Claudia es una Adicta al Sexo

heranlu

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Me llamo Claudia, tengo 25 años y soy ninfómana. La culpa de todo la tuvo mi tío, que me violó cuando tenia 18 años. Aunque con su violación, no me hizo que asquease el sexo, sino que me hizo adicta a el.

Después de correrse dentro de mi, me amenazó para que no le contase a nadie lo que había hecho. Yo asustada, no pensaba decir nada a mis padres, pero aun así, sus amenazas fueron un mazazo para mi, casi más que la propia violación.

Pasó un año y yo no había vuelto a pensar en sexo, ni siquiera me había masturbado ni una sola vez. Pero entonces ocurrió algo que cambio mi visión del sexo para siempre.

Tenia un pequeño trabajo en una tienda de mi barrio, donde trabaja conmigo un chico bastante majo y guapetón. Yo notaba que el me miraba siempre que podía y que tonteaba conmigo siempre que tenia ocasión.

Yo no quería saber nada de hombres y mucho menos de acostarme con ninguno. Una noche, después de cerrar la tienda los dos, nos habíamos quedado solos, el jefe había tenido que salir antes, José, que así se llamaba, se acerca a mi y me da un beso en la boca.

-¿Pero que haces, imbécil? Le solté.

-Nada, pensé que te gustaba.

-¿Qué te gustaba? Ya quisieras tu. Le dije, pero me estaba riendo. Entonces ocurrió algo extraño. Le agarré la cabeza y fui yo la que le besé. Le metí la lengua hasta la campanilla y el no se resistió. Me bajo un poco el pantalón y me metió mano por el culo y me lo sobó todo. Yo me humedecí por primera vez en un año.

El estaba palote desde el primer momento. Me llevó al almacén y allí me folló, apoyada contra la pared. Fue mi primer orgasmo teniendo sexo.

Esto hizo que despertara en mi un deseo nunca experimentado y que a partir de entonces me convirtiera en una ninfómana.

Una semana después fui yo la que perseguía a José. Siempre procurábamos quedarnos juntos a la hora de cerrar, porque lo que él o yo, cambiábamos los turnos sino coincidíamos. Una noche nos tocó hacer inventario, unos clientes se fueron tarde, por lo que tardamos un poco más en acabar la caja y luego tendríamos que hacer el inventario y yo ya estaba muy caliente. Fue el principio de todo.

-Oye, démonos prisa en terminar esto. Le dije.

-Tranquila, nos quedan repasar los lácteos y ya acabamos.

-Vale, esta bien.

Terminar aún nos llevó media hora mas. Yo ya no podía mas y tirando la carpeta donde Jose anotaba todo, nos pusimos a hacerlo encima de unas cajas de leche. El se puso encima y me follaba contra las cajas, a mi me dolía un poco, pero aguantaba por el gusto que me daba. Al poco decidí cambiar de postura y ponerme yo encima.

-Ahora te cabalgo yo, guapo.

El estaba encantado de que fuera yo la que llevara la iniciativa. Me lo estaba follando como nunca lo había hecho, echaba la cabeza hacia atrás, con lo que el tenía un mejor acceso aún a mis tetas, luego se inclinó un poco y me chupo los pezones, mientras yo llegaba al orgasmo. El aún no se había ido y después de correrme, se salió de mi. Me puso en cuclillas y me terminó de follar en esa postura.

Acabamos sentados en el suelo. Estábamos cansados por hacer el inventario y después ponernos a follar. Nos vestimos y cerramos la tienda. Nos despedimos hasta dos días después que volveríamos a trabajar.

Así transcurrió un mes, en el que seguimos haciéndolo, a nuestro jefe no le importaba que nos quedáramos siempre a cerrar la tienda. No tenia ni idea de lo que sucedía.

Una noche, cerramos como siempre y Jose me propuso tomar algo, en lugar de hacerlo en el almacén, me dijo que luego podíamos ir a su piso.

-Vale, esta bien. Vamos a tomar algo. ¿A donde vamos?

-Al J, conozco al dueño.

Llegamos allí y nos pedimos unas copas. Jose se encontró con unos amigos del insti y de su antiguo curro y acabamos todos un poco pedo y bailando en la pista como zombies.

Yo me reía como una loca, y empecé a meterle mano a Jose, en esto que uno de sus colegas me coge del brazo y se pone a bailar conmigo. Se agarra a mi, y después de bailar lento, me da un beso en la boca, yo al principio le rechazo, pero estoy tan pedo, que me da igual. Jose se ha ido a la barra y se ha olvidado de mi.

Luis, me dice que se llama, me coge y nos vamos al baño de hombres. Nos metemos en uno cerrado y allí me baja los pantalones y las bragas y me empieza a comer todo el chocho. Tengo tal pedo, que me da igual que sea Jose o Luis el que me lo coma, ya se me ha olvidado la violación de mis 18 años.

Yo le como al tal Luis su rabo, menuda polla tiene, toda circuncidada, con ese glande algo blancuzco en comparación el resto de su rabo. Cuando se le pone tiesa, la tiene como un mástil y no sé si me va a entrar.

Se dispone a penetrarme y le pregunto que si tiene un condón, me dice que no, que no lleva, que solo salía a tomar algo y que no pensaba que acabaría follando. Le digo que me da igual, que se corra fuera y ya está.

Me sube a la taza del vater y allí abierta de piernas me la mete, uf, me duele un poco y no me va entrar toda.

-Oye que no entra toda.

-Que si, mujer, que si. Espera.

