Mónica, mi amor imposible 17

Aun percibiendo los temblores de Lucrecia, esperaba haberla tratado adecuadamente para sus gustos.

Se terminaba el año escolar y con ello la posibilidad de ver a Mary, me causaba tristeza pensar que no podría abrazar a mi muñequita pero me vendrían bien unas vacaciones. Buscaría un lugar lejano para desconectarme de todo y poder descansar.

No veía la hora de buscar a Mary al colegio por última vez, claro que por un tiempito, apenas reiniciasen las clases le volvería a comer la boquita y lamerle todo el cuerpito.
Estuve esperándola ante la puerta un rato antes con una gran bolsa de caramelos y alfajores, apareciendo entre la marea infantil y al divisar su cabecita entre las demás ya se me puso dura la pinga, tuve que taparme con la bolsa de golosinas y vino a mi encuentro feliz por acabar las clases.

Ya en el auto, la esquina parecía estar a miles de kilómetros, quería girar ya mismo para abrazarla y sentir su cuerpo pegadito. Tuve que conducir otro par de calles hasta hallar un sitio tranquilo para aparcar y perder los dedos en su cabellera, pensaba que no vería su carita por un par de meses debiendo darle miles de besitos adelantados para que tuviese su ración diaria.
Ella comentaba que pasaría las vacaciones con su madre pero no la dejé hablar sellándole los dulces labiecitos con la boca. Me recorría un escalofrío al percatarme que la pobre pasaría todo ese tiempo en un sórdido lugar pero era su casa, no lo vería como una tortura.

Al percibir mi erección se ofreció nuevamente a sacudirme el palito con la boca, lo decía entrecortadamente mientras me devoraba sus labiecitos y ella me abría el pantalón. Verla agachadita y haciendo fuerza en abrir su boquita para que le entrase el pene me producía emociones encontradas, me fascinaba que me chupase la pija pero a la vez me daba pena por ser tan pequeñita y yo un degenerado aprovechándome de ella.
No quería acabar dentro de ella pensando que le daría asco y la senté sobre mis piernas luego de quitarle la bombachita, al tomar sus rodillas y cerrarle las piernitas sentía mi pene deslizarse entre sus muslos apretados rozándole la chuchita en cada pasada. Era casi como estarme cojiendo a la criatura.
Acabé como caballo dejándole la pancita y las piernas enchastradas, esta vez la tuve que limpiar cuidadosamente con un pañuelo para terminar por pasarle la lengua por todos lados; le chupé fervorosamente desde el ombliguito a su puchita miniatura hasta el agujerito de hacer caca.

Al llegar a la concesionaria veía con asombro unos bolsos en el piso, eran las prendas de la sobrina que tenía preparadas previendo que yo la llevaría. Me dio rabia la premeditación para deshacerse de la sobrina y habrá notado mi expresión adusta al decir mimosamente que me esperaría con el deshabillé especial.

Anunciando que partiríamos ya mismo para no viajar oscureciendo, le dí un tenue beso mientras Mary se le colgaba del cuello sollozando que la extrañaría.
Tuve que darles la espalda para ocultar algo tibio que rodaba por mis mejillas, ver sufrir a mi muñequita me partía el corazón. Apenas entrar al auto la besé dulcemente sin importarme que alguien nos viese.
Apenas salir de la ruta para el camino de tierra, tuve que detener el vehículo para abrazarla con fuerza confesándole que también la extrañaría muchísimo, esta vez eran cuatro los ojos húmedos mientras la besaba como si fuese una mujercita mayor.
Ya no me alcanzaba besar su tierna boquita bajando hasta sus rodillas y vuelta subir por debajo de su pollerita, al tener la nariz sobre su puchita enfundada debí aspirar sus efluvios de niñita y mordisquearle el bultito que marcaba deliciosamente su tajito. Sin quitarle del todo la bombachita la corrí de lado para lamerle dulcemente la puchita, alfinal le estaba chupando salvajemente la conchita a Mary mientras escuchaba su agitada respiración.

