Les comparto otro de mis relatos, que lo disfruten




Aún recuerdo esa tarde, hacía calor y yo usaba coletas y bikini. Tenía apenas 12 años pero mi mente ya se encontraba en un lugar distinto al de las otras niñas de mi edad. Debo reconocerlo, estaba esperando el momento con ansias desde que papá me dijo que apenas cumpliera los 12 podría hacer lo mismo que él y mis hermanos.





Mi nombre es Paulina, en la actualidad tengo 16, no soy muy desarrollada por lo que aparento menos edad, tengo tetas pequeñas pero las precisas para mi cuerpo, un trasero redondito y firme según papá y un cuerpo como para toda una tarde de incesto según mis hermanos.




En el momento que ocurrieron los hechos que contaré, mi cuerpo apenas mostraba señales de convertirse en mujer, mi pubis apenas nacía y llenaba mi intimidad de niña, una intimidad que recorría casi todos los días desde hacía varios años. Creo que empecé a masturbarme a los 8 aunque he visto desnudos a mis hermanos y padre desde siempre. Mi familia está compuesta por Esteban, mi padre, de 39 años, bastante guapo y musculoso, mis primeras caricias me las hice pensando en él. Fantaseaba que me tomaba en sus brazos, me quitaba toda la ropa y nos duchábamos juntos abrazados mientras me besaba, luego me llevaba a su cama y dormíamos desnudos mientras me acariciaba el pecho y me hablaba suave al oído diciendo cuanto me quería. Era una fantasía bastante inocente, considerando que él era todo amor conmigo, era su única hija y por lo tanto su tesoro.





Mis 2 hermanos, Bastián y Alonso, tenían en ese momento 16, eran igual de atléticos que papá aunque más pudorosos a la hora de mostrarse. Siempre los vi desnudos pero trataban en lo posible de no mostrarse, al menos no intencionalmente. Me consentían mucho y eran como el tipo de chico que tendría de novio. Muchas veces tuve la fantasía de que me saludaran de beso en la boca y que, llegando del colegio me hicieran levantarme la falda y mostrarles mis bragas. Eran fantasías muy suaves, típicas de una niña tan sexual como yo lo era. No imaginaba que las iba a cumplir con creces, y aun ahora a mis 16 las sigo cumpliendo.




La tarde que les mencionaba hacía calor, así que llenamos la piscina antes de celebrar mi 12 cumpleaños. En la mañana papá fue a mi cuarto para despertarme, yo me levanté con sueño por lo que no entendía lo que papá me decía, yo sólo respondía que si a todo. Entonces llegó lo bueno.




-hija, levanta los brazos.




Los levanté y papá me quita el pijama dejando libres mis pequeñísimos senos preadolescentes. Quedé en shock y no reaccioné hasta que me ordenó bajarme el short y las bragas apoyándome en su cuerpo para no caerme.




-ven, vamos a la ducha.




No podía creerlo. Papá me había desnudado y yo estaba demasiado caliente, y por si no fuera poco ahora me daría un baño con él. Llegando a la ducha papá también se desnudó, tenía su miembro semierecto y afeitado, yo sólo quería tocarle todo y dejarme hacer, estaba completamente mojada, desde el pelo hasta lo más hondo de mi vagina. Él notó mi humedad mientras me ponía jabón con sus manos por mi cuerpo, era su nenita ahora más que nunca y eso lo sabíamos ambos. Tuvo una erección brutal, la primera que yo sabía que realmente era por mi causa.




Fue un momento más erótico que nada, sus caricias no fueron más allá de las que un padre tendría con su hija independiente de lo extraño del contexto en el que nos encontrábamos. Al terminar la ducha me secó amorosamente, me miró con complicidad y me acarició por entre mis labios con la misma suavidad con la que me masturbo.




-ahora es cuando inicia tu vida sexual, te amo pequeña mía.




