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Tema: mi hermana placer de dioses

  1. #1
    Estrella del Porno crash777 es un faro de luz gloriosa crash777 es un faro de luz gloriosa Avatar de crash777
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    Predeterminado mi hermana placer de dioses



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    Desde mi cuarto no pude escuchar demasiado bien la reprimenda que mi madre le echaba en la cocina a mi hermana, pero debi ser ms o menos en estos trminos:

    «Anita, te he dicho un montn de veces que no te pasees por la casa con ese pantaloncito corto tan ceido ni con esa blusa medio transparente. Ya no eres ninguna nia. Tienes dieciocho aos y posees un cuerpo que volvera loco a cualquier hombre. S que tu hermano te quiere mucho y que te mira como lo que eres, como su nica hermana, pero l tambin es un hombre joven, que acaba de cumplir veinte aos, y seguro que en alguna ocasin le has excitado.»

    Mi madre no iba descaminada, pero se quedaba corta. Anita no me excitaba «en alguna ocasin», sino que me la pona dura a todas horas y casi todos los das. No cesaba de hacerme pajas pensando en sus nalgas, en su coo, en sus maravillosos pechos, en sus labios carnosos… Adems, mam presuma que mi hermana no era consciente del deseo que provocaba en m, pero yo tena dudas al respecto. Creo que Anita saba perfectamente que me empalmaba, pero le diverta hacerlo. Contonearse por la casa con poquita ropa era para ella como una especie de juego o de coquetera femenina que le produca el placer de sentirse deseada. Supongo que nunca pretendi que la cosa pasara de ah, claro, pero ya se sabe que quien juega con fuego termina quemndose…

    Lo cierto es que desde haca cuatro o cinco meses la idea de follarme a mi hermana se haba convertido para m en una obsesin. Continuamente maquinaba planes para lograr ese objetivo, pero ninguno terminaba de convencerme. Descartada la posibilidad de violarla, que tambin pas por mi cabeza, llegu a la conclusin de que lo nico infalible para no poner en peligro mi deseo ms anhelado era armarme de paciencia y, como el cazador que acecha a su presa, estar atento para no dejar escapar la ocasin que pudiera presentarse.

    Hoy s positivamente que mi decisin fue la ms correcta porque, como dice el refrn, «todo llega al hombre que espera». Aguant con mis pajas la primavera y el verano, pero mi sueo dorado se vio cumplido en el invierno, si bien el punto de arranque ─una simple conversacin─ lleg en el otoo… Nuestros padres se haban ido a dormir, y ella y yo nos quedamos a ver la tele. Anita quiso cotillear un poco:

    ─ Carlos, puedo hacerte una pregunta?

    ─ Claro, pesada.

    ─ El guaperas que me presentaste ayer, tu amigo Vicente, tiene novia?

    Un fogonazo de inspiracin circul en ese momento por mi cerebro. Esa pregunta era una ocasin de oro. Deba darle respuestas envolventes y conducir la conversacin justamente a donde yo quera.

    ─ Novia? No exactamente.

    ─ Qu quieres decir? No estar casado, o s?

    ─ Casado? No, no exactamente.

    ─ To, me dejas en ascuas. Sale con chicas o no?

    ─ Chicas? La verdad es que no tiene muchas amigas.

    ─ Pero bueno, entonces de qu va el tal Vicente? Es gay?

    ─ Gay? No exactamente.

    ─ Joder, Carlos. Si no quieres contestarme en serio me lo dices y me callo.

    ─ No s si debo hacerlo. Puede sentarte mal, puedes ver brujas… ¡y yo no quiero los!

    ─ Dime lo que sea de una puta vez, anda…

    ─ Se… se… se folla a su hermana.

    Ana salt como un resorte del silln, se puso de pie y, medio gritando, dijo:

    ─ ¡Quee!? Me tomas el pelo o me ests insinuando algo, cabrn sinverguenza?

    ─ T me has pedido que sea sincero y lo he sido. Te das cuenta ahora por qu no quera contestarte? Ves cmo has visto brujas donde no las hay?

    ─ ¡Te lo has inventado todo! ¡Eres un mentiroso y un enfermo!

    ─ No invento nada. Vicente y su hermana son amantes. Follan como locos casi todos los das.

    ─ ¡No te creo! Eso es incesto, un pecado gordsimo… Me mientes aposta con algn propsito obsceno.

    ─ Sigues viendo brujas, Anita. No te miento. Vicente opina que eso del incesto es cosa de los libros malos, de las religiones, de las costumbres sociales, de tabes. Dice que para los griegos el sexo entre hermanos era «un placer de dioses», y que ellos simplemente son dos jvenes que se dedican a disfrutar de sus cuerpos. Segn l, son miles los hermanos que follan a diario en todos los pases del mundo.

