Después de la gran cogida ocurrida en el aula hace unos momentos, la clase comenzó como siempre, nada fuera delo común. Los niños ponían mucha atención a su maestro, el cual aunque se le notaba tranquilo, estaba ansioso de que ya fuera la hora de la salida, para encontrarse con el pequeño que lo había hecho gozar y devolverle el favor.

En medio de la realización de una actividad, en la cual los niños estaban coloreando a gusto, uno de ellos se levantó para preguntarle algo al profesor.

- Maestro.
- Dime Alonso, ¿Tienes alguna duda? – preguntó el Hombre ofreciendo cordialmente su apoyo al niño.
- Solo quiero preguntarle ¿Qué hacía mi primo aquí? Lo vi salir del salón a la hora del recreo.

La pregunta dejó un poco sorprendido al maestro quien inmediatamente contestó.

- Ya veo, Mario es tu primo. Solo le ayudé con algunas dudas que tenía de inglés. – ocultando la verdad de lo sucedido contestaba – Me dijo que no quería preguntarle al profesor Francisco, pues dice que a veces es un poco enojón, y entonces recurrió a mí.

El niño convencido de las palabras de Sebastián, regresó a su lugar para seguir realizando la actividad.

Las horas y minutos pasaban lentamente, o al menos el sentía eso. Quería que ya terminara la clase y despedir a sus alumnos para alcanzar a su pequeño cómplice en el salón indicado. Siguió impaciente con la clase, volteando seguido a ver su reloj de mano. A las 2:20 pm sonó el tan esperado timbre de salida y rápidamente despidió a los niños, limpió a toda prisa el salón y espero a que todos estuvieran reunidos cerca del portón de salida. A las 2:30 cuando vio que ya todos los alumnos de la sección primaria junto con los maestros se encontraban en el lugar, cerró el salón y salió como bala, con dirección al lugar establecido por el niño.

El salón catorce era el más alejado de todos los demás, y el que menos se usaba, pues en los últimos años solo se había llenado hasta el salón trece. A pesar de eso, el salón se encontraba limpio, aunque solo lo limpiaban los sábados, pues no habiendo alumnos no se ensuciaba diariamente, lo único que tenían que hacer los conserjes era barrer el polvo, que no era mucho, sacudir rápido las bancas y trapear.

- ¿Por qué no lo pensé antes? – pensaba para sí mismo Sebastián. – Así tendré más tiempo para estar con Valentina. – planificaba mientras caminaba hacia el lugar, pues la hora de la limpieza es a las 3:30 y solo disponía diariamente de cincuenta minutos o menos.

Llegando al salón encontró que la puerta se encontraba abierta y se dispuso a entrar. Una vez dentro del aula, el niño lo estaba esperando sentado sobre el escritorio, columpiando sus piernas.

- Hola te estaba esperando. – El niño dirigió la palabra hacia Sebastián, regalándole a su vez una sonrisa picara que excitó en demasía al hombre, provocando que despertara su pene haciendo un bulto debajo del pantalón. – Veo que ya quieres jugar. – el niño se puso de pie sobre el escritorio y lentamente deslizó su short de deportes hacia abajo, dejando ver un culito redondito algo grande para un niño bajo un calzoncito blanco con dibujos de Max Steel. El niño procedió a quitarse la playera y cuando tenía las dos prendas en sus manos las lanzó hacia la cara del hombre, quien ya se encontraba muy cerca del escritorio. Luego de esto se colocó en cuatro sobre el escritorio y moviendo su culito de un lado a otro invitaba al hombre el cual, lentamente tomó el elástico del calzoncito del niño y tiro de él, descubriendo así ese preciado tesorito, un anito lindo y bien cerradito. Al ver el anito del niño el hombre sin esperar se lanzó sobre este y lamió con gusto. Su lengua penetraba el agujerito del niño, quien gozaba lo que le hacía el hombre. Entonces el hombre comenzó a penetrar la entradita con uno de sus dedos, el cual se deslizó fácilmente, iniciando un lento bombeo. Después dejó ir un dedo más que también se deslizó con facilidad hacia el interior.

El hombre se separó del niño para observar esa morbosa imagen, el anito del niño estaba dilatado y este trataba de separar sus nalguitas lo más que podía y le dijo al hombre…

- ¿Qué esperas? Ya quiero que me lo metas.

Sebastián ni tardo ni perezoso sacó su erecto pene, unto saliva en él y de inmediato puso su glande en el culito del niño, hizo presión y su miembro se deslizó lentamente pero sin detenerse hasta lo más profundo de las entrañas del niño.

- ¡Uufff! – exclamó Sebastián al sentir chocar sus bolas contra el niño. – Tu culito es delicioso. – agregó.
- Y usted tiene una verga muy poderosa. – dijo el niño.

Al escuchar esto, Sebastián comenzó a mover sus caderas con rapidez, no le importaba que fuera un niño como de 10 años al que se estuviera cogiendo.

