Aventuras en Casa - Capítulo 001
Gracias a que el verano se había adelantado la temperatura en general era buena, permitiéndome estar completamente desnudo sin pasar ni un ápice de frio en la cama de mi novia.
La habitación estaba a oscuras pero se veía con normalidad, gracias a que la ventana estaba abierta y las persianas subidas la luz de la luna entraba por ella.
Mi novia de hace ya dos años se encontraba de rodillas en la cama practicándome una felación como solo ella sabe hacérmela.
Era su recompensa por dejarla tranquilla mientras nuestro perro, un mil-leches grande y con poco pelo, le abotonaba el trasero.
El pelo le cubría la cara y al estar tumbado solo veía la cabeza de mi mujer subir y bajar mientras me succionaba la polla con maestría. Cerré los ojos y me concentré en su boca.
Separé un poco las piernas y Tamara dejó el tronco para lamerme un buen rato los huevos. Apoyé la cabeza en la almohada y me dejé hacer. Separé aún más las piernas y la cabeza de Tamara bajó, me apartó los huevos, su lengua empezó a lamerme las nalgas, empezó a jugar entre los pliegues y finalmente, separando con las manos las nalgas y me lamió el ano. Levanté las dos piernas y fui yo quien separó las nalgas para que me chupara bien el culo. Su cara se pegó a mi trasero y su lengua larga se abría paso por mi esfínter intentando penetrarme. Se ayudó de un dedo y me empezó a sodomizar con el dedo incide. Levantó la cabeza, bajé las piernas que tenía agarradas por las rodillas y ella volvió a comerme la polla. Empezó a meter dos dedos en mi culo al mismo ritmo que se metía mi polla en su boca.
No hay nada mejor en este mundo que esa sensación, el culo abierto por tu novia mientras te la chupa. Arqué la espalda y disfruté con cada penetración. Abrí los ojos para mirarla pero seguía cubriéndole el pelo con lo que me limitaba la visión. Giré la cabeza tontamente y entonces la vi. Al principio me quedé parado sin saber qué hacer.
Mi suegra Sara, estaba mirándonos desde el pequeño hueco de la puerta que se había quedado abierta.
Hicimos contacto visual, nuestros ojos se encontraron y aguanté como un campeón los dedos de Tamara en mi culo mientras me seguía mirando.
Mi suegra, sonrió y me hizo un gesto con la mano para que continuara. Yo no entendí muy bien y encogí los hombros lo suficiente para darle a entender que no sabía que me decía. Tamara seguía y aprovechando un descuido integró un tercer dedo en mi dilatado culo que me obligó a separar las piernas y a gemir involuntariamente.
Sara seguía mirándonos mientras seguían chupándomela. Mi suegra sin contarse un pelo levantó los pulgares de la mano y sonrió como preguntándome si Tamara lo estaba haciendo bien.
Yo respondí con la cabeza afirmativamente. Sara me respondió también asintiendo con la cabeza. Entonces me fijé que mi suegra solo lleva puesta una camiseta muy grande que le tapaba poco más de la zona baja del coño dejando a la vista sus piernas.
Sara se puso los dedos en V y se los puso en los ojos haciendo el gesto típico de “ver” luego se señaló sus pechos.
Yo asentí con la cabeza.
Sara se levantó camiseta y vi que se encontraba completamente desnuda. El coño mostraba una franja marcada de pelos en forma de rayita, pude apreciar sus caderas pequeñas como las de su hija, su vientre liso y delgado y luego vi sus pechos, algo caídos pero bien bonitos.
La repasé de arriba abajo tres o cuatro veces con los ojos abiertos como platos. Tamara ajena a los acontecimientos seguía a lo suyo, me separó una de las piernas con su cuerpo poniéndose más cómoda para facilitarse el trabajo de sonorización. Sus dedos empezaros a girar en mi culo primero en perpendicular y luego en horizontal. Tres dedos en horizontal te abren mucho el culo y ella lo sabía. Dejándolos horizontales empeño a meterlos y a sacarlos y como pude, aguanté el placer agarrándome a las sabanas y contorsionando mi cuerpo.
Pero no pude más y mi polla estalló. En chorro de semen calentito salió de la punta de mi miembro a la garganta de mi novia que rodeaba mi glande con sus labios. Siguió masturbando lentamente mientras que soltaba chorro tras chorro y descargaba todo el néctar en la boca de mi novia.
Resoplé, respiré profundamente y volví en mí. Giré la cabeza hacia la puerta y la vi vacía, Sara ya no estaba allí.
Tamara se recogió el pelo tras tragárselo todo de una forma muy natural, se incorporó, escaló por encima de mi cuerpo hasta poner su cara junto a ala mía y besarme en la boca muy cariñosamente.
- Te quiero - Dijo mientras sonreía de oreja a oreja
- Yo también te quiero – Le respondí. Y era verdad, amaba a esa mujer.
Tamara era una persona increíble, desde que la conocí y empezamos a salir jamás he tenido problemas en el sexo, Tamara es una persona muy abierta y sin tabúes como yo.
Volvió a besarme. Cogió la cabeza por la mandíbula y me abrió la boca. Me besó con lengua y luego me chupó la nariz y se rio.
- Bhhaaa, en la nariz no que sabes que no me gusta- - Y me limpié las babas que me había dejado.
- Anda calla – Se tumbó a mi lado en la cama y me abrazó hasta que nos quedamos dormidos.
Pasaron varios días y los encuentros con mi suegra fueron de los más normal. Como si no hubiese pasado nada, las comidas, las cenas y las veces que nos veíamos cuando iba a visitar a Tamara a su casa me desconcertaba. Era como si me lo hubiese soñado yo. En alguna ocasión intenté sacarle tema cuando me quedé a solas unos segundos con ella al irse Tamara el baño, pero no tuve coraje para hacerlo. Al final me convencí que lo había soñado.
Pero aun así no pude dejar de pensar en ella. Realmente para la edad que tenía (había tenido joven a su hija) estaba muy pero que muy buena. Desde que se separó de su marido se había dedicado a cuidarse, ir al gimnasio casi cada día y se mantenía en un estado de forma envidiable.
Llegó el fin de semana y volví a quedarme a dormir en casa de mi novia. Era viernes por la noche, la mejor noche de todas ya que era la noche de sexo salvaje. Debido a que normalmente entre semana apenas podíamos estar juntos y los viernes desatábamos la lujuria contenida.