    ─ Me voy a mi cuarto para no cruzarte la cara con un guantazo. Sigo sin creerte lo ms mnimo, pero, en todo caso, que te quede bien claro que no comparto las ideas del Vicente de marras. ¡Menudo pjaro! ¡Menudo amiguito que tienes! Adis, y cuida que no te contagie su grave enfermedad…

    El primer paso ya estaba dado. Esa conversacin era el punto de inflexin que necesitaba, el que marcara un antes y un despus. Tena la certeza de que Anita no dormira esa noche pensando en todo lo que escuch de mi boca, pero dudaba si al hacerlo humedecera sus braguitas o si sentira verdadera repulsin. Decid que a partir de ahora mi estrategia iba a ser la misma: no forzar los acontecimientos en ningn sentido. Me limitara a observar la reaccin y la evolucin de mi hermana.

    Al da siguiente Anita no me diriga la palabra y hasta evitaba cruzarme la mirada. Esta situacin se prolong durante una semana, pero poco a poco nuestra relacin fue recuperando su normalidad. A m incluso me pareca que mi hermanita se haba vuelto ms melosa, ms dulce, pero la verdad es que nunca volvimos a hablar sobre el tema ni nunca dio pie a que nuestra relacin tomara un rumbo distinto al habitual. Las pajas y las corridas en honor a su cuerpo seguan siendo mi nico consuelo.

    Un par de meses despus de estos avatares lleg el invierno. Los medios de comunicacin decan que era el ms fro registrado en nuestra ciudad en los ltimos cincuenta aos. Lo cierto es que mis padres llevaban muy mal aquellas bajas temperaturas y decidieron reponer fuerzas pasando una temporada en casa de unos familiares que vivan al sur del pas, en la costa, donde el clima era ms benigno. Ni mi hermana ni yo podamos acompaarles debido a que ambos cursbamos nuestras respectivas carreras universitarias. As que les dijimos que se fueran tranquilos, que hablaramos por telfono todos los das, que recordaran que ya no ramos unos nios, que mi hermana tena dieciocho aos y yo veinte, que nos apaaramos bien, que si patatn y patatn…

    Y viajaron, claro. Imaginen el regocijo de Anita, que ahora podra salir con sus amigas todas las noches que quisiera, e imaginen el mo, que ya daba rienda suelta a mis fantasas y me vea follndome a mi hermana una noche s y otra tambin…

    Pero del dicho al hecho media un trecho. Los das pasaban sin que ocurriera nada extraordinario. Mi hermana casi no paraba en casa y, cuando lo haca, se encerraba en su cuarto a estudiar y hasta echaba la llave, si bien es cierto que acostumbraba hacerlo as incluso cuando estaban nuestros padres en casa. Otras veces se alejaba de m recurriendo a las socorridas jaquecas: «Me duele un montn la cabeza. Voy a acostarme y a dormir; por favor Carlos, baja el volumen de la tele y no hagas ruido. Gracias.»

    Un viernes sucedi el milagro… Anita tena previsto pasar el fin de semana con sus amigas, en el chalet de los padres de una de ellas, pero sus planes se vinieron abajo por culpa de una tormenta elctrica descomunal. El cielo pareca haber desatado todas sus iras: rayos, truenos, relmpagos, lluvias torrenciales, vientos huracanados. Hasta la casa pareca temblar. La autoridades insistan a travs de la radio y de la televisin en que no se saliera a la calle salvo en casos de extrema necesidad y que, por supuesto, no utilizaran el coche. Era una situacin de alerta roja total. Mi hermana, que desde pequea senta un miedo atroz hacia las tormentas, estaba horrorizada, temblaba continuamente y hasta lloriqueba como cuando apenas tena seis o siete aitos.

    Sabedora de que no podra dormir por culpa de esa tormenta, y haciendo de tripas corazn, avanzada la noche casi no le qued ms remedio que decirme: «tengo tanto miedo que hasta me gustara que durmieras conmigo en mi cama, pero no me atrevo a pedrtelo despus de lo que me dijiste aquella vez que hablamos sobre tu amigo Vicente». Naturalmente, yo supe de inmediato que aquella era la ocasin que vena esperando desde haca tanto tiempo, la que no poda dejar pasar, la del «ahora o nunca», y le respond con delicadeza: «Anita, cario, vuelves a ver brujas. Si yo me acuesto contigo no pasars miedo y no ocurrir nada que t no quieras. Sabes que soy incapaz de hacerte el menor dao; no me lo perdonara nunca. Eres mi hermana y te quiero mucho».