Me abre más las piernas y empuja con más fuerza. Doy un gemido de dolor, pero acaba entrando toda. Empieza a bombearme y yo disfruto como una loca. El no para de gemir. La postura es incomoda, me duele la espalda contra la cisterna, pero no me importa. Ya me da igual que no sea Jose el que me folla.

Después de un rato, alguien intenta entrar, pero los dos decimos que está ocupado. Luis sigue dandole al tema y yo intento besarle, pero el no quiere. Yo estoy muy excitada y el sigue aguantando, bombeándome fuerte. Entonces pasa algo, bueno ya lo supondréis, el se corre dentro de mi y no lleva condón.

Se sale de mi, y yo le miro como diciendo: ¿pero tu eres tonto?¿no te dije que te corrieras fuera? Me mira, pedo como esta y me dice: Perdón, me dijiste que me corriera fuera ¿no? Joder tía, se me ha ido, es que estás tan buena.

Yo me limpio con papel higiénico, pero lo que está dentro no se puede limpiar. Así que mañana me iré al medico y que me recete la píldora del día después. Solo espero no haber pillado nada.

Salimos del baño, y hay un montón de tíos esperando, que al vernos juntos empiezan a reírse. Jose esta en la barra con sus otros colegas, que siguen bastante pedo.

-¿Qué?¿Ya habéis terminado? Me pregunta él.

-Oye tío, lo siento, estoy muy pedo y no me enteraba de nada.

-Da igual, este sitio apesta, vámonos de aquí.

-¿Que dices? Si el J, es lo más. Contesta otro de sus colegas.

-Si, lo era cuando teníamos 15 años. Ahora da pena. Anda vámonos.

-Pero si fuiste tu el que quería venir aquí. Dice otro de sus colegas que tiene voz de pito.

-Nada, cambio de opinión. Nos piramos.

Salimos un poco perjudicamos de allí, y dando tumbos, acabamos en la tienda donde trabajamos. Jose nos propone entrar y montárnoslo en el almacén. A mi ya me da igual que me vuelvan a follar sin condón, la ninfomanía esta empezando a hacer estragos.

Primero quiere follarme el de la voz de pito. Resulta desagradable oírle, así que le digo que si puede hacerlo en silencio. No creo que se haya enterado, pero me da igual. Me desnuda y quiere metérmela directamente. Así no, le digo, tienes que excitarme primero. Ah si, vale.

Se agacha a comerme el potorro, pero esta tan pedo que no atina. Le cojo dos dedos y se los humedezco y me los meto dentro del chocho, masturbándome un poco, hasta que estoy húmeda.

-Ahora puedes, machote. Le digo.

El tío se pone encima e intenta metérmela, pero no atina. Tengo que agarrársela y metérmela dentro, porque si no, no acabamos nunca. Cuando por fin esta dentro de mi, se queda parado.

-Tío, muévete, que si no, no funciona. ¿Recuerdas como se hace?

-Ah si, tia, claro, claro.

Por fin empieza a moverse y parece que me hizo caso, porque no se le oye gemir. Solo escucho su respiración entrecortada y al minuto noto su semen dentro de mi. Se ha corrido y es como si no se hubiera enterado.

-Anda ya estas, salte fuera.

Se sale de mi y ya llevo hoy dos tíos que se han corrido en mi sin condón.

Luis quiere repetir, pero Jose no le deja, quiere follarme el, que no me ha tocado todavía.

-Eres un egoísta, tío. Le dice Jose. Quiero repetir.

-Pues precisamente por eso, ahora no vas tú. Que ya te las follado antes.

Yo les miro discutir, pero me da exactamente igual a quien le toque. Solo quiero volver a follar y que el tío al que le toque, Jose o Luis, dure más que el voz de pito ese.

Luis le propone a Jose jugárselo a piedra, papel o tijera.

-¿Pero tu estas tonto? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Qué somos? ¿Niños pequeños?

-Oye, no me faltes al respeto, ¿eh?

Jose le empuja y se lo quita de en medio. El otro no reacciona. Se viene a mi y me come la boca, como antes. Me quita la ropa y después de un momento me penetra. Se pone a follarme delante de los otros sin cortarse un pelo. A mi la verdad me da igual. Mientras lo hacemos, miro sus caras de bobos, mientras Jose me folla.

Luego Jose se gira y les dice: A ver si aprendeís a follaros a una mujer, par de tolais.

El, creo que aposta, empieza a gemir mas alto y yo que se de que va lo cosa, también empiezo a gritar como una loca y le araño la espalda a Jose. Al minuto, el no puede mas y se corre dentro de mi.

-Aaaaaaah, grita.

Yo también grito un poco y Jose enseguida se sale de mi.

Lo dos siguen mirándonos, pero no dicen nada. Jose se limpia el semen que babea su pene y se viste. Me coge de la mano y me ayuda a ponerme de pie. Yo también me visto y entonces nos vamos de la tienda.

Se despiden, pero Luis y el de la voz de pito, no me he enterado de su nombre en toda la noche, no dicen nada respecto a lo que acaban de ver. Jose me invita a subir a su casa, pero le digo que estoy hecha polvo y que me voy a duchar y a dormir. Nos despedimos y nos separamos.

Cuando llego a mi casa, me doy una ducha muy larga, me lavo bien el chocho, pero el semen que me han metido dentro, ahí se queda. Salgo de la ducha y me seco bien y me voy a la cama en pelotas. Mañana iré al medico, pienso.

Al día siguiente voy a ver al medico, para que me mande la píldora del día después. Tras atender a varios pacientes, por fin es mi turno.

-Hola Claudia, me saluda al entrar. ¿Qué me cuentas?

-Pues nada doctor, venia a pedirle la píldora del día después.

-¿Y eso?

