo de mis penetraciones.

Me encantaba ver como estaba disfrutando y yo también disfrutando de ese joven y duro culo.

― No pares, no pares ― me dijo ―. Estoy a punto de correrme tío. Que gusto cabrón.

― Disfrútalo. Te voy a dar siempre que quieras.

― Mi vecino madurito y su dura polla que me revienta.

Siguió cabalgando y gimiendo hasta correrse. Su esperma salió hasta casi mi pecho de donde recogí un poco para comérmelo. El agarro mis dedos antes de lamerlo todo y también se lo metió en la boca. Yo le sujete para que siguiera cabalgando hasta conseguir correrme dentro de él.

Nos levantamos y nos tuvimos que ir de nuevo a la ducha después del esfuerzo. Tras eso se fue a vestir para irse al trabajo. Yo por mi parte me acosté de nuevo con su madre que seguía durmiendo ajena a todo y me quedé dormido.

Serian sobre la una del mediodía cuando mi vecina me despertó de mi sueño con un tierno beso.

― No esperaba tenerte aquí a mi lado. Pensé que después de terminar te marcharías.

― Me gustaba la idea de quedarme abrazado a tu lado ― cosa que había hecho en las dos últimas horas.

― Tranquilo. No espero nada.

― Yo tampoco te pediré nada, pero me gustaría repetir.

Ella se subió de nuevo sobre mi mientras me besaba con pasión.

― Cuando quieras solo tienes que decírmelo. Ahora te paso mi número. Mientras tanto se que tu mama te cuida bien ― dijo lo de mama con una sonrisa.

― Es una buena mujer que necesita cariño.

― Me gustaría conocerla. ¿Qué tal si le propones venir a comer o cenar?

― Pues el sábado creo que estamos los dos solos. Puedes proponérselo. Es muy social y le gustara la idea.

― Y de paso igual tengo suerte y os veo juntos además de oíros.

― ¿Pretendes vernos tener sexo? No sé, no sé.

― Tu déjame a mi que pensare algo para calentar el ambiente.

No tardo mucho en poner en marcha su plan porque al llegar la noche mi madre me informo que la vecina la había invitado a comer el sábado y que le hacia ilusión salir de casa.
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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 008


Habían pasado días desde el encuentro con mi vecina, con la que nos habíamos visto un par de veces más y con quien habíamos quedado finalmente en hacer una cena.

Había encontrado al fin un piso, después de mucho buscar, y estaba a la espera de irme durante la próxima semana, en cuando me dieran llaves y pudiera poner cuatro muebles. Además mi exmujer había recibido con alegría la noticia y vendría a compartir espacio conmigo. Mi madre no se lo había tomado mal, claro que lo primero que le dije es que tendría llaves y podría venir.

Pues pasó la semana con mucho trabajo y poco tiempo para nada. Llegó el fin de semana y casi ni recordaba que habíamos quedado el sábado por la noche en casa de la vecina.

El viernes había tenido una cita con Jennifer, hija de la amiga de mi madre con la que llevábamos tiempo hablando, y de quien ya contaré de nuevo más adelante.

La tarde del sábado fue tranquila y la pase en mi habitación leyendo casi todo el tiempo, con mis padres que los escuchaba hablar sobre algo de unas facturas que tenían que resolver y de lo que no se ponían de acuerdo, casi me dieron ganas de salir a intentar poner orden, pero opté por escuchar música y sin darme cuenta dormirme un buen rato.

― ¿A que hora has quedado con la vecina? ― preguntó mi madre antes de terminar de abrir la puerta.

― No quedamos en ninguna hora ―miré mi reloj ―. Pero son casi las ocho y es una buena hora pasa subir creo yo.

― Tu padre se acaba de ir con su cena de amigos.

Fue escuchar eso y de pronto la mire con otros ojos. Ella estaba vestida con un pantalón y un jersey, pero yo tan solo llevaba mi pantalón corto que no tardo dos segundos en mostrar mi erección como respuesta a pensar que estábamos solos.

― Vaya con mi niño que estará pensando ahora ― dijo ella mirando el bulto y riendo ―. Esta semana que casi ni te has acercado.

― Entre el trabajo y cosas que hacer no he tenido tiempo de nada.

― Ni de acordarte de mí ― dijo acercándose sensualmente y sentándose a mi lado.

― Acordarme de ti si, pero eso ha sido por la noche cuando estaba solo.

― ¿Y que ha hecho mi niño?

― Pues masturbarme pensando en ti. Sabes que me gusta imaginar mil fantasías.

― Eso me encanta. Que lastima que no me despertara y viniera a verte.

Me senté en la cama y me acerqué a ella abrazándola y besándola.

― Para mí eres la mejor.

― Me encanta saber eso y me entristece y me alegra saber que encontraras a alguien. Hoy me dijeron que saliste con alguien ayer.

― La hija de tu amiga. Un encanto. Cenamos y tomamos algo.

― ¿Nada más?

― La verdad es que no surgió el tema.

― Si eso pasa espero que me lo cuentes. Quiero saberlo.

Mi madre se había vuelto morbosa y debía de saber de mi cita porque ya el día anterior me hizo aun comentario sobre posibles chicas en mi vida. La madre de ella era Silvia, con quien tuvimos un estupendo trio, y supongo que se lo contó.

― ¿Te vas a duchar? ― me preguntó.

― ¿Y tú?

― No pensaba, pero si quieres te baño como cuando eras pequeño.

Reímos por la ocurrencia, pero la seguí hasta el baño donde me metí en el plato de ducha y dejé que ella me enjabonara a conciencia. El problema es que no tengo cinco años y que ahora mi tamaño hacia que ella se estuviera mojando casi tanto como yo, así que terminó por quedarse en ropa interior, y se metiera en la ducha conmigo. Yo ante esa visión no pude sino quitarle el sujetador y lanzarme a chupar sus enormes y caídos pechos con ansia mientras ella daba pequeños jadeos.

― No se si es bueno que subas así de caliente. Habrá que enfriarte antes ― y dicho esto se dio media vuelta y se bajó las bragas apoyándose sobre la pared con el culo en pompa ―. Creo que algo me has contagiado.

Yo me seque como pude el cuerpo y deje mi pelo mojado y alborotado mientras me colocaba tras de ella y acercaba mi erecta polla a su vagina que efectivamente estaba húmeda.

― Ves con cuidado. Ya sabes despacito primero.

Yo me agarre la pola poniéndola bien a la entrada y me sujete a sus amplias caderas para empezar a entrar lentamente como me había pedido, primero despacio y después con más fuerza y más deprisa, pero sin ser un bruto.

Sus jadeos y el reflejo de su cara en el espejo medio empañado del calor de la ducha me hacían ver y sentir su placer, su boca entreabierta y sus pechos que se movían a cada envestida. Por más que fuera algo que imaginaba en mis masturbaciones nada era como la realidad.

― Quiero llenarte toda mama ― el llamarla así mientras teníamos sexo me ponía a mil ―. Quiero darte la lechecita caliente que te gusta tanto sentir.

― Dámela. Me gusta mucho hacerte disfrutar. Me gusta que me deseen tanto.

Apenas pude decir mucho más antes de sentir como me corría dentro de ella. Siempre era un placer indescriptible y más cuando tenia el gusto de ver su cara y sentir su placer. Su vagina no apretaba como la de una mujer joven y su orgasmo era más relajado, pero me gustaba exactamente igual o incluso más por ser mi madre y sentirla más mía que nunca. Terminamos con una ducha rápida, con besos y caricias, pero sin más sexo.

Nos vestimos y salimos de casa. Yo sabia lo que nos podía esperar pues ya conocía lo cachondos que eran nuestros vecinos, pero ella no sabia nada. La verdad es que me daba un poco de miedo como pudieran estos actuar y como se comportaría mi madre en una situación de tensión con los que para ella eran desconocidos. Por otra parte, el morbo era inmenso pensando en la multitud de situaciones que podrían darse.

—¿Crees que debería llevar algo más? — me preguntó mi madre saliendo de la cocina con un tupper de su famoso guiso de pollo.

—No, mamá, seguro que con esto es suficiente. Además, ya he hablado con la vecina, y me dijo que no te preocuparas por nada.

Ella acepto mi consejo, pero se la notaba nerviosa. Hacía tiempo que no socializaba mucho fuera de casa, especialmente con personas que no conocía.

Subimos y la vecina nos recibió con un cálido saludo y dos besos. Mi madre fue la primera en entrar y a mi me dio además un beso en los labios de forma rápida sin ser vistos. Su hijo tras de ella repitió el mismo saludo con los dos, tocándome además el paquete.

—¡Qué gusto verte de nuevo! ― dijo hacía mi guiñando un ojo ―. Y tú eres la mama de la que tanto me ha hablado tu hijo. Es un placer conocerte.

Mi madre devolvió la sonrisa y se mostró más relajada. Pronto nos encontramos en el acogedor comedor, donde una mesa elegante estaba lista para recibirnos.

La conversación fluyó fácilmente. Mi madre compartió anécdotas de su juventud, mientras que la vecina hablaba sobre sus experiencias como madre soltera. El hijo de la vecina y su madre intercambiaron historias sobre sus trabajos y pasatiempos.

Durante la cena, mama se sintió rejuvenecida al estar rodeada de tanto cariño y calidez. La comida que había traído mi madre y la que había hecho la vecina estaban deliciosas, pero lo más importante era la compañía. Todos reíamos y mi madre se sentía muy a gusto. Mi vecina me hacia algunos gestos de complicidad de vez en cuando y la mirada de su hijo y mía se cruzaban en el deseo mutuo.

Después de la cena, La vecina sacó un álbum de fotos antiguo y comenzó a compartir recuerdos de su infancia. mama se emocionó al ver las imágenes y compartió algunas de las suyas propias de su teléfono. El hijo de la vecina escuchaba con atención, fascinado por las historias de las generaciones anteriores.

Después de una cena llena de risas y conversaciones animadas, La vecina sugirió tomar café en el acogedor salón de la casa, un espacio más pequeño. Todos nos dirigimos hacia el espacio decorado con dos cómodos sofás y una suave alfombra de pelo largo.

