Esta historia se remonta a cuando yo, viviendo en casa de mis padres y siendo yo un adolescente común con las hormonas a tope, masturbándome constantemente como es lo normal a esas edades, sin haber tenido el más mínimo contacto con chicas de mi edad con siendo mi experiencia nula, pero mis mejores pajas eran leyendo los relatos en revistas del momento, me excitaban especialmente filiales con madres o familia cercana….
Resulta que un día mis padres me comunicaron que mis abuelos se venían a vivir con nosotros, ya eran mayores para estar en su casa aislada en un pueblo de Galicia y mi madre y mi tío se harían cargo repartiéndose sus cuidados a temporadas o mirando la opción de una residencia si no podían asumir el trabajo, esta última idea, la de la residencia, mis abuelos por las conversaciones que pude escuchar repudiaban completamente.
Cuando llegaron puedo juraros que no hubo ningún sentimiento lascivo hacia mi abuela, ella ya rondaba los ochenta y altos, era alta para su edad, totalmente canosa con el pelo corto, de complexión más bien delgada pero con unas caderas más anchas de lo normal, y con unos pechos seguro que bien caídos pero que seguro fueron unas buenas ubres en su juventud, de hecho mi abuela de joven por las fotos que vi, no era mujer especialmente atractiva aunque debía tener un buen cuerpo y parece que “cazó” a mi abuelo dejándose preñar según escuché decir en una conversación entre mis padres. Mi abuelo era el perfil típico de hombre de aldea, ya una sombra de sí mismo, pero tosco y muy machista hacia su mujer, en varias ocasiones le pillamos molestando a mi abuela intentando subirle la falda en su cuarto, en ese momento y pese a su impotencia (obviamente ni se le levantaba) tenía una mente muy calenturienta para su edad y posiblemente yo hubiese heredado algún gen de él.
Mis días pasaron con relativa normalidad salvo por no poder estar solo en casa como sucedía antes, ahora al volver a casa estaban mis abuelos y mi rutina pajillera al volver de clase se había finiquitado totalmente, alguna paja me hacía en el baño leyendo mis revistas pero con mis abuelos rondando ya no era lo mismo.
Sucedió que con la calentura subida de tono ante la falta de cómodo desahogo, comencé a mirar a mi abuela de otra manera, en una ocasión, mientras comían (hasta la tarde no llegaban mis padres de trabajar y yo comía solo con ellos), mi abuela se atragantó y me levanté a ayudarle, y sin apenas pensarlo una vez se recompuso le dije que iba demasiado apretada, siempre iba con la camisa abrochada hasta el último botón como buena cristiana y le comencé a desabrochar un par de botones, cogiéndola por un lateral e intuyendo que por esa zona había una teta, bien tapada y con muchas capas, pero teta… fue en ese momento que comencé a obsesionarme con mi abuela, así que solo pensaba en posibles maneras de cómo podría meterla mano o hacerme una paja bien cerca de ella, y así fue como en ocasiones cuando a lo mejor ella iba caminando por el pasillo o estaba en la cocina preparando algo de comer, mi calentura me hacía tocarme la polla brevemente a su lado aunque al poco comencé a tener la confianza o descaro de sacarme la polla para darme unos meneos detrás de ella, esa situación me ponía especialmente caliente.
Un día, mientras ella estaba sentada en el salón viendo la tele, me senté a su lado y me acurruqué junto a ella, teníamos una relación muy cariñosa y con confianza, así que le dije:
- Abuela, tengo un problema y me da vergüenza contárselo a mi madre, no sé si tú puedes ayudarme o decirme qué puedo hacer.
- ¿Qué te pasa, cariño? Cuéntaselo a tu yaya que seguro te puedo ayudar – mientras me acariciaba el pelo….
- Llevo días que a ratos me duele ahí abajo y no sé si debo ir al médico – miré hacia mi entrepierna con cara de víctima dolorida.
- ¿Pero te has dado algún golpe?
- No, solo me duele sin hacer nada, como ahora por ejemplo….
Mi abuelo estaba más afectado por la edad, se pasaba las noches suspirando por estar encerrado en un cuerpo decrépito mientras que por el día dormía principalmente por haberse pasado la noche anterior con sus quejas y lástimas, por eso mismo estaba en el salón con cierta tranquilidad a solas con mi yaya, y si por lo que fuese venía le escucharía con facilidad acercarse por el pasillo.
- A ver, bájate un momento los pantalones que te vea a ver si tienes algo raro.