-Ayer fue una noche, un poco movida.

-Vaya.

Se dispone a hacerme una receta, pero le interrumpo.

-Y me escuece el chocho, recéteme alguna crema o algo.

-La vulva, querrás decir.

-Bueno, eso.

-Tengo que preguntarte una cosa. ¿Con cuantos hombres estuviste anoche?

-Bueno, con 3.

-Con 3, y ninguno con condón, ¿verdad?

-Pues si.

-Puedo mandarte la píldora, pero eso solo evita el embarazo. También están las ETS y el VIH.

-¿Las ETS y el VIH? ¿Porqué me habla con siglas?

-Las ETS son las enfermedades de transmisión sexual. Y el VIH, es el virus de la inmunodeficiencia humana. Si lo has hecho sin protección, pueden haberte contagiado cualquier cosa.

-¿En serio?

-Si, en serio.

-Te voy a hacer unas pruebas para ver si has cogido algo. Anda túmbate y ábrete de piernas.

Hago lo que me dice y el medico coge unos bastoncillos y me los pasa por ahí. Uno de ellos hace que me estremezca.

-¿Qué te pasa?

-Nada doctor, es que me ha dado un poco de placer.

-¿Sigues así después de la noche que tuviste? Se ríe picarón.

-Ultimamente, noto que...

-¿Has experimentado un incremento de la libido?

-¿Un incremento de?

-Que si tienes más deseo sexual.

-Pues eso parece. Después de la otra noche, si.

-Vale, ya puedes subirte la ropa, he terminado. Tomate la píldora y ponte esta crema en la vulva y vuelve a consulta en 3 días, que ya tendré los resultados.

Me despido de él, pero no se porque motivo me sale morderme el labio inferior y pasar mi lengua por la boca, relamiéndome. El doctor me sonríe y me acompaña hasta la puerta. Justo antes de salir me toca el culo, no hay nadie en la sala de espera, por lo que nadie nos ha visto.

En la farmacia me dan la crema y la píldora, evidentemente voy a una lejos de casa, donde no me conocen de nada y así no me harán preguntas.

Llego a casa y me tomo la píldora con un vaso de agua y me desnudo y me voy al baño. Me siento en la taza y me abro de piernas, me abro los labios y con cuidado, voy untándome la crema como indica el prospecto. Me escuece un poco, pero a la vez noto alivio. Una vez he cubierto toda la zona, notó que me he humedecido bastante. No se si tal y como estoy, la crema hará efecto, así que cojo el móvil y llamo a mi doctor, para contarle lo que me ocurre.

-¿Diga? Aqui la consulta del doctor Ramirez.

-Doctor, soy Claudia, perdone que le moleste, pero es que me estaba poniendo la crema que me recetó y me he excitado un poco.

-¿Cuanto?

-Mis labios están muy húmedos, parece bastante, no se si la crema hará efecto.

-No pasa nada, mira si no te duele demasiado, prueba a masturbarte, noto que sonríe al lado de la linea.

-Vale, doctor, lo haré. Hasta el próximo día.

-Espera, no cuelgues. Empieza a hacerlo y dime si te duele, así me quedo más tranquilo.

Si, más tranquilo, pienso, tu lo que quieres es ponerte cachondo mientras me oyes. De todos modos me da igual, ya me tocó el culo antes y no me importó. Y el chocho, aunque bueno, era por motivos médicos.

-No te oigo, Claudia, ¿estas bien?

-Ah si, espere. Empiezo a tocarme y me duele un poco, como antes, pero también noto placer. Uf, uf, uf, resoplo.

-¿Que tal vas?

-Bien doctor, muy bi.. uf, ah, ah,

-Vale Claudia, si tuvieras que darle un porcentaje al dolor y al placer, ¿50, 50?

-Uf, no se doctor. 70, 30, 70 placer, 30 dolor.

-De acuerdo, sigue un poco mas. No cuelgo.

Si, vas a colgar, pienso, pues ahora tendrás que esperar hasta que me corra, tengo llamadas gratis.

-Ah, ah, ah. Cada vez estoy más húmeda y más cachonda. La crema se ha absorbido o se ha ido con la humedad, no sé. Yo sigo dandole. Estoy a punto de acabar.

-¡Aaaaaaah, me corrooooooo!

-Bien Claudia, ¿has terminado?

-Si, ¿no lo ha oído?

-Pues si, claro. Al final ¿que tal?¿menos dolor?

-Si, claro, casi nada.

-Me alegro, nos vemos en 3 dias.

-Oiga doctor, antes de que cuelgue. ¿no se habrá tocado ud también?

-Oye que dices, anda, anda, nos vemos.

-¡Chao!

Cuelgo y me quedo pensado en eso, si el tío no se habrá tocado también. Bueno, que más me da. Parece que la crema me ha hecho efecto y estoy mejor, ahora a esperar los resultados y que no me hayan pegado nada.

Al día siguiente me llamó Jose, que si quería cambiar el turno para volver a coincidir de noche. Le dije que no, que estaba cansada y que tal vez, en un par de semanas nos veríamos en el turno de noche. Colgó y todavía tardaría en volver a verle.

Pasaron los 3 días y acudí al doctor. Al llegar, había esperando una señora de unos cuarenta y tantos años. Estaba leyendo una revista, pero la bajó para saludarme en cuanto me vió.

-Hola, buenos días.

-Buenos días. La contesté.

Salió otro señor de la consulta y entró ella. Tardó cuarenta minutos en salir, con lo que yo estaba un poco nerviosa ya. Quería que me diera los resultados y saber que no tenia nada.

Cuando entré por fin, el doctor estaba repasando unas hojas, supuse que serian mis análisis.