    A los pocos minutos ya estbamos los dos debajo de las sbanas. Ella llevaba un pijama de franela, de chaqueta y pantaln corto, y yo otro bastante parecido, pero de tejido algo ms fino. Se coloc de costado, dndome la espalda, y tap su cara con la sbana, como si sintiera verguenza o timidez. Yo trat de tranquilizarla y, acariciando suavemente su cabecita y su pelo lacio, le dije «puedes dormir tranquila, Ana, que aqu est tu hermano para cuidarte, para ayudarte a pasar esta horrible tormenta» y dicho esto me reclin un poco sobre su cuerpo y le di un besito carioso en la frente. Ella debi sentirse ms relajada y destap su cara, por lo que yo volv a darle otro beso de hermano, pero esta vez lo deposit cerca de la comisura de sus labios y lo hice ms duradero. Not que Anita tembl un poco y que arremolin su espalda y su cabecita contra mi pecho, si bien trataba de mantener su culo alejado de mi polla, que ya estaba dura como una piedra. Todo continu as durante unos minutos, sin que ninguno pronunciara ni una sola palabra. Yo tena que hacer un esfuerzo tremendo para frenar mi deseo de meterle mano por todas partes y follrmela sin demora, y para conseguirlo se me ocurri hacerme el dormido, simulando incluso que roncaba un poco…

    Fue entonces cuando mi hermana tuvo una reaccin sorprendente y maravillosa. Acerc su culo a mi entrepierna, como explorndola, y le daba golpecitos con sus nalgas, como si buscara saborear el calor que emanaba de esa zona de mi cuerpo o como si tratara de calibrar el tamao de la polla que se ocultaba bajo mi pijama. Esa presin fue para m la luz verde, el visto bueno que necesitaba. Ya no me cort lo ms mnimo. Rode sus muslos y caderas con mi brazo izquierdo y la estrech fuertemente al tiempo que restregaba mi polla con fuerza contra sus nalgas. Ella intent rechazarme, pero lo hizo de manera tmida, sin conviccin, y poco a poco fue cediendo hasta el punto de que su culo termin acompasando mis movimientos y, mientras yo empujaba hacia delante, sus nalgas presionaban hacia atrs. Ya la notaba entregada, completamente entregada. Nuestros cuerpos hervan y disfrutaban a ms no poder. Enseguida advert que estaba a punto de correrme y, claro, despus de pasar tanto tiempo soando con este situacin, no era cuento venirme de esa guisa, con el pijama puesto y sin meterle la pinga en ningn sitio. Menos mal que mi hermana pareci entender lo que suceda y acudi en mi auxilio:

    ─ ¡Quitmonos los pijamas, Carlos! ─, dijo al tiempo que encenda la lmpara de la mesa de noche.

    ─ S, Anita. Lo que t digas, mi amor.

    Por primera vez pude ver el cuerpo de mi hermana en todo su esplendor. Tena a la vista los dulces encantos que siempre ocult bajo sus vestimentas. Era una hermosa hembra de ojazos verdes y de estatura media-alta, con un cuerpo glorioso, de perfectas curvas y de pechos grandes y erectos. Su piel ─blanca y deliciosa─ haca que pareciera tremendamente oscura la mata de pelo rizado que enmarcaba a su coo y, por detrs, su culo redondo y altivo sobresala insinuante junto a unos muslos exquicitamente prietos.

    Yo no sala de mi asombro ante aquel pedazo de mujer, pero ella tambin pareca impresionada:

    ─Me dejas boquiabierta, Carlos. ¡Vaya polla que te gastas! Mi «ex» la tena mucho ms pequea. Cunto mide?

    ─Veintids o veintitrs centmetros, pero creo que contigo crecer hasta los veinticuatro. Mi pinga nunca ha gozado de una mujer tan apetitosa como t.

    Anita sonri ante mi ertica galantera, y yo aprovech para tumbarla nuevamente sobre la cama. Esta vez volvimos a colocarnos de costado, pero dndonos la cara. Nuestro primer beso en la boca fue apotesico. Pareca que nunca iba a terminar. Las lenguas no pararon quietas en ningn momento, a la vez que nuestras manos horadaban nuestros respectivos cuerpos. Ella me apretaba fuertemente la espalda, y yo suba y bajaba continuamente de sus muslos a sus nalgas, estrujndolas, pellizcndolas, deleitndome con sus hoyitos o masajeando la raja de su increble culo.

