Mónica, mi amor imposible 18

Por fin se había retirado la visita quedando solos con Mary.
La tenía abrazada con desesperación haciendo caso omiso al teléfono celular, cuando atendió la llamada me pasó con Moni preguntando a que hora llegaría y si debería vestirse con el otro deshabillé cortísimo.

Ni se me paró la pija al escuchar su voz, ya la tenia así acariciando la suave piel de su sobrinita cuando le informé que pasaría unos días fuera, de vacaciones.

Tenía el pito pegajoso por las recientes excitaciones decidiendo tomar una rápida ducha, me temblaban un poco los dedos al desvestir lentamente a Mary para dejarla como vino al mundo. No me decidía a quitarle la pequeña bombachita debiendo llenar de besitos la zona limítrofe con su tibia piel, acariciar suavemente su bultito con marcado tajito me producía escalofríos hasta zambullir la cara en su traserito enfundado y lamer sus abultadas nalguitas.

Bajo el agradable chorro de agua, manoseaba su cuerpo mientras le comía la boquita, esta chiquita me hacía cocinar a fuego lento y no me alcanzaban las manos para recorrerla toda, la mejor parte era lavarle la colita perdiendo los dedos en el surco que separa sus nalguitas.

Recordando que la tía me la había sacudido en la ducha, tomó el gusano con sus manitas enjabonándolo cariñosamente. Me hacía ver estrellitas la extrema lentitud con que me sobaba el pito y temiendo enchastrarle la mano, le pedí que se agachase para pasársela por el potito.
Sus gordas nalguitas me hacían estremecer y casi la baño en leche antes de separarlas para descubrir el escondido y tímido agujerito fruncido, viendo que el dedo enjabonado le entraba con relativa facilidad en el anito mojado le apoyé la punta del glande pero Mary estornudó en mal momento: con el movimiento se le enterró un poco de pija en el culito y respiraba agitada, tal vez anunciando otro estornudo o tal vez por sentir mi glande metido en el anito.
Pidiéndole se quedase quietita para no lastimarla, observaba la distensión de su minúsculo esfínter para recibir mi barra de carne, se la estaba por sacar lentamente del culito pero eyaculé ferozmente dejando lubricación para desenterrarla con cuidado.

Así desnudos nos tiramos en el colchón mientras la abrazaba con fuerza preguntándole si le dolía atrás, se quejaba de ligeras molestias acostándose de panza para que le chupase el culito. Luego de mucho lamerle el sufrido anito y sus adyacencias, retornó al estado miniatura.

Dormimos abrazados y arrullados por el sonido de los grillos, la tranquila vida campestre nos despertó al son de un gallo anunciando el despuntar de un nuevo día. Preparé un suculento desayuno pero teníamos una sola taza, deberíamos compartirla igual que el colchón y tantas otras cosas.
Al menos le pasaba galletitas boca a boca rozándole los labiecitos cada vez, estábamos desayunando en paz cuando vinieron a interrumpir las mellizas, por suerte me había puesto el short para no recibirlas en bolas. Claro que mi muñequita tampoco estaba desnudita, lucía una preciosa bombachita de mejor calidad que las mellizas y se me paró de inmediato al recordar que hace poco estaba metiendo mi pito dentro ese infantil potito.

La mesa no ofrecía más asientos debiendo quedar paraditas mientras Mary les ofrecía galletitas sentada en mis piernas. Al bajarla al suelo, le palmeé la colita preguntando si les agradaba ese color de prendas, al estar apoyadas contra la mesa levanté sus vestiditos por detrás para apreciarles el potito, parecía que ni usasen prenditas íntimas al tener la tela enterrada en las nalguitas. Tuve que utilizar ambas manos para acomodarles esa molestia, todo lo debía hacer por partida doble y convertirme en un maestro estéreo.

Mariela preguntó la razón para demorar los dedos en su colita, debiendo preguntarles si los hombres no las tocaban: solamente se ocultaban tras la cortina y ni siquiera les veían el rostro.
Mary no comprendía la situación y en la mesa no teníamos comodidades yendo todos a sentarnos en la cama. Lentamente fui explicándole que haríamos una parodia de escuela y vendrían personas para mirarlas pero a escondidas, recalcando que jamás se dejasen tocar.
Las mellizas estaban sentadas con las piernitas separadas y se les aireaba el chochito que no alcanzaba a cubrir las raídas prendas, dejando la mano en sus rodillas fui subiendo por sus descubiertos muslos hasta dejar un dedo acariciando cada tajito. Creo que las niñas no se excitaban, pero su respiración delataba estar en conocimiento que esos eran jueguitos prohibidos.

Decidimos hacer una lista de elementos a comprar, encabezada por las dichosas bombachitas para que las nenas no diesen lástima, al menos lograban reconocer algunas letras en el papel. Tomando de la mano a Melisa (creo que era esa la melliza) nos sentamos a la mesa para estudiar un poco, debería darle cortas lecciones para que no se aburriesen y yo debía aprender cuáles rutinas teatrales podrían interpretar.
Tratando de mezclar la temática le hacía escribir "cola, teta, pito" para que practicase, recordando su pobre prendita íntima fui deslizando la mano para acariciarle el conejito, claro que sin meterle el dedo en la boquita.

