Mónica, mi amor imposible 23

Regresaba a casa luego de visitar a mi noviecita secreta Rocío y mi nueva alumna Ángeles, a Rocío le obsequié su primer cojida y aun le dolería la conchita recién desvirgada.
En la puerta estaba Verónica con unas bolsas de la compra, ofreciéndome a llevarle el peso las tuve que dejar en el piso del ascensor para abrazarla y besarla, creo que de vivir en un piso más alto, la desnudaba allí mismo.

Una vez en su departamento me la quería llevar a casa para hacerle cositas lindas pero la madre insistía que nos sentemos para mirar el noticiario, ya en el sillón con Vero sentadita encima, apenas podía tomarle las manitas frente a la mirada materna. Parece que la mujer adivinaba nuestras urgencias al ofrecernos un cobertor para las piernas ya que estaba refrescando, ante la madre que distraída miraba la tele pude acariciar las piernitas deliciosas de Vero amparado bajo el cobertor que ocultaba las maniobras indecentes.
Cuando la tetona se fue al baño aproveché para abrirme el pantalón dejando el monstruo babeante liberado bajo la colita de Vero, al regresar no sospechaba que su hijita tenía un lápiz carnoso en la puerta del anito.
Al estirarse para tomar una galletita pudo apuntar bien para que le entrase mi pija por el culito, quedó algo mal sentada y temiendo que evidenciase su angustia la tomé por la cintura para ensartarla más a fondo por el agujerito de hacer caca, por suerte pudo fingir atragantarse con una masita mientras mi pene le entraba lentamente en el anito. Creo que nunca le había metido la pija tan adentro, sentía como si una funda tibia me apretase todo el miembro mientras le acariciaba la puchita. Llegamos al orgasmo casi al unísono, la cara de póquer de la progenitora no denotaba percibir el salvaje enema que le estaba aplicando a su hijita.

Creo que no pudo soportar los gemidos de Vero yéndose a la cocina mientras le comía desesperadamente la boquita a su nena, quedamos exhaustos mirándonos en los ojos y esperando que se ablandase el garrote de carne que tenía ensartado en el culito. Esta vez fuimos de la mano hasta el baño para lavarnos y viéndola sentada sobre el bidet soltando peditos con leche me arrodillé pidiéndole que pase las piernas sobre mis hombros para chuparle la conchita.
La pobre tenía el anito dilatado por la reciente intrusión debiendo calmarlo con muchos besitos y prometiéndole que para su cumpleaños sería mucho más suave al metérsela por atrás.

Esa noche dormí como un lirón y la mañana la pasé reuniendo material para mi nueva alumnita, ese angelito llamado Angie que necesitaba de mis lecciones.
Esa vez atendió una señora agradeciendo que ayudase a su hijita con la ceguera, apenas apareció la alcé en brazos plantándole un sonoro beso en la mejilla y preguntando el nombre del perfume para regalarle a mi novia. Estas palabras bajaron la guardia de la madre al advertir que tenía los pensamientos en una mujer grande, pidiendo que subamos a su habitación estaba por bajarla al suelo pero nos encaminamos a la escalera con la nena en brazos.

Mientras subíamos le susurré al oído que de este modo podría controlar la tentación de mirarle bajo el vestidito mientras ella subía las escaleras, se ruborizó al suponer que ayer le había espiado la bombachita sin percatarse que al bajarla dejándola resbalar, se le había subido la ropa mostrando su prendita íntima.
Para despejar la cabeza de pensamientos raros me dispuse a instalar los programas mientras Angie me tocaba los brazos y cabello para reconocerlos de modo táctil, no podía resistir la sensación de sus dedos y la alcé sobre mis piernas pidiendo que pronuncie las primeras palabras ante el micrófono para el reconocimiento de voz.

Sus bracitos se ponían con carne de gallina al percibir que aspiraba su cabello y aveces le decía bajito al oído las frases que debía repetir frente al micrófono. Ver moverse esos labiecitos tentadores me daban ganas de morderlos, tuve que pasarle un dedo por la boca con el mismo gesto que hacía ella al reconocer un rostro. Al cerrar los ojos imaginaba que la estaba mirando y conociendo con los dedos, debiendo confesarle que era una niña hermosa mientras le manoseaba los pechitos, sus párpados cerrándose creo que eran el vaticinio de un beso y ya no pude resistir la tentación de depositar la boca en sus labiecitos.
Habrá durado un par de segundos pero mi corazón se llenó de temores por estar haciendo algo indebido, le pedí disculpas por haberla besado confesando que no pude resistirme a su boquita encantadora ni a sus pezoncitos endureciéndose, entre su respiración agitada contó que así imaginaban el primer beso con las compañeritas de Braille pidiendo que no contase nada a su madre.
Pasamos el resto de la clase mezclando temas de informática con dudas del comportamiento entre novios, su cabecita febril imaginaba mil cosas debiendo decirle que de mayor iría aprendiendo esos temas.

Al moverse sentía una dureza bajo la colita preguntando si eso era mi pene, parece que sabía de temas anatómicos pero en el convencimiento de que los varones tenemos un pitito blando. Tuve que confesarle que se me ponía así por tenerla a ella sentadita en mis piernas, que era una mujercita hermosa despertando pensamientos inconscientes y agregando que no estaba bien que un hombre haga esas cosas con una nena.
Claro que tenerla dura delante de ella era tan impropio como besarla, pero tomando su carita con ambas manos acallé su curiosa boca con mis labios, creo que esta vez estaba besándola realmente con ganas.

