Hola, que tal, éste es mi primer relato, es una experiencia que tuve a una edad muy precoz. Actualmente tengo 23 años (nací en 1995), soy hombre hetero, soltero. Mido sobre 1,80, cabello castaño contextura física normal (no gordo pero tampoco con musculatura marcada). Creo que no importa mucho como soy ahora, porque este acontecimiento que les relato tiene lugar en el año 2003. De seguro quienes están leyendo ya sacaron la cuenta de qué edad tenía en ese momento.

Hasta el día de hoy, tengo un fetiche que es poco común, pero que en los últimos cuatro años he conocido cada vez más hombres que también cargan con este fetiche. Curiosamente, la gran mayoría de ellos somos nacidos en la década de 1990 ¿coincidencia? quién sabe, posiblemente este fetiche venía en el adn de algunos que nacimos por esos años. Sin más rodeos, porque sé que se preguntan cual es este fetiche, mi respuesta es: las axilas femeninas. Así es, tal y cómo lo leen, me considero un fanático de las axilas de las mujeres siempre y cuando ellas las tengan depiladas o con un poco de vello de no más siete días sen depilar. Sé que suena raro, pero por si no lo sabían esa parte en el cuerpo de las chicas (en algunas más que otras) constituyen una zona erógena.

Obviamente, soy selectivo en el tipo de axilas que decido mirar, si una mujer no es atractiva para mí, no me voy a fijar en como luce su axila. Desde la edad que tenía en 2003 (8) que este fetiche comenzó a invadirme la mente. Siempre en la escuela miraba esa parte del cuerpo de algunas de mis compañeras o de chicas que iban en niveles más altos que yo. Además de muchas veces dirigir miradas a las axilas de las madres de mis compañeros de escuela. En verano (y hasta el día de hoy) cuando voy por la calle es un regalo cuando las mujeres usan remeras sin mangas y por alguna razón cuando levantan sus brazos para acomodarse el cabello me proporcionan la hermosa vista de sus axilas.

Y este relato se ambienta justamente en la época de verano, cuando ya estaba de vacaciones y no iba a la escuela durante los meses de enero y febrero, yo asistía a clases de natación a una piscina. Ahí concurrían tanto hombres como mujeres de distintas edades (el tope de edad eran los 15) y nos separaban por niveles según lo que cada uno sabía sobre nado. Comprenderán que como concurrían chicas de distintas edades y usaban bikini o trajes de baño, para mí era estar en el paraíso, pues tenía gran cantidad de diversas axilas para observar. Lo mejor de todo, es que quienes nos enseñaban a nadar eran instructoras jóvenes, chichas casi recién egresadas de la Universidad que tendrían entre 23 y 26 años como máximo. Ellas nos ayudaban en la piscina a patalear, a dar brazadas o nos sujetaban para que no nos hundiéramos en el agua y gracias a esto último tuve muy de cerca las axilas de ellas, las cuales pude rozar con la punta de mis dedos, oler en algunos casos (cuando ellas estaban al lado mío y yo giraba mi cabeza para respirar) y también cuando tenía más suerte, lograba rozar sus tetas, que a todo esto, las tenían bien formadas y de buen tamaño.

Fue justamente con una de estas instructoras de nado que yo tuve mi primer acercamiento al sexo con una mujer. Todo comenzó un día en la mañana, cuando antes de meterse a la piscina nos hacían trotar para calentar el cuerpo y así evitar calambres musculares al estar en el agua. Luego de trotar nos ordenábamos en forma de circulo para realizar estiramiento muscular. Yo justo quedé al lado derecho de una de estas instructoras (ella tenía 23 años), estiramos las piernas, pies y finalmente los brazos, cuando ella -ejemplificando el ejercicio- levanta sus brazos para llevar sus manos a la nuca para estirar los músculos (como en la imagen). Como yo estaba a su lado, no perdí detalle alguno de su axila derecha, la cual tenía preciosa.



Fue al momento de verla que quedé pasmado y comencé a sentir que algo ocurría en mi entrepierna, estaba teniendo mi primera erección de manera consciente (a esa edad ya había despertado algunas mañanas con mi pito empalmado pero no sabía por qué). Cuando terminamos de estirar los músculos, yo asustado por lo que me había ocurrido me fue a los camarines de la piscina, y la instructora (a la cual denominaré Laura y con una L en los diálogos) se percató y fue inmediatamente tras mío. Cuando entré no había nadie, y al poco rato ella también ingresa preguntándome:

L: ¿que te ocurre que viniste tan rápido acá?

