Soy de un pueblo costero, a diario recorro un camino de
veinte minutos en mi bicicleta. De mi casa a la playa.
Trabajo de lanchero, desde la orilla llevamos gente mar
adentro para que suban a divertirse a ese salvavidas flotante
mejor conocido como “la banana". Con la lancha jalamos la
banana por el mar, algunas personas caen al agua, otras logran
resistir las aguas turbias.


Llegan muchos turistas, de todos lados, de todo el mundo.
En una ocasión subió a la banana un puñado de gente, y entre
ellos estaban una pareja de gringos y su hija como de unos
trece años. Llamó mucho mi atención la niña, ya que era hermosa.
Gringa, güerita, una princesa. Conversaban en ingles y también
en español ya que lo hablaban muy bien, claro con todo el acento
gabacho.


Unos días después, iba caminando por la orilla del mar, cuando
vi a la niña hermosa, la güerita. Estaba sentada en un tronco de
madera, llevaba una cámara en las manos y sacaba algunas fotos.
Me deja llevar por mis pensamientos, hasta que una vocecita me devolvió
a la realidad.

-Me tomas una foto- dijo aquella vocecita.

Yo volteé y era ella. Me acerqué, yo la enfocaba con la cámara y
ella posaba de varias maneras. Los gabachos son muy liberales
y la niña traía puesto un sostén rojo y unas braguitas color negro,
que dejaban apreciar sus nalguitas. Sonreía y se veía hermosa,
le tomé varias fotos, las vimos y me empezó a sacar platica.
Me dijo que vivía en una casa rodante y que me invitaría a comer.

Por supuesto que acepté.


Llegamos a la casa rodante, disfrutamos hamburguesas de champiñones.
Me platicaba que venía de Quebec, Canadá. Que sabía hablar muy bien
el francés-me equivoqué no era gringa-.

Sus papás no estaban, después de un rato de estar viendo fotos de su
ciudad, me dijo:

-¿Qué tan cierto es lo que dicen?

Yo arrugué la cara en señal de que no entendía.

-Sobre los penes- me dijo.

Me quedé callado.

-Qué son grandes.

Yo quedé sorprendido por lo aventada.

-Me enseñas- me dijo.

La verdad yo ya estaba muy excitado. Saqué mi pene, ella lo miró
y comenzó a chuparlo. Yo estaba que explotaba de placer, sus ojitos
azules y su carita rojiza me miraban tiernamente. No sabía chupar muy bien,
me mordía.

-Espera, despacio, con la pura lengüita- le dije.

Me empezó a desvestir y ella también se quitaba su sujetador y su bikini.
Mi verga ya bien parada, pero me detuve al ver lo chiquita que estaba.

-¿Cuántos años tienes?
-Doce.

Ya era muy tarde para detenerme, me le eché encima como una animal hambriento.
No voy a mentir, tengo un pene de buen tamaño pero no un tamaño exagerado. La
verdad yo veía a la güerita bien chiquilla y entre tanto placer, pensé en hacerlo
despacio.

Intenté con la cabecita, pero no le entraba, ella al sentir reaccionó con un arañazo
en mi espalda. Le jugaba la cabecita en su conchita para lubricarla, ella se movía
de placer, así lo hice durante algunos minutos. Cuándo la sentí mojadita, poco
a poquito se la fui metiendo. Muy despacio para no lastimarla.
Ya con mi verga adentro, la güerita me abrazaba con mucha fuerza y me clavaba
sus uñas en mi espalda. Gemía y gritaba pronunciando palabras en otros idiomas.

Por más despacio que le daba, ella engarruñaba sus deditos de los pies y me
ensartaba sus uñas.

La subí en mis piernas, la agarré de la cintura y la bajaba y subía muy lento, ella
soltó un pequeño grito:

-¡Ahh!

Era increíble la forma en que su vagina apretaba mi verga, aunque en mi mente estaba
darle despacito, el placer me sobrepasó. Comencé a subir el ritmo, ella inmediatamente
reaccionó. Yo continué dandole cada vez más duro, ella comenzó a gritar, yo seguí dándole
más duro, ya no me podía detener.

Entre gritos de placer y de dolor de la chiquilla, sentí trasladarse mi semen, en ese
pequeño pero placentero instante, aumenté mis movimientos a lo máximo que podía dar, no
paré hasta venirme dentro de ella. Nos quedamos un rato así, después ella solita se salió.

-Que rico- dijo. Solo lo había visto en las películas.