Al escuchar pasos en la escalera me recompuse haciéndome el distraído mientras ella practicaba la lección, era Rocío que venía de visita sabiendo que me hallaría en la casa, se saludaron efusivamente dando a entender que eran amigas. Cuando nos dimos un beso Angie preguntó si era mi novia al besarnos en la boca, quedamos helados cómo la cieguita había percibido eso debiendo pedirle que lo mantuviese en secreto.
Nos sentamos los tres en el borde de la cama para conversar mientras Rocío miraba extrañada cómo nos agarrábamos de las manos con Angie, tuve que explicarle que estaba aprendiendo a usar el tacto para reconocer a una persona del mismo modo que lo hacía ella.
Diciendo que ahora estábamos solitos y podríamos hacernos mimitos de novios me hizo soltar a Angie para que la acariciase a ella, me daba un poco de vergüenza pero la otra no podría vernos de todos modos, nos recostamos fundidos en un abrazo mientras la manita de Ángeles se perdía debajo de su pollerita.

Rocío me susurraba que hoy tampoco se había puesto bombachita ante la sonrisa de la que era cieguita pero con muy buen oído, esta vez se levantó la pollerita para acceder bien con sus dedos traviesos a su centro de placer mientras que Rocío suspiraba al sentir mi glande entrándole lentamente en la puchita.
Como estábamos abrazados con mi noviecita, ésta no podía ver que sucedía a sus espaldas, no podía ver mi mano apoyada en la rodilla de su vecinita y reptando lentamente hacia arriba.
Era delicioso estar cojiéndome a mi novia secreta mientras acariciaba la piernita de Angie, cuando llegó al orgasmo reemplacé sus deditos por los míos para acompañar su solitaria explosión dedeándole velozmente la almejita.
Cuando Rocío fue a lavarse, la manita de Angie volaba para encontrarse con la mía y tuve que meterme en la boca esos deditos con sabor a ella, con resabios de sus no tan infantiles juguitos, le pedí que se bajase de la cama inmediatamente por no poder resistir las ganas de besarle todo el cuerpito, principalmente allí abajo entre sus piernas donde todavía estaba algo mojadito.

Tenía una erección de caballo y no sabía como hacer para reducir eso, tenía frente a mí esa muñequita hermosa pero no podía pensar en violarla o algo así, solamente le pedí que se acostase de panza para mirarle las piernas y la cola enfundada con bombachita mientras me envolvía el glande con un pañuelo, con una mano desenterraba la tela que se le había metido entre los glúteos y con la otra me hacía justicia por mano propia explotando antes del retorno de mi noviecita secreta.

Al despedirnos no soltaba mi mano y debí inventar un pretexto para quedarme otro rato haciendo cosas en la PC, apenas escuchamos cerrarse la puerta de calle me preguntó pq le había tocado la cola si recién estuve con mi novia. Me faltaban palabras para explicarle que al no traer protección de látex debía abstenerme de eyacular dentro de Rocío, pero la razón principal era la fascinación que me provocaba su mirada perdida.
Su hermosa sonrisa me hizo arrodillarme en el piso y tomar su carita entre las manos, podía percibir el vientito de su aliento al besarle la nariz, y ella solita subió la cara para que llegue a su boquita. También cerré los ojos para sentir lo mismo, todo táctil, sus labiecitos tenían una dulzura especial y no pude resistir devorarle la boquita mientras bajaba las manos hasta sus piernitas y de vuelta a subir pero debajo de su vestido.

Al llegar a los muslos su respiración agitada demostraba la emoción agradable del momento y me deleité acariciando su enfundada colita mientras le decía al oído que le daría muchos besitos allí abajo si dispusiésemos de más tiempo. Sabía que debería abandonar la casa enseguida pero no lograba soltar esa tibia pielcita que temblaba bajo mis dedos mientras le susurraba que deseaba chuparle la conchita.

Volviendo a la escuelita, en la entrada del camino de tierra estaba el domicilio de la gordita que bailaba perreo y varias personas deambulando. Preocupado que algo malo estuviese sucediendo, busqué a la madre que relató de un tiroteo en la vecindad y que una bala perdida había impactado en su hija.
Quedé estupefacto por la noticia pidiendo pasar al velatorio para el saludo póstumo, dijo que aún estaba preparando el cuerpo pidiendo que entrase para ayudarle.
La pobre estaba tendida en la cama y tapadita con una sábana, tenía un impacto en la cabeza que era casi invisible y la desvestimos para ponerle unas prendas adecuadas. Verla en bombachita me produjo gran tristeza y acariciando su cabecita le dejé un beso en la boca, ya no parecía tan gordita al verla tendida allí.
La madre casi sonreía al advertir un gigantesco bulto en mi pantalón que no era coherente con la solemnidad del momento, lamentando que su hijita no tuvo tiempo de conocer el placer sugirió que yo podría rendirle algún homenaje póstumo mientras ella se retiraba por unos minutos.

(continuará)