Y: nada -respondí nervioso-

L: tranquilo, sé lo que te ocurrió, me dí cuenta, y es normal que a los hombre, y niños de tu edad les ocurra eso -se había percatado de mi erección- pero no te preocupes, que con un poco de agua fría eso se te bajará.

Y: ¿usted lo sabe que me pasa?

L: sí, y como te digo es normal. ¿por qué se te puso así?

Y: no sé -le dije apenado- es la primera vez que me ocurre

L: vaya, eso les pasa a los hombres cuando ven algo de una mujer que les gusta o encuentran bonito. ¿Es por esto que estás así verdad?- dijo en tono tierno y algo coqueto mientras levantaba sus dos brazos para enseñarme ambas axilas-.

Yo me quedé de piedra, se había dado cuenta que le había mirado mientras estirábamos los músculos. No fue capaz de decir nada, y ella continuó hablando:

L: no es la primera vez que me doy cuenta que me miras las axilas. También te he visto que no pierdes de vista la de las otras instructoras o la de las chicas que están en los niveles más altos, y sé que cuando te he ayudado en la piscina afirmándote que no es casualidad que me des rozes con tus dedos. Créeme no me molesta para nada porque sé que te debe causar curiosidad. Es normal, parte del hacerse más grandes, y si te gustan tanto las axilas yo te ofrezco las mías para que hagas lo que quieras con ellas.

Yo no sabía si lo que Laura decía era real, por un momento creí estaba soñando. Pero luego ella rompió mi estado de congelación preguntándome:

L: ¿las quieres tener cerca o no?

yo solo atiné en asentir con mi cabeza, sin decir nada

L: bien, entonces ingresemos a un cubículo que nos pueden ver si alguien entra

Ingresamos a un cubículo, habían cinco en total, eran bastante pequeños, hechos de madera y con una puerta a la que se colocaba pestillo. Además había un tabueret de madera que servía para sentarse cuando uno se quería sacar el short de baño o ponerse los zapatos cuando se cambiaban de ropa para irse de la piscina.

Laura levantó su brazo izquierdo y con su mano derecha tomó una de mis manos y la guió a su axila izquierda, así la pude tocar libremente, era una piel suave que sentía algo húmeda. Luego la instructora levantó su brazo derecho y me instó a que tocara ambas axilas con cada una de mis manos. Era la primera vez que podía tocar sin preocupación las axilas de una mujer, ¡y qué mujer! joven, delgada, pelo largo de color castaño suave con una coleta, grandes tetas además y sus axilas, hermosas, muy blancas y bien depiladas.

L: ¿Te gustan?

Y: sí, respondí de inmediato, son muy lindas y suaves

L: que bueno te guste tocarlas, me pregunto si también te dan ganas de probarlas -dijo como en un tono de pregunta hacia ella misma-

Y: probarlas, ¿cómo?

L: si te gustaría lamerlas, pasar tu lengua por ellas, ¿te gustaría?

Hasta ese momento yo no había imaginado en poder hacer eso, pero no podía desaprovechar la oportunidad, además si decía que no quizás ella se sentiría mal o se molestaría conmigo.

Y: sí, me gustaría

L: Bueno, yo te dejo, pero tú me tendrás que dar otra cosa a cambio

Y: ¿qué cosa?

L: enseñarme y dejar tocar tu pito, ¿quieres?

Y: -Yo quedé pensando un poco, hasta el momento nadie salvo mi madre me había visto mi pene, sin embargo, Laura me pedía verlo en erección y sería la primera en verlo así- bueno le dije yo con algo de verguenza

L: bien, quitate el pantalón de baño y luego te dejo mis axilas ¿va?

