Como en Juego de Tronos entre Hermanos

heranlu

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—Date prisa! - grito mi hermana desde la cocina.

Apenas las palomitas habían empezado a hacerse.

-¡Dos minutos!

Era sábado noche y por primera vez en mucho tiempo habíamos decido quedarnos en casa. Posiblemente hace unos meses, mi hermana y yo no hubiéramos concebido un plan de sábado como este, pero la tormenta, la resaca y la falta de dinero nos habían acabado por obligar a aceptarlo. La noche anterior había resultado fatal para ambos. La fiesta a la que fuimos invitados ofrecía barra libre y aquello terminó por arruinarnos la noche. Yo, por un lado, había vuelto a casa a las diez de la mañana sin saber muy bien cómo, mi hermana al parecer llegó todavía más tarde. Nuestros padres no se tomaron muy bien tanto desfase y la bronca que tuvimos por la mañana fue otro de los alicientes para no salir.

—¿Qué hiciste anoche? — había preguntado a mi hermana durante la comida

—No lo sé, pero creo que prefiero seguir sin saberlo.

—¿Dormiste con alguien?

—Jaime por Dios...

Me reí y no hable más del tema.

Ambos teníamos una relación excelente, éramos mellizos y por suerte o por desgracia llevábamos toda la vida compartiendo grupo de amigos. Aquello había supuesto para ambos una relación bastante sana, donde quizás, nos contábamos y confiábamos más de lo que suelen hacer los hermanos.

—¿Vas a venir o qué? — oí que volvía a gritar mi hermana

Sacudí la cabeza. Absorto en mis pensamientos descubrí que el pitido del microondas debía de haber sonado hace rato. Cogí las palomitas y fui al salón.

—Creo que al final se nos ha quedado buen plan — dije viendo como los ojos grises de mi hermana brillaban al ver el bol.

—Me siento como una vieja — contestó ella haciéndome hueco en el sofá — Un sábado noche en casa viendo una serie... es un poco deprimente.

—¿Deprimente? No creo que se te ocurra una persona más interesante que yo para pasar la noche, Carla

—Oh, querido hermanito, se me ocurren cientos — respondió sacándome la lengua.

—¿Cómo el de anoche quizás?

Carla se puso roja y me dio un suave puñetazo en el hombro.

—Eres idiota.

Cogí el mando y encendí la televisión. Habíamos estado toda la tarde debatiendo que podíamos ver. Comparamos series, películas y algunos documentales hasta que finalmente y tras muchas discusiones decidimos ver Juego de Tronos, éramos de esos ratos que aún no la habían visto.

—Bueno, qué, ¿preparada para ver mucha sangre?

—Sí, dale al play.

Apagué la luz del salón y empecé el episodio.

No tardamos en sentirnos totalmente sumergidos en el universo y ninguno de los dos quitaba ojos de la pantalla. Nos bastaron un par de miradas cómplices para saber que habíamos acertado decidiendo esta serie y que todos aquellos los que nos la habían estado recomendando durante tanto tiempo tenían razón. Es cierto que la cantidad de personajes hacía que resultase realmente confuso, pero ya estábamos avisados.

—¿Quién es ese? — pregunté

—El hermano de la reina, de la rubia que ha salido antes.

—¿Estas segura?

—Sí.

Los escenarios, los diálogos, los escenarios... todo era realmente increíble.

Estábamos acabando el capítulo cuando apareció la escena, para mí, más confusa del episodio. Bran, el niño norteño, trepaba una muralla hasta llegar a una ventana. En ese momento, tuve que concentrarme para entender que pasaba, pues aquello que vi me perturbó casi tanto como al niño. La reina yacía a cuatro patas, mientras que su supuesto hermano la fornicada. Sentí un escalofrío en la entrepierna y miré a mi hermana que parecía igual de incomoda que yo.

—¿No eran...?

—Hermanos, sí.

Jaime empujó al muchacho por la torre y con ello terminó.

—Bueno, ¿qué te ha parecido?

Tuve que aclararme la garganta, aquella última escena me había dejado helado.

—Tiene toda la pinta que nos vamos a enganchar a esta serie. Es buenísima.

—Yo también lo creo.

Era algo inquietante que aquellas últimas imágenes me hubiesen impactado tanto, Carla no parecía estar dándole tanta importancia, y sin embargo, yo estaba chocado. Lo que debería de haber sido algo perturbador, me había producido una extraña excitación. Sabía la cultura morbosa que rodeaba al incesto en el porno, pero jamás me había sentido si quiera tentado a ver alguno de esos videos. Tras ver aquella escena una desconocida curiosidad revoloteaba en mi mente.