Tras volver de tomar unas cañas con los amigos y salir de fiesta hasta pasadas las 3 de la mañana volvimos algo cargados de alcohol a casa de Tamara. Haciendo el mínimo ruido posible nos metimos en su habitación y dejamos pasar al perro. Tamara intentó cerrar la puerta pero yo me abalancé sobre ella antes de darle qué pensar, le cogí por la nuca y le incrusté mi lengua es u garganta. Con la otra mano le apreté el culo y le estrujé la nalga. Ella saltó y me rodeó con sus pernas mi cintura. Yo la aguanté por el culo y la llevé hasta la cama. La tiré y ella se dejó caer intentando contener la risita para no hacer ruido.
Me desabroché la camisa y la tiré al suelo. Tam se sacaba los zapatos con los pies, levantaba el culo de la cama apoyándose con los pies y la cabeza mientras se desabrochaba los pantalones y se los sacaba. Yo terminé de ayudarla. Tiré de la cintura de su pantalón mientras ella luchaba por contener la risa tonta que se te da cuando estas subida de alcohol y sedienta de sexo.
Le arrastré también el tanga dejándola desvestida de cintura para abajo. Me costó sacarle la última perchera del pantalón. Tiré de ella y al final salió por su pie. Tiré los pantalones y el tenga lejos. Me incliné, le separé las piernas y metí mi cabeza entre sus muslos. Olía a coño, a mi coño, el mejor olor del mundo. Sin pensármelo dos veces le lamí la raja y ya la noté húmeda. Noté como una de sus manos se posaba en mi cabeza a la vez que sus pies quedaban al aire.
Lamí entre sus labios mayores, luego por los internos y luego succioné su clítoris como ella me había explicado como tenía que comerle el coño. Metí un dedo y al no notar resistencia, metí un segundo. La mano que tenía en la nuca me apretaba contra ella impidiéndome respirar con normalidad, pero me daba igual.
Lamia con esmero el coño, saqué los dedos, le levanté aún más las piernas llevándolas a sus manos para que se las aguantara y me dirigí a su culo. Le lamí el ano sin pensármelo, y sin necesidad de separar las nalgas porque tenía un culo pequeño le empecé a meter la lengua todo lo que pude.
El esfínter dejó de hacer presión y dejó de resistirse cuando mi dedo índice empezó a atravesarlo. No había encontrado a nadie que le gustara tanto el sexo anal como a Tamara.
Le metí el segundo dedo y poco después el tercero. Empecé a sodomizarla como me había hecho ella a mí la anterior vez. Primero los dedos en vertical que entran mejor y luego girándolos hasta ponerlos en horizontal. Vi el ano de Tamara abierto de par en par y ya no pude aguantar mucho más.
Me levanté dejándola espatarrada encima de la cama con el culo abierto, me intenté desabrochar el cinturón y el botón de los tejanos, pero al tener la polla presionándome me costaba horrores, Tamara se incorporó en la cama, se sentó en el borde y sonriéndome me desabrochó ella el botón y metió la mano a la mínima oportunidad por debajo de la goma de los calzoncillos para sacar a la vista mi miembro erecto.
Le dio un besito en la punta y siguió bajándome el pantalón y el calzoncillo, al llegar a los tobillos, con un gesto rápido de mis pies lancé la ropa a la otra punta de la habitación quedándome completamente desnudo. Tamara se quitó la camiseta por la cabeza, se desabrochó el sujetador y dejó libre las tetas.
Empezó a tocarme el interior de las piernas con las manos y fue subiendo lentamente con caricias hasta llegar a los huevos. Su boca abierta de par en par rodeó sin problemas el capullo y se tragó sin dificultad media polla.
Una mano la utilizó para sujetarme la polla y la otra empezó a rebuscar entre mis nalgas el agujero del culo. Tamara tenía una especie de adicción al sexo anal que desde un principio yo le di vía libre para que hiciese lo que quisiese. Y desde entonces siempre ha jugado con mi trasero.
Noté que encontró con su índice la entrada de mi culo y empezó a masajeármelo con movimientos circulares, pero estaba seco.
- Date la vuelta – Me ordenó.
Ella estaba sentada en la cama y yo estaba de pie con la polla tiesa como una rama de un árbol. Me di la vuelta y mi culo quedó a la altura de su cara. Puso las manos en mis nalgas y mes las abrió.
- Inclínate – Me volvió a ordenar.
Así lo hice, me incliné y mi agujerito anal quedó a disipación de Tamara. Separé las piernas un poco más y empecé a masturbarme a la vez que notaba la lengua de mi novia recorrer mi esfínter.
Levanté la cabeza y allí estaba ella otra vez. Mirando desde la penumbra nuestros actos sexuales. Esta vez no se cortaba un pelo. La vi que se mordía un labio, una de sus manos pasaba por debajo del camisón para agarrarse uno de los pechos y con la otra se masajeaba lentamente la parte superior del coño como conteniéndose. Y disfrutando del espectáculo.
Volvimos a hacer contacto visual
Yo no me corté un pelo y puse cara de estar sintiendo uno de los mejores placeres del mundo. Saqué la lengua mirándola directamente a los ojos e ice el gesto de lamer como el que estaba haciéndome su hija en mi culo.
Sara me sonrió. Le gustó. Yo me incliné un poco más para que Tamara pudiera jugar con mi culo a la vez que seguía pajeandome. Noté un par de dos metiéndose por mi ano. Incliné la espalda al sentir como se abría mi culo y le gemí suavemente a la cara de mi suegra que sin cortarse un pelo se agarró con fuerza las dos tetas por encima de la camiseta grande que llevaba puesta el otro día.
Me incorporé, mie giré en redondo para que Tamara no viera a su madre espiarnos, la levanté y a su vez la giré.
- Ponte de rodillas en el suelo ¿Te apetece un poco de Rufus?
- ¿Ahora?
- Si-
- ¿A ti te apetece? – Me preguntó
- Mucho- Le susurré al oído.
Tamara sonrió de oreja a oreja y sin mediar palabra se arrodillo en un lateral de la cama. Abrió ligeramente las piernas y apoyó su cuerpo en el cochón a la espera de que la montara Rufus.
El culo de Tamara quedaba alineado con la puerta, dejando a mi suegra ver el de primera el culo y el coño de su hija.
Abrí el cajón de la mesita de noche y saqué un par de objetos. Un bote de lubricante, un par de dildos y un antifaz negro.
- Ponte esto - - Le dije a la vez que le pasaba el antifaz.
- ¿Ahora?
- Si, póntelo venga, siempre me lo pongo yo, hoy te toca a ti.
- Bueno, no te diré que no. Y se puso el antifaz en los ojos y se volvió a reclinar en el colchón.