No os imagináis como me iba el corazón, me iba a sacar la polla delante de una mujer por primera vez, me temblaban las manos cuando comencé a desabrocharme y cuando me bajé el slip mi polla apareció medio morcillona sin saber cómo actuar por los nervioso y por la excitación.
Mi abuela ante la aparición de una polla, aun sin estar del todo erecta, medio giró la cara, se le veía muy incómoda sin atreverse a mirarla directamente y me la cogió con dos dedos para levantarla y preguntarme si notaba dolor.
- ¿Te duele si te cojo del pellejo y te la levanto un poco?
- No, no es ahí el dolor, me duele un poco más abajo…
- Bájate un poco más los calzoncillos, anda – estaba la pobre superapurada y ahora no sabía cómo quitarse el problema de tener la polla de su nieto delante, así que me bajé los slips un poco más para que se viese mis testículos.
Alargó su mano para terminar la inspección cuanto antes y me toco suavemente los huevos por debajo, el morbo ya era total y la polla comenzaba a ponerse dura como jamás la había tenido.
- Sí, ahí me empieza el dolor, ahora me duele y me sube por “el tallo”, me duele mucho, yaya.
- ¿Por aquí? – Me agarro suavemente la polla y en ese momento creo que fue consciente de lo que tenía delante.
- Por dios, como tienes esto, hijo mío, súbete el pantalón que no te veo ningún golpe, anda.
Pero fue en ese momento, estando yo caliente como pocas veces había estado, llevé mi mano hacia la suya y sin hacerle excesiva presión, me aseguré que no me soltase mi polla, y comencé a mover las caderas sutilmente, lo suficiente para notar la presión al llegar su mano a mi capullo, y a los pocos movimientos llegué a un orgasmo brutal, comenzando a correrme y a soltar leche delante de mi abuela, sentada delante de mi polla, sin apenas reaccionar ante la sorpresa de mi eyaculación, cayendo mi semen sobre su falda....
- Virgen santa, perdona hijo mío, ha sido sin querer, lo siento….
Mi abuela se debía pensar que yo llevé mi mano para apartarle la suya pero que quizás la naturaleza había provocado mi corrida, después de todo había sido ella la que había llegado a agarrarme el tronco de mi polla.
- Abuela, ¿¿qué me has hecho?? – le dije con aparente consternación
- Nada, cariño, deja que limpie todo esto, perdona por tocarte ahí pero no me esperaba esa reacción…. Ay, lo siento….
Me metí la polla dentro del slip todavía goteando leche, sin apenas decirle nada me abroché y me fui a mi cuarto, había salido redondo el haberme corrido delante de las narices de mi abuela y que encima ella se pensase que había sido por un error suyo…. ¡si supiese las corridas que llevaba a su salud!
En mi cuarto yo seguía en mi nube particular recordando lo que me acababa de pasar cuando entró mi abuela en la habitación preocupada por mí.
- Cariño, ¿estás bien? ¿Necesitas algo?
- No, no sé qué ha sido lo que ha pasado, abuela, luego cuando venga mamá hablaré con ella, ¿vale?
La cara se le cambió totalmente a mi abuela.
- Mejor no se lo cuentes, cariño, por no preocuparla, si necesitas algo se lo dices a tu abuela, ¿vale?
Posiblemente en su cabeza corría el pensamiento de cómo se lo tomaría mi madre si se enterase que había pajeado, fuese por accidente o no, a su tierno hijito, ya llevaban varios meses con nosotros y mis padres estaban agotados especialmente por los cuidados de mi abuelo y sus molestas noches.
- Vale, abuela, no se lo diré.
Y así se zanjó el tema ese día, más tarde me acurruqué con mi abuela de nuevo y me dejé hacer cariños en el pelo por sus manos, pensando en cómo iba a aprovechar lo ocurrido ese día.
Al cabo de tres días, tras varias pajas recordado ese momento, decidí pasar a la acción y aprovecharme, así que una tarde me senté junto a ella, de nuevo mi abuelo seguía durmiendo en su habitación, y mientras ella veía la tele me saqué mi polla que estaba bien dura y comencé a meneármela.
- Pero hijo, ¿¿qué estás haciendo?? ¡Guárdate eso ahora mismo, dios bendito!
- ¿Porqué? El otro día cuando me la tocaste me gustó mucho y ahora me da mucho gusto… - le contesté mientras seguía meneándomela y mirándola a la cara.
- Pero eso lo puedes hacer cuando no haya nadie, es una guarrada hacerlo conmigo delante…. Voy a tener que hablar con tu madre cuando llegue luego….
