+ Responder tema
Resultados 1 al 1 de 1

Tema: Mónica, mi amor imposible 20

  1. #1
    Follador Bes será famoso muy pronto Avatar de Bes
    Fecha de ingreso
    13 may, 16
    Mensajes
    211
    Post Thanks / Like
    Poder de reputación
    2

    Thumbs up Mónica, mi amor imposible 20

    Mónica, mi amor imposible 20

    La culoncita Rosa ya se había bajado la bombachita pero estaba indecisa en quitarse el vestidito tableado que la cubría. Viendo lo peluda que era la madre entre las piernas, sugerí que la nena debería depilarse allí abajo para que no se le notase mientras bailaba. Riendo recordó que aún faltaba para que le saliese vello púbico mostrándome su chuchita pelada.
    No tenía el inocente tajito de mis nenas, estaba tomando forma una linda puchita no pudiendo ceder a la tentación de pasarle el dedo por la conchita alabándola.

    Averiguando un poco más las cositas que le hacía el padrino, contó que le había enseñado ese bailecito y no perdía oportunidad para apoyarla por detrás, claro con la bombachita puesta.
    La madre se estaba secando para salir del baño, mientras instaba a su hija que no fuese tímida y me enseñase el bailecito erótico, la tipa estaba empeñada en conseguir el empleo para Rosita sugiriendo que me quitase el pantalón para evitar se ensuciase con el trasero transpirado de su niña.

    La nena iniciaba el perreo con su pollerita pero esta vez con la colita al aire, ya no había bombachita cubriendo a la culoncita y lógicamente mi gusano se enfureció apuntando entre sus nalguitas regordetas. Esta vez la tomaba por la cinturita siguiendo sus instrucciones y le pasaba mi erecta humanidad por los glúteos en cada movida, quería pasear la punta del gusano entre medio de esas carnosidades pero el traserito aquel era demasiado voluminoso. Parando para descansar pero sin soltarle la cintura le decía que su baile era buenísimo y que probase hacerlo menos de prisa con algo entre los glúteos. Esta vez se movía lentamente mientras el pobre gusano quedaba perdido entre sus montañitas de carne, era realmente culoncita y nunca tuve un potito semejante a disposición para acunar a mi pobre bicho.

    El gusano realmente no deseaba dormir y largaba babosidad en el camino, tuve que separar las nalguitas con la mano para apreciar su agujerito de hacer caca y parece que la nena comía mucho expulsando excremento en proporción, su anito no lucía tan pequeño como calculaba.
    Dejé el glande apoyado en esa salida dispuesto a convertirlo en entrada, Rosa no quería pero le susurré que para ser actriz debería aceptar algunas cosas nuevas, además el padrino se la apoyaba y yo solamente le metería la puntita por la cola.

    No le quería quitar la pollerita, era más morboso ver su frondoso potito asomar desnudo debajo de la tela cuando se agachaba un poco. Le pedía que se desabrochase el calzado para tener la cintura bien doblada mientras apoyaba el glande en su fruncido huequito, desconocía si entrase pero de todo modos haciendo presión le entró la puntita en el ano. Rosita resoplaba por la nueva sensación, parece que era la primera vez que se la metían por el culito, luego de estar quietos por un rato para que se acostumbrase, le pedí incorporarse lentamente iniciando el movimiento del perreo.

    Esta vez no podía sacudir el trasero como en el show, con cada movimiento le entraba un poquito más y le dolía sentir mi pija en el anito. Tuve que escupir un par de veces sobre el gusano para dejarlo mojado y logré enterrársela un poco más en el culito, la gorda no sería bonita ni sensual pero estar metiéndosela por el orto suplía las deficiencias.
    Tuve que cerrar los ojos imaginando que estaba enculando a Moni para llegar al orgasmo, esta vez eyaculé en su tripita llenándola de leche.
    La bañé cuidadosamente para quitar los rastros del crimen y de paso lavarle bien la puchita, estaba transpirada la pobre, al tratar de lavarle la conchita por dentro comprobé su virginidad suspirando aliviado que al menos era una niña inocente y solamente la hice agachar un poco para cojérmela por el culito nuevamente.

    La mujer se puso a limpiar la casa que ya estaba reluciente con tantas manos solícitas para dejar la escuelita en buenas condiciones. Diciendo que mañana haríamos las pruebas definitivas le pasé unos billetes por el pupitre que trajo.

    Mary nos había observado quejándose con voz celosa que se la había metido por la cola a la nueva casi sin conocerla, tuve que abrazarla consolándola que solamente era trabajo, algo repugnante pero debería cumplir con mis obligaciones. Luego de mucho abrazarla y docenas de besitos ya sonreía feliz como siempre y tuve que recordarle que a ella también se la había metido un poquito por el culito pero con todo el cariño del mundo, no algo frío y profesional como recién.

    Aún se quejaba que a una de las mellizas se la había puesto por la chuchita y a ella no, diciéndole que era demasiado pequeña para ello me dejé convencer y quitándose la bombachita se sentó encima de mis piernas dándome la cara. En esa posición no podía dejar de comerme su boquita mientras le acariciaba la espalda y bajaba para amasarle la colita, no quería ultrajar a mi inocente muñequita, pero ante su insistencia me bajé el pantalón apuntado el glande a su tajito. Estaba muy seca decidiendo mojarla con la lengua y la recosté para chuparle la conchita, flexionando sus rodillas hasta tocarle el pecho tenía ambos agujeritos totalmente expuestos, quería metérsela por el marroncito pero mi muñequita había pedido que el gusano saludase a su conejito. No quedaba remedio que apuntar el glande a su puchita y tantear la entrada, el glande distendía un poco la entrada vaginal pero no le metí la pija, el roce en la puertita alcanzó para llenarle la conchita de leche.