—Bueno, creo que me voy a la cama, estoy agotada — dijo mi hermana levantándose del sofá.

—¿No te apetece ver otro?

—Mejor lo dejamos para mañana, buenas noches — me dio un beso en la mejilla y desapareció escaleras arriba.

La escena seguía atacando mis pensamientos y esperé a que Carla subiese a su cuarto para volver a poner la escena. Bajé el volumen y disfruté de nuevo de ver como Jaime Lannister se lo hacía con su hermana. Esta vez no pude controlar la erección y me sentí realmente sucio. Traté de autoconvencerme de que aquello no era más que ficción y tras oír como mi hermana cerraba la puerta de su habitación comencé a masturbarme. Mientras lo hacía caí en la cuenta de lo parecidos que éramos. Cersei era rubía como Carla, delgada y con caderas, mientras que Jaime, era rubio y llevaba el mismo corte de cabello que yo. Paré al instante, pues pensar en aquello había hecho que sustituyese la cara de Cersei por la de mi hermana en mis fantasías. Me sentí asqueado y me volví a poner los pantalones. Apagué la tele y subí a mi cuarto.

Esa noche dormí mal. Los sueños fueron difusos y cuando me levanté apenas recordaba nada, pero sentía no haber podido dormir profundamente por culpa de ellos. Me levanté pasado medio día. Mis padres habían salido a correr como cada domingo, así que no tendría que responder a las juiciosas miradas de mi madre por ser un holgazán.

Bajé a la cocina y me encontré a Carla preparando el desayuno.

—Veo que tú tampoco has madrugado.

—Tenía que reponer las fuerzas que perdí el viernes — me contestó con una sonrisa.

Fui a hacer otra broma acerca de su desaparición, pero por algún motivo esta vez me sentí incómodo. Carla aun vestía el pijama, un pantalón corto de lino y una camiseta de tirantes. Reparé en que no llevaba sujetador y como la silueta de sus pezones se distinguía a través de la tela.

—¿Qué?

Sacudí la cabeza repentinamente.

—Nada, ¿me sacas la tostadora?

Carla se puso de puntillas y la camiseta se separó de sus pantalones, y me fijé en las curvas de su cintura. Joder, que demonios estoy haciendo.

Carla me tendió la tostadora.

—¿Te apetece que veamos otro capitulo antes de que vengan papá y mamá? — le dio un sorbo al café y sus gruesos labios quedaron manchados —. No me apetece verla con ellos en casa… Todo ese sexo y demás… Me entiendes, ¿no?

—Perfectamente, hermanita.

Carla cogió su taza y se fue al salón, al mismo tiempo que saltaban mis tostadas. Carla encendió la tele y enseguida sentí una fuerte vergüenza que me atravesaba el pecho como un puñal. Había olvidado apagar el decodificador y la tele se encendió mostrando exactamente la escena que la noche anterior había querido volver a ver.

Carla me miró con una sonrisa cruzada y se rio.

—Veo que te gustaron algunas escenas de ayer.

Yo no sabía donde meterme.

—Quería analizar el capítulo, ya sabes, es algo lioso — contesté sabiendo lo ridículo que sonaba.

Carla se tapó la boca mientras se reía.

—¿Analizando, eh? ¿Y que sacaste de esta escena? — tenía un brillo en aquellos ojos de gata en los que se veía como estaba disfrutando con aquello —. ¿Los diálogos te parecieron buenos? Oh bueno, los gemidos…

—Basta, Carla. No me lo hagas pasar peor.

—Es bastante cómico y bueno… algo inquietante — dijo mirando al sofá con cara de asco —. No habrás…

—¡Carla!

—Vale, vale… Ya paro, pero bueno estaría bien que si vas a repetir escenas de este estilo te las veas en tu portátil, y sobre todo, en tu habitación.

—Pon el siguiente capítulo, anda.

Carla volvió a reír y pasó la maldita escena.

En parte me sentí aliviado porque Carla hubiese reaccionado de aquella forma. No hubiese sido raro que le extrañase que quisiese ver como dos hermanos follaban. Es posible que fuese yo el que le estuviese dando demasiada importancia.