- ¡Uufff! ¡Oooh, oooh, ooooooh! – gemía fuertemente el hombre.
- ¡Aaaah, aah! ¡Siii! ¡No se detenga! – el niño decía animando a su macho.
- ¡Toma esto perrita! ¿Te encanta la verga verdad? ¡Pues comete esta putita! – comenzó a hablarle sucio al niño debido a la excitación, mientras que lo nalgueaba.
- ¡Siii, siii! ¡Soy tu perrita! ¡Dame más, dame máaaas! – gemía Mario con gran intensidad, disfrutando de las embestidas y los azotes en sus suaves nalguitas.

La verga del hombre entraba y salía a gran velocidad del culito del niño, mientras que ambos gozaban de lo lindo, con ojos cerrados los dos, poseídos por el deseo y la pasión.

En un momento, el hombre se detuvo y sacó su verga de las entrañas del pequeño Mario, se quitó toda la ropa e hizo que el niño se levantara, se acostó boca arriba sobre el suelo con su miembro apuntando hacia el techo y le ordeno sentarse sobre este. El niño rápidamente se puso sobre el hombre, tomó su verga, apuntó hacia su culito y se dejó caer ensartándoselo de un solo sentón.

- ¡Ooooh si! – solo alcanzó a gemir Sebastián.
- ¿Te gusta cómo te cabalgo papi? – decía el niño mientras subía y baja sobre la verga del hombre.

Así estuvieron cinco minutos, luego de los cuales Sebastián se incorporó tomo al niño de la cintura y le dio un beso apasionado, deteniéndose un poco para resistir más la cogida. El hombre se levantó cargando al niño y con su verga dentro del culito de este, lo puso sobre el escritorio, lo tomó de las piernas e hizo que las sujetara pegándoselas a su cuerpo y sin más, comenzó nuevamente el bombeo, adquiriendo velocidad y llegando a lo más profundo del niño.

- ¡Uuufff! ¡Ooooh! ¡Ya casi mi niño ya casi! – Gemía Sebastián.
- ¡Aaaah! ¡Riégueme su leche dentro! – dijo el niño.

El hombre no aguantando más se vino fuertemente, llenando al igual que en la mañana de lechita caliente al niño.

- ¡Aaaaaah, aaah, ooooh! – dando sus últimas embestidas el hombre gemía, mientras que su semen se esparcía en los intestinos del niño.
- ¡Aaaaah! – el niño se vino en seco.

Sebastián se dejo caer sobre el niño, quien resistió el peso del hombre. Descansaron un rato y sacó su miembro del culo del niño, que hacía brotar el semen del hombre desde su interior. Luego el hombre comenzó su interrogatorio.

- ¿Quién te inició en esto Mario? – Preguntó tratando de sacarle respuestas al jovencito.
- El subdirector Alfredo, quien falleció hace dos meses en un accidente automovilístico. – contestó Mario.
- Entonces por eso tienes acceso a este salón, ya que te quedaste con una copia de la llave. – comentó seguro el hombre.
- Si, así es, junto con la llave del portón de la escuela. Y pues hasta apenas ahorita la vuelvo a usar.
- ¿Oye y aparte del difunto subdirector, y yo claro, coges con alguien más? – preguntó el maestro, deseoso por saber más sobre este niño.
- Si, con mis primos Juan de 13 y Humberto de 17 años. – Contestó sin más preámbulos.
- ¿Y qué tal te la pasas con ellos? – seguía con el interrogatorio.
- Muy bien, me gusta mucho hacerlo. Aunque la de usted es más grande que la de ellos e incluso más grande que la que tenía el difunto subdirector. – argumentó el niño haciendo que el hombre se sintiera orgulloso de su pene.
- Y a todo esto, ¿Cuántos años tienes y en qué grado vas? – preguntó el hombre no queriendo quedarse con la duda.
- Tengo 10 años y voy en quinto. – confirmando lo que pensaba Sebastián.
-Por cierto, ¿Alonso de segundo grado es tu primo verdad?
- Si.
- ¿Y el ya ha jugado con ustedes? – Sebastián seguía con curiosidad.
- Si. Aunque el solo nos ha chupado a los tres, pues es muy chico todavía.

El maestro sorprendido por la respuesta comenzó a excitarse nuevamente, vio su reloj de mano, el cual indicaba las 3:20.

- ¿A qué hora debes estar en tu casa? – hizo la pregunta queriendo saber si todavía daba tiempo de un round más, pues su amiguito de 18 centímetros había despertado.
- A las 4:25 más tardar, pues a las 4:30 llegan mis padres. – contestó el niño.
- ¿Vives lejos? – Quería asegurarse bien que hubiera tiempo.
- No. Vivo aquí enfrente de la escuela, junto a la papelería.

Esta respuesta puso feliz a Sebastián quien sin demora alguna tomó las piernas del niño las piernas del niño levantándoselas junto con su cuerpo, puso su verga en el culito del niño y...

- ¡Prepárate Mario! ¡Ahí voy! - diciendo esto se la dejó ir lentamente, iniciando así un nuevo round.

El siguiente capítulo será ÁNGELES O DEMONIOS: MARIO III