Eran las 9:40 am, en el grupo de 5 grado B solo habían llegado cinco alumnos debido a la lluvia intensa, y la maestra del grupo les había puesto una películas infantiles, mientras que ella discretamente se echaba un pestañazo debido al cansancio acumulado que tenía. La película que estaban viendo estaba muy interesante, todos los niños se encontraban muy atentos a los eventos de la película, pero uno de ellos se encontraba algo inquieto, tomó su impermeable y sin esperar más salió discretamente del salón sin que los demás se dieran cuenta.

El pequeño corrió en dirección al salón del maestro Sebastián, y cuando llegó a su destino, tocó la puerta, esperando que el maestro le recibiera.

- Buen día maestro, ¿puedo pasar? – dijo el niño después de que el maestro le abriera la puerta.
- Buen día Mario. Adelante. – contestó Sebastián con una sonrisa perversa en su rostro.

El niño pasó al salón del maestro y se quitó su impermeable y lo colocó en un perchero junto a la puerta, estaba a punto de voltear cuando sin previo aviso, el hombre se lanzó sobre el niño, bajando su pantaloncito junto con su ropita interior, a la vez que lo empujó hacia la pared mientras se agachaba para chuparle su culito.

- Mmm, se ve que me extrañabas. – dijo el niño, disfrutando de las lengüeteadas que le proporcionaban a su hoyito.
- Claro chiquito, y como siempre estas delicioso. – Sebastián comentó.

El hombre chupo y chupo aquel culito infantil, dándole placer a su compañerito. Después de un par de minutos y ya muy excitado, sacó nuevamente su verga de sus pantalones y apuntando a la cuevita comenzó a hacer presión con su poderoso instrumento. La verga comenzó a abrirse paso entre las suaves nalguitas del pequeño de diez años, quien estaba acostumbrado a recibir invitados en su hoyito.

- ¡Ufff! – bufaba el hombre llegando a lo más profundo de aquel anito.
- ¡Aaah, aaah, aaah! – gemía el pequeño al sentir la verga de su macho en lo más profundo de su ser.

Sebastián comenzó a mover sus caderas lentamente, queriendo sentir cada centímetro de las entrañas del niño con toda la extensión de su daga. La pasión de ambos aumentaba conforme pasaban los minutos, haciendo de la cogida cada vez más intensa. Los gemidos de ambos eran disfrazados gracias a los truenos que la tormenta dejaba escapar como siendo cómplice de los dos.

- ¡Ooh, ooh, ooh! ¡Maaariooo! ¡Uuufff! – el maestro estaba poseído por la lujuria, gimiendo con mucha intensidad.
- ¡Aaaah, ooooh, aaaah! ¡Aaay! ¡Aaah! – el niño al igual que su hombre, se encontraba perdido en la lujuria.

La pareja gemía disfrutando de la cogida, atrapados en un mar de emociones y sensaciones, lsa cuales los hicieron perder la noción del tiempo y espacio. Por su parte, la niña que descansaba para recuperar su energía, despertó al escuchar los truenos, pero al estar nuevamente consiente, volteó buscando a su maestro y al encontrarlo con su mirada, pudo ver que se encontraba cogiendo con un niño mayor que ella.

La pequeña se acercó a la pareja y cuando entró al rango de visión del adulto, fue descubierta, haciendo que él se detuviera un momento.

- ¡Aah! Valentina, veo que y despertaste. – dijo el maestro.
- Si teacher, ya descansé un ratito. ¿Quién es él? – preguntó la niña curiosa.
- Él es Mario, tiene diez años y va en quinto grado. – presentó a su machito ante su putita.
- Hola Mario. – saludo al niño, quien inmediatamente le contestó.
- Hola Valentina.
- Veo que te gusta que mi teacher te lo meta por tu colita.
- Vale. ¿Quieres unírtenos? – preguntó el maestro.

Sin contestar, Valentina se arrodillo delante del niño y comenzó a mamar su verguita. El hombre al ver la acción de la pequeña, reinició la cogida.
- ¡Aaaaaagghh! – el pequeño soltó un gutural gemido al sentir los ataques de su macho y la niña hacia sus partes sensibles.
- ¡Uuufff! ¡Aaaaaaah! – Sebastián gemía acompañando a Mario.