- Díselo si quieres, tú me has enseñado a tocarmelo hasta que sale eso blanco…. – yo me hacía el ingenuo delante de ella.
Tras esa contestación enmudeció y continuó viendo la tele, sin desviar la mirada de la pantalla, hasta que poco después de mis meneos comencé a soltar una buena cantidad de leche que acabó principalmente en mis pantalones, ahí entonces no puedo evitar mirar.
- Virgen santa, eres un guarro, mira cómo te has puesto…
Mi polla estaba semiflácida y toda la leche repartida alrededor de ella, yo ni le contesté, me limité a abrocharme y me fui a cambiarme de ropa.
Había sido genial, me había hecho una paja delante de mi abuela y ella se había tenido que aguantar los ascos y reproches, así que comencé a hacerme pajas a su lado aprovechando cuando no estaba mi abuelo, me corría a su lado sin que ella pusiese muchas pegas salvo decirme que era un guarro o que eso no se tocaba delante de una mujer casada…. Lo mejor era soltar la leche mientras me lo decía, se callaba a media palabra al ver los chorros de leche salir de mi polla… incluso pasé a hacerlo si ella estaba en la cocina, acerándome a su lado con la polla fuera y comenzaba a menearla hasta la corrida, que generalmente soltaba encima de la encimera, luego yo mismo lo limpiaba para irme sin decirle nada, aunque en una de las últimas ocasiones, tras soltar todo mi semen decidí guardarme la polla e irme dejando mi corrida en la encimera. Luego volví a pasarme y mi abuela lo había dejado todo bien limpio.
Ya después de unas cuantas pajas me envalentoné y mientras me tocaba comencé a hablarle o a cogerle de la cintura o poner una mano en su pierna, le molestaba mucho.
- No me toques, guarro, que me mancharás, mételo dentro, anda.
- No puedo, yaya, mira que gorda se me ha puesto la polla… me gusta mucho, yaya, mira como me sale la leche otra vez…
- Cerdo, eso es pecado, como se entere tu madre ya verás…
- Calla que esto es culpa tuya - le dije molesto, y me levanté y coloqué delante de ella.
- Mira, así verás mejor como se corre tu nieto, yaya….
- Virgen santa, no me pongas eso delante, guarro….
Y comencé a soltar leche ante su mirada, ahora sí que prestaba atención a cómo me salía leche aunque ponía cara de asco.
- Así, cállate y mira cómo me corro…. Mira que tocarle la polla a tu nieto…. Eso sí que es pecado, y encima me insultas por haberte comportado como una guarra. – y mientras se lo decía le iba salpicando la falda y la blusa con mi leche hasta que solté la última gota.
- Anda, ve a limpiarte antes de que te vea tu marido o tu hija – le decía sin apartarme de delante de ella con la polla todavía en mi mano mientras se desinfalba.
Me excitaba un montón ver como se callaba cuando yo me ponía gallito, me imaginaba todos los años que estando con su marido le habían dejado un rol sumiso en la intimidad a base de resignación, seguramente mi abuelo se la follaba siempre que le daba la gana y ella se debía limitar a dejarse meter la polla.
Y así me seguía pajeando cada vez con más ganas de más, de tocarla o de conseguir que me tocase ella, humillarla me excitaba de sobremanera y necesitaba seguir apretándole un poco más a ver cómo reaccionaba, el caso es que comencé a dejar pañuelos de papel estratégicamente colocados por el sofá, mientras me meneaba la polla en sus narices y veía que se acercaba el momento del orgasmo le pedía que me pasase los pañuelos para no llenarlo todo de leche, al principio los cogía y me los daba, yo ponía el pañuelo delante de mi glande para recibir la corrida, pero luego comencé a pedirle que fuese ella quien lo hiciese.
- Vamos, abuela, voy a soltar la leche, coge un pañuelo y ábrelo que voy a enseñarte mi corrida de nuevo.
- No me tires eso encima que ya es suficiente soportar que te toques tu cosa delante de mí.
- Pues abre el pañuelo, corre, que la echo ya así no te mancharé nada.
Ella estiró el brazo con el pañuelo abierto pensando que me lo podía dar pero dirigí mi polla delante de su mano y comencé la corrida, ella instintivamente al ver cómo salía la leche la capturó pegando casi su mano a mi polla.
- Pero mira todo lo que sacas… cerdo, esto deberías guardarlo para las chicas de tu edad y no echarlo delante de una vieja.