Mientras la vecina preparaba el café, el vecino y yo nos dedicamos a charlar sobre nuestras pasiones compartidas, descubriendo que teníamos más en común de lo que pensábamos, más allá del sexo. Ambos compartíamos un amor por la música clásica y el senderismo, lo que generó la posibilidad de hacer alguna salida. Mama nos observaba con una sonrisa, sintiendo una alegría al verme conectar con alguien más joven.

Mientras tanto, la vecina y mama se sentaron juntas en uno de los sofás, compartiendo historias sobre la crianza de los hijos y las alegrías y desafíos de envejecer. Mama encontró en la vecina una amiga comprensiva y sabia, y se abrió con ella de una manera que rara vez lo hacía con extraños. Hablaron sobre sus sueños y deseos, y descubrieron una conexión especial que trascendía las diferencias generacionales. Todo parecía una reunión normal hasta ese momento.

La noche pasó volando entre risas, historias y nuevas amistades.

Fue entonces donde la vecina sugirió que podíamos jugar a las cartas, que seria divertido y fueron a buscar una baraja de póker. Mi madre no tenía ni idea, pero enseguida entendió la dinámica y la cosa se hizo bastante divertida.

Después de unas cuantas manos de cartas, la atmósfera se tornó más atrevida cuando el vecino propuso cambiar las reglas del juego. Sugirió que cada vez que alguien perdiera una mano, tendría que quitarse una prenda de ropa. Aunque inicialmente hubo risas nerviosas y algunas miradas cómplices, todos aceptamos la idea. Yo temía saber dónde podía terminar aquello, pues ya lo había vivido antes con mi ex y unos amigos donde terminamos en una orgia como ya os explicaré.

Con cada mano perdida, las risas se volvieron más estridentes y las mejillas se sonrojaron ligeramente. Mama, que no había jugado nunca a un juego tan atrevido, se mostró un poco tímida al principio, pero pronto se dejó llevar por la diversión del momento, disfrutando de la complicidad compartida con sus nuevos amigos. En un rato la vecina lucia su sujetador y bragas, el vecino seguía vestido, yo había perdido la camisa y mis calcetines y mi madre había perdido su blusa.

La vecina había sacado algunos licores añadiendo una sensación de calidez y atrevimiento al ambiente. Los comentarios picantes y las risas nerviosas llenaban la habitación mientras las prendas iban desapareciendo una a una. A medida que el juego avanzaba, la tensión se acumulaba, mezclada con un excitante sentido de anticipación.

― Veras que termino la primera ― dijo mi vecina tras perder su sujetador y quedarse solo con sus bragas.

― Pues a alegrarle la vista a los chicos ― dijo mi madre un poco achispada.

― Sera al tuyo. Que al mío le gustan los chicos y esto le deja frio.

Mi madre quedo sorprendida por la revelación y me miró a mí que también había perdido los pantalones y solo lucia mis calzoncillos.

Con cada mano perdida, la atmósfera se volvía más atrevida y excitante. Todos estábamos inmersos en el juego, disfrutando del creciente sentido de complicidad y emoción.

El licor y las risas fluían libremente, creando un ambiente de euforia y diversión desenfrenada.

Finalmente, llegó el momento decisivo cuando el vecino perdió una mano crucial. Con una sonrisa pícara, se levantó de la mesa y, con un gesto dramático, se quitó los pantalones, quedando completamente desnudo ante la mirada sorprendida y divertida de todos, porque no llevaba calzoncillos.

― Has visto vecina ― dijo su madre a la mía ― a que tengo un hijo sexy.

― Realmente esta bien el chico ― dijo mi madre mirando el semierecto pene del chico y todo su cuerpo no demasiado atlético pero joven ― ¿Y ahora como continuamos?

― Pues haremos pruebas a quien quede ultimo y este desnudo ― respondió la vecina ―. A mi y a tu hijo también nos queda poco.

Mi vecina y yo quedamos también desnudos en dos manos que casi perdemos a propósito. Mi madre rio divertida porque aún tenia la falda y toda la ropa interior, pero en tres manos seguidas la perdió toda para mi alegría, y también para mi sorpresa viendo como no se corto en quitarse las bragas.

― Caramba con la vecina que bien arregladita toda depilada ― dijo la vecina riendo.

― Vi que mi hijo lo hacía y pensé que tenía que hacer igual.

― Me encanta ― dijo la vecina que estaba sentada junto a ella ―. Una mujer que quiere sentirse guapa.

Mi madre estaba contenta por el alago, pero se quedó un poco cortada cuando la vecina alargo la mano para acariciarlo.

― Se siente suave.

― Este también está muy bonito ― dijo el vecino que ahora me tocaba también a mí y agarraba mi pene que reacciono ante sus caricias ―. Y parece que le gusta que lo toquen.

La vecina seguía tocando a mi madre y había bajado un poco el dedo corazón hasta tocar entre los labios de mi madre, casi diría que tocando su clítoris. Esta sin saber como reaccionar solo emitió un leve jadeo. Su hijo se había animado y ahora también movía su mano en mi pene cada vez más erecto.

― Sabes ― le dijo la vecina a mi madre ―. Hacía tiempo que quería saber como era la mujer que tanto excita a su hijo. Realmente tienes un cuerpo maduro y con buenas curvas, muy atractivo para tu edad.

― ¿Qué excita a su hijo?

― Desde aquí se escucha todo mujer. Y nos dais unas sesiones de despertador muy agradables. A mi hijo y a mi nos encanta muchas veces tumbarnos y escucharos disfrutar cuando tu marido no está.

Mi madre estaba sorprendida por el comentario y no sabía cómo responder.

― Unos pechos enormes y un culo bien grande al que seguro que se agarra con ganas para darte placer ¿verdad? ― dijo mientras ahora tocaba con una mano los pechos de mi madre y le daba un pico en la boca.

― Creo que te equivocas ― intentó mentir.

― No te preocupes. Se que es así y me encanta que disfrutéis. Si mi hijo no fuera gay no se si también caería en la tentación.

― Mama no pasa nada, no van a contar nada. Y es cierto que eres una mujer muy atractiva. Me encanta que así sea.

Mi madre me miraba sorprendida mientras el vecino me masturbaba lentamente y ahora yo también a él.

― ¿Harías algo por mi vecina?

― ¿Qué quieres? ― respondió entre los jadeos por las caricias de la vecina que ahora la masturbaba sin disimulo.

― Me muero de ganas de ver como le comes la polla a tu hijo.

Mi madre la miro con cara de sorprendida mientras no dejaba de jadear.

― No puedo hacer eso.

― Ven aquí despertador ― me ordenó ―. Ponte junto a tu madre que no está para levantarse ahora.

Mi madre la miró a ella y luego a mi que estaba ahora de pie junto al sofá, con mi pene erecto a pocos centímetros de su cara.

― Comételo. Sácale la leche que tiene guardada para mama.

La vecina seguía tocando a mi madre mientras ahora le comía uno de los pezones. Su hijo mirándonos desde el otro sofá se masturbaba ahora con más fuerza.

Mi madre me miró como si me pidiera permiso y en un segundo se metió toda mi dura polla en su boca. Durante unos segundos eternos solo se escuchaba los sonidos de la boca de mi madre que lamia frenéticamente mediándosela toda hasta el fondo de la boca. Yo sentía un placer que no podía describir por la mamada y por el morbo de nuestros espectadores disfrutando del espectáculo.

― Me voy a correr. Siento como sube mi leche ― anuncié.

― Es hora de tragártelo todo ― ordenó mi vecina empujando la cabeza de mi madre contra mí ―. Esto no lo puedes desperdiciar.

No hizo falta muchas ordenes porque mi madre se sujetó a mi culo apretando contra ella y recibiendo toda mi leche en el fondo de su boca y quedándose unos segundos relamiendo antes de apartarse de mí y abrir la boca para mostrar que tenia toda la lengua blanca. Entonces sonrió y tras hacer el gesto de tragar nos mostro de nuevo su lengua limpia.

La vecina, que había aprovechado la escena para masturbarse, estaba en éxtasis y se corrió de gusto con un tremendo orgasmo. Se lanzó hacia mi madre y le dio un tremendo beso con lengua mientras ahora eran las dos que se acariciaban tanto vagina como pechos.

El hijo de la vecina también mostraba signos de estar a punto de eyacular cuando me acerqué a él y metí su erecta polla en mi boca para tragarme todo. El gesto acelero la salida y también se corrió en mi boca, pero yo no me lo trague, sino que me levante y le bese para compartir su leche caliente con él.

En ese momento todos estábamos muy calientes.

No habría soñado con ver a mi madre en ese juego lésbico, pero fuera por el alcohol o por la excitación parecía estar disfrutando mucho. Ahora la vecina estaba de rodillas sobre el sofa, junto a ella, y las dos no dejaban de besarse y de acariciarse mutuamente.

Mi madre se dio cuenta también que el vecino estaba lamiendo con ganas mi pene intentando ponerlo duro de nuevo.

― La madre tan caliente como el hijo ― dijo mi vecina ―. De veras que no esperaba esto, pero me encanta.

― A mí también. Confieso que hace unos días tuve unos tocamientos con una amiga y me gusto la sensación.

― Que escondido se lo tenía. A la vejez viruelas que dicen. Pero hay algo más que me muero de ganas de ver ― y dicho esto cogió a mi madre de una mano y la hizo levantar del sofá y alargo su otra mano hacia mí haciéndome también levantar ―. Me muero de ganas de veros follar en directo, no solo de escucharos.

No sabía cómo se tomaría eso mi madre, pero la verdad es que después de todo lo visto ya no podía ser más fuerte.

― No se si estoy en condiciones ― confesé ―. Porque justo antes de salir de casa lo hemos hecho.

Mi vecina rio con ganas por mi comentario.

― ¿Has visto hijo? Estos vecinos son como conejos. Me encanta que sean tan calientes porque voy a tener que invitarlos más a menudo.

― Yo también estoy cansada. Dijo mi madre que quizás empezaba a recuperar el sentido.

