En mi familia, el cuerpo jamás fue un tabú; algunos días de calor, por ejemplo, era común ver que papá, en lugar de andar como otros padres sin camiseta, andaba desnudo con su cerveza en la mano, frente a mi hermana y a mí. Ese es uno de los recuerdos de mi niñez, pero el que nos dejaría una marca fue de cuando Vane, Rodri y yo, Carol, fuimos con nuestros padres a unas termas donde se rentaba una cabaña con un baño tipo piscina en su parte trasera.


Al llegar, arreglamos nuestras cosas y con mi hermana fuimos a ver la habitación que íbamos a usar. Teníamos 13 años Rodri y yo, Vane tenía 12 recién cumplidos en esas fechas. Vane era desarrollada para su edad, la pubertad fue generosa con ella, pechos grandes, linda cintura, buenas caderas, un culo apretado y redondo además de unos ojos pardos lindísimos. Yo tenía lo mío también, era un poco más baja que mi hermano, por lo tanto un poco más alta que las niñas de mi edad, unas tetas acordes a mi figura, pequeñas pero redondas y firmes, todo eso junto a un culito bien hecho. Rodri era normal, bastante guapo en verdad, atlético y simpático.

Nuestros padres eran jóvenes, no se veían de una edad en la que pudieran tener hijos preadolescentes, se veían de menos edad de la que tenían. Debo reconocer que para nosotros era agradable verlos desnudos y en esta ocasión fue donde todo empezó; en la noche íbamos a entrar al baño termal, por lo que nos llamaron al patio y nos hicieron sacar toda la ropa. Nos dijeron que cuando fuéramos más grandes compartiríamos la ducha pero ahora iba a ser una ocasión especial. Era la primera vez que mi hermano me veía desnuda. Papá me había visto una vez hace 2 meses cuando me llevó al doctor; esa vez estuve desnuda frente a él, la enfermera y el doctor. Luego llegó mamá y Vane, quién también tuvo que quitarse la ropa frente a todos.

Yo quedé demasiado caliente, mi hermano tuvo una erección y Vane me confesó después que en esa ocasión se mojó como nunca antes. Después de un rato nos fuimos a la cama, eran 2 camas para nosotros 3, Vane y yo, por ser niñas íbamos a compartir una. No teníamos problema, a veces dormíamos juntas y también nos acariciábamos. A esa edad lo hacíamos de un modo tierno pero que igual nos hacía sentir cosas en nuestras vaginas, tanto que muchas veces nos poníamos de acuerdo en dormir juntas, elegíamos la ropa y nos decíamos al oído como nos abrazaríamos esa noche, si ella me haría cariño en el pelo o si yo le recorrería el cuello con mi boca. Éramos un par de niñas de 12 y 13 en la situación más lésbica e inocente posible, tanto que en una ocasión llegamos a dormir ambas con bikini sólo para jugar a desabrocharlo despacito y luego darnos las buenas noches en la boca.

Esa noche nos pusimos el pijama y nos acostamos, Rodri en su cama, Vane y yo en la otra y al pasar algo de media hora, ambas a través de gestos que ya nos conocíamos, nos pusimos de acuerdo para desabrochar la parte de arriba y sentir nuestros pechos en un tierno abrazo lésbico infantil, con todo y sus buenas noches en la boca.

Cuando cumplimos 15 con Rodri nos tocó compartir la ducha por primera vez. Ambos nos desnudamos juntos en su habitación y caminamos nerviosos hasta la ducha, no había nadie, nos miramos y nos tomamos de la mano. Él me vio completa, como la mujercita que era, miraba mi pubis lo más disimulado que podía. Yo miraba su miembro erecto y duro, con las venas marcadas e imaginaba una escena de incesto no consentido con él en la ducha. Fantaseaba con que mi hermano me violara en la ducha y me juraba a mí misma dejarme si eso pasaba alguna vez.

El agua caía sobre nosotros, tibia, casi a la misma temperatura de mis flujos vaginales que lubricaban mi cuevita de niña, aprieto mis piernas y meto un dedo en mi vagina mientras cierro los ojos y me saboreo. Por un momento pensé que estaba sola y mi hermano me mira sorprendido y muy caliente pero en ese momento entró Vane a cortar todo diciendo que ella también se va a bañar con nosotros porque también la autorizaron.


Mi hermano no sabía qué hacer; por un lado vería desnudas a sus 2 hermanas aunque por el otro creía que no podría seguir. Le digo que esta será una ducha que no olvidará. Tomé su mano y lo llevé hasta la puerta para recibir a nuestra hermana quien también venía desnuda arreglándose el pelo.


La tomamos de la mano y la conducimos a la ducha. Rodri la tenía dura y a punto de estallar, sin saber que sus hermanas a veces tenían sus momentos de ternura lésbica y ahora tendrían un episodio de los fuertes frente a él. Era la primera vez que lo haríamos en la ducha, completamente desnudas y más encima con público. Me paro al lado de Vane para lavarle la espalda mientras ella se pone jabón en sus grandes tetas, las tenía más grandes que yo y verlas esa ocasión me calentaba mucho. Le digo a mi hermano que me siga lavando, Vane se gira hacía mí y empieza a lavar mis senos, amasándolos y pasando su mano por mi cara. Abro mis piernas, cosa que no se note que lo hago a propósito mientras Vane empieza a recorrer mi cara con sus labios, hablando cosas irrelevantes y con cada palabra se acerca peligrosamente a mi boca. Siento unos dedos hurgando mi vagina, es mi hermano que registra qué tan mujer puedo ser mientras me beso con mi hermana menor, la que se está metiendo un dedo descaradamente mientras me abraza y besa como si fuéramos las únicas allí. Luego hay otra sensación, un poco fuerte pero se sintió como lo más rico del mundo. Unos dedos luchan por meterse en mi ano. Les ayudo separando mis nalgas. Realmente no me interesa de quien sean porque me calienta pensar que mi hermano me está explorando, reclamando para sí mis agujeros y mi niñez, y por otro lado me calienta pensar que soy la mujer de mi hermana, pensar también hasta donde llegaríamos la próxima vez que hiciera frio y durmiéramos juntas.


Ahora siento más dedos atrás abriendo mi cueva de adolescente. Tengo consciencia de que son ambos quienes cooperan en abrirme. Yo sólo disfruto el beso, mi primer beso, un beso entre mujeres, y es justo en el momento en el que reacciono que mi primer beso fue incestuoso cuando un dedo de Rodri logra abrirme los labios, preparando el camino para que separe la carne de su hermana con su pene. Había perdido la virginidad besando a mi hermana.


Él se movió como un salvaje, no respetó que fuera su hermana, me clavó un miembro hasta lo más profundo que pudo y casi cuando no podía aguantas más, la muy puta de Vane me metió sin piedad un dedo en el culo. Eso fue todo. Sentí electricidad, como si me quedara en blanco, recuerdo que perdí la respiración. Tuve un orgasmo, el primero, besando a una mujer, violada por mí hermano, con mi hermana penetrando mi ano. No importa cómo o de qué manera lo pensara, era una situación tan extraña como morbosa. Terminamos la ducha entre risas cómplices y ya nuestra relación no fue igual que antes, pero eso ya lo contaré en otra ocasión.