Después de la corrida y tras pasar unos segundos delante de ella viendo cómo se me deshinchaba le dije - Ves a la cocina y tira el pañuelo – y sin protestar se levantó y fue a tirarlo.
Resulta que un día mis padres me comunicaron que mis abuelos se venían a vivir con nosotros, ya eran mayores para estar en su casa aislada en un pueblo de Galicia y mi madre y mi tío se harían cargo repartiéndose sus cuidados a temporadas o mirando la opción de una residencia si no podían asumir el trabajo, esta última idea, la de la residencia, mis abuelos por las conversaciones que pude escuchar repudiaban completamente.
Cuando llegaron puedo juraros que no hubo ningún sentimiento lascivo hacia mi abuela, ella ya rondaba los ochenta y altos, era alta para su edad, totalmente canosa con el pelo corto, de complexión más bien delgada pero con unas caderas más anchas de lo normal, y con unos pechos seguro que bien caídos pero que seguro fueron unas buenas ubres en su juventud, de hecho mi abuela de joven por las fotos que vi, no era mujer especialmente atractiva aunque debía tener un buen cuerpo y parece que “cazó” a mi abuelo dejándose preñar según escuché decir en una conversación entre mis padres. Mi abuelo era el perfil típico de hombre de aldea, ya una sombra de sí mismo, pero tosco y muy machista hacia su mujer, en varias ocasiones le pillamos molestando a mi abuela intentando subirle la falda en su cuarto, en ese momento y pese a su impotencia (obviamente ni se le levantaba) tenía una mente muy calenturienta para su edad y posiblemente yo hubiese heredado algún gen de él.
Mis días pasaron con relativa normalidad salvo por no poder estar solo en casa como sucedía antes, ahora al volver a casa estaban mis abuelos y mi rutina pajillera al volver de clase se había finiquitado totalmente, alguna paja me hacía en el baño leyendo mis revistas pero con mis abuelos rondando ya no era lo mismo.
Sucedió que con la calentura subida de tono ante la falta de cómodo desahogo, comencé a mirar a mi abuela de otra manera, en una ocasión, mientras comían (hasta la tarde no llegaban mis padres de trabajar y yo comía solo con ellos), mi abuela se atragantó y me levanté a ayudarle, y sin apenas pensarlo una vez se recompuso le dije que iba demasiado apretada, siempre iba con la camisa abrochada hasta el último botón como buena cristiana y le comencé a desabrochar un par de botones, cogiéndola por un lateral e intuyendo que por esa zona había una teta, bien tapada y con muchas capas, pero teta… fue en ese momento que comencé a obsesionarme con mi abuela, así que solo pensaba en posibles maneras de cómo podría meterla mano o hacerme una paja bien cerca de ella, y así fue como en ocasiones cuando a lo mejor ella iba caminando por el pasillo o estaba en la cocina preparando algo de comer, mi calentura me hacía tocarme la polla brevemente a su lado aunque al poco comencé a tener la confianza o descaro de sacarme la polla para darme unos meneos detrás de ella, esa situación me ponía especialmente caliente.
Un día, mientras ella estaba sentada en el salón viendo la tele, me senté a su lado y me acurruqué junto a ella, teníamos una relación muy cariñosa y con confianza, así que le dije:
- Abuela, tengo un problema y me da vergüenza contárselo a mi madre, no sé si tú puedes ayudarme o decirme qué puedo hacer.
- ¿Qué te pasa, cariño? Cuéntaselo a tu yaya que seguro te puedo ayudar – mientras me acariciaba el pelo….
- Llevo días que a ratos me duele ahí abajo y no sé si debo ir al médico – miré hacia mi entrepierna con cara de víctima dolorida.
- ¿Pero te has dado algún golpe?
- No, solo me duele sin hacer nada, como ahora por ejemplo….
Mi abuelo estaba más afectado por la edad, se pasaba las noches suspirando por estar encerrado en un cuerpo decrépito mientras que por el día dormía principalmente por haberse pasado la noche anterior con sus quejas y lástimas, por eso mismo estaba en el salón con cierta tranquilidad a solas con mi yaya, y si por lo que fuese venía le escucharía con facilidad acercarse por el pasillo.
- A ver, bájate un momento los pantalones que te vea a ver si tienes algo raro.
No os imagináis como me iba el corazón, me iba a sacar la polla delante de una mujer por primera vez, me temblaban las manos cuando comencé a desabrocharme y cuando me bajé el slip mi polla apareció medio morcillona sin saber cómo actuar por los nervioso y por la excitación.