Yo me quité el pantalón de baño y quedó mi pito parado a la vista de Laura, por mi edad no era grande, a lo mucho llegaba a ser como el dedo meñique de ella estando erecto. Ella lo miró y me sonrió

L: que bonito, muy blanquito y aún sin pelos -en ese momento llevó una de sus manos hasta mi pito y utilizado los dedos índice y pulgar comenzó a tocarlo, mientras mi pene latía fuerte por el flujo de sangre debido a la excitacion que me provoca estar con una mujer tan guapa cerca- vaya que salta mucho tu pitito, se nota te gustan mis axilas. Vamos a ver qué tenemos acá abajo-dijo Laura comenzando a jalar la piel que cubría mi miembro-.
Poco a poco sentí cómo esa piel era retraída suave pero con algo de dolor por sobre mi glande. Laura jalaba despacio y con algo de dificultad, hasta que yo sentí una molestia.
Y: ¡hay, duele! -exclamé-
L: ups, lo siento nene no pensé que te incomodaría. Me costó bajar tu pielcita para ver esta bonita cabezita que tiene tu pito. Está muy reluciente y rojita.
Y: nunca la había visto, pero duele
L: ¿y por qué te duele nenito? ¿Nunca te habías jalado tu cuerito?
Y: no, nunca
L: ¡wow! Eso tiene sentido ahora. Verás este cuerito que yo te jalé se llama prepucio y cubre esta cabecita de tu pito que se llama glande. A ti lo que te produce dolor es tu frenillo, porque no está apto para jalar mucho el prepucio y eso hace que quede muy tirante entre el glande y el cuerito.
Yo poco a poco iba teniendo más confianza con ella, intenté disimular mi molestia y resistí. Laura jaló mi prepucio hacia arriba y luego nuevamente para abajo. Repitió lo mismo tres veces y yo sentía rico y doloroso a la vez pero no dije nada.
L: me gusta tu pito nene, es muy suave y blanquito y me agrada ser la primera mujer que te hace esto.
Dijo Laura, mientras comenzó a subir y jalar mi prepucio más rápido. Luego de un rato comencé a sentí una sensación muy rara desde mi estomago a mi pito, era similar a cuando tenía ganas de orinar. Se lo hice saber a Laura y ella dijo que no importa, y fue más rápido con su movimiento y al rato siento aquella sensación se trasformó en un cosquilleo acompañado por un escalofrío desde mi estómago que se extendió hasta mi pito que comenzó a perder su dureza y longitud.
L: que rico fue hacer eso, mira nada más te ayudé con tu pito, ahora está volviendo a ser chiquito. ¿Te gustó?
Y: si, pero también me dolió un poco. Al final sentía como que iba hacer pis
L: jajaja, bueno ahí no sé cómo lo sentiste, pero eso que me dices cómo ganas de hacer pis, cuando seas mayor te saldrá un líquido blanco y espeso que parece leche, pero se llama semen, pero aún te falta mucho para eso. Bueno ahora es mi turno de cumplir a mí lo prometido.
Laura levantó ambos brazos y me ofrecía sus dos lindas axilas. Yo me acerqué a una de ellas si olí primero, no tenía mal olor, luego fui hasta la otra e hice lo mismo, solo inhalé su aroma.
L: ¿huelen mal?
Y: no, están muy ricas, huelen bonito
L: que bueno, porque en las mañanas no me aplico desodorante porque al venir acá y al estar en la piscina el agua lo quita todo finalmente. Por eso que bueno no las encuentres mal a pesar que hace un rato hicimos ejercicio. Bueno, continúa has lo que gustes con ellas, disfrútalas.
Yo luego me fui a su axila izquierda y posé mis labios sobre ella para darle un beso, pude sentirla nuevamente algo húmedas como cuando las había tocado hace un rato. Luego repetí lo mismo con su axila derecha. Volví a su axila izquierda y sacando la punta de mi pequeña lengua la pasé a lo largo de su axila. Pude notar un leve sabor salado, la humedad que sentía en ella era un poco de sudor que a todo esto no se sentía nada mal.
Laura sonreía cuando me animé a sacar mas mi lengua y lamer su axila izquierda y luego la derecha. Me comentaba que se sentía agradable y que le gustaba lo que yo hacía. Mientras estaba disfrutando de aquella increíble textura y sabor de sus axilas, comencé nuevamente a sentir un calor en mi pito, estaba teniendo una nueva erección frente a Laura. Ella se percató de eso y me interrumpió. Bajó sus brazos, los movió como cuando una mujer se aplica desodorante y luego mueve su brazo para que éste se esparza.