    El peligro de correrme enseguida volvi a ser inminente, pero mi hermana ─aquella noche toda una caja de sorpresas─ volvi a darse cuenta y reaccion con sabidura. «Ponte boca arriba», me dijo bajito al oido, «que te voy a chupar la polla como nunca te la han chupado».

    Le hice caso, recordndole tambin al odo que «tus deseos son rdenes para m, cario». Al poco sent su lengua en mi glande, recorriendo muy despacio todo su permetro, y poco despus not en mi polla sus labios y el interior de su boca. Por un momento me la solt para decirme «chico, pero si no me cabe en la boca de lo gorda que es», pero yo la cog de la nuca e hice que se la metiera otra vez al tiempo que le daba un buen empujn hacia dentro. «Ves, Anita? Ves como si te cabe» Chupa… chupa… que lo haces divinamente». A medida que se fue familiarizando con su grosor y largura sus chupadas eran ms succionantes, ms intensas, y ambos sabamos que de un momento a otro mi semen saldra disparado. Pero mi hermanita, adelantndose de nuevo a los acontecimientos, me tranquiliz: «No te preocupes Carlos. No tienes que sacarla. Crrete en mi boca. Seguro que tu leche no me da asco». Y, ciertamente, no le dio asco alguno. Se le atragant un poco por la gran cantidad y la fuerza con que la leche lleg a su garganta, pero se la trag todita, sin perder ni una sola gota ni rechistar lo ms mnimo; luego, ya ms relajados, se dedic a limpiarme el glande con su cariosa y juguetona lengua.

    Minutos despus nos tumbamos boca arriba para relajarnos y tomarnos un respiro. Mientras mirbamos al techo, pensativos y callados, seguro que por nuestras mentes pasaba el mismo pensamiento: ¡Lo que nos hemos perdido durante tanto tiempo!

    Una vez ms, Anita quiso tomar la iniciativa,,,

    ─Bueno, Carlos, ahora a dormir que ya est bien por esta noche y estamos bastante cansados.

    Creo que no dijo eso con demasiado convencimiento, pero desde luego yo no estaba dispuesto a contentarme con la corrida en su boca. Quera ms, mucho ms…

    ─De eso nada, monada. La noche es joven. Para una vez que nos decidimos no lo vamos a dejar aqu…

    ─No decas que mis deseos eran rdenes para ti?

    ─Espera. Voy a tratar de adivinar cules son tus autnticos deseos…

    Nada ms decirle esto, empec a besarle suavemente sus pechos, a mordisquear con mis labios sus pezones, que cada vez se hacan ms erectos y voluminosos. Sus gemidos de placer fueron volvindose bastante sonoros, y ya ni siquiera poda evitar dedicarme algunas frases que estimulaban mi hombra: «¡S, Carlos, sigue, sigue!… ¡Me ests matando!... ¡Me vuelves loca!... ¡Como me pones! … ¡Voy a correrme ahora mismo!» A veces se agarraba los pechos con las manos y me los meta en mi boca, luego me apretaba la cabeza contra s como para que no se me escaparan, para que no cesara de chuparlos frenticamente. Pero mi intencin no era quedarme todo el rato en sus tetas. Anita tena otras cosas que ofrecerme. As que fui bajando, dndole besitos en su vientre, y poco despus en su pelo pbico y en sus ingles. Retrasa aposta mi desembarco en su coo. Eso la calentaba an ms. A veces ella misma trataba de llevar su vulva hasta mi lengua, pero yo declinaba su ofrecimiento. Anita no tena demasiado claro lo que suceda. Tal vez pens que a m si que me daba asco su coito… pero pronto le despej las dudas. Mi lengua trabaj su cltoris con oficio, con paciencia, recrendose, y acab entrando tambin en su encharcado coo. Su sexo se abra por efecto del cosquilleo de mi lengua que, ni corta ni perezosa, chapoteaba sin parar con sus lquidos vaginales. Anita estaba como transportada a un paraso. Se corra una y otra vez. Su cabeza iba de un lado a otro como flotando, y por fin se rindi al llamado de su naturaleza sexual:

    «¡Fllame, cabrn, fllame!... ¡Ya no aguanto ms!... ¡Hazme tuya!... ¡Djame sentir que soy tu esposa y que esta es mi noche de boda!», deca de manera atropellada y delirante, casi como si estuviera drogada…

    «No me lo pedirs dos veces», le dije mientras me agarraba la polla y la diriga a su coo, cuando de pronto me interrumpi bruscamente: «¡Por ah no, cabronazo! ¡Fllame el culo! S que me lo vas a destrozar con esa polla tan gorda, pero lo prefiero a que me embaraces. Hazlo, mamn, hazlo… ¡rmpemelo!»