Llamé a Rufus que estaba inquieto en una de las esquinas de la habitación. No era la primera vez que lo hacia así que estaba entrenado para ello. Siempre aguardaba en su sitio hasta que llamábamos. Se levantó y al instante estaba a nuestro lado. Le acaricie la cabeza y di unos golpecitos en el culo de Tamara.
Rubfus empezó a oler el coño de mi novia y al instante empezó a lamer con su lengua la entrepierna de Tamara.
Tamara empezó a gemir y al notar que lo hacía con fuerza se llevó una mano a la boca y se la tapó.
Miré a mi suegra y la vi con los ojos abiertos disfrutando de la vista. Pero me di cuenta de que no estaba escandalizada. Fue raro porque me la imaginé boquiabierta ya que la zoofilia no es algo muy común y menos cuando es tu hija quien lo hace, en cambio la vi disfrutar, como si ya lo hubiese visto más de una vez o lo encontrara normal.
Me llevé un dedo a los labios y le hice el gesto de silencia a la vez que con la otra mano le hacía un gesto para que se acercara.
Ella negó con la cabeza dubitativa.
Le insistí por gestos sin decir nada. La vi dudar un poco, vi como daba un paso para luego arrepentirse y volver detrás de la puerta negando con la cabeza.
Cogí las manos de mi novia y se las llevé al culo
- Ábretelo para mi cariño, deja que te lama.
No dijo nada simplemente lo hizo, separé sus nalgas para que el perro le lamiera el ojete. Hundió la cabeza en entre las sabanas y el colchón cuando la lengua de Rufus hurgó en su genitales.
- Voy a por los calcetines. ¿Dónde están cariño?
- No lo sé- Gruño Tamara con la sabana en la boca.
Los calcetines se los poníamos a Rubfus en las patas para que no arañaran la espalda de Tamara. Aun que le hacíamos la manicura y lo llevábamos al veterinario siempre nos asegurábamos de ponerle unos calcetines que compramos a propósito para él.
Me levanté y fingí que buscaba los calcetines por la habitación. Pero en realidad me acerqué a la puerta.
- Creo que los dejamos en mi mochila, del otro día que fuimos a mi casa con el perro- Le dije susurrando desde la puerta. Solo obtuve un gemido por respuesta. – No pares, ahora vuelvo, no tardo.
Salí de la habitación, cerré la puerta con cuidado y me quedé mirando a mi suegra. La cogí de la mano y me la llevé al comedor sin decir ni mu. Al llegar al salón donde estaba la mochila y los supuestos calcetines le dije.
- ¿Que se supone que haces?
Mi suegra no respondió nada, me miró el miembro erecto, ya que estaba desnudo. Lo cogió con una mano y se me lanzó directamente a la boca. Caí en el sofá de culo y ella cayó sobre mí. Si tiempo a decir nada y sin poder reaccionar mi suegra me devoraba la boca a la vez que con su mano me masajeaba la polla con dureza.
- Espera, espera.. – Le dije intentando despegarla de mí.
- ¿Pasa algo? – Me miró extrañada y ofendida a la vez
- Hombre pues… ¿Porque me besas?
- ¿Por qué? pero si me hacías señales en el cuarto.
- Si , pero una cosa es que me veas y otra cosa es esto. Eres mi suegra. – Dije con un chillido susurrado.
- Cállate, que se va a dar cuenta – Me tapó la boca con la mano.- Te estoy dando la oportunidad de follarte a tu suegra y me estas rechazando.
Me quedé con los ojos abiertos perplejo por las palabras tan directas.
- ¿Quieres follar?
- Emmm
- ¿Si o no?
- Si, pero... tu hija… tu hija me está esperando.
- Mi hija esta con el perro, déjala cinco minutos.
- ¿No te sorprende lo del perro?
- Lleva haciéndolo desde que la conozco. No es la primera vez que la veo con él.
- ¿Le has espiado más veces?
- ¿Espiado? Casi siempre, pero tú no te has dado cuenta hasta ahora
- ¿Yo, ahora?, osease que tu… pero porque?
- Porque me gusta, me da morbo porque me pone cien, porque follo poco porque los tíos son unos mierdas y porque sí.
- No sabía yo que tu… - No sabía que decir..
-¿No sabias que?- Pasó sus piernas por encima de mí, se sentó con las rodillas en el sofá y su coño encima de mi polla tiesa haciéndolo de separador entre sus labios.
- Nolose.. Sinceramente no me esperaba nada de eso. ¿Desde cuando nos espías?
- Desde hace mucho la verdad – empezó a mover sus caderas lentamente esparciendo su jugo vaginal por mi polla. Instintivamente mis manos se dirigieron a su culo tapado por la camiseta. Lo palpé y estaba realmente duro, más que el de su hija.
- Y…- mientras buscaba algo que decir pude ver los pezones duros que se le marcaban a través de la camiseta. - ¿Y tu hija sabe que la espías?
Un sonoro “Ja” salió de la boca de mi suegra. – Mi hija, por supuesto que lo sabe. Me ha visto muchas veces mirándola a través de la puerta.
- ¿Lo sabe?-
- sí, -Entonces acomodó su coño húmedo a la punta de mi polla y el glande hizo su función, se encajó en el agujero del coño y penetré a mi suegra. Sara sintió que estaba para entrar y bajó su cuerpo a la vez que se empalaba con mi miembro.
- Ves, no está tan mal ¿No?- Dijo a la vez que se acercaba a mi oreja y me mordía el lóbulo.
- ¿Y si lo sabe porque no me ha dicho nada?-
- Lo hace para provocarme, le gusta que la mire, acaso crees que no sabe que ahora estaba mirando?
- Creo que no – Dije dubitativo
- Mientras te lamia el culo me ha giñado el ojo por debajo de tus piernas tontainas. Le gusta este rollo sabes, así que no tienes que preocuparte.
- Vale vale, ya.. Me tengo que ir con tu hija,
- Vale, pesado. – Se levantó y al salir pude ver mi polla húmeda con los jugos vaginales de la madre de mi novia.
- No quiero perder a tu hija por esto-
- A mi hija no la vas a perder por esto sabes – Y me apuntó con el dedo índice contra el pecho- Eso te lo aseguro.
- Se lo voy a tener que decir-
- ¿El que le vas a decir?
- Pues esto, que me has tirado al sofá y …
- Pues te dará la enhorabuena. No te preocupes que le mola el rollo este.
- Estas hablando de tu hija, parece que hables de una prostituta o una guarra.
- Mi hija es un clon mío, una guarra como yo – Y me cogió con fuerza el miembro para no soltarlo – Y hace las mismas cosas que yo cuando tenía su edad.