L: mira nada más lo que pasa con tu bonito pene. Está muy enérgico al parecer – ella se rió- creo que te mereces algo especial por haber logrado eso siendo tan chiquito. Cierra los ojos que te voy a dar algo
Yo obedecí, cerré mis ojos mientras me preguntaba a qué se refería Laura, cual sería ese “algo” que me iba a dar.
L: listo, puedes abrir tus ojos
Cuando lo hice quedé pasmado y congelado. No podía creer lo que veía, ¡Laura se había quitado la parte superior de su bikini y me dejaba ver sus dos hermosas y grandes tetas! Las tenía muy blancas y se notaba el cambio de color entre la parte que queda cubierta por el bikini y comprende la parte de sus pezones. Como estábamos en verano ella tenía la parte superior de sus tetas bronceadas y lo que cubría su sujetador estaba muy blanco, con sus pezones muy rosados y muy en punta.
L: ¿te gustan? Supongo que sí ya que varias veces me las rosaste en la piscina cuando te ayudaba a nadar.
Laura se había percatado también de mis rozes en sus tetas, y ahora ella me provocaba mostrándome ambas. Yo asentí afirmando que me gustaban, ella sin más me dijo que no perdiera el tiempo y que hiciera con ellas lo que quisiera. Así lleve cada una de mis manos a sus tetas las cuales me quedaron grandes. Jugué con sus pezones, los pellizcaba, apretaba nervios esas dos hermosas bubis. En un momento a ella le dolió y me pidió más delicadeza. Yo sin aguantar más le pregunté si los podía chupar y ella respondió :
L: te dije que podías haber lo que quieras con ellas, son todas tuya por este rato.
Así con su respuesta me abalancé con mi lengua sobre sus tetas. Las comencé a lamer primero sobre su pezon, luego por la parte de abajo del busto, por arriba y por el medio -por aquella canaleta que se forma cuando ambas tetas se juntan-. Sin embargo ella para aumentar mi excitacion y deseos de seguir usando mi lengua me dijo:
L: te faltaron los rincones exteriores lindo -mientras levantó ambos brazos para darme vista de sus axilas- tienes que recorrer cada parte de mis tetitas o más si quieres
Ella se refería al lado de sus senos que conectan con cada una de sus axilas. Así comencé a lamer esa parte de sus tetas comenzando desde abajo de su busto y llegando con mi lengua hasta su axila. Cuando lo hice dos veces con cada una me dispuse a succionar esos preciosos pezones rosados con una aureola del mismo color. Lo hice primero con su teta izquierda, mientras succionaba en ocasiones también jugaba con mi lengua sobre su pezon. En ocasiones succionaba fuerte, como desesperado porque algo saliera de esa teta, Laura me pidió delicadeza en ocasiones hasta que hice lo mismo con su seno derecho.
Cuando termine con el segundo, mi instructora me pidió que tomara asiento en aquel taburete de madera. Ella se arrodilló, tomó mi pito erecto y me pidió que cerrara los ojos, yo lo hice y ella me dice que me tranquilizara y disfrutara lo que ella haría. Mientras Laura decía eso sentí como ella bajaba mi prepucio el cual nuevamente me dolió en la parte del frenillo, a pesar de eso ella lo terminó por jalar completo y descubrió todo el glande en el cual pronto sentí un mojado rose, ella me había pasado su lengua sobre mi pequeña cabeza.
De inmediato yo abrí mis ojos, ella me estaba mirando y me sonrió pícaramente, y me dice:
L: ahora es mi turno de succionar lindo, sólo quédate tranquilo que no te dolerá nada.
Ella mirándome a los ojos y sacando su lengua volvió a lamer mi glande, y poco a poco lo recorría por completo, incluso la parte del frenillo que me tanta molestia me causaba fue explorada por su lengua. Lo mejor vino después cuando se atrevió a introducir mi pequeño glande en su boca el cual succionó suavemente, luego siguió introduciendo mi pito en su boca hasta tenerlo por completo en su interior.