-Bien Claudia, quédate tranquila, no tienes nada. Todo esta bien. Lo de vulva era un poco de irritación por el sexo tan seguido.

-Me deja más tranquila doctor. En esto se levanta y abre la puerta. Mira a la sala de espera y ve que no hay nadie más.

-De todos modos, tengo que asegurarme que esta todo bien. Yo le miro pensativa. No se a que se refiere. Túmbate en la camilla, me dice y quítate el pantalón y las braguitas.

Yo le obedezco, y me quedo desnuda de cintura para abajo. El me abre un poco las piernas y me examina igual que el otro día.

-Esto esta genial. Me dice. Ahora otra prueba. Coge jabón lubricante y se enjabona dos dedos, yo ya se que quiere hacer.

-Doctor, le digo, ¿tiene algún paciente después de mi?

-No, tranquila, tu eres la ultima.

Me mete dos dedos en la vagina y la recorre despacio. Entonces empieza a masturbarme.

-Esto no esta bien. No esta... no puedo seguir, me muero de gusto.

-Eres una calentorra, el otro día me pusiste a cien, me dice, pero no pude meneármela porque tenia otro paciente. Ahora vas a saber lo que es bueno.

Después de un rato masturbándome, poco tiempo, no creo que fueran más de cinco minutos, me corro. Me tapa la boca para que no gima. Después de terminar, saca sus dedos de mi y se los lava. Entonces pone boca abajo un foto que tiene, en una mesa al lado, con la que supongo que es su mujer.

-Me han enviado unos preservativos de muestra, que aseguran ser lo mas fino que se ha fabricado hasta ahora. Vamos a probarlos.

Yo le miro, pero me quedo parada, no reacciono para nada, supongo que en realidad estoy deseando que me fólle y sentir su polla de medico dentro de mi. ¿Como debe de tenerla un doctor?

Vuelve con el preservativo, que deposita en la mesilla que hay al lado de la camilla con cuidado, como si fuera a explotar. Se baja los pantalones y los calzoncillos y esta erecto como un mástil. Tiene una buena polla, circuncidada, con un glande rosa, que al verlo me dan ganas de chupar. Pero abre el preservativo y se lo pone y se dispone a penetrarme, por lo que esta vez, no voy a poder chupársela.

Me penetra despacio, sin estimulación previa, ni siquiera un beso. ¿Como he pensando en que me iba a besar, si lo único que quiere es estar dentro de mi?

Empieza a bombear lento, a un ritmo acompasado, con los pantalones y calzoncillos por los tobillos y su bata de medico abierta y un poco su camisa, que me deja ver su barriga peluda. Para ser medico esta un poco gordo, parece que no se cuida demasiado.

Intento incorporarme y acariciar su barriga peluda. De repente he sentido un poco de ternura por ese hombre, no se porqué, ese medico que me esta follando, cuando lo único que tenia que hacer era curarme y no follarme, pero bueno en esto estamos, y ahora solo puedo relajarme y disfrutar.

La verdad, no disfruto mucho porque el no dura demasiado, y en un tiempo que adivino breve, el se corre, con un gemido que ahoga, para que no nos oiga nadie del edificio. Se queda dentro de mi, mientras termina de soltar toda su leche en el condón, y al poco se retira.

-Buf, estos condones son buenísimos. Es casi como hacerlo a pelo. ¿Qué tal?¿Te ha gustado?

-Si, mucho, le miento.

Se quita el preservativo y lo tira a la basura que hay junto a su mesa. Se limpia el pene y veo como empieza a perder su erección.

-Si tienes un poco de paciencia, podemos hacerlo otra vez.

Su pene ya esta casi flácido del todo. Se mira y me dice: Tendrás que ayudarme un poco.

Yo me incorporo y se la chupo despacio, el me mira y me acaricia el pelo. Su pene aún no reacciona. Se la chupo con más fuerza, más intensamente y enseguida vuelve a empalmarse. Su glande expulsa unas gotitas de semen de su corrida anterior.

Ahora me pide que me ponga en cuclillas, a cuatro patas. No me opongo. Me quito la blusa y el sujetador y desnuda del todo le pregunto por su mujer.

-Mejor no hablemos de ella. Vamos a separarnos.

Yo, no se porqué, le beso la boca. El también, nos abrazamos y su pene super duro, toca mi tripa. Cojo el preservativo y se lo pongo yo, despacio, con cuidado. Me subo a la camilla y le ofrezco mi culo en pompa.

Se acerca a mi y me penetra de nuevo. Se agarra a mis caderas y me bombea fuerte, su pene roza mi punto g y esta vez si que gozo como una loca, soy una guarra, una ninfómana que solo quiere follar y no me importa quien me penetre.

Seguimos un rato así, el bombeando fuerte y yo gozando como una loca, pero luego me giro y le dijo que quiero ver su cara cuando se corra. El se sale, me gira y me coge a pulso y contra la pared, termina de follarme. Se corre con un gemido alto, que no puede evitar, mientras acaricia mi cara.

-Claudia, que gusto me das. Me dice.

Me tumbo en la camilla y el también, después de limpiarse el pene y así nos quedamos, abrazados un rato. Me he olvidado por completo de Jose y su par de amigos imbéciles. Ahora solo quiero follar con mi doctorcito, que me alivió mi escozor y ahora me provoca otro, jeje.

A los pocos días, vuelvo a ver a Jose, yo estoy un poco fría con el y se da cuenta de que pasa algo, porque ya no quiero cambiar el turno para coincidir con el, cuando me lo propone, pero no me dice nada directamente. A mí no me importa nada. Yo no me quito de la cabeza al doctor y cojo la agenda para llamarle y que me dé cita y volvamos a follar.
 

heranlu

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-Vaya, doctor, le digo, es ud un guarrete.