La vecina no se dejo convencer y nos llevo de la mano hasta su cama tumbando a mi madre en ella y haciéndome gestos para que la follara.

Yo me coloqué como solía hacer, de lado con las piernas en tijera sobre las suyas y empecé a penetrarla con mucho placer. Apenas en unos segundos me había olvidado de nuestros vecinos y solo disfrutaba de su cuerpo con ganas. Entraba todo lo fondo que podía mientras ella emitía unos intensos gemidos, ahora sin miedo de que nadie la pudiera escuchar, pues no hay vecinos encima.

La vecina de rodillas junto a la cama jugaba con sus dedos en el clítoris de mi madre y le lamia los caídos pechos con gula. Su hijo por su parte se acercó a mí y me empezó a lamer el ano dándome un placer enorme. Todos estábamos en un inmenso placer.

― Que gusto, que gusto me dais ― escuche decir a mi madre entre jadeos.

Yo me gire y hice un gesto al vecino para que se subiera tras de mí. Este entendió perfectamente mis intenciones y apretado a mi espalda acerco su dura polla a mi culo que le recibió con sumo gusto. Ahora yo follaba a mi madre hacia delante y al ir hacia atrás me clavaba su pene en lo más hondo de mi culo.

Con sorpresa vi como mi madre estiraba el brazo de la vecina para que se pusiera de pie y con un gesto hizo que pusiera un pie sobre la cama, dejando su vagina sobre la cara de mi madre que empezó a lamerla con ganas, causando unos brutales gemidos de mi vecina.

― ¡Me matas! ¡Me matas! ― empezó a gritar.

Esta imagen nos calentó más si cabe a su hijo y a mi que aumentamos la intensidad de nuestras respectivas penetraciones. Creo que fui el primero en correrme en mi madre, que seguía en un continuo orgasmo, la vecina que ahora parecía ni poder respirar, y su hijo que soltó una buena carga en mi culo.

Tras esta sesión quedamos todos tumbados en la cama, con mi madre y yo en el centro.

― Ahora me quedaría aquí a dormir ― me dijo mi madre.

― Papa estará durmiendo ya si es que ha vuelto de la reunión. Ni notará que no estas.

― Por nosotros seria un gusto ― dijo la vecina.

― Estaba pensando que no tengo camisón ― dijo mi madre riendo.

Todos reímos la ocurrencia.

Nos acomodamos en la cama King size. Yo abrazado a mi madre y los vecinos tras de cada uno de nosotros.

Cuando volvimos a casa mi padre estaba dormido y no se dio cuenta que no habíamos dormido allí.

― ¿Qué tal la cena en casa de los vecinos? ― preguntó mi padre cuando se levantó y fue a la cocina a por un café.

― Bien ― respondió mi madre ―. Se comieron todo y disfrutamos mucho ― y dicho esto me miró a mi guiñando un ojo.

― Son unos estupendos vecinos entonces ― y dicho esto se volvió a su despacho a leer el periódico.

― Y mi hijo es un pervertido ― me dijo ella al oído.

― Tanto como su madre ― respondí dándole un suave beso y una palmada en el culo.
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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 009

En ese momento hacía meses que había vuelto a retomar el contacto con una de mis exparejas Miriam, y es que tristemente he de decir que he tenido varias relaciones largas fallidas. En su día nos dejamos de hablar tras la ruptura, pero con el tiempo volvimos a hablar y nos contábamos muchas cosas sobre nuestras respectivas vidas. En algún momento incluso le había confesado sobre mi relación con mi madre, cosa que le sorprendió menos de lo esperado, dijo que sabía que entraba en el tipo de mujer que me gusta y que era logico la atracción.

El tema es que llegó un puente de tres días y yo estaba libre. Comentamos sobre el tema y ella me dijo que como todos los fines de semana irían al camping que compartían con su pareja y los niños que este tenia, pero que justamente este fin de semana estarían solos en el bungalow porque le tocaba a la madre tenerlos.

― Podrías venir si quieres ― me comentó ―. Hace mucho que no nos vemos en persona y me gustaría. Además, creo que te hace falta salir de tu entorno y tomar aire. Y puedes venir acompañado si quieres ― dijo esto con una risilla maliciosa.

― Pues sí, me vendría bien ― de entrada, la idea no me mataba, pero era algo distinto.

― Pues tú y tu dama ― dijo esto de nuevo con una risilla ― podéis venir que espacio tenemos de sobra. Hay una habitación con una cama grande que ocupan los niños. Si no os importa compartir cama claro.

― Que mala eres. Si, puedo proponérselo y a ver si quiere venir.

― Seguro que será divertido. Además, este fin de semana harán una fiesta de disfraces y eso es divertido. No te diré de qué me disfrazo, pero es chulo.

Me dio las indicaciones y quedamos en vernos allí a última hora del viernes. Saldría del trabajo, recogería a mi madre, si quería ir, y avisaría cuando llegáramos a la puerta.

Le conté a mi madre y esta se animó encantada. De hecho, cuando tenía a la niña estaba mucho en mi casa y cuando no también venia, así que pasábamos muchos findes casi juntos. Respecto de los disfraces me dijo que ella se ocupaba, pues yo no tendría tiempo, y que seguro que encontraría algo divertido.

Y sin más paso la semana y llego el día y recogí a mi madre que vino cargada con su maleta y una bolsa de basura grande donde había metido los disfraces para que no los viera antes de tiempo. El viaje fue relativamente rápido y lo pasamos charlando y entre risas cuando yo hacía cábalas sobre cuál era el disfraz que había preparado para cada uno de los dos.

― Yo de caballero y tú de bella doncella. O yo de capitán y tú de sirena.

Ella reía, pero no soltaba prenda. Se paso el viaje sujetando mi mano y dándome algún beso furtivo de vez en cuando.

― Tu ex nunca me cayó bien ― me dijo ― pero espero que lo pasemos bien. Lástima que tendremos que disimular.

Hubiera sido un buen momento para decirle que lo sabía, y de hecho alguna otra persona de nuestro entorno también, pero preferí no decir nada por no incomodarla.

Al llegar a la entrada del camping ya habían avisado así que nos dejaron pasar y nos indicaron hacia donde teníamos que ir.

― Me alegro de veros ― saludó mi ex acercándose a darnos dos besos ―. Bienvenidos.

Mi madre, como dije, no le gustaba mucho, pero le devolvió los dos besos con una sonrisa.

― Hola, soy Andrés, la pareja de Miriam ― un tipo de poco menos mi altura y complexión nos saludó con una sonrisa invitándonos a pasar ―. Me dijo que vendríais y me encanta tener invitados.

Yo sabía de él a través de mi ex. Parecía un tipo bonachón. La relación entre ellos era tensa.

Enseguida nos llevó hasta una habitación con una cama de matrimonio.

― Instalaros que estoy haciendo algo de cenar ― dijo saliendo y dejándonos solos.

Yo salí a buscar las cosas al coche y las entre hacia dentro.

― Ahora ya sé que te pasa con ella ― me dijo mi ex ―. La verdad es que se conserva muy bien, está muy atractiva. Y gorda como siempre te gustamos verdad.

― Tu también estas muy bien. No ha pasado el tiempo.

― Estoy más delgada, ya no soy tu tipo.

― Hagas lo que hagas fuiste mi tipo y lo eres. Estas atractiva y tienes esa voz tan sexy que me encanta.

Ella rio por mi comentario y volvió hacia dentro.

― Voy a poner la mesa. No os entretengáis mucho ― y se giró para giñarme el ojo.

Fui hasta la habitación donde mi madre se había quitado los zapatos y se había puesto unas zapatillas más cómodas.

― Me molesta el sujetador, pero si me lo quito se notará.

― No creo que se fijen, pero tu misma.

Se lo pensó unos segundos y se quitó la blusa para quitárselo. Yo me acerque por detrás e intente coger lo que me cabía de sus enormes pechos en cada mano, rozando los pezones con dos dedos.

― No seas malo que tenemos que salir ― me dijo girándose y dándome un caliente beso con lengua ―. Que te embalas.

― Espérate a la noche y veras.

― Aquí no puedes que nos van a oír.

― Ya procuraremos no hacer ruido. Pero te voy a comer bien esas tetas.

Llamaron a la puerta mientras ella se ponía la blusa. Ahora se notaban los pechos caídos bajo la blusa.

― Adelante ― respondí mirando hacía la puerta.

Se abrió y apareció la cabeza de mi ex sonriendo.

― La cena está servida ― dijo mirándonos como si intentara saber si algo había pasado.

Se espero en el marco de la puerta a que mi madre pasara y se acercó a mi para hablarme al oído.

― Mejor el postre después.

El tema de mi madre sé que le daba mucho morbo y supongo que esperaba escucharnos después y no le pensaba quitarle el gusto.

Andrés había preparado una tortilla de patatas que estaba muy rica y que comimos entre risas acompañados por una botella de Lambrusco que en poco tiempo vino seguida de otra.

Nos contamos sobre la vida y como nos iba desde hacía años cuando rompimos y comentamos proyectos pues ellos querían comprar una casa.

Después sacaron unos licores y aquí tengo que reconocer que ya me sentía bastante alegre y distendido.

― Que pena que estes solo ahora ― dijo ella ―. Seguro que pronto encuentras una mujer.

― No es divertido estar solo. Yo lo estuve por años ― respondió su pareja.

― Yo tampoco quiero que este solo. Intento ayudarle y acompañarle ― dijo mi madre.

― Seguro que le tienes bien cuidado ― dijo ella y mirándome a mi añadió ― ¿Tu estas satisfecho?

― Totalmente. Y de momento sin nadie a la vista. A veces me veo con alguien, pero nada serio.

― Pues nada, mama tendrá que cuidar del niño.

― ¡Y encantada! ― respondió mi madre que iba bastante achispada y pedía otro licor.

― Mañana podemos ir a dar una vuelta aquí por la playa si os parece. Hay previsión de buen tiempo. Y a mediodía os preparo una paella ― dijo él.

A todos nos pareció genial la idea y quedamos en hacer eso. Poco después nos íbamos a la cama, cada pareja a su habitación. Mi madre no hizo ningún comentario sobre tener que compartir cama, ni para disimular, para ella era normal.