Se acercó a mí, tanto que su boca quedó a escasos milímetros de la mía. Me miró a los ojos mientras su mano empezó a palparme los huevos y posteriormente proceder a rebuscarme por debajo el culo.
- A mí también me gustan estas cosas sabes… - Instintivamente abrí las piernas, me vuelve loco que me toquen el culo y Sara con su mano experta encontró el agujero rápidamente.
Metió un dedo en mi ano a la vez que me sonreía.
- Si quieres un día podemos seguir – Metió todo el dedo como pudo haciendo fuerza hacia arriba.
Yo entrecerré los ojos y soplé de gusto.
- Si.. digo no…- Y le saqué el dedo de mi culo – Me debo a su hija. Me giré y me fui al cuarto dejándola sola sonriendo en el salón.
Abrí la puerta y me encontré a Rufus culo con culo con mi novia. Me acerqué y vi que seguía con el antifaz puesto sonriendo de placer y resoplando cada vez que el perro se movía. Tenía la bola metida en el culo y éste hacia fuerza hacia adelante intentando despegarse.
- ¿Porque no me has esperado cariño?
- Ohh, estas aquí...
- Si estoy aquí – y le puse la mano en la espada.
- No podía aguantarme más, lo necesitaba.
- ¿Estas bien? – Le dije a la vez que le acariciaba la cabeza.
- Sí, estoy de puta madre – Sonrió
- ¿Hace mucho que estás pegada?
- No, apenas dos o tres minutos.
- Bueno, va para largo entonces.
- Si. Quítame el antifaz anda aunque si me muevo mucho Rufus me hará daño.- La mano de Tamara se presionaba el culo para impedir que saliera la bola y la otra la usaba para aguantarle la cola al perro.
Le quité el antifaz y vi que parpadeaba por la entrada de luz, aun siendo muy escasa.
- Me gusta verte así, me pone un montón – Le dije a la mujer de mi vida
- Lose - Respondió ella
Rufus empezó a moverse
- Clama, Rufus, que me harás daño.
Intenté calmar al perro pero me era imposible, se movía mucho. Luego miré hacia la puerta y vi pasar a mi suegra completamente desnuda por delante.
- Ayúdame a calmarlo anda.
- Eso intento- Dije
-¿Pasa algo?
- No, no tranquila.
- ¿Encontraste los calcetines?
- no, no se dónde los hemos puesto.
- Menos mal que no me he quitado la camiseta, aun así creo que me ha arañado un poco la cintura.
- A ver. – Me incorporé y le señalé con el dedo donde le había dejado alguna marca roja por encima del culo y en alguna nalga. No pude resistirme y aparté la cola del perro para ver el abotonamiento.
- ¿Buena vista? – Me dijo
- Me encanta.
- Tu siempre con lo mismo. ¿No te cansas?
- Jamás, es simplemente y espectacularmente morboso.
- ¿A si?
- Si, tendrías que verlo,
- ¿El qué?, un culo con una polla de perro?
- Si, abotonado y que no puede despegarse. ¿Te hago una foto y te la muestro?
- Venga - dijo.
Cogí el teléfono, encendí la luz y me acerqué a su culo. Le hice una foto con un un primer plano y se lo enseñé a mi novia.
- ¿Este es mi culo?
- Si.
- Alaaaa pero si se ve que.. Madre mía.. lo tengo súper dilatado.
- Eso es porque está haciendo fuerza hacia fuera y está intentando sacar la bola.
- ¿Así es como me lo ves tú?
- Si
- ¿Y te gusta?
- Claro.
- Sabes… podríamos hacer algo diferente la próxima vez.
- ¿A si? Me arrodillé junto a ella y puse la cara a su altura para estar en comunión con ella en momentos así.
-Sí, ya que tú me has hecho una foto así, me gustaría hacerte una foto a ti en la misma posición?
- ¿Quieres hacerme una foto del culo?
- No, no. Si. Porque no pruebas con Rufus?
- ¿Que pruebe con el perro?
- Si,
- Pero noseyo..
- Me haría ilusión. – Y puso cara de niña buena.
- No lo sé, no lo sé – Remugué tontamente a sabiendas que iba a aceptar - ¿Que me das a cambio?
- Una foto de tu culo, ¿Te parece bien?
- No, porque me la ibas a hacer igual.
- A pues no sé, que quieres a cambio?
- Yo me conformo con poco, ¿Una mamada?
- ¿Ahora?
- Si
- Pero me saco a Rufus primero –
- No, me la haces ahora. - Me levanté y me puse a la cama. Pasé las piernas una a cada lado de ella y planté mi miembro a la altura de la cara de Tamara.
Tamara sin vacilar levantó la cabeza y se incrustó la polla en su boca. Me miró a los ojos directamente mientras mi miembro se abría paso a través de sus labios prietos que rodeaban mi polla. Me la mamaba sin manos, subía a y bajaba la cabeza.
Me di cuenta entonces que mi polla había estado en el coño de mi suegra y que ahora su hija se estaba comiendo sus jugos.
Sin querer levanté la vista y vi a mi suegra otra ve plantada en la puerta, y otra vez con la camiseta puesta. Abrió los ojos de par en par ya que esta vez Tamara se dio cuenta de que miraba algo. Se sacó la polla de la boca y se levantó como pudo y giró la cabeza para mirar hacia donde miraba yo.
- Pero mamá... ¡¡¡QUE HACES!!!
- No tranquila, tranquila – dijo a la vez que entraba en la habitación.
- Mamáaa – Dijo a la vez que intentaba moverse pero no conseguía mucho al tener la polla del perro incrustada en el culo.
- No te muevas que te va a doler. – Le dijo mientras le ponía la mano en la espalda y así evitaba que su hija se moviese.
- Joder mamá que vergüenza, ¿Puedes salir de aquí por favor?.
- Oh venga ya hija, no finjas bochorno ahora mismo. No me vengas con chorradas moralistas ahora si sabes perfectamente que te gusta que te mire.
Tamara agachó la cabeza y como por arte de magia cambió de hija abochornada a mujer con chulería.
- ¿Y para que has entrado entonces, para mirar más de cerca o qué? Siempre estás en la puerta mirando y tocándote. ¿Que pasa que desde ahí no puedes ver bien mi culo? O querías ver cómo me comía la polla de mi novio.
- No hija no, si quiero ver tu culo solo tengo que levantar el rabo del perro – Y cogió y levantó la cola de rufus y miró descaradamente el ano de su hija – Y si quiero ver cómo te comes la polla de tu novio solo tengo que pasearme por la puerta a cualquier hora y te veré arrodillada con su miembro en la boca, o su culo.
- ¿Entonces para que entras?
- Porque me apetecía entrar. ¿Acaso no puedo?