-Tu eres la culpable. Anda te dejo, que tengo una paciente esperando.

-Pero no se la folle también ¿eh? Se ríe picaron y cuelga.

Al día siguiente, me llama Jose, para intentar que cambie el turno, le digo la verdad, que no quiero, que no me apetece follar con el y menos quedar con sus amigotes, el tonto y el voz de pito. Se pone un poco borde y me dice que soy una calienta pollas y blablabla, le cuelgo antes de seguir oyéndole.

Como algo y me doy una ducha para estar limpita para el doctor. Cuento las horas que quedan para la cita, y luego los minutos, estoy nerviosa, parece mentira pero así es.

Por fin llega la hora, aun así, estoy en la sala de espera media hora antes. Sale una señora mayor y el doctor me manda pasar. Cierra la puerta y nos quedamos solos. Antes de nada, llama a su secretaria, ni siquiera sabia que tuviera una, nunca la vi, y le dice que puede irse, que ya cierra el.

-¿Qué? ¿No se habrá puesto guarrete con la paciente?

-¿La señora Felisa? Es muy mayor, es el anti morbo hecho persona, jejeje.

-Pues ahora llega la Sra. Morbo.

-Anda, anda, no seas tonta, jeje. ¿Te gustaron los condones del otro día?

-La primera vez, tengo que confesarte que no, pero el segundo polvo fue magnifico.

-Así me gusta. Ahora probaremos otra ración de condones.

Nos desnudamos del todo, el también, se quita su bata y se queda en pelotas y yo le acaricio su barriga. Esa barriga que tiene y que ahora me da ternura, aunque yo no esté enamorada de el.

Follamos en la camilla, un poco incomodos, pero no tiene otro sitio, ni siquiera un sofá grande, solo un par de sillas, así que no puedo quejarme. No se si vivirá solo o aun con su mujer, por lo que no podremos ir a su piso, ¿quién sabe? La próxima vez, le pediré que vayamos a un hotel, así podremos hacerlo en una cama graaaande, de matrimonio y al terminar, nos abrazaremos. Un momento, estos pensamientos, ¿que significan? nada de enamorarte de el, ¿eh? no es mas que tu medico, bueno, es algo más, es tu follamedico, jaja, follamedico, que palabro me acabo de inventar.

El esta encima de mi, empujando, claro, y me ve esa cara que debo de acabar de poner, de estar pensando en las musarañas o de estar en otra parte. Si supieras que se me acaba de pasar por la cabeza.

-¿Todo bien? Me pregunta.

-Claro, todo bien, estupendo, tu no pares ahora.

El sigue a lo suyo y yo sigo pensando en la tontería que se me acaba de ocurrir. Pero no, no le quiero, no le quiero en el sentido de que le quiero, vamos a ver si me explico. Le quiero, si, pero le quiero para follar, le quiero dentro de mi y que me lo haga cuando lo desee, y que se corra dentro, muy dentro de mi, con condón extrafino de esos o sin el, pero solo le quiero para que me apague este fuego que me come desde dentro, desde hace unos días. Mucho cuidado con confundir los sentimientos, que los tíos enseguida se enamoran y se hacen ilusiones. En cuanto un tío ha estado dentro de ti, no una, sino mas veces, ya se creen que te vas a casar con el. Nada de nada.

Para que no se crea nada, yo le agarro la espalda, le clavo las uñas como una loca y me corro con un grito, que oirán hasta en Guadalajara. Pero la de Mexico, no la de España.

-Joder, casi me estrujas. Te has corrido como una loca.

¿Veis justo lo que decía? Como una loca. Eso no es amor ni es nada, solo sexo. Así me gusta. Y para que siga pensando que no siento nada por él, me levanto y me visto y le digo que tengo que irme.

-¿Adonde vas tan rápido?

-A casa, que tengo cosas que hacer.

-¿No quieres quedarte un ratito conmigo, abrazados juntos?

Otra vez. El tio se ha enamorado de mi.

-No, otro día. Además es que la camilla es un poco incomoda.

-Vale, como quieras.

Me voy de allí directa al trabajo, sin ducharme ni nada. Las horas pasan y aunque me acuerdo de el, ya no me da ternura pensar en su barriga, solo le veo como una tranca, una tranca con piernas, que como os dije, me apaga el fuego que llevo dentro.

Al salir del curro, paso por un sex-shop, sin haberlo planeado la verdad, y me da por entrar. En la caja hay un joven que esta leyendo una revista porno, que si no en un sex-shop, y se me queda mirando de arriba abajo. ¿Cuantas mujeres entraran en un sex-shop en proporción a hombres?

Me voy a la zona de vibradores y noto por el rabillo del ojo que el chico sigue mirándome. Al cabo de un rato viene a mi.

-Hola, guapa, ¿puedo ayudarte?

-Pues, bueno, nunca he tenido uno de estos.

-Hay varios modelos, tenemos el clásico masajeador, el vibrador con textura, el vibrador para estimular el punto g, el vibrador con control de temperatura, y luego tenemos varios para estimular el clítoris.

-¿Cuál me aconsejas?

-Bueno, depende.

-¿Depende de qué?

-De que si eres mas de orgasmos vaginales o clitorianos.

-Eso es una tontería, he leído hace poco que no existen como tal uno u otro.

El chico se queda un poco alucinado oyendo eso. Entonces se gira y coge uno de la estantería.

-Llévate este, me dice. Estimula el clítoris y eso a todas os funciona ¿no?

