Mónica, mi amor imposible 22

Recostados con Mónica y su sobrinita al medio, estaba despertando mientras Moni reía al notar mi barra de carne apoyada en las nalguitas de Mary.

Había logrado no eyacular dentro de Moni y el gusano estaba furioso, más al percibir el lento masajeo casi me hace bañar con leche el inocente traserito de su sobrina, con una carcajada decía que en esa posición podría sentir un pedito de la nena en la punta del gusano desmayándolo.

Claro que no podía decirle que mi gusano ya había visitado otras veces el inocente potito de su sobrina, y corriéndose un poco al centro pidió que me acostase detrás de ella para hacérselo sentir del mismo modo. Se me erizaban los cabellos al percibir que Moni estuviese deseando sentir mi pija en su culito, ya era demasiado para un solo día.

Le sugerí que sería mejor si antes lo humedecía con la lengua, no quería decirle que moría de ganas por chuparle el culito pero al final confesé que algunos sueños nocturnos incluían mi lengua pasando entremedio de sus nalguitas, no sería muy romántico pero la deseaba a toda ella.
Decía sentirse halagada por mi devoción cruzando una pierna sobre la otra para exponer bien su hermoso trasero, mientras hacía girar a su sobrina panza abajo para que no viese.
Esa pose dejaba ambos centros de placer al alcance de mi voraz lengua y casi le arranco otro orgasmo al lamerle la puchita desde atrás, tuve que dedicarme a distender el esfínter forzando la lengua en su anito que se resistía, ayudado por un dedo al fin se aflojó decidiendo que ya no sería doloroso apoyarle el glande allí y tal vez meterle un poco de pito en el culito.

Me ponía nervioso observar la bombachita de Mary que era acariciada por Moni mientras ella sentía una punta de carne aterrizar en su ano. Tal vez le quería transmitir las sensaciones pero temí que se despertase antes de encular a su tía, esa colita tan añorada ahora se ofrecía en sacrificio y no deseaba interrumpir el sublime momento. Estaba bien lubricada y el gusano ayudaba mucho con sus propias secreciones facilitando que el glande se abriese paso en su ano, apenas con la puntita metida en su culito le pregunté si era doloroso, decía que lo fue por un breve instante pero que le meta la pija de una buena vez para sentirla toda adentro del culo.
Claro que no se la enterraría toda en la cola a mi amorcito, con sentir un par de centímetros dentro de su intestino era más que suficiente y esta vez no pude resistir más aplicándole un copioso enema y con el entusiasmo se la metí un poco más profundo dentro del culito al llenarla de tibia leche.

Esta vez no limpié el enchastre con un pañuelo, con la lengua esperando que su ano devolviese lo recientemente inyectado me iba tragando eso, mientras recordaba a ciertas estoicas mujeres con un sabor similar en la boca que no protestaban ante el deber.
Con una mano sobre la suya acariciando la colita de Mary en estéreo, confesaba que aveces hacía eso mismo cuando la sobrinita dormía para sentir un cuerpo de mujer, con razón mi muñequita había salido tan mimosa y le gustaba sentir mi mano acariciándole el potito.

Con la escuincla despertando, pensaba si no habría fingido su sueño todo el tiempo al pasarse a mi lado para acostarse sobre mi cuerpo. En tono de broma le decía a Moni que los labiecitos de su sobrina eran similares a los suyos pero en miniatura, la nena se reía dándome un besito sobre la boca pidiendo que ahora besase a Mónica para comparar. Realmente ambas eran deliciosas, cada una con sus diferencias, Moni no quiso ser menos fundiendo su boca con la de su sobrina y me sentía en el cielo entre estas mujercitas y los besos cruzados.

Cuando Moni se fue al baño, le recomendé que no mencionase la escuelita ni nada de lo allí sucedido, su picaresca sonrisita demostraba que sabía callar lo obvio y me estaba comiendo su boquita al llegar la tía, ésta se reía sonoramente preguntando si aún no hallaba las diferencias.

Mary quería quedarse en la casa para jugar con su computadora y ver televisión, a la chiquita no le agradaba mucho la vida agreste y Moni ofreció que se quedase un día más aquí.
También deseaba quedarme con mi reciente familia, pero tenía muchas cosas para hacer en la ciudad, remolonear en mi casita de campo atrasaba asuntos pendientes. Esta vez fue natural despedirme de ambas con un beso en la boca, claro que a Moni le tocó el apasionado.

Ya en casa y revisando el contestador telefónico, me asombró un mensaje de mi noviecita secreta del colegio. Rocío decía extrañarme y esperaba ansiosa el retorno de las clases para verme, además tenía otra oferta de trabajo.
No pude resistir llamarla y por suerte atendió ella, no sabría cuales argumentos esgrimir con la madre para llamarla en vacaciones. Su suave voz me traía recuerdos de su perfume sumados al terror que se descubriese la relación prohibida en el colegio, entre otras cosas mencionó a su vecina que tenía algunos impedimentos físicos y deseaba tomar clases de computación. La cuestión es que arreglamos que pasaría por su casa con ese pretexto.

Durante el viaje me imaginaba a la nueva alumna, tal vez en silla de ruedas. No tenía idea cuál problema tendría pero al menos no me robaría a Moni ni podría sentarla en la falda o pensar impartirle alguna clase "especial". Me recibió la madre agradeciendo que impartiese clases especiales, casi no podía reprimir una sonrisa recordando que hace minutos pensaba justamente en cosas "especiales" para mis alumnas.
Rocío vestía un corto shorcito y una camiseta deportiva, claro que no podía demostrarme efusivo debiendo saludarla con un casto besito en la mejilla y nos encaminamos a la casa vecina. Abrió una niña con anteojos oscuros y estaba por reírme de las ocurrencias de una nena por usar lentes de sol dentro de la casa, me tuve que tragar la risa al notar sus manitas tantear el marco de la puerta al hacernos pasar.