Gracias a que el verano se había adelantado la temperatura en general era buena, permitiéndome estar completamente desnudo sin pasar ni un ápice de frio en la cama de mi novia.
La habitación estaba a oscuras pero se veía con normalidad, gracias a que la ventana estaba abierta y las persianas subidas la luz de la luna entraba por ella.
Mi novia de hace ya dos años se encontraba de rodillas en la cama practicándome una felación como solo ella sabe hacérmela.
Era su recompensa por dejarla tranquilla mientras nuestro perro, un mil-leches grande y con poco pelo, le abotonaba el trasero.
El pelo le cubría la cara y al estar tumbado solo veía la cabeza de mi mujer subir y bajar mientras me succionaba la polla con maestría. Cerré los ojos y me concentré en su boca.
Separé un poco las piernas y Tamara dejó el tronco para lamerme un buen rato los huevos. Apoyé la cabeza en la almohada y me dejé hacer. Separé aún más las piernas y la cabeza de Tamara bajó, me apartó los huevos, su lengua empezó a lamerme las nalgas, empezó a jugar entre los pliegues y finalmente, separando con las manos las nalgas y me lamió el ano. Levanté las dos piernas y fui yo quien separó las nalgas para que me chupara bien el culo. Su cara se pegó a mi trasero y su lengua larga se abría paso por mi esfínter intentando penetrarme. Se ayudó de un dedo y me empezó a sodomizar con el dedo incide. Levantó la cabeza, bajé las piernas que tenía agarradas por las rodillas y ella volvió a comerme la polla. Empezó a meter dos dedos en mi culo al mismo ritmo que se metía mi polla en su boca.
No hay nada mejor en este mundo que esa sensación, el culo abierto por tu novia mientras te la chupa. Arqué la espalda y disfruté con cada penetración. Abrí los ojos para mirarla pero seguía cubriéndole el pelo con lo que me limitaba la visión. Giré la cabeza tontamente y entonces la vi. Al principio me quedé parado sin saber qué hacer.
Mi suegra Sara, estaba mirándonos desde el pequeño hueco de la puerta que se había quedado abierta.
Hicimos contacto visual, nuestros ojos se encontraron y aguanté como un campeón los dedos de Tamara en mi culo mientras me seguía mirando.
Mi suegra, sonrió y me hizo un gesto con la mano para que continuara. Yo no entendí muy bien y encogí los hombros lo suficiente para darle a entender que no sabía que me decía. Tamara seguía y aprovechando un descuido integró un tercer dedo en mi dilatado culo que me obligó a separar las piernas y a gemir involuntariamente.
Sara seguía mirándonos mientras seguían chupándomela. Mi suegra sin contarse un pelo levantó los pulgares de la mano y sonrió como preguntándome si Tamara lo estaba haciendo bien.
Yo respondí con la cabeza afirmativamente. Sara me respondió también asintiendo con la cabeza. Entonces me fijé que mi suegra solo lleva puesta una camiseta muy grande que le tapaba poco más de la zona baja del coño dejando a la vista sus piernas.
Sara se puso los dedos en V y se los puso en los ojos haciendo el gesto típico de “ver” luego se señaló sus pechos.
Yo asentí con la cabeza.
Sara se levantó camiseta y vi que se encontraba completamente desnuda. El coño mostraba una franja marcada de pelos en forma de rayita, pude apreciar sus caderas pequeñas como las de su hija, su vientre liso y delgado y luego vi sus pechos, algo caídos pero bien bonitos.
La repasé de arriba abajo tres o cuatro veces con los ojos abiertos como platos. Tamara ajena a los acontecimientos seguía a lo suyo, me separó una de las piernas con su cuerpo poniéndose más cómoda para facilitarse el trabajo de sonorización. Sus dedos empezaros a girar en mi culo primero en perpendicular y luego en horizontal. Tres dedos en horizontal te abren mucho el culo y ella lo sabía. Dejándolos horizontales empeño a meterlos y a sacarlos y como pude, aguanté el placer agarrándome a las sabanas y contorsionando mi cuerpo.
Pero no pude más y mi polla estalló. En chorro de semen calentito salió de la punta de mi miembro a la garganta de mi novia que rodeaba mi glande con sus labios. Siguió masturbando lentamente mientras que soltaba chorro tras chorro y descargaba todo el néctar en la boca de mi novia.
Resoplé, respiré profundamente y volví en mí. Giré la cabeza hacia la puerta y la vi vacía, Sara ya no estaba allí.
Tamara se recogió el pelo tras tragárselo todo de una forma muy natural, se incorporó, escaló por encima de mi cuerpo hasta poner su cara junto a ala mía y besarme en la boca muy cariñosamente.
- Te quiero - Dijo mientras sonreía de oreja a oreja
- Yo también te quiero – Le respondí. Y era verdad, amaba a esa mujer.
Tamara era una persona increíble, desde que la conocí y empezamos a salir jamás he tenido problemas en el sexo, Tamara es una persona muy abierta y sin tabúes como yo.
Volvió a besarme. Cogió la cabeza por la mandíbula y me abrió la boca. Me besó con lengua y luego me chupó la nariz y se rio.
- Bhhaaa, en la nariz no que sabes que no me gusta- - Y me limpié las babas que me había dejado.
- Anda calla – Se tumbó a mi lado en la cama y me abrazó hasta que nos quedamos dormidos.
Pasaron varios días y los encuentros con mi suegra fueron de los más normal. Como si no hubiese pasado nada, las comidas, las cenas y las veces que nos veíamos cuando iba a visitar a Tamara a su casa me desconcertaba. Era como si me lo hubiese soñado yo. En alguna ocasión intenté sacarle tema cuando me quedé a solas unos segundos con ella al irse Tamara el baño, pero no tuve coraje para hacerlo. Al final me convencí que lo había soñado.
Pero aun así no pude dejar de pensar en ella. Realmente para la edad que tenía (había tenido joven a su hija) estaba muy pero que muy buena. Desde que se separó de su marido se había dedicado a cuidarse, ir al gimnasio casi cada día y se mantenía en un estado de forma envidiable.
Llegó el fin de semana y volví a quedarme a dormir en casa de mi novia. Era viernes por la noche, la mejor noche de todas ya que era la noche de sexo salvaje. Debido a que normalmente entre semana apenas podíamos estar juntos y los viernes desatábamos la lujuria contenida.