― Que descanséis ― dijo mi ex mirándome con una sonrisa y guiñando el ojo.

― Intentaremos relajarnos ― le respondí siguiendo el juego de ironías.

Al entrar en la habitación mi madre ya estaba medio desnuda y se ponía un camisón largo y nada sexy, pero se lo impedí y se tumbó completamente desnuda. Yo por mi parte me desnude y me metí así en la cama, si tenía que salir al baño ya me pondría los calzoncillos.

― No podemos hacer ruido ― me dijo mi madre con su voz algo borracha ―. No queremos que nos escuchen.

― Están al otro lado del comedor. Y seguro que tendrán su propia fiesta.

Mi madre tenía los ojos cerrados y estaba boca arriba, yo me coloque de lado hacia ella y saque uno de sus pechos para lamerlo. Ella no tardo en empezar a sentir y jadear como un gatito apretando mi cabeza hacia ella.

― Siempre sabes cómo darle gusto a mama. Que buen hijo tengo. No pares que me encanta.

A mi hacer esto realmente me pone muchísimo y tras lamer dos de mis dedos moví mi mano para llegar a su depilado sexo y empezar a masturbarla suavemente sobre su clítoris.

― Me encanta que me hagas esto. Cuanto tiempo perdido sin haber disfrutado más.

Yo ahora acerque mi cara a la suya y al bese con lengua amortiguando sus jadeos que subían de nivel. Me encantaba verla correrse suavemente, masturbarla lentamente y que llegara a un satisfactorio orgasmo, y después sintiéndola bien húmeda poder penetrarla y continuar dándole placer hasta correrme en el vientre que me llevó dentro. Para mí era la mujer perfecta, con unas curvas increíbles, guapa como pocas, pareciendo mucho más joven de lo que era y queriéndome incondicionalmente.

Estaba sintiendo como llegaba a un pico de placer cuando vi que la puerta se había abierto silenciosamente apenas lo justo para que alguien pudiera espiar. Supuse que mi ex había decidido espiarnos para satisfacer su morbo y pensaba darle un buen espectáculo.

― ¿Puedes ponerte de rodillas? Me encanta sujetarme a tus caderas.

Ella se tumbó boca abajo y arrastro el cuerpo hacia los pies de la cama, quedando de rodillas y con la cara sobre la cama. Yo agarrado a sus caderas con una mano, acerque mi pene a su vagina con la otra hasta dejarlo apoyado en la entrada sin meterlo.

― Métemelo hijo mío. Disfruta de tu mama caliente.

Como he dicho este tipo de lenguaje ya era un juego entre los dos para calentarnos.

Yo empecé a entrar lentamente, dejando que nuestra espía disfrutara del momento. Entraba un poco y volvía a salir casi completamente. El roce de su húmeda vagina me volvía loco y el morbo de saberme espiado aún más.

― Mi mama tiene un tremendo culo y me encanta disfrutarlo.

Ahora si empecé a bombear rápidamente, agarrado con fuerza a su cadera, como si con cada estocada la fuera a atravesar.

Unos largos minutos de bombeo en que reventaba de placer. Saque mi duro pene y lo acerque a la entrada de su culo.

― ¿Quieres correrte dentro? ― dijo ella entre suaves jadeos.

― Ya sabes que me encanta ― y aprete suavemente sobre su esfínter entrando la punta con casi el tiempo justo de sentir como me corría.

― Que calentito. Me encanta hacerte disfrutar tanto para ser una vieja.

― Una vieja muy atractiva como te dijo el vecino ― le dije esto porque días atrás un vecino le tiro los tejos, un hombre más joven que yo con el que quizás podríamos buscar un encuentro.

Saqué mi polla flácida y con dos dedos recogí mi propio esperma llevándoselo a la boca. Ella saco la lengua y lo lamio.

― Creo que vamos a dormir relajados. Al menos yo necesito tumbarme que me duele la espalda de estar así.

Ella se colocó el camisón y yo me tumbe junto a ella.

Ahora la puerta estaba cerrada y el espía se había marchado. Me gire abrazándome desnudo sobre su cuerpo, con una mano en su pecho y me quede dormido.

Me desperté sobre las ocho y me puse los pantalones para salir sin llamar la atención. En la cocina estaba Andrés haciendo unas tortitas y había olor a café terminado de hacer. No vi a mi ex por ninguna parte.

― Buenos días. Espero que pudierais dormir bien.

― Si, gracias. Yo ronco, pero ella no se despierta.

― Ella tampoco ― dijo haciendo un gesto hacia su habitación ―. Suele dormirse enseguida y a mí me cuesta más. Duermo poco.

En ese momento las puertas de las dos habitaciones se abrieron y ambas mujeres aparecieron en la sala casi a la vez. Mi madre bastante despeinada y mi ex con una cara mezcla de sueño y mal humor.

― Bueno señoras. Si desayunamos y nos vestimos podemos salir a caminar a la playa.

― Yo prefiero quedarme. Me duelen las rodillas ― dijo mi madre.

― Bueno quédese conmigo y hacemos la paella ― contesto Andrés sonriendo, a buen seguro deseando echarle un buen repaso a mi madre.

Finalmente, yo y mi ex salimos a caminar un rato. La verdad es que yo tampoco tenía muchas ganas y terminamos sentados en un garito de playa charlando largo y tendido sobre cómo nos iban las vidas respectivas ya que los dos teníamos problemas, ella porque no solucionaba conflictos de pareja y yo por mi nueva vida tras romper mi relación.

― Ya querría yo tener nuestra propia casa y no tener que compartir con la familia. Vivir con mis padres es complicado, pero no tenemos dinero para un piso propio.

― Pues casi te diría que es mejor que estar solo.

Ella rio y me miro con una sonrisa.

― ¿Solo? Por lo que me has contado has estado con tu madre, una ex, la vecina y por si fuera poco el hijo. Siempre has sido caliente y ya sospechaba yo con razón que un poco gay también.

― Tienes razón. Pero el sexo no es tener a alguien. Todo ello es algo que pasará.

― Pero encontraras a alguien.

― Estoy cansado. Te confieso que esta última ruptura ha sido una decepción porque creía que iba a funcionar.

― Seguro que la vida se recompondrá antes o después y tendrás a alguien. Un tío listo y trabajador. Te falta ser guapo ― dijo riendo.

― Estoy seguro de que tú también lograras superar tus problemas.

― Ojalá. Por cierto, que hemos dejado a estos dos solos. No sé si fiarme ― me dijo riendo ―. A ver si va a querer seducirlo.

La mire levantando las cejas sorprendido por su comentario.

― Cuando la he visto salir con ese camisón marcando todo no he podido evitar pensar que seguro que mi pareja la miraría.

― Suponiendo que le parezca atractiva.

― Todos los hombres piensan igual y sus tetas no pasan desapercibidas. Mejor tendremos que volver.

Pensé que ya no sería tan celosa como antes, pero al parecer si lo era aún un poco. Personalmente la idea de mi madre seduciendo a Andrés ni se me pasó por la cabeza.

Al llegar vimos que mi madre y él estaban fuera charlando animadamente. Él estaba con la paella y ella se había tumbado a tomar el sol con un bañador rojo muy moderno que poco dejaba a la imaginación, claro que tanta carne era difícil de disimular. No sé si lo había hecho a propósito para llamar la atención del hombre, aunque si era así no parecía lograr su objetivo porque él estaba concentrado en su cocina. En todo caso mi ex se mostró molesta por este hecho, pensando que ella le querría seducir como ya me había dicho.

― ¿Te gusta mi bañador nuevo? ― me preguntó ―. Mucho mejor que el antiguo.

― Desde luego. Este te queda muy bien ― me acerque a su oído ―. Y deja poquito a la imaginación.

Mientras tanto mi ex estaba ahora pegada a su pareja, los dos parecían hablar de algo, pero la cara de él se había vuelto seria y no parecía estar muy contento.

― Voy poniendo yo la mesa ― anunció ella.

Se fue para dentro sin mirar a nadie y volvió con todo lo necesario. Como la conocía sabía que estaba tensa por la situación, aunque creo que no tenía razón para ello.

― Creo que voy a ponerme cómoda ― dijo volviendo a entrar.

Al salir se había puesto un bañador negro precioso con un enorme escote y un pareo de colores a la cintura, realmente estaba espectacular. Si su pareja no se fijó en mi madre yo ahora si me fijé en ella y recorrí cada curva sintiendo mucho deseo por volver a acariciarlas.

He de decir que me costaba comer con dos mujeres así en la mesa, cada una en su estilo, físicamente muy distintas pero las dos atractivas. Una enfrente y otra a mi lado eran un magnífico espectáculo.

― Todo está muy bien y muy rico. Una pinta increíble que me hace la boca agua ― dije yo mirando a mi ex con sonrisa burlona ―. No esperaba esto.

― Me alegra mucho ― respondió el hombre ―. La paella me suele quedar muy bien.

― Pues está que me lo comería todo.

Mi ex ahora me miraba sonriendo picara sabiendo que mi comentario era por su bañador, que con solo dos tiras desde la cintura hasta el cuello apenas tapaban sus pezones. Mi madre estaba más pendiente de su plato y no parecía escucharme.

― Un poco de siesta y después a la fiesta de disfraces ― dijo mi ex jugando con su lengua entre sus labios ―. A ver de que os disfrazáis. Los nuestros ya están listos.

― Los nuestros también ― anunció mi madre ―. Pero tendréis que esperar.

― Ni yo sé lo que son ― comenté.

Terminada la comida y el café tanto mi madre como Andrés se fueron a dormir un poco, pero yo preferí quedarme fuera junto a mi ex.

― ¿Te gustó el show no?

― A que te refieres.

― Espiando anoche.

― Yo no espié nada. Estaba muy dormida.

― Pues alguien abrió la puerta anoche.

― ¿Mi pareja os miraba mientras dormíais? Seguro que quería mirar esas tetas.

― De hecho, estábamos teniendo sexo.

― Vaya, vaya. Así que este hombre se puso las botas a vuestra costa. No me dijo nada.