El capitulo transcurrió igual de alucinante que el primero. El reparto era extraordinario y las actuaciones soberbias. Poco a poco todo empezaba a encajar y nos íbamos quedando con los nombres y las casas de la serie. No pude evitar sentir una punzada en el pecho cada vez que salía Cersei en pantalla. Además, notaba como los ojos de Carla se clavaban en mí.

En el momento que salieron varias putas desnudas, Carla paró el capítulo.

—¿Quieres apuntar el minuto?

—¿Te pregunto yo dónde estuviste el viernes toda la noche? — contraataqué

Esta vez fue ella la que se sonrojó.

—¿De verdad quieres que te lo diga?

Aquel juego de preguntas envenenadas se estaba tornando peligroso. Tenía confianza con mi hermana y sabía ciertas cosas de sus ligues, pero todo muy por encima, sin sobrepasar límites que me produjesen escalofríos. La miré y vi la vergüenza en sus ojos, así que decidí seguir jugando.

—Sí, la verdad es que me gustaría que me lo contases con todo lujo de detalles.

Carla pareció pensárselo.

—Te escandalizarías.

—Prueba.

Ella entrecerró los ojos, buscando si realmente iba en serio.

—Me encontré a Dani en la fiesta y me dijo de salir a fumar.

—¿Y?

Carla se mordió el labio nerviosa.

—Estuvimos fuera un rato y se me lanzó.

Dani no era la primera vez que se liaba con mi hermana, de hecho lo extraño era que no lo hicieran de fiesta.

—Así que os besasteis fuera de la discoteca, eso es todo, ¿no?

Vi duda en sus ojos, pero esta vez gané.

—Eres un cabrón.

Me reí y celebré la victoria cerrando el puño.

—Eres mucho más pudorosa que yo, hermanita. Así que agradecería que se acabaran estas bromitas.

No me la devolvió y reanudó el episodio.

Acabamos minutos antes de que llegaran nuestros padres, librándonos de una conversación todavía más incómoda. El resto del domingo lo pasamos cada uno en su cuarto, por la noche Carla salió a tomarse algo y no pude evitar fijarme en lo guapa que estaba. Le valía con un poco de pintura de ojos, un vaquero y un top ceñido para destacar.

—¿Vas a ver a alguien? — le pregunté desde mi habitación.

Carla me sacó la lengua.

—Voy con mis amigas.

—Ya… — dije sin creerme una sola palabra.

Entró en mi habitación y me dio un beso en la mejilla para despedirse. Justo cuando se iba se giró y me susurró en el oído.

—En realidad voy a que me folle Daniel.

Se me puso la piel de gallina y los pelos de la nuca se erizaron. Con una sonrisa mi hermana desapareció de la habitación.

¿Está loca? ¿Qué cojones había sido eso?, pensé. En la vida había tenido tan poca vergüenza para contarme algo de esa forma. Teníamos confianza, sí, y yo sabía cuando se liaba con un chico. También me acabó contando una noche cuando había perdido la virginidad, pero aquello era lo único que había rebasado el tema besos.

Al final ella había ganado, dejándome con una sensación de incomodidad que nunca había sentido. Me sorprendí pensando en ello con la mano en la entrepierna y una ligera erección. Me levanté y poseído por unos instintos primitivos fui corriendo al baño.

Esta vez todo pasó tan rápido que no pude siquiera pensar en lo que estaba haciendo. Entre en internet y busqué la escena de los dos hermanos en Juego de Tronos, me hice spoiler y vi la cantidad de escenas que aun me quedaban por conocer. Elegí la que ya había visto y no tardé en sentir el orgasmo, inesperadamente, la cara de Carla ocupando el cuerpo de la reina se coló en mis fantasías.

Una vez hube acabado, me sentí realmente sucio, apagué el móvil y salí del baño lleno de vergüenza.

Cuando Carla volvió supe que no se sentía del todo cómoda con la decisión que había tomado. Aun así, permaneció con una sonrisa de victoria, retándome con la mirada. Cada vez quedaba más claro quien había ganado, pues yo, no podía hacer otra cosa que apartar los ojos de ella.

