ANGELES O DEMONIOS: ALICIA, LA SOBRINA DE LA VECINA.

El siguiente relato es ficticio, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Los días pasaban y la relación entre Valentina y su maestro se volvió más cercana e intensa. A diario la niña gozaba de las caricias de su maestro, incluso, el ya le había lamido su conchita y le había frotado su pene directamente también, llenándosela de su leche .

Sebastián quería dar un paso más, pero tenía miedo de lastimar a la pequeña, y causar con esto que ella contara su secreto. Por más que quería no se animaba y solo se conformaba con el frotamiento de genitales.

Un domingo al sacar la basura y depositarla en el contenedor, vio que detrás de este se encontraba una niña orinando, la cual aun percatándose de la presencia del hombre, no se inmuto ni un poco, inclusive le sonrió. Esto le pareció extraño a Sebastián, pero se animó a preguntar.

-Hola pequeña. ¿Cómo te llamas?
- Hola. Me llamo Alicia. ¿Y usted? – Mostrando curiosidad por el hombre que la había visto orinar preguntó.
- Me llamo Sebastián. ¿Cuántos años tienes?
- Tengo ocho añitos. – Sonriéndole la niña contestó a su nueva pregunta.
- Orale, ya estas grande. – alabándola un poco Sebastián continuaba con su plática.
- Si, ya soy niña grande, ya voy en tercero. – coqueteandole al hombre la niña dijo.
- Que maravilla. Definitivamente eres niña grande. – Sebastián continuó con el juego. – Y cuéntame pequeña. ¿Vives por aquí?
- No. Vine a visitar a mis tíos, pero me aburrí porque mi mamá y mi tía se pusieron a platicar, y mi tío no está para poder jugar con él. – Contestó la niña frunciendo un poco el ceño.
- ¿Y donde vive tu tía pequeña?
- En ese edificio, en el departamento 303. – Señalando la niña respondió.
- Aaa, tu tía debe ser Beatriz. Yo vivo en el 304. – indicó el hombre.
- Entonces es vecino de mi tía. – le sonrió.
- Así es pequeña. – Devolvió la sonrisa a la niña – Oye pequeña, no deberías orinar en cualquier lado, pues alguien te puede ver.
- ¿Cómo usted? – con picardía la niña preguntó.
- Así es. Por accidente pude verte. ¿No te dio pena? – preguntó para sacarse esa duda
- No, no me da pena. Pero dígame. ¿Le gustó verme orinar? – la niña interrogó al hombre con una sonrisa morbosa.
- Pues sí. Definitivamente me gustó lo que vi. – Sin preámbulos y con seguridad dio su respuesta.
- Sabía que era como mi tío Rubén. – Este comentario lo sorprendió y sin más se atrevió a preguntar.
- ¿Cómo tu tío?
- Si. Yo se que a usted le gustaría hacer cosas de grandes conmigo. – la niña sin pelos en la lengua soltó su comentario.
- Y dime pequeña, ¿te gustaría hacer cosas de grandes conmigo? – el corazón le latió intensamente, pues no sabía que respondería la pequeña.

Pensándolo por unos segundos, mordiéndose el labio la niña asintió con su cabeza mientras que a la vez levantaba su falda mostrándole al hombre sus diminutas pantaletas rosa con un dibujo de Barbie. Sebastián observó hacia todos lados para asegurarse que nadie los veía, le extendió la mano a la niña y la llevo hacia el bosque detrás de los departamentos. Caminaron unos doscientos metros hasta llegar a una pequeña zona de picnic abandonada, y una vez ahí, de inmediato cargó a la niña y la paro sobre una banca, le levantó la falda y una vez abajo su ropa interior, se dispuso a lamer los regordetes labios vaginales de Alicia.

La niña se retorcía del placer y gemía levemente, mordiendo su labio, pues Sebastián le lamía sin detenerse pero delicadamente, hasta que..

- ¡Aaaah! ¡Ya métamela!

Estas palabras asombraron a Sebastián, quien se detuvo un momento y preguntó.

- ¿Ya te la han metido? – La niña solo asintió y el hombre lanzó otra pregunta. - ¿Tu tío te la mete? – Una vez más la niña asintió.

Sin esperar más, el hombre desabrochó sus pantalones y sacó su verga ya erecta escurriendo líquido pre seminal. Alicia al ver la gran daga, se abalanzó sobre ella y la metió a su boquita, dándole una sorpresa más a Sebastián, pues le cabían tres cuartas partes de sus dieciocho centímetros.
La pequeña le dio una mamada de campeonato, tanto que el joven hombre no aguantó y explotó dentro de la boca de la niña.

- ¡Gaaaaaaaah! – gimió Sebastián con fuerza.

Alicia no desperdició ni una sola gota de semen, tragándose todo y relamiendo la punta de la verga, la cual seguía erecta a pesar del gran orgasmo que Sebastián había tenido segundos antes, pues la excitación que sentía era demasiada.

Inmediatamente después la niña se puso a cuatro patas sobre la banca y separó un poco sus nalguitas mostrando su hermoso anito.

- Métala por aquí.- invitó la niña al hombre, quien ni tardo ni perezoso, posicionó la cabeza de su macana en el agujerito trasero de la niña y presionó con un poco de fuerza. La cabeza entró sin problema alguno, haciendo disfrutar al hombre como nunca. A pesar de haber tenido relaciones sexuales con varias mujeres, ninguna le permitió hacerle sexo anal, y ahora una pequeña de ocho añitos le había ofrecido sin dudar su anito.

Empujó poco a poco su miembro hasta que sus bolas chocaron con la niña, entonces comenzó un vaivén lento pero con buen ritmo, el cual hacía estremecer a la pequeña, quien para hacer sentir mejor a su macho, apretaba con maestría. Sebastián hizo un esfuerzo sobre humano para no eyacular al sentir como la niña le apretaba su miembro. Por treinta minutos perforó el culito de Alicia hasta que…

- ¡Ooooh, ooooh, ooooh! ¡Uuuffff! – gemía el hombre al sentir el calor de ese delicioso culito.
- ¡Aaaah! ¡Señor! ¡Me… ven… gooooooo! – la niña había llegado a un orgasmo intenso, lo cual provocó que apretara más, haciendo que Sebastián no aguantara y regara las entrañas de la niña.
- ¡Oooooh! ¡Siiiiii! – fue lo que gritaba el hombre.

Después de ese sonoro orgasmo, la niña pensó que el hombre ya no podría más, pues ya habían sido dos orgasmos, pero al voltear vio que no era así, de alguna manera Sebastián logró mantenerse excitado y con su verga erecta al máximo. Sin pensarlo más el hombre tomó nuevamente a la pequeña, la recostó boca arriba, abrió sus piernas, observó que el culito de Alicia escurría semen y después sin aviso alguno, imaginando que la niña ya no era virgen la penetró hasta el fondo. Sus dieciocho centímetros estaban dentro de ella.

- ¡Ooooh siiii! ¡Ooooh, ooooh, oooh! – gemía.
- ¡Aaaaah, aaah, aaaah! – Alicia le acompañaba.

El vaivén era violento y después de cinco minutos los dos terminaron y esta vez por finalizando por fin.

Descansaron un rato, se limpiaron bien, acomodaron sus ropas, y es dispusieron a regresar. Antes de despedirse la niña le pidió un beso a Sebastián, quien no se negó y la besó apasionadamente, y le comentó que quería volver a hacerlo con él otro día.

Después de este encuentro con Alicia ya no tenía dudas. Iba a dar el gran paso con Valentina y la penetraría analmente primero.