Era la hora del recreo de los grupos de primaria, algunos estaban jugando pelota, otros desayunando, otros corriendo y otros más platicando. Los maestros por su parte se encontraban platicando a gusto, pues veían que todos los niños de encontraban bien y a gusto, sin embargo, no se habían percatado que hacían falta algunos alumnos en el patio.

Dentro de un salón alejado del área de juegos, el cual se usaba rara vez, se encontraban varios niños con un maestro, para ser exactos eran seis niñas de 4º, una niña de 5º, un niño y dos niñas de 6º y una de 1º de secundaria, pero lo más llamativo era que se encontraban sin ropa alguna disfrutando de los placeres del sexo.

María de 9 años y Micaela de 10, ambas de 4º, se satisfacían una a la otra en un dulce 69 en el piso; Andrea de 10 años se encontraba sentada en una banca y sobre ella Concepción de 9, ambas niñas de 4º grado también se entregaban con total pasión en un candente beso mientras se masajeaban mutuamente sus conchitas; Julia de 9 años de 4º se encontraba a horcajadas sobre la cara de Ana de 11 años de 6º quien lamía sin cesar la rayita de su amiguita mientras se masturbaba, y a su vez Julia besaba a Paola de 9 años del mismo grado quien recibía placer de Lidia de 11, quien cursaba 6º, de la misma manera que su amiguita; Alonso de 11 años, del mismo grado que Ana y Lidia, se encontraba penetrando con su verguita de 10 centímetros a Elizabeth de 10 años, quien iba en 5º grado, la cual cabalgaba con ritmo moderado al niño; y por último sobre el escritorio, colocada en pompa Valentina, alumna de 1º de secundaria de 13 años, estaba siendo penetrada por su huequito trasero por el profesor Sebastián, quien gozaba el meterle su venosa verga de 18 cm en un violento vaivén.

Llevaban ya disfrutando 22 minutos de los 30 del descanso cuando, Alonso y Elizabeth pegaron al unísono un sonoro gemido indicando que se habían venido simultáneamente, seguidos casi al instante por Ana, Lidia, Julia y Paola, quienes al terminar quedaron tendidas exhaustas por tremendo orgasmo; al minuto tanto María y Micaela, como Andrea y Concepción terminaron con un electrizante orgasmo, y cayeron rendidas al suelo; un minuto más tarde Valentina, quien era cogida analmente por el profesor tenía su tan ansiado orgasmo. El profesor sacó su largo y venoso aparato de los intestinos de la chica de secundaria, se recostó en el suelo y llamó a Alonso, quien apenas recuperado de su orgasmo inmediatamente se dirigió hacia donde se encontraba se clavó la larga verga en su ano y comenzó a cabalgar. Cerca de treinta segundos después el profesor llenó de leche las entrañas del pequeño quien al sentir el líquido caliente comenzó a tener otro orgasmo y antes de que disparará nuevamente su leche, Paola alcanzó a meterse el pequeño aparato en su boca, tragándose todo el líquido blanco del niño.

Descansaron un momento, pues al parecer se había retrasado el toque de entrada, se vistieron rápidamente, sin ponerse la ropa interior, que habían usado tres días seguidos, por petición del profesor para darle las prendas a este. El hombre guardó su botín en una bolsa negra que metió en su maletín y despidió a los niños, menos a Valentina, quien seguía desnuda para seguir disfrutando con el profesor, pues supuestamente se encontraba enferma y se había escapado de su casa para ir al encuentro de su maestro, saltándose la barda para entrar sin ser vista por prefectos ni maestros.

Todos los niños se retiraron del salón y al escuchar el toque se dirigieron hacia la formación para entrar a su respectiva aula. Mientras tanto, el hombre y la jovencita se encontraban en posición del misionero gozando nuevamente.

Estos actos los llevaba a cabo el profesor desde que Valentina se encontraba en 3º de primaria, pero esa es otra historia.