La semana pasó rápido y apenas tuvimos tiempo para ver un par de episodios. Carla no volvió a mencionar el tema de los hermanos Lannister y yo no volví a retarla con preguntas envenenadas. Durante la semana, la imagen de Carla se me seguía apareciendo cada vez que veía el mismo video. Decidí cambiar de videos y de estímulos, pero fue peor, pues descubrí que no importaba a quien viese o lo que tratara de imaginar que el rostro de mi hermana se seguía apareciendo. Fui siendo cada vez menos reticente y pese a sentirme realmente mal cuando terminaba, no era capaz de pensar en otra cosa, hacía mucho tiempo que no me excitaba de aquella forma y el descubrir algo nuevo tan morboso me alentaba. Comencé a fijarme más en ella. Cada vez que la veía salir de la ducha envuelta en una toalla corta se me encogía el pecho. Cuando amanecía y bajaba al salón con aquel pijama tenía que controlarme por no imaginarme sus pezones, sus caderas y lo que continuaba más allá de aquel pantalón tan fino. Después de aquellos pensamientos, siempre me sentía culpable.

Para complicarlo todo, Carla estaba de muy buen humor y eso significaba que era más cercana y cariñosa. Supuse que le tenía que estar yendo bien con Daniel, pues en el tema estudios no tenía muchos motivos para estar tan contenta. El caso es que su buen estado de ánimo se traducía en abrazos, besos y siestas encima de mí, cosas que antes vivía con normalidad y que ahora, tras ese maldito episodio, las veía con una mente… enferma.

Por fin llegó el viernes. Ambos salimos un rato, pero por circunstancias extrañas, ninguno de los dos salimos. Nuestros padres se habían ido a cenar así que la oportunidad era perfecta para ver otro episodio.

Fui el primero en llegar a casa y preparé unos nachos con tacos para cenar. Más tarde llegó Carla. Venía con ojos vidriosos, fruto de haberse tomado alguna cervecita de más.

—Veo que vienes animada.

—Te recuerdo que es viernes, Jaime. No podemos acabar creyéndonos que no somos unos viejos.

Yo asentí con media sonrisa

—¿Qué ha pasado? ¿Cómo es que vienes tan pronto? — pregunté intrigado

—Quería pasar una noche de viernes con mi hermano favorito.

—No tienes más hermanos, Carla.

—Cierto, de ser así seguramente no serías mi favorito — añadió sacándome la lengua.

Se dejó caer al sofá y se quitó los zapatos. Llevaba una especie de vestido ajustado, iba maquillada y se había planchado el pelo.

—Ahora en serio, dime, ¿qué ha pasado?

—Nada, había quedado con las chicas pero se han ido con sus ligues.

—¿Y el tuyo? ¿Qué pasa con Dani?

—Le ha salido un compromiso a última hora o eso me ha dicho.

Esta vez fui yo el que sonrió. Me alegraba que mi hermana no se hubiese ido a follar con el tío ese. Todo lo que sentía era cada vez más extraño.

—Creo que mejor voy a ponerme cómoda — dijo volviéndose a levantar — ¿Me lo desabrochas?

Se dio la vuelta enseñándome la cremallera del vestido. Tan solo era una situación normal, como tantas otras veces, pero de nuevo fui incapaz de detener los pensamientos morbosos que habían nacido hacia mi hermana.

Baje la cremallera y tuve que tragar saliva al ver su espalda desnuda. No llevaba sujetador. Me quedé paralizado.

—¿Puedes?

Enseguida reaccione y seguí bajando la cremallera. El vestido era muy ceñido y no pude ver más allá de los límites de la cremallera.

—Voy a subir a cambiarme, ve preparándolo.

Aquello fue suficiente. Me estaba volviendo loco. Tenía que pararlo cuanto antes.

Carla bajó con el pijama y se sentó a mi lado apoyando la cabeza en mi hombro. Cogió el mando para iniciar el capítulo pero la detuve.

—Oye… Carla, quiero preguntarte algo… ¿Qué te parece lo de la reina y su hermano? Lo de los Lannisters

—¿Qué me parece de qué?

—Quiero decir qué si los apoyas… o bueno si los entiendes

Carla se quedó pensativa.

—Me cuesta hacerlo. Los veo como unos degenerados, ¿no? Encima con hijos…

Sentí como si me machacaran por dentro Degenerado… En eso me convertía a mí.

—¿Tú? ¿Qué opinas? — me preguntó.

—Estoy contigo — mentí — Aunque en parte creo que puedo llegar a entenderlos — Carla me miró confusa y traté de rectificar lo más rápido posible —. Me cuesta, me cuesta mucho, pero ellos no tienen la culpa de haberse enamorado, ¿no?

—No puedes enamorarte de un hermano.

Otra punzada en el pecho.

—Ya. Pero hay muchas cosas que socialmente se han visto como degeneraciones sexuales y que con el tiempo han cambiado. Puede que simplemente sea una construcción social y que puede haber gente que traspase esa barrera.