-Pues si, cada vez que me... uy perdona.

-No pasa nada. Mi chica se vuelve loca cuando le chupo el clítoris, no te preocupes.

Le pago y salgo de allí. Llego a casa y me dispongo a probarlo. El aparatito funciona de vicio, y mientras estoy en ello, me vienen a la cabeza las caras de todos los tíos que me he follado estos días, Jose, su par de amigotes y mi doctor. Al poco rato, me corro, con un orgasmo tremendo, que recorre todo mi cuerpo y que es mejor que el que he tenido hasta ahora con hombres.

Los días pasan y alterno entre masturbarme con el vibrador y follar con mi doctor, pero para mi no es suficiente. Decido darme de alta en una pagina de contactos, Pinder, se llama. Me hago unas fotos sexys, con un vestidito rojo y otras en ropa interior, que pasan a mi zona privada, donde solo pueden verse con contraseña.

Enseguida empiezo a recibir solicitudes de contacto, pero la mayoría no tienen foto, así que paso de contestar, hasta que recibo una de un chico muy guapo. Enseguida empezamos a hablar y a la semana, decidimos quedar.

Nos citamos en una cafetería que hay al lado de un centro comercial. Yo llevo un vestido precioso, relativamente corto, con lo que al cruzarme de piernas, enseño casi todo.

El chico esta buenísimo, más aún en persona. Parece sacado de un programa de esos de “mujeres y hombres” que abundan en la tele. Tras las presentaciones, tomamos un cafe y al verme lo buena que estoy, ya sabe de que va la cosa.

Me propone ir al centro comercial y probarme algo de ropa interior. Le pregunto directamente si trae condones y me dice que si, aunque no pensaba mojar en la primera cita. Tras coger varios conjuntos, nos metemos en el probador y yo me los pruebo. Le pregunto cual me queda mejor y me dice que un sujetador rojo y unas bragas de rejilla, que parecen de cabaretera.

Le bajo el pantalón y le chupo la polla, una polla de joven, salido como yo, que solo quiere follar, nada de enamorarse, justo lo que yo quiero.

-Glub, que grande, le digo entre arcadas, no me entra más, la tienes muy grande.

-No importa, no te la metas toda. Chúpame solo lo que te entre.

Yo sigo chupando, y el tío esta a tope, me dice que pare, que no quiere correrse aún, quiere probarme.

Se desnuda del todo, pero a mi me deja con las bragas y el sujetador puesto. Desliza un poco mis bragas y me come todo el chocho, que bien lo haces tío, pienso. Después se agacha y me chupa el clítoris. Que bien lo come este chico. Ya estoy super mojada y vamos a follar.

Ahora se pone un condón y se dispone a penetrarme. Supongo que su condón no es muy fino, pero que le vamos a hacer. Vamos, al lío.

Me la mete toda, y a diferencia del tal Luis, entra a la primera.

-Ufff.

-Baja la voz, me dice, que nos van a oír.

Empezamos a follar, y me folla como nunca, con el mete y saca me vuelve loca, no puedo evitar gemir, pero bajito, para que no nos oigan. El esta de pie y yo sentada de culo en el asiento del probador, con las piernas para arriba y sigue dándome bien fuerte.

Me la saca y quiere que me ponga encima de el ahora. Obedezco al momento y le cabalgo con las piernas abiertas dejándole ver mis tetas casi en su cara. No puedo resistir el gusto que me da, y casi no puedo aguantar gemir en alto, pero el me dice que no grite, que lo entiende, que el también gritaría pero nos pueden oír.

Después de un rato, decido cambiar de postura y esta vez me pongo de culo a el, pero igualmente cabalgándole.

Boto sobre su polla bien botada, subo y bajo como una loca, a los poco minutos el ya no puede más. Se sale de mi, se pone de pie y conmigo en cuclillas, se corre en mi cara. Sus chorros de semen llenan mi cara, debe de llevar mucho sin correrse.

Me limpio la cara con unos clínex y el se saca el preservativo, lo envuelve en más clínex y tras vestirnos, salimos de allí, sin haber comprado nada. Colgamos el sujetador y las bragas en una percha y las bragas han debido de quedar para el arrastre.

Nos despedimos y quedamos para otro día. Espero otra sesión de sexo salvaje.

Pasan dos semanas y ya llevo la rutina de masturbarme con el vibrador por la mañana, follar con mi doctor a mediodía y por la tarde con mi chico de Pinder. Pero esto afecta a mi trabajo, falto algún día que otro y mi jefe amenaza con despedirme. Mi adicción al sexo me va a salir cara.

Un día mi jefe, después de una gran bronca, me cambia el turno y me hace trabajar 12 horas seguidas, haciéndome cerrar la tienda.

Estoy a punto de cerrar ese día la tienda, cuando alguien entra.

-Vamos a cerrar, le digo, sin darme cuenta de quien es. Estaba de espaldas en la caja.

De un salto se pone frente a mi. Es Jose.

-Guarra, cierra la tienda ya, me dice.

-¿Qué te pasa Jose?

-¿Qué, que me pasa? Que eres como todas, una calientapollas, y cuando me has calentado, me dejas tirado y no te lo consiento.

Se acerca a mi y me pone una navaja en el cuello.

-Cierra ya la puerta, zorra.

Yo estoy muy asustada y cierro la puerta de la tienda como me dice. Me arrastra y me lleva al almacén.

-Que recuerdos me trae esto. Aquí pasamos buenos momentos.

Me tira al suelo y me ata las muñecas a una estantería de metal con una cuerda que llevaba.