La nena acomodaba sus pertenencias en unos cajones de fruta apilados que oficiaban de placard y viendo que había poca comida en la casa partí hacia el almacén.
Estaba llenando unas bolsas mientras curioseaba el almacén taberna o como se llamasen, tenían una pared con anuncios ofertando cursos, albañilería, etc. Entre ellos un anuncio de alquiler con una cifra tan irrisoria que me llevó a preguntarle si la tarifa era diaria.

El gordo dependiente se reía diciendo que era mensual, siendo terrenos fiscales era todo gratis y algunos construían para alquilar. Dijo que esta casita era de material y tenía baño interno con agua.
El precio era muy conveniente, diciéndole al gordo repugnante que la tomaría por un mes. El tipo quería mostrarme la vivienda antes, pero le pedí la llave yéndome con las bolsas. El solo hecho que tuviese baño adentro y con agua sería mejor para Mary que la tapera actual.

Había terminado de acomodar sus cosas cuando tomé la manita de Mary diciéndole que veríamos algo, se extrañó que no dejase las bolsas en casa pero obediente caminó hasta la construcción, allí se terminaba el barrio para iniciar un bosque. Pensó que llamaría a la puerta pero viendo que abría la cerradura para entrar estaba con la boquita abierta del asombro.
La luz funcionaba y tenía un par de muebles, era habitable. Por las dudas revisé el baño y había un sanitario normal, con un suspiro de alivio le conté a Mary que recién había alquilado para ella.

De un salto estuvo abrazada a mi cuello quitándome la respiración y diciendo que era una casa hermosa, claro cualquier cosa sería mejor a la de la madre. Estaba por decirle que se viniesen las dos, pero podrían visitarse al estar tan cerca, además aquí le podría hacer cositas a la nena sin la madre presente.
Abrimos las ventanas para airear el ambiente viendo que había una camita pero sin colchón, no problema: en la casa había uno.

La hermana de Moni estaba muy feliz de mudarse pero aclaré que la había alquilado para tomarme unas vacaciones. Mary estaba embolsando una tohalla y algunas ropas sin advertir la cara triste de la madre, la consolé diciendo que podrían venir para bañarse y tocándole la entrepierna dejé implícito que algo más podría suceder.

Cargando el colchón nos fuimos los tres para arreglar un poco la vivienda, yo quería estar a solas con Mary pero la madre limpiaría un poco y le permití venir. Maravillada por la ducha abrió el grifo empapándose, el vestido mojado le marcaba los pechos y decidí desabrocharlo para quitárselo, de todos modos estábamos dentro de una casa y nadie la vería en ropa interior. Admiraba su apetitoso cuerpo que las prendas disfrazaban, un trasero precioso con las nalguitas asomando por la bombacha que se había comprado y no pude resistirme de apoyarla por detrás sobándole los pechos.
Mary estaba acomodando sus cosas distraída mientras yo pedía a su mamita que apoyase las manos en la pared azulejada corriéndole la húmeda bombachita, no hacía falta quitársela para hacer caca hacia adentro y esta vez le hice el culo debidamente, sin apuros mientras le daba su ración de pija por el ano.

Cuando terminamos de acomodar todo quedé transpirado y sucio, mientras me duchaba entró Mary desvistiéndose con naturalidad para meterse bajo el agua. Por suerte recién le había empujado la caquita a la madre y pude mantener el gusano dormido, la mujer miraba desde la puerta cómo lavaba a la chiquita diciendo que podría ser el padre.
Al secarla bien y ponerle otra ropita fue a buscar un vestido para la madre, la pobre no podría andar en paños menores.

Viendo marchar a Mary no podía apartar los ojos de su colita meneándose y sin querer se marcó un tremendo bulto en mi pantalón mientras decía que su hija era preciosa. La mujer adivinó al instante que me gustaban las pequeñas y guiñándome el ojo me invitó a visitar a una amiga.
No me interesaba en absoluto conocer a la gente del barrio pero aún le rezumaba mi semen por el culito, no podría negarme. Ya tendría tiempo para disfrutar del aire puro y el silencio.