Tras volver de tomar unas cañas con los amigos y salir de fiesta hasta pasadas las 3 de la mañana volvimos algo cargados de alcohol a casa de Tamara. Haciendo el mínimo ruido posible nos metimos en su habitación y dejamos pasar al perro. Tamara intentó cerrar la puerta pero yo me abalancé sobre ella antes de darle qué pensar, le cogí por la nuca y le incrusté mi lengua es u garganta. Con la otra mano le apreté el culo y le estrujé la nalga. Ella saltó y me rodeó con sus pernas mi cintura. Yo la aguanté por el culo y la llevé hasta la cama. La tiré y ella se dejó caer intentando contener la risita para no hacer ruido.
Me desabroché la camisa y la tiré al suelo. Tam se sacaba los zapatos con los pies, levantaba el culo de la cama apoyándose con los pies y la cabeza mientras se desabrochaba los pantalones y se los sacaba. Yo terminé de ayudarla. Tiré de la cintura de su pantalón mientras ella luchaba por contener la risa tonta que se te da cuando estas subida de alcohol y sedienta de sexo.
Le arrastré también el tanga dejándola desvestida de cintura para abajo. Me costó sacarle la última perchera del pantalón. Tiré de ella y al final salió por su pie. Tiré los pantalones y el tenga lejos. Me incliné, le separé las piernas y metí mi cabeza entre sus muslos. Olía a coño, a mi coño, el mejor olor del mundo. Sin pensármelo dos veces le lamí la raja y ya la noté húmeda. Noté como una de sus manos se posaba en mi cabeza a la vez que sus pies quedaban al aire.
Lamí entre sus labios mayores, luego por los internos y luego succioné su clítoris como ella me había explicado como tenía que comerle el coño. Metí un dedo y al no notar resistencia, metí un segundo. La mano que tenía en la nuca me apretaba contra ella impidiéndome respirar con normalidad, pero me daba igual.
Lamia con esmero el coño, saqué los dedos, le levanté aún más las piernas llevándolas a sus manos para que se las aguantara y me dirigí a su culo. Le lamí el ano sin pensármelo, y sin necesidad de separar las nalgas porque tenía un culo pequeño le empecé a meter la lengua todo lo que pude.
El esfínter dejó de hacer presión y dejó de resistirse cuando mi dedo índice empezó a atravesarlo. No había encontrado a nadie que le gustara tanto el sexo anal como a Tamara.
Le metí el segundo dedo y poco después el tercero. Empecé a sodomizarla como me había hecho ella a mí la anterior vez. Primero los dedos en vertical que entran mejor y luego girándolos hasta ponerlos en horizontal. Vi el ano de Tamara abierto de par en par y ya no pude aguantar mucho más.
Me levanté dejándola espatarrada encima de la cama con el culo abierto, me intenté desabrochar el cinturón y el botón de los tejanos, pero al tener la polla presionándome me costaba horrores, Tamara se incorporó en la cama, se sentó en el borde y sonriéndome me desabrochó ella el botón y metió la mano a la mínima oportunidad por debajo de la goma de los calzoncillos para sacar a la vista mi miembro erecto.
Le dio un besito en la punta y siguió bajándome el pantalón y el calzoncillo, al llegar a los tobillos, con un gesto rápido de mis pies lancé la ropa a la otra punta de la habitación quedándome completamente desnudo. Tamara se quitó la camiseta por la cabeza, se desabrochó el sujetador y dejó libre las tetas.
Empezó a tocarme el interior de las piernas con las manos y fue subiendo lentamente con caricias hasta llegar a los huevos. Su boca abierta de par en par rodeó sin problemas el capullo y se tragó sin dificultad media polla.
Una mano la utilizó para sujetarme la polla y la otra empezó a rebuscar entre mis nalgas el agujero del culo. Tamara tenía una especie de adicción al sexo anal que desde un principio yo le di vía libre para que hiciese lo que quisiese. Y desde entonces siempre ha jugado con mi trasero.
Noté que encontró con su índice la entrada de mi culo y empezó a masajeármelo con movimientos circulares, pero estaba seco.
- Date la vuelta – Me ordenó.
Ella estaba sentada en la cama y yo estaba de pie con la polla tiesa como una rama de un árbol. Me di la vuelta y mi culo quedó a la altura de su cara. Puso las manos en mis nalgas y mes las abrió.
- Inclínate – Me volvió a ordenar.
Así lo hice, me incliné y mi agujerito anal quedó a disipación de Tamara. Separé las piernas un poco más y empecé a masturbarme a la vez que notaba la lengua de mi novia recorrer mi esfínter.
Levanté la cabeza y allí estaba ella otra vez. Mirando desde la penumbra nuestros actos sexuales. Esta vez no se cortaba un pelo. La vi que se mordía un labio, una de sus manos pasaba por debajo del camisón para agarrarse uno de los pechos y con la otra se masajeaba lentamente la parte superior del coño como conteniéndose. Y disfrutando del espectáculo.
Volvimos a hacer contacto visual
Yo no me corté un pelo y puse cara de estar sintiendo uno de los mejores placeres del mundo. Saqué la lengua mirándola directamente a los ojos e ice el gesto de lamer como el que estaba haciéndome su hija en mi culo.
Sara me sonrió. Le gustó. Yo me incliné un poco más para que Tamara pudiera jugar con mi culo a la vez que seguía pajeandome. Noté un par de dos metiéndose por mi ano. Incliné la espalda al sentir como se abría mi culo y le gemí suavemente a la cara de mi suegra que sin cortarse un pelo se agarró con fuerza las dos tetas por encima de la camiseta grande que llevaba puesta el otro día.
Me incorporé, mie giré en redondo para que Tamara no viera a su madre espiarnos, la levanté y a su vez la giré.
- Ponte de rodillas en el suelo ¿Te apetece un poco de Rufus?
- ¿Ahora?
- Si-
- ¿A ti te apetece? – Me preguntó
- Mucho- Le susurré al oído.
Tamara sonrió de oreja a oreja y sin mediar palabra se arrodillo en un lateral de la cama. Abrió ligeramente las piernas y apoyó su cuerpo en el cochón a la espera de que la montara Rufus.
El culo de Tamara quedaba alineado con la puerta, dejando a mi suegra ver el de primera el culo y el coño de su hija.
Abrí el cajón de la mesita de noche y saqué un par de objetos. Un bote de lubricante, un par de dildos y un antifaz negro.
- Ponte esto - - Le dije a la vez que le pasaba el antifaz.
- ¿Ahora?
- Si, póntelo venga, siempre me lo pongo yo, hoy te toca a ti.
- Bueno, no te diré que no. Y se puso el antifaz en los ojos y se volvió a reclinar en el colchón.