Luego de abrazarse con Rocío me presentó como su profesor de informática mientras me temblaban las piernas al reconocer que no sabía nada acerca de enseñar a personas ciegas. Se llamaba Ángeles y creo que su carita era la de un angelito realmente, al quitarse los anteojos y observar su mirada perdida la saludé nuevamente con un besito en la frente diciendo que era preciosa. No sabía si confortarla o confesar que no tenía idea de impartir clases a invidentes, pero se dirigió a la cocina con naturalidad para preparar café diciendo que su vida era normal y necesitaba leer en la computadora mediante programas como el JAWS.

Nos sentamos en un amplio sillón mientras ella comentaba que estaba viendo una tele-novela, me devanaba los sesos tratando de comprender que cosa percibía al escuchar eso sin las imágenes que aportan casi todo el contenido y en eso llamó la madre de mi noviecita secreta. Se despidió con un beso en la boca mientras me costaba abrir los brazos para soltarla, me había hecho la idea que nos echaríamos un polvito y quedé con un inocultable empalme al cerrar la puerta.
Claro que inocultable para todos menos para Angie, me acomodé bien el bulto pensando que pasaría con esta nena cuando tuviese edad para los amoríos.
Sentándose pegadita a mí dijo que deseaba conocerme, pensé que debería contarle cosas de mi vida pero alzando las manos se puso a palparme la cara y cabello. Me recorría un escalofrío sentir sus deditos reconociendo mis facciones y al llegar a mi boca se reía por lo fruncido de mis labios, sin querer le estaba besando el dedo inquisidor y nuevamente le dije que era muy bonita acariciando su cabello.

Su habitación estaba en el piso superior y estábamos en la escalera algo angosta, no pasábamos los dos juntos y debí subir detrás de ella observando sus piernitas hasta perderse bajo la pollerita de jean, al percatarme que no vería mi travesura pude observar debajo hasta el inicio de su bombachita, era una prendita blanca nada sugestiva pero el hecho de hacer algo morboso le agregaba placer.
Calculé que tendría menos edad que Rocío y tal vez ya imaginaba situaciones calenturientas, una vez arriba no pude resistir tomarle la manita para guiarla pero me indicó que se debía guiar ofreciendo un brazo para que la persona ciega se afirme.
Ya ante la máquina y sentada en mis piernas, tenía un menú de consola para escuchar algunos textos predeterminados, preguntaba si eso era todo lo que se podía hacer con una PC mientras le explicaba que con un soft de reconocimiento de voz podría lograr muchas más cosas.
Abriendo una aplicación de texto le pedí que escribiese un poco para evaluar su conocimiento del teclado, Angie usaba un solo dedo demostrando que conocía la ubicación de las teclas mientras preguntaba la razón de olerle el cabello.
No me dí cuenta que tenía la nariz sobre su cabecita embelesado con su perfume, debiendo decirle que ese aroma era delicioso y quería obsequiarlo a mi novia.

Sonrió coqueta por el cumplido denotando a la mujercita que crecía en su interior, le confesé que era ella hermosa y en unos años los muchachos se pelearían por ella. Con un rictus de tristeza se lamentaba que nunca podría salir de casa y conocer a nadie, su mirada al vacío me llenó de ternura debiendo tomarle la carita con ambas manos para besarle los ojos, no se cómo pude resistirme a sus temblorosos labiecitos mientras le prometía traerle los programas necesarios.
No habíamos tocado el tema honorarios y los padres no estaban en casa, al despedirme me costaba soltarle las manitas y le dí un beso en ambas mejillas mientras me esforzaba para no aterrizar en su boquita. Sin querer trastabillé agarrándome de ella para no caer, por un instante que me pareció eterno tuve las manos en sus pechitos apreciando unos deliciosos bultitos en desarrollo; me deshacía en disculpas mientras ella con carita ruborizada decía que también se tropezaba seguido. Quise seguir sintiendo sus pezoncitos que parecían endurecerse al tacto pero temí no poder controlarme cojiéndomela allí mismo.

Al salir estaba Rocío en su ventana haciéndome señas que entrase a la casa, la madre había salido y tendríamos un rato de intimidad. Casi no pude hablar mientras me besaba furiosamente, parece que deseaba aprovechar los minutos mientras susurraba que no vestía bombachita debajo del short.
Sobra decir que mi erguida humanidad pugnaba por salir del encierro mientras la alzaba un poquito contra la pared para dejarla caer sobre la barra de carne, sus ojitos en blanco demostrando placer me recordaban a otros ojitos que no podían ver y liberando mi garrote le bajé el pantaloncito.

Esta vez al bajarla lentamente podía sentir su puchita mientras acomodaba el glande para metérsela, tenía abundante lubricación y le fue entrando la pija suavemente.
Con la desesperación se la seguí metiendo al sentir una telita que ofrecía resistencia, un leve gemido de Rocío fue acallado con mi boca al beberme su instante sagrado, el instante en que terminaba su niñez. Quedando quieto para permitirle acostumbrarse a la barra de carne invadiendo su puchita ella solita inició los movimientos para sentirla bien adentro, esta vez la podía alzar y dejarla caer ensartándola por la conchita a fondo hasta sentir las pelvis unirse. Por suerte llegó al orgasmo justo antes de escuchar el automóvil de la madre, ni imaginar el escándalo si me pescaba cojiéndome a su hija.

(continuará)