― Supongo que disfrutaría del momento. Mi madre a cuatro patas sobre la cama y yo a los pies. Se nos veía perfectamente desde la puerta.

― Si, creí escucharle en la cama hacer ruido y pensé que se masturbaba, pero cuando me giré parecía dormido.

― Quizás sí lo hizo mientras miraba. La vista merecía la pena.

― A mí también me habría dado morbo verlo. No me lo imagino.

― Ya sabes. En algún momento.

― Vete a hacer la siesta con ella y así lo veo. En serio.

Negue con la cabeza porque me parecía una tontería. Ella me insistió dándome un golpe en el brazo y con un gesto con la cabeza. Finalmente me decidí a entrar y meterme en la cama dejando la puerta abierta lo suficiente para que nos viera comodamente.

― Estoy cansada mi niño ― me dijo al sentirme desnudo abrazarla ―. Nunca tienes bastante.

Yo por toda respuesta me agarré más fuerte a ella y metí los dedos por dentro del bañador para tocar su vagina. Estaba seca, pero tras mojarla un poco con los dedos empezó a reaccionar.

― No me hagas mover mucho.

Me coloqué a su lado, subí una pierna y me metí entre ellas, apartando el bañador y empezando a meterla suavecito, lentamente, hasta sentir que no entraba más e iniciar un movimiento de entrada y salida.

― Ya le gustaría a tu ex sentir algo así de nuevo. Que grande la tiene mi niño. Me llenas toda.

― Ella tiene a su hombre. Yo ahora quiero darte gustito a ti.

― Pues disfruta de mama y córrete bien adentro que la sienta caliente.

No me costó mucho correrme, más sabiendo a mi ex mirando. Apenas terminar mi madre se dio media vuelta y se durmió y yo me levante para ir al baño, sin molestarme a taparme. Tras la puerta mi ex estaba de pie con sus dedos aun dentro de su bañador.

― ¿Te ha gustado?

― Juzga tú mismo ― y diciendo esto sacos sus dedos de su bañador dándomelos a probar.

Lamí con gusto sus dedos y ella me agarro el pene ya fláccido. Yo aproveché para meter la mano en el bañador y apretar uno de sus pechos. Durante un par de minutos nos dimos un apasionado morreo.

― Me voy a estirar a ver si tengo la misma suerte ― me dijo riendo ―. Gracias por el espectáculo privado.
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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 010


La tarde pasó sin mucho que contar. Mi ex y su pareja no parecían de buen humor y yo me dedique a leer en el porche mientras mi madre decía que quería pasear un poco y quizás ir a tomar un café al bar del camping.

Ya llegada casi las ocho volvíamos a estar todos y nos dispusimos a ponernos los disfraces. La fiesta de esa noche empezaba con una cena en el restaurante del camping y después se haría un baile y un concurso a los mejores disfraces.

― Aquí tienes lo tuyo ― me dijo mi madre dándome una bolsa bastante grande.

Cuál fue mi sorpresa al abrirla y encontrarme con un traje de mariachi y una pequeña guitarra que iba con el conjunto. El traje era negro y lleno de los típicos bordados en color plata.

― ¿De dónde ha salido esto?

― Me los ha prestado una amiga ― dijo riendo mientras sacaba de otra bolsa un vestido muy colorido y tradicional también de México.

― Vamos de pareja.

― De eso se trata. Le pregunte si tenía algo y me dijo que los tenia del último carnaval. Por suerte tanto ella como su marido son de talla grande como nosotros.

Mi madre se puso el vestido, teniendo que quitarse el sujetador porque los hombros quedaban al aire, pero el mismo vestido tenía unas gomas bajo el pecho que dejaban este en su sitio, aunque en su caso parecía que fuera a reventar. Luego se colocó una peluca negra de pelo muy largo. Estaba preciosa, nadie diría que era ella.

― Soy una mexicana autentica ― decía girando las caderas y haciendo volar la falda de un lado a otro.

― Estas preciosa.

Ella seguía bailando y canturreando mientras yo intentaba ponerme unos pantalones que me iban a reventar y una camisa que me quedaba muy amplia. Había unas botas, pero no me servían porque eran dos tallas menos y tuve que dejarme los zapatos que traía.

Salimos de la habitación y nos sentamos a esperar a mi ex y su pareja. Desde el comedor los oíamos de nuevo hablar en un tono algo agrio.

― Ya estamos listos ― anunció mi ex saliendo de la habitación con su habitual sonrisa y levantando los brazos en señal de victoria ―. Vaya, esto sí que es ir a juego. Y tú de mariachi con lo que a mí me gustan.

Ella vestía un vestido negro largo, guantes negros hasta el hombro y un sombrero muy alto con punta, terminando con una escoba pequeña en la mano, obviamente de bruja. El por su parte vestía camisa a cuadros y un sombrero de vaquero, se había puesto unos tejanos y unos retales de tela marrón hacían las veces de protectores para las piernas.

― Vaya que bien te queda el vestido ― dijo el mirando a mi madre que dejaba ver su enorme pecho por un amplio escote.

Yo por mi parte no dije nada, pero me había quedado embobado con mi ex. El vestido le quedaba muy bien y también lucía un amplio escote en punta casi hasta la barriga que mostraba sus bonitos pechos, de tamaño también bastante grandes, y los pezones marcados en una fina tela.

― Quizás que salgamos hacia allí ― dijo mi ex―. Hay que llegar pronto para tener buena mesa.

Todos nos dirigimos a la puerta y cinco minutos después estábamos llegando al restaurante que empezaba a llenarse ya. Los disfraces eran muy diversos y teníamos un poco de todo, algunos más trabajados y otros menos, incluso algunas personas no se habían disfrazado.

La cena fue un menú que no estaba mal y a un precio razonable. Lógicamente yo invite a cenar y el hombre dijo que invitaría después a la ronda de copas.

Tras la cena empezó un baile muy animado. Aquí no tardo nada Andrés en irse a bailar con mi madre, a quien le encanta, a mí no tanto, así que preferí quedarme sentado y charlar con mi ex.

― Con este ritmo de vida que llevas no creo que te busques pareja ― me dijo.

― Pues no creas. Echo de menos la vida de pareja.

― Pero te cuidan. Y te permite tener sexo cuando quieras y disfrutarlo mucho.

― Ya sabes que no todo es el sexo. Está claro que me gusta, pero quiero compartir más.

― Pues tienes a tu novia en la pista que ya hace el papel de pareja.

― Somos amantes y es algo que los dos sabemos que tendrá un final.

― Ella disfruta y tú también. Eso es lo importante.

― Y otras mirando.

Ella rio sonoramente.

― Es cierto. Hacía mucho que algo no me ponía tan cachonda. Que gusto me dio ver como disfrutabais. Que envidia.

― Pues ya sabes.

― ¿Vas a ponerle los cuernos a tu madre estando ella?

― No descartas la idea. Me gusta.

― Tengo buen recuerdo del sexo contigo. Y mi pareja es muy fría, tiene poca libido.

― No me digas dos veces que llevo toda la noche viéndote el escote y no dejo de pensar en comerte las tetas.

― Pues al lado de tu madre no son nada. Son normales.

― Pero igual me gustan. Me gustas tú.

― Pues yo quiero que el mariachi me cante algo y después si se lo gana ya veremos.

Quedaban claras las intenciones por las dos partes. Tendríamos que encontrar el momento para ello, pero seguro que iba a pasar algo.

Estuvimos al menos dos horas más y ellos tomaron algunas copas más. Yo no bebi más porque tampoco me gusta mucho, así que seguía serenos mientras ellos iban bastante bebidos.

― Creo que me tienes que llevar en brazos ― me dijo mi madre.

― Si, cierto. Mejor vamos volviendo.

― Me lo he pasado muy muy bien. Ese hombre es un encanto ― su voz era de borracha ―. Y creo que le gusto bastante porque no dejaba de mirarme las tetas.

― Es que son enormes mama.

― Bueno, pero tampoco se las voy a enseñar. Él tiene a su pareja y está muy sexy hoy.

― Si, lo está.

― Claro que sí. Ya sé que tú también querrías algo con ella.

― Puede ser.

― Cuidado que tiene pareja. Y tú me tienes a mi para lo que quieras.

Volvimos hasta el bungalow y mi madre se quedó dormida nada más caer sobre la cama, así que tuve que desnudarla como pude y la tapé con una sábana. Yo me quité el molesto disfraz y salí fuera a tomarme un refresco sentado en una hamaca de esas con toldo con solo unos pantalones cortos.

― ¿La princesa se ha dormido? ― preguntó la voz de mi ex saliendo por la puerta.

― Como un tronco. Ha bebido demasiado.

― Mi pareja también. No suele beber y hoy se ha pasado

Ella se sentó a mi lado. Llevaba una camiseta, sin sujetador y al sentarse vi unas bragas blancas.

― ¿Te gusta mirarme las piernas?

― Si te pones así a mi lado te miro entera.

― Ya no te gusto.

― Me gustas y mucho. Tienes esa voz y esa mirada tan sexy.

― Pero tienes otras mejores.

― Tu eres tú. Me gusta como eres.

― ¿Y qué te gusta de mí?

Por respuesta acerqué mi mano a su pierna y empecé a acariciarla de arriba abajo, subiendo hasta el límite de sus bragas.

― Cuidado que tengo pareja.

Yo no respondí y acerqué mis labios a los suyos besándola suavemente. Ella acerco su cara e iniciamos una serie de piquitos. Su mano se acercó ahora a mí y se puso sobre el límite de mis pantalones.

― Noto un bulto por aquí ― me dijo con una sonrisa pícara.

― Sabes de sobra que la estas provocando.

― Me gusta saber que te provoco eso.

Yo volví al ataque con los besos y pasé un dedo suavemente junto al elástico de las bragas metiéndolo en ellas y acercándome a los labios de su vagina, acariciándolos por encima sin entrar el dedo. Ella se apartó un momento y me miro seria.

― ¿Qué estás haciendo?

Yo me quedé parado sin saber que responder.

― Si quieres hacer que me corra quiero que me lo comas como seguro que se lo haces a ella. ¿A que sí que lo haces?