Mi abuela ante la aparición de una polla, aun sin estar del todo erecta, medio giró la cara, se le veía muy incómoda sin atreverse a mirarla directamente y me la cogió con dos dedos para levantarla y preguntarme si notaba dolor.
- ¿Te duele si te cojo del pellejo y te la levanto un poco?
- No, no es ahí el dolor, me duele un poco más abajo…
- Bájate un poco más los calzoncillos, anda – estaba la pobre superapurada y ahora no sabía cómo quitarse el problema de tener la polla de su nieto delante, así que me bajé los slips un poco más para que se viese mis testículos.
Alargó su mano para terminar la inspección cuanto antes y me toco suavemente los huevos por debajo, el morbo ya era total y la polla comenzaba a ponerse dura como jamás la había tenido.
- Sí, ahí me empieza el dolor, ahora me duele y me sube por “el tallo”, me duele mucho, yaya.
- ¿Por aquí? – Me agarro suavemente la polla y en ese momento creo que fue consciente de lo que tenía delante.
- Por dios, como tienes esto, hijo mío, súbete el pantalón que no te veo ningún golpe, anda.
Pero fue en ese momento, estando yo caliente como pocas veces había estado, llevé mi mano hacia la suya y sin hacerle excesiva presión, me aseguré que no me soltase mi polla, y comencé a mover las caderas sutilmente, lo suficiente para notar la presión al llegar su mano a mi capullo, y a los pocos movimientos llegué a un orgasmo brutal, comenzando a correrme y a soltar leche delante de mi abuela, sentada delante de mi polla, sin apenas reaccionar ante la sorpresa de mi eyaculación, cayendo mi semen sobre su falda....
- Virgen santa, perdona hijo mío, ha sido sin querer, lo siento….
Mi abuela se debía pensar que yo llevé mi mano para apartarle la suya pero que quizás la naturaleza había provocado mi corrida, después de todo había sido ella la que había llegado a agarrarme el tronco de mi polla.
- Abuela, ¿¿qué me has hecho?? – le dije con aparente consternación
- Nada, cariño, deja que limpie todo esto, perdona por tocarte ahí pero no me esperaba esa reacción…. Ay, lo siento….
Me metí la polla dentro del slip todavía goteando leche, sin apenas decirle nada me abroché y me fui a mi cuarto, había salido redondo el haberme corrido delante de las narices de mi abuela y que encima ella se pensase que había sido por un error suyo…. ¡si supiese las corridas que llevaba a su salud!
En mi cuarto yo seguía en mi nube particular recordando lo que me acababa de pasar cuando entró mi abuela en la habitación preocupada por mí.
- Cariño, ¿estás bien? ¿Necesitas algo?
- No, no sé qué ha sido lo que ha pasado, abuela, luego cuando venga mamá hablaré con ella, ¿vale?
La cara se le cambió totalmente a mi abuela.
- Mejor no se lo cuentes, cariño, por no preocuparla, si necesitas algo se lo dices a tu abuela, ¿vale?
Posiblemente en su cabeza corría el pensamiento de cómo se lo tomaría mi madre si se enterase que había pajeado, fuese por accidente o no, a su tierno hijito, ya llevaban varios meses con nosotros y mis padres estaban agotados especialmente por los cuidados de mi abuelo y sus molestas noches.
- Vale, abuela, no se lo diré.
Y así se zanjó el tema ese día, más tarde me acurruqué con mi abuela de nuevo y me dejé hacer cariños en el pelo por sus manos, pensando en cómo iba a aprovechar lo ocurrido ese día.
Al cabo de tres días, tras varias pajas recordado ese momento, decidí pasar a la acción y aprovecharme, así que una tarde me senté junto a ella, de nuevo mi abuelo seguía durmiendo en su habitación, y mientras ella veía la tele me saqué mi polla que estaba bien dura y comencé a meneármela.
- Pero hijo, ¿¿qué estás haciendo?? ¡Guárdate eso ahora mismo, dios bendito!
- ¿Porqué? El otro día cuando me la tocaste me gustó mucho y ahora me da mucho gusto… - le contesté mientras seguía meneándomela y mirándola a la cara.
- Pero eso lo puedes hacer cuando no haya nadie, es una guarrada hacerlo conmigo delante…. Voy a tener que hablar con tu madre cuando llegue luego….
- Díselo si quieres, tú me has enseñado a tocarmelo hasta que sale eso blanco…. – yo me hacía el ingenuo delante de ella.