Llamé a Rufus que estaba inquieto en una de las esquinas de la habitación. No era la primera vez que lo hacia así que estaba entrenado para ello. Siempre aguardaba en su sitio hasta que llamábamos. Se levantó y al instante estaba a nuestro lado. Le acaricie la cabeza y di unos golpecitos en el culo de Tamara.
Rubfus empezó a oler el coño de mi novia y al instante empezó a lamer con su lengua la entrepierna de Tamara.
Tamara empezó a gemir y al notar que lo hacía con fuerza se llevó una mano a la boca y se la tapó.
Miré a mi suegra y la vi con los ojos abiertos disfrutando de la vista. Pero me di cuenta de que no estaba escandalizada. Fue raro porque me la imaginé boquiabierta ya que la zoofilia no es algo muy común y menos cuando es tu hija quien lo hace, en cambio la vi disfrutar, como si ya lo hubiese visto más de una vez o lo encontrara normal.
Me llevé un dedo a los labios y le hice el gesto de silencia a la vez que con la otra mano le hacía un gesto para que se acercara.
Ella negó con la cabeza dubitativa.
Le insistí por gestos sin decir nada. La vi dudar un poco, vi como daba un paso para luego arrepentirse y volver detrás de la puerta negando con la cabeza.
Cogí las manos de mi novia y se las llevé al culo
- Ábretelo para mi cariño, deja que te lama.
No dijo nada simplemente lo hizo, separé sus nalgas para que el perro le lamiera el ojete. Hundió la cabeza en entre las sabanas y el colchón cuando la lengua de Rufus hurgó en su genitales.
- Voy a por los calcetines. ¿Dónde están cariño?
- No lo sé- Gruño Tamara con la sabana en la boca.
Los calcetines se los poníamos a Rubfus en las patas para que no arañaran la espalda de Tamara. Aun que le hacíamos la manicura y lo llevábamos al veterinario siempre nos asegurábamos de ponerle unos calcetines que compramos a propósito para él.
Me levanté y fingí que buscaba los calcetines por la habitación. Pero en realidad me acerqué a la puerta.
- Creo que los dejamos en mi mochila, del otro día que fuimos a mi casa con el perro- Le dije susurrando desde la puerta. Solo obtuve un gemido por respuesta. – No pares, ahora vuelvo, no tardo.
Salí de la habitación, cerré la puerta con cuidado y me quedé mirando a mi suegra. La cogí de la mano y me la llevé al comedor sin decir ni mu. Al llegar al salón donde estaba la mochila y los supuestos calcetines le dije.
- ¿Que se supone que haces?
Mi suegra no respondió nada, me miró el miembro erecto, ya que estaba desnudo. Lo cogió con una mano y se me lanzó directamente a la boca. Caí en el sofá de culo y ella cayó sobre mí. Si tiempo a decir nada y sin poder reaccionar mi suegra me devoraba la boca a la vez que con su mano me masajeaba la polla con dureza.
- Espera, espera.. – Le dije intentando despegarla de mí.
- ¿Pasa algo? – Me miró extrañada y ofendida a la vez
- Hombre pues… ¿Porque me besas?
- ¿Por qué? pero si me hacías señales en el cuarto.
- Si , pero una cosa es que me veas y otra cosa es esto. Eres mi suegra. – Dije con un chillido susurrado.
- Cállate, que se va a dar cuenta – Me tapó la boca con la mano.- Te estoy dando la oportunidad de follarte a tu suegra y me estas rechazando.
Me quedé con los ojos abiertos perplejo por las palabras tan directas.
- ¿Quieres follar?
- Emmm
- ¿Si o no?
- Si, pero... tu hija… tu hija me está esperando.
- Mi hija esta con el perro, déjala cinco minutos.
- ¿No te sorprende lo del perro?
- Lleva haciéndolo desde que la conozco. No es la primera vez que la veo con él.
- ¿Le has espiado más veces?
- ¿Espiado? Casi siempre, pero tú no te has dado cuenta hasta ahora
- ¿Yo, ahora?, osease que tu… pero porque?
- Porque me gusta, me da morbo porque me pone cien, porque follo poco porque los tíos son unos mierdas y porque sí.
- No sabía yo que tu… - No sabía que decir..
-¿No sabias que?- Pasó sus piernas por encima de mí, se sentó con las rodillas en el sofá y su coño encima de mi polla tiesa haciéndolo de separador entre sus labios.
- Nolose.. Sinceramente no me esperaba nada de eso. ¿Desde cuando nos espías?
- Desde hace mucho la verdad – empezó a mover sus caderas lentamente esparciendo su jugo vaginal por mi polla. Instintivamente mis manos se dirigieron a su culo tapado por la camiseta. Lo palpé y estaba realmente duro, más que el de su hija.
- Y…- mientras buscaba algo que decir pude ver los pezones duros que se le marcaban a través de la camiseta. - ¿Y tu hija sabe que la espías?
Un sonoro “Ja” salió de la boca de mi suegra. – Mi hija, por supuesto que lo sabe. Me ha visto muchas veces mirándola a través de la puerta.
- ¿Lo sabe?-
- sí, -Entonces acomodó su coño húmedo a la punta de mi polla y el glande hizo su función, se encajó en el agujero del coño y penetré a mi suegra. Sara sintió que estaba para entrar y bajó su cuerpo a la vez que se empalaba con mi miembro.
- Ves, no está tan mal ¿No?- Dijo a la vez que se acercaba a mi oreja y me mordía el lóbulo.
- ¿Y si lo sabe porque no me ha dicho nada?-
- Lo hace para provocarme, le gusta que la mire, acaso crees que no sabe que ahora estaba mirando?
- Creo que no – Dije dubitativo
- Mientras te lamia el culo me ha giñado el ojo por debajo de tus piernas tontainas. Le gusta este rollo sabes, así que no tienes que preocuparte.
- Vale vale, ya.. Me tengo que ir con tu hija,
- Vale, pesado. – Se levantó y al salir pude ver mi polla húmeda con los jugos vaginales de la madre de mi novia.
- No quiero perder a tu hija por esto-
- A mi hija no la vas a perder por esto sabes – Y me apuntó con el dedo índice contra el pecho- Eso te lo aseguro.
- Se lo voy a tener que decir-
- ¿El que le vas a decir?
- Pues esto, que me has tirado al sofá y …
- Pues te dará la enhorabuena. No te preocupes que le mola el rollo este.
- Estas hablando de tu hija, parece que hables de una prostituta o una guarra.
- Mi hija es un clon mío, una guarra como yo – Y me cogió con fuerza el miembro para no soltarlo – Y hace las mismas cosas que yo cuando tenía su edad.
Se acercó a mí, tanto que su boca quedó a escasos milímetros de la mía. Me miró a los ojos mientras su mano empezó a palparme los huevos y posteriormente proceder a rebuscarme por debajo el culo.