    Ver para creer… El culo con el que tanto haba soado tiempo atrs ya estaba a mi disposicin, preparado para recibirme. Mi hermana se haba puesto a cuatro patas y me peda a gritos que se la metiera. Yo moj mis dedos en sus lquidos vaginales y embadurn con ellos su ano y mi glande. La acerqu un poco al borde de la cama y, ella a cuatro y yo de pie, avanc hasta que la punta de mi polla qued frente al pequeo orificio, El contacto con l me enloqueci y, empujando fieramente, introduje un buen trozo en su ano, incluso con escasa dificultad y aparentemente sin causarle dolor, pero la verdad es que Anita mova sus nalgas convulsivamente, como queriendo desalojarlo de su aposento, aunque slo consegua que le entrara ms y mejor. Acto seguido me arque sobre ella, la agarr entre mis brazos y ataqu con fuerza hasta que mis testculos chocaron contra sus carnes y los cachetes de sus nalgas estuvieron junto a mi vientre. ¡Fue como si alcanzara los cielos! El cuerpo desnudo y tembloroso de Anita estaba literalmente comprimido contra el mo, y mi polla se hallaba escondida dentro de sus carnes, en su culo, solazndome con el calor de su interior. Paralelamente mis manos atenazaban y compriman sus pechos palpitantes, tan convenientemente colocados en esta posicin para darme deleite. ¡Aquello era el paraso!

    Pero lo mejor estaba por venir. Sucedi cuando deslic mi mano hacia el coo de Anita, cosquilleando su cltoris. El efecto fue automtico. Mi hermana se peg salvajemente a m, presa de tumultuosos estremecimientos y temblores que le impedan articular palabra. No pudiendo resistir ms y, tras un cicln de vaivenes de su parte, mezclados con los violentos empujones de mi polla, me corr locamente en su interior, inundando su culo con mi hirviente leche. Cuando sinti mi descarga, su coo busc ansiosamente mis dedos al tiempo que la sacuda un violento espasmo y, con un extrao e indefinido grito, se vino abundantemente sobre mi mano, con la cabeza cada hacia delante y con el conocimiento semiperdido a causa del xtasis.

    Fue un fin de semana apotesico y que afortunadamente conservo ntido en mi memoria. Creo que nunca lo olvidar. Perd la cuenta de la cantidad de veces que lo hicimos. Ya el domingo incluso me la follaba vaginalmente, porque mi hermana al parecer encontr una pldora anticonceptiva ─o al menos eso dijo─ en alguna instancia de la casa. Lo malo fue que ese mismo domingo Anita me lo dej bien clarito:

    «Carlos, la tormenta ya pas… Esto que ha sucedido no se volver a repetir. A partir de ahora volveremos a ser hermanos, y nada ms. No quiero convertirme en tu amante. Ser nuestro secreto mejor guardado, algo que hemos disfrutado juntos y que no olvidaremos».

    Y as ha sido. Ya ni siquiera se pasea con poca ropa por la casa. Huye de m como el gato del agua, pero yo no pierdo la esperanza. Puede que algn da aparezca otra tormenta como aquella y tal vez se repita la historia…

  2. #2
    Pajillero gustavomartin86 es una cantidad desconocida en este momento
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    Excelente aporte! muy buen relato!

  3. #3
    Gran Colaborador del Foro elyayito tiene mucho de que estar orgulloso elyayito tiene mucho de que estar orgulloso elyayito tiene mucho de que estar orgulloso elyayito tiene mucho de que estar orgulloso Avatar de elyayito
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    esta muy bien tu relato se agradece
    NOO ESTABA MUERTO ANDABA DE PARRANDA

  4. #4
    Virgen fensab es una cantidad desconocida en este momento
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    megusta mucho, esta pgina es genial, un saludo a toda la gente

  5. #5
    Pajillero paraiso12 es una cantidad desconocida en este momento
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    [quote=crash777;517737]Desde mi cuarto no pude escuchar demasiado
    jeje esta buenisimo
    gracias por esto

  6. #6
    Virgen markox es una cantidad desconocida en este momento
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    yo quiero tener una hermana asi

  7. #7
    Follador RANN_NANE va por un camino distinguido
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    una hermana o una diosa, buen relato...

  8. #8
    Promesa del Porno rycardo60 va por un camino distinguido
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    buen relato

  9. #9
    Virgen FranciscoJ85 es una cantidad desconocida en este momento
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    Predeterminado Re: mi hermana placer de dioses

    Buen aporte!

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