― A veces sí.

― Pues yo también quiero correrme así. También me gusta cómo me lo hacías y lo echo de menos. A mi pareja no le gusta mi sabor.

Yo no me hice de rogar demasiado y me coloqué entre sus piernas. Tras de mí una mesa de jardín con el mantel impedía a nadie que pasara por delante ver lo que sucedía.

― Vas a correrte toda para mí y voy a comérmelo todo ― le dije a la vez que estiraba de sus bragas quitándolas para tener menos molestias.

― Calla y ponte a lamer ― me ordenó mordiéndose el labio inferior ―. Yo también me he depilado porque sé que te gustan así.

Está claro que ella tenía la intención de llegar a ese punto. Ya la había visto con los pelos recortados, pero ver ese pubis completamente depilado aumentaba mucho mis ganas de comerlo. Abrir unos labios pequeños y cerrados y accedí con la lengua a su inflado clítoris, era evidente que estaba excitada, empezando a lamer con toda la velocidad que mi lengua me permitía y en momentos succionando con los labios. Uno de mis dedos y después dos se metieron en su vagina simulando una lenta penetración mientras mi otra mano por debajo de su camiseta buscaba su pecho y lo acariciaba con suavidad.

― Que ganas tenia de sentir algo así. No pares que me encanta.

Yo seguía mamando con ganas. Dar placer de esta forma es algo que me encanta y sentía como mi pene se ponía cada vez más duro. No negare que yo también tenía muchas ganas de correrme.

― Sí, sí, sí. Madre mía que ricoooo― dijo a la vez que sentí como sus flujos salían en abundancia acompañados de unos espasmos y movimientos de cadera indicando su orgasmo.

Ella agarro mi cabeza por los lados separándola de ella y haciéndome acercarme a su cara para besarme con pasión.

― Hoy voy a dormir a gusto gracias a ti.

― Me ha encantado hacerlo.

― Ahora me toca a mí. No puedo dejar que te marches así.

Ahora fue ella la que estaba frente a mí de rodillas y me quitaba los pantalones dejando al aire mi erecta polla.

― ¿Quieres que me la trague toda? ¿Cómo una niña buena que no se deja nada?

Yo solo asentí con la cabeza. Ella no dejaba de mirarme mientras se metía toda mi polla en su boca, hasta sentirla toda dentro y cerrar los ojos para concentrarse en entrarla y sacarla mientras la succionaba y jugaba con su lengua sobre ella. Me estaba volviendo loco, os juro que nadie me ha lamido nunca como ella lo hacía en ese momento y con esa energía y placer para los dos, porque ella disfrutaba de hacerme sentir casi tanto como yo de sentirlo.

― Quiero que me des la lechita. Tengo hambre. Espero que después de esta tarde quede bastante para mi ― dicho esto se la volvió a meter en la boca y a chupar con todas sus ganas.

No pude aguantar más de dos minutos antes de avisarla que estaba a punto de correrme. Su respuesta al sentir mi primer chorro fue clavársela completamente en la boca sin soltar nada. Mi corrida ciertamente no fue muy abundante. Ella lamió mi pene dejándolo limpio y se levantó acercándose a mi para darme un beso con lengua, sintiendo mi leche aun en su boca porque no se la había tragado.

― Se que te gusta probarla. Quiero ver como la compartes conmigo.

Yo la abracé con fuerza y metí mi lengua lo más que pude en su boca para robarle la leche caliente que quedaba en ella.

― Me ha encantado. Ahora si deberíamos de ir a dormir.

Yo hubiera querido seguir y follar con ella pero no parecía estar por la labor.

― Mañana vamos a tener un rato para los dos. Pero primero vas a descansar.

Me dio un suave beso en los labios y se fue hacia adentro dejándome allí.

Yo me quedé allí sentado unos minutos antes de irme también a la cama.

Mi madre estaba muy dormida, o eso parecía. Le di un suave beso y me quedé enseguida dormido hasta la mañana siguiente.

Al día siguiente mi madre estaba de mal humor o esa fue la sensación que me dio. Apenas un “buenos días” y un beso de compromiso antes de irse a duchar.

― Hoy podríamos ir a la playa ― propuso mi ex nada más verme ―. Hay una cala preciosa donde podemos ir cerca de aquí. Se puede ir en coche.

― Ir vosotros que yo estoy cansado y me duele la cabeza de anoche ― respondió su pareja.

― Pues me parece bien. Podemos ir los tres.

Mi ex hizo una mueca, supongo que esperando que fuéramos solo los dos.

― De momento voy a tomar un café o no me dormiré en la arena ― dije yo por desviar el tema.

Mi madre salió un poco después de la ducha con una toalla del baño que apenas si le tapaba. O los caídos pechos salían por arriba o el culo lo haría por abajo y quedaba abierta, por un lado.

― Disculpar que no encuentro otra toalla.

El hombre hizo un gesto de sorpresa mirando con los ojos muy abiertos y la boca también antes de reaccionar y salir a por una toalla a la habitación y volviendo unos segundos después. Mi madre volvió hacia el baño, no entiendo para que, porque ya estaba fuera, y volvió a salir ahora más tapada.

― Gracias. Que buen hombre. De los que no quedan.

Mi ex era evidente que no le gustaba que le hicieran ese tipo de comentarios a su pareja y se notaba en su cara.

― Mama, vamos a ir a la playa ahora. Es una cala, así que imagino que no querrás andar.

― Uis no. Mejor me quedo aquí relajada y ayudo con la comida.

El hombre que estaba fregando unos platos seguía mirándola con la misma cara de antes. La toalla mostraba alternativamente diferentes partes y casi podía decir que la había visto desnuda.

― Pues vámonos ya que se hace tarde y picará el sol ― dijo Miriam con evidente molestia por la exhibición de mi madre.

Mi ex y yo salimos de la casa. Una toalla cada uno y una pequeña nevera con bebidas por si acaso. Subimos en su coche, más pequeño que el mío, conduciendo ella, y salimos del camping a una velocidad imprudente para enfilar la carretera que había a la derecha. Tras unos tres kilómetros llegamos a un camino de tierra a la izquierda que también tomó a toda velocidad hasta casi meterse en unos bancos de arena.

― Hay que ver como le gusta a tu madre mostrar esas curvas ― dijo seria.

― Creo que se ven sin mucho esfuerzo.

― No, desde luego que mi chico las ha visto bien.

Estaba celosa al igual que antes lo hiciera conmigo ante cualquier mujer que pensara que había mirado.

― Eso no significa nada.

― Os ha visto follar y ahora ella se exhibe así. Seguro que estará cachondo.

― No pasara nada. Estaba enfadada y cansada.

― Será por vernos anoche.

― ¿Cómo?

― Cuando te estaba haciendo la mamada la vi como miraba desde la ventana. Quizás cree que no la vi. Supongo que no le gusta que se coman a su niño, o al menos que sea yo y no su amiga o la vecina.

― Tu y yo hemos sido pareja antes. Sabe que eso ya paso.

― Pero ahora eres suyo.

No quise decir más y preferí estirar la toalla. Mire alrededor y no había nadie. Ella a mi lado de pronto estaba agarrándome la mano y arrastrándome al mar. El agua estaba muy fría y el contacto fue impactante.

― Agárrame bien que no hago pie.

Yo la tenía sujeta por la cintura y la apreté junto a mí. Ella me miraba fijamente.

― ¿Por qué no me besas? Ahora estamos solos. Necesito relajar los nervios.

Acerque mi boca a la suya e iniciamos una batalla de lenguas primero rápido y después lentamente mientras sus manos estaban en mis hombros y las mías en sus caderas, una zona de su cuerpo que me volvía loco, notando esas curvas.

― ¿Anoche me hubieras follado? ¿Querías tenerme de nuevo?

Por toda respuesta moví una de sus manos a mi duro pene. Ella se mordió el labio y metió la mano en mi bañador agarrándolo con fuerza y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, dejando mi aparato a la altura de su vagina, apartando con los dedos su bañador y acercándose más para dejar la punta en la entrada.

― Métela. Dámela toda. Quiero sentir esta polla grande y dura. Quiero saber lo cachondo que te pongo. Disfruta de este coñito que necesita sentirte.

― No sabes cuanto hace que tengo ganas de esto. He soñado con ello ― y diciendo esto empecé a apretar entrando con cierta dificultad, porque el agua no ayuda a lubricar, pero su coño estaba muy abierto e igual de caliente que toda ella.

― Ahora eres mío totalmente. Estas aquí para darme placer.

Sentí como su mano se movía ahora hacia mi culo y de pronto sentí el tacto de uno de sus dedos en la entrada de mi ano.

― ¿Te gustaría ahora tener una polla aquí también verdad? Siempre supe que eras un poco bisexual.

― Si, me gusta que me metas el dedo y me gustan las pollas duras. ¿Eso te excita?

― Estoy casi segura que mi pareja también es un poco bisexual. Me daría morbo veros follar y comeros las pollas. Y que me folléis los dos a la vez.

La conversación servía para ponerme cada vez más caliente y ahora yo la metía con más fuerza, como si la quisiera partir en dos, hasta el fondo.

― Córrete. Córrete dentro y házmela sentir. Ahora eres mío. Dame esa lechita bien adentro. La quiero toda para mí.

En parte sabia que estaba implícito que era su forma de competir con mi madre y su desfile, pero eso poco me importaba porque esa mujer me estaba poniendo realmente loco.

― Toda tuya. Me corro dentro de ti ― le dije mientras ella metía un segundo dedo con fuerza en mi culo para mi total placer.

― Así me gusta ― dijo ella sintiendo mi esperma salir con fuerza dentro de ella.

Nos quedamos allí abrazados y saltando con las olas. Yo la seguía acariciando y ella seguía jugando con sus dedos en mi culo como si lo quisiera abrir más y más, dándome mucho placer.

― Aquí le voy a decir a mi pareja que te la meta y yo mirare como lo hace.

― ¿La tiene grande?

― No como tú, pero seguro que te dará gusto sentirla y que deje su leche dentro de ti.

― Me gusta la idea.

― Espera a la noche y veras. Tu mama hoy tendrá que esperar.