Carla me miró fijamente y se sentó cruzando las piernas.

—Entiendo lo que dices, pero creo que va más allá de una construcción social… Creo que es algo biológico… No te puede atraer un hermano, la naturaleza hace que eso no ocurra para, bueno, ya sabes, el tema hijos.

—Entonces, ¿qué hay de los que realmente practican el incesto?

—Supongo que es un tipo de trastorno.

Ahora trastornado.

—Sí. Creo que en verdad tienes razón.

Hacía tiempo que no recibía unos mazazos como aquellos y me espantó que me los hubiese producido mi hermana. En cualquier caso, había sido buena idea sacar el tema. Ahora lo veía claro, era como haber vuelto a verlo como lo creía antes de haber visto aquel condenado episodio. Nunca me había fijado en mi hermana de aquellas formas y estaba claro que era porque no era ni normal ni natural. O por lo menos eso es lo que me traté de creer.

Fui a coger el mando para arrancar con el episodio cuando sentí las manos de Carla sujetándome la cara. Sus labios se acercaban a mí y un segundo antes me aparté.

—¿Ves? — me dijo con una sonrisa —. Es instintivo. Lo rechazas sin cuestionarlo.

El corazón me iba a mil. No sabía que clase de fuerza extraña me había hecho apartarme, pero desde luego me había salvado de una buena. Sin embargo, aquello me volvió a agitar, tirando por la borda todo lo que había sacado de la conversación anterior. Carla había estado a punto de besarme y me revolvía por dentro por no haber seguido.

Entonces me armé de valor y fui yo el que se lanzó. Ella se apartó, pero yo no volví a mi sitio, sino que volví a acercarme dejando mis labios muy juntos a los de ella.

—¿Qué haces? — me preguntó nerviosa.

—Comprobar si tienes razón.

Me volvía a lanzar y ella volvió a evitarlo. Nos miramos y fue ella quien me besó. Fue un pico, un beso fugaz, pero me revolvió por dentro como no lo habían hecho nunca.

—Ha sido lo más raro del mundo.

Yo seguía sin poder hablar.

—No ha sido nada — volví a mentir.

Ella me miraba extraña.

—¿Nada?

—Creo que algo así no prueba nada. Es como un beso en la mejilla, no desata sentimientos de ningún tipo.

—Bueno, pues no voy a seguir haciendo experimentos — dijo algo avergonzada.

Yo me reí tratando de quitarle hierro al asunto. Al final era ella la que se había lanzado y entendía como podía sentirse.



—Eres muy lanzada, eh. Creo que tendré que hablar con Dani — dije guiñándole un ojo

Ella me devolvió un puñetazo y cuando cargaba el segundo, atrapé su puño. Ella trató de zafarse, pero yo era más fuerte. Se revolvió y me atacó con el otro, pero también lo detuve, la empujé sujetándola con los brazos y acabé encima de ella. Nuestros pechos estaban pegados y notaba su agitada respiración sobre mi cuerpo.

—Vamos a probarlo — dije sin pensar

—¿El qué?

—Un beso de verdad.

—No estás hablando en serio — había dejado de intentar soltarse, aceptando mi cuerpo sobre el suyo.

—¿Por qué? Es antinatural, ¿no? Sería como no hacer nada.

—Jaime…

Me acerqué hasta sentir su aliento en mi boca. La besé. Primero despacio, esperando que me aceptara. En seguida me lo devolvió y nuestras lenguas, hermanas, se tocaron. Sentí un chispazo de excitación atravesándome el alma y sin soltar sus brazos me apreté aun más a ella. Nuestras lenguas seguían jugando y noté como sus piernas se enredaban en mi cintura. Empujé. Empujé movido por pura pasión y ella soltó un leve jadeo, casi imperceptible. Entonces se apartó.

En seguida la solté y me incorporé. Sus pezones se transparentaban duros a través de la tela.

Nos miramos confundidos.

—No deberíamos…

—Lo sé, perdona — fue lo único que pude decir.

—Vamos a poner el capítulo.

Fue la hora más larga de mi vida. Sentía que el mundo se acaba de deshacer, que estaba completamente loco, que nada tenía sentido.

Me había liado con mi hermana.

Carla no apartó la vista de la pantalla y de vez en cuando miraba cuanto quedaba de episodio. El tiempo transcurría lento y cuando la televisión no sonaba el sonido de nuestras respiraciones, aun agitadas, se oía fuerte y severo. Al contrario que ella, yo no era capaz de evitar mirarla.