Debido a la intensidad del momento, Mario no aguantó más y se vino, disparando unos cuantos chorritos de su leche en la boca de Valentina, quien gustosa se los tragó. Debido a las contracciones del culito del pequeño, Sebastián tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para no venirse, pues estaba decido a gozar nuevamente de la vagina de la pequeña. Entonces sacó su verga del culito del pequeño y se dirigió a su escritorio, del cual tomó una botella con agua y con la ayuda de shampoo para manos aseó bien su verga, para evitar que el tierno coñito de la niña contrajera alguna infección debido a bacterias que el culito de Mario pudiera tener.

Al voltear se llevó una gran sorpresa, Mario se encontraba sobre Valentina quien en posición del misionero recibía la verguita del pequeño. Sebastián no perdió el tiempo y comenzó a grabar aquel acto tan placentero para él, siendo un espectador a través de su móvil.

Poco tiempo pasó antes de que Mario volviera a descargar su leche, esta vez dentro de la vagina de Valentina, y sin demora fue remplazado por la poderosa verga del maestro, quien le pidió al pequeño grabar el espectáculo.

- Graba bien lo que vas a ver Mario. – dijo el hombre mientras apuntaba a la puchita de Vale.
Sebastián sin aguantar más, metió de un solo empujón su verga, llegando a lo más profundo de la niña, haciéndola soltar un largo gemido.

- ¡Aaaaaah! – la niña gozaba al sentirse invadida por la gran verga.
- ¡Uuuufff! ¡Valeee! – gimió intensamente el hombre, mientras movía su cadera a gran velocidad.
- ¡Teacheeeer! ¡Aaaaaaah!

Nuevamente, la verga entraba y salía de la vagina de la pequeña, quien aún no se acostumbraba a recibir una verga como la de Sebastián. La pasión de la niña y el adulto iba en incremento nuevamente, haciéndolos coger a un ritmo muy intenso mientras eran filmados por el pequeño Mario, quien quería sentir nuevamente la verga del hombre en su interior. Ya llevaban diez minutos disfrutando de su cogida cuando…

- ¡Oooohhhh! ¡Si, si siiiii! ¡Mi niña! – el maestro gritaba de placer.
- ¡Aaahh! ¡Aaaaayyyyy! ¡Teeeaaacheeeer! – gritó la niña mientras tenía su orgasmo
- ¡Aaaaagggh! ¡Vaaaleee! – gritó el hombre también al llegar a su orgasmo.

Del pene de Sebastián salieron numerosos chorros de semen calientito, los cuales eran recibidos con gran gozo por la niña, quien sentía como poco a poco su vagina se iba llenando con la leche de su hombre. La barra de carne del maestro se deslizaba con mayor facilidad gracias a los fluidos de ambos, mientras disparaba nuevas cargas de su cálido semen.

Sebastián sacó su pene después de un rato echándose a un costado de la pequeña, algo agotado decidido a descansar pero con algo de dureza aún. Entonces para no desaprovechar la oportunidad, Mario tomó la verga del maestro con su manita derecha, y rápido y con mucha habilidad se la encajó nuevamente en su culo, para disfrutar el último esfuerzo de él.

El niño estaba tan deseoso de sentir la verga del maestro que se puso a cabalgar de inmediato sobre esta, metiendo y sacando la daga en su culito.

- ¡Aaah, aaah, aaah! – gemía el pequeño.
- ¡Ooooh! – el hombre acostado en suelo solo se dejaba hacer.
- ¡Arre caballito! ¡Arreeeee! – niño se sentía todo un vaquero mientras se daba de sentones en la riata de Sebastián.
- ¡Así pequeño, así! – gozaba el hombre.

De pronto, después de unos sentones más, el niño comenzó a retorcerse del placer y de su erecta verguita, salieron disparados dos chorritos de su lechita, los cuales cayeron en el pecho del hombre, quien al sentirlos descargó la última reserva de semen en el culito del niño.

El pequeño se sacó la verga del hombre y se recostó en el pecho de éste. Los tres descansaron unos minutos luego de tan magistral cogida y después se asearon y arreglaron. Mario entonces regresó a su salón para no levantar tanta sospecha, dejando atrás a sus dos amantes, que siguieron disfrutando pero solo acariciándose y besándose con mucha pasión, mientras por ratos veían una película infantil, hasta que la hora de la salida llegó y la pequeña tuvo que retirarse para su hogar, pues su mami había llegado por ella puntual debido a la lluvia.

Sebastián pensó que Mario volvería para otra sesión, pero al asomarse por la ventana, vio como el pequeño era acompañado por su papá, quien también había venido por él para ayudarlo con sus cosas. Sin más, el maestro guardó sus cosas y espero la hora de su salida para irse directo a su departamento.

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El próximo capítulo de esta saga será ÁNGELES O DEMONIOS: LIAM