- A mí también me gustan estas cosas sabes… - Instintivamente abrí las piernas, me vuelve loco que me toquen el culo y Sara con su mano experta encontró el agujero rápidamente.
Metió un dedo en mi ano a la vez que me sonreía.
- Si quieres un día podemos seguir – Metió todo el dedo como pudo haciendo fuerza hacia arriba.
Yo entrecerré los ojos y soplé de gusto.
- Si.. digo no…- Y le saqué el dedo de mi culo – Me debo a su hija. Me giré y me fui al cuarto dejándola sola sonriendo en el salón.
Abrí la puerta y me encontré a Rufus culo con culo con mi novia. Me acerqué y vi que seguía con el antifaz puesto sonriendo de placer y resoplando cada vez que el perro se movía. Tenía la bola metida en el culo y éste hacia fuerza hacia adelante intentando despegarse.
- ¿Porque no me has esperado cariño?
- Ohh, estas aquí...
- Si estoy aquí – y le puse la mano en la espada.
- No podía aguantarme más, lo necesitaba.
- ¿Estas bien? – Le dije a la vez que le acariciaba la cabeza.
- Sí, estoy de puta madre – Sonrió
- ¿Hace mucho que estás pegada?
- No, apenas dos o tres minutos.
- Bueno, va para largo entonces.
- Si. Quítame el antifaz anda aunque si me muevo mucho Rufus me hará daño.- La mano de Tamara se presionaba el culo para impedir que saliera la bola y la otra la usaba para aguantarle la cola al perro.
Le quité el antifaz y vi que parpadeaba por la entrada de luz, aun siendo muy escasa.
- Me gusta verte así, me pone un montón – Le dije a la mujer de mi vida
- Lose - Respondió ella
Rufus empezó a moverse
- Clama, Rufus, que me harás daño.
Intenté calmar al perro pero me era imposible, se movía mucho. Luego miré hacia la puerta y vi pasar a mi suegra completamente desnuda por delante.
- Ayúdame a calmarlo anda.
- Eso intento- Dije
-¿Pasa algo?
- No, no tranquila.
- ¿Encontraste los calcetines?
- no, no se dónde los hemos puesto.
- Menos mal que no me he quitado la camiseta, aun así creo que me ha arañado un poco la cintura.
- A ver. – Me incorporé y le señalé con el dedo donde le había dejado alguna marca roja por encima del culo y en alguna nalga. No pude resistirme y aparté la cola del perro para ver el abotonamiento.
- ¿Buena vista? – Me dijo
- Me encanta.
- Tu siempre con lo mismo. ¿No te cansas?
- Jamás, es simplemente y espectacularmente morboso.
- ¿A si?
- Si, tendrías que verlo,
- ¿El qué?, un culo con una polla de perro?
- Si, abotonado y que no puede despegarse. ¿Te hago una foto y te la muestro?
- Venga - dijo.
Cogí el teléfono, encendí la luz y me acerqué a su culo. Le hice una foto con un un primer plano y se lo enseñé a mi novia.
- ¿Este es mi culo?
- Si.
- Alaaaa pero si se ve que.. Madre mía.. lo tengo súper dilatado.
- Eso es porque está haciendo fuerza hacia fuera y está intentando sacar la bola.
- ¿Así es como me lo ves tú?
- Si
- ¿Y te gusta?
- Claro.
- Sabes… podríamos hacer algo diferente la próxima vez.
- ¿A si? Me arrodillé junto a ella y puse la cara a su altura para estar en comunión con ella en momentos así.
-Sí, ya que tú me has hecho una foto así, me gustaría hacerte una foto a ti en la misma posición?
- ¿Quieres hacerme una foto del culo?
- No, no. Si. Porque no pruebas con Rufus?
- ¿Que pruebe con el perro?
- Si,
- Pero noseyo..
- Me haría ilusión. – Y puso cara de niña buena.
- No lo sé, no lo sé – Remugué tontamente a sabiendas que iba a aceptar - ¿Que me das a cambio?
- Una foto de tu culo, ¿Te parece bien?
- No, porque me la ibas a hacer igual.
- A pues no sé, que quieres a cambio?
- Yo me conformo con poco, ¿Una mamada?
- ¿Ahora?
- Si
- Pero me saco a Rufus primero –
- No, me la haces ahora. - Me levanté y me puse a la cama. Pasé las piernas una a cada lado de ella y planté mi miembro a la altura de la cara de Tamara.
Tamara sin vacilar levantó la cabeza y se incrustó la polla en su boca. Me miró a los ojos directamente mientras mi miembro se abría paso a través de sus labios prietos que rodeaban mi polla. Me la mamaba sin manos, subía a y bajaba la cabeza.
Me di cuenta entonces que mi polla había estado en el coño de mi suegra y que ahora su hija se estaba comiendo sus jugos.
Sin querer levanté la vista y vi a mi suegra otra ve plantada en la puerta, y otra vez con la camiseta puesta. Abrió los ojos de par en par ya que esta vez Tamara se dio cuenta de que miraba algo. Se sacó la polla de la boca y se levantó como pudo y giró la cabeza para mirar hacia donde miraba yo.
- Pero mamá... ¡¡¡QUE HACES!!!
- No tranquila, tranquila – dijo a la vez que entraba en la habitación.
- Mamáaa – Dijo a la vez que intentaba moverse pero no conseguía mucho al tener la polla del perro incrustada en el culo.
- No te muevas que te va a doler. – Le dijo mientras le ponía la mano en la espalda y así evitaba que su hija se moviese.
- Joder mamá que vergüenza, ¿Puedes salir de aquí por favor?.
- Oh venga ya hija, no finjas bochorno ahora mismo. No me vengas con chorradas moralistas ahora si sabes perfectamente que te gusta que te mire.
Tamara agachó la cabeza y como por arte de magia cambió de hija abochornada a mujer con chulería.
- ¿Y para que has entrado entonces, para mirar más de cerca o qué? Siempre estás en la puerta mirando y tocándote. ¿Que pasa que desde ahí no puedes ver bien mi culo? O querías ver cómo me comía la polla de mi novio.
- No hija no, si quiero ver tu culo solo tengo que levantar el rabo del perro – Y cogió y levantó la cola de rufus y miró descaradamente el ano de su hija – Y si quiero ver cómo te comes la polla de tu novio solo tengo que pasearme por la puerta a cualquier hora y te veré arrodillada con su miembro en la boca, o su culo.
- ¿Entonces para que entras?
- Porque me apetecía entrar. ¿Acaso no puedo?