Cuando al fin salieron los créditos, Carla se levantó como un resorte.

—Buenas noches, Jaime.

Esta vez no hubo beso. Subió directamente a su cuarto.

Esperé hasta oír su puerta cerrarse para subir. Estaba completamente asustado por lo que podía venir. Temí haber estropeado nuestra relación para siempre, que me viese como un pervertido, como un monstruo.

Me encerré en mi cuarto y dejé pasar el tiempo intentando dormir. Me fue imposible. Oí como llegaban mis padres a casa y les oí meterse en su habitación. Llegaron las tres y después las cuatro y seguía sin poder pegar ojo. Tenía tanta ansiedad que el pecho me ardía.

Comprendí que no podía estar así para siempre así que salí de la habitación y para mi sorpresa la puerta de Carla se abrió a la vez.

—¿Carla? — susurré

—Sí

—No puedo pegar ojo… necesito… Necesito hablar contigo.

—Pasa.

Caminé despacio, todo estaba oscuro y era incapaz de ver por donde pisaba.

Cuando llegué a su cuarto cerré la puerta tras de mí.

—¿Tu sientes algo? — Carla estaba de pie, frente a su cama, alumbrada por la pequeña luz de su mesilla de noche.

No había abierto la boca y ya estaba atrapado.

—Respóndeme.

—No, Carla. Solo… se me ha ido un poco de las manos…

Carla se llevó las manos a la cara incrédula.

—Tu sacaste el tema de los Lannister, de los hermanos — paseaba por la habitación nerviosa, tapándose la cara cada vez que hablaba —. El primer capítulo, te pille viendo la escena de los dos hermanos… Todo esto es muy raro Jaime, necesito que me seas sincero… ¿Qué está pasando?

Me sentía realmente angustiado.

—Carla, de verdad… No siento nada, ha sido… No es lo que parece.

—¿Te… te gusto?

—No.

Pero mi respuesta fue poco convincente y volvió a enterrar su cara entre sus manos.

—Esto no puede ser real… No puede estar pasando.

—Carla… yo…

—Será mejor que te vayas. No sé ni porque te he llamado creía… quería creer que todo había sido una equivocación,

—¡Y lo ha sido! — dije levantando la voz.

—¡¿Entonces por qué me miras así?! — se acercó a mi y me agarró de la camiseta empujándome contra la pared—. Eres mi hermano, joder. Mi mellizo… No puedes engañarme, veo… veo lo que dicen tus ojos.

Entonces me derrumbé.

—Carla, lo siento… Yo… No sé como ha pasado.

—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo, joder? ¡Soy tu hermana!

—Y yo el tuyo — dije zafándome de ella — Y un beso no es solo cosa de uno.

—¿Qué insinúas? Jaime yo no estoy… Tu eres el…

—¿El enfermo? ¿Es eso? Dilo entonces — llevé una mano a su cintura y la apreté contra mi — Tu me has devuelto el beso, he sentido como te apretabas.

—No — negaba con la cabeza pero no se apartaba.

—Carla…

—Esto no esta bien, Jaime…

—Mírame.

—No quiero — decía.

Levanté delicadamente su cara por la barbilla y volví a besarla.

—Para — dijo apartándose —. Esto es una locura.

Ahí estaba yo, quien como loco se había levantado de madrugada a hablar con ella para buscar cualquier excusa volviendo a besarla. No había vuelta atrás.

—Te quiero., Carla- Nos llevábamos queriendo toda la vida.

—No de esta forma. No así. Jaime, por Dios, piensa lo que dices.

Me acerqué de nuevo y esta vez no retrocedió.

—Esto es algo horrible — dijo mi hermana con un brillo de lágrimas en los ojos.

—Si es tan horrible cómo puede sentirse tan bien.

Me volví a lanzar y nuestro labios se fundieron. Ella enseguida me devolvió el beso, sus manos se aferraron a mi espalda y las mías a su cuerpo. No necesitaba nada más. Nuestras lenguas volvieron a tocarse y a danzar juntas, mientras mis manos, más atrevidas, recorrían su espalda hasta límites prohibidos. Adentré una mano en su pantalón y no encontré objeción. Toqué su culo, primero con suaves caricias y luego con fuerza, apretándola contra mí, haciendo que sus uñas se clavasen en mi nuca. Su piel era tersa y mis dedos se deleitaban navegando entre su culo. La escuchaba y la sentía gemir mientras seguíamos besándonos.