Se agacha frente a mi y me arranca la blusa y el sujetador, dejándome con los pechos al aire. Me los chupa y me besa la boca, pero yo le rechazo, volviendo la cara. Me da un guantazo que me hace sangrar un poco por la boca y la nariz.

Estoy hecha polvo, ¿porqué actúa así conmigo? Ahora me quita el pantalón y las braguitas y me deja desnuda. Me penetra violentamente, sin protección y no puedo hacer nada para impedírselo, me ha vuelto a poner la navaja en el cuello.

Mientras me viola, no me mira, solo gime como una bestia. Después de un rato, se corre por fin, pero no ha acabado todo. Me pone a cuatro patas y me dice:

-Ahora vas a saber lo que es perder la virginidad de tu culo, guarra.

No, no quiero creerlo, quiere violarme analmente. Nunca pensé ni en mis peores sueños que podría hacerme eso.

Me separa un poco las piernas y siento en el acto su polla dentro de mi culo. Su polla está destrozándome por dentro, no puedo aguantar el dolor y el hijo de puta todavía no se corre. Unos minutos más tarde, que se me hacen eternos, por fin se corre y cuando saca su polla, estoy sangrando.

Me desata, se viste y me coge la llave, sale de la tienda y oigo que echa el cierre, pero no del todo. Mi culo esta sangrando mucho, me pongo papel, me visto como puedo y salgo a la calle, cerrando la tienda, pero con mucho dolor. Voy a la casa donde tiene consulta mi doctor. Acaba de amanecer y es muy pronto, pero me siento al lado del portal.

Son las 8, cuando una señora me ve sentada en el suelo y le digo que por favor, que me abra, que voy a ver al doctor Ramirez. La señora, muy amable, me abre el portal y me dice que la consulta no empieza hasta dentro de media hora, pero que puedo esperar en el pasillo, hay un sofá allí, es una casa elegante.

A las 8 y 20 aparece el doctor, yo estoy con la cabeza agachada, rota de dolor y al principio no me reconoce.

-Disculpe, señora, me dice. ¿Tenia ud cita?

Le miro y entonces me reconoce.

-¡Claudia, eres tu! ¿Qué te ha pasado?

-Me han violado.

-Anda pasa dentro. Abre la consulta y me acompaña adentro.

Se le ve preocupado mientras me examina. Me mira la vagina para ver si hay algún desgarro, pero parece estar todo bien. Mi culo es el peor. Tiene un desgarro y el doctor me lo cura bien, aunque me recomienda denunciar e ir a un hospital.

-No pienso denunciar, le digo. Ese tío esta loco y podría hacerme más daño si se entera.

-Como quieras, no puedo obligarte. Pero tengo que decirte una cosa.

-¿El que?

-Que eres ninfómana. Y deberías saberlo.

-Ya lo se.

-Necesitas tratamiento.

-Tal vez.

-¿Cómo que tal vez?

-Que me gusta follar y no quiero ir al medico.

-Pues ahora has ido al medico.

-Pero eres tu, es distinto y eso.

La discusión no llevaba a nada, así que me dijo que confiaba en mi para dejarme las llaves de su casa y que podía quedarme unos días, hasta que estuviera mejor. Solo me ponía una condición: Nada de sexo mientras viviera con el.

Recogí lo poco que tenia en mi piso y le dije que a mi casera que me iba por un tiempo. Ella no pareció asombrarse y nos despedimos. En un par de horas ya estaba instalada en casa del doctor. Al parecer ya vivía solo. Tenia una casa bastante acogedora y no demasiado grande para dos personas, supongo que no pensaban tener hijos por el momento. Así que viviría con él por el momento y sin nada de sexo. Lo malo era que no sabia que pronto volvería a caer en la tentación.

Un mes después tenia un nuevo trabajo. Ahora trabajaba con más gente en un almacén y se me había olvidado el daño que me hizo Jose. Una mañana al levantarme, estaba en el baño y vi en una bolsa el consolador que me había comprado y me quede parada mirándolo. Hacia tiempo que no lo usaba y pensé: ¿por qué no?

Lo puse en marcha y volví a quedarme mirándolo, estaba en sujetador y bragas y tras dejarlo en el baño, me quité las bragas y apunté a mi “zona noble”. Me acariciaba los pechos y los pezones, mientras me masturbaba y estaba a cien. Casi se me había olvidado el placer que me daba el “aparatito” tan pequeño y tan bueno, dispuesto a satisfacer los deseos de una chica salida como yo.

A los cinco minutos me había corrido como una loca y seguí dandole caña, mi coño chorreaba jugos y estaba a punto de irme por segunda vez.

Terminé sentada en el suelo del baño, toda mojada y con dos orgasmos fabulosos. Me apresuré a guardar el aparato, limpiar el suelo, manchado de mis jugos y me di una ducha rápida.

Me fui al trabajo y me olvidé un poco del sexo. Al volver al piso me encontré con que el doctor ya había vuelto. Hablamos y cenamos. Yo dormí en su habitación y el quiso dormir en el sofá, le propuse dormir juntos, sin tocarnos, pero el no se fió.

El nuevo día comenzó normal, el se fue a trabajar y yo me puse a navegar por internet, cuando me acordé de mi chico de Pinder, hacia un mes que no nos veíamos y decidí escribirle. La calentura volvía a hacer estragos en mi. En cuanto recibió mi mensaje, me contestó. Se había quedado colgado de mi y le extrañaba no haber vuelto a saber nada. Quedamos para vernos en dos días y le propuse ir al centro comercial para recordar la primera vez que nos conocimos.