Me abraza mientras siento su pene tieso contra mi vientre y sus testículos en mi vagina. Genial, pensaba yo, ahora oficialmente tengo permiso de tocarme. No sabía que no era tan así. Mi vida iba a ser no como una película porno pero el morbo iba a estar presente hasta el día de hoy.

Me puse, mejor dicho, él me puso el bikini, así desnudo, luego me peinó con mis coletas. Amaba usar coletas, amaba cuando él me peinaba y amaba también que me sentara en sus piernas para peinarme.




Después de un rato llegaron mis hermanos ya que habían ido al supermercado a buscar algunas cosas. Comimos pastel, jugamos videojuegos y me consintieron bastante hasta que a eso de las 3 de la tarde, luego de abrir mis regalos, papá me hizo pararme frente al sillón donde estábamos sentados. Yo, muy coqueta y contenta por lo vivido en la mañana accedí al instante. Luego papá se para atrás mío, dando la misma charla de la ducha pero ahora de un modo más explícito pero igualmente tierno, tanto que me hacía sentir segura.




-chicos, hoy Pauli cumple sus 12 por lo que oficialmente ha empezado a ser una mujercita y debemos tratarla como tal. Ahora ya es hora de que la conozcamos y ella también nos conozca. Bien cariño, quítate el bikini para que te veamos.




Yo estaba roja, excitada, nerviosa, algo mareada por el momento. Sin demorar demasiado me quité primero la parte de abajo. Sabía lo que iba a pasar por lo que decidí hacerlo lo antes posible. Mis hermanos me miraban con sorpresa, haciendo bromas para que no me pusiera más nerviosa. Luego me quité el sostén dejando a la vista unas pequeñas tetas coronadas por pezones rosaditos, tal cual debían esperarse en una niña.




Tuve que abrir mis piernas, voltear para que vieran mi trasero e incluso llegué a abrirlo para lo vieran mejor.




-wow, vaya mujer que tenemos por hermana. Desde ahora te avisamos que te vamos a pedir que andes sin ropa mucho más seguido.




-por supuesto, pero siempre y cuando me dejen compartir la ducha con ustedes.




Mi respuesta los hizo reír aunque sabían que hablaba en serio.




Esa tarde jugamos en la piscina, mi padre y hermanos también se desnudaron. Yo ya no tenía pudor alguno. En mis ojos se adivinaba la excitación de una niña que recién conoce el sexo. Estaba jugando a comportarme como niña mientras me tocaban por todos lados. Mis hermanos no se ponían reparos a la hora de agarrarme por detrás poniendo una mano en mi vagina y desde ahí levantarme desde el agua para dejarme caer. Luego era yo quien les pedía que me levantaran, incluso a papá. En un determinado momento, papá pidió si les podía mostrar mi himen. En ese momento no sabía lo que era hasta que papito me abrió para que todos pudieran ver mi interior.




-así es como se ve nuestra pequeña mujer por dentro




-¡papá!




No daba más de caliente, mal que mal, estaba desnuda en una piscina con 3 penes que por juego se situaban en cada orificio de mi cuerpo aunque sin entrar.




Luego de esa tarde de juegos de placer, en la que me exhibí ante mis hombres, me fui a dormir. Mis hermanos iban a salir a bailar por lo que me quedaría sola con papá. Todavía estábamos desnudos, no queríamos vestirnos y cuando los chicos salieron, me armé de valor y fui donde papá.




-papi, ¿puedo dormir contigo?




No era la primera vez que dormía con papá. Incluso un par de ocasiones dormí con él desnudo pero yo usaba pijama y en una ocasión cuando tenía 10, él desnudo y yo sólo con una tanga. Recuerdo su erección en mi culito, yo me apegaba más a él y él se movía despacio. Amaba sentir ese tipo de caricias, ya que eran distintas a las demás y siempre pensé en ellas como algo íntimo entre nosotros.