Abandoné el pantalón y subí por su abdomen. Temí que me parase cuando se apartó de mí, sus ojos aun brillaban, arrepentida por lo que pasada, pero incapaz de controlar un sentimiento tan puro como aquel. Me dio permiso volviendo a mis labios y al instante mis manos alzaron su camiseta evadiendo cualquier frontera. Gimió cuando llegué a sus pezones, me araño cuando los pellizqué y me mordió la oreja cuando apreté sus senos. Eran perfectos. Encajando con mis manos de forma precisa. Me separé de ella para lanzarme a sus tetas y recorrí con mi lengua su cuerpo. Ella se aferraba a mi pelo como si no quisiese dejarme escapar. Como si yo pensase en aquello.

Saboreé cada parte de ella y me arrodillé para llegar a donde ponía los límites el pantalón. Ella asintió y los bajé con cuidado para descubrir su sexo. La luz era tenue, pero se apreciaba el rasurado de un coño rosa empapado. Suspiró cuando pasé mis dedos por él y vi temor en sus ojos cuando me vio levantarme.

—Túmbate.

Ya no había réplicas. Los dos habíamos aceptado algo que jamás hubiésemos siquiera imaginado.

Carla quedó tumbada boca arriba y yo me recosté sobre ella. La besé y le comí el cuello, para después volver a sus pezones, me entretuve, sin prisa, queriendo disfrutar cada momento. Seguí bajando y pasé de largo llegando a sus muslos, empecé la subida con besos delicados, mientras mis dedos ya acariciaban su coño por fuera. Lo besé y arqueó su espalda arándome la cabeza. Metí los dedos mientras mi lengua jugaba por fuera.

—Jaime… dios…

Tenía tan solo un dedo.

—No pares… Ahhh… Aaaaahhh. Joderrr… Sigue.

Arqueaba la espalda apretando su coño contra mi boca, clavando mis dedos en su interior. No tardó mucho en ahogar un gemido y sentí sus flujos empapándome la cara.

—Ha sido… maravilloso… — decía entre jadeos.

Me tiré a sus labios y dejé que se probara.

—Cómo va a ser malo, Carla… Es imposible que algo malo sea tan… Tan puro.

Ella me devolvió el beso. Sus ojos ya no brillaban.

Me hizo una especie de llave para acabar encima de mí. Me quitó la camiseta y se deshizo de mi pantalón tan rápido que apenas pude darme cuenta. Cuando quise saber que pasaba sus manos recorrían mi polla. Los movimientos fueron frenéticos desde el principio. Su mano, diminuta, agarraba mi falo con fuerza, subiendo y bajando.

Carla ahogaba mis gemidos con sus besos y a cada rato se estiraba para que volviera a sus tetas.

—Pídemelo — me susurró al oído

—Carla…

—Quiero que me lo pidas…

—Chúpamela, hermanita.

Bajó y se la introdujo entera en la boca. Tuve que controlarme por no correrme al momento. Agarré sus pelos dorados y dejé que marcara el ritmo. Su lengua acariciaba mi glande, haciendo círculos que me ponían la piel de gallina. De vez en cuando, movía mi cadera, haciendo que soltara una arcada que tan solo servía para que aumentara el ritmo.

Su cabeza subía y bajaba, mientras sus manos acariciaban mis huevos.

—Carla… No aguanto más… si sigues…

Pero ella no se inmutaba.

—Carla…

No me contuve y me vacié en su boca. Sentí morirme de placer y las descargas no parecían parar nunca. De su boca goteó por todo su cuerpo.

—Ha sido… Ha sido increíble.

Carla se tragó lo que había entrado y se dejó caer bocarriba sobre la cama. Los dos mirábamos el techo como dios nos trajo al mundo.

—Así que somos Lannister — dijo ella casi en un susurro.

—Carla, no voy a poder olvidar esto nunca.

—Ni yo.

Me giré quedando de costado frente a ella.

—¿Qué vamos a hacer ahora?

Carla paso sus dedos por mi pecho.

—No tengo ni idea. Mañana será otro día.

Tragué saliva.

—Me da miedo que mañana me odies por esto. O te odies a ti misma.

Mi hermana volvió la vista al techo.

—¿Y qué hay de ti? ¿No te arrepentirás mañana?

—Es imposible que me arrepienta de esto un solo día de mi vida. Tenías razón, aquel capítulo me cambió, te juro que antes de eso no había nada, más que amor fraternal.