Pidiéndole a su hija que preparase algo ligero para comer, nos encaminamos a visitar a la amiga misteriosa. Yo quería que Mary nos acompañase pero ella se resistió enérgicamente.
La casita era algo más grande que la suya y tenía una mano de pintura, la amiga estaba pintarrajeada como para una obra de teatro y mientras la madre de Mary le susurraba algo al oído pidió que entrase a la casa para conocer a sus mellizas.

Era un ambiente extraño con tenue iluminación de colores, un recoveco que se cerraba con una cortina tenía una silla y me hizo sentar corriendo la improvisada puerta transparente. Pensé que me estarían por tomar una foto carnet, esto era ridículo pero había un cenicero por lo que me encendí un cigarrillo.
Aparecieron dos nenas vestidas para ir al colegio sentándose a la mesa con unos libros, con largo cabello castaño al menos estaban bien peinaditas y semejantes cual gotas de agua las mellicitas.
Vino la madre recriminándole a una que andaba mal en los estudios y sentándose la puso de panza sobre las piernas para darle chirlos en el trasero. Se notaba una bombachita blanca bajo el vestidito que con cada golpe quedaba más arriba, al final tenía todo el potito destapado cuando entró la mamá de Mary parándose tras mío acariciándome el cabello.

Contaba que venían hombres a sentarse allí para masturbarse mirando las nenas y se me puso dura, claro que no me haría una paja ahora pero me ofrecían un show de demostración y uno no es inmune...
La mujer explicaba que podríamos hacer algo similar con Mary, eso ya no me gustaba, que exhibiesen a mi muñequita ante unos degenerados era difícil de aceptar pero lo sugería la madre.
Vino la progenitora de las mellizas para presentármelas, Mariela y Melisa, deberían vestirlas diferente para diferenciarlas... Se presentó como Marisa y se me hizo una ensalada de letras M en la cabeza. Tomándolas de la cinturita les di un beso en la mejilla halagando sus capacidades actorales y verlas en uniforme me encendió la lamparita: podríamos crear una ESCUELITA en la casa recién alquilada y de paso me hacía unos dinerillos.

Eran uniformes desechados y las pobres no sabían siquiera leer, me propuse enseñarles de verdad en la escuelita que estaba naciendo. Mandándolas a cambiar, aparecieron con un vestido humilde que descubría el traserito al agacharse y partimos en patota a la nueva casa.
Estaba apartada en los confines de la civilización, ideal para los propósitos planeados. Se conocían con Mary lamentándose que no las dejasen salir a jugar mientras pensaba que ahora tendrían muchos jueguitos para entretenerse...

Mi muñequita bromeaba que eran unas tontitas y decidí iniciar algunas clases ya mismo, había solamente una silla y tuve que sentarme a una en cada rodilla, no sería muy cómodo pero con un libro infantil arrancamos. Marisa miraba sobre el hombro evidenciando que estaba al mismo nivel de las hijas y se apoyaba en mi cuerpo dando a entender que podría pagar las lecciones en especias mientras la hermana de Moni observaba de soslayo, atenta que no le birlasen al hombre.
En esa posición a las nenas se les había subido el vestidito atisbando unas bombachitas deshilachadas, las bonitas solamente se usaban para el show.
Cuando las mujeres estaban planeando la decoración pasé suavemente la mano por sus piernitas arrancándoles una sonrisa traviesa, parece que las chiquitas sabían que lograban excitar a un hombre.

Les susurré al oído que les compraría bombachitas nuevas si estudiaban mucho, al unísono se levantaron un poco los vestiditos para mostrar que estas no daban más, de tan flojas dejaban a la vista parte del tajito.

Al final se fueron todas pudiendo quedar a solas con Mary, ya no aguantaba los deseos de alzarla abrazándola fuerte para llenarla de besitos.

(continuará)