Al siguiente día, después de haber tenido la experiencia con Alicia, Sebastián se decidió a llevar a cabo su plan. Había comprado un tubo de vaselina para facilitar su trabajo, y también para que la niña no sufriera tanto.

El tiempo pasaba muy lento, o al menos eso sentía él, y ya quería que llegara la hora para disfrutar nuevamente de Valentina. Por primera vez no pudo estar bien concentrado en sus clases, pero a pesar de eso hizo un buen trabajo.

Por fin la hora de la salida llegó, y como de costumbre todos salieron dejando el salón solo. Sebastián rápidamente sacó el tubo de vaselina y espero a su pequeña amante, quien cinco minutos después ya se encontraba en el lugar. Al llegar, Valentina cerró la puerta con seguro, soltó su mochila y corrió hacia su profesor favorito, quien la recibió con un tierno beso en los labios.

- Hola profesor.
- Hola Vale. ¿Lista para la diversión?
- Si, lista.

Después de haber dicho eso, Sebastián procedió a quitarle la ropa a la niña, al igual que se dejó desvestir por esta. El juego había comenzado nuevamente, los dos se besaban con pasión, mientras que la mano del maestro agarraba con suavidad las nalguitas de la niña. Así estuvieron diez minutos y entonces cambiaron de posición, el profesor se puso de pie y la niña se arrodilló para comenzar a mamar la daga erecta.

- Ooh Vale. Eres la mejor. – decía Sebastián.

La niña había aprendido a mamar bien una verga, dándole la mayor satisfacción posible a su maestro. Lengüeteaba la cabeza, succionaba y se metía tres cuartas partes del miembro, haciendo que Sebas gozara intensamente.

- ¡Ooooooh, alto, alto, alto! – El hombre detuvo a la niña sabiendo que si continuaba no podría disfrutar como él deseaba, pues Alicia lo había deslechado el día anterior y aún se sentía algo cansado.

Colocó a la niña sobre el escritorio y se dedicó a chuparle su rajita. Abría sus pliegues y metía su lengua dentro de la vaginita, haciendo que Vale se retorciera del placer.

- ¡Aaaah, aaah, aaah! – Vale gemía una y otra vez. - Maestro, maestro. Si, siga así.

Después de un rato, se dedicó al anito de la niña, quien extrañada siguió disfrutando. De pronto el hombre intentó meter su dedo medio dentro del agujerito, pero no lo consiguió. Entonces tomó el tubo de vaselina y unto un poco en el culito infantil, girando continuamente su dedo, hasta que logro insertar un poco.

La niña respingó un poco, pero se dejó hacer, ya que sabía que el maestro siempre hacía que ella gozara. Luego de un rato ya su dedo entraba con facilidad, a lo que puso uno más para así ensanchar el culito de la niña y cuando lo había logrado, hizo que ella se pusiera en cuatro y de inmediato unto vaselina en su glande y lo puso en la entrada trasera de la niña.

Valentina comenzó a sentir dolor, por lo cual quiso escapar de la situación, pero el hombre no se lo permitió.

- ¡Ay, me duele! – Se quejaba la niña.
- No te preocupes mi amor, ya verás que pronto te va a gustar. – Trataba de calmar a la niña.

Con valentía, la niña se dejó hacer y a los veinte minutos, después de un gran esfuerzo, sintió que las bolas de su maestro chocaban contra ella.

- ¡Oooh! – gimió el maestro.
- Maes...tro. Sáquelo por fa..vor. – La niña pidió al hombre, pues aún le dolía el tener el miembro dentro de sus entrañas.
-Tranquila Vale. Aguanta un poco, verás que pronto vas a sentir rico. – le contestó.

Sebastián espero diez minutos antes de iniciar el vaivén, pues sabía que el culito de la niña debía acostumbrarse, y luego de eso…

- Ahora si mi niña, vas a disfrutar como nunca. - Eso fue lo último que dijo el hombre antes de comenzar el lento pero continuo vaivén.

Al principio Valentina sufría por culpa del invasor, - ¡Ay, me duele! - pero después de un rato sus quejidos se convirtieron en gemidos.

- Auch, ay, aah, aah, aah.
- ¡Si mi niña, goza! ¡Goza… gozaaaaah! – El hombre disfrutaba de ese rico y tierno culito que por primera vez era invadido por un pene.

Sebastián entonces aceleró sus embestidas, quería disfrutar al máximo de ese rico y apretado agujerito. La escena era realmente espectacular y morbosa: una niña de tan solo nueve añitos sobre el escritorio de un salón de clases en posición de perrito, siendo penetrada por su anito por un hombre joven, quien ya no la trataba como niña, sino como mujer.

- ¡Aaaah, aaah, aaah! ¡Profe! ¡Siga, siiigaaaa..! – la niña sentía descargas eléctricas que iban desde su conchita y recorría todo su cuerpo. – ¡Más, más, quiero más! - Nunca antes se había sentido así y no quería que terminara.
- ¡Toma esto! ¡Uuuffff! ¡Oooh! – El hombre embestía con fuerza satisfaciendo su apetito sexual.
- ¡Profeee! ¡Siii! – Valentina gemía.
- ¡Uuffff, uufff! Que culito tan rico tienes Vale. ¡Gaaah! – En ese momento el hombre disparó varios chorros de semen en las entrañas de la niña, quien al sentir esto también se vino con intensidad.
- ¡Aaaaaaaaaaah! – Con un largo gemido terminaba la niña.

Los dos descansaron un rato, y después se vistieron. Eran las 3:20, estaban a tiempo antes de que comenzara la hora de la limpieza. Antes de despedirse el hombre preguntó a la niña.

- ¿Qué te pareció Vale?
- Pues al principio no me gustó. Me dolía muchísimo, pero después de un rato fue fenomenal. – La niña contestó con una sonrisa pícara.
- Que bueno que te gustó. De ahora en adelante gozaremos de lo lindo.

Al salir Valentina del salón el hombre se quedó viendo hacia el culito redondito de ella, y con gran sonrisa sabía que esa nueva etapa de su vida la disfrutaría al máximo. Antes de entrar de nuevo al salón volteó hacia su derecha y vio a un niño que se escondía cerca del lugar, agachado detrás de unos botes de basura, que lo observaba detenidamente.

El siguiente capítulo será ANGELES O DEMONIOS 4: MARIO