Ahora fui yo el que acerqué mi mano y también aprete un dedo sobre su culo.

― Este también será mío ― anuncié mientras sentía como relajaba el ano y me dejaba meter el dedo dentro y acercaba un segundo notando con alegría como dilataba.

― Como te gustan los culos. No dejas ni uno. A mi novio no le gusta hacerlo, pero no me importará que tú me la metas como solías hacer.

Estaba tan caliente que mi pene estaba poniéndose duro de nuevo, aun sin salir de ella.

― Ahora no. Tienes que reservar fuerzas.

Salimos del agua y estuvimos un rato en la arena tumbados. Un poco más allá una señora con el marido y los niños nos miraba con cara seria, como si hubiera visto lo que hacíamos en el agua o al menos lo intuyera por nuestras caras y jadeos que no habíamos disimulado en absoluto. El marido miraba a mi ex fijamente. Al tumbarse se dio cuenta que llevaba mal puesto el bañador y se veía su sexo, motivo por el que miraba la señora.

La vuelta a comer fue más relajada y a menor velocidad.

― ¡Ya volvimos cariño¡― anunció al entrar a su pareja.

― Hola mama ― saludé yo a mi madre que estaba sentada en el sofá leyendo.

Los dos nos respondieron de forma algo fría. Parecía que supieran que había pasado en la playa.

Ya regresando a casa, a la tarde siguiente mi madre me confesaría que buscaba poner caliente al hombre como venganza por la noche anterior, y que se había sentido molesta por lo visto, pero que este no había hecho caso, pese a dejar la puerta abierta para que la viera bien mientras se vestía.

― Soy una vieja. Nadie quiere algo así. Tuvo la oportunidad de tenerme sola para él.

― No lo eres. Eres una mujer muy guapa y para mi eres especial.

En todo caso aquel fin de semana es cierto que cambio cosas.

Quedaba una noche más antes de irnos y la propuesta de mi ex era clara, quería hacer un trio con los dos y eso era algo que me apetecía mucho. Quería sentirme penetrado de nuevo y quería follarme ese culazo del que tanto había disfrutado

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heranlu

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Con mi Madre de Casi 80 años - Capítulo 011

La comida estuvo entretenida y de nuevo decidimos hacer la siesta. Supuse que mi ex tenia intención de preparar a su pareja para lo que quería hacer y que seguramente se lo estaría contando, pero luego sabría que había decidido no contar nada hasta la noche. Yo estaba cansado y no busque a mi madre, me quede dormido junto a ella, agarrados los dos.

El resto de la tarde paso lentamente. Mi madre leyendo, porque decía que no se sentía bien, y yo junto a ella también leyendo. Mi ex y su pareja se fueron a dar una vuelta.

― Anoche parece que te dejaron a medias.

― ¿Cómo dices mama?

― Que te dejaron a medias.

― No te entiendo.

― Si lo sabes. Estabas deseando terminar por follártela y ella no te dejó. Me dio un poco de envidia, pero entiendo que es normal que ella aun te guste, está muy bien.

― Lo siento. No quería hacerte sentir mal ― dije acercándome en el sofá y abrazándola.

― Para nada. Me gusta verte disfrutar. Eres mi hijo y quiero todo lo mejor para ti.

Yo acerque mi boca a la suya y la bese con pasión. En ese momento el amor que sentía por ella era el de una pareja de enamorados.

― ¿Piensas follártela?

― Quiere hacer un trio. O más si tú quieres.

― No me importaría verlo, pero no se si participar. Creo que mejor dejaros solos.

― Tu me tienes cuando quieras ― le dije mientras acariciaba uno de sus enormes pechos.

― ¿Mi niño tiene hambre? ― dijo con voz melosa sacando un pecho abriendo la bata fina que llevaba puesta ―. Pues comete la teta que es tuya.

Yo lamía con ganas agarrado a ella y baje mi mano para meter suavemente un dedo en su cálida vagina como era mi costumbre. Ella me apretaba la cabeza contra su pecho y yo chupaba como un bebe intentando sacar la leche.

― No sabía que yo fuera tan cachonda. Pero me pones a mil con tocarme. Quiero que me folles ahora mismo ― me dijo bajito y parando al decir “folles” como si le diera corte decirlo.

No me hice de rogar y la estiré en el sofá con cariño poniendo un cojín para su cabeza, luego levante sus piernas un poco, las separé y me acerque para penetrarla apartando un poco sus bragas.

― Soy todo tuyo. Quiero darle placer a mi mama. Quiero que no te falte.

Ella solo respondió con unos suaves gemidos y un suave “siii” mientras yo la metía poco a poco, la mantenía un momento esperando que se adaptara y empezaba un lento movimiento. Ella apretaba con fuerza mi polla en ella, succionando como si fuera a tragársela con su vagina, como si quisiera que todo yo volviera dentro de ella. El placer y el morbo, por si volvían en ese momento, era enorme. Nuestros jadeos rítmicos y silenciosos, solo sintiendo el momento.

Unos minutos de gloria y empecé a sentir como estaba a punto de eyacular. Sus tímidos espasmos me hacían ver que tenia un suave orgasmo también. Apreté un par de veces con fuerza y sentí como me corría dentro de ella, quedándome quieto.

― Así da gusto leer.

― Me encantas.

― Gracias por darme tanto placer. Y espero que disfrutes esta noche. Yo creo que mejor descansaré.

De nuevo nos besamos con pasión y quedamos allí sentados abrazados dándonos besos y yo acariciando su aún medio desnudo cuerpo. No era su cuerpo, sino ella que me volvían loco de pasión. Ninguna jovencita me habría hecho sentir mejor.

Después de cenar mi madre se quejo de que no se sentía bien y que mejor se iría a dormir dejándonos a los tres solos.

― Disfruta de la noche ― me dijo al oído ―. Mañana me cuentas los detalles.

Yo le respondí con un beso en la mejilla y se marchó cerrando la puerta.

Mi ex estaba lanzada y decidida así que se fue a la habitación a cambiarse y volvió con un camisón corto negro que dejaba poco a la imaginación. Debajo no llevaba ropa interior y es que venia directa a la guerra.

― Caramba cariño ― dijo su pareja al verla ―. ¿Y esto?

― Siempre me dices que hay algo que te daría mucho morbo y es el momento de que lo tengas.

El hombre se quedó mirándola con la boca abierta. Supongo que sabia a que se refería, pero no debía creerse lo que tenía que pasar.

― Hoy quiero sentir mucho placer. Quiero disfrutar. Es un día especial.

Se acerco a su hombre y le bajo el pantalón empezando a masturbar su pene, haciendo que este se pusiera duro poco a poco, mientras apartaba la piel para lamer el glande con una maestría increíble. Él me miraba a mi como si se sintiera culpable. Yo también saqué mi pene y empecé a masturbarme lentamente.

― Acércate aquí ― me ordeno ella ―. Hoy sois míos los dos.

Me senté junto a él y ella dejo un momento la dura pollas de su hombre, sujetándola con la mano derecha, mientras con la izquierda me sujetaba a mí y se metía entre mis piernas, metiéndose toda la polla dura en su boca.

― ¿Has visto mi amor? ¿Te gusta verme así con otro hombre?

Asintió con la cabeza mientras no dejaba de mirar como ella seguía mamando.

― Estas dos pollitas son mías. Y van a darme mucho gustito.

Cambió de nuevo a su pareja mientras a mi me masturbaba lentamente. Así estuvo unos minutos intercambiando de una a la otra. No nos corrimos de milagro porque lo hacía genial.

― Ahora vamos a la cama. Quiero todo.

Nos cogió a cada uno de una mano y salimos hacia la habitación cerrando la puerta para no ser molestados u oídos.

― Estírate en la cama ― me ordenó.

Yo lo hice y ella se subió sobre mí, de espaldas a mi cara y mirando a su hombre que estaba de pie junto a la cama.

― Acercarte amor. Voy a clavarme esta rica polla y quiero comerme la tuya mientras tanto. Quiero que veas como disfruto. Querías ser un cornudo y vas a serlo.

Ella empezó a cabalgarme como nunca lo había hecho antes. Sus manos apoyadas en la cama, su culo clavándose con fuerza mi polla durísima y la de su pareja dentro de su boca completamente. Yo la agarré de la cintura y sincronicé mi movimiento con ella, haciéndolo el máximo de profundo posible.

― No te corras mi amor que para eso tengo otros planes.

Ahora se dio la vuelta y se tumbó sobre mi dándome un beso con lengua.

― ¿Te gusta el sabor de la polla de mi hombre? Seguro que quieres más.

Yo asentí. Estaba muy caliente y la cosa era increíble.

― Acércate amor.

El se acerco y se puso de rodillas sobre la cama acercando de nuevo su polla a mi ex, pero ahora ella se levanto un poco y la acerco a mi boca.

― Cómesela. Quiero ver como te tragas una buena polla.

Yo no me hice de rogar y agarré la polla del sorprendido hombre y me la metí hasta lo más hondo de mi boca, sintiendo en pocos segundos el calor de su eyaculación. Supongo que el calentón de la situación no le permitió resistir mucho. Saque mi lengua con toda la corrida sobre ella y mi ex se lanzo a besarme y a lamer con ganas.

― Que ganas tenia de veros hacer esto.

La cosa empezaba realmente caliente. Yo estaba por reventar, pero aún no me había corrido.

― Mira mi amor que bien hace las cosas mi ex ― le dijo ―. Ahora ponte tras de mi viendo como me follan y chúpame el culo. Hoy vas a ver algo nuevo.

El situado tras de ella empezó a lamer mientras ella continuaba una follada lenta evitando que me llegara a correr.

― Observa mi amor ― y dicho esto saco mi pene y lo coloco en la entrada de su culo ―. No sabes como le gustaba darme por el culo. Y hoy se ha ganado hacerlo de nuevo. Disfrútalo.

Yo sentí como mi polla entraba y empecé a bombear clavándola toda. Su culo seguía estando muy estrechito y que nadie lo había penetrado tras de estar conmigo. Esa sensación es indescriptible porque es el mejor culo que he probado.