No tomamos nada y nos fuimos derechos a los probadores. Otras pobres bragas iban a quedar para el arrastre. Lo hicimos en todas las posturas que se nos ocurrieron, yo cabalgándole, el encima mío, a cuatro patas, hasta que llamaron a la puerta del probador, llevábamos como una hora dentro y había gente esperando, mucha gente, a esas horas el centro comercial se había llenado.

Al final tuvimos que comprar el conjunto con el que habíamos follado, para que no se dieran cuenta de nada y volvieran a ver las bragas húmedas.

Nos despedimos y yo me llevé la ropa interior sexy, que escondí como pude en casa del doctor.

Como mi doctor no quería follar conmigo, me faltaba un vértice del triángulo, así que tenia que buscar un tercer ángulo. Lo descubrí en el dependiente del sex-shop.

Una tarde entré y me quedé mirando las pollas de plástico. Al poco le miro a el, y luego a las pollas, a el y a las pollas y el chico se empezaba a extrañar. Me acerco al mostrador y me tumbo sobre el a preguntarle una tontería y le miro directamente al paquete.

-Oye, le pregunto. ¿Cual de esas pollas crees que se asemeja al tamaño de la tuya?

-¿A la mía? Y se pone a mirar hacia la estantería. ¡Oye tía, no seas guarra!

-De verdad, anda. Dime de que tamaño es la tuya.

Se queda un momento pensando y sale de detrás del mostrador y se va a donde están las pollas colocadas y coge una. La mira, la deja y coge otra más pequeña.

-Más o menos así, me dice.

-¿En serio? ¿Esto que serán, 15 cm?

-Agacha la cabeza y me dice: Que va tía, en realidad es más pequeña.

-Me gustaría verla, le digo.

-No se si quiero enseñártela, te deprimirías. Mi novia siempre se masturba con un consolador, le parece super pequeña y no quiere follar conmigo, solo que se lo coma. No se como aún seguimos juntos.

-Anda, venga, enséñamela.

-Vale, esta bien, pero luego no me digas que no te lo advertí.

Se va a cerrar la tienda y me dice que pasemos al almacén, aunque nadie pueda vernos con el cierre echado, prefiere que vayamos atrás.

Se desabrocha el pantalón y se lo baja un poco. Se queda parado.

-Vamos hombre, enséñamela.

-Tu lo has querido, mira. Se baja el calzoncillo y veo su pene, es pequeñito y aunque no está erecto, me imagino que cuando la tenga tiesa, no pasara de los 13 cm.

Aun así, me agacho, la cojo con mi mano y la examino. El chico se queda mirándome, pero no dice nada, ni opone resistencia. Entonces me la meto en la boca y empiezo a chupársela.

-Umm, que rico lo haces, me dice.

-Soy una maestra, le contesto. Sigo chupándosela y empieza a crecer un poco.

Al cabo de un momento, veo que su pene no va a crecer más.

-No te compliques la vida, tía, esto no crece más.

-Tranquilo, esto tiene solución. Sigo masturbándole y después de un momento le dejo, y me voy a la sección de condones.

-¿Dónde tienes los condones con texturas?

-Ahí, al lado de las vaginas de goma.

Miro bien y encuentro unos con doble estriado. Para un placer mayor, leo, tanto para hombre como para mujer.

Saco uno y se lo pongo al chico. El se mira el pene y luego me mira a mi.

-A grandes males, grandes remedios. Le digo.

Yo me bajo el pantalón y las braguitas y me masturbó un poco. El está algo mas duro. Cojo su pene y me lo introduzco. Aunque no tenga 17 o 18 cm, con el condón estriado, le siento bien.

-Ahora verás que el tamaño no es lo todo, tu novia es tonta.

Me apoyo contra la pared y le agarro del culo y le apreto contra mi.

-Fóllame fuerte, machote.

El chico empieza a bombearme con ganas, el condón estriado compensa su tamaño y disfruto como si la tuviera de 20 cm por lo menos. Lo malo que es los dos con los pantalones por los tobillos estamos a punto de caernos al suelo.

Llevamos media hora haciéndolo y yo ya me he corrido dos veces. El aguanta como un campeón y luego pone ojillos, hecha la cabeza para atrás y se corre con un grito.

-Joder tía, ¿te ha gustado? A mi mucho.

-Si, mucho, ya te lo dije, el tamaño no es lo todo, puedes satisfacer a una tía de muchos modos, aunque no la tengas enorme.

-Gracias, me has subido la autoestima.

-Y otra cosa también.

-Ah, si, jajaja.

Nos vestimos y nos despedimos, el decide cerrar del todo la tienda e irse a su casa. Me dice que si su chica no quiere volver a follar con el, la dejara y se liará conmigo.

-Tranquilo, sin prisa. Vaya por dios, otro que se va a enamorar de mi, pienso.

De vuelta a la rutina, sigo trabajando y follando, el problema es que mi chico de Tinder, se empieza a sentir agobiado. Le parece que le estoy pidiendo demasiado sexo, así que deja de escribirme. Yo me sigo masturbando y una tarde decido ir a ver al chico del sex shop, ni siquiera se como se llama y me lo subo al piso.

Cuando estamos casi desnudos con el calentamiento en marcha, se abre la puerta. Es el doctor que nos pilla a los dos encima del sofá.

-Eres una ninfómana, me dice. Te abrí las puertas de mi casa y ¿así me tratas? ¡Largo de aquí! ¡Fuera! ¡Los dos!

Yo cojo las cosas y le empujo al chico para que salgamos de aquí. Me vuelvo a la habitación y rápidamente termino de recoger lo poco que me quedaba y salgo de allí. Antes de salir con un portazo, me fijo en que unas lagrimas asoman por sus ojos.
 
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