    Estábamos dormitando para reponernos al llegar las mellizas, esta vez estábamos sin ropa debiendo cubrirnos con las manos. Traían un papel escrito por la madre describiendo algunas rutinas que podríamos ensayar, sentaditas apretadas en el pupitre trataban de deletrear la lista mientras Mary se calzaba prestamente su bombachita, se la quitó nuevamente percatándose que debería lavarse el semen que dejé y reía picaronamente mientras yo les pasaba el miembro moribundo por la cabellera a las distraídas mellizas que trataban de leer.

    Decidimos que la escena del lápiz que se perdía dentro del traserito sería una buena rutina pero las pobres no sabían fingir un ambiente de colegio. Como no había testigos masculinos se ofreció Mary a interpretar a una de las colegialas, ambas enfundadas en esas prendas sentaditas ante el pupitre comentaban que el papito le metía un lápiz por detrás proporcionando lindas sensaciones, le acariciaba el cabello con miraditas seductoras demostrando ser mejor actriz que las mellizas.

    Tomando a una de ellas por la manita nos fuimos detrás de la mampara para evaluar la actuación, aún no les había entregado las prenditas nuevas y estaba con su lastimosa bombachita pero serviría para la prueba.
    Haciéndola arrodillar en el asiento con los brazos apoyados en el pupitre procedía a levantarle el vestidito pero no se veía bien, propuse mover el mueble para apuntar la acción hacia la mampara y esta vez el espectáculo era bueno.

    No recuerdo a cuál M tenía paradita a mi lado sin animarse a tomar asiento, al menos le podía pasar las manos por las piernitas y subir por debajo del vestido. A llegar a su traserito nuevamente comprobé que la raída prendita interior se le metía entre las nalguitas incomodando a la pobre criatura. Esta vez no hizo preguntas indiscretas, ya sabía que me agradaba tocarle el potito y acomodar la molesta prenda una y otra vez.
    Mary se metía el lápiz en la boca para humedecerlo y decidí imitar la acción para que la otra aprendiese. Al meterle un dedo entre los labios no comprendía bien hasta que lo chupó dejándolo mojado, le pedí que se agachase un poquito para acertarle al anito y tuve que masajear un poco sus nalguitas antes de separarlas.
    El índice mojado punteaba el anito de la hermana, mientras que ésta ya tenía el lápiz enterrado en el anito, debí apurarme para no perder el sincronismo metiéndole el dedo en el culito con suavidad. Tuve que explicarle que podría mover el dedo haciéndole sentir cosas más lindas que con un frío lápiz metido en la cola, además le acariciaba el conejito para no perder la costumbre de las manos operando en estéreo

    No recordaba si ésta era la melliza que le había regado el conejito con leche, y recapacité pensando que sería indecente meterle el otro dedo en la conchita, se podría ofender si me apartase del papel teatral.
    Llegó la madre preguntando que tal iban los ensayos, feliz le contaba que Mary le había metido un lápiz por el culito mientras yo disimuladamente le sacaba el dedo del intestino a la hermanita, sería escandaloso si la madre me pescase dedeándole el ano a su inocente hijita.

    Pidiendo que las tres jugasen libremente por si se nos ocurría otra rutina, vino la mujer tras la mampara quejándose que se pasó la mañana lavando ropa y estaba molida. Mientras le sugería recostarse un poco para descansar, comentaba la rutina del lápiz sugiriendo que podríamos emular la escena con un lápiz de carne. La pobre sonreía sonrojada pero su mano ya levantaba el vestido por detrás.
    No sería la colita de las mellizas, pero estaba bastante buena decidiendo que el gusano se zambulliría en esas oscuras profundidades. Esta mujer no usaba ropa interior o se había venido preparada, tuve que separar las nalgas enormes en comparación con sus hijitas al recostarme detrás de ella y meterle la pija lentamente por el culo.

    El monstruo ya estaba babeando y esa lubricación fue suficiente para enterrársela de a poco en el orto, no deseaba culeármela a gran velocidad mientras me deleitaba con los jueguitos infantiles, la otra hermana estaba en pompa para probar el lápiz que entró con mayor facilidad por estar el anito distendido, por suerte le había metido el dedo en el culito dejándolo preparado.
    Cuando el instrumento escolar se perdía entre las suaves nalguitas no soporté la tensión acumulada enterrándosela profundamente en el culo a la madre para bombearle lechosidad.

    Le comenté que tendríamos una nueva alumna, no muy buena pero había proporcionado gratis los pupitres escolares. Tuve que obviar la parte de empujarle la caquita; eran detalles sin importancia.

    Decidí preparar algo de comer pero había una mujer, para qué ensuciarme con ollas y esas cosas, la madre de las mellizas se desvivía para exhibir sus artes culinarias, las culatorias ya las había demostrado.
    Mary ayudaba cortando cebollas, yo la miraba en su papel de mujercita mientras se refregaba los ojitos por la cebolla. Tuve que ir para alzarla y lavarle la carita para secarla con muchos besos, la mujer se admiraba por el cuidado y cariño que brindaba a mi hija y tuve que llevarla tras la mampara para poder besarla a cubierto de miradas indiscretas. O casi, la mellizas decían que no las trataba con el mismo cariño y tuve que explicarles que Mary era especial, la quería muchísimo.
    La mimosa mencionaba que era tanto el cariño que aveces la limpiaba con la lengua allí abajo luego de hacer pis.

    (continuará)
    Última edición por Bes; 06/11/2017 a las 23:45

+ Responder tema

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes