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Tema: Las niñas de mamá. Capítulo 5 y 6

  1. #1
    Virgen Teffy96 va por un camino distinguido
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    24 dic, 16
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    Predeterminado Las niñas de mamá. Capítulo 5 y 6



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    Nopude ver a Kim a los ojos, a pesar de que me esforcé por decirme quelo había hecho no estaba tan mal ¿verdad? Yo era una mujer, y teníanecesidades. Todo ese razonamiento estaba bien hasta que llegaba alpunto donde recordaba que me había masturbado frenéticamentepensando en como Axel se cogía a mi hija. Luego la depresiónregresaba.
    Sinembargo juré que no volvería a pasar. Me daba igual el calor quesintiera entre las piernas. A pesar de eso, me costaba negar quenecesitaba un hombre, y esa idea comenzaba a preocuparme. ¿Y sivolvía a suceder lo que ocurrió con mi ex esposo? ¿Y si noencajábamos y mi hogar se volvía un caos?
    Conesas ideas en mente, trabajar se estaba volviendo un infierno.Trataba de concentrarme en la pantalla del ordenador, pero en elcubículo de al lado uno de los secretarios estaba hablando de lacita que había tenido el fin de semana y le decía a sus amigos lamanera brutal en la que se había cogido a una mujer. ¿Por qué loshombres son tan sucios? Cosas como esas no se deberían de contar tana la ligera.
    ¿Tepasa algo? —Me preguntó Lorena, acercándose sigilosamente a mioído.
    Sí.No. No es nada.
    Puespareciera que sí. Estás ruborizada ¿a caso hiciste algunatravesura el fin de semana?
    Podríadecirse que sí —miré a Lorena a los ojos y recordé su rostro desorpresa cuando la atrapé metiéndole cosas a su hija. Entonces mepregunté si podría hablar con ella de lo sucedido.
    Cuéntame.
    Bien…creo que necesito un hombre —le confesé, evitando a toda costa eltema de Kim y su novio.
    ¿Yeso me sorprende? Dios, mujer, tu cañería debe estar oxidada.
    Nadade eso. Tengo un buen juguete —dije intentando restarle importanciaa su comentario.
    Unjuguete no sustituye un buen pedazo de carne, cariño. ¿Quéquieres? ¿sexo?
    Seacercó y me puso las manos sobre las rodillas. En sus ojos aparecióun brillo de entusiasmo.
    Sólosexo —aclaré.
    ¿Conun hombre? Aquí entre nosotras, Karen, tú y yo podríamos…
    No,no y no. Es la cuarta vez que me sugieres hacerlo contigo ¿por quéno piensas en tu esposo? le estarías engañando con tu mejor amiga.Aunque… pensándolo bien ustedes tienen sexo con su hija, así queno creo que haya mucha diferencia.
    ¿Esoes un si?
    Esun no. ¿Tienes a quién presentarme?
    Elamigo de mi esposo. Ellos regresan ésta noche de viaje de negocios.Podríamos salir en una cita doble ¿te parece?
    ¿Estanoche? Bueno, no tengo mucho qué hacer.
    Esavoz me agrada. Olvida tus problemas, la vas a pasar muy bien. Sexoseguro y garantizado.
    Sóloeso ¿está bien? Si el galán intenta algo sentimental, lo mandarépor la borda. Y sólo esta vez.
    Mmm.Eso dices ahora.



    Lleguéa casa con los ánimos renovados. Me sentía nerviosa y ansiosa porsalir con el amigo de Lorena. Si era tan genial como ella lodescribía, entonces cabía la posibilidad de que en serio medivirtiera. Necesitaba quitarme todo el estrés antes de que micabeza explotara.
    Esperéa que Kim y Laura regresaran de la escuela pare decirles la noticia.
    —… Ypor eso necesito tener la noche libre ¿está bien? Saldré sólo enuna reunión de trabajo.
    Claro,mamá. Trabajo —Kim arqueó la ceja porque podía intuir claramentequé era lo que iba a hacer. Laura, como siempre, no tenía ni lamenor idea de que se iban a ensartar a su madre, y tampoco necesitabasaberlo.
    Lesdejaré una deliciosa ensalada de verduras para la cena.
    Noquiero ensalada —protestó Laura con un zapatazo al piso.
    Sindiscusiones, Laura. Era el trato. Una vez por semana tendremos unacena vegetariana.



    Unahora antes de salir pensé que me iba a morir de los nervios. Hacíatanto que no estaba en una cita que la expectativa de una noche desexo me daba escalofríos.
    Mamáva a buscar un papá para nosotras, Laura —le dijo Kim a Lauracuando se aparecieron por mi alcoba —¿verdad?
    No.Es una cena de negocios, sólo eso.
    ¿Vasa cazarte, mami?
    No,Laura.
    ¿Entoncesvas a tener sexo?
    Kim…
    Yono le dije nada ésta vez. Laura está creciendo.
    Bueno,no importa. ¿cómo me veo? —me había puesto un vestido negro queresaltaba el rubio de mi cabello. Me sorprendía que a pesar de quehacía tiempo que no me lo probaba, la prenda todavía me quedaba ala perfección. Me gustó ver la cara de sorpresa de Kim.
    Wow.Admito que te vez bien. Sólo no lo arruines, mamá.
    Noarruinaré nada.
    Lorenaestá abajo.
    Respiréprofundamente. La noche apenas iba a comenzar.



    Kim—

    Mimadre estaba demasiado entusiasmada por la idea de salir. Bien, ya lehacía falta. Eso de andar trabajando todos los días era demasiado,incluso para mí.
    Kim,vigila que Laura se coma su ensalada.
    Ya,ya. Ve tranquila. Comeremos la deliciosa ensalada.
    Melanzó una advertencia clara, porque sabía mis intenciones. Y si lassabía, entonces no tenía caso fingir que íbamos a comer laensalada.
    Vimosa mamá subir al coche de Lorena y ambas se marcharon a su citadoble. Yo de verdad esperaba a que ella no lo arruinara, porque consu personalidad despistada, mi madre era un repelente para hombres.
    ¿Creesque tarde? —me preguntó Laura.
    Puedeser. Bueno, pide pizza. Invitaré a unos amigos.
    Peromamá dijo que nada de invitados.
    Oh,vamos, Laura. Será una noche aburrida.
    Teacusaré si lo haces.
    Suspiré.Laura era capaz de acusarme sin titubeos. Ya esperaba a que ellaentrara a la adolescencia para que también le tuviera secretos amamá, entonces se daría cuenta de lo importante que era la lealtaden las hermanas.
    Pidela pizza.



    Sino podía invitar amigos, al menos me todavía me quedaba laInternet. Entré a mi alcoba con la intensión de hacer unavídeo-llamada a Axel, pero al ver el desastre en el que mi cuartoestaba, de repente se apoderó de mí el deseo de limpiar y ordenar.Además me había sentido ofendida cuando Axel dijo que mi habitaciónera un chiquero.
    ¡Laura!¿quieres ganarte cinco billetes?
    ¿Quétengo que hacer?
    Limpiarmi cuarto.
    Seisbilletes.
    Trato.
    Asípues, con Laura limpiando mi cuarto, me dio tiempo para darme unamerecida ducha de agua tibia, y mientras me cepillaba el cabello, vique junto a la bañera estaba un pequeño frasquito de lubricantevaginal. Sonreí, pensando en que mamá había tenido un divertidobaño en algún momento. Eso, o Laura ya estaba explorándose.
    Salíenvuelta en una toalla.
    Laura,espero que sigas…
    ¿Quées esto, Kim? —me preguntó mi hermana. Tenía en las manos elempaque de un condón.
    Ah,es un condón. Déjalo y sigue limpiando.
    ¿Quées un condón?
    ¿Mmm?—respondí sin mucho interés mientras buscaba un cambio de ropa—Los hombres se lo ponen en el pene. Evita que te embaraces.
    Perotú no eres hombre.
    Lousó Axel. No querrás ser tía ¿verdad?
    ¿Estásembarazada?
    No.Creo.
    Dejéque la toalla cayera. La mirada que Laura me puso encima fue tandivertida.
    ¿Qué?¿Nunca habías visto tetas tan grandes?
    No—rió encantadoramente —. Son más grandes que las de mamá.
    Lauraperdió el interés en mí y abrió el condón.
    ¿Cómose usa? Parece goma de mascar.
    Entoncestuve una buena idea. Y además, muy educativa.
    Vea la cocina por un plátano. Te enseñaré a usar un condón.
    Mihermanita se fue y regresó rápidamente con el plátano más grandeque había encontrado. Yo me senté, desnuda, a su lado junto a lacama.
    Sosténel plátano.
    ¿Así?
    Sí.Cuando la verga de un hombre esté así de dura, sólo le pones elcondón así.
    Deslicéel preservativo hasta que cubrió toda la fruta. Laura tenía la mirada fija en cada movimiento, como la de una inocente aprendizdescubriendo cosas nuevas.
    ¿Yahora?
    Puedesjugar con él.
    ¿Cómo?
    Así.Métemelo en la boca. Ahh…
    Laura,obedientemente, me metió el plátano en la boca, pero lo hizo de talmanera que me llegó hasta la campanilla de la garganta y me dio unaarcada. Me saqué la fruta y me reí.
    ¿Hacecosquillas?
    Sí.Inténtalo. Abre la boca.
    Separósus pequeños labios y le metí la punta del plátano en la boca. Elcondón tenía un delicioso sabor a uva, y a Laura le fascinaban lasuvas, así que no me extrañó cuando, en un movimiento que era casiinstinto femenino, empezó a darle una buena mamada al plátano.
    Abremás… así.
    Medetuve hasta que tuvo una arcada, y luego se rió. Sacudí mi cabelloy me metí el plátano a la boca, recorriendo con mi lengua desde labase hasta la punta, y disfrutando el sabor a uva que poco a pocoempezaba a desaparecer.
    Durantecasi diez minutos, mi hermanita y yo nos intercambiamos el plátano,simulando que hacíamos sexo oral. La garganta de Laura rápidamentese acostumbró al tamaño. Mientras ella tenía una parte dentro dela boca, yo mamaba el otro extremo. Era tan divertido para ella quecuando le daba una arcada, se reía y rápidamente volvía a sutrabajo bucal.
    Esmejor cuando es un pene real —le dije y luego tuve una mejor idea—Oye, Laura ¿quieres ver qué otra cosa podemos hacer con él?
    ¿Quécosa?
    Meacosté y separé mis piernas. A pesar de sus diez añitos, Laurasabía que lo que estábamos haciendo eran juegos de adultos. Seruborizó casi de inmediato, pero no perdía vista de mi vagina.
    Dameel plátano.
    Melo entregó. Le di una rápida mamada y luego, lentamente, comencé aacercármelo a la entrada. Laura miraba con una disimulada sonrisa.Le pedí que se acercara más y ella lo hizo. Puso una de suspequeñas manos en mi pierna y eso me dio un rico escalofrío. Unaparte de mí estaba convencida de que lo que hacía con Laura eraalgo sucio y malo, pero sólo era una pequeña parte.
    Concuidado, me metí el plátano por el coño y una onda de placer meinundó. Era una sensación diferente a todas las demás veces, ysupe que se debía a que en esta ocasión, mi hermanita estabamirándome.
    ¿Note duele?
    No.Para nada.Cuanto seas más grandecita… de hecho, a tu edad, ya podríasmeterte algo así.
    Metíy saqué la fruta varias veces. Mi hermana miraba todo con muchaatención, y luego, curiosa, empezó a empujar el plátano para queentrara más. La dejé hacerlo a ella, deleitándome con la idea deque una niña de doce años estaba masturbándome. Y que fuera mihermana sólo ayudaba a aumentar mi excitación.
    Comencéa gemir y Laura se detuvo porque pensó que me dolía, pero a lospocos segundos reanudó su tarea. Movía la fruta más rápido dentrode mí hasta que tuve que morderme el labio inferior para no gemirmás fuerte.
    Tesale un líquido.
    Sí.Es porque… me gusta.
    Vique Laura tocaba una gota de mis jugos con un dedo. Examinaba latextura y luego se lo metió a la boca.
    Alverla hacer eso, ya no pude contenerme.
    Pasatu lengua, Laura.
    ¿Qué?
    Hazlo.Lame todo el jugo que sale. Te va a gustar.
    Vila mirada de confusión de mi hermanita y pensé que lo había echadoa perder, pero no fue así. Laura dejó a un lado el plátano y pegósu boca a mi vagina. Apenas sentí esa lengua inexperta recorriendomis labios, una nueva oleada de placer me llevó hasta otro nivel.
    Misgemidos aumentaron. Me pellizcaba los pezones y mi espalda searqueaba. Laura estaba concentrada en su tarea, mordiendodelicadamente y paseando su lengua por todas partes.
    ¿Tegusta? —me preguntó y cuando vi que de sus labios caían gotitasde mis propios jugos, la agarré de las mejillas y la atraje haciamí.
    Laurame siguió el juego a la perfección y se acostó sobre mis pechos.Besar a mi hermanita de doce años fue una nueva experiencia, y ellacorrespondió bastante bien, moviendo su lengua dentro de mi boca ydejándome probar su dulce saliva. Mis manos tímidamente le tocaronlas nalgas. Su piel era tan tersa, como la seda, y estaba cálida.
    Entoncesla temperatura en mi cuerpo subió. Una ola de placer me inundó y ellatir de mi pecho provocó que incluso Laura se detuviera. Me mirócon sorpresa. Yo estaba jadeando.
    Esofue… muy… divertido. ¿te gustó, Laura?
    ¡Sí!
    ¿Quéte parece si ahora yo…?
    ¡Ah!¡Llegó la pizza! —mi hermanita saltó de la cama y corrió a lapuerta para recibir la cena.
    Yome quedé en la cama, totalmente exhausta y con la sensación de laboca de mi hermanita todavía en mis labios. Mi pecho apenas secalmaba. Haber jugado así con Laura fue tan…¡genial!
    Un viejo amigo







    Lascoincidencias existen, y cuando te topas con una, lo primero en loque piensas es en “Dios, ¿por qué yo?”.
    Despuésde haberme pasado horas arreglándome para que el amigo de Lorena memetiera una buena cogida, resultaba que la persona de la cual ellatanto me hablaba era Daniel, mi viejo amigo de la preparatoria.
    Lacara que puse cuando nos vimos merecería estar en cualquier revistade humor, porque casi vomito de la impresión. Daniel era algo asícomo mi mejor amigo, y me conocía lo bastante bien como para quetambién le sorprendiera el hecho de que su cita a ciegas era yo.
    Vaya¿así que ya se conocen? —nos preguntó Cris, el esposo de Lorena.
    Sí…ya nos conocemos —dijo Daniel con una traviesa sonrisa.
    ALorena la noticia pareció agradarle tanto como a su esposo, ytomándonos de la mano a mi amigo y a mí, nos metió a su coche parainiciar la velada.



    Convivircon Daniel no fue tan malo como esperaba. De hecho, ni siquiera sabíapor qué había estado tan nerviosa. Hablamos sobre los viejostiempos de la preparatoria, de las locuras que nuestro grupo comocuando un tipo llevó mariguana para vender y casi fuimos todosexpulsados, hasta la pelea que una vieja amiga tuvo con una profesoraluego de que esta decidiera ponerle un gigantesco cero en su examenfinal.
    Nosé cuánto me reí. Lorena y Cris estaban en la misma mesa quenosotros, pero no platicamos tanto con ellos; sin embargo, por lopoco que logré escuchar de sus conversaciones, mi amiga estabahablando algo sobre llevar a Holy a la playa.
    Mebastó ver la mirada curiosa de Cris para saber que estaba pensandoen su hija… y por alguna razón (tal vez por las copas que me habíatomado) no me importo que ellos metieran a su hija en sus relacionessexuales.
    Tengodos hijas —terminé por decirle a Daniel.
    ¿Deverdad? Qué bueno oírlo. Siempre decías que lo tuyo no eran losniños.
    Anosotros nos encantan los niños —dijo Lorena con una sonrisapícara.
    Yopuse los ojos en blanco y traté de ignorarlos.
    Miréa Daniel y él me miró. Sus ojos eran bellísimos, de un profundotono gris, y sus labios eran tan atrayentes que me incitaban a darleun beso. No recordaba que fuera tan guapo en la preparatoria, perotampoco me importaba.
    Y…¿cuánto tiempo estarás en la ciudad?
    Memudaré aquí por cuestiones de trabajo. Estoy buscando undepartamento.
    ¿Porqué no te quedas en mi casa mientras tanto? —le sugerí o másbien el calor de las copas me incitó a hablar
    ¿Estásde acuerdo? Tu esposo…
    Ah,descuida. Estoy divorciada.
    Bueno,si es así, aceptaré. No te preocupes, no será por mucho. Sólomientras encuentro un buen departamento. He visto algunos pero no megustaba la vista, ni la decoración.
    Puesya estás. Sólo que tendrás que pagarme la renta.
    Oye…de acuerdo. Puedo hacer el desayuno.
    Noestaría nada mal.



    Asípues, había conseguido que un hombre viviera con nosotras al menosdurante unos días. Estaba segura de que a Kim le iba a gustar laidea, y tal vez también a Laura, que me había dicho que le gustaríatener un papá para poder presumirle a sus amigas, que siempre laburlaban por no tenerlo.
    Fueentonces que me di cuenta de que una parte de mí, la emocionada antela idea de Daniel, ya estaba pensando en él como esposo. Atribuíesta clase de pensamientos fuera de lugar a las copas que me habíatomado, y decidí no volver a tener esa clase de locas ocurrencias.



    Lacena terminó y me sentí un poco decepcionada porque quería seguirbebiendo. Necesitaba algo de consuelo ahora que mi cita a ciegasresultaba ser con mi viejo amigo de la preparatoria, y no estaba enmis planes de esa noche irme a la cama con él.
    Enel baño, Lorena insistía en que no tenía nada de malo acostarmecon él.
    Sequedará a vivir en tu casa unos días, Lorena. ¿Por quédesaprovechas esta oportunidad?
    Olvídalo—le dije, mirándome al espejo y tratando de quitar mi expresiónmás o menos ebria.
    Lorenasacó su móvil y llamó a Holy.
    Yacasi vamos, cariño. Sí. Sí, papá está bien. No… no, cielo.Esta noche no. Bueno, adiós.
    ¿Todobien? —pregunté.
    Sí.Holy quería que su papá se acostara con ella.
    Meruboricé, pero decidí callarme.



    Lorenanos hizo el favor de llevarnos a casa. Pasaba de la media noche yentramos con cuidado para no despertar a las niñas. Todo estabaoscuro y fui prendiendo las luces a medida que avanzaba a tropezonespor la sala y subía las escaleras.
    Tienesuna bonita casa —dijo Daniel.
    Gracias.Esas son las habitaciones de mis niñas, y ésta es la nuestra.
    ¿Nuestra?
    Sí.Yo… olvidé que sólo tenía tres cuartos. Aunque también puedesdormir en la sala.
    Danielme sonrió y me puso una mano en la cadera.
    Creoque prefiero dormir a tu lado.
    ¿Disculpa?
    Notodas las noches me la paso tan bien.
    Mereí como una tonta, pero hice silencio cuando vi que la boca deDaniel se acercaba para besarme. Cerré los ojos por mero instinto ynuestros labios se tocaron. Lo que en un principio fue un beso corto,se volvió en uno muy intenso.
    Avanzamoshacia la habitación y entramos dando tropiezos mientras nuestrasbocas seguían pegadas. Después caímos a la cama. Yo me levantépara encender la luz y cuando me giré, verlo sentado en el colchóny listo para la acción hizo que mi cara se encendiera de rubor.
    Melancé sobre él, llevada por el alcohol que tenía en la sangre.Daniel me recibió con un beso profundo en los labios y forcejeamosentre caricias y mordidas. Sus manos me recorrían las piernas,alzándome el vestido hasta que sus dedos se divirtieron con mispompas.
    Yoestaba como poseída. Le besé el cuello y literalmente le arranquélos botones de la camisa. Su torso era tan… definido, atlético, yrápidamente lo recorrí con mi boca. Él me jaló del cabello paravolverme a acercar a sus labios y besarme de una manera poco más queapasionada. Mis dedos se metieron dentro de su pantalón hasta tocaresa verga caliente, volviéndose más grande a medida que el tiempopasaba. Tanteé sus bajos y sentí su peso en mi mano. No soportabamás, quería metermelo a la boca y mamarlo hasta que toda su lecheme recorriera los labios. Quería hacerlo de la misma manera en laque Kim lo había hecho con Axel.
    Aquellono era hacer el amor. Era sexo duro y salvaje. O eso creía, hastaque de repente me quité de encima y vomité a un lado de la cama.
    Obviamentemi noche se fue a la mierda.



    Ala mañana siguiente me desperté con un fuerte dolor de cabeza ymuchísima sed. Daniel no estaba a mi lado, pero sí su chaqueta y elresto de su ropa.
    Atontadapor la resaca me fui a la ducha por un baño de agua tibia y despuésbajé a la sala.
    Kimy Laura estaban en la cocina, sentadas alrededor de la mesa mientrasDaniel preparaba el desayuno.
    Buenosdías.
    Mamá…te ves del carajo —observó Kim.
    Mesiento así. Daniel ¿preparas la comida?
    Sí.Me desperté y me encontré con Kim. Me costó explicarle que no eraun ladrón.
    Losiento —se rió Kim —. Es que nadie nos avisó de que un hombreestaría viviendo con nosotras.
    Ah,es cierto. Kim, Laura, él es Daniel, mi mejor amigo de lapreparatoria. Daniel, son mis niñas.
    Eldesayuno había estado muy bueno, o eso es lo que Kim me dijo, porqueyo no le sentía sabor a nada. Me juré que no volvería a beber yextrañé aquellos locos tiempos donde podía tomarme una botella devodka yo solita.
    Despuésde desayunar Kim se levantó de la mesa, y vi que no tenía susshorts, sino que sólo llevaba sus pequeñísimos boxers que ledejaban casi media pompa a la vista. No la culpaba debido a lacalurosa mañana, pero por alguna razón encontré divertida lamirada que Daniel se pegó al ver el culo de mi hija.
    Sete van a caer los ojos —le dije en broma y su cara enrojeció porcompleto.
    Perdón.No vi nada.
    Kimrió y se dio una nalgada fuerte en el trasero.
    ¡Kim! —la regañé y ella riendo subió las escaleras.
    CuandoLaura se fue, rodeé la mesa y abracé a Daniel por la espalda.
    Lamentolo de anoche. De verdad quería hacerlo contigo. Necesito sexo.
    Descuida.Casi no me cayó vómito.
    Joder,lo siento. Podemos ¿intentarlo de nuevo?
    Danielgiró el cuello y me besó.
    Claroque si.



    Decidíllamar a mi jefe para decirle que faltaría al trabajo. Laura y Kimtampoco tenían escuela, así que nos quedamos en casa, en la sala,mirando la televisión.
    Haciauna calurosa mañana y el aire acondicionado estaba descompuesto.Esto hacia que Kim se hubiera vestido de una manera provocativa, conunos pequeños shorts y una blusa escotada que mantenía sus grandespechos libres de cualquier contención. Laura vestida de una formaparecida, y yo sólo tenía un albornoz cubriéndome el cuerpo.
    Danielhabía salido para ver unos asuntos de su trabajo, y también dijoque volvería con ingredientes para preparar el almuerzo.
    Esun buen sujeto —les dije —. Era el mejor de la clase.
    ¿Serámi nuevo papá? —preguntó Laura y la verdad no supe quéresponderle.
    Simamá no lo arruina —masculló Kim y yo le eché una miraditaasesina, aunque realmente tenía razón.
    Noserá papá de nadie. Daniel es un hombre con empleo y expectativas.No creo que quiera casarse conmigo. Y tampoco está en mis planes quelo haga.
    Mefui de allí porque no quería seguir hablando de eso. Entré a mihabitación sólo para tener un momento de privacidad y pensar enDaniel, cuyo regreso me estaba causando una feliz sensación.Necesitaba amigos, a demás de Lorena. Además… tener a un hombrepor las noches no iba a hacerme ningún mal ¿verdad? Pensar en queDaniel y yo podríamos tener algo de acción bastaba como paraencenderme y con esas fantasías me dormí, no sé por cuántotiempo, hasta que Kim me despertó. Junto a ella estaba Daniel,sonriendo.
    Hacemucho calor. Cris me acaba de hablar para invitarnos. Ella y Lorenaharán una fiesta de piscina.
    ¡Vamos!—dijo Kim, y lo primero que pensé fue en que íbamos a ir a lacasa de una peculiar pareja de esposos que sostenían relacionessexuales con su hija… y mi Laura estaría allí.
    Peroel calor estaba a morir, y no podía decirle a Daniel porque noquería ir, pero terminé aceptando.
    Loprimero en lo que pensé fue en decirle a Laura que no llevara subikini, cosa que le molestó. Por Kim no me importaba demasiadoporque ni siquiera el Presidente podría hacer algo para detenerla.Yo, por mi parte, opté por ropa ligera y una toalla para secarme.
    Enocasiones anteriores ya había estado en la piscina de Lorena y sabíaque a mis niñas les encantaba el trampolín y nadar en bikini. Claroque a mi me daba igual, e incluso en un par de ocasiones habíadejado que Laura nadara desnuda. Eso fue antes de saber que Lorena era una depravada.
    ¿Porqué no dejas que Laura lleve su bikini? —me preguntó Kim momentosantes de salir de la casa. Daniel y Laura nos estaban esperando en elcoche.
    Bueno…—no se me ocurría nada bueno que decirle porque no deseaba delatara Lorena.
    Esque…. Daniel. Daniel está aquí y no quiero que vea a una niña dedoce años en bikini?
    ¿Porqué no?
    Bueno…este… vamos, se nos hace tarde.
    Derepente Kim me dio una nalgada y yo se la devolví. Luego ambas nosreímos.

    Gracias por leerme, gente bonita

  2. #2
    Pajillero joselitoluis1 va por un camino distinguido
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    06 jul, 08
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    Predeterminado Re: Las niñas de mamá. Capítulo 5 y 6

    Se puso buenA, felicitaciones,continúa please

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