Laura jugaba con lengua sobre mi pene, yo me estremecía cuando ella succionaba mi glande cada vez mas fuerte, como cuando yo lo hice con sus tetas, a ratos lo sacaba de su boca y jalaba el prepucio para arriba, lo volvía a bajar y seguía chupando, mientras comentaba lo rico que sentía cada vez que mi pito palpitaba al interior de su boca.
Sus succiones fueron cada vez aumentando en velocidad e intensidad, hasta que nuevamente me vino la sensación de escalofrío y sentí el cosquilleo hasta mi pito el cual nuevamente perdía su empalme en la boca de Laura.
L: ¿delicioso no es así? ¿Te gustó?
Y: si, estuvo rico. Pero me chupaba muy fuerte aveces
L: lo siento corazón, supongo me dejé llevar un poco. Igual que tú cuando me chupaste mis bubis.
En ese momento ella miró mi pito que ya estaba algo flácido pero no por completo, seguía aún con un poco de flujo sanguíneo y con mi glande semi cubierto por el prepucio. Ella lo tomó con sus dedos de la mano derecha, jaló el pellejo y le dio un beso a mi cabeza pequeña.
L: te lo mereces, es muy lindo y me gustó tenerlo en mi boca, pero creo que te falta pasarlo por una parte más.
Laura levantó su brazo izquierdo tomó con dificultad mi pito que ya volvía a su tamaño normal y con el glande descubierto lo guió con su mano derecha para pasarlo sobre su suave axila izquierda. Al sentir su textura tan delicada fue inevitable el hecho que mi joven y pequeño pito se comenzara a erectar nuevamente aunque esta vez con mayor dificultad. Mi instructora se alegró al ver esto y me dijo
L: se nota te gusta esto que hago ¿no? ¿Quieres que te vuelva a ayudar con tu pitito?
Ella pasó mi glande por sus dos axilas, como si fuera un desodorante roll on. Yo no sentí incomodidad alguna cuando lo hizo. Luego cuando ya terminó su labor, me ofreció nuevamente sus tetas, pidiéndome especialmente que lamiera la zona cóncava que se formaba entre sus dos voluptuosidades. Yo lo hice, además de volver a succionar esos bellos pezones rosados. Luego ella se arrodilla, toma mi pito y lo acomoda entre sus dos tetas.
Comprenderán que mi pene no se veía en lo mínimo entre aquellas grandes montañas las cuales apretó juntándolas con sus manos apretujando mi miembro y luego comenzando a moverlos de arriba a abajo. Laura me hacía mi primera cubana con sus senos.
Yo sentía nuevamente dolor en mi pito por el prepucio que jalaba mucho cuando me hacía para abajo, ella sólo me pedía ser valiente y aguantara.
Y: me molesta mucho mi pene, lo quiero sacar
L: no, no lo hagas deja que te venga tu cosquilla primero y lo sacas. Te gustará en un rato créeme- dijo mientras puso un poco de saliva entre la canaleta de sus tetas en la que estaba mi pito-
Lo anterior sirvió para lubricar mi pene y sus movimientos que Laura hacía con sus senos. Ella tuvo razón, al rato comencé a sentir más agradable el rose de mi pito con sus tetas. Ella aumentó la velocidad de la masturbacion y sin aguantar más sentí el cosquilleo por tercera vez. Mi miembro se volvía a hacer diminuto entre las tetas de mi joven instructora.
L: ¡ya está! ¿Ves que te terminaría gustando?
Yo solo sonreí
L: me gustó esto que hicimos. A pesar que tu pitito es pequeño y no produzcas leche me encantó sentirlo en mis axilas y boca. Si te gustó igual a ti y te gustaría que se repita varias veces debes guardar esto como un secreto y no contar a nadie lo qué pasó. ¿Te parece?
Y: si -conteste- a mí igual me gustó mucho aunque me doliera un poquito mi pene. Pero sus axilas y tetitas estaban muy ricas, me gustaron mucho.
L: jajajaja, que bueno te gustaron, estarán siempre disponibles para ti. Pero ahora debemos volver a la piscina, arréglate y salimos por separado.
Así nos arreglamos, Laura salió primero y al rato lo hice yo. Así pasó toda la temporada de verano hasta el mes de febrero. Obviamente repetimos la experiencia muchas veces en los días que seguía con clases de nado, las cuales les narraré en otros relatos.