Tras esa contestación enmudeció y continuó viendo la tele, sin desviar la mirada de la pantalla, hasta que poco después de mis meneos comencé a soltar una buena cantidad de leche que acabó principalmente en mis pantalones, ahí entonces no puedo evitar mirar.
- Virgen santa, eres un guarro, mira cómo te has puesto…
Mi polla estaba semiflácida y toda la leche repartida alrededor de ella, yo ni le contesté, me limité a abrocharme y me fui a cambiarme de ropa.
Había sido genial, me había hecho una paja delante de mi abuela y ella se había tenido que aguantar los ascos y reproches, así que comencé a hacerme pajas a su lado aprovechando cuando no estaba mi abuelo, me corría a su lado sin que ella pusiese muchas pegas salvo decirme que era un guarro o que eso no se tocaba delante de una mujer casada…. Lo mejor era soltar la leche mientras me lo decía, se callaba a media palabra al ver los chorros de leche salir de mi polla… incluso pasé a hacerlo si ella estaba en la cocina, acerándome a su lado con la polla fuera y comenzaba a menearla hasta la corrida, que generalmente soltaba encima de la encimera, luego yo mismo lo limpiaba para irme sin decirle nada, aunque en una de las últimas ocasiones, tras soltar todo mi semen decidí guardarme la polla e irme dejando mi corrida en la encimera. Luego volví a pasarme y mi abuela lo había dejado todo bien limpio.
Ya después de unas cuantas pajas me envalentoné y mientras me tocaba comencé a hablarle o a cogerle de la cintura o poner una mano en su pierna, le molestaba mucho.
- No me toques, guarro, que me mancharás, mételo dentro, anda.
- No puedo, yaya, mira que gorda se me ha puesto la polla… me gusta mucho, yaya, mira como me sale la leche otra vez…
- Cerdo, eso es pecado, como se entere tu madre ya verás…
- Calla que esto es culpa tuya - le dije molesto, y me levanté y coloqué delante de ella.
- Mira, así verás mejor como se corre tu nieto, yaya….
- Virgen santa, no me pongas eso delante, guarro….
Y comencé a soltar leche ante su mirada, ahora sí que prestaba atención a cómo me salía leche aunque ponía cara de asco.
- Así, cállate y mira cómo me corro…. Mira que tocarle la polla a tu nieto…. Eso sí que es pecado, y encima me insultas por haberte comportado como una guarra. – y mientras se lo decía le iba salpicando la falda y la blusa con mi leche hasta que solté la última gota.
- Anda, ve a limpiarte antes de que te vea tu marido o tu hija – le decía sin apartarme de delante de ella con la polla todavía en mi mano mientras se desinfalba.
Me excitaba un montón ver como se callaba cuando yo me ponía gallito, me imaginaba todos los años que estando con su marido le habían dejado un rol sumiso en la intimidad a base de resignación, seguramente mi abuelo se la follaba siempre que le daba la gana y ella se debía limitar a dejarse meter la polla.
Y así me seguía pajeando cada vez con más ganas de más, de tocarla o de conseguir que me tocase ella, humillarla me excitaba de sobremanera y necesitaba seguir apretándole un poco más a ver cómo reaccionaba, el caso es que comencé a dejar pañuelos de papel estratégicamente colocados por el sofá, mientras me meneaba la polla en sus narices y veía que se acercaba el momento del orgasmo le pedía que me pasase los pañuelos para no llenarlo todo de leche, al principio los cogía y me los daba, yo ponía el pañuelo delante de mi glande para recibir la corrida, pero luego comencé a pedirle que fuese ella quien lo hiciese.
- Vamos, abuela, voy a soltar la leche, coge un pañuelo y ábrelo que voy a enseñarte mi corrida de nuevo.
- No me tires eso encima que ya es suficiente soportar que te toques tu cosa delante de mí.
- Pues abre el pañuelo, corre, que la echo ya así no te mancharé nada.
Ella estiró el brazo con el pañuelo abierto pensando que me lo podía dar pero dirigí mi polla delante de su mano y comencé la corrida, ella instintivamente al ver cómo salía la leche la capturó pegando casi su mano a mi polla.
- Pero mira todo lo que sacas… cerdo, esto deberías guardarlo para las chicas de tu edad y no echarlo delante de una vieja.
Después de la corrida y tras pasar unos segundos delante de ella viendo cómo se me deshinchaba le dije - Ves a la cocina y tira el pañuelo – y sin protestar se levantó y fue a tirarlo.