― Córrete. Dámelo dentro. Vas a darme mucho hoy ― se giró entonces hacia atrás ―. Has visto mi amor que guarrilla soy. Espero que seas tu quien lo repita. Ahora van a darme una buena ración de leche calentita.

Sus palabras y la sensación de su culo hicieron el punto y me corrí con ganas, agarrándome con fuerza a sus caderas y clavándosela profundamente. Saque mi polla poco a poco mientras sentía como tras ella salía mi corrida. Ella me beso de nuevo jugando con nuestras lenguas.

― No recordaba lo rico que se siente. Me encanta.

El hombre seguía de pie junto a la cama.

― Acércate mi amor. Quiero que seas tu ahora quien me folle.

Su pene estaba aun flácido. Yo me acerqué a él de rodillas y sin decirle nada empecé a lamer, viendo cómo se ponía de nuevo bien duro.

― Mira que bien te la come mi ex ― decía ella que seguía a cuatro patas sobre la cama esperando que se la metieran ―. Vas a preferirle a él antes que a mí.

Estiré ahora de su dura polla y se la puse en la entrada de la vagina iniciándose una buena penetración. Los jadeos de ella no se hicieron esperar. Él ya se había corrido y ahora podría aguantar. Yo me pude de pie junto a ellos y mi ex se acercó agarrando mi flácido pene y llevándoselo a la boca.

― Dos tíos para mí. Que rico rico.

El tipo estaba realmente caliente y seguía bombeando con furia, pero sin llegar a correrse. Estoy seguro que ahora podría aguantar más.

Mi ex había tenido al menos dos buenos orgasmos y se dejo caer sobre la cama.

― Me toca disfrutar del espectáculo.

Dicho esto, se acercó a la mesita y saco un bote de crema.

― Ponte a cuatro sobre la cama ― me ordenó.

Yo hice lo que me pedía y ella me coloco crema en mi ano, sintiendo como metía un dedo y después dos dentro de mí.

― Quiero ver como te disfrutan ― y dicho esto beso a su hombre y le agarro su polla que seguía muy dura y la acerco a mi culo ―. Fóllatelo. Quiero ver como le castigas. Ha sido muy malo. Tienes que saber que esta mañana me ha follado en la playa sin tu permiso y anoche me comió el coño y me hizo comerle la polla.

No se si fue por esas palabras de ella, pero él se acercó a mí, coloco su pene en mi ano y agarrándose a mis caderas lo metió de una sola estocada, causándome bastante dolor. Yo no dije nada y él empezó un movimiento rápido, entrando todo lo que podía dentro de mí, dándome mucho gusto. Estaba disfrutando mucho y quería sentir la leche de un buen macho dentro, me estaba aficionando a ello.

Mi ex se había colocado frente a mí con las piernas abiertas y me indicó que le comiera el coño. Así que ahora tenia a su hombre follándome mientras yo le metía dos dedos y succionaba con fuerza su clítoris dándole placer que se traducía en sonoros jadeos.

― Dale fuerte. Córrete dentro de él.

Unos fuertes jadeos anunciaron que se estaba corriendo. No tarde en sentir su leche caliente y aprete mi culo para no dejar escapar nada.

― Así me gusta que disfrute mi hombre ― le dijo acercándose y agarrándole la polla aun medio erecta y con liquido colgando.

Se empezaron a besar con pasión y yo miraba desde la cama, tumbado boca abajo y con el culo bien caliente y abierto.

Ella se puso de rodillas frente a él y le empezó a lamer el pene flácido con pequeños golpes de lengua que recogían los restos de su eyaculación.

― Me falta la traca final amor. Quiero sentiros a los dos a la vez dentro de mí. Me muero por sentirme llena de placer.

El pene de los dos estaba reaccionando, el por sus lamidas y yo imaginando lo que vendría ahora.

― Ponte boca arriba ― me ordenó ―. Y baja hacia el borde de la cama.

Yo quedé con las piernas colgando y tumbado sobre la cama. Ella se subió a cuatro patas sobre mi quedando su coño abierto y caliente en contacto con mi polla. No hizo falta más que un gesto para que esta entrara completamente en ella. Sus ojos cerrados y su boca abierta jadeante expresaban el placer que sentía en ese momento.

― Mi amor. Ahora tienes que darme a mi por el culito. Nunca lo hiciste, pero hoy si lo vas a hacer porque es mi fantasía. Quiero sentiros a los dos. Métela y disfruta de mi culito que desde hoy será solo para ti.

El hombre no discutió y acercándose a nosotros sentí como metía la polla poco a poco dentro de ella. Casi parecía que nuestras pollas se tocaran porque podía sentir sus movimientos. Ella dio un tremendo jadeo y se mordió el labio.

― Moveos. Darme todo. Que gusto que siento.

El hombre empezó a moverse entrando y saliendo y yo intente sincronizarme con él, saliendo cuando el entraba. El placer era enorme y los tres estábamos jadeando y disfrutando del morboso momento. Nunca hubiera esperado esto de ella y me estaba encantando. Las penetraciones eran profundas y ella apretaba hacia atrás para que no saliéramos de ella.

― ¡Darme fuerte que me estoy corriendo! ¡Quiero sentir esa leche dentro!

Los dos aceleramos el ritmo, animados por los jadeos de ella en un orgasmo descomunal.

― Toma toda ― escuche que decía él quedándose apretado hacia ella y quieto. Ella le agarró para que no saliera aún.

Yo por mi parte dure uno o dos minutos antes de sentir también como me corría, abrazándome a ella y apretándola contra mí para entrar todo lo profundo que podía.

Tras esto nos estiramos los tres en la cama, cada hombre a un lado de ella y los tres boca arriba. Ella se giraba a uno y otro lado, agarrando los dos fláccidos penes y dándonos besos jugando con nuestras lenguas.

― Gracias a los dos por este momento. Ha sido genial.

― A ti que nos has sabido dirigir tan bien ― respondí yo besándola y acariciando su pecho ―. Y ahora creo que me toca retirarme y dejaros solos.

Ella asintió con la cabeza y lanzó un beso al aire mientras yo salía de la habitación. Había sido un rato increíble, pero tocaba que volvieran a la pareja ahora.

Mi madre estaba dormida cuando me metí en la cama, pero debía de tener el sueño ligero porque se despertó y se giró hacia mí.

― ¿Ha disfrutado mi niño?

― Ha estado muy bien. Lo hubieras pasado bien.

― No se hijo. De momento no me veo con otro hombre que no seas tu o tu padre. Quien sabe si algún día.

― Si algún día quieres estoy seguro que algún amigo querría.

― Tengo bastante contigo que me das cosas olvidadas ― dicho esto me besó con pasión durante unos largos minutos.

Yo la acariciaba sus pechos sobre el camisón y bajaba también subiendo la tela para tocar tu enorme culo, bastante más duro de lo que podría esperarse por su edad.

― Mañana es el último día aquí y espero que vayamos a la playa.

Yo asentí con la cabeza y me quedé dormido.

En el desayuno se respiraba un buen ambiente. El hombre intentaba no cruzar la mirada conmigo, quizás aún sin asimilar su experiencia homosexual conmigo y por el placer que eso le hubiera causado. Mi ex miraba a mi madre de forma cómplice, suponiendo que mi madre había hecho lo que había hecho para dejar el camino libre.

― Vamos a ir yo y mi hijo ― recalcó esto ultimo ― a la playa. Creo que me apetece un rato para los dos solos.

― Nos quedaremos aquí para limpiar y recoger. Después de comer la idea seria salir ― respondió mi ex.

― Hoy voy a hacer ensalada de pasta. No quiero manchar mucho ― añadió su pareja.

Así pues, mi madre y yo salimos en nuestro coche y la lleve hasta una playa cercana con mejor acceso que la cala. Ese día ya solo era puente en algunos sitios por lo que mucha gente se habría ido y el día estaba un poco nublado, cosa que no hacía apetecible el estar allí.

Estiramos las toallas y nos metimos en el agua donde empezamos a jugar tirándonos agua el uno al otro. Ella se lanzaba hacía mí avanzando a zancadas y yo intentaba jugar a retirarme hasta que tropecé y caí de culo dentro del agua y ella lo hizo sobre mí.

― ¿Estas bien? ― le pregunté.

― Perfectamente. Quiero quedarme aquí contigo y disfrutar de ti.

Los dos de rodillas dentro del agua nos empezamos a acariciar y a besar con la habitual pasión. Esa mujer conseguía ponerme más caliente que nadie antes, y de hecho pensaba en la lastima de no haber expresado mis sentimientos años antes. Ella quería que yo tuviera una pareja y a mí me resultaba difícil imaginarme estar sin ella, de hecho, seguía convencido de estar enamorado y de no tener ningún complejo ya por ello.

― ¿Qué te pasa?

― Que te quiero

― Yo también hijo. Y me gusta disfrutar de ti, pero tendrás que pensar en un futuro.

― Estoy bien ahora.

― Ahora estas conmigo y con más personas recuperando tu tiempo perdido sexualmente, pero más allá de eso me gustaría verte con alguien.

― ¿Y no te importará verme con otra?

― Lo he hecho muchos años. Y será lo mejor para ti. Y yo te compartiré con quien sea si tu quieres, pero siempre que sea nuestro secreto y que nadie salga herido.

La apreté contra mi besándola tan fuerte como si quisiera meterme dentro de ella.

Salimos a la arena y allí hicimos el amor, y lo digo así porque es como lo sentí. Simplemente el uno y el otro unidos como la primera noche de nuevo. Nos dimos placer y tuvimos placer unidos.

Apenas llegamos a la hora de comer. Nos duchamos y nos cambiamos de ropa ante la sonrisa cómplice de mi ex que suponía que habíamos hecho. Ella llevaba la ropa descolocada, así que supuse que no éramos los únicos.

Tras comer nos despedimos y quedamos en vernos en otro momento. Subimos al coche e iniciamos el retorno a casa.

― Mañana desayunamos si te parece. Compro el desayuno y vengo. Tu padre no está.

― Claro que si mi amor ― le respondí a mi madre ―. Siempre que tu quieras.

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