Una vez en la cama, nos acostamos de frente, viéndonos por completo. Papá me acariciaba el pelo y me contaba algunas cosas. Mi manito pequeña recorría su cara mientras los ojos me brillaban y comenzaba a mojarme mucho más. Entonces él baja su mano hasta mi entrepierna y empieza a acariciar mi pubis con suavidad. Ese fue el primer momento en que no me sentí como la niña de papi, me sentí como una mujer. Abrí mis piernas para que me tocara a su antojo mientras me mordía el labio inferior suspirando por sus dedos.




-hija, ¿no te molesta que te toque de esta manera?




-claro que no, eres mi papito y puedes tocarme lo que quieras.




-seré sincero. Quiero hacer algo para darte la bienvenida a tu nueva etapa, pero te pido que no te contengas ni olvides que soy tu papá, así que nada malo va a pasarte porque te voy a cuidar.




-lo sé, por lo tanto, puedes hacer con tu hija lo que quieras.

Metió 2 dedos en mi boca, los que por instinto llené de saliva. Luego esos dedos recorrieron mis tetas para ir a masajear mi vagina con movimientos que provocaban pensamientos poco normales para una menor de edad.




Me hizo la mejor paja de la vida. No pude evitar corresponderle agarrando su pene son fuerza, sintiendo sus latidos y un movimiento que evidenciaba que se estaba masturbando con mis manos.




Gemí, grité y me moví como una pequeña bestia, como una puta infantil sin experiencia. Como el juguete sexual de papi. Acabé entre jadeos en un abrazo apretado con papá, besando su cara sin atreverme a tocar sus labios.




-papi, me toca verte.




-¿segura?




Le hice un gesto con mi cabeza. Ya habíamos pasado más de un límite desde hacía rato, aunque le costó asimilarlo. Ya era tarde, éramos 2 amantes jugando a conocerse. Entonces me pidió el calzón de mi bikini y lo puso en medio de ambos a la altura de su pene.




Papá empezó a masturbarse frente a mí, viendo a su putita infantil saborearse viéndolo. No me aguanté y empecé a manosear sus bolas para luego cambiar de cuerpo mis manitas y empezar a darme placer frente a él. Acabamos al mismo tiempo, yo con un grito caliente y él sobre mi bikini con un gran chorro de semen. Estaba asombrada, jamás pensé ver algo así.




Con un dedo lo toco para ver como era. Pensar que ese chorro espeso pudo haber terminado llenando alguno de mis orificios me puso caliente otra vez. Papá me abraza por detrás y me al oído me dice, al tiempo que su pene se clava en la entrada de mi vagina.




-buenas noches mujercita.




Su respiración en mi cuello me hace no poder resistir más, y decidí pedir permiso, en parte para calentarlo, le hice mi petición.




-papi ¿Puedo masturbarme otra vez?




-claro que sí, Pauli, puedes hacerlo las veces que quieras. Incluso te lo pediré algunas veces.




Empecé a tocarme mientras papito movía su pene a la entrada de mi vagina.




-¿y también puedo masturbarme con mis hermanos?




-no lo dudes.




Su mano acompañaba a la mía en mi caricia intima.




-¿y ellos pueden tocarme?




-cada vez que quieras.




La sola idea de volver a estar desnuda frente a ellos otra vez me hizo acabar. Papá no se detuvo por más que me oía gemir, llevándome más lejos en el delirio hasta un segundo orgasmo que llego un poco antes de su corrida. No quise lavarme su semen. Dormí con la leche de papito en la entrada de mi cuevita delantera y es una costumbre que mantenemos ya que para nosotros tiene significado. Esa vez fui reconocida como mujer por papá y yo conocí mi sexualidad, la que iba más allá de fantasías de besitos desnuda.




Papá no me penetró en esa ocasión. Se portó como un verdadero padre. Al otro día le dije que no hacía falta disculparse por nada y le exigí casi con berrinches que se volviera a repetir. Quedamos en que él tendría la autoridad para hacerme desnudar cuando quisiera frente a él y yo podría desnudarme cuando quisiera frente a mis hermanos.

Pero esas aventuras serán contadas en otra ocasión.