Algo duro le molestaba en la cola preguntando si era mi pito, aveces los visitantes estaban con un bulto al llegar pero no al retirarse. Me parecía increíble, estas criaturas eran unas inocentes putitas que lograban que los morbosos se masturbasen mirándolas pero no conocían un pito de verdad.
Mary cuchicheaba con la otra melliza y me ponía los pelos de punta oírla susurrar, yo quería ser la única persona a la que hablase bajito al oído pero tenían edades similares, que hagan sus travesuras.

Llegó Marisa con unos paquetes dejándolos sobre la mesa, por suerte la madera ocultaba que le estaba tocando la puchita a su hija. Había conseguido una tela semitransparente para usar como cortina, si de un lado estaba oscuro se podía ver perfectamente através de la mampara traslúcida.

Instalamos el artilugio y para probarlo me senté en la cama mientras Marisa con una de sus hijas ensayaba la función. Diciendo que se había quemado la piel tomando sol, le acariciaba las piernas pasándole una imaginaria crema, subiéndole bien el vestido le pasaba por los muslos y la dio vuelta para pasarle por la colita. Diculpándose por las ropas raídas en este ensayo le acariciaba las nalguitas dejando todas sus intimidades a la vista por la floja prendita.
Subí a mi falda a la otra nenita tratando de imitar un poco la actuación, no lograba tocarle la colita pero un dedo bien ensalivado emulaba la crema que debería pasarle por el tajito.

Mary estaba un poco celosa mientras le quitaba la gomita del cabello para acomodarle la cascada castaña, tuve que acariciarle un poco el tajito y nuevamente mis manos en estéreo, debería dejarme crecer un tercer brazo con estas nenas…

Mi muñequita estaba un poco enojada, y al finalizar la actuación pedí que fingiesen unas peleas entre las tres. La madre vino a sentarse del otro lado de la cortina mientras las chiquitas se trenzaban en una hilarante batalla.
Se revolcaban por el suelo y era un entremezclarse de piernitas y bombachitas en exhibición, Marisa comentaba que mi hija aprendía rápido, la hermana de Moni le había dicho que yo era el padre para cubrir apariencias.

Viendo mi tremendo bulto, sonreía por montar un buen espectáculo mientras me apretaba allí abajo sugiriendo bajemos eso. No quería apartar la vista de las luchadoras debiendo ella misma abrirme el pantalón para comerse el gusano, la condenada mamaba la pinga expertamente vaciándome antes de terminar la obra teatral.

Yo sudaba al venir las criaturas preguntando qué tal estuvo, se me entreveraban los nombres decidiendo que serían M&M , los caramelitos que me comería con fruición.
Nuevamente pidió disculpas por las prendas viejitas levantando el vestido de una para mostrarme, la pobre tenía medio conejito por fuera y transpirada por la reciente lucha libre, Marisa quería que viese a su hija cuando ofrecí comprarles bombachitas, la otra no quería ser menos levantándose el vestidito y dándose vuelta para mostrarme sus nalguitas medio al aire.
Esta vez tuve que estirar la mano para comprobar lo suelta que le quedaba su prendita íntima.

Diciendo que aprovechasen la ducha, no terminaba de sugerirlo y sus patitas ya salían rumbo al baño, la madre me apretó allí abajo y al percibir el gusano durmiendo calculó que no habría peligro, diciendo que las pobres no sabían maniobrar un grifo y vaya a enseñarles.
Claro que sabían, ya estaban retozando desnuditas cuando entré jabón en mano, claro que no entraría bajo el agua con ellas, eso hubiese sido indecente debiendo limitarme a lavarles la cabeza pero sobre todo las piernitas y donde se unen ambas, esa zona estaba bastante transpirada...
Transpiración me caía por la frente al pasarles la mano por el trasero hundiendo los dedos entre sus nalguitas, nuevamente deseaba ser un pulpo para tocarlas por todos lados pero estaba la madre en el cuarto contiguo. Por respeto a su intimidad no las sequé y debieron hacerlo ellas solitas.

Se estaban despidiendo cuando Mariela pidió quedarse para que le enseñase a leer como a la hermana, la había dejado de lado y estaba dolida.
La madre se fue caminando con la otra hija y nos sentamos a la mesa para estudiar un poco, se removía en mi falda explicando que la prendita le molestaba metiéndosele en la cola y como no había testigos indiscretos sugerí que se la quitase, total nadie la vería.
Al levantar un pié para quitarse la prenda, estiré su vestido hacia abajo explicando que casi le vi la colita desnuda y una actriz en ciernes debería evitar esos comportamientos indecentes.

Esta vez estaba su colita en carne viva encima de mis piernas y lógicamente el gusano se enojó, pidiendo que se sentase bien acomodé la barra carnosa en medio de sus nalguitas para que no le molestase.
Mary observaba envidiosa comentando que eso que sentía bajo la cola era mi palito, y ella ya lograba meterse la punta en el huequito para hacer caca.
Mariela conocía de esas cosas diciendo que eso harían de mayores, pero ahora imposible dada la diferencia de tamaños, para que no se desanimase liberé el gusano diciendo que igualmente lo podría sentir resbalar debajo suyo sin necesidad de introducírselo.
Mary miraba el bicho aparecer y desaparecer por entre las piernitas de su amiga diciendo que por el conejito no habíamos probado y Mariela aprovechó para mostrarse superior pidiendo que le apoyase la punta de la pija en su tajito.

(continuará)