—Estás loco. Estamos locos — dijo tapándose con la manta — Papá y mamá están en casa.

—Si solo te preocupa eso después de habérsela comido a tu mellizo lo doy por bueno.

Clara se rio y me dio una patada.

—No me imaginaba que se te diese tan bien — dijo ella mirándome con cierta vergüenza

—Lo mismo te digo.

Me dio un pico y se apretó junto a mí.

—Te quiero, Carla.

—Eres todo un cursi — dijo dándome otro beso

Se lo devolví y me puse sobre ella. No podía despedirme de aquellos pechos, de aquel cuerpo escultural, de aquel sexo húmedo. Empecé a moverme sobre ella mientras la besaba.

—Jaime, esto es demasia… ahhh do.

Mi polla había vuelto a la vida y se frotaba contra ella a cada movimiento. Me levanté y me puse de rodillas dejando su cuerpo entre mis piernas, acerqué mi polla a sus tetas.

—Son demasiado pequeñas — dijo Carla.

—Dan de sobra, hermanita.

—¿Hasta donde vamos a llegar, Jaime? — Yo ya movía mi polla parcialmente enterrada entre sus tetas — Si cruzamos la raya…

—¿Cruzar la raya? Creo que pasamos esa maldita raya hace horas en el sofá.

Me moví un poco hacia delante y puse mi polla en sus labios. Carla sacó su lengua y la humedeció de nuevo. Abrió la boca y dejó que yo llevara el ritmo. Su boca se había convertido en el hogar perfecto de mi miembro y no me imaginaba otro lugar en el mundo donde fuese a estar mejor. Sus ojos abiertos reflejaban una lujuria que no había conocido y a cada embestida luchaba por no volver a derramar mi ser sobre ella.

La saque y me tumbé sobre ella. Mi polla acariciaba su entrada y ella acariciaba suavemente mi pelo.

—¿Quieres follarme?

—Me muero por hacerlo.

Carla sonrió.

—Te dejaré que me folles, con una condición.

—La que sea.

—Mañana por la mañana será lo primero que hagas. Entrarás a mi cuarto y antes de que me despierte volverás a follarme.

—Creo que podré soportarlo. La que no está segura de seguir mañana con esto eres tú.

Me agarró la polla y la llevó hasta su vagina.

—Tu haz lo que te he dicho. Confía en mí.

Entre con suavidad. Carla cerró los ojos y sentí que iba a estallar. Empecé e moverme dentro de ella, todavía abrazado a mi hermana, sintiendo sus piernas alrededor de mi cuerpo y sus uñas clavadas en mi piel. Llevé la mano a su cuello y me ayudé para empujar.

Carla empezó a gemir. Eran grititos agudos, suaves. Le tapé la boca para que no nos escucharan y aumenté el ritmo.

—Joder, Carla…

Le apreté las tetas y le chupé los pezones. Le mordí la cara y la lamí por todas partes. Me separé y comencé a entrar y salir más rápido. Carla se deshizo de mí con una llave, mandándome de vuelta a la cama.

—Me vas a tener que contar donde has aprendido eso — le dije acariciando sus labios

—Pues ya verás cuando te enseñe esto, hermanito.

Se montó sobre mí y dirigió la punta de mi polla hacia su sexo, se lo introdujo y sentí las estrechas paredes que tanto placer me daban. Comenzó a saltar y la cama a crujir. Sus movimientos eran firmes, rápidos y comenzó a cabalgarme bruscamente. Me aferré a sus pechos con fuerza, conteniéndome cada segundo, suspirando por tratar de alargarlo.

—Carla… dios…

La azoté y ella gimió aumentando los movimientos. La jalé del pelo y tiré de su cintura. Ella me cogió la mano y se metió los dedos en la boca mientras me follaba. Sus pequeñas tetas botaban y tuve que ponerla bocabajo para evitar correrme.

—¿Me vasa follar como a la reina?

—Carla por dios… me matas…

—¿Vas a follarte a tu hermanita a cuatro?

Introduje de nuevo mi polla y sujetándola de los pelos comencé a embestirla una y otra vez. Ella fue la primera en correrse y a medida que estaba más cerca aumentaba el rimo. Ella se incorporó quedando su espalda junto a mi pecho.

Llegaba al final. Su culo rebotaba a causa de mis movimientos. Su coño empapado brillaba en la noche. No aguanté más y me derramé en su interior.

—Te quiero, Jaime
 
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